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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana">     <p align="center"><b>Alteración de la placentación profunda en la preeclampsia</b></p> </font>  <font SIZE="2" face="Verdana">     <p align="center"><b>Drs. Eduardo Reyna-Villasmil*, Carlos Briceño-Pérez**, Joel  Santos-Bolívar*</b></p>     <p align="justify">* Servicio de Obstetricia y Ginecología. Hospital Central  “Dr. Urquinaona”. Maracaibo. Estado Zulia. Venezuela.</p>     <p align="justify">** Departamento de Obstetricia y Ginecología. Unidad Docente  Hospital Chiquinquirá. Universidad del Zulia. Maracaibo. Estado Zulia.  Venezuela.</p>     <p align="justify">Correspondencia a: Hospital Central “Dr. Urquinaona” Final  Av. El Milagro. Maracaibo, Estado Zulia. Venezuela. Teléfono: 0416-2605233.  E-mail: <a href="mailto:sippenbauch@gmail.com">sippenbauch@gmail.com</a></p>     <p align="justify"><b>INTRODUCCIÓN</b></p>     <p align="justify">La alteración de la placentación profunda está caracterizada  por una remodelación defectuosa de las arterias úteroplacentarias. También se  describe la presencia de lesiones arteriales, como aterosis aguda y la  persistencia del trofoblasto endovascular (<a href="#fig1">Figura 1</a> y  <a href="#fig2">2</a>). Se ha asociado esta  condición con una variedad de complicaciones del embarazo, incluyendo la preeclampsia, restricción del crecimiento intrauterino del feto (RCIU), aborto  tardío y desprendimiento prematuro de placenta. Para la clasificación de las  alteraciones de la placentación profunda se han propuestos criterios basados en  el grado de falta de remodelación y la presencia de lesiones obstructivas de los  segmentos miometriales de las arterias espirales. Aunque el mecanismo subyacente  no es conocido, existe evidencia que el origen de la alteración de la  placentación profunda no es un defecto primario del trofoblasto, sino de  anomalías del endometrio y miometrio antes o durante los estadios tempranos de  la placentación.</p>     <p align="center"><a name="fig1"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v72n4/art08fig1.gif" width="355" height="345"></a></p>     
<p align="center"><a name="fig2"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v72n4/art08fig2.gif" width="355" height="335"></a></p>     
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<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Remodelación defectuosa de las arterias espirales</b></p>     <p align="justify">La observación que los cambios vasculares fisiológicos estaba  ausente en los segmentos miometriales de las arterias espirales en las  preeclámpticas suministró una explicación para la reducción del flujo sanguíneo  en el espacio intervelloso al compararlo con las embarazadas normales (1). La  migración retrógrada del trofoblasto endovascular no logra extenderse más allá  de la unión deciduo-miometrial. Por tanto, en lugar de tener una matriz  fibrinoide junto al trofoblasto endovascular dentro de la pared de las arterias  úteroplacentarias transformadas, estos segmentos de las arterias espirales  retienen su tejido muscular y elástico, permitiendo que sean reactivos y más  estrechos en diámetro (200 &#956;m) que las arterias úteroplacentarias (500 &#956;m).  Observaciones posteriores demostraron que esta alteración también se observa en  pacientes normotensas con RCIU e hipertensas crónicas con preeclampsia  sobreagregada. Los vasos de estas últimas muestran cambios hiperplásicos de la  íntima como resultados de la hipertensión esencial.</p>     <p align="justify">No todas las preeclámpticas tienen RCIU, por tanto, la  ausencia de cambios vasculares fisiológicos en los segmentos miometriales de las  arterias espirales es insuficiente para explicar la RCIU. Ahora está claro que  la falla en la invasión trofoblástica en las arterias espirales no está  confinada solo a los segmentos intramiometriales. En la preeclampsia, de un  tercio a la mitad de las arterias espirales en el lecho placentario carece de  los cambios fisiológicos (2). Esta ausencia en la remodelación en los segmentos  deciduales también es observada en la RCIU (2,3). Más aún, la falta de cambios  fisiológicos puede también estar limitada a parte de la circunferencia de los  vasos con la porción restante mostrando cambios fisiológicos (2).</p>     <p align="justify">Las arterias espirales terminan como aperturas dentro el  espacio intervelloso en la membrana basal de la placenta; por tanto puede ser  detectada en secciones de la membrana basal (2,4). Los cortes de la membrana  basal tomados en forma perpendicular a la superficie materna, incrementan la  frecuencia de observación de estos vasos (5). La desventaja de este tipo de  secciones se basa en el abundante material fibrinoide dentro de las capas de  Rohr y Nitabuch de la membrana basal, la cual puede desorientar la  interpretación de los cambios fibrinoides en las capas musculares y la necrosis  fibrinoide en la aterosis aguda.</p>     <p align="justify"><b>Lesiones vasculares</b></p>     <p align="justify">La lesión vascular típica en la patología del lecho  placentario es la aterosis aguda, aunque puede ser observada mejor en los vasos  maternos (6). Existe acuerdo general que esta puede ser descrita en la  preeclampsia, enfermedad hipertensiva diferente a la preeclampsia (7), RCIU en  pacientes normotensas (6,8) y lupus eritematoso sistémico (9). Sin embargo, se  discute su presencia en la diabetes mellitus pregestacional o gestacional (6,7).</p>     <p align="justify">En su forma más temprana, ocurre necrosis fibrinoide de la  pared arterial (6,10). En casos establecidos, se observan infiltrados  linfocíticos perivasculares y macrófagos llenos de lípidos dentro de la luz con  daño de la pared del vaso, adicional a la necrosis fibrinoide. La razón por la  cual la aterosis aguda es mejor observada dentro de la pared de los vasos en la  decidua parietal es que afecta los vasos que no han sufrido los cambios  fisiológicos del embarazo. Los vasos en el lecho placentario que muestran  cambios fisiológicos tendrán una matriz fibrinoide dentro de las paredes, lo  cual puede ser confundido con la necrosis fibrinoide de la aterosis aguda. Sin  embargo, los vasos de la decidua parietal permanecen sin alteraciones con  depósitos normales de fibrinoide. La necrosis fibrinoide tienen dos  consecuencias: produce alteraciones endoteliales, lo cual predispone a la  trombosis de los vasos y debilidad de la pared que resulta en formación de  aneurismas (11). La incidencia de la aterosis aguda en los estudios que valoran  las biopsias del lecho placentario, lámina basal placentaria y membranas  amniocoriales en la preeclampsia y la RCIU varía de 41 %-48 %. No se conoce si  existe correlación entre la aterosis aguda y el peso al nacer, grado de  proteinuria y severidad o duración de la hipertensión (12).</p>     <p align="justify">Una anomalía menos conocida en las arterias espirales del  lecho placentario es la presencia de trofoblasto endovascular dentro de la luz  de las arterias espirales en el tercer trimestre. Su presencia es fisiológica en  el primer y segundo trimestre como parte de la respuesta vascular al embarazo;  sin embargo, su presencia en el tercer trimestre es patológica y es descrita en  preeclampsia y RCIU (4). Esto tiene dos efectos: primero, altera el orden del  endotelio vascular y aumenta la trombogenicidad del vaso (13) y segundo, aunque  no ha sido comprobado, su presencia puede ser un impedimento físico para el  flujo de sangre similar a la reducción del flujo en el espacio intervelloso en  el primer trimestre como resultados de los tapones intravasculares que produce  el trofoblasto endovascular (14).</p>     <p align="justify"><b>Relación de alteración de la placentación profunda con la  patología placentaria</b></p>     <p align="justify">Infartos placentarios. Las arterias úteroplacentarias actúan  efectivamente como arterias terminales a la placenta y existe una escasa  circulación cruzada en el espacio intervelloso en el cual la vellosidad está  sumergida. Los datos han demostrado que la reducción del flujo sanguíneo a  través de estas arterias debido a un defecto en la remodelación, es una causa  significativa de infartos placentarios (15,16). En forma similar, otras  alteraciones vasculares pueden disminuir el flujo sanguíneo úteroplacentario,  como la aterosis aguda, lo cual con lleva a la aparición de infartos. El lecho  placentario de la zona del infarto muestra una variedad de patologías. La  ausencia de cambios vasculares fisiológicos puede ser observada en la decidua y,  más frecuentemente, en los segmentos miometriales de las arterias espirales y la  invasión trofoblástica está ausente. Donde más frecuentemente se observa la  trombosis en la membrana basal de las arterias úteroplacentarias (16,17). Los  infartos se observan en cerca de 10 %-25 % de las placentas y existe un acuerdo  que aquellos que ocupan menos del 10 % del parénquima son clínicamente  insignificantes (15). Aquellos que ocurren en placentas pequeñas (las cuales  tendrían una reserva funcional menor) podrían, sin embargo, ser clínicamente  significativos. Los infartos varían en forma siendo la más común la que tiene su  base orientada hacia la membrana basal. Un infarto fresco es rojo oscuro y es  más fácilmente palpable que visualizable. Mientras avanza en el tiempo, los  infartos se hacen más firmes y pálidos, cambiando de rojo-marrón a  amarilloblanco. Histológicamente, los infartos tempranos muestran agrupación de  vellosidades con atenuación del espacio intervelloso y congestión de los vasos  de las vellosidades. Los infartos más tardíos muestran necrosis de las  vellosidades.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Desprendimiento prematuro de placenta.</b></p>     <p align="justify">El desprendimiento prematuro de placenta o abruptio placentae  es un diagnóstico clínico, mientras que la hemorragia o hematoma  retroplacentario es un diagnóstico morfológico. El diagnóstico clínico no está  generalmente asociado con alguna anomalía placentaria observable. Por otro lado,  los hematomas retroplacentarios pueden encontrarse en ausencia de signos o  síntomas fisiológicos. El hematoma retroplacentario tiene el mismo aspecto que  la sangre que normalmente aparece después de la separación de la placenta.  Histológicamente, el espacio intervelloso y los vasos fetales están congestivos,  con presencia de hemorragia intravellosa (18-20). En el desprendimiento  prematuro de placenta que ocurre por etapas sobre un largo período de tiempo, el  hematoma retroplacentario se organiza y se fija firmemente a la membrana basal  con infiltración del parénquima placentario que lo cubre. Histológicamente,  ocurre la disección de la membrana basal por la hemorragia y el parénquima  placentario puede sufrir un infarto. El sangrado inicial es interdecidual e  intramiometrial. Los segmentos intramiometriales de las arterias espirales en el  lecho placentario no presentan cambios fisiológicos (21). Las arterias  úteroplacentarias muestran engrosamiento de la intima o la sub-intima. La  trombosis que ocurre lleva a necrosis de la decidua y hemorragia venosa (10,20).</p>     <p align="justify"><b>Principales síndromes obstétricos y diferentes tipos de  alteraciones en la placentación profunda</b></p>     <p align="justify">Una variedad de síndromes obstétricos mayores (incluyendo la  preeclampsia, RCIU, rotura prematura de membranas y parto pretérmino) han sido  asociados con alteraciones de la placentación profunda (22). Con estas  condiciones, la remodelación tiende a estar restringida a las ramas deciduales  de las arterias espirales y no logra alcanzar los troncos miometriales excepto  en el centro de la placenta. La remodelación no es un fenómeno de “todo o nada”.  La definición de transformación parcial ha sido confusa. Una determinación  objetiva del grado de cambio fisiológico se puede lograr usando como referencia  la proporción de pared arterial que es transformada (23). En el embarazo normal,  la remodelación completa del segmento miometrial está presente en cerca del 90 %  de las arterias úteroplacentarias, existe confirmación que este porcentaje es  significativamente menor en la preeclampsia. Más aún, en las muestras de  histerectomías obstétricas de mujeres con preeclampsia severa y RCIU, la  ausencia de remodelación de los segmentos miometriales es agravada por las  lesiones de oclusión en la mayoría de las arterias (24).</p>     <p align="justify">En la preeclampsia la remodelación no logra extenderse en la  mayoría de los segmentos miometriales de las arterias espirales. En la  preeclampsia con RCIU, la alteración de la remodelación de los segmentos  miometriales se asocia con lesiones arteriales oclusivas (24). Algunas  patologías como el parto pretérmino y la rotura prematura de membranas presentan  un gran número de arterias úteroplacentarias que no logran alcanzar una  remodelación completa en el miometrio interno.</p>     <p align="justify"><b>Factores maternos involucrados en la alteración de la  placentación profunda</b></p>     <p align="justify">La patogénesis de la alteración de la placentación profunda  es frecuentemente relacionada a la invasión trofoblástica defectuosa; sin  embargo, la presencia de diferentes tipos de alteración de la placentación  profunda en los síndromes obstétricos sugiere que los factores uterinos maternos  pueden ser decisivos desde las primeras fases de la implantación.</p>     <p align="justify">Se ha sugerido que la menstruación en los humanos puede  servir como un mecanismo de adaptación uterina para la placentación profunda  (25). Se ha especulado que la presencia de la decidualización cíclica y la  menstruación puede poseer un papel crítico en la protección de los tejidos  uterinos de la inflamación y estrés oxidativo asociado con la placentación  profunda, un proceso conocido como “pre-acondicionamiento”. La ausencia de un  preacondicionamiento adecuado puede explicar por que el embarazo en las  adolescentes está asociado con un incremento significativo en el riesgo de  complicaciones del embarazo como parto pretérmino, RCIU y preeclampsia (26).  Además, se ha demostrado que la duplicación y fragmentación de la lámina  elástica interna aumenta significativamente con el número de embarazos,  sugiriendo que el embarazo produce cambios anatómicos permanentes en las  arterias espirales que pueden facilitar la remodelación en embarazos  subsiguientes (27), un hallazgo que es corroborado por el incremento en el  número de vasos deciduales con trofoblasto endovascular en tejido de multíparas  comparado con el de nulíparas (28).</p>     <p align="justify">Las alteraciones de la placentación profunda están  caracterizadas por arterias espirales miometriales no transformadas, las cuales,  además, pueden ser severamente afectadas por lesiones obstructivas. Es notable  que, en el lecho placentario, tales lesiones vasculares severas (desorganización  e hiperplasia miointimal, aterosis aguda y trombosis) puedan desarrollarse en un  período muy corto de tiempo aun a niveles relativamente bajos de hipertensión  materna. La creciente evidencia a partir de modelos animales y estudios  genéticos sugiere que las células natural killer uterinas (uNK o también  llamadas células natural killer deciduales) deciduales suministran factores  necesarios para el desarrollo y modificaciones de las arterias en el lecho  placentario. Se ha sugerido que este papel benéfico de las células uNK en el  embarazo normal puede aportar evidencia sobre la causa de las patologías del  lecho placentario observado en la preeclampsia. Existe evidencia clínica y  morfológica que las alteraciones de la placentación profunda en la preeclampsia  y la RCIU son causadas por una patología específica de las arterias  úteroplacentarias.</p>     <p align="justify"><b>Papel de la zona de unión del miometrio en las  alteraciones de la placentación profunda</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El mecanismo subyacente de las alteraciones de la  placentación profunda no es aún bien comprendido; sin embargo, nueva evidencia  sugiere que las modificaciones en la implantación profunda están relacionadas  con las anomalías del miometrio interno del útero. Fuera del embarazo, el  miometrio interno representa una estructura altamente especializada dependiente  de las hormonas, la cual cambia con la edad y se altera en varios desórdenes  reproductivos como la endometriosis y la adenomiosis. Ambas entidades han sido  asociadas con el riesgo de parto pretérmino (29,30). Los datos sugieren que las  alteraciones de la placentación profunda con estas condiciones pueden ser  causadas por anomalías estructurales de la zona de unión del miometrio (ZUM).  Además, el estudio no invasivo antes de la concepción puede ser útil para  identificar a aquellas mujeres con riesgo de alteraciones de la placentación  profunda (31).</p>     <p align="justify"><b>CONDICIONES QUE PREDISPONEN AL DESARROLLO DE LA  PREECLAMPSIA EN LAS FASES TEMPRANAS DEL EMBARAZO</b></p>     <p align="justify">Estudios inmunogénicos en preeclámpticas ha demostrado la  interacción entre los genotipos antígenos leucocitarios humanos (HLA)-C del  trofoblasto y la familia de receptores similar a las inmunoglobulinas (KIR) de  las células uNK está implicada en la pérdida del embarazo. Hiby y col. (32)  encontraron que la combinación del haplotipo HLA-C2 fetal y el genotipo KIR-AA  materno producen un aumento en el riesgo de preeclampsia. El mecanismo se  implica de tal forma que la interacción entre el haplotipo KIR-A y el haplotipo  HLA-C2 produce una fuerte señal inhibitoria para las células uNK, mientras que  el haplotipo KIR-B tiene un receptor activador para el haplotipo HLA-C, el cual  incrementa las propiedades inflamatorias de las células uNK (32). Tomado en  conjunto, el fino ajuste de microambientes pro y antiinflamatorios del sitio  úteroplacentario es mediado por la comunicación entre las células inmunes del  lado materno y el trofoblasto invasivo del lado fetal, y que ciertas propiedades  inmunogenéticas pueden determinar un proceso desfavorable para la  pseudovasculogénesis.</p>     <p align="justify">Es generalmente aceptado que la alteración de la placentación  es una condición predisponente importante en la fisiopatología de la  preeclampsia. La combinación del genotipo materno KIR-AA en las células uNK y el  haplotipo HLA-C2 fetal en el trofoblasto extravelloso aumenta significativamente  la tasa de susceptibilidad de la preeclampsia (32), sugiriendo que una falla de  la activación de las células uNK lleva a una invasión trofoblástica  insuficiente. La estreches de los canales sanguíneos debido a las alteraciones  de la placentación hace a la placenta hipóxica, y en respuesta, se liberan una  serie de factores proinflamatorios que producen daños en el sistema circulatorio  materno. Este modelo de dos fases (alteraciones de la placentación en el  embarazo temprano y disfunción sistémica materna) ha sido reconocido como los  mecanismos para el desarrollo de la preeclampsia (33,34). Sin embargo, es poco  probable que la alteración de la pseudovasculogénesis sea una causa exclusiva de  la enfermedad y algunos casos presentan procesos gestacionales normales a pesar  de la restricción del flujo placentario (33).</p>     <p align="justify"><b>MOLÉCULAS CLAVES IMPLICADAS EN LA FISIOPATOLOGÍA DE LA  PREECLAMPSIA</b></p>     <p align="justify">La decidua es una rica fuente de factor tisular y las células  deciduales están en cercana proximidad del citotrofoblasto invasor (35). Si  ocurre una hemorragia decidual, esta permite que el factor VII circulante se una  al factor tisular expresado por las células deciduales para generar trombina, la  cual promueve la hemostasis al modificar el fibrinógeno y producir coágulos de  fibrina. Más allá de este papel hemostático, la trombina promueve la inflamación  aguda al unirse a los receptores activados por las proteasas para inducir en las  células deciduales la síntesis y secreción de interleucina 8, la cual atrae a  los neutrófilos (36). La trombina también promueve la inflamación crónica  induciendo la infiltración de monocitos / macrófagos por aumento de la expresión  de la proteína 1 quimioatrayente de monocitos (37). El mecanismo por el cual la  trombina altera la invasión trofoblástica no es bien comprendido, pero parece  involucrar la producción local de factores angiogénicos en la interfase  feto-materna.</p>     <p align="justify">Existe una amplia variedad de factores que potencialmente  aceleran la vasoconstricción de los vasos sanguíneos maternos. La neurokinina B,  un miembro de las taquikininas, fue la primera molécula presentada como  responsable del desarrollo de la preeclampsia (38). Estudios posteriores  utilizando un número mayor de muestras han demostrado resultados controversiales  (39). En la actualidad, parece que no se ha comprobado completamente la idea que  las funciones de la neurokinina sea el agente causal de la preeclampsia. Otro  estudio (40) demostró que junto a una molécula similar al tromboxano A2 (TXA2)  disminuiría las concentraciones de factor de crecimiento endotelial vascular,  receptor 1 y 2 de factor de crecimiento endotelial vascular en células  endoteliales maternas (ECs) y suprime las actividades antiangiogénicas in vitro.  Es conocido que la alteración en el balance entre el TXA2 y la prostaciclina  (PGI2) contribuyen a la aparición de la preeclampsia (41), el eje neurokinina B  / TXA2 puede tener un papel importante en la alteración de la neovasculación  placentaria. La neurokinina no solo está presente el suero materno de las  preeclámpticas sino también en aquellas mujeres con embarazos normales, y se  incrementan sus concentraciones mientras avanza el embarazo (42).</p>     <p align="justify">Aparte de la neurokinina B, el receptor soluble I de factor  de crecimiento endotelial vascular (sVEGFR-1) ha sido descrito como un marcador  sérico importante en las preeclámpticas (43). El sVEGFR-1 es un inhibidor  endógeno del factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF) y el factor de  crecimiento placentario (PIGF), y un exceso en las concentraciones de sVEGFR-1  causa una amplia disfunción de las ECs (44). El análisis de los estudios  clínicos de las terapias antiangiogénicas ha demostrado que estos inhibidores  alteran la angiogénesis, hematopoyesis y función plaquetaria fisiológicas (45).  En las preeclámpticas el exceso de sVEGFR-1 parece ser de origen placentario a  la circulación materna (46).</p>     <p align="justify">Varios estudios han confirmado que el suero de las  preeclámpticas muestra un incremento en las concentraciones de sCD105,  especialmente en varios casos de síndrome HELLP. El CD-105 es un correceptor en  la superficie celular para el factor de crecimiento y transformación 1&#946; (TGF-1&#946;)  y TGF- 3 y se expresa en las ECs y sinciciotrofoblasto (47). En el sistema  cardiovascular, se piensa que regula la expresión de la sintetasa de óxido  nítrico endotelial (eNOS) y el tono vascular dependiente de este (48). En la  preeclampsia, el sCD105 probablemente inhibe la señalización del TGF-1&#946; en la  vasculatura (47).</p>     <p align="justify">Los estudios clínicos sugieren que el mayor estado  antiangiogénico en la circulación materna parece iniciarse 2-3 meses antes que  los síntomas de la preeclampsia se hagan evidentes. El incremento de sVEGFR-1 y  sCD105 y la disminución de VEGF y PIGF son detectables alrededor de la mitad del  segundo trimestre (17-20 semanas de gestación) (49). Algunos estudios han  demostrado que el sVEGFR-1, al igual que el VEGF y PIGF, se produce en tejido  trofoblasto aislado de la placenta in vitro y las concentraciones de sVEGFR-1 en  cultivos de trofoblasto de pacientes con preeclampsia fueron mayores que el de  las embarazadas normales (50).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Con otras condiciones fisiopatológicas como la retinopatía  diabética y el cáncer, la hipoxia generalmente estimula las señales angiogénicas,  como la cascada transcripcional proangiogénica mediada por el factor 1&#945;  inducible por la hipoxia que incluye el VEGF (51). Es poco comprendido por que  la placenta hipóxica produce moléculas que suprimen la angiogénesis en la  preeclampsia.</p>     <p align="justify"><b>PROCESOS DE ALTERACIÓN DE LA NEOVASCULARIZACIÓN DESPUÉS DE  LA APARICIÓN DE LA HIPERTENSIÓN</b></p>     <p align="justify">La evaluación patológica de la placenta de preeclámpticas  revela la presencia de depósitos difusos de fibrina y aterosis aguda en  diferentes sitios úteroplacentarios. Con respecto a la unidad circulatoria  fetoplacentaria, las vellosidades terminales están pobremente diferenciadas, lo  que es descrito como hipoplasia vellosa distal. También se describen la  presencia de nudos sinciciales (agregados de núcleos del sinciciotrofoblasto).  Se piensa que tales cambios reflejan la hipoxia debida a la escasa invasión del  trofoblasto extravelloso en estadios iniciales. Sin embargo, estos hechos no  responden si la aterosis aguda y la alteración de la neovascularización también  ocurren como consecuencia de otros factores predisponentes.</p>     <p align="justify">Las placentas de las preeclámpticas muestran una  pseudovasculogénesis de apariencia normal en etapas iniciales, por ejemplo  infiltración suficiente de células uNK e invasión trofoblástica suficiente (52).  No es sorprendente debido a que en esta fase las concentraciones de renina  producida por la placenta no son suficientes para actuar sobre la angiotensina  en la circulación materna (53). Se han encontrado aterosis significativa con  cambios apoptoicos en el sitio placentaria de las preeclámpticas a las 13  semanas. El análisis en el tiempo demuestra alteración en el desarrollo y  maduración vascular fetoplacentario después de la aparición de la hipertensión.  Estos hallazgos indican que la neovascularización placentaria es potencialmente  suprimida por la hipertensión materna sin antecedentes de escasa placentación.  Algunos genes vasoactivos disminuyen su actividad en las 24 horas siguientes  después de la aparición de la hipertensión. Entonces las moléculas que median la  interacción ECs-pericitos lo vuelven vulnerable a la hipertensión (52). Estos  resultados sugieren que el destino de la neovascularización patológica podría  ser designado por la respuesta temprana de los genes y la posterior alteración  de la señalización para la maduración de los vasos podría producir una  vasculatura fetoplacentaria anormal en los estadios finales.</p>     <p align="justify">El descubrimiento de los cambios fisiológicos en las arterias  espirales y sus defectos en la preeclampsia suministran un avance importante en  la comprensión de la hipertensión asociada al embarazo. Estos hallazgos  demuestran la importancia de la invasión trofoblástica, un aspecto de la  placentación el cual no había sido considerado a profundidad. Los diferentes  estudios clínicos han demostrado que la hipertensión durante el embarazo es un  proceso complejo, el cual generalmente encuentra su origen en el embarazo  temprano, pero depende de diferentes respuestas fisiológicas maternas. Esto  puede ser el reflejo de patrones variables de cambios histopatológicos en el  lecho placentario, evidenciándose por múltiples cambios arteriales en las  diferentes complicaciones del embarazo más que un proceso patológico con  lesiones bien definidas.</p>     <p align="justify"><b>REFERENCIAS</b></p>     <!-- ref --><p align="justify">1. Staff A, Dechend R, Pijnenborg R. Learning from the  placenta: Acute atherosis and vascular remodeling in preeclampsia-novel aspects  for atherosclerosis and future cardiovascular health. Hypertension.  2010;56:1026-1034.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109491&pid=S0048-7732201200040000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. Aardema M, Oosterhof H, Timmer A, van Rooy I, Aarnoudse J.  Uterine artery Doppler flow and uteroplacental vascular pathology in normal  pregnancies and pregnancies complicated by preeclampsia and small for  gestational age fetuses. Placenta. 2001;22:405-411.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109492&pid=S0048-7732201200040000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. Coelho T, Sass N, Camano L, Moron A, Mattar R, Stávale J,  et al. Microvessel density in the placental bed among preeclampsia patients. Sao  Paulo Med J. 2006;124:96-100.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109493&pid=S0048-7732201200040000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. Richani K, Romero R, Soto E, Nien J, Cushenberry E, Kim Y,  et al. Genetic origin and proportion of basal plate surface-lining cells in  normal and abnormal pregnancies. Hum Pathol. 2007;38:269-275.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109494&pid=S0048-7732201200040000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. Walford N, Htun K, Akhilesh M. Detection of atherosis in  preeclamptic placentas: Comparison of two gross sampling protocols. Pediatr Dev  Pathol. 2005;8:61- 65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109495&pid=S0048-7732201200040000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. Khong T. Acute atherosis in pregnancies complicated by  hypertension, small-for-gestational-age infants, and diabetes mellitus. Arch  Pathol Lab Med. 1991;115:722-725.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109496&pid=S0048-7732201200040000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. Kitzmiller J, Watt N, Driscoll S. Decidual arteriopathy in  hypertension and diabetes in pregnancy: Immunofluorescent studies. Am J Obstet  Gynecol. 1981;141:773-779.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109497&pid=S0048-7732201200040000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Erez O, Romero R, Vaisbuch E, Mazaki-Tovi S, Kusanovic J,  Chaiworapongsa T, et al. Maternal antiprotein Z antibodies in pregnancies  complicated by pre-eclampsia, SGA and fetal death. J Matern Fetal Neonatal Med.  2009;22:662-671.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109498&pid=S0048-7732201200040000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Abramowsky C, Vegas M, Swinehart G, Gyves M. Decidual  vasculopathy of the placenta in lupus erythematosus. N Engl J Med.  1980;303:668-672.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109499&pid=S0048-7732201200040000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Castejón O, Molinaro M. Necrosis celular en placa basal  placentaria y su relación con desórdenes hipertensivos en casos de DPPNI grave.  Rev Obstet Ginecol Venez. 2003;63:11-16.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109500&pid=S0048-7732201200040000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Khong T, Mott C. Immunohistologic demonstration of  endothelial disruption in acute atherosis in preeclampsia. Eur J Obstet Gynecol  Reprod Biol. 1993;51:193-197.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109501&pid=S0048-7732201200040000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Khong T, Pearce J, Robertson W. Acute atherosis in  preeclampsia: Maternal determinants and fetal outcome in the presence of the  lesion. Am J Obstet Gynecol. 1987;157:360-363.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109502&pid=S0048-7732201200040000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Khong T, Sawyer I, Heryet A. An immunohistologic study of  endothelialization of uteroplacental vessels in human pregnancy-evidence that  endothelium is focally disrupted by trophoblast in preeclampsia. Am J Obstet  Gynecol. 1992;167:751-756.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109503&pid=S0048-7732201200040000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Jauniaux E, Hempstock J, Greenwold N, Burton G.  Trophoblastic oxidative stress in relation to temporal and regional differences  in maternal placental blood flow in normal and abnormal early pregnancies. Am J  Pathol. 2003;162:115-125.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109504&pid=S0048-7732201200040000800014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Brosens I, Renaer M. On the pathogenesis of placental  infarcts in pre-eclampsia. J Obstet Gynaecol Br Commonw. 1972;79:794-799.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109505&pid=S0048-7732201200040000800015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Castejón O. Microscopia electrónica de barrido de infarto  placentario. Salus. 2000;4:19-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109506&pid=S0048-7732201200040000800016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Burke C, Gobe G. Pontosubicular apoptosis (“necrosis”) in  human neonates with intrauterine growth retardation and placental infarction.  Virchows Arch. 2005;446:640-645.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109507&pid=S0048-7732201200040000800017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Egbor M, Ansari T, Morris N, Green C, Sibbons P.  Morphometric placental villous and vascular abnormalities in early- and late-onset  pre-eclampsia with and without fetal growth restriction. BJOG. 2006;113:580-589.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109508&pid=S0048-7732201200040000800018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Castejón O, Molinaro M. Cambios degenerativos coriónicos  y su relación con desórdenes hipertensivos en casos de DPPNI grave. Gac Méd  Caracas. 2003;111:117-122.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109509&pid=S0048-7732201200040000800019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Castejón O, Molinaro M. Necrosis celular en placa basal  placentaria y su relación con desórdenes hipertensivos en casos de  desprendimiento prematuro de placenta. Rev Obstet Ginecol Venez. 2003;63:11- 17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109510&pid=S0048-7732201200040000800020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Ananth C, Oyelese Y, Prasad V, Getahun D, Smulian J.  Evidence of placental abruption as a chronic process: Associations with vaginal  bleeding early in pregnancy and placental lesions. Eur J Obstet Gynecol Reprod  Biol. 2006;128:15-21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109511&pid=S0048-7732201200040000800021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Kim J, Romero R, Cushenberry E, Kim Y, Erez O, Nien J, et  al. Distribution of CD14+ and CD68+ macrophages in the placental bed and basal  plate of women with preeclampsia and preterm labor. Placenta. 2007;28:571-576.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109512&pid=S0048-7732201200040000800022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Espinoza J, Romero R, Mee Kim Y, Kusanovic J, Hassan S,  Erez O, et al. Normal and abnormal transformation of the spiral arteries during  pregnancy. J Perinat Med. 2006;34:447-458.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109513&pid=S0048-7732201200040000800023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Brosens I, Pijnenborg R, Vercruysse L, Romero R. The  “Great Obstetrical Syndromes” are associated with disorders of deep placentation.  Am J Obstet Gynecol. 2011;204:193-201.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109514&pid=S0048-7732201200040000800024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Brosens J, Parker M, McIndoe A, Pijnenborg R, Brosens I.  A role for menstruation in preconditioning the uterus for successful pregnancy.  Am J Obstet Gynecol. 2009;200:615.e1-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109515&pid=S0048-7732201200040000800025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Chen X, Wen S, Fleming N, Demissie K, Rhoads G, Walker M.  Teenage pregnancy and adverse birth outcomes: A large population based  retrospective cohort study. Int J Epidemiol. 2007;36:368-373.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109516&pid=S0048-7732201200040000800026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Khong T, Adema E, Erwich J. On an anatomical basis for  the increase in birth weight in second and subsequent born children. Placenta.  2003;24:348- 353.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109517&pid=S0048-7732201200040000800027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Prefumo F, Ganapathy R, Thilaganathan B, Sebire N.  Influence of parity on first trimester endovascular trophoblast invasion. Fertil  Steril. 2006;85:1032- 1036.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109518&pid=S0048-7732201200040000800028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Härkki P, Tiitinen A, Ylikorkala O. Endometriosis and  assisted reproduction techniques. Ann N Y Acad Sci. 2010;1205:207-213.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109519&pid=S0048-7732201200040000800029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Stephansson O, Kieler H, Granath F, Falconer H.  Endometriosis, assisted reproduction technology, and risk of adverse pregnancy  outcome. Hum Reprod. 2009;24:2341-2347.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109520&pid=S0048-7732201200040000800030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Brosens I, Derwig I, Brosens J, Fusi L, Benagiano G,  Pijnenborg R. The enigmatic uterine junctional zone: The missing link between  reproductive disorders and major obstetrical disorders? Hum Reprod.  2010;25:569-574.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109521&pid=S0048-7732201200040000800031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. Hiby S, Apps R, Sharkey A, Farrell L, Gardner L, Mulder  A, et al. Maternal activating KIRs protect against human reproductive failure  mediated by fetal HLA-C2. J Clin Invest. 2010;120:4102-4110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109522&pid=S0048-7732201200040000800032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Borzychowski A, Sargent I, Redman C. Inflammation and pre-eclampsia.  Semin Fetal Neonatal Med. 2006;11:309-316.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109523&pid=S0048-7732201200040000800033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. Roberts J, Gammill H. Preeclampsia: Recent insights.  Hypertension. 2005;46:1243-1249.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109524&pid=S0048-7732201200040000800034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. Lockwood C. Regulation of plasminogen activator inhibitor  1 expression by interaction of epidermal growth factor with progestin during  decidualization of human endometrial stromal cells. Am J Obstet Gynecol.  2001;184:798-804.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109525&pid=S0048-7732201200040000800035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. Lockwood C, Paidas M, Krikun G, Koopman L, Masch R,  Kuczynski E, et al. Inflammatory cytokine and thrombin regulation of interleukin-8  and intercellular adhesion molecule-1 expression in first trimester human  decidua. J Clin Endocrinol Metab. 2005;90:4710-4715.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109526&pid=S0048-7732201200040000800036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. Grandaliano G, Valente A, Abboud H. A novel biologic  activity of thrombin: Stimulation of monocyte chemotactic protein production. J  Exp Med. 1994;179:1737-1741.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109527&pid=S0048-7732201200040000800037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. Page N, Dakour J, Morrish D. Gene regulation of  neurokinin B and its receptor NK3 in late pregnancy and pre-eclampsia. Mol Hum  Reprod. 2006;12:427- 433.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109528&pid=S0048-7732201200040000800038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. Zulfikaroglu E, Ugur M, Taflan S, Ugurlu N, Atalay A,  Kalyoncu S. Neurokinin B levels in maternal and umbilical cord blood in  preeclamptic and normal pregnancies. J Perinat Med. 2007;35:200-202. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109529&pid=S0048-7732201200040000800039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. Pal S, Wu J, Murray J, Gellman S, Wozniak M, Keely P, et  al. An antiangiogenic neurokinin-B/thromboxane A2 regulatory axis. J Cell Biol.  2006;174:1047-1058.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109530&pid=S0048-7732201200040000800040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. Mills J, DerSimonian R, Raymond E, Morrow J, Roberts L,  Clemens J, et al. Prostacyclin and thromboxane changes predating clinical onset  of preeclampsia: A multicenter prospective study. JAMA. 1999;282:356-362.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109531&pid=S0048-7732201200040000800041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. Sakamoto R, Osada H, Iitsuka Y, Masuda K, Kaku K, Seki K,  et al. Profile of neurokinin B concentrations in maternal and cord blood in  normal pregnancy. Clin Endocrinol (Oxf). 2003;58:597-600.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109532&pid=S0048-7732201200040000800042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. Maynard S, Min J, Merchan J, Lim K, Li J, Mondal S, et  al. Excess placental soluble fms-like tyrosine kinase 1 (sFlt1) may contribute  to endothelial dysfunction, hypertension, and proteinuria in preeclampsia. J  Clin Invest. 2003;111:649-658.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109533&pid=S0048-7732201200040000800043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. Foidart J, Schaaps J, Chantraine F, Munaut C, Lorquet S.  Dysregulation of anti-angiogenic agents (sFlt-1, PLGF, and sEndoglin) in  preeclampsia--a step forward but not the definitive answer. J Reprod Immunol.  2009;82:106-111.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109534&pid=S0048-7732201200040000800044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. Kappers M, van Esch J, Sleijfer S, Danser A, van den  Meiracker A. Cardiovascular and renal toxicity during angiogenesis inhibition:  Clinical and mechanistic aspects. J Hypertens. 2009;27:2297-2309.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109535&pid=S0048-7732201200040000800045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">46. Cudmore M, Ahmad S, Al-Ani B, Fujisawa T, Coxall H,  Chudasama K, et al. Negative regulation of soluble Flt-1 and soluble endoglin  release by heme oxygenase-1. Circulation. 2007;115:1789-1797.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109536&pid=S0048-7732201200040000800046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">47. Xu B, Thornton C, Tooher J, Ogle R, Lim S, Makris A, et  al. Effects of anti-hypertensive drugs on production of soluble fms-like  tyrosine kinase 1 and soluble endoglin from human normal and pre-eclamptic  placentas in vitro. Clin Exp Pharmacol Physiol. 2009;36:839-842.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109537&pid=S0048-7732201200040000800047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">48. Nachtigal P, Vecerova L, Pospisilova N, Micuda S,  Brcakova E, Navarro Hernandez E, et al. Endoglin coexpression with eNOS, SMAD2  and phosphorylated SMAD2/3 in normocholesterolemic and hypercholesterolemic mice:  An immunohistochemical study. Histol Histopathol. 2009;24:1499-1506.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109538&pid=S0048-7732201200040000800048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">49. Noori M, Donald A, Angelakopoulou A, Hingorani A,  Williams D. Prospective study of placental angiogenic factors and maternal  vascular function before and after preeclampsia and gestational hypertension.  Circulation. 2010;122:478-487.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109539&pid=S0048-7732201200040000800049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">50. Munaut C, Lorquet S, Pequeux C, Blacher S, Berndt S,  Frankenne F, et al. Hypoxia is responsible for soluble vascular endothelial  growth factor receptor-1 (VEGFR-1) but not for soluble endoglin induction in  villous trophoblast. Hum Reprod. 2008;23:1407- 1415.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109540&pid=S0048-7732201200040000800050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">51. Clottes E. Hypoxia-inducible factor 1: Regulation,  involvement in carcinogenesis and target for anticancer therapy. Bull Cancer.  2005;92:119-127.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109541&pid=S0048-7732201200040000800051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">52. Furuya M, Ishida J, Inaba S, Kasuya Y, Kimura S, Nemori  R, et al. Impaired placental neovascularization in mice with pregnancy-associated  hypertension. Lab Invest. 2008;88:416-429.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109542&pid=S0048-7732201200040000800052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">53. Saito T, Ishida J, Takimoto-Ohnishi E, Takamine S,  Shimizu T, Sugaya T, et al. An essential role for angiotensin II type 1a  receptor in pregnancy-associated hypertension with intrauterine growth  retardation. FASEB J. 2004;18:388-390.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2109543&pid=S0048-7732201200040000800053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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