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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Suplementación: una estrategia  adicional y temporal para corregir deficiencia de yodo en embarazadas de la  región andina, Venezuela</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="2">Dr. Luis Caballero (*)</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">(*) Programa de Control de los  Desórdenes por Deficiencia de Yodo. Instituto Nacional de Nutrición, Dirección  de Estudios Nutricionales. Caracas, Venezuela</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Dirección Postal: Ave. Baralt,  Quinta Crespo. Edif. Sede INN. Caracas 1010. Teléfono: 0212 4818254 e-mail: <a href="mailto:pronamininn@yahoo.com">pronamininn@yahoo.com</a></font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">INTRODUCCIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El yodo es un elemento esencial  para la síntesis de las hormonas tiroideas T3 y T4. El yodo es consumido a  partir de los alimentos, el agua y suplementos. Los productos marinos como algas  y pescados, la sal fortificada con yoduro o yodato de potasio son una importante  fuente del halógeno, así como en algunos países el pan, la leche y sus  derivados. Las embarazadas y niños pequeños son más susceptibles a los efectos  de esta carencia, en comparación con la población general (1). La preñez se  halla asociada con profundos cambios que incrementan los requerimientos de yodo,  causados por varios factores, como el aumento de la producción de T4, la  transferencia de yodo y T4 de la madre al feto y el mayor clearance renal de  yodo (2,3).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cuando el aporte de yodo cae  por debajo de las recomendaciones, la tiroides es incapaz de producir  suficientes hormonas y se generan consecuencias adversas conocidas como DDY, que  incluyen entre otras, bocio, hipotiroidismo, abortos, mortinatos, aumento de  anomalías congénitas y de la mortalidad perinatal e infantil, alteraciones en el  desarrollo físico y mental, cretinismo (4). Se estima que esta deficiencia, es  la primera causa mundial prevenible de retardo mental.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La mediana de CYU es el mejor  indicador bioquímico para evaluar la situación del yodo en la población. Cuando  la mediana obtenida en niños en edad escolar era adecuada, se asumía que la  ingesta de yodo era también adecuada en el resto de la población, incluyendo a  las embarazadas. Sin embargo, en un mismo lugar se pueden presentar bajas  yodurias en grávidas y una nutrición óptima de yodo en escolares (5,6), por lo  que la OMS fijó nuevos criterios para varios grupos poblacionales (4,7).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La estrategia mundialmente  adoptada para corregir esta carencia, por ser la más efectiva, práctica y  económica es la YUS, que implica la yodación de toda la sal a consumir por las  personas, el ganado, así como la sal empleada en la industria de alimentos (4).  La presión mundial existente para prevenir enfermedades cardiovasculares, ha  conducido a la meta de la OMS: disminuir el consumo de sal a menos de 5 g/d, lo  que obligará a revisar los niveles de yodación recomendados en la sal  comestible, basados en monitoreo de la población.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Se ha documentado ampliamente  en Latinoamérica, los niveles de CYU en niños en edad escolar y la reducción de  los DDY, pero la información sobre el estado del yodo en embarazadas o los  efectos de la suplementación, es escasa en esta región del mundo.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este artículo, brevemente se  revisa la importancia de la suplementación a embarazadas, una medida  complementaria a la yodación de la sal, dirigida a mejorar la salud materna en  algunas comunidades andinas yodo-deficientes de Venezuela.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">REQUERIMIENTOS DE YODO EN  EMBARAZADAS</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los requerimientos de  nutrientes se elevan durante períodos de crecimiento y desarrollo, como lo son  el embarazo y la lactancia (8). La Ingestión Recomendada (IR), equivale a las  Recommended Dietary Allowances (RDA) de Estados Unidos, y significa el nivel de  ingesta diaria de un nutriente que resulta suficiente para cubrir las  necesidades de casi toda la población (97,5 %), y aplica a individuos sanos,  según edades, sexo y situaciones de embarazo o lactancia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El Instituto de Medicina de  Estados Unidos (IOM) estableció en 2001 los valores de RDA para el embarazo en  220 &#956;g/d y 290 &#956;g/d durante la lactación (9).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">OMS conjuntamente con el Fondo  de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Consejo Internacional para  el Control de las Deficiencias de Yodo (ICCIDD) establecieron más recientemente,  la Ingesta de Nutrientes Recomendada (RNI) en 250 &#956;g/d para embarazadas y  mujeres en lactación (4). Estas recomendaciones surgieron como producto de una  consulta técnica promovida por la OMS, en la cual se elevaron de 200 a 250 &#956;g/d  los anteriores valores de RNI mantenidos por la Organización de las Naciones  Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la OMS (10).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En Venezuela, se mantienen  desde el año 2000 las recomendaciones de yodo para embarazadas y madres que  lactan en 200 &#956;g/d (11).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El nivel máximo de ingesta  tolerable (UL) de yodo se ha estimado para mujeres embarazadas y en lactación  con edad mayor a 18 años, en 1100 &#956;g/d y en 900 &#956;g/d para menores de esa edad  (12). Sin embargo para la OMS, una ingesta diaria mayor de 500 &#956;g resulta  excesiva durante la preñez (4).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">INDICADORES DE LA SITUACIÓN  DEL YODO EN EMBARAZADAS</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En 2007 se establecieron los  valores de la mediana, que permiten categorizar la ingesta del mineral en  embarazadas, mujeres en lactación y niños menores de dos años (<a href="#cua1">Cuadro  1</a>) (4,7).</font></p>     <p align="center"><a name="cua1"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v73n2/art06cua1.gif" width="485" height="315"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Debido a grandes variaciones  individuales diarias e inter-diarias en la CYU, los resultados solo se emplearán  para evaluar la situación del yodo en colectivos y no para conocer la situación  particular de una embarazada.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">MUNICIPIOS MÁS AFECTADOS POR  YODODEFICIENCIA EN EMBARAZADAS</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En Venezuela, se evaluó la CYU  en 885 grávidas de 30 municipios de la región andina, hallándose una mediana  global de 174 &#956;g/L, sin embargo, en 37 % de estas mujeres se detectaron niveles  &lt;150 &#956;g/L (13); en 8 municipios, las medianas de CYU se ubicaron entre 76,5 y  148 &#956;g/L, indicativo de yodo-deficiencia, con un porcentaje elevado (68 %) de  valores individuales &lt;150 &#956;g/L (<a href="#cua2">Cuadro 2</a>) (14).</font></p>     <p align="center"><a name="cua2"> <img border="0" src="/img/fbpe/og/v73n2/art06cua2.gif" width="359" height="337"></a></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La situación más crítica se  presentó en los municipios Aricagua y Guaraque, ambos del estado Mérida, con 25  % y 23 % respectivamente de valores individuales menores de 50 &#956;g/L,  categorizado como deficiencia grave.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La mediana de CYU en escolares  de esas mismas localidades, ha resultado satisfactoria en los monitoreos  realizados, tanto antes como después del estudio en embarazadas. Lo anterior  coincide con lo encontrado recientemente por varios investigadores, un  comportamiento diferente del estado nutricional del yodo en las embarazadas en  relación con los escolares de la misma localidad (5,6).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Cabe destacar además, que la  prevalencia de consumo de sal adecuadamente yodada en 2993 hogares escrutados,  solo alcanzó el 54 %, durante el último monitoreo realizado el año 2007 en esta  región del país, un porcentaje mucho menor del 90.% recomendado por la OMS (4).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">ESTRATEGIAS PARA CONTROLAR  LA DEFICIENCIA DE YODO E IMPORTANCIA DEL MONITOREO</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La estrategia más económica,  práctica y efectiva para controlar esta carencia es la YUS. Por ello la OMS  recomienda el uso de sal adecuadamente yodada (&#8805; 15 ppm), por lo menos en 90 %  de los hogares para prevenir los DDY en la población general. En algunos países  o áreas, donde haya insuficiente acceso de los grupos más vulnerables de la  población a la sal yodada, se deben adoptar medidas adicionales y temporales  como la suplementación, que aseguren la nutrición óptima de este mineral a estos  grupos, mientras se refuercen los programas de fortificación de la sal (4).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La ingesta de suplementos con  yodo, no suele ser efectiva por si sola, para alcanzar las recomendaciones de  este mineral en embarazadas de poblaciones, donde no es obligatoria la yodación  de la sal y/o donde no se han mantenido campañas de salud pública (15).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Investigaciones llevadas a cabo  en Tailandia, Tasmania, Venezuela y Méjico han mostrado que, aún en áreas con  adecuado consumo de yodo, una significante proporción de embarazadas tienen CYU  menores a los niveles recomendados (5,6,13,16). Esto puede deberse en parte, a  que frecuentemente se recomienda a las gestantes disminuir su consumo de sal y a  los cambios metabólicos que ocurren, con aumento de los requerimientos (1,2).  Además, otros factores como la deficiencia de hierro, reducen la eficacia de la  profilaxis con yodo, de allí que debe realizarse una temprana detección y  tratamiento de esta carencia en la embarazada, no solo para atacar la anemia,  sino también para prevenir efectos adversos en la tiroides de la madre y  desarrollo fetal (17).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La deficiencia leve hallada en  embarazadas de Irlanda, Reino Unido y Australia, se ha asociado a la disminución  del contenido de yodo en leche de vaca, consecuencia de la sustitución del  empleo de iodóforos, en la higiene animal durante el ordeño (18).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La relación entre la ingesta de  micronutrientes y la concentración de estos en la leche materna, conduce a  focalizar el estado de elementos prioritarios como el yodo y a destacar la  importancia de la suplementación con vitaminas y minerales, deficiencias que  deben ser prevenidas o tratadas preferiblemente antes o desde las etapas  tempranas del embarazo y durante la lactación (19,20).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Un programa de control de DDY,  debe prestar especial atención a las mujeres gestantes o en lactación y a los  recién nacidos (1), por el impacto negativo que produce la hipotiroxinemia  materna, fetal y neonatal en el desarrollo cerebral (21,22). Existe el consenso,  de la necesidad de realizar el monitoreo de la calidad de la sal yodada y de la  situación nutricional del yodo en embarazadas, tomando como indicador la mediana  de la CYU (23,10). En la evaluación y monitoreo local, debe considerarse que la  carencia leve o moderada puede ocurrir en áreas no reconocidas como deficientes  (2). La desagregación de datos a nivel regional, provincial o distrital, permite  conocer la situación de la yodación de la sal y de las embarazadas en esos  lugares, y los países decidirán si la suplementación es indicada, acorde a las  recomendaciones de la OMS (24). Cuanto yodo se debe administrar a través de la  suplementación, dependerá de la deprivación preexistente, y la meta es restaurar  y mantener el balance del mineral, que puede alcanzarse la mayoría de los casos  suplementando con 100-200 &#956;g de yodo diariamente (2).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">RECOMENDACIÓN DE SUPLEMENTOS</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La suplementación ha sido  recomendada en Tasmania y Tailandia, donde a pesar de haberse corregido la  deficiencia en niños, esta persiste en embarazadas (6,25). En Estados Unidos,  existe una alta prevalencia de deficiencia leve en embarazadas en comparación  con la población general y recientemente, la Asociación Americana de Tiroides ha  recomendado a embarazadas y mujeres lactantes de Estados Unidos y Canadá, la  suplementación diaria de 150 &#956;g de yodo a través de suplementos de vitaminas y  minerales (26,8). En Australia, donde prevalece una deficiencia leve en la  población y una considerable proporción de embarazadas con moderada a severa  deficiencia, varios investigadores han recomendado la suplementación con 150 &#956;g/d  (27) o con 100- 150 &#956;g/d a mujeres embarazadas o en periodo de lactancia (28).  Se ha detectado deficiencia de yodo en embarazadas de numerosos países de  Europa, por lo que las organizaciones profesionales, fomentan en la Unión  Europea, una legislación que asegure una óptima dosis de yodo en los suplementos  prenatales de vitaminas y minerales (29,17). Varios investigadores (22,30,31)  han recomendado la suplementación a embarazadas en España, un país donde el  consumo de sal yodada tiene grandes variaciones regionales. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En Portugal, un estudio  nacional reveló valores de CYU &lt;150 &#956;g/L en 84 % de las embarazadas; la  deficiencia se presentó también en islas, donde altas precipitaciones que  empobrecen los suelos y el bajo consumo de pescado por su alto costo, parecen  coexistir. Por ello los investigadores recomendaron la suplementación a todas  las mujeres gestantes o en lactación de este país (32).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">IMPACTO DE LA SUPLEMENTACIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La suplementación oral diaria  por más de tres meses, preferiblemente en las primeras etapas del embarazo, con  150 &#956;g de yodo, acompañado de hierro, ácido fólico y del cuidado maternal y  neonatal, condujo a positivos cambios perinatales en Nepal, donde se consume sal  con bajo contenido de yodo (33). En un área de moderada deficiencia de yodo en  España, los niños menores de 2 años, cuyas madres recibieron 300 &#956;g/I/d desde el  primer trimestre de embarazo, presentaron resultados más favorables en la  evaluación sicomotora, comparados con los niños de madres no tratadas (30). En  otra ciudad evaluada en España, las embarazadas que alcanzaron la CYU  recomendada (&gt;150 &#956;g/L) correspondieron a un grupo pequeño (9 %), que recibió  100-200 &#956;g/d de yodo a través de suplementos y que además tenía una dieta rica  en leche, más de un vaso diario (15).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Un meta-análisis de estudios  realizados en China, reportó una disminución de 8,7 puntos en el coeficiente  intelectual (CI) de niños nacidos de madres no tratadas que viven en áreas de  severa deficiencia de yodo, comparado con los niños de madres suplementadas  (34). En Zaire y Papúa-Nueva Guinea, la suplementación prenatal parenteral con  aceite yodado en áreas de severa deficiencia, redujo en 73 % y 29 %, los riesgos  de hipotiroidismo congénito y mortalidad infantil respectivamente (35). Hace más  de dos décadas, se suplementó también en Perú y Ecuador con inyecciones de  aceite yodado, y los resultados sugieren beneficios cognitivos en los niños de  madres tratadas (24). Actualmente, la administración de aceite yodado cada 6-12  meses, se limita exclusivamente para áreas con bajo o muy bajo consumo de sal  yodada (10), que por lo regular son regiones remotas y donde son difíciles las  expectativas a corto o mediano plazo para mejorar la situación.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pocas investigaciones han  examinado específicamente, los efectos de la suplementación durante la  lactancia. En Nueva Zelanda, disminuyó 40 % el contenido de yodo en leche  materna a las 24 semanas posparto de embarazadas yodo-deficientes. La  suplementación con 75 y 150 &#956;g/d, aumentó 1,3 y 1,7 veces respectivamente la  concentración en leche materna (36).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En seis ensayos efectuados en  Europa, se suplementó con yodo en dosis de 50-230 &#956;g/d, a embarazadas con leve o  moderada deficiencia. En todos se produjo un aumento de la CYU materna, sin  efectos o bajos efectos en los valores de hormonas tiroideas T3, T4, T3 libre  (T3L) y T4 libre (T4L), tanto en la madre como en recién nacidos. Sin embargo,  aunque los valores de hormona estimulante de la tiroides (TSH) maternos se  mantuvieron más bajos pero dentro del rango normal, en comparación con las  embarazadas no suplementadas, se reportaron en dos de las investigaciones, altos  valores de TSH en neonatos producto de madres suplementadas. La suplementación  fue además, efectiva en minimizar el incremento del tamaño tiroideo durante la  preñez (29). Se ha planteado que el incremento de TSH en el suero del cordón, no  debe interpretarse como un efecto perjudicial de la suplementación con yodo a  las madres, ya que existe un mejoramiento del status tiroideo fetal y una  positiva correlación entre las concentraciones fetales de TSH y T4L (22).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Se requieren más  investigaciones, para conocer los efectos de la suplementación de embarazadas,  en la función tiroidea materna y el neurodesarrollo de los niños, especialmente  en regiones donde existe leve deficiencia de yodo (34,31).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">LIMITACIONES DE LA  SUPLEMENTACIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">No todos los suplementos  disponibles para embarazadas, aportan yodo, siendo además muy variable su costo  y contenido (27). Es conocida la baja adherencia al consumo de suplementos con  yodo (15), particularmente las mujeres jóvenes, con menores ingresos y menor  nivel educativo, quienes están menos ganadas a tomar suplementos. En Europa, se  ha señalado que 13 % a 50 % de las grávidas consumen suplementos con yodo,  encontrándose por ejemplo en Suiza, que aunque 70 % de las embarazadas reciben  suplementos, solo 13 % de ellas reciben suplementos con yodo. En Dinamarca,  donde la mayoría de embarazadas toman suplementos, solo un tercio aproximado de  esos productos contienen yodo (29). En varios países de Latinoamérica, el  consumo de suplementos prenatales que contienen yodo, es bajo y relativamente  reciente (16,37). En el caso particular de Venezuela, las embarazadas deben  disponer desde el año 2012 del récipe médico, para poder adquirir las  especialidades farmacéuticas entendidas como complementos alimenticios para  mujeres en estado de gravidez o posparto, lo que podría dificultar el acceso de  estos productos a muchas mujeres. Aunque la suplementación con múltiples  micronutrientes es teóricamente preferible a suplementar solo con hierro y ácido  fólico, especialmente en países en desarrollo donde prevalecen numerosas  deficiencias, se requiere de mayores datos para determinar las ventajas de las  diferentes formulaciones durante el embarazo (19).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">ADMINISTRACIÓN EXCESIVA DE  YODO</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Exceso de yodo intratiroideo  puede causar un decremento transitorio en la producción hormonal, fenómeno  conocido como efecto Wolff-Chaikoff. La inmadura tiroides del feto, es incapaz  de escapar del citado efecto, por lo que el feto o el infante se hacen más  susceptibles a hipotiroidismo inducido por yodo. Se han reportado recientemente,  casos de hipotiroidismo congénito, producto de madres que recibieron diariamente  durante su embarazo, tabletas con 1 250 &#956;g de yodo, un valor que excede el UL  considerado por el IOM (38,12). En Italia, un análisis de 43 suplementos con  ingredientes botánicos ricos en yodo, en su mayoría con alga marina Fucus  vesiculosus, reveló que 50 % de ellos presentaron un contenido de 1,9 a 11 veces  mayor al declarado en la etiqueta (39).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Debe advertirse, que  suplementos de kelp y otros productos provenientes de algas, deben evitarse en  las embarazadas, debido a su variable contenido de yodo y la excesiva  dosificación declarada por sus fabricantes, que llegan en muchos casos a superar  los valores de UL permitidos (29).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">CONCLUSIONES Y  RECOMENDACIONES</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Existe deficiencia de yodo en  las embarazadas andinas que habitan en 27 % de los municipios estudiados, aunado  a una declinación del 40 % en el consumo de sal adecuadamente yodada.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Se hace necesario reforzar la  vigilancia de la yodación de la sal en plantas procesadoras y expendios,  continuar el monitoreo de yodurias en escolares y de sal en hogares, iniciar el  monitoreo de yodurias en embarazadas que habitan en la región andina y mejorar  el estado de salud de estas, mediante el fomento de la educación nutricional y  la suplementación en la consulta prenatal, a través de complejos de vitaminas y  minerales que incluyan yodo, especialmente en comunidades con moderada o severa  deficiencia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Agradecimientos: Se agradece a  los nutricionistas Teodosio Avendaño, Marcolina Omaña, Lucy Cárdenas y Greile  García por su valioso apoyo en la investigación de yodurias, financiada por el  Instituto Nacional de Nutrición; a embarazadas, enfermeras, médicos de atención  prenatal, y a las autoridades regionales de salud.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">REFERENCIAS</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Delange F. Iodine  requirements during pregnancy, lactation and the neonatal period and indicators  of optimal iodine nutrition. Public Health Nutrition. 2007;10(12A):1571-1580.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110320&pid=S0048-7732201300020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Glinoer D. The importance of  iodine nutrition during pregnancy. Public Health Nutrition.  2007;10(12A):1542-1546.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110321&pid=S0048-7732201300020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Delange F. Optimal iodine  nutrition during pregnancy, lactation and neonatal period. Int J Endocrinol  Metab 2004;2:1-12.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110322&pid=S0048-7732201300020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. WHO. Assessment of iodine  deficiency disorders and monitoring their elimination. A guide for programme  managers. Third edition. 2007; WHO/UNICEF/ ICCIDD, Geneva.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110323&pid=S0048-7732201300020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Gowachirapant S, Winichagoon  P, Wyss L, Tong B, Baumgartner J, Melse-Boonstra A, et al. Urinary iodine  concentrations indicate iodine deficiency in pregnant Thai women but iodine  sufficiency in their school-aged children. J Nutr. 2009;139:1169-1172.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110324&pid=S0048-7732201300020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Burgess J, Seal J, Stilwell  G, Reynolds P, Taylor E, Parameswaran V, et al. A case for universal salt  iodisation to correct iodine deficiency in pregnancy: Another salutary lesson  from Tasmania. MJA. 2007;186(11):574-576.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110325&pid=S0048-7732201300020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. International Council for  Control of Iodine Deficiency Disorders. Iodine requirements in pregnancy and  infancy. A WHO Technical Consultation has produced new guidelines on iodine  requirements and monitoring in these vulnerable age groups. IDD Newsletter.  2007;23(1):1-2.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110326&pid=S0048-7732201300020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Picciano M, Mc Guire M. Use  of dietary supplements by pregnant and lactating women in North America. Am J  Clin Nutr. 2009;89(Suppl):663-667.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110327&pid=S0048-7732201300020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Institute of Medicine,  Academy of Sciences, USA. Dietary reference intakes for vitamin A, vitamin K,  arsenic, boron, chromium, copper, iodine, iron, manganese, molybdenum, nickel,  silicon, vanadium and zinc. Washington, DC: National Academy Press, 2001.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110328&pid=S0048-7732201300020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Anderson M, Benoist B,  Delange F, Zupan J. Prevention and control of iodine deficiency in pregnant and  lactating women and in children less than 2-years-old: Conclusions and  recommendations of the Technical Consultation. Public Health Nutrition.  2007;10(12A):1606-1611.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110329&pid=S0048-7732201300020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. Ministerio de Salud y  Desarrollo Social-Instituto Nacional de Nutrición. Valores de Referencia de  Energía y Nutrientes para la Población Venezolana. Revisión 2000. Publicación  No. 53, Serie Cuadernos Azules. Caracas, Venezuela.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110330&pid=S0048-7732201300020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. Dietary Reference Intakes:  The Essential Guide to Nutrient Requirements. En: Otten J, Helwig J, Meyers L,  editores. The National Academies Press. Washington, 2006.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110331&pid=S0048-7732201300020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. Caballero L. A well-monitored  iodized salt program provides adequate iodine intake for Venezuelan pregnant  women. IDD Newsletter. 2009;31(1):17.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110332&pid=S0048-7732201300020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. INN. Estado del yodo en las  embarazadas de la región andina venezolana 2008-2009. Disponible en: <a href="http://www.inn.gob.ve/pdf/libros/embarazo.pdf"> http://www.inn.gob.ve/pdf/libros/embarazo.pdf</a> Accesado: 06 Marzo 2013</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110333&pid=S0048-7732201300020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15. Alvarez-Pedrerol M, Ribas-Fitó  N, García-Esteban R, Rodriguez A, Soriano D, Guxens M, et al. Iodine sources and  iodine levels in pregnant women from an area without iodine deficiency. Clinical  Endocrinology. 2010;72:81-86.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110334&pid=S0048-7732201300020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. García-Solís P, Solís-S J,  García-Gaytán A, Reyes- Mendoza A, Robles-Osorio L, Hernández-Montiel H, et al.  Iodine nutrition status in pregnant women in Mexico. Thyroid.  2011;21(12):1367-1371.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110335&pid=S0048-7732201300020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. Zimmermann M, Burgi H,  Hurrell R. Iron deficiency predicts poor maternal thyroid status during  pregnancy. J Clin Endocrinol Metab. 2007;92(9):3436-3440.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110336&pid=S0048-7732201300020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. Zimmermannn M. Iodine  deficiency in industrialised countries. Proceedings of the Nutrition Society.  2010;69:133-143.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110337&pid=S0048-7732201300020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. Allen L. Multiple  micronutrients in pregnancy and lactation: An overview. Am J Clin Nutr. 2005;81(Suppl):1206-1212.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110338&pid=S0048-7732201300020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. Azizi F, Smyth P.  Breastfeeding and maternal and infant iodine nutrition. Clinical Endocrinology.  2009;70:803-809.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110339&pid=S0048-7732201300020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. Kooistra L, Crawford S, van  Baar A, Brouwers E, Pop V. Neonatal effects of maternal hypothyroxinemia during  early pregnancy. Pediatrics. 2006;117(1):161- 167.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110340&pid=S0048-7732201300020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. Morreale de Escobar G,  Obregón M, Escobar del Rey F. Iodine deficiency and brain development in the  first half of pregnancy. Public Health Nutrition. 2007;10(12A):1554-1570.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110341&pid=S0048-7732201300020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. Sánchez E, García A, Vale  M, Medina A, Contreras M, Marín D, et al. Yodación de la sal para consumo humano  en plantas procesadoras del Estado Zulia, Venezuela. Revista Científica FCV-LUZ.  2010;20(2):196-202.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110342&pid=S0048-7732201300020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. Zimmermann M. Iodine  deficiency in pregnancy and the effects of maternal iodine supplementation on  the offspring: A review. Am J Clin Nutr. 2009;89(Suppl):668-672.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110343&pid=S0048-7732201300020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. Melse-Boonstra A,  Gowachirapant S, Jaiswal N, Winichagoon P, Srinivasan K, Zimmermann M. Iodine  supplementation in pregnancy and its effect on child cognition. Journal of Trace  Elements in Medicine and Biology. 2012;26:134-136.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110344&pid=S0048-7732201300020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. Becker D, Braverman L,  Delange F, Dunn J, Franklyn J, Hollowell J, et al. Iodine supplementation for  pregnancy and lactation in the United States and Canada: Recommendations of the  American Thyroid Association. Thyroid. 2006;16:949-951.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110345&pid=S0048-7732201300020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. Gallego G, Goodall S,  Eastman C. Iodine deficiency in Australia: Is iodine supplementation for  pregnant and lactating women warranted? MJA. 2010;192(8):461- 463.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110346&pid=S0048-7732201300020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. Mackerras D, Eastman C.  Estimating the iodine supplementation level to recommend for pregnant and  breastfeeding women in Australia. MJA. 2012;197(4):238-242.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110347&pid=S0048-7732201300020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">29. Zimmermann M, Delange F.  Iodine supplementation of pregnant women in Europe: A review and recommendations.  European Journal of Clinical Nutrition. 2004;58:979-984.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110348&pid=S0048-7732201300020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">30. Velasco I, Carreira M,  Santiago P, Muela J, García- Fuentes E, Sánchez-Muñoz B, et al. Effect of iodine  prophylaxis during pregnancy on neurocognitive development of children during  the first two years of life. J Clin Endocrinol Metab. 2009;94(9):3234- 3241.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110349&pid=S0048-7732201300020000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">31. Murcia M, Rebagliato M,  Iñiguez C, Lopez- Espinosa M, Estarlich M, Plaza B, et al. Effect of iodine  supplementation during pregnancy on infant neurodevelopment at 1 year of age. Am  J Epidemiol. 2011;173(7):804-812.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110350&pid=S0048-7732201300020000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">32. Limbert E, Prazeres S, São  Pedro M, Madureira D, Miranda A, Ribeiro M, et al. Iodine intake in Portuguese  pregnant women. Results of a countrywide study. European Journal of  Endocrinology. 2010;163:631-635.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110351&pid=S0048-7732201300020000600032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">33. Joshi A, Pokhrel T, Bastola  S, Banjara M, Joshi AB. Iodine supplementation in pregnancy and its effects on  perinatal outcome. Nepal Med Coll J. 2011;13(2):128- 130.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110352&pid=S0048-7732201300020000600033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">34. Skeaff S. Iodine  deficiency in pregnancy: The effect on neurodevelopment in the child. Nutrients.  2011;3:265-273.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110353&pid=S0048-7732201300020000600034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">35. Bhutta Z, Ahmed T, Black R,  Cousens S, Dewey K, Giugliani E, et al. What works? Interventions for maternal  and child undernutrition and survival. Lancet. 2008;371(9610):417-440.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110354&pid=S0048-7732201300020000600035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">36. Mulrine H, Skeaff S,  Ferguson E, Gray A, Valeix P. Breast-milk iodine concentration declines over the  first 6 mo postpartum in iodine-deficient women. Am J Clin Nutr.  2010;92:849-856.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2110355&pid=S0048-7732201300020000600036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">37. Caballero L. Yoduria en  escolares y embarazadas del Estado Trujillo, Venezuela 2007-2008. 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