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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana"><b>Verrugas genitales </b></p> </font><font SIZE="2" face="Verdana">     <p align="center"><b>Dra. Mireya González Blanco* </b></p>     <p align="justify">* Médico Especialista, Jefa del Servicio de Ginecología y  Directora del Curso de Especialización en Obstetricia y Ginecología de la  Universidad Central de Venezuela, con sede en Maternidad “Concepción Palacios”. </font><font FACE="Times,Times" SIZE="3"> <font FACE="Verdana" SIZE="2"> Caracas, Venezuela.</font></p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El virus de papiloma humano (VPH)  es una fuente de significativa morbilidad y mortalidad en todo el mundo. Los  tipos de alto riesgo están asociados al 99,7 % de todos los cánceres cervicales  y sus lesiones intraepiteliales, mientras que los de bajo riesgo son  responsables por casi todos los casos de verrugas genitales (1). Está  considerada como una de las tres infecciones de transmisión sexual (ITS) más  prevalentes, junto a la infección por clamidia y la infección por gonococo (2).  Las verrugas genitales no constituyen un riesgo de muerte y algunas se resuelven  espontáneamente. Sin embargo, poseen una alta infectividad con una tasa de  transmisión de alrededor de 65 %, con una alta frecuencia de recurrencia y de  necesidad de múltiples tratamientos. Todo ello habla de la asociación con una  elevada carga de enfermedad, desde el punto de vista económico y psicosocial que  genera una reducción de la calidad de vida de los pacientes (3).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La infección es tan común que,  según el Centro de Control de Enfermedades (CDC) en los Estados Unidos (EE.UU),  más de la mitad de los adultos sexualmente activos se infectarán en algún  momento de sus vidas y al menos 80 % de las mujeres adquirirán la infección  antes de los 50 años (1). La incidencia anual de verrugas genitales se ha  incrementado marcadamente desde los años 50, cuando en EE.UU había un estimado  de 13 por 100 000 mujeres. En los años 70, la prevalencia se incrementó a 106  por 100 000 y en la actualidad se estima que alrededor del 1 % de la población  adulta entre 15 y 49 años, tiene verrugas genitales clínicamente visibles y la  proporción es tan alta como 13 % entre personas que acuden a una clínica de ITS  (1,2). La incidencia en Europa también ha aumentado. En el Reino Unido se  reporta que en los últimos 30 años se ha producido un incremento importante en  el número de casos de verrugas genitales, desde unos 10 000 casos en 1971, hasta  unos 70 000 en 2004. Esto refleja lo que ocurre en otros países (2,4).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En Venezuela, el Ministerio del  Poder Popular enfermedad no es de denuncia obligatoria y por ello se desconoce  la carga que representa en la sociedad.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La transmisión del VPH ocurre  cuando hay una disrupción del epitelio superficial y requiere contacto estrecho  con la piel o mucosa infectada. El ciclo de vida del VPH se inicia con la  infección de las células de la capa basal del epitelio y progresa con la  diferenciación de las células epiteliales, lo cual produce la presencia de  viriones completos en la capa superficial. El mayor riesgo de transmisión ocurre  cuando hay presencia de verrugas genitales, lo cual refleja que esta es una  infección productiva (2). De hecho, se ha descrito que las verrugas son  altamente infecciosas porque su carga viral es alta, con un desarrollo de  verrugas genitales en los contactos sexuales, mayor del 65 %. El período de  incubación es variable, entre 3 semanas y 8 meses, con un promedio de 2,9 meses.  Puede ocurrir infección oral, pero es rara (5). Se ha señalado una frecuencia de  asociación entre infección genital y bucal de 10,4 %, con una concordancia de  tipos virales entre verrugas orales y genitales de hasta 60,9 % (6). En una  serie realizada en Maternidad Concepción Palacios (MCP), se encontró asociación  entre infección genital y bucal en 46,7 % de los casos. Los genotipos aislados  en cavidad bucal fueron 6 (71,43 %), 11 (22,86 %), 16 (2,86 %). Hubo un 20,69 %  de casos donde se encontraron dos genotipos (6 y 11 en 83,33 %). La concordancia  global entre los genotipos encontrados en la región genital y la boca fue de  10,45 % (7).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El coito anal receptivo se ha  asociado con verrugas anales y perianales, pero estas no siempre están asociadas  con penetración anal (5). La prevalencia de infección anal y perianal en  pacientes con verrugas genitales puede ser tan alta como 46,2 %, con una  concordancia de tipos virales de 78,1 % (6). En Venezuela, en la MCP, se  encontró una frecuencia de 31 %, con una alta concordancia con los tipos virales  de la región genital. No se encontraron diferencias epidemiológicas entre las  pacientes con verrugas genitales con o sin verrugas anales o perianales (8).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La infección por VPH puede ser  latente, subclínica o clínica. Se ha descrito que una baja carga viral se asocia  a enfermedad subclínica y una alta carga viral a enfermedad clínica. Más del 90  % de las personas infectadas eliminan la infección en aproximadamente dos años.  El tiempo medio para eliminar la infección es de alrededor de 9 meses. En  mujeres, más del 30 % de las verrugas regresan espontáneamente en un período de  cuatro meses. Se desconoce si la regresión mediada por la respuesta inmunológica  elimina la infección o la suprime permanentemente, pero en ambas circunstancias,  el virus deja de generar manifestaciones clínicas (5). Ault (1) describe que en  una serie, solo 24,8 % de las mujeres infectadas con VPH 6 u 11, desarrollaron  verrugas genitales. El mecanismo exacto por el cual la infección por VPH es  eliminada por el huésped es deconocido.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los principales factores de  riesgo para presentar verrugas genitales son el género, la edad y la actividad  sexual, con las más altas tasas en mujeres menores de 25 años sexualmente  activas (1,2). La frecuencia acumulada de infección por VPH aumenta con el  tiempo desde el inicio de la actividad sexual. Winer y col. (9), describen una  incidencia acumulada de 38,9 % a los 24 meses de iniciada la actividad sexual,  en esa serie, el VPH 16 fue el tipo más común (10,4 % de infección acumulada).  Asimismo, la prevalencia guarda relación estrecha con el número de parejas  sexuales (4). Además, si bien la curva de prevalencia es similar en hombres que  en mujeres, la tasa de máxima afectación se produce antes en las mujeres que en  los hombres, con una diferencia aproximada de 5 años (4).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se han descrito más de 100  tipos diferentes de VPH y ellos son agrupados en virus de bajo riesgo oncogénico  (6, 11, 26, 40, 42-44, 53-55, 62 y 66), virus de riesgo intermedio (31, 33, 35,  39, 45, 51, 52, 56, 58, 58, 68) y virus de alto riesgo (16 y 18) (2).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Entre todos los casos de  verrugas genitales, 90 % son causados por VPH 6 u 11. Estos tipos también se  encuentran asociados a verrugas de otras localizaciones como nasales, bucales,  laríngeas y conjuntivales. Otros tipos como 16, 18, 31, 33 y 35, son encontrados  ocasionalmente en verrugas genitales visibles, usualmente constituyendo una  coinfección con los tipos 6 y 11. Por ello, las verrugas pueden estar asociadas  a focos de neoplasia intraepitelial e alto grado, particularmente en personas  infectadas con virus de inmunodeficiencia humana (VIH) (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En hombres, las verrugas  genitales se han encontrado asociadas a VPH 6 y 11 en 91,7 % de los casos. La  infección por múltiples tipos es común en hombres (entre 31,1 % - 60 %). En  estos casos es difícil establecer el papel de un tipo viral específico en la  etiología de la verruga. Esta infección múltiple se ha asociado con mayor riesgo  de persistencia. Se ha detectado hasta un máximo de ocho genotipos en un  paciente (11,12).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las verrugas genitales guardan  una estrecha relación con la infección cervical por VPH. Ello tiene que ver con  el hecho de que, al ser infecciones de transmisión sexual, comparten la  epidemiología. En este sentido es importante recordar los factores de riesgo  para la adquisición de la infección: inicio temprano de las relaciones sexuales,  esto es, antes de los 18 años; un elevado número de parejas sexuales nuevas y  recientes, y el número de parejas de la pareja, que es lo que se conoce como la  pareja de alto riesgo (4).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Después están los factores de  riesgo para la persistencia y progresión a cáncer, típicamente clasificados como  cofactores ambientales (tabaco, anticonceptivos orales, paridad e infecciones de  transmisión sexual), cofactores virales (tipo de virus, carga viral) y  cofactores del huésped (genéticos, hormonales y todos aquellos que afecten la  respuesta inmunológica) (4).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En todo caso, a pesar de  existir esta relación, en virtud de los mecanismos relacionados con la  adquisición de la enfermedad, la presencia de verrugas genitales no es  indicación para aumentar la frecuencia del despistaje del cáncer de cuello  uterino (10). </font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La infección por VPH puede  causar un amplio espectro de lesiones. Por un lado están las verrugas genitales  y la papilomatosis laríngea, como la expresión benigna, y por el otro el cáncer  genital, donde se incluyen el cáncer cervical, producido casi en un 100 % por el  VPH, y los cánceres de vulva, vagina, ano, periano, pene u orofaríngeo,  producidos por VPH en frecuencias variables, entre 40 % y 80 % (5).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A pesar de esta relación, hay  que recalcar que las verrugas genitales son lesiones benignas y que,  definitivamente, no evolucionan a cáncer. Según el CDC, no hay evidencia  definitiva que indique que la presencia de verrugas o su tratamiento estén  asociados a cáncer (10). Sin embargo, debido a la alta prevalencia de  coinfección con tipos de alto riesgo en las verrugas encontradas en hombres y a  qué vía de transmisión de los tipos de alto y bajo riesgo es la misma, las  verrugas genitales en hombres son consideradas un factor de riesgo para la  exposición a virus de alto riesgo oncogénico (3).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Como todo en medicina, el  diagnóstico se hace sobre la base de una adecuada historia clínica. La  realización de la misma permite establecer los factores de riesgo. Como  elementos fundamentales del diagnóstico se incluyen los síntomas y las  características de las lesiones. Las verrugas genitales son usualmente  asintomáticas, pero dependiendo del tamaño y localización anatómica pueden ser  dolorosas o pruriginosas. Además, cuando se presentan cuadros de infección  bacteriana secundaria, los síntomas pueden agravarse. Es muy importante incluir  dentro de las manifestaciones clínicas, los problemas psicológicos que generan.  Se ha reportado que el estrés psicológico que produce tener verrugas genitales  es mayor que la preocupación por la enfermedad en sí misma. Algunos de los  efectos psicológicos están relacionados con alteración de la vida sexual, temor  a padecer cáncer y afectación en las relaciones de pareja, 40 % de las mujeres  dicen que tener verrugas genitales ha cambiado su estilo de vida. En lo que se  refiere a la actividad sexual, describen un aumento del uso del condón,  abstinencia sexual, mayor precaución ante nuevas parejas y una disminución en el  número de parejas sexuales (2). Todo ello ejerce un impacto negativo en el  aspecto psicosocial, con un efecto negativo sobre la calidad de vida de las  pacientes (13).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las verrugas genitales son  tumores blandos, exofíticos, por lo general confluentes, con forma de coliflor.  A la inspección visual las verrugas se presentan como crecimientos de la mucosa  genital, planas, papulares o pediculadas, y su morfología, por ser  característica, es básica para el diagnóstico (2,10). Ocurren habitualmente en  ciertos sitios anatómicos incluyendo el introito en mujeres, sin embargo, pueden  ocurrir en cualquier parte de la vulva (60 % - 70 %), vagina (35 % - 40 %),  periné (30 %), ano (28 %), cérvix (7 % - 10 %) y uretra (5 %) (2). También se  observan en la piel del prepucio en hombres no circuncidados y el cuerpo del  pene en hombres circuncidados. Las verrugas intraanales se observan  predominantemente en personas que tienen coito anal receptivo, pero también se  pueden encontrar en personas que no tienen historia de contacto sexual anal  (10). </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La aplicación de ácido acético  al 3 % - 5 %, que causa un cambio blanco en la piel o mucosa afectada, ha sido  usada para detectar la infección por VPH, sin embargo, no es una prueba  específica para detectar VPH y por ello, su uso de rutina no está recomendado  para diagnosticar verrugas (5,10). En una serie realizada en MCP, se encontró 33  % de lesiones vulvoscópicas en pacientes sin lesión macroscópica y entre ellas,  56,7 % de los estudios histológicos reportaron condilomatosis y 8,1 % neoplasia  intraepitelial vulvar, lo cual demuestra un alto valor de la vulvoscopia en el  diagnóstico de las enfermedades vulvares (14). A pesar de no ser de utilidad  para la identificación de verrugas, podría ser de utilidad para hacer despistaje  de lesiones intraepiteliales focales asociadas, en relación a la coinfección  descrita.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En el diagnóstico de infección  por VPH se han utilizado muchas pruebas para la detección de ADN de VPH. La  reacción en cadena de polimerasa (PCR) es una prueba en donde el ADN blanco se  amplifica selectivamente por medios enzimáticos a través de ciclos repetidos de  desnaturalización, hibridación de fragmento precursor y extensión de este.  Durante este proceso, la concentración de ADN blanco aumenta de manera  exponencial y después de 30 ciclos se producen más de un millón de copias del  mismo. Su principal ventaja es que permite identificar el tipo específico de VPH  (7). La captura de híbridos 2 (CH2) se basa en la amplificación de señal, de  hibridación en solución, in vitro, para detectar blancos de ADN o ARN y producir  híbridos de ARN-ADN que son más estables que los de ADN-ADN. Puede detectar 13  diferentes tipos de VPH carcinógenos, que representan virtualmente todos los  tipos importantes de VPH causantes de cáncer que se conocen en el mundo. Se le  ha descrito una sensibilidad de 92,5 % y especificidad de 51,1 % (7). Dos  pruebas adicionales han sido aprobadas por la Food and Drugs Administration  (FDA): Cervista identifica 14 tipos de alto riesgo, y Cervista 16/18, que  permite la genotipificación específica de VPH 16 y 18 (5).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Actualmente se considera que la  prueba con mayor eficacia es el ensayo INNO LiPA, sin embargo, no hay datos  disponibles sobre su validez en el campo clínico. Este ensayo es capaz de  detectar y genotipificar 25 tipos en forma simultánea y ha probado ser  específico, sensible, simple y rápido en la determinación de VPH (15).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A pesar de contar con todos  estos recursos, su uso carece de utilidad clínica en el diagnóstico de las  verrugas genitales puesto que la determinación del ADN de VPH no modifica los  criterios de manejo de la enfermedad (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;Finalmente, la biopsia  puede confirmar el diagnóstico en casos dudosos clínicamente. Está indicada  cuando el diagnóstico no está claro, las lesiones no responden a la terapia, la  enfermedad empeora durante el tratamiento, la lesión es atípica, el paciente  está inmunocomprometido o las verrugas son hiperpigmentadas, ulceradas o  sangrantes (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En relación con el tratamiento,  es necesario señalar que el objetivo es eliminar los síntomas, incluyendo la  preocupación por el aspecto cosmético y remover las verrugas (1,10). El  tratamiento puede reducir la carga viral y también puede inducir períodos libres  de verrugas. La terapia reduce pero no elimina la infectividad y, por ende, la  posibilidad de contagio (10). Al evaluar la respuesta al tratamiento es muy  importante tener presente que existe una elevada frecuencia de recurrencia (1),  debido a que las terapias no erradican el reservorio de ADN de VPH presente en  el tejido adyacente a la verruga (2).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por otro lado, es importante  considerar que, dejadas a su evolución espontánea, las verrugas se pueden  resolver, permanecer sin cambios o aumentar en tamaño y número. De allí que, en  vista de la posibilidad cierta de remisión (60 %), una alternativa aceptable es  diferir el tratamiento y esperar la resolución espontánea (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los factores que afectan la  respuesta al tratamiento son la condición inmunológica y la aceptación y  cumplimiento de la terapia por parte del paciente, porque, por lo general,  incluye ciclos largos de tratamiento. La mayoría responde dentro de los tres  primeros meses de iniciado el tratamiento, de no ser así, se deben hacer cambios  en la modalidad terapéutica seleccionada. Las complicaciones son raras. Puede  haber hipo o hiperpigmentación de la piel, cicatrices viciosas, síndrome  doloroso crónico y efectos sistémicos con el uso de algunos fármacos como la  podofilina y el interferón (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La elección del tratamiento se  debe hacer sobre la base de la preferencia del paciente, los recursos  disponibles y la experiencia del especialista. También se debe considerar el  tamaño y número de lesiones, así como su ubicación. Por ejemplo, las verrugas  suaves, no queratinizadas responden bien al podofilox y al ácido  tricloroacético, mientras que las lesiones queratinizadas son mejor tratadas con  métodos ablativos tales como la crioterapia, electrocauterio o mediante la  escisión quirúrgica. Imiquimod puede ser útil en ambos casos (2).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En general, todos los  tratamientos para las verrugas genitales han sido considerados más o menos  insatisfactorios, con tasas de recurrencia de 30 % a 70 % en períodos de  seguimiento de 6 meses. Las tasas de recurrencias descritas por método son las  siguientes: podofilina (21 % a 65 %), ácido tricloroacético (36 %), 5-fluoracilo  (8. %), interferón intralesional (30 %), crioterapia (25 % a 39 %), láser CO2 (6  - 49 %), electrocirugía (19 % a 22 %), imiquimod (8,8 % a 23 %). En todo caso,  se sabe que el virus puede estar presente en la capa basal del epitelio en un  estado de latencia, por lo cual las recurrencias son comunes y el retratamiento  puede ser necesario (16).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los regímenes se clasifican en  autoaplicados y aplicados por el especialista.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los primeros son preferidos por  algunos pacientes porque son administrados en la privacidad del hogar. Para  seleccionar esta modalidad, el paciente debe identificar y alcanzar todas las  verrugas. Se recomiendan visitas de seguimiento para evaluar el cumplimiento, la  respuesta y los eventuales efectos colaterales (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Entre los fármacos  autoaplicados están el podofilox, el imiquimod y las sinecatequinas. Entre los  aplicados por el médico están el ácido bi o tricloroacético, la podofilina, la  crioterapia y la resección quirúrgica. Además se describen otros regímenes  considerados alternativos, que incluyen opciones que pueden estar asociados a  más efectos colaterales o a menor información sobre su eficacia. Se refieren al  interferón, el cidofovir y la terapia fotodinámica (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El podofilox es una droga  antimitótica, que destruye la verruga. Es económica, fácil de usar, segura y  autoaplicada. Se recomiendan ciclos de dos veces al día (0,5 mL por día), por  tres días seguidos, alternos con 4 días sin terapia, hasta un máximo de 4  ciclos. Se puede observar dolor leve o moderado en el sitio de aplicación (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Imiquimod es la primera de una  familia de moléculas (imidazoquinolinas) que induce una respuesta inmune,  promueve localmente la síntesis de citoquinas, principalmente interferón alfa,  factor de necrosis tumoral y diversas interleuquinas. De esta manera, potencia  la respuesta inmunitaria de tipo Th1, produce un efecto antiviral y la  consiguiente desaparición de las lesiones por VPH, aunque no tiene actividad  antiviral directa en cultivos celulares. Por su mecanismo de acción, imiquimod  no lesiona el tejido sano perilesional y puede ser aplicado con facilidad por la  paciente. Se aplica una vez al día, aproximadamente 8 horas de contacto entre la  crema y la piel, debe ser lavado con agua y jabón entre 6 y 10 horas después de  la aplicación. Se usa tres veces por semana, por un máximo de 16 semanas  (10,16). En la MCP, se utilizó Imiquimod en una serie de 30 pacientes con  verrugas vulvares. Se encontró una mejoría total de 96,7 %. Sin embargo, los  autores describen en otras series, en 56 % de los pacientes se observa una  erradicación total de las verrugas (77 % en mujeres, 40 % en hombres), mientras  que en un 81 % de los casos la eliminación es superior a un 50 % del área  afectada (91 % en mujeres, 74 % en hombres) (16).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En la serie de la MCP, para el  año de seguimiento se obtuvo una curación de 83,3 % con recurrencia de 13,3 % y  persistencia de 3,3 % (16). La baja tasa de recurrencia, es un beneficio de esta  modalidad de tratamiento y puede reflejar el desarrollo de una inmunidad mediada  por células, específica a largo plazo (2).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En relación con los efectos  adversos, el medicamento demostró producir reacciones locales durante su  aplicación en 66,7 % de los casos, las mismas son bien toleradas por las  pacientes, quienes no requieren abandonar el tratamiento ni presentan efectos  colaterales severos. Del mismo modo, al suspenderse la terapia ocurrió una  reducción en el número de pacientes con sintomatología atribuibles al producto,  y se mantiene solo un 26,7 % de casos con síntomas leves. Como efectos adversos  se observaron dolor (30 %) y ardor (16 %). También se han señalado prurito,  eritema, erosiones, quemaduras, descamación, ulceraciones y dolor. Hay un  acuerdo entre los autores al señalar la ausencia de efectos sistémicos, y que  las reacciones locales, si bien son frecuentes (hasta 67 % de los casos), son  leves a moderadas y rara vez implican la suspensión de la terapia (16).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las sinecatequinas son un  extracto oleoso de té verde. Se aplica tres veces al día y no debe ser lavada  después de su uso. El contacto sexual debe ser evitado mientras el aceite está  en la piel. El tratamiento no debe ser continuado por más de 16 semanas. Entre  los efectos colaterales más comunes se encuentran eritema, prurito, quemaduras,  dolor, ulceración, edema, induración y rash vesicular. Puede debilitar el látex  del preservativo. No hay datos clínicos en relación con su eficacia comparada  con otras modalidades de tratamiento. No se recomienda en pacientes infectados  con VIH, herpes genital u otros pacientes inmunocomprometidos porque su  seguridad y eficacia en esos casos no ha sido establecida (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los ácidos bi o tricloroacético  utilizados al 80 % o 90 %, son agentes cáusticos que destruyen la verruga por  coagulación química de las proteínas. Se aplica en el área afectada,  semanalmente, entre 3 y 5 aplicaciones. Aunque estas preparaciones son  ampliamente utilizadas, no han sido investigadas ampliamente. El ácido  tricloroacético tiene una viscosidad menor que el agua y por ello difunde  rápidamente hacia los tejidos vecinos produciendo daño en los mismos cuando se  aplica en exceso. Solo debe aplicarse una pequeña cantidad sobre las verrugas y  se debe permitir que se seque antes de que el paciente se siente o se levante.  Si el dolor es intenso, el ácido puede ser neutralizado con jabón o bicarbonato  de sodio (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La podofilina es una resina que  se usa al 10 % al 25 %. Debe ser aplicada en cada verruga y se debe dejar secar  antes de que el área tratada entre en contacto con la ropa. La sobre aplicación  puede producir irritación local. El tratamiento puede ser repetido semanalmente,  si es necesario. Actualmente de poco uso por su toxicidad sistémica, sobre todo  cardiovascular. Para evitar estos efectos tóxicos sistémicos se debe limitar la  aplicación a un máximo de 0,5 mL o en un área menor de 10 cm2 por sesión, y  además, no se debe aplicar en piel con lesiones abiertas (heridas). Debe lavarse  el área entre 1 y 4 horas después de la aplicación (10).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La crioterapia produce  citólisis inducida por el frío. Requiere entrenamiento adecuado y equipo  especial. Son comunes el dolor después de la aplicación del nitrógeno líquido,  seguido de la necrosis y algunas veces la formación de ampollas. La aplicación  de anestesia local tópica o inyectada puede facilitar la terapia si las verrugas  ocupan un área muy extensa (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">La resección quirúrgica puede  realizarse con asa por radiofrecuencia, láser o en frío. La ventaja fundamental  es que elimina la verruga y produce material para estudio histológico. Requiere  entrenamiento especial. La terapia quirúrgica es particularmente útil en  pacientes con grandes áreas afectadas por las verrugas (10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Existen situaciones especiales  que no se pueden dejar de mencionar. Tal es el caso de las verrugas que se  presentan en embarazadas, adolescentes o pacientes inmunocomprometidos,  infectados con el VIH.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Durante el embarazo las  verrugas pueden proliferar y se vuelven friables. Se pueden remover pero  frecuentemente la resolución es incompleta (10). Se ha establecido una amplia  discusión sobre la relación entre verrugas del canal del parto y el desarrollo  de papilomatosis laríngea en el lactante. El papiloma laríngeo es el tumor  benigno más frecuente de la laringe, se ubica usualmente sobre las cuerdas  vocales y la epiglotis pero puede extenderse a toda la laringe así como a la  región tráqueobronquial. Las lesiones pueden ser únicas o múltiples. Es un  cuadro autolimitado, que suele durar entre los 2 años y 7 años de edad, de gran  severidad, que produce disnea y disfonía. La característica más notable es su  tendencia a recurrir aun después de la resección quirúrgica amplia por lo que  suele requerir múltiples entradas a quirófano con la finalidad de practicar la  resección de las lesiones. Las reintervenciones pueden ser necesarias a  intervalos variables (desde cada dos semanas hasta anualmente). El número de  operaciones requeridas en promedio es de 13. Otra característica es su tendencia  a remitir espontáneamente, la remisión puede ser temporal o definitiva,  reportándose períodos de hasta 25 a 30 años de remisión. La incidencia de  papilomatosis laríngea es baja 0,6 a 0,8 por 100 000. El riesgo de que un recién  nacido contraiga la infección como resultado de transmisión de una madre  infectada con VPH es relativamente bajo (1:89 a 1:1500) (10,17).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Se describe la contaminación  del feto en su paso por el canal del parto, con una elevada posibilidad de  aclarar la infección, que puede persistir por al menos 6 semanas. Se ha descrito  una distribución bimodal de la seropositividad de la IgM, con un pico entre 2 y  5 años y otro entre 13 y 16 años. El desarrollo de las lesiones suele ocurrir  después de los dos años, y se ha encontrado el mismo tipo viral en la madre y en  el lactante. Asimismo, se ha señalado que la carga viral es determinante para la  transmisión del VPH al neonato. Los lactantes en riesgo de desarrollar la  enfermedad son aquellos hijos de primigestas, adolescentes, nacidos por parto  vaginal. El antecedente de verrugas en la madre al momento del parto se describe  en 54 % a 67 % de los casos. No se descarta la posible transmisión  transplacentaria, puesto que se ha detectado la infección en lactantes con  antecedente de haber nacido por cesárea y también se ha detectado ADN de VPH en  líquido amniótico (10,17,18).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">A la fecha, está establecido  que el riesgo es bajo y según la CDC no justifica la realización de la cesárea  para reducir tal riesgo. Solo está oficialmente indicada cuando las verrugas  obstruyen el canal del parto (10,17). Con la liberación en la indicación de la  cesárea observada en lo últimos años, y con la posibilidad que la Ley sobre el  derecho de las mujeres a una vida libre de violencia (19), le da a las gestantes  de tomar parte en la decisión sobre los procedimientos obstétricos a los que van  a ser sometidas, habría que explicar muy bien a las pacientes el riesgo que  representa la infección para sus hijos, no solo en cuanto a la frecuencia, sino  también a la severidad de la misma, de manera que la decisión sea tomada con la  mayor información posible.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En relación con la adolescente,  se emplean los mismos criterios de diagnóstico y tratamiento que en la mujer  adulta, sin embargo, cobra importancia particular la alta prevalencia de la  infección en este grupo etario y las altas tasas de remisión, por lo cual la  conducta expectante debe ser considerada. La consejería en estas pacientes es  particularmente útil, recomendándose siempre la doble protección con  anticonceptivos orales y preservativo, una vez iniciada la actividad sexual, en  todos los coitos y desde el principio y hasta el final de la relación sexual. Es  importante recordar que las adolescentes son la población objeto de la  vacunación contra el VPH, por lo que se debe considerar, una vez esté  disponible, usar la vacuna tetravalente, que además de prevenir el cáncer de  cuello uterino y los cánceres asociados, reduce la carga de enfermedad por  verrugas genitales.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los pacientes con infección por  VIH, tienen pobre respuesta al tratamiento y una más elevada tasa de  recurrencias, por lo cual suelen requerir múltiples ciclos. Estos pacientes  tienen además alto riesgo de desarrollar la infección por VPH, incluyendo las  enfermedades relacionadas, sobre todo cuando tienen altos niveles de ARN de VIH  y contajes de CD4 menores a 200 células por mm<sup>3</sup>. En estos pacientes,  se recomienda el despistaje de neoplasia intraepitelial anal (1,2,10).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En relación con la prevención  de la infección por VPH, y al desarrollo de las verrugas genitales, uno de los  pilares fundamentales con los que se cuenta actualmente en el país es la  educación, destinada a dar a conocer los factores de riesgo, estimular una vida  sexual saludable, entrenar sobre el uso correcto del preservativo en todos los  coitos y restringir el hábito tabáquico.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es difícil asegurar el papel  del preservativo para prevenir infección por VPH. La evidencia disponible  sugiere que el uso del condón protege contra algunas secuelas clínicas de la  infección por VPH, reduce la transmisión, pero no elimina la posibilidad de  infección. Se describe que solo un tercio de las mujeres con verrugas genitales  usan condón para prevenir el desarrollo de las mismas. Además, hay un riesgo de  transmisión a partir de lesiones ubicadas en áreas no cubiertas por el  preservativo (1,2).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Al hablar de prevención, es  inevitable relacionar la infección por VPH con el desarrollo del cáncer cervical  y otros relacionados. En este sentido, otro de los elementos fundamentales en la  prevención lo constituye el despistaje y adecuado tratamiento de las lesiones  intraepiteliales, constituyendo lo que se conoce como prevención secundaria.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En relación con la prevención  primaria del cáncer cervical y otros asociados a VPH, un gran avance ha sido el  desarrollo de las vacunas profilácticas. Las dos vacunas aprobadas por la FDA  consisten en partículas no infecciosas parecidas a virus, derivadas de la  proteína L1 de la cápside. La vacuna tetravalente recombinante (Gardasil®), fue  aprobada en el año 2006, protege contra los VPH 6, 11, 16 y 18, los cuales  causan el 90 % de las verrugas genitales y el 70 % de los cánceres cervicales.  Está indicada en niñas desde los 9 años, con alcance hasta los 26 años. Previene  tanto las verrugas genitales como el cáncer cervical y otros relacionados. La  vacuna bivalente (Cervarix®), protege contra VPH 16 y 18, pero no contra VPH 6 y  11, que son los responsables de las verrugas genitales. Ofrece protección  cruzada contra otros tipos de alto riesgo, como el 31 y el 45. Las verrugas  genitales representan una elevada carga médica, psicológica y social, y además  está asociada a un elevado costo de tratamiento; esto debe ser considerado al  decidir cuál programa de vacunación seleccionar (5,12,20).</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">REFERENCIAS</font></b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">1. Ault K. Epidemiology and  natural history of human papillomavirus infections in the female genital tract.  Infect Dis Obstet Gynecol. 2006; 2006 (40470):1-5.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118147&pid=S0048-7732201400030000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">2. Gall S. Female genital warts:  global trends and treatments. Infect Dis Obstet Gynecol. 2001; 9:149- 154.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118148&pid=S0048-7732201400030000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">3. Park S, Seo J, Ha S, Jung G.  Prevalence and determinants of high-risk human papillomavirus infection in male  genital warts. 2014;55:207-212.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118149&pid=S0048-7732201400030000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">4. Bosh curso Bosch. Otras  enfermedades relacionadas con el VPH. Curso de prevención de cáncer de cuello  uterino. E-oncología. 2012.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">5. Juckett G, Hartman-Adams H.  Human papilomavirus: clinical manifestations and prevention.  2010;82(10):1209-1213.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118151&pid=S0048-7732201400030000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">6. Kofoed K, Sand C, Forslund  O, Madsen K. Prevalence of Human Papillomavirus in Anal and Oral Sites Among  Patients with Genital Warts. Acta Derm Venereol. 2014;94:207-211.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118152&pid=S0048-7732201400030000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">7. Venegas C, Hernández D,  González-Blanco M, Lorenzo C. Infección por virus del papiloma humano:  asociación entre infección genital y bucal. Rev Obstet Ginecol Venez.  2011;71:164-173.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118153&pid=S0048-7732201400030000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">8. Caraballo L, Salazar N,  Lorenzo C, González.Blanco M, Carrillo C, Hernández D. Infección por virus de  papiloma humano: asociación entre infección genital y anal-perianal. Rev Obstet  Ginecol Venez. 2010;70:254-264.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118154&pid=S0048-7732201400030000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">9. Winer RL, Lee SK, Hughes JP,  Adam DE, Kiviat NB, Koutsky LA. Genital human papillomavirus infection:  incidence and risk factors in a cohort of female university students. Am J  Epidemiology. 2003;157:218-226.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118155&pid=S0048-7732201400030000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">10. Centers for Disease Control  and Prevention. Sexually Transmitted Diseases. Treatment Guidelines, 2010. MMWR.  2010;59(12):70-74.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">11. Freire M, Pires D, Forjaz  R, Sato S, Cotrim I, Stiepcich M, Scarpellini B, et al. Genital prevalence of  HPV types and co-infection in men. Int Braz J Urol. 2014;40:67-71.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118157&pid=S0048-7732201400030000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">12. Menton J, Cremin S, Canier  L, Horgan M, Fanning L. Molecular epidemiology of sexually transmitted human  papillomavirus in a self referred group of women in Ireland. Virol J.  2009;23:112-118.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118158&pid=S0048-7732201400030000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">13. Dominiak-Felden G, Cohet C,  Atrux-Tallau S, Gilet H, Tristram A, Fiander A. Impact of human papillomavirus-related  genital diseases on quality of life and psychosocial wellbeing: results of an  observational, health-related quality of life study in the UK. BMC Public Health.  2013;13:1065-1076.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118159&pid=S0048-7732201400030000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">14. Martell A, Sánchez F,  González-Blanco M, González U. Vulvoscopia en el diagnóstico de la patología  vulvar. Rev Obstet Ginecol Venez. 1999;59:29-34.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118160&pid=S0048-7732201400030000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">15. Afshar R, Mollaie H,  Fazlalipour M, Arabzadeh S. Prevalence and type distribution of human  papillomavirus infection using the INNo-Lipa assay, Kerman, Southeast Iran.  Asian Pac J Cancer Prev. 2013;14:5287-91.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118161&pid=S0048-7732201400030000900013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">16. Carrera J, Figueira J,  González-Blanco M. Imiquimod en el tratamiento de la infección vulvar por virus  de papiloma humano. Rev Obstet Ginecol Venez. 2012;72:261-268.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118162&pid=S0048-7732201400030000900014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">17. Syrjanen S, Puranen M.  Human papillomavirus infections in children: the potential role of maternal  transmission. Crit Rev Oral Biol Med. 2000;11:259- 274.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118163&pid=S0048-7732201400030000900015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">18. Mammas I, Sourvinos G,  Spandidos D. The paediatric story of human papilomavirus (Review). Oncol Lett.  2014;8(2):502-506.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118164&pid=S0048-7732201400030000900016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">19. Ley orgánica sobre el  derecho de las mujeres a una vida libre de violencia. Asamblea Nacional de la  República Bolivariana de Venezuela, 2006. Disponible en: <a href="http://venezuela.unfpa.org/doumentos/Ley_mujer.pdf"> http://venezuela.unfpa.org/doumentos/Ley_mujer.pdf</a> Revisado julio 2014.</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font size="2" face="Verdana">20. Gianino M, Delmonte S,  Lovato E, Martinese M, Rondoletti S, Bernengo MG, et al. A retrospective  analysis of the costs and management of genital warts in Italy. BMC Infect Dis.  2013;13:470-479.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2118166&pid=S0048-7732201400030000900017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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