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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana"><b>Tratamiento de la menopausia:  alternativas a la terapia farmacológica</b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2">Mireya González Blanco<sup>1</sup>,  Rita Pizzi<sup>2</sup>.</font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2">Editora</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><sup>1</sup> Editora, Directora  del Programa de Especialización en Obstetricia y Ginecología de la Universidad  Central de Venezuela, con sede en Maternidad Concepción Palacios. <sup>2</sup> Servicio de  Endocrinología, Hospital Universitario de Caracas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La Revista de Obstetricia y  Ginecología de Venezuela, como órgano de difusión de la Sociedad de Obstetricia  y Ginecología de Venezuela, ha mantenido a lo largo del tiempo, una posición  institucional ante los conflictos del país. Sin embargo, sin entrar a considerar  las causas de la situación que se vive en Venezuela, hay una realidad que es  innegable. Las dificultades de los pacientes para obtener los medicamentos para  el tratamiento de las enfermedades crónicas son cada vez mayores. Esto afecta el  ejercicio profesional de la medicina, puesto que el médico, una vez hecho el  diagnóstico, se encuentra con la disyuntiva entre indicar el tratamiento más  adecuado en cada caso particular a sabiendas de que el paciente no lo  conseguirá, o preferir otro, no sobre la base de la conveniencia sino de la  disponibilidad. Por supuesto, la calidad de vida de los pacientes se compromete.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este comentario es aplicable a  las mujeres en transición menopáusica y en la posmenopausia. Un grupo de mujeres  menopáusicas se presenta sin ningún síntoma, mientras que otras tienen síntomas  moderados a severos y discapacitantes. Es por ello, que se ha propuesto el uso  de tratamientos, hormonales o no, para las molestias climatéricas o para la  probable prevención de algunas enfermedades crónicas (1).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La manera de evaluar la  condición clínica de las consultantes, así como la validez de ciertas  modalidades terapéuticas, ha ido cambiando; sobre todo por el impacto que, sobre  los médicos, como sobre sus pacientes, han tenido los resultados de algunos  estudios clínico-epidemiológicos. Es así que el tratamiento en este grupo de  mujeres ha evolucionado en el tiempo (1). Aproximadamente, hasta la década de  los 90, toda mujer en esta etapa recibía terapia de reemplazo hormonal. Se decía  que aportaba grandes beneficios, no solo en calidad de vida sino en prevención  de osteoporosis y de enfermedad cardiovascular. Poco se hablaba de los riesgos.  Con frecuencia se escuchaba decir que el tratamiento debía cumplirse “de por  vida” y era frecuente encontrar pacientes de más de 70 años de edad, cumpliendo  su tratamiento regularmente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El estudio WHI (Women’s health  initiative), se centró en la definición de los riesgos y beneficios de las  estrategias que podrían reducir potencialmente la incidencia de enfermedad  cardíaca, cáncer colorrectal y de mama, y fracturas en mujeres postmenopáusicas  (2). Entre 1993 y 1998, la WHI reclutó a 161 809 mujeres posmenopáusicas, entre  50 a 79 años, en un conjunto de ensayos clínicos y un estudio observacional en  40 centros clínicos de los Estados Unidos. El ensayo fue detenido antes de lo  planificado en vista de que los riesgos para la salud excedían a los beneficios  durante un seguimiento promedio de un poco más de cinco años. En la revisión de  los datos del año 2002, se encontró que con la terapia estrógenos-progestinas,  persistían los efectos adversos de las enfermedades cardiovasculares y, además,  se observó un aumento del riesgo de sufrir cáncer de mama; estos hallazgos,  junto a la evidencia de algún aumento de enfermedad coronaria, accidentes  cerebrovasculares y embolismo pulmonar, superaban los beneficios en la reducción  de fracturas y el posible beneficio por la reducción del riesgo de padecer  cáncer de colon. Las conclusiones fueron que, en general los riesgos de salud  excedieron los beneficios del uso de estrógeno combinado con progestina para un  periodo de seguimiento de 5,2 años, entre mujeres posmenopáusicas saludables de  Estados Unidos (2,3).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A partir de allí, surgió un  pánico generalizado en la comunidad médica y en la población general en relación  al uso de la terapia hormonal y, de usarla en todos los casos, se pasó a un  periodo en el que no se indicaba prácticamente a ninguna mujer, perdiendo así  los innegables beneficios que sobre la calidad de vida de algunas mujeres tiene  el control de los síntomas climatéricos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Afortunadamente, el temor dio  paso a la razón, y surge entonces una forma más racional de decidir el uso de la  terapia hormonal en la menopausia. La terapia hormonal está entonces indicada en  pacientes con síntomas climatéricos moderados a severos, que estén en ventana  terapéutica y que no tengan contraindicaciones para su uso.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La terapia hormonal es el  estándar de oro en el tratamiento de los síntomas vasomotores y los debidos a  atrofia urogenital. Otros, posiblemente relacionados con el proceso menopáusico,  como mialgias, artralgias, cambios en el humor, alteraciones del sueño, y  disfunción sexual, pudieran mejorar con la terapia hormonal (TH). Puede ser  indicación de primera línea para prevenir el deterioro en la masa y calidad del  hueso en mujeres menores de sesenta años con síntomas vasomotores. Existe  consenso internacional en la indicación formal en las pacientes con menopausia  precoz o falla ovárica primaria. Aunque las reevaluaciones recientes del estudio  WHI, vuelven a plantear el posible efecto cardioprotector cuando la terapia se  indica durante la ventana de oportunidad, en la actualidad no es una indicación  formal en tal sentido (1).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A este respecto, la Sociedad  Internacional de Menopausia en su posición de consenso del 2016 (4) concluye que  en las mujeres menores de 60 años de edad, sin evidencia de enfermedad  cardiovascular, el inicio de la terapia de estrógenos solos, reduce la  incidencia de la cardiopatía coronaria y la mortalidad por todas las causas; la  terapia combinada de estrógenos orales y progestágeno tiene datos menos  robustos, pero otros regímenes terapéuticos (terapia con estrógenos  transdérmicos y progesterona micronizada) parecen ser cardioprotectores, como se  demostró en los estudios danés y finlandés (5). El análisis Cochrane más  reciente (6) muestra una reducción consistente en la mortalidad por todas las  causas en las usuarias de TH. El inicio de TH en mujeres de edad avanzada o en  aquellas que tienen más de 10 años de posmenopausia, puede asociarse con un  riesgo aumentado de eventos coronarios, principalmente en los primeros 2 años de  uso. Por lo tanto, no es recomendable iniciar TH después de los 60 años de edad  con el único fin de prevención primaria de enfermedad coronaria (4).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los síntomas vasomotores (calorones  y sudoración) son los que más perturban a la mujer menopáusica. Para la mayoría  de las mujeres estos aparecen en el período de transición, se intensifican en la  menopausia temprana y se resuelven en forma espontánea en pocos años, aunque, en  algunas de ellas, pueden persistir toda la vida. Los síntomas vasomotores  también se han relacionado con ansiedad, fatiga, trastornos del humor y del  sueño. Estos síntomas se deben a un desajuste temporal del centro  termorregulador hipotalámico. La FDA (Food and Drug Administration), de Estados  Unidos, cataloga estos síntomas de moderados a severos cuando aparecen 7-8 veces  por día o por lo menos 60 veces por semana. Los síntomas vasomotores son la  principal indicación del uso de terapia hormonal la cual se considera  actualmente el tratamiento de elección (7).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lo señalado hasta aquí es del  dominio de ginecólogos y endocrinólogos, sin embargo, a la hora de hacer la  indicación, luego de la evaluación de la historia clínica, un examen físico  integral y los exámenes complementarios requeridos, esos mismos especialistas se  encuentran de manos atadas para prescribir la terapia adecuada para cada  paciente debido a la escasa disponibilidad de los fármacos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El manejo no hormonal de los  síntomas vasomotores es una buena consideración cuando la terapia hormonal no es  una opción, bien sea por contraindicaciones médicas o por una decisión personal  de la mujer (8). Cabría incluir entre las razones para no usar la terapia  hormonal adecuadamente indicada, la no disponibilidad de los fármacos. De allí  que surja la necesidad de insistir en dos aspectos de vital importancia en el  manejo de la menopausia, independientemente de la necesidad o no de terapia  hormonal: la educación y los cambios en el estilo de vida.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Algunos estudios han señalado  que las intervenciones educativas basadas en la promoción de estilos de vida  saludables pueden ser usadas como una estrategia apropiada para reducir los  síntomas en mujeres posmenopáusicas y mejorar su salud (9). Doce semanas de  intervención en educación en salud, combinadas con dieta y ejercicios  supervisados pueden mejorar los síntomas perimenopáusicos y ayudar a establecer  mejores hábitos de vida. Esta mejoría se observa no solo en síntomas  vasomotores, sino también en aspectos tales como la fatiga, las artralgias y  mialgias, la irritabilidad, la depresión y las palpitaciones (10).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La promoción del estilo de vida  saludable requiere un equipo multidisciplinario, debe iniciarse en las escuelas,  los lugares de trabajo, la industria de la publicidad, así como los aseguradores  médicos y las autoridades sanitarias (4). Se refiere a aspectos generales como  el cese del tabaquismo, mantener el peso corporal ideal, recomendaciones  nutricionales como la ingestión de 4-5 raciones al día que incluyan frutas,  vegetales, fibra, granos, pescado 2 veces por semana, consumo limitado de sal y  disminución de la grasa total. También se recomienda limitar el alcohol a un  máximo de dos copas diarias, el uso de suplementos de calcio y la práctica de  ejercicios moderados a intensos, al menos tres veces por semana. La nutrición  adecuada y el ejercicio regular mejoran el perfil metabólico, la fuerza  muscular, la capacidad cognitiva y la calidad de vida, reducen de manera  significativa la enfermedad cardiovascular, accidentes cerebrovasculares,  fracturas, cáncer de mama y cáncer de colon (11, 12).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">También es importante el  control médico apropiado, sobre todo para el descarte de enfermedades  psicosomáticas, estrés, enfermedades tiroideas, feocromocitoma, síndrome  carcinoide, leucemia y cáncer, como diagnóstico diferencial de los síntomas  vasomotores, pero también para el despistaje o cribado de patologías propias de  estos grupos de edad. Las modificaciones en el estilo de vida también incluyen  socializar y ser física y mentalmente activa (1).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Entre las terapias alternativas  no farmacológicas, también se ha recomendado el desarrollo de técnicas de  relajación con control de la respiración. La respiración pausada, abdominal  lenta y profunda, con sesiones durante el día o al inicio del “calorón” ha  demostrado ser efectiva. También se recomienda el control de la temperatura  corporal, evitando la elevación de la misma y manteniendo un ambiente fresco en  el hogar y sitio de trabajo, con utilización de ropa ligera e ingestión de  alimentos y bebidas frías (7).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es indudable que la terapia  hormonal es muy útil para muchas mujeres, sin embargo, en momentos de  dificultades se deben buscar alternativas. El contacto con las pacientes debe  ser una oportunidad de oro para educar. Hay que tomarse el tiempo para enseñar,  para explicar a las mujeres qué está pasando en su organismo. En la medida que  se comprende lo que ocurre se toleran mejor los cambios. Esta orientación  educativa debe estar presente siempre, independientemente de la disponibilidad  de la terapia hormonal, pero resulta particularmente importante en los casos en  los que, estando indicada, no se dispone de la misma. Brindando esa orientación  se puede lograr una mejor calidad de vida para la mujer en esta particular  etapa.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Fernández M, Molina-Vilchez  R, Muñoz L, Bajares M. Atención de la mujer. En: Angelino de Blanco MC, Bajares  de Lilue M, Pizzi R, editoras. Consenso Venezolano de Menopausia. Actualización  2008. Caracas: Editorial Ateproca; 2008. p.11-22.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128119&pid=S0048-7732201600040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. The Women’s Health  Initiative Study Group. Design of the Women’s Health Initiative clinical trial  and observational study. Control Clin Trials. 1998;19: 61-109.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128120&pid=S0048-7732201600040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Rossouw JE, Anderson GL,  Prentice RL, La Croix AZ, Kooperberg C, Stefanick ML, et al. Writing Group for  the Women’s Health Initiative Investigators. Risk and benefits of estrogen plus  progestin in healthy postmenopausal women: principal results from the Women’s  Health Initiative randomized controlled trial. JAMA. 2002; 288 (3): 321-333.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128121&pid=S0048-7732201600040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Baber RJ, Panay N, Fenton A,  IMS Writing Group. 2016 IMS Recommendations on women’s midlife health and  menopause hormone therapy. Climacteric. 2016;19 (2): 109–150.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128122&pid=S0048-7732201600040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Hodis HN, Mack WJ, Shoupe D,  Azen SP, Stanczyk FZ, Hwang-Levine J, et al. Testing the menopausal hormone  therapy timing hypothesis: The Early vs Late Intervention Trial with Estradiol.  Circulation. 2014; 130: A13283.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128123&pid=S0048-7732201600040000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Boardman HM, Hartley L,  Eisinga A, Main C, Roquéi Figuls M, Bonfill Cosp X, et al. Hormone therapy for  preventing cardiovascular disease in post-menopausal women. Cochrane Database  Syst Rev. 2015; 3: CD002229.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128124&pid=S0048-7732201600040000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Stambury G, Segnini I, Pérez  L. Sistema nervioso central, sexualidad y calidad de vida. En: Angelino de  Blanco MC, Bajares de Lilue M, Pizzi R, editoras. Consenso Venezolano de  Menopausia. Actualización 2008. Caracas: Editorial Ateproca; 2008. p.53-60.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128125&pid=S0048-7732201600040000100007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Nonhormonal management of  menopause-associated vasomotor symptoms: 2015 position statement of The North  American Menopause Society. Menopause. 2015; 22 (11): 1155-1172.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128126&pid=S0048-7732201600040000100008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Nazari M, Farmani S, Kaveh  MH, Ghaem H. The effectiveness of lifestyle educational program in health  promoting behaviors and menopausal symptoms in 45- 60 years old women in  Marvdasht, Iran. Glob J Health Sci. 2016;8 (10): 55414.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128127&pid=S0048-7732201600040000100009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Xi S, Mao L, Chen X, Bai W.  Effect of health education combining diet and exercise supervision in Chinese  women with perimenopausal symptoms: a randomized controlled trial. Climacteric.  2017; 1: 1-6.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128128&pid=S0048-7732201600040000100010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. Sternfeld B, Wang H,  Quesenberry CP Jr, Abrams B, Everson-Rose SA, Greendale GA, et al. Physical  activity and changes in weight and waist circumference in midlife women:  findings from the Study of Women’s Health Across the Nation. Am J Epidemiol  2004; 160 (9): 912 – 922.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128129&pid=S0048-7732201600040000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. Maruthur NM, Wang NY, Appel  LJ. Lifestyle interventions reduce coronary artery disease risk: results from  the PREMIER trial. Circulation. 2009; 119 (15): 2026–2031.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2128130&pid=S0048-7732201600040000100012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>10 datos sobre la salud de la  mujer</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Según la Organización Mundial  de la salud (OMS), las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres en  la mayoría de los países, sin embargo, hay una serie de factores sanitarios y  sociales que se combinan para hacer que la calidad de vida de las mujeres sea  inferior. Las desigualdades en el acceso a la información, la atención y las  prácticas sanitarias básicas, aumentan aún más los riesgos para la salud de las  mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En su página web, la OMS  destaca 10 áreas fundamentales que tienen graves consecuencias para la salud de  la mujer. Siendo ellas el centro del ejercicio profesional del especialista en  Obstetricia y Ginecología, el Comité Editorial las presenta aquí.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. A pesar de que las tasas de  tabaquismo son unas 10 veces mayores en los hombres que en las mujeres, el  consumo de tabaco entre las mujeres jóvenes de los países en desarrollo está  aumentando rápidamente por el desarrollo de campañas comerciales dirigidas a ese  grupo de población. La OMS señala que las tasas de éxito del abandono del hábito  son menores en las mujeres y las recaídas son más frecuentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. El 61 % de los adultos  infectados con el virus de inmunodeficiencia adquirida (VIH) son mujeres. En el  Caribe, región de interés particular para el país, la proporción de mujeres  infectadas es de 43 %.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. La proporción de mujeres que  han sufrido violencia física o sexual por sus parejas en algún momento de sus  vidas está entre 15 % y 71 %. Estos abusos ocurren en todas las clases sociales  y niveles económicos y se asocian con embarazos no deseados, infecciones de  transmisión sexual (ITS), depresión y enfermedades crónicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Algunos estudios señalan,  según la OMS, que la quinta parte de las mujeres, esto es un 20 %, refieren  haber sufrido abuso sexual antes de los 15 años.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Se calcula que 100 millones  de niñas se casarán antes de los 18 años en los próximos 10 años. La OMS destaca  el hecho de que estas adolescentes, a menudo, desconocen sobre los riesgos de  contraer VIH/SIDA y otras ITS.</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. La cifra de embarazo en  adolescentes es alarmante. Según la OMS, 14 millones de adolescentes se  convierten en madres anualmente. La proporción es más elevada en países en  desarrollo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Ligado al punto anterior, la  razón de muerte materna también es elevada. Diariamente, según la OMS, 1600  mujeres y más de 10 000 recién nacidos mueren por complicaciones prevenibles del  embarazo y del parto. Al igual que la tasa de embarazo en adolescentes, casi la  totalidad de la mortalidad materna (99 %) ocurre en países en desarrollo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Los mosquiteros tratados con  insecticida reducen los casos de paludismo en las embarazadas y sus hijos. Esto  podría ser una medida importante también para la prevención de otras  enfermedades como dengue, chikungunya y zika. Sin embargo, el uso de los  mosquiteros está relacionado con pautas de sueño que a veces impiden su uso a  las mujeres.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. En la mayoría de los países  la cocina suele ser una ocupación femenina. Cuando cocinan en fuego o en cocinas  tradicionales, respiran una mezcla de contaminantes que son causas de 500 mil a  más de un millón de muertes anuales por neumopatías obstructivas. Solo 12 % de  las muertes en hombres por neumopatías obstructivas, está relacionado con esta  causa.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. El riesgo de discapacidad  visual es significativamente más alto en la mujer que en el hombre, a todas las  edades y en todo el mundo. A pesar de ello, las mujeres no tienen el mismo  acceso al tratamiento de las enfermedades oculares que los hombres.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En conclusión, la  discriminación sexual genera muchos peligros para la salud de las mujeres, tales  como la violencia física y sexual, las infecciones de transmisión sexual, el  VIH/SIDA, el paludismo o la neumopatía obstructiva crónica. El consumo de tabaco  representa una amenaza cada vez más importante para la salud de la mujer, y las  tasas de mortalidad durante el embarazo y el parto siguen siendo elevadas en los  países en desarrollo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Organización Mundial de la  Salud. 10 datos sobre la salud de la mujer. [Actualizado febrero 2009, revisado  febrero 2017] Disponible en <a href="http://www.who.int/features/factfiles/women/es/"> http://www.who.int/features/factfiles/women/es/</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Organización Mundial de la  Salud. 10 datos sobre la salud de la mujer. Datos y cifras. [Actualizado febrero  2009, revisado febrero 2017] Disponible en <a href="http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/"> http://www.who.int/features/factfiles/women_health/es/</a></font></p>       ]]></body>
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