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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Discurso de Recepción al Dr. José Antonio Ravelo Celis en su incorporación a la Academia Nacional de Medicina, por el Doctor Blas Bruni Celli, 19 de julio de 2001]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=1> </FONT><FONT FACE="Times,Times New Roman" SIZE=5> </FONT>     <P ALIGN="CENTER"><b><font face="Times,Times New Roman" size="3">Discurso de Recepci&oacute;n al Dr. Jos&eacute; Antonio Ravelo Celis</font></b> <font face="Times,Times New Roman" size="3"><b>en su incorporaci&oacute;n a la Academia Nacional de Medicina,</b></font> <font face="Times,Times New Roman" size="3"><b>por el Doctor Blas Bruni Celli, 19 de julio de 2001</b></font> </P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Entre los Aforismos de Hip&oacute;crates, el N&uacute;mero 87, de la secci&oacute;n s&eacute;ptima, reza textualmente:</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Lo que los medicamentos no curan, el hierro lo cura.  Lo que el hierro no cura, el fuego lo cura.  Pero lo que el fuego no cura, eso es preciso considerarlo incurable.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Casi todos los comentaristas de este pasaje concuerdan en la interpretaci&oacute;n de que aqu&iacute; por el hierro debe entenderse el instrumento quir&uacute;rgico, fabricado con este metal desde la m&aacute;s remota antig&uuml;edad; es por ello que desde entonces el cirujano aparece en la medicina investido de un poder curativo superior al m&eacute;dico que s&oacute;lo sabe usar medicamentos.  Este pasaje hipocr&aacute;tico, mantuvo su vigencia en la imaginaci&oacute;n popular, que siempre consider&oacute; al cirujano como el &uacute;nico poseedor del arma eficaz para la erradicaci&oacute;n de sus males.  Y en efecto, los progresos que ocurren en la medicina entre los siglos XVIII al XX se encargan de perfeccionar la cl&iacute;nica quir&uacute;rgica, hasta lograr que en el cirujano el divino binomio mente y mano estuviese asistido adem&aacute;s con las mism&iacute;simas categor&iacute;as intelectuales de que est&aacute; investida toda nuestra noble ciencia m&eacute;dica, calificada hoy por cierto, y por algunos, como una ciencia de incertidumbres y un arte de probabilidades.  Ya a tal punto se ha exaltado al cirujano, que en nuestros tres &uacute;ltimos siglos, su formaci&oacute;n general no s&oacute;lo debe ser tan exigente como la de otros especialistas, sino que adem&aacute;s, y lo recuerdo de nuestra antigua escuela quir&uacute;rgica regentada por mucho tiempo por nuestro maestro Jos&eacute; Rojas Contreras, es precisamente el cirujano quien debe de tener, adem&aacute;s de mente aguda y mano h&aacute;bil y ligera, los atributos naturales de un ojo de &aacute;guila y un coraz&oacute;n de le&oacute;n.  Este respeto y admiraci&oacute;n por el cirujano ha pesado mucho en la composici&oacute;n humana de nuestra Academia Nacional de Medicina a lo largo de su historia ya casi centenaria, pues en ella ha persistido siempre una relevante representaci&oacute;n de eminentes cirujanos, que ha aportado a esta instituci&oacute;n un inmenso caudal de ciencia y humanismo.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Esta valiosa tradici&oacute;n, que hasta ahora se ha mantenido constante en nuestra Academia de Nacional Medicina, viene hoy a ser enriquecida con la llegada a nuestra filas de un nuevo acad&eacute;mico, el Profesor Jos&eacute; Antonio Ravelo Celis, quien ha trajinado en los campos de la cirug&iacute;a durante m&aacute;s de medio siglo con perseverancia, sabidur&iacute;a y nobleza.  Viene cargado de una dilatada experiencia en el campo de la cirug&iacute;a oncol&oacute;gica, adquirida en muchos a&ntilde;os de paciente labor en ese admirable templo de la ciencia que ha sido nuestro Hospital Oncol&oacute;gico Luiz Razetti, en el Hospital Universitario de Caracas y en otros centros asistenciales de Caracas.  Reune adem&aacute;s Ravelo Celis numerosas condiciones personales que son fundamentales para la convivencia acad&eacute;mica: cultura, probidad, criterio, prestancia, integridad y sind&eacute;risis.  Proviene de una honorable familia de m&eacute;dicos, entre quienes fue sobresaliente nuestro muy recordado maestro y colega de esta Academia, el Profesor Jorge Gonz&aacute;lez Celis, de muy grata recordaci&oacute;n para quienes fuimos sus amigos y disc&iacute;pulos.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Nuestro recipiendario de hoy es egresado de nuestra Alma Mater en 1948, pocos a&ntilde;os despu&eacute;s se traslada a los Estados Unidos de Norte Am&eacute;rica, donde en el M. D. <I> Anderson Hospital for Cancer Research</I>, de la Universidad de Texas, realiza desde julio de 1952 hasta diciembre de 1954 sus residencias en enfermedades malignas y en cirug&iacute;a.  Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s tuve la suerte de cultivar la amistad con el Jefe del Departamento de Patolog&iacute;a de este Hospital, el profesor William O. Russel, quien siempre me hablaba de las excelentes impresiones que hab&iacute;a dejado Jos&eacute;, como as&iacute; lo llamaban.  A su regreso al pa&iacute;s ingresa en la C&aacute;tedra de Cl&iacute;nica Quir&uacute;rgica II, donde ejerce su labor docente, y casi simult&aacute;neamente se integra al Instituto de Oncolog&iacute;a Luiz Razetti, donde desarrolla una extensa actividad quir&uacute;rgica y docente.  Igualmente prest&oacute; servicio en el Hospital General Ildemaro Salas de los Seguros Sociales, en la Cl&iacute;nica Santa Ana y en el Hospital Privado Instituto Diagn&oacute;stico.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Son numerosas sus contribuciones al progreso de la cirug&iacute;a en todos los ramos donde ha trabajado, y leyendo cuidadosamente su amplio curriculum, se puede apreciar que particularmente ha dedicado una especial atenci&oacute;n al diagn&oacute;stico y tratamiento del carcinoma de la mama.  Entidad esta de elevada frecuencia, cada vez m&aacute;s en poblaci&oacute;n femenina de menor edad y cuyo tratamiento y manejo ulterior tiene particulares dificultades, por ser la mama el &oacute;rgano m&aacute;s emblem&aacute;tico de la feminidad, lo cual requiere que su manejo quir&uacute;rgico necesite no s&oacute;lo de las exigencias rigurosas de la ciencias, sino tambi&eacute;n de amplia y humana comprensi&oacute;n para ofrecerle a cada caso la necesaria ayuda moral y espiritual de acuerdo con la particular idiosincracia del paciente.  A este delicado problema le ha dedicado en especial el Profesor Ravelo Celis numerosos trabajos cient&iacute;ficos, en los cuales ha expuesto su personal experiencia.  Gracias a este noble empe&ntilde;o se ha logrado en estos pacientes mejor calidad de vida, y mucho mejor pron&oacute;stico, aun con tratamientos m&aacute;s conservadores.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">En su larga carrera profesional ha participado en numerosos congresos nacionales e internacionales en los cuales ha sido ponente de sus experiencias; igualmente ha recibido numerosas distinciones de organizaciones nacionales y extranjeras que han querido premiar con justicia el sostenido esfuerzo profesor Ravelo Celis en favor de la lucha contra el c&aacute;ncer, uno de los m&aacute;s importantes problemas sanitarios que todav&iacute;a tenemos que abordar.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Peri&oacute;dicamente en esta Academia Nacional de Medicina nos ocupamos de revisitar el escabroso tema de la Salud P&uacute;blica en Venezuela, sobre el cual a esta Instituci&oacute;n le pesa una responsabilidad especial como &oacute;rgano asesor del Estado en tan dif&iacute;cil materia, como expresamente est&aacute; tipificado en la Ley de su creaci&oacute;n.  En el brillante discurso que acabamos de escuchar, el Profesor Ravelo Celis nos ha expresado sus preocupaciones en cuanto al manejo de la pol&iacute;tica sanitaria en lo que se refiere a las formas m&aacute;s frecuentes del c&aacute;ncer.  En esta materia el recipiendario tiene mucha experiencia que aportar para enfrentar adecuadamente tan significativo problema de salud p&uacute;blica en Venezuela.  Como muy bien &eacute;l lo ha dicho, el c&aacute;ncer representa la segunda causa de mortalidad en Venezuela, y en verdad, hasta ahora, no hay indicios de que vaya a ser un problema superable en breve plazo.  Hace ya m&aacute;s de 25 a&ntilde;os, cuando tuve responsabilidades administrativas directas en el campo de la salud p&uacute;blica venezolana, dispuse la creaci&oacute;n de un Instituto Nacional de Oncolog&iacute;a que tuviera a su cargo la conducci&oacute;n de pol&iacute;ticas definidas en este dif&iacute;cil campo.  El grupo del Hospital Oncol&oacute;gico Luiz Razetti, entre quienes estaba Ravelo Celis, fue quien me plante&oacute; la necesidad de realizar este proyecto, que encontr&oacute; en m&iacute; un apoyo decidido.  Aquellos s&oacute;lo fueron sue&ntilde;os que no llegaron a la realidad por miles de razones conocidas, pero ello no quiere decir que no dejen de tener vigencia, pues nunca como hoy se hace m&aacute;s necesaria la necesidad de una tal instituci&oacute;n sanitaria que dirija t&eacute;cnicamente estos programas, que por la &iacute;ndole muy especial de &eacute;sta, o mejor dicho de estas enfermedades del campo de la Oncolog&iacute;a, requieren de mucha informaci&oacute;n, muchos recursos y muchas volutades.  Un Instituto Nacional de Oncolog&iacute;a con jurisdicci&oacute;n legal para planificar, dirigir, coordinar y ejecutar esta dif&iacute;cil pol&iacute;tica de manejar adecuadamente las enfermedades tumorales, sigue siendo un reto que tiene planteada la medicina nacional.  Le corresponde a esta Academia Nacional de Medicina opinar al respecto y dentro de ella pesar&aacute; mucho la opini&oacute;n de nuestro nuevo acad&eacute;mico, pues como sabemos ostenta en la materia una densa y l&uacute;cida experiencia.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY">Sres.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Viene el Profesor Ravelo Celis a ocupar en la Academia Nacional de Medicina un Sill&oacute;n cargado de venerable tradici&oacute;n.  Su primer ocupante, Francisco Antonio R&iacute;squez, uno de los fundadores de la Academia, dej&oacute; en la Rep&uacute;blica una huella perdurable de servicios, que fueron tantos, tantos, que merecieron su reciente ingreso al Pante&oacute;n de la Patria.  Su segundo ocupante, Jos&eacute; Antonio O' Daly, mi Maestro, quien me llev&oacute; la mano al microscopio, bienaventurada argamasa de humanismo y ciencia, inteligencia y bondad, sabidur&iacute;a y nobleza.  Y el m&aacute;s reciente en el Sill&oacute;n, Jose Jacinto Guti&eacute;rrez Alfaro, microbi&oacute;logo notable, de dilatada labor docente y acad&eacute;mica.  Estos venezolanos eminentes, todos figuras se&ntilde;eras de la medicina nacional, quienes durante casi un siglo honraron el sill&oacute;n XXXIII de esta Academia, estar&aacute;n desde hoy prolongados en el tiempo, por la presencia en el mismo Sill&oacute;n de otro Acad&eacute;mico quien, estamos seguros todos, sabr&aacute; continuar con dignidad la brillante trayectoria de sus antecesores ilustres.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Profesor Ravelo Celis,</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">En esta Academia lo esperamos con la seguridad que Ud nos traer&aacute; su vocaci&oacute;n de servicio, su sabidur&iacute;a y su experiencia.  Por ello, en nombre de todos mis compa&ntilde;eros acad&eacute;micos, y en el m&iacute;o propio, me es grato darle la m&aacute;s cordial, fraternal y efusiva bienvenida a nuestra mesa de trabajo.</P>      ]]></body>

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