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</front><body><![CDATA[ <P ALIGN="CENTER"><font face="Times New Roman" size="4"><b>El enfermo y su situaci&oacute;n vital</b></font></P>     <P ALIGN="CENTER"><FONT face="Times New Roman" SIZE=3>Dr. Julio Borges Iturriza </FONT></P>     <P ALIGN="CENTER"><font face="Times New Roman">Individuo de N&uacute;mero</font></P>     <P><font face="Times New Roman">*Presentado en la sesi&oacute;n de la Academia Nacional de Medicina del d&iacute;a 27 de marzo de 2003.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY">El avance tecnol&oacute;gico alcanzado por la medicina en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas ha hecho que los aspectos &eacute;ticos de la actividad m&eacute;dica, contrariamente a lo que algunos pudieran esperar, han recibido una atenci&oacute;n creciente ya que, precisamente, el uso y abuso de los recursos t&eacute;cnicos determinan cambios en la praxis m&eacute;dica que obligan a replantear las relaciones entre la &eacute;tica y la medicina.  Indudablemente, la medicina cient&iacute;fica ha logrado avances incuestionables en el diagn&oacute;stico y la terap&eacute;utica de muchas enfermedades; sin embargo, se ha repetido hasta el cansancio que la tendencia tan arraigada de estudiar &quot;enfermedades&quot; y no &quot;enfermos&quot; es reprobable, entre otras razones porque el problema que aqueja al paciente no est&aacute; resuelto simplemente al etiquetar la enfermedad, no teniendo en cuenta que lo que el paciente realmente desea, consciente o inconscientemente es estar seguro que su condici&oacute;n particular ha sido comprendida, &uacute;nica manera de lograr una relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente exitosa.  Claude Bernard, representante a ultranza de la medicina cient&iacute;fica ya lo hab&iacute;a vislumbrado en pleno siglo XIX al afirmar: &quot;el m&eacute;dico se ve con frecuencia obligado a tener en cuenta en sus tratamientos eso que llaman influencia de lo moral sobre lo f&iacute;sico y por consiguiente una multitud de consideraciones de tipo familiar o de posici&oacute;n social que nada tienen que ver con la ciencia&quot; (1).  En este sentido y como una contribuci&oacute;n a un mejor conocimiento de la persona enferma, adem&aacute;s del diagn&oacute;stico de la enfermedad, considerada como un hecho biol&oacute;gico y de los aspectos emocionales presentes siempre en el enfermo, creemos que ubicar la persona en su situaci&oacute;n vital contribuir&aacute; significativamente a entenderla mejor.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">La noci&oacute;n de situaci&oacute;n vital est&aacute; relacionada con el concepto de &quot;mundo&quot; de los fil&oacute;sofos existencialistas, y se refiere, esencialmente, al conjunto de seres y cosas con los cuales la persona establece una relaci&oacute;n significativa; ambas, el yo (la persona) y su mundo (la circunstancia que le toc&oacute; vivir) inseparablemente, constituyen la vida de todo hombre.  La circunstancia est&aacute; formada por muchas cosas: seres, creencias, objetos, recuerdos, etc. que ayudan u obstaculizan a la persona en su desenvolvimiento.  En este sentido puede decirse que el estado de bienestar o malestar, la manera de enfrentar la vida, sus motivaciones y sus frustraciones, dependen de muchas cosas, la mayor&iacute;a de las veces, dif&iacute;ciles de precisar: En palabras de Ortega: &quot;Somos la persona que vive una vida particular y concreta con las cosas y entre las cosas… el hombre no tiene m&aacute;s remedio que hacerse cargo de la situaci&oacute;n, esto es, de sus circunstancias&quot; (2).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">&quot;La naturaleza de la situaci&oacute;n&quot;, al decir de Nicol (3), &quot;depende del modo como yo estoy en o ante determinados acontecimientos y personas&quot;.  El mundo o la situaci&oacute;n vital no es una colecci&oacute;n de entes: lo que la define son las relaciones que se establecen entre ellos; enumerarlos aporta muy poco ya que cada uno de ellos adquiere significado cuando se considera en su relaci&oacute;n con los otros.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Se vive, pues, permanentemente en una situaci&oacute;n vital la cual es cambiante y din&aacute;mica, ya que nuestra circunstancia, en cualquier momento puede modificarse, bien sea que var&iacute;en los elementos que la integran o bien sea que cambien las relaciones existentes entre ellos; estos cambios dar&aacute;n lugar a un &quot;reacomodo&quot; de la situaci&oacute;n en su conjunto, para bien o para mal, que determinar&aacute; un proceso de adaptaci&oacute;n a las nuevas condiciones.  El ejercicio de la medicina tiene su base en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente; cada uno de ellos, el m&eacute;dico y el paciente, son personas que en forma conjunta, enfrentan un problema como es el de restituir la salud que se ha deteriorado; no es exacto decir que de este encuentro se origine una situaci&oacute;n vital: en realidad, cada uno de ellos vive su propia situaci&oacute;n la cual, ineludiblemente se modificar&aacute;, al ingresar el otro, provocando cambios en las relaciones establecidas entre los elementos que configuran cada situaci&oacute;n.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Es posible distinguir entre las situaciones vitales que podr&iacute;amos denominar fundamentales de otras que denominaremos situaciones l&iacute;mites; las primeras forman nuestra vida cotidiana, dentro de su cauce transcurre nuestra vida.  Las otras, las situaciones l&iacute;mites, son aquellas generalmente cambiantes y transitorias, en las que un acontecer de especial relevancia determina &quot;que la vida cambie&quot;, que nuestro devenir vital tome un rumbo distinto: puede ser una manera diferente de interpretar la realidad o de la llegada inesperada de un nuevo componente situacional como ser&iacute;a la irrupci&oacute;n de una enfermedad, que al modificar la fisiolog&iacute;a del sujeto, cambia en forma transitoria o permanente, la situaci&oacute;n vital como un todo.  La enfermedad cambia la persona; en palabras de Weisacker &quot;la enfermedad es un modo de ser del hombre&quot; (1).</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Al aparecer la enfermedad todo se transforma: el mundo de un hemipl&eacute;jico es totalmente distinto al que ten&iacute;a cuando gozaba de buena salud y sus motivaciones son otras.  &quot;La enfermedad le cambi&oacute; la vida&quot;, es la expresi&oacute;n popular que resume esta tragedia y pone en evidencia el hito que la enfermedad produce en la biograf&iacute;a de la persona.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY">Dependiendo del diagn&oacute;stico y del pron&oacute;stico, la enfermedad, de cierta manera, produce una situaci&oacute;n vital distinta y los cambios son tan contundentes que pueden compararse a los que, en el &aacute;mbito social, ocurren en tiempos de guerra.  A este respecto, es ilustrativo la descripci&oacute;n que hace Juli&aacute;n Mar&iacute;as de la situaci&oacute;n que se vivi&oacute; en tiempos de la guerra civil espa&ntilde;ola (4); basta sustituir la palabra guerra por enfermedad para comprender la dram&aacute;tica situaci&oacute;n. &quot;...la guerra es un estado, algo en que se est&aacute;.  Se vive dentro de la guerra, en su &aacute;mbito.  Las cosas se ordenan en otra perspectiva; el tiempo cambia de ritmo, emplazamiento, significaci&oacute;n; pierden importancia muchas cosas, las adquieren otras; ciertas dimensiones de la vida humana, hasta entonces olvidadas, se ponen en primer plano, por ejemplo el valor; se altera el &quot;umbral&quot; de la inquietud, la inseguridad, el temor; surgen relaciones inesperadas, crueles o fraternales; los individuos dan la medida de s&iacute; mismos al estar expuestos a tensiones, tentaciones, peligros, esfuerzos; se conocen en dimensiones antes ignoradas&quot;.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Sin conocer su situaci&oacute;n vital dif&iacute;cilmente se podr&aacute; llegar a conocer, realmente, a una persona, y desde el punto de vista terap&eacute;utico, cualquier ayuda ser&iacute;a posiblemente ineficaz y hasta contraproducente si se dirige a la persona desarraigada de su mundo.  Tratar de comprender a los pacientes en todas sus dimensiones es la obligaci&oacute;n central del m&eacute;dico: no es lo mismo analizar las personas aisladamente que tomar en cuenta el respectivo mundo en el cual est&aacute;n insertas.  Deber&iacute;a realizarse, para ello, un esfuerzo que en cierta forma ser&iacute;a como tratar de ver su mundo a trav&eacute;s de sus propios ojos, e intentar conocer sus valores, sus motivaciones, el sentido de su vida, su visi&oacute;n de futuro, en una palabra, su proyecto de vida.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Una de las caracter&iacute;sticas relevantes de las situaciones vitales es su dimensi&oacute;n temporal.  El existir implica la percepci&oacute;n del transcurrir del tiempo; sin embargo, la conciencia del paso del presente al futuro no siempre es igual y se agudiza en ciertas situaciones l&iacute;mites, como es el caso del hombre enfermo, cuando la finitud de la existencia se hace patente ante la amenaza de la muerte, que se siente cercana y el futuro se vuelve impredecible.  Cosa bien distinta ocurre en condiciones normales, cuando anticipamos que el orden natural de las cosas va a mantenerse y confiamos que todo seguir&aacute; lo mismo que hasta ahora, y que los cambios que puedan ocurrir en el futuro son previsibles y depender&aacute;n, en buena parte, de nuestras decisiones.  Cuando se produce una perturbaci&oacute;n que nos desconcierta se origina una situaci&oacute;n l&iacute;mite, en la cual la sorpresa y desaz&oacute;n, el no saber que hacer, caracterizan nuestro comportamiento.  La idea de que el futuro es imprevisible es el origen de la angustia existencial consustancial de todo ser humano.  Cuando aparece la enfermedad, la incertidumbre, el miedo a la muerte y el desconcierto producido por la nueva situaci&oacute;n, provocan, de cierta manera, un cataclismo que transforma la situaci&oacute;n vivida hasta ese momento.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Existe otro concepto, que ya hemos asomado, ligado &iacute;ntimamente a la noci&oacute;n de situaci&oacute;n vital y es el de &quot;proyecto vital&quot;.  La vida es un continuo hacerse; la vida de cada hombre es esencialmente un proyecto por hacer.  La realidad de esta vocaci&oacute;n &iacute;ntima ya lo vislumbraba Arist&oacute;teles cuando afirmaba: &quot;los hombres somos arqueros que buscan el blanco de sus vidas&quot;.  La inserci&oacute;n del individuo en su situaci&oacute;n, limita, condiciona y hasta cierto punto determina su desenvolvimiento como ser humano.  Este proceso de desenvolvimiento est&aacute; orientado por el proyecto de vida, el cual, a largo de los a&ntilde;os se va desarrollando.  Tratar de realizarlo es el quehacer central de cualquier hombre; lograrlo, aunque sea parcialmente, es un componente esencial de la felicidad humana.  La enfermedad, cuando es cr&oacute;nica determina limitaciones que provocan alteraciones en el proyecto vital y que obligan a modificarlo llegando, en casos extremos, a producir tal grado de incapacidad que da lugar a lo que se ha denominado la muerte biogr&aacute;fica de la persona.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Es oportuno y confiamos que provechoso, considerar las diferencias, como ha sido planteado por Tauber (5), en cuanto a significado, entre las palabras inglesas &quot;<I>illness</I>&quot; y &quot;<I>disease</I>&quot;.  La primera podr&iacute;a traducirse por &quot;dolencia&quot; en el sentido que el paciente la percibe como algo molesto que lo perturba transitoriamente pero que no afecta, significativamente, su mundo ni su proyecto vital.  <I>Disease</I> corresponde a &quot;enfermedad&quot;, algo que lo compromete como persona, que modifica su situaci&oacute;n vital, que menoscaba su independencia, que trastorna su proyecto vital.  Personaliz&aacute;ndolo, podr&iacute;amos decir que la irrupci&oacute;n de la enfermedad en mi vida se manifiesta primariamente como una restricci&oacute;n de mi mundo, el cual se vuelve m&aacute;s peque&ntilde;o, m&aacute;s limitado.  Probablemente, la inseguridad que genera la enfermedad es uno de sus efectos negativos m&aacute;s relevantes: sentirse dependiente, sentir disminuida su capacidad de decisi&oacute;n es, quiz&aacute;s, la minusval&iacute;a m&aacute;s dolorosa del hombre enfermo; reflexionar sobre estos aspectos nos parece interesante para comprenderlos mejor.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Cuando se hacen afirmaciones tales como: &quot;El mayor beneficio para el enfermo ya no lo decide el m&eacute;dico sino que debe ser decidido por el enfermo y su familiar subrogado, en base a sus valores&quot; (6), se sigue fielmente el &quot;principio de autonom&iacute;a&quot; preconizado en los textos de bio&eacute;tica, pero se simplifica y desvaloriza, lamentablemente, el papel del m&eacute;dico, el cual se reduce a comunicar al interesado, objetivamente, la informaci&oacute;n que, desde el punto de vista de la medicina cient&iacute;fica, se juzgue necesaria para que tome la mejor decisi&oacute;n, pero dejando al paciente en su soledad.  Esta actitud, que representa una tendencia bastante generalizada, promueve, aun sin propon&eacute;rselo directamente, una deshumanizaci&oacute;n de la medicina: se considera que no es conveniente que el m&eacute;dico se aproxime emocionalmente al enfermo y sus problemas, sin tener en cuenta que el paciente, la mayor&iacute;a de las veces, se siente solo y confuso, sometido a fuerzas extra&ntilde;as que no comprende ni puede dominar.  El paciente se hace m&aacute;s dependiente y tiende a centrar su vida en la enfermedad; en estas condiciones la actuaci&oacute;n del m&eacute;dico, sus palabras, su actitud, pueden tener la fuerza necesaria para variar, quiz&aacute;s temporalmente, la vida del paciente y del grupo familiar.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Aun en condiciones normales tomar decisiones en forma totalmente aut&oacute;noma, no es habitual; sumergido en el mundo que le toc&oacute; vivir, el sujeto busca ayuda, sugerencias orientadoras, que le permitan tomar la mejor decisi&oacute;n.  Las tradiciones familiares, las experiencias previas, las creencias religiosas son relevantes en este proceso.  Damasio (7) ha insistido que el razonamiento en que se fundamenta la toma de decisiones nunca es fr&iacute;o y objetivo sino que, al contrario, el componente emocional, inevitablemente, se mezcla con los elementos cognitivos, guiando, en cierto modo, el proceso y comunic&aacute;ndole la fuerza necesaria para que pueda ser llevado a realidad.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">El m&eacute;dico no puede conformarse, simplemente, con diagnosticar la enfermedad: intentar conocer el proyecto vital y la situaci&oacute;n en que se ubica la persona enferma, lo ayudar&aacute; a dar la orientaci&oacute;n m&aacute;s adecuada que haga posible adaptarse a la nueva situaci&oacute;n promoviendo nuevas motivaciones, intereses y objetivos que implicar&aacute;, en cierta forma, seguir viviendo pero &quot;una vida distinta&quot;.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Los familiares del paciente son parte de la situaci&oacute;n a la cual el m&eacute;dico ha entrado a formar parte y muchas veces son ellos los que tienen que tomar las decisiones m&aacute;s importantes; el m&eacute;dico en todo momento, como parte de su funci&oacute;n asistencial, deber&aacute; expresar claramente su opini&oacute;n, sincera y de buena fe, para que sea considerada en el momento de tomar la decisi&oacute;n.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Cuando se enfoca la autonom&iacute;a desde el punto de vista te&oacute;rico, extrapolando principalmente los conceptos de Locke referidos al sujeto como ente pol&iacute;tico, es justo reconocer que el exagerado paternalismo no es aconsejable y que, por otra parte, es plausible reconocer que el paciente tiene todo el derecho de participar en las decisiones concernientes a su salud, respetando su dignidad como persona.  Pero cuando consideramos al sujeto en concreto, en su condici&oacute;n de enfermo, el ideal de autonom&iacute;a cambia y se humaniza, al tomar en cuenta su minusval&iacute;a.  La m&aacute;s primaria experiencia de estar enfermo es precisamente la inseguridad en s&iacute; mismo y en este punto es oportuno citar de nuevo a Weizsacker: &quot;La enfermedad, o m&aacute;s bien, el estar enfermo es un estado de necesidad que se manifiesta como petici&oacute;n de ayuda&quot; (1).  La finalidad del m&eacute;dico al incorporarse al mundo del paciente, es responder a la ayuda que el paciente solicita.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY">La entrada del m&eacute;dico modifica el mundo del paciente.  La vida del hombre es por naturaleza problem&aacute;tica y se ha comparado, muchas veces a la condici&oacute;n del n&aacute;ufrago que trata de sobrevivir.  Al ocurrir la enfermedad las dificultades aumentan y la inseguridad, connatural al hombre, se acent&uacute;a y el enfermo, en su nueva situaci&oacute;n, establece con el m&eacute;dico relaciones que alivian su soledad existencial y le permiten afrontar en mejores condiciones su problema de salud.  La actitud de dependencia la perciben muchas personas como parte de su enfermedad y la sensaci&oacute;n de seguridad que pueden alcanzar, especialmente a trav&eacute;s del m&eacute;dico, les confiere un bienestar positivo para el proceso de recuperaci&oacute;n.  El enfermo, al perder parcialmente su libertad, se vuelve especialmente vulnerable y su autoestima decae.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">Al considerar la importancia que una decisi&oacute;n puede tener, no s&oacute;lo para el tratamiento de la enfermedad como hecho biol&oacute;gico, sino para la vida del paciente como persona, es cuando se aprecia mejor la necesidad de una responsabilidad compartida entre el enfermo, el m&eacute;dico y los familiares.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">El objetivo a alcanzar es entender, lo mejor posible, la problem&aacute;tica que afronta la persona enferma en su mundo, en su situaci&oacute;n vital, o en otras palabras, tratar de entender el significado de la enfermedad en su vida con miras a lograr una acci&oacute;n terap&eacute;utica m&aacute;s eficaz.  La percepci&oacute;n del transcurrir del tiempo es central en la vida del hombre enfermo.  La vivencia del ahora y del despu&eacute;s adquiere especial relevancia: el futuro arrastra y en cierta forma condiciona el presente.  El psicoan&aacute;lisis nos ha acostumbrado a escudri&ntilde;ar el pasado buscando ayuda para intentar resolver los problemas que nos agobian en el presente; sin embargo, cuando se trata de buscar soluciones en situaciones cr&iacute;ticas como es la enfermedad, la temporalidad se invierte: es el futuro el que domina y el que da, realmente, sentido a la vida.  Cuando se adopta una visi&oacute;n prospectiva, y se procura modificar y adaptar las motivaciones y los objetivos teniendo en cuenta la situaci&oacute;n in&eacute;dita, se lograr&aacute; una acci&oacute;n terap&eacute;utica m&aacute;s eficaz que permita conformar un proyecto de vida m&aacute;s ajustado a la realidad y al mismo tiempo m&aacute;s gratificante para la persona.  La llamada psicolog&iacute;a existencial promovida entre otros por Rollo May (8) se&ntilde;ala, como hecho importante a tener en cuenta, la discrepancia que existe entre las aspiraciones humanas y las limitaciones humanas que se evidencian al considerar lo que el ser humano es, lo que le gustar&iacute;a ser y lo que, realmente, podr&iacute;a llegar a ser.  Siguiendo estas ideas, esta escuela preconiza, como gu&iacute;a terap&eacute;utica, el desarrollo de la potencialidad de la persona, partiendo del conocimiento de la situaci&oacute;n presente; en otras palabras, centrar todo el esfuerzo terap&eacute;utico en que la persona pueda lograr, hasta donde sea posible, la realizaci&oacute;n de un proyecto de vida satisfactorio.</P>     <P ALIGN="JUSTIFY">No creemos que estos planteamientos sean realmente novedosos; hemos pretendido, si es posible as&iacute; decirlo, teorizar, es decir, poner en palabras, lo que es una realidad para todo m&eacute;dico que haya ejercido responsablemente su labor terap&eacute;utica.  Desear&iacute;amos, para terminar, presentar una propuesta del Alfred Tauber (5) que compartimos plenamente seg&uacute;n la cual, se considera a la actividad m&eacute;dica, concretada en la relaci&oacute;n m&eacute;dico-paciente, primariamente, como de naturaleza &eacute;tica, de tal manera que el aspecto human&iacute;stico no ser&iacute;a un ap&eacute;ndice de la medicina &quot;cient&iacute;fica&quot; sino que, por el contrario, constituye su fundamento.  Este enfoque tampoco es nuevo; hace muchos a&ntilde;os Arist&oacute;teles, en su Moral a Nic&oacute;maco (9) afirmaba que es posible llegar a ser un magn&iacute;fico matem&aacute;tico o un excelente ge&oacute;metra sin que le fuera necesario poseer la m&iacute;nima cualidad moral, pero que &quot;cualquier acci&oacute;n humana que tenga por objeto la perfectibilidad del hombre, como es el caso de la medicina, tiene un componente moral ineludible&quot;.</P> <B>    <P><font face="Times New Roman">REFERENCIAS</font></P> </B>    <!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">1. Entralgo LP.  El diagn&oacute;stico m&eacute;dico.  Barcelona, (Espa&ntilde;a): Salvat  Editores SA; 1952.</font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720643&pid=S0367-4762200300020000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">2. Ortega y Gasset J.  Obras Completas.  Tomo II.   Madrid: Editorial Revista de Occidente, 1961.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720644&pid=S0367-4762200300020000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">3. Nicol E.  Psicolog&iacute;a de las situaciones vitales.  M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica; 1941.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720645&pid=S0367-4762200300020000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">4. Mar&iacute;as J.  Ser Espa&ntilde;ol.  Madrid: Editorial Planeta; 2000.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720646&pid=S0367-4762200300020000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">5. Tauber AI.  Confessions on a Medicine Man.  A Bradford Book.  Londres: The MIT Press; l999.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720647&pid=S0367-4762200300020000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">6. d´Empaire G, d´Empaire ME, Encinoso J.  Limitaci&oacute;n de medidas terap&eacute;uticas en los pacientes cr&iacute;ticos.  Gac M&eacute;d de Caracas 2002;110(1):92-109.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720648&pid=S0367-4762200300020000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">7. Damasio A.  Decartes´  Error.  Nueva York: Putnam´s Sons; 1994.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720649&pid=S0367-4762200300020000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">8. Maslow AH.  What’s in it for us?  En: Rollo M, editor.  Existential psychology.  Nueva York: Random House; l969.p.49-57.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720650&pid=S0367-4762200300020000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="JUSTIFY"><font face="Times New Roman">9. Arist&oacute;teles.  Moral a Nic&oacute;maco.  Madrid: Espasa Calpe; 1972.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2720651&pid=S0367-4762200300020000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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