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<journal-title><![CDATA[Gaceta Médica de Caracas]]></journal-title>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Neurorradiología en neuro-oftalmología*]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Imaging studies represent an invaluable asset for the ophthalmologist’s diagnostic armamentaria. Their proper use and interpretation demand solid clinical judgment. We review the technical characteristics of various neuroimaging modalities and their relationship with the most frequently encountered lesions in the visual and oculomotor pathways. A topographical tour is used to highlight the pros and cons of cerebral computerized tomography and magnetic resonance imaging for selected lesions of neuro-ophthalmological interest.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <P style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="center"><b><font face="Verdana" size="3">Neurorradiología en neuro-oftalmología*</font></b></P>     <P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><b>Drs. Marcos Ramella G, Rafael Muci-Mendoza**</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT  face=Verdana size=2> * Unidad de Neuro-Oftalmología del Hospital Vargas de Caracas.  Cátedra de Clínica y Terapéutica Médica B. Escuela de Medicina José María  Vargas. Universidad Central de Venezuela.</FONT></P>     <P style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="justify"><FONT  face=Verdana size=2> **Individuo de Número Academia nacional de Medicina.</FONT></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> RESUMEN</FONT></P></B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Los estudios de imágenes representan un invaluable auxilio para  el diagnóstico neuro-oftalmológico. Su indicación e interpretación acertadas  requieren de un juicio clínico depurado. Se revisan las características técnicas  más resaltantes de los estudios de neuroimágenes y su relación con las diversas  noxas que comprometen la vía óptica y óculomotora. Mediante un recorrido  topográfico de la órbita y el cerebro, se destacan las bondades y flaquezas de  la tomografía computarizada y resonancia magnética cerebrales. Se esbozan las  características imagenológicas de las lesiones de más frecuente presentación en  la órbita y encéfalo en la práctica diaria del  neuro-oftalmólogo.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> SUMMARY</FONT></P></B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Imaging studies represent an invaluable asset for the  ophthalmologist’s diagnostic armamentaria. Their proper use and interpretation  demand solid clinical judgment. We review the technical characteristics of  various neuroimaging modalities and their relationship with the most frequently  encountered lesions in the visual and oculomotor pathways. A topographical tour  is used to highlight the pros and cons of cerebral computerized tomography and  magnetic resonance imaging for selected lesions of neuro-ophthalmological  interest.</font> </P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2>INTRODUCCIÓN</FONT></P></B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">El neuro-oftalmólogo con frecuencia debe hacer uso de estudios  de imágenes para complementar el diagnóstico clínico. Conocer los rudimentos de  la neuroanatomía radiológica, la interpretación de neuroimágenes y la aplicación  de los hallazgos aportados por éstas en el contexto particular de cada enfermo,  debe ser una pieza fundamental del entrenamiento de posgrado de cualquier  oftalmólogo. En esta oportunidad hemos de referirnos exclusivamente a lo  atinente a la tomografía computarizada (TC) y resonancia magnética (RM)  cerebrales.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Con el mejoramiento de las técnicas neurorradiológicas, la  capacidad de lograr diagnósticos precisos ha crecido considerablemente. El reto  consiste principalmente en seleccionar la técnica y el momento más adecuado para  cada caso clínico. En esta decisión intervienen entre otros, factores técnicos,  biológicos, clínicos y económicos. El estudio ideal sería aquel más económico,  seguro, inocuo y con mayor sensibilidad y especificidad para detectar el  problema en cuestión. En esta discusión intentaremos delinear los elementos  básicos necesarios para la evaluación neurorradiológica de las principales noxas  capaces de afectar el sistema visual sensorial aferente y óculomotor  eferente.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Imaginología clínica</font></P></B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">El elemento de mayor peso al momento de decidir entre una TC o  una RM cerebrales, es la probable localización del problema en cuestión sugerida  por la historia clínica. Esta aseveración cobra particular importancia cuando se  considera que la vía óptica abarca un largo trayecto anatómico extendido desde  el globo ocular hasta el extremo más distal de la corteza occipital, e  igualmente, los intrincados mecanismos neurológicos que gobiernan los  movimientos oculares abarcan buena parte del encéfalo y el tallo cerebral. Ello  subraya la importancia de adquirir un adecuado sustrato clínico que permita  orientar la escogencia del estudio imaginológico ideal al problema particular de  cada paciente.</font> </P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Particularidades de la anatomía orbitaria </font> </B><font face="Verdana" size="2">(1,2)</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Las órbitas comprenden un espacio irregularmente piramidal  conformado por siete huesos que dan forma a sus cuatro paredes (<a href="#fig1">Figura 1</a>). De  todas, la pared interna de la órbita es la más delgada y está conformada en  buena parte por la lámina papirácea del etmoides, una delgadísima capa de hueso  que separa los contenidos de la órbita del seno etmoidal. La pared inferior de  la órbita está conformada por el techo del seno maxilar. Esta pared es  particularmente susceptible a fracturas en caso de trauma orbitario, pudiendo  quedar atrapados los músculos en la brecha de la fractura. También se la  prefiere cuando se sospechan lesiones óseas tumorales pues una de las  limitaciones de la RM es su inhabilidad para evaluar con precisión estructuras  que como el hueso, poseen elevado contenido cálcico. Cuando se ordena una TC es  indispensable solicitar la inclusión en el estudio de proyecciones coronales,  así como la administración de contraste yodado.</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><a name="fig1"></a> </P>     <P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v113n2/art04.fig1.gif" width="345" height="375" align="center"></P>     
<P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><b>Figura 1.</b> Proyección axial esquemática de la órbita.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La órbita constituye quizá una de las pocas  áreas del encéfalo en las que la TC no ha sido desplazada por la RM; antes bien,  en la mayoría de los casos ambos estudios se complementan.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Aspectos técnicos </font> </B><font face="Verdana" size="2">(3)</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La RM es útil en la evaluación de tejidos blandos. Diferentes  grados de relajación de los protones, imparten diversas intensidades a las  imágenes obtenidas. Por su parte, las escalas de grises de las imágenes  generadas por un tomógrafo o un equipo radiológico convencional están  directamente relacionadas con la densidad de los electrones del tejido en  cuestión. A mayor densidad, mayor capacidad de absorber los rayos X y en  consecuencia menor transmisión de los mismos a la placa fotográfica. El  resultado es una imagen más clara; lo contrario ocurre con tejidos blandos, los  cuales generan escalas oscuras de grises.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Con la RM se aplica un principio diferente: en primer lugar los  tejidos no son sometidos a radiación ionizante. La formación de imágenes  generadas por el resonador está directamente relacionada con la capacidad de  excitación y relajación de los protones que han sido sometidos a un campo  magnético de altísimo poder. El resonador genera una onda de radio de frecuencia  específica, la cual ocasiona un cambio en la rotación de los protones (el átomo  de hidrógeno, el más abundante en el cuerpo humano, consiste en un solo protón).  Gracias a la forma como cambia la orientación de las cargas eléctricas de los  protones sometidos al mencionado estímulo, se reconocen principalmente dos  estados: el estado T1, en el cual las escalas de grises reflejan el tiempo de  relajación de los electrones una vez cesado el estímulo de radiofrecuencia  magnética excitatoria. Los tejidos con un tiempo T1 rápido, producen escalas de  grises muy claras, por ejemplo la grasa orbitaria. En el extremo opuesto del  espectro se encuentran las estructuras con tiempo T1 muy prolongado, las cuales  producen tonalidades grises oscuras, como por ejemplo el humor vítreo.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">El estado T2 representa el tiempo durante el cual los protones  giran una vez aplicado el estímulo de radiofrecuencia. Las secuencias T2 son más  sensibles al contenido acuoso de los tejidos, por ello los líquidos o sustancias  orgánicas con alto contenido de agua, aparecen en la imagen de color blanco o  tonalidad clara. Los tumores y tejidos inflamados poseen alto contenido de agua  y generalmente exhiben tonalidades de grises más claras en T2 que el tejido  sano. En general se acepta que los estados T1 permiten reconocer detalles  anatómicos con mayor precisión y el estado T2 reconoce mejor los aspectos  funcionales como el edema o la isquemia. Existe un estado "intermedio" conocido  como densidad protónica, el cual combina los tiempos de relajación lenta del  estado T2 con tiempos de excitación corta del estado T1. Las imágenes en este  estado se obtienen al mismo tiempo que se generan las imágenes de los estados  T2. La densidad protónica combina la información anatómica del T1 con los  detalles funcionales o fisiológicos del estado T2.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">De la anterior discusión es fácil deducir que cada tejido posee  una escala de grises que le es particular, lo cual orienta al observador en su  identificación. Aun cuando se trata de una exagerada simplificación, conviene  reconocer las siguientes características en una resonancia magnética cerebral u  orbitaria (<a href="#cua1">Cuadro 1</a>).</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><a name="cua1"></a></P>     <P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="2">Cuadro 1</font> </b><font face="Verdana" size="2">Comportamiento de diversos tejidos en la resonancia</font> <font face="Verdana" size="2">magnética</font></P>     <CENTER>     <div align="center"> <TABLE cellSpacing=1 cellPadding=4 width=394 border=1>   <TBODY>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Estructura</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">T1</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">T2</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">LCR</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">negro</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">blanco</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Sustancia gris</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">gris</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">gris</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Sustancia blanca</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">blanco</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">oscuro</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Hueso</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">oscuro</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">oscuro</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Sangre (aguda)</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">gris</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">oscuro</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Sangre (subaguda)</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">blanco</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">variable</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Sangre (crónica)</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">oscuro</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">oscuro</font></P></TD></TR>   <TR>     <TD vAlign=top width="137">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Grasa</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="102">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">blanco</font></P></TD>     <TD vAlign=top width="115">           <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">oscuro</font></P></TD></TR></TBODY></TABLE> </div> </CENTER>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Por lo general, la anatomía orbitaria se aprecia con mayor  detalle en secuencias de estado T1 debido principalmente a un mejor contraste  entre la grasa orbitaria y los demás elementos allí contenidos, sin embargo, a  menudo la elevada señal producida por la grasa orbitaria obstaculiza la  apreciación de detalles finos. Deben por ello emplearse técnicas de supresión de  la señal emitida por la grasa mediante el uso de antenas de superficie que  amplifican las señales "débiles" y anulan el "ruido" producido por la alta señal  propia de la grasa, permitiendo además la adquisición de la imagen en menor  tiempo. Estas técnicas, conviene mencionarlo, imponen un significativo coste  adicional al estudio.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Tomografía computarizada vs resonancia magnética - ¿Cuál  escoger?</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Órbita en general </font> </B><font face="Verdana" size="2">(2,4-6)</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Debe preferirse la RM cuando se pretende evaluar tejidos  blandos, pues el hueso y los tejidos con alto contenido de calcio producen  señales poco destacadas a menos que se encuentren en íntima vecindad con algún  otro tejido de señal clara. Por ejemplo, el hueso cortical de las órbitas  contrasta bien contra la grasa orbitaria pero muy mal contra el aire de los  senos paranasales.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Por contraposición, la TC es el método a escoger al evaluar  tejidos o estructuras como el hueso con alto contenido cálcico (<a href="#fig2">Figura 2</a>).</font>  </P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><a name="fig2"></a>  </P>     <P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v113n2/art04.fig2.gif" width="400" height="309" align="center"></P>     
<P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><b>Figura 2.</b> Tomografía computarizada de órbitas, proyección  axial. El posicionamiento adecuado del paciente permite alinear en un solo corte  el cristalino, nervio óptico intraorbitario y foramen óptico.</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Las ventanas óseas son de particular utilidad para evaluar  traumatismos órbito-faciales pues los trazos de fractura son fácilmente  apreciables; por ello también, las metástasis óseas son bien destacadas por este  método. Otras condiciones que con frecuencia afectan el hueso orbitario son la  displasia fibrosa, los osteomas, meningiomas pterionales y las metástasis óseas  provenientes de pulmón, próstata o mama, por ejemplo. En niños, destacan el  sarcoma de Ewing, el neuroblastoma y los tumores de estirpe embrionaria.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Entre las ventajas de la TC destaca la mayor velocidad de  adquisición de imágenes y su menor coste, lo cual es particularmente útil en  servicios de emergencia o cuando el factor tiempo es determinante, como por  ejemplo en niños pequeños. En la órbita, la RM resulta superior en la evaluación  de lesiones de los músculos extraoculares, grasa orbitaria, glándulas lacrimales  o tejido linfoide.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Globo ocular </font> </B><font face="Verdana" size="2">(1,2,6)</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La mayoría de lesiones intraoculares son accesibles a la  oftalmoscopia directa o indirecta. La TC y RM son menos importantes en la  evaluación de estructuras intraoculares que otros métodos de exploración, sin  embargo, ellas a menudo advierten acerca de la presencia de alguna anormalidad  intraocular que luego podrá evaluarse con mayor detalle mediante otras  exploraciones.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Nervio óptico </font> </B><font face="Verdana" size="2">(1,2,6)</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La RM es sin duda superior a la tomografía en la evaluación del  nervio óptico. La baja señal del nervio óptico contrasta muy bien con la alta  señal del líquido cefalorraquídeo que contenido en la vaina meníngea perióptica  le rodea. No obstante una TC contrastada, de buena calidad técnica y adecuado  posicionamiento del paciente, también permite destacar el nervio dentro de su  vaina. Cuando el nervio óptico se encuentra engrosado (tumor, infiltración,  placa desmielinizante) la RM es superior a la TC, sin embargo, esta última es  muy útil para demostrar calcificaciones así como también la característica  dilatación quística del nervio en su porción más distal como en el caso de  meningiomas de la vaina del nervio óptico. Por su parte los gliomas del nervio  óptico son mejor evaluados con la RM, porque destaca claramente la  hiperintensidad de la hiperplasia aracnoidea que le confiere tortuosidad y  aspecto abollonado. Además, permite evaluar la extensión intracraneal de estos  tumores que a menudo siguen la vía óptica anterior hasta el quiasma y aun el  tracto óptico.</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Las neuritis ópticas pueden expresarse por la presencia de  placas desmielinizantes en la sustancia del nervio óptico y a lo largo de su  trayecto en forma de parches de alta intensidad de señal, de extensión variable,  que contrastan con el nervio sano, especialmente cuando se emplean técnicas de  supresión de la grasa orbitaria mediante el uso de antenas de superficie.</font>  </P><B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Músculos extraoculares </font> </B><font face="Verdana" size="2">(1,2,6)</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La visualización de los músculos extraoculares es bastante  adecuada tanto en la TC como con la RM de órbitas. Existen sin embargo algunas  circunstancias en las cuales debe preferirse uno u otro estudio. Así, por  ejemplo, la orbitopatía distiroidea de Graves puede ser estudiada en forma  adecuada con una TC de las órbitas que incluya proyecciones coronales. Esta  patología afecta principalmente al vientre muscular en su porción central,  respetando el tendón de inserción a nivel del globo ocular, lo cual le imparte  al músculo un aspecto fusiforme comparable a una ‘botella de coca-cola’. Además,  la proyección axial permite observar el característico aumento fusiforme de los  músculos extraoculares así como asimetrías de volumen muscular. Los músculos más  precozmente afectados suelen ser los rectos mediales e inferiores. La proyección  coronal por su parte, permite apreciar las diferencias de volumen de músculos  homónimos entre ambos ojos y adicionalmente ayuda en la sospecha y  reconocimiento de la neuropatía óptica compresiva, incluso mejor que la RM donde  el artefacto óseo y la grasa del vértice orbitario dificultan la visualización  de detalles finos. Por otra parte la infiltración de las glándulas lacrimales y  la grasa orbitaria, propias de la orbitopatía distiroidea, son mejor evaluadas  mediante la resonancia magnética, especialmente en secuencias T2.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Otras formas de afectación muscular como la amiloidosis,  ingurgitación muscular por estasis de sangre en fístulas carótido-cavernosas y  los tumores propios del músculo presentan igual dificultad para su  reconocimiento diferencial tanto con la TC como con la RM.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Lesiones misceláneas de la órbita</font></B> <font face="Verdana" size="2"> (2,5)</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La mayoría de los tumores orbitarios benignos se aprecian bien  por ambos procedimientos. Al considerar una lesión ocupante de espacio en la  órbita, conviene diferenciar dos compartimientos en el cono orbitario: en primer  lugar, el área comprendida entre las paredes óseas de la órbita y los músculos  extraoculares, donde pueden observarse linfomas, linfangiomas, hemorragias,  lesiones metastásicas y abscesos por contigüidad con los senos paranasales. En  segundo lugar, el área que se encuentra propiamente entre los músculos  extraoculares, la cual puede ser asiento entre otras, de meningiomas de la vaina  del nervio óptico, gliomas, hemangiomas cavernosos, várices orbitarias,  enfermedad inflamatoria idiopática de la órbita y malformaciones vasculares.</font>  </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La mayoría de las lesiones intraorbitarias exhiben una señal  más opaca que la de la grasa orbitaria y se aproximan a la intensidad de los  músculos extra-oculares cuando se las observa en secuencias T1. Por su parte, el  estado T2 las muestra en forma iso o hiperintensa con respecto al músculo (<a href="#fig3">Figura 3</a>). La TC puede ser útil para detectar dentro de una lesión orbitaria,  hemorragias (malformación arteriovenosa) o calcificaciones (meningioma,  hemangioma). Tanto en la TC como en la RM las lesiones con contornos mal  definidos sugieren procesos infiltrativos como linfomas, enfermedad inflamatoria  idiopática de la órbita, celulitis por contigüidad o amiloidosis. El terreno  clínico en el cual se desarrolla el problema permitirá al médico inclinar su  impresión diagnóstica en favor de una u otra etiología.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><a name="fig3"></a></P>     <P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><img border="0" src="/img/fbpe/gmc/v113n2/art04.fig3.gif" width="450" height="491" align="center"></P>     
<P style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>Figura 3.</b> Resonancia magnética cerebral en proyección sagital y estado T2. Se  destacan la hipófisis y la cisterna supraselar conteniendo el quiasma  óptico.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Las lesiones vasculares como malformaciones  arteriovenosas, várices y fístulas carótido-cavernosas, se pueden evaluar bien  con ambas técnicas, sin embargo, la extensión extracavernosa hacia los senos  petrosos se puede apreciar mejor en RM. El estándar de oro para el estudio de  las lesiones vasculares es la angiografía convencional con técnica de  susbstracción digital, que permite obviar los artefactos inducidos por huesos y  tejidos blandos. La angiografía por resonancia magnética aún no ha alcanzado un  grado de resolución necesaria como para desplazar a la angiografía convencional  en el estudio definitivo de los problemas vasculares orbitarios o cerebrales. La  creciente sofisticación tecnológica posiblemente lo permita en un futuro  cercano.</font></P><B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Región selar y paraselar </font> </B><font face="Verdana" size="2">(2,5,7)</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Un conocimiento pormenorizado de la anatomía de la región selar  y paraselar es fundamental para el abordaje de las lesiones que se localizan a  este nivel. Desde el punto de vista imaginológico esta región anatómica que  incluye al seno cavernoso, es la pulgada cuadrada del cerebro que más importa al  oftalmólogo. La hipófisis es una estructura medial que mide aproximadamente un  centímetro de diámetro y se encuentra alojada en una depresión redondeada del  hueso esfenoides denominada silla turca. Cuatro prominencias óseas, las  clinoides, dos anteriores y dos posteriores, la circundan y le imparten su  aspecto característico. La glándula hipófisis está completamente recubierta por  la duramadre con la excepción de su porción más superior, donde existe una  perforación de la meninge que da paso al tuber cinereum o tallo hipofisario que  la conecta directamente con el hipotálamo suprayacente. A escasos 10 mm por  encima de ella se encuentra el quiasma óptico. Los macroadenomas hipofisarios,  así definidos como tumores con un diámetro vertical superior a los 10 mm, pueden  comprimir el quiasma óptico y ocasionar una hemianopsia heterónima bitemporal al  afectar primordialmente las fibras nasales de ambos nervios ópticos que se  cruzan en el quiasma. A cada lado de la hipófisis se encuentra el seno  cavernoso, una verdadera encrucijada vásculo-nerviosa de interés fundamental  para el oftalmólogo. En su interior y a cada lado, discurren el tercero, cuarto  y sexto nervios craneales así como la primera y segunda ramas del quinto o  trigémino. El principal elemento vascular del seno cavernoso lo constituye la  carótida interna. Todas estas estructuras nerviosas y vasculares se encuentran  inmersas en una maraña de diminutas venas entrelazadas.</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La cisterna supraselar, un espacio hexagonal relleno de líquido  cefalorraquídeo (LCR), representa un área de obligatorio conocimiento para el  médico que debe evaluar una TC o RM cerebrales, pues en su crecimiento los  adenomas de la hipófisis y otras lesiones de la región selar y paraselar,  ocuparán esta cisterna alertando al observador de su presencia. Los límites de  la cisterna supraselar son: por delante los giri recti de ambos lóbulos  frontales, a cada lado del uncus del hipocampo y por detrás los pedúnculos  cerebrales y la cisterna interpeduncular. Este hexágono contiene LCR (hipodenso  en la TC; hipointenso en las secuencias T1 e hiperintenso en T2 de la RM). En su  centro se puede apreciar una imagen puntiforme, el tallo hipofisario. Un poco  por detrás de éste, una banda transversal de mayor densidad que el líquido  cefalorraquídeo, representa al quiasma óptico. Cuando un adenoma hipofisario  irrespeta los confines de la celda hipofisaria y crece en sentido cefálico,  ocupará la cisterna supraselar, delatando así su presencia en las proyecciones  axial, coronal y sagital.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Los craniofaringiomas son tumores provenientes de estructuras  vestigiales de la bolsa de Rathke. Al igual que los adenomas hipofisarios pueden  ocupar la cisterna supraselar y presentar un dilema de diagnóstico diferencial.  Puede ser de ayuda su tendencia a presentar degeneración quística y  calcificaciones, estas últimas particularmente en la infancia. Los meningiomas  del tubérculo de la silla completan el trío de lesiones más frecuentes de la  región selar. Son más frecuentes en mujeres perimenopáusicas. El aspecto de los  meningiomas es el de un tumor homogéneo que capta ávidamente el contraste y con  frecuencia se extiende por las meninges de vecindad ("signo de la cola"). Con  frecuencia se puede aprovechar este comportamiento para su identificación  imagenológica. Asimismo pueden presentar calcificaciones dispersas por  degeneración psamomatosa.</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Las lesiones más frecuentes del seno cavernoso son los  meningiomas, los aneurismas de la carótida intracavernosa y las fístulas  carótido-cavernosas. Ocasionalmente un macroadenoma hipofisario puede comprimir  lateralmente al seno cavernoso, particularmente cuando ocurre una apoplejía  pituitaria y el tumor crece bruscamente en sentido transversal. Las metástasis y  el síndrome de Tolosa-Hunt son mucho menos frecuentes. La evaluación del seno  cavernoso en los estudios de imágenes se asienta en el conocimiento de los  contornos normales de esta estructura anatómica. Así, es importante apreciar si  el contorno lateral del seno cavernoso, habitualmente cóncavo se modifica  estableciendo comparación con el seno contralateral, en busca de deformidades o  abultamientos. La porción más anterior del seno cavernoso desaparece  insensiblemente en la fisura oftálmica.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">¿En un momento dado cuál método de diagnóstico por imágenes  escoger? Depende en gran parte del contexto clínico; en general se prefiere la  RM para la evaluación de la región selar y paraselar, sin embargo, puede ser  igualmente útil una TC en la cual se empleen proyecciones coronales y una  elevada dosis de contraste. Las lesiones vasculares como aneurismas y fístulas  carótido-cavernosas requieren el complemento de una angiografía convencional,  especialmente si se plantea la posibilidad de algún tipo de intervención  quirúrgica.</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Otras lesiones de la línea media menos frecuentes como los  quistes dermoides, granulomas y cordomas del clivus, poseen características  imaginológicas bastantes distintivas pero escapan al propósito de esta  discusión.</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Vía óptica retroquiasmática </font> </B><font face="Verdana" size="2">(7,8).</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La vía óptica retroquiasmática ocupa una extensa área del  encéfalo posterior, representada por los tractos ópticos y las radiaciones  ópticas de Gratiolet. La evaluación imagenológica del paciente con una  hemianopsia homónima es generalmente bastante fructífera. Los tumores y procesos  isquémicos o hemorrágicos en los lóbulos temporal, parietal y occipital son con  mucho las causas más frecuentes y todos ellos son fácilmente identificables  tanto por TC como por la RM cerebrales, sin embargo, su caracterización no  siempre es sencilla. La TC puede ser preferible en casos de hemorragia  intraparenquimatosa y para la identificación de meningiomas (eventual presencia  de calcificaciones intratumorales). Por su parte, la RM en la secuencia T2 es  más adecuada para la visualización del edema perilesional en las que se destaca  claramente el aspecto digitiforme hiperintenso del edema tumoral. En algunos  casos un tumor puede ser isointenso con el parénquima cerebral, siendo necesaria  la implementación de técnicas especializadas de resonancia magnética como las  imágenes por difusión y estados de relajación protónica intermedia.</font> </P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Tallo cerebral</font></B> <font face="Verdana" size="2"> (7.8)</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La localización profunda y sus íntimas relaciones con la base  ósea del cráneo hacen del tallo cerebral y la fosa posterior áreas anatómicas de  difícil evaluación mediante la TC cerebral. En consecuencia para su evaluación  debe preferirse la RM. Las proyecciones coronales y sagitales son de particular  utilidad en el diagnóstico de lesiones a nivel de los núcleos de los nervios  oculomotores y tractos asociativos de sustancia blanca.</font> </P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Cabe destacar que el tallo cerebral aloja los núcleos de todos  los nervios oculomotores y su trayecto intraxial. La lesión de estos nervios  frecuentemente se acompaña de síntomas y/o signos neurológicos de alto valor  localizador para el diagnóstico topográfico. Destacan por su frecuencia los  tumores como gliomas y astrocitomas, las lesiones desmielinizantes, propias de  la esclerosis múltiple y los insultos isquémicos y hemorrágicos.</font> </P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Corolario</font></P></B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Concluimos insistiendo en que el aporte de las técnicas de  imagenología en el diagnóstico de las lesiones que interesan la vía óptica y  oculomotora nunca podrán sustituir a la historia clínica detallada y el examen  físico escrupuloso. El médico yerra gravemente cuando pretende soslayar la  importanca del juicio clínico basado en la ponderación de los datos históricos,  ejes rectores del diagnóstico en medicina. La profanación de este precepto, en  el mejor de los casos, sólo puede conducir a diagnósticos casuales  ("incidentalomas").</font></P><B>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> REFERENCIAS</FONT></P></B>     <!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 1. Harms SE. The orbit. En: Edelman RR, Hesselink JR, editores.  Clinical magnetic resonance imaging. Filadelfia: WB Saunders; 1990.p. 598-603.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737718&pid=S0367-4762200500020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 2. Dutton J. Orbital imaging techniques. En: Yanoff M, editor.  Ophthalmology. 2ª edición. St. Louis: Mosby International Ltd.; 1999.p. 649-654.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737719&pid=S0367-4762200500020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 3. Taveras JM. Technical considerations. En: Taveras JM,  editor. Neuroradiology. 3ª edición. Baltimore: Williams &amp; Wilkins; 1996.p. 3-30.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737720&pid=S0367-4762200500020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 4. Atlas SW, Galetta SL. The orbit and visual system. En: Atlas  SW, editor. Magnetic resonance imaging of the brain and spine. New York: Raven  Press; 1991.p.709-722.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737721&pid=S0367-4762200500020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 5. De Potter P, Flanders AE, Shields CL, Shields JA. Magnetic  resonance imaging of orbital tumors. Int Ophthalmol Clin. 1993; 33: 163-173.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737722&pid=S0367-4762200500020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 6. De Potter P, Shields JA, Shields CL. Magnetic resonance  imaging of the eye and orbit. Filadelfia: JB Lippincott; 1995: 3-17.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737723&pid=S0367-4762200500020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 7. Ricci P. Imaging of adult brain tumors. Neuroimaging. Clin  North Am. 1999; 9: 651-669.</FONT> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737724&pid=S0367-4762200500020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align=left style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> 8. Koenigsberg R, Faro SH, Hershey BL, Slegal TL, Mohamed FB,  Dastur CK, et al. Neuroimaging. En: Goetz I, editor. Textbook of Clinical  Neurology. 2ª edición. New York: Elsevier; 2003.p. 427-463.</FONT>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2737725&pid=S0367-4762200500020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="left" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">________________________________________________________________________</font></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%" align="center"><FONT face=Verdana size=2> <b>Salud, nutrición y prosperidad: una perspectiva  microeconómica</b></FONT></p>     <p align="left" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La correlación positiva existente entre salud y prosperidad  económica está ampliamente documentada, pero hay gran división de opiniones en  cuanto a si ello denota o no un efecto causal de la salud en los resultados  económicos. Se examinan aquí dos tipos de elementos de prueba. En primer lugar,  los resultados de estudios cuidadosamente diseñados de asignación aleatoria en  el laboratorio y en el terreno demuestran contundentemente que las carencias  nutricionales —en particular el déficit de hierro— reducen la capacidad de  trabajo y, en algunos casos, el rendimiento laboral. La fiabilidad de esos datos  se ve reforzada por el detallado conocimiento de los mecanismos biológicos  subyacentes. Algunos estudios de asignación aleatoria muestran un mayor efecto  positivo de los servicios de salud en el mercado laboral. En segundo lugar,  diversos estudios observacionales parecen indicar que los marcadores generales  del estado nutricional, como la estatura y el índice de masa corporal (IMC),  tienen un importante valor predictivo del éxito económico, si bien su  interpretación se presta a confusión debido al hecho de que reflejan influencias  de los primeros años de la infancia y del entorno familiar. Otros estudios  observacionales muestran que el aporte calórico y, posiblemente, la calidad de  la alimentación también son variables predictivas de los logros económicos. Sin  embargo, en estos estudios, la identificación de las vías causales no resulta  fácil, y obliga a pergeñar hipótesis estadísticas de difícil verificación sobre  la heterogeneidad no observada. Algunos ejemplos basados en datos de encuestas  demuestran la importancia práctica de esa limitación. Además, el hecho de no  tener en cuenta la interacción dinámica entre los cambios experimentados por la  salud y la situación económica ha determinado que los progresos publicados en la  literatura sean escasos. La ampliación de los estudios de asignación aleatoria  con miras a medir los efectos de una intervención en la prosperidad económica,  la inversión en estudios socioeconómicos longitudinales basados en la población  y la utilización en tales estudios de nuevas tecnologías que pemitirán medir  mejor la salud se traducirán en grandes avances en el conocimiento de los  mecanismos por los que la salud influye en la prosperidad económica.</font></p>     <p align="left" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Tomado del Bulletin of the Wordl Health Organization.  2002;80(2):119.</font></p>       ]]></body>
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