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</front><body><![CDATA[ <FONT face=Times size=5> </FONT>     <P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="3">Francisco Romero Lobo, un centenario</font></b></P>     <P align=center style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>Dr. JJ Villamizar Molina</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT face=Verdana size=2> Cronista de la Ciudad de San Cristóbal. Individuo de Número de  la Academia de Medicina del Estado Táchira</FONT></P>     <P align="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Discurso pronunciado en la sesión solemne de la Academia de Medicina del  Estado Táchira, en conmemoración del centenario del nacimiento del Dr. Francisco  Romero Lobo. Policlínica Táchira, jueves 1º de abril de 2004.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>La plegaria</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">En la noche de júbilo del 27 de agosto de 1980, los labios del  doctor Francisco Romero Lobo dejaron escapar al cielo la tribuna del Colegio de  Médicos del Estado Táchira la siguiente y sublime invocación:</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">"Señor, llena mi ánimo para el arte y para todas las criaturas.  No permitas que la sed de ganancias o la ambición de gloria puedan alejarme del  noble deber de hacer el bien.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Sostén las fuerzas de mi corazón para que sirva por igual al  potentado y al humilde, al rico y al pobre; al amigo y al contrario, al bueno y  al malvado; no viendo en el hombre más que al ser que sufre.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Apártame del camino del vicio para que mi entendimiento  permanezca claro a la cabecera del enfermo y él pueda tener confianza en mí.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Incúlcame, Dios mío, moderación para que no crea que todo sé y  que todo lo puedo, pero hazme insaciable para la ciencia y el saber".</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Era la invocación que su colega, el doctor Ernesto Becerra  había pronunciado hacía veinticinco años también en el Colegio de Médicos del  Táchira.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">El Doctor Francisco Romero Lobo, que así se expresaba, era un  hombre nacido en las cumbres de los Andes, donde el viento paramero acaricia con  dedos apolíneos y níveos la flor inmaculada y enhiesta del frailejón. Un hombre  firme como el carácter de los hijos de esa tierra de amarillas floraciones y de  nieves puras. Robusta como se erguía la casa en la aldea Mocao del campo El  Molino, localidad muy cercana al pueblo de Moconoque donde el Libertador Simón  Bolívar encontró al indio Trinjacá y a su perro Nevado que con suma fidelidad le  habrían de acompañar hasta rendir gloriosamente sus vidas en la batalla de  Carabobo. Sólida como la recia personalidad del cardenal José Humberto Quintero  y densa, reposada y majestuosa como la losa sepulcral que cubre los despojos del  ilustrísimo mons. doctor Jesús Manuel Jáuregui Moreno. Porque todo hombre que  nace en Mucuchíes o que es animado por su viento vivificante lo hace con  vocación de altura.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">La plegaria oída proclama la simbiosis de la doble función del  médico. La simbiosis más preciada del sentido dual de un asclepíade. Porque como  escribió San Isidro de Sevilla, la medicina se llama segunda filosofía. Pues una  y otra ciencia se ocupan del hombre entero. Porque así como la filosofía cura el  alma, así la medicina cura el cuerpo. Y el hombre cuyo centenario hoy  celebramos, ungido con el óleo sagrado de las más puras virtudes cultivó y  practicó las dos ciencias: la del alma y la del cuerpo.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Nació el doctor Francisco Romero Lobo el 4 de abril de 1904 en  el hogar formado por don Leopoldo Romero Moreno y doña Dominga Lobo. Provenían  los progenitores de estirpes aragonesa y asturiana asentadas la una en las  cumbres andinas y la otra en las llanuras de Venezuela, para entrelazar sus  armas con hilos níveos tomados de la alta serranía y con las hebras de los  fulgores andantes de nuestros ríos, puesto que los blasones del uno ostentan:  "Escudo cuartelado. 1º y 4º, en campo de oro un romero de sinople, y 2º y 3º en  campo de oro un león rampante de gules" y la heráldica de la otra exhibe: "En  campo de oro, dos lobos de sable; bordura de gules, con ocho aspas de oro".</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">De esta manera don Leopoldo era oriundo de Mucuchíes y doña  Dominga provenía de los llanos zamoranos. Conjunción armónica como la que canta  el maestro Marco Antonio Rivera Useche en su suite "Llano y montaña".</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Un centenario es una cadena de oro. Desde el nacimiento de  Jesús son veinte los engranajes que relumbran en la historia universal. El  eslabón es la impalpable articulación, la milagrosa unión de los segmentos del  tiempo. En este caso los eslabones llegaron a articularse con gallarda y  deslumbrante unión en el arte humanitario y eterno de la medicina de  Esculapio.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Del páramo descendió —sin dejar nunca la altura— a la ciudad de  las Cinco Águilas Blancas, conducido de la mano de su ilustre tío, el doctor  Heriberto Romero, famoso cirujano, quien como orientador y anhelante padrino, le  alojó en su casa y le condujo por el camino incipiente de la vida. En Mérida  descollaba el Colegio "Sagrado Corazón de Jesús" de don Rafael Antonio Godoy y  las aulas del Liceo en la Universidad de los Andes, regentado entonces por el  eminente doctor Diego Carbonell. Allí brillaban lumbreras esplendentes que  fueron sus maestros como el Dr. Antonio Justo Silva, Enrique María Dubuc,  Caracciolo Parra León, Dr. Florencio Ramírez y otros que presenciaron su grado  de bachiller en 1924. De allí pasó a la Universidad Central de Venezuela a  estudiar medicina. Era la Caracas apacible en su rostro aunque seriamente  reprimida, pero despertada bruscamente de cuando en cuando como sucedió durante  la convulsión estudiantil de 1928.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Los integrantes de esta valiente generación fueron siempre  amigos del doctor Francisco Romero Lobo. El cuenta quienes fueron algunos de sus  ilustres profesores en la prestigiosa Universidad del Avila: José Izquierdo, de  anatomía; Enrique Tejera, de medicina tropical; y Francisco Antonio Rísquez, de  semiología general y patología interna. En el Hospital Vargas el sabio insigne  Prof. Luis Razetti de clínica quirúrgica; el Prof. Perdomo Hurtado, de clínica  médica; y Leopoldo Aguerrevere, Prof. de clínica obstétrica.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Siempre recordó con respetuosa admiración al maestro Razetti,  por sus excepcionales condiciones humanas de sapiencia, integridad profesional y  responsabilidad moral. Fue Razetti el autor del famoso Código de Moral Médica,  que hoy tiene vigencia en casi todos los países de la América Latina. Razetti  fue su guía científico y moral en todo momento. Así llegó el 19 de septiembre de  1930 cuando recibió los títulos de médico cirujano y doctor en ciencias médicas.  Fueron sus compañeros de grado José Rojas Contreras, Miguel Angel Rodríguez  Rojas, Horacio Chacón Vargas, Humberto Tosta Pérez, Pedro Scarchiofo, César  Quintana, Antonio Ramón Silva, Miguel Angel Espinoza, Martín Valdivieso y  Ernesto Becerra.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">La senda de la vida estaba señalada. Ahora había que comenzar a  recorrer por esos caminos abiertos pero desconocidos de la existencia.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>La marcha por la vida</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Los móviles que impulsaron sus pasos fueron siempre firmes,  seguros y orientados hacia un norte que era el bienestar de sus semejantes.  Cuando Jesús de Galilea tomó su camino desde el pueblo de Caná de Galilea, sabía  que habría de encontrar en las veras de su senda a los pescadores, a los  leprosos, al monte de las bienaventuranzas, a la hija de Jairo, al borrico que  lo portaría en la entrada triunfal en Jerusalén. Pero presentía también que en  su camino encontraría a Moisés y a Elías en la cumbre del Tabor, donde se  revelería toda su diafanidad y toda su gloria. Romero Lobo no imaginaba lo que  le sucedería en los sesenta y tres años restantes que le proporcionaría la  existencia. Pero su estrella era la fe. Su escudo la bondad, su esperanza el  conocimiento de los hombres. Así llegó al Guárico donde fue médico de sanidad y  al Zulia donde fue médico jefe de The Colon Developement Company. Pero la  estrella de Bahalam no había señalado aún su detención sobre el límpido y  definitivo portal de Belén. Entonces entró al Táchira por la ciudad de La Grita  y cuando arribó al Hospital Vargas de San Cristóbal se impuso de la meta de su  destino. La meta de su vida y de su amor. Porque aquí en San Cristóbal descubrió  a Cecilia Ferrero Tamayo gentil, pura, radiante, como el lucero más preciado del  firmamento sancristobalense. Ella era hija del insigne y respetable don Aurelio  Ferrero Troconis, caballero apreciable por mil títulos y uno de los fundamentos  de la San Cristóbal de su tiempo. Con doña Cecilia formó su hogar y con ella  cumplió la ley de la procreación dándole a la patria diez hijos. Uno de ellos,  el doctor Francisco Romero Ferrero, seguiría muy de cerca sus pasos, porque se  haría cirujano como él, llegando, para seguir su ejemplo, a ser presidente de la  Sociedad Venezolana de Cirugía de 1997 a 1999, y porque hoy es Individuo de  Número probablemente entrante a la presidencia de la Academia de Medicina del  Estado Táchira para el próximo lapso estatutario.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">La ciudad de San Cristóbal y las salas del Hospital Vargas  fueron la tierra prometida de Francisco Romero Lobo. El Vargas era entonces el  primer centro hospitalario del interior del país. Allí estaban Rafael Zamora  Pérez, Pedro Felipe Arreaza Calatrava, Albano Adriani, Ramón Ignacio Chacón,  Gonzalo Vargas Zúñiga, José Rafael Rangel y Philips Harzt. Una pléyade de  médicos jóvenes arribaría pronto, y entre todos ellos modernizarían la ciencia  médica regional, crearían la Sociedad Médica y el Colegio de Médicos del Táchira  y elevarían a niveles insospechados la medicina, la cirugía, la ortopedia y  traumatología y en general, todas las especialidades con que contaba el  escenario médico venezolano de la época. El Vargas es la cuna de las  especialidades médicas en el Táchira. Allí en el Vargas, entre el trajinar  corriente, ocurrieron hechos y maravillas como sus sapientes sesiones anátomo  clínicas semanales y como la operación practicada el 7 de junio de 1951 por él,  jefe del servicio de cirugía y por el Dr. Ernesto Santander, jefe del servicio  de urología bajo el título de "Trasplante uretral a neovejiga formada a expensas  del ciego, colon ascendente y parte del transverso y formación de uretra ileal".  Se trataba de un caso quirúrgico difícil y delicado, que fue muy detenidamente  analizado desde todo punto de vista durante varios meses antes de la operación.  Porque como dejó escrito Shakespeare, los males desesperados se alivian con  remedios desesperados, o no tienen alivio. Se orientaron debidamente los  cirujanos en el interesante trabajo de RK Glicheist, Merriots, Howard y Tierge  de Chicago (Surgery, Gynecology and Obstetry, junio 1950), referente al  primer caso operado con éxito el 13 de octubre de 1949 en el Hospital  Presbiteriano de Chicago, después de haber practicado el original procedimiento  quirúrgico en perros durante algún tiempo. El segundo caso conocido, el de los  doctores Francisco Romero Lobo y Ernesto Santander, era el primero realizado en  Venezuela —quizá el segundo en el mundo— porque la literatura consultada no  citaba otro caso semejante.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>El Hospital Central</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Cuando inició sus labores en el Hospital Central en agosto de  1958, este centro asistencial era el décimo en la América Latina. Durante 25  años permaneció el Dr. Francisco Romero Lobo en él como jefe del servicio de  cirugía 1 cuyos adjuntos fueron el Dr. Germán Pineda Romero y el Dr. José Luis  Rincón Santos. El Dr. Romero Lobo se dedicó especialmente a la cirugía del tubo  digestivo; a la cirugía ginecológica y a la cirugía de la pared abdominal,  siendo pionero en el uso de los injertos de duramadre en las plastias  abdominales, así como también en las úlceras de miembros inferiores.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Durante su ejercicio como jefe de servicio, se dedicó a la  docencia universitaria, siendo profesor de clínica quirúrgica de los estudiantes  de la Universidad de los Andes.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Después de jubilado en 1976, solicitó que lo dejaran como  asesor emérito del hospital.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>Trabajos científicos</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Son numerosísimos, especialmente en el campo de la cirugía. La  Sociedad Venezolana de Cirugía de la cual fue su presidente durante el lapso  1965-1967, la Sociedad Venezolana de Traumatología, el capítulo tachirense de  cirugía, el capítulo tachirense de obstetricia y ginecología y otras  asociaciones científicas dan razón de su inmensa y fecunda labor investigativa y  de su incansable trabajo y fecunda experiencia llevados a las páginas de las  revistas; libros y boletines científicos. Así lo atestigua, entre otras fuentes,  el Boletín de la Sociedad Médica del Hospital Vargas, cuya colección completa se  encuentra en la Academia Nacional de Medicina.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>Sumo gremialista</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">El doctor Francisco Romero Lobo es uno de los fundadores del  Colegio de Médicos del Táchira, el primero que en 1941 se constituyó en el país  y que vendría a ser pilar fundamental para la creación de la Federación Médica  Venezolana. Fue presidente del Colegio de Médicos del Táchira de 1951 a 1952, y  de 1954 a 1955. Asistió como delegado por el Táchira a muchas reuniones de la  Federación Médica Venezolana y fue vicepresidente de esta connotada institución  entre 1953 y 1954. Siempre se mantuvo pendiente de los problemas gremialistas de  sus colegas.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>El sendero humanitario</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Con todas estas aportaciones, el doctor Francisco Romero Lobo  siguió con gran preocupación el desarrollo de la cirugía en Venezuela y el  mundo, a través de jornadas, congresos, revistas y todos los medios de  actualización médica. Pero dentro del ejercicio de la medicina y la práctica de  la cirugía mayor, no olvidó nunca el compromiso del hombre con la humanidad  urgida en todos los aspectos. A sus experiencias en Guárico y en Casigua se  sumarían ahora los contactos directos con los problemas de los menesterosos con  que le confrontaban su condición de director de sanidad del Estado Táchira, la  presidencia de la Junta de Beneficencia regional, los pacientes quirúrgicos y  traumatizados del Seguro Social, y los pacientes de la Cruz Roja de la cual fue  presidente de 1950 a 1953 y donde acudía una gran masa de gente adolorida y de  bajos recursos. A ello se sumaba sus excursiones por el interior del estado,  como por el Hospital San Roque de Pregonero, el Hospital las Mercedes de Colón,  el Hospital Padre Justo de Rubio y el hospital San Vicente de Paúl de San  Antonio. Todo esto lo ponía en relación no sólo con el acontecer médico de las  regiones que visitaba, sino también con los problemas sociales, materiales, de  pobreza, de necesidad de educación y de pauperismo general. El cúmulo de estos  factores fueron creando y agigantando en él una gran sensibilidad social y un  deseo vehemente por aliviar las penas de los más desposeídos, y no sólo de  aliviar sus padecimientos corporales, sino sus necesidades espirituales,  anímicas, materiales y comunitarias. Estas inquietudes y su anhelo de procurar  la solución de tantas condiciones adversas, le llevaron a ser miembro de la  Asamblea Nacional Constituyente de 1945 a 1947; miembro de la Asamblea  Legislativa del Estado Táchira; senador suplente y principal al Congreso  Nacional; presidente ejecutivo ad honorem de la Fundación para el  desarrollo del Estado Táchira (FUNDATACHIRA) de 1963 a 1971, concejal y  presidente del Ayuntamiento del distrito San Cristóbal en dos oportunidades.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>El municipalista</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Las últimas designaciones revelan su gran apego por la ciudad y  los deseos porque San Cristóbal progresara en toda índole de niveles,  culturales, literarios, materiales y comunitarios. Su más viva intención era  adecentar la ciudad y hacerla más cónsona y propicia para la felicidad de  quienes en ella vivían. Así fue como se dirigió a Estados Unidos para  actualizarse en asuntos municipales que promovían una sociedad moderna.  Resultados de esas observaciones y estudios fueron el diploma de la University of Southern California School of Public Administration, of  management training in municipal administration, en los Angeles, California,  en octubre de 1964 y el diploma del X Congreso Interamericano de  Municipalidades, (reunido en Louis Ville Kentucky) Estados Unidos del 4 al 8 de  octubre. Con este bagaje regresó a San Cristóbal a poner todos los nuevos  conocimientos en práctica, y fue así como escribió dos folletos importantísimos.  El primero es El Municipio, núcleo primario de la nacionalidad y base de la  democracia. Dos años de acción municipal. San Cristóbal enero de 1966. El  segundo es Observaciones y estudios de asuntos municipales. Informe presentado a  Fundacomún sobre el seminario de la Universidad de California del Sur para  concejales (EE.UU). Barquisimeto noviembre de 1964. Además de ello dictó una  conferencia sobre asuntos municipales en el Rotary Club de San Cristóbal en  diciembre de 1964.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Deferencia especial con la ciudad de San Cristóbal fue la que  demostró en la obra del cuarto centenario de su fundación. A este respecto trajo  a su urbe amada el VI Congreso Venezolano de Cirugía, el cual alcanzó gran éxito  y realzó en forma científica y elocuente las conmemoraciones del  cuatricentenario. Inquietud elocuente de quien fue Individuo de Número del  Centro de Historia, convertido desde el 23 de mayo de 1922 en Academia de  Historia del Táchira, lecho de reposo donde el espíritu duerme, como definió  Fontenelle.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Por sus afanes y realizaciones municipalistas recibió el  "Emblema de Oro Ciudad de San Cristóbal" el 31 de marzo de 1969, la máxima  consideración que concede la municipalidad, y que es otorgada a aquella persona  que por su espíritu emprendedor y su amor a la ciudad se haya hecho acreedor a  tal distinción.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>La Academia de Medicina del Táchira</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">El hombre verdaderamente grande tiene como máxima aspiración  prolongarse en el tiempo, máximo cuando ha sido un sabio, un maestro y un  benefactor. Así lo hicieron Aristóteles, y Platón, y entre nosotros el maestro  Luis Razetti. La idea de esta Academia de Medicina inundó la mente del doctor  Francisco Romero Lobo durante largo tiempo, especialmente durante las últimas  décadas de su vida, cuando fue Miembro Correspondiente Nacional por el Estado  Táchira de la Academia Nacional de Medicina, docta institución a la cual se  incorporó como Miembro Correspondiente Nacional por el Estado Táchira, con el  puesto Nº 14, desde el 12 de febrero de 1970 y donde permaneció hasta su muerte,  acaecida el 25 de agosto de 1993. De esta docta institución, así como de la  Academia de Medicina de Zulia recabó las informaciones y asesorías concernientes  así como recibió el apoyo de eminentes figuras de la medicina nacional como los  doctores Pedro Rincón Gutiérrez, José Trinidad Rojas Contreras y Hugo Murzi. A  estos efectos, en los años que precedieron a 1987, nos envió a unos cuantos  médicos de la localidad una obligante esquela donde nos daba a conocer su  ambicioso proyecto, a la vez que nos pedía adherirnos y coadyuvar en él y nos  solicitaba el currículum vitae. La idea y la acción se fueron ampliando  hasta formar la comisión organizadora y así llegó el 7 de marzo de 1987, cuando  la gobernadora del Estado, Prof. Luisa Teresa Pacheco de Chacón, por decreto  ejecutivo Nº 19 de esa fecha creó la Academia de Medicina del Estado Táchira, la  cual había sido la máxima aspiración de la Sociedad Médica. Procuró el ilustre  galeno que su Academia no tuviese la más mínima contaminación política, y ese  aspecto, como herencia suya, se ha logrado mantener hasta nuestros días.</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>El hombre universal</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Ser universal significa estar proyectado a todos los horizontes  de acción y pensamiento del mundo. El doctor Francisco Romero Lobo supo estudiar  al hombre en toda su dimensión, deteniéndose a considerar su naturaleza, su  hábitat y sus apetencias y necesidades prioritarias. Por ello sus  consideraciones abarcaron un gran espectro humano social. El hombre ya como  paciente o ser social que tiene su manera peculiar de existir en el mundo, o ya  como integrante de una gran familia que es la patria fue la finalidad de su  consagración vital y profesional. Por el hombre y la patria laboró con  incansables mística y tesón. El hombre y la patria fueron centro de sus análisis  y estudios. Quizá la más resaltante de las labores realizadas en este sentido  culminó con su nombramiento de embajador extraordinario y plenipotenciario de  Venezuela ante la Santa Sede en marzo de 1972 y ante la Soberana Militar Orden  de Malta donde estuvo activo desde noviembre de 1972 a abril de 1974. Quiso así  el gobierno de Venezuela enaltecer a uno de sus hombres más íntegros y  virtuosos, y fue complacencia para Su Santidad Pablo VI recibir ante la Sede  Apostólica a uno de los representantes más puros y cristianos de la América  Latina, conocedor a profundidad del drama, condiciones y potencialidades de  estos países, entre ellos Venezuela.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"><b>Historia de la medicina en el Táchira</b></font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">El Doctor Francisco Romero Lobo no quiso partir a la eternidad  sin dejar compendiada para siempre la historia de la medicina en el Táchira en  un hermoso libro. Allí están estampados el origen de nuestro arte y nuestra  ciencia: la fundación y trayectoria de nuestros dos primeros hospitales: el San  Juan de Dios y el Vargas. La misma fundación y trayectoria de los hospitales  interioranos de nuestra entidad; las semblanzas de los primeros médicos de que  se tenga recordación en esta parte de los Andes. Todo está hilvanado con un arte  supremo y con un transido sentimiento humanitario y de amor a la ciencia. El  banco de Fomento Regional Los Andes (Banfoandes) de cuya junta directiva fue  miembro principal desde 1951 hasta 1954 ha querido contribuir al lucimiento de  este centenario publicando la segunda edición del libro, así como ha sido su  deseo ofrecer generosamente su coral y otras galanuras para la dignificación del  acto de esta noche. Es ésta una de las tantas manifestaciones con que la  sociedad tachirense se adhiere a este jubiloso y justo homenaje.</font></P>     <P align=justify style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Con la "Historia de la Medicina en el Táchira" y con la  clamorosa respuesta de gratitud del pueblo tachirense, el brillo de este  centenario queda esplendiendo perpetuamente en el cielo de los Andes, como una  estrella rutilante cuyos lampos iluminarán a las presentes y futuras  generaciones.</font></P>      ]]></body>

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