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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Etiopatogenia de la preeclampsia</font></b></p>     <p align="center"><b><font face="Verdana" size="2">Drs. Francisco A Yegüez Marín  *, Olivar C Castejón S **</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">* Investigador asociado de la  Unidad de Perinatología. Universidad de Carabobo. Ciudad Hospitalaria “Dr.  Enrique Tejera”. Valencia Edo. Carabobo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">** Centro de Investigación y  Análisis Docente Asistencial del Núcleo Aragua (CIADANA). Universidad de  Carabobo. Laboratorio de Microscopia Electrónica. Valencia Edo. Carabobo.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">INTRODUCCIÓN</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los trastornos hipertensivos  propios del embarazo comprenden un abanico de posibilidades que van desde la  preeclampsia (PE) a la eclampsia (E), caracterizada por la tríada clásica de  hipertensión arterial, proteinuria y edema y que puede hacer su aparición en un  período que va desde la semana 20 de gestación hasta el puerperio inmediato.  Puede llegar a complicar hasta el 10 % de los primeros embarazos (1) y  constituyen actualmente un importante problema de salud pública, debido a la  significativa morbimortalidad materno-fetal que originan por restricción del  crecimiento fetal, parto prematuro y/o asfixia perinatal; asimismo, la madre  está expuesta a complicaciones como el abruptio placentae, convulsiones,  hemorragia intracerebral y daño hepático o renal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A lo largo de los años han sido  numerosas las investigaciones que han puesto en evidencia las repercusiones de  esta enfermedad sobre la morbimortalidad maternofetal. En ese sentido, Meis y  col. (2) refieren que hasta el 15 % de los partos prematuros son debidos a  preeclampsia. Livingston y Maxwell (3), afirman que en países desarrollados, la  preeclampsia es consistentemente responsable de 10 %-15 % de la mortalidad  materna. Mundialmente, hay aproximadamente 76 000 muertes cada año debido a  preeclampsia. Atrash y col. (4), demostraron que cerca de 18 % de las 1 450  muertes maternas en Estados Unidos, entre los años de 1987 y 1990, fueron  ocasionadas por la hipertensión inducida por el embarazo. Fathalla (5) en nombre  de la FIGO, refiriéndose a seguridad materna, afirmó que cada minuto una mujer  muere en relación con el embarazo y el parto, y que es la preeclampsiaeclampsia  una de las principales entidades causante de mortalidad materna en países  desarrollados.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En Venezuela, Guariglia y  Herrera (6), afirman que 85 % de las mujeres con hipertensión inducida por el  embarazo (HIE) son primigrávidas y que en estas, su ocurrencia es mayor en  menores de 21 y mayores de 35 años. Arcay y Rodríguez en el estado Carabobo (7),  durante el período 1958-1969, reportaron una mortalidad perinatal de 30 % debida  a PE. Agüero y Aure (8) en el período 1939-1968, encontraron una mortalidad  perinatal por PE del 33,4 %. Gutiérrez y col. (9) en el período 1975-1986  encontraron cifras de mortalidad perinatal de 28 % debidas a PE. Más  recientemente, Uzcátegui y Toro (10) en el período 1974-1990, reportaron una  mortalidad perinatal de 14,78 %, lo cual significó un descenso significativo en  relación con investigaciones previas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En relación con la mortalidad  materna por preeclampsia, Agüero y Aure (8) durante el período 1959-1974,  reportaron que la mortalidad materna se ubicó entre 0,18 %-0,19 % y Gutiérrez y  col. (9) en el período 1975-1986, encontraron una mortalidad muy parecida a la  anterior de 0,21 %. García y col. (11) evaluando la mortalidad materna en  hospitales de Maracaibo durante el período 1993-2000, encontraron una tasa de  mortalidad global de 121,80 por cada 100 000 nacidos vivos y dentro de estas, el  27,77 % correspondió a muertes maternas debidas a trastornos hipertensivos  asociados al embarazo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estas cifras son  desalentadoras, puesto que se dan en el contexto del surgimiento de innumerables  avances tecnológicos y del conocimiento en el campo de la medicina,  constituyéndose de esta manera, la PE, en una patología en permanente reto al  intelecto del investigador, orientado este reto hacia la búsqueda de respuestas  terapéuticas contundentes que conduzcan en alguna medida a reducir la  morbimortalidad materno-fetal.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Etiopatogenia</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En relación con la  etiopatogenia de la PE, las evidencias sugieren la interacción de múltiples  factores que alteran el ambiente materno fetal generando consecuencias  devastadoras tanto para la madre como para el feto:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Reyna-Villasmil y col. (12),  en su investigación sobre estrés oxidativo en embarazadas antes y después del  parto, empleando reacciones enzimáticas para medir las concentraciones  nitrato/nitrito y determinando en plasma y placenta los niveles de sustancias  reactivas al ácido tiobarbitúrico (TBARS), un producto de la peroxidación  lipídica, concluyen que los altos niveles de peróxidos lipídicos pueden ser la  causa de la disminución de la síntesis de óxido nítrico (ON) y la hipertensión  observada en las pacientes preeclámpticas, y que éstas alteraciones en el  nitrato/nitrito y los peróxidos lipídicos en el plasma materno son mejorados por  la culminación del embarazo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Otro elemento asociado es el  factor de crecimiento epidérmico (EGF) que constituye una familia de al menos  ocho factores de crecimiento de composición peptídica donde resaltan el EGF, el  factor alfa de crecimiento transformante (TGFa), el factor beta de crecimiento  transformante (TGF-ß), el factor de crecimiento semejante al epidérmico asociado  a heparina (HB-EGF) entre otros. Estos factores de crecimiento se cree que  juegan el rol de señales provenientes del embrión orientadas a garantizar la  implantación. El EGF es un potente mitógeno y estimulador de la proliferación de  varios tipos celulares, incluyendo fibroblastos, queratinocitos y células  epiteliales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El TGF-&#945; se cree puede  estimular la angiogénesis, la mitosis o la diferenciación de células  endometriales. El TGF-ß se distribuye en las glándulas endometriales y en el  estroma estimulando la producción de matriz extracelular por parte de las  células estromales decidualizadas, además puede inhibir la invasión del  trofoblasto, al promover la diferenciación del citotrofoblasto humano hacia el  fenotipo no invasivo. Kliman y col. (13), al respecto añade que el TGF-ß induce  una regulación descendente de la síntesis de la gonadotrofina coriónica humana (hCG).  Afirma que el HB-EGF tiene intensa actividad citoprotectora y es una importante  señal proteica que regula la invasión trofoblástica durante el embarazo  temprano. En este sentido, Leach y col. (14) en su investigación sobre el factor  de crecimiento endotelial unido a la heparina (HBEGF) y empleando hibridación in  situ y técnicas inmunohistoquímicas en tejidos placentarios, encontraron que en  las pacientes preeclámpticas la presencia de una señal deficiente del HB-EGF  durante el desarrollo placentario podría deteriorar la sobrevida, diferenciación  y la invasión del trofoblasto, conduciendo a una pobre perfusión placentaria e  hipertensión arterial, asimismo, determinaron que la expresión de ARNm del HBEGF  y su proteína están altamente alteradas en la preeclampsia y afirman que la  deficiencia de este factor de crecimiento juega un papel importante en la  génesis de la preeclampsia y en la restricción del crecimiento fetal (14).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Gratacos y col. (15),  evaluando los niveles séricos de interleukina-4, interleukina-10 y el factor  estimulante de colonias de granulocitosmacrófagos comparativamente en mujeres  con preeclampsia y grupo control, concluyen que las diferencias encontradas  apoyan el concepto de la existencia de un desequilibrio inmunológico como parte  del mecanismo etiológico que induce la preeclampsia (15).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Es importante resaltar que  existe un aspecto que permanece controversial y es el relacionado con el impacto  de los niveles elevados de hCG y el riesgo de preeclampsia; en ese sentido,  Gonen y col. (16), evaluando la relación entre sus niveles séricos en las  semanas 16-20 y el riesgo de complicaciones del embarazo y pronóstico perinatal,  encontraron que las pacientes con elevados niveles de hCG tenían un riesgo  significativamente más alto para hipertensión y restricción del crecimiento  fetal que aquellas con valores normales. Igualmente Onderoglu y Kabukcu (17), en  un estudio de 610 mujeres en el segundo trimestre de embarazo, encontraron que  aquellas con elevados niveles de hCG mostraron un riesgo incrementado para  preeclampsia, retardo del crecimiento intrauterino, parto prematuro y ruptura  prematura de membranas (17). Por el contrario, Ashour y col. (18), encontraron  que los niveles de subunidad beta de hCG en el segundo trimestre del embarazo,  fueron más elevados en las mujeres que habían tenido hipertensión durante el  embarazo, pero en su estudio, esta asociación fue estadísticamente significativa  sólo entre mujeres multíparas, con lo cual concluye que la utilidad de la  elevación de la subunidad beta de hCG en el segundo trimestre como test de  detección de preeclampsia es limitada (18). Luckas y col. (19), afirma  igualmente que la subunidad beta de hCG medida en el segundo trimestre no es  clínicamente útil como test predictor para preeclampsia en mujeres primigrávidas  (19).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• En este mismo orden de ideas,  Brajenovic y col. (20), estudiaron 2 110 mujeres no fumadoras con fetos  estructuralmente normales, con bajo riesgo para síndrome de Down y para defectos  del tubo neural; observaron una incidencia incrementada de preeclampsia entre  mujeres con niveles elevados de la unidad beta libre de hCG en relación al grupo  control.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Gurbuz y col. (21) estudiaron  80 embarazadas hipertensas y 25 normotensas como grupo control, determinando que  los valores más elevados de hCG se correspondieron con las gestantes que  padecían PE, esto les permitió establecer que la hCG constituye un marcador  adecuado en el manejo y diagnóstico de dicha patología. Barros, Baptista y  Bairos (22), determinaron que en placentas preeclámpticas la expresión de hCG  fue homogénea con inmunorreactividad moderada a intensa en el  sincitiotrofoblasto. El análisis microdensitométrico indicó un incremento  estadísticamente significativo, en la hipertensión inducida, de la intensidad de  la reacción inmunohistoquímica para hCG.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Por otro lado, varios  estudios reportan igualmente un status controversial relacionado con los niveles  de testosterona y su impacto en la probabilidad de aparición de preeclampsia, en  este sentido Steier y col. (23), estudiando los niveles de testosterona (T) y  hCG en embarazadas en el tercer trimestre de gestaciones normales y con  preeclampsia, encontraron que dentro del grupo de las preeclámpticas las mujeres  con fetos masculinos tuvieron niveles significativamente mayores de testosterona  que las de feto femenino.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Asimismo, en las preeclámpticas  con fetos masculinos los niveles de hCG y testosterona fueron significativamente  más altos que en las gestantes normotensas y con idéntico sexo fetal. Concluye  el autor que estos resultados podrían indicar cierta influencia androgénica en  el mecanismo fisiopatológico de la preeclampsia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Investigadores como  Ficicioglu y Kutlu (24), estudiaron en 150 embarazadas el papel de los  andrógenos séricos en la patogénesis de la preeclampsia y encontraron que las  gestantes complicadas con hipertensión tenían niveles más elevados de proteínas  transportadoras de hormona sexual (SHBG), no encontraron diferencias  significativas en los niveles de testosterona total, mientras que la  testosterona libre (Tl) fue significativamente más alta sólo en el grupo con  preeclampsia leve, concluyendo que los andrógenos no juegan un papel clínico  importante en la patogénesis de la preeclampsia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Acromite y col. (25) igualmente  encontraron niveles de testosterona total y de testosterona libre  significativamente más elevados en un grupo de pacientes con PE durante el  tercer trimestre de embarazo al compararlos con los de gestantes normotensas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Serin y col. (26) estudiaron 22  pacientes preeclámpticas y 20 normotensas del grupo control.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los niveles de testosterona  total y de testosterona libre fueron más altos en mujeres preeclámpticas en el  tercer trimestre del embarazo al compararlas con el grupo control normotenso.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Jirecek y col. (27) en un  estudio de 80 pacientes (normotensas y preeclámpticas), hallaron niveles más  elevados de androstenediona y testosterona en mujeres con preeclampsia que en el  grupo control, y los niveles elevados de androstenediona se correlacionaron  positivamente con la severidad de la preeclampsia. Atamer y col. (28) en un  estudio de 136 gestantes, demostraron que los niveles plasmáticos de  testosterona sólo se elevan en gestantes con preeclampsia severa.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Adicionalmente otro aspecto  importante de la relación PE/andrógenos y su impacto en la morbimortalidad  materna; en este sentido, Laivuori y col. (29) al estudiar 22 mujeres con  preeclampsia previa y su respectivo grupo control, por un período de 17 años  después del parto, establecieron que las mujeres con preeclampsia previa tenían  posteriormente, a lo largo del tiempo, niveles elevados de testosterona libre,  elevado índice de andrógeno libre y elevada relación testosterona libre/  estradiol, lo cual incrementaba su riesgo cardiovascular. Los niveles de  testosterona libre mantuvieron una correlación positiva con la presión sanguínea  sistólica y diastólica. A pesar de la controversia, existen crecientes  evidencias que nos indican la probable influencia de la T y de la hCG en la  etiopatogenia de la PE, de manera que desconocer el papel que juegan en esta  patología podría incrementar la probabilidad de una mayor morbimortalidad  materno-fetal por un lado y por el otro reducir la posibilidad de un diagnóstico  precoz de dicha patología que permita tomar medidas preventivas eficaces.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• En relación con las  implicaciones del sexo fetal como factor promotor de la PE, López-Llera (30) en  un estudio de 777 embarazos con fetos únicos complicados con preeclampsia  anteparto, encontró que no había diferencias significativas en los perfiles  obstétricos, principales síntomas eclámpticos o mortalidad fetomaterna  atribuible al sexo fetal. Naeye y col. (31), realizó un análisis de 52 198  embarazadas y encontró que la presión arterial y la ganancia de peso eran  significativamente más altos en mujeres preeclámpticas con fetos masculinos que  con fetos femeninos. Igualmente Soriano y col. (32), encontraron una  probabilidad 1,6 veces mayor de presentar eclampsia si el feto era masculino.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sukerman y Guardia (33), en un  estudio retrospectivo de 1 000 gestantes sobre la influencia del sexo fetal  masculino en el riesgo de aparición de hipertensión arterial de la embarazada,  encontraron que los fetos masculinos no tenían ningún impacto significativo en  la aparición de dicha patología.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• En relación con otros  factores interrelacionados con el origen de la PE, Bartha JL y col. (34)  estudiaron 66 gestantes con el objeto de determinar la relación entre hCG y el  factor de crecimiento el endotelio vascular (VEGF) con la preeclampsia,  determinaron que los niveles de hCG y VEGF fueron mayores en las mujeres con  preeclampsia que en el grupo control. El factor de crecimiento del endotelio  vascular (VEGF) es una proteína glicosilada de especial importancia en la  vasculogénesis y el control de la permeabilidad microvascular con un carácter  mitógeno potente y selectivo in vitro para las células endoteliales, es  considerado un potente regulador de la función vascular placentaria y su ARNm se  expresa en las glándulas del endometrio y en el estroma. El receptor 1 del  factor soluble de crecimiento vascular endotelial (sVEGFR-1) es un antagonista  del VEGF y ha sido implicado en la patogénesis de la preeclampsia; también  conocido como sFlt1, es un elemento soluble semejante a la tirosinkinasa 1  placentaria, siendo una variante del VEGF (VEGFR-1: Flt-1) y un antagonista  potente del VEGF y del factor de crecimiento placentario (PIGF), alcanzando  niveles elevados en gestantes con preeclampsia y posteriormente descendiendo en  las primeras 48 horas después del parto. En concordancia con esta afirmación,  Chung y col. (35) atribuyen la alteración de la función mediada por VEGF sobre  el trofoblasto y células endoteliales en preeclampsia, al incremento en la  expresión del VEGFR-1. Se ha reportado que la administración de GnRH reduce la  expresión de VEGF (36). En este mismo orden de ideas, Maynard y col. (37)  hipotetizan que el exceso de sFlt1 secretado por la placenta en presencia de  preeclampsia, conduce a disfunción endotelial, hipertensión y proteinuria.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Adicionalmente, Hornig y col.  (38), afirman que la hipoxia ha mostrado incrementar la producción de sFLt1 por  el citotrofoblasto placentario.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Otro factor asociado a la PE  es el PIGF, el cual es un elemento angiogénico perteneciente a la familia de los  factores de crecimiento endotelial considerado como una molécula liberada en  forma compensatoria durante la patogénesis de ciertas enfermedades como la PE y  el retardo del crecimiento intrauterino. En pacientes con preeclampsia se  observa una correlación negativa entre los valores del VEGF y del PIGF (74). Wu  y col. (39) observaron un incremento del PIGF después de la administración de  hCG en mujeres que resultaron embarazadas producto de programas de fertilización  in vitro. En los embarazos normales, los niveles séricos maternos de PIGF se  incrementan exponencialmente con la gestación y mantienen una correlación  positiva con la fracción beta libre de hCG (40).</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Enfermedad de las teorías</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la etiopatogenia de la  enfermedad se han implicado diversos aspectos de variada complejidad que han  conducido a definirla como “la enfermedad de las teorías”, reflejando así la  confusión que rodea sus causas y patogénesis. Su etiología permanece desconocida  y en el presente 4 teorías resaltan y son objeto de investigación exhaustiva  (41):</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Isquemia placentaria: en el  desarrollo placentario normal ocurre la proliferación de las células  trofoblásticas. El trofoblasto invade la pared de la porción decidual de las  arterias espiraladas (primera oleada), con destrucción de su capa  musculoesquelética y con ello la desaparición de receptores para estímulos  vasopresores neurógenos y humorales; posteriormente dicha invasión se extiende a  la porción miometrial de las arterias espiraladas (segunda oleada). La primera  oleada de sustitución, ocurre entre las semanas 10 y 16, cuando se sustituye la  capa endotelial y la segunda ocurre entre las semanas 16 y 22, cuando se  extiende a las porciones de la capa miometrial (6). Las consecuencias de lo  anteriormente expuesto se traduce en:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• El feto obtiene un acceso  directo a la sangre arterial materna, con lo cual, la madre no puede reducir los  nutrientes de la sangre placentaria sin reducir los destinados a sus propios  tejidos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• La vasculatura materna fetal  no puede controlar el volumen de sangre que llega a la placenta.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• La placenta puede secretar  hormonas y otras sustancias directamente en la circulación materna.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la preeclampsia está ausente  la invasión trofoblástica de la porción miometrial de las arterias espiraladas  (segunda oleada), conservando a ese nivel la capa músculo-esquelética y los  receptores para estímulos vasopresores, por tanto, no se da el cambio necesario  de vasos de resistencia a vasos de capacitancia. Brosens y col.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">(42) determinaron que el  diámetro medio de las arteriolas miometriales espiraladas de 50 mujeres  embarazadas normales era de 500 µm y en 36 mujeres con preeclampsia fue de 200  µm. Esta anomalía de las arteriales espiraladas conduce a un aporte sanguíneo  restringido, insuficiente para un feto en crecimiento, lo que produce isquemia  placentaria y restricción del crecimiento fetal intrauterino. De esta manera, la  placenta isquémica produce y libera sustancias citotóxicas con desprendimiento  de tejido placentario, particularmente micropartículas de sincitio-trofoblasto,  que provocan daño endotelial con la consecuente vasoconstricción y aumento de la  presión arterial materna. Adicionalmente al evidenciarse la disfunción  endotelial, se producen aterosis aguda y trombosis que predisponen a los  infartos placentarios. Se ha sugerido que la severidad de la preeclampsia está  correlacionada positivamente con la magnitud de la invasión trofoblástica  defectuosa (43).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Estrés oxidativo y  metabolismo lipídico: esta hipótesis sostiene que elementos placentarios y  maternos conducen a una pérdida del equilibrio entre factores oxidantes y  antioxidantes a favor de los primeros, generándose estrés oxidativo sobre el  endotelio comprometiéndose de esta manera su función. La producción de radicales  libres es un hecho fisiológico en el organismo, pero este último dispone de  elementos antioxidantes que minimizan el efecto nocivo del primero; cuando  predomina el efecto prooxidante (estrés oxidativo) entonces tenemos la lesión  endotelial. Los radicales libres reaccionan con los ácidos grasos  poliinsaturados de las membranas celulares (peroxidación lipídica) lesionando a  estas con posterior muerte celular.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esta peroxidación lipídica  causaría lisis de células endoteliales, fragmentación del endotelio y aumento de  la permeabilidad (44).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Adicionalmente se ha observado  que la oxidación de moléculas LDL produce lesión arterial inhibiendo la  producción de oxido nítrico e hipoactividad de la enzima prostaciclin-sintetasa,  con la consecuente disminución de la producción de prostaciclina. Las moléculas  pequeñas y densas de LDL parecen tener más acceso al espacio subendotelial donde  se unen a proteoglicanos y residen por más tiempo que las otras LDL. Estas  partículas (más fácilmente oxidables) se oxidan en este espacio sin la  protección de los antioxidantes circulantes. Las LDL oxidadas son bastante  reactivas; alteran las proteínas y fosfolípidos de membrana y aumentan la  expresión de moléculas que intervienen en el reclutamiento de monocitos. El daño  de la membrana altera la función endotelial mientras que los monocitos  incorporan más LDL oxidadas para formar células espumosas y eventualmente  estrías grasas características iniciales de la aterosclerosis (45).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La actividad de la enzima  tromboxano-sintetasa no se modifica o puede aumentar, lo que incrementa el  disbalance prostaciclina/tromboxano A2 a favor de esta última con magnificación  de sus efectos nocivos de vasoconstricción, incremento de la agregación  plaquetaria, producción de endotelina y activación de la cascada de la  coagulación (46). Las endotelinas son polipéptidos con la actividad  vasoconstrictora más intensa; en el ser humano la única producida es la  endotelina 1 (47).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los factores placentarios  liberados pueden también incrementar la liberación de endotelina, tromboxano y  angiotensinógeno. Estos factores vasoactivos incrementan las concentraciones de  calcio intracelular y así estimulan la contracción del músculo liso vascular;  adicionalmente el incremento de actividad de la proteinkinasa C conduce a un  incremento de sensibilidad de las miofibrillas al calcio e incremento del efecto  vasoconstrictor.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Inaptabilidad inmunológica:  sostiene que existiría una respuesta inmunológica anormal contra el trofoblasto  con incremento en la producción de radicales libres de oxígeno, activación de  neutrófilos y linfocitos T, y liberación de sustancias con capacidad de lesionar  las células endoteliales, la matriz subendotelial y con ello, la consecuente  activación de la cascada de la coagulación (48). Las mujeres que desarrollarán  preeclampsia, tienen al inicio del segundo trimestre del embarazo una  disminución del número de linfocitos T cooperadores en comparación con las que  se mantendrán normotensas (49). De los antígenos de histocompatibilidad, sólo el  HLA-G se expresa en la superficie del trofoblasto. Livingston y Maxwell (3)  afirman que diferencias en la expresión de esta proteína pueden estar asociadas  con eclampsia. Los cambios de paternidad elevan el riesgo para preeclampsia en  embarazos subsecuentes, lo que sugiere que la existencia de inadaptabilidad  inmunológica en la interface materno-fetal podría ser el mecanismo subyacente  (50). Las mujeres y hombres que han sido producto de embarazos complicados por  preeclampsia, tienen una mayor probabilidad que los grupos controles (embarazos  no complicados), de tener un niño producto de embarazo complicado con  preeclampsia (51).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Factores genéticos: la  preeclampsia y la eclampsia tienen una tendencia familiar, la frecuencia general  en hijas de madres que han tenido preeclampsia severa es del 26 %, mientras que  la frecuencia global es sólo del 6 % al 8 % (1). La hipótesis de un único gen  cuya expresión es específica de la gestación y responsable de la progresión de  la preeclampsia a eclampsia es controversial, puesto que de ser así, las pruebas  genéticas permitirían la identificación de pacientes susceptibles (52).  Actualmente se sostiene que la preeclampsia está bajo un control multifactorial  y que son necesarias más investigaciones en genética para dilucidar el problema.  Existe una fuerte correlación entre el ADN fetal y las concentraciones de hCG en  sangre materna durante el segundo trimestre del embarazo. Ohashi y col. (53)  afirman que estos hallazgos sugieren que el ADN fetal en suero materno está  intensamente influenciado por el estatus biológico y patológico del trofoblasto  placentario; el incremento del ADN fetal y de la hCG pueden estar asociados con  ciertas complicaciones relacionadas al embarazo, como por ejemplo la  preeclampsia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La asociación de estos cuatro  elementos conduce en su conjunto a la disfunción endotelial, la cual a su vez es  la que causa las distintas alteraciones observada en la PE (1):</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Hipertensión arterial</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Edema</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Proteinuria</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Coagulopatía</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Convulsiones</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Anemia microangiopática</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Debemos señalar que en la  actualidad existen otros factores detectados en asociación con la etiopatogenia  de la PE, entre ellos esta la leptina que es una proteína de 167 aminoácidos (16  KDa) transcripta desde el gen de la obesidad. Al principio esta proteína fue  vista exclusivamente como una molécula de señales derivada del adipocito que  limita la ingesta de alimentos e incrementa el consumo de energía. Aunque su  principal sitio de síntesis es el tejido adiposo blanco, durante los últimos  cinco años se han encontrado otros sitios de expresión como la placenta, el  epitelio gástrico y el cerebro, entre otros. La hipoperfusión placentaria  inductora de hipoxia local induce a su vez un aumento de la expresión del gen de  la leptina en el tejido placentario. Atamer y col. (28) consideran que elevados  niveles de leptina contribuyen a la disfunción endotelial involucrada en la  patogénesis de la preeclampsia. Cameo y col. (54) han planteado un rol de la  leptina en la reproducción, particularmente en la fisiología feto-placentaria:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Niveles circulantes de  leptina están elevados durante el embarazo, alcanzando un pico durante el  segundo trimestre.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Al final del embarazo, en las  24 horas del posparto, los niveles plasmáticos maternos de leptina declinan  hasta valores normales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• La leptina es producida por  la placenta humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Los niveles maternos de  leptina son significativamente elevados en mola hidatiforme, disminuyendo a  valores normales después de cirugía.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Las células  citotrofoblásticas humanas del primer trimestre secretan leptina y, en estos  cultivos, la leptina recombinante estimula en una dosis dependiente el modo de  secreción de la hCG.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Hay una alta expresión del  receptor de leptina en la placenta humana durante el tercer trimestre de  gestación.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estos mismos autores  determinaron que el efecto de la leptina en células troboblásticas del último  trimestre es la estimulación de la secreción de hCG e IL-6 e inhibición de la  producción de progesterona.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Adicionalmente, el trofoblasto  humano durante el primer trimestre secreta leptina y estimula igualmente en  forma dosis dependiente la secreción de hCG.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Como se evidencia, la  preeclampsia es un desorden complejo que resulta de una serie de factores  interrelacionados entre los que destacan los nutricionales, inmunológicos,  hormonales, medioambientales y genéticos que en conjunción con factores  derivados de la placenta conducen finalmente a una disfunción endotelial que  desencadena los mecanismos de isquemia placentaria con sus consecuencias nocivas  para la madre y el feto.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El bienestar materno fetal  sigue siendo el motor principal de la investigación que debe seguir  manteniéndose e incentivándose sobre esta patología tan compleja y misteriosa, a  fin de reducir su morbimortalidad.</font></p>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">REFERENCIAS</font></b></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Kuznicki S, Villamil A,  Rodríguez P. Hipertensión y embarazo: diagnóstico, fisiopatología y tratamiento.  RDHA.BSV-México (en línea). 1995. Fecha de acceso: 15 de julio de 2003.  Disponible en: http://www.chasque.apc.org/pfizer (gratuito).</font></p>     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Meis PJ, Goldbenberg RL,  Mercer BM, Iams JD, Moawad AH, Miodovnik M, et al. The preterm prediction study:  Risk factors for indicated preterms birth. Maternal-Fetal Medicine Units Network  of the National Institute of Child Health and Human Development. Am J Obstet  Gynecol. 1998;178(3):562-567.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762243&pid=S0367-4762200700040000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Livingston JC, Maxwell BD.  “Preeclampsia: Theories and speculations”. Wiener Klinische Wochenschrift.  2003;115(5-6):145-148.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762244&pid=S0367-4762200700040000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Atrash HK, Alexander S, Berg  CJ. Maternal mortality in developed countries: Not just a concern of the past.  Obstet Gynecol. 1995;86(4Pt2):700-705.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762245&pid=S0367-4762200700040000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Benagiano G, Fathalla MF,  Lalonde A, Thomas B. “The FIGO save the mothers initiative”. Int J Gynaecol  Obstet. 2004;86(2):283-293.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762246&pid=S0367-4762200700040000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. Guariglia D, Herrera JL.  Hipertensión inducida por el embarazo. En: Zighelboim I, Guariglia D, editores.  Caracas: Disinlimed, C.A, 2001.p.363-385.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762247&pid=S0367-4762200700040000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. Arcay A, Rodríguez A.  Toxemia eclámptica durante el período 1958-1969 en el Hospital Central de  Valencia. Rev Obstet Ginecol Venez. 1970;30:473-495.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762248&pid=S0367-4762200700040000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. Agüero O, Aure M. Riesgo  perinatal en la eclampsia. Rev Obstet Ginecol Venez. 1974;34:359-364.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762249&pid=S0367-4762200700040000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. Gutiérrez O, González M,  Valle M, Lugo LM, Lemus A. Mortalidad materna por eclampsia en un hospital de  referencia: Maternidad Concepción Palacios (1975-1986). Rev Obstet Ginecol Venez.  1988;48:84-89.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762250&pid=S0367-4762200700040000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. Uzcátegui O, Toro J.  Morbimortalidad en la eclampsia. Rev Obstet Ginecol Venez. 1992;52:149-152.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762251&pid=S0367-4762200700040000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. García I, Molina-Vilchez J,  Cepeda R, Cepeda M. Tasas de mortalidad materna en los hospitales de Maracaibo.  Rev Obstet Ginecol Venez. 2002;62(2).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762252&pid=S0367-4762200700040000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. Reyna-Villasmil E, Prieto-Franchi  M, Torres-Montilla M, Reyna-Villasmil N, Mejías-Montilla J. Alteración en el  metabolismo de los carbohidratos y lípidos en mujeres que han sufrido  preeclampsia. Rev Obstet Ginecol Venez. 2002;62:97-102.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762253&pid=S0367-4762200700040000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. Kliman HJ, Nestler JE,  Sermasi E, Sanger JM, Strauss JF 3rd. Purification and in vitro diferentiation  cytotrophoblast from human term placentae. Endocrinology. 1986;118(4):1567-1582.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762254&pid=S0367-4762200700040000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. Leach RE, Romero R, Kim YM,  Chaiworapongsa T, Kilburn B, Das SK, et al. Pre-eclampsia and expression of  heparin-binding EGF-like growth factor. Lancet. 2002;360(9341):1215-1219.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762255&pid=S0367-4762200700040000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">15. Gratacos E, Filella X,  Palacio M, Cararach V, Alonso PL, Fortuny A. Interleukin-4, interleukin-10, and  granulocyte-macrophage col.ony stimulating factor in second-trimester serum from  women with preeclampsia. Obstet Gynecol. 1998;92(5):849-853.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762256&pid=S0367-4762200700040000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. Gonen R, Pérez R, David M,  Dar H, Merksamer R, Sharf M. The association between unexplained secondtrimester  maternal serum hCG elevation and pregnancy complications. Obstet Gynecol.  1992;80:83-86.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762257&pid=S0367-4762200700040000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. Onderoglu LS, Kabukcu A.  Elevated second trimester human chorionic gonadotropin level associated with  adverse pregnancy outcome. Reproduction. 1999;56(3):245-249.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762258&pid=S0367-4762200700040000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. Ashour AM, Lieberman ES,  Haug LE, Repke JT. The value of elevated second-trimester beta-human chorionic  gonadotropin in predicting development of preeclampsia. Am J Obstet Gynecol.  1997;176(2):438-442.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762259&pid=S0367-4762200700040000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. Luckas M, Hawe J, Meekins  J, Neilson J, Walkinshaw S. Second trimester serum free beta human chorionic  gonadotrophin levels as a predictor of pre-eclampsia. Acta Obstet Gynecol Scand.  1998;77(4):381-384.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762260&pid=S0367-4762200700040000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. Brajenovic-Milic B,  Tislaric D, Zuvic-Butorac M, Bacic J, Petrovic O, Ristic S, et al. Elevated  second-trimester free beta-hCG as an isolated finding and pregnancy outcomes.  Fetal Diagnosis and Therapy. 2004;19(6):483-487.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762261&pid=S0367-4762200700040000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. Gurbuz A, Karateke A,  Mengulluoglu M, Gedikbasi A, Ozturkmen M, Kabaca C, et al. Can serum HCG values  be used in the differential diagnosis of pregnancy complicated by hypertension?  Hypertens. Pregnancy. 2004;23(1):1-12.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762262&pid=S0367-4762200700040000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. Barros JS, Baptista MG,  Bairos VA. Human chorionic gonadotropin in human placentas from normal and  preeclamptic pregnancies. Arch Gynecol Obstet. 2002;266(2):67-71.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762263&pid=S0367-4762200700040000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. SteierJA, Ulstein M, Myking  OL. Human chorionic gonadotropin and testosterone in normal and preeclamptic  pregnancies in relation to fetal sex. Obstet Gynecol. 2002;100(3):552-556.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762264&pid=S0367-4762200700040000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. Ficicioglu C, Kutlu T. The  role of androgens in the aetiology and pathology of pre-eclampsia. J Obstet  Gynaecol. 2003;23(2):134-137.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762265&pid=S0367-4762200700040000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. Acromite MT, Mantzoros CS,  Leach RE, Hurwitz J, Dorey LG. Androgens in preeclampsia. Am J Obstet Gynecol.  1999;180(1 Pt 1):60-63.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762266&pid=S0367-4762200700040000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. Serin IS, Kula M, Basbug M,  Unluhizarci K, Glucer S, Tayyar M. Androgen levels of preeclamptic patients in  the third trimester of pregnancy and six weeks after delivery. Acta Obstet  Gynecol Scand. 2001;80(1):1009-1013.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762267&pid=S0367-4762200700040000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. Jirecek S, Joura EA,  Tempfer C, Knofler M, Husslein P, Zeisler H. Elevated serum concentrations of  androgens in women with pregnancy-induced hypertension. Wiener Klinische  Wochenschrift. 2003;115(5-6):162-166.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762268&pid=S0367-4762200700040000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. Atamer Y, Erden AC, Demir  B, Kocyigit Y, Atamer A. The relationship between plasma levels of leptin and  androgen in healthy and preeclamptic pregnant women. Acta Obstet Gynecol Scand.  2004;83(5):425-430.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762269&pid=S0367-4762200700040000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">29. Laivuori H, Kaaja R,  Rutanen EM, Viinikka L, Ylikorkala O. Evidence of high circulating testosterone  in women with prior preeclampsia. J Clin Endocrinol Metab. 1998;83(2):344-347.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762270&pid=S0367-4762200700040000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">30. Lopez-Llera, M. Eclampsia  and fetal sex. Int J Gynaecol Obstet. 1990;33(3):211-213.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762271&pid=S0367-4762200700040000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">31. Naeye RL, Demers LM.  Differing effects of fetal sex on pregnancy and its outcome. Am J Med Genet.  1987;(Suppl 3):67-74.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762272&pid=S0367-4762200700040000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">32. Soriano AR, Valdés JE,  Valdés H, Lara AL. ¿El sexo fetal determina la severidad de la preeclampsia-eclampsia?.  Ginecol Obstet Mex. 1996;64(1):18-20.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762273&pid=S0367-4762200700040000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">33. Sukerman E, Guardia MC.  Sexo fetal masculino y riesgo de hipertensión arterial durante el embarazo. Rev  Obstet Ginecol Venez. 1996;56(1):13-15.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762274&pid=S0367-4762200700040000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">34. Bartha JL, Romero-Carmona  R, Escobar-Llompart M, Paloma-Castro O, Comino-Delgado R. Human chorionic  gonadotropin and vascular endothelial growth factor in normal and complicated  pregnancies. 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J Clin Endocrinol Metab.  2004;89(5):2484-2490.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762276&pid=S0367-4762200700040000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">36. Chaiworapongsa T, Romero R,  Espinoza J, Bujold E, Mee KY, Goncalves LF, et al. Evidence supporting a role  for blockade of the vascular endothelial growth factor system in the  pathophysiology of preeclampsia. Young Investigator Award. 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J Clin Invest. 2003;111(5):649-658.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762278&pid=S0367-4762200700040000200036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">38. Hornig C, Barleon B, Ahmad  S, Vuorela P, Ahmed A, Weich HA. Release and complex formation of soluble VEGFR-1  from endothelial cells and biological fluids. Lab Invest. 2000;80(4):443-454.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762279&pid=S0367-4762200700040000200037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">39. Wu MY, Chen HF, Chen SU,  Chao KH, Yang YS, Ho HN. Increase in the production of interleukin-10 early  after implantation is related to the success of pregnancy. Am J Reprod Immunol.  2001;46(6):386-392.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762280&pid=S0367-4762200700040000200038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">40. Spencer K, Liao AW, Ong CY,  Geerts L, Nicolaides KH. First trimester maternal serum placenta growth factor (PIGF)  concentrations in pregnancies with fetal trisomy 21 or trisomy 18. Prenatal  Diagnosis. 2001;21(9):718-722.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762281&pid=S0367-4762200700040000200039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">41. Dekker GA, Sibai BM.  Etiology and pathogenesis of preeclampsia: Current concepts. Am J Obstet Gynecol.  1998;179(5):1359-1375.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762282&pid=S0367-4762200700040000200040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">42. Brosens IA, Robertson WB,  Dixon HG. The role of the spiral arteries in the pathogenesis of preeclampsia.  Obstet Gynecol Ann. 1972;1:177-191.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762283&pid=S0367-4762200700040000200041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">43. Madazli R, Budak E, Calay  Z, Aksu MF. Correlation between placental bed biopsy findings, vascular cell  adhesion molecule and fibronectin levels in pre-eclampsia. BJOG.  2000;107(4):514-518.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762284&pid=S0367-4762200700040000200042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">44. Zeeman GG, Dekkere GA.  Pathogenesis of preeclampsia: A hypothesis. Clin Obstet Gynecol.  1992;35(2):317-337.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762285&pid=S0367-4762200700040000200043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">45. Roberts JM, Hubel CA.  Oxidative stress in preeclampsia. Am J Obstet Gynecol. 2004;190(5):1177-1178.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762286&pid=S0367-4762200700040000200044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">46. Perry KG Jr, Martin JN Jr.  Abnormal hemostasis and coagulopathy in preeclampsia and eclampsia. Clin Obstet  Gynecol. 1992;35(2):338-350.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762287&pid=S0367-4762200700040000200045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">47. Mastrogiannis DS, O’Brien  WF, Krammer J, Benoit R. Potential role of endothelin-1 in normal and  hypertensive pregnancies. Am J Obstet Gynecol. 1991;165(6 Pt 1):1711-1716.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762288&pid=S0367-4762200700040000200046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">48. Kraayenbrink AA, Dekker GA,  Van Kamp GJ, Van Geijn HP. Endothelial vasoactive mediators in preeclampsia. Am  J Obstet Gynecol. 1993;169(1):160-165.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762289&pid=S0367-4762200700040000200047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">49. Kovats S, Main EK, Librach  C, Stubblebine M, Fisher SJ, DeMars R. A class I antigen, HLA-G, expressed in  human trophoblasts. Science. 1990;248(4952):220-223.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762290&pid=S0367-4762200700040000200048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">50. Tubbergen P, Lachmeijer AM,  Althuisius SM, Vlak ME, Van Geijn HP, Dekker GA. Change in paternity: A risk  factor for preeclampsia in multiparous women? J Reprod Immunol.  1999;45(1):81-88.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762291&pid=S0367-4762200700040000200049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">51. Esplin MS, Fausett MB,  Fraser A, Kerber R, Mineau G, Carrillo J, et al. Paternal and maternal  components of the predisposition to preeclampsia. N Engl J Med.  2001;344(12):867-872.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762292&pid=S0367-4762200700040000200050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">52. Roberts JM, Cooper DW.  Pathogenesis and genetics of pre-eclampsia. Lancet. 2001;357(9249):53-56.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762293&pid=S0367-4762200700040000200051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">53. Ohashi Y, Miharu N, Honda  H, Samura O, Ohama K. Correlation of fetal DNA and human chorionic gonadotropin  concentrations in second-trimester maternal serum. Clinical Chemistry.  2002;48(2):386-388.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762294&pid=S0367-4762200700040000200052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">54. Cameo P, Bischof P, Calvo  JC. Effect of leptin on progesterona, human chorionic gonadotropin and  interleukina-6 secretion by human term trophoblasto cells in culture. Biol  Reprod. 2003;68:472-477.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2762295&pid=S0367-4762200700040000200053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">fyeguez@intercable.net.ve</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Teléfono-Fax: 0241 8263439</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Celular: 0414 4091847</font></p>       ]]></body>
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