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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los hongos ectomicorrÍzicos, lazos vivientes que conectan y nutren a los árboles en la naturaleza]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Currently, mycorrhizal simbioses are established between around 5000 species of fungi and more than 90% of vascular plants. They play an important role, both in functioning and in the structure, of temperate, boreal and tropical ecosystems. This article analyzes, from the ecophysiological point of view, the relevance of one of the most important types of mycorrhizal association, the ectomycorrhiza. The ectomycorrhizal symbiosis is established mainly between woody gymnosperms and angiosperms and Basidiomycetous or Ascomycetous fungi. One of the components of this symbiosis is the external mycelium, which represents one of the most fascinating living structures because, structurally and functionally, it constitutes an interphase between soil and plant components. The main function of this external ectomycorrhizal mycelium is nutrient recycling. Research carried out during the last century has convincingly demonstrated its relevance in this important process. Recently, using more realistic methodological approaches, it has been shown that through this external mycelium, plants have the ability to directly access nutrients from organic sources, otherwise unavailable to them, which include plant, animal and microbial necromass. Another important function, which has modified our ecological perception of plants in natural ecosystems, is the ability of ectomycorrhizal symbiosis to connect trees in nature.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="pt"><p><![CDATA[A micorriza é uma simbiose que se estabelece entre ao redor de 5.000 espécies de fungos e mais do 90% das espécies de plantas vasculares. A simbiose micorrízica possui um crucial papel na estrutura e funcionamento dos ecossistemas naturais de regiões tropicais, temperadas e boreais do planeta. Este artigo discute a importância ecofisiológica de um dos mais importantes tipos de micorriza, a ectomicorriza. Esta se estabelece entre as raízes de angiospermas e gimnospermas e fungos, principalmente Basidiomycetes e Ascomycetes. Um dos componentes de maior importância de dita simbiose é o micélio externo, o qual é uma das estruturas biológicas mais fascinantes, dado que constitui, estrutural e funcionalmente, uma interfase entre os componentes edáfico e vegetal dos ecossistemas. A principal função de dito micélio externo é o importante papel que possui na reciclagem de nutrientes nos ecossistemas. Mais de um século de investigação tem documentado esta função, principalmente ao estudar compostos minerais. No entanto, recentemente se tem demonstrado com enfoques metodológicos mais realistas que mediante sua associação simbiótica com o micélio destes fungos as plantas também tem a capacidade de aceder a nutrientes a partir de fontes orgânicas, que incluem necromassa vegetal, animal e microbiana. Igualmente, outra função de dito micélio que tem modificado a maneira como o componente vegetal se percebe agora desde o ponto de vista ecológico, é sua habilidade para conectar árvores na natureza.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Bosques]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Ecofisiología]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[   <B><FONT FACE="Times" SIZE=4>    <P align="center">Los hongos ectomicorr&Iacute;zicos, lazos vivientes que conectan y nutren a los &aacute;rboles en la naturaleza</P> </FONT>     <P align="center"><font face="Times" size="3">Jes&uacute;s P&eacute;rez-Moreno y David J. Read</font></P> </B><FONT FACE="Times">     <P align="justify"><b>Jes&uacute;s P&eacute;rez-Moreno.</b> Doctor en Ciencias, Sheffield University, Inglaterra. Profesor Investigador, Colegio de Postgraduados, Texcoco, M&eacute;xico. Direcci&oacute;n: Microbiolog&iacute;a, Edafolog&iacute;a-IRENAT, Colegio de Postgraduados, Km 36.5 carretera M&eacute;xico-Texcoco, Montecillo, Texcoco, Estado de M&eacute;xico, CP56230, M&eacute;xico. e-mail: jperezm@colpos.mx</P>     <P align="justify"><b>David J. Read. </b> Doctor en Ciencias, Hull University, Inglaterra. Profesor, Sheffield University, Inglaterra. Vicepresident and Biological Secretary, Royal Society, Londres, Inglaterra. e-mail: d.j.read@sheffield.ac.uk</P>  <B>       <P align="justify">Resumen</P>  </B>    <P align="justify">La micorriza es una simbiosis que se establece entre alrededor de 5000 especies de hongos y m&aacute;s del 90% de las especies de plantas vasculares. La simbiosis micorr&iacute;zica juega un papel crucial en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas naturales de regiones tropicales, templadas y boreales del planeta. Este art&iacute;culo discute la importancia ecofisiol&oacute;gica de uno de los m&aacute;s importantes tipos de micorriza, la ectomicorriza. &Eacute;sta se establece entre las ra&iacute;ces de angiospermas y gimnospermas y hongos, principalmente Basidiomycetes y Ascomycetes. Uno de los componentes de mayor importancia de dicha simbiosis es el micelio externo, el cual es una de las estructuras biol&oacute;gicas m&aacute;s fascinantes, dado que constituye, estructural y funcionalmente, una interfase entre los componentes ed&aacute;fico y vegetal de los ecosistemas. La principal funci&oacute;n de dicho micelio externo es el importante papel que juega en el reciclaje de nutrientes en los ecosistemas. M&aacute;s de un siglo de investigaci&oacute;n ha documentado esta funci&oacute;n, principalmente al estudiar compuestos minerales. Sin embargo, recientemente se ha demostrado con enfoques metodol&oacute;gicos m&aacute;s realistas que mediante su asociaci&oacute;n simbi&oacute;tica con el micelio de estos hongos las plantas tambi&eacute;n tienen la capacidad de acceder a nutrientes a partir de fuentes org&aacute;nicas, que incluyen necromasa vegetal, animal y microbiana. Asimismo, otra funci&oacute;n de dicho micelio que ha modificado la manera como el componente vegetal se percibe ahora desde el punto de vista ecol&oacute;gico, es su habilidad para conectar &aacute;rboles en la naturaleza.</P> <B>     <P align="justify">Summary</P>  </B>    <P align="justify">Currently, mycorrhizal simbioses are established between around 5000 species of fungi and more than 90% of vascular plants. They play an important role, both in functioning and in the structure, of temperate, boreal and tropical ecosystems. This article analyzes, from the ecophysiological point of view, the relevance of one of the most important types of mycorrhizal association, the ectomycorrhiza. The ectomycorrhizal symbiosis is established mainly between woody gymnosperms and angiosperms and Basidiomycetous or Ascomycetous fungi. One of the components of this symbiosis is the external mycelium, which represents one of the most fascinating living structures because, structurally and functionally, it constitutes an interphase between soil and plant components. The main function of this external ectomycorrhizal mycelium is nutrient recycling. Research carried out during the last century has convincingly demonstrated its relevance in this important process. Recently, using more realistic methodological approaches, it has been shown that through this external mycelium, plants have the ability to directly access nutrients from organic sources, otherwise unavailable to them, which include plant, animal and microbial necromass. Another important function, which has modified our ecological perception of plants in natural ecosystems, is the ability of ectomycorrhizal symbiosis to connect trees in nature.</P> <B>     <P align="justify">Resumo</P>  </B>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">A micorriza &eacute; uma simbiose que se estabelece entre ao redor de 5.000 esp&eacute;cies de fungos e mais do 90% das esp&eacute;cies de plantas vasculares. A simbiose micorr&iacute;zica possui um crucial papel na estrutura e funcionamento dos ecossistemas naturais de regi&otilde;es tropicais, temperadas e boreais do planeta. Este artigo discute a import&acirc;ncia ecofisiol&oacute;gica de um dos mais importantes tipos de micorriza, a ectomicorriza. Esta se estabelece entre as ra&iacute;zes de angiospermas e gimnospermas e fungos, principalmente Basidiomycetes e Ascomycetes. Um dos componentes de maior import&acirc;ncia de dita simbiose &eacute; o mic&eacute;lio externo, o qual &eacute; uma das estruturas biol&oacute;gicas mais fascinantes, dado que constitui, estrutural e funcionalmente, uma interfase entre os componentes ed&aacute;fico e vegetal dos ecossistemas. A principal fun&ccedil;&atilde;o de dito mic&eacute;lio externo &eacute; o importante papel que possui na reciclagem de nutrientes nos ecossistemas. Mais de um s&eacute;culo de investiga&ccedil;&atilde;o tem documentado esta fun&ccedil;&atilde;o, principalmente ao estudar compostos minerais. No entanto, recentemente se tem demonstrado com enfoques metodol&oacute;gicos mais realistas que mediante sua associa&ccedil;&atilde;o simbi&oacute;tica com o mic&eacute;lio destes fungos as plantas tamb&eacute;m tem a capacidade de aceder a nutrientes a partir de fontes org&acirc;nicas, que incluem necromassa vegetal, animal e microbiana. Igualmente, outra fun&ccedil;&atilde;o de dito mic&eacute;lio que tem modificado a maneira como o componente vegetal se percebe agora desde o ponto de vista ecol&oacute;gico, &eacute; sua habilidade para conectar &aacute;rvores na natureza.</P>  </FONT><B>    <P align="justify">PALABRAS CLAVES </B> / Bosques / Ecofisiolog&iacute;a / Micelio Externo / Nutrientes / Simbiosis Ectomicorr&iacute;zica /</P>     <P align="justify"><font size="3">Recibido: 17/12/2003. Modificado: 22/03/2004. Aceptado: 29/03/2004.</font> </P> <I><FONT FACE="Times"> </I></FONT>    <P align="justify">Una de las relaciones m&aacute;s importantes entre plantas y microorganismos es la micorriza. Este t&eacute;rmino, acu&ntilde;ado por Frank (1885), es utilizado para describir diversos tipos de simbiosis que se establecen entre las ra&iacute;ces de las plantas y ciertos grupos de hongos. El principal beneficio para ambos simbiontes micorr&iacute;zicos es el intercambio de nutrientes (Read y P&eacute;rez-Moreno, 2003). Los hongos que establecen esta simbiosis reciben carbono de las plantas hospederas y las plantas reciben principalmente f&oacute;sforo y nitr&oacute;geno a trav&eacute;s de las hifas asociadas. Las plantas micorr&iacute;zicas en algunas ocasiones pueden adquirir tambi&eacute;n protecci&oacute;n en contra de organismos pat&oacute;genos por factores distintos al de una nutrici&oacute;n mineral incrementada (Smith y Read, 1997). A pesar de que la relaci&oacute;n micorr&iacute;zica incluye parasitismo en un extremo y mutualismo en el otro, debido a que frecuentemente ambos simbiontes resultan beneficiados, usualmente esta simbiosis ha sido considerada mutualista (Johnson <I>et al.,</I> 1997).</P>     <P align="justify">Se ha postulado que la micorriza jug&oacute; un papel crucial en la invasi&oacute;n, asi como en la subsecuente colonizaci&oacute;n de las primeras plantas en los habitats terrestres (Read, 1998; Wilkinson, 2001; Brundett, 2002). La ocurrencia f&oacute;sil de hongos micorr&iacute;zicos arbusculares reportada por Remy <I>et al.</I> (1994) y Taylor <I>et</I> <I>al</I>. (1995), que incluye arb&uacute;sculos, hifas y esporas f&uacute;ngicas provenientes del Dev&oacute;nico temprano, hace 400 millones de a&ntilde;os, cuando las plantas iniciaron la invasi&oacute;n terrestre, ha apoyado esta teor&iacute;a. Actualmente las asociaciones micorr&iacute;zicas se encuentran distribuidas en todos los ecosistemas terrestres. Existe asimismo un reconocimiento de la importancia de la micorriza tanto en el funcionamiento como en el mantenimiento de dichos ecosistemas, principalmente en las regiones boreales y templadas (Grime <I>et al</I>., 1987; Allen, 1993; Heijden <I>et al</I>., 1998), y tropicales (P&eacute;rez Moreno y Ferrera-Cerrato, 1997; Moyersoen <I>et al</I>., 1998a, b, 2001; Newbery <I>et al</I>., 2000).</P>     <P align="justify">Actualmente se reconocen siete tipos de simbiosis micorr&iacute;zicas: arbuscular, ectomicorriza, ectendomicorriza, arbutoide, monotropoide, ericoide y de orqu&iacute;deas (Smith y Read, 1997). Uno de los m&aacute;s importantes tipos de asociaciones micorr&iacute;zicas, desde el punto de vista ecol&oacute;gico y biogeogr&aacute;fico, es la ectomicorriza, t&eacute;rmino propuesto por Peyronel <I>et al</I>. (1969). En esta simbiosis el hongo asociado cubre las ra&iacute;ces cortas, formando un manto o vaina. Las hifas crecen de este manto hacia afuera en el substrato y hacia dentro entre los espacios intersticiales de la c&eacute;lulas corticales de la ra&iacute;z, formando un complejo sistema intercelular denominado &quot;red de Hartig&quot; sin que exista generalmente penetraci&oacute;n intracelular en las plantas asociadas (Smith y Read, 1997). Las estructuras diagn&oacute;sticas de la ectomicorriza son i) el manto f&uacute;ngico, ii) la red de Hartig, y iii) el micelio externo vegetativo que emerge a partir de las ra&iacute;ces. </P>     <P align="justify">En el presente trabajo se analizan, bajo el enfoque ecofisiol&oacute;gico, diversos aspectos de la simbiosis ectomicorr&iacute;zica (ECM). Se presenta primero un an&aacute;lisis de la distribuci&oacute;n de la simbiosis ECM y posteriormente se discute la importancia del micelio externo. Recientemente se ha llegado a estimar i) que 1m de ra&iacute;z colonizada puede estar asociada con hasta 8km de micelio externo ECM (Smith y Read, 1997), y ii) que en 3m<sup>2</sup> de suelo forestal puede existir suficiente micelio ectomicorr&iacute;zico como para darle una vuelta al planeta entero por el Ecuador (Leake, 2003). Una de las propiedades m&aacute;s importantes de dicho micelio ECM es su habilidad para conectar plantas en la naturaleza, por lo que se presenta una rese&ntilde;a del conocimiento actual de esta funci&oacute;n. Finalmente, se discute detalladamente la importancia del micelio ECM en el reciclaje de nutrientes a partir de substratos org&aacute;nicos naturales existentes en los bosques.</P>  <B>    <P align="justify">Distribuci&oacute;n de la Simbiosis Ectomicorr&iacute;zica</P> </B>     <P align="justify">La simbiosis ECM se establece principalmente entre angiospermas y gimnospermas le&ntilde;osas por una parte, y hongos principalmente del grupo de los Basidiomycetes y Ascomycetes por la otra, tanto en regiones tropicales (<a href="#tab1">Tabla I</a>) como templadas y boreales (<a href="#tab2">Tabla II</a>). Esta simbiosis es caracter&iacute;stica de grupos importantes de &aacute;rboles y arbustos, incluyendo notablemente Pinaceae, Cupressaceae, Fagaceae, Betulaceae y Salicaceae (Malloch <I>et al</I>., 1980). La mayor&iacute;a de las especies de &aacute;rboles dominantes en los bosques templados boreales y australes del globo forman ectomicorrizas. Grandes zonas del hemisferio norte se encuentran cubiertas por pin&aacute;ceas con ECM, principalmente de los g&eacute;neros <I>Abies, Larix, Pinus </I>y <I>Picea</I>. En zonas m&aacute;s cercanas al ecuador se encuentran <I>Cedrus, Juniperus</I> y <I>Quercus</I>. Algunas angiospermas de estas zonas como <I>Alnus, Betula, Carpinus, Carya, Castanea</I>, <I>Fagus, Ostrya, Populus, Quercus, Tylia</I> y <I>Salix </I>tambi&eacute;n establecen ECM (Harley y Smith, 1983; Smith y Read, 1997). La distribuci&oacute;n geogr&aacute;fica de estos fitobiontes forma una franja que va desde Jap&oacute;n, a trav&eacute;s de Eurasia, hasta Norteam&eacute;rica; incluye en el continente asi&aacute;tico zonas del Himalaya, China, Indonesia y Australia. En el continente americano es de importancia notar tambi&eacute;n que todas las especies de <I>Nothofagus</I> de Sudam&eacute;rica son ECM obligadas (Meyer, 1973; Palfner, 2001).</P>      <P align="center"><a name="tab1"><IMG SRC="/img/fbpe/inci/v29n5/Image62.jpg" WIDTH=440 HEIGHT=758></a></P>     
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<body><![CDATA[<P align="center"><a name="tab2"><IMG SRC="/img/fbpe/inci/v29n5/Image63.jpg" WIDTH=440 HEIGHT=379></a></P>      
<P align="justify">Tambi&eacute;n diversos &aacute;rboles tropicales y subtropicales en Am&eacute;rica, Africa, Asia y Australia pueden formar ECM (P&eacute;rez-Moreno, 1998; Moyersoen <I>et al</I>., 1998a, b, 2001; Founoune <I>et al.</I>, 2002; Onguene y Kuyper, 2002;). En los tr&oacute;picos se han reportado al menos 49 g&eacute;neros, distribuidos en 13 familias, capaces de formar ECM (<a href="#tab1">Tabla I</a>). En t&eacute;rminos generales el tipo de micorriza dominante en las regiones tropicales es la micorriza arbuscular (MA). Esta simbiosis se ha encontrado en &aacute;rboles, arbustos y plantas herb&aacute;ceas de todas las regiones tropicales exploradas en el mundo (Smith and Read, 1997). Parece ser que en los tr&oacute;picos h&uacute;medos, espec&iacute;ficamente la micorriza ves&iacute;culo-arbuscular formada por los miembros de Glomineae, dentro de Glomeromycota (Sch&uuml;&szlig;ler <I>et al.</I>, 2001), es m&aacute;s com&uacute;n que la MA estricta formada por Gigasporineae (Sieverding, 1991). La simbiosis ECM, a pesar de no ser un elemento tan dominante en los tr&oacute;picos como en las regiones templadas y boreales, cuando se encuentra presente es, frecuentemente, el tipo de micorriza dominante. La ECM ha sido estudiada en el tr&oacute;pico principalmente i) en vastas &aacute;reas del sureste asi&aacute;tico, dominadas por miembros de Dipterocarpaceae, primordialmente en Indonesia (Smits, 1992) y Malasia (Lee <I>et al.,</I> 1997; Watling <I>et al., </I>2002), y ii) en Africa Central (Green y Newbery, 2001 a, b) y Occidental (Newbery <I>et al</I>., 1997), donde es localmente abundante con leguminosas cesalpinoides de la tribu Amersthieae (Moyersoen <I>et al.,</I> 1998b; Verbeken y Buyck, 2002). Adicionalmente, la simbiosis tambi&eacute;n ha sido registrada en el ne&oacute;tropico (Singer y Araujo, 1979; Henkel <I>et al.,</I> 2002). Finalmente, la ECM tambi&eacute;n es abundante en &aacute;reas tropicales, dominadas por especies, nativas o introducidas, de <I>Pinus, Eucalyptus, Casuarina</I> y <I>Acacia.</I> Los &uacute;ltimos tres g&eacute;neros establecen en dichas regiones tanto ECM como MA (Mikola, 1980; Brundett <I>et al.</I>, 1996; Founoune <I>et al</I>., 2002; Tawarayaa <I>et al.</I>, 2003). Incluso en<I> Leptospermum </I>se han observado simult&aacute;neamente en el mismo &aacute;pice radical infecciones de ECM y MA (Janos, 1983), tal y como ocurre en <I>Eucalyptus </I>(Chen <I>et al.,</I> 2000).</P>     <P align="justify">A la fecha se ha estimado que existen m&aacute;s de 5000 especies de hongos ECM, de los cuales alrededor del 90% son Basidiomycetes (Malloch <I>et al</I>., 1980; Molina <I>et al</I>., 1992). Dentro de este grupo familias enteras tales como Amanitaceae, Russulaceae, Paxillaceae, Boletaceae y Strobilomycetaceae parecen haber evolucionado como micobiontes. En contraste, en otros casos s&oacute;lo ciertos g&eacute;neros dentro de algunas familias son capaces de establecer relaciones ECM (Smith y Read, 1997). De manera similar que para el caso de plantas ECM, se considera que algunas especies f&uacute;ngicas, tales como <I>Pisolithus tinctorius</I> (Pers.) Cooker, tienen la habilidad de formar simbiosis ECM con una gran cantidad de plantas, t&iacute;picamente incluyendo especies vegetales adscritas incluso a diferentes familias. En contraste, otras especies f&uacute;ngicas se asocian con un restringido n&uacute;mero de especies vegetales adscritas a un g&eacute;nero o una familia, por ejemplo <I>Suillus </I>restringida a Pinaceae (Molina <I>et al.,</I> 1992).</P>     <P align="justify">Estudios de campo han estimado que 10 a 15% de la producci&oacute;n total de los fotosintatos de los &aacute;rboles en los bosques es transferido a los simbiontes f&uacute;ngicos (Vogt <I>et al</I>., 1991). A pesar de este elevado costo energ&eacute;tico, en los bosques naturales templados la presencia de los micobiontes es obligada, lo que es indicativo de la relevancia de dicha simbiosis para el mantenimiento de estos sistemas (Brundett, 1991). Se ha considerado que una de las principales razones de esta presencia obligada es que la ectomicorriza es responsable de gran parte de la absorci&oacute;n de nutrientes en &aacute;rboles de bosques en donde es dominante la simbiosis (Vogt <I>et al</I>., 1982). Adem&aacute;s se ha postulado que dicha simbiosis proporciona a los fitobiontes mayor captaci&oacute;n de agua y fitohormonas, as&iacute; como protecci&oacute;n contra pat&oacute;genos (Marks y Kozlowski, 1973; Harley y Smith, 1983; Smith y Read, 1997) e incremento en la longevidad de las ra&iacute;ces (Marshall y Perry, 1987). Esta estrecha relaci&oacute;n entre simbiontes origina frecuentemente una dependencia de las plantas asociadas, siendo entonces la ectomicorriza usualmente una relaci&oacute;n obligada. G&eacute;neros completos de &aacute;rboles como <I>Abies, Betula</I>,<I> Pinus, Picea, Fagus</I> y <I>Quercus </I>(<a href="#tab2">Tabla II</a>), que cubren extensas &aacute;reas del planeta, no sobrevivir&iacute;an en condiciones naturales en ausencia de la simbiosis ECM (Meyer, 1973; Smith y Read, 1997).</P>  <B>    <P align="justify">El Micelio Externo Ectomicorr&iacute;zico</P> </B>     <P align="justify">Los componentes estructurales de la simbiosis ECM incluyen i) las ra&iacute;ces modificadas, que contienen tejidos vegetales y f&uacute;ngicos, ii) las estructuras f&uacute;ngicas reproductivas, y iii) el micelio externo que incluye hifas absorbentes, cordones miceliales y rizomorfos (Brundett <I>et al.,</I> 1996; S&ouml;derstr&ouml;m, 1992).</P>     <P align="justify">El micelio externo es uno de los m&aacute;s importantes componentes en el funcionamiento de la simbiosis ECM debido a su habilidad para i) absorber y transportar nutrientes minerales (Finlay y Read, 1986a, b; Read <I>et al</I>., 1985) y org&aacute;nicos (Bending y Read, 1995; P&eacute;rez-Moreno y Read, 2000, 2001a, b) del suelo, jugando debido a este &uacute;ltimo atributo un papel comparable desde el punto de vista ecol&oacute;gico al de los hongos sapr&oacute;fitos (Read y P&eacute;rez-Moreno, 2003); ii) iniciar asociaciones ECM al contactar hospederos j&oacute;venes (Brownlee <I>et al.,</I> 1983; Fleming, 1985; Green y Newbery 2001a, b); iii) funcionar como prop&aacute;gulo f&uacute;ngico, al ser separado (por modificaciones f&iacute;sicas en los suelos) de los &aacute;rboles asociados (Read <I>et al.,</I> 1985; Newton y Pigott, 1991); iv) iniciar la formaci&oacute;n de cuerpos fruct&iacute;feros como primordios; y v) conectar &aacute;rboles de la misma o diferente especie en la naturaleza (Simard<I> et al.,</I> 1997), como se discute en el siguiente apartado de este art&iacute;culo.</P>     <P align="justify">Debido a su habilidad para movilizar nutrientes del suelo, el micelio externo ECM es una de las estructuras biol&oacute;gicas m&aacute;s fascinantes, dado que constituye un lazo vital entre las ra&iacute;ces (y por ende las plantas) y el suelo. A pesar de este hecho, como fue se&ntilde;alado por Read (1992), la estructura, funci&oacute;n y hasta la presencia de este componente han sido frecuentemente ignoradas. La principal raz&oacute;n de este hecho pudiera ser que, comparado con los otros componentes de la simbiosis ECM, el micelio externo es la parte m&aacute;s dif&iacute;cil de examinar y manipular experimentalmente de un modo no destructivo. Una de las posibilidades para superar esta limitaci&oacute;n, es utilizar el acercamiento al microcosmos. Este enfoque consiste b&aacute;sicamente en la utilizaci&oacute;n de c&aacute;maras de observaci&oacute;n transparentes, las cuales pueden contener una variedad de materiales que incluyen suelos naturales, turba o &quot;substratos inertes&quot; (con muy bajos contenidos de nutrientes), y en las cuales se colocan las plantas micorrizadas (Read, 1992).</P>     <P align="justify">Se ha demostrado que el micelio ECM puede persistir en el tiempo y expanderse en el espacio al producir extensas hifas de larga longevidad en los suelos forestales (Duddridge, 1986; Dahlberg y Stenlid, 1994; Dahlberg, 1997; Bonello<I> et al</I>., 1998). Algunas veces individuos simples (o ‘genets’) de hongos ECM pueden ser muy grandes en tama&ntilde;o; el m&aacute;s grande fue reportado por Bonello<I> et al</I>. (1998). Estos autores reportaron un individuo de <I>Suillus pungens</I> Thiers et Smith en un bosque de <I>Pinus muricata</I> D. Don que cubr&iacute;a un &aacute;rea de al menos 300m2 con un di&aacute;metro potencial de 40m. Grandes di&aacute;metros, de hasta 20m, tambi&eacute;n han sido estimados en individuos de <I>Suillus bovinus</I> y <I>Suillus variegatus</I>, mientras que individuos de <I>Laccaria laccata</I> pueden alcanzar di&aacute;metros de hasta 12,5m (Dahlberg y Stenlid, 1990, 1994; Barr <I>et al</I>., 1994; Dahlberg, 1997). Anderson <I>et al.</I> (1998) reportaron que los individuos de una especie australiana de <I>Pisolithus</I> se extend&iacute;an hasta 30m a lo largo de una cerca paralela a la carretera y Sawyer<I> et al.</I> (1999) encontr&oacute; que <I>Cortinarius rotundisporus</I> (Clel and Cheel) Horak and Wood, en tres sitios de muestreo en bosque escler&oacute;filo, tambi&eacute;n en Australia, produjo individuos con un di&aacute;metro de 9 a 30m. Las tasas de crecimiento de los Basidiomycetes ECM (por ejemplo alrededor de 0,5m/a&ntilde;o, reportadas por Read, 1992) sugieren que estos individuos con un gran di&aacute;metro crecieron en los bosques por muchos a&ntilde;os, por ejemplo hasta 80 a&ntilde;os para alcanzar dimensiones de 40m.</P>  <B>    <P align="justify">Lazos Micorr&iacute;zicos, Redes que conectan &Aacute;rboles en la Naturaleza</P> </B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">Estudios desarrollados las &uacute;ltimas d&eacute;cadas han demostrado convincentemente que una de las funciones m&aacute;s importantes del micelio ECM es su capacidad para conectar &aacute;rboles de la misma o de diferentes especies. Asociaciones con un micelio micorr&iacute;zico funcional han sido demostradas en <I>Alnus, Betula, Larix, Picea, Pinus</I> y <I>Pseudotsuga</I> interconectados por hongos ECM que pertenecen a los g&eacute;neros <I>Amanita, Paxillus, Pisolithus, Scleroderma, Suillus</I> y <I>Thelephora</I>.</P>     <P align="justify">En la d&eacute;cada de los 60, Woods y Brock (1964) y Woods (1970) llevaron a cabo investigaciones en bosques mixtos y de pinos y demostraron la transferencia de ciertos radiois&oacute;topos entre diferentes especies de &aacute;rboles y arbustos en esos ecosistemas. Cuando el &quot;maple rojo&quot; (<I>Acer rubrum</I> L.) fue la especie &quot;donante&quot;, existi&oacute; transferencia de <sup>32</sup>P y <sup>45</sup>Ca a las hojas de 19 de las 30 posibles plantas &quot;receptoras&quot;. Cuando una especie de encino (<I>Quercus marilandica</I> Muench.) o <I>Carya pallida</I> fueron las especies donantes, m&aacute;s del 50% de las 569 posibles plantas receptoras, ubicadas a distancias de 1 a 52m recibieron <sup>45</sup>Ca, <sup>32</sup>P, <sup>86</sup>Rb o <sup>35</sup>S. En ambos casos los autores consideraron que los puentes micorr&iacute;zicos pod&iacute;an ser la causa probable de la transferencia de is&oacute;topos. Debido a que los g&eacute;neros <I>Acer</I>, <I>Carya</I> y <I>Quercus</I> han sido tradicionalmente considerados como ECM (Harley y Smith, 1983; Smith y Read, 1997) estos trabajos pioneros en condiciones de campo, tienen un importante valor hist&oacute;rico.</P>     <P align="justify">Fue en la decada de los 80 cuando las primeras evidencias concluyentes de interconexiones funcionales entre plantas ECM fueron presentadas por investigadores de la Universidad de Sheffield en Inglaterra (Duddrige <I>et al.</I>, 1980; Brownlee <I>et al</I>., 1983; Read <I>et al</I>., 1985; Finlay y Read, 1986a, b). A partir de entonces utilizando is&oacute;topos se ha demostrado que el micelio externo ECM tiene la capacidad de movilizar agua, carbono, f&oacute;sforo y nitr&oacute;geno en plantas interconectadas (<a href="#tab3">Tabla III</a>).</P>      <P align="center"><b><font size="3"><a name="tab3"></a>TABLA III    <br> </font></b><b><font size="3">COMPUESTOS TRANSFERIDOS ENTRE LAS ESPECIES VEGETALES A TRAVÉS DEL MICELIO ECTOMICORRÍZICO    <br> </font></b><IMG SRC="/img/fbpe/inci/v29n5/Image64.jpg" WIDTH=574 HEIGHT=347>    
<br> * Este registro evidenció la trasferencia de carbono en condiciones de campo.</P>      <P align="justify">La transferencia de agua, a traves de rizomorfos, en plantas interconectadas fue reportada por Duddrige <I>et al.</I> (1980). Las velocidades de transporte de agua fueron similares a aquellas reportadas para xilema, sugiriendo fuertemente una alta conductividad hidra&uacute;lica en los rizomorfos. Estudios microsc&oacute;picos en estas estructuras demostraron la presencia de dos tipos de c&eacute;lulas, unas de menor di&aacute;metro con contenido protopl&aacute;smico y otras de mayor di&aacute;metro carentes del mismo. El primer tipo de c&eacute;lulas se encontr&oacute; siempre rodeando a las segundas, tanto en rizomorfos naturales como en aquellos sintetizados en laboratorio. Estos cordones hifales fueron entonces considerados como extensiones funcionales de los sistemas radicales.</P>     <P align="justify">La transferencia de carbono ha sido reportada en <I>Pinus, Fagus</I> y <I>Alnus</I> por Brownlee <I>et al</I>. (1983), Read <I>et al</I>. (1985), Finlay y Read (1986a), Read (1991), Arnebrandt <I>et al.</I> (1993) y Ek <I>et al</I>. (1996). Esta transferencia puede ocurrir inter- e intraespec&iacute;ficamente y es influenciada por relaciones fuente-demanda.</P>     <P align="justify">La transferencia de f&oacute;sforo en pinos interconectados por micelio ECM fue reportada por Finlay y Read (1986b) y Read (1991). Estos autores demostraron que es el micelio externo ECM, m&aacute;s que las ra&iacute;ces, el responsable de la absorbci&oacute;n y el transporte de f&oacute;sforo, y que una de las m&aacute;s importantes funciones de la red micelial es absorber y transportar este elemento de fuentes externas y &quot;parches&quot; ricos en el mismo a plantas interconectadas y vainas ECM.</P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">La transferencia de nitr&oacute;geno ha sido reportada en abetos interconectados con <I>Fagus </I>o <I>Alnus</I>, de fuentes externas a ra&iacute;ces micorr&iacute;zicas y hojas de pl&aacute;ntulas en los fitobiontes asociados (Arnebrandt <I>et al.,</I> 1993; Ek <I>et al</I>., 1996). En el caso de <I>Fagus</I> con <I>Picea</I>, 94% del <sup>15</sup>N recuperado fue transferido a <I>Fagus, </I>probablemente debido a que este se encontraba en un estad&iacute;o fisiol&oacute;gicamente m&aacute;s activo que <I>Picea</I> (Ek <I>et al.</I>, 1996). En el caso de <I>Alnus</I> con <I>Picea, </I>el &aacute;rbol fijador de nitr&oacute;geno transfiri&oacute; <sup>15</sup>N a el pino a trav&eacute;s del micelio externo ECM (Arnebrandt <I>et al</I>., 1993).</P>     <P align="justify">M&aacute;s recientemente, Simard<I> et al</I>. (1997) demostraron que la transferencia de carbono puede ocurrir de manera bidireccional, en condiciones de campo, entre el &quot;abedul del papel&quot; (<I>Betula papyrifera</I> Marsch.) y los abetos (<I>Pseudotsuga menziesii</I> (Mirb.) Franco). La ganancia neta de carbono del abeto en comparaci&oacute;n al abedul, represent&oacute; seg&uacute;n estos autores 6% de la fijaci&oacute;n de carbono efectuada mediante fotos&iacute;ntesis. Pl&aacute;ntulas de cedro (<I>Thuja plicata</I> D. Don), un &aacute;rbol que presenta micorriza arbuscular que tambi&eacute;n fue evaluado, careci&oacute; de ECM mientras que el abedul y el abeto tuvieron siete morfotipos ECM en com&uacute;n, los cuales colonizaban al menos 90% de sus ra&iacute;ces cortas. Por estas razones, estos autores concluyeron que la transferencia de carbono fue primariamente a trav&eacute;s de sus conexiones ECM. Uno de los m&aacute;s interesantes descubrimientos de esta investigaci&oacute;n, como fue se&ntilde;alado por Read (1997), fue que la magnitud de la transferencia neta fue influenciada por el sombreado del abedul; a mayor cantidad de luz recibida, menor la transferencia neta. Esto indica que bajo condiciones de campo las relaciones fuente-demanda regulan la transferencia de carbono. Newman (1988) y Read (1997) consideraron que el hecho que el carbono pueda pasar de plantas bien iluminadas a plantas sombreadas, como se muestra en la investigaci&oacute;n de Simard <I>et al.</I> (1997), influye la din&aacute;mica del ecosistema, reduciendo la dominancia competitiva por algunas plantas y promoviendo la coexistencia y la diversidad de otras especies. Asimismo, Onguene y Kuyper (2002) reportaron que las redes miceliales de ECM juegan un importante papel en la supervivencia de &aacute;rboles tropicales de los g&eacute;neros <I>Brachystegia, Afzelia, Paraberlinia</I> y <I>Tetraberlinia</I>. Bajo esta &oacute;ptica, la ECM es un importante factor que promueve as&iacute; la biodiversidad vegetal en los ecosistemas.</P>  <B>    <P align="justify">Transferencia de Nutrientes de Substratos Org&aacute;nicos Naturales </P> </B>     <P align="justify">M&aacute;s de un siglo de investigaciones en el estudio de la simbiosis ectomicorr&iacute;zica ha demostrado de manera concluyente su importancia en la transferencia de nutrientes del suelo a las plantas asociadas, principalmente en ecosistemas templados, boreales y tropicales. Sin embargo, la informaci&oacute;n generada hasta ahora, en su gran mayor&iacute;a, ha estado relacionado con la movilizaci&oacute;n de nutrientes, principalmente en forma mineral (Smith y Read, 1997). Si bien es cierto que este acercamiento ha tenido una extraordinaria precisi&oacute;n, ser&iacute;a necesario reconocer que uno de los grandes retos a la fecha es tratar de comprender la movilizaci&oacute;n de nutrientes efectuada por el micelio externo ectomicorr&iacute;zico, en escenarios m&aacute;s realistas (<a href="#fig1">Figura 1</a>), es decir a partir de los substratos org&aacute;nicos naturales, que son los que se encuentran en los ecosistemas donde prospera dicha simbiosis (Read y P&eacute;rez-Moreno, 2003).</P>      <P align="center"><a name="fig1"><IMG SRC="/img/fbpe/inci/v29n5/Image65.jpg" WIDTH=506 HEIGHT=402></a></P>      
<P align="justify">Hasta &eacute;pocas recientes la capacidad de los hongos ECM para mobilizar y reciclar nutrientes de la materia org&aacute;nica del suelo hab&iacute;a recibido poca atenci&oacute;n (Smith y Read, 1997; Read y P&eacute;rez-Moreno, 2003). Parad&oacute;jicamente, sin embargo, la posibilidad de que estos simbiontes pudieran estar involucrados en los procesos de transferencia de nutrientes de substratos org&aacute;nicos naturales a las plantas fue reconocida por el pionero de los estudios micorr&iacute;zicos, y creador del vocablo &quot;micorriza&quot;, A. B. Frank, quien propuso (Frank, 1894), en lo que es conocida como la &quot;Teor&iacute;a del Nitr&oacute;geno Org&aacute;nico&quot; que el papel primario de la simbiosis ECM era facilitar la transferencia de nitr&oacute;geno de la materia org&aacute;nica del suelo a las ra&iacute;ces de las plantas (Frank, 1885).</P>     <P align="justify">Desafortunadamente, durante los dos primeros tercios del siglo XX esta idea recibi&oacute; muy poca atenci&oacute;n experimental y no fue sino hasta los 80 que diversos investigadores demostraron que los hongos ECM producen una amplia variedad de enzimas capaces de degradar substratos que constituyen parte de los materiales org&aacute;nicos del suelo (Leake y Read, 1997). Mientras que el potencial de tal funci&oacute;n fue revelado primero en estudios que usaron cultivos monox&eacute;nicos de hongos crecidos en la presencia de compuestos puros tales como prote&iacute;nas (Abuzinadah y Read, 1986a, b) y fosfatos org&aacute;nicos (Dighton, 1983; Hilger y Krause, 1989; Antibus <I>et al.,</I> 1992), el &eacute;nfasis actualmente se ha movido a escenarios m&aacute;s realistas en los cuales los hongos son crecidos en asociaci&oacute;n con sus &aacute;rboles hospederos y provistos con substratos en la forma en la cual es probable que los encuentren en la naturaleza. &Eacute;stos han incluido i) materiales en descomposici&oacute;n colectados en los horizontes de fermentaci&oacute;n (P&eacute;rez-Moreno y Read, 2000), ii) polen (P&eacute;rez-Moreno y Read, 2001a), que es un substrato depositado anualmente en grandes cantidades de manera estacional, y iii) fauna del suelo (Klironomos y Hart, 2001; P&eacute;rez-Moreno y Read 2001b) a manera de necromasa con un alto contenido nutritivo.</P>     <P align="justify">A pesar de que la comprensi&oacute;n de la movilizaci&oacute;n de nutrientes a partir de substratos org&aacute;nicos naturales reci&eacute;n se inicia, los estudios efectuados a la fecha (<a href="#tab4">Tabla IV</a>) sugieren que la naturaleza distintiva de los tipos de substratos determina importantes diferencias en estos procesos. Los materiales vegetales en descomposici&oacute;n muestran considerable variabilidad en su grado de movilizaci&oacute;n. Dependiendo de la combinaci&oacute;n planta-hongo &eacute;stos var&iacute;an respectivamente entre 0 y 32% de las cantidades originales en el caso de nitr&oacute;geno y entre 3 y 63% en el de f&oacute;sforo (<a href="#tab4">Tabla IV</a>). En algunas ocasiones una combinaci&oacute;n planta-hongo puede proporcionar acceso preferencial a un nutriente espec&iacute;fico contenido en los substratos org&aacute;nicos naturales. Por ejemplo <I>Paxillus involutus</I> asociado con <I>Betula pendula</I> mobiliz&oacute; 35% del f&oacute;sforo orginalmente presente en material de horizontes de fermentaci&oacute;n de bosque de pinos, pero solo 1% de su nitr&oacute;geno total (P&eacute;rez-Moreno y Read, 2000). En contraste, en otro estudio, Bending y Read (1995) demostraron que <I>Thelephora terrestris</I> (Ehrh) asociado con <I>Pinus sylvestris</I> fue capaz de remover 13% del nitr&oacute;geno originalmente presente en materiales de horizontes de fermentaci&oacute;n de bosque de pinos pero solo 3% de su f&oacute;sforo total. Si esta preferencia es un atributo de la relaci&oacute;n planta-hongo o, m&aacute;s espec&iacute;ficamente, si es una caracter&iacute;stica fisiol&oacute;gica de la cepa micorr&iacute;zica involucrada, es algo que permanece por ser explorado.</P>      <P align="center"><a name="tab4"><IMG SRC="/img/fbpe/inci/v29n5/Image66.jpg" WIDTH=578 HEIGHT=417></a>    
<br> MHF: Material del horizonte de fermentación del suelo forestal.</P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P align="justify">En todos los casos hasta ahora reportados, las cantidades de nutrientes removidas de materiales vegetales en descomposici&oacute;n por sistemas micorr&iacute;zicos fueron menores que aquellas removidas a partir de substratos org&aacute;nicos naturales mejor definidos, como polen y animales del suelo. El polen ha mostrado las tasas de movilizaci&oacute;n m&aacute;s altas reportadas a la fecha, siendo respectivamente de 76 y 97% del nitr&oacute;geno y f&oacute;sforo totales originalmente contenidos en el substrato (P&eacute;rez-Moreno y Read, 2001a). Los nematodos del suelo, en los cuales pueden existir tasas de movilizaci&oacute;n de 68 y 65% respectivamente de los mismos nutrientes, tambi&eacute;n constituyen una fuente m&aacute;s l&aacute;bil de nitr&oacute;geno y f&oacute;sforo que el material vegetal en descomposici&oacute;n.</P>     <P align="justify">Ha sido demostrado que, adem&aacute;s de la movilizaci&oacute;n de nutrientes desde substratos org&aacute;nicos naturales por los sistemas micorr&iacute;zicos, una proporci&oacute;n significativa de &eacute;stos es transferida a las plantas asociadas. En los experimentos llevados a cabo, frecuentemente grandes proporciones de los nutrientes contenidos en las plantas se derivaron originalmente de los substratos org&aacute;nicos naturales (P&eacute;rez-Moreno y Read 2000, 2001a, b).</P>     <P align="justify">La habilidad saprof&iacute;tica por si misma, es capaz de movilizar ciertas cantidades de nutrientes a partir de substratos org&aacute;nicos naturales, en ausencia de hongos micorr&iacute;zicos (<a href="#tab4">Tabla IV</a>). Sin embargo, este mecanismo, como ha sido demostrado (P&eacute;rez-Moreno y Read, 2001a, b), es relativamente ineficiente en t&eacute;rminos de la transferencia de nutrientes a las plantas, en parte porque los microorganismos sapr&oacute;fitos transfieren nutrientes en el suelo en todas direcciones desde una fuente localizada, m&aacute;s que exclusivamente hacia las ra&iacute;ces de las plantas. En contraste, el micelio de los hongos micorr&iacute;zicos efect&uacute;a la translocaci&oacute;n de nutrientes directamente a las ra&iacute;ces micorr&iacute;zicas, conectadas a trav&eacute;s de la extensa red micelial sostenida por el carbono proporcionado por las plantas.</P>     <P align="justify">Klironomos y Hart (2001) demostraron que una proporci&oacute;n importante de nitr&oacute;geno derivado de collembolas fue transferido al follaje de pinos creciendo en asociaci&oacute;n con <I>Laccaria bicolor, </I>mientras que solo una peque&ntilde;a parte del nitr&oacute;geno fue transferida a estas plantas cuando estuvieron asociadas con <I>Cenococcum geophilum</I>. Esto enfatiza nuevamente la necesidad de reconocer que pueden ocurrir considerables diferencias en la capacidad de los hongos micorr&iacute;zicos para asegurar la movilizaci&oacute;n y transferencia de nutrientes desde substratos org&aacute;nicos a las plantas.</P>     <P align="justify">El mantillo constituye claramente una importante fuente potencial de nutrientes, tanto en bosques de con&iacute;feras como en bosques deciduos. Dado que cantidades similares de material susceptible de descomposici&oacute;n son conocidos de ser producidos en el reciclaje de los sistemas radicales en comparaci&oacute;n con los producidos por la parte a&eacute;rea, ser&iacute;a de inter&eacute;s considerar en el futuro el papel que juegan los sistemas ECM en el reciclaje de este componente. Aqu&iacute;, la biomasa ECM por si misma debe contribuir significativamente al conjunto de nutrientes potencialmente disponible para movilizaci&oacute;n.</P>     <P align="justify">En el caso del polen, a&uacute;n cantidades de nutrientes mas modestas que las del mantillo, podr&iacute;an tener relevancia ecol&oacute;gica significativa en ecosistemas extremadamente empobrecidos, tales como los bosques boreales, debido a la alta efectividad de movilizaci&oacute;n de nutrientes reportada por los sistemas micorr&iacute;zicos (P&eacute;rez-Moreno y Read, 2001a). Por ejemplo, una lluvia de polen de 10g de peso seco/m<sup>2</sup>/a&ntilde;o (equivalente a 100kg/ha/a&ntilde;o) originar&iacute;a tasas de movilizaci&oacute;n micorr&iacute;zicas de 228 y 39mg de N y de P por m<sup>2</sup>/a&ntilde;o, respectivamente. Estas cantidades son equivalentes en el caso del nitr&oacute;geno a cerca de una d&eacute;cima parte (unos 2000mg/m<sup>2</sup>/a&ntilde;o) de aquellas estimadas de ser movilizadas del mantillo, y menos de una sexta parte (unos 200mg/m<sup>2</sup>/a&ntilde;o) en el caso del f&oacute;sforo.</P>     <P align="justify">En el caso de los nematodos del suelo las cantidades potencialmente disponibles para la movilizaci&oacute;n por parte de sistemas micorr&iacute;zicos parecen relativamente modestas; sin embargo, es importante considerar que los nematodos del suelo son solo un componente de la fauna local. Si las tasas de movilizaci&oacute;n por los sistemas micorr&iacute;zicos, observadas en este grupo, se demuestran ampliamente distribuidas en otros grupos de fauna del suelo, cantidades significativas tanto de nitr&oacute;geno como de f&oacute;sforo podr&iacute;an ser movilizadas de la mesofauna en los bosques templados. Alg&uacute;n apoyo a esta noci&oacute;n proviene del estudio en Collembola efectuado por Klironomos y Hart (2001), basado en evaluaciones de la transferencia a las plantas, m&aacute;s que en la p&eacute;rdida en los nematodos. Aqu&iacute; cabe se&ntilde;alar que el simbionte f&uacute;ngico tiene la habilidad de usar nutrientes de origen animal para intercambiarlos por el carbono de los &aacute;rboles hospederos. El hecho de que los tipos particulares de substratos org&aacute;nicos naturales estudiados son producidos en diferentes &eacute;pocas del a&ntilde;o, sugiere que bajo condiciones naturales algunos de ellos estar&aacute;n potencialmente disponibles para movilizaci&oacute;n por los sistemas micorr&iacute;zicos, en las diferentes estaciones a trav&eacute;s del a&ntilde;o seg&uacute;n los requerimentos de las plantas. Los estudios en este sentido han sido escasos en &aacute;reas tropicales, siendo actualmente un &aacute;rea muy original de investigaci&oacute;n. A pesar de esto, los resultados conocidos a la fecha indican que las redes miceliales micorr&iacute;zicas de hongos ECM juegan un importante papel en la movilizaci&oacute;n de nutrientes de substratos org&aacute;nicos naturales a las plantas, en los ecosistemas donde predomina la simbiosis.</P>  <B>    <P align="justify">Agradecimientos</P> </B>     <P align="justify">Los autores agradecen a Irene Johnson y Glyn Woods, del <I>Animal and Plant Sciences Department, Universtiy of Sheffield</I> por su apoyo t&eacute;cnico, y a Jonathan Leake por sus discusiones. Se agradece tambi&eacute;n el apoyo del CONACYT a trav&eacute;s del proyecto Biorecuperaci&oacute;n de Suelos Contaminados con Metales Pesados Utilizando Plantas y sus Microorganismos Simbi&oacute;ticos<I>.</P> </I> <B>    <P align="justify">REFERENCIAS</P> </B>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><P align="justify">1. Abuzinadah RA, Read DJ (1986a) The role of proteins in the nitrogen nutrition of ectomycorrhizal plants I. Utilisation of peptides and proteins by ectomycorrhizal fungi<I>. New Phytol. 103</I>: 481-493.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982987&pid=S0378-1844200400050000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">2. Abuzinadah RA, Read DJ (1986b) The role of proteins in the nitrogen nutrition of ectomycorrhizal plants II. Utilisation of protein by mycorrhizal plants of <I>Pinus contorta</I>. <I>New Phytol. 103</I>: 495-506.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982988&pid=S0378-1844200400050000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">3. Alexander IJ, H&ouml;gberg P (1986) Ectomycorrhizas of tropical angiospermous trees. <I>New Phytol. 102</I>: 541-549.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982989&pid=S0378-1844200400050000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">4. Allen M (1993) <I>The ecology of mycorrhizae</I>. Cambridge University Press. Camdridge, RU. 196 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982990&pid=S0378-1844200400050000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">5. Anderson IC, Chambers SM, Cairney JWG (1998) Molecular determination of genetic variation in <I>Pisolithus</I> isolates from a defined region in New South Wales, Australia. <I>New Phytol. 138</I>: 151-162.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982991&pid=S0378-1844200400050000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">6. Antibus RK, Sinsabaugh RL, Linkins AE (1992) Phosphatase-activities and phosphorus uptake from inositol phosphate by ectomycorrhizal fungi. <I>Can. J. Bot. 70:</I> 794-801.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982992&pid=S0378-1844200400050000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">7. Arnebrandt K, Ek H, Finlay RD, S&ouml;derstr&ouml;m B (1993) Nitrogen translocation between <I>Alnus glutinosa</I> (L.) Gaertn. seedlings inoculated with <I>Frankia</I> sp. and <I>Pinus contorta</I> Doug. ex Loud seedlings connected by a common ectomycorrhizal mycelium. <I>New Phytol. 124</I>: 231-242.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982993&pid=S0378-1844200400050000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">8. Baar J, Ozinga WA, Kuyper TW (1994) Spatial distribution of <I>Laccaria bicolor </I>genets reflected by sporocarps after removal of litter and humus layers in a <I>Pinus sylvestris </I>forest. <I>Mycol. Res. 98</I>: 726-728.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982994&pid=S0378-1844200400050000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">9. Bending GD, Read DJ (1995) The structure and function of the vegetative mycelium of ectomycorrhizal plants V. Foraging behaviour and translocation of nutrients from exploited litter. <I>New Phytol. 130</I>: 401-409.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982995&pid=S0378-1844200400050000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">10. Bonello P, Bruns TD, Gardes M (1998) Genetic structure of a natural population of the ectomycorrhizal fungus <I>Suillus pungens</I>. <I>New Phytol. 138</I>: 533-542.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982996&pid=S0378-1844200400050000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">11. Brearley FQ, Press MC, Scholes JD (2003) Nutrients obtained from leaf litter can improve the growth of dipterocarp seedlings. <I>New Phytol. 160</I>:<B> </B>101-110.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982997&pid=S0378-1844200400050000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">12. Brownlee C, Duddrige JA, Malibari A, Read DJ (1983) The structure and function of mycelial systems of ectomycorrhizal roots with special reference to their role in forming inter-plant connections and providing pathways for assimilate and water transport. <I>Plant Soil 71</I>: 433-443.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982998&pid=S0378-1844200400050000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">13. Brundett M (1991) Mycorrhizas in natural ecosystems. <I>Adv. Ecol. Res. 21</I>: 171-313.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=982999&pid=S0378-1844200400050000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">14. Brundett MC (2002)<B> </B>Coevolution of roots and mycorrhizas of land plants.<B> </B><I>New Phytol.</I><B> </B><I>154</I>: 275-304.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983000&pid=S0378-1844200400050000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">15. Brundett M, Bougher N, Dell B, Grove T, Malajczuk N (1996) <I>Working with mycorrhizas in forestry and agriculture</I>. Australian Center for International Agricultural Research. Canberra, Australia. 374 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983001&pid=S0378-1844200400050000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">16. Cabrera T, Iglesias H, Ruiz M, Herrera S, Sotolongo AM (1990) Micorrizas de <I>Coccoloba uvifera </I>Jacq. En <I>Res&uacute;menes V Congreso Latinoamericano de Bot&aacute;nica</I>. La Habana, Cuba. p. 26.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983002&pid=S0378-1844200400050000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">17. Castellano MA, Molina R (l989) <I>Mycorrhizae. </I>En Landis TD, Tinus RW, McDonald SE, Barnett JP (Eds.) <I>The container tree nursery manual.</I> Vol. 5<I>. </I>Agric. Handbook 674. Forest Service. USDA. Washington DC, EEUU. pp. 101-171.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983003&pid=S0378-1844200400050000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">18. Chen YL, Brundett MC, Dell B (2000) Effects of ectomycorrhizas and vesicular-arbuscular mycorrhizas, alone or in competition, on root colonization and growth of <I>Eucalyptus globulus</I> and <I>E. urophylla</I>. <I>New Phytol. 146</I>: 545-556.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983004&pid=S0378-1844200400050000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">19. Dahlberg A (1997) Population ecology of <I>Suillus variegatus</I> in old Swedish Scots pine forests. <I>Mycol. Res. 101</I>: 47-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983005&pid=S0378-1844200400050000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">20. Dahlberg A, Stenlid J (1990) Population, structure and dynamics in <I>Suillus bovinus</I> as indicated by spatial-distribution of fungal clones. <I>New Phytol.</I> <I>115</I>: 487-493.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983006&pid=S0378-1844200400050000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">21. Dahlberg A, Stenlid J (1994) Size, distribution and biomass of genets in populations of <I>Suillus bovinus</I> (Fr.) Rousell revealed by somatic incompatibility. <I>New Phytol. 128</I>: 225-234.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983007&pid=S0378-1844200400050000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">22. Dighton J (1983) Phosphatase production by mycorrhizal fungi. <I>Plant Soil 71</I>: 455-462.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983008&pid=S0378-1844200400050000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">23. Duddrige JA (1986) The development and ultrastructure of ectomycorrhizas. III. Compatible and incompatible interactions between<I> Suillus grevillei</I> (Klotzsch) Sing. and 11 species of ectomycorrhizal hosts <I>in vitro</I> in the absence of exogenous carbohydrate.<I> New Phytol.</I> <I>103</I>: 103-188.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983009&pid=S0378-1844200400050000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">24. Duddrige JA, Malibari A, Read DJ (1980) Structure and function of mycorrhizal rhizomorphs with special reference to their role in water transport. <I>Nature 287</I>: 834-836.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983010&pid=S0378-1844200400050000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">25. Ek H, Andersson S, S&ouml;derstr&ouml;m B (1996) Carbon and nitrogen flow in silver birch and Norway spruce connected by a common mycorrhizal mycelium. <I>Mycorrhiza</I> <I>6:</I> 465-467.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983011&pid=S0378-1844200400050000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">26. Entry JA, Rose CL, Cromack JrK (1991) Litter decomposition and nutrient release in ectomycorrhizal mat soils of a Douglas fir ecosystem. <I>Soil Biol. Biochem.</I> <I>23</I>: 285-290.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983012&pid=S0378-1844200400050000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">27. Finlay RD, Read DJ (1986a) The structure and function of the vegetative mycelium of ectomycorrhizal plants I. Translocation of <sup>14</sup>C-labelled carbon between plants interconnected by a common mycelium. <I>New Phytol. 103</I>: 143-156.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983013&pid=S0378-1844200400050000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">28. Finlay RD, Read DJ (1986b) The structure and function of the vegetative mycelium of ectomycorrhizal plants II. The uptake distribution of phosphorus by mycelial strands interconnecting host plants.<I> New Phytol. 103:</I> 157-165.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983014&pid=S0378-1844200400050000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">29. Fleming LV (1985) Experimental study of sequences of ectomycorrhizal fungi on birch (<I>Betula</I> sp.) seedling root systems. <I>Soil Biol. Biochem. 17:</I> 591-600.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983015&pid=S0378-1844200400050000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">30. Founoune H, Duponnois R, Ba AM, El Bouami F (2002) Influence of the dual arbuscular endomycorrhizal/ectomycorrhizal symbiosis on the growth of <I>Acacia holosericea</I> (A. Cunn. ex G. Don) in glasshouse conditions. <I>Ann. Forest Sci. 59</I>: 93-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983016&pid=S0378-1844200400050000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">31. Frank AB (1885) Ueber die auf Wurzelsymbiose beruhende Ern&auml;hrung gewisser Baume durch unterirdische Pilze (On the root-symbiosis-depending nutrition through hypogeous fungi of certain trees). <I>Ber. Deut. Bot. Gesell.</I> <I>3</I>: 128-145 (translated by J.M. Trappe, <I>Proc. 6th N. Amer. Conf. Myc.:</I>18-25).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983017&pid=S0378-1844200400050000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">32. Frank AB (1894) Die Bedeutung der Mykorrhiza-pilze f&uuml;r die gemeine Kiefer. <I>Forstwissenschaftliches Centralblatt 16: </I>185-190.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983018&pid=S0378-1844200400050000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">33. Green JJ, Newbery DM (2001a) Light and seed size affect establishment of grove-forming ectomycorrhizal rain forest tree species. <I>New Phytol. 151</I>: 271-289.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983019&pid=S0378-1844200400050000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">34. Green JJ, Newbery DM (2001b) Shade and leaf loss establishment of grove-forming ectomycorrhizal rain forest tree species. <I>New Phytol. 151</I>: 291-309.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983020&pid=S0378-1844200400050000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">35. Grime JP, Mackey JML, Hillier SH, Read DJ (1987) Floristic diversity in a model system using experimental microcosms<I>. Nature 328</I>: 420-422.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983021&pid=S0378-1844200400050000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">36. Harley JL, Smith SE (1983) <I>Mycorrhizal symbiosis</I>. Academic Press. Londres, RU. 483 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983022&pid=S0378-1844200400050000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">37. Heijden MGA van der, Klironomos JN, Ursic M, Moutoglis P, Streitwolf-Engell R, Boller T, Wiemken A, Sanders IR (1998) Mycorrhizal fungal diversity determines plant biodiversity, ecosystem variability and productivity. <I>Nature</I> <I>396</I>: 69-72.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983023&pid=S0378-1844200400050000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">38. Henkel TW, Terborgh J, Vilgalys RJ (2002) Ectomycorrhizal fungi and their leguminous hosts in the Pakaraima Mountains of Guyana. <I>Mycol. Res. 106</I>: 515-531.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983024&pid=S0378-1844200400050000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">39. Hilger AB, Krause HH (1989) Growth characteristics of <I>Laccaria laccata</I> and <I>Paxillus involutus</I> in liquid culture media with inorganic and organic phosphorus sources. <I>Can. J. Bot. 67:</I> 1782-1789.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983025&pid=S0378-1844200400050000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">40. H&ouml;gberg P (1982) Mycorrhizal associations in some woodland and forest trees and shrubs in Tanzania. <I>New Phytol. 92:</I> 407-415.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983026&pid=S0378-1844200400050000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">41. H&ouml;gberg P, Pearce OD (1986) Mycorrhizas in Zambian trees in relation to host taxonomy, vegetation type and successionaI patterns<I>. J. Ecol. 74</I>: 775-785.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983027&pid=S0378-1844200400050000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">42. Janos DP (1983) Tropical mycorrhizas, nutrient cycles and plant growth. En Sutton SL, Whitmore TC, Chadwick AC (Eds.) <I>Tropical rain forest: ecology and management.</I> Blackwell. Oxford, RU. pp. 327-345.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983028&pid=S0378-1844200400050000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">43. Janos DP (1985) Mycorrhizal fungi: agents or symptoms of tropical community composition. En<I> </I>Molina R (Ed.) <I>Proc. 6th North American Conference on Mycorrhizae. </I>Oregon State University/USDA. Corvallis, Oregon, EEUU. pp.98-103&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983029&pid=S0378-1844200400050000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">44. Johnson NC, Graham JH, Smith FA (1997) Functioning of mycorrhizal associations along the mutualism-parasitism continuum. <I>New Phytol. 135</I>: 575-585.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983030&pid=S0378-1844200400050000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">45. Klironomos JN, Hart MM (2001) Animal nitrogen swap for plant carbon. <I>Nature 410</I>: 651-652.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983031&pid=S0378-1844200400050000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">46. Leake JR (2003) Networks of power and influence: the role of mycorrhizal mycelium in controlling plant communities and agro-ecosystem functioning. <I>IV Internat. Conf. on Mycorrhizae</I>. Montreal, Canad&aacute;. p. 461.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983032&pid=S0378-1844200400050000400046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">47. Leake JR, Read DJ (1997) Mycorrhizal fungi in terrestrial habitats. En Wicklow DT, S&ouml;derstr&ouml;m B. (Eds.) <I>The Mycota IV. Environmental and microbial relationships.</I> Springer. Berlin, Alemania. pp. 281-301.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983033&pid=S0378-1844200400050000400047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">48. Lee SS (1990) The mycorrhizal association of the Dipterocarpaceae in the tropical rain forests of Malaysia. <I>Ambio 19</I>: 383-385.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983034&pid=S0378-1844200400050000400048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">49. Lee LS, Alexander IJ, Watling R (1997) Ectomycorrhizas and putative ectomycorrhizal fungi of <I>Shorea leprosula</I> Miq. (Dipterocarpaceae). <I>Mycorrhiza</I> <I>7</I>: 63-81.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983035&pid=S0378-1844200400050000400049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">50. Malloch DW, Pirozynski KA, Raven PH (1980) Ecological and evolutionary significance of mycorrhizal symbioses in vascular plants (A review). <I>PNAS USA</I> <I>77:</I> 2113-2118.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983036&pid=S0378-1844200400050000400050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">51. Marks GC, Kozlowski TT (Eds.) (1973) <I>Ectomycorrhizae: their ecology and physiology</I>. Academic Press. Nueva York, EEUU. 444 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983037&pid=S0378-1844200400050000400051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">52. Marshall JD, Perry DA (1987) Basal and maintenance respiration of mycorrhizal and nonmycorrhizal root systems of conifers<I>. Can. J. For. Res</I>. <I>17</I>: 872-877.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983038&pid=S0378-1844200400050000400052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">53. Meyer FH (1973) Distribution of ectomycorrhizae in native and man-made forests. En Marks GC, Kozlowski TT (Eds.) <I>Ectomycorrhizae: their ecology and physiology.</I> Academic Press. Nueva York, EEUU. pp. 79-105.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983039&pid=S0378-1844200400050000400053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">54. Mikola P (1980) <I>Tropical mycorrhiza research</I>. Oxford University Press. Oxford, RU. 270 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983040&pid=S0378-1844200400050000400054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">55. Miller OKJr (1983) Ectomycorrhizae in the Agaricales and Gasteromycetes. <I>Can. J. Bot. 61:</I> 909-916.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983041&pid=S0378-1844200400050000400055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">56. Miller OKJr (1984) Taxonomy of ecto and ectendomycorrhizal fungi. En Shenck NC (Ed.) <I>Methods and principles of mycorrhizal research.</I>  2<sup>a</sup> ed. American Phytopathological Society. Saint Paul, Minnesota, EEUU. pp. 91-102.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983042&pid=S0378-1844200400050000400056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">57. Molina R, Massicote H, Trappe JM (1992) Specificity phenomena in mycorrhizal symbioses: community-ecological consequences and practical implications. En Allen MF (Ed.) <I>Mycorrhizal functioning an integrative plant-fungal process</I>. Chapman and Hall. Nueva York, EEUU. pp. 357-423.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983043&pid=S0378-1844200400050000400057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">58. Moyersoen B, Fitter AH, Alexander IJ (1998a) Spatial distribution of ectomycorrhizas and arbuscular mycorrhizas in Korup National Park rain forest, Cameroon, in relation to edaphic parameters. <I>New Phytol</I>. <I>139</I>: 311-320.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983044&pid=S0378-1844200400050000400058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">59. Moyersoen B, Alexander IJ, Fitter AH (1998b) Phosphorus nutrition of ectomycorrhizal and arbuscular mycorrhizal tree seedlings from a lowland tropical rainforest in Korup National Park, Cameroon<I>. J. Trop. Ecol. 14</I>: 47-61.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983045&pid=S0378-1844200400050000400059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">60. Moyersoen B, Becker P, Alexander IJ (2001) Are ectomycorrhizas more abundant than arbuscular mycorrhizas in tropical heath forests? <I>New Phytol. 150</I>: 591-599.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983046&pid=S0378-1844200400050000400060&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">61. Muchovej RMC, Kasaya MCM, Muchovej JJ (1990) Effect of time of inoculation on ectomycorrhizal colonization of <I>Eucalyptus grandis </I>by <I>Pisolithus tinctorius </I>or <I>Paxillus involutus. 8th North American Conf. on Mycorrhizae </I>Jackson, Wyoming, EEUU. p. 219.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983047&pid=S0378-1844200400050000400061&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">62. Newbery DM, Alexander IJ, Rother JA (1997) Phosphorus dynamics in a lowland African rain forest. The influence of ectomycorrhizal trees<I>. Ecol. Monographs</I> <I>67:</I> 367-409.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983048&pid=S0378-1844200400050000400062&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">63. Newbery DM, Alexander IJ, Rother JA (2000) Does proximity to conspecific adults influence the establishment of ectomycorrhizal trees in rain forest? <I>New Phytol</I>. <I>147</I>: 401-409.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983049&pid=S0378-1844200400050000400063&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">64. Newman EI (1988) Mycorrhizal links between plants: their functioning and ecological significance.<I> Adv. Ecol. Res. 18</I>: 243-270.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983050&pid=S0378-1844200400050000400064&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">65. Newton AC, Pigott D (1991) Mineral nutrition and mycorrhizal infection of oak and birch. I. Nutrient uptake and the development of mycorrhizal infection during seedling establishment.<I> New Phytol. 117:</I> 37-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983051&pid=S0378-1844200400050000400065&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">66. Onguene NA, Kuyper TW (2002) Importance of the ectomycorrhizal network for seedling survival and ectomycorrhiza formation in rain forests of south Cameroon. <I>Mycorrhiza 12</I>: 13-17.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983052&pid=S0378-1844200400050000400066&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">67. Palfner G (2001) <I>Taxonomische studien an ektomykorrhizen aus den Nothofagus-W&auml;ldern Mittels&uuml;dchiles. </I>Bibliotheca Mycologica. Band 190. J. Cramer. Berlin, Alemania. 243 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983053&pid=S0378-1844200400050000400067&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">68. P&eacute;rez-Moreno J (1998) La ectomicorriza una simbiosis mutualista en el sostenimiento de Gaia, el planeta viviente. En Ferrera-Cerrato R, P&eacute;rez-Moreno J (Eds) <I>Manejo de agroecosistemas sostenibles.</I> Universidad Veracruzana. Xalapa, M&eacute;xico. pp. 93-120.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983054&pid=S0378-1844200400050000400068&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">69. P&eacute;rez-Moreno J, Ferrera-Cerrato R (1997) Mycorrhizal interactions with plants and soil organisms in sustainable agroecosystems. En Brussaard L, Ferrera Cerrato R (Eds.) <I>Soil ecology in sustainable agricultural systems</I>. CRC Lewis. Boca Raton, Florida, EEUU. pp. 91-112. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983055&pid=S0378-1844200400050000400069&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">70. P&eacute;rez-Moreno J, Read DJ (2000) Mobilization and transfer of nutrients from litter to tree seedlings via the vegetative mycelium of ectomycorrhizal plants. <I>New Phytol. 145</I>: 301-309.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983056&pid=S0378-1844200400050000400070&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">71. P&eacute;rez-Moreno J, Read DJ (2001a) Exploitation of pollen by mycorrhizal mycelial systems with special reference to nutrient recycling in boreal forests<I>. Proc. Roy. Soc. Lond.</I> <I>B 268</I>: 1329-1335.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983057&pid=S0378-1844200400050000400071&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">72. P&eacute;rez-Moreno J, Read DJ (2001b) Nutrient transfer from soil nematodes to plants: a direct pathway provided by the mycorrhizal mycelial network<I>. Plant Cell Environ.</I> <I>24</I>: 1219-1226.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983058&pid=S0378-1844200400050000400072&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">73. Peyronel B, Fassi B, Fontana A, Trappe JM (1969) Terminology of mycorrhizae. <I>Mycologia</I> <I>61</I>: 410-411.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983059&pid=S0378-1844200400050000400073&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">74. Read DJ (1991) Mycorrhizas in ecosystems. <I>Experientia 47</I>: 376-391.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983060&pid=S0378-1844200400050000400074&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">75. Read DJ (1992) The mycorrhizal mycelium. En Allen MF (Ed.) <I>Mycorrhizal functioning, an integrative plant-fungal process. </I>Chapman and Hall. Nueva York, EEUU. pp. 102-133.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983061&pid=S0378-1844200400050000400075&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">76. Read D (1997) The ties that bind.<I> Nature</I> <I>388</I>: 517-518.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983062&pid=S0378-1844200400050000400076&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">77. Read D (1998) Plants on the web.<I> Nature 396</I>: 22-23.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983063&pid=S0378-1844200400050000400077&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">78. Read DJ, P&eacute;rez-Moreno J (2003) Mycorrhizas and nutrient cycling in ecosystems - a journey towards relevance? <I>New Phytol. 157</I>: 475-492.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983064&pid=S0378-1844200400050000400078&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">79. Read DJ, Francis R, Finlay RD (1985) Mycorrhizal mycelia and nutrient cycling in plant communities. En Fitter AH, Atkinson D, Read DJ, Usher MB (Eds.) <I>Ecological interactions in soil: plants, microbes and animals</I>. Blackwell. Oxford, RU. pp. 193-217.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983065&pid=S0378-1844200400050000400079&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">80. Remy W, Taylor TN, Hass H, Kerp H (1994) Four hundred-million-year-old vesicular arbuscular mycorrhizae.<I> PNAS. USA 91:</I> 11841-11843.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983066&pid=S0378-1844200400050000400080&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">81. Sawyer NA, Chambers SM, Cairney JWG (1999) Molecular investigation of genet distribution and genetic variation of <I>Cortinarius rotundisporus</I> in eastern Australian sclerophyll forests. <I>New Phytol.</I> <I>142</I>: 561-568.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983067&pid=S0378-1844200400050000400081&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">82. Sch&uuml;&szlig;ler A, Schwarzott D, Walker C (2001) A new fungal phylum, the <I>Glomeromycota</I>: phylogeny and evolution. <I>Mycol. Res. 105</I>: 1413-1421.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983068&pid=S0378-1844200400050000400082&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">83. Simard SW, Perry DA, Jones MD, Myrold DD, Durall DM, Molina R (1997) Net transfer of carbon between ectomycorrhizal tree species in the field. <I>Nature 388</I>: 579-582.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983069&pid=S0378-1844200400050000400083&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">84. Singer R, Araujo I (1979) Litter decomposition and ectomycorrhiza in Amazonian forest. I. A comparison of litter decomposing and ectomycorrhizal basidiomycetes in latosal-terra-firme forest and white podzol campinarana. <I>Acta Amazonica 9:</I> 25-41.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983070&pid=S0378-1844200400050000400084&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">85. Sieverding E (1991) <I>Vesicular-arbuscular mycorrhiza management in tropical agroecosystems. </I>Deutsche Gesellschaft fur Technische Zusammenabeit. Bremer, Alemania. 371 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983071&pid=S0378-1844200400050000400085&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">86. Smith SE, Read DJ (1997) <I>Mycorrhizal symbiosis</I>. 2<sup>nd</sup> ed. Academic Press. Nueva York, EEUU. 605 pp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983072&pid=S0378-1844200400050000400086&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">87. Smits WTM (1992) Mycorrhizal studies in dipterocarp forests in Indonesia. En Read DJ, Lewis DH, Fitter AH, Alexander IJ (Eds.) <I>Mycorrhizas in ecosystems.</I> CAB International. Oxon, RU. pp. 283-292.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983073&pid=S0378-1844200400050000400087&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">88. S&ouml;derstr&ouml;m B (1992) <I>The ecological potential of the ectomycorrhizal mycelium</I>. En Read DJ, Lewis DH, Fitter AH, Alexander IJ (Eds)<I> Mycorrhizas in ecosystems</I>. CAB International. Oxon, RU. pp. 77-83.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983074&pid=S0378-1844200400050000400088&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">89. Tawarayaa K, Takayaa Y, Turjamanb M, Tuahc SJ, Liminc SH, Tamaid Y, Chae JY, Wagatsumaa T, Osakid M (2003) Arbuscular mycorrhizal colonization of tree species grown in peat swamp forests of Central Kalimantan, Indonesia. <I>Forest Ecol. Manag. 182</I>: 381-386.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983075&pid=S0378-1844200400050000400089&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">90. Taylor TN, Remy W, Hass H, Kerp H (1995) Fossil arbuscular mycorrhizae from the Early Devonian.<I> Mycologia 87</I>: 560-573.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983076&pid=S0378-1844200400050000400090&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">91. Theodorou C, Redell P (1991) <I>In vitro </I>synthesis of ectomycorrhizas on Casuarinaceae with a range of mycorrhizal fungi. <I>New Phytol. 118:</I> 279-288.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983077&pid=S0378-1844200400050000400091&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">92. Thoen D, Ducousso M (1989) Mycorrhizal habit and sc1erogenesis of <I>Phlebopus sudanicus </I>(Gyrodontaceae) in Senegal. <I>Agric. Ecosyst. Environ. 28:</I> 519-523.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983078&pid=S0378-1844200400050000400092&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">93. Verbeken A, Buyck (2002) <I>Diversity and ecology of tropical ectomycorrhizal fungi in Africa</I>. En Watling R, Frankland JC, Ainsworth AM, Issac S, Robinson CH (Eds.) <I>Tropical Mycology. Volume 1, Macromycetes.</I> CAB International. Oxon, RU. pp. 11-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983079&pid=S0378-1844200400050000400093&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">94. Vogt KA, Publicover DA, Vogt DJ (1991) A critique of the role of ectomycorrhizas in forest ecology. <I>Agric. Ecosyst. Environ. 35:</I> 171-190.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983080&pid=S0378-1844200400050000400094&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">95. Vogt KA, Grier CE, Meier CE, Edmons RL (1982) Mycorrhizal role in net primary production and nutrient cycling in <I>Abies amabilis</I> ecosystems in Western Washington<I>. Ecology</I> <I>63</I>: 370-380.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983081&pid=S0378-1844200400050000400095&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">96. Watling R, Lee SS, Turnbull E (2002) The occurrence and distribution of putative ectomycorrhizal Basidiomycetes in a regenerating south-east Asian rainforest. En Watling R, Frankland JC, Ainsworth AM, Issac S, Robinson CH (Eds.) <I>Tropical Mycology. Vol. 1, Macromycetes</I>. CAB International. Oxon, RU. pp. 25-43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983082&pid=S0378-1844200400050000400096&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">97. Wilkinson DM (2001) Mycorrhizal evolution. <I>Trends Ecol. Evolut. 16</I>: 64-65.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983083&pid=S0378-1844200400050000400097&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">98. Woods FW (1970) Interspecific transfer of inorganic materials by root systems of woody plants.<I> J. Appl. Ecol.</I> <I>7</I>: 481-486.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983084&pid=S0378-1844200400050000400098&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P align="justify">99. Woods FW, Brock K (1964) Interspecific transfer of Ca-45 and P-32 by root systems. <I>Ecology 45</I>: 886-889.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=983085&pid=S0378-1844200400050000400099&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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