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</front><body><![CDATA[ 
	    <p align="center"><font face="verdana" size="2">Capriles, Ruth. (2008). </font> <b>
	<font face="verdana">El libro rojo del resentimiento</font><font face="verdana" size="2">.</font></b><font face="verdana" size="2"> Caracas: Debate.p.120.</font></p>
	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os, el ensayo pol&iacute;tico ha sido un g&eacute;nero que ha tenido un crecimiento importante en Venezuela. La din&aacute;mica nacional &#45;que ha variado de un apoyo masivo al teniente coronel Hugo Ch&aacute;vez, luego de su triunfo electoral en 1998, a la polarizaci&oacute;n del pa&iacute;s en casi dos mitades&#45; ha favorecido la publicaci&oacute;n de investigaciones sobre el tema, desde varios enfoques. El texto que nos ocupa, <i>El libro rojo del resentimiento,</i> presenta una peculiaridad: aborda el asunto desde una perspectiva psicol&oacute;gica. Se plantea que el componente emocional ha sido determinante en dos sentidos: para que un mayoritario sector de la poblaci&oacute;n, hasta ahora ignorado y carente de relevancia en la vida p&uacute;blica venezolana, se identifique con el caudillo, y para alimentar la polarizaci&oacute;n, necesaria en aras de mantener dicha influencia.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La investigaci&oacute;n&nbsp;consta de cinco cap&iacute;tulos, adem&aacute;s de pr&oacute;logo, prefacio, conclusiones y bibliograf&iacute;a. En el primero se define y caracteriza al resentimiento; el segundo ubica el tema en el contexto nacional; la relaci&oacute;n entre el resentimiento y el proceso pol&iacute;tico de la Venezuela actual, se revisa en el tercero, con especial &eacute;nfasis en los v&iacute;nculos entre el l&iacute;der resentido y la masa; los escenarios que permiten analizar la fuerza destructiva del resentimiento durante los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os se presentan en el cuarto de los cap&iacute;tulos. Estos son: el sistema educativo, el sistema de partidos, el poder sindical, la descentralizaci&oacute;n, el sistema de justicia, la capacidad productiva, la industria petrolera, la libertad de expresi&oacute;n, las fuerzas armadas y la disoluci&oacute;n moral. Por ultimo, en el n&uacute;mero cinco, la autora aborda algunas salidas o "ant&iacute;dotos" contra el resentimiento. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Las siguientes l&iacute;neas no pretenden resumir el contenido del trabajo, sino reflexionar en torno a algunos de los t&oacute;picos que en &eacute;l se desarrollan.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Un tema pol&eacute;mico como el tratado por Capriles ha de comenzar por la definici&oacute;n del t&eacute;rmino, y as&iacute; ocurre en el cap&iacute;tulo uno donde la autora se apoya en Nietzche (1887) y en Scheler (1915) para elaborarla: "el resentimiento es una emoci&oacute;n que consiste en una experiencia repetida de sentimientos b&aacute;sicos negativos, como odio y envidia, que han sido reprimidos por sentirse en situaci&oacute;n de impotencia. Es un revivir de una respuesta emocional reprimida, negativa y reactiva contra otros y/o contra s&iacute; mismo" (p.23). El origen de dicho sentimiento se halla, seg&uacute;n leemos, en una agresi&oacute;n ante la cual el agredido se siente impotente, o en una condici&oacute;n de inferioridad, coyuntural o permanente. Cuando tal condici&oacute;n domina la personalidad&nbsp; &#150;sentencia Capriles&#45;, el resentido no se dirige a los posibles culpables de la agresi&oacute;n o de la condici&oacute;n de inferioridad: "la hostilidad es dirigida a todos y a ninguno" (loc.cit.).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Otro aspecto relevante se vincula al diagn&oacute;stico de la enfermedad. Se asume en el libro que tanto los te&oacute;ricos (Nietzsche, Scheler, Garc&iacute;a Pelayo, Mara&ntilde;&oacute;n) como los dramaturgos y novelistas (Shakespeare, Balzac, Naipaul, Rand) que han tratado el tema afirman que esta no posee cura "porque aunque haya cambiado la situaci&oacute;n de impotencia o inferioridad &#91;de la persona&#93;, el odio o la envidia reprimidos (&hellip;) no tienen, no pueden tener satisfacci&oacute;n. Es un ansia insaciable, (&hellip;) una emoci&oacute;n continuada, de larga duraci&oacute;n, &#91;que&#93; se vuelve hacia un objetivo difuso cuya desgracia nunca redime, restituye o venga la experiencia original. Por esto, cuando un resentido llega al poder su reacci&oacute;n es totalitaria; nada sino la destrucci&oacute;n total" (p. 26).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Llegados a este punto, cabe destacar que en esta investigaci&oacute;n se presenta al teniente coronel Hugo Ch&aacute;vez Fr&iacute;as como personaje paradigm&aacute;tico del resentimiento. Para ello la autora se apoya en trabajos en torno al personaje, entre los que podr&iacute;an citarse dos: el de Cristina Marcano y Alberto Barrera Tyska, y los de Agust&iacute;n Blanco Mu&ntilde;oz</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">A fin de situar el tema en el contexto venezolano actual, Ruth Capriles presenta una panor&aacute;mica de los cuarenta a&ntilde;os previos a la llegada de Ch&aacute;vez a la presidencia de Venezuela, con especial &eacute;nfasis en los a&ntilde;os 80 y 90, por considerar que durante esas dos d&eacute;cadas se cometi&oacute; la mayor cantidad de errores pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que favorecieron el resultado electoral de 1998. Asevera Capriles que el mensaje de Ch&aacute;vez Fr&iacute;as desde su aparici&oacute;n, luego del fracaso del golpe de estado del 04 de febrero de 1992, fue el de un individuo resentido que destaca la igualdad por encima de la libertad, valor que hab&iacute;a predominado en el discurso pol&iacute;tico precedente. A juicio de la autora, el contenido de sus intervenciones p&uacute;blicas evidencia tres rasgos: la inversi&oacute;n de los significados, el lenguaje escatol&oacute;gico y la manipulaci&oacute;n simb&oacute;lica.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Durante la campa&ntilde;a electoral, en sus alocuciones y mitines, el militar suscit&oacute; un deseo de revancha contra los dirigentes partidistas que hasta ese momento hab&iacute;an detentado el poder. El mensaje encontr&oacute; eco y comenzaron a rechazarse valores como la libertad, la propiedad privada, el esfuerzo individual, la competencia: "Quienes no tienen opciones de superaci&oacute;n se sienten considerados, atendidos, poderosos. Seguir&aacute;n al l&iacute;der y el mensaje de rebeli&oacute;n en una senda de destrucci&oacute;n de aquello que envidian". (p.66).</font></p>

	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">El segundo rasgo del discurso chavista, "la ofensa verbal, el insulto como trato cotidiano, el lenguaje escatol&oacute;gico y el regodeo en materias fecales" constituyen otra caracter&iacute;stica t&iacute;pica del resentimiento (p. 67), ligada estrechamente a la inversi&oacute;n de valores. "Si la pobreza, la fealdad, el crimen y la muerte son ascendidos al rango de lo bueno, sube con ellos el lenguaje de las cloacas y del infierno" (loc.cit.).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Respecto a la manipulaci&oacute;n simb&oacute;lica, "las masas son movidas por la conexi&oacute;n emocional en un sentimiento colectivo mediado por los s&iacute;mbolos". (p.69). Al ser generales, cada quien los siente como propios, s&oacute;lo var&iacute;a el contenido y el uso que se les da. En el caso de Ch&aacute;vez, frecuentemente emplea el s&iacute;mbolo de Bol&iacute;var, com&uacute;n a los venezolanos, pero lo presenta como un "revolucionario igualitarista". (p.70). Otros s&iacute;mbolos propios del discurso presidencial se hallan en el uso de los colores (el rojo, especialmente), de los s&iacute;mbolos patrios (bandera, escudo nacional, himno), los personajes guerreros (Bol&iacute;var, Zamora, Maisanta) y la repetici&oacute;n de lemas (gobierno de los pobres; antiimperialismo; patria, socialismo o muerte). Entre las t&eacute;cnicas de manipulaci&oacute;n simb&oacute;lica se destacan en el libro: la repetici&oacute;n de mentiras, la devoluci&oacute;n de la propia imagen y el apabullamiento.</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Aunque los autores que han trabajado en el tema insisten en que el resentimiento no tiene cura, el aporte de Capriles consiste en proponer algunas salidas para que las sociedades se defiendan de los resentidos, generen ant&iacute;dotos y precauciones contra la expansi&oacute;n social de la pasi&oacute;n del resentimiento. Una de ellas es la generosidad, que podr&iacute;a convertirse en ant&iacute;doto del resentimiento si el liderazgo emergente (dirigentes pol&iacute;ticos, maestros, comunicadores sociales, escritores) no se deja hipnotizar por el mensaje del mal l&iacute;der, si no funciona como masa irracional, si logra diferenciar el contenido genuino del falso contenido de los s&iacute;mbolos, si atiende a las demandas de quienes lo siguen y responde a ellas para evitar que un l&iacute;der enga&ntilde;oso las manipule. Otro aspecto, no ajeno al anterior, consiste en alejarse de la antipol&iacute;tica. Se necesita fortalecer a los pol&iacute;ticos que como l&iacute;deres pueden sacar del resentimiento al sector del pa&iacute;s que se ha dejado ganar por dicho sentimiento.&nbsp; Se puede evitar la reproducci&oacute;n del resentimiento y su generalizaci&oacute;n como reacci&oacute;n a la injusticia, cambiando las situaciones sociales que lo provocaron, sentencia Capriles. En el caso de Venezuela, estas son harto conocidas: incremento de la desigualdad social, deterioro progresivo de la calidad de vida, de la honestidad de la clase dirigente, de los t&eacute;rminos de intercambio a lo interno y con el sistema econ&oacute;mico internacional, entre otras. Es preciso atender estas condiciones y comenzar a cambiarlas. Quienes deseen contrarrestar el mensaje del odio deber&aacute;n dise&ntilde;ar pol&iacute;ticas p&uacute;blicas alternativas y positivas que respondan a las demandas de la poblaci&oacute;n y le den esperanzas de cambio. Eso requiere manejar los s&iacute;mbolos que correspondan a los valores existentes en la poblaci&oacute;n y que se puedan sustentar en sus proposiciones pol&iacute;ticas, afirma la autora. Es responsabilidad de quienes tengan inter&eacute;s y vocaci&oacute;n por la pol&iacute;tica buscar los contenidos simb&oacute;licos de "nuestras aspiraciones creativas y &eacute;ticas para contraponerlos a los mensajes de odio y destrucci&oacute;n". P.104).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por &uacute;ltimo, Capriles alerta contra el neoresentimiento. Manifiesta que este puede darse en virtud de que las acciones hostiles del resentido son ofensas y agresiones que causan nuevos resentimientos. Como agraviados en situaci&oacute;n de impotencia podr&iacute;amos reproducir el resentimiento al reaccionar contra &eacute;l. "A trav&eacute;s de la emoci&oacute;n, Ch&aacute;vez lidera tanto a sus seguidores como a sus opositores que tampoco pueden resistir su atracci&oacute;n, aunque sea del signo contrario. Los seguidores asumen las palabras del l&iacute;der como propia venganza; sus opositores reaccionamos con igual emoci&oacute;n asimil&aacute;ndonos en el mensaje". (p.105). Al respecto apela a la calidad de los dirigentes o de quienes aspiran a serlo, y a su capacidad para invocar la generosidad y los valores positivos olvidando los viejos rencores y ansias de revancha. (p.106).</font></p>

	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Thays Adri&aacute;n</font></p>
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