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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3"> <MULTICOL GUTTER="31" COLS="2"> <font face="Verdana" size="2"> <A NAME="editorial"></A><A NAME="_VPID_2"></A> </font>     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"> <B>La causalidad formativa&nbsp; </B> </FONT></P>     <P ALIGN="right"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>&#147;El campo es la &#250;nica realidad&#148;    <BR>  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Albert Einstein&nbsp;</I> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La hip&#243;tesis de la causalidad formativa (&#147;formative causation&#148;) propuesta  por Rupert Sheldrake en 1981(1) postula que los campos morfogen&#233;ticos juegan  un rol causal en el desarrollo y el mantenimiento de las formas de los  sistemas en todos los niveles de complejidad. Afirma que la naturaleza  se rige por h&#225;bitos, que los animales y las plantas extraen y contribuyen  a una memoria colectiva de sus especies. El autor sugiere que las regularidades  de la naturaleza no son impuestas por un poder trascendental sino que evolucionan  dentro del universo. Lo que sucede actualmente depende de lo que ha ocurrido  anteriormente. La hip&#243;tesis se ocupa de la repetici&#243;n de las formas, las  conductas y los patrones de organizaci&#243;n, pero no del origen de esas formas,  conductas y patrones (2).&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> El primer formato del genoma humano publicado en el a&#241;o 2000 es uno de  los m&#225;s importantes logros cient&#237;ficos de la humanidad pero ha tra&#237;do grandes  sorpresas: en lugar de los 100.000 genes o m&#225;s que se supon&#237;a caracterizaban  a la especie humana se identificaron apenas 25.000. La sorpresa se hace  mayor cuando comparamos esa cifra con los genomas de otras especies mucho  m&#225;s simples. La <I>Drosophila</I> tiene unos 17.000 genes y el arroz alrededor  de 38.000. La identificaci&#243;n del genoma del chimpanc&#233; (3) y su similitud  con el genoma humano nos obliga a preguntarnos por qu&#233; somos tan diferentes;  adicionalmente, nos conduce a la realizaci&#243;n de que existe un gran trecho  de separaci&#243;n entre la identificaci&#243;n de la secuencia gen&#233;tica de un organismo  y su forma, su conducta y su desarrollo. Este vac&#237;o trata de ser llenado  con la hip&#243;tesis de la causalidad formativa porque, a pesar de toda la  informaci&#243;n aportada por la biolog&#237;a molecular en los &#250;ltimos 15 a&#241;os,  a&#250;n se desconoce c&#243;mo los organismos en desarrollo adquieren su forma y  heredan sus instintos. En efecto, dentro de un mismo organismo ocurren  diferentes patrones de desarrollo, a pesar de que el ADN no var&#237;a. El f&#233;mur,  el h&#250;mero, las falanges y otros huesos de diferente forma y tama&#241;o contienen  c&#233;lulas id&#233;nticas, con prote&#237;nas y ADN id&#233;nticos; por lo tanto, sus diferencias  morfol&#243;gicas no pueden ser debidas al ADN exclusivamente sino que posiblemente  se deriven de factores determinantes de patrones de organizaci&#243;n que act&#250;an  en forma diferente en cada uno de esos huesos.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los genes homeobox descubiertos originalmente en la <I>Drosophila</I> determinan  donde se formar&#225;n las patas y otros segmentos corporales, controlando as&#237;  el patr&#243;n de organizaci&#243;n de las diferentes partes del cuerpo. Sin embargo,  estos genes son casi id&#233;nticos en las moscas, en los reptiles, los ratones  y en los humanos. Aunque juegan un papel importante en la determinaci&#243;n  del plan corporal, por si s&#243;los no explican la forma del organismo y la  diferencia enorme existente entre la <I>Drosophila</I>, el rat&#243;n y los humanos  (4).&nbsp; </FONT></P> </MULTICOL> <MULTICOL GUTTER="31" COLS="2">     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La morfog&#233;nesis contin&#250;a eludiendo una explicaci&#243;n molecular y parece depender  de los campos morfogen&#233;ticos. Mientras que estos campos influencian la  forma de los organismos, los campos conductuales influyen sobre la conducta.  Los campos de organizaci&#243;n de los grupos sociales, tales como las bandadas  de p&#225;jaros, las colonias de termitas y los bancos de peces, se denominan  campos sociales. Todos estos campos se conocen con el nombre gen&#233;rico de  campos m&#243;rficos. Sheldrake (2) sugiere tambi&#233;n que nuestras propias memorias  dependen m&#225;s de la resonancia m&#243;rfica que de la memoria almacenada en el  cerebro. Seg&#250;n esta hip&#243;tesis de la resonancia m&#243;rfica, los seres humanos  toman la informaci&#243;n de una memoria colectiva, raz&#243;n por la cual algo aprendido  por la gente en un sitio deber&#237;a facilitarle el aprendizaje a otros en  otra regi&#243;n del mundo.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si los campos morfogen&#233;ticos son responsables de la organizaci&#243;n y forma  de los sistemas materiales, deber&#237;an tener estructuras caracter&#237;sticas  derivadas de campos morfogen&#233;ticos asociados con sistemas similares previos;  es decir, los campos morfogen&#233;ticos de todos los sistemas organizacionales  del pasado se hacen presentes; las estructuras de sistemas anteriores afectar&#237;an  los sistemas similares posteriores mediante una influencia transespacial  y transtemporal. Los animales act&#250;an instintivamente de una manera particular  porque otros animales se comportaron as&#237; previamente.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La existencia de los campos morfogen&#233;ticos fue propuesta independientemente  por Alexander Gurtwitsch, Hans Speman y Paul Weiss en lo a&#241;os veinte del  siglo pasado (2). Con el advenimiento de la biolog&#237;a molecular, el concepto  de los campos morfogen&#233;ticos fue eclipsado por los genes. Pero, cuando  las limitaciones de la visi&#243;n molecular se hicieron evidentes, el campo  morfogen&#233;tico reemergi&#243; como un concepto b&#225;sico para la comprensi&#243;n del  desarrollo. Un campo morfogen&#233;tico espec&#237;fico es la causa de una forma  espec&#237;fica de un sistema biol&#243;gico o f&#237;sico. Por lo tanto, deben existir  campos morfogen&#233;ticos espec&#237;ficos para los protones, los &#225;tomos, las mol&#233;culas,  los cristales, los diferentes tipos de c&#233;lulas, &#243;rganos, tejidos y organismos,  as&#237; como campos distintos para cada uno de los miembros de las diferentes  especies de animales y vegetales. Una unidad m&#243;rfica de nivel superior  deber&#237;a coordinar la distribuci&#243;n y la forma de las partes que la componen.  Lo hace a trav&#233;s de la influencia de su campo morfogen&#233;tico sobre los campos  morfogen&#233;ticos de las unidades m&#243;rficas inferiores. Como se ve, los campos  morfogen&#233;ticos, al igual que las unidades m&#243;rficas, son b&#225;sicamente una  organizaci&#243;n jer&#225;rquica. Por ejemplo, los campos morfogen&#233;ticos de los  organelos celulares (n&#250;cleo, mitocondrias, cloroplastos) estar&#237;an sujetos  a los campos morfogen&#233;ticos celulares de mayor nivel; los campos de las  c&#233;lulas depender&#237;an de los campos de los tejidos y &#233;stos del campo del  organismo (2).&nbsp; </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las formas se suceden repetidamente y en cada oportunidad cada forma es  m&#225;s o menos similar a la versi&#243;n previa, lo que nos permite reconocer,  identificar y nombrar a las cosas. Esta influencia hipot&#233;tica transespacial  y transtemporal ocurrir&#237;a a trav&#233;s de los campos morfogen&#233;ticos mediante  el proceso de resonancia m&#243;rfica que es similar a la resonancia energ&#233;tica  por su selectividad y porque ambas se producen entre sistemas vibratorios.  De all&#237; que un sistema actual podr&#237;a ser influenciado por los sistemas  pasados con formas y patrones de vibraci&#243;n similares. La forma m&#225;s probable  que adopte un sistema es aquella que ha ocurrido m&#225;s frecuentemente en  el pasado o que ha sobrevivido por m&#225;s tiempo. Es decir, el tipo m&#225;s frecuente  de una forma previa har&#225; la mayor contribuci&#243;n mediante la resonancia m&#243;rfica.  En el caso de las unidades m&#243;rficas que han existido por un tiempo muy  largo (millones de a&#241;os en el caso de los &#225;tomos de hidr&#243;geno) el campo  morfogen&#233;tico est&#225; tan firmemente establecido que, en la pr&#225;ctica, es incambiable.  Sin embargo, la hip&#243;tesis de la causalidad formativa no explica c&#243;mo se  origin&#243; la primera forma. Este evento &#250;nico ser&#237;a debido a la casualidad,  a la creatividad inherente en la naturaleza o a una agencia creadora trascendente  (2).&nbsp; </FONT></P> </MULTICOL> <MULTICOL GUTTER="31" COLS="2">     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Mientras la hip&#243;tesis mecan&#237;stica atribuye los fen&#243;menos de la herencia  a la informaci&#243;n codificada en el ADN, la hip&#243;tesis de la causalidad formativa  permite que los organismos hereden, adem&#225;s, los campos m&#243;rficos de organismos  previos de la misma especie. Este tipo de herencia ocurrir&#237;a mediante la  resonancia m&#243;rfica y no a trav&#233;s de los genes. As&#237;, la herencia incluye  la herencia gen&#233;tica de las prote&#237;nas y la resonancia m&#243;rfica de formas  similares del pasado.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los campos morfogen&#233;ticos de una especie no son fijos sino que cambian  a medida que la especie evoluciona. La mayor contribuci&#243;n estad&#237;stica a  las estructuras de los campos morfogen&#233;ticos es la del tipo morfol&#243;gico  m&#225;s com&#250;n de tal especie, el cual puede variar seg&#250;n las condiciones ambientales  en las cuales se desarrolla. Seg&#250;n la hip&#243;tesis de la causalidad formativa,  esa morfolog&#237;a tambi&#233;n est&#225; influenciada por las condiciones ambientales  donde se desarrollaron organismos previos, debido a que las formas de &#233;stos  contribuyen a sus campos morfogen&#233;ticos mediante la resonancia m&#243;rfica.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sheldrake (2) sugiere que la causalidad formativa organiza la morfog&#233;nesis  a trav&#233;s de los campos morfogen&#233;ticos. Tambi&#233;n organiza los movimientos  y la conducta. Los campos motores, al igual que los campos morfogen&#233;ticos,  dependen de la resonancia m&#243;rfica de sistemas similares previos. Estos  campos motores est&#225;n organizados tambi&#233;n jer&#225;rquicamente y se relacionan  con el desarrollo, la sobrevivencia y la reproducci&#243;n. Mientras que en  las plantas estos procesos son casi completamente morfogen&#233;ticos, en los  animales tambi&#233;n dependen del movimiento.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Seg&#250;n la teor&#237;a convencional, la conducta innata de un animal est&#225; programada  en el ADN. La hip&#243;tesis de la causalidad formativa postula que la herencia  de la conducta depende de las herencias gen&#233;ticas y epigen&#233;ticas, de los  campos morfogen&#233;ticos que controlan el desarrollo del sistema nervioso  del animal como un todo y, finalmente, de la resonancia m&#243;rfica de los  campos motores y conductuales de animales previos similares. En los h&#237;bridos  entre dos razas o especies, la dominancia del campo conductual de una sobre  la otra depender&#237;a de la fuerza relativa de la resonancia m&#243;rfica de los  tipos previos. Si un h&#237;brido pertenece a una raza o especie bien establecida  y el otro a una relativamente nueva, con una poblaci&#243;n peque&#241;a, los campos  conductuales de la primera ser&#237;an los dominantes (2).&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La hip&#243;tesis de la causalidad formativa establece que no existe diferencia  entre la conducta innata y la aprendida: ambas dependen de la resonancia  m&#243;rfica de los campos motores. Esta hip&#243;tesis admite la transmisi&#243;n posible  de una conducta aprendida de un animal a otro. Mientras m&#225;s se repita una  conducta, mayor ser&#225; su resonancia m&#243;rfica. Si el nuevo patr&#243;n de conducta  ayuda a los animales a sobrevivir y reproducirse, la tendencia se incrementar&#225;  mediante la resonancia m&#243;rfica. Todos los patrones de actividad caracter&#237;sticos  de una cultura pueden considerarse como campos m&#243;rficos. Mientras m&#225;s a  menudo se repitan, m&#225;s fuertemente se estabilizar&#225;n.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Contraria a la filosof&#237;a del materialismo, la conciencia puede tener una  realidad que no se deriva exclusivamente de la materia. La hip&#243;tesis de  la causalidad formativa afirma que la conciencia interact&#250;a con los campos  m&#243;rficos asociados con el cuerpo. A trav&#233;s de estos campos el ser consciente  estar&#237;a conectado con el medio ambiente y con los diferentes estados f&#237;sico-qu&#237;micos  del cuerpo.&nbsp; </FONT></P> </MULTICOL> <MULTICOL GUTTER="31" COLS="2">     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para corroborar la veracidad de la hip&#243;tesis de la causalidad formativa,  Sheldrake (2) propone dos v&#237;as: la primera, a trav&#233;s del estudio de los  campos m&#243;rficos que conectan partes de una unidad m&#243;rfica en el espacio;  la segunda, mediante la resonancia m&#243;rfica y su influencia acumulada en  el tiempo. Mientras un proceso m&#243;rfico ocurra m&#225;s frecuentemente, mayor  ser&#225; la resonancia m&#243;rfica, m&#225;s fuerte ser&#225; el campo m&#243;rfico y la fuerza  del h&#225;bito. Cuando se incrementa la resonancia m&#243;rfica, los procesos m&#243;rficos  ser&#225;n m&#225;s r&#225;pidos y los campos m&#243;rficos m&#225;s estables.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Mientras m&#225;s frecuentemente un compuesto sea cristalizado, la resonancia  m&#243;rfica deber&#237;a producir un incremento en la tasa de cristalizaci&#243;n Mediante  la resonancia m&#243;rfica de cristales previos similares, el campo de cualquier  tipo de cristal deber&#237;a fortalecerse haci&#233;ndolo m&#225;s estable y m&#225;s dif&#237;cil  de destruir. Los cristales se destruyen cuando se acercan al punto de fusi&#243;n.  La resonancia m&#243;rfica deber&#237;a aumentar, entonces, los puntos de fusi&#243;n  de los nuevos cristales. En efecto, la cortisona ten&#237;a un punto de fusi&#243;n  de 205&#176;C en 1936; en 1989 se estim&#243; en 225&#176;C (un aumento de 20&#176;C): Resultados  similares se han observado con la aspirina (un incremento de 8&#176;C entre  1914 y 1996), la D-penicilamina (un aumento de 20&#176;C entre 1949 y 1989),  y la HCl-coca&#237;na que increment&#243; su punto de fusi&#243;n en 13&#176;C, entre 1915  y 1988 (2).&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La resonancia m&#243;rfica puede ser investigada en gran escala mediante el  estudio de los cambios en las habilidades humanas con el correr del tiempo.  Sheldrake (2) propone que si la resonancia m&#243;rfica ocurre, el promedio  de la puntuaci&#243;n de las pruebas para detectar el coeficiente de inteligencia  (IQ) deber&#237;a ir aumentando con el correr de los a&#241;os, no porque la gente  sea m&#225;s inteligente sino porque estos ensayos ser&#237;an m&#225;s f&#225;ciles de hacer  como resultado de la resonancia m&#243;rfica de millones de personas que los  han hecho previamente. En Jap&#243;n, por ejemplo, la puntuaci&#243;n en estas pruebas  se ha incrementado en un 3% desde la Segunda Guerra Mundial (5). Incrementos  comparables se han reportado en Estados Unidos, Australia, Gran Breta&#241;a,  Francia, Alemania, y Holanda (6).&nbsp; </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> En base a la discusi&#243;n anterior se puede deducir que la hip&#243;tesis de la  causalidad formativa interpreta muchos fen&#243;menos biol&#243;gicos y f&#237;sicos de  una manera radicalmente diferente a las propuestas por las teor&#237;as convencionales  existentes y permite analizar un buen n&#250;mero de estos problemas con un  enfoque distinto que merece ser investigado exhaustivamente.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>Ernesto Bonilla&nbsp;</I> </FONT></b></P>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">    <BR> <b>REFERENCIAS</b></font></p>     <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1.&nbsp;<B>Sheldrake R. </B>A new science of life. The hypothesis of morphic resonance.  Rochester, Vermont. Park Street Press, 1981, p 71-115.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1202775&pid=S0535-5133201200040000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2.&nbsp;<B>Sheldrake R. </B>Morphic resonance: The nature of formative causation<B>. </B>Rochester,  Vermont<B>. </B>Park Street Press, 2009, p 5-199.&nbsp; </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1202776&pid=S0535-5133201200040000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3.&nbsp;<B>Olsen MV, Varki A.</B> &#147;The chimpanzee genome-A bittersweet celebration&#148;. Science  2004; 305: 191-192.&nbsp; </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1202777&pid=S0535-5133201200040000100003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4.&nbsp;<B>Carroll SB, Grenier JK, Weatherbee SD,</B> From DNA to diversity: Molecular  genetics and the evolution of animal design. Oxford, UK. Blackwell, 2001,  p 55-158.&nbsp; </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1202778&pid=S0535-5133201200040000100004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5.&nbsp;<B>Anderson AM. </B>The great Japanese IQ increase. Nature 1982; 297: 180-181.&nbsp; </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1202779&pid=S0535-5133201200040000100005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6.&nbsp;<B>Flynn JR.</B> Massive IQ gains in 14 nations. Psychological Bulletin 1987;  101: 171-191.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1202780&pid=S0535-5133201200040000100006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>The formative causation&nbsp;</B> </FONT></P> <font face="Verdana" size="2"> <A NAME="editorial"></A></font>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> The hypothesis of formative causation proposed by Rupert Sheldrake in 1981,  affirms that morphogenetic fields play a causal role in the development  and maintenance of the forms of systems at all levels of complexity and  that nature is governed by habits. All animals and plants draw upon and  contribute to the collective memory of their species. The author suggested  that memory is inherent in nature and it is transmitted by a process called  morphic resonance and works through fields called morphic fields. The hypothesis  of formative causation accounts for the repetition of forms but does not  explain how the first example of any given form originally came into being.  Despite the advances in molecular biology, morphogenesis continues to elude  a molecular explanation and seems to depend on morphogenetic fields. The  hypothesis of formative causation interprets many physical and biological  phenomena in a way radically different than those proposed by existing  theories. According to this hypothesis the conscious self can be thought  of as interacting with morphic fields in order to be connected with the  external environment and with the state of the body in consciously controlled  activity.</FONT></P> </MULTICOL>      ]]></body>
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