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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana"><b>De genes, razas y racismo (Parte II).</b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>Carlos D Ramírez M*</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">* Programa Nacional de  Formación en Medicina Integral Comunitaria. Centro de Estudios de Salud  Colectiva y Derecho a la Vida (CESACODEVI). Universidad Bolivariana de Venezuela  (UBV).&nbsp; Venezuela. E-mail: <a href="mailto:carlosdarioramirez@yahoo.es"> carlosdarioramirez@yahoo.es</a> </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De acuerdo con el modelo sobre  el origen de los humanos modernos fuera de África (OOA, Out of Africa, por sus  siglas en inglés), los humanos anatómicamente modernos se originaron en África y  se dispersaron al resto del globo terráqueo alrededor de los últimos 100.000  años. La transición a humanos modernos en África no fue súbita; en lugar de  ello, el registro paleo biológico indica un mosaico irregular de rasgos  modernos, arcaicos, regionales y de comportamiento que ocurrieron en un  sustancial período de tiempo y a través de una amplia gama geográfica dentro de  África.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El primer o más temprano grupo  de rasgos morfológicos asociados con los humanos modernos aparece en restos  fósiles de Etiopía, los cuales han sido datados entre 150 y 190 mil años. Sin  embargo, estos hallazgos no excluyen la existencia de rasgos morfológicos  modernos en otras regiones de África antes de 100 mil años, particularmente en  donde los especimenes pudieran estar menos preservados y/o donde las  investigaciones arqueológicas y paleo biológicas no han sido llevadas a cabo.  Sin duda, un modelo de origen multirregional para humanos modernos dentro de  África no es tan improbable como lo sería para poblaciones globales, teniendo en  cuenta el potencial mayor para la migración y la mezcla dentro de una sola  región continental. Un grupo de rasgos más completamente modernos aparece en  África Oriental y el sudoeste de Asia alrededor de 90 mil años, seguido por una  extensión rápida de humanos modernos a través del resto de África y Eurasia  dentro de los pasados 40.000–80.000 años.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Dos rutas de migración de  humanos modernos fuera de África han sido propuestas. La presencia de humanos  modernos en Oceanía tan temprano como 50 mil años, que es anterior a su  presencia en 40 mil años a la de Europa, ha sugerido una ruta costera en el sur,  alrededor del Océano Indico, en la cual los humanos modernos dejaron primero  África (posiblemente a través de Etiopía), cruzando el estrecho de Bab-el-Mandeb  en la boca del Mar Rojo y entonces rápidamente emigraron hacia el sudeste de  Asia y Oceanía.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lo que habitualmente llamamos <b>“raza”</b> es una construcción social que refleja aspectos de la biología de  los grupos humanos, pero también la imbricación de condiciones históricas  particulares con factores económicos, políticos, legales, sociales y culturales.  Por tanto, siempre estamos ante conglomerados que se caracterizan por la  delicada interrelación de esos elementos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>DIVERSIDAD GENÉTICA A NIVEL  DEL ADN O VARIACIóN BIOLóGICA HUMANA</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El conocimiento adquirido a  través del Proyecto del Genoma Humano (PGH) y las investigaciones sobre la  variación del genoma, está forzando a un cambio de paradigmas en el pensamiento  del concepto de “raza”, muy similar al proceso referido por Kuhn en su libro <i> La estructura de las</i> <i>revoluciones científicas </i>(University of Chicago  Press, 1962), en el que describe que los cambios de paradigmas en la ciencia  ocurren cuando los resultados anómalos no pueden ser explicados por unos métodos  inadecuados. Cuando hay acumulación de dichas anomalías, los científicos deben  comenzar a considerar que el paradigma o modelo de la realidad bajo el cual las  hipótesis son probadas, ha cambiado y no es suficientemente válido. Actualmente  la ciencia se ha en contrado con esta situación en la genómica, donde los  modelos biológicos existentes, o paradigmas de las categorizaciones “étnicas” o  “raciales”, no pueden acomodar la individualidad de las personas y la  universalidad de la humanidad, que se hace evidente en el conocimiento nuevo que  emerge de la variación de las secuencias del genoma humano y la investigación  antropológica a nivel molecular. Los paradigmas de la identidad humana basdos en  “razas”, como construcciones biológicas, están siendo cuestionados bajo la luz  de la preponderancia de los datos sobre la variación de las secuencias del  genoma humano, y reflejan la necesidad de una nueva estructura explicativa, y  una visión de la humanidad, con diferentes suposiciones fundamentales acerca de  los grupos biológicos que puedan ser ajustada al nuevo conocimiento adquirido en  esta generación de investigación genómica.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La discusión sobre la validez  de la categorización “racial” en los humanos no es nueva y probablemente  continúe en las próximas generaciones, cuando nuevo conocimiento, científico o  no, emerja. Diversos cambios han ocurrido a través del tiempo, desde un debate  netamente biológico o antropológico hasta nuevas implicaciones con  ramificaciones en lo psicológico, social, ético y legal, que es indicativo de la  innegable aplicabilidad del tema de la “raza” a virtualmente cada aspecto de la  existencia humana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los trabajos pioneros de  Richard Lewontin (“The apportionment of human diversity”. Evol. Biol. 6,  381-398, 1972), en los que argumenta que “la clasificación racial humana no  tiene virtualmente significado genético o taxonómico”, han servido de punto de  quiebre en las investigaciones sobre la variación genética humana. Surge  entonces una nueva conceptualización o paradigma, en la que los datos basados en  el ADN son la herramienta científica de base que nos aporta nuevos argumentos  sobre la variación genética humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En la actualidad, los estudios  filogenéticos del ADN mitocondrial y del cromosoma Y son bastante interesantes,  porque demuestran la pérdida de concordancia entre los linajes y la morfología,  y facilitan el análisis filogenético. Los individuos con la misma morfología no  necesariamente se agrupan dentro del mismo linaje, y un linaje dado no incluye  únicamente individuos con el mismo rasgo complejo o “tipo racial”. El ejemplo  del ADN mitocondrial de origen africano es un buen ejemplo para marcar este  punto. África está integrada por poblaciones cuyos miembros tienen una amplia  gama de características fenotípicas externas. Esta variación usualmente se  describe en términos de “raza” (Caucasoideos, Pigmoideos, Congoloideos y  Khoisanoides). No obstante, los clados definidos por los haplotipos del  cromosoma Y quebrantan los límites de las “razas” fenotípicamente definidas, al  igual que aquellas de poblaciones verdaderas de castas a través de una gran  extensión geográfica. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El primer estudio a nivel  global de la diversidad del ADN se publicó en 1997 (Barbujani G, Magagni A,  Minch E, Cavalli-Sforza L-L. “An apportionment of human DNA diversity”. <i> Proceedings of the National Academy of Sciences</i> USA 94: 4516-4519, 1997), en  el que se analizaron 109 locigenéticos (30 microsatélites y 79 RFLPs) de 16  poblaciones que formaban grupos bien separados en el mapa mundial, y no se  consideraron poblaciones geográficamente intermedias. Particionando la variación  genética en los tres niveles jerárquicos de subdivisión de población (dentro de  las poblaciones, entre poblaciones y entre “razas” o continentes), se encontró  que las diferencias entre los miembros de la misma población cuentan para el  84,4% del total, lo que está en completa concordancia con las estimaciones  basadas en las frecuencias de los alelos clásicos (polimorfismos de proteína).  La variación genética es alta aun dentro de los grupos pequeños de población. En  promedio, los polimorfismos de los microsatélites y los RFLPs dan estimaciones  idénticas. Las diferencias entre continentes representan aproximadamente 1/10 de  la diversidad molecular humana, lo cual no sugiere que la subdivisión racial de  nuestra especie refleje una discontinuidad mayor en el genoma. Estudios  posteriores han proporcionados datos adicionales acerca de los genes heredados  de un solo progenitor. Cada pareja posee cuatro copias potencialmente  transmisibles de la mayoría de los cromosomas, dos de origen materno y dos  paternos. Pero hay sólo una copia (paterna) del cromosoma Y; y hay varias  copias, presumiblemente idénticas, del ADN mitocondrial que sólo es transmitido  por la madre. La teoría de la genética de poblaciones predice que los genes en  estos cromosomas deberían divergir cuatro veces más rápido que los genes  autosómicos considerados en estudios anteriores; todos los demás factores  demográficos y evolutivos son iguales. No existe un modelo simple que  cuantifique el efecto de una divergencia tan rápida de los componentes de  varianza, pero las diferencias entre poblaciones y continentes (estimada  colectivamente alrededor del 15 por ciento para genes autosómicos) se espera  representen una fracción sustancialmente mayor de la variación genética estimada  de los datos mitocondriales y del cromosoma Y.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En síntesis, parece que el  componente de la diversidad genética general dentro de las poblaciones es  cercano al 85%, a pesar de los marcadores genéticos y de las poblaciones  estudiadas, mientras que la variación entre poblaciones es del 15%. Estos datos  no hacen otra cosa que confirmar los trabajos de Lewontin con las proteínas, a  pesar de los polimorfismos limitados de las mismas, y de más de 300 genes  analizados a nivel de ADN. Las diferencias más grandes hasta ahora determinadas  entre continentes, como lo predice la teoría, son los genes de transmisión  uniparental, y las variantes alélicas del cromosoma Y son geográficamente más  restringidas que los alelos localizados en los autosomas y el genoma  mitocondrial. Entre las explicaciones más plausibles de la diversidad alta para  el cromosoma Y son, de nuevo, las diferencias en la selección de los machos y  las tasas de mi gración entre las hembras en tiempos prehistóricos, al igual que  la variabilidad alta en el éxito o adecuación reproductiva (<i>fitness</i>) de  los machos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>ESTRUCTURA POBLACIONAL EN  LOS HUMANOS Y SU SIGNIFICADO</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La estructura actual de las  poblaciones humanas se caracteriza por algunas reglas generales y pautas  establecidas, que nos dicen algo acerca de los procesos principales que  moldearon la variación genética, pero también porque existen varias excepciones.  El objetivo para el futuro es el de aumentar nuestro conocimiento y comprensión  de la estructura fina que estudia los grupos aislados y genes seleccionados.  Debido a que los patrones geográficos en los marcadores genéticos neutrales,  afectados por procesos históricos y demográficos, son parcialmente conocidos y  entendidos, y pueden ser fácilmente investigados más profundamente tipificando  más marcadores y poblaciones, las preguntas que se deben hacer están  relacionadas con la estructura genética de las poblaciones, los alelos  anormales, y si tienen sentido las clasificaciones basadas en el concepto de  “raza” para los estudios biomédicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>IMPLICACIONES BIOMÉDICAS DE  LA ESTRUCTURA POBLACIONAL</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las mutaciones deletéreas son  raras en los humanos, puesto que la expresión en todos los individuos con al  menos un cromosoma afectado rápidamente tendería a la extinción. Las  enfermedades monogénicas con este tipo de herencia son por lo tanto raras, con  una incidencia más o menos similar en las poblaciones, regulada por el  equilibrio entre mutación y selección. Igualmente infrecuentes son las  enfermedades genéticas simples cuyos portadores heterocigotos gozan de alguna  ven taja selectiva sobre los homocigotos saludables (por ejemplo, en la anemia  de células falciformes). En las pocas situaciones claras de este tipo, la  estructura de población en estos genes puede ser desacoplada de la estructura  observada en los marcadores neutrales. Las diferencias ambientales en la presión  selectiva (por ejemplo, la distribución geográfica de malaria para la anemia de  células falciformes) son de hecho responsables de la estructura observada en la  población. Por otro lado, cuando los efectos de la adecuación (<i><u>fitness</u></i>)  de mutaciones son expresados sólo en los homocigotos, o después de la edad  reproductiva, o son en general muy limitados como en las enfermedades  multigénicas complejas, los factores clave que actúan sobre sus frecuencias son  los mismos que afectan a los marcadores neutrales: procesos demográficos e  históricos. Por ejemplo, la alta frecuencia de varias enfermedades genéticas en  los judíos es una consecuencia de su aislamiento y del tamaño efectivo pequeño.  En otras palabras, los patrones principales de estructura de población se espera  sean muy semejantes también en desórdenes genéticos más sencillos y en los  numerosos alelos de susceptibilidad implicados en enfermedades genéticas  complejas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es obvio por tanto que se debe  tener en cuenta <b>la estructura poblacional en los estudios biomédicos</b>, o  al menos no ignorarla. Podemos señalar algunos de los casos en los cuales estas  diferencias cuentan.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>1.</b> En el caso de  enfermedades genéticas establecidas y que requieran de pruebas diagnósticas o de  su tratamiento, debe considerarse las diferencias entre poblaciones. Dados  ciertos síntomas, la enfermedad más probable depende también de la población de  origen del individuo afectado. Si los datos de la incidencia de la enfermedad  son desconocidos, poblaciones similares genéticamente y sus marcadores neutrales  pueden ser empleados como una primera aproximación. Si se trata de una población  aislada (aislado genético), se debe esperar la presencia de alelos raros  específicos.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>2. </b>Las poblaciones  aisladas y recientemente fundadas (por ejemplo, Finlandia, Islandia y otras  similares) deberían ser empleadas preferentemente en estudios de localización de  genes por desequilibrio de alelos (<i>linkage disequilibrium</i>, LD), en  individuos no relacionados y para estudios de enfermedades multigénicas en  general. Estas poblaciones son de hecho comparables a las familias numerosas,  donde la heterogeneidad genética es rara (y por lo tanto los afectados llevan la  misma mutación) y la recombinación no tiene tiempo para romper la asociación  estadística entre el gen buscado y los marcadores flanqueantes. La posibilidad  de encontrar dicha situación depende en parte del hecho que la población humana  esté en cierta forma geográficamente estructurada y particularmente en la  existencia del aislado.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>3.</b> Es más razonable  realizar estudios de localización por LD con muestras tomadas en poblaciones  individuales, que en muestras de individuos agrupados con diferentes orígenes,  puesto que de esta manera seríamos capaces de identificar mejor los diferentes  loci con alto grado de poder discriminante, ya que es más probable conseguir un  solo gen causal de la enfermedad con diferentes alelos en cada población.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>4.</b> Las asociaciones  espurias pueden ocurrir si el muestreo no está estratificado por las  poblaciones. Un ejemplo sería el de utilizar un rasgo (enfermedad) con una  manifestación clara de ser monogénica (Ej.: b- talasemia causante de la fiebre  mediterránea), en una población de niños afectados de los Estados Unidos, con  padres de origen europeo, los cuales pueden diferir en varias regiones genómicas  de los grupos control o testigo que representan la población general de los  Estados Unidos. Esto puede ser debido a que la frecuencia del rasgo es alta en  la población, la cual es genéticamente distinta en algunos marcadores neutrales,  y la población se analiza con otras (ya sea porque las muestras son limitadas o  las dos poblaciones coexisten en la misma área). En estos casos podremos  conseguir asociaciones estadísticas, mas no genéticas, entre el rasgo y los  marcadores, y la conclusión errónea de que existen muchos genes causales de la  enfermedad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>5. </b>La presencia de  grupos diferentes genéticamente en las poblaciones implica que si la mezcla  ocurre, las consecuencias pueden ser varias. Durante la historia y la  prehistoria de nuestra especie, estos eventos no ocurrieron frecuentemente, pero  sí es más posible en el pasado reciente entre los nativos americanos y los  europeos en las Américas. Desde el punto de vista de las poblaciones mezcladas y  los individuos, la mezcla genética es un efecto inicial beneficioso de heterosis  (los alelos deletéreos recesivos específicos de la población no se expresan en  los individuos heterocigotos), y en general una disminución de la fracción de  los individuos afectados en los alelos recesivos de las enfermedades (ya que las  diferentes frecuencias alélicas resultan menores que las frecuencias promedio de  los homocigotos).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>6.</b> La genómica  poblacional que ha venido colectando datos en los últimos veinte años, ha puesto  de manifiesto que las diferencias genómicas entre los diferentes grupos humanos  no es superior al 0,1%, lo cual demuestra claramente la unidad de las  poblaciones humanas. Lo que sí es cierto es que ese pequeño porcentaje, producto  de los polimorfismos genéticos, es responsable de, entre otras cosas, la  eficiencia diferencial del metabolismo de medicamentos, tanto en la absorción  como en el transporte. Varias proteínas han sido involucradas durante estas  fases. Uno de los ejemplos más conocidos es el gen <i>CYP2D6</i>, el cual  codifica una enzima que metaboliza cerca del 20% de los medicamentos que están  disponibles en los mercados. Las diferentes variantes genéticas, incluyendo la  variación del número de copias, tienen diferente eficiencia, donde las altas o  bajas eficiencias dan como resultado efectos tóxicos o reducidos de la droga,  respectivamente. El desarrollo de formas individuales de tratamiento basado en  el genotipo individual (farmaco-genética) es claramente el objetivo a largo  plazo de los estudios genómicos aplicados a los medicamentos (farmacogenómica).  No obstante, existen evidencias de que en un futuro inmediato no pueda ser  posible emplear estas estrategias, debido a la discordancia entre los diferentes  estudios poblacionales, que en el fondo es una respuesta al grado de  estructuración geográfica entre las poblaciones para los genes metabolizadores  de medicamentos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>CONCLUSIONES</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las poblaciones humanas  actuales pertenecen al mismo grupo humano que emergió de África y se dispersaron  al resto del globo terráqueo alrededor de los últimos 100.000 años. Los  diferentes patrones depoblamiento humano del <i>Homo sapiens </i>han conducido a  la evolución de grupos humanos con características fenotípicas diversas, pero en  el fondo y en los genes, todos compartimos los mismos ancestros biológicos. Las  pequeñas diferencias en el genoma humano entre los diferentes grupos  poblacionales no son suficientes para establecer una categoría taxonómica  diferente a la especie, la cual se caracteriza por el aislamiento reproductivo  (como en la mayoría de especies). En el caso de los humanos, la existencia de  una variación continua a nivel genético, demostrada por los estudios genómicos  poblacionales, es la característica esencial.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Actualmente, el concepto de  “raza” y los fenómenos “racistas” asociados a los humanos afectan a la  construcción social. La categorización racial o racialización tiene una larga  historia, la misma que ha sido asociada a la superioridad, con un claro  componente sicológico para identificar potenciales enemigos y aliados.  Obviamente esto fue y ha sido empleado para efectos de discriminación y  dominación, tanto en el pasado como en el presente. Sin embargo, la realidad  biológica es diferente a esta construcción social; existe claramente la  variación continua, las clinas (cambio gradual de rasgos fenotípicos de una <i> <b>misma</b></i> especie por influjos y condiciones medio-ambientales), y los  límites genéticos que cruzan el espacio geográfico sin rodearlo, y de esta  manera definir grupos aislados de población.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si en realidad queremos  entender la diversidad humana, y explotamos debidamente los datos de las  ciencias genómicas para la localización y aislamiento (clonación) de los genes  causales de enfermedades, el concepto de raza no es útil ni seguro, como sí lo  puede ser el concepto de población. Pero si de verdad queremos entender la  evolución humana, y si lo que deseamos es poder tratar las patologías  multifactoriales, no existe otra alternativa que la de lidiar con la fabulosa  naturaleza de la diversidad genética humana.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Barbujani G, Excoffier L.  (1999). The history and geography of human genetic diversity. In: Stearns S (Ed.).  Evolution in Health and Disease. Oxford University Press, Oxford, UK.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2236829&pid=S0798-0477200900010000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. Barbujani G. (2005). Human  Races: Classifying People vs. Understanding Diversity. Current Genomics, Vol. 6  (4): 1-12.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2236830&pid=S0798-0477200900010000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. Cavalli-Sforza L L, Menozzi  P, Piazza A. (1994). The History and Geography of Human Genes. Princeton  University Press, Princeton, NJ.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2236831&pid=S0798-0477200900010000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. Hartl DL and Clark AG  (1997). Principles of Population Genetics. Sinauer, Sunderland, Massachusetts.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2236832&pid=S0798-0477200900010000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. Vogel F, Motulsky A G.  (1998). Human Genetics: Problems and Approaches, 3rd ed. Springer-Verlag, Berlin.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2236833&pid=S0798-0477200900010000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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