<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0798-0752</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Anales Venezolanos de Nutrición]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[An Venez Nutr]]></abbrev-journal-title>
<issn>0798-0752</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Fundación Bengoa]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0798-07522005000100025</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cultura y tradiciones de la alimentación en Venezuela]]></article-title>
</title-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>00</month>
<year>2005</year>
</pub-date>
<volume>18</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>138</fpage>
<lpage>140</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0798-07522005000100025&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0798-07522005000100025&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0798-07522005000100025&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[ <P ALIGN="center" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;</font><font face="Verdana" size="3"><b>Cultura y tradiciones de la alimentación en Venezuela.</b></font></P>     <P ALIGN="center" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><b>&nbsp;Jos&eacute; Rafael Lovera,&nbsp;</b></font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"> Profesor Jubilado Escuela de Historia, Facultad de Humanidades y Educaci&oacute;n. Universidad Central de Venezuela, director fundador del Centro de Estudios Gastron&oacute;micos (CEGA). Plaza Morelos. Tel&eacute;fono: 0212-5713354Correo Electr&oacute;nico: jlovera@venezolano.com.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Hay sentimientos que por largo tiempo llevamos in pectore que a  veces comunicamos a los muy allegados, pero que siempre deseamos hacerlos p&uacute;blicos, hoy se me presenta la ocasi&oacute;n de exteriorizar una de esas afecciones de admiraci&oacute;n y estima de ah&iacute; mi gran reconocimiento porque se me permita hacerlo en esta magnifica ocasi&oacute;n. He tenido el honor de conocer, desde hace a&ntilde;os tanto al Doctor Jos&eacute; Mar&iacute;a Bengoa como al Doctor Werner Jaff&eacute;, en los tiempos en que comenzaba mi incursi&oacute;n por el a&uacute;n inexplorado campo de la historia de la alimentaci&oacute;n.&nbsp;</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"> Como no recordar en esta oportunidad la magistral monograf&iacute;a del Doctor Bengoa, Medicina social en el medio rural venezolano o los lucidos art&iacute;culos del Doctor Jaff&eacute; sobre los Problemas de la nutrici&oacute;n en Venezuela y sus proposiciones para el mejoramiento de nuestra alimentaci&oacute;n que aparecieron en los a&ntilde;os cuarenta del siglo pasado en la revista de Sanidad y Asistencia Social. En algunas de sus obras beb&iacute; conocimientos que me fueron de gran utilidad en mis pesquisas, pero a la vez, al enterarme de la ingente y fruct&iacute;fera labor que ambos profesionales hab&iacute;an desempe&ntilde;ado, creci&oacute; mi estima m&aacute;s all&aacute; de sus contribuciones cient&iacute;ficas.&nbsp;</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"> Ellos est&aacute;n de forma indeleble asociados a lo que puede llamarse la &eacute;poca fundacional de las Ciencias de la Nutrici&oacute;n en nuestro pa&iacute;s. Mediando el siglo pasado ya trabajaban afanosamente por mejorar  la alimentaci&oacute;n de los venezolanos, tanto en el reci&eacute;n establecido Instituto Nacional de Nutrici&oacute;n, como en el &aacute;mbito docente e investigativo y en la pr&aacute;ctica profesional. Nacidos fuera de nuestras fronteras se hicieron sin embargo venezolanos cabales y dedicaron los mejores y m&aacute;s lucidos a&ntilde;os de su vida a esa labor denodada en pro del bienestar de nuestros compatriotas. Son lo que nuestro historiador Jos&eacute; Gil Fortoul, llamaba &quot;los h&eacute;roes civiles&quot;, que tanto y tan calladamente han hecho por la patria y que tanta falta nos han hecho y a&uacute;n nos hacen. El homenaje que hoy se les rinde con la celebraci&oacute;n de este destacado foro es m&aacute;s que merecido y puedo asegurarles que la historia, tiene inscritos de manera indeleble sus nombres entre los compatriotas eminentes. Reciban pues mi m&aacute;s emocionada adhesi&oacute;n y reconocimiento. Perm&iacute;taseme despu&eacute;s de esta p&uacute;blica confesi&oacute;n, entrar en la materia que se me ha pedido tratar.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Los venezolanos hemos venido construyendo a lo largo de los &uacute;ltimos cinco siglos de historia, una cultura alimentaria que si al comienzo, en la etapa alboral de nuestra sociedad, es decir a comienzos del siglo XVI, se nutri&oacute; de tradiciones abor&iacute;genes, ib&eacute;ricas y africanas, con el correr del tiempo se enriqueci&oacute; con otras costumbres venidas de otras regiones de Europa e incluso de Asia y de algunas zonas americanas.&nbsp;</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"> acervo recibido originalmente, fue adaptado, mezclado, hasta formar un acervo propio, peculiar. Puede decirse que fue en el siglo XIX cuando adquiri&oacute; un perfil distintivo nuestra cultura alimentaria, y as&iacute; lo testimonia el primer recetario impreso de cocina venezolano, que public&oacute; J.A. D&iacute;az en 1861, como parte de su fundamental obra El Agricultor Venezolano formando cap&iacute;tulo aparte de ese manual, con el t&iacute;tulo de Cocina Campestre. M&aacute;s tarde en las postrimer&iacute;as de la &eacute;poca decimon&oacute;nica, el ilustre escritor meride&ntilde;o Tulio Febres Cordero edit&oacute; en su famosa tipograf&iacute;a El L&aacute;piz en 1899 un folleto titulado La cocina criolla o gu&iacute;a del ama de casa, contentivo de los platos m&aacute;s populares de sus regiones. Luego en los cincuenta a&ntilde;os siguientes se publicaron unos pocos recetarios, cuya trascendencia no fue mayor.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;Por los a&ntilde;os cincuenta del siglo XX un conocido periodista venezolano, Ram&oacute;n David Le&oacute;n, public&oacute; un curioso libro al cual le puso como t&iacute;tulo: Geograf&iacute;a Gastron&oacute;mica Venezolana en el cual recoge no menos de sesenta platos distintos de las diferentes regiones de nuestro pa&iacute;s. Se trataba de breves notas que hab&iacute;a recogido, como el mismo confiesa en su introducci&oacute;n, durante sus viajes por nuestro territorio, en los cuales uni&oacute; su labor period&iacute;stica y pol&iacute;tica a la curiosidad por los fogones, pues era como suele decirse &quot;un buen cubierto&quot;.&nbsp;</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"> Este libro ya reeditado varias veces es el primer inventario de nuestra cocina criolla hecho con gran pasi&oacute;n y con buen estilo. Faltaban s&oacute;lo en aquella obra las recetas, pero esta omisi&oacute;n se llen&oacute; con la segunda edici&oacute;n hecha en los a&ntilde;os setenta de la misma centuria al publicarse simult&aacute;neamente el op&uacute;sculo de la Lolita Llamozas de Lleras Codazzi: Recetas para la confecci&oacute;n de platos t&iacute;picos mencionados en la obra de Geograf&iacute;a Gastron&oacute;mica Venezolana, con el cual vino a completarse el repertorio del cual hablaba Le&oacute;n. Es cierto que en dichas obras faltaban muchas de nuestras preparaciones vern&aacute;culas, pero tambi&eacute;n es cierto que el levantamiento culinario gastron&oacute;mico que ellos hicieron ofrece una buena panor&aacute;mica del asunto quien acuda a la lectura de estos trabajos, comprobar&aacute; como ya se hab&iacute;a formado el perfil de nuestra manera de comer tradicional y al mismo tiempo encontrar&aacute; la confirmaci&oacute;n de las distintas influencias que hemos se&ntilde;alado. Por la &eacute;poca de la primera edici&oacute;n del libro de Le&oacute;n aparecieron nuevos formularios entre los cuales merece destacarse de Mar&iacute;a Chapell&iacute;n el libro de T&iacute;a Mar&iacute;a, que incluye numerosas preparaciones t&iacute;picas.&nbsp;</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"> Esta gastronom&iacute;a y &eacute;sta culinaria tradicionales han persistido hasta nuestros d&iacute;as, a pesar de que en los &uacute;ltimos decenios de la pasada centuria se vieran seriamente amenazadas, hasta el punto de que hubo temores de que pudiesen ser barridas y sustituidas por modos for&aacute;neos de alimentaci&oacute;n. Afortunadamente esos temores han ido desapareciendo a medida que ha ido resurgiendo el gusto por nuestro antiguo modo de comer y en este fen&oacute;meno tuvieron mucho que ver los libros de Armando Scannone, que aun cuando ofrec&iacute;an limitarse a los platos caraque&ntilde;os, incluyeron varios de otras regiones de nuestro pa&iacute;s. Hoy puede afirmarse sin duda que much&iacute;simos j&oacute;venes, y esto de la edad es muy importante, han vuelto o est&aacute;n volviendo a sus ra&iacute;ces. Y esta circunstancia tiene mucho que ver con la fundaci&oacute;n del Centro de Estudios Gastron&oacute;micos (CEGA), avocado a la salvaguarda y a la vez  al desarrollo de nuestra culinaria.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">El conjunto de rasgos culturales alimentarios que nos son caracter&iacute;sticos forman un patrimonio que es apenas recientemente cuando se ha reconocido oficialmente como tal. La aparici&oacute;n de rigurosos y eficaces recetarios de estudios monogr&aacute;ficos de historiadores, economistas, antrop&oacute;logos y soci&oacute;logos, con la colaboraci&oacute;n de los nutricionistas, la labor de levantamiento de esos bienes culturales y de su fomento emprendido por instituciones oficiales y privadas, son factores positivos que han apuntalado este renacer al cual hay que dar alborozada bienvenida. Actualmente creo que en la mente de todo compatriota puede juzgarse  con similar importancia en nuestro acervo cultural  tanto la hallaca como una iglesia colonial, el pabell&oacute;n como cualquiera de nuestras manifestaciones musicales, los recetarios  al lado de nuestras m&aacute;s famosas obras literarias. Los organismos internacionales han dado por llamar a este lado de la cultura que nos ocupa: &quot;patrimonio intangible&quot;, lo cual no deja en el fondo de traslucir una especie de contrasentido como aseverar&iacute;a cualquier comensal  de nuestra mesa antigua. Pero no obstante lo discutible que pueda encontrarse en la nomenclatura, lo importante es el reconocimiento, la valoraci&oacute;n de esas tradiciones alimentarias.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">A&uacute;n no tenemos un inventario lo suficientemente amplio y riguroso, como para alardear de disponer de un gran banco de datos gastron&oacute;micos. Sin embargo un c&uacute;mulo de informaci&oacute;n que se ha ido reuniendo permitir&iacute;a esbozar algunas de las caracter&iacute;sticas principales de ese patrimonio, lo cual intentaremos presentar seguidamente.</font> </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Antes que nada habr&iacute;a que desechar como supuesta categor&iacute;a distintiva y exclusiva la de considerar que nuestra cocina es mestiza. ¿ Es que hay alguna que no lo sea?. Pensamos que tal rasgo es general a todo patrimonio culinario. Basta recordar que la culinaria que ha tenido y conserva la mayor fama mundial es la francesa, producto de influencias de los galos, de los griegos y latinos, de los italianos y de tantas otras proveniencias. B&oacute;rrense de los recetarios franceses ingredientes como el tomate, el frijol, el cacao, la vainilla, el aj&iacute; y todos sus parientes, el pavo y muchos otros aut&oacute;ctonos del continente americano, para darnos cuenta de lo vac&iacute;as que quedar&iacute;an numeros&iacute;simas f&oacute;rmulas de ese repertorio tan afamado. De forma que es cierto que nuestra cocina es mestiza, pero al serlo todas las otras, no puede tal rasgo constituir la diferencia espec&iacute;fica que la designe. Tal vez se&ntilde;alando las ra&iacute;ces de nuestra culinaria podr&iacute;amos obtener ese rasgo distintivo: es decir se trata de una gastronom&iacute;a en que se mezclan predominantemente</font> </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">tradiciones americanas, europeas y africanas.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La situaci&oacute;n geogr&aacute;fica de nuestro pa&iacute;s en la que est&aacute;n representadas casi todas las zonas caracter&iacute;sticas de Sur Am&eacute;rica, pues contamos con una regi&oacute;n Amaz&oacute;nica, otra de los Llanos, una de los Andes y tambi&eacute;n otra Caribe&ntilde;a, unida a la idiosincrasia propia de nuestra sociedad, ajena a cerramientos culturales ha permitido que en sus tradiciones se hayan ido incorporando m&uacute;ltiples influencias, r&aacute;pidamente asimiladas. Como consecuencia puede aseverarse que nuestra cultura en general y por ende la culinaria haya sido abierta a diferencia de otras del sub continente, como ser&iacute;a por ejemplo el caso de la peruana, mucho m&aacute;s refractarias a influencias externas y a innovaciones.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Se ha querido distinguir las cocinas latinoamericanas dentro de la cual esta la nuestra por el uso considerable del Capsicum, y como prueba se traen a colaci&oacute;n la cocina mexicana, la peruana y a&uacute;n la caribe&ntilde;a o antillana. Es cierto que entre nosotros se usa el aj&iacute; pero no a la manera como lo emplean en las cocinas &uacute;ltimamente nombradas. Los venezolanos rar&iacute;sima vez incluimos entre los ingredientes de nuestras preparaciones esa picante c&aacute;psula. M&aacute;s bien en nuestra mesa se acostumbra colocar un ajicero a fin de quien lo guste se sirva algo de &eacute;l. De aqu&iacute; esta la diferencia respecto de muchas de las cocinas de nuestros pa&iacute;ses hermanos. Hemos dicho el aj&iacute; a secas, siempre identificado con lo picante cuando as&iacute; se mienta, pero existe un aj&iacute; dulce que carece del ardor que provocan sus otros cong&eacute;neres, y &eacute;ste si es uno de los elementos que pocas veces falta en nuestros guisos tradicionales. Su uso es tan extendido en nuestro pa&iacute;s y su aroma tan caracter&iacute;stico de nuestras preparaciones, que podr&iacute;a tild&aacute;rsele de alma de la cocina criolla venezolana.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Si atendemos a las formas de preparaci&oacute;n que habitualmente se utilizan entre nosotros nos encontraremos que incluso desde el punto de vista lexicogr&aacute;fico, predomina la fritura. Esto hasta el punto de que quien busque en el diccionario de Venezolanismos encontrar&aacute; la siguiente definici&oacute;n de frito: &quot;alimento, sustento diario&quot; y as&iacute; encontramos otro de los rasgos distintivos que buscamos. Si vamos al plano de los panes, encontraremos que hay dos de ellos, que no son precisamente de trigo, el casabe y la arepa que no dejan de ofrecer una notable peculiaridad a nuestro condumio nacional. Es cierto que el consumo de casabe, al tiempo de la conquista, iba m&aacute;s all&aacute; de lo que son nuestras fronteras pol&iacute;ticas actuales, extendi&eacute;ndose incluso a las islas antillas como lo testimonian los primeros cronistas, pero actualmente donde m&aacute;s se lo consumen es Venezuela. Respecto de la arepa, nombre sin duda de origen venezolano, aparece tambi&eacute;n en el yantar de algunas regiones de nuestra vecina Colombia. Sin embargo, no consideramos atrevimiento decir que es peculiar de nosotros y que los esfuerzos tecnol&oacute;gicos contempor&aacute;neos destinados a salvar esta preparaci&oacute;n en un mundo de notable aceleramiento de la vida cotidiana, surgen de Venezuela.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Si bien el intento de caracterizaci&oacute;n anterior, es incompleto, sin embargo da una idea de nuestro perfil culinario propio, que no llegaremos a poder dibujar con precisi&oacute;n rigurosa hasta tanto no se lleve a efecto el levantamiento de que hablamos antes, que seguramente nos permitir&aacute; acceder a un rostro culinario m&aacute;s preciso.</font> </P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Los afanes conservacionistas en el &aacute;mbito de la cultura pueden conducir a que se obtenga un considerable banco de datos sobre preparaciones vigentes, pero es vano pensar que se pueda atrapar la cultura, como se hace con una presa de cacer&iacute;a. La cultura es m&aacute;s &aacute;gil que un venado o una lapa, pues por esencia es din&aacute;mica, cambiante y esta &uacute;ltima nota debe llevarnos a la convicci&oacute;n de que el registro del desarrollo culinario no puede suspenderse m&aacute;s sino que es necesario continuarlo indefinidamente. Puede eso s&iacute; servirnos de orientaci&oacute;n el conocer a fondo la tradici&oacute;n, el haber definido para un momento dado un aspecto de nuestra cultura, y creo que esa especie de funci&oacute;n de gu&iacute;a que presenta la tradici&oacute;n en la modernidad es labor impostergable pues sin ella perder&iacute;amos el rumbo, ser&iacute;amos f&aacute;cil presa de culturas for&aacute;neas y quedar&iacute;amos en una especie de situaci&oacute;n de incapacidad para desarrollar lo nuestro desde adentro, con nuestros propios recursos. O&iacute; una vez decir que la cultura no es m&aacute;s que una manera de haber sido, una manera de ser, una manera de ir siendo que se viene transmitiendo por generaciones de boca a o&iacute;do o por medios visuales.&nbsp;</font></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"> Este continuum no debe romperse pues de suceder as&iacute; perder&iacute;amos nuestra identidad como pueblo. Ya lo dec&iacute;a uno de nuestros primeros cronistas coloniales con un tono de advertencia cuya repercusi&oacute;n llega hasta nuestros d&iacute;as: &quot;El tiempo puede tanto en toda cosa que muchas veces lo que se tiene por permanecedero y al paracer y juicio de los hombres durar&aacute; por algunos siglos, lo consume y acaba en breves d&iacute;as, de suerte que no se halla vestigio ni rastro de ello, y en lugar de lo que consume, a&ntilde;ade y pone de nuevo cosas que claramente saben ser muy desemejables a las pasadas y las m&aacute;s veces las compuestas y artificiales y advenedizas de fuera se tiene entre los hombres por naturales, s&oacute;lo por no hallar escrito lo que en semejantes casos usaron y tuvieron sus mayores, cuya memoria est&aacute; de todo punto puesta en olvido&quot; Fray Pedro de Aguado, Recopilaci&oacute;n Historial, II, 109.</font></P>     <P ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Actualmente sobretodo los cient&iacute;ficos sociales, se encuentran alarmados por la globalizaci&oacute;n, que muchos ven como una especie de monstruo devorador que uniforma sus v&iacute;ctimas antes de trag&aacute;rselas. Sin embargo no hay que olvidar que precisamente en nuestro tiempo, m&aacute;s que nunca, han rebrotado con fuerza las diferencias culturales y que ellas, usando la tecnolog&iacute;a cibern&eacute;tica, pueden reafirmar su presencia en el &aacute;mbito mundial y desarrollarse con mayor rapidez y fuerza que en tiempos pasados. Creo que tenemos una gran oportunidad para hacerlo que no debemos temer las innovaciones que debemos aprovecharlas para nuestro propio inter&eacute;s cultural, seguros de que culminaremos exitosamente nuestros esfuerzos. Los invito a unirse a esa confianza y  a esa labor.</font> </P>      ]]></body>

</article>
