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</front><body><![CDATA[ <p align="justify">&nbsp;</p>     <p align="center"><font face="Verdana"><b>Como llegué al estudio de las leguminosas</b></font></p>     <p align="center"> <span style="font-size:10.0pt; font-family:&quot;Verdana&quot;,&quot;sans-serif&quot;">Werner G. Jaffé</span></p>     <p align="justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif">1 *Con estas  palabras W.G. Jaffé abrió el simposio “Lo bueno y lo malo de las semillas de  leguminosas”, evento realizado con motivo de la celebración de sus 80 años de  vida. Este simposio, organizado por el Grupo de Bioquímica y Nutrición del  Centro de Biología Celular, Facultad de Ciencias, se realizó en la Asociación  Cultural Humboldt de Caracas, el 26 de octubre de 1994. Instituto de Biología  Experimental Facultad de Ciencias, Universidad Central de Venezuela 2 de junio,  2009. Edición Especial Número 282 ISSN 1316-2969. IBE hoja informativa ©  Ediciones IBE.&nbsp; </span></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Quizás fue el recuerdo del hambre que pasé de niño, a consecuencia de la  situación de escasez que atravesó mi país natal en los años posteriores a la  Primera Guerra Mundial, lo que me impulsó al estudio de la nutrición humana.  Todavía recuerdo, perfectamente, la distribución equitativa de las raciones de  comida entre los hermanos en la mesa familiar y el sentido de frustración cuando  éstas resultaban muy pequeñas. Igualmente recuerdo las caravanas de soldados que  regresaban del cautiverio y el triste aspecto que tenían. Estas tempranas  impresiones causaron en mi un profundo sentimiento antibélico y una continuada  preocupación por el hambre ajeno y por ello, por la Ciencia de la Nutrición y  sus aspectos sociales. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La selección de uno de los temas que me ha ocupado en mi labor de investigación,  las leguminosas, también está relacionada con eventos bélicos, esta vez con la  Segunda Guerra Mundial. En el curso de esta conflagración, las tropas japonesas  ocuparon las Islas de Indonesia, entonces colonia holandesa. Con esta acción se  recortó bruscamente la oferta mundial de quinina, producida exclusivamente en  esta zona. En aquel entonces, los remedios antipalúdicos sintéticos no estaban  disponibles. Yo trabajaba en esos años para un laboratorio farmacéutico  particular, cuyo producto más importante era un jarabe de quinina, muy popular  para el combate de la malaria tan extendida en Venezuela.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Sabiendo que la quinina se obtenía de la corteza del árbol de quina, el cual se  encontraba en la zona andina de Suramérica, resolví, junto con un amigo  botánico, indagar sobre la posible presencia de esta especie botánica en los  bosques de los alrededores de Caracas. En estas excursiones teníamos que  pernoctar en las pequeñas casas de los campesinos de la zona, y se nos ofrecían  comidas que, invariablemente, consistían de arepas de maíz y de caraotas  (frijoles) negras, a veces con algún aderezo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Curioso por saber cómo una dieta tan monótona y sencilla podía cubrir los  requerimientos fisiológicos, empecé a realizar experimentos con ratas blancas  que se tenían para pruebas toxicológicas en la empresa donde trabajaba. Estos ensayos condujeron a cuatro observaciones de interés, y cuya  profundización y explotación determinaron en buena medida mi labor de  investigación durante los siguientes treinta años. Las observaciones fueron las  siguientes:</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  1. las ratas que recibieron una dieta de caraotas negras y maíz molido, siempre  reforzada con vitaminas y minerales, murieron después de, aproximadamente, dos  semanas, con síntomas de diarrea.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  2. la sustitución de las caraotas crudas por otras sometidas a cocción previa,  secado y molienda condujo a un crecimiento satisfactorio de los animales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  3. la administración de dietas a base de cualquiera de los dos componentes (maíz  o caraotas cocidas) no promovió el aumento de peso de las ratas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  4. los animales que recibieron la dieta de maíz y caraotas cocidas crecieron  satisfactoriamente y se reprodujeron. Sin embargo, en la segunda generación se  observó retardo del crecimiento y alta mortalidad de las crías. Estos síntomas  se corrigieron cuando se le suministró a las madres un extracto hepático.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La incapacidad del maíz o las caraotas cocidas para satisfacer, por separado,  los requerimientos alimenticios de las ratas y el elevado valor nutritivo de la  mezcla, señaló el efecto complementario entre ambos componentes y abrió el  camino para el estudio de los aminoácidos esenciales limitantes de sus  respectivas proteínas.  El efecto beneficioso del extracto hepático sobre la capacidad reproductiva de  las ratas alimentadas por largo tiempo con la dieta reforzada con todas las  vitaminas conocidas hasta la fecha, se interpretó como indicio de la existencia  en dicho extracto de un factor o factores de crecimiento esenciales y todavía  desconocidos, cuya búsqueda nos ocupó por muchos años.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Preparamos concentrados del extracto hepático y se estudiaron sus efectos biológicos en ratas y lactobacilos.  Estos se compararon con los de una fracción parcialmente purificada del factor  antianémico de Castle, que nos fue suministrada por el Profesor Karrer de Zurich.  Por sus características similares, se sospechó que se trataba del mismo factor.  Como es conocido, en 1948 un grupo de investigadores norteamericanos logró su  cristalización y se le denominó Vitamina B12.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La alta mortalidad de las ratas que consumían las caraotas crudas, indicaba la  presencia en ellas de uno o varios factores tóxicos termolábiles. En trabajos  posteriores se logró aislar uno de ellos, el cual presentó actividad  hemaglutinante. Una vez purificado se le determinó su peso molecular, su  carácter de glicoproteína y su adhesión a hematíes y a tejido intestinal. Una  comparación de las actividades tóxicas y hemaglutinantes de semillas  provenientes de varios cultivares de Phaseolus vulgaris, permitió establecer la  existencia de cuatro diferentes tipos de lectinas en dichas semillas, las cuales  se diferencian por su especificidad frente a eritrocitos de varias especies  animales, a su toxicidad en animales cuando se les suministraba por vía  intraperitoneal o sub-cutánea, a su actividad mitogénica frente a linfocitos  humanos, a su contenido de carbohidratos y a su termolabilidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  De los cuatro tipos de lectinas que se encontraron en diferentes variedades de  semillas de P. vulgaris, sólo dos demostraron poseer una fuerte actividad  tóxica, la cual resultó relativamente resistente a la cocción. El calentamiento  por dos horas a 92 °C, la temperatura a la cual hierve el agua en la Ciudad de  México, no eliminó por completo la toxicidad. En cruces realizados entre un  cultivar de alta y otro de baja toxicidad, se pudo observar que el carácter del  primero se hereda como un factor dominante.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  La especificidad de la acción hemaglutinante frente a los eritrocitos de  diferentes especies resultó muy útil para distinguir entre diversos cultivares  de esta leguminosa y nos sirvió, no sólo, para investigar la homogeneidad de  lotes de semillas, porque dicha prueba se puede efectuar con una sola semilla,  sino también para demostrar que las llamadas lectinas leucoaglutinantes,  consideradas como no eritroaglutinantes debido a su poca actividad frente a  eritrocitos de conejo, eran capaces de aglutinar glóbulos rojos de otras  especies.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Para la fecha de mi llegada a Venezuela en 1940, no existía ninguna facultad de  ciencias y mucho menos una cátedra de bioquímica. Se había contratado a un  profesor catalán de fisiología, el Dr. Augusto Pi Suñer, para organizar el  Instituto de Medicina Experimental, quien me invitó a ayudarle en esta tarea,  pero no logró conseguir para mí un nombramiento remunerado como personal de la  Universidad Central de Venezuela, la cual tenía, en esa época, un presupuesto de  sólo catorce millones de bolívares. Por esta razón tuve que aceptar la oferta de  la empresa farmacéutica antes mencionada. En su laboratorio de control me  encontré con unas instalaciones básicas muy limitadas y una pequeña biblioteca  con escaso material bibliográfico. Dos médicos asistían, por horas, como  asesores para el desarrollo de nuevos productos. De los cinco años de mi  actividad en esa empresa quedaron 24 publicaciones científicas.  Al ingresar a la carrera universitaria, tuve la oportunidad de trabajar con  estudiantes tesistas, una actividad que siempre me ha complacido mucho, y que  nos permitió profundizar en temas y problemas ya abordados antes, lo que  expandió el horizonte de nuestro trabajo. Considero una gran suerte el haberme  encontrado, desde entonces, con un grupo de alumnos excelentes. Sin ellos no  hubiese logrado jamás una labor científica de alguna relevancia. Desde que me  inicié en el campo de las lectinas, éste ha adquirido evidentemente una amplitud  e importancia que entonces apenas se podía vislumbrar. En un artículo de  revisión que el Dr. I.E. Liener me comisionó para su libro «Toxic Constituents  of Plant Foodstuffs» en 1969, me atreví a pronosticar que el estudio de las  lectinas, probablemente, iba a experimentar un enorme desarrollo cuando se  hubiera logrado describir, con mayor claridad, la reacción lectina-receptor y la  ocurrencia de múltiples receptores en diversos tejidos y materiales biológicos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  El programa de este simposio, y del cursillo sobre lectinas programado  conjuntamente, demuestra con claridad la multitud de fenómenos fisiológicos cuya  descripción se logra gracias a este campo de investigación. Considero, por lo  tanto, que fue un golpe de suerte que se me presentara la oportunidad de  dedicarme, desde sus inicios, a este campo tan relevante en la actualidad.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Me emociona sobremanera encontrarme en este momento frente a distinguidos  investigadores que han contribuido de manera fundamental en el avance de los  conocimientos sobre la estructura, composición, modo de acción, efectos  antinutricionales y tóxicos y posibles aplicaciones médicas de las lectinas y  otras biomoléculas aisladas de semillas de leguminosas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">  Publicado en Archivos Latinoamericanos de Nutrición, 1994, 44 (Supl. 1):3S-5S  (reproducido con permiso).</font>  &nbsp;</p>       ]]></body>

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