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<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Filosóficos Adolfo García Díaz]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La moral de Avendaño respecto a los "indios toreros": Avendaño’s Moral Thought on the "Bullfighting Indians"]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Among the moral obligations of mayors established by Diego de Avendaño in his Thesaurus Indicus, he makes reference to the participation of the indians in the bull fights of that period. The inicial strangeness of this topic could lead one to study the motives of the jesuits in this script by refering to pointing out specific morals for indians in these spectacles. This inevitably obliges us to remember the character and modality of bull fighting in the XVII Century.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">  <A NAME="filo-4"></A>    <P ALIGN="CENTER"><B><FONT COLOR="000000" size="4" face="Times New Roman"> La moral de Avendaño respecto a los “indios toreros” </FONT></B> </P>      <P ALIGN="CENTER"><FONT COLOR="000000" size="4" face="Times New Roman"> Avendaño’s Moral Thought on the “Bullfighting Indians” </FONT></P>      <P ALIGN="CENTER"><font face="Times New Roman" size="3"><I><FONT COLOR="000000"> Angel Muñoz García    <BR> </FONT> </I><FONT COLOR="000000"> <I>Universidad del Zulia    <BR> Maracaibo - Venezuela</I> </FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Resumen </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Entre las obligaciones morales de los Alcaldes, que establece Diego de  Avendaño en su <I>Thesaurus Indicus</I>, hace referencia a la participación de  los indios en las corridas de toros de la época. La extrañeza inicial que  este aspecto puede ocasionar lleva a estudiar en el presente trabajo cuáles  pudieron ser los motivos del jesuita para hacer puntualizaciones morales  específicas para los indios, en tales espectáculos. Lo que, inevitablemente,  obliga a recordar el carácter y modalidad que las corridas de toros tenían  en el Siglo XVII. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Palabras clave: </FONT></B></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Times New Roman" size="3"> <I><FONT COLOR="000000"> Thesaurus Indicus</FONT></I><FONT COLOR="000000">, Obligaciones de los Alcaldes en la Colonia, Las corridas  de toros y los indios.</FONT></font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Abstract </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Among the moral obligations of mayors established by Diego de Avendaño  in his Thesaurus Indicus, he makes reference to the participation of the  indians in the bull fights of that period. The inicial strangeness of this  topic could lead one to study the motives of the jesuits in this script  by refering to pointing out specific morals for indians in these spectacles.  This inevitably obliges us to remember the character and modality of bull  fighting in the XVII Century.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Times New Roman" size="3"><B><FONT COLOR="000000"> Key words</FONT></B><FONT COLOR="000000"><B>:</B> </FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Thesaurus indicus, mayoral obligations in the colonies, bull fighting,  indians.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><font color="#000000" size="3" face="Times New Roman">Recibido: 12-01-05 • Aceptado: 01-03-05</font></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> En uno de los párrafos de esa enciclopedia <I>de omni re scibili</I> sobre las  Indias, que constituye el <I>Thesaurus Indicus</I> de Diego de Avendaño, nos encontramos  con un párrafo que, al menos para el no muy versado en tauromaquia, no  deja de llamar la atención. En el capítulo referido a las obligaciones  de los Alcaldes, leemos: </FONT></P>      <blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> “La última obligación... tiene que ver con los juegos públicos, como corridas  de toros, torneos ecuestres armados de cañas en lugar de lanzas, comedias  y similares. En lo referente a todo esto, nada hay que decir en especial  respecto a Indias. Sobre si los juegos dichos son lícitos o no: ...sobre  las corridas de toros, pueden pecar ciertamente los Magistrados, si fomentan  su frecuencia, pues consta que en Indias se realizan con peligro especial  para los indios, son por naturaleza ilícitos y se dispone sobre ello especialmente  en Bula de Clemente VIII... Podría dudarse también si en general es pecado  grave permitirlas... Así me parece a mí; no obstante, sostengo que no hay  que suscitar escrúpulos respecto a ello”<SUP>1</SUP>. </FONT></P>  </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Motivos para juegos y celebraciones no faltarían en la Lima de Avendaño;  si los psicólogos dicen que la diversión es necesaria al humano, no dejaría  pasar esos motivos aquella sociedad, tan aficionada, a lo que parece, a  fiestas y celebraciones. Las propias autoridades debieron estar conscientes  de la conveniencia de ciertas diversiones públicas, que hicieran olvidar  a la ciudad los trabajos, impuestos y otros inconvenientes sociales. Tanto  como para que, en alguna ocasión, la Corona se considerara obligada a poner  freno a tanta fiesta. En época de Avendaño, precisamente, y con fecha de  15 de noviembre de 1674, el Virrey Baltasar de la Cueva informaba a la  metrópoli sobre la reducción que había hecho de los días festivos en el  Virreinato, por cuanto que el número de los que se habían introducido “excedía  de treinta y cinco que, juntas con las Pascuas y con las que dejasteis  (que son las mismas que se guardan en esta Corte), casi era feriada la  mayor parte del año”; reducción que el Rey aprobaba en Cédula del 14 de  mayo de 1676<SUP>2</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> No ha de extrañarnos que en una obra en que Avendaño se propone dictar  cátedra de moral sobre cómo ha de ser el gobierno de las colonias, descienda  a lo que, a primera vista, pudieran parecernos detalles menores para la  gente de gobierno. El estaba muy consciente de que el cuidado de las autoridades  sobre los juegos públicos no era sino la aplicación a los Alcaldes de la  norma que ya seguían en Roma los ediles, magistrados encargados de los  diferentes aspectos de la administración de la ciudad, y sobre los que  Cicerón decía: “Haya ediles administradores de la ciudad, del abastecimiento  y de los juegos”<SUP>3</SUP>. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> El hecho es que una buena gama de juegos (naipes, pelota, peleas de gallos...)  vinieron a formar parte de la cotidianidad de la sociedad colonial; unos  desarrollados en locales dispuestos para tal finalidad; otros en la plaza  principal de la ciudad, centro de la vida social de ésta. Unos y otros  acaparan la atención de nuestro moralista Avendaño; descargando sus diatribas  contra quienes regentaban casas dedicadas a los primeros, “contubernios  de los demonios, cloacas de abominación, imagen de los infiernos y peores  que los lupanares” y en las que “se cometen muchos crímenes graves”<SUP>4</SUP>. Y  ocupándose asimismo a los juegos públicos, en especial al objeto de estas  páginas, las corridas de toros. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> La lectura del fragmento transcrito sugiere de inmediato algunos interrogantes,  cuyas respuestas trataremos de dar en estas páginas: ¿cuál cree Avendaño  que es el motivo de que las corridas de toros constituyan un “peligro especial  para los indios”?; o, lo que puede ser lo mismo, ¿cuál es el motivo de  que haya de tratar de ello, especialmente “respecto a Indias”? ¿Por qué  un castellano de Segovia considera “por naturaleza ilícitas” tales corridas  y pecado grave permitirlas, sobre todo cuando cita a Clemente VIII, precisamente  el Papa que –según veremos– las permite? Y si le parecen ilícitas y pecado  permitirlas, ¿cómo, a pesar de todo, termina diciendo que no se deben suscitar  escrúpulos al respecto? Además, y es lo primero que llama la atención,  si hasta este texto estaba hablando de los juegos en que se apostaba dinero,  ¿cuál es la justificación de que pase a continuación a tratar de las corridas  de toros? ¿Acaso éstas eran ocasión de apuestas? </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Ante todo, nótese que habla de los juegos de toros, y de los juegos de  cañas y similares. Y es que en su origen, y todavía en tiempos del <I>Thesaurus</I>,  las corridas de toros estaban estrechamente relacionadas con los juegos  de correr cañas, alcancías o sortijas; y en éstos sí cabía apostar por  quién sería el ganador. En el caso de los toros, aparte de ser espectáculo  para todos, era una actividad en que los nobles ponían en juego su arrojo  y habilidad. Y de nuevo cabía ahí la posibilidad de apuestas. Porque, originalmente,  estos festejos taurinos era actividad privativa de la nobleza. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> El juego de sortija consistía, según la Academia de la Lengua, en “ensartar  en la punta de la lanza o de una vara, corriendo a caballo, una sortija  pendiente de una cinta a cierta altura”. La alcancía era una “bola hueca  de barro seco al sol, del tamaño de una naranja, y la cual, llena de ceniza  o de flores, servía para hacer tiro corriendo”; y correr alcancías consistía  en “tirárselas, corriendo a caballo, unos jinetes a otros, que las recibían  en el escudo, donde se quebraban”<SUP>5</SUP>. No nombra estos juegos específicamente  nuestro jesuita, por lo que nos excusamos de mayores detalles sobre ellos.  Anotemos solamente el dominio del caballo que se requería para ellos, haciéndole  quebrar, girar rápidamente, incluso dar marcha atrás, para lo que resultaba  más ventajoso el montar precisamente a la jineta, modalidad que los castellanos  aprendieron de los árabes. Como hemos señalado, es clara la posibilidad  que había de apostar en estos juegos. Los de cañas eran ya practicados  en la época clásica en Roma, pero –introducidos en España por los árabes–  tuvieron un gran auge en la Edad Media, como entretenimiento y ejercicio  de los caballeros. Sustituidas las lanzas del caballero por cañas, consistía  en una especie de torneo entre dos grupos, de entre 24 y 32 jinetes<SUP>6</SUP>. Al  soltar entre los caballeros un toro bravo, se obligaba a éstos a terminar  los juegos, y ocuparse de lidiar al astado. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> No todo el mundo es aficionado a los toros, ni todo aficionado (o enemigo  de la llamada <I>Fiesta</I>) conoce detalles que puedan aclarar el texto de Avendaño.  Por ello, hemos querido aclarar algunos de ellos, necesarios para comprenderlo.  Aun a riesgo de salirnos del camino que nos habíamos propuesto, de historiar  las ideas de América. A fin de cuentas, el investigador no puede tener  un camino prefijado; sino que éste –como dijo el poeta– es un camino que  se hace al andar. Y nos toca ahora hacerlo en andadura, si no de taurófilos,  al menos de taurólogos diletantes; deteniéndonos tan sólo en aquellos aspectos  que nos interesan para la mejor comprensión del texto de Avendaño. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Digamos, ante todo, que cuando éste nos habla de corridas de toros no pudo  referirse a las que llenan hoy nuestras plazas. El toreo tal como hoy se  realiza, comenzaría a principios del Siglo XVIII. Sólo en 1701, cuando  Felipe V se dirige a sentarse en el trono de España, se le dedica en Bayona  una corrida navarra, que puede ser el origen del actual toreo a capote,  de manos del llamado <I>Licenciado de Falces</I><SUP>7</SUP>. Sólo mediado ese siglo, se  construye la primera plaza de toros; y sólo a final del mismo se popularizan  las corridas. Pero, indudablemente, se trataba de una actividad con raíces  mucho más antiguas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> No se trata ahora de indagar los orígenes de una tradición, que se instauró  en un país cuyo mapa figura la piel de un toro, ni pretender buscarlos  en sus pinturas rupestres de Altamira, ni de establecer vinculaciones entre  la tauromaquia y lo sagrado. Ahí quedó el Tauro, signo del zodíaco, convertido  en el dios Sol, dios de tantas culturas, contando con ciudades enteras,  como Heliópolis, dedicadas a su culto. El toro, primer ser vivo creado,  según el Mazdeísmo; figuración del Júpiter –“medialuna las armas de su  frente”, que diría Góngora<SUP>8</SUP>– seductor de Europa; padre de semidioses como  el Minotauro; adorado por los germanos como Thor, en el templo al sol;  como becerro de oro, por los hebreos, en el desierto; o por los hispanos,  a partir de que Hércules les regalara unos toros. Ceremonias del culto  a Mitra, culto que, al pasar a Roma, quedó vinculado a la milicia y los  guerreros, con su peculiar rito del taurobolio, sacrificando un toro para  purificarse con su sangre; ceremonias de culto al toro, mediante ejercicios  taurinos, en Creta; combates de toros, introducidos en Roma por Julio César;  taurocatapsias de Tesalia, similares a la tienta hispana o a los toros  coleados de hoy en Venezuela. Todos estos son datos histórico– literarios,  pero de los que de ninguno de ellos hay certeza de que constituyan el origen  del toreo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> La tauromaquia parece que había sido introducida en España por los árabes,  de quienes la tomaron los españoles; específicamente, de los moros con  quienes convivieron. La novela histórica de Ginés Pérez de Hita <I>Guerras  civiles de Granada </I>da buena cuenta de esto, cuando el árabe Aben Humeya  organiza estos juegos en la localidad de Purchena<SUP>9</SUP>. Aunque hay datos ya  de 1453 que hablan de realización de los mismos ante el Palacio de Tordesillas.  Los moros, como entrenamiento y modo de demostrar su valor, añadieron a  los juegos de cañas y sortijas, la lid con los toros. A imitación de ellos,  los cristianos comenzaron a ejercitarse para la guerra, practicando la  lanza con un toro, práctica que incluyen entre las militares de las Maestranzas.  Tanto que este nombre pasó a incorporarse posteriormente a la terminología  taurina. Originalmente, las Maestranzas eran asociaciones de militares  para su formación y ejercicio; para adquirir maestría en las artes del  caballero. Felipe II les dio carácter oficial: </FONT></P>      <blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> “...que en las ciudades, villas y lugares de estos Reinos, los caballeros  y hombres principales y de calidad fundasen e instituyesen entre sí algunas  Cofradías, Compañías u Orden, debajo de la advocación de algún Santo, con  tales Ordenanzas, condiciones y capítulos que para ellos, entre otras cosas,  se ordenasen fiestas en algunos días señalados de Justas, Torneos y Juegos  de Cañas y otros ejercicios militares”<SUP>10</SUP>. </FONT></P>  </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> El alanceamiento del toro pasa así a ser pronto demostración de valor y  emulación; pero, realizada desde un caballo, hizo de ella, desde un principio,  actividad reservada a los nobles; actividad de caballeros, llamados así,  según las <I>Siete Partidas</I>, “porque es más honroso ir a caballo que en otra  bestia; y los que son escogidos para caballeros son por esto más honrados  que los demás defensores”<SUP>11</SUP>. El honor que daba el ser caballero fue el  motivo de que los Oidores, gente de toga al fin, pero representantes del  Rey en cuanto administradores de la justicia en el Reino, se equipararan  de algún modo a los caballeros. Para ello, entre los privilegios que les  otorgaba la Corona, estaba el de poder ir a caballo; y no de cualquier  modo, sino en caballo con gualdrapa: </FONT></P>      <blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> “y entendiendo conuenir a nuestro seruicio, que se singularice en el habito  de todos los demas, para que a todos sea claro, y por el sean conocidos  y respetados como conuiene, auemos acordado y ordenado, que de aquí adelante  traygan las dichas ropas talares que acostumbrauan... y permitimos que  trayéndolas podays andar a caballo con gualdrapa...”<SUP>12</SUP>. </FONT></P>  </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> En los tales juegos, y a fin de socorrer, llegado el caso, a jinetes y  caballos, gente contratada de la plebe acudiría –a pie– a distraer al toro.  Y siempre cada caballero era asistido por un ayudante de a pie que, valiéndose  de una capa, atraía al toro hacia el caballo; y por otro más que le suministraba  las lanzas necesarias. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Pasemos por alto la aseveración de algunos de que el primer castellano  que alanceó un toro fue el Cid. Como sea, es a partir de esas fechas cuando  se comienzan a tener datos –más o menos precisos– al respecto. Fiestas  públicas de toros, al menos desde el Siglo XII, para festejar Bodas Reales<SUP>13</SUP>.  El <I>Poema de Fernán González</I> da testimonios de alanceamiento de toros por  parte de caballeros castellanos<SUP>14</SUP>; las <I>Siete Partidas</I> de Alfonso X <I>El Sabio</I>,  en cuya redacción –hagámoslo notar– participó la Universidad de Salamanca,  dan ya normas sobre la lidia de toros; y declara infames a los que “lidian  con bestias bravas por dinero”, una manera de restringir esta actividad  a la clase noble que, no necesitando de esa compensación monetaria, lo  hacía así como modo de demostrar su destreza y valor<SUP>15</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> La fiesta se propagó y multiplicó cuando, en las épocas de paz con los  árabes mediado el Siglo XIII, los caballeros dedican más tiempo a <I>sus</I> diversiones.  En buenas relaciones con sus antiguos enemigos, intercambian lanceadores  con ellos; la lidia se impone por sobre otros juegos de origen árabe, como  las cañas y sortijas, y por sobre los torneos caballerescos. Pero siendo  siempre actividad totalmente exclusiva de los caballeros. La intervención  del pueblo quedaba limitada a la de algún sirviente del caballero, para  el quite del toro en caso de peligro; o para cuando, una vez ya alanceado  el toro, llegaba el momento del desjarrete. Armados entonces de estoques  y chuzos, los de a pie –inicialmente esclavos moros, luego negros y mulatos  a quienes los caballeros querían también ejercitar para su defensa– caían  sobre el toro hasta darle muerte, no sin que éste se defendiera, llegando  a matar antes a más de uno. Previamente también, algunos moros capeaban  con su albornoz al toro. El alboroto que este modo de dar muerte a la res  producía, ocasionó que en Italia (a donde, como en Portugal y Francia,  se había extendido también la práctica) la embestida de un toro ocasionó  en 1332 la muerte de no pocos plebeyos y hasta diecinueve caballeros, razón  por la cual se prohibió allá esta actividad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Pero continuó en España, perfeccionándose cada vez más<SUP>16</SUP>. El 20 de enero  de 1418, en ocasión de la boda de Juan II con Doña María de Aragón, se  tuvo fiesta de toros en Medina del Campo. En esa región, se pechaba a quienes  regentaban ventas de las llamadas “rentas del común” a aportar periódicamente  toros para ser lidiados. En 1490, en la misma ciudad de Medina, fueron  once toros; luego llegarían a ser hasta veinte, por supuesto con una intervención  de cada uno de ellos mucho más breve que las de las actuales corridas.  Posteriormente, y por acuerdo del Municipio, se fijaron los llamados “votos  de la Villa” o celebraciones de los días de San Juan, Santiago, la Asunción  y el del patrono de la ciudad, San Antolín, celebraciones en las que iban  incluidas corridas de toros; aparte de otros días más, de celebración eventual. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Como se ve, la costumbre siguió en tiempo de los Reyes Católicos, a pesar  de que la reina Isabel no fuera muy partidaria de ello. Su oposición (¡o  su consentimiento!) pudo deberse quizá al hecho –histórico o legendario–  que originó la tradición del “toro de la vega” en la ciudad de Tordesillas,  en donde una vez al año se suelta un toro por las riberas del río Duero,  al que hostigan de toda manera, hasta obligarlo a saltar al río. Se dice  que yendo en 1494 la Reina Isabel de Zaragoza a Valladolid, a su paso por  Tordesillas un toro suelto llegó hasta su caballo; asustado el palafrenero,  soltó las riendas y salió corriendo, dando pie a que el lugareño Hernando  de Vega se interpusiera entre el toro y la Reina, hasta dar muerte a la  bestia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Con la llegada de los castellanos a América, llevaron consigo el gusto  por los juegos de cañas y toros. En México, se celebraban ya los primeros  el 24 de junio de 1526, con toros proporcionados por Juan Gutiérrez Altamirano,  cuñado de Hernán Cortes. Pero, ya que Avendaño escribe desde Lima, habremos  de referirnos más al Virreinato del Perú. Ricardo Palma narra el hecho  de que el propio Pizarro alanceó un toro en la Plaza Mayor de Lima, en  la Pascua de 1540. Hecho que algunos han puesto en duda, dado que para  entonces contaría ya con sesenta y seis años; pero que no tendría nada  de extraño en el Marqués de la Conquista y Virrey de las Indias quien,  incursionando en una actividad tradicionalmente reservada para nobles,  daría con ello la alternativa a su deseo de ser contado entre los tales.  Refiere asimismo Palma que bajo los Pizarro y los Virreyes Blasco Núñez  de Vela (1544-46), Diego López de Zúñiga y Velasco, Conde de Nieva (1561-64)  y Andrés García Hurtado de Mendoza y Manrique, segundo Marqués de Cañete  (1590-96), hubo en Perú juegos de caña y toros. Y, en particular, recuerda  las corridas celebradas en Lima “para contribuir al gasto de construcción  de torres para la Catedral de Lima” y en ocasión “del advenimiento de Carlos  IV al trono español, o la entrada al mando de los virreyes O’Higgins, Avilés,  Abascal y Pezuela”; o la habida en 1792 “a beneficio de las benditas ánimas  del purgatorio”<SUP>17</SUP>. Cualquier motivo era bueno para tales fiestas: la beatificación  de Rosa de Lima y canonización de los santos Raimundo de Peñafort, Toribio  de Mogrovejo y Francisco Solano; la proclamación, boda o cumpleaños del  monarca; el nacimiento de un Príncipe o la llegada de un nuevo Virrey.  Suardo apunta también a otros motivos: la celebración de un bautizo, en  honor de los Inquisidores, en ocasión de la elección del Prior de los Dominicos,  o por simple regocijo<SUP>18</SUP>. Y es sabido que los Estatutos de la Universidad  limeña prescribían que estaba “obligado el que se doctorase a dar toros  que se corran aquel día del grado en la plaza pública de esta ciudad”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Desde 1558, se establecieron los juegos de caña y toros cuatro días al  año: el día de Reyes, San Juan, Santiago y la Asunción. Esto es, los mismos  “votos de la Villa” de Medina, excepto el último, el del patrón de la ciudad,  que para la Ciudad de los Reyes, era el día de Epifanía. Posteriormente,  en el Siglo XVIII, pasarían a ocho; aunque, según Palma, fueron diez desde  las primeras fechas<SUP>19</SUP>. Por supuesto, también se celebraron en otras localidades  peruanas: en 1560 se celebraba la primera lidia de toros en la ciudad de  Cusco. Suardo recoge la celebración de toros en Surco y su prohibición  en Pachacama<SUP>20</SUP>. En todas ellas se trataba de juegos de toros en todas sus  variantes: toros y cañas, o toros y alcancías, ensogados, encohetados...<SUP>21</SUP> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> En referencia a tales espectáculos sabemos que hasta estaban establecidas  las <I>precedencias</I> –y las consiguientes disputas sobre éstas– acerca de los  lugares para presenciarlos. Así, por ejemplo, en 1673, los miembros del  Tribunal de Cuentas de Lima se quejaban ante el Rey de que “se les quitase  el lugar que les estaba concedido” en los festejos taurinos, tras la Audiencia,  “en cuya posesión estaban desde la fundación de aquel tribunal”. Asimismo  consta que se celebraban a veces en el propio Palacio Virreinal: “así en  las fiestas de toros a que vais vos y mi Audiencia a esa ciudad, como cuando  las veis en Palacio”<SUP>22</SUP>. Más aún: Suardo recoge el hecho de “algunos garrochones  y reguiletes” debidos a la mano del propio Virrey Luis Jerónimo Fernández  –noble, al fin–, Conde de Chinchón<SUP>23</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Volvamos a los acontecimientos de la metrópoli en donde, a pesar de no  ser español, Carlos I manifestaba especial afición a las corridas; él mismo  era diestro en el picar y rejonear toros; en 1527, en Valladolid, mató  un toro de una lanzada para celebrar el nacimiento de su hijo Felipe II.  Sin embargo, éste no heredó la afición taurina de su padre (aunque sí la  tuvieron otros monarcas, como Felipe IV y Carlos II). Y el Concilio de  Toledo de 1565<SUP>24</SUP>, que él convocó, declaró la nulidad de los votos de lidiar  toros, excomulgando a quienes en el futuro los hicieren; y prohibió que  las corridas se tuvieran en día festivo y que asistieran a ellas los eclesiásticos<SUP>25</SUP>;  por eso que, en los primeros tiempos<SUP>26</SUP>, estos juegos se celebraran los  lunes: para no empañar la religiosidad de los domingos y fiestas religiosas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Pero la oposición mayor por parte de la Iglesia estaba por venir. Hemos  hecho notar más arriba que la fiesta de los toros se había extendido a  otros reinos de Europa: Italia –en su variante de despeñar un toro–, Francia  –sobre todo en el sur–, Portugal –cuyo Rey Don Sebastián (1554-1578) tenía  especial arte en la materia– y, posteriormente, también algunas colonias  americanas. En Italia se celebraron corridas normalmente bajo los Papas  Alejandro VI y Julio II. Sin embargo, en 1567 Pío V promulgó la Bula <I>De  salute gregis</I><SUP>27</SUP>. Dado el carácter eclesiástico de Avendaño, así como el  carácter moral de su dictamen y que se apoya asimismo en documentos pontificios  para emitirlo, creemos oportuno detenernos un tanto en este documento papal. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Obviamente, el Papa sabía la finalidad con que se justificaban estas fiestas  de toros. En efecto, la Bula comienza haciendo un reconocimiento de que  se hacían como demostración de fortaleza y valor, aunque ocasionaran frecuentemente  muertes. Sin embargo, prohíbe absoluta y perpetuamente a cualquier autoridad,  y bajo pena de excomunión, permitir tales espectáculos, que califica de  vergonzosos y propios no de hombres, sino de demonios. Prohíbe asimismo  la participación en ellos, a pie o a caballo, de cualquier persona; si  alguna de éstas muriese en la lidia, quedaría privada de sepultura eclesiástica.  También con pena de excomunión prohíbe a todos los clérigos la participación  en tales diversiones. De nuevo el Papa reconoce que las corridas se hacían  muchas veces como votos en honor de los Santos o solemnidades eclesiásticas;  el Pontífice anula tales promesas y prohíbe hacerlas en el futuro; y anula  asimismo cualquier privilegio o indulto concedido al respecto<SUP>28</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> La Bula no tuvo mucho eco; en España causó tal revuelo, que ni siquiera  se publicó oficialmente. Se dice que no pocos miembros del clero recurrieron  al disfraz para seguir asistiendo al espectáculo. El Rey (Felipe II) tuvo  que afrontar la afición de la nobleza, ante cuyas presiones, por más que  no muy adicto a estos juegos, sugirió que, si bien el Papa había prohibido  las corridas de toros, se tuvieran corridas de vacas, de las que no hablaba  la Bula: salomónica solución de aquel a quien Avendaño llamó “el Salomón  español”<SUP>29</SUP>. Incluso terció en el asunto la Universidad de Salamanca, cuyos  catedráticos arremetieron contra la Bula con más bravura que las reses  que se crían en esas tierras. Y fue precisamente Fray Luis de León el que  argumentaba que “la prohibición no surte sus efectos, por ser la lidia  de toros una costumbre tan antigua que parece estar en la sangre de los  españoles y éstos no pueden privarse de ella”<SUP>30</SUP>. No por nada en aquella  Universidad, al igual que luego en la de Lima, como parte de los festejos  por sus Grados, por los que se accedía a la nobleza intelectual, los nuevos  Doctores solían regalar a la ciudad uno de estos festejos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Times New Roman" size="3"><FONT COLOR="000000"> Tampoco en las colonias tuvo demasiado eco la prohibición papal. Se han  relacionado los primeros juegos de cañas y corridas de la región de Quito  con los toros bravos navarros que llevaron allá los jesuitas para que sirvieran  de guardianes de sus haciendas, contra los ladrones. Sin embargo, hay datos  de juegos anteriores. No sabemos qué sucedió desde 1551 hasta 1573, pues  no quedan Actas del Cabildo de la ciudad de ese periodo. Pero hay constancia  de que, a pesar de ser tiempos de vigencia de la Bula <I>De salute gregis</I>,  el 10 de mayo de 1573 el Cabildo ordenó “juegos de cañas y fiestas de toros”,  que tendrían lugar “como siempre” en la Plaza Mayor de Quito</FONT><A HREF="190_FN190.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Times" SIZE="3"><SUP>31</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Times" SIZE="3">.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Times New Roman" size="3"><FONT COLOR="000000"> Las presiones que los nobles hacían ante el Rey, éste las trasladaba a  Roma; y, aprovechando la necesidad que el Papa tenía del apoyo español  contra los hugonotes y ante el argumento del provecho que se derivaba de  las corridas en las Españas, se consiguió que, en 1575, Gregorio XIII,  suprimiera en éstas y sólo en relación a los laicos, las censuras que había  impuesto su antecesor Pío V, con tal de que las corridas no se realizaran  en días festivos y se tomaran las medidas oportunas para evitar muertes</FONT><A HREF="191_FN191.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Times" SIZE="3"><SUP>32</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Times" SIZE="3">. </FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Times New Roman" size="3"><FONT COLOR="000000"> Cuáles fueran los argumentos (o parte de ellos, al menos) que se esgrimían  en la Universidad salmantina a favor de los juegos y corridas de toros  podemos entreverlos en el Breve que Sixto V enviaba en 1586 al Obispo de  la ciudad del Tormes. El Breve se emitía a propósito de que Catedráticos  de aquella Universidad no sólo no tenían reparo en presentarse ostentosamente  (<I>se ostentare</I>) en las corridas (¿sutil manera de dar a entender el Papa  que sabía de la asistencia a ellas de clérigos disfrazados?), sino que  afirmaban en sus Cátedras que los miembros del Clero<B> </B>que asistían a dichos  juegos lo hacían lícitamente. Ante esta situación, el Romano Pontífice  concedía facultad al de Salamanca para que ordenara a esos Catedráticos  no seguir con tales enseñanzas, y a los clérigos con tales asistencias;  por más que los Estatutos de la Universidad alegaren costumbre inmemorial  o privilegios</FONT><A HREF="192_FN192.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Times" SIZE="3"><SUP>33</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000">. Notemos que, aparte de que la carta incluía en sus consideraciones  no sólo las corridas sino también los “juegos” (cañas y otros), propiamente  no se ordenaba al Obispo de Salamanca a tomar medidas, sino que se le concedía  facultad para obrar a su criterio (<I>liberam</I> facultatem). Sin embargo, el  Obispo salmantino se lo tomó en serio: “mandamos a todos..., que de aquí  en adelante no sean osados de decir, ni enseñar, ni aconsejar, que las  dichas personas eclesiásticas pueden asistir a dichos espectáculos sin  incurrir en pecado... so pena de excomunión mayor Apostólica trina Canónica”</FONT><A HREF="193_FN193.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Times" SIZE="3"><SUP>34</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Times" SIZE="3">. </FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Mejores tiempos para los deseos de los taurófilos catedráticos salmantinos  llegaron con el Papa Clemente VIII. Aunque no era el candidato preferido  de España, fue elegido en el Cónclave gracias al apoyo de ésta. Quizá por  ello el nuevo Papa no quiso oponerse a la solicitud de Felipe II. Así que,  en Breve <I>Suscepti muneris</I> de 3 de enero de 1596, tras madura consulta,  se decidió a modificar las disposiciones de sus predecesores acerca de  una fiesta tan arraigada en España. La excusa se la proporcionaba en su  solicitud el propio Felipe II: la práctica había demostrado que las penas  –impuestas para obtener remedios saludables– nada habían logrado, y había  sido peor el remedio que la enfermedad; por otro lado, se trataba de una  costumbre enraizada tan de antiguo, que no podría eliminarse sin violencia  extrema; además, con ello los soldados se ejercitaban y se hacían más valientes  para la guerra. En consecuencia, el Pontífice derogaba –aunque sólo en  los Reinos de España– las penas impuestas, excepto las relativas a los  Regulares; manifestando su deseo de que no se hicieran tales espectáculos  en días de fiesta y se tomaran las medidas pertinentes para, en lo posible,  evitar muertes en ellos<SUP>35</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Años más tarde aparecería publicado el famoso <I>Cursus Salmanticensis</I>, compuesto  a principios del Siglo XVII. No es de extrañar que los Catedráticos salmantinos  abordaran el tema de la moralidad de las corridas de toros y que en su  dictamen se acogieran a la decisión de Clemente VIII. Apelando a autores  de siglos anteriores, opinan que las corridas, tal como se celebraban en  España, no estaban prohibidas por el derecho natural, por cuanto los españoles  eran diestros y ágiles en ello –no así los de otras naciones– por lo que  sólo <I>per accidens</I> podía decirse que hubiera en ellas peligro de muerte;  pero <I>per se, </I>las corridas no eran algo pecaminoso: “Muy bien opinaron autores  moralistas de siglos pasados que no cualquiera debía exponerse a estos  peligros; que los franceses, ingleses y alemanes pecaban moralmente, mientras  que los españoles... estaban libres de esta culpa”. La razón era clara:  porque para esta actividad “se requiere la habilidad, resolución de ánimo  y destreza manual que sólo suelen darse en las regiones meridionales”<SUP>36</SUP>,  una frase que nos recuerda el citado recurso de Fray Luis de León. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Todavía en 1805, aparecía publicada en Pamplona, la ciudad de los “encierros”  sanfermineros, un resumen en castellano de los <I>Salmanticenses,</I> de mano  de quien sería Superior de la Provincia Carmelita de Navarra, Fray Marcos  de Santa Teresa<SUP>37</SUP>. Este puntualiza que no estaban prohibidas las corridas  a los seglares por el derecho eclesiástico, según la concesión de Cemente  VIII, con tal de que no se celebrasen en día festivo y se tomasen las debidas  precauciones; que “a los Clérigos, aunque se les prohíba el torear, no  se les prohíbe la asistencia a las corridas”; y que “pecan gravemente los  regulares que asisten a la corrida de Toros”. Sin embargo, y coincidiendo  con la salomónica solución de Felipe II cuando aconsejaba a sus nobles  que, puesto que estaban prohibidas las corridas de toros, las celebraran  de vacas, Fray Marcos piensa que, aunque a los regulares se les prohíbe  la asistencia a las corridas de toros, no así a las de novillos, porque  por “toros” no se entienden los novillos; tampoco, si pasaran por allá  “por casualidad” (?): “mas no pecarán los regulares si vieren torear desde  las ventanas de sus casas; o de otra parte pasando por ella casualmente;  pues esto no es asistir a la corrida. Pecarán, por el contrario, si asisten  desde alguna ventana del circo aunque sea entre celosías”<SUP>38</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Como sea, y si hemos de hacer caso a Ricardo Palma, en Lima concurrían  a la corrida “el Arzobispo y su Cabildo, así como las Ordenes religiosas”<SUP>39</SUP>.  Suardo confirma la participación –no directa, pero sí activa– del Clero  Regular en los festejos taurinos: bien sea que los Dominicos organizaran  una corrida en honor de los Inquisidores o para celebrar la elección del  Prior de su Convento, bien que lo hiciera la propia ciudad ante el Convento  de Santa Clara para que pudieran disfrutarlo las enclaustradas el día de  la elección de su Abadesa<SUP>40</SUP>. Esto último no debió ser tan infrecuente.  Porque, si bien es cierto que los juegos de menor importancia se tenían  en lugares distintos a la Plaza de Armas (plazas de la Inquisición, de  Santo Domingo, de Santa Ana...), por alguna razón (!) el Virrey de la Palata  tuvo que prohibir en 1682 celebrarlos en las plazuelas de los Conventos  de monjas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Con el Breve de Clemente VIII volvieron las corridas, normalmente favorecidas  por la Casa de Austria. Felipe III y Felipe IV fueron aficionados a la  lidia en caballo. Y ya mencionábamos más arriba la primera corrida con  capote celebrada en Bayona, en homenaje al nuevo Rey de España Felipe V.  Sin embargo, la llegada de los Borbones llevó a España los gustos de Versalles,  lo que supuso que la nobleza abandonara los ruedos, mientras el pueblo  –menos dado al afrancesamiento– se adueñaba de ellos. La corrida se transforma:  el personaje principal pasa a ser el de a pie, el que llamaban “matatoros”;  mientras el de a caballo le queda como un picador subordinado<SUP>41</SUP>. Pero eran  ya épocas posteriores a la redacción del <I>Thesaurus</I>, que aparecía publicado  en 1668; no pudieron, por tanto, ser reflejadas en éste. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> El fragmento con el que comenzábamos estas páginas, suscitaba una serie  de preguntas a las que, con lo expuesto hasta aquí, creemos que podremos  ya intentar dar respuesta. Ante todo, la respectiva a por qué incluir en  ese lugar la cuestión sobre la moralidad de las corridas de toros, cuando  el contexto es el de juegos de apuesta. Pero vemos que, en el contexto  histórico de Avendaño, las corridas de toros iban vinculadas –normalmente  como última fase– a los juegos de sortija y caña; juegos éstos en los que  cabe fácilmente la posibilidad de apuestas sobre el ganador; e incluso  también en los de toros, sobre la destreza del caballero al momento de  lancear. Sin embargo, el dictamen moral que Avendaño da de este lance para  nada toma en cuenta las apuestas. Quizá por lo mismo que lo considera ilícito  por naturaleza, debido a la exposición sin motivo a un peligro de muerte;  una decisión con la que nuestro autor marca distancia con los <I>Salmanticenses</I>,  a quienes hemos visto sostener que el peligro de muerte a que se exponían  los lidiadores era sólo accidental. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Pero, considerándolo ilícito por naturaleza, resulta lógico afirmar que  los Magistrados que promueven o permiten el espectáculo pecan con ello  mortalmente. Aunque lógico sólo hasta cierto punto; pues el veredicto del  jesuita supone un pase torero a dicha ilicitud; ya que va dirigido a los  Magistrados que fomenten no el espectáculo en sí, sino sólo “su frecuencia”.  Si el espectáculo es ilícito por naturaleza, ¿se puede hacer depender su  moralidad de la frecuencia con que se cometa? Además, cabría preguntarse  también si, en el número de pecadores permisivos, no estaría incluido el  propio Clemente VIII, a quien Avendaño cita nominalmente; a fin de cuentas,  el Pontífice había permitido los toros, así fuera sólo en los Reinos de  las Españas. O por qué, si el asunto es ilícito, “no hay que suscitar escrúpulos  respecto a ello”. Nos parece éste un caso más en que el jesuita se debate  entre lo que cree en conciencia y lo que, como positivista jurídico, se  ve obligado a aceptar; entre su propia opinión y la del adversario a la  que, por el probabilismo que profesa, no puede menos que dar paso libre. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Con todo esto, la alusión en el texto a Clemente VIII no nos parece motivada  por el carácter permisivo de su Bula, sino precisamente por su aspecto  restrictivo: en cuanto que permite las corridas de toros <I>sólo</I> en los Reinos  de España. Pero su españolismo y castellanismo, ufanos por la agilidad  y destreza tauromáquicas de los allá nacidos, se hacen traición a sí mismos:  por su celo en la protección de los indios, vemos ceder al segoviano Avendaño,  que llega a aceptar implícitamente –en contra de otros pasajes de su <I>Thesaurus</I>–  que los indios no fueran españoles, parte de “los Reinos de las Españas”:  no debe hacerse participar a los indios en estas lides –parece decir– pues,  no siendo españoles, no son expertos en ellas, carecen de la habilidad  y destreza propias de los nacidos en España; por lo que se les obliga a  exponerse a un peligro de muerte <I>per se</I>; cosa que ya “se dispone sobre  ello especialmente en Bula” del permisivo Clemente VIII. Lo que, de paso,  nos da respuesta a la pregunta que nos quedaba por contestar, sobre cuál  sea el peligro especial de las corridas para los indios. Pero puntualizamos  sobre esto algo más. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Hemos visto que, en una actividad exclusiva de los nobles, la intervención  de la plebe quedaba reducida, al principio, a las dos o tres personas que  asistían al caballero proporcionándole las lanzas o haciendo el quite,  si el caso lo ameritaba. Y que sólo en el momento del desjarrete era cuando  tenía protagonismo el pueblo en la corrida; a veces capeando también al  toro. Pero era un protagonismo frecuentemente pagado con sangre y muerte.  Esto a pesar de que, por más plebe que fuera, lo era de ese reino hábil  y diestro naturalmente para estas lides. Sólo cuando tocaba el turno a  un Monarca no aficionado a las corridas dejaban éstas de ser practicadas  por los nobles; y era la ocasión para que el pueblo aprovechara para demostrar  también su valor, matando –eso sí, ¡a pie!, como convenía a la plebe– al  toro. Muchos de ellos, por dinero; dando origen paulatinamente al surgimiento  del torero profesional<SUP>42</SUP>, una profesión, por cierto, compuesta en sus comienzos  por gente vista como de muy baja estofa. Sus nombres profesionales –a los  que tan adictos se manifiestan los toreros aún hoy día, <I>alias </I>puestos algunos  por el pueblo, pero la mayoría elegidos por los propios diestros– son seguramente  un indicio de esa extracción popular del torero en los orígenes: <I>Costillares,  Pepe-Illo, Lagartijo, el Gallo, Cúchares, Chicuelo, Frascuelo, El Guerra,  Gitanillo de Triana, Joselito, Manolete</I>, <I>Paquirri, </I>hicieron –entre muchos  otros– historia<SUP>43</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Ya se dijo que, siglos antes, las <I>Siete Partidas</I> consideraba “infames”  a los que lidiaban por dinero. Aquellos primeros asistentes del caballero,  a quienes denominaban “chulos”<SUP>44</SUP>, habían llegado a su profesionalización. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> No muy en serio a veces, si hemos de hacer caso, de nuevo, a Ricardo Palma.  Los datos que nos da éste podrán ser un tanto tardíos, pero nos acercan  a los tiempos en que escribía Avendaño, por lo que pueden resultar de especial  interés para entender el texto del jesuita. Según Palma, después de la  época de los Pizarro y los Virreyes a que hicimos referencia, “fue cuando  se introdujeron en la corrida cuadrillas de parlampanes, papa-huevos, cofradías  de africanos y <I>payas</I>”<SUP>45</SUP>. Estos vendrían siendo un tanto los herederos de  los que otrora se lanzaban al desjarrete: “unos pobres diablos que se presentaban  vestidos de mojiganga... Había también seis indios llamados <I>mojarreros</I>,  que salían al circo siempre beodos y que, armados de rejoncillos o moharras  punzaban al toro hasta matarlo”. Si esto era así, comprenderemos mejor  los recelos de Avendaño cuanto a la participación de los indios en estos  espectáculos. Máxime si, como entrevemos en el texto de Palma, se buscaba  que, para mayor complacencia del público, estos indios mojarreros salieran  “al circo siempre beodos”<SUP>46</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> El mismo Ricardo Palma nos pinta coloridamente los personajes de estas  corridas de toros. Por más que se refería a los de tiempos más cercanos  al suyo, no debieron ser muy diferentes de los de la primera época de la  colonia. Pasemos por alto a la mulata Juana Breña, capeadora y diestra  amazona; porque bastaría con citar los <I>alias</I> con que eran conocidos la  mayoría de ellos, suficientemente significativos para que nos imaginemos  la destreza de estos diestros: José Lagos, alias <I>Barreta</I>;<I> </I>los parlampanes  llamados uno <I>Doña María </I>y el otro <I>el Monigote</I>;<I> </I>un tal <I>Muchos pañuelos</I>;  “Alejo Quintín, a quien el pueblo conocía con el apodo de <I>Pollollo</I>, tenía  sesenta y cuatro años y usaba antiparras”; “el puntillero José Beque, negro  a quien sacaban de la cárcel para cada función”<SUP>47</SUP>. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Con similares personajes seguiría practicándose la “suerte” (y no poca  deberían tener sus protagonistas) del desjarrete. Obra de peones en las  vacadas, peones y pueblo llano eran los encargados de ello también en el  juego de toros, una vez el caballero había cumplido su noble cometido.  Por la descripción del Inca Garcilaso de cómo se practicaba –a caballo–  en las vacadas, podremos hacernos una idea de en qué consistía ese desjarrete  en los juegos de toros, y de los peligros que –por añadidura a pie– envolvía  para aquellos émulos de la Orden de la Jarretera: </FONT></P>      <blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> “Para matar las vacas aguardan a que salgan a las sabanas a pacer; córrenlas  a caballo con lanzas, que en lugar de hierros llevan unas medias lunas  que llaman desjarretaderas; tienen el filo adentro; con los cuales, alcanzando  la res, le dan el corvejón y la desjarretan. Tiene el jinete que las corre  necesidad de ir con advertencia, que si la res que lleva por delante va  a su mano derecha, le hiera en el corvejón derecho, y si va a su mano izquierda,  le hiera en el corvejón izquierdo; porque la res vuelve la cabeza a la  parte que le hieren; y si el de a caballo no va con la advertencia dicha,  su mismo caballo se enclava en los cuernos de la vaca o del toro, porque  no hay tiempo para huir de ellos”<SUP>48</SUP>. </FONT></P>  </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Añadamos otro fragmento más de las <I>Tradiciones Peruanas</I>, en cuyo final  encontramos el inesperado detalle alusivo a los indios, detalle que resulta  suficientemente elocuente a este respecto: </FONT></P>      <blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> “La bárbara suerte de la <I>lanzada</I> consistía en colocarse un hombre frente  al toril con una gruesa lanza que apoyaba en una tabla. El bicho se precipitaba,  ciego, sobre la lanza, y caía traspasado; pero casos hubo, pues para esta  suerte se elegía un toro bravo y limpio, en que el animal, burlándose de  la lanza, acometió al hombre indefenso y le dio muerte. Era costumbre que  el infeliz indio de la lanzada se persignara en público pocos segundos  antes de abrirse la puerta del toril para dar paso a la fiera”<SUP>49</SUP>. </FONT></P>  </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Quizá sea a esta lanzada a la que se refiera Suardo en su escueta nota  referente a los toros y cañas celebrados en Lima el 10 de diciembre de  1631: “hubo toros y cañas en esta plaza y al fin dellas un toro mató a  un indio”. Por algo la prohibición a que antes aludíamos y que tomábamos  del mismo Suardo, iba dirigida precisamente al Corregidor “de los naturales”<SUP>50</SUP>.  Nota similar a la que hace para el día 15 de noviembre de 1630: “por haver  hecho relación a Su Excelencia el protector general de los naturales que  en el ospital de Santa Ana estavan muchos de ellos muy maltratados por  los toros, se pregonó un bando para que los días que se jugase toros en  esta ciudad ninguno dellos pueda estar en esta plaza, pena de cinquenta  azotes”<SUP>51</SUP>. Quizá entendamos ahora un poco mejor las reticencias de Avendaño  a que se hiciese participar a los indios en las fiestas de toros. </FONT></P>  <A NAME="filo-4"></A>    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="3" face="Times New Roman"> Con el tiempo, surgiría en Perú el <I>Yawar fiesta</I>, o <I>Fiesta de la sangre</I>,  la fiesta nacional peruana, esta vez con especial protagonismo de los indios.  Amarrado un cóndor a horcajadas sobre el lomo de un toro, ambos animales  pugnan por deshacerse del otro, con resultado desigual a favor del primero.  Nada quita que opiniones como la de Avendaño, pretendiendo alejar a los  indios de las corridas de toros, desembocaran en el surgimiento de esta  re-creación indígena de la hispánica corrida de toros, que finaliza siempre  con la victoria del cóndor, representación de la cultura inca, sobre el  toro representativo de la conquistadora española<SUP>52</SUP>. </FONT></P>      <p ALIGN="justify"><font color="000000" face="Times New Roman" size="3"><b>NOTAS:</b></font></p> <basefont>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">1</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">DIEGO DE AVENDAÑO, <i>Thesaurus Indicus</i>, Amberes, 1668, Tít. VIII, c. III <i>Sobre las obligaciones de los Alcaldes</i>, n. 23 (edición en preparación. En adelante cit. como AVENDAÑO).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">2</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Recogida en KONETZKE, R., <i>Colección de Documentos para la Historia de la Formación Social de Hispanoamérica, 1493-1810</i>, CSIC, Madrid, 1958, vol. II, p. 637 (en adelante cit. como KONETZKE).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">3</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">AVENDAÑO, n. 8). “Suntoque aediles curatores urbis annonae ludorumque sollemnium”: CICERON, <i>De legibus, </i>3, 3, (7).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">4</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">AVENDAÑO, nn. 17s.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">5</font> <font face="Times" color="#000000" size="2"><i>Diccionario de la Lengua Española</i>.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">6</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Una buena descripción de estos juegos puede verse en la <i>Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana</i>, Barcelona-Madrid, Espasa, 1908ss.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">7</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Así llamado porque salía a la plaza vestido de estudiante. Luego fue el primero en poner banderillas por pares.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">8</font> <font face="Times" color="#000000" size="2"><i>Soledad</i> primera, v. 3.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">9</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">GINES PEREZ DE HITA, <i>Guerras civiles de Granada o Historia de los vandos de los zegries y abencerrages cavalleros moros de Granada, de las ciuiles guerras que vuo en ella, y batallas particulares que vuo en la Vega entre Moros y Christianos, hasta que el Rey Don Fernando Quinto la ganò</i>, Zaragoza, 1595. Cfr. también Acosta Montoro, José, <i>De Olimpia a Purchena: a propósito de los juegos convocados por el rey morisco Aben Humeya en septiembre de 1569</i>, Marbella, <sup>2</sup>1997; ALCOCER, Francisco, <i>Tratado del Juego... en el qual se trata copiosamente de... las Apuestas, Suertes, Torneos, Justas, Juegos de Cañas, Toros y Truhanes,</i> Salamanca, 1559.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">10</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Cédula de 6 de septiembre de 1572.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">11</font> <font face="Times" color="#000000" size="2"><i>Las Siete Partidas</i>, Partida II, Tít. XXI, ley 1.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">12</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Cédula de 22-5-1581 a la Audiencia de Santo Domingo.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">13</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Por ejemplo, la de Alfonso VII con Doña Berenguela, hija del Conde de Barcelona, en 1124; o cuando Urraca de Castilla, hija de Alfonso VIII, casó en León con el rey García de Navarra.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">14</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">“Alanzaban en los tablados todos caballeros; / A tablas e escaques jugan los escuderos; / De otra parte mataban los toros los monteros; / Había ahí muchos cítulas e muchos violeros”: Canto XXVI, vv. 682-685.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">15</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Cfr. Partida 3, Tít. 16, Ley 10; Part. 4, Tít. 6; Partida 5, Tít. 7; Partida 7.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">16</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">De las principales etapas de las corridas de toros en España dio cuenta la célebre <i>Carta</i> (del 27 de julio) de FERNANDEZ DE MORATIN, Nicolás, <i>Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España</i>, Madrid, 1777.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">17</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">PALMA, Ricardo, “Apuntes para la historia del toreo” en <i>Tradiciones Peruanas completas</i>, ed. Aguilar, Madrid, 1964, p. 46-50 (En adelante cit. como PALMA). Curiosamente en la edición de Aguilar, a cargo de Edith Palma, nieta del autor, no aparece la corrida para recabar fondos para la construcción de la Catedral, que sí figura en la edición de Raimundo Lazo, Porrúa, México, 1991, p. 49.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">18</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">SUARDO, A., <i>Diario de Lima, </i>Universidad Católica del Perú, Lima, 1936, vol. I, p. 41, 48, 246; vol. II, p. 104 (en adelante cit. como SUARDO).</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">19</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Ibidem.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">20</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">“Se mandó notificar al Corregidor de los naturales de la ciudad no consistiese que se jueguen toros en el pueblo de Pachacama, donde estaba prevenida una grande fiesta, con ocasión de la colocación de una imagen milagrossa de Nuestra Señora”. “En el pueblo de Surco mataron a un mozo español por celos de cierta mulata, por ocasión de fiestas de toros a que acudió mucha gente desta ciudad”: ID., vol. I, pp. 243, 285.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">21</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">ID., vol. I, pp. 198, 258; vil. II, pp. 62, 68, 112.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">22</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Cédula del 28-1-1678 al Virrey del Perú: Cfr. Konetzke, vol. II, Madrid, 1958, p. 647-648.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">23</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">SUARDO, vol. II, p. 68.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">24</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Decreto XXVI, Secc. III.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">25</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">De esta época es la obra de FERNANDEZ MESSIA, Tello, <i>Prima pars commentariorum in constitutiones taurinas</i>, Granada, 1566.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">26</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Así lo ordenó Cédula de 6-10-1798; norma que se observó hasta 1845: según Palma, pp. 48s.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">27</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Emitida el 1-11-1567.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">28</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">“§ 1 ...ad ostentationem virium suarum et audaciae… unde etiam hominum mortes frequenter oriuntur.- § 2 Nos... volentes haec cruenta turpiaque daemonum et non hominum spectacula aboleri... omnibus et singulis principibus christianis... hac perpetuo nostra constitutione valitura, sub excommunicationis et anathematis poenis ipso facto incurrendis... huiusmodi spectacula… fieri permittant. Militibus quoque caeterisque illis personis… tam pedestres quam equestres congredi audeant interdicimus.- § 3 Quod si quis eorum ibi mortuus fuerit, ecclesiastica careat sepultura.- § 4 Clericisque, tam regularibus quam saecularibus… sub excommunicationis poena ne eisdem spectaculis intersint similiter prohibemus.- § 5 Omnesque obligationes, iuramenta et vota… de huiusmodi taurorum agitatione etiam, ut ipsi falso arbitrantur, in honorem sanctorum seu quarumvis ecclesiaticarum sollemnitatum et festivitatum... quae et quas omnino prohibemus, cassamus et annullamus.- § 8 Non obstantibus quibusvis constitutionibus et ordinationibus apostolicis ac exemptionibus, privilegiis, indultis, facultatibus et litteris apostolicis”: <i>Collegii Salmanticensis Cursus Theologiae Moralis</i>, Madrid, 1733, vol. VI, ff. 97s. También en GAUDE, Francisco, (ed.), <i>Bullarum, Diplomatum et Privilegiorum Sanctorum Romanorum Pontificum, </i>T. VII, Turín, 1862, pp. 690s.- El texto de este documento y los siguientes que se citan, pueden verse también en GILPEREZ fraile, Luis, <i>De interés para católicos taurinos,</i> Sevilla, 2001, quien amablemente nos los envió.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">29</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">AVENDAÑO<i>, </i>Tít. I, n. 112.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">30</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Cit. por MOREIRO, J., <i>Historia, cultura y memoria del arte de torear</i>, Alianza, Madrid, 1994, p. 169.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">31</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">DESCALZI, Ricardo, <i>La Real Audiencia de Quito</i>, Serie primera, <i>Historia del Quito Colonial</i>, vol. I, Quito, 1978.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">32</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">“§ 1 …Philippus Rex, Regnorum suorum Hispaniarum utilitate motus quae ex agitatione taurorum huiusmodi provenire solita erat...- § 2 …in eisdem Hispaniarum Regnis, quoad laicos… dummodo… agitationes taurorum festis diebus non fiant”: Bula <i>Exponi nobis</i>: COCQUELIN, Carlos (ed.), <i>Bullarum, Privilegiorum ac Diplomatum Romanorum Pontificum amplissima collectio</i>, T. IV, Roma, 1746, p. 308. El <i>Cursus Salmanticensium </i>resume este documento <i>ibidem, </i>f. 98.- A esta época permisiva se refiere ASENSIO, Jose María, <i>Costumbres españolas: toros en Cádiz de 1578</i>, Madrid, 1889.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">33</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">“...ad nostram notitiam pervenit... nonnulli Universitatis Studii Generalis Salmantini praeceptores… non solum agitationibus taurorum et spectaculis praedictis se ostentare non verentur, sed etiam clericos… licite illis adesse posse asserunt…; ...liberam facultatem… ut tam praedictos praeceptores ne aliquid contra constitutionem et litteras praedictas docere seu asserere, quam quoscumque clericos… ludis seu agitationibus… aliquo modo interesse audeant seu praesumant… Non obstantibus constitutionibus… ac dictae Universitatis Statutis et consuetudinibus, etiam ab immemoriabili tempore pacifice observatis”: Breve <i>Nuper siquidem</i>, del 14-4-1586: <i>Collegii Salmanticensis Cursus Theologiae Moralis</i>, Madrid, 1733, vol. VI, ff.98s.; también en JUAN DE MARIANA, <i>Tractatus septem: De adventu Jacobi Apostoli in Hispaniam; Pro editione vulgata; De spectaculis; De monetae mutatione; De die mortis Christi; De annis arabum; De morte et immortalitate</i>, Köln, 1609, Tr. III <i>De spectaculis</i>, pp. 182s.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">34</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Texto castellano de la carta (aunque incluido como si fuera el <i>Nuper siquidem</i>)<i> </i>en UHAGON, Francisco, <i>La Iglesia y los toros. Antiguos documentos religiosos taurinos sacados a luz</i>, Madrid, 1838, pp. 8-11.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">35</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">“...matura cogitatione adhibita... quod in Hispaniarum sane regnis ubi taurorum agitationes fieri consueverant, adeo receptum fuerat ut ad illarum spectacula omnium fere ordinum homines convenirent... usu compertum fuit poenas… nondum… praefatos congressus et spectacula in eisdem regnis Hispaniarum sustulisse, tum propter antiquum eius gentis morem quo milites… ad bellica munera acriores redduntur, tum ob insitam quasi animo universis eius regionis hominibus… cupiditatem, qua adeo tenentur ut nisi vi maxima ab illis arceri non possint… ita ut quae ad medelam et salutem parata fuerant, in duriorem morbum conversa, ad perniciem convalescant... Nos, considerantes poenas... salutares esse debere... in regnis Hispaniarum dumtaxat... regularibus exceptis, tollimus et amovemus... Volumus autem ut huiusmodi taurorum agitationes in eisdem Hispaniarum regnis festis diebus non fiant et... provideatur ne inde alicuius mors, quoad fieri poterit, sequatur”: <i>Collegii Salmanticensis Cursus Theologiae Moralis</i>, Madrid, 1733, vol. VI, ff. 99s.; también en JUAN DE MARIANA, <i>Tractatus septem: De adventu Jacobi Apostoli in Hispaniam; Pro editione vulgata; De spectaculis; De monetae mutatione; De die mortis Christi; De annis arabum; De morte et immortalitate</i>, Köln, 1609, Tr. III <i>De spectaculis,</i> pp. 184s.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">36</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">“Recte itaque saeculis elapsis severi illi de re morali auctores docuerant non quibuscumque viris haec pericula esse committenda: Gallos, Anglos, Germanos moraliter forsan peccare ubi Hispani... ab huiuscemodi culpa liberi evaderent”: <i>Collegii Salmanticensis Cursus Theologiae Moralis</i>, Madrid, 1733, vol. VI, Trat. 20, Punto 9; “Requiritur enim illa sollertia et animi atque manuum promptitudo quae solum in plagis meridionalibus inveniri solet”: Ibidem.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">37</font> <font face="Times" color="#000000" size="2"><i>Compendio Moral Salmanticense según la mente del Angélico Doctor, en el que se reduce a mayor brevedad el que en lengua latina publicó el R. P. Fr. Antonio de San Joseph, lector y prior que fue en el Colegio de Burgos, Examinador sinodal de este Arzobispado, y Procurador General en la Curia romana por la Congregación de Carmelitas Descalzos de España. Propónense en él todas las cuestiones de la Teología moral con toda brevedad y claridad, conforme a los principios de la más sana doctrina: ilustrado con las novísimas Bulas, Constituciones, y Decretos de los Sumos Pontífices, y Reales Ordenes de nuestros Católicos Monarcas. Formado en lengua vulgar para común utilidad de los Curas de almas, Confesores, y demás que se dedican al estudio de estas materias. Divídese en dos partes. Por el R. P. Fr. Marcos de Santa Teresa, Provincial de Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra</i>. En Pamplona: En la Imprenta de Josef de Rada. Año 1805.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">38</font> <font face="Times" color="#000000" size="2"><i>Op. cit</i>., Parte I, Trat. XVI, <i>Del quinto precepto del Decálogo</i>, Cap. Unico, <i>Del homicidio</i>, Punto 11 <i>De las corridas de toros</i>, pp. 431-432.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">39</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">PALMA, R., p. 47.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">40</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">SUARDO, vol. I, p. 246; vol. II, pp. 63, 104.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">41</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Sobre el toreo a pie: DAVILA Y HEREDIA, Andrés<i>, Palestra particvlar de los exercicios del cauallo; sus propiedades y estilo de torear y jugar las cañas</i>, Valencia, 1674; GARCIA BARAGANA, Eugenio, <i>Noche phantástica, ideático divertimiento, que demuestra el méthodo de torear a pie</i>, Madrid, 1750.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">42</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Francisco Romero es considerado el primer torero profesional.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">43</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Muchísimos otros, menos conocidos, pero no menos significativos: <i>Tragabuches, Paquiro, el Licenciado de Falces</i>, <i>el Bomba, el Yiyo, el Soro, Corchaíto, Memento, Cuatro Dedos, el Boto, Cocherito de Bilbao...</i></font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">44</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">P. ej., Guillermo Casasola, memorado por PALMA, p. 52.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">45</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">ID., p. 47.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">46</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">ID., p. 49.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">47</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">ID., pp. 48ss.; 52s.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">48</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">INCA GARCILASO DE LA VEGA, <i>Comentarios Reales</i>, L. IX, c. XVII, ed. de Aurelio Miró Quesada, Monte Avila, Caracas, vol. II, p. 245.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">49</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">PALMA, p. 49.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">50</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">SUARDO, vol I, pp. 198, 243.</font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">51</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">ID, p. 116.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify"><font face="Times" color="#000000" size="2">52</font> <font face="Times" color="#000000" size="2">Si Hemingway se ocupó de contar al mundo la corrida de toros, al publicar en 1926 su novela <i>Fiesta, </i>el novelista peruano José Arguedas se encargó de hacerlo respecto al <i>Yawar fiesta</i>, con novela del mismo título, publicada en Lima en 1941. Sobre el toreo –tradicional- es imprescindible Cossio, J., <i>Los toros: tratado técnico y histórico</i>, Madrid, Espasa-Calpe, 1943-1961. Y, para el Perú puede verse CALMELL, J., <i>1535-1935. Historia taurina del Perú</i>, Ayacucho, 1936. Tenemos también noticia de una <i>Descricion jocosa de las Fiestas de Toros, que por las Pascuas de la Natividad, hay en esta muy Noble, y leal Ciudad de Lima</i>, s.l., en la Libreria de Don Bernardo Vejarano, s.a.</font></p>     <p ALIGN="justify"><b>REFERENCIAS&nbsp; BIBLIOGRÁFICAS</b></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">1. ACOSTA MONTORO, José: <i>De Olimpia a Purchena: a propósito de los juegos convocados por el rey morisco Aben Humeya en septiembre de 1569</i>, Marbella, 1997.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706992&pid=S0798-1171200500010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">2. ALCOCER, Francisco: <i>Tratado del Juego... en el qual se trata copiosamente de... las Apuestas, Suertes, Torneos Justas, Juegos de Cañas, Toros y Truhanes, </i>Salamanca, 1559.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706993&pid=S0798-1171200500010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">3. ASENSIO, Jose María, <i>Costumbres españolas: toros en Cádiz de 1578</i>, Madrid, 1889.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706994&pid=S0798-1171200500010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">4. AVENDAÑO, Diego de:<i> Thesaurus Indicus</i>, Amberes, 1668.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706995&pid=S0798-1171200500010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">5. CALMELL, J.: <i>1535-1935. Historia taurina del Perú</i>, Ayacucho, 1936.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706996&pid=S0798-1171200500010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">6. COCQUELIN, Carlos (ed.): <i>Bullarum, Privilegiorum ac Diplomatum Romanorum Pontificum amplissima collectio</i>, Roma, 1746.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706997&pid=S0798-1171200500010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">7. COSSIO, J.: <i>Los toros: tratado técnico y histórico</i>, Madrid, Espasa-Calpe, 1943-1961.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706998&pid=S0798-1171200500010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">8. DAVILA Y HEREDIA, Andrés:<i> Palestra particvlar de los exercicios del cauallo; sus propiedades y estilo de torear y jugar las cañas</i>, Valencia, 1674.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1706999&pid=S0798-1171200500010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">9. DESCALZI, Ricardo: <i>La Real Audiencia de Quito</i>, Serie primera, <i>Historia del Quito Colonial</i>, Quito, 1978.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707000&pid=S0798-1171200500010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">10. ESTATUTOS DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA: <i>Collegii Salmanticensis Cursus Theologiae Moralis</i>, Madrid, 1733.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707001&pid=S0798-1171200500010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">11. FERNANDEZ DE MORATIN, Nicolás: <i>Carta histórica sobre el origen y progresos de las fiestas de toros en España</i>, Madrid, 1777.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707002&pid=S0798-1171200500010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">12. FERNANDEZ MESSIA, Tello: <i>Prima pars commentariorum in constitutiones taurinas</i>, Granada, 1566.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707003&pid=S0798-1171200500010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">13. GARCIA BARAGANA, Eugenio: <i>Noche phantástica, ideático divertimiento, que de-muestra el méthodo de torear a pie</i>, Madrid, 1750.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707004&pid=S0798-1171200500010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">14. GAUDE, Francisco, (ed.): <i>Bullarum, Diplomatum et Privilegiorum Sanctorum Romanorum Pontificum, </i>Turín, 1862.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707005&pid=S0798-1171200500010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">15. GILPEREZ FRAILE, Luis: <i>De interés para católicos taurinos, </i>Sevilla, 2001.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707006&pid=S0798-1171200500010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">16. INCA GARCILASO DE LA VEGA: <i>Comentarios Reales</i>, L. IX, c. XVII, ed. de Aurelio Miró Quesada, Monte Avila, Caracas, 1970.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707007&pid=S0798-1171200500010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">17. KONETZKE, R.: <i>Colección de Documentos para la Historia de la Formación Social de Hispanoamérica, 1493-1810</i>, CSIC, Madrid, 1958.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707008&pid=S0798-1171200500010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">18. MARIANA, Juan de: <i>Tractatus septem: De adventu Jacobi Apostoli in Hispaniam; Pro editione vulgata; De spectaculis; De monetae mutatione; De die mortis Christi; De annis arabum; De morte et immortalitate</i>, Köln, 1609.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707009&pid=S0798-1171200500010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">19. MOREIRO, J.: <i>Historia, cultura y memoria del arte de torear</i>, Alianza, Madrid, 1994.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707010&pid=S0798-1171200500010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">20. PALMA, Ricardo: <i>Tradiciones Peruanas completas</i>, ed. Aguilar, Madrid, 1964.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707011&pid=S0798-1171200500010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">21. PALMA, Ricardo: <i>Tradiciones Peruanas completas</i>. Edición de Raimundo Lazo, Porrúa, México, 1991.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707012&pid=S0798-1171200500010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">22. PEREZ DE HITA, Gines: <i>Guerras civiles de Granada o Historia de los vandos de los zegries y abencerrages cavalleros moros de Granada, de las ciuiles guerras que vuo en ella, y batallas particulares que vuo en la Vega entre Moros y Christianos, hasta que el Rey Don Fernando Quinto la ganò</i>, Zaragoza, 1595.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707013&pid=S0798-1171200500010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">23. SANTA TERESA, R.P. Fr. Marcos de: <i>Compendio Moral Salmanticense según la mente del Angélico Doctor, en el que se reduce a mayor brevedad el que en lengua latina publicó el R. P. Fr. Antonio de San Joseph, lector y prior que fue en el Colegio de Burgos, Examinador sinodal de este Arzobispado, y Procurador General en la Curia romana por la Congregación de Carmelitas Descalzos de España. Propónense en él todas las cuestiones de la Teología moral con toda brevedad y claridad, conforme a los principios de la más sana doctrina: ilustrado con las novísimas Bulas, Constituciones, y Decretos de los Sumos Pontífices, y Reales Ordenes de nuestros Católicos Monarcas. Formado en lengua vulgar para común utilidad de los Curas de almas, Confesores, y demás que se dedican al estudio de estas materias. Divídese en dos partes. Por el R. P. Fr. Marcos de Santa Teresa, Provincial de Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra</i>. En Pamplona, en la Imprenta de Josef de Rada, 1805.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707014&pid=S0798-1171200500010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">24. SUARDO, A.: <i>Diario de Lima, </i>Universidad Católica del Perú, Lima, 1936.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707015&pid=S0798-1171200500010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">25. UHAGÓN, Francisco: <i>La Iglesia y los toros. Antiguos documentos religiosos taurinos sacados a luz</i>, Madrid, 1838.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707016&pid=S0798-1171200500010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Times New Roman" size="3">26. VEJARANO, Bernardo: <i>Descricion jocosa de las Fiestas de Toros, que por las Pascuas de la Natividad, hay en esta muy Noble, y leal Ciudad de Lima</i>, s.l., en la Libreria de Don Bernardo Vejarano, s.a.</font>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1707017&pid=S0798-1171200500010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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