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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">  <A NAME="reseña"></A>    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> CABALLERO, Manuel. <I>Por qué no soy bolivariano.</I> Caracas: Alfadil. 2006,  219&nbsp;pp. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> A riesgo de pasar por pretencioso, confieso que tenía en mi mente la escritura  de un ensayo cuyo título fuese “Por qué no soy bolivariano”, emulando el  título de la obra ya clásica de Bertrand Russell, <I>Por qué no soy cristiano</I>,  o más recientemente, del perspicaz manifiesto apóstata de Ibn Warraq, <I>Por  qué no soy musulmán</I> (el cual he reseñado en una edición anterior de la  <I>Revista de Filosofía</I>). Reconozco haber simpatizado con Hugo Chávez en algún  momento, pero nunca con el culto a Bolívar y la deformación hagiográfica  que se ha hecho de su figura. Algunas experiencias personales, que no vienen  al caso, me han convencido de que <I>no soy bolivariano</I>, y deseaba escribir  un ensayo exponiendo mis razones. Para mi desagrado personal, este ensayo  ya no podrá ser, pues el eminente Manuel Caballero se adelantó a emplear  el título que yo tenía en mente; para fortuna de la intelectualidad venezolana,  la hábil pluma de Manuel Caballero ha producido este libro, de seguro mucho  mejor escrito y documentado que lo que yo pudiera haberlo hecho en mi frustrado  ensayo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En Venezuela, la moneda, las plazas, estados y municipios, por sólo mencionar  algunos ejemplos, llevan el nombre de Bolívar. Del Libertador se ha hecho  un moralista, un humanista, un periodista, un ingeniero, un sociólogo,  un psicólogo, un poeta etc. En el plano del entendimiento que los venezolanos  suelen tener de la filosofía, que es el que nos concierne, Bolívar pasa  por ser uno de los grandes pensadores del siglo XIX, juicio bastante errado.  El hecho de que las cátedras bolivarianas sean más populares y numerosas  que un curso sobre, por ejemplo, Francis Bacon, no habla muy bien de los  programas curriculares de nuestras escuelas de filosofía. Si Bolívar fue  grande, no pasó de serlo en el plano militar. Ni siquiera debemos considerarlo  un gran político a emular, pues tuvo fuertes tendencias totalitarias y  no parecía concebir la democracia en el sentido que la vasta mayoría de  los venezolanos ha aprobado a partir de la segunda mitad del siglo XX.  Mucho menos fue Bolívar un ‘filósofo’. Documentos como la <I>Carta de Jamaica</I>,  a mi juicio, no pasan de ser panfletarios, y bajo ninguna circunstancia  una Escuela de Filosofía debería concederle mayor estudio que a un texto,  como por ejemplo, la <I>Crítica de la razón pura</I>. Si bien la filosofía se  ha nutrido de panfletos, éstos son de segundo orden en el canon filosófico.  A modo de ejemplo, ni siquiera en la España franquista se intentó elevar  a la misma altura de Ortega y Gasset o Unamuno los discursos de Donoso  Cortés que, si bien pueden tener cierto aspecto ‘filosófico’, no dejan  de ser panfletarios. Por desgracia, no ha ocurrido lo mismo en Venezuela.   </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El culto a Bolívar ha alcanzado todas las esferas de la vida venezolana,  al punto de convertirse en una religión civil (e incluso, no deja de atribuírsele  explícitas cualidades mágicas al Libertador en las prácticas religiosas  de María Lionza). Lo que más me sorprende de este culto es su alcance:  si bien la oposición a Chávez ha crecido significativamente, virtualmente  nadie se atreve a cuestionar los méritos de Simón Bolívar, ni siquiera  los más acérrimos opositores al actual gobierno ‘bolivariano’; ¡incluso,  algunos acusan a Chávez de no ser realmente bolivariano y haber traicionado  los ideales del Libertador! Esto es señal de que en modo alguno el culto  a Bolívar nació con Chávez (a pesar de que el actual presidente sí puede  pasar por ser uno de sus grandes promotores). El libro en cuestión, <I>Por  qué no soy bolivariano</I>, es una importante contribución para iniciar una  verdadera crítica de Bolívar, su legado, y sus seguidores. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Quizás el libro peque de desorganización, pues llega a ser repetitivo;  incluye temas que realmente no tienen nada que ver con Bolívar o el bolivarianismo  (son más bien críticas concretas al actual gobierno), y al lector se le  hace evidente que se trata de una aglomeración de viejos textos escritos  por el autor a lo largo de su carrera. En ocasiones, Caballero llega a  hacer juicios irresponsables (a los cuales regresaré), y cita varios textos  sin especificar sus fuentes. En todo caso, Caballero se propone un objetivo  triple: presentar la figura de Bolívar en términos objetivamente historiográficos,  entrando en profundidad en sus ideas políticas; estudiar cómo Bolívar se  fue convirtiendo en un semidiós en generaciones posteriores; y por último,  cómo el actual gobierno venezolano, fiel a su herencia bolivariana, amenaza  a la democracia.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El revisionismo histórico que Caballero hace de la vida y obra de Bolívar  es difícilmente cuestionable: presenta al Libertador como un hábil estratega  militar, que va construyendo sus ideales políticos en función de los aliados  que consiga en el camino. Así, por ejemplo, Bolívar es abolicionista para  conseguir el apoyo haitiano; es anti-estadounidense para congraciarse con  Gran Bretaña en un momento específico, en el cual necesitaba apoyo de la  poderosa nación isleña; se muestra jacobino para conseguir apoyo de los  jóvenes revolucionarios caraqueños. Caballero señala que Bolívar no está  exento de haber ordenado atrocidades (como la matanza de españoles en La  Guaira), pero a favor de Bolívar, agrego que ningún caudillo militar puede  obviar el genocidio, con lo cual no lo excuso, pero sí lo incluyo en una  muy larga lista.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Caballero manifiesta que, una vez conseguida la Independencia, aparece  el rostro de Bolívar en su perfil más oscuro. Desprendido de España, el  Libertador parece retener mucho del despotismo hispano, ideando un Estado  bastante conservador, concentrador de poderes, autoritario, militarista  y combatiente de ideas federalistas. Tanto así, que Caballero llega a tildar  a Bolívar de ser uno de los reaccionarios más desapercibidos del siglo  XIX, enemigo de las ideas de la Revolución Francesa. No puedo dejar de  manifestar mi acuerdo con Caballero: sólo un dictador terriblemente totalitario,  despreciador de la democracia, estaría feliz de bajar al sepulcro si los  partidos políticos desaparecieran. Sólo un tirano, despreciador de la libertad,  estaría dispuesto a decretar la muerte aún a inocentes.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La iconoclasia de Caballero se extiende al Bolívar poeta. Considera el  poema del Chimborazo como una de las más espantosas muestras de cursilería  decimonónica, e incluso excusa al Libertador, considerando apócrifo al  poema. Cree que Bolívar no juró nada en Roma, sino que fue un invento del  ya senil Simón Rodríguez, e incluso, deja abierta la posibilidad de que  el vino y los calurosos días de Roma pudieron afectar el sano juicio de  los dos Simones en ese momento. A decir verdad, Caballero no tendría necesidad  de estos comentarios, pues si bien es necesario desacralizar a Bolívar,  hacerlo con semejante especulación no contribuye al laicismo, sino todo  lo contrario: los fanáticos bolivarianos confirmarían que Bolívar es magno,  pues quienes lo critican sólo pueden hacerlo especulando sin fundamento. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Muy interesante es la relación que Caballero esboza entre la mentalidad  de Bolívar y el fascismo del siglo XX. Nuestro autor da inicio a su análisis  de manera muy irresponsable: cita unos textos de Mussolini, y colaboradores  de Hitler y Franco (sin ni siquiera especificar en qué libro y página podemos  encontrar esas citas), en los que se enaltece la figura de Bolívar. A partir  de esto, Caballero concluye que Bolívar es un precursor del fascismo. Este  proceder histórico es muy errado, pues el nombre de Jesús se ha usado en  matanzas, sin que ello implique que el nazareno haya sido un asesino; el  mismo franquismo era ultra-católico, pero no por ello debemos creer que  el contenido de los evangelios propicie el fascismo. De forma tal que,  hasta ahí, el estudio de Caballero es reprochable. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Pero, Caballero prosigue exponiendo las semejanzas entre el pensamiento  y acción de Bolívar y el pensamiento y acción de los fascistas, y encuentra  importantes paralelos, con lo cual, a mi juicio, nuestro autor redime su  análisis. Bolívar destaca por su militarismo: sólo conoció la guerra, y  no logró desprenderse de ella en su carrera política. Estimuló la marcialidad  en la población venezolana, y pretendió gobernar con ella. Con esta marcialidad  apeló a las masas, de las cuales consiguió apoyo. Forjó ideas imperialistas  panamericanas, aspirando el dominio de un vasto territorio desde una remota  capital; tanto así, que Caballero considera que Bolívar <I>no puede ser el  padre de la Patria</I>, pues Venezuela como nación nació no gracias a él, sino  en su contra. Bolívar no era simpatizante de la elemental fórmula montesquiana  que desconcentra poderes, sino más bien se presentaba como un rousseauniano  que, en nombre de la libertad, cree al Estado en legitimidad de abarcarlo  todo. Todo esto es característico del fascismo. Si bien cree que el actual  gobierno venezolano no es fascista, y si se compara con el de Castro y  Gómez, sigue siendo democrático, Caballero considera que el gobierno de  Chávez coquetea con ciertas ideas fascistas. Fiel a Bolívar, Chávez se  muestra reaccionario al liberalismo, rasgo esencial del fascismo que, a  la larga, es el último intento por suprimir a la Revolución Francesa.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> No obstante, Caballero cae en descalificaciones personales respecto al  presidente venezolano, que no ameritan exponerse acá. Baste agregar que  son innecesarias e inapropiadas en un texto que había prometido mantener  un tono académico, más allá del estilo sarcástico e irónico que caracteriza  a Caballero. Más aún, no hace falta insultar ni a Chávez ni a los bolivarianos  para demostrar sus inconsistencias. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Respecto a la cuestión de si Bolívar fue o no promotor de su propio culto,  Caballero reconoce que el Libertador no llegó a los extremos de Stalin,  ni siquiera del propio Hugo Chávez. Pero, agrega Caballero, Bolívar sí  dejó la puerta abierta para la conformación de su culto. Continuamente  hacía referencia a su propia muerte, cuestión que fácilmente evoca emociones  religiosas entre sus seguidores. A favor de Caballero, destaco acá la célebre  teoría del antropólogo escocés James Frazer, según la cual muchas religiones  están conformadas por un tema del ‘dios agonizante’. A partir de este tema,  la sacralización de una figura se construye en función de su muerte apoteósica.  Según Caballero, en cierto sentido, Bolívar anticipó su muerte apoteósica,  en un país que, por lo demás, nunca ha sido devotamente religioso. En vista  de este ‘vacío de religión’, el culto a Bolívar cuajó con bastante facilidad.  Y, estima Caballero, en el siglo XXI, frente a la caída de la otra gran  religión civil, el marxismo soviético, el bolivarianismo se ha afianzado  aún más como forma religiosa en Venezuela. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> De Caballero no me agrada su insistente valoración negativa de la religión.  De forma análoga a los ilustrados, considera a <I>todas las religiones</I> despóticas,  totalitarias, fuentes de ignorancia y contrarias a la razón. En primer  lugar, tengo la convicción de que no podemos cometer el grave error de  creer que todas las religiones son lo mismo: la religión azteca era más  sangrienta que el budismo, el Islam es más político que el cristianismo.  Si todas son lo mismo, ¿para qué estudiarlas? Y, en segundo lugar, Caballero  no parece estar al tanto que, desde los días de Durkheim, entendemos cada  vez más la positiva <I>función social</I> de la religión en tanto factor de unidad  social y prevención de la anomia, independientemente de la veracidad de  los dogmas religiosos (el propio Durkheim era agnóstico). Incluso, la deformación  poética de la Historia puede llegar a ser positiva, pues como el mismo  Aristóteles señaló, “el historiador y el poeta difieren en que el uno narra  lo que sucedió y el otro lo que podía suceder. Por eso, la poesía es algo  más filosófico y serio que la Historia, la una se refiere a lo universal;  la otra, a lo particular” (<I>Poética, </I>9, 1451 b).  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En este sentido, se podría argumentar que el culto al Libertador no es  perjudicial en sí mismo, pues contribuye a la unidad moral de los venezolanos,  y tampoco es vital la clarificación histórica de la figura de Bolívar,  pues es el mito (y la poesía), y no la Historia, lo que contribuye a la  formación de imaginarios que contribuyen al buen estado de una sociedad.   </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Pero, precisamente por mi negativa a considerar que todas las religiones  son lo mismo, tengo la convicción de que el culto a Bolívar es profundamente  perjudicial en la sociedad venezolana. Lo mismo que Bolívar, la figura  del Jesús histórico ha sido de alguna u otra manera deformada por el cristianismo,  y eso, lejos de ser reprochable, más bien ha contribuido a la grandeza  del cristianismo. De forma tal que, hasta ahí, adorar a una personalidad  histórica haciendo caso omiso a la historiografía no es nada fuera de lo  común. La diferencia crucial, a mi manera de ver, radica en el arquetipo  de Cristo <I>vis-a-vis</I> el arquetipo de Bolívar. El Libertador era y sigue  siendo, ante todo, un <I>militar</I>, un guerrero avalador de lo marcial, y un  dictador que, en el momento en que él lo consideraba necesario, se atribuía  poderes desmedidos. Nada de eso ocurre en el pacífico Cristo. El asceta  cristiano imita a Cristo en la abstinencia sexual, el teniente coronel  imita a Bolívar en el golpe militar y en la abolición de poderes. El resultado:  un país con una historia llena de intrigas militares, y una progresión  cada vez mayor del militarismo, cuestión en la que coincido con Caballero. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En definitiva, es mi esperanza que éste sea apenas uno entre muchos libros  iconoclastas del bolivarianismo por aparecer. Por desgracia, Caballero  se deja arrastrar por su oposición visceral en contra de Chávez, cuestión  que lo separa de otros historiadores igualmente iconoclastas, pero quizás  más serios, como Elías Pino Iturrieta. <I>Por qué no soy bolivariano </I>no cumple  las expectativas que el lector académico se haga respecto de semejante  título (especialmente teniendo como referente las obras de Bertrand Russel  e Ibn Warraq), pero, al menos sí es suficiente para iniciar una voz de  protesta frente a una religión cada vez más despótica.  </FONT></P>      <P ALIGN="RIGHT"><B> <FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana">  Gabriel Andrade&nbsp; </FONT></B></P>      <P ALIGN="RIGHT"><B> <FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Universidad del Zulia - Venezuela </FONT></B></P>       ]]></body>

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