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<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Filosóficos Adolfo García Díaz]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Esclavitud: Presencia de Aristóteles en la polis colonial]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Slavery: Presence of Aristotle in the Colonial Polis]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[During the Middle Ages, and even more in Modern Age, slavery was justified appealing to the authority of Aristotle. Slavery as such, in which slaves are considered mere merchandise, is possibly a Greek invention. Be it or not, Aristotle would justify its existence. Beginning with him, his arguments were used by philosophers and theologians of all tendencies. This article wants to demonstrate that, upon all these traditional arguments, those typical Greek and Aristotelian concepts such as polis and democracy, would be unworkable without that of slavery.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>Esclavitud: Presencia de Aristóteles en la </B><I><B>polis </B></I><B>colonial</B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> Slavery: Presence of Aristotle in the Colonial <I>Polis</I></FONT></b></P>      <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ángel Muñoz García</FONT></b></P>     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Universidad del Zulia Maracaibo - Venezuela</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Durante la Edad Media y, más aún, la Edad Moderna, se justificó la esclavitud  apelando a la autoridad de Aristóteles. Posiblemente la esclavitud propiamente  tal, que considera al esclavo como mera mercancía, sea un invento griego.  Lo sea o no, Aristóteles vendría a tratar de justificar su existencia.  A partir de él, sus argumentos se utilizaron por filósofos y teólogos de  todas las tendencias. Se pretende demostrar aquí que, por encima de estos  argumentos tradicionales, los típicos conceptos griegos y aristotélicos  de <I>polis</I> y democracia resultarían irrealizables sin el de la esclavitud.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras clave</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aristóteles, esclavitud, <I>polis</I>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B></FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> During the Middle Ages, and even more in Modern Age, slavery was justified  appealing to the authority of Aristotle. Slavery as such, in which slaves  are considered mere merchandise, is possibly a Greek invention. Be it or  not, Aristotle would justify its existence. Beginning with him, his arguments  were used by philosophers and theologians of all tendencies. This article  wants to demonstrate that, upon all these traditional arguments, those  typical Greek and Aristotelian concepts such as <I>polis</I> and democracy, would  be unworkable without that of slavery.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aristotle, slavery, <I>polis</I>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 16-11-06 Aceptado: 09-02-07</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Durante la Edad Media y, más aún, en la Edad Moderna, se justificó la esclavitud  apelando a la autoridad de Aristóteles. Quizá sea verdad que la esclavitud  propiamente tal, que considera al esclavo como mera mercancía, sea un invento  griego. Lo sea o no, Aristóteles vendría a tratar de justificar su existencia.  A partir de él, sus argumentos se utilizaron por filósofos y teólogos de  todas las tendencias. En lo que a nosotros concierne, hubo especial interés  en aplicar esa doctrina a partir del Siglo XVI. Trataremos de exponer aquí  que, por encima de estos argumentos tradicionales, los típicos conceptos  griegos y aristotélicos de <I>polis</I> y democracia no hubieran podido llevarse  a la práctica sin el de la esclavitud.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ha de tenerse en cuenta, sin embargo, que un tipo u otro de esclavitud  existió desde mucho antes de Aristóteles. Muy posiblemente no en la Prehistoria.  Muy posiblemente no antes del “descubrimiento” de la agricultura. ¿Para  qué? Porque la esclavitud estuvo siempre vinculada al trabajo. Por eso,  mientras no hubo necesidad de un trabajo para garantizar la subsistencia,  no debió haber esclavitud. Por lo mismo, desde el momento en que el hombre  deja de ser trashumante para hacerse sedentario y subsiste gracias a la  agricultura, se comienza a dedicar a ésta a trabajadores forzados, esclavos.  Sin conceder demasiado peso a las cifras que suelen darse sobre la esclavitud  en la antigüedad, todos sabemos que en todo el mundo se importaban esclavos  de otras regiones; como se dice, por ejemplo, de Salomón, para construir  el Templo de Jerusalén. O para la agricultura, como los ilotas en Esparta,  un Estado eminentemente militar que hubo de entregar la agricultura a los  esclavos, al cuidado de las mujeres. O para cualquier otro tipo de trabajo,  incluido el doméstico. En el apogeo del Imperio Romano y sobre un total  de 20 millones de libres, los esclavos sumaban 135 millones. Tampoco los  pueblos americanos precolombinos se vieron libres de la esclavitud. Así,  se empezó a ver desde muy pronto como algo connatural a la persistencia  de las diversas sociedades humanas, que desde el comienzo no supieron prescindir  de ella. Misma excusa que se dará en los siglos subsiguientes.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Al haber abundante mano de obra esclava, desaparece el acicate para la  inventiva de artefactos mecánicos (curiosamente, es en la Edad Media –época  en que comienza un cierto declive de la esclavitud– cuando hubo que aguzar  el ingenio, y comienza la “época de los adelantos mecánicos”: mejoramiento  del arado, molino de agua, noria, reloj, etc.); consiguientemente, y como  círculo vicioso, la falta de máquinas exige el aumento de mano de obra  humana, obviamente esclava. Estando, así, el trabajo a cargo casi exclusivamente  de los esclavos, es indudable que la persistencia y desarrollo de las sociedades  sólo fue posible gracias a éstos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Lejos de nuestra intención el pretender hacer aquí una apología de la esclavitud;  pero es preciso reconocer el inmenso aporte que los esclavos hicieron al  desarrollo humano. Sin la esclavitud, todas las culturas hubiesen sido  muy distintas; y seguramente no tan desarrolladas. Seguramente ni Esparta  hubiera podido dedicar a sus hombres al arte de la guerra, ni Roma hubiese  desarrollado tanto el Derecho, ni Grecia la idea de democracia, las artes,  la Filosofía, el saber en general.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Obviamente la existencia de la esclavitud en el mundo occidental depende  de la de Grecia y Roma; en ambos pueblos, tuvo características muy similares.  ¿Cómo fue esa esclavitud en estas dos culturas de las que dependemos? Ya  en las anteriores, los trabajadores eran todos esclavos o extranjeros:  Odiseo contaba que, al ser vencido en Egipto, sus habitantes se llevaron  a sus compañeros para forzarlos a trabajar sus campos<SUP>1</SUP>. Esto se repitió  en Grecia y Roma. El pensamiento de Aristóteles, amén de elucubraciones  sobre sustancias y esencias, serviría también para justificar este punto.  Trataremos de penetrar su punto de vista, ilustrándonos con los aportes  de la cultura latina. Nos resulta imprescindible. Aparte de su gran similitud  con la griega, dependemos de ambas, y la latina puede hasta resultarnos  más familiar, por cuanto siempre ha estado más cercana a nosotros.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Será preciso comenzar recordando un concepto que consideramos de importancia  para conocer el mundo y pensamiento griego, y al que quizá no se le ha  dado siempre la importancia que creemos reviste. Nos referimos al concepto  que llamaron los griegos <I>scholé </I>y los latinos <I>otium</I>.<I> </I>Iniciando su <I>Metaphysica</I><SUP><span style="text-decoration: none">2</span></SUP><I>,  </I>el Estagirita expone cómo, a su entender, los distintos tipos de saber  del hombre se corresponden con diferentes actividades. Según él, lo más  urgente en el hombre es el solucionar ante todo sus necesidades para sobrevivir;  debe saber cómo poder proporcionarse lo necesario para la vida, y sin lo  que ésta no podría desenvolverse. Se trata, según él, del saber de <I>la téchne,  </I>la técnica, el “arte” de los romanos. Cubiertas estas necesidades, diversas  <I>téchnai </I>podrán proporcionarle también lo placentero, la comodidad y lo  agradable. Todo esto es lo que los latinos llamarían el <I>negotium</I> (<I>nec-otium</I>)<I>  </I>de la vida</FONT><A HREF="2_FN2.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP></SUP></FONT><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP><a HREF="2_FN2.htm"><span style="text-decoration: none"><font color="#000000">3</font></span></a></SUP>. Sólo después, cuando todo lo anterior queda resuelto y satisfecho,  podrá el hombre dedicarse a la <I>scholé</I>, al <I>otium</I>, al <I>ludus</I> (juego), a las  Artes Liberales, a la Sabiduría, como él prefiere llamar a la Filosofía.  Sabiduría que ya no es <I>téchne</I>, ni está en función de otra cosa, sino en  función de sí misma; saber por saber. Sabiduría que no surge, pues, de  la necesidad o de la utilidad sino, precisamente lo contrario, de la liberación  de toda necesidad. Esto sería posible sólo en la <I>polis</I>.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero ese trabajo que proporcionaba lo necesario y placentero para la vida  era, paradójicamente, mal visto, considerado ocupación vil e indigna de  los ciudadanos. Dedicarse a él, lejos de representar el dominio sobre la  materia, significaba someterse a su servicio. Era, por tanto, impropio  del ciudadano libre, y de él debían ocuparse los esclavos. Impropio, porque  el buscarse el sustento y otras actividades similares a las que realizan  los animales, o estar sometido a la necesidad, no es digno del hombre.  Ya Herodoto constataba que “tracios, escitas, persas, lidios, en una palabra,  casi todos los bárbaros, estiman menos a los que se dedican a algún arte  mecánica y a sus hijos, que a los demás ciudadanos… Esta opinión la adoptaron  los griegos”<SUP>4</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En efecto, Platón sentencia que “la naturaleza no ha hecho zapateros ni  herreros; semejantes ocupaciones degradan a quienes las ejercitan: viles  mercenarios, miserables sin nombre, que son excluidos, en razón de su estado,  de los derechos políticos”<SUP>5</SUP>. Aristóteles anota también que “en los tiempos  antiguos y en algunos lugares, los obreros eran esclavos o extranjeros,  y por eso también hoy lo son la mayoría”<SUP>6</SUP>. De ahí que, a pesar de la estima  en que se tuvo en Roma a la agricultura, Cicerón llegara a decir que “las  ganancias de todos los mercenarios, que venden no su habilidad, sino su  trabajo manual, son vulgares y sórdidas… Todos los artesanos se dedican  a artes sórdidas, pues un taller no puede tener nada digno de un hombre  libre”<SUP>7</SUP>. Por algo ya Numa, el segundo rey de Roma, “…determinó hacer de  la plebe diferentes secciones… Hízose esta distribución por oficios, de  los flautistas, los orfebres, los maestros de obras, los tintoreros, los  zapateros, los curtidores, los latoneros y los alfareros, y así las demás  artes”<SUP>8</SUP>. Y por eso, según Aristóteles, “la <I>polis</I> más perfecta no hará ciudadano  al trabajador”; “ni el hombre de bien, ni el político, ni el buen ciudadano  deben aprender los trabajos de tales subordinados”</FONT><A HREF="8_FN8.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP><span style="text-decoration: none">9</span></SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero no pensemos que esta fue una situación exclusiva de los romanos o  de las primeras sociedades antiguas. En referencia a un mundo mucho más  cercano a nosotros, tenemos el testimonio del franciscano venezolano Juan  Antonio Navarrete quien, en el siglo XVIII, escribía a propósito del tema  de la Honra y la Deshonra, un tema tan sensible en su época para los –en  algún sentido– herederos de aquellos hombres “libres” griegos y romanos,  que se habrían avergonzado de practicar Artes no Liberales:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Este asunto ha dado mucho pie para varias producciones literarias, ya  por la preocupación fantástica de los hombres, ya por varias leyes que  se han formado en España acerca de Oficios y Artes para establecer lo conveniente  en orden a su estimación y aprecio y los privilegios que deban gozar como  útiles a la República... La última Cédula Real de 1783, puso fin a todo  declarando por honrados todos los oficios con que unos hombres sirven a  otros, sin exceptuar ni aun al <I>carnicero</I>”<SUP>10</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> No es que estos trabajos fueran despreciables porque se reservaban a los  esclavos, sino al contrario: éstos eran necesarios, porque se trataba de  ocupaciones viles. Paradójica ironía, que la satisfacción de las propias  necesidades llevara a sojuzgar al otro y se convirtiera en justificación  de la esclavitud; que las propias necesidades, que uno mismo debería solventar,  conviertan al otro en esclavo por necesidad, en esclavo natural. Mientras  tanto, el ciudadano podría –y debía– dedicarse a la ciencia libre: “las  artes sirven a la vida; la sabiduría la gobierna”, decía Séneca<SUP>11</SUP>. Era  la <I>scholé</I> y el <I>otium</I>, ideal del ciudadano. No la indolencia; no el estar  ocioso haciendo nada, sino –satisfechas las necesidades y lo placentero–  consagrar el tiempo a lo innecesario, a la sabiduría. Si la <I>poiesis</I> es  producción de algo distinto de la acción que lo produce, y la <I>praxis</I> es  la acción misma, sin producto distinto<SUP>12</SUP>, el <I>otium</I> consiste en inactividad  de producción, inactividad de <I>poiesis</I>, no producción de los productos necesarios  para la vida; esto queda exclusivamente para el esclavo. Así hay opción  para dedicarse a la <I>praxis</I>, acción sin finalidad utilitaria, sólo en función  de sí misma; lo contrario del <I>nec-otium</I>. Por eso Cicerón podía decir que  “nunca estaba menos ocioso que cuando estaba ocioso”<SUP>13</SUP>. La esclavitud,  así, merecía ser declarada de interés público. El invento griego de la  democracia, la política, los deportes y las Bellas Artes, la Filosofía,  sólo serían posibles gracias a la esclavitud.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Lo dicho pudiera justificar la esclavitud; pero ¿también la esclavitud  natural? Parecía obvio que hubiese de haber esclavos. Por lo mismo, parecía  obvio también que Grecia –la tierra de los filósofos– buscara una justificación  filosófica a la esclavitud. Aristóteles vino a darla. No entraremos ahora  a ver si lo hizo porque realmente estaba convencido de la superioridad  natural de los griegos sobre los demás pueblos, o simplemente como explicación  del funcionamiento contingente de la sociedad ateniense, que hizo necesaria  la esclavitud para que los hombres libres pudiesen administrar la <I>polis</I>.  Aristóteles se ocupó de este tema en el primer Libro de la <I>Política</I>, considerada  el más grande tratado político de todos los tiempos. A pesar de las críticas  de, por ejemplo, el senegalés Cheikh Anta Diop (considerado por muchos  el padre de la historiografía africana independiente) quien reclama a Platón  y Aristóteles el que, habiendo estudiado en su juventud con los sacerdotes  egipcios negros, agradecieran esas enseñanzas excluyendo de ellas al extranjero  por no saber griego, y al negro por ser negro<SUP>14</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A partir de Aristóteles, durante siglos se ha apelado a él cuando se ha  querido defender una esclavitud natural. Y defender una esclavitud natural  es tanto como defender que, dentro de la especie humana, hay un sector  de gentes que son auténticos esclavos, que han nacido para ello y no pueden  ser otra cosa que esclavos. Que, por tanto, entre las relaciones naturales  entre los miembros de la misma especie humana, está la relación amo-esclavo,  tan natural como puede ser la relación, por ejemplo, padre-hijo. Se han  destacado posibles argumentos del Estagirita, que probarían la naturalidad  de la esclavitud. Los resumiremos brevemente:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Recordemos la famosa definición aristotélica de hombre: animal social,  animal político o de la <I>polis</I><SUP>15</SUP>. ¿Por qué es un animal así? Para Aristóteles  es algo evidente. Los animales, dice, tienen voz (<I>phoné</I>, sonido) con la  que se comunican. Una voz que es signo, <I>semeion</I>, de lo que sienten. Pero  <I>semeion</I> era la marca que, en los juegos, dejaba la jabalina al caer al  suelo; había, pues, una relación de causa-efecto entre la jabalina y la  marca. Es decir, que la voz es un signo natural (instintivo, inevitable,  diríamos, sin reflexión alguna) de dolores y placeres (no más). Por su  parte el hombre, único animal que tiene sentido de lo bueno y lo malo,  de lo justo e injusto (en lo que –al decir de Celso– consiste precisamente  el Derecho<SUP>16</SUP>), tiene <I>logos</I>, palabra/razón que manifiesta ya lo que es bueno  o malo, justo o injusto; es decir, lo necesario para el gobierno de la  polis. Por eso el hombre es el único animal capaz de formar y vivir en  la <I>polis</I><SUP>17</SUP>. No puede haber ciudades ni de animales ni de esclavos. “He  aquí lo que se produce cuando se convive y se intercambian palabras y pensamientos,  porque así podría definirse la sociedad humana; y no, como la del ganado  por el hecho de pacer en el mismo prado”<SUP>18</SUP>. Pero, si la palabra lo distingue  de los demás animales, querrá decir que todo aquel que no pueda expresarse  como el ciudadano griego, al no tener <I>logos</I> (palabra/razón), no será hombre  sino animal. La totalidad significativa del <I>logos</I> pertenece al amo, y deja  al esclavo sólo una palabra vacía, un grito, un balbuceo, a lo más. Así,  resulta incapaz de ser miembro de la <I>polis</I>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es decir: todo no griego, ignorante de la lengua griega (como, después,  todo no romano, ignorante del latín) será, en cuanto extranjero, bárbaro  –es decir, por nacimiento, por naturaleza– esclavo: “por naturaleza bárbaro  y esclavo son lo mismo”<SUP>19</SUP>. Lo que le permite a Aristóteles repetir la frase  de Eurípides: “es justo que los griegos manden a los bárbaros”<SUP>20</SUP>. Llegando  casi al desvarío:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Los que habitan en lugares fríos y en Europa, están llenos de coraje,  pero faltos de inteligencia y técnica, por lo que viven más bien libres,  pero sin organización política e incapacitados para gobernar a sus vecinos.  Los de Asia, en cambio, son inteligentes y de espíritu técnico, pero sin  coraje, por lo que llevan una vida de sometimiento y esclavitud. La raza  helénica, igual que ocupa un lugar intermedio, participa de las características  de ambos grupos, y es a la vez valiente e inteligente”<SUP>21</SUP>.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> (Raro desvarío, decimos, en quien se autoproclama padre de la Lógica<SUP>22</SUP>.  Porque podríamos preguntarnos cuál fue la arcana razón para que Aristóteles  no concluyera que los griegos, por ocupar el lugar intermedio, eran a la  vez sin coraje y faltos de inteligencia). Más aún: en cuanto incapaces  de la <I>polis</I> y en cuanto <I>a-logoi</I>, todo bárbaro y todo esclavo son equiparables  a los animales. Con esto, Sepúlveda tenía la mesa servida. ¿Qué más argumentos  pudiera necesitar?</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El que es <I>a-logos</I>, sin razón, debe ser esclavo. Por mucho que estuviera  interesado en el bien de la <I>polis</I>, lo único que éste puede aportar a ella  quedaría, por definición, excluido; ya que quedaría en el terreno del trabajo  manual, trabajo cuasi-animal basado en la fuerza física; pero nada de algo  que pudiera ser catalogado como <I>otium</I>: “El capaz de prever mediante su  razón es por naturaleza jefe y es por naturaleza dueño [<I>despótes</I>, señor];  y el capaz de hacer esto con su cuerpo es súbdito y esclavo por naturaleza;<B>  </B>por eso al dueño y al esclavo interesa lo mismo”<SUP>23</SUP>. Y, haciendo una concesión  a la capacidad del esclavo, sostiene que el hombre-amo es capaz de mandar  (capaz de prever), mientras el esclavo es capaz de hacer lo que el amo  previó; “porque es esclavo por naturaleza el que puede ser de otro (por  eso es de otro), y participa de la razón tanto como para percibirla, pero  no como para tenerla”<SUP>24</SUP>; esto es, “el esclavo no tiene en absoluto deliberativa&quot;<SUP>25</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero es preciso poner atención a ese término aristotélico. Porque la deliberativa  parece ser distinción fundamental entre amo y esclavo. Acabamos de ver  que el amo es capaz de prever y de decidir, por tanto (¿deliberar?) qué  es lo conveniente hacer. Por su parte, el esclavo es incapaz de ello; sólo  participa de la razón para percibir la que hay en su amo; para percibir  las órdenes que el amo, basado en su deliberación sagaz, imparte al esclavo.  En tal sentido, pareciera que Aristóteles distinguiera en la razón humana  dos funciones o partes: deliberativa la una y meramente ejecutiva la otra.  Sin embargo el término utilizado por Aristóteles va mucho más allá. El  se refiere a la deliberativa como <I>bouleutikós, </I>“el capaz de deliberar”.  Pero hay que tener muy en cuenta que el significado preciso del verbo griego  <I>bouleúo</I> es deliberar en el sentido de celebrar consejo; deliberar como  actividad curial (<I>bouleion</I>), propia de la dignidad senatorial (<I>bouleía</I>).  En síntesis: la deliberativa a la que se refiere Aristóteles no es otra  sino la actividad del gobierno de la <I>polis, </I>la actividad desarrollada en  el ágora o foro, propia y exclusiva del ciudadano, en ningún modo del esclavo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Entre las propiedades del <I>paterfamilias</I> en su casa, están los esclavos,  que a lo más que llegan es a la categoría de propiedad animada, de mero  instrumento. Porque “las posesiones son instrumento para la vida, y la  propiedad es un conjunto de instrumentos, y el esclavo una propiedad<B> </B>animada”<SUP>26</SUP>.  Lo repite en la <I>Etica</I>: “El esclavo es, en efecto, un instrumento animado  y el instrumento un esclavo inanimado”<SUP>27</SUP>. También los romanos opinaron  así: “Los instrumentos –decía Varrón– son o con voz, o con semivoz, o mudo;  con voz, como los esclavos; con semivoz, como los bueyes; mudo, como las  carretas”<SUP>28</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora bien; “los llamados instrumentos son instrumentos de producción”<SUP>29</SUP>,  y el esclavo lo es para la producción ya que, al carecer de racionalidad  deliberativa, es incapaz de la acción, del saber por saber. Por tanto,  como tales instrumentos, los esclavos necesitan de quien los maneje: “Si  cada instrumento pudiese hacer por sí mismo, recibiendo órdenes o anticipándose  a ellas… entonces las lanzaderas tejieran solas, y los plectros tocaran  solos la cítara, los maestros no necesitarían ayudantes, ni esclavos los  amos”<SUP>30</SUP>. Por otro lado, puesto que “producción y acción difieren específicamente  y ambas necesitan instrumentos, es necesario también que éstos tengan la  misma diferencia” específica; y, “por ello, el esclavo es un subordinado  en lo referente a la acción”<SUP>31</SUP>. Es decir; el esclavo lo es por naturaleza  porque, siendo una propiedad, un instrumento, no se pertenece a sí mismo<SUP>32</SUP>  y necesita quien, distinto de él específicamente, lo maneje. Mientras que  “llamamos hombre libre al que es para sí mismo y no para otro”<SUP>33</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Al igual que en el hombre el alma gobierna por naturaleza al cuerpo, ejerciendo  sobre él un dominio despótico o de dueño, también a los animales les resulta  mejor vivir sometidos a los hombres, pues así consiguen todos mejor su  seguridad<SUP>34</SUP>. Y lo mismo tiene que suceder entre los hombres; todos aquellos  que lo mejor que tienen y lo más que pueden aportar consiste en su fuerza  física corporal, resultando así capaces de producción (de <I>poiesis</I>) pero  no de acción (de <I>praxis</I>), son esclavos por naturaleza; y les conviene serlo,  por su propia conveniencia<SUP>35</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por lo mismo, la naturaleza hasta hace diferentes los cuerpos de los ciudadanos  y de los esclavos: los de los primeros “erguidos e inútiles para tales  trabajos, pero útiles para la vida política”; los de los segundos, “fuertes  para el necesario trabajo”<SUP>36</SUP>. Porque difieren “como el hombre del animal”;  por lo que sostiene categórico: “desde el nacimiento unos están destinados  a obedecer y otros a mandar”<SUP>37</SUP>. Hasta parece incluir a los esclavos en  el número de los animales: “Los <I>demás</I> animales no perciben la razón, sino  que obedecen a sus instintos. En la utilidad difieren poco: tanto los esclavos  como los animales domésticos suministran lo necesario para el cuerpo”<SUP>38</SUP>.  La única diferencia entre esclavo y animal parece ser que éste, como acaba  de decir, no percibe nada racional, moviéndose sólo por instinto; mientras  que el esclavo, aunque no tenga razón deliberativa, tiene la suficiente  como para entender a la de su amo. Pero la función del esclavo no estriba  sino en el uso de su cuerpo, de sus fuerzas físicas, para suministrar a  los ciudadanos lo necesario para la vida. Debido a esa escasa diferencia  con el animal, mientras el militar obtiene sus esclavos en la batalla victoriosa<SUP>39</SUP>,  al ciudadano es lícito adquirirlos mediante la cacería, ya que se trata  de esclavos por naturaleza: “La ciencia de adquirir esclavos… es una ciencia  de guerra o de caza”<SUP>40</SUP>; y, además: “El arte de la guerra es un arte adquisitivo  por naturaleza (el arte de la cacería es una de sus partes) y debe utilizarse  contra los animales salvajes y contra aquellos hombres que, habiendo nacido  para ser regidos, no quieren serlo, porque por naturaleza esta clase de  guerra es justa”<SUP>41</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estos serían los argumentos tradicionalmente señalados como aquellos con  los que Aristóteles pretende sostener que hay esclavos por naturaleza.  Hasta qué punto no son sino argumentos que prueban aquello de lo que parten,  es otra cosa. Que hoy no nos convenzan no implica que no fueran ampliamente  aceptados por el mundo greco-latino, y aun mucho después. Pero nos parece  que para el Estagirita ninguno de ellos constituye la razón fundamental  de la esclavitud. Y que, en la mente del <I>Filósofo, </I>esa razón fundamental  en verdad es otra. Tan fundamental, como que está a la raíz misma de la  concepción del concepto estrella de la política griega; de ese invento  del que tanto se ha alabado a los griegos: a la raíz de la <I>polis</I> y, consecuente  y paradójicamente a la vez, de la democracia griega. Independientemente  de si Aristóteles defendía convencido la existencia de esclavos por naturaleza,  o sólo pretendía “justificar” la realidad contingente griega; independientemente  de que la esclavitud fuera el destino lógico de los prisioneros de guerra  (es decir, que la esclavitud fuera vista en gran parte por no pocos como  un acto humanitario<SUP>42</SUP>); a la luz de la concepción aristotélica de la casa  y de la <I>polis</I>, nos parece fuera de duda que para el <I>Filósofo </I>no era posible  la existencia de una sociedad humana bien conformada, o de la sociedad  democrática de la <I>polis, </I>sin esclavos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aristóteles se refiere a la <I>polis</I>. Palabra prácticamente intraducible al  castellano. Frecuentemente se intentó hacerlo mediante dos términos: Estado  y Ciudad. Nos dice que <I>polis</I> es una <I>koinonía</I> (¿comunidad? en vista de un  fin), un común acuerdo en vistas de un bien. San Agustín parece coincidir  con Aristóteles: “la ciudad no es sino una multitud de hombres en armonía”<SUP>43</SUP>.  Y como los hombres actúan siempre con miras a lo que les parece o se les  presenta como bueno; y como la <I>polis</I> es la <I>koinonía</I> que tiende al fin mejor,  resulta que la <I>polis</I> es la comunidad principal de todas las que puede conformar  el ser humano<SUP>44</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En realidad, la <I>polis</I> (y la casa) no surge sino con la vida sedentaria.  Esta es un factor decisivo en el establecimiento de una cultura; la vida  sedentaria permite la agricultura y el cultivo para la alimentación, y  ésta mueve y diversifica civilizaciones, como la del maíz y la del trigo,  por ejemplo. Recuérdese que, a fin de cuentas, lo que buscaba Colón era  una nueva ruta a las especias; y recuérdese también aquella expresión de  Alejandro VI al tener noticia de las tierras americanas y de sus “pueblos  que viven pacíficamente y, según se dice, andan desnudos y <I>no comen carne</I>”<SUP>45</SUP>.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> ¿La <I>polis</I> es el Estado?; mejor no; por más que sea una comunidad vista  como estatal, es una sociedad la más perfecta y, por tanto, es mucho más  que un Estado. De hecho, puede haber <I>polis</I> sin necesidad de Estado. La  historia del pueblo judío puede ser prueba clara de ello. ¿La <I>polis</I> es  la Ciudad?; entre nosotros esta expresión tiene hoy un excesivo carácter  de territorialidad, de sentido físico. A pesar de todo, parece preferible  esta traducción. Pero siempre ciudad entendida no como territorialidad.  Aristóteles es claro al respecto: “si se pudieran unir los lugares de modo  que los mismos muros abarcaran la ciudad de Megara y la de Corinto, no  habría, a pesar de ello, una ciudad sola”<SUP>46</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esto está muy claro en latín: la ciudad territorial es o <I>castrum</I> –campamento  militar de avanzada–, u <I>oppidum</I> –plaza militar fortificada, con más seguridad–,  o <I>urbs</I>, urbe, lugar donde vivir confortablemente. La <I>polis</I> es la comunidad  de ciudadanos; en Roma, comunidad de <I>cives</I>; por eso se la llama <I>civitas</I>;  pero nótese que <I>civitas</I> se deriva de <I>civis</I>; lo que nos indica que el concepto  original de ciudad surge posterior y derivado del de ciudadano; fueron  los ciudadanos los que, en vistas de un bien, hicieron el acuerdo común  que dio origen a la <I>polis</I> o <I>civitas</I>; y no al contrario. Fueron ellos los  que constituyeron esa colectividad como resultado de poner en común sus  intereses y privilegios de ciudadanía. Sólo posteriormente se pasó a considerar  a esa <I>civitas</I> en carácter territorial. Cuando surge el idioma castellano,  ya esto había tenido lugar; por eso en castellano la palabra “ciudad” designa  principalmente a la ciudad geográfica (“llovió en la ciudad de Maracaibo”),  y es ella la que da origen a la de “ciudadano”; porque la ciudad tenía  ya ese carácter territorial, y era ella la que concedía sus privilegios  de ciudadanía a todos los que vivían en ella. Mientras que en Grecia y  Roma no todos los habitantes de la <I>polis</I> eran ciudadanos. Pero, aún así,  seguimos distinguiendo perfectamente entre urbano y civil, y sus derivados  urbanismo y civismo, urbanista y civilista, etc.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Además: la <I>polis</I>, la <I>civitas</I>, es el conjunto de individuos que comparten  unos mismos derechos y deberes de ciudadanía; una comunidad con un común  acuerdo en la persecución del bien. Es decir, <I>polis</I> es un nombre colectivo  (igual que “rebaño”); no un lugar geográfico, sino un conjunto de ciudadanos  (como en “la ciudad de Maracaibo se opuso a la ley”). Y, además, <I>polis</I>  es para Aristóteles “una de las cosas naturales”<SUP>47</SUP>. Pero puntualiza: “toda  <I>polis</I> es por naturaleza si lo son las comunidades primeras, porque la <I>polis</I>  es el fin de ellas y la naturaleza es el fin”<SUP>48</SUP>. Habrá que comenzar pues,  según la costumbre aristotélica, por las “comunidades primeras”; ir de  lo más simple a lo más complejo, de los elementos, al compuesto<SUP>49</SUP>. La <I>polis</I>  nace de la primera comunidad, o <I>koinonía</I> más elemental, que es la casa;  varias de éstas formarán luego una colonia del mismo linaje, la aldea<SUP>50</SUP>.  También los romanos lo concibieron así, si hemos de hacer caso a Séneca:  “consideraron su casa como una pequeña republica”<SUP>51</SUP>. Casa y aldea proporcionan  lo necesario; la casa, lo necesario cotidiano; la aldea, lo necesario no  cotidiano, como el intercambio de productos, la seguridad ante un ataque  externo, etc. Con esta infraestructura para el <I>otium,</I> varias aldeas formarán  la <I>polis</I>, comunidad perfecta y suficiente, que provee todo lo necesario  y el bienestar de la vida, para poder dedicarse al ocio, necesario y exclusivo  de los ciudadanos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hemos nombrado la casa como célula o comunidad primera de la <I>polis.</I> Pero  ¿habremos de decir “casa” o “familia”? De las traducciones de la <I>Política</I>  hechas al castellano podríamos hacer tres grupos, en base a su época de  aparición: La tradición primera: representada por la primera edición –anónima–  en castellano, a comienzos del Siglo XVI<SUP>52</SUP>, a la que siguió, en el mismo  siglo, la de Pedro Simón Abril, de no mucho rigor, pero que –revisada–  aún hoy se reedita<SUP>53</SUP>. La tradición moderna: compuesta por ediciones más  críticas que las anteriores en relación al orden de los fragmentos aristotélicos  que conforman la <I>Política</I>. La inicia la edición de Patricio de Azcárate,  en 1874, primera de los tiempos modernos, con múltiples reediciones<SUP>54</SUP>.  Y la tradición más moderna: cuyo prototipo pudiera ser la primera de ellas,  la bilingüe a cargo de Julián Marías y María Araujo<SUP>55</SUP>. A ella siguieron  otras igualmente valiosas, que no citaremos para evitar imperdonables omisiones.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pues bien; de las algo más de treinta figuraciones del término que hemos  contado en el Libro I de la <I>Política, </I>las dos primeras tradiciones utilizan  casi exclusivamente el término “familia”<SUP>56</SUP>, mientras en la tercera el uso  casi exclusivo es para el término “casa” (uso totalmente exclusivo en la  versión de Julián Marías). Para el propósito que nos planteamos al escribir  estas páginas, es necesario e importante que nos detengamos en aclarar  el preciso significado que esta expresión tuvo para Aristóteles y, en general,  para griegos y romanos.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Lo primero que cabe suponer es quizá que la tradición más moderna, al disponer  de más y mejores estudios de la lengua y pensamiento de Aristóteles, sea  la más exacta. Ciertamente pensamos que, al menos hoy en día, puede resultar  más exacto el uso de “casa”; pero pensamos igualmente que ambas traducciones  “casa” y “familia”, con tener en este caso diferencia semántica sustancial,  pueden utilizarse indistintamente, a condición de que atendamos al preciso  uso semántico de cada uno de los términos en este texto. Intentaremos aclarar  este punto.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los términos que invariablemente utiliza Aristóteles (al menos en el Libro  I de la <I>Política</I>, en que desarrolla este tema) son <I>oikós</I>, <I>oikía</I> y derivados  de éstos. De la misma familia que los verbos <I>oikizo</I> (edificar, construir)  y <I>oikeo</I> y <I>oiketeo</I> (habitar), el significado de ambos términos es “casa”.  Casa, como construcción; casa como el lugar en que se vive; no casa en  el sentido de hogar o de lugar de acogida. Un poco la diferencia que se  hace en inglés entre <I>house</I>, casa-construcción, y <I>home</I>, casa-hogar. Y también  en castellano; diferenciamos perfectamente esos dos sentidos en expresiones  como “vivo en una casa de la Calle Mayor” y “me voy a casa” (no necesariamente  a una casa, pudiendo ser a un apartamento en un edificio).</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si alguien consultara un diccionario griego-castellano, pudiera pensar  que <I>oikós</I> y <I>oikía</I> pueden traducirse indistintamente por “casa” y por “familia”,  y que la diferencia semántica entre estos dos términos castellanos en el  texto de la <I>Política</I> en ningún modo puede considerarse sustancial. En efecto,  la traducción castellana para las expresiones griegas en cuestión y otras  más de su mismo grupo léxico, tiene que ver con el sentido de construcción,  sí; pero además con el sentido de familia (<I>oikeios</I> y <I>oiketes</I>: familiar;  <I>oiketeia</I>: familia). Pero (aquí está la diferencia semántica), este último  no con nuestro sentido actual de “familia” como consanguinidad o parentesco,  sino con el sentido preciso que pudo tener para los clásicos. Para designar  esa consanguinidad, los griegos tenían la expresión <I>genos</I> y su grupo léxico;  y los romanos <I>gens</I> (de ahí nuestros “engendrar”, “progenie”, etc.). Aristóteles  no se está refiriendo específicamente a un grupo de consanguíneos, sino  a esa construcción donde el ciudadano guardaba sus posesiones muebles.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Prescindiendo ahora de la etimología, Roma, en cuyo Derecho tanto peso  se concedía al contrato, concedió varios sentidos a la expresión “familia”;  pero todos ellos respondían al sentido general de un grupo de personas  sometidas a otra por algún tipo de “contrato”. (Aun hoy día hablamos, por  ejemplo, de la familia docente o de la médica para referirnos a los gremios  de profesores o de médicos). Y sólo algunos de esos grupos, no todos, estarían  formados por personas consanguíneas, con un cierto contrato basado en naturaleza:  “grupo de personas formado o por derecho propio de ellos o por el común  del parentesco. Por derecho propio llamamos familia a varias personas sometidas  por naturaleza o por derecho a la potestad de una, como el paterfamilias...”<SUP>57</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es decir que no designaba ni exclusiva ni principalmente a los consanguíneos,  a lo que nosotros hoy llamamos “familia”. Nuestro concepto de familia con  su carga semántica de consanguinidad y afectividad sólo comenzó a formarse  mucho después con el Cristianismo y, aunque parezca extraño, con los llamados  pueblos bárbaros. Estaban éstos habituados, por ejemplo, al concepto del  reinado personal, de que el rey lo era de unas personas; y no, al modo  romano, de que lo era de un territorio. De la misma manera, la relación  personal pareció privar también entre los bárbaros en referencia al matrimonio,  por sobre las relaciones de poder y contractuales.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La expresión latina <I>familia</I> se derivó de <I>famulus</I>, un diminutivo del primitivo  <I>famul, </I>tomado éste del osco <I>famel</I>, que significaba, precisamente, esclavo.  <I>Familia</I> significó, por tanto, al conjunto de esclavos<SUP>58</SUP>. Notemos, de paso,  la subestimación que supone ya el nombre <I>famulus</I>, un diminutivo. Luego  le llamarían también “puer”, esto es “niño”<SUP>59</SUP>. Subestimación que perduraría  en el tiempo. Y ahí quedan, en los diferentes idiomas modernos, distintas  expresiones con la misma carga semántica subestimativa, para ciertos trabajadores  manuales, sucesores en mucho de aquellos esclavos: criado, chico, mozo,  <I>garçon</I>, <I>office-boy, bell-boy</I>…. No era, pues, la familia una unidad de parentesco,  sino una unidad de propiedad. Y no una unidad cualquiera; para que hubiera  familia, debía haber por lo menos tres esclavos; así lo decían las leyes:  “el nombre de familia no se refiere a un solo esclavo; ni dos esclavos  hacen una familia”<SUP>60</SUP>. “Tres forman colegio”<SUP>61</SUP>. Este significado relativo  a los esclavos también lo reflejaron términos griegos como <I>oiketeia</I> (familia,  servidumbre), <I>oiketes</I> (familiar, fámulo), <I>oiketikos</I> (servil, de la servidumbre)  y otros.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este sentido pasó al castellano; y así lo recoge el <I>Diccionario de la Academia  </I>entre los varios sentidos del término “familiar”: “9. Criado, sirviente.  // 10. Eclesiástico o paje dependiente y comensal de un Obispo”. Hasta  pocos siglos atrás era común referirse al servicio doméstico o al personal  encargado de ciertos servicios como “la familia”: “un familiar del Santo  Oficio”, “un familiar de la Capitanía…, del Virrey…, del Gobernador”. Se  distinguía, por ejemplo, entre la familia “de escalera arriba” (cocinero,  camarero, etc.), de la “de escalera abajo” (caballerizo, portero, etc.)<SUP>62</SUP>.  En este sentido clásico del término es como resulta absolutamente correcta  la traducción de que hablábamos como “familia”. No en el actual. Los romanos,  pueblo que funcionaba a base de contratos, no veían en el matrimonio sino  un contrato más. Un contrato que consistía precisamente en ejercer el <I>matri-monium  </I>o la función de madre que proporcionará el heredero al <I>paterfamilias</I>; y  que su función fundamental estaba centrada, por tanto, en su actividad  sexual con miras a tal heredero. No negamos que hubiese algunos matrimonios  en que se diera el afecto y el amor; y hasta en todos ellos, si se quiere.  Pero eso era secundario, eso no importaba, no se tomaba en cuenta. Según  Plutarco, las manifestaciones públicas de afecto entre los esposos estaban  prohibidas en Roma; nos cuenta cómo Catón el Viejo removió del Senado a  Manilio, por haber besado públicamente a su esposa: “Removió también del  Senado a Manilio, a quien se consideraba acreedor del consulado, porque  besó de día a su esposa a la vista de su hija, porque decía que él nunca  abrazaba a su mujer sino cuando había gran tormenta de truenos, y que era  feliz cuando tronaba”<SUP>63</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De modo que la primera comunidad –natural– del hombre y primera célula  de la <I>polis</I> es la casa; o la familia, si se quiere, pero entendida como  colectividad del ciudadano con sus esclavos, su familia. En esa casa o  familia, como se ve, el único <I>civis</I>, ciudadano, es el <I>paterfamilias</I> o –en  los griegos– el <I>oikodespótes</I>. El es el dueño del patrimonio. Hemos recibido  un significado un tanto viciado de la palabra latina <I>dominus</I>.<I> </I>La literatura  religiosa acentuó su sentido semántico como “señor”. Pero estamos viendo  que su primero y primordial significado era el de dueño. Si el Antiguo  Testamento insistía en el temor a Dios como origen de la felicidad humana  (“¡Dichoso el hombre que teme al Señor!”)<SUP>64</SUP>, el Nuevo puso el acento en  el amor. Por eso era preferible establecer con Dios vínculos de un subordinado  respecto a su superior, en los que cabía incluso la motivación amorosa,  que los de un esclavo con su dueño, relación basada más en el temor. Por  más que se reconozca su poder, era preferible llamar a Dios “Señor” que  “Dueño” o –como en griego– “Déspota”.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero de hecho, el <I>paterfamilias</I>, más que el señor, no es sino el <I>dominus  </I>que domina en la <I>domus</I> (“el que tiene el dominio en la casa [en la <I>domus</I>]”<SUP>65</SUP>)  y en sus miembros. Sin que tenga que dar explicaciones de sus decisiones,  por más caprichosas que parezcan. La evolución de la palabra latina <I>dominus</I>  al castellano<I> </I>termina en “dueño”<SUP>66</SUP>. El término griego que lo designa puede  ilustrarnos su misión: <I>oiko-despotes</I>: el déspota –dueño absoluto, jefe  sin nadie a quien rendir cuenta– de la casa. Si existió paralelismo entre  el término griego <I>oikodespotes</I> y el latino <I>paterfamilias</I>, y también respectivamente  entre <I>familia </I>y <I>oikía, </I>habremos de concluir que también lo hay entre <I>despotes</I>  y <I>pater</I>. El padre no fue en los comienzos otra cosa que el dueño. Eso y  no otra cosa era, según el Derecho Romano, el <I>paterfamilias</I>. Con el fin  del nomadismo, su patrimonio –propiedades móviles y rebaños– requiere de  una propiedad inmóvil, el suelo, donde guardarlas y conservarlas; es cuando  surge la casa. Pero, ¿cómo tuvo su origen esa casa y cómo estuvo organizada?</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Cuando el hombre era trashumante, era un pueblo, una <I>civitas</I>, buscando  lo necesario para la vida; pero sin territorio propio. Al hacerse sedentario,  se afinca en uno. Entonces construye su casa, su <I>domus</I> (del griego <I>domeo</I>,<B>  </B>construir), para guardar en ella todo lo que tiene, todo lo que necesita  para su supervivencia: sus aperos de labranza, sus rebaños (rebaño de vacas,  de ovejas, de cabras, de cerdos, y el rebaño de esclavos que necesitará  para esa labranza). Ese lugar, esa construcción es la <I>oikía</I>, que significa  también “bienes”; y <I>oikeóo</I> ”apropiarse”. En su casa guarda lo que tiene:  “tener”: en latín <I>habere</I>. Pero el frecuentativo de <I>habere</I> es <I>habitare</I>.  El ciudadano habita en su casa; es su “lugar de habitación”. Lugar no para  vivir, sino para tener; donde el ciudadano guarda sus bienes. Lugar donde  guarda lo suyo propio, que en latín se dice <I>proprius</I> y que, además de “propio”,  significa “más cerca”; porque el ciudadano está, así, más cerca, encima  de ello. Y, entre esos bienes, sus esclavos, considerados por la legislación  romana una “propiedad mobiliaria”, equiparable a la de sus caballos, vacas  y otro ganado.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estos dueños son los ciudadanos, los <I>civi</I> (<I>cieo</I> es poner en movimiento,  llamar), los llamados hacia la <I>koinonía</I> de la <I>polis.</I> Cuando los <I>paterfamilias</I>  son convocados por un interés común, cuando se asocian, se convierten en  <I>cives</I>; y surge la <I>civitas</I>, el conjunto de <I>cives</I>, no de habitantes. El conjunto  de personas que gozan del derecho (y privilegios) de ciudadanía; los demás  –esclavos, criados, trabajadores, extranjeros– no son <I>cives</I>. La <I>polis</I> o  <I>civitas</I> es el nombre colectivo de un grupo de privilegiados y de sus privilegios.  De nuevo, la ciudad la forma la ciudadanía; no un territorio.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero se va imponiendo la valorización del territorio, que terminará formando  la <I>urbs</I>, la urbe, dando inicio a regionalismos, nacionalismos y capillismos.  Superioridad de la urbe sobre el emigrante, del griego sobre el meteco;  comienza a surgir el concepto de bárbaro. Los <I>cives</I> romanos son los únicos  ciudadanos; los únicos que forman parte de la <I>civitas romana</I>, del Imperio  romano; únicos con derechos; únicos con civilización; superiores, pues,  a todos los demás, bárbaros.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero volvamos a la casa, <I>koinonía</I> más elemental y célula primera de la  <I>polis</I>. Ya dijimos que no pesaron en ella razones amorosas ni de consaguinidad,  y que su nombre de “familia” sólo se debió a la presencia en la casa de  algunos esclavos. Aristóteles puntualiza:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">“Observando el desarrollo de las cosas desde su origen… En primer lugar  se unen de modo necesario los que no pueden existir el uno sin el otro;  como la hembra y el macho para la generación (y esto no en virtud de una  decisión, sino de la misma manera que los demás animales y plantas, que  de un modo natural aspiran dejar tras sí<B> </B>otros semejantes)”<SUP>67</SUP>. Es decir:  en el primer origen de la casa, según Aristóteles, hay dos uniones. Atendamos,  de momento, a la primera de ellas, de la que nos dice que está formada  por dos individuos que no pueden vivir el uno sin el otro”.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Pero, ¡atención! Que en esta unión no hay lugar para cupidos. Faltan todavía  siglos para Romeo y Julieta. No se trata de ningún enamoramiento. Es simplemente  la unión de una hembra y un macho. No dice de un esposo y de una esposa;  ni dice de un hombre (<I>aner</I>; ni siquiera <I>anthropos</I>)– y de una mujer; sino,  en género neutro, <I>arren</I>, “lo masculino” y <I>thely</I>, neutro también, “lo femenino”,  “lo hembra”; hembra y macho para la generación; para la cual son necesarios  ambos, no puede tener lugar con uno sólo, el uno sin el otro. Asociación  consciente, sí, pero no en virtud de una decisión amorosa, sino por tendencia  natural, como de un modo natural los demás animales y plantas desean perpetuarse.  Esta es toda la “familiaridad” que exige la pareja griega y romana. No  por amor, sino por dejar tras de sí otro semejante, un heredero, quizá,  que asegure lo necesario cuando el <I>paterfamilias</I> no pueda ya valerse por  sí mismo. Y, si hemos de interpretar a Aristóteles, no podremos menos de  entender esta unión como natural: es –nos dice– el desarrollo de las cosas  “desde su origen”, es unión de modo “necesario”, es una aspiración tan  “natural” como la de otros animales.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El “déspota de la casa” ejerce poder y dominio también sobre esa mujer,  no importa si esposa o no. Aristóteles lo afirma sin rodeos: “en la relación  entre macho y hembra, el primero es superior y la segunda es inferior por  naturaleza; el primero rige, la segunda es regida”<SUP>68</SUP>. Y si sostiene que  “por naturaleza difieren la hembra y el esclavo”, la diferencia entre ellos  es mínima: se debe a que “la naturaleza no hace nada con mezquindad, como  hacen los forjadores el cuchillo de Delfos”, que igual debía servir para  descuartizar que para cortar en trozos, “sino cada cosa con un solo fin”<SUP>69</SUP>.  De modo que el <I>paterfamilias</I> ejercerá sobre la mujer un poder distinto  que sobre los esclavos; pero sólo mínimamente distinto; porque es la madre  del heredero, porque es la primera de las esclavas. La valora más que los  animales, pero menos que las posesiones de su casa: “Hesíodo dijo muy bien  en su poema: ‘Lo primero casa, mujer y buey para el arado’”<SUP>70</SUP>. También  entre los hebreos la mujer no era sino otra pertenencia más del hombre;  la redacción del Decálogo es sugerente al respecto: “No desearás la casa  de tu prójimo, ni su mujer, ni su esclavo ni su esclava, ni su buey, ni  su asno, ni nada que le pertenezca”<SUP>71</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, es preciso no engañarse. Que Aristóteles afirme que la hembra  y el esclavo sean distintos por naturaleza no significa que esté haciendo  concesiones a la mujer. Podrá parecer sutileza excesiva; pero entendemos  el pasaje precisamente en sentido contrario. Si Aristóteles no se opusiera  a que el ciudadano griego tratara a la mujer como al esclavo, estaría aceptando  que actuara como esclavo. Un miembro de la <I>polis</I> no puede actuar como esclavo;  y eso es precisamente lo que haría si, considerando a la mujer como esclava,  se uniese a ella para obtener hijos. Dejaría a la casa sin el elemento  con autoridad por naturaleza. Sólo los esclavos se relacionan con mujeres  esclavas. Sólo “entre los bárbaros la hembra y el esclavo tienen el mismo  rango”; porque tratan a la mujer como esclava; porque todos son esclavos;  porque bárbaro y esclavo son lo mismo. Por eso entre ellos no hay autoridad  ni gobernantes: “carecen de elemento que mande por naturaleza, y su comunidad  resulta de esclava y esclavo. Por eso dicen los poetas que ‘es justo que  los griegos manden sobre los bárbaros’, entendiendo que bárbaro y esclavo  son lo mismo por naturaleza”<SUP> 72</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La primera de las esclavas; pues es entre éstas de donde elige la madre  del heredero; las demás, quedarán como concubinas que cuiden al <I>dominus</I>.  Porque a los esclavos se les hace tales para la producción; y a las esclavas,  para la reproducción. No es la mujer el ama de la casa sino, si acaso,  un ama de casa. Si los niños sólo son ciudadanos incompletos, la mujer  tampoco llegaba a esa categoría, a juzgar por la <I>Ley de las XII Tablas</I>:  “Los antiguos romanos quisieron que las mujeres, aunque fueran adultas,  estuvieran bajo tutela, a causa de su ligereza de espíritu... excepto las  vírgenes Vestales, las cuales... quisieron que fueran libres; y así también  se previó en la Ley de las XII Tablas”<SUP>73</SUP>. Fijémonos en la razón de ello:  <I>propter animi levitatem</I>, “a causa de su ligereza de espíritu”; es decir,  por la levidad de su espíritu (la única gravedad que parecieron conceder  a la mujer sería la de la gravidez), por su intelecto sin peso, por la  misma irracionalidad que en los esclavos. Excepto las vírgenes Vestales,  destinadas a la prostitución oficial y cultual, oficialmente libres y oficialmente  vírgenes; con hijos, oficialmente también, virginales.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Junto al poder que el ciudadano ejerce sobre su hembra, está el que ejerce  sobre los hijos de ésta. Y nótese que decimos “sobre los hijos <I>de ésta</I>”.  Algunos sociólogos sostienen la teoría de que en los primeros tiempos no  se conocía la responsabilidad masculina en la procreación de los hijos;  esto era un asunto exclusivo –se creía– de la mujer. El hombre comprobaba  que en los demás mamíferos, con el estro anual, a la actividad sexual se  seguía normalmente la generación de hijos. Pero en la especie humana no  podía comprobar esto. No había un estro anual, la actividad sexual podía  realizarse mucho más a menudo, pero no siempre se seguía el nacimiento  de hijos. De ahí que se llegó a desvincular la generación de la intervención  masculina, y a no pensar demasiado en la responsabilidad del hombre respecto  a los hijos. Si la actividad sexual de los animales se vio siempre más  vinculada a la procreación, la del hombre quedó vinculada al placer. Ni  había, consecuentemente, demasiada vinculación del hombre con la mujer,  ni evidencia de dependencia de los hijos sino de sólo la mujer. Sólo paulatinamente,  con el correr del tiempo, el hombre iría vinculándose a “una” mujer y a  adquirir responsabilidad sobre sus hijos. No nos corresponde a nosotros  juzgar sobre la veracidad de esta teoría. Si es verdadera, lo que ella  sostiene quedaría muy bien reflejado, así sea como residuo, en la sociedad  romana.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En efecto, en esa dirección habría que entender el aforismo jurídico romano  <I>partus sequitur ventrem: </I>es decir, al momento del nacimiento, la condición  del recién nacido –libre o esclavo– dependía de lo que fuera la madre al  momento del parto, resultando absolutamente irrelevante la condición del  padre. De la misma manera, al dueño de la casa más que <I>pater, </I>se le llama  <I>paterfamilias</I>; porque <I>pater</I> es, sí, “causante”; pero más en el sentido  de causante de la <I>domus</I>, que causante de los hijos; a fin de cuentas, los  hijos que biológicamente tenga sólo lo serán jurídicamente si, al presentárselos  tras el nacimiento, los acepta mediante la “ceremonia” de la <I>sublatio</I> o  acción de tomar en sus manos al hijo recién nacido. Porque en Roma no se  “tenían” hijos, sino que se “tomaban” (<I>sublatio</I> deriva del verbo <I>tollo</I>,  que significa “tomar”). De hecho, haya procreado o no hijos, y a fin de  asegurar la continuidad de la familia, su heredero podría ser un adoptado:  “filios familias non solum natura, verum et adoptiones faciunt”<SUP>74</SUP>. Augusto,  el primer emperador, al morir (año 14), dejó el trono a su hijo adoptivo  Tiberio. Por eso al hijo no se le llama <I>filius </I>(hijo), sino <I>liber</I> (libre);  nacido de madre elegida para que el hijo nazca libre, o adoptado como tal.  Nacido libre, sí; pero a futuro. Porque algún día será libre, pero no porque  lo sea: “tampoco los niños son ciudadanos del mismo modo que los hombres,  sino que éstos lo son absolutamente, y aquéllos supuestamente, pues son  ciudadanos, pero incompletos”<SUP>75</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Libres, sin más; sin que el <I>paterfamilias</I> adquiera con ellos obligaciones  de paternidad, ni los hijos derechos. Surgidos sólo ante la necesidad del  padre de asegurarse la ancianidad con un heredero; una seguridad poco menos  que comprada mediante una herencia. Y para obviar imprevistos, se buscarán  otros hijos más, nacidos de la madre del heredero; éste es, en definitiva,  quien da legitimidad al resto de hermanos. En cuanto <I>filius</I>, el hijo sólo  tiene que ver con la <I>femina</I>, la hembra-madre, ambos nombres derivados del  inusitado verbo <I>feo</I> –como “felación” y “filiación”, “fecundo” y “fértil”–  y ambos nombres en referencia a la acción, activa o pasiva, de mamar. Eran  los residuos de los primeros tiempos, en los que no se veía responsabilidad  alguna en la procreación de los hijos por parte del padre. Mientras que,  tras la periódica época de celo en las hembras animales, su apareamiento  ocasionaba casi indefectiblemente un embarazo, por más que con la hembra  humana la actividad sexual fuera más frecuente, no siempre se sucedía una  concepción. Por lo que no quedaba claro que la intervención masculina tuviera  algo que ver en tal concepción. Por consiguiente, ni quedaba justificada  la vinculación hombre-mujer, ni la filiación se veía como una relación  que involucrara al padre, ni éste adquiría obligaciones sobre los hijos.  También, pues, sobre éstos el <I>paterfamilias</I> ejercería el poder de dominio.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Hay, continúa Aristóteles, una segunda unión constitutiva de la casa, a  la que ya hicimos alusión: la de “el que<B> </B>por naturaleza<B> </B>manda y el súbdito…  El capaz de prever mediante su razón es por naturaleza jefe y es por naturaleza  dueño (<I>despótes</I>, señor); y el capaz de hacer esto con su cuerpo es súbdito  y esclavo por naturaleza; por eso al dueño y al esclavo interesa lo mismo”<SUP>76</SUP>.  Hay en la casa otros dos individuos, uno de los cuales –el ciudadano– manda  por naturaleza; y el otro, que es esclavo por naturaleza. Aristóteles subraya  la sabiduría de la naturaleza quien, para seguridad y supervivencia de  ambos, determinó que uno fuera capaz de prever la vida, y por eso fuera  –por naturaleza– jefe y dueño; mientras al otro la naturaleza, ya que no  le había dotado de razón deliberativa, le proporcionó un cuerpo vigoroso  para ser esclavo. Y si de la primera unión, la del macho y hembra, decíamos  que era una unión natural, está aún más claro en el texto de Aristóteles  que la del amo y el esclavo también lo es: se es dueño o esclavo “por naturaleza”.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Resume Aristóteles: “De estas dos <I>koinonías</I> [la de hembra-macho y dueño-esclavo],  procede en primer lugar la casa”<SUP>77</SUP>. Este es, pues, el origen natural de  la casa, a cuya base se encuentra necesariamente, por naturaleza, infaltablemente  (si ha de ser auténtica casa, de auténticos miembros de la <I>polis,</I> casa-célula  de ésta)<I> </I>la relación dueño-esclavo; lo afirma categóricamente: “la casa  perfecta se compone de esclavos y libres”<SUP>78</SUP>. Más bien diríamos que se compone  de un libre y otros más que, o son esclavos, o provienen del contingente  familiar de esclavos. También desde el punto de vista cristiano, Tertuliano  sostuvo que las relaciones esposo-esposa, padre-hijo y amo-esclavo eran  las tres estructuras básicas de la autoridad<SUP>79</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Y ¿para qué esa casa? Responde Aristóteles: “la <I>koinonía</I> constituida por  naturaleza para las necesidades de cada día es la casa”<SUP>80</SUP>. De nuevo, nada  de motivos amorosos o de consanguinidad. A los componentes de la casa –tomando  las expresiones de anteriores prominentes griegos<SUP>81</SUP> sólo se les podría  llamar “compañeros de panera” y “del mismo comedero”; algo así como “del  mismo pesebre”. Porque lo que proporciona la casa es alimento y calor;  es decir, la solución a las primeras necesidades diarias. Y para eso, el  trabajo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Luego vendrá la aldea: “La primera <I>koinonía</I>, formada por varias casas,  debido a necesidades no cotidianas, es la aldea”<SUP>82</SUP>. Así, casa y aldea proporcionan  lo necesario y deleitable de la vida. Para ello es necesario el trabajo  manual; es decir que es necesaria –naturalmente necesaria, según Aristóteles–  la existencia de esclavos que realicen el trabajo, aunque sea obligados.  Si, pues, la casa es <I>koinonía</I> elemental y célula primera de la <I>polis</I>, y  casa y aldea son requisitos imprescindibles para la existencia de esa <I>polis</I>,  y en ellas resulta imprescindible la esclavitud, quiere decir que, también  por naturaleza, ésta es imprescindible también para la <I>polis</I> misma –comunidad  perfecta– y para que los ciudadanos puedan dedicarse al ocio que supone  el gobierno político. Recordemos que “robot” es una palabra checa que no  significa sino “trabajo obligado”<SUP>83</SUP>. Los esclavos no fueron sino los robots  de otros tiempos; con la diferencia de que sufrían en carne propia –que  no tenían los robots mecánicos– los sufrimientos de sus obligaciones.</FONT></P>  <font face="Verdana" size="2"></font>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Creemos que no es exagerado concluir que la esclavitud fue para los griegos  elemento imprescindible para la democracia que ellos idearon. No para que  ésta funcionara mejor; simplemente para que funcionara. Sin esclavitud  no hubiera sido posible ni el primer elemento constitutivo de la <I>polis</I>;  ni <I>polis</I>, ni aldeas, ni viviendas. Al menos, tal como el mundo occidental  las concibió. Esclavitud la hubo en muchos pueblos; seguramente en todos.  Pero si fueron los griegos quienes inventaron la democracia, tuvo que ser  un griego quien, no tanto y no sólo justificara la esclavitud, sino más  bien la imbricara como cuasi-esencial en la misma democracia, y en la misma  <I>polis, </I>sociedad civil. El caso es que poco se subraya este aspecto. Quizá  por no querer achacar a la tan frecuentemente alabada democracia este pecado  original con que nace. Pero nos parece que se trata de un aspecto que sí  debe ser tenido en cuenta a la hora de explicar la esclavitud, tal como  se dio en Occidente.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Bibliografias</font></b></P>     <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1. Diop, Ch. A., “Civilisation africaine”, en <I>Horizons, la revue de la paix</I>,  Paris, 1957.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1712936&pid=S0798-1171200700010000100001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. NAVARRETE, J., <I>Arca de letras y Teatro Universal</I>. ed. B. Bruni Celli, vol.  I, Caracas, 1993, p. 350.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1712937&pid=S0798-1171200700010000100002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></p>     <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">1. </font> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Homero, <I>Odisea</I>, XVII, 382.</FONT></P>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. ARISTOTELES, <I>Metafísica,</I> L. I; cfr. ID., <I>Etica</I>, L. VI.</FONT></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3. “Es, pues, natural que quien en los primeros tiempos inventó un arte cualquiera…  fuese admirado por los hombres, no sólo por la utilidad de alguno de los  inventos, sino como sabio… y que, al inventarse muchas artes, orientadas  unas a las necesidades de la vida y otras a lo que la adorna, siempre fuesen  considerados más sabios los inventores de éstas que los de aquéllas, porque  sus ciencias no buscaban la utilidad. De aquí que, constituidas ya todas  estas artes, fueran descubiertas las ciencias que no se ordenan al placer  ni a lo necesario; y lo fueron primero donde primero tuvieron ocio los  hombres”: ARISTOTELES, <I>Metafísica,</I> I, 1, 981b 13-25. “Si filosofaron para  huir de la ignorancia, es claro que buscaban el saber en vista del conocimiento,  y no por alguna utilidad… Pues esta disciplina comenzó a buscarse cuando  ya existían casi todas las cosas necesarias y las relativas al descanso  y al ornato de la vida. Es, pues, evidente que ni la buscamos por ninguna  otra utilidad, sino que, así como llamamos hombre libre al que es para  sí mismo y no para otro, así consideramos a la Filosofía como la única  ciencia libre”: ID., I, 2, 982b 20-24.</FONT></P>      <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4. Herodoto, <I>Historia</I>, II, 167.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5. Platon, <I>República</I>, L.V. </FONT></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. ARISTOTELES, <I>Política, </I>1278a 6-8. Debido a las diferentes ordenaciones  de los capítulos y Libros de la <I>Política</I>, según las diferentes ediciones,  para esta obra daremos solamente la referencia a la página de la edición  de Bekker.</FONT></P>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">7. “Illiberales autem et sordidi quaestus mercennariorum omnium, quorum operae,  non quorum artes emuntur; est enim in illis ipsa merces auctoramentum servitutis… Opificesque omnes in sordida arte versantur; nec enim quicquam ingenuum habere potest officina”: CICERON, <I>De Officiis</I>, I, 150.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8. Plutarco, <I>Vidas paralelas, Numa</I>, XVII.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. ARISTOTELES, <I>Política, </I>1278a 8; y 1277b 43-5. </FONT></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10. NAVARRETE, J., <I>Arca de letras y Teatro Universal</I>, ed. B. Bruni Celli, vol.  I, Caracas, 1993, p. 350.</FONT></P>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11. “Artes serviunt vitae, sapientia imperat”: SENECA, <I>Epistulae</I>, 85.32.</FONT></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. </font> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">“El fin de la producción (<I>poiesis</I>) es distinto de ella, pero el de la acción  (<I>praxis</I>) no puede serlo”: ARISTOTELES, <I>Ethica</I>, VI, c. 5, 1140b 6.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13. “Numquam se minus otiosum esse, quam cum otiosus”: CICERON, <I>De officiis</I>,  3, 1, 1.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14. Diop, Ch. A., “Civilisation africaine”, en <I>Horizons, la revue de la paix</I>,  Paris, 1957.</FONT></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">15. “Es evidente que la polis es por naturaleza, y que el hombre es por naturaleza  un animal político, y que el á-polis por naturaleza y no por azar, o es  un de clase inferior o de clase superior al hombre”: ARISTOTELES, <I>Política,  </I>1253a 2-4.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16. “Nam, ut eleganter Celsus definit, ius est ars boni et aequi”: “Pues como  elegantemente define Celso, el derecho es la técnica de lo bueno y de lo  justo”: <I>Digestum, </I>1.1.1 “Cuius merito quis nos sacerdotes appellet: iustitiam  namque colimus et boni et aequi notitiam profitemur, aequum ab iniquo separantes,  licitum ab illicito discernentes, bonos non solum metu poenarum, verum  etiam praemiorum quoque exhortatione efficere cupientes, veram nisi fallor  philosophiam, non simulatam affectantes”: “En razón de lo cual se nos puede  llamar sacerdotes; en efecto, rendimos culto a la justicia y profesamos  el saber de lo bueno y de lo justo, separando lo justo de lo injusto, discerniendo  lo lícito de lo ilícito, anhelando hacer buenos a los hombres, no sólo  por el temor de los castigos, sino también por el estímulo de los premios,  dedicados, si no yerro, a una verdadera y no simulada filosofía”: <I>ID.,</I>  1.1.1.1. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">17. “Resulta evidente: pues, como decimos, la naturaleza nada hace en vano;  y el hombre es el solo animal que tiene logos. Pues la voz es signo del  dolor y del placer, y por eso la tienen los demás animales (porque su naturaleza  les permite tener sensación de dolor y de placer y significársela unos  a otros). Pero el logos es para la manifestación de lo conveniente y lo  perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre  frente a los demás animales: que él sólo tiene el sentido de lo bueno y  lo malo, de lo justo y lo injusto, y de lo demás”: ARISTOTELES, <I>Política,</I> 1253a 9-17.- Cfr. QUINTILIANO, <I>Institutio Oratoria</I> 2.1. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18. ARISTOTELES<I>, Et. Nic.</I>, IX, 9, 1170b 11ss.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19. ARISTOTELES, <I>Política, </I>1252b 9. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 20. EURIPIDES, <I>Ifigenia en Aulide</I>, 1400; ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1252b 7. También  Esquilo: “De ningún hombre ellos [los griegos] son esclavos ni súbditos”:  ESQUILO, <I>Los Persas</I>, 241.</FONT></P>      <p align="justify"><font color="#000000" face="Verdana" size="2">21.  ARISTOTELES, <i>Política</i>, 1327b 23-31.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" face="Verdana" size="2">22. “En cuanto  al presente estudio… antes no había absolutamente nada”: ARISTOTELES, <i>Soph.  Elench.</i> 34 183b 35-36.</font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" face="Verdana" size="2">23.  ARISTOTELES, <i>Política</i>, 1252a 30-34.</font></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">24. ID.<I>, </I>1254b 21-23.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 25. ID., 1260a 12.</FONT></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">26. ID.<I>, </I>1253b 31-32.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 27. ARISTOTELES, <I>Et. Nic.</I>, VIII, 11, 1161b, 3-4.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 28. “Instrumenti genus vocale et semivocale et mutum; vocale, in quo sunt servi;  semivocale, in quo sunt boves; mutum, in quo sunt plaustra”: VARRON, <I>De  re rustica, </I>I, 17.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">29. ARISTOTELES, <I>Política, </I>1254a 1-2.</FONT></p>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 30. ID.<I>, </I>1253b 33 – 1254a 1.</FONT></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 31 ID.<I>, </I>1254a 5-8.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 32. “El que, siendo hombre, por naturaleza no se pertenece a sí mismo sino  a otro, éste es esclavo por naturaleza. Es hombre de otro el que, siendo  hombre, es una propiedad”: ID.<I>, </I>1254a 14-16.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 33. ID., <I>Metafísica,</I> I, 1, 982b 20-24.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 34. Cfr. ID<I>., Política, </I>1254a 34-35, y 1254b 3 y 10-13.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 35. “Todos los que difieren de los otros como el alma del cuerpo o el hombre  del animal (se encuentran en esta disposición todos aquellos cuyo rendimiento  es el uso del cuerpo, y esto es lo mejor que pueden aportar) son esclavos  por naturaleza, y para ellos es mejor estar sometidos a esta clase de imperio”:  ID.<I>, </I>1254b 15-20.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 36. ID.,<I> </I>1254b 27–30.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 37. ID.,<I> </I>1254a 23.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 39. “La práctica de la guerra no debe hacerse, por esto, para someter a esclavitud  a pueblos que no lo merecen, sino, primero, para evitar ser esclavizados  por otro; segundo, para buscar la hegemonía por el bien de los gobernados,  y no por dominar a todos; y tercero, para gobernar despóticamente a los  que merecen ser esclavos”: <I>Política</I>, 1333b 39 -1334a 2. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 40. ID., 1255b 38</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 41. ID., 1256b 23-26.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 42. Véase, p. ej., Homero, <I>Odisea</I>, XVII, 382.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 43. S. AGUSTIN, <I>De Civitate Dei</I>, 1.15. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 44. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1252a 1-7.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 45. “Quamplurimae gentes pacifice viventes et, ut asseritur, nudi incedentes  nec carnibus vescentes”: Bula <I>Inter caetera</I>, de 4-5-1493.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 46. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1280b 13-15.  </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 47. ID., 1253a 2.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 48. ID., 1252b 30-32.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 49. “Es claro lo dicho, si lo estudiamos según nuestro método habitual. Pues  así como en otros casos es necesario dividir lo compuesto hasta sus elementos  simples (pues éstos son los mínimos del todo), así también, atendiendo  a qué elementos componen la ciudad, veremos mejor en qué difieren sus elementos  y si se puede obtener algún resultado científico”: ID., 1252a 17-22.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 50. Cfr. ID., 1252b 17.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 51. “Domum pusillam rem publicam esse iudicaverunt”: SENECA, <I>Epistulae</I> 47.14.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 52. <I>La philosofia moral del Aristotel, es a saber Ethicas, Polithicas y Economicas,  en romançe,</I> Çaragoça, por industria y despensa de Gorge Coci Aleman, 1509;  ed. facs.; Aristoteles, <I>Política y Económica,</I> Universidad y Real Colegiata  de León, León. 1996.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 53. <I>Los ocho libros de República, del filósofo Aristóteles, traducidos originalmente  de lengua griega en castellana por Pedro Simón Abril, natural de Alcaraz...  y declarados por él mismo con unos comentarios,</I> En Çaragoça, impresos en  casa de Lorenço y Diego de Robles hermanos, 1584; <I>Aristóteles: Política</I>,  trad. de Pedro Simón Abril, Folio, Barcelona, 2002.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 54. <I>Obras de Aristóteles</I> puestas en lengua castellana por D. Patricio de Azcárate,  vol. III, <I>Política,</I> Medina y Navarro editores, Madrid 1874. Las reediciones  corrieron a cargo, fundamentalmente, de Espasa-Calpe; la más reciente en  Madrid, 2005. Edición digital en http://www.filosofia.org/cla/ari/azc03.htm,  y otras varias.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 55. <I>Aristóteles</I>, <I>Política,</I> ed. bilingüe de J. Marías y M. Araújo, Instituto  de Estudios Políticos, Madrid 1951; Madrid, 2005. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 56. P. ej., la de Patricio de Azcárate sólo en una ocasión (en 1252b 11) utiliza  el término “casa”. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 57. “...ad corporis cuiusdam significationem, quod aut iure proprio ipsorum  aut communi universae cognationis continetur. Iure proprio familiam dicimus  plures personas, quae sunt sub unius potestate aut natura aut iure subiectae,  ut puta patrem familias”: <I>Digestum</I>, 50.16.195.2.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 58. Cfr. <I>Digestum</I>, 50.16.195.3. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 59. “<I>Pueri</I> appellatio tres significationes habet: unam, cum omnes servos pueros  appellaremus; alteram, cum puerum contrario nomine puellae diceremus; tertiam,  cum aetatem puerilem demonstraremus”: “La palabra <I>puer </I>tiene tres significados:  uno, cuando llamamos <I>pueri </I>a todos nuestros esclavos; otro, cuando contraponemos  niño a niña; el tercero, cuando nos referimos a la niñez”: <I>Digestum</I>, 50.16.204</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 60. “Unicus servus familiae appellatione non continetur: ne duo quidem familiam  faciunt”: <I>Digestum</I>, 50.16.40.3.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 61. “Tres faciunt collegium”, aforismo jurídico basado en “Neratius Priscus  tres facere existimat “collegium”: <I>Digestum</I>, 50.16.85.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 62. Véase, p. ej., la Cédula de 22-3-1693 sobre el uso de los lutos en Indias:  “…que no se puedan poner lutos ningunas personas de la familia, aunque  sean de escalera arriba… que las libreas que dieren a los criados de escalera  abajo…”: MURO OREJON, A., <I>Cedulario americano</I>, I, Sevilla, 1956, p. 493. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 63. PLUTARCO, <I>Vidas paralelas. Marco Catón, </I>XVII, 7.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 64. Sal 112, 1.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 65. “Pater autem familias appellatur, qui in domo dominium habet: recteque  hoc nomine appellatur, quamvis filium non habeat: non enim solam personam  eius, sed et ius demonstramus”: “Se llama padre de familia al que tiene  dominio en la casa [en la domus], y se le llama así con propiedad, aunque  no tenga hijo, pues el término no designa sólo a la persona, sino su derecho”:  <I>Digestum</I>, 50.16.195.2.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 66. El proceso habría sido: dominus ’ domino ’ domno ’ doño ’ dueño.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 67. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1252a 26-30.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 68. ID., 1254b 13-14</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 69. ID., 1252b 1-3; cfr. ATENEO DE NAUCRATIS, <I>Deipnosofistas</I>, 173c: “Los de  Delfos eran famosos por sus cuchillos que servían a la vez para varios  empleos: matar la víctima, descuartizarla y cortarla en trozos”.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 70. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1252b 10-11; HESIODO, <I>Los trabajos y los días</I>, 405</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 71. <I>Ex</I>. 20, 17. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 72. ID., 1252b 5-9. Cfr. Euripides, <I>Ifigenia en Aulide</I>, 1400.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 73. “Veteres enim voluerunt feminas, etiamsi perfectae aetatis sint, propter  animi levitatem in tutela esse;...exceptis virginibus Vestalibus, quas...  liberas esse voluerunt: itaque etiam lege XII tabularum cautum est”:<B> </B><I>Ley  XII Tablas</I>, V, 1.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 74. “No sólo la naturaleza hace hijos de familia, sino también las adopciones”:  <I>Digestum</I>, 1.7.1.pr.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 75. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1278a 4-5. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 76. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1253a 30-34.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 77. ID., 1252b 9-10.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Times"> 78. ID., 1253b 4. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Times"> 79. TERTULIANO, <I>Apologético</I>, 3, 4.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 80. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1252b 13.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 81. Específicamente del legislador de Catania (s. VI a.C.) Carondas; y del  que sería el último de los Siete Sabios de Grecia, Epiménides de Festos.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 82. ARISTOTELES, <I>Política</I>, 1252b 15-16.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 83. Palabra introducida por el drama <I>R.U.R</I>. (Rossum´s Universal Robots) del  checo Karen Capek (estreno: Praga 25-1-1921).</FONT></P>       ]]></body>
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<surname><![CDATA[Diop]]></surname>
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<article-title xml:lang="en"><![CDATA[“Civilisation africaine”]]></article-title>
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<year>1957</year>
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<surname><![CDATA[NAVARRETE]]></surname>
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