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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><b><font color="000000" face="Verdana" size="3"> DAWKINS, Richard: <I>The God Delusion</I>. Houghton Miffilin Company, Boston,  2006, 406 pp.</font></b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Richard Dawkins es una personalidad bastante conocida en el mundo de la  biología y de las ciencias en general. Su indiscutible carisma (acompañado  de cierta dosis de arrogancia) también le ha permitido convertirse en un  exitoso presentador de televisión, y puede pensarse que sus programas han  venido a convertirse en los herederos del inolvidable <I>Cosmos </I>de Carl Sagan.  No existe mayor riesgo en asegurar que Dawkins es el mayor exponente de  la teoría de la evolución en la actualidad, y en las últimas décadas ha  tomado gran entusiasmo en defender la teoría de Darwin contra los ataques  del movimiento creacionista y los promotores de la teoría del ‘Diseño Inteligente’.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Existe un gran debate respecto a la religión de Darwin. La mayoría de los  biógrafos coincide en que Darwin permaneció agnóstico hasta el momento  de su muerte. Pero, lo que realmente se debate es si la teoría de la evolución  es compatible con el teísmo. En su momento, Pierre Teillhard de Chardin  intentó reconciliar el darwinismo con el cristianismo, y hasta el día de  hoy, el Vaticano ha avalado la teoría de la evolución, y salvo las corrientes  evangélicas de origen estadounidense, casi todos los cristianos y judíos  aceptan que sí ha habido evolución. No obstante, existe un grupo de defensores  de la teoría de la evolución que considera que el darwinismo es incompatible  con el teísmo; lógicamente, estos autores abrazan el ateísmo. Pues bien,  Dawkins encabeza este grupo, y <I>The God Delusion</I> es su manifiesto ateo:  no sólo se limita a exponer por qué considera que es casi seguro que Dios  no existe, sino también por qué creer en Dios es un delirio peligroso que  ha generado, y sigue generando, más mal que bien en el mundo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>The God Delusión </I>es el corolario de un filme documental producido por Dawkins  en 2006, <I>The Root of All Evil?</I><SUP>1</SUP>. El libro en cuestión refleja muchos de  los rasgos de la personalidad de Dawkins: brillantez y lucidez, pero también  arrogancia e intransigencia. Está escrito en un estilo accesible a audiencias  no especializadas, pues hace un uso particular de anécdotas. Dawkins domina  muy bien el sarcasmo como recurso retórico, y el lector puede llevarse  varias carcajadas cuando se exponen muchos absurdos e irracionalidades  de las creencias religiosas. Bien puede pensarse en Dawkins como un Voltaire  de la biología. Pero, en ocasiones, el libro se torna agresivo e inclemente,  y se aprovecha de algunas opiniones escandalosamente mediocres emitidas  por algunos representantes religiosos (tele-predicadores, fundamentalistas,  etc.), para distorsionar como totalmente irracional alguna creencia religiosa  que en realidad guarda cierto sentido y raciocinio.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para exponer su opinión según la cual ciencia y la religión son irreconciliables,  Dawkins toma como punta de lanza a Einstein. Muchos han querido ver en  Einstein el paladín del científico moderno que conserva la creencia en  Dios, pero Dawkins niega que eso sea así. Según Dawkins, el ‘Dios’ sobre  el cual se pronunció Einstein no es más que el conjunto de las leyes del  universo, y su uso de la palabra ‘Dios’ no fue más que un recurso retórico  para referirse a cuán precisas y perfectas son esas leyes, <I>no </I>para señalar  la existencia de un ente sobrenatural que creó el universo.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Asimismo, Dawkins considera que no es legítimo establecer una línea de  separación entre ciencia y religión, como si la última se desenvolviese  en otro plano, otra dimensión que no concierne a la ciencia. La religión,  sostiene Dawkins, sí tiene pretensiones científicas, pues atribuye fenómenos  inexplicables dentro de los límites de nuestro tiempo y nuestro espacio;  <I>no </I>en otra dimensión. La creencia es que Jesús resucitó en Palestina en  el siglo I, un tiempo y un espacio real, no en un plano inaprehensible  a la ciencia. De forma tal que Dawkins considera que, puesto que la religión  tiene pretensiones sobre el mundo que la ciencia explica, pronunciarse  sobre Dios es una hipótesis científica susceptible de ser verificada o  rechazada por el mismo método que verifica o rechaza la existencia de un  elefante.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, Dawkins se propone refutar aquellos intentos racionales que alegan  haber probado la existencia de Dios. De sobra es conocido que el mejor  exponente de ese intento racional por probar la existencia de Dios es Santo  Tomás de Aquino, y Dawkins parte del escolástico para refutar tales pruebas.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Frecuentemente se sostiene que las primeras tres pruebas esgrimidas por  Aquino, (<I>ex motu</I>, <I>ex causa, ex contigentia</I>) realmente se refieren a un  mismo principio: todo tiene una causa, o es movido por algo, pero no podemos  regresar al infinito en una cadena causal, pues debe haber algo que causó  sin que fuese causado, y a este agente lo podemos llamar ‘Dios’. Dawkins  objeta que no se puede asumir que Dios sea inmune a la regresión causal;  en otras palabras, si Dios es causa de todo, ¿cuál es la causa de Dios?  Dawkins pareciera no tener dificultad en concebir una cadena causal que  se prolonga al infinito. Por mi parte, creo que mi juventud aún no me ha  permitido pronunciarme en definitiva sobre la existencia o inexistencia  de Dios, y por los momentos, declaro mi agnosticismo. Pero, he de reconocer  que la prueba para la existencia de Dios que más llamativa me resulta es  precisamente el ‘argumento cosmológico’ de las tres primeras pruebas de  Aquino: no logro concebir un mundo en el que haya una regresión causal  infinita; en algún momento la cadena causal debe detenerse, y este agente  que causa sin ser causado bien puede ser llamado ‘Dios’, en tanto es diferente  al resto de las cosas que son causadas por otros agentes. De forma tal  que, en oposición a Dawkins, yo sí estoy dispuesto a dar crédito al argumento  cosmológico.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Dawkins sostiene que aún si se aceptase que existe una primera causa, no  existe base para sugerir que esta causa tiene atributos divinos. En esto  podría estar parcialmente de acuerdo. Ciertamente un Primer Motor no necesita  ser omnipotente u omnisciente, pero sí creo que conserva algún atributo  divino, en el sentido de que, si causa sin que sea causado, ya es diferente  al resto de las cosas, y esa diferencia podría ser suficiente para que  le llamemos ‘Dios’. Dawkins considera que llamar ‘Dios’ a, por ejemplo,  el fenómeno del <I>Big Bang</I>, es equívoco, pues ese <I>Big Bang </I>no tiene los atributos  que tradicionalmente se le confiere a la divinidad. Pero, repito: si ese  <I>Big Bang </I>fue causa de algo sin que él mismo fuese causado, entonces ya  podríamos denominarlo ‘Dios’, pues es diferente al resto de los fenómenos,  y un atributo de la divinidad es precisamente su carácter extraordinario.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Dawkins dedica muy breve atención a la cuarta prueba de Aquino (<I>ex gradu</I>)  y a otros argumentos tradicionales para la existencia de Dios, como la  prueba ontológica de san Anselmo, la apuesta de Pascal, o las experiencias  religiosas. Todos los refuta con bastante éxito, especialmente el argumento  de la apuesta de Pascal.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A la quinta prueba de Aquino, la teleológica (<I>ex fine</I>), Dawkins dedica  extensa atención para intentar refutarla. Según este argumento, el mundo  tiene un orden y una perfección evidente, y este orden debió venir de una  inteligencia superior, un diseñador cósmico, a quien se puede llamar ‘Dios’.  Dawkins exhibe toda su erudición como biólogo para demostrar que tal designio  no es evidente en la evolución de las especies. Dawkins reafirma su posición  darwinista, e insiste en que la apariencia de designio en los diferentes  organismos no obedece a un ente diseñador, sino a un proceso de selección  natural acumulativa que va perfeccionando gradualmente las estructuras  de los organismos. A este punto de vista, algunos creacionistas han objetado  el principio de la ‘complejidad irreducible’; a saber, que muchas estructuras  no pueden haber surgido gradualmente, pues si no se desarrolla por completo  tal estructura, no tiene ninguna funcionalidad (el ojo y el ala, en particular,  son estructuras frecuentemente señaladas por los creacionistas como ejemplos  de la ‘complejidad irreducible’). Con bastante maestría, Dawkins demuestra  que ni el ala ni el ojo son estructuras de complejidad irreducible, y su  desarrollo se explica mejor por la selección natural que por el designio.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero, Dawkins debe explicar el origen de la vida (no sólo su desarrollo),  así como la perfección del universo y las leyes de la física para promover  la vida, y éstos son difícilmente explicables a partir de la selección  natural darwinista. Dawkins reconoce que las condiciones que generaron  la armonía del universo y el origen de la vida son inmensamente improbables.  La complejidad de nuestro mundo es difícilmente alcanzable por mero azar.  Pero, de esto no debe deducirse que tras esos eventos se encuentre un diseñador  inteligente (Dios). Pues, y he aquí el núcleo de la argumentación de Dawkins,  si nuestro mundo resulta improbable por su complejidad, sería aún más improbable  y complejo un Dios que haya diseñado semejante complejidad. Así, en opinión  de Dawkins, argumentar que un mundo tan complejo sólo puede venir del diseño  divino no resuelve nada, pues, inmediatamente debemos formularnos la pregunta:  ¿qué diseñó al diseñador? De forma tal que, si bien Dawkins reconoce que  nuestro mundo ha sido altamente improbable, sostiene que aun así, contra  la probabilidad, ha venido a ser.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A favor de Dawkins se podría esgrimir lo siguiente: aun contra una alta  probabilidad, yo puedo ganar la lotería. El hecho de haberla ganado no  implica que un ente divino me favoreció en el sorteo. Las improbabilidades  pueden ocurrir, y por más que sorprendan, deben aceptarse. ‘Improbable’  no es sinónimo de ‘imposible’. Pero, se podría objetar a Dawkins lo siguiente:  postular que existe un Dios que ha diseñado el universo no constituiría  mayor problema si se sostiene que, precisamente por ser divino, el diseñador  no necesita ser diseñado. Por mi parte, la prueba teleológica para la existencia  de Dios me parece débil, pues si Dios en realidad diseñó este mundo, su  diseño es mediocre. Pero, rechazo la argumentación de Dawkins según la  cual debemos preguntarnos quién diseñó a Dios. Con Dawkins, estoy dispuesto  a admitir que es menester reconocer la enorme improbabilidad de que nuestro  mundo haya venido a ser, pero de tal improbabilidad no se desprende un  designio divino.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aun si Dios no existiera, Dawkins debe responder a la siguiente pregunta:  ¿por qué todas las sociedades han tenido alguna forma de religión? Dawkins  sostiene que la religión pudo haber tenido alguna función en sus inicios,  lo suficiente como para asegurar su existencia por milenios, pero que esa  función se dejó de cumplir hace tiempo ya, y es menester dejar de lado  las instituciones religiosas. Dawkins estima que la religión es un ‘efecto  secundario’ de ciertos rasgos que se volvieron ventajosos en la evolución  humana. En particular, considera Dawkins, la religión como sistema de adoctrinamiento  sirvió para inhibir a las crías humanas y obligarlas a aceptar la autoridad  de los padres, cuestión que tuvo el efecto ventajoso de alejar a las crías  vulnerables del peligro. Pero, como efecto secundario, ha empequeñecido  nuestra capacidad racional, y hoy en día la religión es más desventajosa  que ventajosa. Por mi parte, yo sostengo un punto de vista similar al de  Dawkins: la religión ha servido para preservar a la especie (le ha ofrecido  consuelo en situaciones ante las cuales se desesperaría, ha promovido la  solidaridad social, etc.), pero no creo que siga siendo necesaria para  nuestra supervivencia; al contrario, el resurgir del fundamentalismo parece  indicar que actualmente la religión es más peligrosa que ventajosa.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como ateo, Dawkins también debe oponerse al argumento teísta según el cual,  sin Dios, nuestra moralidad sería inexistente. En vena kantiana, Dawkins  se adscribe a la opinión según la cual es verdaderamente moral la acción  que es buena por sí misma, en oposición a la acción moral sólo por temor  a la vigilancia de algún policía divino. Es más fructífero y moralmente  superior hacer el bien por el bien mismo, que por temor a ser castigado  por Dios. Ahora bien, si la raíz de nuestra moralidad no es el temor a  Dios, entonces, ¿cuál es el origen de la moralidad? Dawkins regresa a las  teorías por las cuales se hizo famoso con la publicación de su libro <I>El  gen egoísta</I> hace treinta años, para explicar la moralidad. Hacemos buenas  acciones para con los demás fundamentalmente por tres razones, ninguna  de las cuales tiene que ver con Dios: 1) Ayudando a nuestros semejantes,  perpetuamos nuestros genes; 2) En la medida en que somos buenos con los  demás, esperamos reciprocidad; 3) La acción moral nos alimenta un sentido  de superioridad por encima del receptor de nuestras buenas acciones. Estas  explicaciones me resultan un poco rudimentarias, pero no las desecho del  todo. Soy de la opinión que, probablemente la teoría del contrato social  y el cálculo de medios, vinculada a la segunda razón esgrimida por Dawkins,  sea la que mejor explique el origen de la moralidad: somos buenos porque  adquirimos conciencia racional de que, a la larga, nuestra acción moral  terminará por beneficiarnos. A esta moral se podría objetar lo mismo que  Dawkins objeta a la moral religiosa: no defiende el bien por el bien mismo,  sino en espera de una retribución futura. La diferencia, supongo, radica  en el hecho de que, allí donde es plausible que otro ser humano nos retribuya,  sólo por fe se supone que un ente celestial nos va a castigar si no hacemos  el bien.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A mi juicio, el segmento más débil del libro de Dawkins es el capítulo  7, en el que intenta probar que nuestra moralidad no proviene de libros  religiosos como la Biblia. Con esto estoy de acuerdo, pues me parece perfectamente  concebible una ética secular ajena a la tradición bíblica; Aristóteles  es un buen recordatorio de ello. Pero, Dawkins pretende más: expone a la  Biblia como un texto abrumadoramente inmoral, cuestión con la cual estoy  en desacuerdo. Dawkins presenta una visión mediocremente monolítica del  Antiguo Testamento, sin considerar que semejante texto dista de ser un  solo libro; antes bien, en el Antiguo Testamento se evidencia una marcada  evolución hacia conceptos morales más refinados, y no es más que un reflejo  de la progresión y maduración religiosa del pueblo judío. Por ejemplo,  Dawkins considera que la historia del sacrificio de Isaac en Génesis 22  no hace más que aplaudir un intento de homicidio y abuso infantil. Esto  revela cuán inepto es Dawkins para la hermenéutica bíblica: en la superficie,  Génesis 22 puede resultar una historia escandalosamente inmoral, pero un  análisis más profundo aprecia en ella más bien una transición hacia una  moral más refinada, en la cual se censura el sacrificio humano y se instituye  la sustitución animal.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Muy mediocre es también la presentación que Dawkins hace de la doctrina  cristiana de la expiación. Lejos de estudiar con detenimiento los pasajes  paulinos en los cuales se inspira la doctrina de la expiación (la cual,  valga advertir, en su forma popular contemporánea debe más a Anselmo de  Canterbury que al propio san Pablo, cuestión que Dawkins nunca menciona),  Dawkins se complace en distorsionar como terriblemente violenta e irracional  la aseveración según la cual Cristo murió por nuestros pecados. Debo reconocer  que semejante doctrina resulta en apariencia irracional, pero no han faltado  sensatos y efectivos esfuerzos por racionalizarla (la interpretación de  René Girard, según la cual Cristo se entrega a la violencia para que no  haya más violencia, es una de las que más efectiva me parece), cuestión  que Dawkins omite por completo.</FONT></P>  <font face="Verdana" size="2"></font>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por último, resulta especialmente significativo el capítulo 9, dedicado  a la denuncia del adoctrinamiento religioso de los niños. Dawkins considera  una forma de ‘abuso mental’ el adoctrinamiento religioso en la infancia  (sobre todo en la presentación de imágenes infernales) y la atribución  de doctrinas religiosas a unos seres humanos demasiado jóvenes como para  comprenderlas. Durante mi infancia y parte de mi adolescencia asistí a  escuelas católicas, y no puedo dejar de expresar mi acuerdo con Dawkins:  desde muy joven fui víctima de la imposición (<I>no</I> de la persuasión) de doctrinas  religiosas (sencillamente, si no estaba de acuerdo con algún dogma que  se me enseñaba, se llamaba a mis representantes y se recomendaba que me  inscribieran en otra escuela). Aquellos católicos venezolanos que ven con  preocupación el posible adoctrinamiento de los niños en los liceos públicos  deben preguntarse qué exige más adoctrinamiento: ¿creer que el comunismo  es el mejor sistema social posible, o que una mujer virgen parió a un hombre  que, después de muerto, resucitó? Bien vale seguir la recomendación de  Dawkins: no debemos enseñar tanto <I>qué </I>pensar, sino <I>cómo </I>pensar.</FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Gabriel Andrade</B></FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Universidad del Zulia – Venezuela gabrielernesto2000@yahoo.com</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Nota</font></b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1 Este documental ha encontrado dificultades para su distribución, según  parece, debido a presiones de algunos grupos evangélicos norteamericanos.  No obstante, en el Internet se encuentra esta versión subtitulada en portugués:  http://www.youtube.com/watch? v=L1-19mzT-28.</FONT></P>       ]]></body>

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