<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0798-1171</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Revista de Filosofía]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[RF]]></abbrev-journal-title>
<issn>0798-1171</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Centro de Estudios Filosóficos Adolfo García Díaz]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0798-11712007000300005</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La condición del hombre en la Edad Media: ¿siervo, esclavo o qué?]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Human Condition in the Middle Ages: Serf, Slave or What?]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Muñoz García]]></surname>
<given-names><![CDATA[Angel]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Zulia Maracaibo  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
<country>Venezuela</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<volume>25</volume>
<numero>57</numero>
<fpage>115</fpage>
<lpage>142</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0798-11712007000300005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0798-11712007000300005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0798-11712007000300005&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El fenómeno de la esclavitud acompañó a toda la época colonial. Un fenómeno cuyas raíces se ponen en la época clásica, de cuyo estudio se pasa normalmente al de sus manifestaciones en épocas coloniales. Inexplicablemente, suele haber un silencio casi general respecto a la esclavitud en la Edad Media: si en ella aumentó o disminuyó el número de esclavos, y por qué; si se dio -y cómo- o no se dio la esclavitud. El presente trabajo pretende aportar datos y opinión a tales interrogantes.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The phenomenon of slavery was current during all of the America’s colonial times. This phenomenon has its roots in classical era, and the study of its manifestations in these last times normally follows the study of it in antiquity. Unexplainably, there is usually an almost general silence with respect to slavery in the Middles Ages: if in these times the number of slaves grew o diminished and why, or even if slavery as such existed -and how- or not. This article Intend to contribuye with informations and opinions on those questions.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Edad Media]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[esclavitud]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[siervos de la gleba]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Middle ages]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[slavery]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[serfs]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"><B>La condición del hombre en la Edad Media: ¿siervo, esclavo o qué? </B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana">The Human Condition in the Middle Ages: Serf, Slave or What? </FONT></P>  </b>    <P ALIGN="center"><b> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Angel Muñoz García</I></FONT></b></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Universidad del Zulia Maracaibo - Venezuela</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Resumen</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El fenómeno de la esclavitud acompañó a toda la época colonial. Un fenómeno  cuyas raíces se ponen en la época clásica, de cuyo estudio se pasa normalmente  al de sus manifestaciones en épocas coloniales. Inexplicablemente, suele  haber un silencio casi general respecto a la esclavitud en la Edad Media:  si en ella aumentó o disminuyó el número de esclavos, y por qué; si se  dio –y cómo- o no se dio la esclavitud. El presente trabajo pretende aportar  datos y opinión a tales interrogantes.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Palabras clave:</B> Edad Media, esclavitud, siervos de la gleba.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">The phenomenon of slavery was current during all of the America’s colonial  times. This phenomenon has its roots in classical era, and the study of  its manifestations in these last times normally follows the study of it  in antiquity. Unexplainably, there is usually an almost general silence with respect to slavery in the Middles Ages: if in these times the number  of slaves grew o diminished and why, or even if slavery as such existed  –and how- or not. This article Intend to contribuye with informations and  opinions on those questions. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Key words:</B> Middle ages, slavery, serfs.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 11-05-07 Aceptado: 29-11-07</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Es opinión muy común que Diego de Avendaño, el jesuita hispano-peruano  del siglo XVII y autor del <I>Thesaurus Indicus,</I> fue el enemigo decisivo de  la esclavitud de su época, tanto como para haber influido en las cortes  europeas en la abolición de la misma<SUP>1</SUP>. Tratando de averiguar hasta qué  punto ello se manifieste en el <I>Thesaurus Indicus</I>, tuvimos que recalar en  la esclavitud como tal. En ocasión anterior, nos hemos ocupado de ella  en la época clásica, tal como se reflejaba en los escritos de Aristóteles  y otros autores<SUP>2</SUP>. Pretendemos ahora hacerlo en lo que se refiere a la Edad  Media.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Fundamentalmente, el Derecho Romano siguió vigente durante la Edad Media  (y aun después). La opinión de ese Derecho era que, “aunque se nos designara  a todos con el único nombre natural de <I>hombre, </I>por derecho de gentes comenzó  a haber tres clases: los libres, lo contrario de éstos, los esclavos, y  una tercera clase, los libertos”<SUP>3</SUP>. En la misma línea, las <I>Siete Partidas,</I>  que rigieron todavía buena parte del postmedievo español, consideran las  mismas tres condiciones de hombre que en Roma: “El estado de los omes e  la condicion dellos, se departe en tres maneras. Ca o son libres, o siervos,  o aforrados a que llaman en latín libertos”<SUP>4</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Al final del Imperio, los romanos, marcando distancia con la teoría iusnaturalista  de la esclavitud emitida por Aristóteles, consideraron que ésta no estaba  basada en derecho natural, sino en derecho de gentes: “la libertad está  incluida en el derecho natural y la esclavitud fue introducida por el derecho  de gentes”; “la esclavitud es una institución de derecho de gentes, por  la que alguien, en contra de la naturaleza, está sometido al dominio ajeno”<SUP>5</SUP>.  También los medievales opinaron que la esclavitud era sólo producto de  derecho de gentes, esto es, de convención humana: “Servidumbre es postura  o establecimiento que hicieron antiguamente las gentes, por la cual los  hombres, que eran naturalmente libres, se hacen siervos y se sometían a  señorío de otro, contra razón de naturaleza”<SUP>6</SUP>. Es decir, que siguiendo  la tradición del final de la época clásica, en la Edad Media la esclavitud  era considerada en términos de lo que hoy podríamos llamar “derecho internacional”,  y no como de derecho natural; ya que si éste era el que se consideraba  infundido por la naturaleza como común a todos los animales, el de gentes  era sólo común a los hombres<SUP>7</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En principio, se podría decir que esa pervivencia clásica en el medievo  iba aún más allá. Ambas épocas coinciden también en las circunstancias  que podían dar origen a la esclavitud. Para los clásicos, las causas de  esclavitud se reducían a tres: por cautividad en guerra, por nacimiento  de esclava, y por venta. Coincidencia, de nuevo, en las <I>Partidas</I>: “hay  tres maneras de siervos: la primera es la de los que cautivan en tiempo  de guerra, siendo enemigos de la fe; la segunda es de los que nacen de  las siervas; la tercera es cuando alguno que es libre se deja vender”<SUP>8</SUP>.  Nótese, de paso, cómo la esclavitud por cautividad quedaba reducida a sólo  los enemigos de la fe cristiana; los cristianos cautivos de guerra, no  podían ser objeto de esclavitud. Se hiciera o no con tal finalidad, esta  precisión era ya un comienzo de disminución del número de esclavos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Con todo lo señalado, la época clásica y la Edad Media distan mucho de  ser similares en lo que a esclavitud se refiere. Curiosamente, la primera,  a pesar de su denominación como época del esclavismo, goza del favor general,  y del general olvido de su actuación con los esclavos; la segunda, a pesar  de casi haber desaparecido en ella la esclavitud, sigue bajo la opinión  general de época obscura de los siervos de la gleba. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El hecho es que, a partir del siglo IV, se produce, si no una desaparición  total de la esclavitud, sí una disminución progresiva de la misma. La época  coincide con el momento en que el Imperio se inclina claramente hacia el  cristianismo. Y creemos que éste tuvo que ver en esa disminución de la  esclavitud a que apuntábamos poco antes. A pesar de que en el cristianismo  también se aceptase la esclavitud y de que su enseñanza no cambió sustancialmente  la teoría social sobre ella. La esclavitud no tuvo lugar preferencial en  la enseñanza evangélica que, ciertamente, habla de ella sin rechazarla.  Le interesa más la esclavitud no corporal, la del pecado, y resaltar que  Cristo liberó al hombre de ésta, para darle la libertad de los hijos de  Dios<SUP>9</SUP>, ante el que todos los hombres son iguales: “Ya no hay ni judíos  ni griegos; no hay ni esclavo ni libre; no hay ni hombre ni mujer. Porque  todos vosotros sois uno en Cristo”<SUP>10</SUP>. Liberados de la esclavitud del pecado,  los cristianos pasan a considerarse todos siervos de un mismo Dios, y su  condición de esclavitud la viven ahora respecto a Dios, a quien se dirigen  más bien como a “Señor”, “Dominus”, que como a Padre. El Papa Gregorio  Magno se autodenominó en el año 586 el esclavo de los cristianos “siervo  de los siervos de Dios”. Calixto I, Papa de 217 a 222, había nacido esclavo;  también Pío I, Papa de 140 a 155 posiblemente fue esclavo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La enseñanza de la primitiva Iglesia se dirige así a insistir en la igualdad  y libertad natural de todos los hombres, a quienes sólo determinadas circunstancias  impuestas por la sociedad, guerras o deudas, hacen socialmente esclavos.  No se puede negar que el cristianismo contemporizó con la esclavitud; la  misma Iglesia tuvo esclavos. Aquella Iglesia no era ningún ente de razón  y estaba conformada por individuos concretos, miembros de una sociedad  histórica muy precisa y particular, muy lejos todavía de descubrir eso  que hoy llamamos, sin terminar aún de practicar, derechos humanos. Y que,  por más que debía ocuparse también del bienestar físico del hombre, se  trataba en ese aspecto de una labor subsidiaria, allá donde el poder civil  no la realizaba o no la realiza. Como la labor en orfanatos, ancianatos,  hospitales y –todavía hoy– escuelas. Por otra parte, la esclavitud fue  concebida desde la antigüedad en función del trabajo<SUP>11</SUP>. Y la Iglesia era  portadora de una cultura en la que el trabajo no era mal visto. Cristo  fue un artesano, los apóstoles conocidos pescadores, Pablo de Tarso un  tejedor: “nos fatigamos tejiendo con nuestras propias manos”<SUP>12</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Como sea, repetimos, en esta época comienza un claro declive de la esclavitud.  Por supuesto que hubo otras varias causas, además del cristianismo, y que  seguramente influyeron más que él, no pocas veces tachado de conformista.  Las guerras habían sido la causa mayor de esclavitud en la antigüedad.  Tanto como para que el nombre de esclavo (<I>servus</I>) tuviera su origen en  ellas. Por lo mismo, al declinar en la Alta Edad Media europea la actividad  bélica, decrece sensiblemente el número de nuevos esclavos. Esa actividad  disminuye como consecuencia no poco de la creación de los grandes reinos:  al ser menor el número de pequeños Estados con sus frecuentes guerras y  subsecuentes esclavos, el número de éstos es también menor. Por otro lado,  la señalada prohibición, que acabamos de ver en las <I>Partidas, </I>de esclavizar  a los cautivos de guerra con otro reino cristiano, hace disminuir igualmente  la cantidad de esclavos. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Una causa más de disminución es el factor demográfico. Las frecuentes epidemias  y hambrunas no sólo diezmaron también a la población esclava, sino que  facilitaron la liberación de buena parte de ella. Por supuesto, no podía  faltar el factor económico, como otra de las causas decisivas en la reducción  de que hablamos. El mantener la propiedad esclava fue haciéndose cada vez  más caro. Podrá bastar como prueba de ello la afirmación del eminente historiador  de la esclavitud, Antonio Saco: “una carta del priorato de Vaux, escrita  en 1031 dice que el precio de los esclavos había bajado considerablemente  por la dificultad de alimentarlos. Permutáronse entonces tres por un caballo,  mientras que antes, según la ley de los borgoñeses, tres de éstos equivalían  a uno de aquéllos”<SUP>13</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por otro lado, e indudablemente a consecuencia de la escasez de esa mano  de obra barata que era la esclavitud, el ingenio creador se agudiza, dando  paso a técnicas o adelantos importantes para la época, que hacen menos  necesaria la presencia de esclavos. Nos referimos –por más que hoy pudieran  parecer hasta pueriles– a las mejoras obtenidas en el yugo, que facilitaban  una mejor sujeción de los animales; a la aparición del arado con vertedera,  que mejoraba altamente el rendimiento de la tierra; al reloj de ruedas;  a la utilización de la fuerza hidráulica, no sólo como simple noria para  el riego de los campos, sino en el molino que, de mano, pasó a ser de agua,  con su aplicación para accionar fraguas y telares. Todo esto llevó a un  gran número de manumisiones. Resultaba ampliamente más barato liberar los  esclavos rústicos, entregándoles tierras para su cultivo mediante un canon  anual, al modo de los antiguos colonos romanos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hubo aún otra causa más, algo posterior en el tiempo, pero típicamente  medieval, debido a que era una consecuencia del feudalismo; y fundamental  en la disminución de esclavos, por cuanto iba contra la raíz misma de la  esclavitud, tal como había sido concebida en Grecia y Roma. Porque la esclavitud  intervino de tal modo en la <I>polis </I>y en la <I>civitas</I> que, sin ella, ninguna  de las dos hubiera sido posible ni concebible. Y es precisamente la nueva  concepción de los burgos como ciudad medieval (en la línea ya no de la  <I>civitas</I>, sino de la <I>urbs</I>), la que nos parece con mucho la principal causa  de la disminución de la esclavitud medieval. El sistema feudal regulaba  no sólo las relaciones del rey con sus nobles, sino también las de éstos  con sus villanos. Las primeras podían favorecer el poder real sobre los  nobles; pero las segundas, al producir el mismo efecto sobre el poder de  los nobles, disminuían el de los reyes, peligrosamente para éstos. Así  que la realeza tuvo que idear el modo de frenar el creciente poderío de  la nobleza. El procedimiento no fue otro que el de la creación de las Cartas,  Fueros o Privilegios de las ciudades. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Polis</I> y <I>civitas</I> eran términos colectivos que designaban asociaciones de  individuos con un fin común y con unos privilegios compartidos. La ciudad  de los clásicos no era, así, ningún territorio sino, precisamente, una  colectividad humana. Por supuesto que ésta necesitó de un territorio, la  <I>urbs</I> de los romanos, en la que se radicaría la <I>civitas</I>. Pero siendo ésta  –la colectividad de ciudadanos, la civilización-, y no aquélla –el territorio  urbano, la urbanización– la que administraba los derechos y privilegios.  Por algo, el nombre <I>civitas</I> (ciudad) se deriva del nombre <I>cives</I> (ciudadanos).  El prestigioso medievalista Georges Dubuy tiene una acertada descripción  de la urbe romana. Según él, en su afán expansionista y conquistador, los  romanos levantaron por doquier réplicas de Roma, “Símbolos del orden instaurado por la fuerza invasora. Una muralla para  aislar un territorio sagrado, del cual emanaban la paz y la justicia; unas  puertas solemnes que proclamaban la fuerza del derecho…    <BR> La ciudad, con su  decorado de piedra, fue exactamente eso: …un prestigioso teatro erigido  para que el poder se manifestase periódicamente en fastuosas representaciones…  Se les prometía la incorporación rápida y completa a aquella enorme cooperativa  de felicidad, construida sobre la esclavitud, que pretendía ser el Imperio.  La promesa se cumplió: finalmente se otorgó el derecho de ciudadanía a  todos los pueblos y todos los hombres libres se convirtieron en ciudadanos  romanos”<SUP>14</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Pero esto mismo llevó a la dilución de la <I>civitas</I> y a que los derechos  de ciudadanía dependieran ya de la urbe, de la territorialidad donde se  nacía o vivía. Para el tiempo de la Edad Media esto ya había ocurrido;  y se intensificaba con los Fueros y Privilegios a que nos referimos, con  los que los reyes pretendían reforzar a las ciudades que, al depender directamente  de ellos y no de la nobleza, reforzaban así el poder real frente a ésta.  Ya no es el ciudadano el sujeto de derechos y privilegios, sino el rey,  que los distribuye; pero tampoco lo hace porque el súbdito sea ciudadano,  <I>civis, </I>sino porque es habitante de la <I>urbs</I>. Es ésta en definitiva, el territorio  y no el hombre, la que posee y distribuye la libertad; quien se acoja a  la ciudad, será libre. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En efecto, así sucedió. Los reyes, aparte de otros Privilegios fiscales  y de comercio,&nbsp;declararon libres a los esclavos y siervos de la gleba que  se acogieran a las ciudades. Su única sujeción consistiría a partir de  entonces en formar parte de las huestes del rey, en caso de guerra; algo  que no costaba mucho cumplir, pues en ello iba la seguridad no sólo del  rey, sino también la de los propios habitantes. El citado Saco recoge varios  casos de estas ciudades. Como el de Hamburgo, “cuyos Estatutos mandaron  que si el hombre de condición servil moraba en ella diez años sin reclamación  del amo, fuese libre”<SUP>15</SUP>. Por más que diez años pueda parecernos mucho tiempo,  no sería así para el interesado, con toda seguridad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Había ciudades que exigían mucho menos tiempo: un año y un día debía esperar  el esclavo que se acogiese a la ciudad alemana de Eisenach, la cuna de  Bach, según privilegio concedido en 1283 a esa ciudad por Alberto, Landgrave  de Turingia, siempre que no fuese reclamado en ese tiempo por su dueño:  “cualquiera que habitare en la referida nuestra ciudad por un año y un  día, y no fuere reclamado por alguno, se tenga, de cualquier condición  que sea, por nuestro libre ciudadano”. Otras veces, en caso de ser reclamado,  no se le entregaba al dueño, sino que se le dejaba en libertad para que  escapara: “Si fuere citado por alguno dentro del año, y según la forma  del juicio entablado ante nuestro Prefecto y Scavinos fuere vencido conforme  a lo que dispone el derecho, entonces nunca se le entregará al reclamante,  sino que se le abrirán todas las puertas de la ciudad para que se vaya  en paz a donde quisiere”<SUP><span style="text-decoration: none">16</span></SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En ocasiones, la libertad era automática, bastando domiciliarse en la ciudad,  sin necesidad de esperar a que transcurriera ningún periodo de tiempo.  Así, por ejemplo, en las ciudades francesas de Carcasona y Toulouse, cuyas  <I>Consuetudines</I> estipulaban de manera muy clara: “La ciudad de Tolosa fue  y será siempre libre, de tal manera que los siervos y siervas, esclavos  y esclavas, que tienen amos o amas, y que se acogen con sus cosas o sin  ellas a Tolosa o dentro de sus límites señalados fuera de la ciudad, adquieran  la libertad”<SUP>17</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las ciudades de la península Ibérica no fueron la excepción. Los Fueros  y Privilegios de que hablamos sirvieron en no pocos casos para poblar las  tierras conquistadas a los musulmanes. Y, como otrora lo hiciera Roma,  a estos beneficiarios se les ofrecían, en no pocas ocasiones, tierras gratis.  El único requisito era el habitual en los feudatarios: el estar armados  y prestos a defender la ciudad<SUP>18</SUP>. Por este procedimiento trató Alfonso  V de León de repoblar su reino, casi despoblado tras las invasiones de  Almanzor y su hijo Abdemalic. Convocó tras éstas el Concilio de León del  año 1020, del que emanaron disposiciones de gobierno para la Iglesia, pero  también, en general, para el gobierno del reino. En él, después de abrir  la ciudad a trabajadores toneleros y vendedores, se dispone: “Ordenamos  igualmente que los siervos desconocidos tampoco sean sacados de la ciudad,  ni sean entregados a nadie”<SUP>19</SUP>. Años antes, el 23 de abril del año 986,  la Carta de población de Cardona, en Cataluña, concedía la libertad sin  tener que esperar transcurso alguno de tiempo; y la concedía a esclavos,  y a ladrones y a criminales: “Si el esclavo o la esclava viniese a morar  entre ellos, o algún hombre con mujer o esposa ajena, o ladrón, o algún  falsario o criminal, viva seguro entre todos los demás habitadores sin  duda alguna”<SUP>20</SUP>. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es preciso hacer notar dos particularidades muy especiales. La primera  que, a juzgar por el testimonio siguiente del Fuero de Villavicencio, los  esclavos que se acogían a estas Cartas quedaban libres, pero no como libertos,  sino específicamente como ingenuos, lo que en terminología del Derecho  Romano –“son ingenuos los que han nacido libres; libertos, los que han  sido manumitidos de lícita esclavitud”– era considerarlos libres de nacimiento:  “los vendedores, toneleros, y esclavos que vinieren a habitar aquí, queden  como ingenuos y perdonados”<SUP>21</SUP>. La segunda observación que es preciso hacer  es que estas Cartas llegaron a arropar incluso a judíos y sarracenos, lo  que en aquel entonces era mucho; como en el Fuero de Cuenca: “cualquiera  que viniese a Cuenca, lo hará con seguridad, sea de cualquier condición  que sea, cristiano, moro, judío, libre o esclavo”<SUP>22</SUP>. No por nada rezaba  el dicho medieval: <I>Stadtluft macht frei</I>: “el aire de la ciudad te hace  libre”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero no es sólo que la esclavitud descendió cuantitativamente en la Edad  Media. También hubo una mitigación cualitativa, por más que sus detractores  se empecinen en negarlo. Y, por paradójico que parezca, esta mitigación  de la esclavitud tuvo su germen en la misma sociedad romana, uno de cuyos  elementos fundamentales fue la llamada “clientela”. De Rómulo, fundador  y primer rey de Roma, dice Cicerón que “quiso que la plebe estuviera bajo  la protección [en clientela] de los ciudadanos principales”<SUP>23</SUP>. Más tarde,  la clientela estuvo formada también por extranjeros y vencidos libres,  puestos voluntariamente bajo la protección de un patrón, y por los libertos  de éste. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estas clientelas estaban basadas en la <I>fides</I> o fe mutua; tanto como para  que sus miembros fueran llamados <I>fideles</I>. Pero una <I>fides </I>entendida no como  creer lo que no se ve, sino como <I>fidebilitas</I>; que se entendía no tanto  como una actitud activa de lealtad o fidelidad hacia alguien, sino más  bien a modo de actitud “pasiva” en alguien, que hace que los demás se puedan  “fidar” de él, actitud de quien inspira fiabilidad. Por algo el Derecho  decía: “es cosa grave faltar a la palabra”<SUP>24</SUP>. La <I>fides, </I>al ser mutua, implicaba  derechos y deberes en patrón y cliente. El primero prestaría protección  y ayuda en todo al segundo: concederle tierras de las que vivir, procurarle  alojamiento, esposa, dinero, defensa jurídica, etc. El segundo debía respeto  al patrón, a quien debía asistir y seguir en caso de guerra; lealtad política,  votando por él o por quien él indicara, en los comicios; ayuda económica,  si era preciso, rescatándole si caía en cautiverio, dotando a la hija,  pagando sus multas. Según Aulio Gelio, Catón aseveró que “después de los  deberes del padre, ningunos hay más sagrados que los de patrono”<SUP>25</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El patrón o cliente que violara estas obligaciones era considerado <I>sacer</I>,  infame, maldito<SUP>26</SUP>. Ello significaba para los romanos estar reservado a  los dioses infernales, ser algo execrable; execración que, como debida  a perjurio, dejaba al perjuro sin protección y expuesto a muerte impune  a manos de cualquier privado<SUP>27</SUP>. Gayo, comenta así la citada Ley de las  <I>XII Tablas</I>: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “<I>Sacer esto </I>es una expresión con la que se pone de manifiesto el carácter  execrable o abominable de quien incumple el deber que como patrono tiene  de prestar siempre auxilio de buena fe al liberto, la obligación que es  recíproca. Materialmente significa ‘consagrado’ en el sentido de que, puesto  bajo la exclusiva protección de los dioses, deja de estarlo por las leyes  humanas, de modo que cualquiera que lo mate sólo deberá temer la amenaza  divina”<SUP>28</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Con las invasiones germánicas que supusieron la desaparición del Imperio,  las relaciones de clientela en cierto modo se multiplican. La vida rural  absorbe a más y más gente, que a la larga termina buscando protección y  patronos. Con la finalidad de mantener el trabajo de colonos y clientes,  el emperador Constancio emite en el año 357 lo que hoy llamaríamos su “ley  de inamovilidad laboral”, prohibiendo que, al enajenar un predio, sacaran  de él a sus trabajadores<SUP>29</SUP>. Estos debían seguir, con el nuevo dueño, en  la misma tierra que trabajaban. Cierto que, cuando se hace rey de Italia,  Teodorico I <I>el Grande</I> elimina esa disposición, al determinar que “es lícito  a los dueños transferir los esclavos de ambos sexos, aunque sean vernáculos,  desde los predios que legítimamente poseen a otros lugares de su propiedad,  o dedicarlos a ministerios urbanos”<SUP>30</SUP>. Pero la disposición de Constancio  hizo su mella, y reviviría más tarde con los merovingios, quienes iniciarían  el llamado sistema feudal, con una experiencia que, más tarde todavía,  volvería a resucitar en las encomiendas coloniales americanas. Estamos  hablando del sistema feudal y del feudo. Este, según las <I>Partidas</I>, </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Es beneficio que da el señor a algún hombre porque se torna su vasallo  y le hace homenaje de serle leal; y tomó este nombre de la fe que debe  siempre guardar el vasallo al señor. Y hay dos maneras de feudo: la una  es cuando es otorgado sobre villa, o castillo, u otra cosa que sea raíz:  y este feudo tal no puede ser tomado al vasallo, a no ser que no cumpliese  los acuerdos que hizo con el señor; o si le hiciese algún yerro tal por  que lo debiese perder”<SUP>31</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por más que el hacer provenir la palabra de “fe” sea usar de una etimología  errada<SUP>32</SUP>, el texto acierta en hacer descansar la fuerza del feudo en la  <I>fides</I> que siempre debían guardarse el señor y el vasallo, de la que hace  poco hablábamos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Otros términos en el texto que requieren nuestra atención son los de “beneficio”  y “homenaje”. El caso es que en la época de los merovingios (siglos V-VIII),  para garantizarse éstos un respaldo militar, comenzaba la práctica de la  <I>commendatio</I>: un contrato personal, por el que un señor se obligaba a alimentar  y defender al que se encomendaba a él, si éste estaba dispuesto y se obligaba  a servir al señor con las armas, pasando así a ser su vasallo. Era, pues,  una obligación que asumían las dos partes, señor y vasallo. Y una obligación  –nótese bien– que, por ser tal, no podría ser asumida sino en el supuesto  de que ambas partes fueran libres; las dos; no sólo el señor, sino también  el vasallo, incluso en el caso en que éste fuera un simple villano. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La obligación de proporcionar alimento podía sustituirse por entrega de  tierra al encomendado. En el caso de los campesinos, la posesión de esa  tierra era onerosa, por cuanto quedaban obligados a pagar un censo y a  otras cargas. En el caso de señores y caballeros, la posesión era como  <I>beneficium</I>, es decir una donación graciosa o premio a los vasallos, que  percibirían las rentas de esa tierra. Los encomendados formarían, como  vasallos, las huestes en defensa del señor. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta <I>commendatio</I> estaba compuesta de cuatro elementos: 1) el homenaje (=hacerse  hombre de otro), representaba la entrega: el señor estrechaba las manos  del vasallo (<I>immixtio manuum</I>); “me hago hombre vuestro”, “os recibo y tomo  como hombre”. “E omenaje tanto quiere dezir como tornarse ome de otro,  e fazerse suyo, por darle segurança sobre la cosa que prometiere de dar  o de fazer”<SUP>33</SUP>. 2) Juramento de fidelidad, para sellar el contrato, hecho  sobre el evangelio, para poner el compromiso bajo la protección de Dios  y darle carácter irrevocable; la deuda de fidelidad sería de ambos. 3)  <I>Osculum</I> o manifestación externa de amistad y pacto entre señor y vasallo.  4) Carta, expresando el contrato y <I>beneficium</I>. A partir del siglo X, al  <I>beneficium</I> se le llama feudo; en Alemania <I>lehn</I> (préstamo), pues el feudo  no era sino un préstamo al vasallo a cambio de sus servicios. En la mayoría  de los casos, el feudo consistía en tierras, pero podía consistir también  en castillos, cargos, patronatos de Iglesias (recuérdese las expresiones  eclesiásticas “beneficio” y “beneficiado”)<SUP>34</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Dentro de la “pirámide feudal” que formaban los componentes de aquellos  reinos, todos vasallos bajo la cúspide real, la clase inferior era la de  los llamados “siervos de la gleba”. ¿Quiénes eran estos siervos? O, más  bien, ¿qué eran estos siervos? ¿Se trataba de un simple eufemismo buscando  disimular la condición de <I>servi, </I>de esclavos, o era una nueva realidad  feudomedieval? </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En principio, ya lo hemos visto, había que pensar que se trataba de hombres  libres. De no serlo, no hubieran tenido capacidad jurídica para pactar  feudo, beneficio u homenaje, así fuera en su más baja expresión. Libres,  pues, con respecto a señor alguno. No era sino la continuación de los colonos  romanos del Bajo Imperio; ni el colono romano, ni el siervo medieval eran  esclavos. El vasallaje no era una esclavitud, ser propiedad de alguien;  eran siervos no de un señor, sino de la gleba<I>,</I> de la tierra. Con ella les  vinculaba su servidumbre; con la tierra que cultivaban y de la que obtenían  su subsistencia. Vinculación del hombre con la tierra en que vivía y de  la que vivía. Lo irónico del caso es que, para pagar su tributo, debían  trabajar; pero esto no era sino en una tierra ajena, por cultivar la cual  habían de pagar y a la que, a pesar de ser ajena (o precisamente por ello),  quedaban vinculados de por vida; sin poder nunca liberarse, por cuanto  jurídicamente ya eran libres y no esclavos. A cambio, el señor les brindaba  protección militar, y avituallamiento, en lo posible, en épocas de hambruna. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ya no era cuestión de libertad y otros derechos; se trataba de asegurar  la seguridad y la supervivencia. Para poder hacerlo, y para subrayar la  libertad respecto a los señores y otros hombres, las leyes, como otrora  quisiera el emperador romano Constancio, ordenaban que si por cualquier  causa la tierra cambiaba de señor, –por matrimonios de los señores, pactos  con otros territorios, conquista, donación, venta, etc.–, los vasallos  no quedaban con su señor anterior (del que no eran propiedad), sino que  seguían afincados a la gleba y dependiendo del nuevo propietario. La supervivencia  y protección venían de la tierra, del territorio. Porque, en definitiva,  el vasallaje no era sino declararse parte de un territorio; los derechos  no eran de los hombres, de los ciudadanos; lo eran de los habitantes; pero  sólo en cuanto derechos cedidos a ellos por el territorio. La tierra, que  había concedido la libertad, era ahora quien aprisionaba. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La palabra <I>servus</I> adquirió, pues, un nuevo significado por sobre el primitivo  de esclavo. Se jugó con la ambigüedad de <I>servitus</I> o <I>servitudo</I>. Esto es,  se trataba, según el caso, de una <I>servitud</I> y <I>esclavitud</I>, o de una <I>servidumbre</I>.  De un <I>siervo</I> <I>esclavo</I> propiamente tal, o de un <I>servidor</I>; o, mejor, de un  <I>sirviente</I> (así, en participio de presente; indicando a alguien que en el  presente participa de la acción de servir; pero no porque fuera esencialmente  servidor). Una ambigüedad que entorpece no poco la lectura de escritos  medievales al lector poco avisado. En un primer esfuerzo por diferenciar  al esclavo del siervo medieval, las <I>Partidas</I> –que normalmente entienden  <I>servus </I>como “siervo”– distinguen entre cautivo y preso: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Cautivos y presos, comoquiera que una cosa sean cuanto en manera de prendimiento,  con todo eso gran diferencia hay entre ellos según las cosas que después  les acaecen; y <I>presos</I> son llamados aquellos que no reciben otro mal en  sus cuerpos, sino es cuanto en manera de aquella prisión en que los tienen,  o si llevan alguna cosa de ellos por razón de costa que hayan hecho teniéndolos  presos, o por daños que de ellos hayan recibido queriendo allí haber enmienda.  Pero con todo esto no los deben luego matar después que los tuvieren en  su prisión, ni darles pena ni hacer otra cosa porque mueran, fuera de si  fuesen presos por razón de justicia […]. Mas <I>cautivos</I> son llamados por  derecho aquellos que caen en prisión de hombres de otra creencia; y estos  los matan después que los tienen presos por desprecio que tienen a su ley,  o los atormentan con muy crudas penas, o se sirven de ellos como siervos  metiéndolos a tales servicios que querrían antes la muerte que la vida;  y sin todo esto no son señores de lo que tienen pagándolo a aquellos que  les hacen todos estos males, o los venden cuando quieren”<SUP>35</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si tenemos en cuenta que esta Ley de las <I>Partidas </I>viene a continuación  de una introducción al Título en la que se dice que “se deben los hombres  doler de los de su ley cuando caen en cautiverio en poder de los enemigos,  porque ellos son desapoderados de la libertad”, la consecuencia que se  desprende del texto citado parece ser la de que sólo se podrá considerar  esclavos cuando se trate de siervos hechos tales en guerra. El hecho es  que, cuando en los textos medievales se habla del siervo, se refieren al  siervo medieval, no al esclavo del mundo antiguo. Este era una cosa, un  objeto; el siervo medieval podría estar en mejor o peor situación; pero  siendo, siempre, un humano. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Un aspecto en que nos parece que se manifiesta de modo peculiar esta diferencia  puede ser el del tan traído, llevado, y casi siempre mal interpretado caso  medieval del llamado “derecho de pernada”. En definitiva, nos parece que  se trata de un derecho que pone de manifiesto como pocos, que el siervo  sometido a él no es un siervo esclavo. Porque en Roma, sólo los patricios  tenían el <I>ius connubii</I> o derecho al matrimonio; la plebe sólo conquistó  ese derecho en el siglo V a.C. Pero los esclavos nunca lo tuvieron. Fue  en 1150 cuando el Papa Adriano IV declaró que los siervos podían contraer  matrimonio. Para que la medida fuera bien aceptada también por los señores,  los siervos habrían de hacer en la ocasión una indemnización o tributo  al señor. Y sólo en caso de que algún olvidadizo o presuroso Romeo omitiese  tal tributo, había lugar al “derecho” en cuestión. Teniendo, aún, muy en  cuenta que en la mayoría de los casos, la tal pernada no consistió sino  en que el señor pasase por encima del tálamo nupcial. A pesar de lo simbólico,  era satisfacción suficiente para el señor feudal la demostración del dominio  sobre sus vasallos. Lo que a veces se olvida es que, tratándose de algo  que tenía lugar con ocasión del matrimonio de un siervo o familiar, el  tal derecho de pernada no hubiera surgido si tal siervo o familiar fuera  un esclavo al modo de la época clásica; en ésta los esclavos no tenían  derecho al matrimonio<SUP>36</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">¿Y los propiamente esclavos? Por supuesto que la esclavitud propiamente  tal sí perduró en el medievo. El problema, al momento de leer los textos,  es que el término específico para ella, y que aún utilizamos hoy, el de  “esclavo”, comenzó a usarse en el siglo VII, a partir del bizantino <I>sklabos</I>.  Un término éste utilizado para referirse al animal castrado a fin de amansarlo  para el trabajo, misma finalidad por la que se castraba a los esclavos.  El nombre terminaría como privativo de éstos. Se derivaba del árabe <I>siqlab</I>,  éste de <I>sclavus</I>, el que, a su vez, derivaba del alemán <I>slawe</I>, término con  que se designaban a sí mismos los pueblos eslavos, principal origen de  los esclavos en Europa por la época. Así fue quedando “esclavo” para la  esclavitud propiamente tal, y “siervo” para las demás situaciones<SUP>37</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La Edad Media seguía, pues, como las <I>Partidas, </I>la tradición grecorromana  de considerar esclavo fundamentalmente al cautivo de guerra. Solórzano  Pereira dice que por eso se llamaban <I>sosiae </I>a los esclavos, porque eran  conservados<SUP>38</SUP>. De hecho, “Sosías” es común en la literatura griega como  nombre de esclavo; así se llama, por ejemplo, uno de los esclavos de Filocteón,  en <I>Las Avispas </I>de Aristófanes. El nombre aparece también en Platón<SUP>39</SUP>. Seguramente  porque <I>sozo</I>, en griego, es un verbo que significa “salvar” o “conservar”.  La misma razón, como vimos, para que los romanos llamaran <I>servus </I>al esclavo:  “porque los generales suelen vender a los cautivos y, por esto, los con-servan  sin matarlos; y se llaman ‘mancipia’ porque los enemigos los ‘capturan  con la mano’”<SUP>40</SUP>. La misma etimología encontramos ya, al inicio de la Edad  Media, en San Agustín<SUP>41</SUP> y se recoge en las <I>Siete Partidas</I> de Alfonso X  <I>El Sabio</I>: </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “siervo tomó este nombre de una palabra que es llamada en latín <I>servare,  </I>que quiere tanto decir en romance como <I>guardar</I>. Y esta guarda fue establecida  por los emperadores, pues antiguamente a todos cuantos cautivaban, matábanlos;  mas los emperadores tuvieron por bien y mandaron que no los matasen, mas  que los guardasen y se sirviesen de ellos”<SUP>42</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hecha la necesaria aclaratoria de los sentidos de “siervo” en la Edad Media,  y si –por más que su número fuese mínimo y sensiblemente decreciente a  lo largo de todo el medievo– nos restringimos al sentido fuerte de la palabra  como esclavo propiamente tal, podemos aún espigar su condición en la legislación  de la época. Por más que se mantengan normas que hoy día puedan parecernos  inhumanas, es indudable la suavización de otras muchas. Un breve espigueo  histórico de éstas nos ayudará a formarnos idea más cabal. Sólo será necesario  previamente recordar el hecho de que la vida civil de aquella época, y  aun la de varios siglos después, estaba regida por legislación tanto civil  como canónica, elaborada tanto por legisperitos como por teólogos; quizá  más por éstos que por los primeros<SUP>43</SUP>. No habrá de extrañar por ello que  recurramos aquí tanto a fuentes civiles como religiosas. De hecho, no pocos  Concilios de las diferentes Iglesias fueron convocados por los reyes. Los  de Toledo, por ejemplo, que decididamente se dedican a la tarea de legislar  para los dos ámbitos, civil y eclesiástico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por cierto que el primero de ellos, celebrado en el año 396, abre la puerta,  si bien con restricciones, a que los esclavos ingresen al estado clerical:  “No deben ordenarse de clérigos los que se encuentren obligados a otros  legalmente, a no ser que sean de vida muy probada, y se agregue además  el consentimiento de los patronos”<SUP>44</SUP>. Posteriormente Justiniano, recogiendo  esta disposición toledana, exigía explícitamente la liberación previa del  esclavo<SUP>45</SUP>; prescripción ésta que explicitaba en el año 593 otro Concilio  en la ciudad de Zaragoza, y que sería incorporada en el derecho canónico,  mediante el <I>Decreto de Graciano</I> y las <I>Decretales</I>: “ningún esclavo sea promovido  a las órdenes sagradas, de no obtener previamente de su dueño legítima  libertad”; “no está permitido hacerse clérigo, de no gozar previamente  de la dignidad de ingenuo”<SUP>46</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por la misma época de las <I>Partidas,</I> se copilaba también el <I>Fuero de Navarra</I>.  Por más que en éste no encontramos la figura del siervo esclavo, sí aparecen  restos de viejas disposiciones, aunque ampliamente suavizadas, referidas  aquí al siervo villano: “Si un hombre letrado, hijo de labrador encartado,  quiere ser clérigo, es conveniente que cuente con el favor y la gracia  del señor de quien es villano, y con su señor vayan al obispo y el señor  ruegue al obispo que lo ordene, y el obispo le hará ordenar”<SUP>47</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los bárbaros conquistadores del Imperio, demostraron no ser tan bárbaros.  El hecho de que fueran capaces de mantener una doble legislación, una –las  <I>Leges barbarorum</I>– para ellos mismos, y otra –las <I>Leges romanae– </I>para los  romanos vencidos, habla no poco en su favor. En todos sus años de grandeza,  el Imperio Romano no fue capaz de algo parecido. Teodorico I <I>el Grande</I>,  rey de los ostrogodos, no fue la excepción. Sin embargo, además de esa  doble legislación, emitió su famoso <I>Edicto, </I>destinado para romanos y ostrogodos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">De éste, merece la pena destacar dos disposiciones: la una, manteniendo  la prohibición del Derecho Romano de que “el que plagiando a un ingenuo  lo trasladara a otro lugar y lo vendiere o donare, o lo creyere vindicable  a su servicio, es reo de muerte”; y quien lo comprare, si fuere de baja  condición, quedaría desterrado, tras ser azotado; y si fuere de condición  respetable, sería desterrado por cinco años, tras confiscársele un tercio  de sus bienes. Las penas establecidas en el <I>Digestum</I> no eran muy dispares  a éstas: “si un comprador compra conscientemente un hombre libre, se da  juicio capital contra él por la ley Fabia sobre el plagio; crimen en el  que se hace reo también el vendedor, si vendió al libre conscientemente”<SUP>48</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La segunda es una ley por la que si alguien vendiera a su hijo por necesidad,  éste, a pesar de todo, seguía estando libre. La razón de ello es digna  de resaltarse: porque “un hombre libre no puede tasarse en ningún precio”<SUP>49</SUP>.  Esta prohibición de venta de los hijos vendría confirmada posteriormente  por Justiniano, quien eliminó el <I>ius vendendi </I>o derecho de vender a los  hijos, derecho del que antes gozaban los romanos, sin que se pudiera alegar  ignorancia. Además, prohibía que en la venta de la madre se pudiese incluir  la esclavización de sus hijos<SUP>50</SUP>. Posteriormente, en el IV Concilio de Toledo  que se celebraría el año 633, se promulgaba el <I>Fuero Juzgo</I> o <I>Liber Iudicum</I>,  que suponía la unificación, en la península ibérica, de la legislación  goda e hispanorromana. En este Código, se repetía –en parte casi a la letra–  la prohibición de vender hijos: “los padres no puedan vender los fijos,  ni dar, ni empennar; ni aquel que los recibiere non deve aver nengun poder  sobrellos. Mas el que comprar los fijos del padre pierda el precio; é si  fueren empennados, pierda lo que dio sobrellos”<SUP>51</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Justiniano, que promulgaba su <I>Código </I>en el año 528, prohibía además la  existencia de gladiadores, otro tipo de esclavitud: “no nos agradan como  ocio y descanso los espectáculos cruentos. Por tanto prohibimos absolutamente  que haya gladiadores”. Y algo más, que interesa resaltar: a partir de entonces  no podrían separarse los esclavos de la misma familia:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “el reparto de propiedades debe hacerse de modo que en cada sucesor se  mantenga íntegro el parentesco cercano y la afinidad de siervos, colonos  adscripticios y arrendados. ¿Quién separará los hijos de los padres, las  hermanas de los hermanos, las esposas de sus esposos? Por tanto, oblíguese  a quienes tuvieren así separados esclavos o colonos, a que los reúnan”<SUP>52</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Nos interesaba resaltar este último texto. No sólo refleja los comienzos  de una concepción oficial más “familiar” de la familia romana, sino que  además –y curiosamente– ello tiene lugar a propósito de la esclavitud.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">A pesar de la anotada cierta apertura del I Concilio de Toledo, al permitir  más o menos tímidamente que los esclavos ingresaran al estado clerical,  el resto de los celebrados en la ciudad toledana fueron más bien restrictivos  respecto a la esclavitud. De hecho, en el tercero de ellos, del año 589,  se prescribe que los Obispos vendiesen como esclava a la mujer sospechosa  de mantener relaciones sexuales con sacerdotes: “los que siempre han vivido  con arreglo al canon eclesiástico, si contra los estatutos antiguos tuvieran  en su compañía mugeres que pudieren engendrar sospecha infame, serán castigados  canónicamente, y las mugeres vendidas por los obispos, entregando su precio  a los pobres”<SUP>53</SUP>. Prescripción que se reitera en el Concilio IV de la misma  ciudad de Toledo, del año 633:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “algunos clérigos, no teniendo consorte legítima apetecen los consorcios  prohibidos de mugeres extrañas o de las criadas; y por lo tanto cualquiera  de estas que se encuentre así unida á los clérigos sea separada por el  obispo y vendida, reduciendo á los clérigos por algún tiempo á la penitencia,  porque se mancharon con su liviandad”<SUP>54</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En esta misma línea, las prohibiciones Toledanas se hacían cada vez más  estrictas. Las del IX Concilio de Toledo (año 655), además de afectar expresamente  a los Obispos, extremaban la severidad contra los incontinentes clérigos  ibéricos:</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Habiéndose promulgado muchos cánones para contener la incontinencia de  los clérigos y no habiéndose conseguido de modo alguno, ha parecido que,  en adelante, no sólo se ha de castigar a los que cometen maldades, sino  también a su descendencia. Y por lo tanto, cualesquiera desde el obispo  al subdiácono, constituidos en el honor, que en adelante engendraren hijos  de comercio detestable con mujer sierva o con libre, serán condenados a  sufrir las censuras canónicas; y la prole de semejante profanación, no  sólo no recibirá jamás la herencia de sus padres, sino que permanecerá  siempre sierva de aquella iglesia en que servía su padre de sacerdote o  ministro, para ignominia propia”<SUP>55</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> (Una aclaratoria marginal –y necesaria– al texto anterior habría de ser  que, aunque muy de pasada –tanto como para que pueda “pasársenos” sin caer  en cuenta de ello–, nos explica la raíz de este tipo de disposiciones eclesiales.  Que no es otra sino las exigencias que, en materia de herencia, hacían  los hijos de los clérigos alegres. Herencias que, poco a poco, iban depauperando  el patrimonio de las iglesias, dificultando así la manutención de los sucesivos  clérigos encargados de ellas). Similar disposición se repetía en el canon  X del XVI Concilio de Toledo, del año 693. Y posteriormente, en 1022, un  Sínodo de Pavía convocado conjuntamente por el Papa Benedicto VIII y el  Emperador Enrique II, la asumía también como suya. El Sínodo fue confirmado  como ley imperial por Enrique II –aunque con poco éxito– en el llamado  <I>Edictum Augusti</I><SUP>56</SUP>. Ha de tenerse en cuenta que estas disposiciones perduraron  a lo largo de los siglos. Cuando los frailes misioneros llegan a América  a evangelizar las colonias, las tenían muy presentes, así sea inconscientemente.  Y el lector de los cronistas de la época hará bien en tenerlas asimismo  presentes, para poder entender su lectura en su estricto sentido, y no  como producto de la picaresca del cronista. Como la de aquel fragmento  de Guaman Poma: “los dichos padres de las doctrinas tienen unas indias  en las cocinas o fuera de ellas que les sirven como su mujer casada, y  otras por manceba, y en ellas tiene veinte hijos, público y notorio. Y  a estos hijos mestizos les llaman sobrinos, y dicen que son hijos de sus  hermanos y parientes”<SUP>57</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">A pesar de algunas mejoras en la situación de los esclavos, éstos seguían  siendo básicamente esclavos. Es sintomático al respecto un texto del <I>Edicto  de Rotario</I>, del año 643, que encontramos en el <I>Código de leyes de los Longobardos</I>,  otra de las <I>Leges Barbarorum</I> a que antes se aludía. En dicho <I>Código</I>, el  esclavo no pasa de ser todavía una “cosa”: “si alguien vendiera una cosa  ajena, esto es un esclavo o esclava u otra cosa…”<SUP>58</SUP>. Sin embargo en otras  latitudes la esclavitud perdía terreno; un Concilio en la ciudad de Châlon-sur-Saône  suprimía el año 644 la venta de esclavos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hemos mencionado en repetidas ocasiones a las <I>Siete Partidas</I> de Alfonso  X <I>el Sabio</I>. Terminaremos este recorrido por la legislación hispanomedieval  refiriéndonos de nuevo a ellas. No en vano fueron, a partir de su aparición  en 1256, la legislación básica de Castilla, incluso hasta en la época de  las colonias americanas, como recopilación del Derecho Romano Visigótico  y de los fueros castellanos. Nuestra referencia tiene la intención de subrayar  la concepción que, a pesar de la época, tiene ese código respecto a la  esclavitud y la libertad. A pesar, también, de que Bodino sostenga que  en 1250 Europa estaba totalmente libre de esclavos<SUP>59</SUP>. Consideran las <I>Partidas</I>  que “la persona del hombre es la más noble cosa del mundo”; y la esclavitud  es contra la naturaleza: “servidumbre, es postura, o establecimiento que  hicieron antiguamente las gentes, por la cual los hombres, que eran naturalmente  libres, se hacían siervos y se sometían a señorío de otro contra razón  de naturaleza”<SUP>60</SUP>. Terminando en su Ley final con lo que nos parece un breve  pero hermoso canto a la libertad: “Decimos que regla derecha es que todos  los jueces deben ayudar a la libertad, porque es amiga de la naturaleza,  que la aman no tan solamente los hombres, mas aun todos los animales. Otrosí  decimos que servidumbre es cosa que aborrecen los hombres naturalmente”<SUP>61</SUP>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">A todo esto, ¿cuál era el sentir de los autores del momento? ¿Cuál era  la influencia que en ellos ejerció Aristóteles, descubierto, comentado  y venerado por todos ellos como “el” Filósofo? ¿Qué se opinaba, en concreto,  sobre su afirmación de la existencia de esclavos por naturaleza?</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las ideas de la <I>Política</I> aristotélica no tuvieron mayor repercusión sino  hasta el siglo XVI, cuando se planteó el debate sobre las Indias. Así piensa,  por ejemplo, Aubonnet, para quien después de Cicerón, en donde hay algunas  referencias a las tesis de la <I>Política, </I>apenas hay sino indicios de ésta<SUP>62</SUP>.  Pero, aun entonces, la antigua concepción aristotélica de esclavos por  naturaleza cedió el paso en la Edad Media a la de siervos por naturaleza,  imbricada en la esencia del sistema feudal. Pero teniendo en cuenta que  “naturaleza” resultaba ahora sinónimo de “feudo” y de “señorío”, designando  un modo preciso de pertenencia a un señorío; aunque no se hubiese nacido  en él. Un significado que se mantiene aún en nuestros días: “calidad que  da derecho a ser tenido por natural de un pueblo, para ciertos efectos  civiles; entendiendo por natural al señor de vasallos o que por su linaje  tenía derecho al señorío”<SUP>63</SUP>. Lo que no es sino establecer la diferencia  que hay y había entre el <I>natus, </I>(nacido, oriundo:<I> </I>indicativo del origen  de nacimiento) y <I>naturalis</I> (natural: indicativo de la naturaleza, feudo  o vasallaje); diferencia entre “nativo” y “naturalizado”. Hasta entonces,  la tesis más cercana es seguramente la nacida en el seno del cristianismo,  según la cual la esclavitud es el castigo natural por el pecado. La idea  de San Pablo de que el hombre es esclavo del pecado</FONT><A HREF="63_FN63.htm"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>64</SUP></FONT></A><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"> se entendió literalmente  como que la esclavitud es el castigo por el pecado: al crear Dios al hombre </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Racional a su imagen, quiso que sólo dominara a los irracionales; no un  hombre a otro, sino a los animales… Así que la condición de esclavitud,  se consideró justamente impuesta al pecador. De ahí que en ningún lugar  de las Escrituras leamos la palabra ‘siervo’ antes de que el justo Noé  castigara con ella el pecado de su hijo. Así que este nombre lo ocasionó  el pecado, no la naturaleza”<SUP>65</SUP>. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por eso, tras Cristo, ya no hay distinción entre esclavo y libre<SUP>66</SUP>; y todos  los cristianos se autodenominaron esclavos de Cristo<SUP>67</SUP>. Hasta el Papa Gregorio  Magno –y, a partir de él, sus sucesores –se hace llamar <I>servus servorum  Dei</I>. Por eso, durante toda la Edad Media domina la tesis de que el hombre  es esclavo a causa del pecado. Esto es, la esclavitud es el castigo por  el pecado del hombre. Véase, por ejemplo, cómo se expresa Isidoro de Sevilla: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">“Dios impuso al género humano la pena de esclavitud, a causa del pecado  del primer hombre. De modo que a quienes ve que no les es congruente la  libertad, les impone misericordiosamente la esclavitud. Y aunque el pecado  original haya sido perdonado a todos los fieles por la gracia del bautismo,  sin embargo el justo Dios dispuso la vida de los hombres de modo que hizo  a unos siervos, a otros dueños, a fin de que el libertinaje hacia el mal  obrar de los siervos quedara restringido por la autoridad de los dueños”<SUP>68</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Esta, y no otra, sería la “naturalidad” en la que se fundamentaría la esclavitud;  porque la naturaleza de las cosas exige la reparación de las culpas. Así  habría que entender, desde un punto de mira cristiano al menos, a Aristóteles.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Se podrá discutir si, con su teoría de la esclavitud natural, Aristóteles  estaba manifestando su propio pensamiento al respecto, o pretendía sólo  justificar la determinada situación social en que vivía. Del mismo modo,  se podrá discutir también si Tomás de Aquino estaba asimismo exponiendo  su propio pensar sobre la esclavitud, o solamente estaba haciendo el comentario  a la doctrina del de Estagira. Es indudable que, en el ambiente de veneración  de que gozó Aristóteles en general, y en particular por parte del de Aquino,  éste quiso salvar la opinión del estagirita y conjugarla, en lo posible,  con el cristianismo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La opinión general de la época –de la que no podemos excluir a ningún teólogo  del momento– consideraba que en ciertos casos la esclavitud era lícita  y beneficiosa para el esclavo. El caso del cautivo en guerra justa, a quien  se le perdona la vida y se le hace esclavo, podría ser un ejemplo. Pero  es que, además, Tomás de Aquino piensa que “el derecho natural ordena que ha de infligirse una pena por la culpa y  que ninguno ha de castigarse sin culpa. Pero determinar la pena de acuerdo  a la condición de la persona y de la culpa pertenece ya al derecho positivo.  Por tanto, la esclavitud, que es una pena determinada, pertenece al derecho  positivo; procede del derecho natural como un determinado procede de un  indeterminado”<SUP>69</SUP>.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Tomás de Aquino se encontraba en la Edad Media con los conceptos de siervo  como esclavo, y siervo como siervo, en la línea del vasallo y del “natural”;  y el de naturalizado. Siguiendo la tradición cristiana, para él, la servidumbre-esclavitud,  tiene meramente como finalidad el bien del amo; y es producto del pecado.  Pero lo que él llama “sometimiento económico o civil”, que coincidiría  con la servidumbre medieval y que es incluso anterior al pecado del hombre,  tiene como finalidad la utilidad y el beneficio de todos<SUP>70</SUP>. Y de ésta es  de la que habla el de Aquino. Más que de una esclavitud por naturaleza,  en la que el esclavo es una propiedad del señor, se trata de una “servidumbre  por naturaleza”, en la que el siervo tiene un contrato de servidumbre feudal,  con derechos y obligaciones por parte del señor y del siervo. En tal sentido  –aplicando aquí la tesis aristotélica– esta servidumbre sería justa, pues  “por naturaleza” unos quedaban dotados para mandar y otros para ser mandados;  porque –al decir de Salomón– “el que es tonto, será esclavo del sabio”<SUP>71</SUP>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El pensamiento general de Santo Tomás confirma lo expuesto. Partiendo de  que “todos los hombres por naturaleza son iguales”<SUP>72</SUP>, sostiene, por ejemplo,  que algo puede ser natural en dos sentidos distintos: o porque la naturaleza  nos inclina a ello, como el no perjudicar al prójimo; o porque la naturaleza  no nos impone lo contrario, como el que anduviésemos desnudos, pues el  ir vestidos no es por naturaleza, sino por una determinada utilidad. La  esclavitud y el vestido no existían con anterioridad al pecado original.  En este sentido, acota, es natural la esclavitud, en cuanto no la impuso  la naturaleza, sino una supuesta utilidad humana<SUP>73</SUP>. De modo que, absolutamente  hablando, por naturaleza un hombre no puede pertenecer a otro; la naturaleza  ni impone ni impide que el hombre sea libre; pero por una utilidad o conveniencia  común puede uno someterse a otro más sabio. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Insiste: “que este hombre, más que ese otro, sea esclavo, no es por naturaleza,  sino sólo por alguna utilidad subsecuente, en cuanto le es útil ser dirigido  por otro más sabio, y a éste que sea ayudado por aquél. Por eso la esclavitud,  que es de derecho de gentes, es natural en el segundo modo, esto es por  la utilidad que reporta, pero no en el primero”<SUP><span style="text-decoration: none">74</span></SUP>. Esto –nótese bien– lo  dice precisamente comentando la doctrina de Aristóteles; así cree él que  debe entenderse al estagirita. Y así quedaría a salvo la enseñanza de éste.  Coinciden ambos en querer justificar la determinada realidad social que  a cada uno le tocó vivir. Pero, a pesar de las apariencias, Aristóteles  y el de Aquino no hablan el mismo idioma. La servidumbre del segundo, más  que una esclavitud natural, es más bien una desigualdad accidental. El  pecado del de Aquino fue quizá no haber sido más claro y específico, ocasionando  que más de uno lo identificaran en exceso con Aristóteles. Si esto no es  así y Tomás de Aquino pensó que este fue el verdadero sentir de Aristóteles,  resultó un comentarista de éste mucho peor que Sepúlveda<SUP>75</SUP>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Bibliografias</font></b></P> <font size="2">     <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">1. MUÑOZ GARCIA, A. 'Esclavitud: presencia  de Aristóteles en la <i>polis </i>colonial',<b> </b>en <i>Revista de Filosofía</i>,  n. 55, 2007.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715977&pid=S0798-1171200700030000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">2. SACO, J.A. <i>Historia de la  esclavitud, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. </i>Habana,  Alfa, 1937.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715978&pid=S0798-1171200700030000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">3. Villanueva, J. <i>Viaje literario a  las Iglesias de España. </i>Madrid, 1804-1806.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715979&pid=S0798-1171200700030000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">4. MUÑOZ Y ROMERO, T. (ed.): <i>Colección  de fueros y cartas pueblas</i>. Madrid, 1847.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715980&pid=S0798-1171200700030000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">5. Escalona, R. OSB: <i>Historia del  Monasterio de Sahagún</i>. Madrid, Ibarra, 1782.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715981&pid=S0798-1171200700030000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">6.  Guillen, J. <i>Marco Tulio Cicerón: Sobre la República, Sobre las leyes. </i> Madrid, Tecnos, 2000.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715982&pid=S0798-1171200700030000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">7. Rascon Garcia, C., y Garcia Gonzalez,  J. (eds.): <i>Ley de las XII Tablas.</i> Madrid, Tecnos, 1996.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715983&pid=S0798-1171200700030000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">8. SUAREZ FERNANDEZ, L. <i>Manual de  Historia Universal, </i>vol. III <i>Edad Media. </i>Madrid, Espasa, 1980.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715984&pid=S0798-1171200700030000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">9. COROMINAS, J. <i>Diccionario crítico  etimológico</i>. Madrid, Gredos, 1976; </font><i><font face="Verdana"> Diccionario de la Lengua Española.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715985&pid=S0798-1171200700030000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">10. SOLORZANO PEREIRA, Juan. <i>De Indiarum  iure.</i> Madrid, CSIC, 1994, p. 423.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715986&pid=S0798-1171200700030000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">11. PLATON. <i>Cratilo. </i>397 B, en GARCIA  BACCA, <i>Platón. Obras completas.</i> Caracas, UCV, 1980.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715987&pid=S0798-1171200700030000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. AGUSTIN, San. <i>Obras de San Agustín, </i>vol. XVII, <i>La  Ciudad de Dios, </i>Lib. XIX, cap. 15, BAC. Madrid, 1964.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715988&pid=S0798-1171200700030000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. MUÑOZ GARCIA, A. <i>Diego de Avendaño: Filosofía, moralidad,  derecho y política en el Perú colonial</i>. Lima, Universidad Nacional Mayor San  Marcos, 2003.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715989&pid=S0798-1171200700030000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Vives, J., Marin Martinez, T., y Martinez Diez, G. (eds.). <i>Concilios visigóticos e hispano-romanos,</i> CSIC, Madrid, 1963. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715990&pid=S0798-1171200700030000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. MIGNE, J. <i>Patrología Latina</i>.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715991&pid=S0798-1171200700030000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. GARCIA DE LOAISA. <i>Collectio Conciliorum Hispaniae,  diligentia... elaborata eiussqne vigiliis aucta. </i>Madrid, 1593.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715992&pid=S0798-1171200700030000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Gonzalez, F. <i>Collectio canonum Ecclesiae Hispaniae</i>.  Madrid, 1808.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715993&pid=S0798-1171200700030000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Orlandis, J. <i>La Iglesia en la España visigótica y  medieval.</i> Pamplona, EUNSA, 1976.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715994&pid=S0798-1171200700030000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Rivera, J. <i>Los concilios de Toledo</i>, en:  Fliche-Martin, <i>Historia de la Iglesia</i>. Valencia, EDICEP, 1975.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715995&pid=S0798-1171200700030000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">20. UTRILLA UTRILLA, J. (ed.): <i>El Fuero  General de Navarra</i>. Pamplona, Fundación Diario de Navarra, 2003.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715996&pid=S0798-1171200700030000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">21. Labbe, Ph., y Cossart, G. <i> Sacrosancta concilia</i>, 17 vols., Paris, 1671-73, ed. revisada de N. Coleti,  23 vols., Venecia, 1728-33.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715997&pid=S0798-1171200700030000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">22. GUAMAN POMA DE AYALA, Felipe. <i>Nueva  Corónica y Buen Gobierno</i>, ed. de F. Pease, Caracas, 1980.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715998&pid=S0798-1171200700030000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Bodino, J. <i>Los seis Libros de la república, </i>L. I,  cap. V. UVC, Caracas, 1966.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1715999&pid=S0798-1171200700030000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">24. AUBONNET, J. 'Le destin de l’oeuvre: la  place de la <i>Politique</i> dans l’histoire des idées',<i> </i>en <i>Aristote.</i> <i>Politique, </i>Les Belles Lettres, Paris, 1991.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716000&pid=S0798-1171200700030000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">25. SIDORO DE SEVILLA, <i>Sententiae. </i> L. III, 47.1, en http://www.thelatinlibrary.com/isidore.html, (última  consulta: 12-6-2006).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716001&pid=S0798-1171200700030000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">26. Campos, J., y Melia, J. <i>Santos  Padres Españoles</i>: <i>II San Leandro, San Isidoro, San Fructuoso, Reglas  monásticas de la España visigoda, Los libros de las 'Sentencias'</i>, Madrid,  1971. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716002&pid=S0798-1171200700030000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">27. Garnsey, P. <i>Ideas of slavery from  Aristotle to Augustine</i>. Cambridge, 1997.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716003&pid=S0798-1171200700030000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">28. TOMAS DE AQUINO, <i>Expositio in IV  Libros Sententiarum,</i> L. IV, q. 1, a. 1, ad 3, en ID., <i>Opera omnia, </i>ed.  Leonina, Roma, 1891.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716004&pid=S0798-1171200700030000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">29. Aertsen, J., Elders, L., Hedwig, K. (eds.), <i>Lex et Libertas. Freedom and Law According to St. Thomas Aquinas. Proceedings  of the Fourth Symposium on St. Thomas Aquinas' Philosophy, Rolduc, November 8  and 9, 1986</i>, Città del Vaticano, 1987.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716005&pid=S0798-1171200700030000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">30. Brown, D. 'Aquina´s Doctrine of Slavery  in Relation to Thomistic Teaching on Natural Law', en <i>Proceedings of the  American Catholic Philosophical Association</i>, 53, 1979.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716006&pid=S0798-1171200700030000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">31. Coniglio, G. 'Le concept d’esclavage  dans Saint Thomas d’Aquin', en Cercle Thomiste, 15, 1953.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716007&pid=S0798-1171200700030000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">32. Garcia–Huidobro, J. <i>Razón práctica  y derecho natural: El iusnaturalismo de Tomás de Aquino. </i>Valparaíso, 1993.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716008&pid=S0798-1171200700030000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">33. Lee, P. 'Aquinas and Scotus on Liberty  and Natural Law', en <i>Proceedings of the American Catholic Philosophical  Association</i>, 56, 1982.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716009&pid=S0798-1171200700030000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">34. Lisska, A. <i>Aquinas’s Theory of  Natural Law: An Analytic Reconstruction. </i>Nueva York, 1966.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716010&pid=S0798-1171200700030000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">35. Lottin, O. <i>Le droit natural chez  Saint Thomas d’Aquin et ses prédécesseurs. </i>Brujas, 1931.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716011&pid=S0798-1171200700030000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">36. Martinez Barrera, J. <i>La política  en Aristóteles y Tomás de Aquino. </i>Pamplona, 2002.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716012&pid=S0798-1171200700030000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">37. O’Connor, D. <i>Aquinas and Natural  Law. </i>Londres, 1967.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716013&pid=S0798-1171200700030000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">38. ZAGAL, H. 'La servidumbre natural según  Tomás de Aquino', en WALDE., L., COMPANY, C., y GONZALEZ, A., (eds.), <i> Caballeros, monjas y Maestros en la Edad Media</i>, (Actas de las <i>V Jornadas  Medievales</i>), UNAM, México, 1996.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716014&pid=S0798-1171200700030000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">39. VERLINDEN, Ch. <i>L’Esclavage dans  l’Europe médiévale, </i>Vol. I, <i>Peninsule Ibérique. France, </i>Brujas, 1955.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1716015&pid=S0798-1171200700030000500039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1 Véase, especialmente, LOSADA, A.: “El jesuita segoviano Diego de Avendaño,  defensor de los negros en América”, en CUESTA DOMINGO, M.: <I>Proyección y  presencia de Segovia en América</I>, Actas del Congreso Internacional (23-28  de abril de 1991), Segovia, 1992, pp. 423-444. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2 MUÑOZ GARCIA, A.: “Esclavitud: presencia de Aristóteles en la <I>polis </I>colonial”,<B>  </B>en <I>Revista de Filosofía</I>, n. 55, 2007, pp. 7-33. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3 “Cum uno naturali nomine homines appellaremur, iure gentium tria genera  esse coeperunt: liberi et his contrarium servi et tertium genus liberti”:  <I>Digestum</I>, 1.1.4, en <I>Corpus Iuris Civilis</I>, ed. P. Krüger, Berlin, 1872;  cfr. D’ORS, A., y OTROS: <I>El Digesto de Justiniano, </I>3 vols., Aranzadi, Pamplona,  1968 (en adelante cit. como <I>Digestum</I>) </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4 ALFONSO X EL SABIO, <I>Las Siete Partidas</I>, Partida IV, Tít. 23, Ley 2, Salamanca,  1555; Antología a cargo de F. López Estrada y M. López García-Berdoy, Castalia,  Madrid, 1992<I>, </I>(en adelante cit. como <I>Partidas</I>). </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5 “Libertas naturali iure continetur et dominatio ex gentium iure introducta est”: <I> Digestum</I>, 12.6.64; “servitus est constitutio iuris gentium, qua quis dominio  alieno contra naturam subicitur”: <I>ID.: </I>1.5.4.1; también: “in potestate  sunt servi dominorum (quae quidem potestas iuris gentium est)”: “los esclavos  están bajo la potestad de sus dueños (potestad que es de derecho de gentes)”:  <I>ID</I>.: 1.6.1.1. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6 <I>Partidas, </I>Part. IV, Tít. 21, Ley 1.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7 “Ius naturale est, quod natura omnia animalia docuit”: <I>Digestum</I>, 1.1.1.3;  “ius gentium est, quo gentes humanae utuntur. Quod a naturali recedere  facile intellegere licet, quia illud omnibus animalibus, hoc solis hominibus  inter se commune sit”: <I>ID.: </I>1.1.1.4; cfr. <I>ID.: </I>1.1.9. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8 <I>Partidas, </I>Part. IV, Tít. 21, Ley 1.- “Servi autem in dominium nostrum rediguntur  aut iure civili aut gentium: iure civili, si quis se maior viginti annis  ad pretium participandum venire passus est. Iure gentium servi nostri sunt,  qui ab hostibus capiuntur aut qui ex ancillis nostris nascuntur”: “los  esclavos entran en nuestro dominio o por derecho civil o por el de gentes. Por derecho civil, si alguien mayor de veinte años fue vendido para participar  del precio. Por derecho de gentes son nuestros esclavos los tomados cautivos  a los enemigos o los nacidos de nuestras esclavas”: <I>Digestum</I>, 1.5.5.1.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9 P. ej.: entre otros muchos textos: “Todo el que practica el pecado, es  esclavo del pecado…<SUP> </SUP>si el Hijo os libera, seréis verdaderamente libres”:  Jn 8, 34 y 36; “ya no eres esclavo, sino hijo”: Gal 4, 7.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10 Gal.: 3, 28. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11 Cfr. MUÑOZ GARCIA, A.: “Esclavitud: presencia de Aristóteles en la <I>polis  </I>colonial”,<B> </B>en <I>Revista de Filosofía</I>, n. 55, 2007, pp. 7-33.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12 I Cor, 4, 12.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13 SACO, J.A.: <I>Historia de la esclavitud, desde los tiempos más remotos hasta  nuestros días, </I>Alfa, Habana, 1937, vol. III, L. XXIII, p. 243-244 (en adelante  cit. como SACO, <I>Historia</I>). Para la referencia borgoñona da <I>Lex Burgund</I>.  tít. 4, art. 1.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14 DUBUY, G.: “Introducción” a ID.: (ed.), <I>Civilización latina</I>, Laia, Barcelona,  1989, p. 8.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15 SACO, J.A.: <I>Historia. </I>Vol. III, L. XXIII, p. 255; da como referencia: <I>Statuta  Hamburgensia</I>, par. I, tít. 2, art. 2.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16 Ibidem; da como referencia: <I>Christ. Paullini Annal. Isenaceus</I>, p. 57. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17&nbsp; “Civitas Tholosana fuit et erit sine fine libera, adeo ut servi et ancillae,  sclavi et sclavae, dominos sive dominas habentes, cum rebus vel sine rebus  suis ad Tholosam vel infra terminos extra urbem terminatos accedentes,  adquirant libertatem”: <I>Consuetudines</I>: en ID.: vol. III, L. XXIII, p. 253. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18 Cfr. ID.: vol. III, Libro XXIII, pp. 257ss. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19 “Canon XXI: Item praecipimus, ut servus incognitus similiter inde non extrahatur,  nec alicui detur”: Reguera Valdelomar<I>, </I>Juan de la, (ed.): <I>Extracto de las  Leyes del Fuero Viejo de Castilla</I>, Madrid, 1798 (ed. facs. Maxtor,  Valladolid, 2001), p. 142.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 20 “Et si servus aut ancilla venisset inter eos, aut aliquis homo cum aliena  uxore aut sponsa, aut latro inieniosus, aut aliquis falsator vel criminosus,  securus stetisset inter omnes alios habitatores sine aliqua dubitatione”: Saco, vol. III, L. XXIII, p. 259; y da como referencia: Villanueva, J.:  <I>Viaje literario de las iglesias de España</I>, vol. VIII, apénd. 30; reimpr.  en Muñoz y Romero, <I>Colección de Fueros y Cartas Pueblas</I>. (Se trata de la  monumental obra: VILLANUEVA, Joaquín Lorenzo y Jaime, <I>Viaje literario a  las Iglesias de España, </I>22 vols.: I-V: Madrid, 1804-1806; VI-X: Valencia,  1821; XI-XXII: Madrid, 1850-1852. Y de MUÑOZ Y ROMERO, T. (ed.): <I>Colección  de fueros y cartas pueblas</I>, Madrid, 1847).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 21 “Ingenui sunt qui liberi nati sunt; libertini, qui ex iusta servitute manumissi  sunt”: GAYO, <I>Institutiones, </I>1.11; “Qui ad habitandum venerit vendarii,  cuparii, servi, sint ingenui et absoluti”: SACO, <I>Historia</I>, vol. III, L.  XXIII, p. 259; y da como referencia: Escalona, OSB, <I>Historia del Monasterio  de Sahagún</I>, y Muñoz y Romero, <I>Colección de Fueros y Cartas Pueblas</I> (Se  refiere a ESCALONA, R.: <I>Historia del Monasterio de Sahagún</I>, Ibarra, Madrid,  1782).</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 22 “Quicumque ad Concham venerit populari cuiuscumque sit conditionis, id  est, sive Christianus, sive Maurus, sive Judaeus, sive liber, sive servus,  veniat secure”: SACO, J. A.: <I>Historia</I>, vol. III, L. XXIII, p. 261.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 23 “Habuit plebem in clientelas principum discriptam”: CICERON, <I>De Republica</I>,  II, 16, en Guillen J.: <I>Marco Tulio Cicerón. Sobre la República. Sobre las  leyes, </I>Tecnos, Madrid, 2000<I>, </I>p. 55. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 24 “Grave est fidem fallere”: <I>Digestum</I> 13.5.1.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 25 “Patrem primum, postea patronum proximum nomen habuere”: AULO GELIO, <I>Noches  Aticas,</I> L. V, c. XIII, ed. de F. Navarro y Calvo, Madrid, 1893, vol. I,  p. 213 (en adelante cit. como AULO GELIO).</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 26 “Patronus, si clienti fraudem fecerit, sacer esto”: “si el patrono comete  fraude a su cliente, sea maldito”: <I>Ley de las Doce Tablas</I>, ed. de C. Rascón  García y J. García González, Tecnos, Madrid, 1996<I>,</I> Ley VIII, 21, p. 26-27. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 27 “Neque clientes sine summa infamia deseri possunt”: “no pueden abandonarse  los deberes hacia un cliente sin cubrirse de infamia”: AULIO GELIO, L.  V, c. XIII, vol. I, p. 213.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 28 <I>Observaciones sobre la Ley de las XII Tablas y el Comentario de Gayo, </I>en  Rascon Garcia, C., y Garcia Gonzalez, J. (eds.): <I>Ley de las XII Tablas,</I>  Tecnos, Madrid, 1996, Coment. a Ley VIII, 21, p. 90-91.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 29 “Si quis praedium vendere voluerit vel donare, retinere sibi transferendos  ad alia loca colonos privata pactione non possit”: <I>Codex Iustinianus</I>, 11.48.2pr.  en <I>Corpus Iuris Civilis</I>, ed. P. Krüger, Berlin, 1872 (en adelante cit.  como<I> Codex Iustinianus</I>). </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 30 “Liceat unicuique domino ex praediis, quae corporaliter et legitimo iure  possidet, rustica utriusque sexus mancipia, etiamsi originaria sint, ad  iuris sui loca transferre, vel urbanis ministeriis adplicare”: TEODORICO, <I>Edictum Theoderici Regis</I>, 142, en http://ancientrome.ru/ius/library/edict/theod.htm#3,  (última consulta 01-7-2006) (en adelante cit. como TEODORICO, <I>Edictum</I>). </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 31 <I>Partidas, </I>Part. IV, Tít. 26, Ley 1. pp. 307-308. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 32 En realidad, como hace notar el <I>Diccionario de la lengua Española, </I>“feudo”  se deriva del germánico <I>fehu</I>, que significa “propiedad”. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 33 <I>Partidas</I>, Part. IV, Tít. 25, Ley 4.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 34 Cfr. SUAREZ FERNANDEZ, L.: <I>Manual de Historia Universal, </I>vol. III <I>Edad  Media, </I>c. XII, Espasa, Madrid, 1980, pp. 195-205. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 35 <I>Partidas, </I>Part. II, Tít. 29, Ley 1. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 36 Sólo en el caso en que ese tributo no se pagara (nótenlo bien los detractores  del medievo: sólo en ese caso) se imponía el <I>ius primae noctis</I> o derecho  de la primera noche, vulgarmente conocido como “derecho de pernada”. Un  derecho cuyo ejercicio pasó pronto a ejercerse de manera simbólica, pasando  el señor por encima de la cama en la que estaba recostada, vestida y ataviada  aún de novia, la recién desposada. En el fondo, más que de un disfrute  sexual, se trataba de un rito más de dominación del señor. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 37 Cfr. COROMINAS, J.: <I>Diccionario crítico etimológico</I>, Gredos, Madrid, 1976;  <I>Diccionario de la Lengua Española.</I></FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 38 SOLORZANO PEREIRA, Juan, <I>De Indiarum iure</I>, vol. III <I>De Indiarum retentione,  </I>L. III, cap. VII, n. 10-11, CSIC, Madrid, 1994, p. 423. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 39 PLATON, <I>Cratilo, </I>397 B, en GARCIA BACCA, <I>Platón. Obras completas, </I>vol.  IV, UCV, Caracas, 1980, p. 194.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 40 <I>Digestum, </I>1.5.4.2 y 1.5.4.3.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 41 “Origo autem vocabuli servorum in Latina lingua inde creditur ducta, quod  hi, qui iure belli possent occidi, a victoribus cum servabantur servi fiebant,  a servando appellati”:<I> </I>AGUSTIN, San, <I>Obras de San Agustín, </I>vol. XVII, <I>La  Ciudad de Dios, </I>Lib. XIX, cap. 15, BAC, Madrid, 1964, p. 1403-1404 (en  adelante cit. como AGUSTIN, <I>Ciudad</I>). </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 42 <I>Partidas, </I>Part. IV, Tít. 21, Ley 1.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 43 Cfr. a este respecto, MUÑOZ GARCIA, A.: <I>Diego de Avendaño. Filosofía, moralidad,  derecho y política en el Perú colonial</I>, Universidad Nacional Mayor San  Marcos, Lima, 2003, pp. 89-94. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 44 “Clericos, si obligati sunt vel per aequatione vel genere alicuius domus,  non ordinandos, nisi probatae vitae fuerint et patronorum consensus accesserit”  canon X, <I>Que no se admita al clericato sin consentimiento del señor o del  patrono al que está obligado a otro</I>. Los textos de los Concilios de las  ciudades españolas que se citarán aquí pueden verse en Vives, J., Marin  Martinez, T., y Martinez Diez, G. (eds.): <I>Concilios visigóticos e hispano-romanos,</I>  CSIC, Madrid 1963 (en adelante cit. como Vives-Marin-Martinez). El texto  del I Concilio de Toledo, de la ed. anterior, puede verse en http://www.filosofia.org/cod/c0397t01.htm  (última consulta: 7-2-2005); la mayoría de los Concilios de Toledo en MIGNE, J.: <I>Patrología Latina</I>, vol. 84,&nbsp;365ss.; cfr. también GARCIA DE LOAISA, <I>Collectio  Conciliorum Hispaniae, diligentia... elaborata eiussqne vigiliis aucta,  </I>Madrid, 1593; Gonzalez, F.: <I>Collectio canonum Ecclesiae Hispaniae</I>, Madrid  1808; Orlandis, J.: <I>La Iglesia en la España visigótica y medieval</I>, EUNSA,  Pamplona 1976; Rivera, J.: <I>Los concilios de Toledo</I>, en: Fliche-Martin,  <I>Historia de la Iglesia</I>, EDICEP, Valencia, 1975, vol. V, pp. 709-717.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 45 “Servos sane sociari clericorum consortiis, volentibus quoque et consentientibus  dominis, modis omnibus prohibemus; cum liceat eorum dominis, data servis  prius libertate, licitum eis ad suscipiendos honores clericorum iter, si  hoc voluerint, aperire”: <I>Codex Iustinianus</I>, 1.3.36.1.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 46 “Nulli de servili conditione ad sacros ordines promoveantur, nisi prius  a propriis dominis legitimam libertatem consequantur”: <I>Decretum Gratiani</I>,  P. I, dist. LIV, c. 2 <I>Nulli de servili conditione</I>, en <I>Corpus Iuris Canonici,  </I>Basilea, 1696, col. 181 (en adelante cit. como <I>Decretum Gratiani</I>); y, en  general, toda esa <I>Distinctio</I>, ed. cit. cols. 181-188; “clericus fieri non  permittitur, nisi ante Clericatum ingenuitatis dignitate potiatur”: <I>Decretales</I>,  L. I, Tit. XVIII, <I>De servis non ordinandis et eorum manumissione</I>, cap.  1, <I>Instruendi</I>, en <I>Gregorii Papae IX Decretales suae integritati restitutae  et notis illustratae, </I>Basilea, 1695, 1695, col. 112 (en adelante cit. como <I>Decretales</I>). </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 47 UTRILLA UTRILLA, J. (ed.): <I>El Fuero General de Navarra</I>, L. III, Tít. I  <I>De las iglesias</I>, cap. 3, Fundación Diario de Navarra, Pamplona, 2003, vol.  I, p. 186.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 48 “Qui ingenuum plagiando, id est sollicitando, in alia loca translatum aut  vendiderit, aut donaverit, vel suo certe servitio vindicandum crediderit,  occidatur”: TEODORICO, <I>Edictum</I>, 78; “qui ingenuum celaverint, vendiderint,  vel scientes comparaverint, humiliores fustibus caesi in perpetuum dirigantur  exilium; honestiores confiscata tertia parte bonorum suorum, poenam patiantur  nihilominus quinquennalis exilii”: <I>ID.: </I>83; “si liberum hominem emptor  sciens emerit, capitale crimen adversus eum ex lege Fabia de plagio nascitur;  quo venditor quoque fit obnoxius, si sciens liberum esse vendiderit”: <I>Digestum,</I>  48.15.1. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 49 “Parentes qui cogente necessitate filios suos alimentorum gratia vendiderint,  ingenuitati eorum non praeiudicant; homo enim liber pretio nullo aestimatur”: TEODORICO, <I>Edictum</I>, 94. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 50 “Liberos a parentibus neque venditionis neque donationis titulo neque pignoris  iure aut quolibet alio modo, nec sub praetextu ignorantiae accipientis  in alium transferri posse manifesti iuris est”: <I>Codex Iustinianus</I>, 4.43.1;  “transactione matris filios eius non posse servos fieri notissimi iuris  est”: <I>ID.: </I>2.4.26.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 51 “Parentibus filios suos non liceat vendere, vel donare, aut oppignorare.  Nec ex illis aliquid iuri suo defendat ille qui acceperit, sed magis premium,  vel sepositionis commodum, quod dederat, perdat qui a parentibus filium  comparavit”: <I>Fuero Juzgo, </I>Libro V, Tít. IV, <I>Que los padres non puedan vender  los fijos, ni meter en poder dotri,</I> art. XIII ed. de J. Uyá, 2 vols., Zeus,  Barcelona, 1968, vol. I, p. 264-265.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 52 “Cruenta spectacula in otio civili et domestica quiete non placent. Quapropter  omnino gladiatores esse prohibemus”: <I>Codex Iustinianus</I>, 11.44.1; “possessionum  divisiones sic fieri oportet, ut integra apud successorem unumquemque servorum  vel colonorum  adscripticiae condicionis seu inquilinorum proxima agnatio  vel adfinitas permaneret. Quis enim ferat liberos a parentibus, a fratribus  sorores, a viris coniuges segregari? Igitur si qui dissociata in ius diversum  mancipia vel colonos traxerint, in unum eadem redigere cogantur”: <I>ID.:  </I>3.38.11</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 53 Concilio III de Toledo, canon V <I>Que los sacerdotes y levitas vivan castamente  con sus mujeres</I> (en Vives-Marin-Martinez).</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 54 Concilio IV de Toledo, canon XLIII <I>Que se vendan las mugeres que se sepa que están unidas a los clérigos</I> (en ID.).</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 55 Concilio IX de Toledo, canon X <I>De la pena de los hijos de los sacerdotes  y ministros </I>(en ID.). </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 56 Cfr. Labbe, Ph., y Cossart, G.: <I>Sacrosancta concilia</I>, 17 vols., Paris,  1671-73, vol. IX, col. 819; ed. revisada de N. Coleti, 23 vols., Venecia,  1728-33.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 57 GUAMAN POMA DE AYALA, Felipe, <I>Nueva Corónica y Buen Gobierno</I>, ed. de F.  Pease, Caracas, 1980, vol. II, p. 15. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 58 “Si quis rem alienam, id est servum aut ancillam seu alias res, sciens  rem alienam esse, non suam, ubicumque transvindederit…”: <I>Edictvs Rothari</I>,<B>  </B>229, en http://www.oeaw.ac.at/gema/lango_leges.htm (consulta: 7-2-2005).</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 59 Bodino, J.: <I>Los seis Libros de la república, </I>L. I, cap. V, UVC, Caracas,  1966, p. 126.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 60 <I>Partidas, </I>Part. 7, Tít. 1,<I> </I>Ley 26; y Part. 4, Tít. 21<I> De los siervos, </I>Ley  1. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 61 <I>ID.: </I>Part. 7, Tít. 33, Ley 13.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 62 AUBONNET, J.: “Le destin de l’oeuvre: la place de la <I>Politique</I> dans l’histoire  des idées”,<I> </I>en <I>Aristote.</I> <I>Politique, </I>Les Belles Lettres, Paris, 1991, vol.  I, p. CXLVI. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 63 <I>Diccionario de la lengua Española.</I></FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 64  Cfr. Rom 7, 23. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 65 “Rationalem factum ad imaginem suam, noluit nisi irrationabilibus dominari;  non hominem homini, sed hominem pecori… Conditio quippe servitutis iure  intellegitur imposita peccatori. Proinde nusquam Scripturarum legimus servum,  antequam hoc vocabulo Noe iustus peccatum filii vindicaret. Nomen itaque  istud culpa meruit, non natura”: AGUSTIN, <I>Ciudad, </I>Lib. XIX, cap. XV. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 66 Col.: 3, 11.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 67 P. ej.: Filip. 1.1. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 68 “Propter peccatum primi hominis, humano generi poena divinitus inlata est  servitutis, ita ut quibus aspicit non congruere libertatem, his misericordius  inroget servitutem. Et licet peccatum humanae originis per baptismi gratiam  cunctis fidelibus dimissum sit, tamen aequus Deus ideo discrevit hominibus  vitam, alios servos constituens, alios dominos, ut licentia male agendi  servorum potestate dominantium restringatur”: ISIDORO DE SEVILLA, <I>Sententiae,  </I>L. III, 47.1, en http://www.thelatinlibrary.com/isidore.html, (última consulta:  12-6-2006); cfr. ed. de Campos, J., y Melia, J.: <I>Santos Padres Españoles</I>,  <I>II: San Leandro, San Isidoro, San Fructuoso. Reglas monásticas de la España  visigoda. Los libros de las “Sentencias”</I>, Madrid, 1971. Cfr. también Garnsey,  P.: <I>Ideas of slavery from Aristotle to Augustine</I>, Cambridge, 1997. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 69 “Ad tertium dicendum, quod jus naturale dictat quod poena sit pro culpa  infligenda, et quod nullus sine culpa puniri debeat; sed determinare poenam  secundum conditionem personae et culpae, est juris positivi; et ideo servitus,  quae est quaedam poena determinata, est de jure positivo, et a naturali  proficiscitur, sicut determinatum ab indeterminato”: TOMAS DE AQUINO, <I>Expositio  in IV Libros Sententiarum,</I> L. IV, q. 1, a. 1, ad 3, en ID.: <I>Opera omnia,  </I>ed. Leonina, Roma, 1891. </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 70 “Duplex est subiectio. Una servilis, secundum quam praesidens utitur subiecto  ad sui ipsius utilitatem, et talis subiectio introducta est post peccatum.  Est autem alia subiectio oeconomica vel civilis, secundum quam praesidens  utitur subiectis ad eorum utilitatem et bonum. Et ista subiectio fuisset  etiam ante peccatum”: ID.: <I>Summa Theologica</I>, I, q. 92, a. 1 ad 2, en ID.:  <I>Opera omnia, </I>ed. Leonina, Roma, 1891 (en adelante cit. como AQUINO, <I>Summa</I>). </FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 71 “Propter eminentiam rationis in quibusdam et defectum in aliis, isti sunt  naturaliter domini aliorum, secundum quod etiam Salomon dicit quod <I>qui  stultus est serviet sapienti</I>”: ID.: <I>Expositio in octo libros Politicorum,  </I>L. I, lect. 3, n. 13, en ID.: <I>Opera omnia, </I>ed. Leonina, Roma, 1891. La  cita bíblica es de Prov. 11, 29. </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 72 “Omnes homines natura sunt pares”: AQUINO, <I>Summa</I>, II-II q. 104, a. 5.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 73 “Aliquid dicitur esse de iure naturali dupliciter. Uno modo, quia ad hoc  natura inclinat, sicut non esse iniuriam alteri faciendam. Alio modo, quia  natura non induxit contrarium, sicut possemus dicere quod hominem esse  nudum est de iure naturali, quia natura non dedit ei vestitum, sed ars  adinvenit. Et hoc modo communis omnium possessio, et omnium una libertas,  dicitur esse de iure naturali, quia scilicet distinctio possessionum et  servitus non sunt inductae a natura, sed per hominum rationem, ad utilitatem  humanae vitae”: ID.: I-II q. 94 a. 5 ad 3.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 74 “Hunc hominem esse servum, absolute considerando, magis quam alium, non  habet rationem naturalem, sed solum secundum aliquam utilitatem consequentem,  inquantum utile est huic quod regatur a sapientiori, et illi quod ab hoc  iuvetur, ut dicitur in <I>I Polit</I>. Et ideo servitus pertinens ad ius gentium  est naturalis secundo modo, sed non primo”: ID<I>.: </I>II-II, q. 57, a. 3, ad  2.- Sobre el tema en Tomás de Aquino, pueden verse, entre otros: Aertsen,  J., Elders, L., Hedwig, K.: (eds.), <I>Lex et Libertas. Freedom and Law According  to St. Thomas Aquinas. Proceedings of the Fourth Symposium on St. Thomas  Aquinas’ Philosophy, Rolduc, November 8 and 9, 1986</I>, Città del Vaticano,  1987; Brown, D.: “Aquinas Doctrine of Slavery in Relation to Thomistic  Teaching on Natural Law”, en <I>Proceedings of the American Catholic Philosophical  Association</I>, 53, 1979, pp. 173-181; Coniglio, G.: “Le concept d’esclavage  dans Saint Thomas d’Aquin”, en Cercle Thomiste, 15, 1953, pp. 40-44&nbsp;; Garcia  –Huidobro, J.: <I>Razón práctica y derecho natural. El iusnaturalismo de Tomás  de Aquino, </I>Valparaíso, 1993; Lee, P.: “Aquinas and Scotus on Liberty and  Natural Law”, en <I>Proceedings of the American Catholic Philosophical Association</I>,  56, 1982, 70-78; Lisska, A.: <I>Aquinas’s Theory of Natural Law. An Analytic  Reconstruction, </I>Nueva York, 1966; Lottin, O.: <I>Le droit natural chez Saint  Thomas d’Aquin et ses prédécesseurs, </I>Brujas, 1931; Martinez Barrera, J.:  <I>La política en Aristóteles y Tomás de Aquino, </I>Pamplona, 2002; O’Connor,  D.: <I>Aquinas and Natural Law, </I>Londres, 1967; ZAGAL, H.: “La servidumbre  natural según Tomás de Aquino”, en WALDE., L., COMPANY, C., y GONZALEZ,  A. (eds.): <I>Caballeros, monjas y Maestros en la Edad Media</I>, (Actas de las  <I>V Jornadas Medievales</I>), UNAM, México, 1996, pp. 339-351.</FONT></P>     <P ALIGN="LEFT"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 75 Sobre la esclavitud en la Edad Media, puede verse también VERLINDEN, Ch.:  <I>L’Esclavage dans l’Europe médiévale, </I>Vol. I, <I>Peninsule Ibérique, France,  </I>Brujas, 1955.</FONT></P>       ]]></body>
<back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[MUÑOZ GARCIA]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA['Esclavitud: presencia de Aristóteles en la polis colonial']]></article-title>
<source><![CDATA[Revista de Filosofía]]></source>
<year>2007</year>
<numero>55</numero>
<issue>55</issue>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[SACO]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia de la esclavitud, desde los tiempos más remotos hasta nuestros días]]></source>
<year>1937</year>
<publisher-loc><![CDATA[Habana ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Alfa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Villanueva]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Viaje literario a las Iglesias de España]]></source>
<year>1804</year>
<month>-1</month>
<day>80</day>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[MUÑOZ Y ROMERO]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Colección de fueros y cartas pueblas]]></source>
<year>1847</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Escalona]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[OSB: Historia del Monasterio de Sahagún]]></source>
<year>1782</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Ibarra]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Guillen]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Marco Tulio Cicerón: Sobre la República, Sobre las leyes]]></source>
<year>2000</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rascon Garcia]]></surname>
<given-names><![CDATA[C.,]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Garcia Gonzalez]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ley de las XII Tablas]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tecnos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[SUAREZ FERNANDEZ]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Manual de Historia Universal, vol. III Edad Media]]></source>
<year>1980</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Espasa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[COROMINAS]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diccionario crítico etimológico]]></source>
<year>1976</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gredos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[SOLORZANO PEREIRA]]></surname>
<given-names><![CDATA[Juan]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[De Indiarum iure]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>423</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CSIC]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[PLATON]]></surname>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Cratilo]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[GARCIA BACCA]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Platón: Obras completas]]></source>
<year>1980</year>
<page-range>397 B</page-range><publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UCV]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[AGUSTIN]]></surname>
<given-names><![CDATA[San]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Obras de San Agustín]]></article-title>
<source><![CDATA[La Ciudad de Dios]]></source>
<year>1964</year>
<volume>XVII</volume>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[BAC]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[MUÑOZ GARCIA]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Diego de Avendaño: Filosofía, moralidad, derecho y política en el Perú colonial]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Lima ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional Mayor San Marcos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Vives]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Marin Martinez]]></surname>
<given-names><![CDATA[T]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Martinez Diez]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Concilios visigóticos e hispano-romanos]]></source>
<year>1963</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[CSIC]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[MIGNE]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Patrología Latina]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[GARCIA DE LOAISA]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Collectio Conciliorum Hispaniae, diligentia... elaborata eiussqne vigiliis aucta.]]></source>
<year>1593</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gonzalez]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Collectio canonum Ecclesiae Hispaniae]]></source>
<year>1808</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Orlandis]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La Iglesia en la España visigótica y medieval]]></source>
<year>1976</year>
<publisher-loc><![CDATA[Pamplona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[EUNSA]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rivera]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los concilios de Toledo]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Fliche-Martin]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Historia de la Iglesia]]></source>
<year>1975</year>
<publisher-loc><![CDATA[Valencia ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[EDICEP,]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[UTRILLA UTRILLA]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El Fuero General de Navarra]]></source>
<year>2003</year>
<publisher-loc><![CDATA[Pamplona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fundación Diario de Navarra]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Labbe]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ph]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Cossart]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Sacrosancta concilia]]></source>
<year></year>
<volume>17</volume>
<page-range>1671-73</page-range><publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[GUAMAN POMA DE AYALA]]></surname>
<given-names><![CDATA[Felipe]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Pease]]></surname>
<given-names><![CDATA[F]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Nueva Corónica y Buen Gobierno]]></source>
<year>1980</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Bodino]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los seis Libros de la república]]></source>
<year>1966</year>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[UVC]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[AUBONNET]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="fr"><![CDATA['Le destin de l’oeuvre: la place de la Politique dans l’histoire des idées']]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Aristote]]></surname>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Politique, Les Belles Lettres,]]></source>
<year>1991</year>
<publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[DE SEVILLA]]></surname>
<given-names><![CDATA[SIDORO]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Sententiae]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Campos]]></surname>
<given-names><![CDATA[J.,]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Melia]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Santos Padres Españoles: II San Leandro,San Isidoro,San Fructuoso,Reglas monásticas de la España visigoda, Los libros de las 'Sentencias']]></source>
<year>1971</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Garnsey]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Ideas of slavery from Aristotle to Augustine]]></source>
<year>1997</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[DE AQUINO]]></surname>
<given-names><![CDATA[TOMAS]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="la"><![CDATA[Expositio in IV Libros Sententiarum, L. IV, q. 1, a. 1, ad 3]]></article-title>
<source><![CDATA[Opera omnia]]></source>
<year>1891</year>
<publisher-loc><![CDATA[Roma ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[ed. Leonina]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Brown]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA['Aquina´s Doctrine of Slavery in Relation to Thomistic Teaching on Natural Law']]></article-title>
<source><![CDATA[Proceedings of the American Catholic Philosophical Association]]></source>
<year>1979</year>
<volume>53</volume>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Coniglio]]></surname>
<given-names><![CDATA[G]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="fr"><![CDATA['Le concept d’esclavage dans Saint Thomas d’Aquin']]></article-title>
<source><![CDATA[Cercle Thomiste]]></source>
<year>1953</year>
<volume>15</volume>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B32">
<label>32</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Garcia-Huidobro]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Razón práctica y derecho natural: El iusnaturalismo de Tomás de Aquino]]></source>
<year>1993</year>
<publisher-loc><![CDATA[Valparaíso ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B33">
<label>33</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lee]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA['Aquinas and Scotus on Liberty and Natural Law]]></article-title>
<source><![CDATA[Proceedings of the American Catholic Philosophical Association]]></source>
<year>1982</year>
<volume>56</volume>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B34">
<label>34</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lisska]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aquinas’s Theory of Natural Law: An Analytic Reconstruction]]></source>
<year>1966</year>
<publisher-loc><![CDATA[Nueva York ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B35">
<label>35</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Lottin]]></surname>
<given-names><![CDATA[O]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Le droit natural chez Saint Thomas d’Aquin et ses prédécesseurs]]></source>
<year>1931</year>
<publisher-loc><![CDATA[Brujas ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B36">
<label>36</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Martinez Barrera]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La política en Aristóteles y Tomás de Aquino]]></source>
<year>2002</year>
<publisher-loc><![CDATA[Pamplona ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B37">
<label>37</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[O’Connor]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Aquinas and Natural Law]]></source>
<year>1967</year>
<publisher-loc><![CDATA[Londres ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B38">
<label>38</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[ZAGAL]]></surname>
<given-names><![CDATA[H]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA['La servidumbre natural según Tomás de Aquino]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[WALDE]]></surname>
<given-names><![CDATA[L]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[COMPANY]]></surname>
<given-names><![CDATA[C]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[GONZALEZ]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Caballeros, monjas y Maestros en la Edad Media]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-name><![CDATA[UNAM]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B39">
<label>39</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[VERLINDEN]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ch]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[L’Esclavage dans l’Europe médiévale,]]></source>
<year>1955</year>
<publisher-name><![CDATA[Brujas]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
