<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0798-4324</journal-id>
<journal-title><![CDATA[EPISTEME]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[EPISTEME]]></abbrev-journal-title>
<issn>0798-4324</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[INSTITUTO DE FILOSOFIA UCV]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0798-43242007000100004</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La fuerza inspiradora de la ignorancia en un encuentro con la infancia]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The inspiring force of the ignorance in an encounter with children]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Kohan]]></surname>
<given-names><![CDATA[Walter Omar]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidade do Estado do Río de Janeiro  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>06</month>
<year>2007</year>
</pub-date>
<volume>27</volume>
<numero>1</numero>
<fpage>59</fpage>
<lpage>81</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0798-43242007000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0798-43242007000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0798-43242007000100004&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Este ensayo piensa el valor y el sentido de una cierta relación con la ignorancia al situar la filosofía en terreno educacional. Su finalidad principal no es historiográfica ni epistemológica; no pretende saber o determinar qué es la ignorancia, sino sólo ayudar a pensar una cierta relación con la ignorancia entre quienes nos dedicamos a enseñar y aprender para, de esa manera, abrir algunos presupuestos en la práctica filosófica con niños. De un modo más amplio, considera las relaciones con el saber y la ignorancia en la enseñanza de la filosofía.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This essay dwells on the value and sense of a certain relationship with ignorance when locating philosophy in educational land. Its main purpose is not historiographical nor epistemological: it does not try to know or to determine what is ignorance, but only to consider a place for ignorance between those who teach and those who learn in order to open some established assumptions in the domain of philosophical practice with children. In a broader sense, it considers the place of knowledge and ignorance in the teaching of philosophy.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Sócrates]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[filosofía con niños]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[ignorancia]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Sócrates]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[philosophy with children]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[ignorance]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="center" style="margin: 20.0pt 0cm"> <span lang="ES-VE" style="letter-spacing: -.3pt; font-weight: 700"> <font face="Verdana"> La fuerza inspiradora de la ignorancia en un encuentro con la infancia</font></span></p>     <p align="center" style="margin-top: 30.0pt"> <span lang="ES-VE" style="font-size: 10.0pt; font-variant: small-caps; letter-spacing: -.3pt; font-weight: 700"> <font face="Verdana"> Walter Omar Kohan</font></span></p>     <p align="center"><span class="lg1"> <span lang="ES" style="font-size: 10.0pt; color: black"> <font face="Verdana"> Universidade do Estado do Río de Janeiro walterko@uol.com.br</font></span></span></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><b><span lang="ES-AR"> Resumen</span></b><span lang="ES-AR"><i>:</i></span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><span lang="ES-AR"> Este ensayo piensa el valor y el sentido de una cierta relación  con la ignorancia al situar la filosofía en terreno educacional. Su finalidad  principal no es historiográfica ni epistemológica; no pretende saber o  determinar qué es la ignorancia, sino sólo ayudar a pensar una cierta relación  con la ignorancia entre quienes nos dedicamos a enseñar y aprender para, de esa  manera, abrir algunos presupuestos en la práctica filosófica con niños. De un  modo más amplio, considera las relaciones con el saber y la ignorancia en la  enseñanza de la filosofía.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><b><span lang="ES-AR"> Palabras clave</span></b><span lang="ES-AR">: Sócrates, filosofía con niños, ignorancia.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 20.0pt; margin-bottom: 20.0pt"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt; font-weight: 700"> The inspiring force of the ignorance in an encounter with  children</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"><b><span lang="ES">Abstract</span></b><span lang="ES"><i>:</i></span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES"> This essay dwells on the value and sense of a certain relationship with  ignorance when locating philosophy in educational land. Its main purpose is not  historiographical nor epistemological: it does not try to know or to determine  what is ignorance, but only to </span> <span lang="EN-US">consider a place  for ignorance between those who teach and those who learn in order to open some  established assumptions in the domain of philosophical practice with children.  In a broader sense, it considers the place of knowledge and ignorance in the  teaching of philosophy.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> <span lang="EN-US">Keywords</span></b><span lang="EN-US"><i>:</i>  Sócrates, philosophy with children, ignorance.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> Recibido: 19-01-2006 Aceptado: 23-02-2006</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.2pt"> La ignorancia le debe su lugar en el campo de los saberes a Sócrates. Es una  deuda muy particular, involuntaria y además, como casi toda deuda, un poco  traicionera, agravada en este caso porque la ignorancia no le había pedido nada  a Sócrates. Más de un lector ya debe estar queriendo preguntar cómo sé tales  cosas y la verdad es que no las sé, se trata sólo de suposiciones. Con todo,  como estamos refiriéndonos a Sócrates, todo son suposiciones, por eso me permito  apelar a unas cuantas. Me resulta poco creíble que la ignorancia le haya pedido  a Sócrates que la acercara, justamente, a su contrario; de cualquier modo, no  pretendo darle a esa deuda un valor moral o ético sino simplemente genealógico:  es de una deuda involuntaria, en un momento particular en la historia del  pensamiento, en que alguien –o un doble, Sócrates– Platón– hizo de la ignorancia  un saber, que nace de la filosofía. Más aún, la ignorancia –o mejor, cierta  relación con la ignorancia– se volvió no cualquier saber sino el más elevado  saber posible, al menos en el ámbito humano, el saber que daba sentido y tornaba  posible cualquier otro saber. El único lugar donde Sócrates no permitió la  entrada a la ignorancia fue en el plano divino. De eso no se puede quejar la  ignorancia; al dejarla laica, Sócrates la protegía así de unas cuantas tensiones  y pretensiones.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR">Bajo esa  inspiración, este texto puede leerse como un ensayo de pensamiento sobre el  valor y el sentido de una cierta relación con la ignorancia al situar la  filosofía en terreno de la educación. Su finalidad principal no es  historiográfica ni pretende saber o determinar qué es la ignorancia, sino sólo  ayudar a pensar una cierta relación con la ignorancia entre quienes nos  dedicamos a enseñar y aprender para, de esa manera, abrir la manera en que  pensamos algunas cuestiones en el ámbito de lo que se llama filosofía o  filosofar con o para niños.<sup>1</sup> Así mismo, tal vez alcance el modo en  que pensamos las relaciones respecto del saber y la ignorancia entre alguien que  se declara con la pretensión de enseñar filosofía y otro que se sitúa en el  lugar del que la aprende.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR">Vamos a los  inicios. La ignorancia tiene, para el pensamiento filosófico, un nacimiento  paradojal, tenso, nada simple.<sup>2</sup> Este nacimiento de la ignorancia en  el campo del saber lleva consigo la pretensión de hacer convivir un par en  oposición y se da, en el medio de otras confrontaciones, entre un modo de  entender la filosofía y un modo de practicar la política; se ofrece también  entre dos relaciones diferentes frente al ámbito religioso, y entre formas  confrontadas de entender la educación.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR">Al fin, la  paradoja de Sócrates es también la paradoja de la ignorancia. Al menos esa es su  pretensión. Este nacimiento de la ignorancia en el campo del saber se encuentra  con el nacimiento de la filosofía en la plaza pública. En todo caso, la traición  de Sócrates a la ignorancia, revistiéndola de su contrario, no quedó impune:  enseguida la vengó Platón escribiendo a quien no había querido escribirse y  haciéndolo un personaje sabido de las mismas cuestiones que se declaraba  ignorante. En todo caso, la conjunción de esas dos afortunadas traiciones ha  permitido pensar con singular fuerza algunas paradojas de la filosofía, en  particular de su relación con el saber.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR">Ciertamente,  las tensiones entre ignorancia y saber y entre oralidad y escritura no son las  únicas tensiones alrededor de la figura de Sócrates. Nos permitimos sugerir  algunas otras: una vida de la que se habla, sobre todo, en función de su muerte;  un maestro que afirmó jamás haber enseñado nada a nadie y que se reconoce  rodeado de gente que ha aprendido muchas cosas con él; en fin, una práctica  política que se dice feliz de haberse abstenido de practicar la política. De  esas tensiones, también, se ha nutrido la filosofía y de ellas pretendemos  escribir.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Sócrates fue acusado de varias cosas, entre ellas, de investigar sobre cosas tan  extrañas como los astros o los objetos que están debajo de la tierra; de hacer  que un argumento más débil se impusiera a un argumento más fuerte</span>; <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> de no creer en los dioses de la <i>pólis</i>, y de introducir nuevas  divinidades; en fin, de varias cuestiones. Con todo, el punto central de las  acusaciones parece haber estado en la dimensión educacional de su vida: el  problema principal no era que Sócrates hiciera muchas cosas consideradas  inconvenientes para el estado de las cosas de su tiempo, sino que “enseñaba a  otros a hacer esas mismas cosas”<sup>3</sup>; en otras palabras, si Sócrates  hubiera vivido quietito la vida que quería vivir, en su mundo, no habría  representado una amenaza para muchos de sus contemporáneos. El problema era que  eso no le resultaba posible. En otras palabras, su vida se convertía en una  amenaza porque su modo de vida implicaba necesariamente otros modos de vida;  así, su peligro consistía en que, queriéndolo o no, su modo de vida enseñaba  otros a vivir de una cierta manera.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Vamos a tratar de entender en qué consistía esa vida que Sócrates identificó con  la filosofía al momento de defenderse de sus acusadores. Mi interés no es  historiográfico ni anecdótico. Sócrates es, más que nada, una figura que ayuda a  pensar algunos desafíos contemporáneos a los que se enfrenta una educación  filosófica y también a pensarnos a nosotros mismos, a la relación que  establecemos con nuestros saberes y nuestros poderes. Al fin, Sócrates puede ser  un buen interlocutor para pensarnos de otra manera. Esa es la razón principal de  esa escritura.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.2pt"> Distinguiré tres breves secciones de este texto. En la primera (I) presentaré,  discretamente, el personaje en cuestión. En la segunda (II) analizaré la forma  mítica a través de la cual nace la ignorancia. Finalmente, en una tercera (III),  consideraré el valor educacional, filosófico y político de ese nacimiento.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; margin-bottom: 6.0pt" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> I. </span></i> <span lang="ES-AR">Sobre  Sócrates hay pocos datos más o menos seguros y la mayoría de ellos tienen  relación con la última parte de su vida. Incluso contamos su fecha de nacimiento  a partir de su muerte: sabemos que nació en el año 469 o 470 a.C., porque  tenemos la información que tenía 70 años cuando murió, en el 399 a.C. Sócrates  era del demo de Alópece, situado en el camino de Atenas al Pentélico. También es  seguro que era hijo del trabajador de la piedra Sofronisco y de la conocida  partera Fenárete, ambos atenienses, y que vivió siempre en Atenas. Habría  viajado en contadas ocasiones, tal vez sólo cuando fue llamado por el ejército  para ir a las batallas de Potidea (en 432–29 a. C.), Delion (en 424 a. C.) y  Anfípolis (en 422 a. C.), y también habría participado de algunas expediciones,  una para las fiestas de Istmo y otra a Delfos.<sup>4</sup></span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <span lang="ES-AR"><font face="Verdana" size="2">Fenárete,  madre de Sócrates, era viuda de un primer matrimonio y su nombre revela cierto  origen noble. Literalmente, ‘Fenárete’ significa “quien manifiesta excelencia”,  es un compuesto del verbo <i>phaíno</i>, que significa ‘aparecer’, ‘mostrar’,  ‘manifestar’ y del sustantivo <i>areté</i>, que significa ‘excelencia’,  ‘perfección’, ‘virtud’. Sócrates la califica de partera “noble y tremenda”.<sup>5</sup>  Según el testimonio del propio Sócrates,<sup>6</sup> Fenárete tenía un hijo  llamado Patrocles de ese primer matrimonio. Sofronisco, diminutivo de Prudente,  algo así como “Prudentito”, era artesano y, por lo tanto, tenía nivel social  inferior a su mujer. Diógenes Laercio dice que era “trabajador de la piedra”, <i> lithourgós</i>,<sup>7</sup> y aunque algunos interpreten que era escultor, la  hipótesis no parece acertada ya que había otras palabras, como <i>lithoglýphos</i>  o <i>glypheutés</i> más específicas para esa tarea.</font><sup><font face="Verdana" size="2">8</font></sup></span></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <span lang="ES-AR"> <font face="Verdana" size="2"> Probablemente, en su juventud, Sócrates participó del círculo de Arquelao,  discípulo de Anaxágoras, y también habría frecuentado la casa de Pericles y  Aspasia. Sócrates se casó tardíamente (en torno a los cincuenta años) con una  mujer llamada Xantipa. Muchas anécdotas tardías presentan a Xantipa como  violenta y colérica.<sup>9</sup> Sabemos que con Xantipa Sócrates tuvo tres  hijos: Lamprocles, Sofronisco y Menexeno; el primero era adolescente y los otros  dos bastante pequeños cuando Sócrates murió.<sup>10</sup> Ninguno de sus hijos  se dedicó a la filosofía. Hay versiones que introducen una segunda mujer, Mirtó,  hija del aristócrata Aristides, en la vida de Sócrates. Según estas versiones,  Sócrates también se habría casado con ella; las versiones tienen tres variantes:  antes, durante o después de su casamiento con Xantipa.</font><sup><font face="Verdana" size="2">11</font></sup></span></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <span lang="ES-AR"><font face="Verdana" size="2">Sócrates no  tenía demasiados recursos económicos. Sabemos, por ejemplo, que en las  expediciones en que prestó servicios al ejército ateniense, lo hacía como <i> hoplita</i>, una categoría media-baja, sólo superior a los braseros. Su  situación económica habría empeorado con los años.<sup>12</sup> Tampoco era  dotado de muchos recursos estéticos: tenía nariz achatada, ojos saltones; era  bastante descuidado con su cuerpo y con sus ropas.</font><sup><font face="Verdana" size="2">13</font></sup></span></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR">Sócrates tuvo  una actuación política discreta en las instituciones atenienses. Esta omisión  debió generar un impacto acentuadamente negativo entre los atenienses, si somos  sensibles, por ejemplo, a la oración fúnebre de Pericles:</span></font></p>     <blockquote> 	    <p style="line-height: 100%" align="justify"> 	<span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">     <font face="Verdana" size="2"> 	No consideramos un hombre a quien no forma parte de la vida política, a  	alguien que cuida de sus propios asuntos; lo consideramos como alguien que  	no tiene asunto alguno.</font><sup><font face="Verdana" size="2">14</font></sup></span></p> </blockquote>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> A juzgar por la <i>Apología</i>, Sócrates debería haber sido juzgado como  alguien sin asunto alguno. De hecho, fue miembro del Consejo sólo en ocasiones  aisladas. La más significativa fue después de la batalla marítima de Arginusas  en 406 a. C.<sup>15</sup> Fue la última victoria frente a los espartanos, dos  años antes de la capitulación final. Con todo, fue una victoria con sabor a  derrota, en la medida en que veinticinco embarcaciones fueron hundidas y, ante  una súbita tormenta marina, los generales victoriosos tuvieron que retornar a  las apuradas, abandonando en alta mar los náufragos vivos y los cadáveres de los  muertos; finalmente, Atenas perdió dos mil hombres, casi todos ciudadanos y  metecos, ya que no habían podido comprar esclavos para formar parte de la  batalla. Era una proporción significativa de la población. La actitud de los  generales provocó una inmediata reacción de los atenienses que abrieron un  proceso contra ellos y los encarcelaron. La cuestión debía ser resuelta por el Consejo  de los Quinientos.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> <font face="Verdana" size="2"> En esa época del año, la tribu de Sócrates ocupaba la presidencia del Consejo.  La mayoría de los Consejeros pretendía que la Asamblea vote la cuestión, lo que  era ilegal ya que, entre otras consideraciones, la ley ateniense sólo permitía  juzgar individuos y no grupos; por lo tanto, tendrían que haber abierto un  proceso contra cada uno de los acusados y no uno solo contra todos en su  conjunto. Inicialmente, varios consejeros que ocupaban la presidencia se  opusieron, pero cuando fueron amenazados de ser procesados junto a los generales  si no permitían que el tema fuese a votación, el único que mantuvo su oposición  fue Sócrates. La asamblea condenó a los generales y ejecutó inmediatamente a los  que se presentaron de regreso (entre ellos, el hijo de Pericles; según parece,  dos generales huyeron al extranjero, alertados de la furia con que serían  recibidos). En todo caso, poco tiempo después una clara mayoría de los  atenienses cambió de opinión sobre la decisión tomada y condenó a los que habían  promovido la acusación contra los generales.</font><sup><font face="Verdana" size="2">16</font></sup></span></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Frente a los tribunales, Sócrates fue llamado sólo una vez, para ser condenado a  muerte.<sup>17</sup> Salvo algún que otro detalle, estos son los pocos datos más  o menos seguros que tenemos sobre la vida de Sócrates.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> <font face="Verdana" size="2"> Sobre su pensamiento, el problema es aún más complejo. Sabemos que Sócrates no  escribió nada, con excepción de un himno a Apolo y una producción propia sobre  narraciones de Esopo, por él mismo mencionados,<sup>18</sup> y de los cuales  nada conservamos. ¿Dónde, entonces, encontrar su pensamiento? Los testimonios  que conservamos son de amigos o enemigos, todos escritores con estilo, ideas y  sentidos propios, lo que vuelve la cuestión todavía más delicada. Hay cuatro  fuentes principales entre las conservadas de la literatura clásica: un  comediante (Aristófanes), un historiador (Jenofonte), y dos filósofos (Platón y  Aristóteles). Hay también referencias diseminadas en biógrafos, historiadores, y  otros escritores bastante posteriores. Infelizmente, no conservamos ninguno de  los treinta y tres diálogos socráticos escritos por su contemporáneo y zapatero  Simón de Atenas. Según Diógenes Laercio, Simón habría sido el primero en  introducir el método socrático en las conversaciones.</font><sup><font face="Verdana" size="2">19</font></sup></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Algo es seguro: habiéndolo o no deseado, Sócrates hizo escuela. Incluso  Aristófanes inventó, en vida de Sócrates, un verbo, “socratear”, para referirse  a sus discípulos, aquellos que “siguen las costumbres de Esparta, se dejan  crecer los cabellos, pasan hambre y se niegan a lavarse”.<sup>20</sup> Resulta  interesante que Aristófanes haya sentido la necesidad de inventar un verbo para  retratar la acción específica de los que estaban en contacto con Sócrates. Entre  esos discípulos están, por ejemplo, Querefonte y Apolodoro.<sup>21</sup> Sin  embargo, los seguidores inmediatos de Sócrates y los que reivindicaron ser  continuadores de la tradición socrática en el período helenístico eran de todo  menos un grupo pequeño y homogéneo. Un siglo después de su muerte, las  principales figuras de las escuelas filosóficas helenísticas –el estoico Zenón y  el académico-escéptico Arquesilao– reivindicaban igualmente su nombre.<sup>22</sup>  La más completa edición contemporánea de los fragmentos de Sócrates<sup>23</sup>  ofrece una lista de aproximadamente setenta socráticos, entre los seguidores  inmediatos y los más distantes. De hecho, en el <i>Fedón</i> aparecen listados  casi veinte.<sup>24</sup> En esta rica tradición se encuentran posturas  filosóficas diversas e incluso antagónicas sobre problemas comunes; hay en ella  también formas enfrentadas de concebir, practicar y escribir la filosofía.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Aristóteles<sup>25</sup> menciona un género específico, los escritos o <i> diálogos</i> socráticos –<i>sokratikoì lógoi</i>–, que imitaban las  conversaciones de Sócrates. Además de Platón y Jenofonte, los más importantes  escritores de diálogos socráticos habrían sido Antístenes, Aristipo, Critón,  Simón, Euclides de Megara, Fedón y Esquines. Conservamos algunos fragmentos de  Antístenes y de Esquines. Cuando Platón escribió sus <i>diálogos, </i>el género  ya era reconocido en Atenas.<sup>26</sup> Jenofonte no es mencionado nunca en  los <i>diálogos</i> de Platón y este aparece sólo una vez en los <i>Memorabilia</i>.<sup>27</sup>  Diógenes Laercio hace referencia a una supuesta rivalidad entre ambos.<sup>28</sup>  Jenofonte menciona repetidas veces a Antístenes en el <i>Banquete </i>y a  Aristipo en <i>Memorabilia. </i>Platón menciona a Antístenes y a Aristipo sólo  para confirmar sus respectivas presencia y ausencia en el momento de la muerte  de Sócrates<sup>29</sup> y a Esquines para confirmar, además, su presencia en el  juicio.<sup>30</sup> Platón y Jenofonte son los únicos autores de <i>sokratikoì  lógoi </i>que conservamos enteros y ofrecen un testimonio muy desigual.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> <font face="Verdana" size="2"> Platón compartió los últimos años de Sócrates (tenía cerca de treinta años  cuando murió), estuvo personalmente en los acontecimientos que desencadenaron en  su condena y su muerte. Hizo de Sócrates personaje de casi todos sus <i>Diálogos</i>.  Un dato que merece destacarse es que Platón fue, probablemente, el único entre  los escritores de diálogos socráticos que los dotó de un ambiente histórico. La <i>Apología de Sócrates</i>,<i> Critón </i>y <i>Fedón</i> narran los  acontecimientos en torno da muerte de Sócrates: la <i>Apología </i>relata su  juicio y defensa; el <i>Critón</i> muestra un intento de convencer a Sócrates de  escapar de la prisión y el <i>Fedón</i> los momentos inmediatamente anteriores a  su muerte en prisión. Los otros <i>diálogos</i> tienen como escenarios espacios  existentes –casas, gimnasios, calles, etc.– en Atenas y casi todos empiezan  describiendo el ambiente y la circunstancia en que la conversación tendrá lugar<i>.</i>  De todos modos, no hay cómo saber si se trata de relatos más o menos realistas o  simplemente ficciones. Ya en la propia Antigüedad, Platón fue criticado por el  anacronismo de sus escenarios<sup>31</sup> e inclusive el autor de la peudo-platónica <i>Carta II</i> dice que, en los <i>diálogos,</i> Sócrates está “embellecido y  rejuvenecido”.</font><sup><font face="Verdana" size="2">32</font></sup></span></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Aunque ‘Sócrates’ hace un poco de todo y su carácter es muy cambiante, inclusive  en <i>diálogos</i> muy próximos o aun en un mismo diálogo –como <i>La República</i>,  pero también el <i>Menón </i>o el <i>Filebo–</i>, la mayoría de los platonistas  acepta en distinguir tres grupos o momentos de <i>diálogos</i>, según el tono  dominante que la figura de Sócrates adquiere en cada un de ellos.<sup>33</sup>  En los primeros –llamados precisamente  de “socráticos” o “juveniles”–, ‘Sócrates’ aparece como un hombre articulador,  un discutidor incansable, alguien que pregunta casi todo; en los intermedios  –llamados también de “maduros”– ‘Sócrates’ aparece mucho más afirmativo y con  respuestas para las preguntas que él mismo no sabía responder en los <i>diálogos </i>primeros; en los últimos –llamados también de “vejez” o “últimos”–,  ‘Sócrates’ es un joven interlocutor de hombres más sabios, hasta que sale del  escenario, substituido por “El Ateniense”, en la obra final de Platón, <i>Las  Leyes</i>. Esas diferencias hicieron que los principales helenistas sustentaran  que el ‘Sócrates’ de los primeros diálogos se parece con el Sócrates de verdad y  el ‘Sócrates’ de los segundos, con el Platón de verdad. </span> <span lang="ES" style="font-size:10.0pt; font-family:Verdana;letter-spacing:-.3pt">El último, el joven, sería alguien que  simboliza un cuestionamiento que el propio Platón haría de su propio pensamiento  de madurez, tal y como es expresado en los diálogos intermedios.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt">El testimonio de Jenofonte es más indirecto.  Aunque este militar haya conocido personalmente Sócrates, no estaba en Atenas,  al menos desde un año antes de la muerte de Sócrates ya que, en ese momento, se  encontraba entre los mercenarios griegos del ejército de Ciro en el Asia Menor.<sup>34</sup> </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Jenofonte no volvió a Atenas al menos antes de 394 a.C., o sea, unos cinco años  después de la muerte de Sócrates.<sup>35</sup>  Sus dos principales escritos sobre Sócrates, <i>Apología</i> y <i>Memorabilia</i>  (que contiene una segunda apología en I, 1–2), se derivarían, en buena medida,  de otros testimonios<sup>36</sup>  y el propio Jenofonte se declara en deuda con una apología escrita por  Hermógenes.<sup>37</sup>  El principal interés de la segunda apología sería responder a acusaciones  formuladas, en un panfleto escrito por Polícrates, con posterioridad a las  primeras apologías (la de Hermógenes, la de Platón, la suya y tal vez otras)  probablemente entre 387 e 385 a. C., es decir, casi quince años después de la  muerte de Sócrates.<sup>38</sup></span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Además de Platón y Jenofonte, conservamos el ya mencionado Aristófanes. Este  comediante vivió y escribió en tiempos de Sócrates. Hizo de Sócrates personaje  principal de una de sus comedias, <i>las Nubes, </i>la más conocida para  nosotros aunque no haya sido la más reconocida en su tiempo. En efecto, <i>Las</i> <i>Nubes </i>fue escrita originariamente para la Gran Dionisíaca de 423 a. C.  (cuando Sócrates tenía algo más de 45 años), en la cual ocupó el tercero y  último lugar, atrás de obras de Cratino y Amipsia. En la ocasión, Aristófanes  tenía alrededor de 25 años. La versión que conservamos de <i>Las Nubes </i>fue  parcialmente re-hecha entre los años 419 y 417. Aristófanes también alude  directamente a Sócrates en <i>Aves</i>, 1280–4, 1553–5 y 1564; y en <i>Ranas</i>,<i> </i>1491–1499.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Muchos atenienses se rieron de Sócrates gracias a Aristófanes. El propio  Sócrates lo menciona en la <i>Apología </i>de Platón como fuente de los más  antiguos acusadores.<sup>39</sup> Si esa composición contribuyó a retratar una  imagen “falsa” de su persona, de acuerdo con la percepción de Sócrates,  justamente por ello no se trata de una referencia despreciable tratándose de un  conciudadano de Atenas. Más todavía, la cuestionable participación política que  de hecho tuvieron algunos de los más próximos seguidores de Sócrates –como  Cármides y Alcibíades– muestra que al menos una de las acusaciones que hacen las <i>Nubes</i>, esto es, que los discípulos de Sócrates aprendían a imponer los  argumentos injustos sobre los justos, no era de forma alguna improcedente.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt">Otro testimonio sustantivo –sobre todo,  filosóficamente– es el de Aristóteles. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Sin embargo, es mucho más distante e indirecto ya que, cuando Aristóteles nació  (en 384 a. C.) ya habían pasado quince años de la muerte de Sócrates.  Aristóteles sólo conoció a Sócrates por sus discípulos, sobre todo Platón.  También sabemos que Aristóteles no era precisamente un historiador de la  filosofía sino un filósofo con categorías muy fuertes al “leer” a quienes lo  precedieron, sin mucho más sentido que presentar a los otros como antecedentes  dialécticos de sus propias concepciones.<sup>40</sup>De modo que su Sócrates es,  como no podría ser de otro modo, un Sócrates demasiado aristotélico.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Aunque durante la Antigüedad helenística el testimonio de Platón recibiera más o  menos el mismo tratamiento que</span> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt"> el de Jenofonte,<sup>41</sup> modernamente, los filósofos e historiadores de la  filosofía terminaron por privilegiar el testimonio de Platón. Las razones son  diversas y todas dicen respecto de la propia filosofía. Sócrates es una especie  de padre para la filosofía, algo así como un Freud para el psicoanálisis y, para  hablar del padre, nada mejor que los testimonios de dentro de casa. </span> <span lang="ES" style="font-size:10.0pt;font-family:Verdana;letter-spacing:-.3pt"> Pero no es sólo eso: el valor filosófico de los <i>Diálogos</i> frente a los  otros testimonios conservados es innegable. Entre los textos que llegaron hasta  nosotros, ninguno llegó filosóficamente tan a fondo cuanto Platón. Tal vez por  las condiciones materiales de un aristócrata, por una cuestión de talento, o de  simpatía, o de olfato, o de amistad, o de amor, o por todo eso o alguna otra  cosa misteriosa atravesando la relación entre alguien que enseña y otro que  aprende, el resultado de la inspiración socrática en Platón es impresionante.  Quizá por eso, en la medida en que ninguno de los testimonios ofrece una versión  históricamente muy confiable de las ideas de Sócrates, los estudiosos  privilegian el registro más interesante. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Con todo, en los últimos años surgieron, entre los helenistas contemporáneos,  movimientos contrarios para privilegiar algunos otros testimonios que los  platónicos.<sup>42</sup></span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Como el texto y la imagen de Sócrates que ofrecen los <i>Diálogos</i> de Platón  son complejos, polémicos, contradictorios, los retratos de Sócrates tienen una  característica semejante: es elogiado y recuperado desde perspectivas  filosóficas, pedagógicas y políticas encontradas y también es, igualmente,  impugnado por voces fuertemente discordantes en sus presupuestos teóricos y  epistemológicos.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; margin-bottom: 6.0pt" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> II.</span></i><span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.4pt">  En el primer año del siglo IV a. C. Sócrates es acusado por Anito, Meleto y  Licón que representan tres grupos sociales de peso en Atenas: los políticos, los  poetas y los trabajadores manuales. Leemos eso en la <i>Apología de Sócrates </i> de Platón, uno de sus primeros <i>Diálogos</i>. La <i>Apología</i> fue escrita,  en algún momento, en los diez o quince años posteriores al juicio de Sócrates.<sup>43</sup>  Es, curiosamente, el menos dialógico de los primeros <i>Diálogos </i>de Platón.  Normalmente, Platón</span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.4pt"> coloca como título de ese diálogo el nombre de quien se atreve a hablar con  Sócrates. En la <i>Apología, </i>es el propio Sócrates que está en el título, y  allí está bien localizado porque el texto es casi un monólogo de Sócrates,  solamente interrumpido por un corto intercambio con Meleto (uno de los tres  acusadores), entre 24b e 28a. A primera vista parece una curiosidad, pero no lo  es. El monólogo de Sócrates es un monólogo sobre sí. Como en ningún otro <i> Diálogo</i>, Sócrates explicita su percepción de sí mismo y de los sentidos de  su vida. Otro dato curioso es que la <i>Apología </i>es el único texto platónico  en que Platón no deja dudas sobre su presencia en la escena que está siendo  relatada; en efecto, allí<sup>44</sup> aparecen dos de las tres únicas menciones  que Platón hace de sí mismo en todo el <i>corpus</i>.<sup>45</sup></span></font></p>     <p style="line-height: 100%; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; margin-bottom: 6.0pt" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Precisamente, en la <i>Apología, </i>Sócrates –o Platón, aquí no interesa mucho  esa distinción– inventa un lugar para la ignorancia, en la filosofía y en la  educación, a través de un mito. El mito dice que un amigo de Sócrates,  Querefonte, va a consultar al oráculo del dios Apolo acerca de si existe alguien  más sabio que Sócrates en Atenas y la pitonisa, una campesina al servicio de los  sacerdotes apolíneos, responde que no existe nadie más sabio que Sócrates.  Sócrates no explica de donde sacó su amigo la extravagante idea de visitar un  oráculo y preguntar semejante cosa, pero ese es otro problema, tiene que ver con  otro mito, el de Sócrates, construido en buena parte por el propio Platón, única  fuente antigua de la anécdota. En todo caso, Sócrates dice que no entendía mucho  la respuesta del oráculo porque, por un lado, él tenía poca conciencia de ser un  hombre sabio y había muchos hombres con reputación de sabios en su ciudad; por  otro, no podía pensar que el oráculo de Delfos no dijera la verdad. De modo que,  para descifrar el enigma del oráculo (¿cómo es posible que un hombre que no  tiene consciencia alguna de sabiduría sea el más sabio en una sociedad en la que  la sabiduría está llena de pretendientes y aduladores?), Sócrates sale a las  calles a “ver qué pasa”.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> <font face="Verdana" size="2"> El final de la historia es conocido, aunque no siempre es contado con al menos  cierto cuidado. La cuestión es que Sócrates interroga a todos los que parecen  ser sabios y nadie lo es verdaderamente. De hecho, dice conversar con tres  grupos de ciudadanos: a) los políticos, que son los considerados más sabios por  sí mismos y por sus conciudadanos, pero que no lo son realmente.<sup>46</sup> Y  lo peor es que cuando alguien como Sócrates les muestra su ignorancia,  reaccionan violentamente. Después, Sócrates interroga a los poetas y el  resultado no es muy diferente: los poetas dicen cosas lindas, pero lo hacen por  inspiración divina: transmiten un saber que no es propiamente de ellos.<sup>47</sup>  Digamos que no saben lo que dicen, no pueden dar cuenta de sus propias palabras.  Finalmente, Sócrates interroga a los trabajadores manuales. Estos son los más  sabios entre los tres grupos examinados y tienen un verdadero saber que Sócrates  desconoce. Pero su problema es que no perciben los límites de su saber, piensan  que ese saber se aplica también “a las cosas más importantes” y eso empaña lo  que saben.</font><sup><font face="Verdana" size="2">48</font></sup></span></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> <font face="Verdana" size="2"> Al fin, Sócrates percibe el sentido de la sentencia oracular: él es diferente de  todos los otros, es el único que no presume o imagina saber. Así, el oráculo se  vale de él como de un ejemplo, modelo o paradigma<sup>49</sup> para mostrar que  entre los hombres el más sabio es aquel que “percibe que nadie es verdaderamente  valioso en relación con el saber”.</font><sup><font face="Verdana" size="2">50</font></sup></span></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Ese recorrido explica para Sócrates, no sólo por qué es el más sabio en Atenas,  sino también las calumnias que circulan en torno de su figura. Son los boatos de  los resentidos, él diría, las voces coléricas de los que no aceptan habitar la  casa de la ignorancia. De hecho, el problema no pasa por ser o no ser ignorante.  No es eso lo que está en juego. Para Sócrates, todos somos ignorantes. Lo que  esos seudo-sabios muestran, en la perspectiva socrática, es una forma particular  de relación con la ignorancia: la niegan, la eluden, la ocultan; en la forma  externa en que se presentan, se muestran ignorantes de su propia ignorancia. Esa  forma de relación es grave porque impide relacionarse de una manera más  interesante con la propia ignorancia. En la perspectiva de Sócrates, el haber  puesto en evidencia esa</span> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt"> ignorancia generalizada de la propia ignorancia es lo que fundamenta las  calumnias en su contra.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> De modo que, desde una perspectiva socrática, lo que diferencia los seres  humanos no es la sabiduría o la ignorancia. Vamos a escribirlo otra vez, para  que no queden dudas: todos los seres humanos somos ignorantes. Todos. Lo que nos  diferencia es nuestra posición en relación con la ignorancia: la aceptamos o la  negamos; la acogemos o la espantamos. Sócrates dice que él es el único ateniense  que la acepta. Eso lo hace el más sabio de todos.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Podría argumentarse que este mito de la ignorancia está plagado de  contradicciones y que no pasa de un sofisma sofisticado.<sup>51</sup> Podría  cuestionarse, por ejemplo, cómo es posible que Sócrates esté tan seguro de su  interpretación de la sentencia del oráculo, que sugiere, precisamente, el escaso  valor de todo saber humano. Al fin, ¿su interpretación no es un saber? En otras  palabras, ¿cómo Sócrates puede afirmar al mismo tiempo que lo que él sabe no  tiene gran valor y presentar su propio saber como algo verdadero y justo? Su  posición frente a la ignorancia, ¿no lo eximiría de afirmar cualquier saber aun  en relación con ella? Tal vez sea conveniente notar que Sócrates no presenta ese  saber como propio, sino precisamente como un saber divino, el único tipo de  saber que puede ser llamado de tal. Ese es el valor principal de la referencia  al dios Apolo en el medio de una acusación de ateísmo o irreligiosidad: poner a  la divinidad como única fuente de saber legítimo y a sí mismo como un mero  agente de una misión y una sabiduría que no son humanas. Con esta doble  remisión, el mito pretende legitimar no sólo el saber verdadero del cual es  portador, sino también la propia relación afirmativa de Sócrates con la  ignorancia.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> En todo caso, Sócrates acaba fundando el mito de la sabiduría de la ignorancia.  Es un gesto de fuerza tremenda, una formidable inversión de las apariencias. A  primera vista, la ignorancia es un vacío, una falta, un defecto. La sabiduría,  su contrario. Con todo, en el plano humano, Sócrates da vuelta las cosas. Para  un ser humano que de verdad</span> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt"> quiera saber, no hay posición más paralizante que la postura de sabio y nada más  movilizador que el gesto afirmativo de la ignorancia. La ignorancia sabe; la  sabiduría ignora. Este es el gesto tremendo de Sócrates, su fundación. En el  ámbito de lo humano, las cosas no son lo que parecen. Más todavía, ¡ellas son lo  opuesto de lo que parecen! La ignorancia también no es lo que parece. Después de  Sócrates, nunca más podrá volver a serlo.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; margin-bottom: 6.0pt" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> III. </span></i> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt"> El mito de la ignorancia es también el mito de la filosofía, porque después de  interpretar que es el hombre más sabio en función de su relación con la  ignorancia, Sócrates afirma que esa relación lo hace alguien que <i>philo–sopheîn</i>,  desea saber. Esto es, la misma razón que hace de Sócrates el más sabio de todos  los hombres –su simpatía (en sentido griego, de un <i>páthos</i> compartido) con  la ignorancia– hace de él, no un sabio, sino un filosofante.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%; margin-left: 0cm; margin-right: 0cm; margin-top: 6.0pt; margin-bottom: 6.0pt" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> El legado de Sócrates para la filosofía no es menor. Lo que sugiere, en otras  palabras, es que la filosofía en cuanto filosofar no radica en ningún saber  positivo, en sistema, teoría o conocimiento alguno, sino, sobre todo, en una  relación con el contrario del saber, la ignorancia. Lo que la filosofía hereda  de Sócrates es una manera de pensarse y practicarse a sí misma que parte del  principio de hacerse cargo de la propia ignorancia. Antes de un saber o de una  relación con el saber, practicar filosofía es ejercer una cierta relación con la  ignorancia, en el pensamiento y en la vida. Esta es también una herencia de  Sócrates.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Al mismo tiempo, el mito de la ignorancia tiene ecos interesantes para la  educación. Después de contar el mito de la ignorancia y de atribuirse esa misión  divina, Sócrates se identifica con un tábano que despierta al caballo, grande y  de bella raza, pero dormido a causa de su gordura, con el cual compara a su  ciudad, Atenas.<sup>52</sup> Una vez más, revestido de una tarea divina,  Sócrates se presenta a sí mismo como el único despierto en una ciudad donde  todos duermen; es el único que no presume saber, que cuida de la ignorancia y de  lo que es más importante: de sí propio, del</span> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt"> pensamiento, de la verdad y del mejoramiento del alma<sup>53</sup> y no como  todos los otros atenienses que cuidan de las riquezas, la reputación y el honor,  en suma, de lo que es menos importante.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> De manera que cuidar de la ignorancia es también una cierta manera de cuidar de  sí mismo, de lo que Sócrates considera más valioso en cada uno. Por alguna razón  misteriosa que él llama de misión divina, la cuestión es que Sócrates decidió  hacer eso no sólo con sí mismo, sino también con todos los otros que tuvieran  interés en ponerse a sí mismos en cuestión, sin importar su edad o su riqueza.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Por eso, aunque Sócrates diga, en la misma <i>Apología, </i>respondiendo a las  acusaciones en su contra, que “jamás he sido maestro de nadie”,<sup>54</sup>esa  forma de presentar su “misión” muestra el evidente impacto educativo de su  práctica. Más todavía, Sócrates dice a los jueces que lo condenaron que, como  consecuencia de su muerte, muchos jóvenes continuarán haciendo lo que él hacía.<sup>55</sup>  De modo que en su misma defensa, Sócrates confirma la pertinencia de la  acusación. Lo que Sócrates parece querer hacer, negándose a sí mismo como  maestro, es diferenciarse de los instructores profesionales de su tiempo. Es  cierto, entre ellos había al menos dos diferencias significativas: a) Sócrates  no cobraba por enseñar; b) en la relación pedagógica no ofrecía conocimiento  alguno.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Como respuesta a una acusación que dice que enseña a otros a hacer lo que él  hace, su argumento es bastante débil y su condena parece lógica: aun aceptando  sus razones y diferenciándose de los instructores profesionales de su tiempo, su  defensa refuerza la acusación en su contra. De hecho, Sócrates no es acusado de  ser un instructor, de transmitir conocimientos o de cobrar por sus enseñanzas.  Más aún, todas estas prácticas eran bien vistas en la Atenas de su tiempo. Al  contrario, Sócrates es acusado de “corromper a los jóvenes”. Y sólo desde la  propia perspectiva socrática, corromper a los jóvenes puede tener que ver con  cobrar por enseñarles o con transmitir conocimientos. Para el estado de cosas de  la época, no es así, sino que justamente por eso Sócrates era un corruptor:  porque no hacía lo que profesionales de la educación hacían, no afirmaba ni  transmitía los saberes que debían ser transmitidos. De modo que aunque su  diferenciación de los instructores profesionales sea pertinente y legítima, con  ella no consigue refutar la acusación en su contra, por el contrario la  refuerza. Una vez más, con Sócrates las cosas son lo contrario de lo que  parecen.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> De todos modos, aunque no le sirva como defensa, la intervención de Sócrates  ayuda a pensar porque, justamente, lo que Sócrates niega, o al menos cuestiona  al no querer ser considerado un maestro, es que sea necesario, deseable o aun  posible formar alguien, a partir de las técnicas y los conocimientos que un  maestro domina.<sup>56</sup> Tal vez lo que Sócrates quiera decir es que nunca  se ocupó de formar a nadie, aunque no haya impedido a nadie de aprender con él,  porque no es eso lo más interesante en la relación pedagógica. Por consiguiente,  quién sabe, de esa manera Sócrates alude a una cuestión más radical y  significativa: que educar tal vez tenga que ver con transmitir una cierta  relación de cuidado, en primer lugar, con la propia ignorancia y, de una manera  más general, consigo mismo. Sócrates afirma más de una vez que nunca transmitió  ningún saber,<sup>57</sup> a no ser una cierta relación con la ignorancia, con  el propio pensamiento, con lo más valioso de cada uno.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> De esta manera, el mito de Sócrates es también el mito de la educación. Sócrates  no da conferencias, no crea ninguna escuela, no crea ninguna institución, no  tiene ningún conocimiento a transmitir. Su enseñanza primera, fundadora, es que  no hay nada que enseñar, a no ser que cada uno debe cuidarse a sí mismo. La  única cosa que le interesa transmitir no es un saber, sino una inquietud, la  inquietud de sí.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Foucault exploró magníficamente esa intervención en sus últimos años de cursos  en el <i>Collège de France </i>(1982–4). En una de sus últimas clases dice que:</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> <font face="Verdana" size="2"> En relación con la palabra del docente, Sócrates establece una diferencia, si  ustedes quieren, a través de una inversión. Allí donde el docente dice: yo sé y  escúchame, Sócrates va a decir: yo nada sé y si me ocupo de ti no es para  transmitirte el saber que te falta, es para que comprendas que nada sabes, que  aprendas por eso a ocuparte de ti mismo.</font><sup><font face="Verdana" size="2">58</font> </sup></span></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> La conclusión que Foucault extrae de la intervención socrática es que ella  inventa una nueva forma de decir la verdad, una forma valiente de un decir  verdad que se despliega en el examen de las almas y que ya no es más un decir  verdad político sino ético.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Tal vez allí radique justamente el gesto socrático: el nacimiento de una ética  de la ignorancia; mejor, una ética de una cierta relación con la ignorancia.  Este Sócrates sería alguien que no enseña para que el otro sepa lo que no sabe  sino para que aprenda a relacionarse de otra manera con su no saber. Para que el  lugar de un impostor saber sobre sí lo ocupe una cierta relación de cuidarse y  ocuparse de sí mismo, nacida y nutrida del vacío afirmativa que instala la  propia ignorancia.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> ¿Qué tiene que ver todo esto con la práctica filosófica con niñ@s? ¿Qué  aprendemos los que estamos interesados en esa práctica del mito de la ignorancia  de Sócrates? Muchas cosas. En primer lugar, una cierta posición respecto del  saber filosofía, del saber enseñarla y de un saber otro, como el saber infantil.  En este sentido, apreciamos los inconvenientes de una relación de pose,  demasiado segura de sí, con respecto a esos saberes. En segundo lugar, notamos  una cierta relación con la propia infancia que puede ser interesante modificar.  Así, el discurso más usual en este campo dice que la filosofía es llevada a los  niños por los beneficios que les llegaría a proporcionar: los haría más  críticos, más creativos, más democráticos, etc. Bueno, todo esto puede ser muy  legítimo pero tal vez sea interesante pensar, inspirados por el mito de la  ignorancia, otra forma de pensar sentidos educacionales para la práctica de la  filosofía con niños; tal vez la filosofía nos permita, junto a</span> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt"> nuestra obsesiva pasión por enseñar competencias y habilidades, abrir espacio  para otras cosas y otras formas de relación con la infancia. Quizás sepamos  demasiado sobre la infancia, sobre cómo educarla. Quien sabe podamos pensar una  relación con la infancia más allá de la formación, una infancia de la educación  y no sólo una educación de la infancia. Finalmente, quizá el mito de la  ignorancia ayude a pensar también en modificar algunas cosas de la relación que  tenemos con nosotros mismos, de ese modo, a lo mejor nos ayuda a cuidar de lo  que no cuidamos y a atender lo que no atendemos.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Notemos que la ignorancia y la infancia están juntas, desde la etimología: las  dos se construyen sobre un prefijo de ausencia o negación, en un caso sobre el  conocimiento, en el otro sobre el habla; tal vez el mito socrático nos ayude a  ver allí formas afirmativas y no negativas, potencias y no debilidades;  presencias y no ausencias. En este sentido, el mito de la ignorancia puede  ayudarnos a reposicionar la infancia en las prácticas filosóficas con niñ@s,  como una figura que, acaso, nos permitirá pensar un pensamiento que no pensamos,  vivir una vida que no vivimos; un pensamiento y una vida que no sabemos de  antemano pero que ese encuentro con la infancia –en el pensamiento y en la vida–  puede ayudarnos a pensar y a vivir. Así, la ignorancia y la infancia son una  condición y una fuerza, una presencia y una potencia.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Atentos a entender mejor esa fuerza paramos por aquí un texto que tiene como  título “La fuerza inspiradora de la ignorancia en un encuentro con la infancia”.  El lector juzgará los alcances del mito socrático en la forma aquí presentada.  Esperamos haberlo ayudado a pensar el valor pedagógico y filosófico, ético y  político, de cierta relación con la ignorancia; y también en la fuerza paradojal  del pensamiento, en la importancia de afirmar siempre una relación filosófica  con la infancia aun, o sobre todo, cuando se la invita a ejercitar la filosofía,  a compartir el pensamiento filosófico en su dimensión de experiencia. Este texto  es, al fin, una invitación a dar vuelta esas relaciones, a dejarse invitar por  la infancia y la ignorancia, a un encuentro afirmativo, en el pensamiento y en  la vida.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <b><span style="letter-spacing: -.3pt" lang="ES-AR"><font face="Verdana" size="2">Bibliografia</font></span></b></p>     <!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"><span style="letter-spacing: -.3pt" lang="ES">1. </span><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">Tovar, A., <i>Vida de Sócrates</i>, Madrid, Revista de Occidente,  1953, p. 61.</span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2193335&pid=S0798-4324200700010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt">2. Clay, D., “The origins of the socratic dialogue”<i>,</i>  en: Waerdt, P., (ed.). <i>The Socratic Movement,</i> NY, Cornell, 1994, p. 25.</span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2193336&pid=S0798-4324200700010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"><span style="letter-spacing: -.5pt" lang="ES">3. </span> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.5pt">Foucault,  M., <i>C</i></span><i><span lang="ES" style="font-family:Verdana;letter-spacing:-.5pt">lases  del 15 y 22 de febrero,</span></i><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.5pt">  Paris, Collège de France, 1984, p. 12.</span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2193337&pid=S0798-4324200700010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span style="letter-spacing: -0.3pt; font-weight: 700" lang="es"> Notas</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 1. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Me refiero, entonces, a un campo amplio. No pretendo aquí  limitarme a una corriente o grupo específico sino a un movimiento diverso y  complejo que reúne, en terreno educacional, la filosofía y l@s niñ@s.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 2. Más de un lector puede estar pensando en otros nacimientos de  la ignorancia en el mismo contexto de la Antigua Grecia. Por ejemplo, podría  pensarse en el nacimiento que le ha dado Gorgias, igualmente potente,  interesante. En todo caso el nacimiento socrático no es el único nacimiento de  la ignorancia en el contexto griego.</span></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.5pt"> 3. “</span><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.5pt">állous  tautà taûta didáskon”, en Platón, “Apología de Sócrates”, <span style="color:black">Diálogos, p. 19b.</span></span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 4. Cf. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Tovar, A., <i>Vida de Sócrates</i>, Madrid, Revista de Occidente,  1953, p. 61.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 5. Platón, <i>Teeteto</i>, 149a.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 6. Cf. Platón<i>, Eutidemo</i>,<i> </i>297e.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 7. Diógenes Laercio, <i>Vidas</i>, II 18.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 8. Cf. Liddell, H., Scott, R., <i>A Greek English Lexicon, </i>Oxford, Clarendon  Press, 1958/1966, p</span><span lang="ES" style="font-size:10.0pt;font-family: Verdana;letter-spacing:-.3pt">. 353 e 1048-9; También Cf. Moscone, R., <i> Sócrates</i>. <i>Sólo sé de amor</i>, Madrid, Biblioteca Nueva, 2003, pp. 42-9.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 9. Cf. Tovar, <i>Vida de Sócrates</i>..., cit., p. 79.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 10. Cf. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Platón, <i>Apología</i>, 34d; Cf. <i>Fedón</i> 60a e 116b.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 11. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Cf. Tovar, <i>Vida de Sócrates</i>..., cit., pp. 80-81.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 12. Cf. <i>Ibid.</i>, p. 86 y ss.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 13. Cf. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Platón, <i>Teeteto</i>, 143e ss.; Cf. también Jenofonte, <i> Banquete V</i>, p. 4 y ss.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 14. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Tucídides,<i> Histórias</i> II, 40.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.4pt"> 15. Cf. Tovar, <i>Vida de Sòcrates</i>..., cit., p. 274 y ss.;  También Cf. Brickhouse, T.,<span style="color:red"> </span>Smith, N.,<span style="color:red"> </span><i>Sócrates on trial,</i> Princeton, Princeton University Press, 1989,  pp. 174-9.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 16. Cf. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Platón, <i>Apología,</i> 33a-b; También Cf. Jenofonte, <i> Memorabilia</i>, I.1.18 e IV.4.2 e; También Cf. Brickhouse, Smith, <i>Sócrates  on trial.</i>.., cit., p. 177.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 17. Cf. Platón, <i>Apología,</i> 17d.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 18. Cf. Platón, <i>Fedón,</i> 60d.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 19. Cf. Diógenes Laercio, <i>Vidas</i>, II 121.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 20. Aristófanes, <i>Aves,</i> 1280-4.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 21. Cf. Clay, D., “The origins of the socratic dialogue”<i>,</i>  en: Waerdt, P., (ed.). <i>The Socratic Movement,</i> NY, Cornell, 1994, p. 25.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 22. Cf. Waerdt<i>,</i> P.,<i>The Socratic Movement,</i> NY,  Cornell, 1994, p. 7 y ss.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="FR" style="letter-spacing: -.3pt"> 23. Cf. Giannantoni, G., <i>Socratis et Socraticorum reliquiae</i>, Napoli,  Bibliopolis, 1990.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 24. Cf. Platón, <i>Fedón</i>, 59b-c.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 25. Cf. Aristóteles, <i>Poética</i>, </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> II 1447b.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 26. Cf. Clay, D., “The origins of the socratic dialogue”, en:  Waerdt, <i>The socratic Movement</i>…, cit., pp. 27-30.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 27. Cf. Jenofonte, <i>Memorabilia</i>, II.6.1.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 28. Cf. Diógenes Laercio, <i>Vidas,</i> III 34.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 29. Cf. Platón, <i>Fedón</i>, 59c.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 30. Cf. Platón, </span><i> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt">Apología  de Sócrates</span></i><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">,  33e.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 31. Cf. Clay, D., “The origins of the socratic dialogue”, en:  Waerdt, <i>The socratic Movement</i>… cit., pp. 44.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 32. Platón, <i>Carta II</i>, 314c.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">33. Cf.  Vlastos, G., <i>Socrates. </i></span><i> <span lang="EN-US" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt">Ironist  and Moral Philosopher</span></i><span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt">,  New York, Cornell University Press,<i> </i>1991, pp. 45-80.</span></font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 34. Cf. Clay, D., “The origins of the socratic dialogue”, en Waerdt, <i>The  		socratic Movement</i>…, cit., pp. 31-2.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 35. Cf. Brickhouse, Smith,<span style="color:red"> </span><i>Sócrates on  		trial</i>…<i>, </i>cit., p. 1.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 36. Cf. Clay, D., “The origins of the socratic dialogue”, en Waerdt, <i>The  		socratic Movement</i>…, cit., p. 42, n. 43.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 37. Cf. </span> 		<span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">         Jenofonte, <i>Apología de Sócrates </i>II, 27; También Cf. Jenofonte, <i> 		Memorabilia</i> V, 8, 4-11</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> 		<font size="2" face="Verdana"> 		<span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">         38. 		Cf. Eggers Lan, C., Estudio Preliminar In: <i>Apología de Sócrates</i>,  		Buenos Aires, Eudeba, 1986, p. 43 y ss.</span></font></p>      <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 39. Platón, <i>Apología de Sócrates</i>, 19c.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 40. </span> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt">Cf.  Cherniss, H., <i>La crítica aristotélica a la filosofía presocrática</i>, </span> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1991, <i>passim</i>.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 41. Cf. Long <i>apud</i> Waerdt, 1994, p. 7, n. 18.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 42. C</span><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">f.  por ejemplo, el trabajo de Waerdt P., (org.), 1994.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 43. </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> Por lo tanto, entre el 399 y el 384 a.C.; Cf<i>.</i>, Brickhouse,  Smith,<i> Sócrates on trial…</i>, <i>cit.,</i> pp. 1-2.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 44. Cf. Platón, <i>Apología,</i>  </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 34a e 38b.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 45. E</span><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">n  la otra, Fedón justifica la ausencia de Platón en los últimos momentos de  Sócrates: “me parece, está enfermo”; Cf. Platón, <i>Fedón</i> 59b.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 46. Cf. Platón, <i>Apología,</i></span><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt">  21c.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 47. Cf. <i>Ibid.</i> 22b-c.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 48. Cf. <i>Ibid.</i>, 22d-e.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><i> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 49. Parádeigma</span></i><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.3pt">, Cf.<i> Ibid.</i>, 23b.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"><i> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt">50. Ibid.</span></i><span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt">, 23b.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 51. Aunque no voy a considerar sus tesis en este texto, una  crítica aguda, política, muy sugerente, de la “ignorancia” de Sócrates se  encuentra en el libro <i>El maestro ignorante</i> de J. Rancière (Barcelona:  Laertes, 2004). La he analizado con algún detalle en <i>Infancia. Entre la  educación y la filosofía </i>(Barcelona, Laertes, 2004).</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 52. Cf. Platón, <i>Apología,</i>  </span> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 30e-31c.</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 53. Cf. <i>Ibid.</i>, 29e.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i> <span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt">54. Ibid.</span></i><span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt">, 33a5-6.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font size="2" face="Verdana"><span lang="EN-US" style="letter-spacing: -.3pt"> 55. Cf. <i>Ibid.,</i>39c-d.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.3pt"> 56. Aunque no podemos ocuparnos aquí, por ejemplo, del <i>Menón</i>  y del <i>Laques</i> esos dos diálogos también tematizan esta misma cuestión.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.3pt"> 57. “nadie jamás aprendió nada de mí...”, Platón, <i>Teeteto</i>,  150d.</span></font></p>     <p align="justify" style="line-height: 100%"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES" style="letter-spacing: -.5pt"> 58. </span> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.5pt">Foucault,  M., <i>C</i></span><i><span lang="ES" style="font-family:Verdana;letter-spacing:-.5pt">lases  del 15 y 22 de febrero,</span></i><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.5pt">  Paris, Collège de France, 1984, p. 12.</span></font></p>       ]]></body>
<back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Tovar]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Vida de Sócrates]]></source>
<year>1953</year>
<page-range>61</page-range><publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Clay]]></surname>
<given-names><![CDATA[D]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[“The origins of the socratic dialogue”]]></article-title>
<person-group person-group-type="editor">
<name>
<surname><![CDATA[Waerdt]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[The Socratic Movement]]></source>
<year>1994</year>
<page-range>25</page-range><publisher-loc><![CDATA[NY ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cornell]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Foucault]]></surname>
<given-names><![CDATA[M]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Clases del 15 y 22 de febrero]]></source>
<year>1984</year>
<page-range>12</page-range><publisher-loc><![CDATA[Paris ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Collège de France]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
