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<publisher-name><![CDATA[2009.Instituto Pedagógico de Caracas. Universidad Pedagógica Experimental Libertador]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La educación en nutrición: el caso de la fibra en la dieta]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The feeding, for being a human act, has become a corpora property, therefore, is an attractive subject for the society. Everybody or are created with right to think or to give to information on nutrition and human feeding and the social mass media, do not escape to it, being able to give false expectations in this area. The acquisition of alimentary habits can be achieved through the work of teachers, complemented and supported by nutritionists and parents and representatives. Nutrition education should be continued at school and at home, increasing the respective expertise and contribute to creating a permanent state of critical opinion on the nutritional health.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <b><font face="Verdana">     <p ALIGN="center">La educación en nutrición: el caso de la fibra en la dieta </p> </font></b><font FACE="Verdana">     <p ALIGN="center"><b>Nutrition education: the case of the fiber in the diet </b> </p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="center">Omar Eduardo García, Carmen Cristina Rodríguez</p> </b>     <p ALIGN="justify">Universidad Central de Venezuela, Caracas-Venezuela <a href="mailto:omar.garcia@ucv.ve">omar.garcia@ucv.ve</a>, <a href="mailto:ccrcg@yahoo.es">ccrcg@yahoo.es</a> </p> </font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">RESUMEN </p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">La alimentación, por ser un acto humano, se ha convertido en  un bien social, y resulta un tema atractivo para la sociedad. Las personas se  creen con derecho a opinar o dar información sobre nutrición y alimentación  humana y los medios de comunicación social, no escapan a ello, lo que  contribuyen falsas expectativas y errores conceptuales en este campo. La  adquisición de hábitos alimentarios, se puede conseguir gracias a la labor del  docente, complementada y apoyada por nutricionistas y por los padres y  representantes. La educación nutricional debe ser continúa en la escuela y en el  hogar; aumentando los conocimientos en la materia y contribuir a crear un estado  de opinión crítica permanente, sobre la &quot;salud nutricional&quot;. </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Palabras clave</b>: Fibra alimentaria; hábitos alimentarios;  educación nutricional </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">ABSTRACT </p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">The feeding, for being a human act, has become a corpora  property, therefore, is an attractive subject for the society. Everybody or are  created with right to think or to give to information on nutrition and human  feeding and the social mass media, do not escape to it, being able to give false  expectations in this area. The acquisition of alimentary habits can be achieved  through the work of teachers, complemented and supported by nutritionists and  parents and representatives. Nutrition education should be continued at school  and at home, increasing the respective expertise and contribute to creating a  permanent state of critical opinion on the nutritional health. </p> <b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Key words</b>: Dietary fiber; alimentary habits; nutritional  education </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">INTRODUCCIÓN </p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">La infancia es una etapa fundamental en la adquisición y  desarrollo de hábitos y pautas alimentarias que condicionan el estado  nutricional en etapas posteriores de la vida. Si estos hábitos son adecuados,  contribuirán a garantizar la salud en la edad adulta (Aranceta, 1997; Serra y  col, 2002). Una forma de intervenir efectiva y positivamente los hábitos  alimentarios de un individuo, es a través de la educación en nutrición. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La educación nutricional, es un componente importante dentro  del campo de la nutrición humana. Se plantea como disciplina, educar para la  salud, tratando de aumentar y mejorar los conocimientos sobre nutrición y  alimentación que tenga el individuo, de manera de mejorar su estado nutricional. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El nutricionista, es una figura clave en el equipo de salud  donde interactúa con otros profesionales tales como: médicos, trabajadores  sociales, docentes de los distintos niveles educativos y de enseñanza,  sociólogos, antropólogos, psicólogos, entre otros. De esta manera su  participación tiende a mejorar la calidad de vida del venezolano. En este  sentido, la labor del nutricionista, como actor que debe participar en la  educación nutricional resulta esencial, pues su desempeño permite identificar y  evaluar problemas nutricionales e intervenir en políticas generales de salud y  programas de formación en nutrición. </p>     <p align="justify">La educación en Alimentación y Nutrición permite la  adquisición de conocimientos que favorecen la formación integral de todos los  ciudadanos ya que repercute y refuerza la práctica alimentaria correcta mediante  la creación de buenas actitudes favorables hacia una alimentación saludable. Sin  embargo, no es suficiente que la información sea correcta, sino que también es  necesario que se produzcan modificaciones o cambios en los hábitos alimentarios  insanos y erróneos, de manera de poder conseguir una alimentación con base en  una dieta sana y equilibrada (Montero y col, 2006). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Difundir la importancia que tiene la educación en nutrición y  alimentación en las instituciones escolares tanto en contenido como en la  práctica de una alimentación saludable, a través de promover el consumo de la  fibra alimentaria, de la adecuada selección y adquisición de los alimentos entre  otros aspectos, es uno de los propósitos del presente trabajo. </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">MÉTODO </p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">El presente artículo se fundamenta en una Investigación de  tipo documental que permitió recopilar, analizar, integrar y organizar la  información, de manera tal que problemática del bajo consumo de la fibra  alimentaria entre los niños y niñas, y el papel de la escuela para modificar  este aspecto; considerando los elementos que para ello recomiendan los autores  consultados. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para identificar la información sobre el consumo de fibra  entre los escolares y cómo favorecen este hábito se consultaron artículos  publicados en revistas científicas y en bibliografía especializada en el tema.  Los artículos consultados responden a investigaciones originales, revisiones  documentales y análisis críticos sobre la fibra dietética. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">El trabajo pretende contribuir con una mejor comprensión de  la educación en nutrición y de la importancia del consumo de la fibra  alimentaria entre los niños y adolescente de las instituciones escolares. Sin  embargo, no se pretende agotar el tema en discusión, aunque brinda una  perspectiva general del tema planteado con fines educativos. </p> <b>     <p align="justify">RESULTADOS </p> </b>     <p align="justify">Como parte de la revisión documental realizada se plantean  una serie de términos y conocimientos en el campo de la educación en Nutrición y  Alimentación que deberían ser considerados por los docentes en sus actividades  dentro del aula, para apoyar la educación en nutrición entre los niños y niñas  de los primeros grados del sistema educativo venezolano. </p>     <p align="justify">Entre los contenidos considerados como esenciales se plantean  los siguientes: </p> <i>     <p align="justify">La fibra en la dieta. </i>El término fibra dietética o  alimentaria (FA), lo introdujo por primera vez el médico inglés Hispsley (1953)  y la describió como: &quot;el material derivado de la pared celular vegetal en los  alimentos. La FA, es un término genérico que cubre una amplia variedad de  sustancias orgánicas con diferentes propiedades y efectos fisiológicos  distintos, químicamente engloban a los hidratos de carbono o carbohidratos. </p>     <p align="justify">En cuanto a la fibra alimentaria (FA) Trowell (1972),  encontró diferencias en estudios sobre la prevalencia de enfermedades no  infecciosas en zonas rurales de África y en países occidentales; con relación al  tipo de dieta consumida ha llevado a definir a la FA como: la parte de las  paredes celulares vegetales, incluidas en la dieta humana que resiste la acción  de las secreciones del tracto gastrointestinal. Trowell (1976), define a la </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">FA como la suma de todos los  polisacáridos y la lignina, resistentes a la hidrólisis de las enzimas endógenas  del tracto digestivo humano. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Desde entonces y hasta el presente se  han propuesto diversas </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">definiciones  de FA, sin embargo, actualmente la mayoría de los investigadores de este campo,  sugieren que la fibra son todos los componentes no digeribles presentes en los  alimentos, los cuales son resistentes a las enzimas digestivas humanas (DeVries  y col, 1999). </p>     <p align="justify">Función de la fibra. ¿Qué función tiene la fibra en la  dieta?, al respecto mucho se ha escrito hasta el momento sobre las bondades de  la fibra </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">en el buen funcionamiento  del sistema digestivo con repercusión en la salud integral de las personas. Unos  de sus efectos más conocidos es su relación directa con el funcionamiento del  intestino humano. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Como parte del buen funcionamiento del  aparato digestivo en los humanos es normal ir al baño (defecar) una o dos veces  diarias, de una forma rápida y sin esfuerzo; hacerlo en un tiempo muy prolongado  o no ir por algunos días, no es lo normal. Si las heces son secas o duras o si  no se evacua diariamente, o si se hace con dificultad y esfuerzo, requiere hacer  ajustes en la dieta diaria, lo que implica tomar suficiente cantidad de </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">agua en la alimentación así, como es  necesario consumir alimentos como parte de la dieta diaria con fibra en cada una  de las comidas (Schweizer y col, 1991). </p>     <p align="justify">Cuando el consumo de la fibra en la dieta es adecuado, una  serie de eventos se suceden en la mecánica fisiológica del tracto digestivo.  Primero, la fibra por su alto poder de retención de agua, aumenta y gelifica las  heces, facilitando el trabajo del intestino grueso para desplazarlas. Además, su  presencia aumenta la producción de los llamados ácidos grasos de cadena corta,  diluyendo los ácidos biliares. Esto mejora el metabolismo de las células del  colon (colonocitos) (Martínez, 2005). También la fibra alimentaria disminuye el <i>pH </i>del colon, lo cual es beneficioso para la biodisponibilidad de  nutrientes a este nivel y para la prevención de ciertos tipos de cáncer (Jhonson,  2004; Simpson, 2004). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Las respuestas fisiológicas que ocurren en el organismo  gracias al consumo de FA en cantidad y calidad apropiada permite el descenso de  la colesterolemia, la modificación de la respuesta glucémica, la mejora de la  función del intestino grueso y la disminución de la disponibilidad de  nutrientes. Estos hechos permiten recomendar el consumo de alimentos ricos en  fibra, lo que incide positivamente en la salud; hechos que se entienden  fácilmente en el contexto de las propiedades físicas de la fibra alimentaria y  sus acciones sobre la función gastrointestinal (Gallaher y col, 2003). </p>     <p align="justify">Una dieta pobre en fibra (menos de 8 g diarios) puede  ocasionar trastornos en todo el tracto digestivo humano, mientras que el consumo  difiera en la dieta con incorporación de alimentos ricos en fibra, requiere  consumirlo tanto en el desayuno, en el almuerzo, como en la cena, lo cual se  logra mediante la inclusión diaria de raciones de frutas y vegetales en cada  comida. </p>     <p align="justify">Las frutas, verduras y hortalizas contienen una cantidad  considerable de fibra y los resultados de ciertos estudios epidemiológicos sobre  la morbimortalidad de varios tipos de cáncer y enfermedades coronarias, han  hecho que las organizaciones como la Asociación Americana de Cardiología, la  Sociedad Americana del Cáncer y el Departamento de Agricultura de Estados  Unidos, lleven a cabo campañas educativas de sensibilización de la población,  para modificar sus hábitos alimentarios, promoviendo el consumo de cinco  raciones de frutas y verduras a lo largo del día con el lema &quot;al menos cinco  veces al día&quot; (Serra y col, 2004). </p>     <p align="justify">Sin embargo, el exceso de consumo de fibra ocasional, puede  provocar diarreas y flatulencia, mientras que el exceso diario, provoca  estreñimiento, solo sí hay un bajo consumo de agua en la dieta. En el caso del  estreñimiento crónico, los efectos de una dieta rica en fibra, no se hacen  sentir de inmediato; pues, los cambios fisiológicos se presentan de forma  gradual y por ello se requiere de tiempo para que se hagan visibles (Muller y  col, 2005). </p> <b>     <p align="justify">La familia y los hábitos alimentarios </p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">Los hábitos alimentarios y las  costumbres de la población están fuertemente arraigadas en las tradiciones  familiares. Siendo la familia, la célula fundamental de la sociedad; toda  transformación que en ella se produzca, tiene enorme importancia en el ejercicio  de las funciones socializadoras y educativas que se derivan de ella, provocando  cambios y tendencias, incluso, en el consumo de alimentos (Story y col, 2002). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Toda persona siempre trata de integrarse  a la familia a la cual pertenece y por ende a formar parte de la comunidad donde  la familia se encuentra, por eso tomará conductas socialmente aceptadas, es  decir, que respondan a pautas establecidas por la cultura en la que se está  inmerso. En este sentido, los hábitos alimentarios impartidos en la familia,  determinará su patrón alimentario a seguir durante toda su vida. Se entiende por  hábitos alimentarios al conjunto de conductas adquiridas por un individuo, y por  la repetición de actos en cuanto a la selección, la preparación y el consumo de  los alimentos (Bourges, 2001).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La familia y los comportamientos de sus  miembros son imprescindibles en la formación y transmisión de los hábitos  alimentarios, en este aspecto el papel de la escuela es determinante, es la  escuela el espacio adecuado para dar a conocer y reforzar los mismos. De manera,  la familia y la escuela logran consolidar en las futuras generaciones de  individuos, un patrimonio cultural alimentario saludable. El individuo a lo  largo de su infancia, desarrolla sus propios gustos, preferencias y aversiones  hacia </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">los alimentos, configurando su  patrón de conducta alimentaria. Ese patrón a su vez, se ve influenciado por una  serie de factores externos con los cuales el niño y la niña está en contacto  directo y que pueden llegar a modificarlo definitivamente. Por lo tanto, hay que  procurar que sus hábitos alimentarios no entren en conflicto, con las  recomendaciones y normas dietéticas, que definen una dieta equilibrada o  saludable (Birch y col, 1998; Stroebele y col, 2004). </p>     <p align="justify">Para modificar, mejorar o instaurar hábitos alimentarios de  la población, </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">se requiere de un  intenso trabajo educativo a todos los niveles, dentro y fuera del entorno  familiar y escolar. De allí la importancia las instituciones escolares donde se  debe llevar a cabo acciones que permitan entre los estudiantes la adquisición de  hábitos alimentarios saludables. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En Venezuela, una de las vías de tipo  educativo que se ha desarrollado para llevar al ámbito escolar y familiar los  cambios necesarios para lograr el consumo de una variedad de alimentos, y entre  ellos la Fibra alimentaria, fue la elaboración de las llamadas &quot;Guías de  alimentación en la Escuela&quot;, materiales educativos diseñados y publicados por el  Instituto Nacional de Nutrición, la Fundación CAVENDES y el Centro Nacional para  el Mejoramiento de la Enseñanza de las Ciencias (CENAMEC). Las mismas fueron  desarrolladas con la participación de especialistas en el campo de la Nutrición  y en Educación, como parte de su difusión y uso en el aula se organizaron y  desarrollaron acciones dentro del Programa de Educación en Alimentación y  Nutrición, coordinado por reconocidos especialistas venezolanos como el Dr. José  María Bengoa (Guías alimentarias, 1999). Este programa de Educación en  Alimentación y Nutricional estuvo sustentado en las guías alimentarias para la  población </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">venezolana, lo que permitió llevar al  sistema escolar y a la población en general los enunciados y aspectos técnicos  que como su nombre lo indica, son preceptos para una alimentación equilibrada y  saludable. Con especiales recomendaciones para los niños y niñas en edad  preescolar y escolar. </font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">Educación Nutricional. El caso de la fibra alimentaria </p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">El consumo de alimentos, dependen de la  disponibilidad, la accesibilidad a los mismos, de su costo y de los ingresos de  las familias; las tradiciones culturales, el valor enérgico; de los alimentos;  el grupo socioeconómico al que pertenece el niño y sus familias, entre otros. En  este sentido, existen muchas diferencias entre diversos países, la cultura y la  religión dentro de un mismo país. También existen diferencias entre las familias  según el poder adquisitivo o socioeconómico (Vera y col, 1987; Martínez y col,  2002; Bourges, 1990). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Actualmente, en el mundo globalizado, se  observan cambios en el patrón alimentario, incluso en el nuestro. Existe, una  tendencia a la uniformidad universal de los alimentos ingeridos; jerarquizando  determinadas comidas o alimentos, que responden a técnicas de mercadeo muy  efectivas, en detrimento de las comidas tradicionales que son más sanas y de  menor costo (Linn, 2004). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Por otra parte, las preferencias  alimentarias de los preescolares y escolares, son resultados de los múltiples  mensajes recibidos por éstos; especialmente a través de los medios de  comunicación social. Es durante la primera etapa de la vida del niño, donde la  familia y la escuela, deben </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> propiciar hábitos alimentarios beneficiosos que incidan en la salud </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">del niño, y de esta forma, se evitaría la  malnutrición y su incidencia en o enfermedades infantiles, que conducen a  provocar enfermedades prevalentes en la edad adulta (Moya y col, 1986). </font> </p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La información que forma parte de la  Educación en Nutrición y Educación es transmitida tanto a los niños y niñas como  en los jóvenes, teniendo en cuenta, los condicionantes que intervienen en las  preferencias alimentarias de cada niño. Los menores de quince años, conforman un  grupo especialmente adecuado para realizar intervenciones de educación  nutricional, debido a que en este período, aún se están formando hábitos  alimentario que perdurarán a lo largo de toda la vida (Del Real y col, 2005). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La implementación de una Educación  Nutricional adecuada en este grupo poblacional, requiere la participación de los  maestros, de la familia y en el caso de los adolescentes, la colaboración de sus  compañeros directos. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">El conocimiento adquirido por los niños  y adolescentes es llevado a la casa, por lo que deben ser conocidas por sus  padres o representantes; quienes utilizan parte de su tiempo para apoyar y  realizar con ellos diversas actividades didácticas, que les permiten aplicar lo  que han aprendido en la escuela. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En la actualidad, la mayoría de las  familias se enfrentan a la imposibilidad de poder comer con sus hijos;  principalmente, en el desayuno y el almuerzo, debido, principalmente, a la  incompatibilidad de sus horarios. Por ello, los programas de Educación  Nutricional que deben ser implementados por el Estado venezolano, requieren  contemplar, tanto la evaluación dietética de los planes de menús implementados  en los comedores escolares, como de la información sobre los alimentos que </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">se consumen poniendo atención en el  etiquetado y las especificaciones </font><font SIZE="2"><font face="Verdana"> alimentarias de los mismos. Se hace necesario entonces, que los padres y  representantes, conozcan los planes de menús del colegio de sus hijos; para  poder así complementarlos, con alimentos adecuados en las cenas. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Para cumplir este objetivo, es necesario  considerar acciones que permitan atender a los padres y representantes, como por  ejemplo: charlas dirigidas por parte de los nutricionistas y de los maestros  formados </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">y entrenados adecuadamente  para tal fin. </p> </font><font SIZE="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">La formación de los docentes en  Educación Nutricional, durante la carrera profesional es imprescindible, de esta  manera, es necesario incorporar en el currículo de la carrera docente cursos,  que atiendan su formación en el área de la nutrición realizar en las aulas  actividades didácticas dirigidas a niños y adolescentes, de acuerdo con sus  edades para mejorar el consumo de alimentos y los hábitos alimentarios, que  inciden en su salud. Dichas actividades, deben ser programadas al principio del  año escolar, de manera de evaluar los conocimientos adquiridos por los niños y a  los docentes durante todo el año escolar. </font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Con relación al consumo de fibra alimentaria en Venezuela se  conoce, que los niños y adolescente no son dados a comer vegetales en su dieta  diaria, de allí la siguiente interrogante: ¿Cómo hacer para atender y mejorar  esta situación, que mejore el consumo de fibra alimentaria en su dieta?, </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">desde el hogar, los padres deben implementar  técnicas adecuadas para aumentar alimentos vegetales en la dieta familiar. Al  respecto, es necesario recurrir a técnicas culinarias tradicionales, donde la  incorporación de este tipo de alimentos esta presente, por ejemplo: elaborar  tortas o pasteles, con la inclusión de vegetales en las mismas, incluir frutas,  jugos en las loncheras para ser consumidas como parte de las meriendas de sus  hijos. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Las recomendaciones internacionales  sobre el consumo promedio de </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> vegetales y por ende de fibra en la dieta dadas los organismos como la FAO/WHO,  señalan que es importante consumir diariamente una ingesta de fibra alimentaria  entre 20 y 25 g/día para adultos (FAO/WHO, 1998). </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">Otros organismos, como el Instituto Nacional del Cáncer de  los Estados Unidos, recomiendan consumir, entre 20 y 35 gramos/persona/día (Kushi  y col, 2006). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">El Instituto Nacional de Nutrición de  Venezuela (INN), coordinando a grupos de expertos en nutrición, publicó en el  año 2000, las &quot;Recomendaciones Dietéticas para la Población Venezolana&quot; (INN,  2000). Las recomendaciones de los expertos fue, que la población venezolana  debía consumir entre 9 y 12g por cada 1000 Calorías al día </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2">de fibra alimentaria, con un mínimo de 20  g/persona/día; aunque no se no especifican, la recomendación de consumo de fibra  para los niños </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">venezolanos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">La Academia Americana de Pediatría  recomienda, que en niños </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">mayores de  dos años, el consumo de fibra, debe coincidir con la cantidad que resulte de  sumar 5 g/día a su edad cronológica (ejemplo: un niño de cuatro años debería  ingerir aproximadamente 9 g de fibra al día). De esta manera, a partir de los 18  años alcanzaría el consumo recomendado para un adulto promedio (AAP, 1995).  Otros autores, como Heimburger y col. (1997) recomiendan en los niños el consumo  de 10 a 13 g de fibra alimentaria por cada 1000 Calorías. </p> <b>     <p align="justify">Recomendaciones de consumo de fibra en la dieta </p> </b>     <p align="justify">De manera general, se sugiere que la fibra en la dieta, debe  tener una proporción de 3/1 entre la fracción insoluble y la fracción soluble de  la misma. Se consideran alimentos ricos en fibra insoluble: la harina de trigo  integral, el afrecho, los guisantes y alimentos como repollo, raíces, cereales y  frutas maduras en general. Son ricos en fibra soluble: la avena, las ciruelas,  la zanahoria, los cítricos, las leguminosas secas, entre otros alimentos. Se  sugiere, que las fuentes de fibra en la dieta sean variadas y </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">que se realice una ingestión hídrica  adecuada diariamente para facilitar su papel en el organismo (Redondo, 1999). </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los nutricionistas, han hecho  recomendaciones prácticas para el </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> consumo de alimentos ricos en fibra (Coronas, 1991; Escudero, 2006) </font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">entre las cuales se encuentran las  siguientes </font></p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font face="Verdana">a) tres raciones diarias de  	vegetales verdes; </font></p> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">b) dos raciones diarias de frutas; 	</font></p> 	    <p align="justify"><font face="Verdana">c) seis raciones diarias de cereales  	en forma de pan, cereales para el desayuno, arroz o pasta alimenticia,  	preferiblemente integrales, por el </font></font> 	<font FACE="Verdana" SIZE="2">mayor aporte de fibra; </p> 	    <p align="justify">d) semanalmente, es necesario consumir de cuatro a cinco  	raciones de granos o leguminosas. </p> </blockquote> <b>     <p align="justify">CONCLUSIONES </p> </b>     <p align="justify">La complejidad de educar de manera adecuada a las personas,  en cuanto a los hábitos alimentarios saludables, al consumo de fibra o de </p> </font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">producir cambios en los patrones  alimentarios ya instaurados en las personas es difícil, si no se hace desde el  hogar y la escuela. Por lo que la vía recomendada es la formación desde la  educación inicial, donde tienen un papel determinante tanto la familia como la  escuela. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">Los intereses económicos de las grandes  industrias de alimentos, requieren ser analizados y normados para promocionar  productos alimentarios adecuados que mejoren la salud de la población. Es </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">necesario, reflexionar sobre la importancia  de la Educación Nutricional por </font><font SIZE="2"><font face="Verdana">su  repercusión tanto en la salud individual como en su impacto en la salud  familiar. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">En Educación Nutricional la familia y  los maestros, juegan un papel importante para lograr una formación adecuada  sobre hábitos alimentarios </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2">de la  población infantil, en este sentido, la inclusión de la fibra alimentaria en la  dieta, es de vital importancia para la salud. Desde etapas tempranas de la vida,  lo favorablemente en la salud del venezolano. </p> </font><b><font SIZE="2" face="Verdana">     <p align="justify">REFERENCIAS </p> </font></b><font SIZE="2" face="Verdana">     <!-- ref --><p align="justify">1. Academy of Pediatrics (AAP). (1995). The role of dietary  fiber in children. <i>Pediatrics, </i></font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">96, 985 – 988.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178375&pid=S1010-2914201100020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">2. Aranceta, J. (1997). Nutrición en el  niño y adolescente. En: J Meneghello (Comp), </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>Diálogos en Pediatría 9. </i></font> <font SIZE="2"><font face="Verdana">(pp. 136-144). Santiago de Chile,  Mediterráneo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178376&pid=S1010-2914201100020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">3. Birch, L., Fisher, J. (1998). Development  of eating behaviors among children and adolescents. </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>Pediatrics, </i></font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">101: 593 – 594.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178377&pid=S1010-2914201100020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">4. Bourges, R. (1990). Costumbres,  prácticas y hábitos alimentarios. </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> <i>Cuadernos de Nutrición, </i></font><font SIZE="2"><font face="Verdana">2: 133  – 140.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178378&pid=S1010-2914201100020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">5. Bourges, R. (2001). Términos comúnmente  usados en nutrición. En: Orientación Alimentaria: Glosario de Términos.  Cuadernos de Nutrición. 24 (1): 22-43 </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178379&pid=S1010-2914201100020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">6. Coronas, R. (1991). Manual práctico de  dietética y nutrición. 1a ed. Barcelona, España: Jims. 9-20. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178380&pid=S1010-2914201100020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">7. DeVries, J., Prosky, L., Li, B., Cho, S.  (1999). A historical perspective on </font></font><font SIZE="2" face="Verdana"> defining dietary fiber. <i>Cereal Food World, </i>(44): 367 – 369.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178381&pid=S1010-2914201100020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. Del Real, S., Fajardo, Z., Solano, L., Páez, M., Sánchez, A.  (2005). Patrón de consumo de alimentos en niños de una comunidad urbana de  Valencia, Venezuela. <i>Archivos Latinoamericanos de Nutrición, </i>3: 279 – 28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178382&pid=S1010-2914201100020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. Escudero, E., González, P. (2006). La fibra dietética. <i> Nutrición Hospitalaria</i>, 2: 61 – 72. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178383&pid=S1010-2914201100020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. Las guías de alimentación en la escuela. (1995). CENAMEC/  Fundación Cavendes.&nbsp; Caracas, Venezuela: Ediciones CENAMEC. 39.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178384&pid=S1010-2914201100020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. Gallaher, D., Schneeman, B. (2003). Fibra Alimentaria. En: E, ziegler. L, Filer. (Comp.) <i>Conocimientos actuales sobre nutrición</i>.  8a ed. pp. 90 – 97. Washington, ILSI Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178385&pid=S1010-2914201100020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. Hipsley, E. (1953). Dietary Fiber and pregnancy toxaemia.  British Medical Journal, <i>2</i>, 420 – 422 &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178386&pid=S1010-2914201100020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. Heimburger, D. Weinsier, R. (1997). Gastrointestinal and  liver diseases. In: Heimburger D, Weinsier R, Butterworth C (Comp.), <i>Handbook  of clinical nutrition</i>. (pp. 425 – 444). Philadelphia, Mosby. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178387&pid=S1010-2914201100020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. Instituto Nacional de Nutrición (2000). Valores de referencia  de energía y nutrientes para la población venezolana. Publicación Nº 53. Serie  Cuadernos Azules. Caracas, INN.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178388&pid=S1010-2914201100020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. Johnson, I. (2004). New approaches in the rol of diet in the  prevention of cancers of the Alimentary tract. <i>Mutant Researches</i>, 551  (1), 9 -28.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178389&pid=S1010-2914201100020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. Kushi, L., Byers, T., Doyle, L., Bandera, E. (2006). American Cancer Society guidelines on nutrition and physical activity for cancer  prevention. <i>Cancer Journal Clinical</i>, <i>56, </i>254 – 281.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178390&pid=S1010-2914201100020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. Linn, S. (2004). Food marketing to children in the context of  a marketing maelstrom. <i>Journal Public Health Policy</i>, <i>25, </i>367-378. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178391&pid=S1010-2914201100020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. Montero, A., Úbeda, N., García, A. (2006). Evaluación de los  hábitos alimentarios de una población de estudiantes universitarios en relación  con sus conocimientos nutricionales. <i>Nutricion Hospitalaria, </i>21 (4), 466  – 473.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178392&pid=S1010-2914201100020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. Martinez, M. (2005). Primary prevention of colorectal cancer:  life style nutrition exercise recent results. <i>Cancer Research</i>, <i>166</i>,  177-211.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178393&pid=S1010-2914201100020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. Muller-Lissner, S., Kannu, M., Scarpignato, C. y Wald, A.  (2005). Myths and misconceptions about chronic constipation. <i>American Journal  Gastroenterology</i>, 100 (1), 232- 242.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178394&pid=S1010-2914201100020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. Martínez, R., Rodríguez, C. (2002). Influencia de la  alimentación en el comportamiento humano a través de la historia. <i>Offarm, 7</i>,  80-86. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178395&pid=S1010-2914201100020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. Moya, M., Dehollain, P. (1986). Efectos de los medios de  comunicación social en la adquisición de alimentos a nivel familiar. <i>Archivos  Latinoamericanos de Nutricion</i>, 1166–186.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178396&pid=S1010-2914201100020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. Redondo, L. (1999). La fibra terapéutica. Barcelona, España: Glosa Ediciones.  11-131. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178397&pid=S1010-2914201100020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. Serra, L., Ribas, L., García, R., Pérez-Rodrigo, C., Peña, L., Aranceta,  J. (2002). Hábitos alimentarios y consumo de alimentos en la población infantil  y juvenil española (1998-2000): variables socioeconómicas y geográficas. En:  Serra, L. Aranceta, J (Comp.). (pp. 14 – 28). <i>Alimentación Infantil y  Juvenil. </i>Barcelona, España: Editorial Mason.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178398&pid=S1010-2914201100020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. Schweizer, T., Wursch, P. (1991). The physiological and  nutritional importance of dietary fibre. <i>Experientia, </i>47 (2), 181 – 186.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178399&pid=S1010-2914201100020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. Simpson, J. (2004). Recent advances in diverticular disease. <i>Current Gastroenterology Report</i>, 6 (5), 417-22.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178400&pid=S1010-2914201100020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. Serra, M., García, L., Álvarez, A., Ngo, J. (2004). Dieta  mediterránea: características y beneficios para la salud. Archivos  Latinoamericanos de Nutrición. 54 (1), 44 – 51. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178401&pid=S1010-2914201100020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. Story, M., Neumark-Sztainer, D., French, S. (2002). Individual  and environmental influences on adolescent eating behaviors. <i>Journal American  Diet Association</i>, <i>102, </i>40 – 51. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178402&pid=S1010-2914201100020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. Stroebele, N., de Castro, J. (2004). Television viewing is  associated with an increase in meal frequency in humans. <i>Appetite, 42</i>,  111 -113.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178403&pid=S1010-2914201100020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. Trowell, H. (1972). Ischemic heart disease and dietary fiber. <i>American Journal Clinical Nutrition, 25</i>, 926 -932.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178404&pid=S1010-2914201100020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. Trowell, H. (1976). Definition of dietary fiber and  hypothesis that it is a protective factor in certain diseases. <i>American  Journal Clinical Nutrition</i>, <i>29</i>, 895-899.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178405&pid=S1010-2914201100020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. The Joint FAO/WHO Expert Consultation on Carbohydrates in  human (1998). Geneva, Italy. Paper Nº 66. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178406&pid=S1010-2914201100020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. Vera, A., Robles, E., Vargas, P. (1987). Preferencias  alimentarias en niños de diferentes edades y status socioeconómico. Revista  Sonorense de Psicología. <i>1, </i>36 - 43.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3178407&pid=S1010-2914201100020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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