<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1012-1587</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Opción]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[Opción]]></abbrev-journal-title>
<issn>1012-1587</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad del Zulia]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1012-15872006000300006</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[¿Una epistemología sin sujeto?*]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[An Epistemology Without a Subject?]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Iglesias de Castro]]></surname>
<given-names><![CDATA[Mercedes]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad del Zulia Facultad Experimental de Ciencias Departamento de Ciencias Humanas ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>12</month>
<year>2006</year>
</pub-date>
<volume>22</volume>
<numero>51</numero>
<fpage>87</fpage>
<lpage>110</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1012-15872006000300006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1012-15872006000300006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1012-15872006000300006&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[El presente trabajo muestra el modo en que ha evolucionando la noción de sujeto en la filosofía del siglo XX, la cual poco a poco se ha ido volviendo difusa para unos e inexistente para otros. Latour sostiene que debemos romper con todas las dicotomías existentes planteadas por la modernidad, entre ellas: epistemología-ontología, naturaleza-sociedad y sujeto-objeto. Hay múltiples sujetos y múltiples objetos que cambian su papel y evolucionan de diversas maneras. Dado que es un planteamiento sumamente controversial, se tratará de analizar las bases y la posibilidad real de esta propuesta.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper presents the way the notion of ‘subject’ has evolved in philosophy in the XX century. During this century the notion has become diffuse for many and almost inexistent for others. Bruno Latour states that we must break with all the existing dichotomies proposed by modernity, among others: epistemology-ontology, nature-society, and subject-object. There are multiple subjects and multiple objects that change their status and their evolution in different ways. As this is a controversial thought the article tries to analyze the bases of this thought and the real possibility of this proposal.]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Modernidad]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[sujeto, objeto]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[mediación]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[traducción]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Modernity]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[subject]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[object]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[mediation]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[translation]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">     <P ALIGN="CENTER" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><font color="000000" face="Verdana" size="3">¿Una epistemología sin sujeto?*</font></B> </P>      <P ALIGN="CENTER" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Mercedes Iglesias de Castro </FONT></B></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2"><FONT COLOR="000000" face="Verdana"> Universidad del Zulia. Facultad Experimental de Ciencias Departamento de  Ciencias Humanas, Unidad Académica de Filosofía de la Ciencia E-mail: leunsa@gmail.com </FONT></font></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"> <B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Resumen </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El presente trabajo muestra el modo en que ha evolucionando la noción de  sujeto en la filosofía del siglo XX, la cual poco a poco se ha ido volviendo  difusa para unos e inexistente para otros. Latour sostiene que debemos  romper con todas las dicotomías existentes planteadas por la modernidad,  entre ellas: epistemología-ontología, naturaleza-sociedad y sujeto-objeto.  Hay múltiples sujetos y múltiples objetos que cambian su papel y evolucionan  de diversas maneras. Dado que es un planteamiento sumamente controversial,  se tratará de analizar las bases y la posibilidad real de esta propuesta. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2"><B><FONT COLOR="000000" face="Verdana"> Palabras clave</FONT></B><FONT COLOR="000000" face="Verdana"><B>: </B> </FONT></font><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Modernidad, sujeto, objeto, mediación, traducción. </FONT></P>      <P ALIGN="CENTER" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> <b> An Epistemology Without a Subject?</b> </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"> <B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Abstract </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> This paper presents the way the notion of ‘subject’ has evolved in philosophy  in the XX century. During this century the notion has become diffuse for  many and almost inexistent for others. Bruno Latour states that we must  break with all the existing dichotomies proposed by modernity, among others:  epistemology-ontology, nature-society, and subject-object. There are multiple  subjects and multiple objects that change their status and their evolution  in different ways. As this is a controversial thought the article tries  to analyze the bases of this thought and the real possibility of this proposal. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2"><B><FONT COLOR="000000" face="Verdana"> Key words</FONT></B><FONT COLOR="000000" face="Verdana"><B>: </B> </FONT></font><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Modernity, subject, object, mediation, translation. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"><b> Recibido: </b> 30 de mayo de 2006&nbsp; <b>Aceptado:</b> 26 de septiembre de 2006 </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> INTRODUCCIÓN </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> ¿Por qué Bruno Latour genera tantas polémicas, así como tantos odios y  amores? En principio, para colocar a este autor en contexto debemos obligatoriamente  ubicarlo en un debate: el de las ‘guerras de la ciencia’. Una guerra que,  como sostiene I. Hacking (2000), parecía que no iba a durar mucho tiempo,  pero que a esta altura se ha transformado en uno de los grandes debates  de finales del siglo XX. Aunque al principio tomó matices de radicalidad,  posteriormente fue depurándose y se fueron estableciendo cuáles eran los  motivos esenciales por los cuales había surgido. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En un inicio, los planteamientos de los Sociólogos del Conocimiento Científico  al sostener que existían variables culturales, sociológicas y demás en  los argumentos científicos dieron lugar a que los denominados ‘científicos  realistas’ o ‘metafísicos esencialistas’ consideraran que se los había  llamado a las armas y que había que combatir en esta guerra. A esto se  suma que estos últimos fueron llamados reaccionarios, conservadores, ideológicos,  y los primeros fueron tildados de poco serios, ignorantes, izquierdistas  y, sobre todo, que querían destruir el sagrado nombre de la ciencia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Ahora bien, esta guerra no surge de la nada. Como toda polémica, tiene  sus raíces. Latour toma partido en esta guerra y no podemos decir que se  adscriba propiamente a ninguno de los bandos, sino que intenta una respuesta  diferente y novedosa. Por este motivo, este artículo está dividido de la  siguiente manera: en el primer apartado se muestra el recorrido epistémico  de la filosofía de la ciencia hasta la década de los sesenta, tomando como  representantes de esta época a R. Carnap, como uno de los máximos expositores  del Neopositivismo, y a K. Popper, como representante del Racionalismo  Crítico; aunque discutieron y discreparon mucho, ambos comparten una misma  posición de lo que es la ciencia y la filosofía, y no es hasta que aparece  la obra de T. Kuhn (1962) que se comienza a cuestionar los principios básicos  de lo que hoy se denomina la ‘concepción heredada’; en el segundo apartado  se desarrollan los principales aspectos de la Sociología del Conocimiento  Científico; en el tercero, se analizan las causas de ‘las guerras de la  ciencia’; en el cuarto, se presenta la propuesta de Latour en torno a que  debemos aprender a establecer una ontología variable donde deben obligatoriamente  transformarse tanto la noción de sujeto como la de objeto, y en el último  apartado se concluye con unas consideraciones finales. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> I. FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"> <B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 1.1. La ‘Concepción heredada’ </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En el siglo XX nos encontramos con una especie de división tajante en el  interior de la filosofía de la ciencia. Lo que hoy denominamos ‘concepción  heredada’ estuvo en realidad dividida en dos movimientos que en ese momento  se oponían. Estos movimientos fueron, por un lado, el denominado Neopositivismo  o Empirismo Lógico, entre cuyos máximos representantes cabe destacar a  R. Carnap, y por otro lado, el denominado Racionalismo Crítico, representado  por la figura de K. Popper. Podemos decir que esta concepción tuvo un predominio  durante los primeros cincuenta años del siglo XX. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La idea de Empirismo Lógico proviene de una síntesis de la tradición empirista  con todos los nuevos descubrimientos de la lógica, que atañe entre otros  aspectos a la fundamentación de las matemáticas por medio de este nuevo  camino emprendido. Se le denomina también Neo-Positivismo para mostrarlo  así como un movimiento que apela nuevamente a lo positivo por oposición  a las filosofías de la negación, como por ejemplo la de Hegel (1). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Esta propuesta tuvo como objetivos fundamentales: i) proporcionar fundamento  seguro a las ciencias, ii) demostrar que toda metafísica carece de sentido  y iii) utilizar como método para ambos propósitos el análisis lógico de  los conceptos y de las proposiciones. En líneas generales, la filosofía  aspiraba desde esta perspectiva a establecer los fundamentos de la ciencia,  lo cual le permitía otorgar un papel regulador y lógico al lenguaje de  la ciencia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El objeto de la filosofía será tomar este rol metodológico, regulador,  que, sin embargo, no aportará contenido sino que tendrá un carácter formal.  Rorty sostiene que todos estos pensadores representan el último intento  de salvar la metafísica tomando como objeto ideal al lenguaje. Es a partir  de este objeto ideal que surge posteriormente la filosofía analítica, cuyos  supuestos son: i) no hay problema filosófico bien planteado que no tenga  solución, ii) la claridad del lenguaje es el mayor objetivo de la filosofía,  y iii) el rompimiento del hechizo idealista a través del análisis lógico.  Esto último suponía negar a la filosofía la posibilidad de especular con  algo más que no fuera estrictamente lo positivo en el sentido de Comte.  Esta filosofía se propone más como un método que como una filosofía, sin  embargo, tiene un principio implícito que es considerar que todos los problemas  de la filosofía son problemas del lenguaje. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Richardson<SUP> </SUP>(1996) intenta mostrar, adecuadamente a mi juicio, el recorrido  de Carnap, sosteniendo que pasa de la Epistemología a la Lógica de la Ciencia  mediante tres etapas. En la primera, la Epistemología constituye un intento  de sistematizar el rechazo hacia la metafísica que supone el pasaje de  la filosofía especulativa a la Epistemología. Posteriormente se pasa a  la Epistemología propiamente dicha y, luego a la Lógica de la Ciencia.  Cuando estamos en la Epistemología, antes de pasar a la Lógica de la Ciencia,  el proyecto de Carnap es un proyecto kantiano. Posteriormente, con la Lógica  de la Ciencia, nos vamos a la lógica de la sintaxis del lenguaje científico.  El <I>Aufbau</I> es traducido por <I>La Estructura Lógica del Mundo</I> (1928), pero  en realidad supone la construcción lógica del mundo y, si se quiere, la  reconstrucción lógica del mundo. Estas palabras eran usadas mucho en esta  época e implican un nuevo mundo que surge del caos. La tesis del autor  es que en el inicio la propuesta de Carnap es una propuesta kantiana: la  pregunta fundamental es cómo se construye un conocimiento objetivo. Esto  hace que se caiga en el problema de las sensaciones y cómo pasar de las  percepciones individuales a una percepción ‘real’ u ‘objetiva’. Sólo este  mundo, el mundo construido y matematizable y no el mundo perceptivo, puede  tornarse intersubjetivo de una manera inequívoca y consistente. En este  sentido esto ya lo planteaba Kant cuando sostenía que había que establecer  una diferencia entre ‘me parece que el sol calienta la piedra’ a ‘el sol  calienta la piedra’. Entonces, Carnap al igual que Kant, apela a la forma  de la experiencia; es la forma de la experiencia la que es igual para todos  nosotros, es decir, con las sensaciones no podemos hacer nada, son individuales,  pero hay una forma lógica que nos permite articular el mundo. Los objetos  del mundo deben tener así una definición estructural. Para Carnap, hay  una propiedad estructural de la experiencia, que es la posibilidad, la  base de la posibilidad de la Física, y en consecuencia del conocimiento  científico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Sin embargo, Carnap no quiere una investigación lógica del conocimiento  empírico: quiere una fundamentación lógica, una epistemología lógica y  esto no puede hacerse con base en la psicología empírica y tampoco en la  metafísica. Preguntas trascendentales no admiten respuestas empíricas (Richardson,  1996). Por ello, se pasa de la Epistemología a la Lógica de la Ciencia.  ¿Cómo hace para llegar a la Lógica desde la Epistemología? Lo intenta a  través de la perspectiva sintáctica, la cual tratará de establecer las  relaciones lógicas en lenguajes particulares. No hay una perspectiva externa  desde donde interrogarnos sobre los lenguajes protocolares. Carnap lo expresa  de la siguiente manera: </FONT></P>      <blockquote>       <blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Me parece que es preferible formular el principio del empirismo no en la  forma de una aserción –‘todo conocimiento es empírico’ o ‘todas las proposiciones  sintéticas que conocemos están basadas en (o conectadas con) la experiencia’  o cosas semejantes– sino más bien de una propuesta o un requisito. Como  empiristas, requerimos que los predicados descriptivos y entonces proposiciones  sintéticas no son admitidos a menos que tengan alguna conexión con posibles  observaciones, una conexión que tiene que ser caracterizada de un modo  aceptable (Carnap, 1936). </FONT></P>    </blockquote> </blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> De modo que se abandona el lenguaje de la verificación y se pasa a la confirmación  y a grados de confirmación. Y aquí se borra el proyecto kantiano que era  determinar cómo pasamos de la experiencia subjetiva al conocimiento objetivo.  La lógica de la ciencia se transforma en el problema de cómo se introducen  los conceptos científicos, cuál es la base observacional de la ciencia  y cómo se confirman las teorías científicas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En <I>La lógica de la Investigación Científica</I> (1990) K. Popper esboza su  Racionalismo Crítico. En este texto ataca en primer lugar el carácter de  la filosofía entendida como problemas lingüísticos. Es decir, ataca la  concepción según la cual el modo de resolver los problemas filosóficos  es mediante el análisis de problemas de lenguaje. No cree que sea por medio  del lenguaje que podamos respondernos las preguntas auténticamente filosóficas.  Me interesa destacar que en esta época las denominaciones de ‘lingüístico’  y ‘lógico’ van juntas, están íntimamente unidas. Es común en esta época  sostener que los pensadores del siglo XVII trabajaban con ideas y que ahora,  en el siglo XX, se habla de proposiciones o juicios; pero que tanto ellos  como nosotros, en realidad, estábamos hablando de lo mismo, de problemas  de lenguaje. Popper sostiene que el nuevo camino de las ideas de Locke  o de Berkeley o de Hume no era <I>el</I> método de estos filósofos; ellos querían  hablar del mundo de las cosas, de la ciencia y de los hombres y el camino  de las ideas fue el camino elegido. Pero en ningún momento, las ideas y  las palabras era el objeto fundamental de la filosofía. Popper insiste  en el hecho de que estos métodos que refieren al lenguaje ordinario y al  lenguaje científico no resuelven el problema del aumento de conocimiento.  Es este el verdadero problema frente al cual la filosofía tiene algo que  decir, y es esta convicción lo que coloca a Popper en la tradición racionalista. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Por lo tanto, para Popper: i) no hay un método propio de la filosofía;  ii) el problema de la epistemología ha sido siempre el mostrar cómo es  que se da el aumento del conocimiento. «Y el mejor modo de estudiar el  aumento del conocimiento es estudiar el del conocimiento científico», puesto  que los estudios lingüísticos no ayudan a explicar esto, y iii) si hubiera  un método tanto para la filosofía como para la ciencia, éste sería el planteamiento  de problemas y el intentar abordarlos de un modo crítico (lo que se denominará  propiamente Racionalismo Crítico). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Para lograr esto Popper sostiene que hay que plantearse un problema interesante,  averiguar lo que otros han dicho al respecto, pero lo más importante es  que muchas veces la ciencia comienza con especulaciones, con ideas vagas  que luego pueden ir cobrando forma; es decir, para Popper, el aumento del  conocimiento se da cuando logramos elaborar teorías que explican más cosas  del mundo y mejor. Por este motivo los filósofos del lenguaje ‘matan’ en  cierto modo a la filosofía y además dejan el aumento del conocimiento a  los científicos. Popper cree entonces que la filosofía puede aportar algo  al aumento del conocimiento. Por otra parte, son las ideas metafísicas  y por tanto filosóficas las que han tenido enorme importancia en la producción  de conocimiento. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> De esta manera, a juicio de Popper, el conocimiento científico es el resultado  del aumento del sentido común, algo como ‘el sentido común en grande’:  sus problemas son los de éste, pero de forma ampliada. Y así, viendo a  Maxwell y a Einstein, por ejemplo, podemos tratar de entender lo que es  una creencia razonable. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Ahora bien, a pesar de que Carnap y Popper aparentemente discrepan en tantas  cosas, tienen algo en común fundamental: creen en la ciencia como el paradigma  de la racionalidad, creen que existe un método científico, y en definitiva,  como sostiene Pérez Ransanz (1999), asumen que las reglas metodológicas  conducen a cánones universales de racionalidad, y que es partir de estas  reglas que se toman las decisiones científicas. Pero, a los efectos de  este trabajo, lo que me interesa recalcar es que subyacente a estas argumentaciones  está es la creencia de un sujeto universal, la existencia de un sujeto  que tiene en sí mismo la lógica de la universalidad, algo como lo que hoy  sostienen las neurociencias o los cognitivistas. Es decir, en el cerebro  está la clave del modo en que conocemos o en los procesos neurológicos  tenemos la clave de los problemas del hombre. En todas estas concepciones  que se han repetido a lo largo de los siglos está la negación sistemática  de la responsabilidad del hombre en torno a su hacer, y la ciencia ha sido  el paradigma perfecto para ello. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 1.2. Las tesis de Kuhn </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> «La tesis de que en el desarrollo científico ocurren cambios profundos,  cambios que revolucionan tanto la perspectiva teórica como las prácticas  de una comunidad, cuyo defensor más destacado es Thomas Kuhn, es una tesis  que surge de la investigación histórica» (Pérez Ransanz, 1999: 23). Esta  consideración de Pérez Ransanz es fundamental para afirmar que la denominada  filosofía clásica de la ciencia, representada por el Empirismo Lógico y  el Racionalismo Crítico, resulta severamente cuestionada en los años sesenta  por una serie de concepciones que responden al interés de explicar cómo  la ciencia cambia y se desarrolla. Estas concepciones surgen, por tanto,  de una reflexión filosófica muy ligada a los análisis históricos de la  práctica científica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> De la misma manera, Hacking enfatiza al respecto que «durante mucho tiempo  los filósofos hicieron de la ciencia una momia. Cuando finalmente desenvolvieron  el cadáver y vieron los restos de un proceso histórico de devenir y descubrimiento,  crearon para sí la crisis de la racionalidad. Esto sucedió alrededor de  1960» (1982). </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Aunque los autores que anticiparon tesis históricas dentro de filosofía  de la ciencia fueron varios: P. Duhem, A. Koyré, L. Fleck, M. Polanyi,  W. V. Quine y N. R. Hanson, para mencionar algunos, hay muchos otros que  concuerdan en que Kuhn logra sistematizar de algún modo los puntos de divergencia  con la denominada ‘concepción clásica o heredada’ de la filosofía de la  ciencia, estableciendo de esta manera una nueva imagen de la ciencia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Para analizar el significado de este hecho en el marco de este contexto  histórico-filosófico, me propongo exponer de forma concisa las tesis más  importantes de Kuhn. Seguiré básicamente el esquema planteado por Pérez  Ransanz, quien a mi modo de ver realiza una propuesta adecuada. Esta autora  expone que si bien es cierto que en la <I>Estructura de las Revoluciones Científicas  </I>(1962) se configura la primera versión global de una concepción alternativa  de la ciencia, se trata de una obra embrionaria que deja sobre la mesa  de discusión una buena cantidad de problemas no resueltos. No obstante,  lo importante es que todos esos problemas se abordan ahora insertos en  una nueva red de conexiones y desde otra perspectiva. Los planteamientos  de Kuhn en torno a las revoluciones científicas constituyen, a su vez,  una revolución metacientífica; es decir, una revolución que atañe también  al modo en que se realiza el análisis de la ciencia. Indudablemente, la  comunidad que quedó más afectada por este estremecimiento del orden instituido  fue la de los filósofos de la ciencia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Kuhn intenta describir una ‘estructura esencial de la continua evolución  de una ciencia’. En el inicio de una ciencia se conforma una etapa pre-paradigmática,  donde coexisten diversas escuelas que están de acuerdo entre sí, pero precariamente;  no logran producir un cuerpo acumulativo de resultados. Esta etapa culmina  cuando el campo de investigación logra unificarse en una serie de supuestos  básicos, que Kuhn llama paradigma. Dentro de la constitución de una disciplina  científica, el paso de una etapa pre-paradigmática a una paradigmática  sólo sucede una vez en su historia. La palabra ‘paradigma’ va a tener dos  sentidos fundamentales: como logro o realización concreta y como conjunto  de compromisos compartidos (2).  Entre los dos sentidos se establece una  relación de paradigma, definida por Pérez Ransanz de esta manera: «paradigma  como conjunto de compromisos compartidos (segundo sentido) es aquello que  presuponen quienes modelan su trabajo sobre ciertos casos paradigmáticos  (primer sentido)» (1999).<SUP> </SUP>En realidad, el paradigma como conjunto de valores  o como compromisos compartidos está tan íntimamente ligado al paradigma  como logro que parece natural usar la misma palabra para ambos sentidos.  El consenso en torno a un paradigma (segundo sentido) marca el inicio de  una etapa de ‘ciencia normal’. La ciencia normal consiste, básicamente,  en una actividad de ‘resolución de rompecabezas’. La investigación normal,  por otra parte, va produciendo en su transcurso una serie de problemas,  de ‘anomalías’, que se resisten a ser resueltos con las herramientas conceptuales  e instrumentales del paradigma establecido. Cuando las anomalías no pueden  resolverse, se pone en duda la eficacia y la pertinencia del paradigma  vigente. Esta es la etapa donde se empieza a germinar una crisis. Con la  crisis comienza la ‘ciencia extraordinaria’, esto es, la actividad de proponer  estructuras teóricas alternativas que implican un rechazo o una modificación  de los supuestos aceptados hasta entonces. Es en estos periodos en los  que se pueden ensayar muchas propuestas alternativas. Sin embargo, los  científicos nunca abandonan un paradigma si no han encontrado otro que  les permita encargarse de las anomalías. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Kuhn describe un cambio de paradigma como una ‘revolución’. Sus tesis sobre  el cambio revolucionario tienen en la mira los modelos tradicionales de  evaluación de teorías y, por consiguiente, la noción de racionalidad que  estos presuponen. Al describir un cambio de paradigma como una revolución,  Kuhn está cuestionando que la elección entre teorías rivales –integradas  en paradigmas distintos– sea una cuestión que pueda resolverse mediante  algún procedimiento efectivo (algorítmico) de decisión. Es decir, se trata  de una elección que no tiene resolución con la simple apelación a la lógica  y a la experiencia neutral (como pretenden los empiristas lógicos), ni  tampoco mediante decisiones claramente gobernadas por reglas metodológicas  (como proponen los popperianos) (Pérez Ransanz, 1999). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> A juicio de Hacking, Kuhn intenta establecer el significado de los términos  básicos y su relación con el mundo combinando la teoría lógica con una  teoría lingüística. Al hacer esto no logra resolver el problema, por lo  que mantiene hasta el final el conflicto en torno a la inconmensurabilidad.  Este tipo de perspectiva abordada por Kuhn es lo que dio lugar a que gran  parte de la discusión post-kuhniana estuviera determinada por un marco  lógico-lingüístico. Dado que los cambios son radicales dentro de una revolución  y que no existen, en realidad, argumentos concluyentes para fundamentar  las causas del cambio, a los científicos que han asumido el nuevo paradigma  sólo les queda intentar obtener un consenso. De aquí que el único camino  que se pueda seguir sea el de la persuasión: los partidarios de las teorías  rivales esgrimen argumentos de plausibilidad, se sustentan en razones que  puedan convencer a los otros de cambiar su marco de investigación. Cuando,  finalmente, después de un proceso de debate y deliberación se establece  el consenso, comienza nuevamente una etapa de ciencia normal. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Son estos planteamientos los que en realidad van a generar las ‘guerras  de la ciencia’. Al decir Kuhn que no existe un procedimiento matemático,  que no existe un algoritmo para saber cuál es la teoría acertada, está  diciendo lo que ya había dicho Kant (1787) en la <I>Crítica de la Razón Pura</I>:  que el conocimiento del mundo tiene para el hombre límites, que los hombres  no somos capaces de conocer sino mediante análisis y conceptos y que carecemos  de la posibilidad de la certeza matemática en lo que respecta al conocimiento  del mundo. Sin embargo, después de sostener esto, Kuhn se asusta de las  consecuencias que esto implica, y trata de retomar el camino de la lógica  y la lingüística para intentar salvar una vez más, algo que no sea tan  humano y que nos permita una certeza inequívoca. Una vez más el hombre  se niega a que él, en cuanto sujeto, carezca de la posibilidad de una certeza  absoluta en sí mismo. Este paso lo darán los filósofos de la Sociología  del Conocimiento Científico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> II. LA SOCIOLOGÍA DEL CONOCIMIENTO      CIENTÍFICO Y LA FILOSOFÍA DE LA  PRÁCTICA </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La Sociología de la Ciencia o del Conocimiento Científico remite a Merton  (1980), quien realiza el análisis de la ciencia en tanto institución social,  sin interferencia en problemas de carácter epistemológico, lo que apunta  a que el constreñimiento de los contenidos científicos no es social sino  cognitivo. Es a partir de los setenta que irrumpe un movimiento que produce  una completa metamorfosis en buena parte de la sociología, por cuanto se  dedica a la génesis y validación de los conocimientos científicos. Es a  estos programas a los que se les denominará estrictamente Sociología del  Conocimiento Científico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Aunque es muy difícil establecer elementos comunes a tan diversas propuestas,  para los autores de <I>La sociología del conocimiento y de la ciencia </I>(1994)  las tesis de los investigadores que las respaldan comparten, con diversos  matices, las siguientes características: 1) <I>Principio de Naturalización</I>:  rechazo a la distinción entre contexto de justificación y contexto de descubrimiento,  ya que las variables sociales intervienen en los modos de producción y  validación del conocimiento científico. Esto implica que la sociología  puede y debe dar cuenta de los cuerpos cognoscitivos bajo la interacción  de ambas perspectivas. 2) <I>Principio de Relativismo</I>: no hay ningún criterio  universal que garantice la verdad de una proposición o la racionalidad  de una creencia. Los procesos cognoscitivos son el resultado de una interacción  social. 3) <I>Principio del</I> <I>Constructivismo</I>: el conocimiento es una representación  que no proviene directamente de la realidad ni es un reflejo literal de  ésta. La experiencia no es neutral, más bien es dependiente y varía según  el contexto social, los aprendizajes, la cultura, etc. Por tanto, el conocimiento,  y en buena medida la realidad, se consideran socialmente construidos. 4)  <I>Principio de Causación Social</I>: la actividad científica no la llevan a cabo  sujetos epistémicos ideales, sino grupos sociales concretos dentro de los  cuales se insertan las comunidades científicas. En cuanto tales, deben  ser explicados tanto los científicos como sus productos por los mismos  principios de explicación que cualquier otra organización social. 5) <I>Principio  de</I> <I>Instrumentalidad</I>: el conocimiento científico no difiere sustancialmente  de otros tipos de conocimientos, salvo por su mayor eficacia en la resolución  de problemas. Es decir, la ciencia se caracteriza fundamentalmente por  una dimensión instrumental y pragmática que intenta satisfacer diversos  objetivos e intereses. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Las principales corrientes de la Sociología del Conocimiento Científico  son el Programa Fuerte (<I>Strong Program</I>), el Programa Empírico del Relativismo  (<I>EPOR</I>), la Etnometodología, el Constructivismo Social y los Estudios de  Ciencia y Género. La variedad de los estudios sociales sobre la ciencia  es mucha y continúa expandiéndose en diversas direcciones (Echeverría,  1999). Dado que es imposible realizar una exposición detallada de todos  estos programas y de sus diferentes variantes, se expondrán sus características  principales. Lo que caracteriza a todas estas corrientes es seguir las  consecuencias de una parte de los planteamientos de Kuhn. Para comenzar,  admiten que el conocimiento no es de un sujeto lógico sino que está inserto  en comunidades científicas: son ellas las que mediante un consenso sostienen  cuando el algo es racional o no, evidente o no. Por otra parte, insisten  en que los científicos no son seres neutros, lógicos, sino seres con deseos  e intereses y esto hace que estos influyan en su actividad productiva y  cognoscitiva. Pero, también sostienen la construcción del conocimiento,  y al hacer esto, argumentan que hay mucho de construcción en la lógica  de la producción del conocimiento científico, y en consecuencia, construir  supone una práctica donde hay que tomar decisiones y elegir. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En este sentido Pickering (1984) argumenta que hubo dos experimentos diferentes  para establecer si existían o no quarks. Uno de los laboratorios concluye  que no y otro, el de Stanford, concluye que sí, que logra verlos en el  laboratorio. Ante la pregunta de ¿qué hizo que la comunidad científica  apostara por el sí a los quarks y que no se quedara con la experiencia  del otro laboratorio que no los había logrado detectar?, la propuesta de  Pickering es que lo que hizo esto fue una decisión. Se apostó por la existencia  de los quarks. Todos estos planteamientos hacen que los realistas científicos  decidan que esto es inadmisible y se vaya directamente a las ‘guerras de  la ciencia’. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> III. LAS ‘GUERRAS DE LA CIENCIA’ </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En este contexto se suscitaron, y no siempre del modo más conveniente,  muchas posiciones radicales que han dado pie para llevar a un primer plano  la relación entre la ciencia y la política, con dos dianas centrales a  las que apuntó la discusión. Por un lado, el debate encontró en la visión  esencialista de la ciencia un territorio adecuado para fomentar la discusión,  puesto que esta perspectiva no sólo supuso la concepción de una naturaleza  dada y organizada, sino también la de un pensamiento que se dirige a ese  mundo ya dado. En gran parte, esta visión ha sido la enarbolada por la  historia y la filosofía de la ciencia, y supone una lógica realista del  mundo y del pensamiento. Son los que defienden que el mundo está ahí, sin  discusión, y que el pensamiento capta el mundo tal cual es. Por otro lado,  una turbulencia causada por los Sociólogos de la Ciencia que llamaba la  atención sobre las condiciones de emergencia (sociales, políticas y culturales  en general) de todo conocimiento vino a incordiar el sereno mar de todos  aquellos –tanto científicos como filósofos– que pretendían que la ciencia  encarnara algo diferente al resto de los demás conocimientos: ella podía  otorgarnos una seguridad indiscutible, un punto de apoyo incuestionable,  que no era capaz de darnos ningún otro tipo de conocimiento ni de actividad.  Insertar la ciencia en el contexto social y político implicó hacerla una  <I>actividad más</I>, asumirla como una actividad que no tiene las características  de la certeza matemática. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En consecuencia, el encuentro de las palabras ‘política’ (cuya sola mención  nos remite a diversos campos semánticos relacionados con la inestabilidad,  inseguridad, con intereses en general turbios) y ‘ciencia’ (con ecos significativos  opuestos: <I>episteme</I>, racionalidad, seguridad, fundamentación, lógica, objetividad,  etc.) generó una guerra, un llamado a las armas. A lo largo de los últimos  treinta años parece que los bandos enfrentados acuerdan algunos puntos  de conciliación, y recién está empezándose a establecer la agenda que merece  ser discutida. Como ya comenté anteriormente, es probable que, a lo sumo,  esta guerra lleve a darnos cuenta de que detrás de cuestiones epistémicas  hay problemas metafísicos, y que detrás de estos hay asuntos éticos y morales,  es decir, hay valores. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Al respecto, creo que el análisis de Latour (2001) aporta criterios de  referencia para que nos expliquemos este proceso. Me parece importante  que encontremos líneas de trabajo para reflexionar en cuanto a la relación  de la ciencia con la política. Quizás debamos redefinir ambos términos.  Latour considera que la división tajante entre ellos tiene su origen en  la cultura griega, y supone un pacto que nunca hemos puesto en entredicho  hasta ahora. Este pacto ha estado determinado en gran parte por miedos  que continúan subyaciendo en los enfoques modernos. Uno de estos miedos  consiste en perder el contacto con la realidad; el otro, lo ha denominado  ‘miedo al imperio de las masas’. Plantea Latour que en el <I>Gorgias </I>de Platón  podemos ver expuesto el modo en que Sócrates y Calicles comparten el mismo  temor. La interpretación que hace de este diálogo es que, a pesar de las  múltiples discrepancias que presentan Sócrates y Calicles, ambos comparten  un pacto –no dicho– que consiste en admitir que si la razón no se impone,  la simple fuerza gobernará; ambos parten de que existen leyes impersonales  de la naturaleza que prevalecen por encima de la irracionalidad, la inmoralidad  y el desorden político. Por lo tanto, subrepticiamente, se va imponiendo  a lo largo del diálogo la existencia de dos órdenes: la democracia y la  demostración geométrica. «Lo que he denominado pacto entre Sócrates y Calicles  ha resultado ser la causa de que el cuerpo político sea incapaz de digerir  simultáneamente los dos inventos» (Latour, 2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> De esta manera surge una oposición entre el conocimiento experto (la demostración  geométrica) y el saber político, que no puede dar cuenta de ningún tipo  de experticia y que cuando existe como poder debe enfrentarse con un alto  número de personas, resolver para muchos, con poco tiempo para decidir  y sin poder apelar a leyes impersonales. Tanto para Calicles como para  Sócrates la democracia es un escándalo. Por un lado, el conocimiento apodíctico,  necesario, y por otro, el pragmático, es decir, lo que en cada momento  conviene hacer. Aquí, en este diálogo, la epistemología ha exhibido un  acto de fuerza: expulsa a los sofistas de la filosofía y al pueblo llano  del conocimiento riguroso. Para Calicles, los hombres que se dedican a  la vida política son hombres valientes que persiguen sus políticas hasta  el final sin perder los nervios; Sócrates no concibe esta forma de proceder,  por lo tanto se dedica a destruir los medios que permiten practicarla. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Latour hace ver que en política no tenemos la prueba, la retrospectiva,  la repetición experimental, el avance, sólo tenemos la ocasión; nunca hay  un conocimiento de causa y consecuencia, pero no existe otro modo de hacer  política. Sócrates exige de ella lo que no tiene ni puede tener: conocimiento  racional de lo bueno y de lo malo. Por lo tanto, de lo que se trata, según  Latour, es que seamos capaces de incorporar ambos beneficios de la cultura  griega sin despreciar a ninguno. Se debe asumir el cuerpo político como  un cuerpo que puede integrar nuestro modo de concebir una vida buena. Latour  juzga que las ‘guerras de la ciencia’ han surgido porque el pacto entre  política y ciencia ha sido cuestionado. En esta dinámica de debate, ambas  nociones deben cambiar. Es necesario separarnos de esa imagen de la ciencia  como de algo que descubre el mundo objetivo, impersonal e inhumano, para  asumir una ciencia que puede ser representada en público con toda su bella  originalidad, es decir, como aquello que establece conexiones nuevas e  impredecibles entre lo humano y lo no humano, modificando así y de forma  profunda la composición del colectivo. Y con respecto a la política, debemos  elaborar una definición como aquello que reúne las estrellas, las vacas,  los priones, los cielos y las gentes en la tarea de hacer que este colectivo  sea un ‘cosmos’, en lugar de un indisciplinado caos (2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En este sentido, quiero subrayar que todos los elementos que se entretejen  en la ciencia vista en tanto actividad práctica obligan a reconocer que  la práctica supone la intervención y que ésta, a su vez, implica la toma  de decisiones. De este modo, poco a poco se incorporan más y más elementos  no sólo del mundo o de la naturaleza, sino también de los agentes involucrados  en el conocimiento científico. Al final de este recorrido, indefectiblemente  llegamos a encontrarnos con problemas que atañen a nuestras sociedades  y a nuestro modo de ver la ciencia y la política. Y siempre habrá en el  camino puntos que nos inviten a detenernos, pero lo que me parece importante  es que supone una detención elegida y no una detención obligada. Hay diversos  autores (3) que aprecian como uno de los problemas más importantes de reflexión  el hacer científico y tecnológico, transformador de la naturaleza, de nuestro  entorno social y material, que ha generado profundos cambios en nuestra  vida, y que ha devenido un elemento importante de la práctica social. El  investigador J. Ordóñez, por ejemplo, observa lo siguiente: </FONT></P>      <blockquote>       <blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Es como si hubiéramos descubierto que nuestro saber, esa fabulosa acumulación  de conocimiento de los últimos tres siglos, tiene unos claroscuros que  no se pueden ignorar; que es necesario hablar de ellos, ponerlos de manifiesto  para revisar aquella alianza fundacional, aquella Restauración de derechos  primordiales que servía no sólo para desentrañar supuestamente los secretos  más íntimos de la naturaleza sino además para usarlos (1999: 23). </FONT></P>    </blockquote> </blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Ignorar cómo se tejen los diversos caminos de la ciencia es ignorar nuestra  responsabilidad ante ella; es percibirla como si fuera un organismo autónomo,  independiente. Mientras más se ignora algo, más se percibe su presencia  como un poder ajeno a nosotros. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> IV. LA PROPUESTA DE B. LATOUR </FONT> </B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Según Latour, los Estudios de Ciencia han mostrado que las brechas y dicotomías  establecidas por la modernidad no son tales. A través de la práctica, lo  que ha sucedido es que hemos <I>tocado</I> a los hechos y a las creencias; y así,  lo humano y lo no humano deja de ser lo que ha sido durante tanto tiempo  (2001). Mas, para Latour, acabar para siempre con esa dicotomía tradicional  no es fácil. Comenzó con Descartes y un sujeto que era capaz de producir  conocimiento desde sí mismo, alejado de toda realidad; nos hemos acostumbrado  por mucho tiempo a pensar en esos términos y Kant terminó, de algún modo,  de sancionar esta lógica. La mente kantiana construye casi todo, pero con  una constricción: hay un contacto experiencial, aunque reducido a un mínimo. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Posteriormente, el yo trascendental fue sustituido por la sociedad, lo  cual alejó aún más al yo de la realidad exterior debido a que no sólo estaba  encerrado en sus propias categorías sino que además tenía todos los prejuicios  sociales. Y así la modernidad continuó colocando, cada vez más, brechas  entre el sujeto y el objeto. En consecuencia, en la solución moderna, los  objetos quedan alojados en la esfera de la naturaleza y los sujetos en  el ámbito de la sociedad. Y la ilusión básica de la modernidad fue la creencia  de que cuanto más crezcamos, más separados estarán la subjetividad y la  objetividad, lo que daría lugar a un futuro radicalmente diferente de nuestro  pasado: la idea de progreso se encuentra inseparablemente unida a la dicotomía  sujeto-objeto. La vía que propone Latour es que hay que encontrar la manera  de modificar la proposición ‘la ciencia y la tecnología permiten que las  mentes se separen de la sociedad, alcancen la naturaleza objetiva e impongan  un orden sobre la materia eficiente’ (Latour, 2001); es decir, que debemos  abandonar nuestra añoranza de una objetividad en la cual no exista nada  ‘humano’ que la contamine. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La obra de Latour es extensa y como él mismo admite en sus polémicas con  Bloor, desde que comenzaron los Estudios Sociales de la Ciencia ha ido  precisando mejor su propuesta, así como modificando o simplemente abandonando  otras. Actualmente se inclina por alejarse de la perspectiva de la modernidad,  pero sin caer en enfoques postmodernos, en razón de que juzga que los autores  postmodernistas mantienen los fundamentos de aquélla. Los nuevos estudios  de la ciencia a los cuales se adscribe pretenden romper con todas las dicotomías  modernas que dan lugar a las tradicionales divisiones que impliquen sujeto-objeto,  dentro-fuera, interno-externo, epistemología-ontología, naturaleza-sociedad,  para poder así analizar las prácticas como un continuo que abarque todo  tipo de actividades y entidades. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La propuesta de Latour es un intento de mirar las cosas de otro modo. Insiste  en que la acción no es lo que la gente hace, sino ‘el hacer-hacer’, lo  alcanzado en conjunción con otros muchos, en ocasión de un acontecimiento  y gracias a las específicas oportunidades que proporcionan las circunstancias.  Conjetura que si aceptamos los ‘fatiches’ (4), si abandonamos la dicotomía  de sujeto y objeto, y la consiguiente noción de progreso, cambiarían tres  aspectos: la definición de acción y de dominio; la línea divisoria entre  un mundo físico ahí, afuera y un mundo mental ahí, adentro. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Para poder alejarse del modo tradicional de concebir la ciencia hay que  tratar de comenzar a mirar la totalidad de lo humano y lo no humano, y  observar cómo efectivamente se realizan estas interacciones. Su trabajo  se inicia, como es sabido, cuando decide seguir a los científicos en sus  prácticas en el laboratorio y toma el papel de un antropólogo, como si  los científicos fueran una especie de tribu. En esta empresa le interesa  más que nada describir la práctica de los científicos; aunque en realidad,  a esta altura, la obra de Latour terminó constituyéndose en una de las  posiciones más creativas y radicales dentro de los estudios de la ciencia.  Opina que la praxis científica muestra justamente que las distinciones  señaladas y mantenidas por el Programa Constructivista no existen. No hay  una distinción entre naturaleza no-social y naturaleza social, entre dentro  y fuera, y tampoco entre sujeto y objeto. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La enseñanza fundamental de la praxis científica es que debemos ver todos  los elementos involucrados en un estatuto de igual categoría. Al hacer  esto, nos daremos cuenta de que la práctica científica supone una serie  de transformaciones o traducciones que se van sucediendo continuamente.  Por tal motivo, no puede utilizarse por un lado la sociedad y por otro  el laboratorio o la ciencia, porque son todos estos recursos los que constituyen  una red que conforma una totalidad activa. De este modo, nunca nos enfrentamos  a la ciencia, a la tecnología o a la sociedad, sino a una gama de asociaciones  más o menos sólidas con lo que entender qué son los hechos y las máquinas  es lo mismo que comprender quiénes son las personas. Es así que cada actividad  va generando transformaciones que son, en cierta manera, modificaciones;  lo que refleja la riqueza y la complejidad de la práctica científica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> A este conjunto de elementos que conforman la práctica de los científicos,  Latour les llama inscripciones, encontradas a lo largo de toda la práctica  científica y pueden ser desde una hormona sintetizada (TRH), como la serie  de aparatos e instrumentos, un experimento, los diagramas, los gráficos,  los artículos escritos, las propuestas, etc., que van ocurriendo en este  proceso. La historia de la tecnociencia es la historia de los recursos  dispersos por las redes para acelerar la movilidad, la fiabilidad, la combinación  y la cohesión (2001: 78). </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Por lo tanto, de lo que se trata es de buscar una sociología de los contenidos  de la ciencia, de donde se obtendrá que no existe ciencia por un lado y  sociedad por otra, sino que ambos interactúan en una serie de redes, producto  de la acción de diferentes tipos de actores. Cada actor puede ser una fuente  de poder, es decir, puede tener mayor incidencia en un determinado momento,  y los científicos pueden efectivamente ser una de las fuentes de poder. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En este trabajo apuntaré a cómo sería posible ir abandonando la dicotomía  de sujeto y objeto. Evidentemente, Latour aborda diversos modos, pero en  este caso sólo me referiré a cómo ‘diversos elementos’ pueden ser ‘sujetos’  en determinado momento y ‘objetos’ en otros momentos. La nueva noción de  la realidad es un modo de explicitar el continuo que existe entre diversos  actores. Si, como se ha sostenido, el problema radica en que por un lado  tenemos un sujeto y por otro, el mundo o la realidad, lo que atacará Latour  es el concepto tradicional de realidad para así mostrar que nunca ha existido  un sólo sujeto ni una sola realidad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El concepto de referencia, esa idea –tan cara a los filósofos– de que nuestros  conceptos apuntan a algo que está allá, fuera, en el mundo, adquiere realidad  cuando señalamos precisamente el qué al que apunta la referencia. Pero,  para Latour, éste jamás ha sido así. El mundo de real no es algo que se  añade a las palabras, sino un fenómeno circulante, cuyo deambular no debe  quedar interrumpido por ningún salto si queremos que las palabras hagan  referencia a las cosas que paulatinamente vamos incorporando a ellas. En  lugar del abismo vertical entre las palabras y el mundo, abismo que ha  permitido la noción de ‘correspondencia entre el pensamiento y el mundo’,  lo que tenemos, según Latour, es un robusto y grueso estrato de caminos  transversales por los que circula la masa de las transformaciones. En vez  de la imposible tarea de librar a la ciencia de la sociedad, nos encontramos  ahora ante una labor más llevadera: la de amarrar lo más posible la disciplina  al resto del colectivo. No importa cuánto estemos dispuestos a modificar  la noción de referencia si no somos también capaces de replantear nuestra  comprensión acerca de qué es lo que hacen las entidades del mundo cuando  entran en contacto con la comunidad científica y empiezan a socializarse  en el seno del colectivo. El problema de la construcción y la fabricación  de los objetos del mundo es que tenemos una noción de lo que es <I>natural</I>  y lo que es <I>artificial</I> basada en los términos aristotélicos de ‘lo que  se encuentra en el mundo sin intervención humana’ y ‘lo hecho por el hombre’,  respectivamente. Pero estas nociones no pueden subsistir más y son ellas  las que han provocado gran parte de las ‘guerras de la ciencia’. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Latour trabaja innumerables ejemplos de la práctica científica para mostrar  sus tesis. Uno de ellos es la realizada por Pasteur: Al comienzo no hay  una causa bien delimitada de la fermentación láctica, pero este científico  supone que hay una levadura específica que genera la fermentación láctica.  Esta nueva entidad, esta levadura, que está a oscuras (por decirlo de alguna  manera), es un objeto circulante sometido a ensayos y sujeto a una extraordinaria  serie de transformaciones, que la ponen a prueba en el laboratorio. Poco  a poco, esta ‘levadura’ se convierte en un nombre de acción: no sabemos  lo que es, pero sabemos lo que hace gracias a las pruebas realizadas en  el laboratorio. Existen una serie de realizaciones que preceden a la definición  de competencia que más tarde será considerada como la causa única de estas  mismas realizaciones. Pasteur deberá pasar de una especulación, una idea  confusa, a un nombre de acción –‘ahí hay algo que produce esta fermentación’–  y, posteriormente, será el nombre de una cosa: la levadura. Si tanto actúa,  ¿deberá ser un actor la entidad que busca? No necesariamente: «Es preciso  algo más para convertir a este frágil candidato en un actor hecho y derecho  que sea designado como fuente de dichas acciones; se requiere otro acto»,  puntualiza Latour (2001: 156). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En este caso, la circulación de la referencia nos llevará de una posición  ontológica a otra inmediatamente posterior. Pasteur designa un actor y  para esto diseñaba pruebas, para que el actor muestre su temple. </FONT></P>      <blockquote>       <blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> ¿Cuál es la causa de que un actor se defina a base de pruebas? Simplemente  que no existe ningún modo de definir un actor como no sea a través de la  observación de sus actos, y que una acción sólo puede definirse indagando  el modo en que la acción de otros actores resulta modificada, transformada,  perturbada o creada por el personaje en el que estamos concentrando nuestra  atención (Latour, 2001). </FONT></P>    </blockquote> </blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> A juicio de nuestro autor, Pasteur debe realizar tres pruebas: la primera  será, efectivamente, constatar en el laboratorio la existencia de esa cosa  que pronto pasará a denominarse ‘levadura’; la segunda será la prueba de  narrar sus experimentos a la Academia de Ciencias, y la tercera, estará  dada por las reacciones de sus interlocutores, porque hasta ahora, el cuento  de Pasteur es sólo un texto, puede ser una ficción. Latour sostiene que  la primera prueba pertenece a una situación del laboratorio, conjunto de  componentes no verbales y no lingüísticos del laboratorio; la segunda prueba  constituye una prueba de lenguaje. En la tercera prueba, Pasteur intenta  convencer a los académicos de que su historia no es un cuento, sino que  es algo acaecido con independencia de sus deseos y su capacidad de imaginar.  Pasteur debe dejar constancia que la competencia del fermento es una competencia  del fermento mismo, algo que no depende en modo alguno de su capacidad  para inventar una prueba que lo fuerce a manifestarse. Si muestra esto,  habrá mostrado que la levadura es un organismo vivo, del mismo modo que  ya había añadido con su segunda prueba una nueva competencia al otro actante,  el fermento: competencia consistente en ser el elemento específico capaz  de desencadenar una fermentación láctica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En esta última prueba tenemos lenguaje y realidad en conjunto, por decirlo  de algún modo. Un experimento son las tres pruebas: consiste en el movimiento  de las tres tomadas conjuntamente cuando el experimento es un éxito, o  por separado, cuando fracasa. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Como vemos este modo de argumentar, nos encontramos con varios sujetos:  el fermento, la levadura, Pasteur, la Academia y los interlocutores de  la Academia. Todos ellos son sujetos que darán o no realidad a la levadura.  De modo que para Latour el conocimiento es una relación entre varios actantes  y no la división entre un sujeto y un objeto. Del mismo modo, al incluir  a la Academia y a los pares de Pasteur, sus interlocutores, también incluye  todo el mundo social y científico del momento, con sus juegos de poder  y sus controversias científicas, pero todos, sin excepción, juegan su rol  en la construcción de una nueva realidad: la levadura y la fermentación  láctea. </FONT></P>      <blockquote>       <blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Un experimento es una historia, sin duda, pero es una historia ligada a  una situación en la que los nuevos actantes se ven sometidos a terribles  pruebas concebidas por un ingenioso director de escena; si esta historia  no es un texto, entonces hay una situación real detrás del texto. Un experimento  no es un juego de todo o nada. Es un acontecimiento y no un descubrimiento  (Latour, 2001: 151). </FONT></P>    </blockquote> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Todo este devenir, observa Latour, hace que la ‘realidad’ no sea algo dado  sin más, sino algo que va transformándose continuamente, hasta finalmente  terminar siendo una cosa, una cosa del mundo, como lo es la levadura. Pero  todos esos elementos que llamamos realidad del mundo no lo son antes de  que hayan sufrido una serie de transformaciones. Del mismo modo, Pasteur,  el mundo de la Academia, los científicos y el mundo, también serán transformados,  y en ese caso serán ‘objetos’ de los acontecimientos ocurridos. Cuando  algo se crea, la transformación no gira hacia un solo lado. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> CONSIDERACIONES FINALES </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> A lo largo del trabajo hemos intentado mostrar que en la mayor parte del  siglo XX (pudiéramos decir hasta la década de los ochenta), la filosofía,  la historia, la sociología, han mantenido el legado cartesiano y kantiano  sin discusión. Y, sin saberlo, han aceptado las tradicionales categorías  de sujeto y objeto que pueden no ser tales. Creo que esto amerita mucha  más discusión de la planteada aquí. Lo planteado por Latour constituye  un salto, una prueba de pensar las cosas de otro modo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Toda la ‘concepción heredada’ apostaba no sólo al sujeto, sino a un sujeto  lógico que tenía, acogía en sí mismo, las reglas de la universalidad y  de la racionalidad. Es un ideal de tener la certeza matemática; un ideal  que, como sostiene J. A. Miller, es casi una enfermedad de toda nuestra  cultura occidental. Es difícil salirse de esta enfermedad, y en ese sentido,  apruebo lo que sostiene Latour en cuanto a que romper con esa enfermedad  es romper con el pacto –no dicho– que hicieron tanto Sócrates como los  sofistas: la <I>episteme</I> y la política no pueden de ninguna manera estar a  la misma altura. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Aunque es cierto que Kuhn muestra un modo alternativo de percibir la ciencia  y la práctica científica, no es menos cierto que después de la <I>Estructura</I>  gran parte de su obra está dedicada a distanciarse de las acusaciones de  relativismo. Porque, en definitiva, éste es un problema: el hombre de ciencia  y de intelecto (y con él la filosofía) no quiere nada con lo relativo;  quiere certezas y seguridades que lo salven del mundo de lo inestable.  Como afirma Galison (2005), cuesta mucho admitir una metafísica de la contingencia,  aunque ésta no implique de ningún modo que todo sea posible o que todo  sea válido. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Como ya hemos señalado, el problema de lo real abordado de otro modo obliga  a establecer una noción distinta de lo que es un sujeto en tanto actante,  y también cómo este mismo sujeto es un objeto en otro momento. Pero esto  es posible si aceptamos la construcción que debe darse obligatoriamente  en la producción de realidades, cualesquiera que ellas sean. Finalmente,  un objeto puede adquirir autonomía y hoy día aceptamos la levadura o los  virus de Pasteur como ‘realidades’, pero esto es así después de una larga  historia, tanto del mundo humano como del mundo no humano. Latour lo así  lo explica: «Más bien, si logran alcanzar una completa autonomía respecto  de cualquier género de producción, construcción o fabricación, es justamente  debido a que han sido fabricados artificialmente» (2001: 153). </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En todo caso, lo que me interesa destacar es que existe una ‘ontolo- gía  variable’, como defienden Latour, Hacking y Daston, entre otros. Esto significa  que la noción de sujeto como agente y de objeto como pasivo debe ser abolida.  Los humanos somos también objetos, somos transformados por el quehacer  científico y tecnológico, somos producto de esa larga historia de las sociedades  y las culturas. No es cierto que seamos siempre los agentes. Como tampoco  es cierto que el mundo de lo ‘no-humano’ no sea agente, no actúe y no produzca  efectos tanto en el mundo natural como fuera de éste. Se trata de comenzar  a romper con una metafísica eterna y absoluta (Daston, 2001), y comenzar  a admitir una noción tanto de la epistemología como de la ontología histórica,  y en consecuencia, variable. Latour precisa que un mismo texto se vuelve  constructivista o realista de acuerdo con el modo en que enfaticemos el  texto. Si ignoramos el trabajo de Pasteur, caemos en el abismo del realismo  ingenuo; pero si ignoramos la actividad delegada, autónoma, del ácido láctico,  caemos en un nuevo abismo, tan insondable como el primero: el abismo del  constructivismo social. En él se ignora el papel de los no humanos. Pasteur  autoriza a la levadura a que le autorice a él para que hable en su nombre.  Es decir, ni pura realidad ni pura sociedad, como han tratado de marcar  tanto los realistas como los constructivistas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Para eludir esta división debemos renunciar a la dicotomía entre un humano  que habla y un mundo sin voz. Mientras sigamos sosteniendo que por un lado  están las palabras o la mirada y por otro, el mundo, no será posible fundamentar  ninguna figura retórica capaz de satisfacer simultáneamente nuestras diversas  determinaciones. Ello supone romper con la idea de que los seres humanos  pensamos y hablamos como algo autónomo e independiente: pensamos y hablamos  en función del mundo cultural en que hemos nacido. No existe un sujeto  que piense autónomamente desde sí, aunque lo crea, y la cultura intenta  mostrar que esto es efectivamente así. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Sin embargo, asumir esta concepción no hace que las cosas sean eternas  para siempre; por el contrario, la estabilidad a la que accedemos en determinado  momento también es relativa: En 1880, para gran asombro de Pasteur, surge  la ciencia de las enzimas. Los fermentos, considerados por entonces como  organismos vivos que contradecían la teoría química de Liebig, se convirtieron  de nuevo en agentes químicos, unos agentes susceptibles incluso de producirse  mediante síntesis. Articulados de modo diferente se convirtieron en algo  diferente y, pese a todo, sus atributos siguieron manteniéndose unidos  al amparo de una sustancia, es decir, de una nueva sustancia (Latour, 2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Ahora bien, indudablemente, aceptar romper con el pacto griego implica  enormes responsabilidades, implica reconocer que los seres humanos somos  los responsables de lo que acontece en este mundo natural y político. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Por eso es que esta opción genera también innumerables problemas. En definitiva,  no se trata de evitar problemas, que los habrá siempre, sino de comenzar  a responsabilizarnos sobre cuáles son esos problemas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Estas palabras de Latour reflejan el reto planteado: </FONT></P>      <blockquote>       <blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La razón por la que uno debería cuidarse siempre de los fatiches es que  sus consecuencias son imprevisibles, que el orden moral es frágil y que  el orden social es inestable. En este sentido, las preguntas que debemos  hacernos son: ¿cómo podremos tener en cuenta a tantos humanos y a tantos  no humanos?, y también, ¿estáis dispuestos, y al precio de qué sacrificios,  a vivir juntos una vida agradable? (Latour, 2004). </FONT></P>    </blockquote> </blockquote>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"> <B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Notas </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 1. </FONT><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En realidad, este movimiento comienza con el denominado Círculo de Viena;  es sólo posteriormente que tomará los nombres de Empirismo Lógico, Positivismo  Lógico o Neopositivismo. En este sentido creo que la obra de Ayer <I>Language,  Truth and Logic </I>(1936) tiene una importancia fundamental por cuanto relaciona  las tesis de la filosofía anglosajona con las de Wittgenstein y con las  del Positivismo Lógico. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 2. </FONT><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Hacking en <I>Representar e Intervenir</I> (1996) opina que las nociones centrales  de paradigma son ‘el paradigma como logro’ y ‘el paradigma como conjunto  de valores compartidos’. Señala que cuando Kuhn escribe sobre la ciencia,  no se refiere a la vasta empresa que es la ciencia moderna, sino a pequeños  grupos de investigadores que idean una línea de investigación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 3. </FONT><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Entre ellos podemos nombrar a: Daston, L. (2001) (edit): <I>Biographies of  Scientific Objects</I>, The University of Chicago Press, Chicago y Londres;  Galison, P. (2005): <I>Relojes de Einstein, mapas de Poincaré</I>, Drakontos,  Barcelona; Hacking, I. (2002): <I>Historical Ontology</I>, Harvard University  Press, Cambridge, Massachussets, Londres; Echeverría, J. (2002): <I>Ciencia  y valores</I>, Ediciones Destino, Barcelona; Ordóñez, J. (1999):<I> Encuentros  filosóficos hacia el tercer milenio. La melancolía de Prometeo</I>, Cuadernillo  n.º 32, Espacios Unidos, Caracas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 4. </FONT><font size="2"> <I><FONT COLOR="000000" face="Verdana"> Fatiche </FONT></I> <FONT COLOR="000000" face="Verdana">  es el vocablo que utiliza para reunir en una palabra y en una realidad  tanto los hechos como las creencias; intenta lograr un vocabulario que  anule la distinción de cada uno de ellos por un lado, y también, que anule  las distinciones aceptadas de lo real como autónomo y lo fabricado como  artificial o no real. </FONT></font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Bibliografía </FONT></B></P>      <!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 1. CARNAP,<B> </B>R. 1957. “Conocimiento y verdad”. En: <B>El Positivismo Lógico</B>. Fondo  de Cultura Económica, México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469322&pid=S1012-1587200600030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 2. ECHEVERRÍA, J. 1999. <B>Introducción a la metodología de la ciencia. La Filosofía  de la Ciencia en el siglo XX.</B> Cátedra, Madrid. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469323&pid=S1012-1587200600030000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 3. GALISON, P. 2005. <B>Relojes de Einstein, Mapas de Poincaré. </B>Crítica, Barcelona. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469324&pid=S1012-1587200600030000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 4. HACKING, I. 1996. <B>Representar e intervenir</B><I><B>.</B></I> Paidós, México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469325&pid=S1012-1587200600030000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 5. MERTON, R.K. 1980. <B>Teoría y estructura social</B><I>.</I> Fondo de Cultura Económica,  México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469326&pid=S1012-1587200600030000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 6. ORDÓNEZ, J. 1999. “La melancolía de Prometeo. Una metáfora para la ciencia  y la tecnología de final de siglo”. <B>Cuadernillo </B>Nº 32, Espacios Unión,  Caracas. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469327&pid=S1012-1587200600030000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 7. PICKERING, A. 1984. <B>Constructing Quarks</B><I><B>.</B></I> The University of Chicago Press,  Chicago. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469328&pid=S1012-1587200600030000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 8. PÉREZ RANSANZ, A.R. 1999. <B>Kuhn y el cambio científico</B>. Fondo de Cultura  Económica, México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469329&pid=S1012-1587200600030000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 9. RICHARDSON, A. 1996. “From Epistemology to the Logic of Science”. En: <B>Origins  of</B> <B>Logical Empiricism</B><I><B>.</B></I> University of Minnesota Press, Minnesota. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469330&pid=S1012-1587200600030000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 10. LATOUR, B. 2001. <B>La esperanza de Pandora</B>. Gedisa, Barcelona. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469331&pid=S1012-1587200600030000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 11. LATOUR, B. 1999. <B>We have never been modern</B>. Harvard University Press, Cambridge,  Massachusetts. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1469332&pid=S1012-1587200600030000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font color="000000" size="2" face="Verdana"><b>Nota:</b></font></p>     <P ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> * </FONT><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El presente artículo constituye el resultado de la investigación <I>Una epistemología  sin sujeto en la obra de Bruno Latou</I>r, la cual tiene el estatuto de Proyecto  Registrado y No Financiado en el CONDES (VAC-CONDES-CH-0692-2005). Forma  parte de un proyecto más amplio que tendrá continuación. </FONT></P>       ]]></body>
<back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[CARNAP]]></surname>
<given-names><![CDATA[R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Conocimiento y verdad]]></article-title>
<source><![CDATA[El Positivismo Lógico]]></source>
<year>1957</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[ECHEVERRÍA]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Introducción a la metodología de la ciencia: La Filosofía de la Ciencia en el siglo XX]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Madrid ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cátedra]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[GALISON]]></surname>
<given-names><![CDATA[P]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Relojes de Einstein, Mapas de Poincaré]]></source>
<year>2005</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Crítica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[HACKING]]></surname>
<given-names><![CDATA[I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Representar e intervenir]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[MERTON]]></surname>
<given-names><![CDATA[R.K]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría y estructura social]]></source>
<year>1980</year>
<publisher-loc><![CDATA[México ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="journal">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[ORDÓNEZ]]></surname>
<given-names><![CDATA[J]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La melancolía de Prometeo: Una metáfora para la ciencia y la tecnología de final de siglo]]></article-title>
<source><![CDATA[Cuadernillo]]></source>
<year>1999</year>
<numero>32</numero>
<issue>32</issue>
<publisher-loc><![CDATA[Caracas ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Espacios Unión]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[PICKERING]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Constructing Quarks]]></source>
<year>1984</year>
<publisher-loc><![CDATA[Chicago ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[The University of Chicago Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[PÉREZ RANSANZ]]></surname>
<given-names><![CDATA[A.R]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Kuhn y el cambio científico]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[RICHARDSON]]></surname>
<given-names><![CDATA[A]]></given-names>
</name>
</person-group>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[From Epistemology to the Logic of Science]]></article-title>
<source><![CDATA[Origins of Logical Empiricism]]></source>
<year>1996</year>
<publisher-loc><![CDATA[Minnesota ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[University of Minnesota Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[LATOUR]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La esperanza de Pandora]]></source>
<year>2001</year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Gedisa]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[LATOUR]]></surname>
<given-names><![CDATA[B]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[We have never been modern]]></source>
<year>1999</year>
<publisher-loc><![CDATA[Cambridge, Massachusetts ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Harvard University Press]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
