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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center" style="line-height: 100%"><font color="000000" face="Verdana" size="3"><b>Nubiola, Jaime y Zalamea, Fernando: <I>Peirce y el mundo hispánico</I>. Eunsa,  Pamplona, 2006, 366 pags.</b></font></P>      <P ALIGN="center" style="line-height: 100%"><I><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Juan Pablo Serra </FONT></B></I></P>      <P ALIGN="center" style="line-height: 100%"><I><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Universidad de Navarra jserra@alumni.unav.es </FONT></I></P>      <P ALIGN="justify" style="line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En muchos aspectos, este libro puede leerse como una muy profesional obra  de <I>scholarship</I>. Ciertamente, su público inmediato reside en el conjunto  de estudiosos castellanohablantes del pensamiento de Charles S. Peirce  (1839-1914), científico y filósofo fundador del pragmatismo. Además, el  libro mismo está planteado a modo de informe y recopilación histórica y  bibliográfica, tanto del viaje que Peirce realizó a España en 1870 como  de la extensa colección de libros, artículos y traducciones en castellano  sobre Peirce desde finales del siglo XIX hasta finales del siglo XX (de  ahí el oportuno subtítulo “Lo que C. S. Peirce dijo sobre España y lo que  el mundo hispánico ha dicho sobre Peirce”). No obstante, y sin salir del  terreno escolar, el libro tiene su propia personalidad en que representa  “la primera percepción de conjunto, <I>realizada en cualquier idioma</I>, sobre  las relaciones <I>detalladas</I> entre Peirce y una comunidad académica <I>específica</I>”  (p. 10). </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La obra, escrita por un filósofo y un matemático, se divide en dos partes.  En la primera (“Peirce y España), tras una sumaria presentación de la figura  de Peirce y del pragmatismo –resumido en la máxima evangélica “por sus  frutos los conoceréis” (pp. 29-31)–, Nubiola se sumerge en la tarea arqueológica  de reconstruir el paso de Peirce por España (pp. 33-68), que llegó a Andalucía  buscando asentamientos donde observar un eclipse de sol a cargo del <I>United  States Coast Survey</I>, y salió dos semanas después por Irún. Fascinado por  la Alhambra de Granada y por los cuadros y esculturas que vio en Madrid,  no obstante, “su impresión general de España no debió de ser particularmente  positiva y guarda relación con el retraso cultural y económico de nuestro  país a lo largo del siglo XIX respecto de las potencias europeas” (p. 61).  Esta impresión negativa es corroborada en la siguiente sección (pp. 69-95)  por varios extractos de recensiones y cartas al director publicadas en  la revista <I>The Nation</I> y por la escasez de españoles entre las listas de  grandes hombres que Peirce elaboraba periódicamente. Aunque, por contrapartida,  Peirce prestó una atención considerable a la gramática española e investigó  algunas peculiaridades del vascuence o euskera. A continuación (pp. 97-113),  Nubiola detalla las relaciones de Peirce con tres científicos españoles:  el general Ibáñez de Ibero, que presidía la Asociación Geodésica Internacional  ante la cual Peirce presentó sus trabajos sobre la oscilación del péndulo;  el matemático Reyes y Prósper, primer lector hispánico de Peirce, con el  que mantuvo correspondencia; y el premio Nobel Ramón y Cajal, que impartió  una serie de conferencias en 1899 a las que casualmente Peirce asistió. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Esta primera parte se cierra con una sección dedicada a detallar los autores  de origen hispánico que aparecen en la obra de Peirce (pp. 115-134) y otra  en la que se discuten dos “enigmas” peirceanos (pp. 135-143). Respecto  a los autores hispanos, Nubiola destaca, entre otras cosas, lo bien que  comprendió Peirce el supuesto papel del averroísmo en el declive de la  Escolástica, subrayando cómo “para Peirce, admirador de la Escolástica  primera, la decadencia del pensamiento se produce por el agotamiento de  las consecuencias deductivas de la teoría si no se aportan nuevos datos  experimentales” (p. 124). La última sección a cargo de Nubiola expone las  dudas sobre si realmente Peirce añadió el “Santiago” a su nombre en los  últimos años de su vida como homenaje a su amigo William James y, seguidamente,  rebate la tesis sobre el origen gitano de Juliette Froissy, segunda esposa  de Peirce. Finalmente, como anexo a esta primera parte se incluyen una  traducción parcial de “Garrulities of a Vulgar Arithmetician” (1892-1894),  donde Peirce alude a la España medieval, y el primer artículo en castellano  dedicado específicamente a Peirce, escrito en 1892 por Reyes y Prósper. </FONT></P>      <P ALIGN="justify" style="line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> La segunda parte del libro (“Bibliografía peirceana hispánica [1883-2000]  consiste en una concienzuda revisión bibliográfica a cargo de Zalamea,  compuesta por un estudio crítico (pp. 169-204) y un catálogo razonado de  la producción hispánica sobre Peirce (pp. 205-359). Así, su análisis de  los textos revela que la recepción inicial de Peirce en el mundo hispánico  fue muy pobre prácticamente hasta la década de 1980, en que empiezan a  publicarse –sobre todo en España– el resultado de investigaciones serias,  tesis doctorales y traducciones de textos peirceanos. Dicho “despegue”  continua y se amplía en la siguiente década, gracias también a la conexión  de investigadores españoles e iberoamericanos a través del Grupo de Estudios  Peirceanos (pp. 171-179). Pero, sin duda, la estrella de esta parte está  en lo que su autor denomina “espectro correlativo de la bibliografía peircena  hispánica”, donde, reduciendo cada texto sobre Peirce a una serie de palabras  clave, Zalamea concluye cómo “la recepción en español de la obra de Peirce  repite así los mismos cánones de la recepción peirceana allende el mundo  hispánico: Peirce entendido sobre todo como ‘padre’ genérico del pragmatismo,  como fundador moderno de la semiótica y como un ‘gran’ lógico” (p. 184).  Asimismo, el análisis de Zalamea destaca la atención prestada al realismo  como una característica propia del mundo hispánico (p. 187) y señala que  la recepción hispánica de Peirce se dio sobre todo desde las ciencias humanas  (filosofía, semiótica, literatura), descuidando con ello el acercamiento  al Peirce más científico (p. 193). El catálogo razonado con el que prosigue  esta segunda parte constituye una herramienta utilísima para cualquier  investigador que busque bibliografía específica, pues incluye más de 130  entradas –brevemente comentadas– de textos en castellano de autores hispánicos  sobre Peirce, así como las traducciones de Peirce disponibles y una muestra  representativa de traducciones al castellano de textos de autores no hispánicos.   </FONT></P>  <A NAME="reseñas"></A>    <P ALIGN="justify" style="line-height: 100%"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Al margen de su interés puramente académico y “técnico” para los iniciados  en Peirce, quizá lo más llamativo del libro es el atractivo que muchas  de sus páginas tienen también para lector culto. A este propósito ayudan,  en primer lugar, la profusión de fotografías, manuscritos y gráficos que  ilustran cada sección del libro; en segundo lugar, la acertada indicación  de que el interés general del viaje de Peirce a España reside en los comentarios  “que un joven americano culto de 31 años puede hacer al descubrir Europa  y comprobar sus notables contrastes respecto de la cultura norteamericana  de su tiempo” (p. 36); y, en tercer lugar, lo mucho que sus autores dejan  de sí mismos. Es imposible no reconocer al Zalamea de <I>Ariel y Arisbe</I> (2000)  o de <I>Ariadna y Penélope</I> (2004) en su afición por los “péndulos” y “vaivenes”,  así como en su mirada matemática –incesante rastreadora de patrones y relaciones–  al problema bibliográfico. De hecho, para el neófito resultan cuanto menos  asombrosos los resultados que obtiene Zalamea al reducir a unas cuantas  <I>variables</I> los textos de la bibliografía peirceana hispánica. Asimismo,  toda la parte de Nubiola está marcada por la convicción de su autor de  que la articulación razonable y armónica de pensamiento y vida es en sí  misma una exigencia filosófica. De ahí que, en el fondo, esta parte pueda  leerse como una manifestación del estilo “cuenta historias” tan característico  de la actividad docente de Nubiola. </FONT></P>       ]]></body>

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