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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El problema de la explicación en la ciencia: Las explicaciones causales en Bas Van Fraassen]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[The Problem of the Explanation in Science: The Causal Explanations of Bas Van Frassen]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The present work tries to understand the problem of scientific explanation, centering on one of the models that has been gradually monopolizing the attention of most philosophers of science: the pragmatic model of Bas Van Fraassen. The most relevant aspects of this model will be examined in order to define what a “correct explanation" is, as well as his disagreements with attempts to propose a universally valid schematic model for explaining all the sciences.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>El problema de la explicación en la ciencia. Las explicaciones causales  en Bas Van Fraassen</B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I><B>Ricardo Chirinos Bossio</B></I> </FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>Universidad del Zulia. Departamento de Ciencias Humanas rijchiro@hotmail.com</I></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El presente trabajo intenta dar luces sobre el problema de la explicación  en la ciencia centrándose en el estudio de uno de los modelos, que hoy  por hoy, ha acaparado la atención de la mayoría de los filósofos de la  ciencia: el modelo pragmatista de Bas Van Fraassen. Se examinarán los aspectos  más relevantes de este modelo en sus intentos por definir lo que es una  “explicación correcta”, así como, sus desacuerdos con los intentos hechos  por proponer un modelo esquemático universalmente válido de explicación  para todas las ciencias. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras clave:</B> Modelo nomológico-deductivo, explicación científica, modelo pragmático.</FONT></P>      <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> The Problem of the Explanation in Science. The Causal Explanations of Bas  Van Frassen </FONT></b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> The present work tries to understand the problem of scientific explanation,  centering on one of the models that has been gradually monopolizing the  attention of most philosophers of science: the pragmatic model of Bas Van  Fraassen. The most relevant aspects of this model will be examined in order  to define what a “correct explanation&quot; is, as well as his disagreements  with attempts to propose a universally valid schematic model for explaining  all the sciences.</FONT></P>    ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words:</B> Nomologic-deductive model, scientific explanation, pragmatic model.</FONT></P>     <p ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 29 de junio de 2005 Aceptado: 28 de abril de 2006</FONT></p>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>INTRODUCCIÓN</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si hay un rasgo que caracterice a nuestro mundo tal como lo conocemos,  es sin duda, la interminable sucesión de fenómenos. Gran parte de nuestra  vida la empleamos en tratar de comprenderlos y encontrar respuestas que  satisfagan nuestra marcada tendencia a darle sentido a todo. Por otro lado,  la necesidad de sobrevivir en el mundo nos ha llevado a hallar maneras  de prever los cambios en nuestro entorno y, tratar de controlarlos para  poder usarlos en nuestro propio provecho. Desde el punto de vista de la  ciencia moderna, la formulación de leyes y teorías científicas es lo más  adecuado a la hora de prever eventos naturales y controlarlos. De esta  manera, la ciencia dispone de métodos sistemáticos, muy sofisticados, que  permiten por medio de clasificaciones y generalizaciones, describir los  diversos aspectos de los fenómenos naturales, para así, poder <I>explicarlos</I>.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Una manera de comprender estos métodos utilizados por la ciencia, ha sido  concebirlos como modos de dar respuestas a cierta clase de preguntas sobre  los fenómenos. Pero, las respuestas a estas preguntas, sólo adquieren el  rango de <I>leyes</I> si logran alcanzar cierto grado de generalidad y precisión. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, las ciencias no se conforman con sólo describir fenómenos  y establecer leyes a partir de ciertas generalidades. En su incesante búsqueda  de respuestas, tratan también de responder a la pregunta del <I>porqué</I> esos  fenómenos son lo que son y por qué se dan o pueden darse ciertos sucesos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">  En esta búsqueda de explicaciones sistemáticas, la ciencia -específicamente  la desarrollada en las primeras décadas del siglo XX-, trata de eliminar  toda forma de indeterminación del lenguaje corriente, sometiéndolo a rigurosas  modificaciones para aumentar la especificidad de sus expresiones lingüísticas.  El propósito de esta precisión en el lenguaje es que los enunciados científicos  sean susceptibles de ser sometidos a pruebas a través de la experiencia.  Al respecto, afirma Ernest Nagel: “Al aumentar la determinación de los  enunciados e incorporarlos a los sistemas explicativos lógicamente integrados,  la ciencia moderna agudiza los poderes de discriminación de sus procedimientos  de prueba y aumenta las fuentes de elementos de juicios para sus conclusiones”  (Nagel, 1981:23). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> No obstante, a pesar del incesante deseo de hallar respuestas satisfactorias  al flujo continuo de eventos, no todas las respuestas relacionadas con  la pregunta &lt; ¿por qué? &gt; alcanzan siempre rango de cientificidad. Para  Nagel, por ejemplo: “Las explicaciones ofrecidas en las diversas ciencias  como respuestas a tales cuestiones pueden diferir en la forma en que las  suposiciones explicativas obedecen a diferentes modelos lógicos” (1981).  Esto significa, que si bien una explicación es una posible respuesta a  una pregunta del tipo &lt; ¿por qué? &gt; no todos los modos de responderla siguen  siempre el mismo patrón, ni todas las preguntas de este tipo poseen el  mismo sentido. Esto llevó a algunos (positivistas lógicos), a intentar  reducir los diferentes modelos de explicación a un modelo común que pudiera  ser utilizado en todas las ciencias. El término “explicación” quedó restringido,  desde esta perspectiva, a la simple explicación del “por qué” de los hechos;  considerándose sólo como explicación científica aquella que busca su marco  y conceptos de referencia únicamente en las relaciones <I>causales</I> (1).<I> </I>En  otras palabras, toda explicación debía dejar claro: “Por qué, dada ciertas  condiciones antecedentes, se podría haber esperado que ocurriese el acontecimiento  a explicar” (Lambert y Britan, 1975:39). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De esta manera, la forma científica de toda explicación quedó estructurada  en relación a los &lt;por qué&gt; (razones o causas), que permiten entender el  modo como se concibe un evento, es decir, el establecimiento de inferencias  causales o de pronósticos que permitan la predicción de sucesos por estar  referidos al cumplimiento de leyes. La tarea de la ciencia, desde este  punto de vista, estaría limitada a: “Explicar los fenómenos sobre la base  de leyes de la naturaleza que traduzcan un orden necesario de las cosas  y por tanto, que sean algo más que contingentemente verdaderas” (Nagel,  1981:38). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las <I>leyes </I>explican así nuestra experiencia en virtud de que la ordenan  refiriéndola a instancias particulares de principios generales que permiten  establecer un orden explicativo y predictivo entre los complejísimos datos  de nuestra experiencia, es decir, los fenómenos del mundo. Al proporcionar,  de esta manera, razones, generalizaciones o postulados universales en que  los casos particulares logran explicarse, las leyes se convierten en un  elemento esencial en toda explicación científica. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, en esta búsqueda de principios generales (leyes), no todas  las ciencias presentan un cuadro altamente integrado de explicación sistemática.  Si bien para algunas disciplinas científicas el <I>disederatum</I> de tal sistematización  rigurosa continua siendo un ideal, la necesidad de organizar y clasificar  el conocimiento sobre la base de principios explicativos se mantiene como  una constante en cada una de estas disciplinas. A pesar de los intentos  por <I>reducir</I> el acto de explicación a un patrón metodológico único, susceptible  de ser aplicado en todas las ciencias; empieza a percibirse en la filosofía  de la ciencia contemporánea una tendencia a rechazar el formalismo y los  rigurosos esquemas sobre los cuales se erigieron estos modelos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>1. EL PROBLEMA DE LA EXPLICACIÓN     EN LA CIENCIA</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Desde 1948 cuando Hempel y Oppenheim publicaron su famoso artículo, han  aparecidos varios modelos de explicación científica. Sin embargo, cada  uno ha tenido sus dificultades en proporcionar instrucciones científicas  universales que sean necesarias y suficientes a la hora de evaluar una  explicación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero, a pesar de estos fallidos intentos, las distintas teorías que se  han elaborado acerca de la explicación científica, siguen enfrentándose  ante la misma problemática: la cuestión de si existe un modelo de explicación  que pueda ser compartido por todas las ciencias o si, por el contrario,  los criterios de evaluación de una explicación deben ser elaborados de  acuerdo a la naturaleza de cada disciplina científica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para algunos filósofos de la ciencia (Hempel, Nagel, Wright, Popper), la  naturaleza misma de ciertas disciplinas científicas impide compartir con  otras sus modelos especiales de dar explicaciones. En el caso de la Psicología  y la Historia, por ejemplo, en la medida que sus explicaciones van dirigidas  hacia actos humanos intencionales, no pueden dejar de hacer referencia  a los fines que tales actos persiguen. De igual modo, sucede en la Biología,  en la que se tiende a explicar los fenómenos biológicos en términos de  funciones o finalidades. Todo esto contrasta con lo que ocurre en ciencias  como la Física o la Química, cuyos paradigmas son defendidos por aquellos  que abogan a favor de un modelo de explicación único para todas las ciencias.  Sin embargo, el modo como se ha desarrollado el debate hasta hoy, pareciera  darle la razón a aquellos que piensan que es imposible desarrollar un modelo  único de explicación que pueda ser aplicado a todas las ciencias. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este sentido, uno de los modelos que más influencia ha tenido en los  esquemas de explicación que hoy día siguen siendo utilizados en las diversas  disciplinas científicas, es sin duda, el <I>modelo nomológico-deductivo</I> propuesto  por Hempel. De acuerdo con este modelo, explicar científicamente un hecho  <I>x </I>significa responder a la pregunta, ¿De acuerdo a qué leyes generales  se produce<I> X</I>? La esquematización de lo que es explicar científicamente  un hecho está estructurada en base a una inferencia o conclusión lógica  en la que siempre debe aparecer reflejada una ley general. La rigurosidad  del análisis propuesto por este modelo, animó a muchos filósofos de la  ciencia a reducir a los mismos esquemas básicos, diferentes tipos de explicación  presentes en las distintas disciplinas científicas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero, algunos pensadores han puesto en duda la viabilidad de esta propuesta.  La pretensión de extender el modelo nomológico-deductivo al campo de las  ciencias sociales o humanas, ha generado una reacción tal, que se duda,  incluso, de que este modelo pueda dar cuenta siquiera del concepto de explicación  en el ámbito de las ciencias fácticas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Una de esas voces contrarias es la de Bas Van Fraassen, quien arguye que  en el debate sobre la explicación científica, no se ha logrado encontrar  una solución al problema debido al permanente rechazo que se le ha dado  a los aspectos pragmáticos (como deseos o intenciones) que giran en torno  a toda explicación. La tesis principal de Van Fraseen es que toda explicación  sólo surge en función a un determinado contexto y que este contexto es  el que determina finalmente los aspectos que han de considerarse a la hora  de evaluar una explicación. La explicación pasa, de esta manera, de una  simple relación entre el hecho a explicar y el conjunto de conocimientos  que pueden explicarlo, a una interpretación entre los hechos, la teoría  y el contexto. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Con el fin de entender este complicado panorama, nos proponemos en este  trabajo, describir los aspectos más importantes de este debate, examinando  uno de los modelos que ha intentado dar respuesta al problema de la explicación  desde una perspectiva distinta a la tradicionalmente asumida (modelo nomológico-deductivo).  Nos referimos, al modelo pragmático de Bas Van Fraassen, propuesto en su  obra, <I>“La imagen científica”</I> (1996), en la que se muestra como los problemas  no resueltos por los esquemas tradicionales -sobre todo por el modelo de  Hempel- pueden ser superados de ser asumidos desde una perspectiva estrictamente  pragmática. Analizaremos algunos de estos problemas no resueltos, al tiempo  que examinaremos el propio esquema propuesto por Van Fraseen, mostrando  los límites e implicaciones que el mismo presenta en su intento por definir  lo que es una “explicación correcta”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>2. EL MODELO TRADICIONAL DE EXPLICACIÓN: EL     MODELO NOMOLÓGICO-DEDUCTIVO  DE HEMPEL</B> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Uno de los epistemólogos que más ha contribuido al desarrollo del debate  sobre la naturaleza y caracterizaciones de las explicaciones científicas  es, sin duda, Carl Hempel. Su famoso modelo de cobertura legal (covering-law-model),  también conocido como esquema de explicación “deductivo-nomológico” (nomos  = ley), ha sido uno de los modelos que más influencia ha tenido en las  distintas disciplinas científicas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para Hempel, uno de los objetivos fundamentales de toda empresa científica  es la de: “explicar los fenómenos del mundo físico (…) no para descubrir  ningún hecho concreto, sino para alcanzar una comprensión explicativa”  (Hempel, 1996:76). Además, toda explicación que pretenda ser considerada  científica debe proporcionar siempre una sólida comprensión del mundo que  mantenga una relación lógica con nuestra experiencia y que, al mismo tiempo,  sea susceptible de contrastación empírica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En su obra, <I>“Filosofía de la ciencia natural” </I>(1977), menciona dos requisitos  epistémicos que, a su modo de ver, son fundamentales en todas aquellas  explicaciones científicamente adecuadas. Al primero le da el nombre de  &lt;&lt; <I>requisito de relevancia explicativa</I> &gt;&gt; que, según él, es toda información  que se proporciona para tener: “una buena base para poder creer que el  fenómeno que se trata de explicar tuvo o tiene lugar” (Hempel, 1977:78).  Al segundo, lo llama &lt;&lt; <I>requisito de contrastabilidad </I>&gt;&gt; e indica que:  “Los enunciados que constituyen una explicación científica deben ser susceptibles  de contrastación empírica” (Hempel, 1977:79). Si bien Hempel reconoce que  ambos requisitos están íntimamente relacionados, sólo considera como necesario  para toda explicación científica el llamado &lt;&lt; <I>requisito de relevancia  explicativa </I>&gt;&gt;. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por otro lado, de acuerdo a este modelo, toda explicación que pretenda  ser sólida, debe presentar dos componentes teóricos fundamentales. El <I>explanandum</I>,  que Hempel lo define, como: “la oración que describe el fenómeno a explicar  y no el fenómeno mismo” (Hempel, 1996:249). Y, el <I>explanans</I>, por el cual  entiende: “las clases de oraciones que se aducen para dilucidar el fenómeno”  (Hempel, 1977:79). El <I>explanans</I>, a su vez, puede presentarse bajo dos formas:  a) como oraciones que formulan <I>condiciones antecedentes</I> específicas que  se dan previas al fenómeno a explicar o, b) como oraciones que expresan  “<I>leyes generales</I>”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hempel, resume las características de su modelo de explicación en el siguiente  esquema: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De acuerdo con este esquema, el fenómeno explicado puede describir un evento  que ocurre en un lugar o en un tiempo determinado. O, puede reflejar alguna  regularidad general expresada en una ley empírica que suscita la pregunta  ¿por qué ocurre tal evento? A la pregunta, por ejemplo, &lt;&lt; ¿por qué los  cuerpos en caída libre se mueven de acuerdo con la ley de Galileo?&gt; &gt; o  &lt;&lt; ¿por qué el movimiento de los planetas presenta las uniformidades mencionadas  por la ley de Kepler?&gt; &gt;, se responderá en base a principios teóricos que  se refieren a estructuras y procesos que subyacen a las uniformidades en  cuestión. Así, la respuesta asume la forma de un razonamiento deductivo,  que subsume la regularidad a explicar bajo leyes más inclusivas o principios  teóricos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De esta manera<I>, </I>el esquema nomológico-deductivo satisface<I> </I>el requisito  de<I> relevancia</I> <I>explicativa,</I> en cuanto que la información explicativa que  proporciona, implica deductivamente el enunciado <I>explanans</I>, ofreciendo  así una base lógica concluyente para esperar que se produzca el fenómeno  <I>explanandum</I>. Pero, al mismo tiempo, cumple con el <I>requisito de contrastabilidad</I>,  ya que el <I>explanans</I> implica que, dadas las condiciones específicas, se  producirá el fenómeno <I>explanandum</I>.</FONT></P>     <P ALIGN="center"><img border="0" src="/img/fbpe/op/v23n53/art09.fig1.gif" width="560" height="238"></P>     
<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>3. LAS CRÍTICAS DE VAN FRAASSEN A LOS     ESQUEMAS TRADICIONALES DE EXPLICACIÓN</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El punto de partida de la crítica de Van Fraassen al patrón clásico de  explicación propuesto por Hempel, va a girar en torno al concepto de <I>relevancia  explicativa</I>, que como ya hemos visto, constituye uno de los requisitos  indispensable que toda explicación debe cumplir para poder ser considerada  como científicamente adecuada. Recordemos que, según este principio, la  información proporcionada por las premisas de una explicación debe proveer  bases firmes para creer que el fenómeno explicado efectivamente ocurrió  u ocurre. Van Fraassen, cree que este principio no proporciona condiciones  suficientes, ni mucho menos necesarias, para que se dé una buena explicación,  ya que, en primer lugar: “dar bases firmes para creer no siempre equivale  a dar una explicación” (Van Fraassen, 1996:133). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Según este punto de vista, el carácter asimétrico que asumen muchas veces  las proposiciones que componen una explicación, hace deficiente este principio.  Así, por ejemplo, dos proposiciones pueden llegar a ser equivalentes la  una de la otra (con respecto a la teoría aceptada como marco de referencia),  pero no a la inversa. Al referirse a este hecho, Van Fraassen hace alusión  al ejemplo del barómetro, donde el descenso brusco de la columna mercurial  puede indicar, por lo general, la proximidad de una tormenta. Sin embargo,  afirma Van Fraassen: “Si aceptamos la hipótesis significativa de que éste  desciende exactamente cuando una tormenta esta llegando, esto sin embargo,  no explica (sino más bien es explicado por) el hecho de que la tormenta  está llegando” (Van Fraassen, 1966:133). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La segunda objeción de Van Fraassen al <I>requisito de relevancia explicativa</I>,  se basa en el hecho, de que: “No toda explicación es un caso en el cual  se nos dan bases firmes para creer” (Van Fraassen, 1966:134). Uno de los  ejemplos utilizados por Van Fraassen es el del enfermo de paresia. Se acepta  la explicación de que nadie contrae esta enfermedad a menos que padezca  de sífilis mal tratada. Sin embargo, el hecho de que el individuo padezca  de sífilis no aporta buenas razones para esperar que se contagie de paresia,  ya que, sólo un bajo porcentaje de enfermos de sífilis contrae esta enfermedad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Se podría argumentar, como lo hace el propio Hempel, que la imposibilidad  de establecer una relación mucho más estrecha entre ambas enfermedades  se debe al hecho de que existen otros factores relacionados a ambas enfermedades  que todavía no han sido descubiertos por la ciencia. Sin embargo, una argumentación  de este tipo presupondría la creencia de que los fenómenos del mundo, por  lo menos, en lo que se refiere a nivel macroscópico, son determinísticos,  de manera que obteniendo una información mucho más completa, la explicación  correspondiente sería más adecuada. Van Fraassen rechaza esta salida pues  es de la opinión que el carácter determinista de los fenómenos del mundo  es una cuestión meramente contingente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Con el fin de encontrarle una salida al problema de la relevancia explicativa,  Wesley Salmon propuso considerar la explicación como un conglomerado de  factores estadísticamente relevantes y no como un conjunto de argumentos  o razonamientos, introduciendo así el concepto de <I>relevancia estadística</I>.  De acuerdo a este principio, un hecho <I>A </I>es estadísticamente relevante para  el fenómeno <I>E </I>exactamente si la probabilidad de <I>E</I> dado <I>A</I> es diferente de  <I>E</I> <I>Simpliceter.</I> Según Salmon, dos ejemplos que cumplirían con los requisitos  de proporcionar buenas bases para una adecuada explicación, serían los  siguientes: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Juan Pérez estaba casi seguro de recuperarse de su resfriado porque tomó  vitamina C, y casi todos los resfriados se alivian en una semana tomando  vitamina C”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> “Juan Pérez evitó quedarse embarazado durante el año pasado, porque tomo  regularmente las píldoras de su mujer, y todo hombre que toma píldoras  anticonceptivas evita el embarazo”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Van Fraassen cree que la aplicación de este criterio es tan insatisfactoria  como la propuesta de Hempel, ya que, la circunstancia de haber tomado vitamina  C para curarse de un resfrío es completamente irrelevante desde el punto  de vista estadístico, dado que, la probabilidad de curarse en una semana  es la misma para aquellas personas que tomen o no vitamina C. Por otro  lado, el criterio propuesto por Salmon termina siendo mucho más débil que  el propuesto por el propio Hempel, ya que no requiere que la probabilidad  de <I>E </I>sea alta (mayor por lo menos que ½), ni siquiera exige que la información  <I>A</I> incremente la información de <I>E </I>solamente. Así, por ejemplo, en el caso  de la paresia, aunque la probabilidad de que la enfermedad sea contraída  por personas que sufrieron sífilis es baja, es distinta de la probabilidad  de que una persona tomada al azar padezca de paresia, de manera que la  sífilis resulta estadísticamente irrelevante con respecto a la paresia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En el caso de las <I>condiciones</I> <I>necesarias</I>, una circunstancia puede llevar  a explicar un hecho aunque no incida en la probabilidad de que este ocurra.  Van Fraassen, nos propone imaginarnos una ficción médica, según la cual,  la paresia resulte ya sea de la epilepsia, o ya sea de la sífilis, y de  nada más, y que la probabilidad en cualquiera de los casos sea equivalente  a 0,1. Además, nos pide que supongamos que Juan Pérez pertenece a una familia  cuyos miembros padecen o bien de epilepsia o bien de sífilis (pero no de  ambas), ya que Juan sufre de paresia. A la pregunta: “¿Por qué él desarrolló  paresia?”, se responderá: “porque tenía sífilis” o “porque tenía epilepsia”,  dependiendo de cual de las dos respuestas se ajuste mejor a la realidad.  Sin embargo, afirma Van Fraassen: “con toda la demás información que tenemos,  la probabilidad de que Pérez contrajera la paresia está ya establecida  como 0,1, y está probabilidad no se modifica si no se nos dice además,  pongamos por caso, que el tiene una historia de sífilis” (Van Fraassen,  1996:138). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De las dos respuestas que pueden obtenerse en este ejemplo, sólo una explica  legítimamente la aparición de paresia. Sin embargo, su aparición en Juan  Pérez no altera el grado de probabilidad de que éste sufra de paresia.  Esto significa, a diferencia de lo expresado por Salmon, que el hecho de  que una circunstancia resulte ser un factor estadísticamente relevante  no es condición necesaria para que éste se convierta en un <I>explanans</I> inobjetable. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>3.1. El problema de la causalidad</B> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">  En la introducción se había dejado claro como para la mayoría de los filósofos  de la ciencia el término explicación estaba estrechamente asociado a la  explicación del “porqué” de los hechos, considerándose sólo explicación  científica aquella que busca su marco y conceptos de referencia únicamente  en las <I>relaciones causales</I>. Van Fraassen, va a cuestionar categóricamente  a las distintas concepciones de la causalidad que han estado asociadas  con los modelos tradicionales de explicación científica, ya que, para él:  “Cuando algo se cita como una causa, ello no implica que sea suficiente  para producir el suceso (para garantizar su ocurrencia)” (Van Fraassen,  1996:144). En otras palabras, Van Fraseen cuestiona la posición asumida  desde el punto de vista tradicional, en el sentido de identificar la causa  como <I>conditio sine qua non</I>, a la hora de explicar un hecho. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Entender la causa como condición necesaria tampoco resuelve el problema,  ya que, en primer lugar, existen condiciones necesarias que no se considerarían  la causa de un fenómeno, por ejemplo, la existencia del cuchillo es una  condición necesaria para su oxidación, pero nadie aceptará la explicación  de que el cuchillo se oxidó por el simple hecho de existir; y en segundo  lugar, porque en algunos casos lo que se identifica con la causa de un  hecho no puede ser condición necesaria para su ocurrencia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Con el fin de resolver este problema de la relación causal, J.L.Mackie  (1965), propuso la definición de causa como: “La parte insuficiente pero  necesaria de una condición innecesaria pero suficiente” (citado por Van  Fraseen: 1996:144). No obstante, para Van Fraassen, tampoco con esta definición  se logra una caracterización adecuada de la causalidad. En el caso del  ejemplo del cuchillo, es evidente que su existencia es un factor necesario  pero <I>insuficiente</I> del conjunto de circunstancias que constituyen una condición  suficiente aunque no necesaria para su oxidación. Sin lugar a dudas, nadie  afirmaría que la oxidación del cuchillo se debió a su existencia. Según  el parecer de Van Fraassen, esto se debe a que: “en primer lugar, no toda  condición necesaria es una causa; y en segundo lugar, en algún sentido  muy directo una causa puede no ser necesaria, a saber, causas alternativas  podrían haber llevado al mismo resultado” (Van Fraassen, 1996:144). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Otra de las definiciones de causalidad rechazadas por Van Fraassen, es  la propuesta por David Lewis (1973), quien intento definir la causalidad  en términos de <I>condicionales contrafácticos</I>. Lewis, sugirió que la información  “A causó B” es equivalente a la proposición “Si A no hubiera ocurrido,  B no habría ocurrido”. Van Fraassen, cree que este tipo de equivalencias  no pueden ser pensadas en términos de la lógica tradicional como si se  anunciara que A es una condición necesaria para que B ocurriera. El “Si........entonces”  no corresponde, observa Van Fraassen, con ninguno de los tipos de implicación  conocidos por la lógica tradicional, ya que estos obedecen a la <I>ley de  debilitamiento</I>, según la cual: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">                      Si A entonces B. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">                    Se puede inferir, </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">              (1) Si C y A, entonces B. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero, puesto que, en el lenguaje natural no rige la ley de debilitamiento,  la lógica tradicional no refleja las propiedades de las condiciones que  usamos en este tipo de lenguaje. Es por eso, que cualquier persona suscribiría  la verdad del enunciado: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">              (2) Si el cerillo se frota, entonces encenderá. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero se negará a aceptar lo que sería su consecuencia, si se atiene a la  ley de debilitamiento. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">              (3) Si el fósforo se moja en el café y se frota, encenderá. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Van Fraassen cree, que el hecho de que esta ley no pueda aplicarse a los  condicionales del lenguaje ordinario es debido a que llevan consigo una  cláusula tácita de <I>ceteris paribus</I> (si nada interfiere). Se le da este  nombre al supuesto de que todas las circunstancias que componen el hecho  mencionado en el antecedente permanecen siempre sin alterarse. Es por esto,  que el efecto lógico de esta cláusula impide que la ley de debilitamiento  sea aplicable al lenguaje natural. Así, por ejemplo, el enunciado (3) daría  lugar, si se aplicara esta cláusula al siguiente condicional contrafáctico: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> (4) Si el cerillo se hubiese frotado (y las demás circunstancias                hubiesen permanecido iguales), entonces se habría encendido. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La posibilidad de afirmar que igualmente se hubiese encendido si se hubiese  mojado y se le frotara, queda descartada, dado que la acción de mojarla  violaría la permanencia de circunstancias que impone la cláusula <I>ceteris  paribus</I>, colocada entre paréntesis. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A juicio de Van Fraassen, la posibilidad de que estos problemas puedan  resolverse, siguiendo el camino de la lógica tradicional o el tratamiento  formal de los condicionales contrafácticos, como propone Lewis (1973),  son remotas. Los intentos por establecer las condiciones de verdad de los  enunciados condicionales del lenguaje natural fracasan al desconocer que  tales condiciones están determinadas por el contexto en que surgen. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En efecto, ya sabemos que los condicionales del lenguaje ordinario llevan  implícito la cláusula <I>ceteris paribus</I>. Sabemos también que esta depende  del contexto, es decir, de lo que el hablante decida mantener inalterable.  Por tanto, es la variable contextual la que determina el contenido de la  cláusula, al tiempo, que es fundamental a la hora de establecer la verdad  del enunciado condicional. Suponer como pretende Lewis, que lo que queda  fijo es siempre lo mismo para cada hablante es un gravísimo error. Un condicional  contrafáctico podrá ser verdadero en el contexto C1 y falso en el contexto  C2, dado que su valor de verdad no esta condicionado por el enunciado en  sí, sino por factores pragmáticos, que dependen a su vez del contexto.  Al respecto, afirma Van Fraassen: “en algún momento se tuvo la esperanza  (….), de que los condicionales contrafácticos proporcionarían un criterio  objetivo de lo que es una ley de la naturaleza o, por lo menos, de lo que  es un enunciado legaliforme (o nomológico). Una verdad meramente general  debía ser distinguida de una ley puesto que ésta ultima, y no la primera,  es la que implica los contrafácticos. Esta idea debe invertirse: si las  leyes implican contrafácticos, entonces, dado que los contrafácticos son  dependientes del contexto, el concepto de ley no señala ninguna distinción  objetiva de la naturaleza” (Van Fraassen, 1996:149). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En base a estas observaciones, Van Fraassen llega a la conclusión de que  todo intento por caracterizar el concepto de causalidad sobre la base de  condiciones suficientes o necesarias, o por medio de condicionales contrafácticos,  es un intento condenado al fracaso. Propone, por el contrario, una reformulación  del concepto de causalidad en base a su estrecha relación con los factores  pragmáticos. Trataremos ahora, de explicar los aspectos más importantes  de esta concepción de la causalidad y su articulación en una teoría de  la explicación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>3.2. La explicación causal y su dependencia del contexto</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El modelo de la explicación científica propuesto por Van Fraaseen se apoya  básicamente en dos elementos fundamentales: Las ideas de Reichenbach y  Salmon sobre la causalidad y las características lógicas y pragmáticas  de las preguntas. La vinculación con la causalidad es natural si se toma  en cuenta que tradicionalmente “explicar” un fenómeno se ha entendido como  determinar los factores (principios causales) que los ocasionaron. En lo  que respecta al análisis de las preguntas, su vinculación radica en que  una explicación constituye básicamente una respuesta al <I>porqué</I> sucede o  sucedió un evento. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sobre la base de las aportaciones hechas por varios filósofos de la ciencia  (Bromberger, Achinstein, Hansson) en esta área, Van Fraassen, desarrolla  su modelo reafirmando la importancia que los factores pragmáticos o contextuales  poseen a la hora de fundamentar una buena explicación. Para Van Fraassen  explicar causalmente un hecho es: “Contar una historia de cómo las cosas  sucedieron y cómo, por así decirlo, los sucesos concuerdan entre si” (Van  Fraassen, 1996:143). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora, consciente de las insuficiencias que su concepto de relevancia explicativa  poseía a la hora de explicar un hecho, Salmon reelabora su teoría de la  explicación apoyándose en la teoría de la causa común de Reichenbach. Un  proceso causal es entendido en su nueva teoría como una serie espacio-temporal  continua de sucesos, igual al movimiento de un automóvil que se mueve a  lo largo del camino y cuya sombra se mueve a la par de él. La explicación  -según la nueva caracterización de Salmon- consistirá en mostrar la parte  relevante de la red causal que conduce a los sucesos que han de explicarse. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para Van Fraseen, a pesar de lo práctico que resulta la comparación de  la realidad propuesta por Salmon -como una compleja red en la que se encuentran  las series de eventos-, una explicación será sólo posible en la medida  que se realice una previa selección de las partes de la red que se consideraran  relevantes. De manera que, a la hora de explicar un evento: “la explicación  solamente tiene que decir que existe una estructura de relaciones causales  de cierto tipo, que podría en principio ser descrita en detalles: las características  relevantes son las que escogen el cierto tipo” (Van Fraassen, 1996:156).  Esto implica, que un mismo evento merecerá, de acuerdo a cuáles factores  sean considerados relevantes, explicaciones alternativas; pudiendo incluso  resultar varias de ellas adecuadas al mismo tiempo. En consecuencia, dirá  Van Fraassen, que un mismo suceso podrá tener varias causas de muy diversa  naturaleza. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, Van Fraassen cree que la elección del factor causal relevante  no puede reducirse simplemente a señalar aquel que parezca más interesante.  Los factores explicativos deben escogerse entre una gama de factores <I>objetivamente  relevantes</I> para alguna teoría científica. Esto significa, que: “ningún  factor es relevante explicativamente hablando, a menos que sea científicamente  relevante, y entre los factores científicamente relevantes el contexto  determina aquellos que son relevantes explicativamente” (Van Fraassen,  1996:158). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>CONCLUSIONES</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En el recorrido que hemos realizado a lo largo de este trabajo hemos intentado  mostrar la importancia que tiene para toda actividad científica el acto  de explicación. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar, que la búsqueda  de explicaciones adecuadas es uno de los principales motivos que impulsa  la actividad científica. De allí, que la consideración en torno a la naturaleza  y propósito de las explicaciones sea tema obligado en cualquier discusión  sobre las funciones que debe cumplir toda ciencia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Nunca fue nuestra intención la de exponer todos los aspectos que marcan  la continuidad de tratamiento que se le ha dado al tema. Por el contrario,  sólo se ha querido mostrar algunas de las facetas que ilustran las grandes  dificultades con las que se han encontrado todos aquellos que han intentado  establecer criterios metodológicos universales para la regulación de esta  práctica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los defensores del modelo nomológico, por ejemplo, están convencidos que  su patrón metodológico es aplicable a todas las disciplinas fácticas. Hempel  encarna el ideal de muchos filósofos de la ciencia, según el cual, el conocimiento  científico queda circunscrito a aquellas disciplinas que puedan confirmarse  a través de la experiencia, de allí su esperanza de que todas las ciencias  puedan unirse en base a un patrón metodológico de explicación único. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, hemos visto también como este ideal ha sido objeto de rigurosos  cuestionamientos. Los defensores de que la conducta humana individual,  social o histórica, se rige por principios diferentes a los propuestos  por el modelo de Hempel, insisten en la necesidad de defender el pluralismo  metodológico, rechazando cualquier patrón unitario de explicación para  la conducta humana. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Uno de los méritos del modelo pragmático propuesto por Van Fraassen, es  que permite una mejor comprensión de los factores que condicionan la aceptación  o rechazo de una explicación, resolviendo de esta manera, algunos de los  malentendidos vinculados con el término. Uno de estos, es el que se refiere  al hecho de que algunas explicaciones pueden resultar aceptables bajo la  noción vulgar del término y, no obstante, no ajustarse a las exigencias  del modelo de Hempel. El modelo pragmático de Van Fraassen, muestra en  términos generales, que no existe diferencia entre las explicaciones que  hacemos a diario y las explicaciones que realizan los científicos, salvo  que, estas últimas se apoyan en sólidas teorías científicamente confirmadas.  Esto significa, que quien construya una teoría de la explicación científica  podrá apartarse de las limitaciones que impone el uso vulgar del término,  siempre que el resultado sea de alguna manera provechoso. Este enfoque  indica claramente que las exigencias que han de enmarcar toda explicación  estarán condicionadas siempre por el contexto. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Pero si toda explicación se encuentra condicionada por los intereses y  convicciones que cada actor adopta en relación a una serie de circunstancias  que van más allá del tópico de la explicación, es decir, si toda explicación  está condicionada por el contexto de intereses que cada actor aporta en  relación al problema que intenta explicar; ¿no indica esto, que toda caracterización  que se haga sobre la explicación no podrá reducirse a una única valoración  crítica? </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como puede apreciarse, todo parece indicar, que la posibilidad de articular  un patrón metodológico de explicación único, susceptible de ser aplicado  a todas las ciencias, continúa siendo sólo un ideal. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Referencias Documentales</B> </FONT></P>      <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1. ACHISTEIN, P. 1989. <B>La naturaleza de la explicación</B>. F.C.E. México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474617&pid=S1012-1587200700020000900001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. BAKER, G.; CLARK, L. 1994. <B>La explicación. Una introducción a la Filosofía  de la Ciencia.</B> F.C.E. México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474618&pid=S1012-1587200700020000900002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3. BUNGE, M. 1973. <B>La Ciencia su Método y su Filosofía. </B>Siglo XXI. Buenos  Aires. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474619&pid=S1012-1587200700020000900003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4. DAMIAN, L. 1997. <B>Epistemología y Ciencia en la Modernidad.</B> FACES-UCV. Caracas. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474620&pid=S1012-1587200700020000900004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5. DIEZ, J. y MOULINES, U. 1999. <B>Fundamentos de Filosofía de la Ciencia</B>. Ariel.  Barcelona. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474621&pid=S1012-1587200700020000900005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. HANSON, N.N. 1985. <B>Patrones del descubrimiento: investigación de las bases  conceptuales de la Ciencia</B>. Alianza. Madrid. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474622&pid=S1012-1587200700020000900006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7. HEMPEL, C. 1996. <B>La explicación científica. Estudios sobre la Filosofía  de la Ciencia</B>. Paidós. Barcelona. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474623&pid=S1012-1587200700020000900007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8. HEMPEL, C. 1977. <B>Filosofía de la Ciencia Natural</B>. Alianza. Madrid. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474624&pid=S1012-1587200700020000900008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. LAMBERT, K. Y BRITTAN, G. 1975. <B>Introducción a la Filosofía de la Ciencia</B>.  Guadarrama. Madrid. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474625&pid=S1012-1587200700020000900009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10. LEWIS, D. 1973. “Causation”. <B>Journal of philosophy</B>. 70:550-563. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474626&pid=S1012-1587200700020000900010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11. NAGEL, E. 1997. <B>La estructura de la Ciencia. Problemas de la Lógica de  la Investigación Científica.</B> Paidós. Barcelona. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474627&pid=S1012-1587200700020000900011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12. VAN FRAASSEN, B. 1996. <B>La imagen Científica</B>. Paidós. Barcelona. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1474628&pid=S1012-1587200700020000900012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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