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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Elementos de significado en la visita de la región andina]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This study interprets the communicative situation of the visit as a symbolic practice where affects, goods and services are exchanged. For this purpose, we analyze the visit from qualitative point of view. The visit is a temporary conjunction ritual, which is preceded by the movement of the visitor towards the space of the visited. The visit is a text which is limited by the initial salutation and the farewell, representing the symbolic umbrages of the same. It is a renewal of the continuity of affection, or of the membership in the laic or religious community.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>Elementos de significado en la visita de la región andina</B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I><B>Alexandra Álvarez y Thania Villamizar</B></I></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I>Universidad de Los Andes, Venezuela&nbsp; alvarezmuro@gmail.com</I></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Resumen</B></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En este trabajo se interpreta la visita como una práctica simbólica en  la que se intercambian afectos, bienes y servicios. La metodología utilizada  es cualitativa. La visita es un ritual de conjunción momentáneo precedido  por un movimiento del visitante hacia el espacio del visitado. Se trata  de un texto limitado por el saludo y la despedida, que representan los  umbrales simbólicos de la visita. Pretende renovar y mantener la continuidad  del apego o la demostración de membrecía en la comunidad laica o religiosa.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras claves:</B> visita, cultura, discurso.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Significant elements of the visit in the andean region</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> This study interprets the communicative situation of the visit as a symbolic  practice where affects, goods and services are exchanged. For this purpose,  we analyze the visit from qualitative point of view. The visit is a temporary  conjunction ritual, which is preceded by the movement of the visitor towards  the space of the visited. The visit is a text which is limited by the initial  salutation and the farewell, representing the symbolic umbrages of the  same. It is a renewal of the continuity of affection, or of the membership  in the laic or religious community. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key words:</B> visit, culture, discourse.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 01 de marzo de 2007   •   Aceptado: 04 de marzo de 2008</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>INTRODUCCIÓN</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hay actividades humanas que los miembros de una comunidad reconocen como  recurrentes y significativas. Estas situaciones comunicativas son generalmente  variables a través de las culturas y no necesariamente se dan en todas  ellas. Podemos citar, por ejemplo, los rituales de diversa índole, como  la celebración de los nacimientos, algunos rituales de pasaje, las alianzas  matrimoniales, los entierros y rituales específicamente religiosos —entre  otros, las misas y las paraduras—. Todas estas ceremonias parecen ser bastante  generales, salvo las misas que se dan solamente en aquellas culturas en  las que la religión católica es la religión oficial, y las paraduras (1),  aún más restringidas, que se celebran solo en algunas regiones andinas  venezolanas. Entre estas ceremonias, probablemente universales, está <I>la  visita</I>: el ir a ver a alguien por amistad o por algún otro propósito.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En los Andes venezolanos frecuentemente se visita. Es un ritual tan esperado  que es común entre amigos hacerse la pregunta: <I>¿Cuándo me visita?</I>, lo cual  puede resultar extraño para quienes no son del lugar y pueden sentirlo  como una exigencia. No obstante, la pregunta resulta casi una invitación  entre los miembros de la comunidad. Así, tanto por la importancia que tiene  la visita en este medio como por las singulares características de este  evento comunicativo vinculadas al contexto socio-cultural, resulta de interés  el estudio de la visita como evento comunicativo para las investigaciones  etnográficas y discursivas sobre la región. Resulta de interés porque se  considera que hay una relación necesaria y recíproca entre el contexto  en el que se produce el discurso y el contexto que a su vez es generado  por este. En palabras de Landowski (2002:166): </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De hecho, lo que “desde adentro” hace que un discurso tenga sentido es  aquello que aflora. Ello da sentido. Las relaciones sólo pueden ser del  orden de la determinación recíproca y dialéctica: un discurso sólo adquiere  sentido en cuanto reconstruye significativamente, como situación de interlocución,  el propio contexto interior en el cual se inscribe empíricamente su producción  o su aprehensión (2). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si bien hay muy poca información sobre <I>la visita</I> como situación comunicativa,  hay visitas recordadas por la religión y conservadas en las artes plásticas.  Para nombrar solo algunas, el catolicismo celebra la visita que hace el  Ángel a María para anunciarle el nacimiento de su hijo, Jesús; igualmente,  destaca la visita de María a su Madre, Ana, con el propósito de darle a  conocer la noticia. En literatura destaca la escena proustiana <I>—Á la recherche  du temps perdu: Combrai—</I> en la que las señoritas de Guermantes quieren  agradecer la botella de vino de Asti al señor de Swan; y en la narrativa  de Teresa de la Parra recordamos la visita de Mercedes a Abuelita en <I>Ifigenia</I>.  Conocemos en pintura <I>La visita del fraile</I>, de Goya; <I>El anuncio del Ángel  a Santa Ana</I>, de Giotto, y numerosas imágenes donde lo representado es esta  situación que genera un encuentro. Asimismo, hay guiones cinematográficos  que tienen como objeto la visita: <I>La visita de la vieja dama</I>, de Friedrich  Dürrenmatt, es un clásico del filme. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este trabajo tiene como objetivo interpretar la visita como una práctica  simbólica, específicamente en la región andina Para ello nos acercaremos  al tema con un enfoque cualitativo, específicamente desde la Antropología  cultural, tomando algunas propuestas teóricas para el análisis del discurso  de la cortesía. Se trabajó con base en un corpus recogido en la región  urbana de Mérida (Álvarez y Villamizar, 2004), así como en el trabajo etnográfico  realizado por Villamizar en la zona de El Paramito, comunidad rural de  la zona andina (Villamizar, 2006; Villamizar, en preparación). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>FUNDAMENTOS TEÓRICOS Y METODOLOGÍA</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Entenderemos la visita como un evento comunicativo, de acuerdo con Duranti  (1991), como “… una unidad de conducta pública que es reconocida por los  participantes como una unidad separada y en donde los hablantes marcan  el comienzo y el fin así como las sub-partes”. También, según el mismo  autor, es una unidad de organización social “definida frecuentemente por  convenciones espaciales y temporales”. Además, en este evento las acciones  de los participantes toman lugar en presencia de otros y son obligadas  por la presencia de otros. De igual manera, consideraremos la visita un  evento comunicativo ritualizado, tal como lo propusimos en Álvarez y Villamizar  (2004), que se desarrolla como un ritual de interacción social. De acuerdo  con la definición de Goffman (1979:78): “El ritual es un acto formal, convencionalizado,  mediante el cual un individuo refleja su respeto y su consideración por  un objeto de valor último a ese objeto de valor último o a su representante”. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A lo anteriormente expuesto debemos agregar que es un evento de cortesía,  y por lo tanto, el trabajo se inserta en esta línea de investigación. Trabajaremos  con dos nociones fundamentales en el análisis del discurso de la cortesía,  que son la noción de <I>imagen,</I> tal como la ha propuesto Goffman (1970), y  las nociones de <I>cortesía positiva</I> y<I> cortesía negativa</I>. Este autor plantea  la noción de cara o imagen y propone dos lados de la cara: la imagen positiva,  entendida como el deseo de que los actos de uno sean aprobados, y la segunda  o imagen negativa, comprendida como el deseo de que uno no vea impedido  sus actos. A partir de estos planteamientos, Brown y Levinson (1977) conforman  las nociones de cortesía positiva y cortesía negativa, tomando en consideración,  asimismo, las distinciones que hace Durkheim (2001) entre rito positivo  y rito negativo. No exactamente coincidentes son las nociones acuñadas  por Bravo (1998): <I>cortesía valorizante </I>y <I>cortesía de evitación, </I>que, sin  embargo, expresan quizás mejor la función de la cortesía desde ambos puntos  de vista, la de rendir tributo y la de respetar el territorio. Asimismo,  la teoría de la cortesía ha incorporado, más adelante, una visión de la  diversidad que no tenía antes, una línea de investigación también desarrollada  por Bravo (1999, 2003) y muchos otros investigadores. Es esta ampliación  de la visión cultural lo que nos permite aplicar estos conceptos a la región  rural andina. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En el caso de la visita, la cortesía positiva se corresponde con el acercamiento  que hace el visitante a la casa del visitado, en función de honrarlo, llevarle  un regalo, preguntar por su salud, etcétera. En cambio, la <I>cortesía negativa  o de evitación </I>obedecería, en la misma situación comunicativa, a las interdicciones  territoriales que tiene el visitante para asegurar que no haya una invasión  de su territorio ni del otro; estas normas son denominadas por Goffman  (1979) como las <I>normas de evitación o respeto a los territorios del yo</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El análisis se sustenta en un corpus de entrevistas semielicitadas sobre  creencias acerca de la visita y recogido en la ciudad de Mérida y también  durante el trabajo etnográfico realizado en la comunidad indígena de El  Paramito, ubicada en el municipio autónomo Miranda de Timotes, estado Mérida  (Villamizar, 2006; Villamizar, en preparación). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Presentaremos el análisis en cuatro partes: las acciones que definen el  evento como tal, el don y la visita, consideraciones sobre el tiempo y  el espacio (los umbrales del evento) y, finalmente, algunas consideraciones  sobre las pasiones, para lo cual tendremos en consideración conceptos propuestos  por Fabbri (2000). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Las acciones</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">  La Real Academia Española define “visita” como: 1. f. Acción de visitar,  y en su segunda acepción: 2. f. Persona que visita. La clasificación que  hace la Real Academia Española (RAE) de las visitas comprende visitas eclesiásticas,  judiciales, médicas y las visitas de cortesía; estas últimas también son  llamadas “de cumplido”, que se hacen “como muestra de cortesía y respeto”.  Por otra parte, el verbo “visitar” (del lat. <I>visitâre</I>) se encuentra definido  en el <I>Diccionario</I> de la Real Academia Española (Drae) como: ir a ver a  alguien en su casa por cortesía, ir a un templo por devoción, así como,  en las visitas judiciales, informarse el juez personalmente, y en las médicas  ir a ver al enfermo (3). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La visita está determinada por la presencia real de una persona o de un  grupo de personas en la casa, lugar de trabajo, sede de otro. Consiste  en <I>ir a ver a otro, estar donde el otro</I> en presencia de aquel y en su conjunto.  Por lo tanto, el acto de la visita implica por sí mismo un desplazamiento  y la reunión de visitante y visitado; constituye un símbolo, de ahí la  discursividad de la visita. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La visita representa un encuentro puntual entre sujetos que se hallaban  o se hallan normalmente separados, una conjunción momentánea o al menos  temporal. En cuanto al tiempo, se sobrentiende como un lapso en el cual  al menos dos sujetos, el visitante y el visitado, se reúnen. La visita  está limitada por un momento inicial y un momento final, que son el saludo  y la despedida. Por ello puede decirse que la visita está signada por una  marca de transitoriedad, porque desde su comienzo se sabe que tiene un  tiempo limitado que puede ser muy breve, como la llamada <I>visita de médico,  </I>aunque refiera a una visita de cortesía corta, hasta la visita de varios  días, sea de familiares que viven en lugares distantes o aun de jefes de  Estado. La variación en la duración de la visita puede quizás relacionarse  con factores como la función de la visita, el hecho de que esta sea urbana  o rural o con la intimidad de ella.</FONT></P>      <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/op/v24n55/art07fig1.gif" width="159" height="145"></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2" COLOR="#231f20"><b>     
<p ALIGN="center">Goya: La visita del fraile.</p> </b></font>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La visita implica una reunión. No se consideraría como visita el estar  en la casa de alguien cuando no está presente el visitado, pues se supone  que la visita no se concreta realmente si no están presentes al menos los  dos sujetos, el visitante y el visitado. Puede otra persona recibir la  visita (la esposa, el hijo, etcétera) en representación del visitado; por  ejemplo, en el caso de un enfermo, de modo que alguien cumple su papel.  De igual manera, en la visita del templo se supone que la deidad está presente  en espíritu. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Carreño (2001) entiende que vale como visita el pasar por la casa de quien  no se sabe ausente y dejar una <I>tarjeta de visita,</I> y aunque esto a nuestro  juicio sea un ritual muy exclusivo o elitesco, probablemente caído en desuso  en Venezuela, implica de todas formas la conjunción de un sujeto con otro  simbolizado por una tarjeta con su nombre impreso o escrito a mano, y eventualmente  con un saludo y la expresión del motivo de la visita. Es similar a la conjunción  de dos sujetos discursivos cuando ocurre por medio de la carta y cuyo encuentro  sucede sin que los interlocutores estén en el mismo lugar (Landowski, 2002). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, una función esencial de la visita (4) en cuanto a la presencia es  la función fática, que representa el contacto, aunque no sea la única (también  hay funciones informativas: las que ocurren en la visita del médico o la  del oficial que viene a participarle a la familia la muerte del soldado;  o funciones expresivas en la visita de pésame, porque se viene a decir  lo que se siente). Lo importante, como en la visita de embajadores, es  la visita misma, la presencia. Lo mismo ocurre en la visita de Estado,  durante la cual si bien pueden ser relevantes los convenios, tratados,  etcétera, firmados en la ocasión, lo esencial parece ser la conjunción  de las dos entidades para manifestar adhesión, apoyo… </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>La visita como don</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Nos referimos al acto mismo de la visita como un don. Al respecto dice  el Drae: obsequio —pagar alguien la visita<B> </B>a otra persona—. 1. fr. Corresponder  a quien le ha visitado, haciéndole igual obsequio. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Entendida la visita como un don, es, por lo tanto, también un ritual de  cortesía positiva. La visita es también un don en los términos propuestos  por Mauss (1979) para las sociedades “arcaicas”, entendido como un sistema  de contraprestaciones que funciona en la tríada dar-recibir y devolver…  un regalo que en las culturas tradicionales forma parte del reforzamiento  de las relaciones sociales. Así, observamos que en la zona rural, y también  entre muchas familias en la ciudad, se visita y se espera una reciprocidad  en cuanto a la realización del ritual. Es común oír la frase <I>me debe una  visita. </I>En la región del El Paramito observamos que existe una visita del  día a día, que hemos denominado <I>visita cotidiana</I>, fenómeno generalizado  en la zona rural y que también observamos en algunos sectores de la ciudad.  Apreciamos que existe una circulación de estas visitas en cada uno de los  núcleos familiares; por lo tanto, la ausencia de <I>la visita</I> es un signo  de algún malestar en la relación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En la visita se ofrecen dones que van desde ofrecer comida o llevar flores  y regalos hasta ofrecer solidaridad, unión... Particularmente, en esta  visita cotidiana de la zona rural se intercambian frecuentemente afectos,  bienes y servicios. Los bienes que circulan en el intercambio pueden ser  necesarios: alimentos, pastillas para cuajar la leche, instrumentos de  trabajo. También pueden utilizarse como dones otro tipo de bienes, como  las plantas, los dulces, algún pan especial o el bizcochuelo, dones que  se suelen llevar en aquellas visitas más ritualizadas y que no se considerarían  como bienes necesarios, sino más bien como no necesarios, de los cuales  importa más lo que representan que su valor real. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por ser un ritual de cortesía valorizante y para respetar el principio  de reciprocidad que conlleva el don, el anfitrión, por el “don de la presencia”  del otro y por los regalos o dones recibidos, tiene el deber de ofrecer  atención, hospitalidad, brindar café, dulce o un jugo de frutas. Esto varía  según los distintos tipos de visitas, pero sobre todo ocurre en la visita  cotidiana. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las normas que se evidencian en el ritual de la visita refieren a las prácticas  de la cortesía como formas marcadas del comportamiento social. Las prácticas  de la visita considerada como un don serían prácticas de la <I>cortesía valorizante  </I>(Bravo, 1999), que corresponden en los rituales de la vida cotidiana a  aquellos positivos planteados por Goffman (1970). En el transcurso de la  visita puede haber a su vez otros elementos de cortesía o de su contrario,  la descortesía, o inclusive elementos no corteses, es decir, aquellos actos  que corresponden a la competencia social general (Álvarez, 2005). Están  frecuentemente en juego el cuidar la imagen del visitado y cuidarse la  propia imagen: se queda bien cuando se visita. Pero este hecho no es siempre  un ritual de cortesía, como es el caso de la visita médica, aunque se realice  en la casa del enfermo (5), o incluso en muchas ocasiones referidas a la  visita rural cotidiana, cuando lo que se quiere es intercambiar bienes  materiales.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si bien es, como decimos, un ritual positivo o valorizante en su origen,  hay también elementos de cortesía negativa, de evitación, como son el respeto  de los territorios vedados, los espacios de la casa a los que no tendría  acceso el visitante, y el tiempo del otro: <I>ya he ocupado demasiado su tiempo,  ya lo he molestado…</I>, frases que son fórmulas rituales frecuentes para terminar  la visita. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Los sujetos</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora bien, hemos hablado de dos sujetos discursivos que se construyen  durante el acto de la visita: el visitado y el visitante. Están involucradas  dos partes: A y B, el (los) visitante(s) y el anfitrión. A se desplaza  hacia el lugar de habitación de B, ya sea para saber de B, para demostrar  su afecto, su consideración o su respeto o con un objetivo más concreto:  ver un enfermo, pedir un favor o dar una felicitación. Los sujetos discursivos  en este evento comunicativo son el “anfitrión” y el “huésped” o “visitante”  (6). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como vimos, el ritual de la visita representa un encuentro en un lugar  determinado, que a su vez determina la construcción de los sujetos de la  enunciación. <I>El visitado</I> es generalmente el dueño o habitante del espacio  donde sucede la visita, mientras <I>el visitante</I> —llamado <I>visita</I> por el Drae—  se traslada a la casa del <I>visitado</I>. Este espacio, de la misma forma que  el tiempo, es cedido retóricamente por el <I>visitado</I> al <I>visitante</I>: se le  permite la entrada al lugar y por ese lapso puede <I>tomar posesión </I>de él.  Existen algunas fórmulas de cortesía expresadas por el visitado durante  el evento, que manifiestan esa cesión transitoria del tiempo y el espacio:  <I>Está en su casa, la casa es suya, haga como si estuviera en su casa.</I> Es  una cesión del territorio propio —ficticia, claro está—, transitoria y  condicionada, al visitante: las condiciones están establecidas por las  normas del grupo, que no se explicitan verbalmente cuando se ofrece el  territorio, pues se supone que visitante y visitado manejan las mismas  reglas. Esto debe ocurrir mientras el visitado se encuentre en el lugar:  de no tenerse la venia del visitado, podría considerarse como una intrusión. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A diferencia de la carta, durante la visita el acto de presencia es real,  porque en realidad se da la conjunción entre las personas. De allí la brevedad  de la visita —dado que es la toma de posesión de un territorio ajeno— y  la cesión por la otra parte, hecho que puede resultar molesto si se alarga  demasiado: las visitas, reza un dicho popular, <I>son como el pescado: hieden  al tercer día.</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El visitado es, por tanto, la persona que permanece inmóvil y el visitante  es quien se dirige hacia el lugar del visitado, de forma que el movimiento  hacia, y la estaticidad, son rasgos distintivos de los sujetos. Las acepciones  de la RAE, aun cuando no todas se corresponden con la visita cotidiana,  nos interesan especialmente, para hacer notar el predominio de los verbos  de movimiento, como <I>ir a: ir a ver a alguien en su casa, ir a un templo  o santuario, ir a casa del enfermo, ir a algún país, ir a la cárcel para  enterarse; </I>y<I> acudir —acudir a la visita los presos—.</I>Dice <I>enviar </I>en el caso  de Dios, por lo metafórico de la expresión. Asimismo, es frecuente en la  definición el adverbio <I>personalmente</I>, <I>informarse personalmente, </I>para hacer  ver la presencia real del visitante en el lugar de la visita. Sin embargo,  y aunque se trata de otro nivel, recordemos las visitas en el marco religioso:  Dios visita a sus fieles, y así tenemos la visita del Espíritu Santo a  María, o la visita del ángel a Santa Ana para anunciarle la buena nueva,  o las apariciones de la Virgen y de los santos, que podrían considerarse  visitas de reciprocidad a cambio de la adhesión del fiel a sus creencias. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El visitado puede salir al encuentro del visitante hasta la puerta de la  casa, y al finalizar el evento, allí mismo despedirlo. Pero en todo caso,  permanece en los límites del espacio simbólico, el territorio del visitado.  La conjunción está precedida por el movimiento espacial hacia la frontera,  el límite del lugar, que normalmente es la puerta de la casa o la reja  del jardín. Así describe Teresa de la Parra la visita de Mercedes a Abuelita,  en <I>Ifigenia, </I>cuando el encuentro va precedido por el movimiento deliberadamente  pausado de la anfitriona hacia la visitante, con la finalidad de hacerlo  más ceremonioso. </FONT></P>      <p align="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/op/v24n55/art07fig2.gif" width="246" height="223"></p>     
<p align="center"><font face="Verdana" size="2">Giotto: El anuncio del ángel a  Santa Ana.</font></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En efecto, no bien apareció Mercedes a contraluz en el umbral de la puerta,  cuando Abuelita se puso majestuosamente de pie, salió a su encuentro, la  aguardó un segundo en el centro del salón, justo bajo la araña, y entonces,  allí, sonreída, tal cual si nada hubiese ocurrido nunca entre ellas, borró  en un trazo firme todo el pasado, al abrazarla diciendo con una elegancia  digna de Fray Luis de León: —¡Siempre tan linda, Mercedes! (I:159). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">  En la visita el movimiento no es espiritual (no lo es siquiera en el caso  de la tarjeta de visita y la carta, que son elementos materiales), sino  un desplazamiento real hacia la casa del otro y una estadía en el lugar  del otro, lo que determina que un acto pueda considerarse una visita. Entendemos  entonces que hay, además de la conjunción con el otro, dos elementos claves  en la concepción de la visita: <I>el desplazamiento hacia y la permanencia  en el lugar de otro.</I> Podríamos aquí abrir un espacio para otras formas  de conjunción que llevan el nombre de visitas (la visita telefónica, por  ejemplo) y en las que nadie se “mueve” de su casa o de su oficina. Sin  embargo, la “llamada” puede considerarse un movimiento virtual que produce,  al menos, una conjunción. Pero esto merece la pena revisarlo, porque probablemente  no se trata de una visita en sí, sino de una denominación metafórica relacionada  con la acción ejercida por quien llama. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora bien, los sujetos son dinámicos y están determinados por la acción  que ellos ejercen. Hemos determinado que el sujeto que se desplaza es el  visitante —<I>la visita— </I>y el que permanece fijo es el visitado; sin embargo,  la condición no es permanente y en algunas culturas, como la merideña,  es necesaria la alternabilidad de los roles para el buen funcionamiento  de la relación social. El no devolver la visita se considera como una indicación  de que no se quiere proseguir la sucesión de visitas, sucesión que se considera  deseable si nos atenemos a una de las fórmulas de despedida más usuales  en la región: <I>¿Cuándo vuelve?</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Cabe señalar que estos sujetos tienen frecuentemente un poder desigual.  Así es en el caso de la visita religiosa, la judicial y la médica. En estas  visitas hay un “ascenso” del visitante hacia el visitado, de mayor poder  cuando el visitado es una de esas autoridades. Claro está que estas autoridades  también pueden ser visitantes, y entonces la distribución del poder sería  lo opuesto y se produciría un “descenso” hacia quienes se constituyen en  los sujetos del fiel, el acusado o el paciente. A menudo se trata de visitas  solidarias, pero también de visitas donde priva el respeto, como aquellas  que se les realizan a los ancianos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">  Asimismo, los roles de visitado y visitante llevan implícitas ciertas  obligaciones de dirección, mando, protección, <I>obediencia, colaboración,  entrega de regalos o de pagos en las ocasiones apropiadas, etcétera </I>(Mair,  1973). Cuando comenta sobre su papel como anfitrión, uno de los informantes  nos dice: “Uno es anfitrión, tiene que atenderlos, tiene que salir con  ellos, tiene que estar pendiente, ya tú no puedes hacer lo que usualmente  haces, porque tú tienes gente en la casa… Cuando vienen de lejos trato  de planificar esa visita, o sea, que ellos puedan compartir conmigo, que  ellos puedan conocer otros lugares, que podamos pasear, o sea, que ellos  se sientan a gusto al visitarme…” (infor. 5). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los roles que representan los sujetos —visitado y visitante— también están  en estrecha relación con la imagen, tanto con la imagen que la persona  espera que sea reforzada como con el territorio que espera que no sea invadido  (7). Así, Pitt-Rivera (1979:165) señala que: “<I>Los papeles de anfitrión  y huésped tienen limitaciones territoriales. Un anfitrión lo es sólo en  el espacio sobre el que en una ocasión determinada tenga derecho a la autoridad,  fuera de él no puede mantener su papel. Un huésped no puede serlo en un  terrero sobre el que tenga derechos y responsabilidades</I>”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como vimos al principio, los sujetos se proponen un “encuentro limitado”  que está relacionado con el estar juntos, aunque algunas visitas estén  condicionadas por algún aspecto informativo o bien persuasivo. En todo  caso, se trata de un contrato de aspecto puntual y con condición de reciprocidad,  porque si la amistad es mutua, la acción de los sujetos es recíproca y  reiterativa: el visitante de ahora se convierte en el visitado después  y así sucesivamente. De ahí que incluso el Drae registre la expresión <I>pagar  alguien la visita a otra persona, </I>como “corresponder a quien le ha visitado,  haciéndole igual obsequio”. Al menos así es en las visitas laicas: el embajador  que visita a su llegada el país donde está destinado, es visitado luego  por los embajadores a quienes ha visitado; lo mismo hacen las esposas de  los embajadores. El presidente que visita un país es generalmente visitado  luego, aunque aquí quizás no se cumpla la reciprocidad, porque de alguna  manera las visitas oficiales no son solo visitas del ser, sino que también  cumplen otras funciones, como del hacer-hacer, el persuadir al visitado  a que ofrezca empréstitos o que condone deudas, o bien a que firme alianzas  o apoye gestiones diplomáticas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Restricciones y umbrales: el tiempo y el espacio</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La visita implica la transposición, por parte del visitante, de ciertos  límites de los territorios del visitado. Límites territoriales referidos  al uso del tiempo y del espacio. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las visitas cotidianas urbanas se dan en las horas dedicadas a las labores;  son las del día, las de la tarde o las de las noches, que son las horas  dedicadas al esparcimiento, al descanso y a las visitas —referencia que  también aparece en Carreño (2001)—. Son las horas no útiles del día, pero  no incluyen ni la noche ni la madrugada, destinadas al sueño. Los informantes  señalan como violación, por parte del visitante, el traspaso <I>de los límites  establecidos en relación con el tiempo</I>, tales como infringir las horas  de comida y descanso, visitar en las mañanas y las horas de trabajo, o  alargar exageradamente la visita. No está permitido dejar solo al visitante  durante la realización de la visita: esto significaría una brecha en la  atención y también en la ocupación del tiempo del visitado, que exige el  visitante. Cabe señalar que esto no se observa en la visita cotidiana rural,  que se despliega a través de todas las horas del día, posiblemente por  las características mismas de una aldea, por ser una región fría y porque,  como vimos, en ella se intercambian también bienes materiales y servicios  necesarios que no permiten esperar. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Otro punto que debe ser considerado es el espacio, que es limitado: se  usa el de la casa, del edificio, de la embajada, pero no todo. La territorialidad  remite a una interdicción y requiere de la defensa de los límites del territorio;  la violación de estos límites se considera un abuso, una infracción que  puede tener consecuencias leves o catastróficas para la relación entre  los sujetos. Como lo señala Goffman (1979:61), si la territorialidad es  fundamental para la coexistencia, “... el delito clave es la incursión,  la intrusión, la invasión, la presunción, la calumnia, el ensuciamiento,  la contaminación, en resumen la infracción”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El uso del espacio está relacionado generalmente con el tipo de visita,  es decir, con el grado de formalidad, la función de la visita y los participantes  en ella. Los testimonios de los informantes señalan “la sala” de la casa  como lugar central de realización del evento; luego se incluye la cocina  y los dormitorios en las relaciones donde el grado de familiaridad, la  confianza y afectividad es mayor. El espacio donde tiene lugar el ritual  está determinado previamente según la confianza que se le tiene al visitante;  por lo tanto, puede ser en los espacios más públicos de la casa, que son  a la vez los más formales y los más externos: la sala, y podría incluso  recibirse una visita corta en la antesala. Solo en casos muy especiales  está permitida la entrada del visitante a lugares más íntimos. Uno de los  informantes señala: “Bueno, para mí un abuso sería que pasaran directo  al baño sin decirme nada, o que pasaran a la cocina sin decirme nada [risa],  o sea, sin ni siquiera decir..., preguntar si pueden pasar o no. O sea,  me parece una falta de respeto que lleven niños que me hagan algún daño  a la casa, partan algún objeto, o qué sé yo, este..., mmm...”. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por ser la casa del visitado o del anfitrión el espacio del ritual, este  ámbito tiene restricciones, porque la visita se organiza en torno a un  territorio preciado, casi sagrado de la cotidianidad. El hogar no es solo  el espacio físico en el que una persona vive y desenvuelve su intimidad,  sino que la denominación de “hogar” o “casa” encierra el centro o eje de  funcionamiento personal del individuo. Bachelard (1958) considera el interior  de la casa como el espacio de la intimidad y de la calidez frente al invierno. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">  Clarac (2003:74) ha mencionado la relación del espacio en la zona andina  con la dualidad masculino/femenino, con lo cual indica la división de los  lugares y de las cosas en elementos <I>machos </I>o<I> hembras</I>. Así, la casa, el  techo y las escobas son machos, mientras que el interior de la casa, las  paredes y la cocina son hembras. Esto podría explicar el porqué de la limitación  de los espacios interiores de la casa a los visitantes de mayor confianza.  En todo caso, la casa se vería como antropomorfa y su funcionamiento podría  estar relacionado con una visión sexuada de la visita. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La casa del visitado podría considerarse como un espacio sagrado (aunque  en la mayoría de los casos se trate de un espacio de la cotidianidad).  Si nos guiamos por las ideas de Durkheim (2001), para quien el espacio  de la visita religiosa es el templo o casa de la deidad a la cual se le  rinde tributo, la casa del visitado representa este papel, por lo cual  merece el respeto a la <I>face, </I>como lo confirman los manuales de cortesía  usuales en el país (Carreño, 2001). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Algunos informantes de una encuesta sobre la visita en la ciudad consideraron  un abuso o una molestia causada por el visitante el hecho de traer niños  a la visita o que llegue toda la familia, que los visitantes pasen a los  cuartos a tomar cosas sin pedirlas o pasen directo al baño, que destapen  las ollas o abran la nevera. Estas infracciones se centran, sobre todo,  en la violación de los límites de los espacios de la casa que el visitante  no debe ocupar; para poder hacerlo se requeriría un ritual de acceso. De  acuerdo con lo planteado en el apartado acerca del espacio, el visitante  puede ocupar la sala, la cocina y las habitaciones, dependiendo del grado  de familiaridad, afectividad y confianza: no debe entrar a la cocina ni  utilizar los utensilios (aquí se incluye abrir ollas y nevera); generalmente,  no debe entrar sin consulta a las habitaciones ni al baño, y tampoco debe  ojear los espacios no permitidos para el visitante. También están excluidas  las visitas al lugar de trabajo (Álvarez y Villamizar, 2004). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Otras restricciones se observan en cuanto a los temas de conversación,  por cuanto está mal visto plantear chismes, controversias políticas o críticas  a la casa o a la persona como temas de conversación. Todo esto acentúa  la idea de que la visita es un ritual de cortesía en el que debe mantenerse  un estilo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Entre los rituales de evitación se incluye también lo referente al aviso  de la visita. En nuestro trabajo sobre la visita en la región urbana de  Mérida, Álvarez y Villamizar (2004) reportan que, si bien lo que se acostumbra  es no avisar, puesto que en los Andes esta forma se percibe como más afectiva,  se avisa por razones prácticas; por el contrario, llegar a un acuerdo anticipadamente  se relaciona con las visitas formales, visitas para pedir favores, para  negocios o con el hecho de que la persona a quien se ofrece la visita vive  lejos (8). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Cabe señalar que el trascender los límites por parte del visitante es un  acto eminentemente simbólico y que no se queda en lo meramente físico el  hecho de pasar a la casa, pasar por la puerta o respetar el tiempo. Detengámonos  en el problema de la puerta. Esta es, según el <I>Diccionario</I> de la Real Academia  Española, “un vano de forma regular abierto en una pared, una cerca, una  verja, etc., desde el suelo hasta una altura conveniente, para poder entrar  y salir por él; una armazón de madera, hierro u otra materia, que, engoznada  o puesta en el quicio y asegurada por el otro lado con llave, cerrojo u  otro instrumento, sirve para impedir la entrada y salida, para cerrar o  abrir un armario o un mueble; un agujero o abertura que sirve para entrar  y salir por él, como en las cuevas, vehículos”, etcétera. Se trata de una  estructura que permite entrar o salir de un espacio, sea este una casa,  un local, un edificio, un vehículo. Es, evidentemente, una estructura física  por la cual puede pasar un familiar que vive en el lugar, un amigo que  viene a vernos, un vecino que solicita ayuda, un vendedor de seguros o  un cobrador del derecho de frente. No todas estas personas entran con la  intención de hacernos una visita, ni nosotros consideramos su paso por  la puerta como el inicio de una situación comunicativa de esa naturaleza.  Otra cosa es cuando traspasan el umbral —que el mismo <I>Diccionario </I>define  como “el paso primero y principal o entrada de cualquier cosa”—, lo cual  implica ya la acción de entrar, de traspasar el espacio simbólico significativo  entre el afuera y el adentro. Es significativo en el sentido de pasar precisamente  ese límite que el grupo humano en cuestión entiende como tal. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En las visitas de embajadores, los funcionarios diplomáticos (con excepción  del visitado) esperan al visitante en la puerta exterior de la embajada  para acompañarlo a traspasar el límite del otro país. Esto es tan importante  que Venezuela rompió relaciones con Uruguay cuando las fuerzas de la dictadura  sacaron de los cabellos a la maestra Elena Quinteros en 1976, quien al  entrar a los jardines de la sede, ya había traspasado el umbral de la embajada  y estaba, por tanto, en territorio venezolano. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En El Paramito, el visitante que viene de la universidad o de otra ciudad  o comunidad del páramo tiene que pasar dos umbrales: uno, entrar a la comunidad,  en donde no hay una puerta ni una cerca que separe a la comunidad como  tal, pero sí un límite simbólico bien conocido por todos los miembros de  la comunidad. Así, el visitante pasa primero este límite y luego el umbral  de la casa de sus anfitriones. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Otro tipo de umbral es el que enmarca la visita como tal: el saludo inicial  es la fórmula de inicio y la despedida, la fórmula de conclusión. En estas  dos rutinas se enmarca el ritual de la visita y se definen los límites  significativos de ella. En este sentido se entienden las rutinas de entrada  y de despedida, puesto que Coulmas (1981) define las rutinas como e<I>xpresiones  funcionalmente específicas (function specific expressions) </I>destinadas a  la <I>realización</I> de pasos conversacionales recurrentes, que garantizan la  habilidad de anticipar los eventos sociales y así incrementar la cooperación  entre los interactuantes. A su vez, para Moreno Fernández (1998:167), las  rutinas son <I>rituales de acceso, esto es,</I> “aquellas expresiones que forman  parte de la conversación diaria y que suelen repetirse de acuerdo con unas  convenciones sociales y comunicativas. Aquí quedarían incluidos los <I>rituales  de acceso</I>:<I> saludos y despedidas</I>”. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estos actos se incluyen en lo que Briz (2004) considera cortesía <I>codificada  (convencionalizada),</I> regulada antes de la interacción, por oposición a  la cortesía <I>interpretada</I>, evaluada en el transcurso de la interacción.  Las fórmulas de saludo y despedida son elementos <I>convencionalizados.</I> Otras  rutinas serían las de invitar al visitante a pasar adelante, a tomar asiento,  a beber o a comer algo. Estas son pequeñas ceremonias, siempre retornantes,  que se dan dentro de la situación comunicativa de la visita, y sirven de  claves para entender que el texto que estamos <I>interpretando</I> (Geertz, 2003)  es una visita. Otros elementos nos dirán de qué tipo de visita se trata.  De ahí que la visita pueda considerase como un texto legible; desde el  mismo momento en que los hablantes consideran una situación como reconocible,  es porque le dan significado y entonces es un texto, entendido, con el  sentido que le da Chumaceiro (2001:28), como la <I>unidad verbal que constituye  un todo en cuanto a su significación, que cumple una función de comunicación  intencionada y perceptible, que posee una delimitación contextual (en su  más amplio sentido: situacional, interactivo o social y cognitivo) y que,  además, puede dar lugar a una serie de relaciones contextuales e intertextuales</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Podemos extender este concepto a la situación comunicativa de la visita,  que tiene, como hemos visto, un comienzo y un final en los rituales de  saludo y despedida, y tiene cohesión, en el sentido de que se realiza en  los predios del visitado, esto es, en un solo lugar. Permanecen los mismos  participantes nucleares, aunque puedan otros aparecer y desaparecer en  el lugar de la visita, para saludar al visitante o para traer bebidas y  comidas. Dentro de sus umbrales, la visita tiene elementos constitutivos  característicos, como sentarse, conversar, tomar algo, etcétera, y es coherente  en cuanto a su formalidad o informalidad. El tratamiento formal se verá  reflejado en las expresiones de los visitantes, en la entonación, en su  postura, en el lugar de la visita. Igualmente será en cuanto al tratamiento  informal, que hará que todos estos elementos sean más laxos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Las pasiones</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora bien, si lo inherente a la visita es el movimiento hacia la casa  del visitado y la conjunción con este, la visita cumple también otro tipo  de funciones. La función de la visita cotidiana en la zona rural ha sido  descrita por Villamizar (2006) como un intercambio de afectos, bienes y  servicios. Se trata de compartir, de intercambiar, de reunirse con otras  personas. En su trabajo sobre El Paramito, Villamizar (2006) encuentra  que en la visita cotidiana hay un intercambio de afectos, podríamos decir  que hay un apego: se trata, en el plano individual, de mostrar amistad,  cercanía, familiaridad: se visita para mostrar o recibir cariño a/de la  familia, a/de los vecinos, lo que genera alegría y sorpresa; aunque también  hay un intercambio real de bienes, como pedir un poco de sal, azúcar, harina  o algunos huevos, hecho que es también símbolo de confianza. Una de las  entrevistadas nos decía<B> </B>acerca de la ausencia de las visitas: “Pues me  da como tristeza de ver que lo olvidan a uno” (infor. 3). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Más allá de esto, siempre en el plano individual, pero relativo a la cara  social del individuo, subyace una intención de solidaridad cuando se visita  por el nacimiento de un niño o por la muerte de un familiar: en un caso  se manifiesta la alegría, en el otro, la tristeza que estos acontecimientos  suscitan, aunque no se trate de sentimientos que toquen personalmente al  visitante; por ello, decimos que son sentimientos ligados a los sentimientos  de los demás. El individuo se muestra como responsable, solidario y unido  a los otros miembros de su comunidad. Esto implica también servicios, trabajo,  como cuando en los Andes se ayuda a hacer el pesebre o a desmontarlo (Villamizar,  2006). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Finalmente, en el plano social propiamente dicho, el plano de la comunidad,  se visita para constituirse en miembro del grupo y, en el caso andino,  para construirse como persona que sigue los rituales de la comunidad. Así  se realizan las visitas de Navidad y de Semana Santa en la zona rural y  aun en la ciudad entre las personas más tradicionales (Villamizar, 2006).  Se trata, pasionalmente, del acercamiento del individuo con otros, del  querer estar con otros, pero también del querer ser con otros, de constituirse  como parte del grupo. Podemos decir entonces que ocurre un intercambio  de bienes tanto materiales como simbólicos, generado por la necesidad que  hay de ellos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana">  Igualmente, hay un rechazo —es lo que se ha llamado la cortesía de evitación  (Bravo, 1998)— que corresponde a una protección o rechazo del visitado  frente al visitante; el anfitrión no quiere ser invadido y por lo tanto  erige barreras. En la región andina, donde se resguarda celosamente la  cara negativa, se observan sentimientos contrarios al apego, como es la  fuerte protección del territorio, lo que podría entenderse como un rechazo  al visitante. Pero si el primero es público, el segundo es secreto. Los  informantes rurales no confesarían que la visita pueda resultar larga ni  pesada; sin embargo, conocen de prácticas de magia para proteger la casa  visitada, como el vaso de agua boca abajo, la escoba detrás de la puerta  y ponerse los zapatos al revés. Esto hace que el anfitrión se convierta  secretamente en un antisujeto, puesto que aunque recibe con toda hospitalidad  al visitante, tiene en realidad intereses privados que cuidar. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los límites territoriales o interdicciones que existen en el ritual de  la visita y a los que hemos hecho referencia en un apartado anterior, específicamente  sobre el uso del tiempo y el espacio, se expresan también en algunas creencias  mágicas regionales. Álvarez y Villamizar (2004) reportan tres de estas  formas, que podríamos considerar como formas mágicas del desapego. Se observa  que nadie desea una visita en las mañanas; además, los informantes hacen  referencia a la creencia de que la visita de una mujer un lunes en la mañana  no es buena. Esta creencia puede ser particular de la región y podría atribuirse  a la concepción de que lo que ocurra el primer día de la semana puede predecir  lo que sucederá en el resto del período. Por ello se usan también en la  ciudad algunas “contras” para alejar aquellas visitas que permanecen mucho  tiempo (9); entre aquellas, <I>la escoba detrás de la puerta, echarle una  pela a la escoba y el vaso de agua boca abajo y rodeado de sal. </I>Es importante  destacar que todos los aspectos mágicos están en relación con una <I>protección  frente a la visita</I>: las tres formas que hemos mencionado protegen contra  la duración excesiva. A esto podemos agregar que también existe la creencia  de que una planta de sábila protege de las energías negativas de algunos  visitantes y de los posibles daños que pudiera ocasionar. Asimismo, las  visitas pueden “recibir” las energías —las pasiones desgraciadas— del visitante,  como la amargura, la rabia, el temor, la angustia (Greimás Courtés, 1994:189),  de manera que se emplean las plantas para protegerse, especialmente la  sábila. Los informantes reportan que las plantas se dañan por envidia;  así, a la gente no le agradan los halagos excesivos para ellas, porque  según las creencias, pueden secarlas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Según Álvarez y Villamizar (2004), estas creencias mágicas en cuanto al  cuidado de la territorialidad del anfitrión están insertas en toda la cosmovisión  de la zona andina. Por ello, muchas familias evitan el paso de los visitantes  hacia los dormitorios cuando los niños están dormidos, pues se considera  que el niño es más débil y está expuesto a cualquier energía fuerte del  visitante y podría enfermarse. Bien conocido en la región es “el mal de  ojo”, enfermedad padecida por los niños. Clarac (1981:246) señala varios  males que pueden atribuirse a las visitas, sean de amigos, familiares o  desconocidos: cuando ciertas personas que tienen sangre pesada miran al  niño, la sangre de este también se pone pesada. La mirada pesada penetra  entonces a través de los ojos del niño. Otra causa es la de “sangres que  no van juntas, lo que sucede, según los campesinos, cuando los miembros  de la familia se muestran indiferentes hacia el niño” (p. 246). Una visita  no puede ser indiferente a un niño (hasta los dos años) ni excesivamente  cariñoso, pues podría provocarle una enfermedad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La fuerte defensa del territorio se corresponde también con la cortesía  negativa, es decir, aquella que evita la expresión de los sentimientos  y se concentra en la defensa del territorio. Se entiende que si la cultura  favorece la cortesía positiva, en ella predomina la comunión y la afectividad;  por ejemplo, Hickey (1991:2-7, en Haverkate, 1994) caracteriza la cultura  británica como de cortesía negativa, y a la española, como una cultura  de cortesía positiva. Haverkate (1994:2004), por su parte, muestra que  la cultura española enfatiza la solidaridad de los interlocutores, frente  a los holandeses, quienes conceden más valor al distanciamiento social  (10). Podemos sostener que en el plano discursivo la visita es un ritual  de acercamiento, de conjunción. Varios informantes merideños explicaron  que de no recibirse las visitas de los familiares, se entendía que había  algún motivo de disgusto, de enojo que motivaba el rechazo. Entendemos  entonces que, en la región, el término contrario de la <I>visita</I> no es el  olvido, como supone Corripio (1985), sino el desapego,<I> </I>porque los familiares  en las situaciones cotidianas no se olvidan, sino que se enojan y se separan,  se apartan. En el habla cotidiana se habla de dar <I>calabazas, </I>“ignorar”  al otro, hacer como si no existiera. Este alejamiento puede implicar, a  su vez, un rechazo, pero finalmente también el olvido. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>CONCLUSIONES</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hemos interpretado la visita como un ritual de conjunción precedido por  un movimiento del visitado hacia el visitante, que se lleva a cabo en la  casa o domicilio del visitado. Este evento tiene como finalidad el intercambio  de afectos, bienes y servicios. Hemos, igualmente, definido la visita como  un texto limitado por el saludo y la despedida, que representan los umbrales  simbólicos de aquella. Pretende renovar y mantener la continuidad de la  pasión, esto es, mantener el apego, en el caso del afecto que se demuestra  o de la membrecía respecto de una comunidad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El arraigo de la visita en la región andina tiene probablemente su explicación  en el hecho de que se trata de una cultura de evitación debido a la cual  las personas defienden su territorio y respetan el de los demás. Por ello,  la ruptura de esa continuidad de estática de distancia se da en la discontinuidad  y el dinamismo de la visita. La visita, como todos los rituales, está soportada  sobre la necesidad de recrear los nexos sociales, pero a la vez, en el  deseo de servir de entretenimiento y, en el caso de las visitas de Semana  Santa, de renovar los valores religiosos de la comunidad, aunque se trate  en realidad de una visita laica, puesto que es una visita familiar en un  tiempo sagrado. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Notas</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1. Se trata de la celebración del caminar del Niño Jesús, ligada probablemente  a ceremonias indígenas de la cosecha. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. Traducción nuestra. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>1.</B> tr. Ir a ver a alguien en su casa por cortesía, atención, amistad o  cualquier otro motivo.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>2.</B> tr. Ir a un templo o santuario por devoción, o  para ganar indulgencias.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>3.</B> tr. Dicho del juez superior o de otra autoridad:  Informarse personalmente, o por medio de alguien enviado en su nombre,  del proceder de los ministros inferiores o empleados, y del estado de las  causas y asuntos del servicio en los distritos de su jurisdicción.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>4.</B> tr.  Dicho del médico: Ir a casa del enfermo para asistirle.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>5.</B> tr. Registrar  en las aduanas o puertos, o en otra parte destinada a este efecto, los  géneros o mercancías, para el pago de los derechos o para ver si son de  lícito comercio.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>6.</B> tr. Examinar los oficios públicos, y en ellos los instrumentos  o géneros que respectivamente tocan a cada uno, para ver si están fieles  o según ley u ordenanza.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>7.</B> tr. Reconocer en las cárceles los presos y las  prisiones en orden a su seguridad.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>8.</B> tr. Dicho del juez eclesiástico: Examinar  las personas en orden al cumplimiento de sus obligaciones cristianas y  eclesiásticas, y reconocer las iglesias, obras pías y bienes eclesiásticos,  para ver si están y se mantienen en el orden y disposición que deben tener.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>9.</B>  tr. Informarse personalmente de algo.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>10.</B> tr. Acudir con frecuencia a un  lugar con objeto determinado.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>11.</B> tr. Ir a algún país, población, etc.,  para conocerlos. <I>En sus vacaciones visitó París.</I></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>12.</B> tr.<I> Der.</I> Dicho de un  juez o de un tribunal: Ir a la cárcel para enterarse del estado de los  presos y recibir sus reclamaciones.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>13.</B> tr.<I> Rel.</I> Dicho de Dios: Enviar a  los hombres algún especial consuelo o trabajo para su mayor merecimiento,  o para que se reconozcan.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>14.</B> prnl. Dicho de un preso: Acudir a la visita  para hacer alguna petición. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4. Para una clasificación de los tipos de visita ver Villamizar (en preparación). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5. Una visita de médico podría convertirse en una visita amorosa si el médico  decide enamorar a la hija del paciente. Que esto esté bien visto o no,  que aproveche una oportunidad que se le brinda, es otra cosa: eso sería  un problema ético y no ritual, sería un problema de la perlocutividad del  acto y no de su ilocutividad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. Hablamos de sujetos discursivos porque los roles se construyen en la práctica  tanto gestual como verbal. Con lo gestual nos referimos al traslado, a  los gestos correspondientes al saludo y a la despedida, por ejemplo. Con  lo verbal, a la serie de rutinas discursivas que se dan en la situación  de la visita. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7. El análisis de los roles y de la imagen positiva será objeto de otro trabajo,  actualmente en preparación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8.  O porque es profesional y no dispone de su tiempo con la misma libertad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. Es igual en el caso de las invitaciones: se invita solo por un tiempo,  y considerando también que ambos manejan las mismas reglas, tampoco se  explicita verbalmente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10. Es posible que una diferencia similar se dé en Venezuela entre las culturas  central y la andina.</FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Referencias documentales</B></FONT></P>      <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1. ÁLVAREZ, A. y VILLAMIZAR, T. 2004. “La visita: creencias y concepciones  sobre la territorialidad”, en <B>Boletín Antropológico,</B> Nº 61: 239-267. Centro  de Investigaciones Etnológicas-Museo Arqueológico, Universidad de Los Andes,  Mérida (Venezuela). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476796&pid=S1012-1587200800010000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. BACHELARD, G. 1959. <B>La poétique de l’espace.</B> Presses Universitaires de  France, Paris (France). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476797&pid=S1012-1587200800010000700002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3. BRAVO, D. 1998. “¿Imagen positiva vs. imagen negativa?: pragmática sociocultural  y componentes de <I>face</I>”, en <B>Oralia,</B> 2: 155-184. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476798&pid=S1012-1587200800010000700003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4. BRAVO, D. 2003. “La perspectiva no etnocentrista de la cortesía: identidad  socio-cultural de las comunidades hispanohablantes”. <B>Actas del Primer Coloquio  Edice:</B> 213-226. Universidad de Estocolmo. <U>www.primercoloquio.edice.org</U>. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476799&pid=S1012-1587200800010000700004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">5. CARREÑO, M. A. [1884] 2001. <B>El manual de Carreño.</B> El Nacional, Caracas  (Venezuela). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476800&pid=S1012-1587200800010000700005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. CHUMACEIRO, I. 2001. <B>Análisis lingüístico del texto literario.</B> Universidad  Central de Venezuela, Caracas (Venezuela). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476801&pid=S1012-1587200800010000700006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7. CLARAC DE BRICEÑO, J. 1981. <B>Dioses en exilio (representaciones y prácticas  simbólicas en la cordillera de Mérida). Ensayo antropológico.</B> Fundarte,  Caracas (Venezuela). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476802&pid=S1012-1587200800010000700007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8. CORRIPIO, F. 1985. <B>Diccionario de ideas afines.</B> Herder, Barcelona (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476803&pid=S1012-1587200800010000700008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. DURKHEIM, É. 2001. <B>Las formas elementales de la vida religiosa.</B> Coyacán,  México, (México). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476804&pid=S1012-1587200800010000700009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10. FABBRI, P. 2000. <B>El giro semiótico.</B> Gedisa, Barcelona (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476805&pid=S1012-1587200800010000700010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11. GEERTZ, C. 1983. <B>La interpretación de las culturas.</B> Gedisa, Barcelona (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476806&pid=S1012-1587200800010000700011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12. GOFFMAN, E. 1970. <B>Ritual de interacción.</B> Editorial Tiempo Contemporáneo,  Buenos Aires (Argentina). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476807&pid=S1012-1587200800010000700012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13. GOFFMAN, E. 1979. <B>Relaciones en público. Microestudios de orden público.</B>  Alianza Editorial, Madrid (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476808&pid=S1012-1587200800010000700013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14. GREIMÁS, A. J. / Courtés. 1994. <B>Semiótica.</B> Gredos, Madrid (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476809&pid=S1012-1587200800010000700014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15. LANDOWSKI, E. 2002. <B>Presenças do outro.</B> Editora Perspectiva, Sao Paulo  (Brasil). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476810&pid=S1012-1587200800010000700015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16. MAIR, L. [1965] 1973. <B>Introducción a la antropología social.</B> Alianza Editorial,  Madrid (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476811&pid=S1012-1587200800010000700016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17. MAUSS, M. 1979. <B>Sociología y antropología. </B>Editorial Tecnos, Madrid (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476812&pid=S1012-1587200800010000700017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18. PARRA, T. DE LA. 1996.<B> Ifigenia. </B>Monte Ávila, Caracas (Venezuela). Tomos  I y II. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476813&pid=S1012-1587200800010000700018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19. PITT-RIVERS, J. 1979. <B>Antropología del honor (la influencia del honor y  el sexo en la vida de los pueblos mediterráneos).</B> Editorial Crítica, Barcelona  (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476814&pid=S1012-1587200800010000700019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 20. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. <B>Diccionario.</B> Gredos, Madrid (España). </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476815&pid=S1012-1587200800010000700020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 21. VILLAMIZAR, T. 2006. <B>La visita en una comunidad de los Andes venezolanos:  El Paramito. Un estudio sobre el lenguaje y la sociedad.</B> Universidad de  Los Andes, Mérida (Venezuela). Proyecto de tesis doctoral inédito.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476816&pid=S1012-1587200800010000700021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 22. VILLAMIZAR, T. (En preparación). <B>La visita en una comunidad de los Andes  venezolanos: El Paramito: Un estudio sobre el lenguaje y la sociedad</B><I>.</I> Universidad  de Los Andes, Mérida (Venezuela). Tesis doctoral en Lingüística. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=1476817&pid=S1012-1587200800010000700022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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