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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Recent disputes have announced the end of development as a way of thinking. Alternative discourses end up making a theoretical core with certain principles of the very scheme they have criticized. This raises the issue of the need for a thorough conceptual transformation of development on the basis of other rationalities. Within the framework of globalization, a continuous sterilization of culture and nature is beeing promoted. In order to face this situation, an alternative vision of development must go beyond the ideological, conceptual and practical limitations of developmentalism. In this sense, proposals have a base in the articulation between culture and environment that allows people to become the protagonists of their own development. Although distant from the economic bias, this alternative vision requires a political economy able to recognize the centrality and complexity of ecology and culture.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size="4">La articulación cultura-ambiente: claves para una visión alternativa del  desarrollo</font></b></p>      <p align="center">Francisco Javier Velasco Páez&nbsp;</p>      <p align="justify"><b>Resumen</b></p>      <p align="justify">Recientes cuestionamientos han&nbsp;anunciado el fin del desarrollo como forma de  pensamiento. Los discursos&nbsp;críticos no se han deslastrado de principios clave de  las nociones clásicas de desarrollo. Esto plantea la necesidad de transformar y  resemantizar la idea de desarrollo desde su matriz, apelando a otras  racionalidades.</p>      <p align="justify">En el&nbsp;contexto de la globalización, el pensamiento único y la eliminación  progresiva de la alteridad promueven una esterilidad creciente de la naturaleza  y la cultura.&nbsp;Ante esta situación, una visión alternativa del desarrollo debe  trascender las limitaciones ideológicas, conceptuales y prácticas del  desarrollismo. En este sentido, las proposiciones que se hagan tienen en la  articulación cultura-ambiente un basamento para convertir a las personas y los  grupos en protagonistas de su propio desarrollo. Distanciada del economicismo,  esta visión requiere, sin embargo, de una economía política capaz de reconocer  la centralidad y complejidad de la ecología y la cultura.</p>      <p align="justify" style="margin-top: 0; margin-bottom: 0"><b>Palabras clave</b></p>      <p align="justify" style="margin-top: 0; margin-bottom: 0">Desarrollo alternativo / Cultura / Naturaleza / Economía política</p>      <p align="justify"><b>Abstract</b></p>      <p align="justify">Recent disputes have announced the end of development as a way of thinking.  Alternative discourses&nbsp;end up making a theoretical core with certain principles  of the very scheme they have criticized. This raises the issue of the need for a  thorough conceptual transformation of development on the basis of other  rationalities.</p>      <p align="justify">Within the framework of globalization, a continuous sterilization of culture and  nature is beeing promoted. In order to face this situation, an alternative  vision of development must go beyond the ideological, conceptual and practical  limitations of developmentalism. In this sense, proposals have a base in the  articulation between culture and environment that allows people to become the  protagonists of their own development. Although distant from the economic bias,  this alternative vision requires a political economy able to recognize the  centrality and complexity of ecology and culture.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="margin-top: 0; margin-bottom: 0"><b>Key words</b></p>     <p align="justify" style="margin-top: 0">Alternative development / Culture / Nature / Economic policy</p>      <p align="justify" style="margin-top: 0; margin-bottom: 0"><span style="text-transform: uppercase">Recibido: Enero 2003</span></p>      <p align="justify" style="margin-top: 0; margin-bottom: 0"><span style="text-transform: uppercase">Aceptado: Abril 2003</span></p>      <p align="justify"><b>Auge y caída de la noción de desarrollo</b></p>      <p align="justify">En 1949, Harry Truman, el entonces presidente de EE UU, en su discurso inaugural  ante el Congreso, llamó la atención sobre las condiciones de las regiones más  pobres del mundo, definiéndolas como «áreas subdesarrolladas». Desde ese momento  una visión del mundo precisa y unidimensional comenzó a imponerse  progresivamente en el planeta: todos los pueblos, países y sociedades se mueven,  con distintas velocidades en una misma dirección: la dirección del <i> desarrollo.</i> Esta visión remitía a un escenario fundamentalmente económico en  el que cada quien bregaba por un punto más alto en la escala del producto  nacional bruto. También suponía, en términos prácticos, dar impulso a políticas  y procesos que condujeran a los rezagados a la competencia y carrera por un  desarrollo que podía ser universalizado en términos espaciales y perdurable en  el plano temporal. En este contexto y como parte de la unificación del mundo  asociada al ascenso experimentado por Occidente desde el siglo XV, al binomio <i> desarrollo/subdesarrollo</i> le correspondía el relevo de las antiguas  dicotomías que, desde las ciencias sociales y con una perspectiva de evolución  histórica unilineal, apuntalaron la empresa colonial: <i> civilización/salvajismo, naciones civilizadas/naciones bárbaras, sociedades  avanzadas/sociedades primitivas,</i> etc.</p>      <p align="justify">Después de medio siglo de <i>desarrollo</i> el estado de los asuntos del mundo  es francamente desolador: aun aceptando ciertos «logros» extendidos a todos los  rincones del mundo, la dependencia política, la fragmentación social, la  desventaja económica y el deterioro cultural campean en la mayor parte del  mundo. La brecha entre la delantera de los «desarrollados» y el atraso de los  «subdesarrollados» o en «vías de desarrollo» no ha sido colmada y, lo que es  peor, aumenta cada vez más. La polarización extrema entre las naciones tiende a  replicarse al interior de cada país: pequeñas élites en los países pobres  comparten con las élites de los grandes centros de poder económico mundial una  opulencia que contrasta creciente y ostensiblemente con vastos grupos de  desempleados, jubilados y económicamente vulnerables en el mundo «desarrollado»  y extensas áreas rurales e inmensos asentamientos urbanos del mundo pobre  excluidos de los circuitos del sistema económico mundial. Por otro lado, el peso  de la expansión económica y el crecimiento industrial encuentra ya límites  evidentes en la naturaleza, la crisis ecológica amenaza, tanto al Norte como al  Sur. Es así como los temas de la finitud del desarrollo y sus límites biofísicos  han alimentado numerosos debates, desde la Conferencia de Naciones Unidas  realizada en Estocolmo en 1972, pasando por la Cumbre de la Tierra en Río de  Janeiro en 1992, hasta la reciente Cumbre sobre Desarrollo Sostenible en  Johannesburgo. En este contexto han surgido serios cuestionamientos a la teoría  y praxis del desarrollo y hay incluso quienes han señalado que el desarrollo  como forma de pensamiento está pronto de desaparecer (Escobar, 1995; Mires,  1990; Sachs, 1996).&nbsp;</p>     <p align="justify"><b>El desarrollo alternativo: aciertos y desaciertos</b></p>      <p align="justify">Desde hace algún tiempo, un variado conjunto de discursos que tienen en común la  crítica de los fundamentos de las nociones clásicas de desarrollo se ha  identificado con la promoción del <i>desarrollo alternativo </i>en América  Latina. Se trata de un conjunto de posiciones y proposiciones coincidentes en la  crítica de los fundamentos del <i>statu quo,</i> de los paradigmas tradicionales  del desarrollo. Los exponentes del desarrollo alternativo han sido  particularmente críticos del predominio de la ortodoxia neoliberal en América  Latina y han señalado la existencia de una crisis general de civilización que  abarca todos los órdenes (cultural, social, político, ecológico, económico) y  genera enormes masas de excluidos. También han abogado por la necesidad de  sentar las bases de una nueva economía y promover la solidaridad social, la  participación, la autonomía y el acceso equitativo a los recursos naturales,  orientando experiencias de desarrollo local en los medios urbano y rural  (Escobar, 1995; Gilardi, 1994; Haubert, 1992; Hopenhayn,1993; Mac Neef, 1993;  Razetto, 1993).</p>      <p align="justify">Sin pretender escamotear la significación de los aportes hechos por los  exponentes del <i>desarrollo alternativo,</i> se pueden identificar ciertas  contradicciones y proposiciones confusas en estos discursos. Es así cómo, a  pesar de las críticas formuladas a la racionalidad económica dominante que  inspira la idea de desarrollo tradicional, los <i>alternativos</i> terminan  reafirmando la supremacía de ideas y principios propios del productivismo y el  desarrollismo (Mallard, 2002; Pérez Ramírez, 2000). De esta forma, el <i> desarrollo alternativo</i> integra «nuevas» formas de organización social y  estilos de vida al altar del mercado y la vieja ideología del crecimiento,  promoviendo el culto a la eficiencia, la maximización de la ganancia y la visión  utilitarista y reductora de los seres humanos y la naturaleza. Estos discursos,  obedeciendo a una lógica fuertemente inscrita en la mentalidad académica y  tecnocrática, ceden fatalmente a una especie de <i>ritornello,</i> a una  recurrencia que vuelve nuevamente a instalar como eje articulador aquello que de  alguna manera era objetado en un inicio.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Cabe destacar aquí que no incluimos al <i>desarrollo sostenible</i> o <i> sustentable</i> como un discurso alternativo. El concepto de sustentabilidad que  emerge con el informe de la Comisión Bruntland a mediados de los años ochenta (CMMAD,  1987), se presenta como una formulación imprecisa que no establece distinciones  entre las diferentes «necesidades» humanas culturalmente determinadas, ni entre  aquellas de los países ricos y de los países pobres, ni tampoco entre las  necesidades humanas y los deseos de los consumidores en relación con la  satisfacción de aquello a lo cual se orienta la mayor parte del consumo en los  países altamente industrializados. En torno a la sustentabilidad ha habido gran  cantidad de interpretaciones que hacen distintos énfasis. En unos casos se  privilegian los aspectos biológicos, en otros (la mayoría de las veces) el  énfasis recae en lo económico, otras veces se destaca lo social, etc. No  obstante tiende a mantenerse como constante la ausencia de la crítica a la  lógica del sistema económico mundial y la promoción del crecimiento. La noción  de desarrollo sustentable mantiene intacta la matriz de relaciones y de  elementos (primacía de lo económico, ideología del crecimiento, etc.) de las  formas dominantes del pensamiento sobre el desarrollo (Leff, 2000; Kirby, 2002;  Sachs, 1996; Velasco, 1996). De hecho, lo que recoge la idea de sustentabilidad  es la necesidad de preservar un <i>capital natural</i> para que el sistema  capitalista pueda mantenerse.</p>      <p align="justify"><b>Desarrollo, globalización y diversidad</b></p>      <p align="justify">A lo largo de milenios, numerosas sociedades han desplegado cosmovisiones  capaces de regular y equilibrar de manera más o menos exitosa los impactos de  sus intervenciones en los ecosistemas, estableciendo límites y modulaciones  culturales y éticas a la relación con el resto de la naturaleza. El desarrollo  económico a la occidental, acelerado y expandido en el marco de la  globalización, haciendo caso omiso de esta experiencia histórica, ha degradado  de manera sistemática los fundamentos de la vida y la cultura, provocando la  desaparición de un acervo de saberes y prácticas ecoculturales que han probado  su eficacia en la perpetuación del patrimonio social y cultural. En este proceso  resalta la tendencia hacia una progresiva homogeneización de la realidad social,  cultural, política, económica, biológica y física, a la par que se acrecientan  las desigualdades entre países, regiones, sociedades, culturas y grupos  sociales. La globalización pugna por configurar un orden entendido como sinónimo  de uniformidad, estableciendo regularidades y monotonías que alteran y eliminan  las distintas identidades culturales, la innumerable pluralidad de las  resonancias de la vida y la alteridad de la existencia. El proceso de  globalización supone la imposición de la unificación de los mercados y la  reducción al mercado de las diferencias culturales y las perspectivas políticas.  La globalización afecta por igual a la biodiversidad y la diversidad cultural,  impulsando una esterilización y artificialidad crecientes de la naturaleza,  elevando el esquema de la competencia a la categoría de mandato natural de la  sociedad (Amin, 2001; Duclos, 2001; García Canclini, 1999; Ramonet, 2001).</p>      <p align="justify">La aceleración de los procesos de globalización económica ha producido y sigue  produciendo el deterioro de los componentes básicos ambientales en los niveles  mundial y local. Esto determina la pérdida creciente de calidad de vida en los  ambientes rurales y urbanos; el agua es cada día más escasa y contaminada; los  suelos se han erosionado perdiendo su fertilidad; la deforestación se ha visto  incrementada; la parcelación de los ecosistemas ha determinado una  vulnerabilidad ambiental creciente; la calidad del aire ha disminuido, y las  condiciones para los procesos agrícolas y la reproducción de los ecosistemas se  han hecho cada vez más difíciles. Ha habido también una proliferación  exponencial de la producción de residuos y de lluvias ácidas, al tiempo que las  emisiones de gases del «efecto invernadero» han aumentado significativamente. El  impacto de estos fenómenos es mayor en los sectores más empobrecidos (Athanasiu,  1998; Gudynas, 1996; Quiroga y Van Hauwermeiren, 1996; Muradian, 2001; Hershberg,  1992; Velasco, 1995; WWI, 2002).</p>      <p align="justify">El modelo de producción y consumo imperante provoca un deterioro acelerado de la  biodiversidad, base del equilibrio ecológico planetario. De forma adicional, el  desarrollo de la ingeniería genética y las biotecnologías acentuará aún más  estas tendencias y abrirá nuevos riesgos, de consecuencias incalculables, al  liberar al entorno ambiental organismos manipulados genéticamente, al tiempo que  garantizará una nueva oleada de acumulación de capital en este ámbito, a costa  del trabajo humano en la agricultura, la salud de las personas, el equilibrio de  la biosfera y la seguridad alimentaria de los pueblos y naciones del planeta. A  esto se asocian los impactos de los derechos de propiedad intelectual sobre  seres vivos y otras formas de privatización de la vida que amenazan por igual la  supervivencia biológica y cultural (Ribeiro, 2001). La tendencia a la  homogeneización de la globalización neoliberal incide de manera directa en la  pérdida de biodiversidad. Sabemos que las distintas necesidades, costumbres y  gustos de cada cultura, comunidad y familia campesina, hacen que la selección de  las especies y variedades que se usen y/o cultiven sea personalizada. Esto  significa el uso de una amplia gama de criterios para la selección, por tanto,  la diversidad cultural enriquece y a su vez es enriquecida por la biodiversidad.  Pero la tendencia a la uniformidad y especialización de los mercados determina  la tendencia a la comercialización de bienes agrícolas homogéneos. En los  mercados modernos, la diversidad de tamaños, formas y colores se considera señal  de mala calidad. Por otro lado, en función a la lógica de las ventajas  comparativas y la globalización de los mercados, hay una tendencia a la  especialización en ciertos rubros productivos que resulten de mayor  rentabilidad. La homogeneización se expresa en el dominio del monocultivo con  variedades genéticamente uniformes en la agricultura; en las plantaciones  forestales el monocultivo empobrece los bosques y los hace más vulnerables en la  medida en que diluye sus posibilidades de autoorganización, perpetuación,  reforzamiento y cooperación en tanto ecosistema. Este dominio degrada los  agroecosistemas tradicionales en cuya base convergen diversidad de hábitats y de  culturas, posibilitando la resolución, a través de múltiples maneras, de los  problemas de provisión de alimentos, abrigo, salud y bienestar, todo ello en un  proceso de interdependencia con la creación de conocimientos (Azqueta, 1996; De  Brie, 1998; Haynes, 2002; Shand, 2001; Shiva, 1998).</p>      <p align="justify">En el plano de la diversidad cultural ocurren fenómenos parecidos. La  homogeneización toma cuerpo a través dominio del pensamiento único, la  eliminación progresiva de la alteridad cultural y su sustitución por una  megacultura, única, dominante, que expresa fundamentalmente los valores  estereotipados de la cultura de masas norteamericana (García Canclini, 1999;  Mosonyi, 1995, 2000): lo que algunos han llamado la <i>macdonalización de la  cultura.</i> Este fenómeno implica la expansión y desterritorialización de las  industrias culturales, la concentración y privatización de los medios de  comunicación, la expansión y homogeneización de las redes de información y el  debilitamiento del sentido de lo público y lo privado.</p>      <p align="justify">Para afianzar el poderío del capital no sólo sobre el plano económico y material  de las sociedades, sino también sobre su espiritualidad, la globalización  refuerza la conformación de patrones de conducta, simbólico-culturales y de  valoración donde predominan de manera creciente los intereses y valores de las  grandes empresas multinacionales. Esto se oculta bajo la apariencia de una nueva  construcción de símbolos y valores multicultural y diversa, sin negar,  obviamente, que dicha diversidad cultural debe subordinarse totalmente al  mandato soberano del mercado.</p>      <p align="justify">Se ha planteado la tesis según la cual, en el marco de esta globalización, han  surgido o se han recreado las manifestaciones de lo híbrido, entendido como  mezcla y heterogeneidad, traducido bajo el concepto de las <i>culturas híbridas </i>(García Canclini, 1990). Basados en este argumento, algunos sugieren una  nueva vía hacia la diversidad en la medida en que lo híbrido resultaría de la  mezcla de componentes y temporalidades con un origen cultural múltiple (Arenas y  Sonntag, 1995). En el concepto de lo híbrido está presente la idea del <i> pastiche </i>neutral de tradiciones y modernidades, muy propia del posmodernismo.  Al analizarla desde una perspectiva crítica observamos que la idea de lo híbrido  remite a una diversidad superficial y aparente, ocultando el hecho de que  códigos culturales contradictorios coexisten, se superponen y mantienen  interactuando a través de tensiones y ejes de relaciones desiguales. Este  fenómeno ha sido denominado <i>aculturación antagonista,</i> un proceso a través  del cual culturas dominadas adoptan los medios y los aspectos más o menos  visibles de las culturas dominantes, pero no adoptan sus fines y su racionalidad  (Devereux, 1975; Martin, 2000). Se trata, por cierto, de un fenómeno nada nuevo,  que posibilita el aprovechamiento de espacios de resistencia cultural al efecto  homogeneizador en momentos en que la ideología globalista comienza a mostrar  fisuras y enfrenta un coro creciente de cuestionamientos y de acciones  defensivas a través de las cuales se articulan conglomerados nacionales,  regionales y locales, minorías diversas y nuevos actores colectivos.</p>      <p align="justify"><b>Una visión alternativa del desarrollo</b></p>      <p align="justify">¿Estará llegando el desarrollo como forma de pensamiento a su fin? Para algunos  eso ya está ocurriendo, pero nosotros nos planteamos la posibilidad de una  transformación desde su matriz. Cierto, la historia y la carga ideológica del  término desarrollo son muy pesadas, pero tal cuesta podría remontarse a través  de una resemantización de la noción. Esto supone la posibilidad de ubicar al  desarrollo en otros contextos de reflexión, significación y operación. Creemos  que tal propósito puede efectuarse sobre la base de otras racionalidades  sociales; en algunos casos puede tratarse de racionalidades emergentes, en otros  de racionalidades provenientes de culturas tradicionales, culturas ancestrales y  culturas populares, otras nuevas y emergentes. Eso sí, racionalidades distintas  a las que han dominado con el capitalismo. A nuestro entender, la  resemantización del desarrollo y su apertura hacia otras racionalidades debe  inscribirse en la construcción de nuevas utopías, entendidas no como ilusiones,  ni como mundo de fantasías, sino como proyectos movilizadores de transformación  y construcción social.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Para poder conformar una visión alternativa del desarrollo hay que entender que  el mismo no puede ser visto como un sistema independiente de su entorno. Si el  desarrollo es un proceso determinado dentro de un sistema funcional, es tan sólo  un aspecto de éste: como sistema funcional tiene que ser algo más que el  agregado de todos sus componentes. En todo caso, continúa formando parte de un  dominio conceptual que no es más que la interpretación de un universo específico  en el cual existen otros procesos y cambios mayores que los explicados por el  desarrollo.</p>      <p align="justify">Históricamente, cada teoría del desarrollo ha supuesto una fragmentación de la  realidad. El desarrollo ha sido visto e interpretado como fenómeno reducido,  como si todo el entorno participara en él y no en sus consecuencias.  Identificado a distintas escalas, el desarrollo ha descrito un continuo  crecimiento y éste a su vez ha descrito, desde la visión de los centros de poder  del sistema mundial, cambios de carácter cuantitativo en un valor característico  de acumulación. De esta forma, desarrollo es sencillamente un cambio de tamaño o  de volumen desde afuera hacia adentro. Para tratar de darle otro significado a  la noción de <i>desarrollo</i> debemos distinguirlo de la idea de <i> crecimiento.</i> Así, tomaríamos como crecimiento aquello que incrementa el  tamaño o el volumen de algo mediante la asimilación o la agregación de  materiales, mientras que desarrollo podría significar la expansión o realización  de potencialidades de algo, el llevarlo a un mejor estado. En este orden de  ideas, cuando algo crece entendemos que se hace cuantitativamente mayor; cuando  algo se desarrolla se hace cualitativamente mejor.</p>      <p align="justify">Entendidas desde la perspectiva de los postulados anteriores, las proposiciones  de desarrollos alternativos tienen en la articulación cultura-ambiente un  basamento que para nosotros es medular. En este sentido pasaremos revista a una  serie de consideraciones.</p>      <p align="justify">Los sistemas humanos que incluyen a las personas, los conjuntos de individuos,  las comunidades, las naciones, constelaciones de regiones o de naciones o de  comunidades, en fin, los distintos tipos y niveles de articulación social entre  los seres humanos, como un todo que interacciona con los ecosistemas. La  estrecha y dinámica relación existente entre estos dos sistemas ha sido ignorada  mayormente en las ciencias sociales y las teorías del desarrollo, gracias a un  error de perspectivas que ha separado de manera radical lo social y lo natural.  La posición en la cual nos ubicamos asume que ninguno de estos sistemas puede  comprenderse por separado, ambos se determinan mutuamente en aspectos de su  estructura y su función. En este sentido, es importante evitar los extremos: por  un lado, no debe asumirse que lo ecológico o lo natural determinan totalmente al  ser humano y sus manifestaciones culturales o sociales, pero tampoco debe  creerse que el desarrollo del sistema humano es totalmente independiente del  medio natural y del ambiente.</p>      <p align="justify">La interacción entre ambos sistemas es dinámica y se desarrolla con el tiempo.  Por ello no nos planteamos la idea de una naturaleza prístina, intocable e  inmutable. Por el contrario, consideramos que la cultura se inserta en un  proceso evolutivo que tiene una raíz biológica. Es decir, hay una historia  humana y una historia cultural que están íntimamente conectadas, entrelazadas y  que se han reforzado e intervenido mutuamente a lo largo de millones de años. Es  así cómo la diversidad natural o biodiversidad ha estado en correspondencia con  la diversidad cultural en un proceso de construcción social de la naturaleza y  de presencia constante y fundamental del mundo natural en la sociedad.  Recordando que la cultura incluye lenguajes, sistemas valorativos, sistemas  compartidos de percepción y organización del mundo que tienen lugar en la  conciencia de los seres humanos, vemos al ambiente y los ecosistemas como <i> locus </i>de representaciones y contenidos simbólicos muy diversos que son  asignados a ellos por los individuos y los colectivos que seleccionan los  contenidos que se adjudican (Gudynas, 1993:21). Desde esta perspectiva  entendemos a la naturaleza como una categoría y un concepto plural, como un  sistema que interacciona con los sistemas humanos a través de historias  naturales y culturales, íntimamente conectadas a lo largo de miles de años.</p>      <p align="justify">Es conveniente destacar que en América Latina y como una herencia directa de las  visiones dominantes en Europa, la naturaleza ha sido vista muchas veces como una  frontera que tiene que ser sometida y conquistada (Gudynas, 2000). Esta idea de  naturaleza orientó el proceso de conquista y colonización iniciado a finales del  siglo XV y se perpetuó en los procesos de poblamiento impulsados en los siglos  XIX y XX bajo la visión del positivismo. En este último caso, la naturaleza  aparece como asiento de lo salvaje y lo bárbaro, asociada a las culturas  campesinas e indígenas que se oponen a la civilización urbana y europeizante  (Velasco, 1988). Propuestas como la llamada «Conquista del Sur» dirigida a la  ocupación de la Orinoquia y Amazonia venezolanas en los años 1970 o el proceso  de colonización de la Amazonia brasileña, hechas en la época de la dictadura  militar, han respondido a esta idea fuertemente plasmada en el imaginario de los  grupos dominantes y los sectores tecnocráticos latinoamericanos.</p>      <p align="justify">En las teorías del desarrollo ha estado presente la idea de naturaleza como  fuente de materias primas, almacén de recursos naturales y capital natural (Gudynas,  2000). Todas estas concepciones, al no reconocer la existencia de otras  racionalidades, tampoco reconocen la existencia de otras percepciones de la  naturaleza (colectivas e individuales) distintas a la de recurso o materia  prima. El reconocimiento de otras racionalidades posibilita la aceptación y  comprensión de otros conocimientos distintos a la ciencia y favorece el diálogo  de saberes con miras a conformar visiones integrales de la realidad. Igualmente  favorece el pluralismo en la asignación de valores a las expresiones de la vida  que se desprende de la diversidad cultural.</p>      <p align="justify">Si admitimos que formamos parte de un sistema que incluye a lo social y lo  natural, una visión alternativa del desarrollo debe ser compatible con la idea  de la perpetuación y el mejoramiento de la vida y la cultura humanas, pero al  mismo tiempo debe involucrar la regeneración y el mejoramiento de otras formas  de vida sin las cuales no podemos existir. En este sentido, se deben garantizar  los derechos de las comunidades y sociedades a sus territorios, así como  desarrollar medidas efectivas para la protección y fomento de sus culturas y  prácticas tradicionales, dado su derecho consuetudinario al aprovechamiento de  la biodiversidad. Esto no supone de ninguna manera una visión acrítica de la  diversidad ni un elogio a ultranza de la diferencia, pero parte de la necesidad  de cuestionar una lógica causal que proviene de la época de la Ilustración  europea y que sólo ha admitido una matriz central negando otras posibilidades  para la vida y la sociedad.</p>      <p align="justify">Para adquirir otros significados el desarrollo debe entonces enraizarse en  contextos culturales y ecológicos, involucrando de manera directa a las personas  y los grupos de afectados o de interesados en problemas ecológicos, sociales,  culturales, políticos, económicos, etc., convirtiéndolos en protagonistas de su  propio desarrollo a partir de evaluaciones críticas de sus percepciones y sus  maneras de organizar el mundo.</p>      <p align="justify">Entendemos así la articulación ambiente-cultura como algo que provee una base  fundamental para nutrir la construcción de ese desarrollo alternativo y que  puede incorporar también otras dimensiones como el género, lo lúdico, lo  festivo, etc. Teniendo en cuenta el alcance de sus potencialidades y  limitaciones, en esta tarea pueden integrarse conceptos, proposiciones y  experiencias variadas. Entre ellas, además de las identificadas con la rúbrica  de desarrollo alternativo, podemos citar la búsqueda de tecnologías social y  ecológicamente apropiadas para la vivienda, el transporte, la energía y la  industria; la producción agroecológica de alimentos, medicinas y recursos  forestales; el etnodesarrollo, que refiere a la capacidad social de un pueblo  para construir su futuro, aprovechando para ello el conocimiento derivado de su  experiencia histórica y cultural, incluida la comprensión y manejo de los  sistemas tradicionales de apropiación de la naturaleza, de acuerdo con un  proyecto que se defina según sus propios valores y aspiraciones (Asencio, 1994;  Bonfil, 1995); el desarrollo biorregional, basado en la complementariedad  ecológica, productiva y social de espacios geográficos con caracteres ecológicos  homogéneos y similares poblaciones humanas con apropiaciones semejantes de los  ecosistemas (Gudynas, 2000). Se trata de una visión alternativa del desarrollo  con raigambre en la correspondencia del binomio biodiversidad-sociodiversidad,  que no se propone el dominio y control de la naturaleza a la manera en que lo  han hecho la ciencia mecanicista y el desarrollo inspirado en ella, sino que  incorpora la idea de integración y cooperación entre las personas, comunidades y  sociedades y entre éstas y los ciclos naturales en un marco de espontaneidad,  reciprocidad, ayuda mutua, solidaridad e interculturalidad.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Una nueva economía política para una visión alternativa del desarrollo</b></p>      <p align="justify">La llamada «crisis del desarrollo» tiene que ver con la manera de concebir y  analizar el mundo que despliega el grueso del conocimiento científico,  particularmente el económico. Este paradigma, cuyo origen se remonta al  Renacimiento europeo, ha producido una fragmentación de la manera de conocer y  una sectorialización del saber que permite acumular información, pero oscurece  en gran parte la conexión entre los distintos componentes de la realidad y la  interrelación que se da entre sus procesos. Ahora bien, la búsqueda de otras  visiones del mundo que permitan superar las limitaciones del cartesianismo y el  economicismo no deberían conducir a modelaciones de la realidad que se reducen a  lo sociocultural o a lo ecológico, obviando lo económico. Este tema es tan  importante, que quienes estamos a favor de una alternativa distinta a las formas  de pensamiento dominantes no deberíamos dejar la exclusividad de su tratamiento  en manos del neoliberalismo. La crítica del economicismo, que debe incluir la  crítica del cientismo (Mires, 1990), no debe implicar la prescindencia de la  economía. Lo que sí debe evitarse es la utilización de determinada ciencia o de  determinado ámbito del conocimiento como matriz hegemónica que integra y  subordina otros saberes. Así pues, no se trata de integrar la <i>variable  cultura </i>o la <i>variable ecología </i>a la economía, sino más bien de  propiciar una combinación de múltiples conocimientos. En este sentido, no se  buscaría sustituir la economía por otro saber, sino de depurarla de la  pretensión hegemónica, abriéndola a la posibilidad de conexiones plurales con  otras disciplinas, otros conocimientos, otras dimensiones de la existencia  social y material. La economía no debe desgajarse del conjunto de la vida ni  concebirse en modo alguno como algo que existe de por sí y que debe ser  considerado única y necesariamente como resultado de leyes que descansan sobre  sí mismas. Es necesaria una revisión de la economía que no niegue su  significado, pero que sí contribuya a deslastrarla de criterios que son  meramente cuantitativos. Es decir, hablamos de una economía política que en vez  de proclamar la sustentabilidad del crecimiento económico, teniendo como base la  dinámica del libre mercado, más bien internalice las condiciones ecológicas y  culturales de la producción y el intercambio en una combinación de múltiples  saberes, de una economía política que reconozca la centralidad y la complejidad  de los procesos ecológicos y culturales, y que en vez de ver a la naturaleza y  la cultura solamente como capitales naturales o como capitales culturales, vea  en ellas expresiones de patrimonios diversos, dinámicos, estrechamente  relacionados, con niveles de autonomía propios y con lógicas distintas a la de  la acumulación y la rentabilidad. Ello supone, entre otras cosas, aproximaciones  distintas al tema del valor. Si bien es cierto que en los últimos años se han  establecido metodologías para refinar las evaluaciones sobre la riqueza de la  naturaleza y su valor económico, los procedimientos desarrollados se ven muy  limitados por el carácter reductor de las cuantificaciones (sobre todo  monetarias) realizadas, la no equivalencia entre las escalas de valoración y las  diferentes ideas de naturaleza que se confrontan (Gudynas, 1999). De allí que  sea necesario considerar la relatividad y diversidad de las percepciones  valorativas, la imposibilidad de medir y valorar de manera absoluta la  naturaleza y la cultura, puesto que ambas son categorías múltiples, cuya esencia  y significación no son equivalentes ni reducibles a un precio, medida o  valoración particular. Ninguna valoración de la naturaleza o de la cultura da  cuenta de todos y cada uno de sus aspectos, ordenamientos, procesos y  significaciones. Por lo tanto, estas valoraciones, aunque puedan ser necesarias  por razones prácticas en contextos claramente delimitados, siempre serán  incompletas y su uso abusivo y reductor acarreará ineluctablemente consecuencias  nefastas para la sociedad y la vida.</p>      <p align="justify">Por otro lado, la construcción de una nueva economía política debe apuntar hacia  el desmontaje de un modelo de realidad que excluye y oculta los recursos  naturales abundantes y se centra en la escasez, promoviendo la competencia.  Sobre esta base, la tarea supone poner en evidencia una operación ideológica a  través de la cual la propia abundancia se torna en escasez y resaltar el hecho  de que el incremento en la disponibilidad de numerosos recursos naturales sólo  es posible si éstos se comparten.</p>      <p align="justify">Por último, creemos también que esta nueva economía política debe también  asociarse a la configuración de una dimensión que podríamos llamar ética o  moral. Su propósito sería el de reemplazar la competencia y aparente  independencia que caracterizan a la economía de mercado por la reciprocidad e  interdependencia en las cuales la distribución afirma moralmente un sentido de  unidad y destino común entre sus participantes. Ciertamente, una economía de  este tipo no tiene antecedentes históricos cuyos preceptos y ejemplos le  permitan modelarse; sólo puede ser construida con la práctica y la experiencia.  Pero su conformación tiene en muchas sociedades tradicionales una importante  fuente de inspiración.</p>      <p align="justify"><b>A manera de conclusión</b></p>      <p align="justify">Para finalizar queremos aclarar que en este trabajo no pretendemos agotar el  vasto y rico tema de la articulación entre la cultura y el ambiente, ni el de su  relación con el desarrollo. Nuestra intención es de tratar de esbozar algunas  líneas capaces de contribuir a pensar y formular propuestas en torno a lo que  denominamos una <i>visión alternativa del desarrollo.</i></p>      <p align="justify">Para desmontar la carga semántica e ideológica de la noción de desarrollo nos  planteamos, sobre la base de otras racionalidades, una reformulación del  significado o significados atribuidos tradicionalmente al término. La nueva  significación del desarrollo puede encontrar en la articulación cultura-ambiente  un sustrato fundamental. Por ello creemos que ante el efecto homogeneizador y  empobrecedor del actual proceso de globalización que reduce lo ecológico y lo  cultural a la noción de mercancía, se hace necesario reformular la idea de  desarrollo a partir de una visión enraizada en el valor de la diversidad natural  y cultural. Este proceso debe reconocer la tendencia histórica, que hace viable  la articulación intercultural, progresiva, entre múltiples sociedades y que  podría conducir a un profundo enriquecimiento de la experiencia humana en medio  de la diversidad cultural. Por otro lado, debe también promover un desarrollo  que no se proponga el dominio de la naturaleza, sino que incorpore la idea de  aprovechamiento a través de la cooperación con los ciclos naturales. Igualmente,  una visión alternativa del desarrollo debe inscribirse en la construcción de  nuevas utopías que trasciendan las limitaciones ideológicas, conceptuales y  prácticas del economicismo desarrollista. Como parte del camino hacia un futuro  alterno al de la globalización, este planteamiento debe nutrirse de una nueva  economía política capaz de re-situar a los seres vivos (incluidos los humanos y  sus culturas) en el centro de la actividad económica y de entender el proceso  económico como parte de un sistema abierto que mantiene vínculos durables con  otros sistemas (sociales, culturales, políticos, ecológicos, físicos, etc.).</p>      <p align="justify"><b>Referencias bibliográficas</b></p>      <!-- ref --><p align="justify">1. <b>Amin, Samir </b>(2001). «¿Nueva fase del capitalismo? ¿O cura de  rejuvenecimiento del capitalismo senil?», en M. Monereo y M. Riera, eds., Porto  alegre. <i>Otro mundo es posible, </i>pp. 207-262, Barcelona, El Viejo Topo/Foro  Social Mundial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770194&pid=S1012-2508200300010000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">2. <b>Arenas, Nelly </b>y <b>Heinz Sonntag </b>(1995). «Lo global, lo local, lo  híbrido. Aproximaciones a una discusión que comienza». Gestión de las  Transformaciones Sociales MOST. Documentos de debate, n° 6, París, Unesco.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770195&pid=S1012-2508200300010000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">3. <b>Asencio, A. </b>et al. (1994) (Becarios indígenas al XIX Curso Interamericano  de Observación y Práctica Indigenista, México). «Los pueblos indígenas y el  etnodesarrollo en América Latina», en Anuario Indigenista, vol. XXXIII, México,  INI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770196&pid=S1012-2508200300010000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">4. <b>Azqueta, Diego de</b> (1996). «El conocimiento indígena», en <i>Ecología  política,</i> Cuadernos de Debate Internacional, n° 11, Barcelona, Icaria  editorial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770197&pid=S1012-2508200300010000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">5. <b>Ballard, Bruno </b>(2002). «Proyectos de desarrollo alternativo en América  Latina: ¿una auténtica alternativa?», http.// pabloguerra.tripod.com/mallard.htmo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770198&pid=S1012-2508200300010000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">6. <b>Bonfil B., Guillermo</b> (1995). «El etnodesarrollo: sus premisas jurídicas,  políticas y de organización», en <i>Obras escogidas</i>, tomo 2, México,  INI,Ciesas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770199&pid=S1012-2508200300010000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">7. <b>Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo –CMMAD</b> (1987). «Nuestro futuro  común».&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770200&pid=S1012-2508200300010000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">8. <b>De Brie, Christian </b>(1998). «Pour une agricultura écologique», en <i>Un  autre monde est possible, Manière de voir,</i> n° 41, Le Monde Diplomatique,  septiembre-octubre, pp. 52-54.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770201&pid=S1012-2508200300010000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">9. <b>Devereux, Georges</b> (2001). <i>Etnopsicoanálisis complementarista,</i>  Buenos Aires, Amorrortu.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770202&pid=S1012-2508200300010000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">10. <b>Duclos, Denis </b>(2001). «La globalisation va-t-elle unifier le monde?», en <i>Le Monde Diplomatique, </i>año 48, n° 569, agosto, pp. 14-15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770203&pid=S1012-2508200300010000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">11. <b>García Canclini, Néstor </b>(1990). <i>Culturas híbridas: estrategias para  entrar y salir de la modernidad,</i> México, Grijalbo mexicana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770204&pid=S1012-2508200300010000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">12. <b>García Canclini, Néstor</b> (1999). <i>La globalización imaginada,</i>  Barcelona, Paidós.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770205&pid=S1012-2508200300010000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">13. <b>Escobar, Arturo</b> (1995). <i>Encountering Development. The Making and  Unmaking of the Third World,</i> Princeton, Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770206&pid=S1012-2508200300010000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">14. <b>Gilardi, Giulio </b>(1994). <i>Los excluidos ¿construirán la nueva historia?  El movimiento indígena, negro y popular,</i> Madrid, Nueva Utopía, Quito, Centro  Afroecuatoriano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770207&pid=S1012-2508200300010000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">15. <b>Gudynas, Eduardo</b> (1996). <i>Vendiendo la naturaleza. Impactos ambientales  del comercio internacional en América Latina,</i> La Paz, Bolivia, Claes, GTZ e  Instituto de Ecología, UMSA.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770208&pid=S1012-2508200300010000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">16. <b>Gudynas, Eduardo </b>(1999a). «Concepciones de la naturaleza y desarrollo en  América Latina», en <i>Persona y Sociedad,</i> 13, 1: 101-125, Santiago de  Chile, Ilades/Universidad Jesuita A. Hurtado.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770209&pid=S1012-2508200300010000400016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">17. <b>Gudynas, Eduardo</b> (1999b). «Los límites de la mensurabilidad de la  naturaleza», en <i>Ambiente &amp; Sociedade,</i> año 2, nos 3 y 4, São Paulo,  Brasil, Núcleo de Estudos e Pesquisas Ambientais (Nepam), Universidade Campinas  (Unicamp).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770210&pid=S1012-2508200300010000400017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">18. <b>Gudynas, Eduardo</b> (2000). «Una nueva estrategia para la sustentabilidad  del desarrollo: regionalismo autónomo en el Cono Sur», en R. Araya D., comp., <i> Una mirada regional a la relación comercio internacional y medio ambiente</i>,  Chile, Flacso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770211&pid=S1012-2508200300010000400018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">19. <b>Gudynas, Eduardo </b>y <b>Graciela Evia</b> (1993). <i>Ecología social.  Manual de metodologías para educadores populares,</i> Madrid, Editorial Popular  O.E.I., Quinto Centenario.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770212&pid=S1012-2508200300010000400019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">20. <b>Haubert, Maxime</b> (1992). «Les promoteurs populaires au Mexique et en  Amérique Latine», en M. Haubert y otros, eds., <i>Etat et société dans le tiers  monde: de la modernisation à la démocratisation?</i>, pp.&nbsp;307-320, París,  Publications de la Sorbonne.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770213&pid=S1012-2508200300010000400020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">21. <b>Haydes, Lorna</b> (2002). «La revolución gen-ética», <i>La era ecológica,</i>  n° 1, pp. 7-9.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770214&pid=S1012-2508200300010000400021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">22. <b>Hershberg, E.</b> «Environmentalism and the Poor: the Ecology of Survival»,  en Items, <i>Social Research Council,</i> 46,1, pp. 15-25.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770215&pid=S1012-2508200300010000400022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">23. <b>Hopenhayn, Martín</b> (1993). «El humanismo crítico como campo de saberes  sociales en Chile», en Brunner, Joaquín y otros, <i>Paradigmas de conocimiento y  práctica social en Chile,</i> pp. 203-277, Santiago, Flacso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770216&pid=S1012-2508200300010000400023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">24. <b>Kirby, Roberto</b> «El desarrollo sostenible: ¿otro engaño del Norte?», <i>La  era ecológica,</i> n° 1, pp. 3-6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770217&pid=S1012-2508200300010000400024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">25. <b>Leff, Enrique</b> (2000). «La capitalización de la naturaleza y las  estrategias fatales de la sustentabilidad», en <i>Desarrollo sustentable: un  concepto en discusión, </i>número especial de Educación, Participación y  Ambiente, año 4, n° 11, septiembre, Caracas, Venezuela, Dirección General de  Educación Ambiental y Participación Comunitaria, Ministerio del Ambiente y de  los Recursos Naturales, septiembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770218&pid=S1012-2508200300010000400025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">26. <b>Mallard, B.</b> (2002). «Proyectos de desarrollo alternativo en América  Latina: ¿una auténtica alternativa?», http.//pabloguerra.tripod.com/mallard.htmo&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770219&pid=S1012-2508200300010000400026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">27. <b>Martín, Gustavo</b> (2000). «Cultura y desarrollo en Venezuela», mimeo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770220&pid=S1012-2508200300010000400027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">28. <b>Max-Neef, Manfred</b> y otros (1993). <i>Desarrollo a escala humana,  Montevideo,</i> Nordan Comunidad/Redes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770221&pid=S1012-2508200300010000400028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">29. <b>Mires, Fernando</b> (1990). <i>El discurso de la naturaleza. Ecología y  política en América Latina,</i> Santiago de Chile, Amerindia Estudios.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770222&pid=S1012-2508200300010000400029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">30. <b>Mosonyi, Esteban E.</b> (1995). <i>Identidades espontáneas e inducidas. Su  repercusión en el caso venezolano,</i> Caracas, Facultad de Ciencias Económicas  y Sociales, Universidad Central de Venezuela.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770223&pid=S1012-2508200300010000400030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">31. <b>Mosonyi, Esteban E. </b>(2000). «Globalización y diversidad cultural», en <i> El Nacional,</i> Caracas, 17 de mayo, p. A/6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770224&pid=S1012-2508200300010000400031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">32. <b>Muradian, Roldan </b>(2002). «Convergence or Polarisation? Envisaging the  Environmental and Development Effects of Globalisation in Developing Countries»,  en M. Bastida y E. Leff, coords., <i>Comercio, medio ambiente y desarrollo  sustentable: perspectivas de América Latina y el Caribe, </i>pp. 49-68, México,  Pnuma/Oficina Regional para América Latina y el Caribe, Universidad Nacional  Autónoma de México/Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y  Humanidades.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770225&pid=S1012-2508200300010000400032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">33. <b>Pérez Ramírez, Gustavo</b> (2000). «¿Cuál desarrollo alternativo?», en <i> Hoy, </i>septiembre, Quito.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770226&pid=S1012-2508200300010000400033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">34. <b>Quiroga, R.</b> y <b>S. Van Hauwermeiren</b> (1996). <i>Globalización e  insustentabilidad,</i> Santiago de Chile, Instituto de Ecología Política.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770227&pid=S1012-2508200300010000400034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. <b>Ramonet, Ignacio </b>(2001). «Globalización, desigualdades y resistencias»,  en M. Monereo y M. Riera, eds., Porto Alegre. <i>Otro mundo es posible,</i> pp.  85-102, julio, Barcelona, El Viejo Topo/Foro Social Mundial.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770228&pid=S1012-2508200300010000400035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">36. <b>Razeto, Luis</b> (1993). <i>Los caminos de la economía de solidaridad, </i> Santiago, Vivarium.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770229&pid=S1012-2508200300010000400036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">37. <b>Ribeiro, Silvia</b> (2001).«Propiedad intelectual, recursos genéticos y  conocimientos tradcionales», en M. Bastida y E. Leff, coords., <i>Comercio,  medio ambiente y desarrollo sustentable: perspectivas de América Latina y el  Caribe,</i> pp. 363-380, México, Pnuma/Oficina Regional para América Latina y el  Caribe, Universidad Nacional Autónoma de México/Centro de Investigaciones  Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770230&pid=S1012-2508200300010000400037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">38. <b>Sachs, Wolfgang </b>(1996). «La anatomía política del ‹desarrollo  sostenible›», en<i> La gallina de los huevos de oro: debate sobre el concepto  del desarrollo sostenible,</i> pp. 15-25, Bogotá, Cerec-Ecofondo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770231&pid=S1012-2508200300010000400038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">39. <b>Shand, Hope</b> (2001). «Control and Ownership of Gm Technology: What Impact  on Farmers and Food Security?», en M. Bastida y E. Leff, coords., <i>Comercio,  medio ambiente y desarrollo sustentable: perspectivas de América Latina y el  Caribe, </i>pp. 381-394, México, Pnuma/Oficina Regional para América Latina y el  Caribe, Universidad Nacional Autónoma de México/Centro de Investigaciones  Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770232&pid=S1012-2508200300010000400039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">40. <b>Shiva, Vandana</b> (1998). «Biopiratería: el saqueo de las culturas  indígenas», en <i>El Nacional,</i> Caracas, 30 de agosto, p. A-4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770233&pid=S1012-2508200300010000400040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">41. <b>Velasco, Francisco Javier</b> (1988). «Histoire de l’idée de nature en  Amérique Latine», Montreal, mimeo, Faculté de l’Aménagement, Université de  Montréal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770234&pid=S1012-2508200300010000400041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">42. <b>Velasco, Francisco Javier</b> (1995). «Globalismo y ecología: los riesgos del  ambientalismo tecnocrático», <i>El Ojo del Huracán,</i> año 7, n° 24, pp. 9-10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770235&pid=S1012-2508200300010000400042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">43. <b>Velasco, Francisco Javier </b>(1996). «El desarrollo sustentable y la  utilización racional de los recursos naturales como problema cultural», en <i> Espacio abierto,</i> vol. 5, n° 2, pp. 281-295.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770236&pid=S1012-2508200300010000400043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">44. <b>Velasco, Luisa Fernanda</b> (1999). «Lo ‹etno› del desarrollo: una mirada a  las estrategias y propuestas de desarrollo indígena», <i>Revista Mad, </i>n° 1,  Santiago, Departamento de Antropología. Universidad de Chile, septiembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770237&pid=S1012-2508200300010000400044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">45. <b>World Watch Institute –WWI</b> (2002). <i>State of the world 2002,</i>  Special World Summit Edition.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=770238&pid=S1012-2508200300010000400045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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