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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La otra, el mismo: El género en la ciencia y la tecnología en Venezuela]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In this study about female participation in scientific and technological activities in Venezuela an analysis is made of the female presence in the power instances of the institutions in charge of research execution and management, either in positions of research coordination, scientific evaluation (of researchers, laboratories, projects), the elaboration of institutional strategies, positions of political responsibility in government or legislature, or administrative posts. In order to understand issues related to academic female scientists we include the study of higher education, distinguishing its undergraduate, graduate and doctoral levels; and we also consider the hierarchy of the teaching staff and research. Despite advancements, the gender inequity is still observable in many areas of public endeavor.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size="4">«La otra, el mismo». El género en la ciencia y la tecnología en Venezuela*</font></b></p>      <p align="center"><font size="3">HEBE VESSURI    <br> MARÍA VICTORIA CANINO</font></p>      <p align="justify"><b>Resumen </b>    <br> En este estudio sobre la participación de las mujeres en las actividades  científicas y tecnológicas de Venezuela se examina la presencia femenina en las  instancias de poder de las instituciones de ejecución o de gestión de la  investigación, ya sea que se trate de posiciones de coordinación de la  investigación, evaluación científica (de investigadores, laboratorios,  proyectos), la elaboración de estrategias institucionales, cargos de  responsabilidad política en instancias gubernamentales o legislativas, o  instancias administrativas. Para entender las cuestiones relacionadas con las  mujeres científicas académicas, se incluye el estudio de la educación superior  diferenciando sus niveles de grado, maestría y doctorado y se considera el  escalafón docente y la investigación. Pese a los progresos, todavía se observa  inequidad de género en muchas áreas del quehacer público.     <br>     <br> <b>Palabras clave</b>    <br> Mujeres / Ciencia y tecnología / Investigación científica / Género y ciencia /  Dicotomías / Femenino / Masculino / Poder    <br>     <br> <b>Abstract</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> In this study about female participation in scientific and technological  activities in Venezuela an analysis is made of the female presence in the power  instances of the institutions in charge of research execution and management,  either in positions of research coordination, scientific evaluation (of  researchers, laboratories, projects), the elaboration of institutional  strategies, positions of political responsibility in government or legislature,  or administrative posts. In order to understand issues related to academic  female scientists we include the study of higher education, distinguishing its  undergraduate, graduate and doctoral levels; and we also consider the hierarchy  of the teaching staff and research. Despite advancements, the gender inequity is  still observable in many areas of public endeavor.    <br>     <br> <b>Key words</b>    <br> Women / Science and technology / Scientific research / Gender and science /  Dichotomies / Female / Male / Power</p>      <p align="justify"> RECIBIDO: JULIO 2003    <br> ACEPTADO: NOVIEMBRE 2003    <br>     <br> En el prólogo de su poemario <i>El otro, el mismo</i> (1964), dedicado a  Leopoldo Lugones, Borges escribe:</p>      <blockquote>      <p align="justify"> Si no me engaño...[a Ud.]...le hubiera gustado que le gustara algún trabajo mío.  Ello no ocurrió nunca, pero esta vez Ud. vuelve las páginas y lee con aprobación  algún verso, acaso porque en él ha reconocido su propia voz, acaso porque la  práctica deficiente le importa menos que la sana teoría...</p>  </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"> Y concluye su comentario sobre la escena de ese encuentro (cronológicamente  imposible) diciendo que así como Lugones había muerto (en el año 1938), Borges,  que escribía en 1963, también eventualmente habría de morir «y se confundirán  nuestros tiempos y la cronología se perderá en un orbe de símbolos». Borges  escribe sobre la dicotomía del uno y el otro y su profunda unidad cósmica.  Hombre y mujer también son expresión de esa dicotomía, a la vez diferentes y los  mismos. La analogía de esta imagen con las voces de científicas y científicos  nos parece resonar con hondo sentido. En última instancia, ambos están  comprometidos en una empresa común, hacer ciencia, producir conocimiento,  descubrir, interpretar, cada uno con sus sensibilidades, sus diferencias y  especificidades. En el tiempo, la ciencia que hacen las mujeres (concebida en  cerebros y con manos femeninas) se confundirá con la de los hombres en el mundo  de símbolos del pensamiento humano, sin que se distingan autores, y menos aún su  sexo. El otro (la otra) será entonces reconocido irremediablemente como el  mismo.    <br>     <br> <b>Introducción </b>    <br> El género se ha convertido en un tema de política que está integrado en la gama  de factores que se toman en cuenta cuando se analizan logros, elecciones y  resultados de la actividad académica y de la investigación y desarrollo. La  participación de las mujeres en la actividad científica y tecnológica es uno de  los principales desafíos de la paridad. Ella es la garantía de una evaluación  igualitaria y justa y de que las orientaciones científicas tomen en  consideración tanto las preocupaciones de las mujeres como las de los hombres  que hacen ciencia.    <br> Los debates y la investigación en torno al tema de la educación superior no  necesariamente toman la misma forma que hace veinte años, ya que las mujeres en  todos los ámbitos demuestran tasas de participación más elevadas que las de los  hombres desde la escuela media diversificada y en la educación superior,  inclusive acercándose a la paridad en los niveles de postgrado; y se ha mostrado  que no les va peor en términos de logros educativos. Para algunos, si todavía  hay una «cuestión de género», ésta debe ubicarse en otra parte, posiblemente en  el mercado de trabajo, pero ya no en la formación. Para otros, en cambio, la  cuestión del género sigue siendo relevante, simplemente porque, aunque las  mujeres parecen equipararse o inclusive superar a los hombres en su presencia en  muchas áreas de la academia, en algunos aspectos cruciales los hombres todavía  mantienen una considerable ventaja que les permite beneficiarse de un desarrollo  de carrera más rápido y amplio.     <br> El presente estudio sobre la participación de las mujeres en las actividades  científicas y tecnológicas de Venezuela toma como punto de partida  investigaciones previas, en las que dimos una visión de la situación del género  en la ciencia en Venezuela a partir de una base empírica parcial, y considerando  el lapso 1990-1999; aquí nos concentramos en un período más reciente, 1997-2001  (si bien para algunas instituciones abarcamos el lapso 1990-2003). Se busca  estudiar, además, la presencia femenina en las instancias de las instituciones  de ejecución o de gestión de la investigación, ya sea que se trate de posiciones  de coordinación de la investigación, de evaluación científica (de  investigadores, laboratorios, proyectos), de la elaboración de estrategias  institucionales, de cargos de responsabilidad política en instancias  gubernamentales o legislativas, o de funciones administrativas. Para entender  las cuestiones relacionadas con las mujeres científicas académicas en este país  particular, es importante conocer la matriz sociocultural en la que las  relaciones de género se encuentran insertas. De allí que se incluya el estudio  de la educación superior, con algunas consideraciones de los niveles previos y  otras áreas de actividad pública también.    <br>     <br> <b>El universo de estudio</b>    <br> Realizado en el Departamento de Estudio de la Ciencia del Instituto Venezolano  de Investigaciones Científicas (IVIC) como parte del Proyecto Iberoamericano de  Ciencia, Tecnología y Género, con un pequeño apoyo financiero de la Unesco, esta  investigación considera en primer lugar el sistema institucional académico como  el piso para la actuación y avance femeninos en el campo del conocimiento  avanzado, incluyendo una muestra de instituciones que comprende a las  universidades Central de Venezuela (UCV), Simón Bolívar (USB), Metropolitana (Unimet),  Católica Andrés Bello (UCAB), Carabobo (UC), de los Andes (ULA), del Zulia (LUZ)  y de Oriente (UDO), así como el Instituto Universitario de Tecnología Región  Capital Federico Rivero Palacio (Iutfrc). Se dan también algunas cifras globales  para el Subsistema de Educación Superior (SSES) en la medida en que los datos  estuvieron disponibles, lo que permite situar la especificidad de instituciones  para las que tenemos información detallada en relación con el promedio nacional.  Esta información revela la situación de las capacidades de un componente  importante de la población nacional que, hasta no hace mucho tiempo, no se  diferenciaba en las estadísticas y no se consideraba en sus dimensiones  específicas.     <br> En segundo lugar, se considera el sistema de investigación y desarrollo, a  través de tres ejemplos: el IVIC, el Centro de Investigación y Desarrollo de  Petróleos de Venezuela S.A., Intevep y el Programa de Promoción del Investigador  (PPI), que acredita y premia a los investigadores activos en el país. El interés  que nos mueve en este trabajo es aportar elementos para contestar las preguntas:  ¿cuántas mujeres hay en la educación superior que corresponden al campo  científico y tecnológico nacional?, ¿cuántas son científicas y tecnólogas?, ¿en  qué áreas de la ciencia participan y en qué porcentajes?, ¿cuáles son sus  lugares de trabajo?    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <b>El sector académico</b>    <br> Para este estudio tomamos en cuenta la información más general que ha procesado  el Consejo Nacional de Universidades (CNU) para el SSES y la información más  detallada que pudimos obtener y analizar correspondiente a algunas de las  principales instituciones públicas y privadas ubicadas en la zona metropolitana  de Caracas y ciudades del interior del país, que se agregan a la información  obtenida en estudios anteriores. La elección de la carrera en la educación  superior se coloca como el punto de partida en el proceso de construir  diferencias de género entre los profesionales. En las últimas décadas los  estereotipos referidos a la segregación por género en la elección de carrera han  cambiado bastante. Resulta evidente que se ha evolucionado claramente hacia la  apertura de todas las carreras al sexo femenino y que las mujeres dejan de  sentirse inhibidas de ingresar a carreras tradicionalmente consideradas  «masculinas». Se observa una mayor libertad en la escogencia de carreras.  Tampoco hemos encontrado elementos como los que se reportan para otros países,  tales como que las mujeres tendrían menos probabilidades de tener las mejores  notas. Los datos puntuales que hemos obtenido sugieren que en el SSES venezolano  las mujeres tienen tantas probabilidad como los hombres de obtener las mejores  calificaciones.     <br>     <br> <b>Egresadas de pregrado </b>    <br> La evolución de la participación del contingente femenino en los egresados del  SSES fue continua en todo el medio siglo pasado, dándose la inflexión en la  década de los setenta. Las instituciones del SSES gradúan hoy más mujeres que  hombres y la tendencia es al aumento de la ventaja sobre la población de  egresados. De las universidades consideradas en el estudio, sólo en la USB se  revierte la proporción, explicable por el predominio de las carreras de  Ingeniería en esa universidad. Y en dos de las universidades públicas grandes la  mayoría femenina es notable, 71 por ciento de mujeres en la LUZ y en la UC,  mientras que los porcentajes también son elevados en la UCV y en la ULA con 66  por ciento y 64 por ciento, respectivamente.</p>      <p align="center"><a name="g1"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%201.jpg" width="546" height="428"></a></p>      
<p align="justify">    <br> Si se observan los números consolidados para las facultades de Ciencias y de  Ingeniería, destaca el hecho de que en el área de Ciencias se ha alcanzado la  paridad en los egresados en las instituciones de la muestra, con un predominio  claramente femenino en la UCV, mientras que en las facultades de Ingeniería la  participación femenina aún es deficitaria.</p>      <p align="center"><a name="g2a"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%202a.jpg" width="400" height="314"></a></p>      
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g2b"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%202b.jpg" width="450" height="327"></a></p>      
<p align="justify">En el caso de la UCV, las únicas tres facultades que en el año 2000 tuvieron un  menor porcentaje de mujeres entre sus egresados fueron Ingeniería (41 por  ciento), Agronomía (43 por ciento) y Ciencias Veterinarias (45 por ciento).</p>      <p align="center"><a name="fig3"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Figura%203.jpg" width="588" height="405"></a></p>      
<p align="justify">En Ingeniería las carreras que continuaban siendo territorio eminentemente  masculino fueron Mecánica (14 por ciento), Eléctrica (22 por ciento) y Geología,  Minas y Geofísica (31 por ciento). En Ingeniería Civil e Ingeniería Química y  Petróleo hubo claro predominio de egresadas mujeres y en Metalurgia éstas  alcanzaron el 48 por ciento. En el resto, incluyendo la Facultad de Ciencias,  donde las mujeres constituyeron ese año el 67 por ciento de los egresados y  Farmacia (78 por ciento), hubo amplio predominio femenino en la población  egresada, como se puede apreciar en el <a href="#g5"> gráfico 5</a>. En Ciencias, incluso en  Matemáticas que suele tomarse como una disciplina poco femenina en la  literatura, el 73 por ciento de los egresados fueron mujeres.    <br> Es interesante observar en el <a href="#g4a"> gráfico 4</a>, que en carreras tradicionalmente  consideradas masculinas dentro de la Facultad de Ciencias, como es el caso de  Matemáticas, en 2001 el 82 por ciento de los egresados fueron mujeres. En Física  fueron el 33 por ciento y en Computación el 46 por ciento. En la Facultad de  Ingeniería, las mujeres constituyeron el 46 por ciento de los egresados en  Química y Petróleo, pero las proporciones resultaron mucho más bajas en las  restantes carreras. Así, tenemos que en Civil hubo 36 por ciento de mujeres, en  Eléctrica 19 por ciento, Geología, Minas y Geofísica 33 por ciento, Mecánica 21  por ciento y Metalúrgica sólo 5 por ciento.</p>      <p align="center"><a name="g4a"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%204a.jpg" width="405" height="306"></a></p>      
<p align="center"><a name="g4b"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%204b.jpg" width="462" height="316"></a></p>      
<p align="justify">Entre distintas instituciones de educación superior hay algunas diferencias,  pero la tendencia a la feminización es la misma. Así, en la LUZ, para el lapso  1995-2001 se observa que las únicas facultades donde había menos mujeres eran  Ciencias Veterinarias (33 por ciento), Agronomía (39 por ciento), Ingeniería (43  por ciento) y Ciencias (50 por ciento). En las restantes predominaban las  mujeres, siendo la proporción más elevada en Humanidades y Educación y  Odontología (ambas con 82 por ciento) y en Ciencias de la Salud (81 por ciento).  Dentro de las dos facultades que más nos interesan en este trabajo, Ciencias e  Ingeniería, se observaban diferencias dentro de las carreras. Matemáticas en LUZ  presentaba un 22 por ciento de mujeres entre los egresados, Física 24 por ciento  y Computación 46 por ciento. En Química y Biología las mujeres superaban el 50  por ciento. En Ingeniería Mecánica las mujeres eran el 22 por ciento de los  egresados y en Eléctrica el 24 por ciento. Pero en Ingeniería Civil eran 56 por  ciento y en Ingeniería Industrial el 70 por ciento de los egresados. </p>      <p align="center"><a name="g5"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%205.jpg" width="553" height="336"></a></p>      
<p align="justify">En la UC el porcentaje de mujeres que se graduaron en el lapso 1997-2001 fue de  70,8 por ciento. Para las facultades tomadas cada una como un todo, la tendencia  de crecimiento es clara, superando ampliamente el 70 por ciento en Odontología,  Ciencias de la Educación, Salud, Economía y Ciencias Sociales y llegando al 67  por ciento en Derecho. Los menores porcentajes correspondieron a la Facultad de  Ciencia y Tecnología, donde de cualquier manera se observa que hubo un 51 por  ciento de egresadas (es decir, más de la mitad de la población de egresados), y  la Facultad de Ingeniería, que tuvo el porcentaje más bajo con un 41 por ciento.  Si se toman en cuenta las escuelas, vemos que las únicas donde las mujeres  seguían siendo claramente minoría, aunque estaban presentes, eran: Ingeniería  Eléctrica (18 por ciento de mujeres) e Ingeniería Mecánica (26 por ciento) en la  Facultad de Ingeniería, y Física (30 por ciento) en la Facultad de Ciencia y  Tecnología.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g6"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%206.jpg" width="452" height="339"></a></p>      
<p align="justify">En la USB y en la UCAB hay patrones un tanto contrastantes. Mientras que en la  USB las carreras predominantes son las ingenierías con una amplia mayoría  masculina, en la UCAB, orientada a las humanidades y ciencias sociales, se  observa que en estas áreas entre un 70 por ciento y 80 por ciento de los  estudiantes son mujeres.    <br> En las universidades de la muestra que tienen facultades de Medicina y Ciencias  de la Salud, se observa que en ellas la presencia femenina es claramente  dominante.    <br> En las distintas carreras de la Salud, como en el caso de la UCV que se reporta  en el <a href="#g12"> gráfico 12</a>, la única excepción al franco predominio femenino se da en la  carrera de Salud Pública.    <br> </p>      <p align="center"><a name="g7"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%207.jpg" width="452" height="447"></a></p>      
<p align="center"><a name="g8"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%208.jpg" width="428" height="426"></a></p>      
<p align="center"><a name="g9"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%209.jpg" width="480" height="368"></a></p>      
<p align="center"><a name="g10"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2010.jpg" width="499" height="419"></a></p>      
<p align="justify">La tendencia a la feminización del medio académico también se observa en las  facultades de Agronomía y Veterinaria, con diferencias entre universidades. En  el caso de la UCV, se ha argumentado que la feminización se debe a la  urbanización del entorno donde se encuentran ubicadas las facultades de  Agronomía y de Veterinaria en Maracay y a la ausencia de otras facultades de la  UCV en la misma ciudad, lo que lleva a una cantidad mayor de mujeres a elegir  estas carreras, a falta de otras oportunidades en su ciudad de residencia.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g11a"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2011a.jpg" width="470" height="368"></a></p>      
<p align="center"><a name="g11b"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2011b.jpg" width="501" height="328"></a></p>      
<p align="justify">A la luz de las estadísticas de egresados de pregrado disponibles, pareciera  entonces que la política de igualdad de oportunidades debiera enfocarse en las  ingenierías, para incrementar el número de mujeres en algunas carreras, al mismo  tiempo que pudiera pensarse en una política que contribuyera a reequilibrar los  números en otras áreas, desarrollando mayores incentivos para los hombres en  aquellas carreras que han pasado a ser prácticamente femeninas.    <br>     <br> <b>El postgrado</b>    <br> Datos como los anteriores invitan a la reflexión con respecto a la preparación  de las jóvenes para desarrollar una carrera profesional y en un porcentaje menor  asumir ocupaciones en el campo científico y tecnológico, que es uno de los  principales objetivos de la educación superior. ¿Cómo les va a las mujeres en su  experiencia de educación superior y su tránsito al nivel de postgrado? ¿Le sacan  ventaja plena emprendiendo estudios doctorales tan a menudo como los hombres?</p>      <p align="center"><a name="g12"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2012.jpg" width="425" height="334"></a></p>      
<p align="justify">La evolución de la población de egresados del postgrado en los últimos once años  muestra un avance de las mujeres también en este nivel, que las vuelve  mayoritarias, o en un caso como el de la USB, donde como vimos en el nivel de  pregrado hay un predominio masculino por las carreras de Ingeniería, se  equiparan los dos sexos. Naturalmente en el programa de postgrado hay en esa  institución una oferta de áreas de conocimiento algo más diversificada y eso  contribuye a una mayor presencia femenina.     <br> Cuando se abre la categoría del postgrado, sin embargo, se constata que hay  diferencias entre las titulaciones que se buscan, siendo muy desiguales las  poblaciones correspondientes a cada una de ellas. En la UCV, por ejemplo, los  egresados continúan siendo en su mayoría de programas de especialización (66 por  ciento), mientras que los egresados de maestría son el 31 por ciento y del  doctorado sólo el 4 por ciento. Si se analiza cada nivel de postgrado, siempre  en el caso de la UCV, se puede observar que las egresadas de la especialización  son el 59 por ciento, de maestría el 58 por ciento y de doctorado el 47 por  ciento, lo cual indica que las mujeres no se quedan muy atrás en la consecución  del máximo título universitario.     <br> Otra institución de la muestra considerada para el nivel de postgrado es la UCAB.  La población de egresados de postgrado de esta institución apenas si superó la  decena en 1978 y la centena en 1986, pero desde entonces ha experimentado un  amplio desarrollo. A partir de 1988 las curvas de crecimiento de la población  femenina y masculina entre los egresados se separan, con un marcado incremento  de las mujeres. Esta institución se ha dedicado mayoritariamente a los cursos de  especialización, que predominan con un 84 por ciento de los egresados; las  mujeres en este grupo son el 61 por ciento. Le sigue un 16 por ciento de  egresados de maestría, dentro de los cuales las mujeres son el 57 por ciento,  mientras hay sólo 0,2 por ciento de doctores y las mujeres constituyen el 30 por  ciento de este escaso contingente (datos correspondientes al lapso 1990-1999).  Claramente la orientación del programa de postgrado de esta universidad es hacia  las ciencias sociales, como queda plasmado en el <a href="#g13"> gráfico 13</a>, donde además puede  observarse la relación de los egresados por área de conocimiento y por sexo.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g13"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2013.jpg" width="497" height="373"></a></p>      
<p align="justify">En el área de postgrado en la UC hay un mayor énfasis en el nivel de maestría,  que comprende el 56 por ciento de los egresados de postgrado, mientras que los  de especialización llegan al 44 por ciento. Los doctores siguen siendo el  producto más escaso, 0,4 por ciento, aunque es más que probable que estos  valores se multipliquen en breve en vista de la tendencia de graduación de los  niveles previos y la participación del personal docente en programas como el  Alma Mater del CNU. Las mujeres aquí son el 73 por ciento de los egresados de  maestría, el 66 por ciento de los egresados de especialización y el 40 por  ciento del doctorado (datos correspondientes al lapso 1997-2001). </p>      <p align="center"><a name="g14"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2014.jpg" width="451" height="403"></a></p>      
<p align="justify">La UDO tiene un desarrollo mucho más incipiente del programa de postgrado. En  esa institución un 71 por ciento de egresados lo son de cursos de  especialización, en los que el contingente femenino constituye el 38 por ciento,  y 29 por ciento son de maestría, con un 54 por ciento de mujeres egresadas de  este nivel (datos correspondientes a 1990-2000).     <br> En la USB, la población de egresados de los programas de postgrado en la década  de los noventa fue de 1.977 personas. Un 48 por ciento de sus egresados de  postgrado hizo cursos de especialización, donde las mujeres eran el 50 por  ciento; y un 49 por ciento hizo programas de maestría, también con un 50 por  ciento de mujeres entre los egresados. El nivel de doctorado comprendió el 3 por  ciento de los egresados de postgrado de esta universidad, y las mujeres eran el  52 por ciento, con predominio de las ciencias físico-naturales y ciencias  sociales y humanidades (datos de 1990-1999).     <br> En las maestrías de la USB donde predominan ampliamente los hombres están  Ingeniería Eléctrica, Ingeniería Mecánica, Ciencias de la Computación,  Filosofía, Matemáticas e Ingeniería Biomédica. Por el contrario predominan las  mujeres en Lingüística Aplicada, Nutrición, Ciencia de los Alimentos,  Psicología, Ciencias Biológicas y en Literatura Latinoamericana.</p>      <p align="center"><a name="g15"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2015.jpg" width="451" height="391"></a></p>      
<p align="justify">El IVIC también es un centro de formación de postgrado, dentro de su definición  como instituto público de investigación creado en 1959, y que desde su fundación  incluyó en su misión la formación avanzada de investigadores. Su escuela formal  de postgrado comenzó en 1971 cuando se crea el Centro de Estudios Avanzados  (CEA) como unidad coordinadora de la actividad docente, aunque desde 1959  recibía estudiantes graduados de las universidades y otros institutos de  educación superior. Entre 1990 y 2003 egresaron 322 personas del postgrado, de  las cuales 184 (57 por ciento) fueron mujeres. De ellas las que obtuvieron el  grado de doctor son un poco menos de la mitad, el 46 por ciento. Las que  obtuvieron el grado de Magister Scientiarum, en cambio, totalizan 62 por ciento.  Una revisión de los tutores de tesis revela que las mujeres en funciones de  tutoras son un 25 por ciento, es decir, que constituyen un porcentaje menor que  el número de mujeres investigadoras en el Instituto. En las tesis asistidas por  dos tutores podemos observar un porcentaje casi la mitad más bajo de mujeres que  son tutoras principales respecto de las que son co-tutoras y que hay un número  de parejas de cotutores masculinos mayor que las dos columnas que incluyen  mujeres como tutor principal o co-tutor, al mismo tiempo que no se observa  ningún caso de una pareja de co-tutores femeninos.</p>      <p align="center"><a name="g16"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2016.jpg" width="452" height="328"></a></p>      
<p align="justify">El rendimiento de las estudiantes no deja nada que desear. En la población de  102 egresados de maestría y doctorado entre 1999 y 2003, entre quienes  obtuvieron notas mayores de 18 puntos hay 13 mujeres y 8 varones. Sin embargo,  de los representantes estudiantiles de las promociones del IVIC que en el lapso  1990-2003 pronunciaron los discursos en las ceremonias anuales de graduación,  sólo el 32 por ciento fueron mujeres. Dado que el porcentaje de mujeres  egresadas en ese lapso fue de 57 por ciento y que el rendimiento de notas de los  dos grupo fue bastante parejo en cuanto a la cantidad de personas con mayor  puntaje, resulta claro que en la escogencia de los oradores en este tipo de  discursos «públicos» o «políticos» todavía se les atribuye una mayor  «representatividad» a los hombres. Vale destacar que entre los oradores de orden  de esas mismas ceremonias en 1981-2001 hubo una sola mujer, quien no es  investigadora sino presidenta de una fundación de fomento de la actividad  científica y cultural.1 Con excepción de un comunicador social, el resto de los  oradores fueron doctores vinculados a la actividad científica.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Ahora bien, hasta aquí hemos mapeado la situación de la formación de capacidades  tanto en el ámbito de grado como de postgrado en sus varios niveles, en una  muestra de instituciones donde se ve un franco progreso de las mujeres, quienes  continúan avanzando al frente de la formación de mayor nivel académico,  calificándose en los estratos superiores identificados con carreras  profesionales y de investigación. Cabe entonces preguntarse: ¿la formación  avanzada les sirve para insertarse en el ámbito selecto de las «ocupaciones de  investigación» que supuestamente están en la avanzada de las sociedades  contemporáneas? ¿O tienen más dificultades que los hombres para lograrlo? Los  principales desarrollos que han tenido lugar en los últimos 15 años, y que  condujeron hacia la igualdad de género en los cursos de postgrado, no  necesariamente significan avances en la igualdad de género en los puestos de  docencia superior e investigación.     <br>     <br> <b>Las mujeres en la ciencia y la tecnología    <br>     <br> Mujeres profesoras e investigadoras en el medio académico</b>    <br> En Venezuela hay evidencias puntuales que sugieren que hay casi tantas mujeres  como varones que obtienen el doctorado, aunque la Oficina de Planificación del  Sector Universitario (OPSU) carece aún de cifras generales para todo el SSES.  Pero su mayor calificación no les asegura necesariamente una inserción en  igualdad de condiciones en todos los ámbitos. Por un lado, pareciera  corroborarse la afirmación de que las mujeres tienen más probabilidades de  emplearse en el sector público y de ganar menos que los varones. Algunos  autores, escribiendo sobre otros contextos nacionales en países más  industrializados (por ej. Chevalier, 2002, basado en datos del First Destination  Survey que describe la situación ocupacional de graduados del Reino Unido seis  meses después de graduarse para las cohortes de 1985, 1990 y 1995) atribuyen el  sesgo en la elección a rasgos de carácter «típicamente femeninos», tales como  ser menos ambiciosas y adictas al trabajo y preocuparse más por los demás. Si  bien estas apreciaciones sobre «psicología femenina» resultan dudosas, sería  útil desarrollar enfoques similares de mujeres en el mercado laboral un año  después de graduarse, en otros contextos nacionales, como los latinoamericanos.     <br> La cantidad de mujeres en la docencia universitaria ha crecido en años  recientes, aunque todavía constituyen el 34 por ciento del personal docente de  las universidades en el SSES. Entre las opciones laborales de las egresadas  universitarias habría una preferencia por el empleo en el medio académico, como  un ámbito laboral que ofrece un conjunto de ventajas sobre otros, entre los que  suelen listarse: poder atender las responsabilidades del hogar y los hijos al  mismo tiempo que se desarrolla una carrera, la dimensión humana y emotiva de la  educación y formación de los jóvenes. También el hecho mismo de tener una  familia, es decir, tener hijos o no tenerlos, impactaría en forma crítica sobre  el tiempo de trabajo y el ingreso por género. Estos factores, combinados con la  libertad o flexibilidad relativa del horario del trabajo universitario, lo  harían preferible para muchas mujeres. Por otro lado, está el argumento de que  el mundo académico es menos remunerado y los hombres buscan otras fuentes de  empleo en el sector privado, mejor retribuidas. Asimismo, trabajar en el medio  de las ingenierías, aún en el ámbito académico, sigue teniendo sus bemoles, pero  es posible.     <br> Al observar la posición de las mujeres que forman parte del personal académico  en el SESS se encuentra, para el último año sobre el que existe información  oficial (1999), una participación femenina del 41,5 por ciento, que fluctúa  entre el 43,8 por ciento en el Iutfrp y el 19,1 por ciento en la UDO. Puede  afirmarse que las mujeres académicas están todavía subrepresentadas en las  instituciones de educación superior (IES) en Venezuela, si bien se han hecho  avances muy considerables en muchas de ellas, como se nota en el <a href="#g20"> gráfico 20</a>  referida a una muestra selectiva de instituciones del subsector.</p>      <p align="center"><a name="g17"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2017.jpg" width="494" height="318"></a></p>      
<p align="justify">Para tratar de entender mejor la naturaleza del desequilibrio entre el personal  académico femenino y masculino, se hace un análisis de la cantidad de mujeres  diferenciadas por categorías, mostrándose algunos valores interesantes.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Se suele dar por supuesto que hay un declive marcado en la presencia de mujeres  en las posiciones académicas más altas, encontrándose concentradas en los  niveles iniciales de la carrera. En el caso venezolano, si bien en ninguna  categoría para ninguna de las instituciones consideradas las profesoras superan  en número a los profesores, esta no es siempre la situación y se observa que, en  el nivel titular, en algunas instituciones el porcentaje femenino se mantiene  elevado y es en varios casos superior al observado en el caso de las mujeres en  la categoría de instructor.</p>      <p align="center"><a name="g18a"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2018a.jpg" width="495" height="385"></a></p>      
<p align="center"><a name="g18b"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2018b.jpg" width="495" height="381"></a></p>      
<p align="center"><a name="g18c"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2018c.jpg" width="498" height="363"></a></p>      
<p align="center"><a name="g18d"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2018d.jpg" width="495" height="385"></a></p>      
<p align="justify">En una universidad como la UDO, aunque las instructoras constituyen el 6,8 por  ciento, las profesoras titulares llegan al 27 por ciento y las que tienen nivel  de asociado son el 37 por ciento. Habría que analizar si allí ha habido una  pérdida de representatividad femenina en las nuevas incorporaciones o si en  cambio se trata de un avance de carrera en el personal más joven. En la ULA, en  cambio, las mujeres en nivel de instructor son el 42 por ciento y en el nivel  titular 34 por ciento, mientras que en la UC las instructoras son el 37 por  ciento y las titulares el 47 por ciento.</p>      <p align="center"><a name="g19"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2019.jpg" width="492" height="356"></a></p>      
<p align="justify">En la UCV en el año 2003 las mujeres constituyen el 38 por ciento de los  profesores de nivel titular y el 46 por ciento del nivel asociado, mientras que  representan el 47 por ciento de los instructores.    <br> Estos valores presentan modulaciones según las facultades y las carreras. En las  dos que nos interesan particularmente, Ciencias e Ingeniería, la participación  femenina varía significativamente. Así, se observa que en la Facultad de  Ciencias, si bien el total femenino alcanza el 43 por ciento, las profesoras de  nivel titular son el 33 por ciento, aunque un 49 por ciento son de nivel  asociado, es decir, el nivel inmediatamente anterior y que requiere el  doctorado. El 47 por ciento de los instructores y el 51 por ciento de los  asistentes son mujeres. </p>      <p align="center"><a name="g20"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2020.jpg" width="495" height="333"></a></p>      
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g21"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2021.jpg" width="448" height="362"></a></p>      
<p align="justify">En la Facultad de Ingeniería, el total de mujeres en el personal docente es  mucho menor, 23 por ciento, y las profesoras titulares constituyen el 23 por  ciento, seguido por un 31 por ciento en el nivel asociado. Las mujeres son el 34  por ciento de los instructores.     <br> Otro ámbito de análisis se refiere al régimen de dedicación. Una generalización  que se encuentra en la literatura es que los tiempos de trabajo, tanto en  términos de régimen de dedicación como en permanencia en la carrera profesional  activa, son menores para las mujeres que para los hombres, pues éstas  comenzarían más tarde debido a la etapa de procreación y crianza. Si se compara  el nivel nacional con el de las instituciones de la muestra, se obtiene que la  participación femenina en el personal académico disminuye a medida que aumenta  el tiempo de dedicación, pero no en forma consistente, observándose diferencias  notables según la institución. Sobre el aspecto de la duración de la carrera, no  tenemos datos conclusivos, pero sí queremos dejar asomado el tema pues suele  argumentarse que la carrera profesional femenina es más corta debido a que o  bien entraría tarde en la competencia después de tener los hijos o lo hace más  lentamente.     <br> Tomando como caso ilustrativo el de la UCV para el año 2003, un 35 por ciento  del personal docente y de investigación está a dedicación exclusiva, pero hay  bastante paridad en la distribución de los sexos en este régimen, con un 48 por  ciento de mujeres, y un 44 por ciento de mujeres en el régimen de tiempo  completo. Es considerablemente más bajo, en cambio, el número de mujeres en  tiempo convencional (34 por ciento).</p>      <p align="center"><a name="g22"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2022.jpg" width="448" height="366"></a></p>      
<p align="justify">Pero cuando se consideran las facultades de Ciencias e Ingeniería, se observa el  peso que tiene el régimen de dedicación exclusiva en la primera, donde el 74 por  ciento del personal docente y de investigación está en este régimen, lo que  sumado al personal a tiempo completo, representa el 82 por ciento del personal  de la facultad. Si se combina nivel en el escalafón con régimen de dedicación,  se obtiene que todas las mujeres en el nivel titular trabajan a dedicación  exclusiva, contra 93 por ciento de los varones titulares, ya que 7 por ciento de  los profesores en este nivel está a dedicación convencional. En las otras  categorías predomina también ampliamente la dedicación exclusiva.</p>      <p align="center"><a name="g23"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2023.jpg" width="447" height="382"></a></p>      
<p align="justify">En la Facultad de Ingeniería en cambio, si bien el personal docente que está en  régimen de dedicación exclusiva es considerablemente menor, 48 por ciento, si se  suma a éste el personal a tiempo completo, alcanza a 60 por ciento del personal  de la facultad, que es una proporción considerable. El personal a tiempo  convencional es mucho más numeroso, llegando al 38 por ciento del total de la  facultad, lo cual es explicable así como el personal a tiempo completo, por la  realización de labores relacionadas con su experiencia profesional fuera del  ámbito universitario. Se observa una cantidad considerable de personal  contratado, donde las mujeres son el 24 por ciento, y entre el personal  ordinario hay una concentración en el nivel asistente, donde las mujeres son el  29 por ciento. En el nivel titular un 23 por ciento son mujeres, y en el de  instructor un 34 por ciento.</p>      <p align="center"><a name="c1"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Cuadro%201.jpg" width="502" height="239"></a></p>      
<p align="center"><a name="g24"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2024.jpg" width="449" height="329"></a></p>      
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Un área que se exploró para conocer la calidad de la participación de la mujer  en el mercado académico fue la del «personal especial» en el SSES.2 Se observa  que en este tipo de personal las mujeres son proporcionalmente menos que los  varones, con la excepción de la UC que tiene un mayor número en su personal  contratado, de la ULA que le sigue de cerca, y también del Iutfrp y la Unimet,  que muestran una proporción femenina de más de la mitad del personal especial.</p>      <p align="center"><a name="g25"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2025.jpg" width="484" height="352"></a></p>      
<p align="justify">En vista de las dificultades para conseguir datos oficiales diferenciados por  género en la OPSU e inclusive en las distintas instituciones individuales,  resulta de interés la información pormenorizada producida por la ULA respecto a  su personal. La comparación de los datos de que se dispone en el plano nacional  con datos del nivel local sugiere que el desequilibrio entre mujeres y hombres  en la ULA refleja bastante fielmente el cuadro nacional. Las mujeres constituyen  el 45 por ciento del personal académico de la universidad, el 36 por ciento del  personal ordinario y el 40 por ciento del personal especial. En la tabla del  personal ordinario activo, las mujeres tienen una participación más pareja con  los hombres en el nivel de instructor, aunque representan un valor  considerablemente menor (31 por ciento) en el de titulares.    <br> Estas secciones de naturaleza cuantitativa permiten estimar cómo se sitúan las  mujeres en cuanto al tema del acceso a todos los niveles de educación formal, y  aporta insumos para la cuestión de la igualdad de oportunidades para el  desarrollo personal y profesional en el mercado académico. Todavía no nos dicen  nada respecto a la participación femenina en actividades de investigación. Si  bien la figura del profesor que consagra la Ley de Universidades vigente es la  del «docente investigador», lo cierto es que el personal académico de las  instituciones de educación superior venezolanas es mayoritariamente docente y  una proporción altísima no hace una actividad de investigación continua y  profesionalizada como la que se reconoce convencionalmente. No obstante, dada la  dificultad para estimar esta actividad en las instituciones, nos basaremos en  algunos datos puntuales indicativos y en la información resultante de una de las  principales fuentes al respecto, el principal órgano acreditador de la figura de  investigador en el ámbito nacional, el Sistema de Promoción de la Investigación  (SPI). Veremos este tema en la sección sobre investigación, pero antes de entrar  en él y como parte consustancial de la vida académica, es importante examinar la  participación de las mujeres académicas en las funciones de poder y  responsabilidad en el SSES.</p>     <p align="center"><a name="c2"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Cuadro%202.jpg" width="504" height="276"></a></p>     
<p align="center"><a name="g26"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2026.jpg" width="414" height="315"></a></p>     
<p align="justify"><b>Mujeres en funciones directivas en las instituciones de Educación Superior</b>    <br> Las mujeres han venido ganando posiciones de responsabilidad en los niveles  medios de jefaturas de escuelas, departamentos, coordinaciones de instancias  docente-administrativas, pero mucho menos en los niveles más altos de autoridad.     <br> Si volvemos a considerar el caso de la ULA, para el que existen datos  pormenorizados, se observa que sobre un total de 3.388 empleados, las mujeres  constituyen el 52,3 por ciento (1.773). Ellas son el 63,7 por ciento del  personal profesional, el 32 por ciento del personal técnico, el 83,9 por ciento  del personal administrativo y el 0,2 por ciento del personal obrero. Sin  embargo, las mujeres todavía tienen que remontar una cuesta fuerte para alcanzar  una paridad en funciones directivas, si bien su participación es superior a la  de muchas universidades europeas y de otras regiones desarrolladas, con un 21,3  por ciento en facultades y núcleos académicos, 31,4 por ciento en dependencias  administrativas y 25 por ciento en el nivel de autoridades rectorales, y una  mujer en el cargo de secretaria de la universidad. Justamente, esta es la  primera vez en los 217 años de fundada la Universidad de Los Andes, en que ha  habido una mujer en función de autoridad universitaria como miembro del equipo  rectoral. En entrevista pública, ella comentó que tuvo que «ponerse dura» porque  muchas personas no comprendían que una mujer fuera autoridad. La veían como una  asistenta y no como autoridad en la universidad. Su trayectoria refleja una  carrera dedicada a la vida universitaria, como profesora titular de Farmacia y  Bioanálisis, habiendo comenzado su carrera político-administrativa como  secretaria y después como vicepresidenta de la Asociación de Profesores, más  tarde como directora de la Oficina de Asuntos Profesorales, y varias veces  designada jefa de departamento y jefa de cátedra (Diario de Los Andes,  30.5.2002).     <br> Cuando se observa la participación femenina en el personal directivo de las  facultades, las mujeres participan menos y aparecen más asociadas a cargos con  responsabilidades docentes que investigativas. Veamos los casos de las  facultades más ligadas a la investigación científico-técnica.</p> <ul>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>         <p align="justify">En la Facultad de Ciencias, en la que la decana es una mujer del área de física,  sobre 7 centros (investigación), hay 3 directoras (43 por ciento). En la Escuela  de Ciencias (docencia), sobre 8 coordinaciones hay sólo una coordinadora mujer  (13 por ciento). De 4 departamentos no hay ninguna jefa de departamento y sobre  27 grupos de investigación hay sólo 5 mujeres coordinadoras (19 por ciento). De  los institutos, sobre 2 coordinaciones 1 la tiene una mujer (50 por ciento) y  entre los 16 laboratorios (investigación) hay 6 mujeres coordinadoras (38 por  ciento).    <br>   </li>       <li>         <p align="justify">La Facultad de Ciencias Forestales y Ambientales, cuya decana es mujer, en  cambio, tiene 1 coordinadora del decanato, 3 coordinadoras de las 4  coordinaciones de postgrado, 1 coordinadora de programa de maestría de los 2  existentes (50 por ciento). Pero en el Instituto de Investigaciones  Agropecuarias en las 3 coordinaciones de líneas de producción no hay ninguna  mujer.</li>     </ul>     <p align="center"><a name="c3"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Cuadro%203.jpg" width="500" height="480"></a></p> <ul>       
<li>         <p align="justify">En la Facultad de Ingeniería, de 5 centros 1 solo tiene directora (20 por  ciento), de las coordinaciones de postgrado ninguna está ocupada por una mujer.  En las 7 escuelas que conforman esa facultad, la presencia de mujeres en  funciones de responsabilidad varía. Así, en la Escuela Básica hay una mujer de  jefa de departamento de los 2 existentes (50 por ciento); en la Escuela de  Ingeniería Civil no hay ninguna mujer en las 2 coordinaciones de postgrado, pero  los 3 departamentos tienen jefas (100 por ciento); por contraste, los 3  laboratorios no tienen ninguna mujer responsable. Aquí se observa muy marcada la  diferencia entre docencia (femenina) e investigación (masculina). En la Escuela  de Ingeniería de Sistemas, en las 6 coordinaciones de postgrado no hay ninguna  mujer, y de los 4 departamentos sólo 1 tiene jefa de departamento (25 por  ciento). Allí, el único laboratorio está dirigido por una mujer. En la Escuela  de Ingeniería Eléctrica, los 3 departamentos están dirigidos por mujeres, aunque  sólo 2 de los 7 laboratorios tienen jefas (29 por ciento). En la Escuela de  Ingeniería Geológica, en ninguno de los 2 departamentos hay mujeres jefas, lo  mismo sucede en la Escuela de Ingeniería Mecánica, donde ni en los 2  departamentos ni en los 9 laboratorios hay mujeres en funciones de  responsabilidad. En la Escuela de Ingeniería Química en los 2 departamentos, en  la división de postgrados y en el Instituto no hay mujeres jefas, mientras que  de los 6 laboratorios de postgrado 1 tiene jefa (17 por ciento) y de los 3  laboratorios del Instituto 1 tiene jefa (33 por ciento).    <br>   </li>       ]]></body>
<body><![CDATA[<li>         <p align="justify">En la Facultad de Farmacia, las 3 coordinaciones de postgrado están dirigidas  por mujeres, también es mujer la coordinadora general del decanato. En la  Escuela de Bioanálisis, una mujer es coordinadora de la Comisión Curricular, 1  de los 2 departamentos está dirigido por una mujer (50 por ciento), 1 de las 2  coordinaciones de postgrado la tiene una mujer. En la Escuela de Farmacia, la  coordinadora de la Comisión Curricular es mujer, hay una jefa de departamento  sobre el total de 5 departamentos (20 por ciento) y la coordinadora de la  Oficina Sectorial de Planificación es mujer. El Laboratorio de Técnica  Industrial Farmacéutica está dirigido por un hombre.</li>     </ul>     <p align="justify">En la UCV, según datos suministrados por el Vicerrectorado Académico  (09/06/2003) la relación de sexos en los cargos directivos es la siguiente: las  mujeres tienen el 36 por ciento de los cargos de máxima autoridad en la  universidad, siendo el 45 por ciento de los directores de escuelas (docencia) y  el 34 por ciento de los directores de institutos (investigación) y hay una sola  mujer sobre 11 decanos.</p>     <p align="center"><a name="c4"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Cuadro%204.jpg" width="412" height="225"></a></p>     
<p align="justify">Se observa de esta manera que queda todavía un margen considerable para el  aumento de la participación de la mujer en los puestos de poder, en las  estructuras de mando en los niveles más altos del medio académico. Habría que  ver si a la mujer realmente le están impidiendo llegar a los puestos de poder o  si es que no le interesan por lo que implican en cuanto a un tiempo y dedicación  que compiten con sus responsabilidades domésticas y familiares. Los roles muy  exigentes de la maternidad y crianza hacen que sea muy difícil que ellas accedan  a cargos administrativos o de poder. Queda pendiente estudiar en qué etapa de su  vida personal y carrera profesional es más frecuente encontrar mujeres en  posiciones de poder en el medio académico y en general en el mercado de empleo.    <br>     <br> <b>Los institutos de investigación: investigadoras científicas</b>    <br> ¿Cuántas son las mujeres que hacen investigación científica y tecnológica en el  país? ¿Cuál es la meta a alcanzar en representación femenina en la actividad  científica y tecnológica nacional? En el Quinto Programa Marco (PM5), por  ejemplo, la Comisión Europea (2001) se fijó como meta el 40 por ciento, con  resultados mixtos: dicha meta se alcanzó en los grupos asesores externos para el  PM5; sin embargo, la composición de los comités de programas quedó corta en cada  programa, siendo en algunos casos tan bajo como el 19 por ciento. En el caso de  Venezuela, no hay metas, entre otras cosas porque la preocupación por poner la  cuestión del género en la corriente principal del debate científico, tecnológico  y social no se ha convertido en una bandera de política, ya que tampoco hay un  debate sobre el papel de la ciencia y la tecnología en el desarrollo económico y  social nacional. Sin embargo, a pesar de la falta de explicitación de los  problemas, como se puede apreciar en esta sección, los resultados obtenidos de  los sondeos que hemos hecho difieren de los europeos de manera interesante.     <br> Entre las preguntas que nos hicimos en este punto están: ¿Cuántas son las  investigadoras que coordinan proyectos? ¿Son más las que desarrollan tareas  técnicas o las que son investigadoras? ¿En qué consisten sus líneas de  investigación? ¿Cuántas integran comisiones evaluadoras en el Fondo Nacional de  Ciencia, Tecnología e Investigación (Fonacit) y en el PPI?     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> En centros de investigación como el IVIC e Intevep, en el año 2001 las mujeres  constituían alrededor del 30 por ciento. En las universidades, como ya se dijo,  el personal que hace investigación de manera continua y sistemática es un  porcentaje muy pequeño dentro de la población académica total. Dentro de éste es  muy difícil estimar el número o proporción de mujeres, si bien pareciera que su  porcentaje es bastante más bajo. En vista de que el número de mujeres que hacen  la carrera científica y técnica y que obtienen buenas calificaciones es mucho  mayor que el que se encuentra en carreras de investigación, una hipótesis a  explorar es que las mujeres encuentran más obstáculos para hacer una carrera de  investigación porque su tiempo y capacidad de concentración se distribuyen entre  un conjunto de responsabilidades más variadas que las del hombre. En última  instancia, la responsabilidad por el hogar y los hijos recae en la mujer y hay  una diferencia de tiempo «personal» del que pueden disfrutar hombres y mujeres,  en cual sería muy deficitario en el caso de estas últimas.     <br>     <br> <b>El IVIC</b>    <br> En el año 2003, el IVIC tenía 136 investigadores entre investigadores en sentido  estricto, investigadores jubilados que permanecen activos en labores de  investigación y post-doctorantes, distribuidos en laboratorios, en centros y  departamentos: Biofísica y Bioquímica, Ecología y Ciencias Ambientales, Física,  Medicina Experimental, Microbiología y Biología Celular, Química, Antropología,  Biología Estructural, Matemáticas y Estudio de la Ciencia. Sólo el 30 por ciento  eran mujeres. Si se incluyen los profesionales asociados a la investigación  (PAI) y los técnicos de apoyo a la investigación (TAI), que también constituyen  parte del personal de rango dedicado a la actividad científica sustantiva, el  porcentaje femenino se eleva a 38 por ciento aunque, como se observa, el  incremento es de personal que tiene menos autonomía y peso decisorio.     <br> Los centros más grandes y que históricamente han tenido más poder han sido el de  Biofísica y Bioquímica y el de Química. En el primero, con 12 laboratorios, un  centro latinoamericano (Centro Latinoamericano de Ciencias Biológicas-CLAB, co-auspiciado  por la Unesco), un Servicio de Microscopía de Luz y una Unidad de Cultivo de  Células, nunca ha habido una mujer jefe de centro, aunque sí subjefes, como en  la actualidad. En el Centro de Química hay 13 laboratorios, el nodo principal  del Laboratorio Nacional de Resonancia Magnética Nuclear y uno de los nodos del  Laboratorio Nacional de Difracción de Rayos X. Allí hubo una jefe de centro. En  otro centro, el de Microbiología y Biología Celular, hay 7 laboratorios y allí  está ubicado un Laboratorio Nacional para el Análisis y la Secuenciación del  Ácido Nucleico. En este centro hay jefa y subjefa de centro. Un 30 por ciento de  los jefes de centros y departamentos y un 50 por ciento de los subjefes son  mujeres. No obstante, en el Consejo Directivo, los 7 integrantes principales son  hombres y sólo hay 2 directoras laborales suplentes. En la Comisión  Clasificadora actual, que define las promociones, ingresos y egresos del  personal de rango, los 4 miembros principales son hombres y sólo hay 2 mujeres  entre los 4 suplentes. La edad promedio de los investigadores continúa siendo  elevada (46 años).    <br> En la tabla siguiente se ilustra para los centros y departamentos la  distribución de género entre los principales tipos del personal de rango. Las  investigadoras son sólo el 17 por ciento de los jefes de laboratorio aunque  llegan a ser el 38 por ciento de los otros investigadores en las varias  unidades. En una unidad como en el Centro de Física, la presencia femenina entre  el personal de investigación es muy minoritaria, con sólo un 11 por ciento de  mujeres. Esta situación es claramente deficitaria, comparada con un país como  España, donde las físicas en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas  son el 20 por ciento (Moya de Guerra et al., 2002). En otras la presencia  femenina es más frecuente, aunque también en Química y en Ecología hay menos de  un 30 por ciento de mujeres en el personal de investigación. Tomando en cuenta  sólo las tres primeras columnas, es decir, el personal de investigación  propiamente dicho, se observa que las cuatro unidades que tienen 40 por ciento o  más de mujeres son Estudio de la Ciencia, Microbiología, Antropología  Matemáticas y el Centro Tecnológico. </p>     <p align="center"><a name="g27"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2027.jpg" width="370" height="356"></a></p>     
<p align="justify">Clasificados como integrando al personal de rango, pero en funciones de apoyo a  la investigación científica, están los PAI y los TAI. Las mujeres totalizan el  62 por ciento de los PAI en las unidades de investigación. Los TAI por otro  lado, tienen una baja participación femenina (23 por ciento). La proporción del  personal de apoyo científico respecto a los investigadores y postdoctores se ha  ido modificando, especialmente debido a la política de incorporación de  postdoctores, y hoy los PAI y TAI sumados son menos que en el pasado, aunque  todavía constituyen una porción sustantiva del personal de rango del instituto,  con el 59 por ciento. Es interesante observar que las mujeres llegan a ser el 45  por ciento de los postdoctores, lo que muestra que entre los jóvenes se están  equiparando los sexos.    <br> El predominio masculino en el Consejo Directivo del IVIC va más allá de la  proporción de mujeres en su cuerpo de investigadores. No ha habido ninguna mujer  directora, hubo una sola mujer entre 15 subdirectores, e inclusive entre los  restantes integrantes del Consejo que representan a distintos organismos  públicos, sobre 33 personas las mujeres fueron sólo el 15 por ciento. Aunque  formalmente exista igualdad de derechos, la inercia histórica y cierta cultura  institucional hace que en los hechos la mujer no tenga la misma «autoridad» que  el hombre, especialmente en los niveles más altos y en los círculos de «toma de  decisiones».</p>     <p align="center"><a name="c5"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Cuadro%205.jpg" width="551" height="376"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g28"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2028.jpg" width="493" height="311"></a></p>     
<p align="justify">     <br> <b>Intevep</b>    <br> Intevep-Pdvsa es la institución del <i>holding</i> petrolero nacional encargada  de dar apoyo tecnológico y hacer la I&amp;D relacionada con múltiples campos de  negocio de los hidrocarburos. A finales del año 2002 la industria petrolera como  un todo se vio envuelta en una cadena de conflictos que afectó a todas sus  unidades, incluyendo a Intevep, y que resultó en profundas transformaciones en  el seno de esta empresa, así como del resto del <i>holding</i> petrolero  estatal, por el despido de más de la mitad de la nómina de la industria a  consecuencia del prolongado paro de diciembre 2002-febrero 2003.     <br> En un trabajo anterior se reportó que en 1999 el personal permanente de dicha  empresa comprendía 1.663 personas, de las cuales 35 por ciento eran mujeres. Los  datos más recientes de junio de 2003 indican que la fuerza laboral activa bajó a  861 personas; es interesante observar que a pesar de que la nómina disminuyó  casi a la mitad, la proporción de mujeres se mantuvo casi igual, con el 33 por  ciento. Para el mismo año 1999, el personal profesional o de nómina mayor  comprendía a 1.007 personas, con un perfil académico que incluía un 15 por  ciento de doctores, 24 por ciento de <i>Magisters </i>y 61 por ciento de  licenciados e ingenieros. Después del conflicto de diciembre 2002 la nómina  mayor quedó en 683 personas: los doctores se redujeron al 7 por ciento, los <i> Magisters</i> al 17 por ciento y los ingenieros y licenciados al 27 por ciento.  Los técnicos superiores universitarios (TSU), en cambio, que en el año 2000 eran  el 16 por ciento de la fuerza laboral, en 2003 constituyen el 22 por ciento. Las  mujeres TSU son el 31 por ciento, mientras que representan el 54 por ciento de  los licenciados, el 31 por ciento de los ingenieros, 37 por ciento de los  Magisters y 33 por ciento de los doctores. Las distintas estimaciones y  mediciones realizadas sugieren que el número de mujeres profesionales en la  segunda mitad de la década de los noventa oscilaba entre el 25 por ciento y el  31 por ciento. Para el año 2003, como se puede observar en el <a href="#g29a"> gráfico 29</a>, las  mujeres constituyen el 36 por ciento de la nómina mayor y el 27 por ciento de la  nómina menor. En los dos tipos de carrera que tiene Intevep, la técnica y la  gerencial, la estructura de poder y autoridad está en la carrera gerencial. La  máxima responsabilidad y poder lo tiene el presidente de la institución. Hasta  el año 2003 en la carrera gerencial hubo cuatro gerentes generales, entre los  cuales no hubo nunca una mujer. Luego estaban los subgerentes generales. En la  historia de Intevep hubo una mujer que ocupó hasta el 2001 una posición de ese  nivel, que es el máximo alcanzado por una mujer en la institución.     <br> En junio de 2003 sólo había tres mujeres en cargos ejecutivos contra 25 hombres.  Si se observa la distribución por sexo en la carrera de apoyo y la  técnico-científica se tiene que las mujeres son minoría en ambas actividades: en  la de apoyo (básicamente administrativo) con un 44 por ciento y en la técnica  científica con un 25 por ciento.</p>     <p align="center"><a name="g29a"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2029a.jpg" width="405" height="347"></a></p>     
<p align="center"><a name="g29b"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2029b.jpg" width="302" height="401"></a></p>     
<p align="center"><a name="g30"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2030.jpg" width="472" height="290"></a></p>     
<p align="justify"><b>El PPI</b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> El Programa de Promoción del Investigador (PPI), en existencia desde 1990, se ha  constituido en el principal mecanismo de seguimiento y reconocimiento de la  población de investigadores científicos y tecnológicos en el país. Los  investigadores activos en el Programa en el 2002, totalizaban 2.831 personas  (donde el porcentaje de mujeres era bastante equivalente, 48 por ciento).</p>     <p align="center"><a name="g31"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2031.jpg" width="400" height="334"></a></p>     
<p align="justify">En cuanto a su distribución por área del conocimiento, dicha población  presentaba las siguientes características:</p>     <p align="center"><a name="g32"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2032.jpg" width="415" height="326"></a></p>     
<p align="justify">Organizado inicialmente en tres categorías activas (Nivel 1, Nivel 2, Nivel 3),  una categoría de candidato y otra de emérito en sus dos extremos, a partir de  2002 se modificó con la creación del Nivel 4 para aumentar el número de pasos  con vistas a asegurar una mayor fluidez en la evolución dentro de la carrera de  investigación.    <br> En el rubro de candidatos, se puede observar que después de unos años iniciales  en los que las mujeres eran un porcentaje menor que los hombres, entre 1994 y  1998 éstas van evolucionando en forma relativamente pareja para incrementarse su  número en las últimas convocatorias, en las que aumenta la brecha a favor del  sexo femenino. En el Nivel 1 el progreso en los números de mujeres participantes  en el programa fue creciendo gradualmente desde un 32 por ciento hasta un 48 por  ciento en 2001. En el Nivel 2, en cambio, la proporción de mujeres ha disminuido  desde la fundación del programa, manteniéndose el promedio en torno al 25 por  ciento. En el Nivel 3 ha oscilado en torno al 21 por ciento en toda la historia  del Programa. Y entre los eméritos, que es la figura de los investigadores Nivel  3 que han renovado su acreditación en el Programa más de tres veces, había en  2001 14 hombres y sólo 2 mujeres. Es decir, que se observa, por un lado, una  reducción en la presencia de mujeres a medida que se avanza en los niveles de  más trayectoria académica y, por otro, un mayor aumento de mujeres en el rubro  de candidatos al programa en los últimos años, que sería coincidente con el  mayor número de egresadas de los postgrados nacionales.    <br> Una información interesante es la que resulta del análisis de la presencia  femenina en las agrupaciones de áreas de conocimiento del PPI por nivel entre  los investigadores que estaban vigentes en el programa en el año 2002.  Predominan ampliamente (59 por ciento) las mujeres en el área de Ciencias  Sociales y en Ciencias Biológicas y Salud (56 por ciento), mientras que son  minoría (32 por ciento) en Ciencias Físicas, Químicas y Matemáticas, con una  misma proporción de rezago menor (43 por ciento) en las Ciencias del Agro y del  Ambiente y en Ingeniería, Tecnología y Ciencias de la Tierra.</p>     <p align="center"><a name="g33a"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2033a.jpg" width="413" height="284"></a></p>     
<p align="center"><a name="g33b"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2033b.jpg" width="400" height="312"></a></p>     
<p align="center"><a name="g33c"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2033c.jpg" width="404" height="388"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center"><a name="g33d"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2033d.jpg" width="403" height="389"></a></p>     
<p align="center"><a name="g33e"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Grafico%2033e.jpg" width="400" height="369"></a></p>     
<p align="justify"><b>Las mujeres en funciones de alta gerencia pública y privada </b>    <br> El número especial de una revista de circulación en los kioscos de periódicos,  publicado en septiembre de 2002, presenta a «los 100 líderes de la sociedad  venezolana» en una selección de claro tinte político, pues se omite al sector de  apoyo al gobierno actual, que representa también a un alto porcentaje de la  sociedad civil. Es interesante notar que hay 8 mujeres entre las 100 personas  seleccionadas: sólo 1 es clasificada entre los «intelectuales»; una bióloga,  clasificada en la categoría correspondiente a «sociedad civil», dirige la  Fundación para la Defensa de la Naturaleza (Fudena); la otra mujer en el área de  la sociedad civil, abogada, dirige el Comité de Familiares de las Víctimas de  los Sucesos de Febrero y Marzo de 1998 (Cofavic), actualmente orientado en  general a defender a las víctimas de violaciones de derechos humanos; hay una  mujer entre los representantes del «derecho», 1 en el área cultural, 2 entre los  comunicadores y 1 como política. El que 7 de 8 estén ligadas al actual proceso  de movilización social también parece significativo, pues es un hecho real que  en los procesos de cambio reciente el género femenino se ha movilizado en los  dos polos del espectro político en esta sociedad convulsionada.    <br> En el Zulia se ha observado recientemente que más del 75 por ciento de las  posiciones del alto gobierno en 2001 estaban ocupadas por mujeres. En el cuadro  9 se mencionan las funciones desempeñadas por 14 profesionales femeninas.</p>     <p align="center"><a name="c6"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v20n54/Cuadro%206.jpg" width="507" height="408"></a></p>     
<p align="justify"><b>Mujeres en el Ejecutivo y el Legislativo</b>    <br> El Poder Ejecutivo cuenta actualmente con un 33 por ciento de mujeres entre los  ministros, entre ellas las titulares de las carteras de Salud y Desarrollo,  Trabajo, Ciencia y Tecnología, Ambiente y Comunicación e Información. Y hay  varias mujeres más en el círculo de confianza del Ejecutivo que han ocupado  varios cargos de alta responsabilidad.    <br> En la elaboración de la «Constitución Bolivariana de Venezuela» en 1999  participaron, por lo menos en forma oficial, 126 personas, de las cuales sólo 14  eran mujeres, entre ellas la esposa del presidente. Esto representó el 11 por  ciento. Si bien ahora se habla de hombres y mujeres, ellos y ellas, niños y  niñas, señores y señoras, jueces y juezas, trabajadores y trabajadoras, bomberos  y bomberas, etc., el término masculino siempre suele ponerse en primer lugar,  siempre se menciona al varón primero y en segundo lugar a la mujer, en todo el  articulado de la nueva Constitución. Puede observarse que esta situación sólo  cambia en el Capítulo V, dedicado a los Derechos Sociales y de las Familias, en  los artículos 75 y 76, en los que se menciona a la mujer en primer lugar: «El  Estado garantiza protección a la madre, al padre o a quienes ejerzan la jefatura  de la familia...». Más adelante dice: «Los niños, niñas y adolescentes...» y  luego: «La maternidad y la paternidad son protegidos íntegramente», pero más  adelante, en el mismo Artículo 76, dice «El padre y la madre tienen el deber  compartido e irrenunciable de criar, formar, educar...». Esto llama la atención,  ya que cuando se habla de la fuerza armada se menciona en primer lugar al cuerpo  más importante cuando se habla de «ejército, armada y aviación». Se pudiera  interpretar que a lo largo de la Constitución se menciona en primer lugar al  cuerpo, grupo, cargo o persona de mayor rango, de mayor peso. En tal caso, ¿lo  masculino o el hombre tienen más importancia que la mujer?    <br> En la Asamblea Legislativa hay sólo un 10 por ciento de participación femenina.  En otras áreas de actividad pública, la Cámara Empresarial, después de perder a  sus dos máximos directivos (hombres), uno como protagonista del fallido golpe de  Estado de abril de 2002 y el otro como protagonista del intento de golpe de  diciembre de 2002-febrero de 2003 (también hombre), ahora tiene como máxima  autoridad a una mujer, representante de la Cámara de Comerciantes. Tanto el  oficialismo como la oposición tienen voceros femeninos entre sus más vocales  elementos.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <b>Conclusiones</b>    <br> Este trabajo forma parte del primer estudio de este tipo en Venezuela. Tiene por  objetivo servir de ayuda a la toma de decisiones de política y no pretende  agotar el tema sino tan sólo abrirlo. Esperamos que dé lugar a otros análisis en  profundidad sobre puntos específicos.    <br> En la primera parte se ha intentado ofrecer un cuadro coherente de la situación  de las mujeres en su trayectoria universitaria, desde la demanda de ingreso a la  educación superior, pasando por la inscripción en primer año, la población de  egresados y luego la formación de postgrado en los tres niveles, de  especialización, maestría y doctorado. Se analizaron los datos nacionales en la  medida que éstos existen, tomando en cuenta que no habían sido recogidos con  este propósito y presentan necesariamente falencias.     <br> La ausencia de datos sexuados referidos a la educación superior en Venezuela fue  compensada parcialmente recurriendo a la información producida en algunas de las  instituciones de educación superior que sí la tienen disponible, aunque también  en esos casos hay ausencias y deficiencias que podrán irse salvando con el  tiempo. Lo que más falta, sin embargo, son análisis y su publicación  sistemática, así como una divulgación y comunicación de los mismos a los  organismos responsables y a los medios.     <br> En lo sustantivo, se ha mostrado que no hay carreras que sean coto cerrado  masculino. Se aprecia una mayor libertad en la escogencia de carreras que en el  pasado y que en otros países. Tampoco se encontraron elementos relacionados con  una supuesta menor capacidad de las mujeres para estudiar carreras científicas o  técnicas, tal como lo indican las cifras de rendimiento académico. Se gradúa del  nivel superior una proporción mayor de mujeres que de varones, con notas tan  buenas o mejores que los hombres en la mayoría de las disciplinas, y una  proporción también muy elevada de mujeres hace estudios de educación superior. A  la luz de las estadísticas de egresados disponibles, pareciera que la política  de igualdad de oportunidades debiera enfocarse en las ingenierías para  incrementar el número de mujeres en algunas carreras, al mismo tiempo que  pudiera pensarse en incentivos que contribuyan a reequilibrar los números en  otras disciplinas que han pasado a ser prácticamente femeninas.    <br> Una proporción también muy elevada de mujeres hace estudios de postgrado, lo que  refleja su interés de desarrollarse plenamente como personas y participar en  mercados de trabajo profesionales. En correspondencia con esta presencia  femenina en los niveles de postgrado, se encuentra un número considerable de  mujeres empleadas en la docencia dentro del sistema de educación superior,  confirmando el hecho de que no encuentran las puertas cerradas para ellas en ese  ámbito. Se observa, eso sí, una menor presencia de mujeres en las posiciones de  mayor poder en el ámbito académico, donde todavía queda un margen considerable  para el aumento de la participación de la mujer en los puestos de poder, en las  estructuras de mando a los niveles más altos del medio académico. Esta situación  da pie para que se argumente que ellas «se quedan» en puestos subordinados con  respecto a los varones «más agresivos». Falta saber si las mujeres se  autoexcluyen en el camino debido a una «condición femenina» de menor  competitividad y porque dichos cargos compiten en cuanto a tiempo y dedicación  con sus responsabilidades familiares y domésticas, o bien si hay cuotas de poder  que los hombres no ceden fácilmente. Con vistas al futuro, parece necesario  arbitrar medidas que fomenten la desaparición de barreras invisibles, el  denominado «techo de cristal» que todavía existe en esos cargos en la mayoría de  las instituciones.     <br> En cuanto a la variación en la geografía nacional, no hemos encontrado mayores  diferencias en la situación del género, excepto en la región oriental del país,  donde se observa una menor presencia femenina en el medio universitario y de  investigación. Pero no estamos en condiciones de llegar a conclusiones al  respecto y sólo podemos indicar la necesidad de estudios más detallados sobre el  tema.     <br> Se debieran emprender nuevas recolecciones de datos. En particular, habría que  hacer un seguimiento de la información sexuada referida a las disciplinas con  respecto a los estudios de postgrado y en particular de doctorado, las notas  obtenidas, los ingresos a la carrera docente y las tasas de logro en las  diferentes fases de la carrera universitaria. Esto permitiría conocer en qué  etapas se da la pérdida del esfuerzo femenino, y deducir los orígenes posibles  de los obstáculos principales. Para afinar la comprensión de estos fenómenos  habría que hacer un seguimiento de las cohortes de hombres y mujeres a través de  los años.    <br> En la segunda parte nos ocupamos de la participación femenina en la  investigación y desarrollo. A diferencia de la población que hace estudios de  educación superior y de postgrado, en investigación, especialmente a medida que  se avanza a los niveles superiores, que exigen un mayor compromiso con la  carrera y una mayor productividad, la presencia femenina disminuye. Esto es  válido en las cinco áreas de conocimiento que reconoce el PPI, inclusive en las  ciencias sociales donde en los primeros niveles de la carrera predominan  ampliamente las mujeres. En centros de investigación como el IVIC e Intevep, las  mujeres son aproximadamente el 30 por ciento de la población de investigadores.  En las universidades, como ya se dijo, el personal que hace investigación de  manera continua y sistemática es un porcentaje muy pequeño dentro de la  población académica total. Dentro de este grupo es difícil estimar el número o  proporción de mujeres. De allí la importancia de los datos que proporciona el  PPI. En vista de que el número de mujeres que hacen la carrera científica y  técnica y que obtienen buenas calificaciones es mucho mayor que el que se  encuentra en carreras de investigación, una hipótesis a explorar en el futuro es  que las mujeres encuentran más obstáculos para hacer una carrera de  investigación porque su tiempo y capacidad de concentración se distribuyen entre  un conjunto de responsabilidades más variadas que las del hombre.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Sería indispensable conocer sistemáticamente cómo proceden las comisiones de  reclutamiento y promoción que regulan las carreras de los docentes e  investigadores en las instituciones. Podría pensarse, como ocurre en otros  países (por ejemplo, Gran Bretaña), en la puesta a punto de estructuras de apoyo  clave para aconsejar a las mujeres jóvenes que por sus cargas familiares  disponen de menos tiempo, a fin de que puedan transitar eficazmente por el  sistema universitario y de investigación. Dado que la maternidad es un período  particularmente sensible para las jóvenes científicas, tener el apoyo tutorial y  emocional eventual de otras mujeres científicas madres de familia puede  ayudarlas a asegurar su propia capacidad de llevar adelante la vida profesional  y la vida familiar. La actividad de tutoría que científicas modelo podrían  desempeñar con relación a las jóvenes estudiantes con aptitudes para la  investigación pudiera ser reconocida como un verdadero trabajo.     <br> Entre otras futuras líneas de investigación deberían explorarse los posibles  aportes que la presencia numérica de las mujeres en ciencia ha hecho posible,  referidos a una perspectiva de género en la introducción de nuevos temas en las  distintas disciplinas científicas y técnicas. Ejemplos analizados en otros  contextos nacionales son el interés de las científicas del área biomédica en  patologías, procesos y situaciones que inciden, sobre todo, en la población  femenina. O temas relacionados con la sustentabilidad ambiental y la  biodiversidad ecológica inspirados en intereses y sensibilidades femeninos.    <br> La participación pública de la mujer se ha incrementado considerablemente en la  esfera administrativa y en la política. En este trabajo se han tocado brevemente  estos temas, dando algunos elementos indicativos de esa presencia. Como se  observa, si bien un 33 por ciento de los ministros del tren ejecutivo del Estado  son mujeres, en el Legislativo su participación todavía no pasa del 10 por  ciento. Claramente hay allí una falta de equidad notable y es de esperar un  incremento en su número en los próximos años. Se necesita un compromiso que  permita involucrar a las mujeres en la formulación, desarrollo e implementación  de políticas, para tener la certeza de que sus preocupaciones son tomadas en  serio. El resultado pudiera impactar en la política general y en la dirección  que tome la vida pública.     <br> Una conclusión de nuestro estudio es la recomendación general que se complete la  producción de datos en algunos ámbitos claves, que se explote más  sistemáticamente los datos sobre género, cuidando que aparezca la situación  comparada en las publicaciones oficiales, particularmente en la OPSU-CNU, y se  profundicen los resultados de los análisis por medio de estudios que permitan  aprehender mejor las evoluciones observables y, cuando éstas existan, las causas  de desigualdades. La preocupación no se reduce a la educación superior sino que  se extiende también a otros ámbitos como son el de los organismos de  investigación y el de las profesiones.    <br>     <br> <b>Referencias bibliográficas    <br> </b>    <!-- ref --><br> 1. <b>Anónimo</b> (2002). «Gladys Becerra: una mujer que venció dos siglos», <i> Diario de Los Andes</i>, 4a ed. aniversario-Hijas de la sierra, Mérida, 30 de  mayo.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773807&pid=S1012-2508200300030000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 2. <b>Chevalier, A.</b> (2002). «Education, Motivation and Pay of UK Graduates: Is  it Different for Women?», <i>The European Journal of Education</i>, Oxford,  Blackwell Publishers, diciembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773809&pid=S1012-2508200300030000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br> 3. <b>Comisión Europea</b> (2001). «Commission Struggles on Gender Targets», <i> Research Europe,</i> 15 de noviembre, p. 5, Bruselas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773811&pid=S1012-2508200300030000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 4. <b>Instituto Nacional de la Mujer</b> (2003). «Plan Nacional de Igualdad de  Oportunidades para las Mujeres. Consulta Nacional», Caracas, Ministerio de Salud  y Desarrollo Social.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773813&pid=S1012-2508200300030000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 5. <b>Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) </b>(2002).  «Informe Anual», Caracas, IVIC.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773815&pid=S1012-2508200300030000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 6. <b><i>Maracaibo</i>. Una revista del Zulia para Venezuela</b> (2001). Año IXL,  vol. IXL, n° 521, pp. 27-31.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773817&pid=S1012-2508200300030000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br> <b>    <!-- ref --><br> </b>7. <b>Moya de Guerra, E.</b> <i>et al. </i>(2002). «Mujeres en ciencia y  tecnologías físicas en el CSIC», en Fernández Vargas, V. y Santesmases, M.J.,  eds., <i>Arbor</i>, número especial «Ciencia y tecnología en el CSIC: una visión  de género», tomo CLXXII, julio-agosto, p. 555, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773819&pid=S1012-2508200300030000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 8. <b>Programa de Promoción del Investigador (PPI) </b>(2002). «Listado de miembros  vigentes», Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773821&pid=S1012-2508200300030000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 9. <b>Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) </b>(2001). «Estadística de Pre y  Postgrado», Caracas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773823&pid=S1012-2508200300030000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 10. <b>Universidad Central de Venezuela (UCV)</b> (2003). <i>Boletín Estadístico</i>,  años 1997-2001, Caracas, Secretaría UCV.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773825&pid=S1012-2508200300030000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 11. <b>Vessuri, H.</b> y <b>Canino, M.V.</b> (2001). «El género en la ciencia  venezolana (1990-1999)», <i>Interciencia</i>, vol. 26, n° 7, pp. 272-281.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773827&pid=S1012-2508200300030000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 12. <b>Vessuri, H. </b>y <b>Canino, M.V.</b> (2003a). «El segundo sexo en la ciencia  venezolana (1990-1999)», en Pérez Sedeño, E., ed., <i>La ciencia y la tecnología  desde la perspectiva de género: aspectos socio-institucionales en Iberoamérica</i>,  Madrid, Biblioteca Nueva.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773829&pid=S1012-2508200300030000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>      <!-- ref --><br> 13. <b>Vessuri, H.</b> y <b>Canino, M.V. </b>(2003b). «Equidad de género en  Venezuela. Situación actual y estrategias a futuro», en Bonder, G., coord., <i> Equidad de género en las políticas de ciencia y tecnología en América Latina:  situación actual y estrategias a futuro</i>, Buenos Aires, Flacso-Unesco, en  preparación.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773831&pid=S1012-2508200300030000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 14. <b>Vessuri, H.</b> y <b>Canino, M.V.</b> (2003c). «Informe Venezuela», Caracas,  Cátedra Flacso-Unesco «Mujer, Ciencia y Tecnología en América Latina, Proyecto  Flacso.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773833&pid=S1012-2508200300030000400014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <!-- ref --><br> 15. <b>Vessuri, H. </b>y <b>Canino, M.V.</b> (2003d). «La mujer en ciencia e  ingeniería en Venezuela», Informe Final del Proyecto Iberoamericano de Ciencia,  Tecnología y Género Unesco-OEI 2002-2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=773835&pid=S1012-2508200300030000400015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <br> <b>Fuentes institucionales    <br> </b>    <br> <b>Centro de Investigación y Desarrollo de Petróleos de Venezuela S.A. (Intevep)</b>,  Instituto Venezolano de Tecnología del Petróleo, Recursos Humanos, Los Teques.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC)</b>, Centro de  Estudios Avanzados, Archivo, y Gerencia de Recursos Humanos, Caracas.    <br> <b>Universidad Central de Venezuela</b>, Oficina Archivo de Grado, Caracas.    <br> <b>Universidad de Carabobo (UC)</b>, Dirección de Información y Control  Estudiantil (Dices), Valencia.    <br> <b>Universidad de Los Andes (ULA)</b>, Oficina de Estadística de la Secretaría,  Mérida.    <br> <b>Universidad de Oriente (UDO)</b>, Secretaría, Cumaná.    <br> <b>Universidad del Zulia (LUZ)</b>, Centro de Computación, Maracaibo.    <br> <b>Universidad Simón Bolívar (USB)</b>, Dirección de Admisión y Control de  Estudios, Caracas.     <br>     <br> <b>NOTAS</b>    <br> * Este trabajo ha sido parcialmente financiado con fondos del Proyecto  Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Género (GenTeC), de la Unesco-OEI  2002-2003.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> 1 Señora Leonor Giménez de Mendoza, Presidenta de la Fundación Polar, Orador de  Orden en 1992.    <br>     <br> 2 En el SSES venezolano se clasifica como personal «especial» diferente del  «ordinario» a las siguientes categorías: contratado, docente libre, auxiliar  docente, jubilado y otros.</p>       ]]></body>
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