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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Dos etapas en la política exterior venezolana frente a Estados Unidos en el período de Hugo Chávez]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article intends to show that President Hugo Chavez’s foreign policy mantains lines continuing those formulated at the inception of the country‘s democratic era. However, it has been a tense continuity in regard to traditional allies and partners, such as the United States and Colombia. In a first moment, from 1999 to 2002, the foreign policy was characterized by a pragmatic stance in the presence of USA. But in a second moment, from the beginning of 2003 on, Chavez’s diplomacy changed from a pragmatic to an ideological approach. The article ventures some explanatory hypotheses.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size="4">Dos etapas en la política exterior venezolana frente a Estados Unidos en  el período de Hugo Chávez*</font></b></p>     <p align="center">RAFAEL DUARTE VILLA</p>     <p align="justify"><b>Resumen </b></p>     <p align="justify">Este artículo tiene por objetivo discutir que la política exterior de la  administración del presidente Hugo Chávez mantiene líneas de continuidad con  aquéllas formuladas en el inicio del período democrático. Sin embargo, esa  continuidad se ha dado de manera tensa en relación con aliados y socios  tradicionales como Estados Unidos y Colombia. En un primer momento, entre 1999 y  2002, la política externa se caracterizó por una actuación pragmática en  relación con Estados Unidos. Pero en un segundo momento, desde inicios de 2003,  la diplomacia de Chávez cambió de una acción diplomática pragmática a otra de  naturaleza ideológica. El artículo arriesga algunas hipótesis para explicar ese  cambio. </p>     <p align="justify"><b>Palabras clave</b>: Política exterior / EE UU / Hugo Chávez / Pragmatismo</p>     <p align="justify"><b>Abstract</b></p>     <p align="justify">This article intends to show that President Hugo Chavez’s foreign policy  mantains lines continuing those formulated at the inception of the country‘s  democratic era. However, it has been a tense continuity in regard to traditional  allies and partners, such as the United States and Colombia. In a first moment,  from 1999 to 2002, the foreign policy was characterized by a pragmatic stance in  the presence of USA. But in a second moment, from the beginning of 2003 on,  Chavez’s diplomacy changed from a pragmatic to an ideological approach. The  article ventures some explanatory hypotheses.</p>     <p align="justify"><b>Key words</b>: Foreign policy / USA / Hugo Chavez / Pragmatism</p>     <p align="justify">RECIBIDO: ABRIL 2004</p>     <p align="justify">ACEPTADO: JUNIO 2004</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Antes de ingresar en el tema específico de las relaciones Venezuela <i>versus</i>  Estados Unidos se hace necesario exponer algunos de los principales lineamientos  de la crisis contemporánea en la política interna de Venezuela. En el plano  teórico, es posible entender las preferencias y acciones desarrolladas por la  diplomacia venezolana considerando el impacto recíproco que los asuntos de  política doméstica tienen sobre la acción externa de un Estado. En este sentido,  buscaremos comprender las opciones elegidas por la diplomacia venezolana <i>en  dos momentos</i>,<sup>1</sup> basándonos en algunos conceptos de investigaciones  más recientes como las de Robert Putnam (1993), Helen Milner (1997), Roberto  Keohane (1993) e inclusive del clásico de Hans Morgenthau <i>Política entre las  naciones</i> (1986). </p>     <p align="justify">En cuanto a la estructura del artículo, en una primera parte hacemos una breve  introducción a los conceptos e ideas que nos interesan de estos autores para  fines analíticos; en la segunda parte brindamos un panorama de los  desdoblamientos más recientes de la política interna venezolana; y en las dos  últimas partes hacemos el análisis de lo que llamamos «los dos momentos de la  política externa venezolana» a la luz de las categorías teóricas de los autores  arriba mencionados. </p>     <p align="justify"><b>Algunos conceptos necesarios sobre las relaciones entre política doméstica e  internacional</b></p>     <p align="justify">Putnam (1993) afirma que existen profundas relaciones entre la elección de la  cooperación realizada por los gobiernos en el plano internacional y los  intereses internos que ellos representan. O sea, la cooperación puede avanzar  y/o sufrir límites o inclusive desandar, dependiendo de la capacidad de poder de  veto o apoyo de los actores domésticos identificados con la cuestión en  negociación. Por lo tanto, se puede afirmar que la interrelación virtuosa entre <i>policymakers</i> en el ámbito del Estado y los grupos de intereses presentes  en la sociedad civil, desde un punto de vista teórico, son factores  indispensables que pueden tanto garantizar un mayor poder de influencia al  negociador internacional (Poder Ejecutivo) como ser un elemento de su debilidad  en el momento de la negociación internacional. Por esto el autor denomina su  modelo teórico «juego de dos niveles» (JDN). Siendo esto así, Putnam argumenta  que un gobierno dividido internamente, o sea, aquél que carece de un consenso  amplio entre los interlocutores domésticos, puede obtener un éxito mayor en las  negociaciones internacionales que el gobierno que incorpora y representa un  consenso interno más amplio.</p>     <p align="justify">En otras palabras, las diferencias internas son beneficiosas para el gobierno  como negociador internacional, en el momento de la propia negociación, al tornar  evidente para sus pares durante la realización de los acuerdos que, en el caso  de que éstos no fueren al encuentro de su <i>win-set</i>, no serán ratificados  en el Parlamento. Putnam considera el <i>win-set</i> como una «estructura de  ganancias» esperada por los interlocutores internos durante el proceso de  negociación del acuerdo internacional. Por lo tanto, cuanto menor el <i>win-set</i>  –o sea, más posiciones difusas en el plano doméstico– más fuerza tendrá el  gobierno en la negociación internacional (plano internacional). Cuanto mayor el <i>win-set</i>, existe una mayor probabilidad de que se alcance un acuerdo,  pero, simultáneamente, diminuye la capacidad de negociación del gobierno <i>vis-à-vis </i>con los otros negociadores. La consecuencia es que el negociador, de acuerdo  con la metáfora de Putnam, obedece a la lógica de la doble cara de Janus, es  decir que tiene un ojo volcado hacia el sistema político nacional y el otro  hacia el sistema internacional. Es decir, verifica constantemente las relaciones  que su acción diplomática tiene en ambos niveles y el impacto que tales acciones  tienen en el realineamiento de fuerzas y en la formación de coaliciones  favorables o desfavorables a los acuerdos negociados. </p>     <p align="justify">Uno de los ataques teóricos más fuertes a esta teoría ha surgido de Helen Milner,  para quien el modelo de Putnam, «aunque se haya presentado como un sistema para  el análisis, ... no constituye una teoría que presente hipótesis testables» (Milner,  1997:4). De esta forma, Milner propondrá un enfoque que, aunque conserva el  argumento central de Putnam, coloca el énfasis en los elementos domésticos como  condicionantes de la cooperación internacional: «Acuerdos de cooperación crean  ganadores y perdedores domésticos; la lucha interna entre esos grupos condiciona  la posibilidad y grandeza de los acuerdos internacionales de cooperación. Todos  los aspectos de la cooperación son afectados por consideraciones domésticas  debido a que la cooperación es una continuación de la lucha doméstica por otros  medios» (Ibíd., pp. 9-10).</p>     <p align="justify">Lo que permite que las demandas de los grupos políticos internos sean  canalizadas sería para Milner el alejamiento metodológico de dos órdenes de  ideas muy fijas en la teoría política de las relaciones internacionales  contemporáneas: la idea de que los actores estatales son unitarios, y el  abandono del debate tradicional que opone el sistema político nacional  (jerárquico) al sistema político internacional (anárquico). En su lugar, la  autora, aunque no desestima la idea de sistema internacional anárquico,  introduce otra, proclamando la noción de un sistema doméstico que funciona como  una poliarquía:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2">Mi argumento principal es que los Estados no son actores unitarios, sino que son  poliarquías, compuesta por actores con una variedad de preferencias, los cuales  comparten poder sobre el proceso de decisión … La búsqueda de un compromiso  interno llega a ser crucial en una poliarquía. La política internacional y la  política externa llegan a hacer parte de la lucha doméstica por el poder y por  la la busqueda de compromisos internos (Ibíd., p. 11).</font></p> </blockquote>     <p align="justify">Un dato relevante en ese enfoque de Millner es que la existencia de poliarquías  domésticas activas en asuntos de política externa e internacional puede ser  indiferente a la naturaleza política del régimen, a pesar de que la autora  reconoce que aquéllas tienen mejores condiciones de acción en regímenes  democráticos: «Estados controlados por líderes tales como Hitler, Stalin y  Franco no fueron democracias pluralistas, pero la historia muestra que aun  dentro de esos ejemplos de [regímenes] unitarios , existieron señales de  poliarquías internas» (ibíd., p. 13).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por lo tanto, sobre todo en los países presidencialistas, los que más arriba  denominamos gobiernos divididos internamente enfrentan la falta de apoyo de los  grupos de interés –o inclusive la movilización contraria– y la posibilidad de  alteración del reglamento interno de ratificación de los acuerdos. Debido a esa  cuestión, Milner concluye que la influencia del plano interno en las  negociaciones internacionales será definida por el papel de las instituciones  políticas de cada Estado y los mecanismos disponibles en las mismas que  distribuyen el poder durante la formulación y el proceso de toma de decisiones  de la política externa. Debido a este hecho, <i>«Domestic political institutions  determine how over decision making is allocated among national actors»</i> (ibíd.,  p. 99). </p>     <p align="justify"><b>Los giros de la política interna venezolana en la era Chávez</b></p>     <p align="justify">A partir de 1998, cuando Chávez gana las elecciones presidenciales, el proceso  político venezolano se confunde con la figura del presidente. Valiéndose de la  importante mayoría y legitimidad alcanzadas en las más variadas elecciones y de  un mecanismo de democracia plebiscitaria, colocó en movimiento un mecanismo para  desarmar el pacto de gobernabilidad de las elites tradicionales que habían  dirigido el país desde 1958. Los blancos privilegiados fueron los partidos  tradicionales, Acción Democrática (AD) y Copei (representantes de la  socialdemocracia y de la democracia cristiana, respectivamente), a los que  prácticamente demolió en sucesivas contiendas electorales entre diciembre de  1998 y julio de 2000. A partir de ese momento, como sustenta Carlos Romero: «Ya  no es posible seguir hablando, como en el pasado, de que Venezuela debe su  estabilidad y su excepcionalidad a la combinación de un pacto entre elites para  evitar el conflicto…» (Romero, 1999:15). Minados los partidos políticos  tradicionales, autodisuelto el Congreso y reformado el Poder Judicial, le  restaba a Chávez combatir a otro importante sector organizado: el viejo  sindicalismo. Referirse a los sindicatos en Venezuela es hablar de la  Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), organización que remonta sus  orígenes a inicios de los años cuarenta del siglo pasado, cuando fue fundada por  AD como una forma de aprovechar el potencial electoral que emergía de las  camadas de trabajadores urbanos organizados (Duarte, 2000:145-153).</p>     <p align="justify">En relación con los sindicatos, otro actor importante del Pacto de Punto Fijo,  el efecto de la acción del chavismo no fue fulminante como en el caso de los  partidos tradicionales. La acción del chavismo se dirigió contra los sindicatos  controlados por la CTV en el sentido de destituir a los representantes  sindicales en las empresas estatales, instituyendo un mecanismo de elección  directa para los representantes sindicales en el futuro. Pero incluso con esta  reforma política, que se dio en los dos primeros años de su administración,  Chávez no fue capaz de alejar a una buena parte de la dirigencia sindical de las  corporaciones estatales. La estrategia plebiscitaria que funcionó eficazmente en  el caso de los partidos tradicionales no fue operativa políticamente en el caso  de los sindicatos de la oposición. Además, el chavismo no consiguió debilitar el  principal reducto de la CTV, localizado justamente en el sector más estratégico  de la economía del país: la industria petrolera y especialmente la poderosa  empresa estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Teniendo como base ese reducto,  es que parte de la oposición consiguió rearticularse en los años 2001 y 2002. No  es casualidad que la oposición haya tenido un éxito inicial en la huelga que se  inició en diciembre de 2002 debido a la paralización del sector estatal  petrolero. Sólo el fracaso de la huelga de fines de 2002 y comienzos de 2003 le  permitió al gobierno debilitar al sindicalismo opositor de la industria  petrolera a través de despidos masivos. No fueron los méritos de la estrategia  política del oficialismo, sino los propios errores políticos del sindicalismo de  la CTV los que le brindaron la oportunidad al gobierno de deshacerse de un actor  opositor incómodo al extremo.</p>     <p align="justify">Pero la larga crisis de la democracia venezolana se debe también en gran medida  a los errores en el cálculo político del actual gobernante. Si Chávez de alguna  manera había tenido éxito en las reformas políticas propuestas, no ocurrió lo  mismo con las reformas sociales y económicas, como la ley de tierras y la  reforma impositiva, las cuales fueron propuestas a partir del segundo semestre  de 2002. La reforma del Estado en el Poder Legislativo, en el Poder Judicial y  en el ámbito electoral había sido un éxito. Sin embargo, el pasaje para las  reformas sociales y económicas entraba en conflicto con los tradicionales  intereses sociales y económicos de empresarios y latifundistas, a los que Chávez  errónea y extemporáneamente juzgó debilitados. También fue un error del  presidente pensar que podría impulsar tales reformas sin antes intentar  recomponer el abanico de fuerzas políticas que lo acompañaban y que ya se  mostraba bastante debilitado en aquel momento. Pero debido a su especial  idiosincrasia política, Chávez pensó que podría impulsar tales reformas sin  realizar esa recomposición de fuerzas. El resultado fue que no logró recomponer  un cuadro de fuerzas políticas favorables y, además, consiguió rearticular y  revivir lo que hasta entonces se mostraba como una apagada oposición política.</p>     <p align="justify">El resurgimiento de la oposición tiene en el chavismo, paradójicamente, una de  sus causas. Esto se debe a que con el fracaso de las reformas sociales y  económicas propuestas aparece una radicalización diletante y dura en el discurso  chavista creando un cuadro de polarización de campos políticos entre «nosotros y  los otros». El resultado fue que la clase media, que sentía pocas señales  positivas de recuperación de su estatus y del alto patrón de vida socioeconómico  de los años setenta e inicios de los ochenta comenzó a cuestionar la eficacia de  la retórica presidencial para combatir el desempleo (alrededor del 18 por ciento  hacia fines de 2002), la desigualdad social y la violencia urbana. Chávez  tampoco tuvo en cuenta que la clase media venezolana no tendría la suficiente  paciencia para esperar por más reformas que hiciesen funcionar al viejo y  desgastado sistema político clientelista venezolano que se inaugura en 1958.  Buena parte de la clase media que protesta en las calles de Caracas pertenece a  la generación que creció en los mejores años del <i>boom</i> petrolero  venezolano de los años setenta e inicios de los ochenta. Las aspiraciones de ese  sector social estaban lejos de acompañar la anunciada «revolución pacífica y  bolivariana». «Los sectores de clase media querían fundamentalmente que Chávez  hiciese funcionar nuevamente, y de manera eficaz, el viejo y desgastado sistema  populista» (Vivas, 1999:96-97). </p>     <p align="justify">Después del fracaso del golpe de abril de 2002, uno de los desafíos de Chávez  consistía exactamente en reconstruir el apoyo del sector social medio a través  de un lenguaje de conciliación nacional y de políticas públicas efectivas. Para  ese objetivo podría haberse aprovechado de la debilidad y de las torpezas de los  sectores empresariales por el compromiso, de parte de su dirigencia, con el  fallido golpe. Chávez incluso intentó ese movimiento de conciliación, pero  existía un problema que no tuvo en cuenta: el país había llegado a un grado tal  de polarización política y social que el presidente quedó con un margen reducido  de posibilidades de conciliación. Lo que significaba, en otras palabras, que los  odios políticos superaban por un amplio margen las posibilidades de conciliación  nacional en Venezuela. Esto, desde el punto de vista histórico, sólo es  comparable a la polarización de odios de la Argentina de la era de Juan Domingo  Perón. </p>     <p align="justify">Pero también debe remarcarse otro aspecto más grave en la actual crisis: el  papel de la oposición. Y allí aparece uno de los elementos más dramáticos de la  actual crisis venezolana. El problema de Venezuela en su momento histórico  actual no es tanto la existencia de una oposición aguerrida, lo que obviamente  es saludable para cualquier sistema político que aspire a funcionar de acuerdo a  parámetros democráticos. Lo que es preocupante es la naturaleza y los métodos de  algunos sectores de la oposición. Se trata de una oposición tradicional y  conservadora, agrupada en torno de un arco de alianzas en la cual pueden  encontrarse grupos tan heterogéneos como los líderes del sindicalismo  tradicional de la CTV, la dirigencia empresarial agrupada alrededor de la  federación patronal Fedecámaras y hasta el ex-grupo guerrillero Bandera Roja.  Una de las características de esa alianza, más allá de su heterogeneidad  política, no es tanto la fuerza con la que reconquistaron un espacio de poder en  el sistema político venezolano, sino la ausencia de un proyecto nacional pos  Chávez o de una propuesta de reconciliación en un país partido al medio por la  polarización social. </p>     <p align="justify">Sin embargo, también debe reconocerse que el hecho de que sectores del  sindicalismo, de la federación patronal, segmentos originarios de Pdvsa y de los  medios de comunicación, todos ligados a las viejas elites, sean los que  aparezcan hegemonizando la oposición tiene su origen, a mi modo de ver, en una  falla de la dinámica política que se inaugura en la era Chávez: el  debilitamiento del sistema de partidos que dirigió el pacto de elites 1958-1998  no significó el surgimiento de un nuevo sistema de partidos, de un renovado  cuadro de líderes políticos, y el fortalecimiento de nuevas organizaciones de la  sociedad civil socializadas en los valores democráticos. Aún más, el  debilitamiento del antiguo sistema de partidos dejó un vacío institucional que  pasó a ser cubierto por experimentos de organización donde la línea que separa  lo político de lo paramilitar es bastante discutible. Frente a la mencionada  ausencia del renovado cuadro de instituciones sociales, la representación y suma  de intereses corre por cuenta de los cuestionados círculos bolivarianos ligados  al oficialismo o de las corrompidas instituciones corporativas como la  organización sindical CTV y la organización empresarial Fedecámaras, que cuentan  con el apoyo de la mayor parte de los medios de comunicación televisivos y  gráficos. </p>     <p align="justify">El cuadro político que emerge con la radicalización del discurso político y  social generó las condiciones para que se pasase de una estrategia limitada de  movilizaciones y cacerolazos a una estrategia maximalista de pedir la salida del  presidente a cualquier costo, aunque eso implique el siempre riesgoso límite de  las vías de hecho, del golpe de Estado. Agréguese a eso que en la administración  chavista faltó también un dirigente político sensato próximo a los círculos del  poder, esto significa, «un consejero del príncipe», que pudiese servir de fuerza  moderadora a los ímpetus a veces autoritarios del presidente o que sirviera de  elemento de enlace con la oposición. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El epílogo de la polarización de fuerzas políticas y sociales en la Venezuela  del período de Chávez estuvo dado por la discusión sobre el referéndum  revocatorio. El efecto más dramático de ese final fue mostrar el grado de  inestabilidad, y hasta de falta de credibilidad, a que llegaron algunas  instituciones fundamentales como el Poder Judicial y el Poder Electoral. Ambos  fueron tomados por la intensa politización que involucró a la sociedad  venezolana y los grupos internos hicieron de estas instituciones un uso  instrumental, adecuando las normas a sus finalidades más inmediatas. </p>     <p align="justify">Analizando los comportamientos y estrategias de los principales actores  políticos en el período Chávez, sobre todo a partir de 2001, se percibe el  sentido de la afirmación de J.A. Schumpeter cuando expresa que, si bien la  democracia es «un método político», un «cierto tipo de arreglo institucional  para que se alcancen decisiones políticas», por otro lado, ella no puede ser (y,  efectivamente no es) tratada por esos actores como un fin en sí misma  «independiente de las decisiones que produce bajo condiciones históricas dadas»  (Schumpeter, 1984). En otras palabras, la democracia no parece una meta  prioritaria cuando los actores participantes de un conflicto no tienen como  intención final resolver el problema planteado en relación con la forma de  tolerar las posiciones y diferencias del uno y del otro, de manera tal que les  permita arribar a una solución democrática. El resultado es que las  instituciones, principal canal por donde circulan y se procesan los conflictos,  acaban siendo instrumentalizadas en favor de las posiciones particulares de los  actores en conflicto.</p>     <p align="justify">Es este cuadro interno el que va tener repercusiones en las motivaciones y en la  conducta diplomática de Venezuela y de EE UU, en sus relaciones bilaterales y en  los foros de organizaciones internacionales. </p>     <p align="justify"><b>Relaciones Venezuela-EE UU en la primera etapa: tensiones sin rupturas </b></p>     <p align="justify">La gestión de Chávez en política externa también ha sido polémica. Y no podría  ser de otra manera. En las democracias presidencialistas la figura del  presidente define mucho las características y la agenda sobre las cuales se  sustenta la acción externa del cuerpo diplomático. Además, en el caso de Chávez  ese trazo se ha presentado de una forma casi superlativa, generando un énfasis  muy grande en la diplomacia presidencial. En el aspecto operacional de la  política externa del período Chávez se destaca la diplomacia presidencial que  llevó al mandatario venezolano a visitar más de 20 países en 1999 y casi 35 en  2001. Mientras tanto, esa cantidad creciente de viajes no significó que éstos  fuesen establecidos con objetividad ni que el cumplimiento de la agenda se  materializase en ventajas concretas para el país. Agregaron poco los <i>tours</i>  presidenciales de Chávez en relación con la firma de acuerdos sobre nuevas  inversiones, términos de cooperación comercial, nuevos préstamos o transferencia  de tecnología. </p>     <p align="justify">En realidad, la agenda presidencial externa fue utilizada con cierta eficacia  como instrumento para marcar posición en relación con tres objetivos nacionales:  primero, como una herramienta de <i>marketing internacional</i> del país y del  propio presidente, intentando generar una imagen positiva en sectores de la  comunidad internacional, y especialmente para terminar con las dudas en relación  con el futuro de la estabilidad democrática del país (dado el pasado golpista de  Chávez). En una perspectiva teórica, eso es coherente con la idea sustentada por  Lisa Martin (2000) y Marcelo Fernandes Oliveira (2003), de acuerdo con los  cuales la credibilidad externa y la estabilidad doméstica son condiciones  inseparables, son las dos caras de una misma moneda. La estabilidad interna es  fuente de la credibilidad externa porque permite a los actores internacionales  acompañar el desarrollo de las políticas de sus pares, pudiendo construir  expectativas y creencias positivas en relación con él, a la vez que permite a  los actores hacer lo que se espera que ellos hagan dentro del acuerdo  internacional.</p>     <p align="justify">Un segundo objetivo de la diplomacia presidencial de Chávez ha estado  relacionado con la defensa de los precios internacionales del petróleo, recurso  del cual el país es dependiente en extremo. Finalmente, como tercer objetivo, la  acción diplomática en su gestión ha intentado mostrar cómo un actor  internacional de pequeño porte sería capaz de tener una política externa  relativamente autónoma. Es este último objetivo la principal fuente de  conflictos entre la administración de Chávez y Washington en los planos de las  relaciones bilaterales y multilaterales.</p>     <p align="justify"><b>El bilateralismo pragmático venezolano en la primera etapa</b></p>     <p align="justify">En el plano de las relaciones bilaterales, las buenas formas y la etiqueta  propia del discurso diplomático no consiguieron esconder algunos puntos de  tensión entre EE UU y el gobierno venezolano. En el comienzo de la gestión  Chávez la preocupación de Washington se relacionaba con la posibilidad de una  ruptura institucional o de una radicalización autoritaria en Venezuela. Pero  esas diferencias se profundizaron cuando el gobierno venezolano se pronunció, en  1999, contra la posibilidad de uso del espacio aéreo nacional por aviones  estadunidenses que tendrían como objetivo combatir el tráfico de drogas. En ese  aspecto la administración Chávez se alejó del gobierno anterior, el de Rafael  Caldera (1994-1998), quien había autorizado los vuelos auspiciados por la DEA  (la Agencia de Combate al Narcotráfico de EE UU) sobre el territorio venezolano,  aunque nunca hubiese habido un reconocimiento oficial de tal hecho. Es  importante recordar que desde finales de la década de los noventa, cuando EE UU  dejó la base Howard en Panamá, el Pentágono se ha preocupado de desarrollar  planes para utilizar los aeropuertos de las islas holandesas de Aruba y Curazao  para patrullar el área pacífico-caribeña del hemisferio. Dada la contigüidad  geográfica de esas islas con el litoral venezolano, resulta comprensible el  deseo estadounidense de uso del espacio aéreo de Venezuela (Tokatlian, 2001). </p>     <p align="justify">La negativa venezolana a que su espacio aéreo fuera utilizado por los aviones de  la DEA reflejaba, en primer lugar, la desconfianza de que tal autorización  estuviese ligada a la intención americana de reforzar el Plan Colombia –el cual  es visto, a partir de una lectura geopolítica de Venezuela, como una posibilidad  de militarización de la región. Pero también reflejaba la preocupación de las  Fuerzas Armadas venezolanas con las continuas manifestaciones de Washington de  que los ejércitos en América Latina deberían tener entre sus principales  funciones en la pos Guerra Fría el apoyo a EE UU en la lucha contra el  narcotráfico. Sectores militares de Venezuela piensan que esa función puede ser  cumplida con eficacia de manera autónoma, prescindiéndose del apoyo de  Washington. Aunque Chávez no haya hecho estrictamente de las Fuerzas Armadas su <i>party’s goverment</i>, fue cuidadoso en atender esas demandas de la  institución castrense para no acelerar un proceso interno de desgaste que ya  mostraba sus primeras señales desde inicios de 2001.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">En otras palabras, siguiendo en el camino de las pistas teóricas de Putnam  (1993), la acción diplomática de Chávez vio reducido el tamaño del <i>win-set</i>,  esto es, hubo una disminución de la posibilidad de alcanzar acuerdos en aquella  temática con EE UU, debido a la demanda y presiones de los grupos domésticos  internos. Como nos recuerda Putnam, las disensiones internas son beneficiosas  para el gobierno, en cuanto negociador internacional, en el momento de la  negociación internacional, al tornarse evidente para sus pares durante la  realización de los acuerdos que en el caso de que éstos no fueran al encuentro  de su <i>win-set</i> no serán ratificados en el plano interno. De esta manera,  el negociador, representante del Ejecutivo, tiene la ventaja frente al  negociador de otro país de no parecer inflexible en la negociación, y en el caso  de que ésta no prospere la responsabilidad del fracaso es colocada en el pasivo  de las disensiones de los grupos políticos internos (Putnam, 1993). </p>     <p align="justify">De acuerdo con ese tipo de pensamiento que buscaba atender demandas y  preferencias de grupos militares internos, el gobierno venezolano propuso,  durante el año 2000, la creación de un ejército latinoamericano que vendría a  sustituir al obsoleto Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), lo  cual desentonaba bastante con la posición de EE UU sobre los medios más eficaces  para alcanzar la seguridad hemisférica. En lo sustantivo fue ese primer <i>round</i>  el que comenzó a tensionar las relaciones de Washington con Caracas en la  administración Chávez (Romero, 2000). Por otra parte, las sospechas de  funcionarios estadounidenses de que la administración Chávez, además de su  proximidad con Cuba, mantuviera fuertes vínculos ideológicos y logísticos con  las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), creó un ambiente  bastante tenso entre ambos países.<sup>2</sup> De hecho, el propio gobierno  colombiano de Andrés Pastrana, no por casualidad, se apresuró a reconocer el  frustrado golpe de Pedro Carmona.</p>     <p align="justify">En el ámbito bilateral, otro tema que le preocupa a Washington es la  profundización de las relaciones entre Venezuela y Brasil. El objeto de esa  preocupación es la convergencia de visiones de estos dos países en torno del  Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) para América Latina. En relación  con Brasil, Venezuela viene dando prioridad a sus posibilidades de integración  en el Mercado Común del Sur (Mercosur) –como reconoce abiertamente un documento  oficial de la Cancillería venezolana–, especialmente por la significación  estratégica del Brasil «por las aspiraciones nacionales de ingresar en el  Mercosur» (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2001b). De esta forma, la  diplomacia presidencial fue activa en relación con Brasil (sumaron siete los  encuentros realizados entre los presidentes Chávez y Cardoso en los últimos tres  años y ya se está próximo de ese número en el gobierno de Luís Inácio Lula da  Silva). Pero también forma parte de la estrategia venezolana atraer a Brasil  como socio de inversiones en la Corporación Andina de Fomento (el órgano  financiador de la Comunidad Andina de Naciones). En este sentido, Venezuela y  Brasil firmaron, durante el primer año del gobierno de Lula, un acuerdo marco  que incluye el aumento del flujo comercial, inversiones en el sector  petroquímico, compra y venta de tecnologías y otros tópicos. Sin embargo,</p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2">O acordo guarda-chuva tem outras implicações e derivações. O Brasil, via BNDES,  deverá aumentar sua presença como acionista da Corporação Andina de Fomento  (CAF), banco de desenvolvimento dos países andinos, e chegar a 20 por ciento de  participação no principal agente de investimento do Hemisfério Sul. Total do  desembolso brasileiro: US$ 400 milhões em dois anos. Cada país-membro da CAF  pode financiar até quatro vezes o seu aporte para aplicações no próprio país. No  caso, US$ 1,6 bilhão. Se for projeto binacional, a aplicação pode multiplicar-se  por oito – ou US$ 3,2 bilhões. Ao governo a CAF faz chegar sua intenção de  investir US$ 25 bilhões em toda a região nos próximos quatro anos (Carta  Capital, 2003).</font></p> </blockquote>     <p align="justify">Esa aproximación a Brasil y al Mercosur puede fundarse en tres motivos. En  primer lugar la diversificación de las exportaciones en proporciones  equilibradas para diferentes mercados como una estrategia adecuada, en la medida  en que torna al país menos dependiente de un único mercado y, por lo tanto,  menos vulnerable. En esa óptica de diplomacia preventiva, se intenta evitar una  «mejicanización» de los mercados –en referencia al hecho de que, según algunos  cálculos, entre un 80 y un 90 por ciento de las exportaciones mexicanas se  dirigen al mercado norteamericano, lo que efectivamente sugiere una gran  debilidad para un país en esas condiciones.<sup>3</sup> El segundo motivo  estaría justamente en utilizar la aproximación como una moneda de negociación en  relación con futuras negociaciones comerciales con EE UU. En otras palabras, una  manera de obtener ventajas y compensaciones comerciales instrumentalizando la  amenaza de una profundización, todavía mayor, de las relaciones con el Mercosur  y un alejamiento del ALCA en los moldes propuestos por EE UU. Esta es una  estrategia de negociación diplomática que Thomas Scheelling (1956) denominó de  uso disuasivo de la amenaza en la negociación. La amenaza no es un fin y lo que  menos quieren los actores es que ésta estalle, pero puede ser utilizada, en  ciertos casos, para mostrarle al negociador de otro Estado cuán peligroso es no  alcanzar un acuerdo o no hacer una concesión.</p>     <p align="justify">También es posible buscar un tercer motivo en la conducta diplomática que  vincula el triángulo Venezuela-Brasil-EE UU. La diplomacia comercial venezolana,  siguiendo con una política de continuidad iniciada en la segunda gestión de  Caldera (1994-1998), dislocó su interés integracionista para la «fachada  amazónica», especialmente en lo que se refiere a la profundización de sus  vínculos comerciales, energéticos y políticos con el Brasil y con el Mercosur.</p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2">Registre-se que o ex-Presidente Fernando Henrique Cardoso acolheu e deu  seguimento ao desejo de Chávez de mudar o olhar da elite venezuelana: mirar o  Cruzeiro do Sul e não a Estrela Polar. Registre-se também que neste ponto de sua  admiração, ou pragmatismo, ante o Brasil, Chávez está isolado. Toda a oposição a  ele é, radicalmente, pró-América do Norte e pró-Colômbia. Pró-negócios com os  Estados Unidos e a Colômbia, como é hoje» (Carta Capital, 2003:32).</font><sup><font size="2">4</font></sup></p> </blockquote>     <p align="justify">En la búsqueda de esa meta, mientras tanto, la diplomacia venezolana del período  Chávez se enfrenta a otro problema previsto por el modelo teórico del «juego de  dos niveles» de Putnam (1993). Una situación que favorece al negociador  internacional, como ya fue apuntado, es el hecho de que las divergencias de  grupos y sectores de la sociedad o en el Parlamento en relación con un  determinado problema de política externa pueden favorecer al negociador para que  éste no ceda en un determinado punto y, en última instancia, indique como  responsable del fracaso de una negociación, no a su inflexibilidad, sino a las  condiciones políticas internas frente a la existencia de grupos que no  aceptarían un acuerdo. Sin embargo, pese a las diferencias, los grupos  domésticos en algún momento pueden llegar a un acuerdo. «Porque eso implica una  reducción del enfrentamiento entre los halcones [sectores políticos y sociales  radicalizados] y las palomas [sectores políticos y sociales moderados]» (Putnam,  1993:436).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Pero, una situación muy diferente se da cuando los grupos están polarizados y  los <i>hawks</i> (sectores radicalizados) son preponderantes en todas las  esferas del sistema político, dominando el campo oficialista y el de la  oposición. Ese es el caso de la situación política actual, de esta manera el <i> win-set</i>, la possibilidad de obtener ventajas de una jugada, es neutralizada  por el juego de fuerzas polarizadas (<i>take advantage</i>), también porque en  la situación política actual del período Chávez los sectores moderados  desaparecieron. De esta forma, inclusive para los grupos internos de la  oposición puede parecer razonable que Venezuela busque la diversificación de sus  relaciones comerciales con el Mercosur, especialmente con el Brasil, sin  embargo, el hecho de que los <i>hawks</i> ocupan todo el espectro político los  hace insistir en la estrategia «pro-negocios con EE UU y Colombia». Además,  recordemos de paso que la estrategia que cambia el foco de esos dos países  mirando hacia el «Crucero del Sur» tuvo su inicio en el segundo gobierno del  socialcristiano Caldera, pero la situación menos polarizada de aquel momento  permitía un mínimo consenso entre el gobierno y la oposición, haciendo que la  estrategia fuera razonable y racional en el largo plazo. De esta forma, lo que  debería ser una política de Estado, la política de acercamiento con el Brasil,  se diluye en el juego radicalizado de los halcones de ambos sectores. </p>     <p align="justify">Indudablemente, Venezuela es el país sudamericano con el cual Brasil tiene hoy  en dia las mayores afinidades sobre temáticas políticas y económicas tanto  globales como regionales. Comentando estas amplias coincidencias, Amado Luiz  Cervo sustenta:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2">Com efeito, em que pesem diferenças de estilo na ação externa, nenhum outro país  da América do Sul apresenta relativamente ao Brasil, no início do milênio,  tantas variáveis comuns na sua visão do mundo e em sua estratégia externa quanto  a Venezuela. Essa convergência se estabelece mediante a convergência dos  seguintes parâmetros: a) o conceito de globalização assimétrica como correção ao  conceito de globalização benéfica; b) o conceito político e estratégico da  América do Sul; c) o reforço do núcleo central robusto da economia nacional como  condicionante da interdependência global; d) a prévia integração da América do  Sul como condicionante da integração hemisférica; e) a percepção da nocividade  da Alca, caso se estabeleça sem os condicionantes anteriores e sem a  reciprocidade comercial efetiva; f) reservas ante o aspecto militar do Plano  Colômbia; g) o repúdio a qualquer presença militar norte-americana e a seus vôos  na Amazônia; h) a decisão de não privatizar o setor petrolífero» (Cervo, 2003:19  y 21).</font></p> </blockquote>     <p align="justify">Esas convergencias tan amplias de Venezuela con Brasil preocupan a la diplomacia  de la Subsecretaría de Estado para Asuntos Latinoamericanos de EE UU, que  preferiría ver en la casa amarilla <i>policy makers</i> menos sincronizados con  las metas y percepciones globales y regionales de los formuladores de política  externa del continental país sureño. </p>     <p align="justify"><b>La disputa multilateral en la primera etapa</b></p>     <p align="justify">En el campo multilateral de la Organización de Estados Americanos, y en relación  con las cláusulas democráticas, las diferencias entre Washington y Caracas  también se vienen manifestando de manera bastante seria en los últimos años. El  foco de tensión, esta vez, es la denominada «Carta Democrática», mecanismo  aprobado por la OEA en 2001 y que corona un proceso de institucionalización de  cláusulas que condenan la ruptura democrática en los países del continente. Esa  Carta define a la democracia representativa como la forma de gobierno bajo la  cual deberían organizarse institucionalmente los sistemas políticos del  continente. En contraposición a este concepto propuesto por Washington, el  gobierno de Caracas venía proponiendo, en los dos últimos años, el concepto de  «democracia participativa». El objetivo de la diplomacia venezolana era dar  cobertura y recubrir de legitimidad su proceso político interno que venía  desarrollándose desde 1999, y que los portavoces oficiales denominan de  «práctica de la democracia participativa». Debemos recordar que en menos de un  año fueron hechos más de tres referendos que le permitieron a Chávez minar las  bases de los partidos tradicionales venezolanos, AD y Copei. De la misma manera  la nueva Constitución venezolana, hecha en pleno apogeo de la mayoría chavista  en la Constituyente de 1999, establece una serie de temas que deben ser  sometidos al plebiscito popular.<sup>5</sup> </p>     <p align="justify">El objetivo de la diplomacia venezolana era evitar que, en perspectiva, el  propio principio de la democracia representativa se institucionalizase en el  subsistema diplomático de la OEA como un instrumento neointervencionista en los  asuntos internos del Estado venezolano o de otros estados –posibilidad que ya se  había presentado en el caso de las elecciones peruanas de 2000, cuando después  de la primera vuelta que daba ganador a Alberto Fujimori por algún margen sobre  la oposición, EE UU presionó a los gobiernos de la región para que el proceso  electoral fuese considerado ilegítimo. Como reconoce un observador, «EE UU  prefiere el concepto más limitado y mundano de democracia representativa  centrada en elecciones y partidos políticos, opuesto al de democracia  participativa que enfatiza las asambleas populares, los movimientos sociales y  referendos continuos» (Ellner, 2002). Se percibe claramente aquí un <i>link</i>  teórico entre la teoría de Milner (1997) que prioriza los asuntos domésticos  como determinantes de la acción diplomática externa de un Estado ya sea en foros  bilaterales o multilaterales. Por lo tanto, además de no tener control sobre la  ratificación de la negociación, visto que ella depende de los actores políticos  domésticos, los negociadores internacionales enfrentan en el juego democrático,  sobre todo en países presidencialistas, gobiernos divididos internamente, la  falta de apoyo de los grupos de interés –e inclusive la movilización opositora–  y la posibilidad de alteración del reglamento interno de ratificación de los  acuerdos: «Acuerdos de cooperación crean ganadores y perdedores domésticos; la  lucha interna entre esos grupos condiciona la posibilidad y naturaleza de los  acuerdos internacionales de cooperación ...Todos los aspectos de la cooperación  son influenciados por consideraciones domésticas debido a que la cooperación es  una continuación de la lucha política doméstica por otros medios» (Ellner,  2002:9-10).</p>     <p align="justify">Coherente con esa comprensión teórica de la acción diplomática venezolana, la  propuesta de la Carta Democrática, con su énfasis en la democracia  representativa estimulada por Washington podía colocar un límite al mecanismo de  democracia plebiscitaria que con extrema eficacia le permitió a Chávez debilitar  a las elites partidarias tradicionales en Venezuela. Mientras tanto, la Asamblea  General de la OEA, en una reunión extraordinaria realizada en el segundo  semestre de 2001 en Lima, no sólo rechazó el concepto de democracia  participativa sino que además asumió plenamente el concepto de democracia  representativa. La aprobación de la Carta Democrática en los términos  conceptuales de Washington significó la principal derrota de la diplomacia  chavista en el campo multilateral y profundizó el malestar entre Washington y  Caracas. </p>     <p align="justify">Pero los roces en el campo multilateral ya eran anteriores a la discusión de la  carta democrática de la OEA. En ese ámbito, desde el inicio de su gestión el  gobierno, Chávez indicaba la posibilidad de una acción externa no vinculada a  Washington. Dos ejemplos ayudan a aclarar esa percepción. Distanciándose de EE  UU, Venezuela invocó como prioritaria la acción de la Organización de las  Naciones Unidas para alcanzar una solución negociada en el conflicto de Kosovo  en 1999, habiendo votado en ese mismo año, en la Comisión de Derechos Humanos de  la propia ONU, contra el relatorio de la Comisión que condenaba el estado de los  derechos humanos vigente en China, Cuba e Iraq (voto además reiterado  posteriormente). El voto contrario al informe era un cambio de la diplomacia  venezolana, que rompía con la posición abstencionista mantenida durante las  administraciones anteriores hasta Caldera. Evidentemente, el informe reflejaba  la posición de EE UU sobre la situación de los derechos humanos en aquellos tres  países. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Sin embargo, los momentos de mayor tensión en las relaciones EE UU-Venezuela en  la actual administración ocurrieron, primero en la visita presidencial que  Chávez hizo a Saddam Hussein y Muamar Kadafi en el año 2000, y después con el  posicionamiento inicial del gobierno de Venezuela frente a los bombardeos a  Afganistán en el segundo semestre de 2001. En cuanto a las visitas a Saddam y  Kadafi, catalogados por Washington como gobernantes de Estados delincuentes (<i>rogue  states</i>) en el gobierno de Bill Clinton, verdaderamente estaban más  relacionadas a la diplomacia del petróleo que a las afinidades políticas e  ideológicas propiamente dichas. La diplomacia presidencial de Chávez, es  importante recordar, ha dado especial importancia a la agenda petrolera  internacional, debido a la estrecha dependencia de Venezuela de las divisas que  entran por su principal recurso de exportación.<sup>6</sup> Reactivar el papel  de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en el  establecimiento de cotas de producción y de precios internacionales fue una de  las metas más exitosas de la diplomacia de Chávez. Como reconocimiento a ese  activo papel, la OPEP elevó a Venezuela, en 2001, a la condición de presidente  de la organización. Así, las visitas a países productores de petróleo, entre los  cuales encontramos a Iraq y a Libia, se transformaron en un elemento clave de la  diplomacia venezolana del petróleo. Es en el ámbito de esa motivación que se  podría explicar la iniciativa diplomática, altamente arriesgada, del presidente  Chávez de transformarse en el primer mandatario de otro país en visitar  oficialmente el Iraq de Hussein desde la Guerra del Golfo. </p>     <p align="justify">Fue un movimiento arriesgado, pero en realidad no se trataba simplemente de un  acto impulsado por las preferencias ideológicas, sino por la especial  idiosincrasia del primer mandatario. Como afirma Morgenthau, una teoría realista  de la política internacional se alejará de la idea de</p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2">igualar las políticas exteriores de un estadista con sus simpatías filosóficas o  políticas y deducir las primeras de las segundas. Los estadistas, especialmente  bajo las condiciones contemporáneas, bien pueden recurrir a la costumbre de  presentar sus políticas exteriores en términos de sus simpatías filosóficas y  políticas a los efectos de conseguir apoyo popular para ellas. Pero distinguen,  como Lincon, entre su <i>deber oficial,</i> y su <i>deseo personal</i>, que  tiende a la corporización en todo el mundo de los propios valores morales y  principios políticos (Morgenthau, 1986:15).</font></p> </blockquote>     <p align="justify">Así debe haberlo entendido el Departamento de Estado estadounidense, pese a sus  críticas y advertencias a Chávez. Aquellas visitas ocurrieron aún bajo la  administración Clinton, pero es claro que el nuevo <i>staff</i> del Departamento  de Estado en el gobierno de George W. Bush no olvidará ese gesto de marcada  autonomía (y hasta de afrenta) por parte de la diplomacia venezolana. </p>     <p align="justify">En relación con los bombardeos a Afganistán, que se sucedieron al ataque  terrorista al World Trade Center, el presidente Chávez nuevamente mostró su cara  de <i>enfant terrible</i> de la política externa latinoamericana. En principio  la posición venezolana, manifestada oficialmente por el propio Chávez, fue la  siguiente «no se puede combatir terror con más terror»,<sup>7</sup> en alusión  directa al hecho de que los bombardeos americanos estaban ocasionando una alta  cantidad de víctimas entre la población civil en Afganistán. Obviamente eso  produjo una reacción inmediata de Washington, que llamó a su embajadora en  Caracas para consultas. La posición venezolana provocó también duras críticas  entre los sectores republicanos del Congreso estadounidense que comenzaron a  pedir una inmediata revisión de las relaciones entre ambos países; sin embargo,  esos mismos sectores hicieron cuestión de personalizar la posición venezolana en  el presidente Chávez. Como enfatizó un representante republicano, «fue el mismo  presidente Chávez el primer Jefe de Estado en desconocer las sanciones  multilaterales contra Iraq, al visitar a Hussein después de la Guerra del  Golfo».<sup>8</sup> El imponderado posicionamiento inicial venezolano, por lo  poco propicio del momento internacional, fue amortiguado con nuevos  pronunciamientos oficiales del gobierno en la ONU y en el Grupo de los 77. Pero  inclusive con ese retroceso sensato de la diplomacia venezolana, se dejó en  claro, para la irritación creciente de Washington, que el combate al terrorismo  debía «estar limitado en el tiempo» y «no ser contrario a las normas del derecho  internacional» (Ministerio de Relaciones Exteriores, 2001a). </p>     <p align="justify">En el caso de los bombardeos a Afganistán, puede explicarse la actitud de la  diplomacia venezolana ante Washington como un ejemplo en el cual los <i>decision  makers</i> de la política externa no comprenden claramente cuáles son las  limitaciones y cuáles las consecuencias de la acción autónoma de un pequeño  actor internacional en un mundo de polaridades asimétricas. Esto significa la  incomprensión de cuáles son las restricciones externas de una política exterior  apegada a principios legales. Una solución legal, en palabras de Morgenthau,  puede ser legítima dentro su propia esfera, pero las consideraciones legales no  se pueden oponer a las consideraciones de poder, con eso el estadista puede  incurrir en el error de permitir que el llamado al principio legal «determine  sus actos políticos» (Morgenthau, 1986:23). </p>     <p align="justify">De ahí que los desacuerdos entre el gobierno de Venezuela y EE UU, en la  administración de Chávez, sobre temáticas muy sensibles como los atentados del  11 de septiembre y Afganistán nos llevan a la pregunta de si actores de pequeña  influencia en las relaciones internacionales deben o no arriesgarse a realizar  políticas autónomas que pueden generar altos costos políticos. En realidad, ese  es un problema que ha sido mal colocado en el análisis de la política externa de  los pequeños actores estatales o de actores de porte medio en el sistema  internacional. El problema no es que no se deba ser osado en política externa  por ser un actor irrelevante, sino saber cuál es el momento adecuado en el que  es posible tener esas posiciones autónomas, incluso cuando ellas incluyan  consideraciones normativas sobre pretendidos universalismos morales o legales.  La prudencia debe ser tenida en cuenta en el cálculo de los actores pequeños.  Eso no estuvo presente en algunos pronunciamientos oficiales venezolanos en  momentos derivados del 11 de septiembre o en Afganistán. Como no se cansaba de  recordar Morgenthau: «No puede existir moralidad política sin prudencia, esto  es, sin consideración de las consecuencias políticas de una acción <i> aparentemente moral</i>» (Morgenthau, 1986:21) (resaltado del autor). </p>     <p align="justify">Sin embargo, la diplomacia americana tiene también, frente a las acciones y al  discurso de la diplomacia chavista, sus restricciones y limitaciones, sobre todo  por el hecho de ser Venezuela el principal abastecedor de petróleo de EE UU en  el hemisferio. Si Venezuela depende bastante del mercado estadounidense a los  efectos de la exportación e importación de bienes, no es menos cierto que EE UU  todavía no consiguió establecer socios comerciales más regulares en el  continente para el abastecimiento petrolero, como podrían ser los casos de  México, Canadá o Ecuador. En realidad, esas restricciones tienen que ver con la  mejor calidad del petróleo venezolano en comparación con sus competidores del  hemisferio, pero principalmente se relacionan con el hecho de que acciones de  represalias más duras contra Venezuela encuentran un freno en las necesidades y  presiones del sector privado americano del petróleo. Debe recordarse que ese  sector ha permanecido vinculado a la explotación y la comercialización del  recurso venezolano por más de ochenta años. Y no es despreciable el hecho de que  los <i>decision makers</i> de la diplomacia americana en la administración de W.  Bush han sido bastante sensibles a los lobbies de la industria petrolera. </p>     <p align="justify">Ese dilema, en el cual los actores tienen que optar por estrategias de  cooperación pragmáticas independientemente de las simpatías políticas o  filosóficas entre ellos, ha intentado ser comprendido por la teoría política de  las relaciones internacionales en lo que Robert Axelrod (1984) denominó  «reciprocidad específica». Una estrategia de reciprocidad específica usa la  táctica del ojo por ojo. Esto significa que, a un movimiento cooperativo de un  jugador A le seguirá una contrapartida cooperativa por parte de un jugador B.  Una deserción de un jugador A será seguida por una deserción de un jugador B.  Sin embargo, una deserción puede crear incentivos para que otros actores o  sectores sean perjudicados, lo que origina una presión a favor de la coerción.  Robert Keohane ha explicado bien esa situación en un importante artículo sobre  el funcionamiento de la reciprocidad en las relaciones internacionales: «Como  virtud adicional, la reciprocidad específica puede crear incentivos para que  intereses que de otra forma serían pasivos dentro de sus países, [intereses  esos] que se oponen a una acción unilateral por parte de sus propios gobiernos  ... En 1984, por ejemplo, los granjeros norteamericanos se opusieron a las  cuotas de acero, previendo represalias contra exportaciones agrícolas» (Keohane,  1993:197-98). Similares palabras pueden decirse sobre los temores de represalias  del sector privado norteamericano en el abastecimiento futuro de petróleo  venezolano. Refuerza Keohane, que «Axelrod entonces demuestra que la  racionalidad de la cooperación depende no sólo de las ganancias inmediatas que  le esperan a los jugadores, sino también de lo que llama ‘la sombra del futuro’»  (Ibíd., pp. 194-195). Aplicado al caso venezolano, podría ser que de manera  inmediata una acción de la oposición como el paro petrolero de finales de 2002 e  inicios de 2003 tuviese un saldo político positivo para los intereses privados  del sector del petróleo americano; sin embargo, en el mediano y largo plazo no  interesaba, en términos de abastecimiento, una parálisis completa de la  industria petrolera venezolana. De esta forma, aunque los cacerolazos de la  oposición fuesen frente a la embajada brasileña en Caracas por el abastecimiento  del 8 por ciento del combustible consumido durante la huelga, fue EE UU el que  brindó el 56 por ciento de ese combustible (<i>Carta Capital,</i> 2003). No fue  en realidad por simpatía con Chávez que Washington dio el petróleo, sino por el  temor de que una completa y larga paralización de la industria petrolera  venezolana colocase en riesgo, en el mediano plazo, su abastecimiento y  produjese un gran impacto en el mercado internacional, elevando los precios.<sup>9</sup></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Por otro lado, hasta mediados de 2003, la diplomacia activa de Chávez se cuidó  bastante de mantener cualquier diferencia diplomática en el plano gubernamental,  dejando afuera posibles posicionamientos contra los sectores privados americanos  con intereses en Venezuela. Contrastando con otros líderes populistas y  nacionalistas del pasado, sin embargo, la aparente radicalidad de su discurso  «evita cuidadosamente una retórica antiestadounidense» (Ellner, 2002). De la  misma manera, y también contrariamente a lo que podría esperarse de un discurso  nacionalista, las privatizaciones de las empresas estatales, hechas antes de la  llegada de Chávez al poder, fueron mantenidas y los compromisos con los bancos  americanos ampliamente honrados. Esas limitaciones derivadas del juego de  intereses comerciales privados pueden explicar entonces los esfuerzos de  Washington en personalizar en la figura presidencial de Chávez la  responsabilidad por los momentos de tensión entre ambos países. De esa forma  pueden entenderse las declaraciones del secretario de Estado, Collin Powell, a  comienzos de este año, según las cuales «a EE UU no le gusta Chavez».<sup>10</sup>  De cualquier forma, Washington (de fines del gobierno Clinton e inicios del  gobierno Bush) prefiró adoptar la política cautelosa de «esperar para ver», que  la de partir a una confrontación abierta con el gobierno de Chávez.</p>     <p align="justify"><b>Segunda etapa de la política externa venezolana frente a EE UU: del  pragmatismo externo a la opción ideológica</b></p>     <p align="justify">La política de «esperar para ver» ya mostraba indicios de agotamiento al final  del gobierno Clinton. El primer indicio de eso fueron las declaraciones del  entonces subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Peter Romero,  quien afirmó para diarios españoles que «en Venezuela no se ve un gobierno que  mande: sólo plebiscitos, referendos y más elecciones. Ellos nos dicen que  esperemos pero los gringos no somos exactamente famosos por nuestra paciencia» (Ellner,  2002). Un dato importante que marca el fin de la política de «esperar para ver»  vino sin duda con el nombramiento de Juan Otto Reich, en la administración  republicana de Bush, para ocupar, interinamente, el puesto de Romero.  Ex-embajador en Caracas durante los años del gobierno Reagan, Reich es un típico  diplomático de una óptica ideológica y geopolítica remanente de los años de la  Guerra Fría, sobresaliendo por su exacerbado anticastrismo. De este modo, la  combinación creciente de tensiones bilaterales y multilaterales acumuladas en  los tres primeros años de la administración de Chávez, junto con un cambio  ideológico e institucional en los <i>decision makers</i> para asuntos  latinoamericanos operada en la administración Bush, preparaban las condiciones  para un <i>impasse</i> que llevaría a un dislocamiento de una política externa  venezolana pragmática a una política externa ideológica. Sin embargo, la postura  ideológica también contaminó a los <i>decision-makers</i> de la administración  Bush, estimulando todavía más la creciente politización de las posturas  oficiales venezolanas frente a Washington. El punto de inflexión que muestra  posturas recíprocamente ideologizadas fue el estallido del breve golpe de Estado  de abril de 2002. </p>     <p align="justify">La posición de Washington, justificando el golpe por los errores políticos de  Chávez durante su mandato, mostró el frágil equilibrio que EE UU consigue  mantener entre democracia e intereses geopolíticos hemisféricos cuando sus  formuladores de política externa quedan atrapados por los viejos fantasmas de la  Guerra Fría. El episodio Chávez reveló que ante el tema de la democracia EE UU  puede pasar a comportarse como cualquier viejo o nuevo caudillo populista  latinoamericano: la promesa de la promoción de la democracia puede ser  rápidamente sacrificada en función de intereses geopolíticos hemisféricos  inmediatos. Volviendo a Keohane, el problema de la reciprocidad radica en que:  «Si alguna de las partes que practica la reciprocidad empieza con un movimiento  maligno, la cooperación nunca puede lograrse en la medida en que ambos persisten  en esa estrategia» (Keohane, 1993:196). O complementando con Axelrod: «El  problema con el ojo por ojo es que una vez que una pelea comienza, puede  continuar indefinidamente» (Axelrod, 1984:184). ¿No será que de esta manera  podríamos interpretar la posición venezolana de no reconocer al gobierno  haitiano que substituyó en el poder al depuesto presidente Jean Bertrand  Aristide?<sup>11 </sup></p>     <p align="justify">El año 2003 y el inicio de 2004 marcan una revisión significativa de la posición  más moderada que hasta entonces había mantenido el gobierno de Chávez frente a  EE UU, surgiendo, por primera vez, una postura claramente de confrontación al  gobierno de Bush. Dos años atrás la cancillería venezolana matizó las críticas  que el Departamento de Estado había hecho en relación con los viajes del  presidente venezolano a Iraq, Libia, Irán y Cuba, así como la posición  venezolana frente a los bombardeos en Afganistán. La elección de no confrontar a  EE UU se reflejaba claramente en la posición del entonces canciller venezolano,  Luis Alfonso Dávila, quien enfatizaba la disponibilidad de su gobierno a  realizar mayores aclaraciones sobre las acciones pasadas: «de ser necesario el  gobierno continuará explicando dicha situación, con el objeto de que esas dudas  se eliminen, porque a mi manera de ver no tienen fundamento».<sup>12</sup> Hasta  aquí, a pesar de las antipatías ideológicas del gobierno de Venezuela por la  administración Bush, las diferencias eran mantenidas en el plano de una  confrontación de baja intensidad, esto es, en una escala de conflicto en la cual  la acción diplomática todavía es bastante eficaz. </p>     <p align="justify">El tono político moderado en relación con EE UU comenzaría a cambiar de manera  gradual un año después del golpe de Estado contra Chávez. Una investigación del  Consejo Nacional de Seguridad de Venezuela (CNS), cuyas conclusiones fueron  hechas públicas en el primer aniversario de la fallida intentona, concluía que  hubo participación de EE UU en el golpe. Sin embargo, aunque esto fuese así, en  un primer momento el gobierno venezolano dejó que fuese el coordinador del CNS  el que hiciese la acusación contra el gobierno estadounidense, evitando la  intervención directa de cualquier alto representante de la diplomacia o del  Ejecutivo en el encaminamiento de las denuncias.<sup>13</sup> Sin embargo, la  escalada del conflicto discursivo alcanza su punto más crítico a inicios de 2004  cuando el propio presidente Chávez dejando de lado la mediación de funcionarios  medios del gobierno, acusa a EE UU de haber participado directamente en el golpe  del 11 de abril de 2002 y de intervención en los asuntos internos de Venezuela a  través del financiamiento de grupos políticos y ONGs opositoras a su gobierno.<sup>14</sup>  Ciertos hechos, como la realización de concentraciones públicas oficialistas  bajo el sugestivo rótulo de «contra el imperialismo yanqui» en febrero de 2004  evidenciaban el surgimiento de un segundo momento en la política externa de  Chávez en relación con EE UU. En ese segundo momento el roce moderado y  pragmático da paso a un discurso anti-estadounidense que no estaba presente en  aquel que denominamos primer período de la política externa chavista frente a EE  UU (1999-2002). ¿Qué puede explicar esa radicalización de la posición  venezolana? </p>     <p align="justify">Como mínimo existen tres hipótesis explicativas. Una más coyuntural está  relacionada con la realización del referendo presidencial. Desde esta  perspectiva, la radicalización de la posición habría sido más un elemento  distraccionista para dislocar el foco de atención de la intensa discusión del  referendo hacia una variable de política externa, que siempre es muy sensible en  la sociedad venezolana. La motivación distraccionista es reforzada por la  clásica explicación según la cual los gobernantes, sean autoritarios o  democráticos, tienden a utilizar los asuntos de política externa como factor de  cohesión nacional en momentos de crisis. Un ejemplo de esa manipulación de las  cuestiones externas con objetivos de unidad interna fue el desastroso intento  del gobierno autoritario argentino de Leopoldo Galtieri de pretender recuperar  las Islas Malvinas en 1982. De esta forma, debido a la intensa polarización  política interna, la administración Chávez habría hecho un intento emotivo de  buscar mínimos elementos de cohesión política interna, «para agrupar a la  población en torno a la patria, ante amenazas del exterior».<sup>15</sup> En la  comprensión teórica de este tipo de jugada, de acuerdo con un comentarista de  Putnam (1993), el Ejecutivo puede utilizar sus recursos simbólicos o materiales  para «consolidar sua posição política doméstica e, ao mesmo tempo, utilizar sua  debilidade doméstica para extrair benefícios dos outros negociadores» (Veiga,  1999:38). </p>     <p align="justify">Una segunda hipótesis es de carácter más estratégico. Debido a que la actual  elite venezolana no puede reconocer que las divergencias en los campos  multilaterales o de asuntos regionales, como las estrechas relaciones que Chávez  mantiene con Cuba, son irreconciliables diplomáticamente, entonces, en  perspectiva, el mejor escenario posible es la permanencia de Bush en el poder.  De esta manera, el objetivo de la administración Chávez estaría orientado a  llevar la denuncia de la participación de EE UU en el golpe de abril de 2002  ante la opinión pública de ese país, donde es evidente que la política de Bush  en relación con Iraq le causa problemas de credibilidad interna (Díaz Rangel,  2004). En otras palabras, el objetivo de fondo de la diplomacia chavista sería  intentar llevar al conocimiento de la opinión pública estadounidense un elemento  más que pudiese ser explotado en contra de Bush en la carrera electoral. La  debilidad de esa hipótesis parece estar en el hecho que tendríamos que suponer  que el <i>input </i>(la denuncia del hecho de la participación de Washington en  el golpe de abril de 2002) pudiese tener una recepción real en la opinión  pública estadounidense, originando un debate interno en EE UU, lo que es poco  probable debido al escaso interés que los asuntos de política externa despiertan  habitualmente en la opinión pública de ese país y el impacto relativo que los  asuntos de esa naturaleza tienen en las campañas electorales.<sup>16</sup> De  cualquier manera, es legítimo suponer que un actor político estratégico intente  sacar provecho político de las debilidades del adversario. De acuerdo con la  metáfora de Putnam (1993), ya mencionada anteriormente, la acción del estadista  obedece a la lógica de las dos caras de Janus: un ojo volcado hacia el sistema  político nacional y el otro hacia el sistema internacional. En otras palabras,  prueba constantemente las reacciones que su acción diplomática tiene en ambos  planos y el impacto que tales acciones tienen en el realineamiento de fuerzas  políticas internas y externas. </p>     <p align="justify">Dejando de lado las dos primeras, la tercera hipótesis que colocamos, por lo  tanto, puede ser resumida de la siguiente forma: es más exacto interpretar que  el dislocamiento de la administración Chávez para una posición conflictiva  frente a EE UU tiene como motivación profunda las creencias que orientan a la  actual administración. En otras palabras, la política externa se movió de una  perspectiva instrumentalista o pragmática en relación con la superpotencia del  Norte a un rumbo cargadamente ideológico. La política externa venezolana pasó,  en este segundo momento que se inicia en 2003, a reflejar las simpatías y  opciones políticas e ideológicas de la elite gobernante en el poder. Ciertamente  esa perspectiva desconoce los consejos del realismo político que desaconseja  guiar la acción política con base en las motivaciones ideológicas. </p>     <p align="justify">Sin embargo, eso no parece extraño en el caso de la Venezuela democrática. Desde  la consolidación de la democracia venezolana a fines de la década de los sesenta  del siglo pasado, la política externa también reflejó las preferencias  ideológicas de sus gobernantes. La diferencia reside en que si antes éstas –en  relación con EE UU, <i>of course</i>–, resguardaban un cierto espacio para el  pragmatismo de cara a los intereses nacionales definidos en torno de la  consolidación democrática del sistema político venezolano, ahora reflejan un  realineamiento en el cual el equilibrio entre la conducta externa pragmática e  ideológica se rompe en favor de la segunda. Sin embargo, lo que constituye una  «sombra del futuro» es intentar realizar un diagnóstico más agudo sobre si se  trata de una línea de acción coyuntural o de una acción estructural, de largo  plazo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La primera línea de acción se justificaría en el capital político del que las  actuales elites en el poder en Venezuela intentarían gozar, a partir de una  política externa politizada vis-à-vis los objetivos políticos internos. Por otra  parte, una política estructural sería inédita, pero como ya exponía el  diplomático inglés Pitt, respondiendo a Edmund Burke las críticas hechas en  relación con el Tratado Comercial de 1786 con Francia (enemiga acérrima de  Inglaterra en aquel siglo), alianzas y distanciamientos temporales forman parte  de la estructura de las relaciones entre Estados:</p>     <blockquote> 	    <p align="justify"><font size="2">Afirmo que é uma política estreita a de supor que este ou aquele pais deva ser  tratado como o eterno aliado ou inimigo perpétuo ... Quando encontramos outros  países que possuem pontos de vista diferente e que nos contrariam no que se  refere ao objetivo que perseguimos, é nosso dever tolerarmos a maneira diferente  que possam ter para buscar os mesmos objetivos (citado por Wight, 1983:82-83). 	</font></p> </blockquote>     <p align="justify">Para concluir, incluso cuando el tiempo de la acción diplomática venezolana en  la administración Chávez no presente elementos empíricos e históricos  consistentes para ser considerado un movimiento de largo plazo, debido a que una  administración diferente de Chávez podría retomar las relaciones normales  históricas que ligan a Venezuela con EE UU, deberíamos, sin embargo, estar más  atentos a las consecuencias futuras de este segundo momento, en el que se  sacrifica la política pragmática por opciones ideológicas. Si coincidimos en que  el período democrático venezolano que se inicia en 1958 (sin entrar en sus  peculiaridades) tiene una divisoria de aguas con la emergencia de Hugo Chávez  Frías en la política del país, no podríamos perder de vista, por lo tanto, que  la influencia de sus acciones en la política interna/externa son de largo plazo.  Las elites sucesoras en el poder, independientemente de su localización en el  espectro político de la nación, tendrán que convivir con su herencia política  como un fantasma hamletiano. </p>     <p align="justify"><b>Referencias bibliográficas</b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><b>1. Axelrod, Robert</b> (1984). <i>The Evolution of Cooperation,</i> Nueva York, Basic.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775357&pid=S1012-2508200400010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>2. Cervo, Amado Luiz</b> (2003). «A Venezuela e os seus vizinhos», <i>Revista Cena  Internacional,</i> vol. 3 , n° 1, Brasilia, pp. 5-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775358&pid=S1012-2508200400010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>3. Díaz Rangel, Eleazar</b> (2004). «Las relaciones con EEUU», <i>Últimas Noticias</i>,  Caracas, 22 de febrero. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775359&pid=S1012-2508200400010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>4. Duarte Villa, Rafael</b> (2000). «Venezuela: o projeto de refundação da Repoública»,  <i>Luã Nova</i>, n° 49, pp. 135-139, San Pablo. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775360&pid=S1012-2508200400010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>5. Ellner, Steve</b> (2002). <i>La política exterior de Venezuela. Desafío en la frontera  sur</i>, traducción de Lucio Salas Oroño y Cristina Feijóo, revisión de Deborah Gil  [título original: Venezuela’s Foreing Policy, Defiance south of the border],  documento disponible en: ‹www.zena.secureforum.com/Znet/Zmag/nov00ellner.htm›.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775361&pid=S1012-2508200400010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>6. Fernandes Oliveira, Marcelo</b> (2003). <i>Mercosul: atores políticos e grupos de  interesses brasileiros</i>, San Pablo, Editora da Unesp.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775362&pid=S1012-2508200400010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>7. Keohane, Robert </b>(1993). «La reciprocidad en las relaciones internacionales», en Keohane, Robert,  <i>Instituciones internacionales y poder estatal</i>, Buenos Aires,  Grupo Editor Latinoamericano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775363&pid=S1012-2508200400010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>8. Kupchan, Charles</b> (2002). «Hollow Hegemony or Stable Multipolarity», en Ikenberry,  G. John, <i>America Unrivaled. The Future Balance of Power</i>, Ithaca-Londres, Cornell  University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775364&pid=S1012-2508200400010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>9. Martin, Lisa </b>(2000). <i>Democratic Commitments: Legislatures and International  Cooperation</i>, Princeton, Princeton University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775365&pid=S1012-2508200400010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>10. Milner, Helen</b> (1997).<i> Interests, Institutions and Information: Domestic Politics  and International Relations</i>, Princeton, Princeton University Press, 1997.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775366&pid=S1012-2508200400010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>11. Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela</b> (2001a). «Declaración del  Ministro de Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela,  Señor Luis Alfonso Dávila Garcia, en ocasión de aceptar la presidencia del Grupo  de los 77 para el año 2002», Nueva York, 16 de noviembre de 2001, documento  disponible en ‹www.mre.gov.ve›.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775367&pid=S1012-2508200400010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>12. Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela</b> (2001b). «La política exterior  del Presidente Hugo Chávez Frías: cien días de gestión. Transformar la  Cancillería y relanzar la diplomacia comercial», documento disponible en ‹www.mre.gov.ve›.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775368&pid=S1012-2508200400010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>13. Moniz Bandeira, Luiz Alberto</b> (2002). «Os Estados Unidos e o golpe contra  Chávez», documento disponible en ‹www.relnet.com.br/pgn/colunaaaj.lasso›.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775369&pid=S1012-2508200400010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>14. Morgenthau, Hans </b>(1986). <i>Política entre las naciones. La lucha por el poder y la  paz</i>, Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775370&pid=S1012-2508200400010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>15. Putnam, Robert </b>(1993). «Diplomacy and Domestics Politics. The Logic of Two Level  Games», en Evans, Philip, Harold K. Jacobson y Robert Putman, Double-Edged  Diplomacy. <i>International Bargaining and Domestics Politics</i>, Los Ángeles,  University of California Press. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775371&pid=S1012-2508200400010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>16. Revista Carta Capital</b> (2003). Vol. IX, n° 238, San Pablo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775372&pid=S1012-2508200400010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>17. Romero, Carlos</b> (1999). «Venezuela: del orden a la incertidumbre», <i>Carta  Internacional</i>, vol. VII, n° 79, San Pablo, p.15.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775373&pid=S1012-2508200400010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>18. Romero, Carlos </b>(2000). «La política exterior no ha dado un viraje radical»,  <i>El  Nacional</i>, Caracas, 30 de enero.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775374&pid=S1012-2508200400010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>19. Schelling, Thomas C.</b> (1956). «An Essay on Bargaining», <i>The American Economic  Review</i>, vol. XLVI, n° 3. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775375&pid=S1012-2508200400010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>20. Schumpeter, Joseph A.</b> (1984). <i>Capitalismo, Socialismo e Democracia</i>, Río de  Janeiro, Ed. Zahar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775376&pid=S1012-2508200400010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>21. Tokatlian, Juan Gabriel</b> (2001). «El Plan Colombia. ¿De la guerra interna a la  intervención internacional?», <i>Anuario Social y Político de América Latina y el  Caribe</i>, vol.4, Flacso, Nueva Sociedad. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775377&pid=S1012-2508200400010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>22. Toro Hardy, Alfredo</b> (2001). «Diplomacia venezolana en Washington», Caracas,  Ministerio de Relaciones Exteriores, documento disponible en ‹www.mre.gov.ve›.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775378&pid=S1012-2508200400010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>23. Veiga, João Paulo</b> (1999). «As políticas domésticas e a negociação internacional:  o caso da indústria automobilística no Mercosul», tesis de doctorado presentada  al Departamento de Ciencia Política de la Universidad de San Pablo, Brasil.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775379&pid=S1012-2508200400010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>24. Vivas, Leonardo</b> (1999). <i>Chávez: la última revolución del siglo</i>, Caracas,  Planeta.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775380&pid=S1012-2508200400010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>25. Wight, Martin</b> (1983). <i>A política de poder, Brasilia</i>, Editora da Universidade de  Brasília.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=775381&pid=S1012-2508200400010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b>NOTAS:</b></p>     <p align="justify">* Una primera versión de este trabajo fue presentada en el I Congreso  Latinoamericano de Ciencia Política en Salamanca (España, 2002).</p>     <p align="justify">1 Los dos momentos referidos corresponden, el primero, al período entre 1999 y  2002, en el que la política externa se caracterizó por una actuación pragmática  en relación con EE UU. En el segundo momento, desde inicios de 2003 en adelante,  la diplomacia de Hugo Chávez cambió de una acción pragmática a otra de  naturaleza ideológica.</p>     <p align="justify">2 Tanto Chávez como las FARC se autodenominan herederos del legado bolivariano.  En febrero de 2002, el Secretario Adjunto de Estado para Asuntos de Inteligencia  de EE UU, Carl Ford, afirmó, frente a la Comisión de Relaciones Externas del  Senado, «que existen indicios de que el presidente Chávez ... simpatiza y ayuda  a las FARC en Colombia», Últimas Noticias, Caracas, 7-2-02. En cuanto a Cuba,  estrechó relaciones con el gobierno de la isla, «com a qual firmou um acordo  para a venda de 53000 barris diarios de petróleo a preços de mercado» (Moniz  Bandeira, 2002). </p>     <p align="justify">3 Es posible interpretar de esta manera teniendo en cuenta la posibilidad de esa  motivación en la intensa actividad diplomática que se dio en el año 2001 en  relación con China, lo que incluyó visitas recíprocas de Chávez y Jian Zeming,  así como la firma de un «Plan estratégico energético China-Venezuela, 2001-2011,  para el abastecimiento de energía a ese país y con el horizonte de incursionar  en el resto del mercado asiático», según un documento de la Cancillería  venezolana (Ministerio de Relaciones Exteriores: «Inserción protagónica de  Venezuela», documento disponible en http://www.mre.gov.ve).</p>     <p align="justify">4 De acuerdo con la fuente, hasta 2002 el comercio de Brasil con Venezuela  representaba 1.600 millones de dólares (el 6 por ciento del comercio  venezolano), muy poco comparado con la Argentina, con quien Brasil tiene un  volumen de negocios de 9 mil millones de dólares (Carta Capital, 2003).</p>     <p align="justify">5 «Orientado pelo princípio de que o povo integrado como nação constituía poder  soberano podia romper revolucionariamente com o regime jurídico, político ou  sócio-econômico que não se adequasse às suas aspirações ou que fosse obstáculo  ao seu progresso, ele convocou um referendo para votar nova Constituição,  aprovada por 71,21 por ciento dos eleitores, mudando as estruturas políticas e  jurídicas e o nome do país para República Bolivariana de Venezuela. Essa  Constituição rompeu o modelo democrático tradicional, dentro do qual durante 42  anos, dois partidos – Acción Democrática, de tendência social-democrata, e Copei  (democrata-cristão) de centro-direita – repartiram o poder. E Chávez, cujo  mandato de Presidente da República foi ampliado para 6 anos e confirmado através  de novas eleições realizadas em 2000» (Moniz Bandeira, 2002).</p>     <p align="justify">6 Como admite el Banco Central de Venezuela, la base monetaria, la liquidez, las  reservas internacionales, las metas presupuestarias y la capacidad de  exportación están vinculadas en un 80 por ciento al comportamiento de los  precios internacionales del petróleo. El Nacional, Caracas, 30-12-01, p. E 2.</p>     <p align="justify">7 El Nacional, Caracas, 30-1-01.</p>     <p align="justify">8 El Nacional, Caracas, 30-1-01.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">9 Como reconoce crudamente y con precisión el diplomático e intelectual  venezolano Alfredo Toro Hardy: «Con la excepción posible de México, ninguna otra  nación latinoamericana entrelazó de manera tan significativa su economía con la  estadounidense, como lo hizo Venezuela. Eso, inevitablemente, implica riesgos.  EE UU constituye un escenario altamente atomizado. La permeabilidad misma de su  sistema político-institucional promueve y acepta la penetración de un gigantesco  número de intereses diversos y contradictorios en los procesos oficiales de toma  de decisiones. Sin embargo, lo que en sí mismo constituye un riesgo puede  transformarse también en una fuente de oportunidades. A fin de cuentas, si la  permeabilidad es la esencia del sistema, ésta puede presentarse bajo el signo  doble de la amenaza y de la oportunidad. La única cosa que tal sistema no  perdona es la pasividad y el desconocimiento de sus reglas de juego. Eso se  aplica tanto en el plano de los actores domésticos como en el de los  interlocutores extranjeros. La acción diplomática frente a EE UU debe adaptarse,  por lo tanto, a ese marco de referencia» (Toro Hardy, 2001).</p>     <p align="justify">10 Últimas Noticias, Caracas, 7-2-02.</p>     <p align="justify">11 Aunque tampoco la acción venezolana busca prevenirse contra lo que Axelrod  (1984) denomina la «sombra del futuro», que en el caso de Venezuela se traduce  en la posibilidad, no lejana, de que Chávez pueda tener el mismo destino que  Aristide en Haití. Chávez, al no reconocer al gobierno haitiano pos Aristide,  también deslegitima una salida por las vías de hecho para él mismo.</p>     <p align="justify">12 Últimas Noticias, Caracas, 7-2-02.</p>     <p align="justify">13 De acuerdo con el informe del CSN, se registró la presencia de tres  helicópteros militares estadounidenses Blackhawk en el aeropuerto internacional  de Maiquetía el día del golpe. Y el diario Ultimas Noticias informó sobre la  presencia de navíos y de aviones militares en esa misma fecha. Últimas Noticias,  Caracas, 16-4-03.</p>     <p align="justify">14 La evidencia de la primera acusación sería el documento del CNS, que  investigó los acontecimientos del 11 de abril, mientras que para la acusación de  intervención en los asuntos internos fueron mostrados documentos oficiales del  gobierno estadounidense que se encuentran disponibles en: http://www.venezuelafoia.info/,  especializado en asuntos venezolanos.</p>     <p align="justify">15 Para un resumen excelente de esta posición, véase Díaz Rangel, 2004. </p>     <p align="justify">16 De acuerdo con los datos de Charles Kupchan, «hacia fines de los noventa,  solamente del 2 al 3 por ciento de los americanos visualizaban la política  externa como un tema prioritario … La gran mayoría de los americanos indicó que  acontecimientos en otra parte del mundo tienen ‹poco impacto›» sobre EE UU» (Kupchan,  2002:83).</p>       ]]></body>
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