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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Venezuela between the final months of 2001 and August 2004 underwent convulsive times. The hegemonic struggle taking place between sociopolitical actors localized in two poles of society entered an «insurrectional phase» resulting favorable to the government and its alliances. In this article the most relevant political issues that took place during these months are reconstructed and analyzed in order to contribute to an evaluation of the hegemonic struggle at present. Section 1 presents national and international contextual elements. Section 2 reconstructs and analyzes the April Coup d’Ètat. Section 3 follows the process that results in a general and oil stoppage; the 4th section revises the months after the failure of the strike that will result in the opposition’s new strategy of the presidential recall. Section 5 examines the recall process.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size="4">Venezuela 2001-2004: actores y estrategias*</font></b></p>     <p align="center">MARGARITA LÓPEZ MAYA</p>     <p align="justify"><b>Resumen </b></p>     <p align="justify">Venezuela, entre fines de 2001 y agosto de 2004, ha vivido tiempos  convulsionados. La lucha hegemónica que se libra entre actores sociopolíticos  ubicados en dos polos de la sociedad que se perciben como excluyentes pasó por  una fase «insurreccional» cuyo resultado ha favorecido al gobierno y sus  fuerzas. En este artículo se reconstruyen y analizan los hechos más destacados  para contribuir con una evaluación de la situación actual de la lucha  hegemónica. En la primera parte se presentan elementos contextuales del  conflicto venezolano. La segunda reconstruye y analiza el golpe de Estado del 11  de abril. La tercera parte examina factores que llevaron al paro general y de la  industria petrolera, así como los resultados de éste. La cuarta describe y  analiza el proceso sociopolítico de los meses siguientes, que desembocó en la  estrategia del referendo revocatorio presidencial por parte de la oposición. La  parte última revisa el proceso del revocatorio.</p>     <p align="justify"><b>Palabras clave</b>: Venezuela / Insurrecciones / Golpe de Estado / Paro petrolero / Violencia  política / Polarización / Actores sociales y políticos</p>     <p align="justify"><b>Abstract</b></p>     <p align="justify">Venezuela between the final months of 2001 and August 2004 underwent convulsive  times. The hegemonic struggle taking place between sociopolitical actors  localized in two poles of society entered an «insurrectional phase» resulting  favorable to the government and its alliances. In this article the most relevant  political issues that took place during these months are reconstructed and  analyzed in order to contribute to an evaluation of the hegemonic struggle at  present. Section 1 presents national and international contextual elements.  Section 2 reconstructs and analyzes the April Coup d’Ètat. Section 3 follows the  process that results in a general and oil stoppage; the 4th section revises the  months after the failure of the strike that will result in the opposition’s new  strategy of the presidential recall. Section 5 examines the recall process.</p>     <p align="justify"><b>Key words</b>: Venezuela / Insurrections / Coup d’ Ètat / Oil stoppage / Political violence /  Polarization / Social and political actors</p>     <p align="justify">RECIBIDO: JULIO 2004</p>     <p align="justify">ACEPTADO: AGOSTO 2004</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Introducción: la lucha hegemónica y sus actores</b></p>     <p align="justify">Venezuela ha experimentado tiempos convulsionados desde finales de 2001. En la  sociedad se libra una lucha hegemónica entre actores reunidos en dos polos que  portan proyectos políticos sustancialmente distintos, y que hasta la fecha se  perciben como excluyentes. Durante estos años esos actores entraron en una fase  de esa lucha caracterizada por la práctica de estrategias insurreccionales por  parte de las fuerzas de oposición al gobierno. El objetivo fue la inmediata  salida del presidente Hugo Chávez Frías de su cargo. Como resultado, en abril de  2002 se desarrolló un golpe de Estado de efímero éxito, y entre diciembre de  2002 y febrero de 2003 un paro general que incluyó la paralización de la empresa  estatal Petróleos de Venezuela, Pdvsa, por parte de su gerencia mayor. Este paro  también fracasó. En el primer semestre de 2004, la sociedad se mantuvo en vilo  una vez más por la turbulencia sociopolítica que volvió a recrudecerse como  resultado de la nueva estrategia de la oposición de buscar la salida del  Presidente por la vía constitucional de un referendo revocatorio.</p>     <p align="justify">En este artículo se revisan los actores y sus estrategias  entre finales de 2001 e inicios de 2004, para contribuir a sopesar la situación  en que se hallan las fuerzas sociopolíticas que se confrontan en Venezuela. Para  ello, este estudio se divide en cinco partes. Primeramente, se presentan algunos  elementos contextuales de naturaleza internacional y nacional que enmarcan el  conflicto venezolano. Segundo, se describe y analiza el golpe de Estado del 11  de abril de 2002. Tercero, se examinan los elementos principales que llevaron al  paro general con incorporación de la industria petrolera, el desarrollo del paro  mismo y sus primeros resultados políticos. Cuarto, se describe y analiza el  proceso sociopolítico de los meses siguientes al paro, que desembocaron por el  lado de la oposición en la estrategia del referendo revocatorio. En quinto  lugar, analizamos el proceso del referendo revocatorio que se realizó el 15 de  agosto de 2004. Se concluye con una recapitulación y comentarios finales sobre  el estado de la lucha hegemónica.</p>     <p align="justify">El enfoque conceptual que se utiliza se sitúa dentro de la  tradición gramsciana, entendiendo la lucha hegemónica como las confrontaciones  que tienen lugar entre actores sociales y políticos que buscan, por medio de la  interacción, articular un proyecto sociopolítico que alcance legitimidad y  predominio en la sociedad, y que al mismo tiempo asegure sus intereses  particulares (Laclau, 1985). Esa lucha, en su desenvolvimiento, va constituyendo  a los actores mismos, que se van transformando en su relación con los otros, a  la par que van construyendo ese proyecto sociopolítico que busca la hegemonía.  El concepto de hegemonía gramsciano atiende a la fluidez de la confrontación  política en cualquier sociedad dada, lo que en el caso venezolano resulta  especialmente provechoso y rico para explicar el proceso reciente.</p>     <p align="justify">La lucha que se ha librado durante el lapso bajo estudio fue  especialmente intensa y violenta por hallarse los actores de la misma  polarizados en ópticas y objetivos percibidos como excluyentes. Los actores que  lideran los polos de la confrontación vienen ejerciendo una política «de clase»,  es decir, practicando discursos y prácticas orientadas por lineamientos que han  reforzado identidades y solidaridades de clase produciendo la colocación de  sectores sociales organizados de ingresos altos y medios predominantemente en el  polo de la oposición, mientras los sectores populares en su mayoría se  identifican con el proyecto bolivariano del gobierno.<sup>1</sup> En el  desarrollo de estos años, muchos actores se han ido organizando crecientemente,  transformando y/o perfilando sus identidades con más nitidez y evidenciando un  fortalecimiento de la dimensión de eficacia en sus acciones. Esto es  especialmente cierto entre diversos sectores populares, que a diferencia de los  sectores medios que venían de procesos de organización desde décadas anteriores,  se caracterizaban por deficiencias notables en organización y dinamismo al  comienzo del gobierno de Chávez.</p>     <p align="justify">Forman parte de las fuerzas de la oposición un conjunto muy  diverso de organizaciones sociales y políticas que desde inicios de 2001 han ido  creciendo y desarrollando una acción común bajo la coordinación de una  organización paraguas llamada la «Coordinadora Democracia de Acción Cívica», más  conocida hoy como la Coordinadora Democrática (CD). En distintos momentos de la  fase bajo estudio, se han alternado distintos actores en el liderazgo de la CD:  desde el sector empresarial organizado en la organización cúpula Fedecámaras,  que lideró las primeras acciones que desembocaron en el golpe de Estado, hasta  partidos políticos como Acción Democrática (AD) o Primero Justicia que han sido  más visibles en otras etapas, pasando por los sindicatos de trabajadores  reunidos en la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), y  organizaciones sociales constituidas por sectores sociales de ingresos medios y  altos, que se identifican como la «sociedad civil». A lo largo de la fase los  medios privados de comunicación, como sector empresarial particular, actuaron  con altos niveles de cohesión y ejercieron una influencia considerable sobre las  decisiones y acciones de este polo. Usando su enorme poder mediático,  trascendieron su rol de mediador de información para trastocarse en actor  político de decisiva influencia dentro de este polo. </p>     <p align="justify">En el polo opuesto, las organizaciones políticas que apoyan  al gobierno de Chávez son un conjunto de partidos políticos con poca  institucionalización que han tratado a lo largo de estos años diversas formas de  alianza y coordinación, desde el «Comando Táctico de la Revolución», hasta el  más reciente «Comando Maisanta» en el referendo revocatorio presidencial de  agosto 2004. El partido más numeroso es el Movimiento Quinta República (MVR), la  organización política del Presidente, siguiendo el Patria Para Todos (PPT) y  otras organizaciones como el Partido Comunista de Venezuela (PCV), Podemos (un  desprendimiento del MAS), MEP, etc. También en este polo se aglutinan un abanico  de organizaciones sociales, principalmente de sectores de ingresos bajos y  medios, que se han venido constituyendo de manera creciente a lo largo de la  fase. Actúan a veces por su cuenta, a veces coordinadas o articuladas a las  estructuras partidarias o de coordinación política. Entre ellas pueden  mencionarse: círculos bolivarianos, comités de tierras urbanas, organizaciones  populares de diversa naturaleza, cooperativas, sindicatos, las «clase media en  positivo», y otros.</p>     <p align="justify"><b>La dimensión internacional y nacional del conflicto venezolano</b><sup>2</sup></p>     <p align="justify">Los hechos dramáticos que sacuden a la sociedad venezolana en años recientes  tienen lugar en un escenario de crisis integral que se viene padeciendo por más  de dos décadas. Esta crisis responde tanto a un conjunto de determinaciones  nacionales como a condicionamientos vinculados con factores y procesos que se  originan en los cambios ocurridos en el ámbito internacional como producto de  los procesos de globalización neoliberal. </p>     <p align="justify">En su dimensión internacional, la crisis venezolana se  relaciona con los cambios en las relaciones de los países capitalistas centrales  con la periferia, que se visibilizaron desde fines de los años setenta y que  tuvieron en la «crisis de la deuda», que asoló a América Latina en los años  ochenta, una de sus expresiones más dramáticas. La economía venezolana vivió su  «viernes negro» en 1983, cuando el Estado se declaró en moratoria,  convirtiéndose en el cuarto país más endeudado del continente y acentuándose el  proceso de desorientación y estancamiento de su economía que ha persistido hasta  la actualidad. Al igual que la mayoría de los países latinoamericanos, desde  entonces los distintos gobiernos venezolanos han venido aplicando de manera  heterodoxa u ortodoxa programas de reajuste y reestructuración económica,  «paquetes» que encontraron enormes resistencias en las fuerzas sociales y  políticas del país (v. López Maya y Lander, 2000; Stephany, 2001). Tanto en  1988, como en 1993 y en 1998, los candidatos que alcanzaron la Presidencia de la  República lo hicieron ofreciendo un modelo económico antineoliberal como salida  de esta crisis. Sin embargo, sólo el presidente Chávez ha sostenido en el tiempo  su promesa electoral, y su gobierno ensaya desde 1999 una propuesta en varios  aspectos alternativa a las indicaciones recomendadas por las agencias  internacionales de financiamiento a los países fuertemente endeudados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El proyecto político del presidente Chávez y su alianza de  fuerzas políticas, con todas sus contradicciones, debilidades e inconsistencias,  se ha orientado desde sus inicios por algunas concepciones que contradicen en  teoría y praxis social y política la doctrina neoliberal, así como las  relaciones de poder mundial que este pensamiento legitima (v. E. Lander, 2004).  Sus líneas generales se expresan en la Constitución de 1999 y en el Plan de  Desarrollo Económico y Social de la Nación, 2001-2007. Entre otros aspectos  medulares, la Constitución mantiene el rol central del Estado como regulador y  supervisor de las actividades económicas; reasienta la universalidad de los  derechos sociales, así como el deber del Estado de desarrollar los mecanismos  necesarios para garantizarlos; reconoce además de la propiedad privada  individual, otras formas alternas de propiedad de naturaleza comunitaria y  solidaria; y ratifica la propiedad estatal del recurso petrolero. Ambos  documentos establecen las orientaciones de una democracia «participativa y  protagónica», entendida como la combinación de las modalidades de la democracia  representativa con democracia directa o profunda. En términos de política  exterior, el gobierno de Chávez ha enfatizado, a contracorriente de la propuesta  Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) liderada por Estados Unidos, la  integración latinoamericana y caribeña como norte de sus relaciones económicas  internacionales, la solidaridad «con los pueblos en la lucha por su  emancipación», la mayor democratización de agencias y organismos internacionales  (Romero et al., 2003), y la búsqueda de un mundo multipolar para equilibrar los  grandes poderes mundiales entre sí, sobre todo para contrarrestar el peso de  EEUU. También ha vuelto a la disciplina y acción conjunta con los países  productores de petróleo organizados en la Organización de Países Exportadores de  Petróleo (OPEP), una organización que Venezuela ayudó a fundar en los años  sesenta y de la cual se venía retrayendo. Por estos y otros motivos, el gobierno  de Chávez ha sido identificado como parte del heterogéneo movimiento de  resistencia antineoliberal mundial que ha venido creciendo en fuerza y  organización en los años recientes.<sup>3</sup></p>     <p align="justify">En su dimensión nacional, la crisis venezolana responde a una  causalidad compleja, que se ha tejido en la dinámica de procesos sociohistóricos  y sociopolíticos que poseen distintas temporalidades y que en muchas de sus  líneas básicas son comunes al resto de las sociedades latinoamericanas. Además  de las secuelas de la exclusión social histórica, generadas por modelos  coloniales o semi coloniales implantados en la sociedad a lo largo de su  existencia, desde la crisis de la deuda ya son más de dos décadas de recesión  económica y empobrecimiento social las que se han sufrido. En los últimos veinte  años, el empobrecimiento en Venezuela ha sido brutal, creciente y sostenido,  medido con cualquiera de los indicadores comúnmente usados para evaluar la  situación socioeconómica de una sociedad (v. entre otros, López Maya y Lander,  2000; Rey, 2004; Roberts, 2003).</p>     <p align="justify">Este empobrecimiento ha conllevado una polarización social  creciente, que es producto tanto de los procesos antes señalados como de la  aplicación durante las últimas dos décadas de políticas económicas neoliberales  regresivas en términos de distribución del ingreso (López Maya y Lander, 2000).  Los venezolanos pobres y empobrecidos han percibido en el transcurso de estos  años que su sociedad se ha venido convirtiendo en una de ricos y pobres, estos  últimos con escasa posibilidad de movilidad y ascenso social (Briceño-León,  2000). El resentimiento social que esta situación ha generado ha sido, por lo  demás, inevitable, si se recuerda que la democracia venezolana tuvo como promesa  muy central promover mayores grados de equidad y justicia social (Coronil y  Skurski, 1991; Crisp et al., 1996). El que esto no se cumpliese, resquebrajó  fuertemente sus bases de legitimación, como se expresaría en los años noventa,  primero en el rechazo del electorado a los partidos del llamado «puntofijismo»,  AD y socialcristiano Copei, y ya para las elecciones de 1993 en el colapso del  sistema bipartidista y el triunfo de Rafael Caldera como Presidente.<sup>4</sup></p>     <p align="justify">Caldera fue apoyado por un amplio movimiento electoral, la <i> Convergencia Nacional </i>y un abanico diverso de pequeños partidos políticos  (v. Cendes, 1995; Sanoja Hernández, 1998). El fracaso del gobierno de Caldera en  superar las dificultades económicas, y su inconsecuencia con la promesa  electoral tanto de forjar un modelo económico alternativo al neoliberalismo como  de adelantar una reforma constitucional que mejorara y profundizara la  democracia, serían los factores que combinados con el descenso abrupto de los  precios del barril petrolero en el mercado internacional en 1998, empujarían a  los venezolanos a la radicalización en política: el comandante Chávez Frías,  principal responsable del golpe de Estado fracasado de febrero de 1992, ganó la  Presidencia con uno de los más altos porcentajes de votos válidos obtenidos por  un candidato presidencial desde 1958 (56,4&nbsp;por ciento) (López Maya y Lander,  1999). En 2000 ratificó su mandato con el porcentaje más alto en la historia  electoral pos 1958: el 59,7 por ciento.</p>     <p align="justify"><b>El golpe de Estado del 11 de abril</b></p>     <p align="justify">A fines de 2001, con el paro cívico del 10 de diciembre, las fuerzas sociales y  políticas que desde la campaña electoral de 1998 se habían opuesto al proyecto  político «bolivariano», realizaron su primera protesta masiva y exitosa. A  partir de entonces comenzaría una espiral de confrontación entre éstas y el  gobierno que con sus altibajos se mantiene hasta la fecha. El paro cívico logró  paralizar una parte significativa del comercio urbano y tuvo el efecto de unir  un conjunto de fuerzas de la oposición que hasta ese momento se movían dispersa  y fragmentadamente en el espacio político (López Maya, 2002a). El paro fue  convocado por Fedecámaras, la principal organización de asociaciones  empresariales venezolanas. De él emergería como cabeza de la oposición el  presidente de esa confederación empresarial, Pedro Carmona Estanga.<sup>5</sup></p>     <p align="justify">Un conjunto de factores hicieron posible el éxito del paro  cívico de diciembre de ese año. En primer lugar, convocó a los grupos  descontentos con los contenidos de naturaleza nacionalista de la nueva Carta  Magna, que se oponían el proyecto político del presidente Chávez desde que éste  hiciera su primera campaña electoral. Inversionistas y la gran mayoría de los  grupos económicos venezolanos, vinculados al capital transnacional, rechazaban  el regreso a un Estado con capacidad reguladora de la vida económica y social,  la reafirmación de la propiedad estatal del recurso petrolero, el derecho de los  trabajadores a prestaciones sociales, entre otros aspectos que fueron  reafirmados o incluidos en la Constitución de 1999. Cuando en noviembre de 2001  el gobierno, haciendo uso de facultades extraordinarias conferidas por la  Asamblea Nacional, dio un paso más en la consolidación de líneas estratégicas de  su proyecto sociopolítico, aprobando por Ley Habilitante la Ley de Tierras, la  Ley de Hidrocarburos y la Ley de Pesca, con las cuales profundizaba en procesos  de regularización de la propiedad privada así como de actividades económicas  claves, estas fuerzas, que ya estaban movilizadas desde mediados de año,  comenzaron a desarrollar una estrategia sostenida de resistencia y  confrontación.</p>     <p align="justify">Además de estos obvios intereses nacionales y/o  internacionales, que se sintieron amenazados por las leyes medulares del  proyecto bolivariano aprobadas en noviembre, el gobierno también contribuyó a  crear significativas tensiones adicionales, debido a una conducción política con  muchos errores y en algunos aspectos claramente autoritaria (v. Parker, 2002).  Con ello contribuyó al engrosamiento de las filas de la oposición, haciendo  converger con los intereses de los poderosos sectores económicos, mediáticos y  petroleros, significativas porciones de organizaciones de clase media. Al  aprobar leyes importantes sin difundir y ampliar los espacios para la  participación y el debate el gobierno hizo aparecer como justa la indignación de  quienes se sentían afectados, sin crear las condiciones para que quienes se  beneficiaban de tales leyes pudieran enterarse de su contenido y así  defenderlas. Es de señalar que este modo de aprobar leyes de gran potencial de  cambio para la sociedad contradecía el contenido de democracia participativa  respaldada por las fuerzas del gobierno en la Constitución recién sancionada. A  esto se añadía el que, a lo largo de los meses de 2001, el gobierno se fue  confrontado por diversos motivos con otros sectores sociales y políticos, como  el sindicalismo tradicional de la CTV (v. Ellner, 2003a), sectores de la  educación privada y religiosa, aliados políticos como el partido MAS y el  alcalde mayor de Caracas, lo que facilitó la convergencia de las hasta entonces  fragmentadas fuerzas de la oposición en una sola plataforma política. Con el  éxito del paro cívico del 10 de diciembre esta plataforma se fortaleció.</p>     <p align="justify">Las reacciones tanto del gobierno como de la oposición al  éxito político del paro cívico probarían ser catastróficas para la democracia  venezolana en los meses siguientes. La oposición unida y fortalecida,  reconociendo el liderazgo del empresario Carmona, se cerró a las negociaciones  con el gobierno y exigió la derogación de todas las leyes aprobadas mediante la Habilitante (que eran 49). Algunos grupos ya demandaban la renuncia del  presidente Chávez. El gobierno, por su parte, endureció aún más las posiciones  que había sostenido antes del paro, negándose a modificar o ceder en ninguna de  sus leyes, amenazó con cerrar la Asamblea si perdía la mayoría parlamentaria, y  con promulgar una ley de medios de comunicación que limitara esta actividad. El  MVR dejó saber que cualquier diputado suyo que negociara con la oposición sería  expulsado. Con estas posiciones de oposición y gobierno, una salida  institucional a la creciente confrontación se fue haciendo improbable.</p>     <p align="justify">Los primeros meses de 2002 fueron de agitada e intensa  actividad política. A propósito de la fecha del 23 de enero, aniversario de la  caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, en nombre de la democracia la oposición  organizó una marcha multitudinaria que fue respondida por una contramarcha de  los simpatizantes del gobierno (v. <i>El Universal </i>y <i>El Nacional</i>,  25-01-2002). Algo similar ocurrió con la fecha 4 de febrero, aniversaria del  fallido golpe de 1992 que comandó Chávez, cuando la nutrida marcha del gobierno  en Caracas fue respondida por un «luto activo» y marchas en distintas ciudades  por parte de la CD (<i>El Nacional</i>, 5-02-2002). Fue en estos meses cuando se  inició la febril actividad marchista en el país, que se extendió por todo 2002 y  sólo cedió paulatinamente después del paro petrolero. Mes tras mes, cada marcha  de la oposición fue respondida por una contramarcha de los simpatizantes del  gobierno. Las clases medias y altas bajo el liderazgo de Fedecámaras y de la CTV  (la confederación sindical más importante del país),<sup>6</sup> comenzaron a  disputarse la calle con los sectores populares liderados por el Presidente y sus  fuerzas sociales y políticas (v. Provea, 2002 y 2003).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Los hilos que conducirán al golpe de Estado del 11 de abril  se fueron tejiendo en esta sostenida política de la calle.<sup>7</sup> El ovillo  comenzó a desenrollarse a partir del nombramiento en febrero de una nueva  directiva de Pdvsa por parte del Ejecutivo Nacional. La gerencia mayor de esta  empresa estatal rechazó algunas de las designaciones, argumentando que no se  respetaban los tradicionales «méritos» para tal ascenso. Sin embargo, tras el  argumento de la «meritocracia» se escondían otros motivos.</p>     <p align="justify">En el corazón de la lucha hegemónica que se libra en  Venezuela se encuentran dos posiciones antagónicas con respecto al rol de la  industria petrolera en el futuro de la sociedad. Por una parte, está un proyecto  para la industria pensada desde la gerencia, y respaldada por actores  políticamente predominantes dentro de la CD, según la cual ésta debe  independizarse del control estatal para ser dirigida por sus altos gerentes. La  política de «apertura petrolera» que se desarrolló en Venezuela en los años  noventa respondía a este proyecto, que ha sido recogido en estos años en  diversos documentos de la CD, en especial el de enero de 2003 (v. CD, 2003). En  esta propuesta se priorizan los aumentos de volúmenes de producción sobre  precios, con lo cual se contradice abiertamente la estrategia de la OPEP, se  disminuye el ingreso fiscal petrolero y se propende a una gradual privatización  de la industria. El proyecto de Chávez y su alianza de fuerzas, por el  contrario, a través de la Constitución y las leyes aprobadas en 1999 y 2001 (de  Hidrocarburos Gaseosos e Hidrocarburos Líquidos respectivamente), revirtió la  política de apertura, reasegurando el control estatal sobre la industria,  privilegiando los pagos de regalías sobre los pagos de impuestos a las ganancias  (lo que beneficia al ingreso fiscal) y desarrollando una política de aumentos de  precios sobre volúmenes de producción, lo que acercaba de nuevo al país a las  estrategias de la OPEP (v. L. Lander, 2003). Por estas razones, el paro de  empleados petroleros que estalló antes del golpe de Estado, si bien se hacía en  nombre de la falta de «méritos» de los designados, escondía un asunto de la  mayor trascendencia en la lucha hegemónica: ¿quién habría de dictar la pauta de  la política petrolera en el futuro?, ¿el Estado o la alta gerencia de la  compañía?</p>     <p align="justify">El 9 de abril de 2002 la CTV, en solidaridad con el paro de  los trabajadores de Pdvsa, llamó a un paro laboral general de 24 horas. Ese paro  contó con el explícito apoyo de Fedecámaras, la Iglesia católica representada en  el episcopado venezolano y organizaciones sociales y políticas de oposición.  Pasadas las 24 horas, y aunque el paro estuvo lejos de obtener la contundencia  del realizado el 10 de diciembre anterior, la CTV prorrogó por 24 horas más este  paro. Al día siguiente, y sin que todavía se le viera a dicho paro suficiente  fuerza, Carlos Ortega, presidente de la CTV, llamó a la huelga general  indefinida y convocó para el día siguiente a una marcha que partiría del Parque  del Este, en el este de Caracas, y terminaría en el edificio de Pdvsa en Chuao,  también en el este de la ciudad.</p>     <p align="justify">El 11 de abril, la nutrida marcha de la oposición se inició hacia las 10 de la  mañana e hizo su recorrido anunciado. Pero al mediodía, al llegar al edificio de  Pdvsa en Chuao, los convocantes, animados por las dimensiones de la marcha  decidieron arengar a las multitudes para que se dirigiesen al palacio  presidencial de Miraflores para, como lo señaló el dirigente cetevista Ortega,  «sacar a Chávez». La marcha, el mensaje y la convocatoria a Miraflores fueron  profusamente informados, convocados y cubiertos por los canales privados de  televisión, que de esta manera hicieron explícito su apoyo político. De manera  que la marcha fue creciendo en la medida que iba hacia el centro de Caracas.  Como quien convoca a un concierto o a una fiesta pop los canales pasaban de  manera gratuita mensajes para que todos los venezolanos concurrieran a esta  acción de naturaleza insurreccional.<sup>8</sup> Porque esta marcha tenía  evidente rasgos de sublevación: se estaba haciendo sorpresivamente y sin  notificación alguna dentro de una huelga general indefinida.</p>     <p align="justify">El palacio de Miraflores, ubicado en el oeste de la capital,  estaba rodeado de civiles simpatizantes del gobierno que hacían allí vigilia  protegiendo al Presidente desde el 9 de abril. Mientras la marcha de la  oposición avanzaba, el gobierno buscaba una estrategia para superar la  confrontación. Su partido hacía llamados a toda su militancia para que rodearan  y protegieran el palacio. El Presidente encadenó a las 3.45 pm los medios de  comunicación y se dirigió al país, mientras las multitudes seguían agolpándose  alrededor del palacio y la marcha creciendo en su camino para sacar a Chávez. La  Guardia Nacional rodeó la sede de gobierno, pero al llegar la marcha al centro  alguien hizo el primer disparo. Los medios pasarían ese y los días siguientes,  una y cien veces, lo que ellos dicen fueron francotiradores chavistas que  masacraban a civiles antichavistas de la marcha en puente Llaguno, cerca del  palacio. Esto, que resultó ser una manipulación de imágenes por parte de los  medios privados, sirvió de justificación para el golpe de Estado.<sup>9</sup>  Pocas horas después, entre 6 y 10 de la noche, aparecieron por los medios de  comunicación los pronunciamientos militares de desobediencia. En horas de la  madrugada del día viernes 12, el inspector de la Fuerza Armada, general en jefe  Lucas Rincón Romero, anunció por los medios la renuncia del Presidente. Luego se  demostraría que tal renuncia nunca ocurrió. Poco después, hacia las 4.00 am se  vio, también a través de los medios, a Chávez salir con su escolta de Miraflores  para entregarse preso en el Fuerte Tiuna.</p>     <p align="justify">Como es sabido, 48 horas después, otra insurrección civil y militar repuso a  Chávez en el poder. Los conflictos en el interior de la alianza que derrocó su  gobierno, las torpezas del Presidente del gobierno de facto, Carmona Estanga,  quien en su primer decreto abolió todos los poderes públicos, y un sorprendente  y masivo levantamiento popular volteó el juego y los militares se reagruparon en  torno al gobierno caído. A las 3.30 am del 14 de abril Chávez regresó al palacio  presidencial en un final de película, con las multitudes que lo aguardaban y las  cámaras que transmitían las imágenes al mundo. Pocos minutos después se dirigió  a la nación, pidió perdón por sus errores y prometió rectificación y  reconciliación.</p>     <p align="justify">Si bien la confrontación política desarrollada en este  episodio pareció resolverse a favor de las fuerzas del gobierno, no fue un  resultado político claro en lo inmediato, lo que condicionó la estrategia  gubernamental de los meses siguientes. El gobierno percibió la necesidad de  fortalecerse política e institucionalmente. Reorganizó la Fuerza Armada para  aislar y/o retirar a los insurrectos. En esto fue bastante exitoso, como se verá  por el rol de esta institución en los episodios siguientes. A diferencia de lo  ocurrido el 10 de diciembre, en lo político optó ahora por una estrategia de  apertura hacia los actores de oposición. Cambió el gabinete ejecutivo, en  especial a los ministros de la economía, buscando hacerlos más receptivos a los  sectores económicos que lo habían derrocado; buscó así mismo una conciliación  con los gerentes de la industria petrolera, manteniéndolos en sus puestos de  trabajo y cambiando la directiva que habían rechazado. El gobierno también  invitó a diversas organizaciones y personalidades internacionales al país con el  fin de ayudar en la construcción de puentes para el diálogo con sus oponentes  (v. López Maya, 2002b). Sostuvo, como respuesta a la agresiva e intensa  movilización de calle de la oposición, también una continua movilización de sus  bases. Entre abril y diciembre, mes en el cual estalló el cuarto paro general,  el día 11 de cada mes –recordando la fecha del golpe– la CD convocaba a una  marcha multitudinaria, que era respondida el día 13 por otra marcha  multitudinaria por parte de las bases bolivarianas. Estas movilizaciones  evidenciaban creciente uso de la violencia por parte de los adversarios  políticos.</p>     <p align="justify">El cambio de estrategia del gobierno no surtió efecto en las  fuerzas opositoras, pues éstas, después de las primeras semanas del golpe, donde  reinó entre ellas el desconcierto y las tensiones internas, se fueron  reagrupando de nuevo y cerrándose crecientemente al diálogo y la negociación con  el gobierno, para caer una vez más –a fines de año– en una estrategia  insurreccional, esta vez de consecuencias devastadoras en lo económico para el  país.</p>     <p align="justify"><b>La paralización de Pdvsa</b></p>     <p align="justify">Un conjunto de acontecimientos y procesos que se fueron entretejiendo desde  mediados de 2002, llevaron a las fuerzas de la oposición, en diciembre, al mismo  camino insurreccional transitado en abril. Cabe mencionar, por su relevancia en  hacer atractiva una nueva estrategia insurreccional, la decisión del Tribunal  Supremo de Justicia (TSJ) dictada el 14 de agosto, donde se estableció que no  existían méritos para enjuiciar por rebelión militar a cuatro altos oficiales,  responsables del golpe de abril. Fue ésta una clara decisión política y no  jurídica del máximo tribunal, que abrió la puerta para una nueva aventura  militar.<sup>10</sup> Para el mundo civil fue señal de que en el país reinaba la  impunidad. En relación directa con esta decisión, el 22 de octubre, catorce  militares, entre ellos algunos de los absueltos por el TSJ en agosto, tomaron la  plaza Francia de Altamira, en el este de Caracas, pronunciándose en  «desobediencia legítima» contra el gobierno y declarando la zona «territorio  liberado». Anunciaron que sólo abandonarían la plaza cuando cayera Chávez y  llamaron a sus compañeros de armas a alzarse contra el gobierno. Este suceso,  así como otros muy confrontacionales y violentos, serían permanentemente  transmitidos y/o difundidos por los medios de comunicación privados, con lo cual  éstos no sólo mostraban su apoyo a estas estrategias, sino que también  contribuían a sostener e incrementar un clima de alta tensión y conflictividad  política.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Otro evento sería el tercer paro cívico de la oposición,  desarrollado justo el día antes del levantamiento militar de Altamira, convocado  por la CD con el objetivo de forzar la renuncia de Chávez y/o obligarlo a  convocar a unas elecciones adelantadas. A inicios de noviembre, las tensiones se  agudizaron con un encuentro violento en el centro de Caracas entre allegados del  gobierno y de la oposición, motivado por la solicitud de un referendo consultivo  por parte de la CD, referendo que las fuerzas oficialistas consideraban una  manera tramposa de forzar un revocatorio contra el Presidente. Poco después, al  allanarse la casa de un ex-canciller de AD, se develó también la marcha de una  conspiración. A mediados del mes, se produjo una balacera en la plaza Bolívar de  Caracas entre policías metropolitanos y la Guardia Nacional, motivado por la  politización que han venido sufriendo los cuerpos de seguridad. Allí murieron  tres personas. Poco después el Ejecutivo Nacional intervino la Policía  Metropolitana, subordinada a la Alcaldía Mayor, y ordenó la salida a la calle de  la Guardia Nacional, controlada directamente por el Ejecutivo Nacional. En  noviembre también estalló una crisis en el Consejo Nacional Electoral (CNE), que  puso de relieve la politización y polarización de esa institución. El 2 de  diciembre, con todo lo anterior a cuestas, comenzó el cuarto y más terrible paro  de la oposición, el hoy conocido como «paro-sabotaje petrolero».</p>     <p align="justify">Este paro mostró connotaciones distintas a los precedentes, al hacerse evidente  que no sólo se sumaba el comercio y parte de la industria, o la gerencia  administrativa de Pdvsa, como en abril, sino buena parte de la gerencia  operativa y los capitanes de la Marina Mercante de Pdvsa. Éstos procedieron en  pocos días a paralizar las actividades operativas de la compañía y prácticamente  la totalidad de la flota de tanqueros de PDV Marina. El lunes 9 de diciembre,  día en que las fuerzas de la oposición convirtieron el paro en «indefinido»  hasta que «caiga» Chávez, en cadena oficial trasmitida por todos los medios de  comunicación audiovisual, el presidente de Pdvsa, Alí Rodríguez Araque,  reconoció que la compañía estaba virtualmente paralizada. En lo que sería un  paso decisivo para conjurar la insurrección, Rodríguez Araque denunció el paro  como un «sabotaje criminal», convocando al pueblo a salir a la calle y rodear  edificios, instalaciones y otros bienes de la empresa, a fin de apoyar al  gobierno en su esfuerzo por presionar a la gerencia a levantar la paralización.  En las semanas siguientes el pueblo, efectivamente, salió a la calle a rescatar  la industria. El conflicto petrolero tomó protagonismo, perdiendo otras acciones  y sectores su visibilidad y/o centralidad.</p>     <p align="justify">Durante esta aguda confrontación política, muchos comercios  cerraron, supermercados y bancos trabajaron a medio turno, los colegios privados  y parte de los públicos paralizaron sus actividades. Los venezolanos, aunque no  contaban con gasolina con que transportarse (ésta se fue agotando en diciembre),  se mantenían en las calles con marchas y contramarchas que terminaban en  violencia y aún muerte. La CD abolió las fiestas navideñas como símbolo del  sacrificio necesario para alcanzar la «victoria final», y las ciudades,  especialmente Caracas, eran segregadas espacialmente entre «escuálidos» y «chavistas»  (v. López Maya, 2003a). Había cacerolazos estruendosos todas las noches en  sectores de clase media y alta. El 23 de enero de 2003, ya con claras señales de  una derrota de la oposición, las fuerzas del gobierno llamaron a una marcha que  fue multitudinaria, mientras sectores de clases medias y altas se escondían tras  las rejas de sus casas y practicaban «planes de contingencia» esperando lo que  líderes ignorantes y/o irresponsables de la oposición llamaban, el «asalto de  las hordas chavistas» sobre las urbanizaciones de los sectores de mayores  ingresos (v. García-Guadilla, 2003).</p>     <p align="justify">Pese a los muchos pronósticos que aseguraban que no había  gobierno venezolano que aguantara un paro petrolero, Chávez y su alianza  política sobrevivieron. El gobierno lentamente retomó control sobre la empresa  estatal, reactivando las diferentes operaciones y profundizando el proceso de  reestructuración de la misma, que había intentado con escaso éxito desde el  inicio de su gestión. Por otra parte, durante el paro nunca se produjeron los  estallidos sociales o las masacres previstas por las fuerzas de oposición, ni  hubo desabastecimiento alimentario significativo. Hacia mediados de febrero la  tendencia de control del gobierno sobre la industria se hizo clara y al  finalizar el mes de marzo más de 18.000 gerentes y trabajadores de Pdvsa habían  sido despedidos por abandono del trabajo.<sup>11</sup> La empresa había logrado  rescatar todos sus tanqueros, se había iniciado el proceso de arranque de sus  refinerías y las cifras de producción de barriles diarios se acercaban a la  normalidad. Sin nunca ser decretado su final, el paro se fue disolviendo.</p>     <p align="justify">A diferencia del golpe de Estado, el paro petrolero produjo  un resultado político más claro a favor de las fuerzas del gobierno portadoras  del proyecto bolivariano. La rebelión de los altos eslabones de la cadena  gerencial de Pdvsa provocó su despido masivo por abandono del trabajo y con ello  la reforma petrolera, propugnada por el gobierno con poco éxito desde que  iniciara su período, encontró un terreno despejado para hacerse efectiva. Cerca  de 18.000 trabajadores, en su mayoría ejecutivos, fueron despedidos de la  industria que empleaba unos 40.000 trabajadores en total. Al rescatar el Estado  su capacidad de control sobre la industria, pudo convertirla en instrumento  central de políticas económicas y sociales orientadas por el proyecto político  del gobierno. Por el contrario, el despido de los gerentes de Pdvsa dejó sin una  fuente de recursos materiales importante a las fuerzas de la CD y creó una alta  tensión entre ellas.</p>     <p align="justify">Por otra parte, la devastación económica producida por la  paralización de Pdvsa y parte de la industria privada del país tuvo también  efectos de debilitamiento de las bases sociales de la oposición, al producirse  la quiebra de pequeñas y medianas industrias y comercios, así como un salto de  las tasas de desempleo que pasaron del 15,4 por ciento al 20,3 por ciento en  cuatro meses. El PIB cayó en el primer trimestre de 2003 a -27 por ciento  (Rivas, 2004). Los empresarios medianos y grandes, incluidos los poderosos  dueños de los medios de comunicación perdieron millones de dólares tratando de  derrocar infructuosamente al Presidente. La industria petrolera, además, había  sufrido un sabotaje a sus equipos e instalaciones. Tuberías dañadas, circuitos  eléctricos deteriorados, archivos desaparecidos; lo más grave, su sistema  automatizado de funcionamiento fue sustraído y se utilizaron computadoras  remotas para impedir al gobierno reactivarla. Por varios meses la industria fue  operada total o parcialmente de manera manual y local con las naturales  dificultades para llegar a sus niveles operativos normales. Por otra parte, el  despido masivo de su gerencia como resultado de su conducta insurreccional fue  un daño enorme difícil de sobreestimar. A estas catástrofes económicas, hay que  añadir el deterioro de las ciudades que produjo el enfrentamiento  territorializado en zonas de «chavistas» y «antichavistas», en especial Caracas,  que salieron de esta confrontación embasuradas, con calles y servicios dañados,  «ghetizadas» espacialmente, y la población enferma de ira y miedo.</p>     <p align="justify">Adicionalmente, la Fuerza Armada a diferencia de abril, se  movió de manera más unida y cohesionada tras el objetivo de defender la  industria petrolera, amenazada por las fuerzas de oposición y considerada parte  intrínseca de la soberanía nacional. En este sentido, la CD y las fuerzas que la  sostienen cometieron una equivocación al pensar que la situación de  inestabilidad que el paro produciría, fracturaría a los militares y facilitaría  una intervención de éstos para desplazar al Presidente del poder. Al contrario,  la amenaza a la soberanía produjo una respuesta institucional de defensa al  Estado, y con ello, al gobierno de Chávez.</p>     <p align="justify"><b>Los meses posparo: hacia el proceso revocatorio presidencial</b></p>     <p align="justify">El resultado político del paro cambió en los meses siguientes la correlación de  las fuerzas y con ello el escenario político general del país. El 2003  transcurrió en medio de confrontaciones verbales y mediáticas de las fuerzas  opositoras y el gobierno, mientras se fueron delineando nuevas estrategias que  probarían decisivas para la lucha hegemónica en 2004.</p>     <p align="justify">Por parte del gobierno y sus fuerzas, lo primero fue superar  los efectos socioeconómicos inmediatos funestos del paro-sabotaje de Pdvsa.  Entre otras medidas, impuso un control cambiario e implementó políticas de  emergencia de abastecimiento alimentario y de gasolina para la población. En la  medida en que el gobierno recuperaba control sobre el país, su estrategia se  hacía multidimensional y compleja. Por un lado, continuó la reestructuración de  Pdvsa buscando consolidar el control que había obtenido sobre la industria, una  empresa que en los últimos lustros se había independizado y aportaba cada vez  menos ingreso fiscal. Dentro de su nueva concepción del rol de la industria,  también buscó ajustarla a criterios de productividad y eficiencia distintos a  los propios de una empresa privada con que venía operando. Por otro lado, hacia  la segunda mitad del año, reinició y/o comenzó a impulsar un conjunto de  políticas económicas y sociales con el fin de reactivar el aparato productivo y  responder a las múltiples demandas sociales de la población, en especial de  aquélla que con sostenida organización y movilización había defendido al  gobierno frente a las fuerzas opositoras, y que provenía de sectores populares.  En la medida en que se fueron desarrollando estas políticas, algunas de ellas  conocidas como «las misiones», el proyecto bolivariano comenzó a hacerse más  nítido en ciertos aspectos que buscan concretar los objetivos de inclusión  social y democracia participativa.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">Entre las iniciativas sociales desarrolladas por el gobierno  a partir del paro-sabotaje, que con el correr de los meses arrojarían grandes  dividendos políticos, cabe señalar:</p>     <p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp; La implementación de políticas de seguridad alimentaria para  sectores pobres como la política de distribución de alimentos a través de los  llamados Mercal.</p>     <p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp; La formulación de políticas de reactivación de la economía,  como el impulso a la economía social a través de la regularización de tierras  rurales y urbanas, las «ruedas de negocios» que usan el gasto público para  fomentar el impulso a cooperativas y pequeñas empresas; políticas de  financiamiento a microempresas; un plan concebido para combatir el desempleo,  pero que fue complejizándose para delinear una especie de economía alternativa  que el gobierno llamó «modelo de desarrollo endógeno». Este plan, conocido como  «Misión Vuelvan Caras», articula programas de capacitación para el trabajo,  otorgamiento de activos pertenecientes al Estado, asistencia técnica, vivienda,  tierras, etc.</p>     <p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp; El plan masivo de alfabetización (Misión Robinson I y II).</p>     <p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los distintos planes educativos (escuelas bolivarianas,  Misión Ribas, Misión Sucre, Universidad Bolivariana).</p>     <p align="justify">-&nbsp;&nbsp;&nbsp; El plan de asistencia médica en los barrios urbanos (luego  llamado Misión Barrio Adentro).<sup>12</sup></p>     <p align="justify">Sólo el tiempo dirá si estas políticas tan necesarias están  bien concebidas para cumplir de manera sostenida con los objetivos que se han  propuesto. Pero indican que el gobierno perseguía proyectar la imagen del  gobernante volcado a gobernar, atendiendo los reclamos y necesidades de los  sectores más excluidos en el pasado, que lo han sostenido en las dificultades.  Esta estrategia resultó desde inicios de 2004 en un creciente ensanchamiento del  apoyo político al gobierno, reconocido incluso en encuestadoras políticamente  sesgadas hacia la oposición (para encuestas véase Keller, marzo 2004, y para  política social López Maya, 2004).</p>     <p align="justify">Las fuerzas de la oposición, por su parte, debilitadas como  ya se señaló, bajaron la movilización de calle y ya en febrero de 2003 se  volcaron a la estrategia de activar un referendo revocatorio presidencial,  buscando con ello dejar a un lado el paro petrolero sin levantarlo  explícitamente. Esperaban disminuir los previsibles costos políticos negativos  que la derrota del paro tenía, entrando en lo que se supone era una nueva etapa  lucha por salir de Chávez lo antes posible. Algunos grupos, sin embargo,  siguieron enfrascados en sacar al Presidente del poder violentamente. Por  ejemplo, el eufemísticamente llamado Bloque Democrático y ciertas personalidades  civiles y militares, como es el caso del ex presidente Carlos Andrés Pérez, que  siguieron llamando al golpe de Estado y aún al magnicidio (Pérez en <i>El  Nacional</i>, 25-07-2004). Estas acciones se realizaban sin el respaldo  explícito de la CD que se centró en el «revocatorio», estrategia que se ajustaba  a la Constitución, y que, por cierto, sólo un año antes había rechazado. Como  complemento, la oposición también constituyó grupos coordinados entre sí, que se  dispusieron a elaborar por consenso un documento que expresara las líneas  básicas de un proyecto político para el gobierno «de transición» que suponían  vendría inmediatamente después del revocatorio. Los líderes de la CD  consideraban inminente la salida de Chávez, pues pese a los fracasos de sus  estrategias previas no procesaban los altos costos políticos que pudieran darse  por ello. Al contrario, daban por descontado que recibirían el apoyo mayoritario  de los electores. Desconfiaban, sin embargo, de la voluntad del gobierno para  dejarlos actuar democráticamente.</p>     <p align="justify">El referendo revocatorio asumido por la CD es un derecho  constitucional. El Artículo 72 estipula su realización cumpliendo los siguientes  requisitos: a) debe haberse cumplido la mitad del mandato de la autoridad; b) la  solicitud debe estar respaldada como mínimo por un 20 por ciento de firmas de  los electores inscritos en el Registro Electoral Permanente; c) cuando se haga  el escrutinio, el número de electores que se pronuncian a favor de revocar el  mandato debe ser superior al número de votantes que eligieron a la autoridad en  cuestión; d) deben votar por lo menos el 25 por ciento de los electores  inscritos en el REP; y e) sólo puede hacerse una vez. Poco antes de finalizar el  año 2003, luego que pudo aprobarse la designación de las nuevas autoridades del  CNE, esta vía se despejó y el ente comicial autorizó y reguló los llamados para  recoger las firmas del revocatorio presidencial, así como también las firmas de  revocatorios para diputados de la Asamblea Nacional, tanto oficialistas como de  oposición. La recolección de las firmas tanto de las fuerzas del gobierno como  de la oposición tuvo lugar en dos semanas seguidas de noviembre y diciembre. El  2004 cerraba con discreto optimismo.</p>     <p align="justify"><b>«Guarimbazo» y revocatorio presidencial</b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">El 24 de febrero de 2004 se dio la primera decisión del CNE relativa a las  firmas entregadas en diciembre 2003 por la oposición para convocar el referendo  revocatorio presidencial. El CNE en decisión dividida 3 a 2 puso bajo  observación a más de 148.190 planillas entregadas (contentivas de  aproximadamente 1.480.000 firmas), anunciando en los días inmediatos siguientes  la aprobación del procedimiento para llevarlas a «reparo» (ratificación). El CNE  expresó duda «razonable» sobre la autenticidad de una porción de solicitudes de  las planillas que fueron llenadas con una caligrafía similar contradiciendo el  instructivo acordado por el ente (<i>Últimas Noticias</i>, 25-2-2004). El 2 de  marzo, el CNE formalmente informó las cifras de solicitudes válidas, inválidas y  «reparables» y estableció los criterios para la reparación. Esta decisión fue  respaldada por los observadores de la OEA y del Centro Carter en el país,  quienes, sin embargo, expresaron diferencias con los criterios del CNE para la  reparación y lo exhortaron a seguir negociando con las partes (Fernando  Jaramillo y Jennifer McCoy (Centro Carter) en <i>Últimas Noticias</i>,  4-3-2004). </p>     <p align="justify">A raíz de estas decisiones tomadas por el CNE, entre el 27 de  febrero y el 4 de marzo el país urbano, sobre todo de las zonas donde se  residencian sectores sociales de ingresos medios y altos, sufrió una ola de  protestas confrontacionales y violentas, desarrolladas a partir de llamados a la  «desobediencia civil» por parte de voceros de la CD, que rechazaron la decisión  del CNE y expresaron desconocer la legitimidad del ente comicial (v. E. Mendoza  en Radio Nacional, reseñado en«Oposición desconocerá a autoridades del Consejo  Nacional Electoral» <i>Aporrea</i>, 25-2-2004). Las protestas, conocidas como el  «guarimbazo», incluyeron barricadas en autopistas y vías neurálgicas de Caracas  y otras ciudades, quema de neumáticos, bolsas de basura y vehículos, balaceras  en plaza Altamira, violencia física y verbal en diversos puntos urbanos,  confinamiento de centenares de familias a sus hogares por los cierres de vía que  impidieron llevar a los niños a las escuelas, acudir al trabajo, o llegar a  centros de salud.<sup>13</sup> El saldo trágico de este nuevo evento incluyó 9  muertos, decenas de heridos, unos 40 revoltosos con autos de detención que en  los días siguientes fueron liberados, y millones en pérdidas materiales (v.  Provea, edición especial, 12-3-2004). Ninguna organización política, ni la CD,  se responsabilizó por la violencia desatada, pero autoridades de municipios  caraqueños controlados por la oposición se resistieron a reprimir tales  protestas, argumentando que eran legítimas (v. López Maya, 2004).</p>     <p align="justify">El efecto inmediato de esta violencia fue acentuar las  tensiones en el seno de la CD entre quienes se pronunciaban por rechazar el  proceso de reparo y retirarse de la vía del referendo y quienes insistieron,  pese a las dificultades, en proseguir por este camino. Entre los primeros  destacaban partidos como Primero Justicia, Proyecto Venezuela o La Causa R, y  organizaciones radicalizadas como Gente de Petróleo, donde se agrupaban  trabajadores despedidos de Pdvsa. Entre los segundos, organizaciones políticas  como el MAS, AD y Copei, y personalidades como Teodoro Petkoff y Alberto Quirós  Corradi. Esta última posición luego de mucho debate prevalecería. La oposición  se advino a convocar a sus bases para «reparar» sus firmas y hecho esto, el 3 de  junio el CNE dictaminó que existían las firmas suficientes y se habían llenado  los requisitos constitucionales para convocar al referendo revocatorio  presidencial, que fijó para el 15 de agosto. </p>     <p align="justify">Con el anuncio de la activación del proceso de referendo  constitucional, se produjo en los meses siguientes un cambio en los discursos y  actitudes de los actores políticos hacía la moderación y mayor equilibrio, en un  afán por conseguir los votos de aquellos sectores del electorado que las  encuestas revelaban no polarizados y/o radicalizados que decidirían el  resultado. Asimismo, una vez más, se inició en Venezuela la intensa actividad de  organización y movilización de las bases del gobierno y de la oposición, a los  fines de prepararse para afrontar el evento, que podría dar un resultado  decisivo en la lucha hegemónica, que en las confrontaciones anteriores parecían  arrojar un predominio aún reversible de las fuerzas del gobierno.</p>     <p align="justify">El proceso que llevó a la activación del revocatorio  presidencial significó para la oposición un triunfo político, en especial para  sectores y personalidades de vocación más democrática ya señalados arriba, que  hasta ese momento habían tenido poco peso dentro de la CD. De hecho, la  visibilidad de estos actores significó durante la campaña un cambio de voceros  en la CD, con más visibilidad de discursos moderados, incluso por parte de  quienes hasta poco antes se opusieron a ir a los reparos. </p>     <p align="justify">Por parte de las organizaciones y bases del gobierno, en las  horas previas e inmediatamente siguientes al anuncio del CNE, se hicieron  evidentes tensiones y contradicciones internas e incluso se vivieron estallidos  de violencia política en el centro de la ciudad. La situación quedó rápidamente  conjurada cuando el presidente Chávez, en una pensada, hábil y certera cadena  oficial reconoció esa noche la decisión del CNE y convocó a sus bases a  organizarse y prepararse para ese referendo. El Presidente desde el palacio,  rodeado de símbolos religiosos e históricos, atribuyó como su particular triunfo  político la Constitución de 1999 y el referendo revocatorio presidencial que  ahora se activaba contra él. Evocó luego la histórica batalla de Santa Inés de  la Guerra Federal venezolana del siglo XIX, para explicar a sus bases la  importancia del evento electoral que se aproximaba, la estrategia que estaría  usando y presagiar la contundente victoria que buscaba. Finalmente, acudió a un  muy famoso y emblemático poema llanero Florentino y el diablo, identificándose  él con Florentino y a la CD con el diablo, para dar la imagen más ilustrativa  posible de la magnitud de la tarea que tenían por delante. </p>     <p align="justify">El 15 de agosto los electores venezolanos acudieron  masivamente a las urnas en un clima de sana paz. Las previsiones logísticas del  CNE, quedaron rebasadas por la importante afluencia de la participación  ciudadana. Si en julio de 2000 había votado un universo de cerca de 6.600.000  venezolanos, en agosto de 2004 votaron cerca de 10.000.000. Los centros  electorales se vieron sobrepasadas y la gente hizo colas que en promedio  alcanzaron las siete horas (<i>Últimas Noticias</i>, 22-8-04). El 16 de agosto  en la madrugada, gracias al sistema computarizado de votación que se utilizó, el  CNE pudo dar su primer informe oficial, totalizado con el 94,49 por ciento de  las actas automatizadas y cuyas tendencias consideró irreversibles. La opción  del NO, perteneciente al Presidente había triunfado con una holgada mayoría:  4.991.483 votos (58,25 por ciento) contra la opción del Sí, que en este primer  boletín recibiría 3.576.517 votos (41,74 por ciento) (<i>El Nacional</i>,  16-08-04). Poco después, los observadores internacionales reconocidos por la  oposición, el Centro Carter y la OEA, anunciaron la compatibilidad de sus  cálculos con aquéllos del CNE.</p>     <p align="justify"><b>Recapitulación y comentarios finales</b></p>     <p align="justify">Desde que Hugo Chávez Frías tomara posesión de la Presidencia en febrero de 1999  la sociedad venezolana ha experimentado una modificación sustantiva de la lucha  hegemónica precedente, al producirse el predominio político de actores  portadores de un proyecto político alternativo al neoliberalismo. Este proyecto,  conocido como «bolivariano», comienza a materializarse primero en la  Constitución de 1999 y luego en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la  Nación 2001-2007 y otras leyes y normativas. Habiéndose intentado desarrollar en  los lustros previos un proyecto político de orientación e intereses cercanos al  neoliberalismo y a factores de poder hegemónicos en el mundo, este cambio generó  una reacción de aguda conflictividad política. Entre fines de 2001 y hasta la  fecha del referendo revocatorio presidencial, los actores opuestos al proyecto  de Chávez y sus fuerzas sociales y políticas han buscado mediante estrategias de  naturaleza principalmente insurreccional modificar a su favor la cristalización  hegemónica ahora presente en el Estado.</p>     <p align="justify">En este artículo hemos señalado varios hitos de la lucha por  los importantes cambios que han producido en las relaciones de fuerza entre los  actores. En primer término, el paro cívico del 10 de diciembre, liderado por los  sectores empresariales organizados en Fedecámaras. Esta confrontación dejó como  saldo un triunfo político de la oposición, produciendo la cohesión de las  fuerzas de ésta bajo la CD, así como la emergencia del liderazgo del presidente  de Fedecámaras, Carmona Estanga. Luego del 10 de diciembre, actores tanto del  gobierno como de oposición se cerraron al diálogo y a la lucha de posiciones,  preparándose el camino para una salida violenta de la conflictividad política.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">La marcha masiva y el golpe de Estado del 11 de abril de  2002, pese a la multiplicidad de actores de oposición que en ellos concurrieron,  y la visibilidad de la dirigencia de la CTV y sectores de la «sociedad civil»  además de la empresarial, desembocaron de nuevo en el predominio político de los  empresarios al producir un gobierno de facto de naturaleza plutocrática. Los  intereses de estos sectores, en especial de dueños de medios de comunicación  privada, de grupos militares de alto rango procedentes de varias fuerzas, de la  alta jerarquía eclesiástica de la iglesia católica y de los altos ejecutivos de  la empresa estatal Pdvsa, hegemonizaron durante el fugaz gobierno de Carmona  Estanga. Un contragolpe militar, impulsado y respaldado por masivas  movilizaciones populares, revirtió esta momentánea correlación de fuerzas,  restableciéndose el gobierno de Chávez. También contribuyó con este sorprendente  cambio hegemónico la pasividad manifestada en esas horas por parte de actores  civiles de la oposición que habían quedado excluidos de los arreglos del  gobierno de facto (entre ellos partidos políticos, la CTV y las organizaciones  sociales de sectores de ingresos medios). El regreso de Chávez significó un  revés considerable para las fuerzas de oposición hegemónicas en la coalición de  la CD. Sin embargo, gracias a los abundantes recursos mediáticos y materiales  que aún les pertenecían, mantuvieron el liderazgo en ella. En los meses  siguientes, a diferencia de diciembre, el gobierno buscó construir puentes de  diálogo y negociación con algunos de los actores claves del golpe, como  empresarios y gerentes de Pdvsa, sin resultado. En la Fuerza Armada procedió a  retirar las cabezas visibles del golpe y a recomponer los cuadros medios y  altos.</p>     <p align="justify">El tercer hito, de nuevo abiertamente insurreccional, está  constituido por la huelga general llamada por Fedecámaras, la CTV y la CD en  diciembre de 2002. Esta huelga tuvo su arma más poderosa en el paro de la  industria petrolera venezolana que, comandada por su gerencia ejecutiva y sus  capitanes de la Marina Mercante, llegó a paralizar sus actividades casi de  manera total. Emergió durante este paro organizaciones como la CTV, Gente de  Petróleo y Unapetrol al lado de Fedecámaras como el liderazgo visible del  movimiento, sin excluir la siempre omnipresencia de los medios de comunicación  privados que colonizaban a su favor la información de los acontecimientos, ni el  grupo de militares alzados que tuvieron a la plaza Altamira como su «territorio  liberado». Los sectores sociales organizados de ingresos medios («sociedad  civil») apoyaron sostenidamente la huelga. Para inicios de febrero de 2003 ésta  fue controlada por los «bolivarianos». El gobierno y sus fuerzas lograron  recuperar el control sobre Pdvsa y sus buques, prender las diversas  instalaciones y se procedió al despido de casi la mitad de sus trabajadores, la  mayoría pertenecientes a la nómina gerencial de la empresa. A partir de  entonces, en las fuerzas de oposición se dejan ver más claramente las tensiones  y conflictos internos, se desdibuja cualquier liderazgo significativo, se  disminuyen recursos materiales por las pérdidas de recursos políticos y  económicos ocasionadas por la derrota, y se debilitan las bases sociales por los  efectos socioeconómicos nefastos derivados del paro. En contraste, el gobierno  se recupera lentamente, se cohesiona la Fuerza Armada alrededor de él, el  control de Pdvsa facilita su reestructuración y auditoría. El gobierno,  apoyándose en Pdvsa, cambia sus estrategias para centrarse en el desarrollo de  políticas sociales y económicas que permitan recuperar el crecimiento y avanzar  en la inclusión y justicia social de sus bases.</p>     <p align="justify">Ante su debilidad política y material, la CD opta por una  senda menos insurreccional y busca la activación del referendo revocatorio  presidencial que está pautado en el artículo 72 de la Constitución de 1999.  También robustece su estrategia de hacerse apoyos internacionales para crear  fuera del país una matriz de opinión que le sea favorable y que pueda  eventualmente producir alguna intervención internacional para desalojar a Chávez  del gobierno. Asimismo, elabora un programa político para «la transición» del  gobierno de Chávez, cuya salida considera inminente. En el contexto del proceso  para activar el referendo revocatorio se produce el «guarimbazo», una nueva  acción violenta propiciada por factores de la oposición. Fracasado también como  estrategia para «tumbar» a Chávez, nadie toma responsabilidad por su desarrollo.  El carácter errático del guarimbazo, el rechazo que produce, fortalece una vez  más la lucha hegemónica a favor del gobierno. Sin embargo, torpezas de éste en  el manejo de la represión opacan el resultado.</p>     <p align="justify">Finalmente, en medio de diversas vicisitudes, se produce el  referendo del 15 de agosto. Fue un éxito por la masiva participación que produjo  y por los respaldos que recibió –nacional e internacionalmente– a lo largo de su  puesta en escena. Tuvo en las desavenencias entre los rectores del CNE y en el  mal cálculo logístico que hizo esta institución sobre la esperada participación  electoral sus puntos sombríos, al obligar esto último, a largas colas,  incomodidades y tensiones innecesarias. Sin embargo, al producir su resultado  una holgada mayoría de votos por la opción del NO, representativa del  Presidente, reconocida por los observadores internacionales, la lucha hegemónica  parece haber encontrado al fin una puerta para entrar al camino menos violento y  más propicio para la construcción de consensos para un proyecto de sociedad  compartido. Sin embargo, en los días que se terminó este artículo, la CD había  optado por no reconocer el triunfo, denunciar un «masivo fraude electrónico» y  llamar a la movilización callejera, mientras sustanciaba con soportes su  denuncia de fraude para formalizarla ante instancias nacionales e  internacionales.</p>     <p align="justify">Si bien resulta difícil entrever a dónde llevará esta nueva  acción de las fuerzas opositoras, no cabe duda que la asumen dentro de una  debilidad política muy marcada en relación a las acciones del pasado. Algunos  sectores dentro de ellas, el caso más notorio Fedecámaras, prelados de la  Iglesia católica y ciertos medios de comunicación privados, han optado por  reconocer, aunque sea momentáneamente, los resultados, pues se corresponden con  tendencias señaladas por numerosas encuestas en las semanas previas al  revocatorio, y han sido reconocidas por la OEA, el Centro Carter, numerosos  gobiernos, incluyendo EEUU. Así las cosas, pudiera en los próximos meses abrirse  una nueva fase en la lucha hegemónica en Venezuela, menos marcado por  estrategias de insurrección y violencia, y más dirigidas a la búsqueda de  construcción de espacios para una confrontación que reconozca al otro como  legítimo adversario, y busque puentes para trabajar por el consenso en políticas  de futuro, o para el procesamiento de las diferencias irreductibles a través de  los procedimientos democráticos. En ese proceso podría comenzar a emerger un  proyecto político para la Venezuela del siglo XXI, que goce de mayor apoyo entre  los diversos sectores sociales y pueda ir desmontando la severa polarización  política.</p>     <p align="justify"><b>Referencias bibliográficas</b></p>     <!-- ref --><p align="justify"><b>1. Briceño-León, Roberto</b> (2000). «Hilos que tejen la vida social», en  Asdrúbal Baptista, ed., <i>Venezuela siglo XX. Visiones y testimonios</i>, vol.  1, pp. 125-154, Caracas, Fundación Polar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776792&pid=S1012-2508200400020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>2. Cendes </b>(1995). El proceso electoral de 1993. Análisis de sus resultados,  Caracas, Cendes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776793&pid=S1012-2508200400020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>3. Coronil, Fernando</b> y <b>Julie Skurski</b> (1991). «Dismembering and  Remembering the Nation: The Politics of Violence in Venezuela», <i>Comparative  Studies in Society and History</i>, vol. 33, n° 2, pp. 288-335.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776794&pid=S1012-2508200400020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>4. Crisp, Brian</b> <i>et al.</i> (1996). «The legitimacy problem» en Jennifer  McCoy <i>et al.,</i> <i>Venezuelan Democracy under Stress</i>, pp. 139-70, New  Brunswick, Transaction Publishers.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776795&pid=S1012-2508200400020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>5. Ellner, Steve</b> (2003a). «El sindicalismo frente al desafío del chavismo»,  en Steve Ellner y Daniel Hellinger, <i>La política venezolana en la época de  Chávez</i>, pp. 209-230, Caracas, Nueva Sociedad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776796&pid=S1012-2508200400020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>6. Ellner, Steve</b> (2003b). «Tendencias recientes en el movimiento laboral  venezolano», <i>Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales</i>, vol. 9,  n° 3, septiembre-diciembre, pp. 157-178.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776797&pid=S1012-2508200400020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>7. Ellner, Steve</b> y <b>Daniel Hellinger</b>, eds. (2003). <i>La política  venezolana en la época de Chávez</i>, Caracas, Nueva Sociedad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776798&pid=S1012-2508200400020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>8. García-Guadilla, María Pilar</b> (2003). «Politización y polarización de la  sociedad civil venezolana: las dos caras frente a la democracia». Ponencia  presentada en el XXIV Congreso de LASA, Dallas, Texas, 27 al 29 de marzo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776799&pid=S1012-2508200400020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>9. Keller, Alfredo</b> (2004). «¿Qué está pasando en Venezuela? ¿Qué puede  pasar?», Caracas, Alfredo Keller y asociados. Disponible en: ‹www.11abril.com/index/especiales/archivo.asp›.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776800&pid=S1012-2508200400020000600009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>10.</b> <b>Laclau, Ernesto </b>(1985): «Tesis acerca de la forma hegemónica de la  política», en Julio Labastida Martín del Campo (coord.), <i>Hegemonía y  alternativas políticas en América Latina</i>, pp. 19-44, México, Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776801&pid=S1012-2508200400020000600010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>11. Lander, Edgardo</b> (2002) «El papel del gobierno de EEUU en el golpe de  Estado contra el presidente Chávez», <i>Observatorio Social de América Latina</i>,  n°. 7, junio, pp. 5-10.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776802&pid=S1012-2508200400020000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>12. Lander, Edgardo</b> (2004). «Venezuela, la búsqueda de un proyecto  contrahegemónico», <i>Question</i>, año 3, n° 25, pp. 20-24.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776803&pid=S1012-2508200400020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>13. Lander, Luis E.</b> (2003). «Gobierno de Chávez: ¿nuevos rumbos en la  política petrolera venezolana?», en Luis E. Lander, ed., <i>Poder y petróleo en  Venezuela</i>, pp. 57-92, Caracas, Faces (UCV) / Pdvsa.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776804&pid=S1012-2508200400020000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>14. Lander, Luis E. </b>(2004). «La insurrección de los gerentes: Pdvsa y el  gobierno de Chávez», <i>Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales</i>,  vol 10, n°. 2, pp. 13-32.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776805&pid=S1012-2508200400020000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>15. López Maya, Margarita</b> (2003a). «Las manifestaciones territoriales de la  polarización», <i>El Punto Medio</i>, año 2, n° 5, p. 8.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776806&pid=S1012-2508200400020000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>16. López Maya, Margarita</b> (2003b). «Venezuela después del golpe: una segunda  insurgencia», en Medófilo Medina y Margarita López Maya, <i>Venezuela:  confrontación social y polarización política</i>, pp. 139-190, Bogotá, Ediciones  Aurora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776807&pid=S1012-2508200400020000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>17. López Maya, Margarita</b> (2002a). «Venezuela: el paro cívico del 10 de  diciembre», <i>Nueva Sociedad</i>, n° 177, enero-febrero, pp. 8-13.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776808&pid=S1012-2508200400020000600017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>18. López Maya, Margarita</b> (2002b). «El golpe de Estado del 11 de abril y sus  causas», <i>Sociedad y Economía</i>, n° 3, octubre, pp. 7-18.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776809&pid=S1012-2508200400020000600018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>19. López Maya, Margarita</b> (2004). «Democracia participativa y políticas  sociales. El caso de la Venezuela bolivariana», <i>Ciudadanía, participación y  conflicto en los Andes</i>, Foro Internacional Académico sobre los Países  Andinos patrocinado por Focal y Flacso, sede Quito, 19 y 20 de febrero, 2004.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776810&pid=S1012-2508200400020000600019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>20. López Maya, Margarita</b> y <b>Luis E. Lander </b>(1999). «Triunfos en  tiempos de transición», <i>Cuestiones Políticas</i>, n° 22, enero-junio, pp.  107-132.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776811&pid=S1012-2508200400020000600020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>21. López Maya, Margarita</b> y <b>Luis E. Lander </b>(2000). «Ajuste, costos  sociales y la agenda de los pobres en Venezuela: 1984-1998», <i>Revista  Venezolana de Economía y Ciencias Sociales</i>, vol. 6, n° 3,  septiembre-diciembre, pp. 185-206.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776812&pid=S1012-2508200400020000600021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>22. Palacios, Ángel</b> (2004). «Puente Llaguno. Las claves de una masacre»,  Caracas, (documental).&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776813&pid=S1012-2508200400020000600022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>23. Parker, Dick </b>(2002). «Debilidades en la conducción política del proceso  también facilitaron el golpe», <i>Observatorio Social de América Latina,</i> n°  7, junio, pp. 11-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776814&pid=S1012-2508200400020000600023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>24. Provea</b> (2002). <i>Situación de los derechos humanos en Venezuela </i> (octubre 2001 a septiembre 2002), Caracas, Provea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776815&pid=S1012-2508200400020000600024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>25. Provea</b> (2003). <i>Situación de los derechos humanos en Venezuela </i> (octubre 2002 a septiembre 2003), Caracas, Provea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776816&pid=S1012-2508200400020000600025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>26. Rey, Juan Carlos</b> (2004). «La democracia venezolana y la crisis del  sistema populista de reconciliación», <i>Revista de Estudios Políticos</i>, n°  74, junio, pp. 11-14.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776817&pid=S1012-2508200400020000600026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>27. Rivas, Emilio P.</b> (2003). «¿Milagro a la venezolana?», <i>Question,</i>  año 2, n° 19, enero, p. 21.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776818&pid=S1012-2508200400020000600027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>28. Roberts, Keneth</b> (2003). «Polarización social y resurgimiento del  populismo en Venezuela», en Steve Ellner y Daniel Hellinger, <i>La política  venezolana en la época de Chávez</i>, pp. 75-96, Caracas, Nueva Sociedad.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776819&pid=S1012-2508200400020000600028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>29. Romero, Carlos</b> <i>et al.</i> (2003). «La política exterior en las  constituciones de 1961 y 1999: una visión comparada en sus principios,  procedimientos y temas», <i>Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales</i>,  vol. 9, n° 1, pp. 163-184.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776820&pid=S1012-2508200400020000600029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>30. Sanoja Hernández, Jesús</b> (1998). <i>Historia electoral de Venezuela  1810-1998</i>, Caracas, Editorial El Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776821&pid=S1012-2508200400020000600030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><b>31. Stephany, Keta</b> (2001). «Políticas de ajuste y protesta popular en  Venezuela 1989 y 1996», Caracas, Tesis de maestría en Planificación, mención  Política Social, Cendes.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=776822&pid=S1012-2508200400020000600031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b>NOTAS:</b></p>     <p align="justify">* Este artículo está basado en «Venezuela 2002-2003: tiempos de confrontación y  violencia», elaborado para ser publicado en alemán en el anuario: <i> Lateinamerika. Analysen und Berichte</i> (en imprenta). Se ha actualizado y  ajustado para su publicación en español.</p>     <p align="justify">1 La mejor referencia sobre la política de clases que se ha venido desarrollando  en la Venezuela actual, es el libro editado por Steve Ellner y Daniel Hellinger  (2003), donde los diversos autores examinan este fenómeno desde distintas  dimensiones del proceso sociopolítico.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">2 En esta parte se toman extractos de López Maya, 2003a:140-148.</p>     <p align="justify">3 Para una panorámica general del movimiento de resistencia a la mundialización  neoliberal ver <i>Observatorio Social de América Latina</i> (nos. 3, 2001 y 6,  2002). Para los puntos de desencuentro del gobierno venezolano con EEUU, ver E.  Lander, 2002:5 y 6.</p>     <p align="justify">4 Caldera fue el fundador del partido Copei, pero para esas elecciones se separó  de su partido y lo confrontó electoralmente.</p>     <p align="justify">5 En lo que sigue referido al paro cívico se toman extractos de López Maya,  2002a.</p>     <p align="justify">6 La CTV reúne un grupo de sindicatos, principalmente del sector público. Sus  bases, además de muy reducidas numéricamente, son trabajadores del sector  formal, hoy en día privilegiados respecto a la mayoría de la población  económicamente activa que es desempleada o pertenece al sector informal. En  2003, luego del fracaso de la huelga general, un grupo de importantes sindicatos  se separaron de la CTV y formaron una nueva confederación, la Unión Nacional de  Trabajadores (UNT) (v. Ellner, 2003b).</p>     <p align="justify">7 Para una descripción más detallada del golpe de Estado del 11 de abril de  2002, ver López Maya, 2002b y 2003b. Para la insurrección de la gerencia de  Pdvsa, ver L. Lander, 2003.</p>     <p align="justify">8 Los canales privados de televisión transmitieron los mensajes bajo la figura  de «donación». Recientemente el Estado exigió el pago de los tributos que estos  medios adeudan por este concepto y que alcanzan los 6,1 millardos de bolívares  (cerca de 3 millones de dólares) (Seniat en <i>Últimas Noticias</i>, 20-3-04).</p>     <p align="justify">9 Puede verse en el video «La revolución no será transmitida» (abril 2003), que  los hombres que disparaban en puente Llaguno lo hacían contra policías  metropolitanos que los estaban tiroteando y no contra civiles. Estaban  defendiendo a los civiles chavistas que estaban desarmados en el puente. Estos  hombres demostraron su inocencia y fueron absueltos en 2003. Al año siguiente,  otro video, «Puente Llaguno. Las claves de una masacre» (Palacios, 2004),  demostró con profusa documentación audiovisual la manipulación mediática  ocurrida ese día con los sucesos en puente Llaguno.</p>     <p align="justify">10 La organización de derechos humanos Provea emitió un comunicado el mismo 14  de agosto poco antes de que se hiciera público el dictamen, censurando la  decisión que se veía venir y desarrollando los antecedentes que llevaron a la  misma. Concluyó Provea: «Negar la posibilidad de un juicio cuando es público y  notorio la existencia de indicios de comisión del delito de rebelión militar  sería un acto de impunidad de suma gravedad, sólo explicable por la politización  del TSJ de la cual, como hemos dicho, el oficialismo es uno de sus principales  responsables» (Provea, 14-08-2002).</p>     <p align="justify">11 Para más detalles y análisis del paro petrolero ver L. Lander, 2004.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">12 Información cuantitativa y análisis sobre estas políticas son escasas y  básicamente provienen de fuentes oficiales. Puede verse, entre otros, artículos  breves del semanario económico <i>Quantum</i>, artículos aparecidos en la  revista mensual <i>Question</i>, y páginas web del sector oficial como ‹www.barrioadentro.gov.ve›;  ‹www.misionrobinson.gov.ve› entre otras.</p>     <p align="justify">13 Estos sucesos fueron conocidos posteriormente como «operación guarimba» o «guarimbazo»  por su semejanza con un plan de resistencia civil con ese nombre, convocado  desde mayo de 2003 a través de una red de internet por un dirigente del partido  Bloque Democrático, organización que se separó de la CD después del golpe de  abril, por insistir en una salida violenta a la conflictividad política.</p>       ]]></body>
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