<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>1012-2508</journal-id>
<journal-title><![CDATA[Cuadernos del Cendes]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[CDC]]></abbrev-journal-title>
<issn>1012-2508</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Central de Venezuela, Centro de Estudios del Desarrollo.]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S1012-25082004000300003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Crisis del centralismo y nuevos retos para las entidades territoriales: una mirada desde Colombia]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[RESTREPO]]></surname>
<given-names><![CDATA[DARÍO I.]]></given-names>
</name>
</contrib>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[CÁRDENAS]]></surname>
<given-names><![CDATA[RAÚL ERNESTO]]></given-names>
</name>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A">
<institution><![CDATA[,  ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[ ]]></addr-line>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2004</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>09</month>
<year>2004</year>
</pub-date>
<volume>21</volume>
<numero>57</numero>
<fpage>23</fpage>
<lpage>54</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S1012-25082004000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S1012-25082004000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><self-uri xlink:href="http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S1012-25082004000300003&amp;lng=en&amp;nrm=iso"></self-uri><abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Este artículo explica, desde el caso colombiano, cómo las relaciones entre descentralización, globalización económica y el proceso de privatización de los activos estatales han cambiado la interacción y las responsabilidades entre los diferentes niveles de gobierno. Este hecho es observado a partir de las políticas de desarrollo, la oferta de servicios y el sistema político. Igualmente explora la tensión que surge entre los diferentes niveles de gobierno acerca de la toma de decisiones de políticas públicas en diferentes áreas: descentralización política, cuestiones fiscales, gasto de los fondos públicos y políticas de desarrollo y seguridad.]]></p></abstract>
<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper explains how the relationships between decentralisation, economic globalization and privatization processes have changed the interaction and the responsibilities of several government levels, by analyzing the case of Colombia. This influence can be observed in developing issues, supply of services and the political system. The paper explores the tension that arises between central, departmental and local governments about making decisions of public policies in different fields: political decentralization, fiscal issues, public funds spending, and developing and security policies]]></p></abstract>
<kwd-group>
<kwd lng="es"><![CDATA[Descentralización]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Desarrollo territorial]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Territorios]]></kwd>
<kwd lng="es"><![CDATA[Mundialización]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Decentralization]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Territorial development]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Territories]]></kwd>
<kwd lng="en"><![CDATA[Globalization]]></kwd>
</kwd-group>
</article-meta>
</front><body><![CDATA[ <p align="center" style="line-height: 150%"><b><font size="4">Crisis del centralismo y nuevos retos para las entidades territoriales:  una mirada desde Colombia</font> </b></p>      <p align="center" style="line-height: 150%"><b>    <br> </b><font size="3">    <br> DARÍO I. RESTREPO    <br> RAÚL ERNESTO CÁRDENAS    <br> </font></p>      <p align="justify" style="line-height: 150%">     <br> <b>Resumen </b>    <br> Este artículo explica, desde el caso colombiano, cómo las relaciones entre  descentralización, globalización económica y el proceso de privatización de los  activos estatales han cambiado la interacción y las responsabilidades entre los  diferentes niveles de gobierno. Este hecho es observado a partir de las  políticas de desarrollo, la oferta de servicios y el sistema político.  Igualmente explora la tensión que surge entre los diferentes niveles de gobierno  acerca de la toma de decisiones de políticas públicas en diferentes áreas:  descentralización política, cuestiones fiscales, gasto de los fondos públicos y  políticas de desarrollo y seguridad.     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>Palabras clave</b>    <br> Descentralización / Desarrollo territorial / Territorios / Mundialización    <br>     <br> <b>Abstract</b>    <br> This paper explains how the relationships between decentralisation, economic  globalization and privatization processes have changed the interaction and the  responsibilities of several government levels, by analyzing the case of  Colombia. This influence can be observed in developing issues, supply of  services and the political system. The paper explores the tension that arises  between central, departmental and local governments about making decisions of  public policies in different fields: political decentralization, fiscal issues,  public funds spending, and developing and security policies.    <br>     <br> <b>Key words</b>    <br> Decentralization / Territorial development / Territories / Globalization    <br>     <br> <b> RECIBIDO:</b> SEPTIEMBRE 2004    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b> ACEPTADO:</b> NOVIEMBRE 2004    <br>     <br> <b>La crisis del centralismo y su triple causalidad</b>    <br> La forma centralista de organización refiere tanto al Estado como a la sociedad,  a la economía pública como privada, a las instituciones públicas como a los  partidos políticos, los sindicatos y los gremios del capital. La primacía de las  formas de organización centralistas correspondió a una época histórica  caracterizada por la construcción de Estados nacionales. En este largo período  incluso las formas de organización federal de algunos países se caracterizaron  por una repartición de funciones y competencias dentro de la perspectiva de  construcción del Estado, el mercado y el sistema político nacional como factores  prioritarios de integración económica y política de las naciones.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En la actualidad, es decir, desde la década de los ochenta  del siglo pasado, los Estados nacionales están sometidos a una triple tensión:  hacia adentro mediante procesos de descentralización, hacia afuera por la  profundización de la globalización económica y, en tercer lugar, hacia el  mercado mediante la privatización de activos estatales.<sup>1</sup> De tal  manera, se afectan las competencias y funciones estatales tanto como las  responsabilidades de la sociedad en el desarrollo, la provisión de servicios y  la construcción de la democracia. En particular, se transforma la presencia  institucional en los territorios, las relaciones fiscales entre niveles de  gobierno, el mapa político territorial y la geografía económica. Ante estos  acontecimientos, actores sociales, políticos, económicos, e incluso los llamados  actores armados irregulares, pugnan por definir nuevas relaciones de poder entre  territorios de la nación.<sup>2 </sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de la profundidad de estas reformas y, en particular  de que cada una afecta de manera diferenciada los territorios, sus competencias,  oportunidades, amenazas y retos, existen dos agendas paralelas: la del proceso  de descentralización y las políticas públicas de desarrollo. En estas últimas  los diferentes acuerdos de integración internacional ganan una importancia  creciente. ¿Debe esto seguir así o los territorios debieran asumir de manera más  dinámica el debate sobre el desarrollo local en un contexto de integración y  apertura? Expresada de otra manera la inquietud que nos anima: ¿las competencias  del proceso de descentralización debieran sobrepasar la frontera de la provisión  de servicios para extenderse hacia el comercio, la producción y el mercado?    <br> Responder de manera positiva a estos interrogantes insinúa una doble conclusión.  Por una parte, la necesidad de «territorializar» las políticas públicas, es  decir, abandonar la pretensión de uniformar todos los territorios a través de  legislaciones homogéneas. La segunda, dejar de leer y actuar sobre los procesos  de descentralización e integración desde ópticas centrales, que debieran  compartir más los enfoques, necesidades, potencialidades y agendas políticas y  de desarrollo de las regiones colombianas.    <br>     <br> <b>Tensiones entre el centro y las periferias</b>    <br> En las últimas décadas se han modificado las relaciones entre el centro y las  periferias. Nuevas relaciones de poder entre niveles del Estado se han ido  fraguando y no parece que el proceso haya llegado a cristalizar una definitiva  cartografía estable en el ordenamiento territorial. Varias son las tensiones que  animan la nueva geografía de las relaciones al interior de la nación. Por una  parte, los territorios demandan mayor autonomía del centro, entendida ésta como  una participación mayor en la torta de la riqueza nacional, mayor libertad de  asignación local de recursos transferidos, protagonismo en asuntos de interés  nacional y autodeterminación en perfiles de desarrollo local. En la otra  dirección pugnan fuerzas importantes que justifican recortar transferencias,  intervenir los modelos de gestión local, recentralizar recursos y supeditar las  agendas locales a las centrales.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La dinámica de las relaciones espaciales puede ilustrarse a  través de cuatro políticas públicas: la descentralización política, la  transferencia de recursos y competencias, el orden público y el desarrollo. Tal  revisión permite acercarse a algunas de las oportunidades y amenazas que  caracterizan los nuevos retos de las entidades territoriales y de una nación que  acomete, al tiempo, un audaz proceso de descentralización y una apertura  económica, mañana más profunda debido a las negociaciones de integración.    <br>     <br> <b>Apertura del mapa electoral y gobernabilidad</b>    <br> No hay duda en considerar la elección de alcaldes y gobernadores como una de las  reformas políticas más importantes del final del siglo pasado. Acabó de tajo con  un vestigio del sistema político del Frente Nacional, la repartición milimétrica  del poder representativo territorial entre los partidos Liberal y Conservado  (1958-1974) y la repartición adecuada y equitativa entre ellos (1974-1988). El  fin del monopolio bipartidista sobre la representación local explica la apertura  del mapa electoral por abajo. Entre 1988 y el año 2000, entre el 11 por ciento y  el 36 por ciento de los gobiernos locales fueron ganados por representantes  distintos a los partidos del Frente Nacional. Ha surgido una nueva manera de  agruparse políticamente: los gremios de alcaldes y gobernadores que,  independientemente de su filiación política nacional, realizan encuentros,  polemizan con el nivel central del Gobierno, levantan pedidos y formulan  propuestas de modificación de las relaciones políticas, económicas y  administrativas entre niveles territoriales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La descentralización de la política acelera de manera  poderosa la crisis de los partidos del Frente Nacional. Para las elecciones  locales de 2003 el partido Conservador se abstuvo de presentar candidatos en 17  gobernaciones y el Liberal en 4. Visible es, además, que para varias alcaldías y  gobernaciones se enfrentan reconocidos líderes de un mismo origen partidista.<sup>3</sup>  A una crisis de identidad programática, le sucede una ruptura de la disciplina  de sometimiento a unas jefaturas nacionales y la dispersión de las maquinarias  al interior de los partidos. Las elecciones y el partido nacional ya no  garantizan el acceso al poder local, cada fragmento y facción debe valerse por  sí mismo, con lo cual, «la federación de aparatos electorales» tiende a romperse  desde su cimiento territorial, llevando la representación política a niveles  superiores de personalización y atomización.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los partidos Liberal y Conservador todavía garantizan la  representación mayoritaria en el Congreso y el Senado, y los presidentes de la  República son de su filiación, aunque en las últimas contiendas no hayan lanzado  siempre sus candidaturas desde las entrañas de las estructuras y reglas  partidistas.<sup>4</sup> La dispersión en los debates y posturas respecto a  leyes de origen gubernamental o parlamentario deriva en el aumento de los  tiempos y costos de las transacciones políticas. La dificultad de adoptar una  ley de ordenamiento territorial, después de 12 propuestas presentadas en una  docena de años, tiene allí una de sus explicaciones.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El sistema político descentralizado es más representativo y  abierto que aquel bipartidista que centralizaba el monopolio de la  representación de arriba abajo. Debilitado el centralismo político, se  acrecienta la ingobernabilidad. Dos tendencias se afanan por construir  condiciones de agremiación política: una con base en la representación nacional,  la otra en lo regional.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Una anhelada reforma política se discute y pospone desde hace  una quincena de años, antes de la Constituyente de 1991, y desde entonces como  complemento de lo que aquélla no hizo para transformar las costumbre políticas y  el régimen de partidos. La creación de condiciones estructurales para  modernizar, democratizar y forzar la unidad de los partidos es un objetivo  compartido por fuerzas de diversa adscripción política. Entre otras propuestas  se discute la financiación de las campañas electorales, la prohibición de la  afiliación a múltiples partidos, listas únicas para las corporaciones públicas,  el vocero en los órganos representativos nacionales, cuotas mínimas para acceder  al derecho a la representación, la muerte política de los corruptos y la  prohibición de los auxilios parlamentarios que resucita cada gobierno desde su  prohibición constitucional en 1991.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Con el fin de acrecentar la gobernabilidad del sistema  político, se promueve la existencia de partidos políticos nacionales y fuertes.  Para lograr tal propósito se plantea establecer un umbral mínimo para el acceso  a las instancias representativas nacionales. Sin embargo, tal medida dificulta  el nacimiento y expresión de nuevos partidos y movimientos políticos, así como  el acceso a la representación nacional de mayorías meramente locales. Además,  tendría el efecto de evitar que las agremiaciones políticas con base en  reagrupamientos territoriales se fortalezcan al punto de sustituir en  importancia la partición y repartición política del país entre agremiaciones  partidistas nacionales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde el ámbito territorial también se exploran salidas de  reagrupamiento político que superen la tendencia hacia la dispersión y  fragmentación que desató la crisis del Frente Nacional y la propia  descentralización política: la alianza de los 6 gobernadores del sur (Tolima,  Nariño, Huila, Cauca, Caquetá, Putumayo), la asociación entre 63 alcaldes del  Magdalena Medio, el bloque de la costa caribe, las redes políticas entre  representantes del eje cafetero, los acercamientos de la clase política del  norte del Valle y múltiples iniciativas de concertación de políticas y proyectos  entre autoridades municipales a escala metropolitana y provincial.<sup>5 </sup>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Es sintomático y nada casual, que el conjunto de estas  asociaciones, a pesar de los diferentes orígenes y tintes políticos de aquellos  que las conforman, busque desarrollar el ordenamiento territorial estipulado en  la Constitución nacional y que hasta ahora espera su ley orgánica: la creación  de provincias y regiones como entidades representativas y de planeación del  desarrollo. La superación de la crisis del sistema político centralista que creó  el bipartidismo es explorada por agrupamientos con base en intereses políticos y  económicos estratégicos de los territorios de la nación.<sup>6 </sup>    <br>     <br> <b>Descentralización centralista y autonomía local</b>    <br> En virtud de la descentralización fiscal se transfieren cuantiosas sumas del  presupuesto nacional a las entidades territoriales, y la descentralización  administrativa transfiere competencias importantes de la política social,  fundamentalmente la salud y la educación en sus niveles básicos. Los gobiernos  locales se encuentran así fortalecidos económicamente y en tanto administradores  de servicios, instituciones y programas. En correspondencia, se abandonó la  función de ejecución de políticas por los ministerios nacionales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las transferencias han sido la principal estrategia de  descentralización en el campo fiscal, amparadas con la Ley 11 de 1986, y  posteriormente con la Constitución de 1991. En 1990 las principales  transferencias representaban el 2,8 por ciento del PIB. Una década después, en  el año 2000, se elevaron al 4,9 por ciento. Desde la óptica del gobierno central  el derecho adquirido por las entidades territoriales genera una «inflexibilidad»  en el gasto, porque asuntos prioritarios de la agenda económica nacional  quedaron supeditados a los recursos transferidos y al manejo que de ellos hacen  las entidades territoriales. El pacto político consignado en la reforma a la  Constitución en 1991 debilitó el centralismo en tanto, desde entonces, los giros  anuales no han dependido de la voluntad del ministro de Hacienda, ni de una  negociación circunstancial del presupuesto en el Congreso de la República, como  tampoco de la disponibilidad presupuestal o del tamaño del déficit.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Así, la agenda de las autoridades nacionales, que se expresa  en las maneras como entienden el manejo del equilibrio macroeconómico, la  reducción del déficit y el control de la eficiencia del gasto público, dejan de  ser potestad absoluta del poder central. Ahora la consecución de logros de  política nacional es compartida con el devenir mismo de los montos transferidos  y los desempeños de los gobiernos locales y sus empresas públicas. Para afectar  el pacto sellado en la Constituyente de 1991 se requirió de una negociación  política en el Congreso 11 años después (acto legislativo 001<sup>7</sup> y Ley  715 del año 2001), y de una correlación de fuerzas diferentes a las que  avanzaron en la consolidación de la descentralización y del Estado social de  derecho.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El fortalecimiento de las coberturas y la calidad de la salud  y educación pública es el principal objetivo de política social, como quiera que  la educación pasó de representar el 16,20 por ciento de los ingresos corrientes  de la nación en 1990 al 22,74 por ciento en 2002, y la salud pasó del 4,25 por  ciento en 1990 al 9,44 por ciento en 2002.<sup>8</sup> La transferencia de estas  políticas sociales a los gobiernos locales hace depender parcialmente los  resultados obtenidos de las capacidades administrativas, la moralidad, la  relación entre gastos de funcionamiento e inversión y los procesos políticos  locales.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a recursos y funciones, la debilidad de las  autoridades nacionales es solo parcial. En estas materias no es exagerado hablar  de una «descentralización centralista». Los montos girados poseen casi en su  mayoría una destinación específica, con lo cual los mandatarios locales siguen  siendo «agentes pagadores» de rubros nacionales que se ejecutan en su territorio  y sobre los cuales no poseen discreción en el destino de las platas. De igual  manera, los modelos de gestión en salud y educación, como en otras áreas, están  determinados por leyes nacionales, múltiples regulaciones de entidades técnicas  como el Departamento Nacional de Planeación y de los respectivos ministerios.  Las autoridades locales no poseen plena autonomía de gestión sino que  administran, por vía delegada, directrices del orden central. Completa este mapa  la supervivencia de una mentalidad central que tiende a legislar para todas las  entidades territoriales iguales derechos y responsabilidades, lo cual redunda en  acrecentar la estrechez de las posibilidades de innovación en las  administraciones públicas locales. Se ha tratado de compensar la fragilidad de  la autonomía administrativa y fiscal mediante el incremento de los ingresos  locales propios.<sup>9</sup> Mediante este esfuerzo las entidades territoriales  ganan la libertad de decisión sobre la destinación del gasto y sobre modelos de  gestión autónomamente asumidos.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Existe entonces una especie de empate técnico entre el nivel  central y las periferias en materia fiscal y administrativa. Objetivos de  política nacional dependen del desempeño de los gobiernos locales, pero las  autoridades territoriales no poseen discreción sobre montos y competencias. Este  equilibrio inestable ha girado a favor de una re-centralización de recursos y  competencias ante el acoso de un déficit fiscal creciente y una intensificación  del conflicto armado.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La prioridad del gobierno central de reducir el déficit y la  deuda se impuso en la nueva legislación en detrimento del gasto descentralizado.  No obstante, las cifras muestran que en la década de los noventa el gasto total  del Estado creció del 20,3 por ciento como porcentaje del PIB en 1990, al 36,6  por ciento en 1999, lo cual representa un crecimiento de 17,3 por ciento, de  donde sólo el 5,7 por ciento correspondió al gasto público local  (transferencias, deuda y esfuerzo local). De igual manera, mientras la deuda del  gobierno nacional central pasó del 14 por ciento al 30 por ciento del PIB entre  1991 y 1999, la deuda pública territorial pasó del 0,78 por ciento al 2,87 por  ciento del PIB en el mismo período (Cancelado, 2003).     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A pesar de que la responsabilidad del déficit fiscal no fue  de manera prioritaria de los entes territoriales, la agenda de los territorios  fue desplazada para dar cabida a la macroeconómica, lo que en sí mismo  constituyó un intento por volver a la discrecionalidad de imponer prioridades  políticas nacionales para controlar el devenir de los territorios. En este  sentido, la restricción al crecimiento de las transferencias, que afecta la  consecución de metas sociales plasmadas en la Constitución, resulta de una nueva  correlación de fuerzas políticas favorable a la re-centralización que obliga el  ajuste fiscal dispuesto en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.<sup>10 </sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La elección del presidente Uribe avaló el rompimiento de los  diálogos con la insurgencia y se tradujo en una orientación fiscal hacia el  aumento del gasto en seguridad. Sin embargo, fuerzas políticas regionales  expresadas, por ejemplo, en las gobernaciones del sur como en Antioquia,  siguieron animando la posibilidad de la negociación del conflicto armado. Una  traducción fiscal de esta prioridad no necesariamente reduce el gasto total,  pero podría controlar los costos de la confrontación armada a cambio de mantener  las transferencias para salud y educación y realizar (de manera diferente a la  fumigación) la erradicación de cultivos ilícitos por vía manual, por ejemplo, a  través de estrategias de desarrollo económico territorial pactadas en diálogos  regionales.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo anterior pone en evidencia algo que no suele mencionarse,  y esto es que lo que se entiende por inflexibilidad fiscal y las maneras de  realizar el ajuste no obedecen, en todos los casos, a las prioridades de  eficiencia en el gasto, sino que se encuentran determinadas en gran mediada por  opciones políticas con ganadores y perdedores. Las entidades territoriales han  manifestado otras prioridades de política económica, por ejemplo, aumentar los  recursos a disposición de los gobiernos locales, mayores grados de autonomía en  el destino de los recursos y las maneras de realizar el gasto y acrecentar las  competencias en asuntos de orden público. Desde la perspectiva de las entidades  territoriales existe también una queja sobre la inflexibilidad de las  transferencias, que refiere a la incapacidad de distribuir los giros según  prioridades locales inscritas en sus planes de desarrollo.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El manejo de la deuda territorial es también paradigmático  para ilustrar la opción de unas prioridades políticas nacionales sobre otras  posibles. El crecimiento de la deuda territorial en la década de los noventa fue  el resultado de la confluencia de tres factores (Cancelado, 2003). Por una  parte, en virtud del proceso de descentralización fiscal se transfirieron unos  recursos menores a los costos de la administración, prestación de los servicios  y resolución de demandas sociales en las localidades, lo cual forzó un aumento  de la tributación local, emprender procesos de privatización de empresas y  acudir al endeudamiento para financiar el hueco presupuestal entre ingresos y  gastos corrientes.<sup>11</sup> En segundo lugar, debe señalarse que el sector  bancario otorgó generosos préstamos a las entidades territoriales, a tasas de  interés altas y con poco control de las autoridades nacionales; todo amparado en  la certeza de transferencias aseguradas, dinámicas y crecientes. El tercer  factor que explica el crecimiento de la deuda territorial reposa en las  necesidades de legitimación y reproducción de las clases políticas locales. En  la medida en que las transferencias tienen en su mayoría una destinación  específica y que se concentran en la financiación de la salud y la educación,  otras necesidades locales, como por ejemplo, el saneamiento ambiental, la  vivienda y la infraestructura estaban desfinanciadas. Emprender estas obras  requiere de cuantiosas inversiones que el aumento sistemático de los ingresos  propios y las transferencias en la década no suplieron, por lo cual era  inevitable acudir a un alto endeudamiento, especialmente en los municipios y  departamentos más grandes, que son a la vez los que concentraron entre el 60 y  el 70 por ciento de la deuda territorial.<sup>12 </sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora bien, el ajuste fiscal en los territorios acrecentó el  control sobre el gasto local y no afectó la responsabilidad de la nación y el  esquema de transferencias. Más aún, a pesar de que el monto total de la deuda  territorial no comprometía la estabilidad del sector financiero<sup>13</sup> y  de que los grandes deudores eran también grandes recaudadores, el Gobierno  decidió, a través de la Ley 617 de 2000, emprender un vigoroso y exitoso proceso  de saneamiento de las finanzas locales. La ocasión fue aprovechada para impulsar  el paquete general de reformas políticas a la administración pública promovida  por los organismos internacionales y que comparte la alta tecnocracia y la clase  dirigente del país. Esto es, la primacía de los argumentos fiscales y sus  autoridades sobre las consideraciones de la gobernabilidad política,<sup>14</sup>  la privatización de las empresas públicas locales, el debilitamiento de la  fuerza sindical, la contracción de los salarios y la reducción de la burocracia  estatal ligada al área de los servicios, para ahorrar recursos destinados al  pago de la deuda y acrecentar los gastos en seguridad ciudadana y orden público.    <br>     <br> <b>Orden público y reagrupamientos políticos</b>    <br> Un tercer aspecto que ilustra las tensiones entre el nivel nacional y las  entidades territoriales es el manejo del orden público. En virtud de la elección  de los mandatarios territoriales, el presidente ya no nombra a los gobernadores,  ni estos a los alcaldes. Las autoridades locales no son ya «agentes directos del  presidente», con una importante excepción: el orden público. La total  colaboración es exigida y en esta materia la Constitución nacional prohíbe  cualquier protagonismo inconsulto o a contracorriente de las directrices del  presidente.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Dicha facultad permitió al presidente Andrés Pastrana  (1998-2002), declarar la zona de distensión en cinco municipios, sin consulta  alguna con los mandatarios locales. La autoridad de los gobiernos seccionales  fue debilitada, así como de otras instituciones nacionales, como la fiscalía. Al  rompimiento de los diálogos con la insurgencia, los alcaldes y las instituciones  nacionales recuperaron la plenitud de sus funciones. En el gobierno del  presidente Uribe Vélez, elegido en 2002, se han declarado varias zonas de  rehabilitación que exigen la plena colaboración de las autoridades locales con  las directrices del presidente y de las fuerzas armadas, de la cual él es  comandante en jefe.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, esta potestad presidencial tensa a veces las  relaciones con los mandatarios locales. Las autoridades del sur del departamento  de Bolívar impidieron el uso de su territorio para adelantar diálogos con el  Ejército de Liberación Nacional (ELN), lo que impidió concretar el acuerdo entre  el gobierno de Pastrana y la insurgencia en este sentido. Diecinueve alcaldes  del oriente antioqueño adelantaron contactos y después firmaron un acuerdo  humanitario y de protección de la infraestructura local con el ELN, también  durante el cuatrienio anterior. Otras autoridades territoriales hicieron público  acercamientos y diálogos con la insurgencia en sus jurisdicciones, no siempre  con el suficiente conocimiento y consentimiento de la presidencia de la  República. Varios encuentros nacionales de la federación de municipios y de los  gobernadores del país han reclamado mayor protagonismo en la búsqueda de  disminuir la intensidad del conflicto en sus territorios. De la misma manera,  autoridades regionales, como los gobernadores del sur, han desplegado una  diplomacia internacional alternativa al Plan Colombia, mediante la cual proponen  una sustitución manual y voluntaria de cultivos ilícitos dentro de una  estrategia de desarrollo alternativo, en vez de priorizar las fumigaciones y el  sometimiento a la justicia de los cultivadores.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; No es exagerado afirmar que durante los dos gobiernos  anteriores (Samper, 1994-1998 y Pastrana, 1998-2002) se estaba rompiendo  parcialmente con el monopolio presidencial en el manejo del conflicto armado;  tendencia abruptamente interrumpida por el presidente Uribe, el cual parece  haber rehuido toda tentación de fragmentar la unidad de mando del Estado  central. Sin embargo, no es de desconocimiento público que varios líderes  locales siguen reclamando protagonismo y un mayor énfasis a una salida negociada  del conflicto armado, en vez de la opción de escalar la confrontación que impera  hoy.     <br>     <br> <b>El péndulo de las relaciones entre el centro y sus periferias y una línea de  fuga</b>    <br> El breve recuento de la evolución de las tensiones entre el centro y las  periferias deja al descubierto una dinámica que comienza con un importante  protagonismo de las entidades territoriales, y termina con fuertes tendencias  hacia la re-centralización de recursos, facultades y protagonismo político.  Importantes modificaciones políticas y macroeconómicas explican, aunque no  necesariamente justifican, este péndulo.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El comienzo del proceso de descentralización estuvo marcado  por una clara voluntad de «apertura democrática», bajo el gobierno de Belisario  Betancur (1982-1986), conforme a la cual se firmó un acuerdo de cese al fuego  con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), se aminoró la  criminalización de la protesta social, se estableció la elección de alcaldes y  se transfirieron recursos y funciones a las entidades territoriales. Con  posterioridad, durante el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990), y a pesar del  rompimiento de los acuerdos con las FARC, se firmó la paz con cinco movimientos  insurgentes (M.19, EPL, Quintín Lame, PRT y una fracción del ELN) y se decidió  la convocatoria a una asamblea constitucional. La Asamblea de 1991 se declaró  omnímoda para reformar la Constitución y se convirtió en el escenario  constituyente más representativo y plural desde el comienzo de la república.  Durante ese lapso, y su extensión hasta 1995, el PIB creció,<sup>15</sup> lo  cual permitió la financiación de las transferencias, al tiempo que se acrecentó  el gasto del nivel central.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A finales de la década de los noventa el escenario era otro.  El crecimiento se detuvo, el déficit nacional se ahondó y el endeudamiento  externo e interno creció, tanto en el orden central como territorial.<sup>16</sup>  A finales del gobierno de Pastrana se rompieron los diálogos con las FARC, en un  escenario de escalada de la guerra. La insurgencia y la contra-insurgencia han  hecho uso de los recursos del narcotráfico para financiar una fuerza armada cada  vez mayor, con presencia territorial extensiva, capacidad de presión sobre los  gobiernos locales, los recursos y funciones descentralizadas, y la economía  pública y privada. Los cambios en la coyuntura económica y política fueron  propicios para alimentar una correlación de fuerzas que tiende a fortalecer el  centralismo y acomete el recorte de las transferencias, el control sobre su uso,  la restricción a la relativa autonomía local<sup>17</sup> y la recuperación del  monopolio presidencial en el manejo del orden público y las relaciones con la  insurgencia y los paramilitares.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuatro argumentos se utilizan para justificar el  fortalecimiento de centro sobre las periferias. El déficit fiscal, para cuya  reducción se acude al recorte de las transferencias. El orden público, en virtud  del cual se aumenta el celo y control central sobre recursos, funciones y  prerrogativas de las autoridades locales.<sup>18</sup> El logro de la eficiencia  y moralidad del gasto, que realza la inmoralidad de los gobiernos locales.  Finalmente, los acuerdos de integración se evocan para socavar las regulaciones  nacionales y competencias locales que entraben la plena libertad de los  inversionistas.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, la dinámica abierta por la redefinición de las  relaciones entre el centro y las periferias no se ha revertido simplemente. La  importancia de las entidades territoriales está inscrita de manera profunda en  la realidad nacional. Empieza a experimentar la necesidad de un nuevo  ordenamiento territorial. Y pretende rediseñar el mapa de la representación  política y las facultades de intervención de los poderes públicos en la  planeación del desarrollo, así como, los servicios prestados a la población.</p>     <p align="justify" style="line-height: 150%"><b>Agrupamientos político-territoriales y desarrollo    <br> </b>El modelo de desarrollo centralista concentró los recursos públicos y  privados en cuatro grandes ciudades (Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla) y  algunos centros agroindustriales, mineros y energéticos. Concentración  territorial y centralización social del desarrollo son las dos caras del legado  de un siglo de centralismo. El resto del territorio estuvo desprovisto de  importantes inversiones, por lo cual, hasta el día de hoy, inmensas zonas del  país están insuficientemente desarrolladas, sus mercados son incipientes y  desconectados entre sí en el ámbito local y, con más veras, respecto de mercados  internos y externos importantes. La mayoría del territorio nacional carece de  adecuada infraestructura de comunicaciones por tierra, agua, aire y medios  virtuales, así como de instituciones fuertes de apoyo a la actividad económica.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En la última década del siglo XX la apertura económica, el  ajuste estructural y la reforma del Estado tuvieron impactos diferenciados sobre  los territorios nacionales. Bogotá, Antioquia y Valle siguen aportando la mayor  contribución al PIB nacional, aunque su peso diminuyó un poco, a favor de la  actividad económica en otros territorios. Los departamentos que por su actividad  económica dependen de los precios externos, tales como Caldas, Risaralda y  Quindío, perdieron participación dentro del PIB porque su producto de  exportación, el café, diminuyó de precio en el mercado internacional, mientras  otros, cuya producción estuvo volcada al mercado interno, como los departamentos  de Córdoba, Boyacá y Tolima, no sufrieron sustanciales modificaciones en su  participación en el producto interno bruto (v. <a href="#CUADRO1"> cuadro 1</a>). Si consideramos el  índice de competitividad entre departamentos, se aprecia que Huila y Nariño  diminuyeron su posición, mientras Cauca se mantuvo en los últimos lugares. Tal  desempeño explica, parcialmente, la agremiación política de los gobernadores del  sur (DNP, 2003a).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, el índice de línea de pobreza tuvo un  decrecimiento general en todo el territorio nacional, pasando del 50 por ciento  al 60 por ciento entre 1997 y el año 2000. Sin embargo, mientras en el  departamento de Atlántico se deterioró en un 20 por ciento, Sucre solo sufrió  una desmejora del 1,4 por ciento (v. <a href="#CUADRO2"> cuadro 2</a>). En términos generales, los  departamentos cuya actividad económica está más relacionada con la variación de  precios externos experimentaron una fuerte retracción en la calidad de vida de  su población, mientras que aquellos volcados a mercados locales mantuvieron su  condición en la década. Esto demuestra que en Colombia, como en otros países del  Tercer Mundo, el impacto de la apertura afecta más aquellos cuya producción se  relaciona con el mercado internacional, que a los que se encuentran volcados a  los mercados locales. Enseñanza importante que nos señala dos lecciones.  Primero, que la inserción al mercado mundial provoca grados crecientes de  vulnerabilidad. Segundo, que los mercados locales son importantes a pesar de la  apertura y los tratados de integración.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, los efectos de la apertura económica en la  década de los noventa demuestran deterioro de la balanza comercial (diferencia  entre importaciones y exportaciones) en todas las regiones lo cual generó altas  tasas de desempleo y crecimiento de la línea de pobreza (v. <a href="#graf1"> gráficos 1</a> <a href="#graf2">2</a>, <a href="#graf3">3</a>, <a href="#graf4">4</a>,&nbsp; <a href="#graf5">5</a> y <a href="#CUADRO2">  cuadro 2</a>). No obstante la reducción de las necesidades básicas insatisfechas fue  permanente en la década, como resultado de un histórico, permanente y creciente  gasto público (v. <a href="#CUADRO3"> cuadro 3</a>). Los departamentos más rezagados mejoraron sus  guarismos frente a los más desarrollados. Así, mientras que el departamento de  Caquetá tuvo una disminución porcentual del 36 por ciento en el índice de  necesidades básicas insatisfechas, la ciudad de Bogotá sólo logró un 5 por  ciento (v. <a href="#CUADRO3"> cuadro 3</a>). Entre 1997 y el año 2000, el departamento de Risaralda,  ligado a actividades externas, empeoró en un 13 por ciento su línea de pobreza,  mientras Córdoba, más ligado al mercado interno, solo lo hizo en un 1,5 por  ciento (v. <a href="#CUADRO2"> cuadro 2</a>). Aunque debe advertirse que mientras Risaralda era en 1997  un departamento con un nivel de ingresos de su población por encima de la media  nacional, Córdoba ha sido uno de los departamentos con mayor cantidad de pobres  del país.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las diferencias entre departamentos y regiones en cuanto a  crecimiento, línea de pobreza y necesidades básicas insatisfechas demuestran los  impactos diferenciados de las reformas en los territorios en relación con la  vulnerabilidad de la inserción a mercados internacionales. Mañana, el desarrollo  de la integración profundizará estas diferencias territoriales. Interesarán más  las ciudades y las regiones que el mercado nacional, para atraer las inversiones  y vincularse al mercado internacional. Por lo tanto, la agenda del desarrollo  local se convertirá en una variable principal para el desempeño económico y el  bienestar dentro de los territorios.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La transferencia de recursos y competencias no contrarían la  tendencia «natural del mercado a su concentración» y a la diferenciación  territorial en niveles de bienestar y calidad de vida. Es por ello que los  agrupamientos políticos con base en territorios aspiran a la «descentralización  del modelo de desarrollo», a hacerse de nuevos recursos que les permitan  fecundar los mercados locales, presionar la ampliación de las coberturas de  infraestructura, desarrollar investigaciones en ciencia y tecnología sobre  activos regionales, crear la capacidad de negociar la captación de inversiones  en un mundo más integrado, retener partes del excedente de grandes proyectos  para aumentar coberturas de servicios públicos y apoyar actividades económicas  propias.     <br>     <br> <b>Descentralización, integración y desarrollo</b>    <br> La pregunta básica que se aborda en este aparte es aquélla que plantea el  interrogante sobre las relaciones entre el proceso de descentralización y el  desarrollo en un contexto acrecentado de integración: ¿debe el itinerario de la  descentralización, es decir, las competencias de los gobiernos y las entidades  territoriales limitarse fundamentalmente a la administración de las políticas  sociales que han sido transferidas? Sí, responden algunos, argumentando que los  asuntos del desarrollo económico se establecen básicamente a través de las  negociaciones comerciales de integración, las cuales no deben sufrir  modificaciones de parte de las entidades subnacionales. En esta perspectiva, las  entidades territoriales no pueden inmiscuirse en asuntos de desarrollo  económico, debido a que las decisiones de inversión sólo son eficientes si las  toma el mercado, entendido éste básicamente como los inversionistas. En últimas,  «al mercado internacional no le interesa la descentralización» que dote a las  entidades territoriales de facultades en asuntos económicos. Dicho mercado sería  enemigo de un pluralismo normativo y de regulación en diferentes localidades  porque ello se opondría a la libertad de circulación del capital, aumentaría los  costos de transacción y la inestabilidad normativa e impediría los derechos a la  libre competencia.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Este enfoque tiene la ventaja de la claridad y de optar por  una cartografía sencilla: al mercado los temas del desarrollo y a las entidades  territoriales las políticas de servicios sociales. Nosotros disentimos de esta  perspectiva por cuatro motivos principales. Primero, porque es necesario  fortalecer las condiciones que permitan competir a los espacios territoriales en  mercados integrados. Segundo, porque la integración, e incluso «el libre  comercio», se realizan a través de intervenciones políticas de diversas  instancias estatales desde el momento mismo de la negociación. Tercero, porque  es factible y defendible construir opciones de desarrollo en un mundo  globalizado. Y, cuarto, porque podría facilitar un desenlace a la crisis  política y la confrontación armada.     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>El desarrollo, algo más que macroeconomía y mercado</b>    <br> Una amplia literatura se ha consagrado a explicar por qué algunos países y  regiones se desarrollan y otros no.<sup>19</sup> Muchas son las enseñanzas  aprendidas. Entre ellas, la consideración de que el desarrollo se alcanza no  únicamente por la garantía de unas condiciones de estabilidad macroeconómica y  sanas políticas sectoriales, sino además por variables territoriales. Es decir,  por la cercanía o lejanía a recursos y mercados, por la existencia de una  infraestructura adecuada, una fuerza laboral formada, bajos niveles de  conflictividad social, la estabilidad política, institucional y normativa, la  audacia de sus dirigentes e inversionistas y una especie de propósito, visión,  identidad o civismo de los habitantes, entre otros factores.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La naturaleza, las condiciones físicas creadas, el  conocimiento, la política, las instituciones, los liderazgos locales y hasta la  cultura cuentan. La atracción de la inversión propia y externa en los  territorios depende de causas endógenas que completan los condicionantes  exógenos. Es por eso una abstracción fantasmagórica pretender que el mercado se  vale por sí mismo para generar crecimiento. Menos aún si consideramos la opción  del bienestar y de la democracia, las cuales requieren del desarrollo económico,  pero no resultan automáticamente de él.    <br> El sector más lúcido del empresariado colombiano lo sabe y por ello empieza a  inmiscuirse en la discusión y liderazgo departamental sobre el desarrollo  territorial. La representación gremial de los empresarios a escala nacional es  completada por el estudio de los activos territoriales, la búsqueda por afectar  las variables institucionales y políticas del desarrollo local, la formación del  recurso humano, las investigaciones en ciencia y tecnología que sus regiones  requieren y las condiciones de seguridad para la actividad económica.  Gobernadores, universidades, centros de investigación, consultoras, movimientos  sociales y políticos locales participan con desigual liderazgo en estos  ejercicios, todavía incipientes y, en casos, muy normativos, que no se traducen  aún en políticas y programas, planes de desarrollo y de gobierno.<sup>20 </sup>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Grados crecientes de integración de la economía no conllevan  la homogeneidad en los índices de desarrollo y bienestar entre las naciones y al  interior de ellas, entre territorios y ciudades (Puyana, 2003; Umaña, 2002). Por  el contrario, unas regiones ganan y otras pierden. En este contexto se plantea  el reclamo de «territorializar» algunas políticas públicas que afectan las  posibilidades de desarrollo territorial.     <br>     <br> <b>Desarrollo y opciones políticas</b>    <br> El profesor de la London School of Economics, John Gray (1998), escribió un  libro muy aleccionador sobre el funcionamiento del capitalismo en estos tiempos  en los que se reclama el imperativo de los mercados libres. La tesis central es  que no existe un solo capitalismo, sino muchos (Gray, 2000). El desarrollo  histórico del capitalismo no ha construido idénticos Estados, instituciones y  sistemas políticos en todas partes. La tendencia al «libre mercado» no contraría  esta realidad, por el contrario, cada sociedad aporta respuestas específicas a  la extensión del mercado: en Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Japón, China,  Rusia y los una vez llamados «tigres asiáticos». Entre otras cosas, Gray  comprueba la persistencia de formas de intervención política a los mercados  nacionales y a la inserción en la economía mundial de cada uno de esos países.  El bagaje histórico, los valores nacionales, las características propias de los  mercados locales, las especificidades institucionales y los procesos políticos  concurren en dibujar un panorama mundial de diversas sociedades de mercado y no  una sola e idéntica, que correspondería a un supuesto e inexistente mercado  libre global de bienes y servicios, sin regulaciones nacionales, regionales y  trasnacionales.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Joseph Stiglitz sostiene que el FMI impone diagnósticos y  políticas uniformes a los países que se ven constreñidos a su aval para acceder  al mercado financiero internacional. El resultado: desconoce los procesos  económicos nacionales, no previene las crisis, sino que las profundiza, defiende  los beneficios de los acreedores internacionales en detrimento del crecimiento  económico interno y suplanta y debilita las instituciones de la democracia.  Stiglitz recomienda abocarse al estudio de las economías nacionales, defender  los procesos de concertación nacional en búsqueda de acuerdos de ajuste que no  sacrifiquen el desarrollo, y trabajar en la necesidad de políticas activas de  sostenimiento de los mercados nacionales que maximicen el empleo. Sobre todo,  argumenta la necesidad de fortalecer las instituciones democráticas en cada país  de cara a encubar potencialidades de nuevos productos y procesos económicos para  competir en mercados internacionales. En una frase: se trata de crear  condiciones políticas para definir el modelo de desarrollo económico de cada  país en un mundo cada vez más globalizado (Stiglitz, 2002).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los análisis del profesor alemán Ulrich Beck señalan que a  pesar de la globalización no vamos hacia un mundo sin gobierno, que sería  desplazado por las fuerzas anónimas del mercado, ni tampoco hacia la  construcción de un Estado global (Beck, 1998). Empresas transnacionales, redes  sociales y de activistas globales, regulaciones e instituciones supra estatales  compiten con los tradicionales actores económicos, políticos y sociales  nacionales en el devenir del desarrollo y de la democracia a escala global y en  cada país. El profesor egipcio Samir Amin presenta una visión panorámica del  todo el siglo XX y concluye con la caracterización de varias regiones económicas  en el mundo, algunas más integradas que otras por instituciones y acuerdos  comerciales, productivos, financieros y pactos sobre diferentes políticas  sociales (Amin, 1999). Amin reclama fortalecer la construcción de instituciones  representativas y de políticas sociales, laborales, de migración y de medio  ambiente, que complementen la prelación otorgada a los acuerdos comerciales,  productivos y monetarios.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La extensión y características del mercado no excluyen  entonces a los Estados, la política y a diferentes actores sociales, culturales  y étnicos, como tampoco a los credos y activistas religiosos,<sup>21</sup> de  intervenir en las posibilidades y características del desarrollo, incluso  entendido él en su acepción más estrecha, como meros indicadores económicos.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los profesores Georges Benko y Alain Lipietz (1994)  documentaron, para el caso europeo, las variables que explican el hecho de que  unas regiones ganan y otras pierden en los procesos de reestructuración  productiva y de integración supra nacional. La Red Iberoamericana de  Investigadores en Globalización y Territorio ha realizado siete eventos que  documentan los impactos diferenciados de los procesos de apertura e integración  en ciudades, fronteras, municipalidades, departamentos y regiones.<sup>22</sup>  Dos conclusiones de estos estudios nos interesan aquí. Los nuevos desarrollos  del mercado no producen impactos homogéneos en todos los territorios. Por el  contrario, crean nuevas fragmentaciones, zonas excluidas e integradas,  poblaciones deprimidas donde se generaliza el desempleo y la desesperanza, y  otras en las que se incentivan dinámicas de crecimiento del empleo y la  actividad productiva. La segunda: una variable no desdeñable que interviene  sobre los resultados desiguales en el desarrollo territorial son la política  pública, los procesos políticos locales y las decisiones empresariales que en  ellos se toman.     <br>     <br> <b>Gobiernos locales y desarrollo</b>    <br> En este contexto, las entidades territoriales pueden optar por diferentes  políticas públicas que afectan los grados y características del desarrollo así  como las maneras de insertarse en la economía internacional. En países federales  como EE UU y Brasil se confrontan diversos modelos de desarrollo y de gobierno  entre ciudades; en Europa, la integración supranacional de mercados está  acompañada de procesos de diferenciación del desarrollo entre ciudades y  regiones y de facultades de política económica en esas entidades territoriales;  en Colombia, el proceso de descentralización comienza a mostrar resultados en  cuanto a maneras diferentes de realizar políticas públicas que afectan el  mercado. A manera de ilustración evocaremos algunas opciones que confrontan  diversas ciudades en temas que afectan las posibilidades y características del  desarrollo y los tipos de inserción diferentes a mercados externos.<sup>23 </sup>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; No existe una opción inevitable de privatizar empresas  públicas locales; algunas entidades territoriales garantizan la eficiencia  financiera y social de tales empresas, mientras otras las conducen a la quiebra  y deben privatizarlas. Muchas son las opciones para privatizar empresas  públicas. Se puede trocar el monopolio público por otro privado, o privilegiar  la venta parcial o total de las empresas a sus trabajadores, o a los usuarios, o  situar acciones al público en general.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Unos gobiernos optan por regulaciones estrictas a las  emisiones de industrias o del transporte urbano, otros son más laxos. Los planes  de desarrollo pueden ser elaborados por técnicos, formularse exclusivamente como  ejercicio de repartición de rentas y proyectos entre fracciones políticas, o  pactarse primordialmente con la clase empresarial, e incluso se populariza en  varias ciudades de América Latina la elaboración participativa de los planes de  desarrollo y de los presupuestos de inversión. Un gobierno puede privilegiar los  controles institucionales al gasto y los funcionarios, otros incentivan  controles sociales y comunitarios. Algunas ciudades optan por la construcción de  grandes autopistas en su interior, otras por la preservación de espacios  históricos y la salvaguarda de la infraestructura de sus barrios. La solución al  transporte masivo puede tener énfasis en el sector privado, o público, en  grandes sistemas pesados o circuitos descentralizados, en empresas grandes o  cooperativas pequeñas de transportadores.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los gobiernos se financian mediante tasas impositivas más  fuertes al sector empresarial, o al consumo privado de servicios por los  usuarios. La competitividad de la ciudad puede buscarse en la reducción de los  costos salariales, o en la generación de actividades que maximicen el empleo y  la capacidad de consumo de sus habitantes. Las estrategias de seguridad  ciudadana pueden privilegiar respuestas más represivas o más preventivas y  educativas. Y así sucesivamente…    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La intervención del Estado en el mercado es tanto indirecta  como directa (Von Haldenwang, 2001). Indirecta en cuanto establece políticas  ambientales, regula las privatizaciones, la ocupación del espacio público, la  seguridad ciudadana y las relaciones laborales. Directa, en la medida que  establece políticas tributarias, de investigación tecnológica, capacitación  laboral, de estudios sobre mercados potenciales y puede desplegar instrumentos  crediticios discrecionales.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>La «territorialización» de las políticas públicas</b>    <br> Dos conclusiones arrojan las consideraciones anteriores sobre el desarrollo  espacial. Por una parte, la apertura económica y el ajuste estructural de la  economía tienen efectos diferentes sobre el crecimiento, el empleo y el  bienestar en los espacios subnacionales. Por otra, las políticas de los  gobiernos locales inciden en los mercados y los modelos de desarrollo  territorial. Se presume que los acuerdos de integración no tendrán efecto  diferente al de profundizar esta evidencia. En este contexto, debería actuarse  nacionalmente con un mayor enfoque territorial y dotar a las entidades  territoriales de crecientes instrumentos de política económica.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Un enfoque nacional de desarrollo que considere de manera  prioritaria el devenir de los diferentes territorios supone la elaboración de  una porción del presupuesto de inversiones por departamentos y regiones; no como  simple ejercicio contable, sino como expresión del derecho real de los  diferentes territorios de participar en la repartición de las inversiones y  decisiones de política pública sobre el desarrollo y la integración. Es  inevitable que el logro de tal cambio presupuestal requiera importantes  transformaciones políticas e institucionales en el ámbito nacional. Una  representación regional en órganos legislativos y regulatorios nacionales se  completaría con el fortalecimiento de las funciones de dichos órganos en las  localidades y la creación de ellos en las regiones. También con una  representación más adecuada de los diferentes territorios en los órganos de  decisión económica y administrativa del Estado.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Hasta ahora la perpetuación del centralismo lo impide. Las  clases políticas y empresariales de los departamentos fuertes, como Antioquia y  el Valle del Cauca, han colonizado las instancias técnicas y gubernamentales  estratégicas, lo cual se refleja en decisiones de inversión. También debe  superarse la mentalidad centralista que pulula en la media y alta tecnocracia  del Estado y que se materializa en un fuerte paternalismo, autoritarismo y  desconfianza respecto de los habitantes y representantes locales. El  conocimiento así producido privilegia una lectura centralista que se encuentra  reflejada en los estudios nacionales y sectoriales de desarrollo y de las  empresas estatales, los cuales no tienen consideración de las entidades  territoriales en las que se ejecutan tales directrices (DNP, 2003a). El  presupuesto, el sistema político, las instituciones y la mentalidad centralista  deben romperse si se desea avanzar hacia una país más integrado, es decir, aquel  que garantice un equilibrio mayor en la representación de intereses de todos los  territorios en las decisiones de inversión pública.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Un desarrollo nacional que tenga más en cuenta la diversidad  de los territorios que la componen implica también la «territorialización» de  las políticas públicas. Las competencias de la descentralización no pueden  seguir siendo uniformes para categorías de municipios y departamentos tan  dispares en posibilidades de desarrollo institucional y económico. También, es  imperativo revisar el carácter tutelar tan fuerte del proceso de  descentralización colombiano. La «descentralización centralista» impide la  autonomía de las entidades territoriales al punto que no se les puede  responsabilizar completamente de los desempeños logrados a partir de la  transferencia de recursos y funciones. Múltiples leyes nacionales, la  intervención de los ministerios y de los órganos técnico financieros sobre los  gobiernos locales, coartan su libertad, determinan el destino de los recursos y  los modelos de gestión que deben adoptar en la prestación de las funciones y  competencias descentralizadas. Por lo tanto, la responsabilidad por los  productos de la descentralización sigue siendo incierta, ya que en buena parte  los resultados en salud y educación son imputables al crecimiento del gasto  nacional en estos sectores y a los modelos de gestión dictados desde la nación  (Rojas, 2002).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Suele afirmarse, con razón, que las transferencias de  recursos en virtud de la descentralización, son el mecanismo fundamental de  redistribución de recursos implementado por las políticas públicas. Mecanismo  perfectible, claro está, pero con una orientación diametralmente opuesta a la  política tributaria que contraría toda intención de equidad social. Por el  contrario, acrecienta la presión impositiva sobre los consumidores,  independientemente de su capacidad adquisitiva, y acude a la retención en la  fuente a los salarios de los trabajadores, al tiempo que logra aminorar el peso  relativo en la financiación del Estado por los impuestos al capital y a la  renta. Si verdaderamente se desea consolidar la descentralización fiscal como  estrategia de equidad social, el origen de la bolsa de las transferencias  debiera provenir de un porcentaje de los impuestos a la renta y complementarios  y de un porcentaje directamente proporcional al PIB de los departamentos.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por otra parte, una «descentralización para el desarrollo»  requiere mover la frontera de la transferencia de la política social básica a  los gobiernos locales, hacia la territorialización de parte de la política  económica que incide directamente en el desarrollo territorial.<sup>24</sup> En  ocasiones los grandes proyectos de inversión tienen impactos territoriales  mayores al conjunto de la actividad económica local. Las entidades territoriales  y los diferentes liderazgos políticos, empresariales y sociales tienen el  derecho de participar de las decisiones, administración y vigilancia de asuntos  que tan dramáticamente afectan la vida local. Lo mismo puede afirmarse tanto de  las decisiones de inversión en infraestructura, como del manejo de los recursos  naturales. La recepción de regalías, y los subsidios que tales empresas aportan  a las regiones que los acogen, perpetúan un centralismo paternalista e impiden  la asunción plena del desarrollo territorial por las fuerzas vivas locales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La tecnocracia central suele quejarse de la alta dependencia  que los presupuestos locales tienen de las transferencias nacionales: prueba  reina de la supuesta «pereza fiscal» que explicaría la ineficiencia de los  gobiernos locales.<sup>25</sup> «De lo que no nos cuesta, hagamos fiesta», es el  adagio popular adoptado por la finura del conocimiento de la racionalidad  centralista. Tal postura es indemostrable empíricamente y falaz teóricamente.<sup>26</sup>  Si existe tal dependencia es porque hay un centralismo tributario en virtud del  cual el nivel central se reserva los mayores impuestos. ¿Y si se repartieran de  nuevo los impuestos entre el nivel central y las entidades territoriales, como  ha reclamado en varias ocasiones el gremio de los gobernadores? Además, ¿por qué  no pensar en la posibilidad de otorgar mayor libertad tributaria a las entidades  territoriales? Las facultades tributarias pueden ser un excelente mecanismo para  generar incentivos al desarrollo empresarial local, también pueden usarse para  estimular el crecimiento de organizaciones no gubernamentales que promuevan el  desarrollo social, o para cualquier otra opción de desarrollo libremente  decidida localmente.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La investigación en ciencia y tecnología es un asunto  estratégico para el logro del desarrollo. Es de vital interés que cada una de  las regiones que componen la nación posea centros de investigación tecnológica  en los que concurra la financiación pública y privada, del gobierno central y de  los territorios, y que estén orientados a establecer alianzas con inversores,  centros de investigación y mercados internacionales. En el mismo orden de ideas,  la «territorialización» de la capacitación laboral es imperativa para formar una  fuerza de trabajo orientada al desarrollo del conocimiento y manejo de los  activos territoriales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por último, uno de los más grandes problemas nacionales es la  concentración de la propiedad de la tierra y la colonización espontánea del  territorio que destruye grandes áreas naturales. La lucha armada en el campo,<sup>27</sup>  los relativos altos precios de los productos agropecuarios y los bajos niveles  de tributación de este sector, estarían relacionados con la ausencia de una  reforma agraria. Para resolver parte de las causas estructurales de la guerra y  el subdesarrollo, es imperioso construir un acuerdo nacional capaz de imponer  programas regionales de reforma agraria.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <b>Ordenamiento territorial y desarrollo </b>    <br> Partimos de la búsqueda de una relación más estrecha en los territorios entre  mercados, instituciones técnicas de regulación, formulación de políticas  económicas y los sistemas representativos. Esto con el fin de acrecentar las  posibilidades de generar un debate público y una contienda política sobre el  tipo de desarrollo que se desea, y sobre las condiciones que se confrontan ante  los electores como requisitos para lograrlo. La contienda electoral podría  refrendar o castigar las opciones políticas, a partir de la capacidad de generar  niveles y características específicas de desarrollo. Una mayor correspondencia  entre el mapa electoral y las instituciones con el mercado articularía con mayor  provecho las políticas económicas, tributarias, de infraestructura y de ciencia  y tecnología a las redes e iniciativas de facto que integra el mercado, y a los  desarrollos potenciales que se opten. Se trata de acercar la tríada: democracia,  instituciones y desarrollo.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; ¿Pero cuáles son las entidades territoriales receptoras de  las facultades de intervención sobre el desarrollo territorial que aquí se  recomiendan? Dicho de otra manera: ¿cuál es el ordenamiento territorial más  adecuado para complementar la descentralización administrativa con las políticas  de desarrollo territorial? La manera más fácil de errar en la respuesta es  otorgar exclusivamente a los municipios, o a las provincias, o a los  departamentos, o a las regiones, tales facultades. Suele afirmarse, con razón,  que algunos municipios no son capaces de sufragar los costos de su propia  administración, menos aún tendrían capacidad de estimular y financiar políticas  de desarrollo. Pero existen otros con capacidad económica y técnica de poder  hacerlo. Se defiende que los departamentos podrían intervenir de manera más  resuelta en algunas variables de desarrollo y estimular en su interior alianzas  supra municipales para la prestación de servicios y planes de superación de la  pobreza, entre otros asuntos. También se afirma que para ciertas cuestiones  estratégicas el nivel departamental es un espacio territorial pequeño. En  cambio, se señalan eventuales agrupamientos regionales como los más adecuados  para integrar estructuras viales, la explotación sostenible de recursos  naturales a partir de ecosistemas estratégicos y grandes proyectos de inversión.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El mercado suele ser más dinámico que la tendencia a la  perdurabilidad de las instituciones de regulación, y las instancias de  representación electoral son aún más perennes. Por ejemplo, en Colombia, el  ordenamiento territorial en departamentos y municipios está vigente desde 1986,  es decir, ha sobrevivido a múltiples cambios en los modelos de desarrollo e  inserción a la economía mundial. No es recomendable, entonces, casarse con una  sola instancia de intervención en el desarrollo económico. Lo más prudente es  apelar a las capacidades reales de diferentes entidades territoriales de  intervenir en el estímulo y características del desarrollo territorial. Es  decir, en principio, todas podrían aspirar a tener facultades de política  económica, no de manera obligatoria, sino a partir de una demanda expresa, de la  comprobación de capacidades propias y del sometimiento a una refrendación  pública local. Las asociaciones entre municipios, eventuales provincias,  departamentos y regiones podrían ser el mecanismo más adecuado para estimular  alianzas hacia el desarrollo territorial.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las regiones, constituidas por alianzas libres entre  departamentos, podrían ser los lugares estratégicos a partir de los cuales se  estimulen las agrupaciones intra regionales y se articule la planeación  territorial del desarrollo a partir de la delegación, por la nación, de  facultades legislativas y de regulación.<sup>28</sup> Se trata de construir una  geografía abierta y flexible de facultades en el desarrollo territorial basada  en un principio de subsidiaridad y coordinación. Categorizar municipios y  departamentos, mañana provincias y regiones, es una manera de acercarse a la  construcción de un ordenamiento territorial flexible que genere incentivos a la  asunción de facultades de desarrollo por categorías de entidades territoriales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, advertimos que desatar la competencia entre  ciudades y demás entidades territoriales –en medio de la guerra y grandes  disparidades territoriales en los índices de crecimiento y bienestar– es un  sendero seguro hacia el debilitamiento irreversible del Estado y el rompimiento  de los lazos de la solidaridad entre regiones. ¿Cómo profundizar entonces la  descentralización productiva sin comprometer la unidad nacional? La visión  tradicional de la cuestión territorial recomienda desplegar políticas  distributivas por la vía asistencial, y desatiende de tal manera estrategias  tendientes a detectar y fecundar mercados locales, potencialidades y recursos  endógenos en las regiones con base en los cuales construir políticas de  desarrollo espacial. Aquí nos adscribimos a otra perspectiva. Un fondo de  compensación regional y políticas activas de transferencia de tecnología e  inversiones son el complemento indispensable de acrecentados niveles de  descentralización para el desarrollo. De igual manera, es deseable la creación  de un fondo de reestructuración productiva para las regiones que financie nuevas  industrias y productos y apoye la reestructuración empresarial, y de los  procesos comerciales y financieros existentes en las regiones.<sup>29</sup>  Sensato sería, además, crear sistemas de información territorial sobre los  mercados locales y sus relaciones con demandas y ofertas productivas,  tecnológicas, administrativas y de consumo de mercados regionales e  internacionales. Ello con el fin de estimular la definición territorial de  políticas de innovación y desarrollo productivo y empresarial. El reto, fácil de  enunciar y difícil de lograr, es el de «endogenizar» el desarrollo, es decir,  generar el ambiente local que atraiga inversión de origen exógeno con base en  una dinámica atractiva de encadenamientos productivos locales. No se trata de  «importar el desarrollo desde afuera» mediante inversiones exógenas, sino de  incentivar el desarrollo endógeno que requiere instituciones, actitudes,  dinámicas y encadenamientos locales de desarrollo.<sup>30 </sup>    <br>     <br> <b>Ordenamiento territorial, desarrollo y proceso de paz</b>    <br> ¿Tiene el centralismo alguna incidencia en las causas del conflicto armado y  podría un nuevo ordenamiento territorial ayudar a su posible resolución? Es  posible que sí.<sup>31</sup> El centralismo concentró la actividad económica,  los recursos públicos, la infraestructura, el empleo, los subsidios, las  políticas sociales, las instituciones y la fortaleza de los representantes  políticos en ciertos territorios, en detrimento de otros. Los jefes de la  insurgencia lo han afirmado una y otra vez, se sienten expulsados de la política  y del desarrollo.<sup>32</sup> Los territorios originales y de extensión de sus  bases sociales se confunden con aquellos que padecen la precariedad de la  presencia estatal y el subdesarrollo del mercado.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante el gobierno de Betancur, la elección de mandatarios  locales y la transferencia de recursos y funciones de política social hacia los  gobiernos locales fue públicamente justificada por el gobierno nacional como  construcción de condiciones para la inserción del movimiento armado a la vida  institucional. Todos los movimientos insurgentes que se han desmovilizado se han  volcado hacia los gobiernos locales. No obstante, las elecciones seccionales se  han convertido en un escenario propicio para la escalada de la confrontación  armada, precisamente por el interés de incidir en la vida política local y la  administración de las instituciones, recursos y funciones descentralizadas. Una  eventual negociación política del conflicto armado encontrará en la  descentralización acometida hasta ahora una oportunidad para asentar un pacto de  paz.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Sin embargo, las FARC y el ELN han manifestado que su interés  no está solamente en los gobiernos locales, ni tampoco en convertirse en  movimiento político. Ellos son críticos de los alcances logrados por los  llamados procesos de paz anteriores en la transformación del poder en Colombia.  No reconocen modificaciones en el modelo de desarrollo y en la distribución de  la riqueza. En ello reside, sin duda, una de las razones por las cuales se  empantanó de manera temprana el esquema de diálogo entre el gobierno del  presidente Pastrana y las FARC. Para sectores importantes del Gobierno y de los  gremios económicos, el horizonte de la negociación era la inserción del  movimiento insurgente a la vida política nacional. Para la insurgencia este  escenario solo sería posible si estuvieran derrotadas. Para ellas, el objetivo  de la negociación, que condiciona el fin de la confrontación, es la acometida de  reformas al modelo de desarrollo y del Estado colombiano.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por esta razón, las propuestas aquí avanzadas, en el sentido  de trascender la descentralización hacia las facultades de desarrollo  territorial, están pensadas como complemento necesario a una negociación  política del conflicto armado. Como dice el personaje de Morfeo en la cinta  cinematográfica Matrix, «lo importante no es qué, sino cuándo» y en  seguida, describe el cómo de ese cuándo. Es decir, el impacto de adoptar  políticas de desarrollo territorial a través de un nuevo ordenamiento podría ser  benéfico si se articula con la salida negociada al conflicto armado. De lo  contrario, se daría un resultado similar al que ha tenido la descentralización  hasta ahora, exacerbar, a una escala mayor, los enfrentamientos armados. Es  posible que el desenlace de la guerra defina un definitivo ordenamiento  territorial para las generaciones futuras.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De la misma manera, el imperativo de aumentar la  federalización ganaría en impacto si se acompaña de acuerdos de integración  fronterizos y regionales que incluyan la construcción de escenarios  representativos, políticas de compensación regional como en Europa y programas  sociales. Lo contrario, es decir, niveles mayores de descentralización del  desarrollo combinados con la intensidad de la integración comercial con EE UU y  el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), puede volver más precaria la  capacidad de negociación de cada entidad territorial con los inversionistas  nacionales e internacionales.</p>     <p align="center" style="line-height: 150%"><a name="CUADRO1"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Cuadro%201.jpg"></a></p>     
<p align="center" style="line-height: 150%"><a name="CUADRO2"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Cuadro%202.jpg"></a></p>      
<p align="center" style="line-height: 150%"><a name="CUADRO3"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Cuadro%203.jpg"></a></p>      
<p align="center" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>      <p align="center" style="line-height: 150%"><a name="graf1"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Graf1.jpg" width="570" height="491"></a></p>      
<p align="center" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center" style="line-height: 150%"><a name="graf2"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Graf2.jpg" width="570" height="492"></a></p>      
<p align="center" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>      <p align="center" style="line-height: 150%"><a name="graf3"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Graf3.jpg" width="570" height="473"></a></p>      
<p align="center" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>      <p align="center" style="line-height: 150%"><a name="graf4"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Graf4.jpg" width="570" height="492"></a></p>      
<p align="center" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>      <p align="center" style="line-height: 150%"><a name="graf5"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v21n57/art3Graf5.jpg" width="570" height="454"></a></p>      
<p align="center" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>      <p align="center" style="line-height: 150%">&nbsp;</p>      <p align="justify" style="line-height: 150%"><b>Referencias bibliográficas</b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify" style="line-height: 150%">1. <b>Aghón, G.; F. Alburquerque</b> y <b>P. Cortés </b>(2001). Desarrollo  económico local y descentralización en América latina: un análisis comparativo,  Santiago de Chile, Cepal/GTZ.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777361&pid=S1012-2508200400030000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2. <b>Amin, Samir </b>(1997). El capitalismo en la era de la globalización,  Barcelona, España, Paidós Ibérica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777362&pid=S1012-2508200400030000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 3. <b>Arceo, Enrique</b> (2002). ALCA, neoliberalismo y nuevo pacto colonial,  Buenos Aires, Central de los Trabajadores Argentinos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777363&pid=S1012-2508200400030000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 4. <b>Arrow, Keneth</b> (1971). «El bienestar económico y la asignación de recursos  para la invención», en Nathan, Rosemberg, Economía del cambio tecnológico,  México, Fondo de Cultura Económica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777364&pid=S1012-2508200400030000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 5. <b>Beck, Ulrich</b> (1997). ¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo,  respuestas a la globalización, Barcelona, España, Paidós Ibérica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777365&pid=S1012-2508200400030000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 6. <b>Benko, Georges </b>y <b>Alian Lipietz</b> (1994). «El nuevo debate regional»,  en Georges Benko y Alian Lipietz, Las regiones que ganan, Valencia,  España, Edicións Alfons El Magnánim.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777366&pid=S1012-2508200400030000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 7. <b>Borja, Miguel </b>(1999). Estado, sociedad y ordenamiento territorial en  Colombia, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia/Cerec.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777367&pid=S1012-2508200400030000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 8. <b>Cancelado, Nelsy</b> (2003). Endeudamiento territorial en Colombia.  Lecciones de la experiencia reciente. Trabajo de grado para optar al título  de maestría en Teoría y Política Económica, Bogotá, Universidad Nacional de  Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777368&pid=S1012-2508200400030000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 9. <b>Castro, Jaime</b> (2002). La cuestión territorial, Bogotá, Editorial  Oveja Negra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777369&pid=S1012-2508200400030000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 10. <b>Departamento Nacional de Planeación, DNP </b>(2003a). «Lineamientos para el  proceso de Construcción de un futuro para Colombia desde sus territorios», en Construcción de un futuro para Colombia desde sus territorios, Bogotá,  Corporación Andina de Fomento/División de Desarrollo Territorial, Departamento  Nacional de Planeación.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777370&pid=S1012-2508200400030000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 11. <b>Departamento Nacional de Planeación, DNP</b> (2003, b) Memorias Seminario  Internacional de la Descentralización en Colombia, Bogotá.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777371&pid=S1012-2508200400030000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 12. <b>Fajardo Darío</b> (2002). Para sembrar la paz, hay que aflojar la tierra,  Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777372&pid=S1012-2508200400030000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 13. <b>Fals, Orlando</b> (2000). Acción y espacio. Autonomía en la nueva  república, Bogotá, Tercer Mundo Editores/Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777373&pid=S1012-2508200400030000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 14. <b>Ferro, Juan Guillermo</b> y <b>Graciela Uribe</b> (2002). El orden de la  guerra. Las FARC-EP: entre la organización y la política, Bogotá, Centro  Editorial Javeriano, CEJA.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777374&pid=S1012-2508200400030000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 15. <b>Gray, John</b> (1998). Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global,  Barcelona, España, Paidós Ibérica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777375&pid=S1012-2508200400030000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 16. <b>Moncayo, Edgar </b>(2001). «Evolución de los paradigmas y modelos  interpretativos del desarrollo regional», en Espacio y territorios. Razón,  pasión e imaginarios, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777376&pid=S1012-2508200400030000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 17. <b>Noble, David</b> (1997). La religión de la tecnología. La divinidad del  hombre y el espíritu de invención, Barcelona, España, Paidós Ibérica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777377&pid=S1012-2508200400030000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 18. <b>Puyana, Alicia</b> (2003). La convergencia en el TLCAN. ¿Experiencias para  el ALCA? Ponencia presentada en la conferencia «El ALCA y el futuro de la  integración en las Américas», Puebla, Flacso-México.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777378&pid=S1012-2508200400030000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 19. <b>Rawls, John</b> (1971). Teoría de la justicia, México, Fondo de  Cultura Económica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777379&pid=S1012-2508200400030000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 20. <b>Restrepo, Darío I.</b> (1994). «Los desfases de la democracia», en Democracia formal y real, Bogotá, Instituto para el Desarrollo de la  Democracia Luis Carlos Galán.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777380&pid=S1012-2508200400030000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 21. <b>Restrepo, Darío I.</b> (2001). «El mito de Sísifo o veinte años de pujanza  descentralizadora», en Desarrollo económico y social en Colombia. Siglo XX,  Bogotá, Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777381&pid=S1012-2508200400030000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 22. <b>Restrepo, Darío I.</b> (2002). «Luchas por el control territorial en  Colombia», Revista del Colegio Mexiquense, A.C., vol. III, n° 12, México.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777382&pid=S1012-2508200400030000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 23. <b>Rivera, Rodrigo</b> (2001). Hacia un nuevo federalismo para Colombia,  Bogotá, Editorial Oveja Negra.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777383&pid=S1012-2508200400030000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 24. <b>Rojas, Fernando</b> (2002). «La descentralización en Colombia desde la  perspectiva de los organismos internacionales, Banco Mundial», en Evaluación  de la descentralización municipal en Colombia. Balance de una década, tomo  IV, Bogotá, Departamento Nacional de Planeación.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777384&pid=S1012-2508200400030000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 25. <b>Sen, Amartya</b> (1978). Sobre ética y economía, Madrid, Alianza  Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777385&pid=S1012-2508200400030000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 26. <b>Sen, Amartya </b>(1985). «La elección y la justicia», en Nueva economía  del bienestar. Escritos seleccionados, Universidad de Valencia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777386&pid=S1012-2508200400030000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 27. <b>Stiglitz, Joseph </b>(2002). El malestar en la globalización, Bogotá,  Taurus.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777387&pid=S1012-2508200400030000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 28. <b>Umaña, Germán </b>(2002). «Estado, nación, integración: convergencia o  divergencia». Ponencia presentada al seminario «Globalización», Bogotá,  Universidad Nacional de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777388&pid=S1012-2508200400030000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 29. <b>Uribe, Francisco</b> (1998). Región: punto de fuga, Bogotá,  Universidad de los Andes.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777389&pid=S1012-2508200400030000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 30. <b>Von Haldenwang, Christian</b> (2001). «Nuevos conceptos de la política  regional de desarrollo. Aportes para la discusión latinoamericana», en Desarrollo económico local y descentralización en América Latina. Un análisis  comparativo, Santiago de Chile, Cepal/GTZ.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777390&pid=S1012-2508200400030000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 31. <b>Wiesner, Eduardo </b>(1992). Colombia: descentralización y federalismo  fiscal. Informe final de la misión para la descentralización, Bogotá,  Departamento Nacional de Planeación.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=777391&pid=S1012-2508200400030000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <br> <b>NOTAS:</b>    <br> <sup> 1 </sup> Un desarrollo de esta tesis y su impacto sobre los sistemas políticos  nacionales se encuentra en Restrepo, 1994.    <br> <sup> 2</sup> Un análisis de las estrategias desplegadas por diferentes actores ante el  proceso de descentralización y el poder territorial se encuentra en Restrepo,  2002.    <br> <sup> 3</sup> Por ejemplo, en la ciudad capital Bogotá, los candidatos Jaime Castro, María  Emma Mejía y Juan Lozano provienen del liberalismo, aunque sólo el primero  comenzó la campaña como candidato oficial del partido.    <br> <sup> 4</sup> Por ejemplo, el actual presidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2006), de filiación  liberal, se presentó a la contienda electoral por fuera de las estructuras del  partido Liberal y en competencia con su candidato oficial, Horacio Serpa Uribe.  El anterior presidente de origen conservador, Andrés Pastrana Arango  (1998-2002), se lanzó a la contienda electoral, y sólo después el partido  Conservador se adhirió a su campaña y lo proclamó candidato oficial.     <br> <sup> 5</sup> Incluso la dinámica de la confrontación armada tiende a la extensión  territorial supra departamental y municipal del movimiento insurgente y los  paramilitares.     <br> <sup> 6</sup> Un recuento de múltiples asociaciones políticas territoriales se encuentra en  Borja, 1999.     <br> <sup> 7 </sup> Con anterioridad al acto legislativo las transferencias se calculaban como  porcentaje de los ingresos corrientes de la nación y, con posterioridad, se  intenta mantener constantes los recursos girados.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup> 8</sup> Cálculo de los autores con base en la información proporcionada por la  División de Desarrollo Territorial del Departamento Nacional de Planeación.     <br> <sup> 9</sup> Mientras en 1990 los ingresos tributarios territoriales eran el 1,8 por ciento  del PIB, en el año 2000 fueron el 2,6 por ciento.    <br> <sup> 10 </sup> El ahorro de la nación por el Acto Legislativo 01 y la Ley 715 de 2001 es  estimado por la Contraloría General de la República en 7,1 billones de pesos en  cuatro años (2002-2006). El acto legislativo modifico la Constitución Política  de 1991.     <br> <sup> 11 </sup> Mientras en 1991 tanto los municipios como los departamentos presentaban un  nivel de ahorro ligeramente mayor a su volumen de deuda, una década después, en  el año 2000, los municipios presentaban una brecha entre el nivel de ahorro y la  deuda del 1,49 por ciento del PIB y los departamentos del 1,76 por ciento.  Cancelado, 2003.    <br> <sup> 12</sup> Los departamentos más endeudados son Valle, Antioquia, Santander,  Cundinamarca, Casanare y Atlántico, los cuales concentraron en 2000 dos tercios  de la deuda total del sector central de los departamentos. Los seis municipios  más endeudados son Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena e Ibagué, los  cuales concentraron el 60 por ciento de la deuda del sector central del total de  municipios. Cancelado, 2003.    <br> <sup> 13</sup> La cartera territorial representa el 8,6 por ciento de la cartera total del  sistema financiero. Cancelado, 2003.    <br> <sup> 14</sup> No sobra señalar que a pesar de la concentración de la deuda territorial en  pocas entidades, la Ley 617 es de aplicación general y tan restrictiva que solo  permite el endeudamiento si se tiene un superávit, es decir, lo vuelve  prohibitivo para muchas entidades pequeñas. Así, las autoridades económicas  presionan la desaparición de las entidades territoriales pequeñas y obligan a su  asociación; discusión y objetivo netamente político que se abstrae del debate  público y se logra como imposición de las autoridades financieras.    <br> <sup> 15</sup> Mientras entre 1991 y 1995 el PIB creció en promedio al 5,26 por ciento,  entre 1996 y 2000 lo hizo a una tasa del 0,96 por ciento. Cabe resaltar la  hecatombe ocurrida durante el gobierno de Pastrana: en 1998 el crecimiento fue  negativo en un -4,33 por ciento del PIB.    <br> <sup> 16</sup> A partir de 1994 el ahorro corriente de la nación fue negativo. Mientras que  en 1990 era el 1,3 por ciento del PIB, para 1999 fue del -4 por ciento del PIB.     <br> <sup> 17</sup> La tendencia hacia la re-centralización en detrimento de las autoridades  locales también se expresa en otros rubros de política pública como los de medio  ambiente y la potestad de las autoridades indígenas sobre la propiedad colectiva  de sus territorios.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup> 18</sup> Al departamento de Arauca le fueron «decomisados» por las autoridades  centrales durante un tiempo los recursos de las regalías, bajo la sospecha de  que estos financiaban a la guerrilla. En la actualidad 5 departamentos y 20  municipios se encuentran bajo la misma sospecha.    <br> <sup> 19</sup> Un recuento de las principales teorías económicas del desarrollo espacial se  encuentra en Moncayo, 2001.    <br> <sup> 20</sup> Plan Estratégico de Antioquia, Mesa de Planificación Región Bogotá-Cundinamarca,  Plan Estratégico del Área Metropolitana de Bucaramanga, Visión Risaralda 2017,  Plan de Desarrollo de la Surcolombianidad, Plan Maestro del Valle, entre otros.    <br> <sup> 21</sup> Un apasionante libro documenta la incidencia de los dogmas religiosos en la  elite científica norteamericana y sus relaciones con la dirección de los  principales programas de desarrollo científico tales como las armas de  destrucción masiva, la exploración espacial, la inteligencia artificial y la  ingeniería genética. Nadie desconoce la inversión directa del Estado  norteamericano en estos sectores, que a la vez jalonan la economía nacional y le  permiten sustentar una primacía militar y científica en los mercados mundiales.  Véase Noble, 1999.    <br> <sup> 22</sup> Para toda información, Sergio González, coordinador general: sergiogonlop2@yahoo.com.    <br> <sup> 23</sup> Incipientes son las experiencias en América Latina en las que gobiernos  locales se abocan, más allá de los procesos de descentralización de políticas  sociales, a asuntos de desarrollo territorial. Véase Aghón y otros, 2001.    <br> <sup> 24</sup> Una interesante relación entre ordenamiento territorial, desarrollo,  democracia y paz se encuentra en Fals, 2000.    <br> <sup> 25</sup> Un análisis de las dificultades estructurales para el logro de la eficiencia  del gasto público mediante un proceso de descentralización se encuentra en  Wiesner, 1992.    <br> <sup> 26</sup> Un análisis de 20 años del pensamiento técnico político en descentralización  y, en particular, la presentación crítica del concepto de «pereza fiscal», se  encuentra en Restrepo, 2001.    <br> <sup> 27</sup> Varios autores señalan a la inexistencia de la reforma agraria como causa  original de la lucha armada y, con posterioridad, como aliciente para mantener  altos niveles de reclutamiento de los campesinos sin tierra en diferentes bandos  armados. También se reconoce que los ejércitos paramilitares son una estrategia  de concentración de la tierra. Ver, por ejemplo, Fajardo, 2002.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <sup> 28</sup> Un argumento similar se puede leer en Castro, 2002.    <br> <sup> 29</sup> Tomamos la idea de un necesario fondo regional de reestructuración productiva  de Uribe, 1998.    <br> <sup> 30</sup> La inversión extranjera en los territorios no conduce necesariamente a  fecundar el desarrollo territorial y la mejoría en el bienestar de la población.  Innumerables casos en Colombia, América Latina y el llamado Tercer Mundo,  ofrecen ejemplos perversos de economías de enclave: quistes de inversión  extranjera que no estimulan la expansión de actividades productivas en el  territorio.    <br> <sup> 31</sup> La sustentación de esta tesis puede leerse en Rivera, 2001.    <br> <sup> 32</sup> Las FARC justifican su accionar desde una posición de víctimas de la  persecución por el régimen, la marginalidad y abandono de las clases populares  por el Estado, los engaños sistemáticos en los procesos de diálogo y la  imposibilidad de expresión política partidista desde sus posturas radicales. Ver  Ferro y Uribe, 2002.</p>       ]]></body>
<back>
<ref-list>
<ref id="B1">
<label>1</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Aghón,]]></surname>
<given-names><![CDATA[G.; F]]></given-names>
</name>
<name>
<surname><![CDATA[Alburquerque]]></surname>
<given-names><![CDATA[P. Cortés]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Desarrollo económico local y descentralización en América latina: un análisis comparativo,]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Santiago de Chile, ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Cepal/GTZ]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B2">
<label>2</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Samir]]></surname>
<given-names><![CDATA[Amin]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El capitalismo en la era de la globalización,]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós Ibérica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B3">
<label>3</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Arceo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Enrique]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[ALCA, neoliberalismo y nuevo pacto colonial]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Buenos Aires ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Central de los TrabajadoresArgentinos]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B4">
<label>4</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Arrow,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Keneth]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[«El bienestar económico y la asignación de recursos para la invención», en Nathan, Rosemberg, Economía del cambio tecnológico,]]></source>
<year></year>
<publisher-name><![CDATA[Fondo de Cultura Económica]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B5">
<label>5</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Beck,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ulrich]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[¿Qué es la globalización? Falacias del globalismo, respuestas a la globalización]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona, ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós Ibérica.]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B6">
<label>6</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B7">
<label>7</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Borja,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Miguel]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Estado, sociedad y ordenamiento territorial en Colombia]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia/Cerec]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B8">
<label>8</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Cancelado]]></surname>
<given-names><![CDATA[Nelsy]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Endeudamiento territorial en Colombia. Lecciones de la experiencia reciente. Trabajo de grado para optar al título de maestría en Teoría y Política Económica]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá, ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B9">
<label>9</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Castro,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Jaime]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La cuestión territorial,]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Editorial Oveja Negra]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B10">
<label>10</label><nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[«Lineamientos para el proceso de Construcción de un futuro para Colombia desde sus territorios», en Construcción de un futuro para Colombia desde sus territorios, Bogotá, Corporación Andina de Fomento/División de Desarrollo Territorial, Departamento Nacional de Planeación.]]></source>
<year></year>
<publisher-name><![CDATA[Departamento Nacional de Planeación, DNP]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B11">
<label>11</label><nlm-citation citation-type="book">
<source><![CDATA[Memorias Seminario Internacional de la Descentralización en Colombia,]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Departamento Nacional de Planeación, DNP]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B12">
<label>12</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Fajardo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Darío]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Para sembrar la paz, hay que aflojar la tierra]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B13">
<label>13.</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Orlando]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fals,]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Acción y espacio. Autonomía en la nueva república]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[^eBogotá Bogotá]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Tercer Mundo Editores/Universidad Nacional de Colombia.]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B14">
<label>14</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Guillermo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Ferro, Juan]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El orden de la guerra. Las FARC-EP: entre la organización y la política]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá, ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Centro Editorial Javeriano, CEJA]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B15">
<label>15.</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Gray,]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Barcelona ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Paidós Ibérica.]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B16">
<label>16.</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Moncayo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Edgar]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[«Evolución de los paradigmas y modelos interpretativos del desarrollo regional», en Espacio y territorios. Razón, pasión e imaginarios,]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia.]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B17">
<label>17</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Noble]]></surname>
<given-names><![CDATA[David]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La religión de la tecnología. La divinidad del hombre y el espíritu de invención, Barcelona, España, Paidós Ibérica.]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B18">
<label>18</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Puyana,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alicia]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[La convergencia en el TLCAN. ¿Experiencias para el ALCA? Ponencia presentada en la conferencia «El ALCA y el futuro de la integración en las Américas»]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Puebla, Flacso-México ]]></publisher-loc>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B19">
<label>19</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rawls,]]></surname>
<given-names><![CDATA[John]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Teoría de la justicia, México, Fondo de Cultura Económica]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B20">
<label>20</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Restrepo,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Darío I]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Los desfases de la democracia», en Democracia formal y real, Bogotá, Instituto para el Desarrollo de la Democracia Luis Carlos Galán]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B21">
<label>21</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Restrepo]]></surname>
<given-names><![CDATA[Darío I.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[«El mito de Sísifo o veinte años de pujanza descentralizadora», en Desarrollo económico y social en Colombia. Siglo XX,]]></source>
<year></year>
<publisher-loc><![CDATA[Bogotá ]]></publisher-loc>
<publisher-name><![CDATA[Universidad Nacional de Colombia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B22">
<label>22.</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Restrepo,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Darío I.]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[«Luchas por el control territorial en Colombia», Revista del Colegio Mexiquense, A.C., vol. III,]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B23">
<label>23</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rivera]]></surname>
<given-names><![CDATA[Rodrigo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Hacia un nuevo federalismo para Colombia, Bogotá, Editorial Oveja Negra]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B24">
<label>24</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Rojas]]></surname>
<given-names><![CDATA[Fernando]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[«La descentralización en Colombia desde la perspectiva de los organismos internacionales, Banco Mundial», en Evaluación de la descentralización municipal en Colombia. Balance de una década, tomo IV, Bogotá, Departamento Nacional de Planeación.]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B25">
<label>25.</label><nlm-citation citation-type="">
<source><![CDATA[]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B26">
<label>26</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Amartya]]></surname>
<given-names><![CDATA[Sen,]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[«La elección y la justicia», en Nueva economía del bienestar. Escritos seleccionados]]></source>
<year></year>
<publisher-name><![CDATA[Universidad de Valencia]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B27">
<label>27.</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Stiglitz,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Joseph]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[El malestar en la globalización,]]></source>
<year></year>
<publisher-name><![CDATA[Taurus]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B28">
<label>28.</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Umaña,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Germán]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B29">
<label>29.</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Francisco]]></surname>
<given-names><![CDATA[Uribe,]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Región: punto de fuga, Bogotá]]></source>
<year></year>
<publisher-name><![CDATA[Universidad de los Andes]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B30">
<label>30.</label><nlm-citation citation-type="book">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Von Haldenwang,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Christian]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Nuevos conceptos de la política regional de desarrollo. Aportes para la discusión latinoamericana», en Desarrollo económico local y descentralización en América Latina. Un análisis comparativo]]></source>
<year></year>
<publisher-name><![CDATA[Cepal/GTZ]]></publisher-name>
</nlm-citation>
</ref>
<ref id="B31">
<label>31</label><nlm-citation citation-type="">
<person-group person-group-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Wiesner,]]></surname>
<given-names><![CDATA[Eduardo]]></given-names>
</name>
</person-group>
<source><![CDATA[Colombia: descentralización y federalismo fiscal. Informe final de la misión para la descentralización, Bogotá, Departamento Nacional de Planeación]]></source>
<year></year>
</nlm-citation>
</ref>
</ref-list>
</back>
</article>
