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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[En memoria de Eduardo Neira Alva]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font size="4">En memoria de Eduardo Neira Alva</font></b></p>      <p align="justify">En enero de 2005, en su Perú natal, falleció Eduardo Neira Alva, uno de los  arquitectos y urbanistas latinoamericanos de más sólida formación en la segunda  mitad del siglo XX, quién participó en la creación del Cendes. Neira fue un  profesional comprometido con ideales de transformación del hábitad en nuestras  ciudades, que supo leer las complejidades de la urbanización contemporánea. Para  rendir homenaje a su memoria publicamos dos escritos. En el de Marco Negrón,  quien fue unos de sus alumnos en 1961, titulado Eduardo Neira y la segunda fase  de la modernización de Venezuela, el autor recuerda al profesor Neira que llegó  a Venezuela en un momento en que el país iniciaba un nuevo ciclo de  modernización. Y en el de Gregorio Darwich Osorio, quien tuvo la suerte de  conocerlo en 2001, intitulado Eduardo Neira Alva: un universitario idealista que  participó en la creación del Cendes, se narra cómo Neira se involucró en las  tareas de la creación de ese centro de estudios y se evoca sus años de profesor  e investigador, utilizando las entrevistas que le hizo por correo electrónico  entre 2001 y 2002.    <br>     <br>     <br> <b>Eduardo Neira y la segunda fase de la modernización de Venezuela</b>    <br> MARCO NEGRÓN*</p>      <p align="justify"> * Profesor y ex Decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV.    <br>     <br> En 1958, luego de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, Venezuela  ingresa en su segunda gran fase de modernización después de la emprendida en  1936 a raíz del fallecimiento de Juan Vicente Gómez. Es conocido cómo el  progresivo proceso de democratización se interrumpió con el golpe de Estado de  1948 contra el presidente Rómulo Gallegos para iniciar una sucesión de gobiernos  de facto dominados por la figura de Pérez Jiménez, quien en 1952 asume por fin,  de manera abierta, la jefatura del Estado.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Durante esos diez años se mantendrán algunas líneas de la modernización de los  gobiernos anteriores, pero básicamente en los aspectos referidos al desarrollo  de la infraestructura territorial y el urbanismo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> En esta última materia, hasta su liquidación en 1957 el régimen mantuvo y apoyó  la actividad de la Comisión Nacional de Urbanismo (CNU), creada en 1946 y  dirigida durante toda su existencia por Leopoldo Martínez Olavarría. Más allá  del escaso poder para materializar sus propuestas, característico de esa notable  institución es el hecho de que en ella, en sus distintos momentos, participó la  flor y nata de los arquitectos venezolanos de la época,1 pero esa virtud  aparecía a la vez como su principal limitación: no pasará demasiado tiempo sin  que se entienda la importancia de los enfoques multidisciplinarios en la  materia.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Una obra emblemática de la modernidad venezolana, iniciada a principios de la  década de los cuarenta bajo el gobierno de Medina Angarita, la Ciudad  Universitaria de Caracas, no sólo será continuada con entusiasmo durante aquella  década sino que dos de sus más altas realizaciones –la Plaza Cubierta y el Aula  Magna– serán inauguradas por el propio Pérez Jiménez en 1953. Sin embargo, ese  mismo régimen había despojado a la universidad de su autonomía, propiciaba la  vigencia de una estructura académica obsoleta y políticamente excluyente e  incluso la había mantenido clausurada varios años en respuesta a su rebeldía.    <br>     <br> <b>La segunda modernización de Venezuela</b>    <br> Sin pretensiones de agotar el listado y en relación específica al tema que se  trata en estas líneas, parece posible postular que entre los aspectos más  relevantes de esa segunda fase de la modernización venezolana sobresalen la  modernización de la universidad a través de varias líneas de acción: el  restablecimiento de la autonomía universitaria y de la libertad de cátedra; la  creación de un sistema de selección, ingreso y ascenso del profesorado basado en  la evaluación objetiva de los méritos académicos; el fortalecimiento de la  orientación científica y tecnológica e impulso a la investigación; el estímulo  al desarrollo de la formación de postgrado; la ampliación de la matrícula de las  universidades existentes y creación de otras nuevas especialmente en la  provincia. Igualmente la modernización de la gestión de gobierno a través de: la  incorporación de modernas técnicas de programación y planificación y la  profesionalización de los funcionarios y la garantía de estabilidad en la  carrera.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Evidentemente se están dejando por fuera innumerables otras decisiones  modernizadoras del período como serían, para sólo mencionar tres de mucha  entidad, la Reforma Agraria, el Programa de Guayana y el impulso a la creación  de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), pero las  mencionadas son quizá las más significativas para el tema que aquí se analiza.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Dentro de ese proceso, al Cendes, resultado de la convergencia de esfuerzos  entre el Gobierno nacional, esencialmente la Oficina Central de Coordinación y  Planificación (Cordiplan) y el Banco Obrero, y la Universidad Central de  Venezuela (UCV) a través de su Facultad de Arquitectura y Urbanismo, se le  asignará un rol muy destacado. Por una parte se trata de la creación de la  institución destinada a formar ese nuevo funcionario de la administración  pública que será el planificador;<sup>2</sup> por la otra se configura como el primer  esfuerzo de la UCV para el desarrollo de la formación de postgrado,  particularmente en el área de las ciencias sociales. Dentro de esa dinámica,  como se sabe, Eduardo Neira jugará un rol de primer plano.    <br>     <br> <b>De la Facultad de Arquitectura y Urbanismo al Cendes</b>    <br> En 1961, cursando el último año de la carrera de Arquitectura, se inauguró en la  Escuela un seminario sobre planificación, el cual fue dictado ese año por Jorge  Ahumada, Eduardo Neira y un agrónomo guatemalteco de apellido Quesada del cual  más nunca quien escribe tuvo noticias. En el clima de la Venezuela que se abría  de nuevo a la democracia y se proponía alcanzar la meta del desarrollo y la  justicia social, aquella resultó una experiencia extraordinariamente estimulante  para los cursantes, dos de los cuales terminamos presentándonos a la pruebas de  selección para ingresar al Primer Curso de Postgrado en Planificación del  Desarrollo del Cendes. Partiendo de la idea de que la planificación es una  actividad integral, se reconocían sin embargo tres líneas de desarrollo que se  expresaban por lo demás en las especializaciones previstas para el segundo año  del curso: la económica liderada por Ahumada, la urbano-regional liderada por  Neira y la social liderada por José Agustín Silva Michelena.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Aunque, como se ha visto, para la fecha Venezuela acumulaba una importante  experiencia en materia de planificación urbana, de la cual por lo demás la  Facultad de Arquitectura resultaba la principal depositaria, el contacto con  Eduardo, y quizá, podría precisarse, con Eduardo en el Cendes, abrió una  perspectiva diferente que conducía a superar el enfoque predominantemente  físico. De tal manera los nombres de, por ejemplo, Burgess, Tinbergen, Perroux,  Alonso, Friedmann, Paelinck o Isard se hicieron familiares a quienes éramos sus  alumnos. Pero no se trató solamente de un conocimiento a través de sus textos:  en un esfuerzo extraordinario consiguió que algunos de ellos visitaran el Cendes  como profesores o conferencistas.    <br>     <br> <b>Los Cuadernos de la Sociedad Venezolana de Planificación</b>    <br> Paralelamente a la actividad en el Cendes, Eduardo emprendió la tarea de  publicar los <i>Cuadernos de la Sociedad Venezolana de Planificación</i>, cuyo muy  sobrio primer número –una treintena de páginas multigrafiadas tamaño carta, con  tapas en cartulina con ventanillas que permitían ver el número de la edición y  el contenido de modo de poder servir para varios números– con un único artículo  de Ahumada, «La planificación del desarrollo», apareció en agosto de 1962.  Aunque en el futuro mejorará la calidad de la edición, aquel primer número marcó  la pauta de privilegiar el contenido.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esa revista, particularmente durante los años en que fue dirigida por Eduardo,  cumplió un rol relevante incluso más allá de nuestras fronteras, publicando  textos teóricos de gran importancia pero de escasa o nula difusión en español  hasta entonces. Incluso un clásico de John Friedmann, «La vocación de la  planificación», conoció su primera publicación en absoluto en el número de  Cuadernos de octubre-noviembre de 1963, viendo la luz en inglés solamente en  abril de 1966.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La visión tal vez ingenua de aquellos años imaginaba un sistema de planificación  integrado por Cordiplan como el órgano oficial responsable de la elaboración de  los planes, el Cendes como el cerebro universitario, generador de nuevos  conocimientos y responsable por la formación de los expertos, y la Sociedad  Venezolana de Planificación, lo que hoy llamaríamos una ONG, como el órgano de  enlace con la sociedad, responsable de las tareas de difusión y divulgación. La  orientación que le dio Eduardo a los Cuadernos, por la calidad y novedad de sus  contenidos y su trascendencia más allá de las fronteras nacionales, terminó  colocándolos más cerca del Cendes que de esta última.    <br>     <br> <b>El trotamundos</b>    <br> La turbulencia de aquellos años me obligó a dejar el país en marzo de 1963, y  sólo pude regresar definitivamente seis años después. Viene a cuento esta  incidencia personal porque no estaba en Venezuela en el momento en que Eduardo  decidió marcharse, una decisión que siempre me ha intrigado porque ocurre en el  momento en que el Cendes está pasando de la fase de predominio de la docencia de  postgrado para ingresar en firme en la de investigación: Ahumada siempre  insistía en su objetivo de que nadie conociera mejor el país que los  investigadores y estudiantes del Cendes, para lo cual la investigación era un  requisito <i>sine qua non</i>.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Eduardo dejó Venezuela precisamente en el momento en que, con un significativo  aporte de Naciones Unidas, estaba por arrancar el ambicioso proyecto «Fenómeno  de Urbanización en Venezuela», comúnmente conocido con las siglas Urben y que se  proponía ensayar por primera vez una interpretación integral del proceso que con  tanto ímpetu había comenzado en el país poco más de treinta años antes. Nunca he  tenido dudas en cuanto a la importancia del aporte de Eduardo en la formulación  de ese proyecto e incluso en las negociaciones para obtener el financiamiento,  como tampoco las he tenido en cuanto a que, por la solidez de su formación y su  aguda inteligencia, nadie mejor que él podía dirigirlo. Quizá la explicación  menos comprometedora de su partida sea que el país le estaba quedando pequeño  para su nunca desmentida vocación de trotamundos.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En los años sucesivos tuvimos ocasión de encontrarnos en algunos de sus nuevos  lugares de residencia o en sus ocasionales visitas a Caracas, pero en la memoria  perduran las vivaces tertulias en el acogedor apartamento –en verdad la planta  alta de una quinta en la Primera Transversal de Altamira– que compartía con  Alicia, su esposa, y a las que con frecuencia se sumaban también los colegas y  alumnos de ella en el Instituto de Estudios Políticos.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El año pasado, después de comprobar que Caracas era el lugar geométrico de sus  hijos, residenciados en diversas partes del mundo, y de quienes habían sido sus  mujeres, la eligió para celebrar sus ochenta años, en apariencia tan bien  llevados. De alguna manera así se cumplió el ciclo de retorno a la ciudad en la  que sembró inquietudes que todavía, más allá del desencanto y las frustraciones,  son capaces de estimular proyectos de conocimiento y transformación.    <br>     <br>     <br> <b>Eduardo Neira Alva: un universitario idealista que participó en la creación del  Cendes</b>    <br> Gregorio Darwich Osorio*</p>      <p align="justify"> * Profesor-Investigador del Cendes-UCV.</p>      <p align="center">I</p>      <p align="justify">A finales de la década de los cincuenta e inicios de los sesenta del siglo XX,  el clima de época mundial se hallaba delimitado por las realidades geopolíticas,  económicas, culturales e institucionales que trajo consigo el fin de la segunda  guerra mundial. Fue el tiempo de la consolidación de la primacía de Estados  Unidos, de la creación de los organismos internacionales, de la reorganización  de las finanzas y el comercio internacional, de la progresiva desintegración del  sistema de territorios coloniales, y de la reconstrucción de los países  desvastados por la guerra. Esas realidades obraron en el discurso y la praxis de  los gobiernos del primer mundo para regularizar el desarrollo económico, social  y político en esos países y para animar una labor semejante en los países del  tercer mundo. A caballo de esas realidades, el desarrollo y la planificación  progresaron como temas de estudio en universidades y centros de investigación  del mundo.     <br> En ese clima desarrollista que le fijaba al urbanista un papel como regulador,  se aproximó Eduardo Neira Alva al campo de la planificación.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">II</p>      <p align="justify">La coyuntura que atravesaban los países latinoamericanos en los años cincuenta  transformó la visión que tenían círculos académicos y políticos acerca de las  opciones de alcanzar el crecimiento económico. El crecimiento de las  exportaciones y la evolución del sector industrial hacía evidente que algunos  países estaban en condiciones de iniciar transformaciones estructurales que los  enrumbara hacía el desarrollo, si bien era irrebatible la realidad social y  económica de la mayoría de la población viviendo en condiciones de pobreza. Es  en ese clima de época que surgió la propuesta de creación de la Comisión  Económica para América Latina (Cepal), desde allí se allanó el camino para que  la problemática del desarrollo económico latinoamericano germinara como proyecto  teórico legítimo en torno al cual era posible discutir abiertamente la necesidad  de elaborar programas de desarrollo. La divulgación de las ideas cepalinas y la  ascensión al poder de políticos reformistas obraron como circunstancias de peso  para el incremento del interés de los gobiernos por la creación de organismos  estatales dedicados al fomento del desarrollo. Ese escenario avivó el impacto  que las ideas sobre el cambio social y la modernización tuvieron en las  universidades y en las ciencias sociales y acompañó el empeño por la  profesionalización de los estudios del desarrollo y la capacitación de  planificadores.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En ese clima de época que forjó el compromiso de una generación de profesionales  empeñados en planificar el desarrollo se comprometió Eduardo Neira, como muchos  otros, para contribuir en un ideal de transformación de nuestras sociedades.</p>      <p align="center">III</p>      <p align="justify">El momento social y político venezolano de finales de los años cincuenta estaba  regido por el retorno del país a la vida democrática y por el ambiente optimista  que impregnó a todos los sectores de la sociedad, bajo el convencimiento que se  había iniciado un ciclo de cambios históricos. Se tenía la esperanza de que con  la estabilización política, la reorganización de los partidos, la celebración de  elecciones, la edificación de la Carta Magna y la reestructuración del Estado se  franquearía la ruta para superar las trabas del subdesarrollo venezolano. El  arribo a las funciones de gobierno de una elite política con un discurso  desarrollista y partidaria de la planificación fue factor de peso para que se  impulsara la planificación venezolana. Esa atmósfera planificadora nutrió la  creación del Sistema Nacional de Planificación y dentro del mismo a la Oficina  Central de Coordinación y Planificación (Cordiplan), de la Sociedad Venezolana  de Planificación y del Instituto Autónomo Corporación Venezolana de Guayana.  Iniciativas que se reforzaron con la elaboración del primer Plan de la Nación y  la incorporación en la Constitución de una norma que facultaba al Estado  venezolano para impulsar y a planificar el desarrollo.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En esa atmósfera planificadora se gestó la creación del Cendes; en esa aventura  intelectual, como es la creación de una comunidad de conocimiento, participó  Eduardo Neira.</p>      <p align="center">IV</p>      <p align="justify">Eduardo Neira Alva nació en 1924, en Trujillo, una ciudad del norte de Perú con  una valiosa arquitectura colonial y una fructífera cultura prehispánica. En ese  escenario era inevitable que Neira optara por estudiar arquitectura en la  Universidad Nacional de Lima. Al graduarse ganó una beca por concurso del  Consejo Británico para seguir estudios en la Universidad de Liverpool, la más  antigua escuela de urbanismo del mundo, donde obtuvo el título de Magíster. A su  regreso al Perú se desempeñó, entre 1953 y 1959, como Jefe del Departamento de  Urbanismo del Ministerio de Fomento y Obras Públicas, al tiempo que dictó clases  en el Instituto de Urbanismo de la Universidad de Lima, organismo del que fue  unos de los profesores fundadores.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En sus funciones como funcionario gubernamental viajó a Bogotá para asistir a  una reunión de la Sociedad Interamericana de Planificación (SIP), allí conoció a  Luis Lander, un exiliado venezolano del partido Acción Democrática (AD), que  trabaja en la Junta de Planificación de Puerto Rico y era secretario ejecutivo  de la Sociedad. En marzo de 1959 Lander, quien había asumido el cargo de  Director del Banco Obrero en el primer gobierno de la democracia venezolana, le  cursó una invitación a Neira para que evaluara la oficina de planificación de  esa entidad. Comenzó a trabajar en el Banco en agosto de ese año; como resultado  de su peritaje estimó que el escollo fundamental de esa dependencia era la  carencia de personal entrenado en el campo de la planificación. Para superar esa  deficiencia, los funcionarios del Banco comenzaron a dar forma a la idea de  establecer en el país un programa de capacitación de planificadores. Neira fue  comisionado por Lander para iniciar conversaciones con el decano de la Facultad  de Arquitectura y Urbanismo, Julián Ferris, con la finalidad de estudiar la  posibilidad de establecer en la universidad un instituto de planificación. A  partir de ese momento el plan que tenían en mente tomó rumbo seguro. Ferris se  dedicó a conseguir el apoyo del rector y del Consejo Universitario, Lander se  concentró en lograr el respaldo de Cordiplan, de la Sociedad Venezolana de  Planificación y de la Sociedad Interamericana de Planificación, y Neira esbozó  las ideas del documento preliminar. Otro momento crucial de las diligencias  fueron las negociaciones adelantadas para persuadir a Jorge Ahumada que se  encargara de la dirección del instituto. En los meses siguientes continuaron las  gestiones y se elaboró el proyecto final de la creación del Centro de Estudios  del Desarrollo que fue aprobado por el Consejo Universitario en la sesión del 7  de junio de 1960.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En marzo de 1961 el Cendes inició sus actividades. Neira conformó el grupo  inaugural de profesores permaneciendo en el instituto hasta octubre de 1965,  cuando fue contratado por el Banco Interamericano de Desarrollo como asesor  permanente en desarrollo urbano. Se fue del país, en ese momento, sin tener idea  que en su paso por Venezuela había contribuido a edificar unos de los proyectos  más de avanzada de las ciencias sociales venezolanas en la segunda mitad del  siglo XX.</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="center">V</p>      <p align="justify">Un día mencionó que usualmente «permanecía diez horas en el Cendes», tiempo que  ocupaba llevando adelante diversas tareas académicas. Se dedicó al dictado de  las asignaturas de desarrollo urbano y vivienda en los cursos de postgrado del  Cendes. Al respectó reflexionó: «Me atreví a enseñar Economía Espacial, una  asignatura para la que tuve que trabajar mucho». Se desempeñó como investigador  en los estudios acerca de la vivienda popular y planeamiento urbano. Se  responsabilizó de dirigir los <i>Cuadernos de la Sociedad Venezolana de  Planificación</i>, revista pionera que contribuyó a fundar y en la que traducía  textos para difundir materiales inéditos sobre planificación. Y se encargó en la  Facultad de Arquitectura de la asignatura «Introducción al desarrollo  socioeconómico»; recordando la hora de clase comentó: «Dictaba clases todos los  sábados de siete a nueve de la mañana, horario que todavía recuerdo con horror».  Esos quehaceres los compartió con la publicación de artículos. En sus escritos  de los años sesenta, divulgados en los <i>Cuadernos de la Sociedad Venezolana de  Planificación </i>y en la <i>Colección Espacio y Forma</i> de la Facultad de Arquitectura  de la UCV, reflexionó temas relacionados con las relaciones cambiantes entre  hombre y naturaleza, con los problemas del diseño de vivienda en el trópico, y  con las complejas relaciones existentes entre la organización urbana y las  estructuras socioeconómicas y culturales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Su permanencia en el Cendes estuvo determinada por la presencia de Ahumada,  comentaba que él había dejado una marca indeleble en su «formación profesional y  humana». Tal vez por ese vínculo especial que se tejió entre ambos apuró su  decisión de irse a trabajar al Banco Interamericano de Desarrollo después de que  Ahumada le confiara que se iba del Cendes, por un año, para asesorar a Eduardo  Frei, quien había sido elegido presidente de Chile. Eduardo Neira nunca olvidó  su ciclo de profesor del Cendes, aún cuando su ocupación de consultor  internacional lo llevó a trabajar en varios países del mundo. Decía que sus años  en el instituto habían sido una etapa feliz de su vida. «Fue una época marcada  por el entusiasmo y el trabajo sin horas. El Cendes estaba en ebullición  permanente, todos acababan siendo amigos y partícipes de fiestas y celebraciones  dentro de una gran familia».    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Ahora que Eduardo Neira falleció, es oportuno traer a la memoria otras palabras  que un día pronunció: «lo hermoso de esta aventura [la creación del Cendes] fue  el trabajo de colaboración entre un grupo de amigos unidos por la seguridad de  estar haciendo algo que valía la pena y contribuía a nuestras propias  realizaciones. Siempre he pensado que existe un instinto de trascendencia que  nos impele a querer dejar lo mejor de nosotros mismos para el futuro». Mientras  siga existiendo el Cendes, permanecerá vigente su ideal de abrirle camino a las  instituciones de producción y difusión de conocimiento en nuestros países.    <br>     <br> <b> NOTAS:</b>    <br>     <br> <sup> 1</sup> Aparte de Martínez Olavarría, entre otros Carlos Raúl Villanueva, Juan Andrés  y Martín Vegas, Julián Ferris, José Miguel Galia, Gustavo Ferrero Tamayo,  Cipriano Domínguez y Víctor Fossi. Maurice Rotival y Francis Violich se  desempeñaron como asesores de la Comisión.    <br> <sup> 2</sup> Un tema aparte, que no puede ser desarrollado aquí pero que no puede dejar de  mencionarse, es la aparente incompatibilidad entre las exigencias de la  administración pública venezolana y el espíritu crítico propio de la  universidad: el distanciamiento entre el Cendes y Cordiplan se hará manifiesto  muy temprano, al punto que en varias ocasiones el segundo ha insistido hasta el  día de hoy, ahora como Ministerio de Planificación y Desarrollo pero siempre  infructuosamente, en crear una institución alternativa bajo su control  inmediato.</p>       ]]></body>

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