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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Los primeros gobiernos peronistas y la consolidación del país industrial: éxitos y fracasos*]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Abstract The emergence of Peronism in Argentina (1945-1955) is a fundamental event in the country’s history. This moment signals the access of workers to a previously unknown economic and institutional situation that develops a new popular sectors’ identity lasting for many decades. This economic, social and political integration of the working class was made possible by the consolidation of industrialization as the axis of economic activity in Argentina. Nevertheless, the Peronist governments couldn’t fully integrate the local industrial structure through the incorporation of heavy industry. This paper analyses the reasons for such a failure, discussing if they lie in the redistribution of income towards workers or in the high profit rates obtained by the industrial sector]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><b><font face="Verdana" size="3">Los primeros gobiernos peronistas y la consolidación del&nbsp; país industrial:  éxitos y fracasos*</font></b><font size="2" face="Verdana">    <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><font size="2" face="Verdana">&nbsp;<b>Eduardo M Basualdo</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="left"><font size="2" face="Verdana">    <br>     <br> <b>Resumen</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> La irrupción del peronismo en la Argentina (1945-1955) es un hito fundamental en  la historia argentina porque señala el momento en que los trabajadores acceden a  una situación económica e institucional desconocida hasta ese momento,  conformándose una identidad de los sectores populares que perdurará a lo largo  de muchas décadas. Esta integración económica, social y política de la clase  trabajadora fue posible por la consolidación de la industrialización como el eje  prioritario de la actividad económica. Sin embargo, esos gobiernos no lograron  integrar la estructura industrial mediante la incorporación de la industria  pesada. En este trabajo se indaga si las causas de ese fracaso radicaron en la  redistribución del ingreso hacia los trabajadores o en las elevadas tasas de  rentabilidad que obtuvieron los propios empresarios industriales.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>Palabras clave</b>:Peronismo, industrialización, distribución del ingreso    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="left"><font size="2" face="Verdana"><b>Abstract</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> The emergence of Peronism in Argentina (1945-1955) is a fundamental event in the  country’s history. This moment signals the access of workers to a previously  unknown economic and institutional situation that develops a new popular sectors’  identity lasting for many decades. This economic, social and political  integration of the working class was made possible by the consolidation of  industrialization as the axis of economic activity in Argentina. Nevertheless,  the Peronist governments couldn’t fully integrate the local industrial structure  through the incorporation of heavy industry. This paper analyses the reasons for  such a failure, discussing if they lie in the redistribution of income towards  workers or in the high profit rates obtained by the industrial sector.     <br>     <br> <b> Key words</b>:Peronism, Industrialization, Income distribution</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="left">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="left"><font size="2" face="Verdana"><b>Recibido:</b> octubre 2005&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>Aceptado:</b> noviembre 2005    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>Introducción</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> La irrupción del peronismo<sup>1 </sup> a mediados del siglo pasado es un hito fundamental  en la historia argentina porque señala el momento en que los trabajadores  acceden a una situación económica e institucional desconocida hasta ese momento,  conformándose una identidad de los sectores populares que perdurará a lo largo  de muchas décadas. Esta integración económica, social y política de la clase  trabajadora fue posible porque durante esos años se pone fin a la larga agonía  del planteo agroexportador que se desarrolla durante la «década infame»,  consolidando la industrialización como el eje prioritario de la actividad  económica. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Este giro copernicano en la sociedad modificó el plexo de las relaciones  sociales, dando lugar a un tipo de Estado específico que impulsará la  industrialización y, como parte de la misma, la emergencia –con todas sus  limitaciones– de una burguesía nacional. De esta manera, se plasmó una nueva  matriz social que dio lugar a dos bloques sociales que se enfrentarán a lo largo  de la segunda etapa de sustitución de importaciones que se despliega entre 1958  y 1975. El primero de ellos conformado por la clase trabajadora, cuyo núcleo  estaba constituido por los asalariados industriales, y ese sector del  empresariado nacional asentado principalmente en la producción de bienes  intermedios y bienes salarios demandados por los sectores asalariados. El otro  conducido por el capital extranjero industrial y una fracción de la oligarquía  pampeana que había formado parte del proyecto agroexportador anterior.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Al estar ambos bloques sociales integrados por distintas fracciones del  empresariado industrial, se vuelve palpable que a partir del peronismo la pugna  no se entabla entre lo urbano y lo rural, y menos aún entre la producción  agropecuaria y la industrial. Tanto es así que incluso dentro de la oligarquía  pampeana ya se encuentran durante esos años dos fracciones claramente  diferenciadas. La primera de ellas está constituida por los tradicionales  terratenientes que fueron la conducción del proyecto agroexportador junto a los  intereses ingleses. La segunda está compuesta por aquellos terratenientes que  durante las décadas anteriores habían utilizado una parte de la renta  agropecuaria para diversificar sus inversiones hacia otras actividades  económicas, principalmente hacia la producción industrial. Al igual que lo que  ocurre con la burguesía nacional, esta fracción de la oligarquía está inserta en  la producción de bienes salario y bienes intermedios, lo cual plantea una pugna  entre ellas por definir el carácter del Estado y, por lo tanto, sus políticas de  promoción y el grado de apertura económica. De esta manera, el grado y las  modalidades que adopta la apertura comercial y financiera devienen en la  economía argentina como el elemento fundamental que define la posibilidad de  construir una nación o de consolidar el país dependiente.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="left"><font size="2" face="Verdana">Analizar los logros y fracasos del peronismo original no sólo es trascendente  para esclarecer la verdad histórica, lo cual de por sí es fundamental porque  hace a la identidad de los sectores populares, sino también para el debate sobre  la crítica situación por la que transita nuestro país. Varios y de diversa  índole son los motivos de su importancia actual. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Es poco discutible que el colapso económico y social actual es el resultado de  que hace casi treinta años la dictadura militar interrumpió la industrialización  e impuso un patrón de acumulación de capital basado en la valorización e  internacionalización financiera vinculada al endeudamiento externo, y en  beneficio de los acreedores externos y la fracción diversificada de la  oligarquía pampeana (grupos económicos locales), a partir de una apertura  económica discriminada que abarcó tanto al mercado de bienes como el de  capitales. Tampoco caben mayores dudas de que, a partir de la restauración  constitucional, este proceso fue convalidado por el sistema político en su  conjunto pero donde el radicalismo<sup>2</sup> y el peronismo tuvieron una influencia  decisiva. Resulta evidente que la reversión de la profunda crisis económica y  los inéditos índices de desocupación y exclusión social que provoca ese proceso  sólo es posible adoptando políticas de Estado que tengan como objetivo central  la redistribución del ingreso y la reindustrialización del país. Conviene  entonces tener en cuenta los avances y fracasos anteriores para no replicar  experiencias frustrantes, especialmente las implementadas en los primeros  gobiernos peronistas, ya que es el momento histórico en que la industria y los  derechos sociales de los trabajadores se instalaron como núcleos centrales del  proceso económico-social, dejando atrás el modelo agroexportador. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> No menos relevante es percibir que la definición de una política industrial no  implica únicamente la identificación y jerarquización de las actividades  sectoriales, sino la definición del papel del Estado y de los diferentes  sectores sociales en dicho proceso. En este sentido, la revisión de la  experiencia de los dos primeros gobiernos peronistas resulta decisiva porque, al  igual que en la actualidad, se trató de un desafío fundacional para revitalizar  a la clase trabajadora, restaurando su participación en el ingreso y sus  derechos laborales y sociales.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="left"><font size="2" face="Verdana">Sin embargo, igualmente trascendente es reparar en que la redefinición de la  relación entre el capital y el trabajo reconoce como condición sine qua non un  nuevo tipo de Estado que se involucre directamente en la producción y conduzca  el proceso de reindustrialización y redistribución del ingreso, disciplinando a  las fracciones del capital oligopólico, incluida la oligarquía agropecuaria. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Se trata de una problemática central no sólo durante los primeros gobiernos  peronistas sino también en la actualidad, porque los sectores dominantes  mediante la reestructuración económica de los últimos treinta años  redimensionaron y disgregaron a la burguesía nacional. Es así como a partir de  la crisis del régimen convertible la oligarquía diversificada, ya como  conducción de la oligarquía pampeana en su conjunto, intenta suplantar a la  disgregada burguesía nacional y ubicarse como la interlocutora natural de un  proyecto nacional que enfrente al dominante capital extranjero. Más aún, esta  fracción de la oligarquía, como parte de esa transmutación que el sistema  político convalida, tergiversa la naturaleza histórica del objetivo buscado en  los primeros gobiernos peronistas. Ya no se trata de una alianza que fue posible  porque la clase trabajadora se constituyó como un sujeto social y político que  enfrentó el poder oligárquico, modelando un nuevo tipo de Estado desde donde, a  su vez, impulsó la conformación de una burguesía nacional asentada en una  dinámica compatible con una mayor participación de los trabajadores en la  distribución del ingreso. Ahora, en la versión oligárquica, se invierten las  causalidades colocando a la burguesía nacional como el alma mater de esa etapa  histórica, ocultando de esta forma un hecho decisivo: la clase trabajadora ha  sido el sujeto central de la conformación de los proyectos reformistas, tanto  como lo fue en otras experiencias nacionales de los proyectos revolucionarios.    <br>     <br> <b>Crecimiento económico, distribución del ingreso y expansión industrial</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Ningún análisis sobre la industrialización en la Argentina, por preliminar o  fragmentario que sea, puede obviar su antecedente inmediato: el período  1946-1955 en el cual la misma deviene el eje central del proceso económico  interno. Puede tratarlo más o menos implícitamente pero no excluirlo, porque en  ese período se plasma una divisoria de aguas en el desarrollo económico, social  y político del país, en tanto queda atrás el modelo oligárquico agroexportador y  se fortalece la industrialización, conformándose las condiciones estructurales y  las alianzas sociales que serán decisivas en los acontecimientos posteriores al  derrocamiento del peronismo en 1955 mediante un golpe de Estado. Esos gobiernos  peronistas ponen en marcha una experiencia inédita hasta ese momento porque  conjugan el crecimiento económico con un importante aumento en la participación  de los trabajadores en el ingreso generado anualmente (v. <a href="#graf1"> gráfico 1</a>).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><a name="graf1"></a></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v22n60/art6.graf1.gif" align="absbottom" width="580" height="522"></p>      
<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los trabajos realizados sobre estos períodos señalan la existencia,  especialmente durante los primeros años de la administración peronista  (1946-1948), de una acelerada e inédita expansión económica sustentada en la  situación también excepcional de la balanza de pagos y en un sensible  crecimiento de la inversión bruta fija. Sobre este particular, R. Mallon y J.  Sourrouille (1973:21) expresan que:     <br>     <br> Entre 1945 y 1948 el volumen de las mercancías importadas se cuadriplicó y el  producto interno bruto real aumentó el 28 por ciento. La disponibilidad real de  bienes y servicios –total del producto interno más importaciones menos  exportaciones– creció, durante el período de tres años, en una cifra aún más  impresionante, el 45 por ciento, favorecida por el mejoramiento en los términos  de intercambio con el exterior y en los servicios de los préstamos e inversiones  extranjeros.     <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por su parte, C.F. Díaz Alejandro (1975:78) señala que «las tasas de crecimiento  anual más elevadas conseguidas durante lapsos consecutivos de cinco años han  sido los siguientes (empleando como serie básica el PIB): 1932-1937: 5,0 por  ciento (Cepal), 1943-1948: 5,4 por ciento (BCRA), 1953-1958: 5,0 por ciento (BCRA)».  Finalmente, también E. Eshag y R. Thorp (1969:75), en su trabajo sobre esa  época, indican que entre 1946 y 1948 «Las estadísticas disponibles sugieren un  crecimiento del producto bruto nacional del 10 por ciento por año durante el  período, mientras que durante la guerra fue de sólo del 3 por ciento por año». </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Sin embargo, la peculiaridad fundamental que caracteriza a esos gobiernos  peronistas es la incorporación de la clase trabajadora argentina en términos  económicos, sociales y políticos, dando por terminado, al mismo tiempo, el  modelo agroexportador sobre la base de un acelerado crecimiento industrial. De  allí que Alejandro Horowicz, en su incisivo ensayo sobre el peronismo  (1990:133), señale sobre el 17 de octubre<sup>3</sup> que: «Así y todo, en la historia  argentina es algo nunca visto puesto que es una movilización pacífica de masas  obreras que violenta el fiel de la balanza donde discurre la política burguesa.  Es decir, la clase obrera tomó partido en la disputa y su partido se denominó  peronismo».</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> La constitución de la clase trabajadora como un nuevo y trascendente sujeto  social se llevó a cabo concretando las reivindicaciones (convenios colectivos  por actividad, tribunales laborales, salarios mínimos, seguridad social,  aguinaldo, etc.) que habían formulado los sectores populares en las décadas  anteriores a través de sus diversas representaciones sociales y políticas  (anarquistas, socialistas, los radicales yrigoyenistas, etc.). Muchas de ellas  ya estaban establecidas legalmente, pero no se cumplían, mientras que muchas  otras dieron lugar a una profusa legislación que las puso en marcha.  Complementariamente, en 1945 se sancionó la mítica Ley de Asociaciones  Profesionales que permitió la expansión y el fortalecimiento de los sindicatos  en la sociedad argentina.     <br> Es así como, tomando en cuenta solamente este aspecto, durante ese período se  registra una participación creciente de los asalariados en el ingreso nacional,  impulsado por un incremento tanto del salario real como de la ocupación de mano  de obra. Tal es su intensidad, que varios autores la consideraron como el factor  que impidió un salto cualitativo en la producción industrial y la modernización  de la infraestructura luego de la profunda reducción de la inversión impuesta  por la guerra. Así por ejemplo, C. F. Díaz Alejandro (1975:129), en una de las  reiteradas ocasiones en que se refiere a esta problemática, afirma que:     <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Las políticas peronistas dan la impresión de un gobierno interesado no tanto en  fomentar la industrialización, cuanto en desplegar una política nacionalista y  popular de aumento del consumo real, la ocupación y la seguridad económica de  las masas –y de los nuevos empresarios. Persiguió estos objetivos aun a expensas  de la formación de capital y de la capacidad de transformación de la economía.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">También, E. Esahg y R. Thorp (1969:74-75) sostienen una visión similar, diciendo  que:     <br>     <br> En la posguerra, dada la fuerte demanda extranjera, cualquier aumento del  consumo implicaba una reducción idéntica de los ingresos de divisas. La política  de mantener precios relativamente bajos para los alimentos, más el control  estricto de las locaciones urbanas y de los precios de otros importantes bienes  y servicios, en una época en que el empleo y los salarios nominales crecían  rápido, permitió que el consumo privado absorbiera una proporción excesiva del  incremento de los ingresos reales, que resultó del aumento de la producción  interna y de los términos de intercambio.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> Si bien el crecimiento económico de los primeros años del gobierno peronista no  logró mantenerse después de 1948, la tendencia fue claramente expansiva en la  etapa considerada. Tan es así, que las evidencias estadísticas expuestas por  Eshag y Thorp indican que el Producto Bruto Nacional de 1955 es un 16 por ciento  superior al de 1948 (v. <a href="#cua2"> cuadro 2</a>), es decir superiores a las expuestas en el <a href="#graf1">  gráfico 1 </a> de este trabajo. Hay pleno consenso acerca de que esta expansión y la  creciente participación de los asalariados en el ingreso están directamente  relacionadas con un notable crecimiento de la producción industrial, la cual  pasa a ser el eje central del proceso económico. En efecto, tal como se verifica  en el <a href="#graf2"> gráfico 2</a>, la incidencia relativa de la industria en el PBI superó por  primera vez la participación de la producción agropecuaria en 1945 y de allí en  más, en el marco de una sensible expansión del PBI, se acentuaron rápidamente  las diferencias entre las mismas.     <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Más aún, la acelerada expansión industrial de ese período se registra a pesar  del acentuado y generalizado crecimiento que evidencian las diversas actividades  industriales en los años anteriores al peronismo. De allí que J. V. Sourrouille  y J. Lucángeli (1980:8-9), en su trabajo clásico sobre la industrialización,  resalten enfáticamente el crecimiento industrial y la paulatina diversificación  de la producción sectorial durante la década anterior. Al respecto, sostienen  que:     <br>     <br> El aumento en el número de establecimientos, ocupación, producción y salarios  entre 1946 y 1935 es impresionante: cualquiera sea el elemento de comparación,  los datos de 1946 implican por lo menos una duplicación con respecto a los de  una década atrás (...) la industria alimenticia continuaba siendo la principal  actividad en términos de valor agregado, y si bien surge claramente que la  distancia entre las posiciones relativas entre los grandes sectores que hemos  considerado se reducen sensiblemente, es evidente que el grado de  especialización también se había reducido, en un marco de generalizada  expansión.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><font size="2" face="Verdana"><a name="graf2"></a>    <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v22n60/art6.graf2.gif" align="center" width="580" height="623"></p>      
<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Ya en los primeros años de la gestión del peronismo la industria en su conjunto  ocupaba más de un millón de trabajadores, cifra que por otra parte es superior a  la que exhibió en el último Censo Industrial (1994), y a pesar de la  desaceleración posterior a 1948 –debido a la influencia de los problemas en el  sector externo vinculados tanto a la merma de la producción agropecuaria como al  nivel de demanda externa y al deterioro de los términos del intercambio– la  industria profundizó su predominio sobre la producción agropecuaria,  afianzándose una relación que será irreversible en las décadas posteriores. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> En términos de la composición de la producción industrial, la siguiente  comparación intercensal (1954/1946) permite apreciar cambios significativos que  indican un avance notorio de la metalmecánica, del cual la fabricación de la heladera Siam<sup>4 </sup> es un hecho simbólico que perdura en el tiempo. En relación con  la importancia que asume la metalmecánica en esos años, J. V. Sourille y J.  Lucángeli (1980:11) señalan que:    <br>     <br> Los datos son ilustrativos del papel peculiar que le cupo a la industria  metalmecánica en el desarrollo industrial de la inmediata posguerra. En estos  ocho años se vuelve a duplicar el número de establecimientos, la ocupación  aumenta en un 60% frente a un 25% del total y supera a la industria alimentaria  y a la textil en todos los indicadores, con excepción del valor de producción.  Esta última observación no es más que el reflejo de un hecho notable, el  crecimiento de los pequeños talleres, en gran medida dedicados a reparaciones o  fabricación de repuestos, con un alto coeficiente de valor agregado por unidad  de producción.    <br>     <br> En este contexto, cabe señalar que la conjunción de esta nueva situación de los  trabajadores en términos políticos, sociales y económicos con una notable  expansión de la producción y el empleo industriales, se plasma mediante una  profundización de la intervención estatal en el proceso económico que permitió  concretar una significativa redistribución de la renta agropecuaria. En efecto,  el papel estatal fue decisivo para que dicha renta –que antes era apropiada por  la oligarquía terrateniente y el capital extranjero vinculado al planteo  agroexportador– se redistribuyera hacia los trabajadores, los empresarios  industriales vinculados al abastecimiento del mercado interno y el propio  Estado.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Este acentuamiento de la intervención estatal que profundizó la tendencia  iniciada a partir de la crisis de 1929 se expresó en el sector financiero  mediante la nacionalización de los depósitos bancarios por parte del Banco  Central y la asignación del crédito mediante redescuentos otorgados por esta  entidad, la creación del Banco Hipotecario Nacional que concentraba en el país  este tipo de crédito, la regulación del mercado de seguros, etc. Lo mismo  ocurrió en materia de comercio exterior con la creación del reiteradamente  denostado Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI) que  regulaba el intercambio comercial del país (importaciones y exportaciones) e  incluso en algunos años estableció cuotas para las importaciones y las  exportaciones destinadas a controlar la salida de divisas, en el primer caso, y  a garantizar el consumo interno en el caso de las ventas externas. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Asimismo, la intervención estatal se extendió decididamente a la promoción  industrial mediante la consolidación del Banco Industrial creado en 1944<sup>5</sup> y  diversos incentivos (arancelarios, impositivos y crediticios) a las actividades  industriales que fueron declaradas de «interés nacional». Sin embargo, la acción  estatal no se circunscribió a definir una política industrial, sino que durante  esta etapa se constituyeron o fortalecieron numerosas empresas estatales, muchas  de las cuales actuaron en la producción industrial hasta la ola privatizadora  que puso en marcha otro gobierno peronista en la década del noventa. Entre ellas  se cuentan las siguientes: Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM),  fundada en 1941 y dedicada a producir materiales de guerra y afines; Dirección  Nacional de Fabricaciones e Investigaciones Aeronáuticas (Dinfia), sucesora de  la Fábrica Militar de Aviones fundada en 1927 y que producirá aviones y  automotores; Astilleros y Fábricas Navales del Estado (AFNE); Dirección Nacional  de Industrias del Estado (Dinie), que toma a su cargo las empresas alemanas  intervenidas y luego adquiridas por el Estado; Sociedad Mixta Siderúrgica  Argentina (Somisa) creada en 1947 para la producción de acero.<sup>6</sup>    <br>     <br> <b>Deuda externa, nacionalización de los servicios públicos y proyectos  alternativos</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Desde el punto de vista del sector externo, en los estudios sobre esta época hay  pleno consenso en que inicialmente se trató de una etapa excepcional, para luego  irrumpir los problemas de balanza de pagos típicos de esa fase de la  industrialización basada en la sustitución de importaciones, los cuales ponen de  manifiesto la ausencia de políticas estatales orientadas a completar el esquema  industrial interno. A los efectos de analizar ambos aspectos, en el <a href="#cua1"> cuadro 1</a> se  expone la evolución de los activos (reservas), de los pasivos (deuda externa  pública) del Banco Central, así como del comercio exterior (exportaciones e  importaciones) entre 1943 y 1955.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">La excepcionalidad inicial radicaba en que durante los primeros años del  gobierno peronista, la Argentina, a la inversa de lo que acontece en la  actualidad, exhibía una holgada posición acreedora neta con el resto del mundo,  pero una parte significativa de la misma estaba indisponible a raíz de la  situación de insolvencia en que se encontraba el principal país deudor  (Inglaterra) como consecuencia de la segunda guerra europea. La evolución del  saldo acreedor indica que su punto culminante se registra en 1946 (1.687  millones de dólares) para reducirse en 1947 (1.163 millones de dólares) y luego  caer abruptamente en 1948 (674 millones de dólares). Esta acentuada reducción  estuvo directamente vinculada a la disminución igualmente importante de las  reservas –y no a un incremento de la deuda externa– provocada por la amplia  política de nacionalización de los servicios públicos,<sup>7</sup> siendo la más onerosa,  resonante, y denostada, la de los ferrocarriles ingleses en 1947.<sup>8</sup></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Sin abordar un análisis pormenorizado de la cuestión, parece poco discutible que  la nacionalización de los ferrocarriles estuvo encaminada a solucionar el  diferendo económico entre la Argentina e Inglaterra en función del afianzamiento  de la sustitución de importaciones como el nuevo patrón de acumulación de  capital.<sup>9</sup></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><a name="cua1"></a></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v22n60/art6.cua1.gif" width="580" height="453"></p>      
]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">La problemática central eran los 112 millones de libras que a fines de 1945  tenía la Argentina en el Banco de Inglaterra, como resultado de sus saldos  comerciales favorables obtenidos en los años de la guerra, que estaban  bloqueados a raíz de la insolvencia inglesa durante ese conflicto bélico. Estos,  junto a la determinación del precio de venta, constituyeron los principales  temas de la agenda en las negociaciones posteriores al incumplimiento inglés del  tratado Miranda-Eady<sup>10</sup> de 1946 que quedó desvirtuado debido a la nueva  declaración de inconvertibilidad de la libra esterlina. A juzgar por los  elementos disponibles, dicho tratado implicaba una buena negociación para el  país, ya que fijaba en 150 millones de libras el precio de la transferencia de  estos activos; de acuerdo con P. Skupch (1972:490): «El precio convenido excedía  ligeramente la valuación en la Bolsa de Londres (130 millones de libras), pero  estaba muy por debajo de su valor nominal (250 millones de libras) y tal vez por  debajo de su costo de reemplazo».</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Si bien el monto de recursos comprometido en la transferencia de los  ferrocarriles constituye una problemática signada históricamente por intensas  controversias, con su estatización no ocurre lo mismo, ya que, excluyendo a la  oligarquía eminentemente agropecuaria y a los intereses ingleses, los distintos  sectores sociales que querían modificar el statu quo, ante el evidente  agotamiento del modelo agroexportador y la creciente hegemonía norteamericana,  estuvieron de acuerdo en llevarla a cabo. Al respecto, es sumamente importante  recordar que la discusión e incluso las negociaciones para nacionalizar los  servicios públicos en general, y los ferrocarriles en particular, comienzan con  el gobierno de la Concordancia<sup>11</sup> durante la década infame, siendo contemporáneas  con las estatizaciones que se realizaron en el ámbito mundial durante esos años  (en Inglaterra y Francia, por el laborismo y De Gaulle, respectivamente).<sup>12</sup> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Sin embargo, desde 1948 en adelante la tendencia de los saldos entre los activos  y pasivos del Banco Central es decreciente debido a la expansión de la deuda  externa contraída por el sector público con los países centrales. A su vez, la  evolución de este endeudamiento estuvo fuertemente influenciada por los saldos  negativos en la balanza comercial que irrumpieron por el estancamiento de las  exportaciones agropecuarias y el dinamismo de las importaciones de insumos  intermedios y de bienes de capital demandados por la creciente actividad  industrial. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> En otras palabras, comienza a expresarse el típico estrangulamiento en la  balanza de pagos que acompañará la evolución de esa etapa de la  industrialización sustentada en la sustitución de importaciones. En realidad,  las restricciones externas ponen de manifiesto la extrema debilidad de las  políticas estatales para avanzar mediante la inversión pública en la integración  de la estructura industrial interna. Se trata de una situación paradojal, porque  mientras los sectores dominantes denuncian hasta el hartazgo el intolerable  dirigismo estatal del peronismo, la estructura y la política estatal no están en  función de impulsar un salto cualitativo en la estructura industrial sino, como  se verá con mayor detalle más delante, en garantizar la rentabilidad del  conjunto de las fracciones empresariales industriales, que no se plasma –tampoco  en el caso de la burguesía nacional– en nuevas inversiones que permitan integrar  la estructura industrial y diluir las presiones sobre el sector externo de la  economía. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Si bien los sectores sociales que impulsan un recambio del modelo agroexportador  coinciden en la estatización de los servicios públicos, sus desacuerdos son  profundos al momento de definir el carácter específico del nuevo patrón de  acumulación de capital. Las fracciones de la oligarquía con presencia en la  producción industrial planteaban la conjunción de una mayor injerencia estatal  con el mantenimiento de las exportaciones agropecuarias, pero con un nuevo eje  productivo dinámico basado en la construcción y, sobre todo, en las ventas  externas de los productos industriales. En función de este planteo de  industrialización exportadora, también se proponía proceder a la nacionalización  de los servicios públicos. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> La expresión orgánica más acabada de la propuesta que impulsa esta fracción de  la oligarquía fue el denominado «Plan Pinedo»<sup>13</sup> (Ministerio de Hacienda, 1940).  En este proyecto de industrialización alternativo (exportador) al del peronismo  (mercado internista) se mencionaba explícitamente la nacionalización de los  servicios públicos, lo cual constituye un claro indicador del grado de avance de  las negociaciones por parte de algunos de los sectores que integraban el  gobierno de la Concordancia. Al respecto, en dicho Plan (capítulo III, punto 37)  se señala que:     <br>     <br> Sin que pueda, hasta este momento, anunciarse otra cosa que la existencia de un  proyecto en elaboración, cabe en este lugar expresar que no es aventurado pensar  en que los saldos en libras resultantes de nuestro comercio con los países del  área esterlina pueden ser utilizados en un vasto programa de adquisición del  contralor de piezas esenciales del sistema de transporte, si el proyecto  respectivo –hoy a estudio de otro departamento– mereciera la aprobación del  gobierno y del Honorable Congreso.     <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Por otra parte, a partir de los sectores nacionalistas de la Fuerzas Armadas y  de distintas fracturas del sistema político, influenciados todos ellos por la  Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Forja), se fue conformando  una propuesta alternativa, también industrialista pero asentada en el consumo  interno y la redistribución del ingreso hacia los asalariados. Desde el punto de  vista del peronismo, que es la fuerza política que asumió este ideario, la  propiedad estatal de los servicios públicos, y específicamente de los  ferrocarriles, se consideraba vital para asegurar, como parte de la seguridad y  la autonomía nacional, la consolidación de la redistribución del ingreso y,  especialmente, del nuevo eje productivo de la economía argentina que era la  industrialización. Respecto a esta última, no se trataba únicamente de obtener  un instrumento directo para su promoción, sino de replantear el conjunto de las  relaciones existentes, eliminando la posible competencia inglesa en los bienes  industriales que eran vitales como sustento del empresariado nacional. De allí  que P. Skupch (1972:486) destaque que:     <br>     <br> Al finalizar la guerra el objetivo básico del gobierno argentino, como de otros  gobiernos latinoamericanos, era defender lo que existía en materia de producción  manufacturera. Esta defensa se articulaba con el temor a la desocupación que era  de esperar como consecuencia de los reajustes económicos que traería la paz. Las  alternativas eran claras: se protegían las industrias que el país había logrado  desarrollar o se dejaba que la competencia externa recuperase los mercados  perdidos.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Pese a la importancia que asume la industrialización en la tarea de gobierno del  peronismo, es indiscutible que no logró profundizarla incorporando en la  estructura productiva interna aquellas actividades típicas que indican la  superación de la etapa de la industrialización liviana –como la producción de  acero, petroquímica, etc.–, lo cual sin duda hubiera permitido una mayor  expansión económica y autonomía nacional. Para varios autores esta oportunidad  perdida se ubica en los primeros años de gobierno (1946-1948) por las ingentes  reservas de divisas con las que contaba el país que, supuestamente, se usaron en  la redistribución del ingreso hacia los asalariados, los gastos improductivos  del Estado y la nacionalización de los servicios públicos. De todos esos autores  los que quizá expresaron con mayor claridad esa falencia fueron Esahg y Thorp  (1969:73-74), al afirmar que:     ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> Si bien el gobierno logró contribuir, mediante una política expansiva, a la  aceleración del crecimiento de la producción y del empleo, no supo aprovechar  las oportunidades que se le presentaban al país; algunas de sus políticas han  sido verdaderamente poco sabias. El error mayor fue no utilizar los amplios  recursos de la nación para suprimir los estrangulamientos de la economía  señalados antes. Vistas las cosas de manera retrospectiva, resulta claro que las  reservas de divisas iniciales y los ingresos adicionales de la exportación  podrían haberse utilizado para renovar y aumentar el capital de los sectores de  transporte y de energía, acero e industrias pesadas. Esta política habría  exigido mayor control sobre la asignación de recursos y en especial sobre la  composición de la inversión, pero habría permitido al país continuar y  profundizar su industrialización aun bajo las condiciones desfavorables del  comercio exterior que se manifestaron después de 1948.     <br>     <br> El señalamiento es relevante pero improcedente, porque en la concepción de ese  gobierno no era una alternativa válida continuar con la postergación social y  debilitar al Estado para desarrollar la industria pesada, sobre todo cuando  además, en tan breve lapso, afianzaba la industria liviana, y desplegaba un  nuevo planteo institucional.     <br> Sin embargo, sería un error desechar esta visión crítica, ya que todo parece  indicar que era necesario no sólo profundizar la industrialización, sino también  renovar parte de la maquinaria y equipo instalados. Tanto es así que el propio  gobierno peronista intenta infructuosamente solucionar este problema crucial en  los años cincuenta mediante la promulgación de la primera ley sobre las  inversiones extranjeras y la negociación con capitales extranjeros para la  explotación petrolífera. No se trata de una iniciativa tardía, sino  fundamentalmente errónea, pues implicaba asumir la impotencia estatal para  llevarla a cabo y reconocerle a la fracción industrial dominante la capacidad de  hacerlo; transformaciones que luego encarará, pero redefiniendo la naturaleza  del Estado en el marco de gobiernos condicionados por el brazo armado de los  sectores dominantes, es decir, las Fuerzas Armadas.     <br> Tanto las críticas a la estrategia adoptada por el peronismo como la situación  imperante durante esos años suscitan, al menos desde la perspectiva de este  ensayo, un interrogante trascendente: ¿para el peronismo, la única posibilidad  para desarrollar la industria pesada y renovar los bienes de capital era  sacrificar los objetivos centrales de su política? o, por el contrario, ¿tenía  otras alternativas que no utilizó? Indagar esta problemática es crucial para  comprender la naturaleza tanto del peronismo como de los bloques sociales que se  enfrentarán más adelante durante la industrialización, pero exige previamente  incorporar nuevos elementos estructurales, específicamente referidos a las  características que asumen las diferentes fracciones empresariales que  participan en la producción industrial.    <br>     <br> <b>Las fracciones industriales durante el peronismo: capital extranjero, burguesía  nacional y oligarquía diversificada</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> El análisis de las distintas fracciones empresariales en la etapa previa a los  dos primeros gobiernos peronistas ha sido, y sigue siendo, un tema de debate que  concitó –acertadamente porque allí se originan o consolidan los sectores que  serán decisivos en las etapas posteriores– la atención de múltiples analistas  económicos y de otras disciplinas. Directa o indirectamente, el contenido  central de los distintos aportes no pone en cuestión la existencia de las  empresas extranjeras y su significativa incidencia en la producción industrial  desde los orígenes mismos de la industrialización en el país. Más bien,  implícitamente en algunos casos y explícitamente en otros, el debate está  centrado en la importancia que asumen las empresas nacionales tanto en términos  cuantitativos en la producción sectorial como de su dinamismo o expansión  durante la década infame e incluso, en algunos casos, del grado de  autoconciencia como para encarnar esa fracción específica que se denomina burguesía nacional.<sup>14</sup>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> No menos relevante es el debate acerca de si el espectro empresario se agota en  la existencia de estas dos fracciones o por el contrario hay otras que, más allá  de sus afinidades o discrepancias con las anteriores, tienen una singular  incidencia tanto por su grado de participación en la producción industrial como  por el tipo de inserción en la economía y su identidad como fracción social.<sup>15</sup>  En otras palabras, se trata de una discusión donde se pone en juego el análisis  de la conformación de los sectores dominantes y de los subalternos en esa etapa  histórica tan decisiva.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> En relación con esta problemática, cabe señalar que las evidencias empíricas son  concluyentes en señalar que la presencia de las empresas extranjeras se remonta  a los orígenes mismos de la industrialización argentina. Si bien las firmas  industriales extranjeras representaban una porción mínima del capital foráneo en  el país –el 1,3 por ciento del capital extranjero radicado en la Argentina en  1909 de acuerdo con la Cepal (1959)– su importancia es indiscutible por cuanto  controlaban los grandes establecimientos manufactureros en sectores claves del  modelo agroexportador. Tal es el caso de esas empresas en la producción  frigorífica (Bovril, Swift o Liebigs), la producción de tanino (Quebrachales  Fusionados -La Forestal) o los propios talleres ferroviarios que constituían las  grandes empresas metalúrgicas de la época. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Sin embargo, durante las primeras décadas del siglo XX ya se percibe un  incremento de las empresas extranjeras que expresaban un comportamiento distinto  a las inversiones industriales anteriores. Se trata de filiales que replicaban  los procesos productivos implementados por las casas matrices en los países de  origen y cuyos bienes producidos estaban destinados al abastecimiento del  mercado interno.<sup>16</sup> Es así como durante la década del veinte se radicaron firmas  extranjeras que serán tradicionales en el mercado local, algunas de las cuales  han sobrevivido al proceso de desindustrialización de las últimas décadas, como  Refinerías de Maíz S.A. y Chiclet´s Adams en la producción de alimentos, al  mismo tiempo que subsidiarias de Cynamid y Roche en la producción de  medicamentos, y en la producción química otras empresas de reconocida  trayectoria en el país, como Ducilo, Duperial y Bayer.     <br> Sin duda, en el nuevo contexto de los años treinta la protección arancelaria y  las propias restricciones en el mercado cambiario que impuso la situación del  sector externo impulsaron un aceleramiento del proceso de industrialización  sustentado en la sustitución de importaciones, consolidándose un elevado grado  de la concentración económica medida tanto en términos de producción como del  empleo sectorial. Las cifras censales disponibles al respecto indican que en  1937 los grandes establecimientos (aquellos con doscientos o más obreros  ocupados) representaron el 1,4 por ciento de las plantas fabriles, concentrando  el 37 por ciento de la ocupación y el 58 por ciento del valor de producción  industrial. En el otro extremo se encontraban el 70 por ciento de los  establecimientos totales que eran las plantas industriales más pequeñas (con  diez obreros o menos), las cuales contaban con el 15 por ciento de la ocupación  total y solamente el 6 por ciento o menos del valor de producción industrial.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Tampoco caben dudas acerca de que durante esta etapa se aceleró la incorporación  de subsidiarias extranjeras a la producción industrial. Por un lado, se  incrementó la cantidad de empresas que se radicaban en esta actividad (entre  ellas y en diferentes ramas industriales: Nestlé, Suchard, Bols, Sudamtex, Glaxo,  Ciba, Gillette, Remington, Osram, Union Carbide, etc.). Por otra parte, las  estimaciones acerca de la incidencia de estas empresas sobre la producción  sectorial son variables, pero siempre significativas. Así, por ejemplo, A.  Dorfman evalúa que el capital extranjero controlaba algo más del 50 por ciento  del capital industrial total en 1937.     <br> En este contexto, cabe señalar que E. Jorge introduce un fructífero debate, pues  analiza este mismo proceso pero ubicando como centro de atención la importancia  y la evolución que asume el capital local, contraponiéndolo al capital  extranjero. En su trabajo, E.&nbsp;Jorge (1971) se diferencia del análisis de Dorfman  al afirmar, entre otras cosas, que: «Pese a no compartir las conclusiones que  extrae sobre el proceso de concentración industrial en la Argentina de la época,  debe señalarse el mérito de este primer trabajo exhaustivo y documentado sobre  la industria argentina» (p. 168), y que «A partir del análisis realizado por  Adolfo Dorfman de la situación existente en 1935, la impresión generalizada ha  sido que la industria argentina se ha desarrollado en condiciones oligopólicas,  coexistentes con una presencia masiva de pequeñas empresas» (p. 170). Sin  embargo, también cabe indicar que, tal como lo señala posteriormente J. J. Llach  en sus trabajos, la participación de las empresas pequeñas y medianas parece  estar sobrevaluada en el trabajo de Jorge, debido al límite superior de la  ocupación que adopta para definirlas (hasta quinientos obreros ocupados). </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Al respecto, es necesario tener en cuenta algunas características de la  estructura económica que determinan que las firmas extranjeras y las empresas de  capital local no constituyan fracciones empresariales necesariamente  desvinculadas entre sí, tanto dentro de una misma rama de actividad como entre  firmas ubicadas en diversas actividades ligadas por relaciones de  insumo-producto. En efecto, el desarrollo de la matriz de insumo-producto por  parte de W. Leontieff (1985) derivó en la identificación de los bloques  sectoriales (Lifschitz, 1992), es decir, el conjunto de ramas industriales que  mantienen una estrecha relación entre sí a través de sus compras de insumos y/o  ventas de los bienes finales o intermedios. Asimismo, cabe recordar que dentro  de cada uno de estos bloques sectoriales se encuentran ramas industriales  monopólicas u oligopólicas que son los núcleos económicos y tecnológicos y  detentan la capacidad de modelar las condiciones estructurales y el  comportamiento económico del resto de las actividades que forman parte del  bloque sectorial, aun en muchos casos de otras ramas de la actividad industrial  que son igualmente oligopólicas. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Esta conformación estructural de la producción capitalista es la que permite que  durante la primera etapa de sustitución de importaciones ya se expresen dos  características relevantes interrelacionadas. La primera consiste en que las  subsidiarias extranjeras se instalan mayoritariamente en actividades  oligopólicas en donde también hay empresas de capital local de menor incidencia,  que quedan supeditadas al comportamiento de aquellas que ejercen el liderazgo  sectorial, aspecto que fue señalado por J. Villanueva (1972:462) en su clásico  trabajo sobre la industrialización argentina. La otra característica relevante  es que las firmas extranjeras, también generalmente, controlan las ramas  industriales que son los núcleos económicos y tecnológicos de los bloques  sectoriales teniendo, en consecuencia, la capacidad de subordinar un conjunto de  actividades industriales, aun cuando no tengan relaciones directas de  insumo-producto, sino indirectas en tanto están mediadas por otras ramas  industriales. De allí, entonces, que en muchos casos las empresas de capital  local quedan subordinadas a las extranjeras, sin ser directamente proveedoras de  insumos o bienes intermedios, incluso cuando son empresas oligopólicas en sus  respectivas actividades, porque sus producciones integran un determinado bloque  sectorial donde el capital foráneo controla los núcleos centrales económicos y  tecnológicos del mismo.    <br> Estas condiciones son muy relevantes para comprender las vinculaciones entre las  firmas extranjeras y las locales, y también para evaluar las consecuencias de la  disminución en el grado de extranjerización de la producción industrial que se  expresa entre el modelo agroexportador y la sustitución de importaciones,  especialmente en su vertiente peronista. En este sentido, la reducción del grado  de extranjerización entre el modelo agroexportador y la sustitución de  importaciones no necesariamente implica una disminución del control extranjero  sobre la producción, sino una modificación en la estructura económica y las  formas de transnacionalización. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Incluso teniendo en cuenta las consideraciones precedentes, es poco discutible  que la evolución industrial entre los Censos de 1935 y 1946 presenta una serie  de resultados que indican una considerable expansión de la cantidad e incidencia  de las empresas de capital local. Un primer indicador consiste en la  significativa expansión de dichas empresas en todas las variables censales  (valor de producción, ocupación y número de establecimientos), que supera  claramente el aporte de las nuevas subsidiarias extranjeras manufactureras  radicadas durante este período. Asimismo, el estancamiento durante estos años de  los obreros ocupados por establecimiento es otro indicador de que la  incorporación de empresas de capital local es significativa, ya que expresa una  incorporación masiva que logra neutralizar la mayor intensidad de capital que  exhiben las nuevas subsidiarias extranjeras que se radican en el país durante  esos años. Finalmente, la importancia que mantiene la producción textil, e  incluso los cambios que se registran dentro de la misma (aparición de los  tejidos de algodón y lana al tiempo que declina la importancia de la elaboración  de bolsas de arpillera) son otros indicios en la misma dirección, pues se trata  de la actividad típica en la que se inserta la burguesía nacional durante esos  años. Lo mismo ocurre con algunas de las actividades más dinámicas durante ese  período, como curtiembres, materiales para la construcción y papel. Muy  probablemente, la mayor expansión de las empresas de capital local se sitúa  entre 1943 y 1946, debido a las políticas que se adoptan a partir del  derrocamiento del presidente Castillo por un golpe militar. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Los ejemplos de las empresas nacionales que actúan en la producción industrial  durante los primeros gobiernos peronistas son múltiples, especialmente en la  producción textil (como Castelar, Gaby Salomón, Ezra, Teubal y Hnos., Sedalana,  Establecimientos Textil Oeste, etcétera) y metalúrgica (como José Lombardi e  Hijos, Cura Hermanos, Roque Vasalli, Impa, etc.). Sin embargo, las empresas de  capital local se van a conformar como una burguesía nacional propiamente en  dichos gobiernos, momento en que constituyen su propia central empresaria, la  Confederación General Económica (CGE), a partir de la cual enarbolan sus propias  reivindicaciones, que generalmente están contrapuestas a las esgrimidas por la  tradicional Unión Industrial Argentina (UIA).</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> A pesar de la importancia que asume para el análisis de la sustitución de  importaciones la identificación de las diferencias que median entre las empresas  extranjeras y las firmas locales, el tratamiento de las fracciones empresariales  no se agota allí, ya que dentro de estos dos tipos de firmas queda subsumida (en  mayor o menor medida dentro de cada uno de ellos, dependiendo de los criterios  que se adopten para definirlas) una fracción empresaria tradicional diferente a  las mismas, que tiene intereses, condiciones estructurales e identidad propia.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> La misma está compuesta por capitales de diferente origen y grado de  diversificación económica. En primer término, se encuentra un conjunto de  capitales de origen extranjero que expresan las formas de la internacionalización temprana ya que se instalaron en el país a fines del siglo XIX mediante la radicación de algunos integrantes de las familias propietarias  y, como tales, se integraron con la clase dominante local en términos sociales y  económicos Cabe señalar que esta temática ha sido abordada desde la perspectiva  industrial primero por Milcíades Peña, cuando entiende que hay una estrecha  relación entre la burguesía industrial, los terratenientes pampeanos y el  capital extranjero; luego fue retomada por J. J. Llach cuando indaga las  fracciones industriales que componen las grandes firmas a mediados de los años  treinta. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Tal como lo señala J. Sábato (1991), debido a su integración social y económica  con la clase dominante local, estos capitales no se sustentaron en una base  económica exclusivamente industrial, aunque controlaban múltiples firmas  industriales líderes, sino que tuvieron una destacada presencia en la propiedad  y producción agropecuaria pampeana y extrapampeana, formando parte de los  grandes terratenientes argentinos; participaron en la exportación de productos  primarios y en los negocios financieros de la época, e incluso instalaron o  adquirieron firmas en otros países del Cono Sur. Entre ellos se encuentran Bunge  y Born, y Bemberg y Tornquist.<sup>17 </sup> Sobre estos capitales Sábato (ibíd.), al  caracterizar a la clase dominante destaca entre otros aspectos que:     <br>     <br> a) Esta clase, si bien poseía buena parte de la tierra, actuaba en una variada  gama de actividades y su principal base de poder económico-social residía, sobre  todo, en el control del comercio y las finanzas; (...) c) sería precisamente el  control del comercio y las finanzas el que, al abrir un conjunto de  oportunidades y otorgar una alta flexibilidad, le habría permitido implantarse  simultáneamente en una serie de actividades productivas y especulativas (desde  la producción agropecuaria hasta la industrial, pasando por la provisión de  servicios, la cooperación en la construcción de infraestructura, la especulación  urbana y rural, etc. (p.110).     <br>     <br> Desde un punto de vista más general vale la pena anotar cómo algunas empresas,  sociedades o aun núcleos de relaciones que hemos observado y consideramos  típicas de la clase dominante presentan, en su forma de estructurarse y  funcionar, singulares parecidos con los grandes conglomerados que ejercieron en  el mundo durante las últimas décadas. Con magnitud mucho más pequeña, los grupos  que se formaron y operaron en Argentina (Bunge y Born, Tornquist, Devoto,  Mihanovich, etc.) tuvieron comportamientos y una implantación multisectorial  semejante a la de estas enormes compañías que hoy tienen influencia decisiva en  los negocios mundiales. (p. 112).    <br>     <br> En segundo lugar, integran esta fracción empresaria otros capitales locales que  tienen su origen en los diversos integrantes de los sectores dominantes  pampeanos y provinciales que adquirieron trascendencia nacional debido a su  pertenencia a la oligarquía pampeana, en un caso, o su integración social con  ella, en el otro, así como por la importancia económica que exhibían sus  empresas en la producción local. Al igual que los anteriores, están presentes en  diversas actividades económicas y, especialmente, detentan una nítida y  significativa trascendencia en la propiedad y producción agropecuaria pampeana  y/o extrapampeana. Ejemplos de este tipo de capitales son Braun Menéndez,<sup>18</sup>  Ingenio Ledesma, Terrabusi, Fortabat y Corcemar. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Para percibir la estrecha relación de estos grupos económicos con el poder  político de la época, es apropiado recordar la destacada participación que tuvo  en los gobiernos de la Concordancia el fundador (Justiniano Allende Posse) del  grupo económico Cocermar, centrado en la producción de cemento y materiales para  la construcción. Al respecto R. Potash (1984:125) sostiene que:     <br>     <br> ..., el círculo de asesores íntimos del Justo incluía a dos ingenieros, Pablo  Nougés y Justiniano Allende Posse. Nougués era responsable de la administración  de las líneas ferroviarias estatales, y Allende Posee dirigía el nuevo programa  nacional de construcción de caminos. Como el propio Presidente era ingeniero, no  puede sorprender que compartiese las opiniones de estos hombres en muchos  asuntos, además de los que se relacionaban con la gestión de sus respectivos  organismos     <br>     <br> Posteriormente, en 1938 Allende Posse integró la Comisión de Control encargada  de fijar las tarifas y el comportamiento financiero de la Corporación de  Transportes, indicando Potash (ibíd., p. 132) que:     <br>     <br> Los miembros de la primera Comisión de Control fueron designados nominalmente  por el presidente Roberto M. Ortiz en 1938, pero los hombres elegidos habían  sido indicados por Justo como parte del acuerdo con Ortiz. La elección de Justo  para la presidencia de la Comisión de Control recayó en el ex director de  Vialidad, Justiniano Allende Posee, un hombre que no había vacilado en construir  caminos que competían con los ferrocarriles, y que personalmente se había  opuesto a la creación de la Corporación.     <br>     <br> En tercer lugar, también forman parte de esa fracción algunos capitales  estrechamente enlazados a capitales extranjeros de carácter financiero y de  antigua data en la Argentina, cuyos representantes también se vinculan social y  económicamente con la oligarquía pampeana. Estos son los casos de Alpargatas  (relacionada al grupo Roberts<sup>19</sup>) y la Cia. General de Combustibles (controlada  por la transnacional suiza Brown Boverí).</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Esta fracción empresaria (con sus respectivas incorporaciones y bajas en cada  etapa, y las distinciones que impone el diferente origen de los capitales) se  diferencia claramente tanto de las típicas subsidiarias extranjeras instaladas  durante la sustitución de importaciones, como de las pequeñas y medianas  empresas, e incluso de aquellas grandes firmas locales con las cuales comparten  un poder oligopólico en distintas ramas de actividad. Por su origen,  conformación e intereses se la puede considerar como el sector de la oligarquía  local que se diversificó hacia la industria y otras actividades económicas (de  allí que de aquí en adelante se la denomine oligarquía diversificada). </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> En efecto, ya en los años treinta dicha fracción social tiene una significativa  influencia dentro de las grandes firmas industriales de la época. Tan es así que  Llach (1984:179), al cuantificar la importancia de las fracciones del capital  dentro de los establecimientos más grandes en 1935, señala que:     <br>     <br> Según los datos proporcionados por Dorfman, el propio Jorge y las fuentes  citadas en la nota 5, los 170 establecimientos mencionados se distribuían así:  114 eran producto de inversiones extranjeras directas (50 de los Estados Unidos,  37 de Europa Continental y 21 de Gran Bretaña) y 56 estaban controlados por  conglomerados o grupos financieros como Tornquist (16), Bemberg (15), Leng  Roberts (11), Bunge y Born (10) y Braun Menéndez (4).    <br>     <br> Por otra parte, en los años cuarenta será esta fracción de la oligarquía la que  impulsará, ante el agotamiento del modelo agroexportador clásico, la alternativa  industrial exportadora que planteó el Plan Pinedo. Sin embargo, al mismo tiempo,  esta fracción empresaria es parte de los grandes terratenientes pampeanos y  extrapampeanos, conformando uno de los sectores que integran el establishment  económico del país, quizá el más estable y tradicional desde la conformación del  Estado liberal hacia fines del siglo XIX.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Teniendo presentes esas características estructurales y retomando el análisis  del peronismo, es posible avanzar hacia una visión más integral que permita  extraer algunas conclusiones e hipótesis acerca de ese período y que, al mismo  tiempo, arroje luz acerca de la conformación de los bloques sociales que actúan  en los años posteriores a este gobierno, durante la segunda etapa de sustitución  de importaciones.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es poco discutible que la gestión del primer gobierno peronista llevó a cabo una  profunda redistribución del ingreso en detrimento de la oligarquía terrateniente  pampeana a través de una acentuada modificación de los precios relativos con el  objetivo de impulsar el desarrollo industrial del país. Cambios que, junto a las  políticas específicas destinadas a solucionar el acuciante problema económico y  social de los arrendatarios, van a derivar en la desconcentración de la  propiedad pampeana más significativa de la historia argentina y en un  resentimiento de los terratenientes pampeanos acorde a la misma.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Si bien la información al respecto es escasa por la falta de catastros rurales  de esa época, la comparación de las estimaciones realizadas para la provincia de  Buenos Aires indica que entre el modelo agroexportador (1923) y luego del fin  del peronismo (1958) los grandes propietarios bonaerenses (aquellos con 2.500 o  más hectáreas) registran una espectacular reducción en la extensión de sus  tierras, al pasar la superficie controlada por ellos de 17,9 millones a 6,8  millones de hectáreas, con una igualmente significativa reducción de las  hectáreas por propietario (de 7.786 a 5.292).<sup>20</sup> La significativa reducción de la  concentración de la propiedad rural, junto a la terminación de una forma  específica de extranjerización de la economía local debido a la nacionalización  de los servicios públicos, señalan que en ese momento histórico se abandona  definitivamente el planteo agroexportador como núcleo central del comportamiento  de la economía argentina. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> En este contexto, sabiendo que el sector empresario industrial era una realidad  heterogénea, la cuestión analítica decisiva, al menos desde la perspectiva de  este ensayo, consiste en aprehender lo que ocurre con las diversas fracciones  empresariales que interactúan en la nueva actividad dinámica que impulsa el  peronismo: la producción industrial. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Hay consenso, quizás más implícito que plasmado en análisis específicos sobre el  tema, en que el peronismo generó la burguesía nacional. Por cierto, esto no  significa que antes no hubiesen surgido, como se mencionó anteriormente, las  empresas de capital local como un estrato particular dentro de la producción  generada internamente, sino que a partir de ese fundamento anterior se registra  un salto cualitativo. Todo parece indicar que la expansión de empresas de  capital local se acentuó durante los primeros gobiernos peronistas pero el  fenómeno central es que muchas de ellas devinieron en grandes firmas  oligopólicas que disputaron el control de diversas producciones industriales  claves en la economía de la época (como la producción de alimentos, textiles,  cuero, etc.) con las otras fracciones empresariales. Es indudable que este  avance estructural fue impulsado por el gobierno peronista, al igual que la  conformación de la Confederación General Económica (CGE) en 1953 como una  central empresaria propia y alternativa a la UIA. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> De esta manera, la conformación de la CGE como nucleamiento de la burguesía  nacional dentro del capital es equivalente a la organización de la CGT como  central única de los trabajadores, siempre y cuando se considere a esta última  como una expresión de la constitución de la clase trabajadora como sujeto  social. Sin embargo, es necesario destacar que esta analogía no se establece  entre dos conformaciones sociales distantes, sino entre dos realidades sociales  que, si bien tienen un orden de prelación específico, están intensamente  imbricadas, constituyendo una alianza social. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Se trata, como se señaló previamente, de una alianza que fue posible porque la  clase trabajadora se constituyó como un sujeto social y político que enfrentó el  poder oligárquico intentando modelar un nuevo tipo de Estado desde el cual, a su  vez, impulsó la conformación de una burguesía nacional asentada en una dinámica  compatible con una mayor participación de los trabajadores en la distribución  del ingreso.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Por otra parte, en términos económicos la centralidad de la producción de bienes  salario (alimentos y textiles, etc.) que exhibió la inserción de la burguesía  nacional reconoce con especial intensidad, como no ocurrió con ninguna de las  otras fracciones empresariales de la industria, al salario como un factor de  demanda insustituible para su existencia, al mismo tiempo que la protección  arancelaria y paraarancelaria permite vía el ajuste de sus precios aminorar la  significación del mismo como un factor relevante de la estructura de costos. No  es que la protección elimine la incidencia del salario como un factor relevante  del costo; lo que posibilita es que ese costo –y la obtención de elevadas  ganancias– se transfiera a otras actividades económicas mediante la instauración  de un precio relativo más elevado. Lo que permite la protección es, entonces, la  expansión del mercado interno con altos niveles de salarios y de ganancias, al  menos mientras se pueda transferir renta agropecuaria. Este funcionamiento  económico es decisivo para que los asalariados y la burguesía nacional conformen  un bloque social que se enfrentará retiradamente con las otras fracciones  empresariales durante la segunda sustitución de importaciones (1958-1975).</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Respecto a la oligarquía diversificada, las falencias analíticas son mayores en  tanto tradicionalmente no se la considera como una fracción empresaria  propiamente dicha sino que, de acuerdo con las concepciones en juego y los casos  específicos, se la asimila indistintamente al capital extranjero o a la  burguesía nacional. Pese a estas restricciones, es posible esbozar algunas  hipótesis respecto a la misma. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> En tanto su inserción multisectorial reconoce a la producción agropecuaria como  uno de sus ejes relevantes, no caben dudas de que el peronismo la afectó  económicamente, incluso en términos ideológicos y políticos. Sin embargo, no  parece ocurrir lo mismo en términos de sus otras actividades, especialmente la  producción industrial y la actividad comercial. En efecto, parecería que en ese  aspecto, por su inserción en la producción de alimentos y bienes intermedios,  fue una de las beneficiadas por la industrialización. Paradójicamente, también  durante el peronismo, algunos de los integrantes de esa burguesía nacional que  instalaron en ese momento algunas de sus empresas más relevantes (como Acindar  fundada en 1948) o directamente comenzaron sus actividades en esos años (como  Pérez Companc y Bridas) terminarán, no muchos años después, formando parte de la  oligarquía diversificada.    <br>     <br> <b>Comportamiento e incidencia de las fracciones industriales durante los primeros gobiernos peronistas</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Dado el carácter antioligárquico y antiimperialista del peronismo en el plano  político, se podría asumir que el capital extranjero industrial, a la inversa de  las fracciones del capital local, fue acentuadamente perjudicado. Más aún, si se  tiene en cuenta la estatización de los servicios públicos, esas actitudes  parecen signar al peronismo no sólo en el plano político sino también en el  económico. En este caso es Díaz Alejandro (1975:261-262) quien expresa con mayor  claridad esta concepción, al expresar que:     <br>     <br> Desde 1943 hasta 1953 el gobierno observó una política de hostilidad, o por lo  menos de indiferencia, hacia el capital extranjero. Hasta 1948 la abundancia de  divisas y las posibilidades de sustituir importaciones en ramas de la industria  para las cuales la cooperación de los conocimientos tecnológicos extranjeros no  era de importancia decisiva consiguieron neutralizar los efectos desfavorables  de aquella política. No obstante, el estancamiento de 1948-1954 provocó su  reconsideración. Se hizo evidente que la nueva etapa de industrialización exigía  la cooperación, en una u otra forma, de los tractores, vehículos automotores,  siderurgia y demás industrias ingenieriles (...) Aquellos contactos, importantes  para la transmisión de las nuevas técnicas de producción y de administración,  habían sido obstaculizados por el clima de xenofobia y nacionalismo de los  primeros años del régimen peronista.     <br>     <br> Si bien, en este y otros relevantes trabajos sobre la historia económica  argentina se asume esta perspectiva como si fuera un hecho que no es necesario  fundamentar en términos económicos, es pertinente indagar esta problemática con  los elementos disponibles. En ese sentido, no caben dudas de que un indicador apropiado para evaluar la  posible discriminación del capital extranjero es la evolución histórica de las  utilidades percibidas por el mismo durante esta etapa respecto a otros períodos  históricos. Al respecto, en el <a href="#graf3"> gráfico 3</a> puede observarse la trayectoria seguida  entre 1940 y 1975 por las utilidades, la inversión neta (nueva inversión más  reinversión de utilidades) y la reinversión de las empresas extranjeras  radicadas en el país de acuerdo con las cifras oficiales expresadas en dólares  de 1975 (Ministerio de Economía, 1976).</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Los resultados obtenidos no dejan de ser sorprendentes, ya que el capital  extranjero que se insertó en el país realizando una inversión extranjera directa  (la forma típica que adoptan las subsidiarias industriales) percibió en los años  del peronismo las utilidades totales más elevadas, no sólo entre 1940 y 1975,  sino desde el momento en que hay registros de las mismas, es decir, desde las  primeras décadas del siglo XX (1912). Tan es así, que al comparar el promedio de  las utilidades totales percibidas por este tipo de firmas extranjeras entre 1946  y 1953 con el otro período de auge de las mismas que transcurre entre 1958 y  1964 (cuando el desarrollismo sienta las bases de la segunda etapa de  sustitución de importaciones) se comprueba que las obtenidas durante el  peronismo son un 27 por ciento más elevadas (520 millones contra 409 millones de  dólares de 1975, respectivamente). Si bien entre 1946 y 1949, los años de mayor  bonanza económica y mejor situación externa del peronismo, se alcanzan los  niveles de las utilidades más elevados, no deja de ser llamativo que sigan  ubicándose muy por encima del promedio hasta 1953, es decir, durante el período  más comprometido desde el punto de vista económico y de la balanza de pagos.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><a name="graf3"></a></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v22n60/art6.graf3.gif" align="center" width="580" height="572"></p>      
<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Sin embargo, un análisis más minucioso de estas evidencias permite corroborar  otros comportamientos que podrían aminorar la disponibilidad de esas utilidades  por parte de las casas matrices. En efecto, centrando la atención en las  restantes variables (inversión neta y reinversión de utilidades) se comprueba  que, pese a la notable rentabilidad de la época, las empresas extranjeras  prácticamente no efectuaron nuevas inversiones pero sí reinvirtieron parte de  las utilidades totales. Esta característica discrepa fuertemente de lo que  ocurre en la segunda etapa de sustitución de importaciones bajo la conducción  del «desarrollismo» (1958-1964), en la cual el capital extranjero tiene una  elevada rentabilidad pero una parte muy significativa de la inversión neta se  origina en nuevos flujos de inversión extrajera directa y en menor medida en la  reinversión de utilidades. Pese a ello, es preciso señalar que la nueva  inversión sustentada en la reinversión de utilidades es una forma típica del  financiamiento de las firmas en los años posteriores a los primeros gobiernos  peronistas, rasgo que ha sido mencionado en diversos trabajos sobre el tema (v.  Brodersohn, 1972).</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Con el propósito de indagar la magnitud de las utilidades reinvertidas y,  especialmente, de evaluar la importancia que asumen las utilidades en relación  con otras variables económicas en el período analizado, en el <a href="#cua2"> cuadro 2</a> se  consigna la evolución de las utilidades percibidas por el capital extranjero, la  balanza comercial y las reservas de oro y divisas entre 1946 y 1953, pero en  dólares corrientes.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><font size="2" face="Verdana"><a name="cua2"></a>    <br> &nbsp;</font><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v22n60/art6.cua2.gif" width="580" height="410"></p>      
<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Sin duda, la determinación del monto de las utilidades del capital extranjero  permite otras comparaciones con variables económicas que están directamente  vinculadas con la problemática de fondo. Una de ellas, es relacionarlo con el  costo que implicaba llevar adelante el programa que se proponía en el Primer  Plan Quinquenal del peronismo que, según R. Potash, alcanzaba a 1.270 millones  de dólares, o 1.900 millones de dólares aproximadamente si se suman las  estatizaciones y otras inversiones contempladas en el mismo. Específicamente, en  su clásico trabajo Potash (1981:94) señala respecto al Plan Quinquenal:     <br>     <br> El Plan mencionaba una serie de cifras, consideradas estimativas de los costos  de organización e inversión para el período 1947-1951, y que llegaban a la suma  total de 6,66 billones de pesos (1.270 millones de dólares). Pero este total  excluía, por cierto, la adquisición de equipos y fábricas militares destinados a  servicios del Ejército, también omitía toda suma destinada a la salud pública y  a los programas de construcción de viviendas y no hacía referencia a las  industrias de servicios públicos en poder de empresas extranjeras y cuya  adquisición, en una u otra forma, era parte implícita del programa de  independencia económica (...) Es evidente, pues, que una estimación de 10.000  millones de pesos hubiera arrojado una cifra más realista para el Pan  Quinquenal.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Esto significa que, en términos de los requerimientos del propio Plan  Quinquenal, las utilidades totales del capital extranjero fueron un 78 por  ciento más elevadas que los recursos comprometidos por el Plan, y que las  utilidades distribuidas en efectivo son un 44 por ciento superior a los mismos.  Si se consideran las cifras con mayor cobertura (que incluyen el plan de salud,  de construcción, etc.), las utilidades totales fueron un 16 por ciento más  elevadas que dichos requerimientos y las utilidades distribuidas prácticamente  equivalentes. Sin embargo, ese Plan que reconocía en la industrialización su  base de sustentación no se cumplió por falta de recursos, mientras que las  empresas extranjeras sí percibieron las utilidades mencionadas. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Otra comparación relevante consiste en confrontar dichas utilidades con los  montos que exigió la estatización de los servicios públicos y la cancelación de  empréstitos. Las distintas fuentes son más o menos coincidentes, ya que Eshag y  Thorp los ubican en 1.000 millones de dólares, mientras que A. Horowicz los  estima en 983 millones de la misma moneda (645 millones en la nacionalización de  los ferrocarriles, 95 millones en la adquisición de la Unión Telefónica y 243  millones en cancelar los empréstitos). Específicamente, Eshag y Thorp (1969:74)  señalan que:     <br>     <br> La Cepal ha estimado que se emplearon mil millones de dólares para rescatar  deuda pública y nacionalizar los servicios públicos. Esta decisión tuvo el buen  efecto de reducir los servicios del capital extranjero de 170 millones a 10  millones de dólares al año, pero no quita que podría haberse ahorrado más  divisas usando la misma cantidad de dólares para invertirlos en otros renglones  de sustitución de importaciones y ahorro de divisas, como por ejemplo las  industrias de petróleo y acero; solamente de 1946 a 1948 las importaciones de  combustibles sumaron 100 millones de dólares por año.     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A su vez, Horowicz (1990:160) sostiene que:    <br>     <br> El general Perón invirtió 983 millones de dólares en nacionalizaciones durante  los dos primeros años del gobierno; 645 millones, dos terceras partes, se  consumieron en la compra de los ferrocarriles (600 millones de dólares en los  británicos, 45 en los franceses) y salvo los 95 millones destinados a la  adquisición de la Unión Telefónica el resto se utilizó en repatriar empréstitos:  130 millones de Estados Unidos, 100 de Gran Bretaña y 13 países de Europa.    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Siendo estos los valores en dólares de la estatización de los servicios públicos  y el rescate de los empréstitos, se desprende que las utilidades totales  absorbieron más del doble de los mismos y las utilidades distribuidas en  efectivo 1,8 veces dichos montos. Por lo tanto, teniendo en cuenta sólo las  utilidades de las extranjeras se podría haber realizado el Plan Quinquenal aun  cuando también se estatizaran los servicios públicos.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Otro indicador trascendente, que es posible estimar con la información  disponible, es la tasa de rentabilidad sobre el capital invertido que exhiben  las firmas extranjeras durante el período analizado. En efecto, a partir de las  cifras oficiales es posible efectuar una aproximación a la rentabilidad de estas  empresas relacionando las utilidades obtenidas con el stock de capital acumulado  en cada año de la serie de datos considerada. Los resultados obtenidos se  presentan en el <a href="#cua3"> cuadro 3</a>.    <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><a name="cua3"></a></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v22n60/art6.cua3.gif" width="580" height="450"></p>      
<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Nuevamente, en este caso los resultados obtenidos tienen tal contundencia que no  exigen mayores explicaciones, ya que se trata de tasas de rentabilidad sobre el  capital invertido inusitadamente elevadas (23,9 por ciento en el caso de las  utilidades totales y 19,2 por ciento para las utilidades distribuidas). Para  tener una idea de su importancia, es pertinente señalar que, de acuerdo con la  misma fuente oficial, entre 1958 y1964, cuando se instalaron las bases  materiales de la segunda etapa de sustitución de importaciones, esa misma tasa  de rentabilidad alcanza al 8,6 por ciento y al 6,0 por ciento, según se  consideren las utilidades totales o las utilidades distribuidas, respectivamente</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> La política económica del peronismo no tenía como uno de sus objetivos  fundamentales promover al capital extranjero en la industria (pero sí respetar  las consecuencias de su peso estructural), sino consolidar fuertemente a la  burguesía nacional y a buena parte de la oligarquía diversificada por  considerarla parte de aquella. Bajo ese supuesto resulta evidente que el notable  monto de las utilidades y la tasa de rentabilidad que exhibe el capital  extranjero no indican una excepcionalidad, sino una situación generalizada de la  rentabilidad industrial, pero acorde al peso estructural de cada una de las  fracciones empresariales que actúan en la misma.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Es indudable, que la situación analizada plantea interrogantes muy relevantes  acerca de aspectos decisivos en el funcionamiento económico y social de la época  –como el nivel de la renta agropecuaria, el comportamiento de las variables  macroeconómicas, la distribución del ingreso, etc.– pero la respuesta a los  mismos supera largamente los propósitos de estas notas sobre los primeros  gobiernos peronistas. Sólo se analizarán aquí algunas de las derivaciones  respecto al carácter que asumieron esos gobiernos y al comportamiento de las  fracciones industriales que se afianzan durante el mismo.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Las evidencias empíricas oficiales analizadas aquí dejan pocas dudas acerca de  que el peronismo llevó a cabo una política que concluye con la economía  agroexportadora tanto en términos estructurales, con la estatización de la  infraestructura, como de la apropiación de la renta agropecuaria, en este caso  mediante una profunda modificación de los precios relativos entre el sector  urbano y rural y específicamente entre la industria y el agro y como complemento  de la intensa intervención estatal en diferentes ámbitos encaminada a consolidar  el desarrollo industrial. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Ciertamente, no avanzó sobre la propiedad de la tierra, bastión fundamental de  la oligarquía agropecuaria, mediante una reforma agraria, pero sus políticas  generales y sectoriales respecto a la distribución del excedente, y particulares  en relación con el agro pampeano, parecen haber generado un proceso de  desconcentración de la propiedad rural profundo e irreversible, que comenzará a  revertirse durante las décadas posteriores pero sin la intensidad necesaria como  para retornar a la situación previa al peronismo. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> En todo caso, el «contenido oligárquico» de la política peronista radica en el  salto cualitativo que registró la oligarquía diversificada en tanto fracción  empresaria industrial, lo cual excluye al resto de la oligarquía que es  exclusiva o principalmente terrateniente. Quizá por eso, de allí en adelante el  papel de los terratenientes en la economía local se modifica substancialmente  conformando una fracción subordinada a la oligarquía diversificada, en tanto  logra incidir en el ciclo sustitutivo sólo cuando sus intereses se articulan con  los de esta fracción del capital. Es decir, entre ellas se establece la relación  inversa a la que primaba durante la vigencia del modelo agroexportador porque de  aquí en adelante, durante la segunda etapa de la sustitución de importaciones,  el espacio privilegiado de acumulación se desplaza hacia la producción  industrial, en la cual la oligarquía diversificada tiene, sin duda, una  inserción trascendente.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Una revisión más amplia de la situación de esta fracción diversificada de la  oligarquía pampeana indica que durante la década de los treinta ya se encuentra  plenamente abocada a definir recambios estratégicos ante el creciente  agotamiento agroexportador. Como se señaló previamente, un primer intento  hegemónico se expresó en el Plan Pinedo, que la tiene como uno de sus pilares  fundamentales, pero que fracasa políticamente y era estructuralmente inviable.  Respecto a este último aspecto, vale recordar que su principal socio potencial,  las empresas norteamericanas, se expanden en ese momento a través de formas de  transnacionalización que se contraponen al eje central de la propuesta  (exportaciones industriales), en tanto la instalación de subsidiarias en la  región responde a la intención de explotar los mercados internos de los países  latinoamericanos y no en utilizarlos como plataforma exportadora. Sin embargo,  la derrota de este planteo para plasmar una industrialización exportadora no  parece haber traído aparejado un debilitamiento de esa fracción. Por el  contrario, se inserta plenamente en la sustitución de importaciones pero  conduciendo ahora al conjunto de la oligarquía agropecuaria.     <br> Los muy elevados beneficios industriales no excluyen que algunas de las medidas  trascendentes del gobierno peronista no hayan puesto un límite a la  redistribución de la renta agropecuaria hacia los sectores urbanos. Como dice  Horowicz (1990):     <br> &nbsp;</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Formulando epigramáticamente el problema: el control del ferrocarril era un  elemento esencial en la fijación del monto de la renta agraria; la  nacionalización del ferrocarril era una medida que beneficiaba a los  terratenientes y productores, en primer término, y a los industriales en el  segundo. Los industriales obtenían mercado; los terratenientes la renta. De allí  en más, el déficit ferroviario (que no es déficit de transporte de pasajeros,  sino de carga) se transformó en un sutil mecanismo de subvención de la renta  agraria. (p. 164).    <br>     <br> La nacionalización ferroviaria atendía fundamentalmente los intereses  terratenientes, y sólo muy limitadamente los intereses industriales. Si bien  ampliaba el mercado (ya el camión lo había hecho parcialmente, a través de la  política de Justo), cerraba el camino al equipamiento esencial. (p. 165).     <br>     <br> Efectivamente, es muy probable que la estatización de los ferrocarriles haya  redundado en un beneficio para los terratenientes pampeano al impedir una mayor  disminución de la renta transferida a los sectores urbanos, pero siempre que se  tenga presente que igualmente benefició a los pequeños y medianos productores  rurales así como a los industriales que redujeron sus costos, e incluso a los  asalariados, por la disminución de las tarifas en el trasporte de pasajeros.  Pero, de todas maneras, no parece radicar allí el núcleo de la cuestión, es  decir, el impedimento que encontró el peronismo para ampliar las fuerzas  productivas y consolidar este intento de capitalismo de Estado.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El escollo insalvable para los primeros gobiernos peronistas estuvo en lo nuevo  que le aporta la industrialización al desarrollo económico argentino, y no  precisamente desde el lado del trabajo, como conciben las corrientes liberales,  sino casualmente desde el lado del capital. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las evidencias presentadas aquí insinúan que la alternativa entre estatización  de los servicios públicos o industrialización pesada no era tal, ya que el nivel  de excedente generado anualmente y el acumulado socialmente en manos del  gobierno en términos de oro y divisas (monto de las reservas) era suficiente  como para llevar a cabo ambas iniciativas, aun siendo acompañadas por la  redistribución del ingreso hacia los asalariados efectivamente implementada por  el peronismo durante esos años. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Sin embargo, la condición para que eso fuera posible era que la rentabilidad de  las fracciones industriales no estuviese engrosada por ganancias extraordinarias  alimentadas por las transferencias desde el Estado por múltiples vías y en el  ejercicio oligopólico pleno resguardado por la protección arancelaria y sin  medidas que orientaran el excedente hacia otros fines. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> La importancia del tema exige una breve mención de las diferentes alternativas  de política económica que tenía, y no implementó, el gobierno peronista ante esa  situación, las cuales no necesariamente eran excluyentes entre sí. Una de ellas  consistía en acentuar la redistribución del ingreso hacia los asalariados y los  sectores empresarios más débiles de la estructura económica mediante políticas  ya ensayadas en los países centrales como, por ejemplo, la Ley Antitrust en EE.  UU. Otra de las alternativas posibles, era que el Estado se apropiara de esas  ganancias extraordinarias mediante la política tributaria y encarara con esos  recursos la profundización de la industrialización mediante la instalación de la  «industria pesada», plasmando de esa manera el planteo de capitalismo de Estado.  La última consistía en implementar políticas que condicionaran los beneficios  derivados de la protección y del conjunto de transferencias indirectas (créditos  subsidiados, compras estatales, etc.) percibidos por las fracciones del capital  industrial a la realización de inversiones en las actividades industriales  estratégicas, tal como años después lo hizo Corea.<sup>21</sup> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Desde esta perspectiva, resulta evidente que al no incorporarse en el análisis  de esta etapa las elevadas ganancias percibidas por el capital industrial, la  contradicción aparece como si la alternativa estratégica se dirimiera entre la  estatización de los servicios públicos y la industrialización. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> A juzgar por la notable magnitud de las utilidades percibidas por el capital  extranjero, así como su no menos sorprendente tasa de rentabilidad en esos  mismos años, el fenómeno es muy pronunciado. No obstante, lo más grave no es que  se trata, como ya se indicó pero conviene recalcarlo, de un hecho excepcional  restringido a esta fracción del capital industrial sino generalizable al resto  de los sectores empresarios. En principio, era de esperarse que el nivel de  utilidades y de la tasa de ganancia estuviese en relación directa con la  jerarquía estructural de cada una de las fracciones (la importancia del complejo  sectorial específico, su lugar en el complejo sectorial, su inserción en  actividades altamente concentradas, el carácter de núcleo económico y técnico de  las mismas, su grado de diversificación hacia otros complejos sectoriales, etc.)  y en ese sentido las obtenidas por el capital extranjero serían las más  elevadas, seguidas por las de la oligarquía diversificada y, finalmente, la  burguesía nacional. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Sin embargo, dado el sesgo en la política económica a favor de las fracciones  locales, dichas diferencias probablemente se hayan estrechado sensiblemente, no  porque se redujera las utilidades y la tasa de ganancia de las extranjeras, sino  porque se aumentaron las correspondientes a los capitales locales manteniendo la  preeminencia entre ellas la oligarquía diversificada. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Esta prelación estructural entre las fracciones del capital, así como el  acortamiento de las diferencias en términos de la rentabilidad relativa  percibidas por ellas, parecen confirmarse a partir de la información disponible.  Se trata de resultados indicativos porque, ante la carencia de información  empresaria desagregada para esos años, de las 100 empresas de mayor facturación  en 1958 se considera las 50 de mayores utilidades en 1954 asignándole a cada una  de las fracciones del capital la propiedad de las empresas que controlaban en  1958. Los resultados obtenidos constan en el <a href="#cua4"> cuadro 4</a> y confirman, en términos  generales, las deducciones realizadas precedentemente.     <br> &nbsp;</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><a name="cua4"></a></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v22n60/art6.cua4.gif" align="center" width="580" height="333"></p>      
<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">Así, al considerar la distribución del capital suscrito y las utilidades  percibidas en 1954 se replica la misma importancia estructural, en tanto en  ambos casos el capital extranjero encabeza nítidamente las posiciones, seguido  por las empresas controladas por la oligarquía diversificada y a corta distancia  por las que constituyen la burguesía nacional. Por otra parte, el sesgo que  introdujeron las políticas económicas de esos años se expresa con singular  intensidad en el indicador de la rentabilidad (utilidades/capital suscripto) que  percibía cada una de ellas en las postrimerías de esos gobiernos peronistas.  Desde esta perspectiva las ventajas del capital extranjero respecto a la  fracción del capital que le sigue se acortan de una manera significativa, pero  sugestivamente se trata de la burguesía nacional, la cual supera holgadamente la  rentabilidad percibida por la oligarquía diversificada.     <br> Un rápido análisis de otras condiciones estructurales de la época permite  reafirmar la importancia y consecuencias de este proceso. En realidad, un  análisis somero de las mismas es insoslayable, tanto por ese motivo, como porque  permite completar el cuadro industrial e identificar el espacio productivo donde  se expresa el fracaso estratégico de los primeros gobiernos peronistas.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> Un rasgo característico del peronismo, coherente con su concepción doctrinaria,  fue acentuar sensiblemente la presencia de las empresas y organismos estatales  en la producción industrial. En principio, estas empresas y organismos eran  quienes tenían que abrir el camino hacia una profundización de la  industrialización mediante la incorporación de la industria pesada en la  estructura productiva del país. Sin embargo, cuando se analiza la importancia  cuantitativa de todos los organismos estatales en la industria manufacturera se  comprueba que tienen escasa trascendencia a pesar de su incremento en la  participación durante el período intercensal. En efecto, el respectivo análisis  censal indica que las empresas estatales de todo tipo generan en 1947 el 3,6 por  ciento de la producción industrial total mientras que en 1954 concentran el 9,5  por ciento de la misma. Como era de esperar, en términos del personal ocupado  (empleados más obreros) dicha participación es más elevada pero igualmente  intrascendente (el 4,3 por ciento y el 12,0 por ciento en 1947 y 1954,  respectivamente).</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Cabe destacar que, a pesar de que tanto en el Censo Industrial de 1947 como en  el de 1954 se consigna información al respecto computando todos los  establecimientos controlados por dependencias nacionales, provinciales y mixtas,  Díaz Alejandro (1975:243) es unos de los pocos autores que menciona la escasa  participación estatal en la industria, diciendo que:     <br>     <br> Si bien las políticas oficiales han influido sobre las pautas de  industrialización, el Estado ha cumplido un papel muy modesto en la  administración y propiedad directa de las empresas manufactureras. Después de  varios años de régimen peronista, menos del 10 por ciento de la producción  manufacturera bruta fue generado por empresas poseídas y administradas –total o  parcialmente– por el sector público.    <br>     <br> Es decir, las empresas que tenían que ser la vanguardia de la industrialización  como condición ineludible para consolidar el capitalismo de Estado que proponía  el peronismo constituyeron en realidad un conjunto numeroso de firmas que  exhibía una raquítica incidencia en la producción clave, debido a la escasez de  recursos disponibles para llevar a cabo los grandes emprendimientos. Esos  recursos existían, pero fueron a manos de las diferentes fracciones  empresariales que actuaban en la industria con una elevadísima rentabilidad, y  es plausible asumir que si los recursos disponibles hubieran sido más, habrían  crecido las utilidades y aumentado la rentabilidad pero la industrialización  hubiera permanecido igualmente trunca.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> En síntesis, durante su primera experiencia en el gobierno, el peronismo  consigue disciplinar varios de los sectores centrales de la agotada economía  agroexportadora, pero será doblegado por las fracciones del capital que conducen  la actividad dinámica que promueve enfáticamente, entre los que se encuentra,  además del capital extranjero, la fracción dominante de la oligarquía argentina. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> Es cierto que desde el gobierno se alentó y promovió una fuerza propia dentro  del empresariado industrial pero no es menos evidente que esa burguesía nacional era endeble y, quizá, más dependiente en términos ideológicos y productivos de  los sectores dominantes que de la concepción y la iniciativa gubernamental,  aspecto trascendente que afloró cuando, en la década de los cincuenta,  comenzaron a expresarse problemas económicos.</font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">El principio del fin del gobierno peronista comienza cuando la rentabilidad  obtenida por las fracciones industriales dominantes comienza a descender.  Entiéndase bien, a disminuir respecto a la «época de oro» (40 por ciento de  rentabilidad sobre el capital invertido en 1949 por las subsidiarias  extranjeras), lo cual no significa que siguiera siendo notablemente alta en  términos históricos e internacionales (entre el 17 por ciento y el 18 por ciento  en 1952 y 1953). Ante esa situación, tal como lo harán sistemáticamente en los  años posteriores, las fracciones dominantes del capital llevarán a cabo una  ofensiva política, ideológica y económica para instalar socialmente la  convicción de que el problema radica en la excesiva intervención y gasto estatal  y en el elevado nivel de los salarios. </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> En esas circunstancias, como lo han destacado algunos autores, las posiciones de  la burguesía nacional no parecen diferenciarse demasiado de la adoptada por las  fracciones empresariales dominantes. El primero de estos autores es J. W. Cooke  (1985), quien al efectuar una revisión histórica destaca que:     <br>     <br> La burguesía industrial beneficiada de esa política, no sólo tomó parte activa  sino que además siguió en la órbita gravitacional política, ideológica y  cultural de la vieja oligarquía terrateniente-mercantil. La prosperidad no fue  obstáculo para que se sintiesen amenazados por el avance del poder de los  sindicatos y las condiciones nuevas en que se desenvolverían las relaciones  obrero-patronales. (p. 66).    <br>     <br> ...al desaparecer las condiciones en el que el ingreso nacional creciente  permitía el enriquecimiento empresario y el mejoramiento de la vida de los  trabajadores, la burguesía se pasó masivamente al frente antiperonista. (p. 67).     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Igualmente, P. Waldmann (1986:203) señala que:     <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Pero si creemos que la CGE. representaba una concepción económica  fundamentalmente distinta de aquella sustentada por los tradicionales círculos  económicos dirigentes, nos veremos defraudados. Sus resoluciones no se  diferencian mucho de las aspiraciones y pretensiones expuestas al gobierno por  la Bolsa de Comercio. Como ésta, la CGE reclamaba la urgente derogación de los  precios máximos, exigía un aumento de las importaciones de materias primas,  petróleo, maquinaria y bienes de inversión, solicitaba el otorgamiento más  liberal de créditos y una reducción de los impuestos, y se quejaba de las  excesivas cargas sociales, sobre todo del sistema de las cajas jubilatorias.  Incluso en lo referente a la intervención estatal en el proceso económico, que  parece haber sido vital para la burguesía nacional, la CGE coincidía con la  Bolsa de Comercio al declarar que las intervenciones estatales debían ser  sensiblemente reducidas.     <br>     <br> En términos estructurales, al final del peronismo queda fortalecida, pero  trunca, la industrialización como eje del proceso económico, con tres fracciones  que se disputarán la conducción del proceso económico, social y político: el  capital extranjero, predominante en el nivel estructural; la oligarquía  diversificada, ya como conducción de la oligarquía en su conjunto que  establecerá alianzas o distancias con el capital extranjero; la burguesía  nacional, que oscilará entre la subordinación a los sectores dominantes y la  alianza con los trabajadores que intentan encontrar un lugar en el mundo.     <br>     <br> <b>Referencias bibliográficas</b></font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <!-- ref --><br> 1. Altimir, O., H. Santamaría y J.V. Sourrouille (1966). «Los instrumentos de  promoción industrial en la postguerra», Desarrollo Económico, nos 22 y 23,  Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=784608&pid=S1012-2508200500030000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br> 2. Amsden, A.H. (1992). Corea, un proceso exitoso de industrialización tardía,  Santa Fe de Bogotá, Grupo Editorial Norma.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">3. Amsden, A.H. (2001). The Rise of the Rest. Challenges to the West form Late-Industrializing  Economies, Nueva York, Oxford University Press.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">4. Arceo, E. (2003). Argentina en la periferia próspera. Renta internacional,  dominación oligárquica y modo de acumulación, Buenos Aires, UNQ/Flacso/IDEP.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">5. Azpiazu, D., et al. (2002). El proceso de privatización en Argentina. La  renegociación con las empresas privatizadas, Buenos Aires, Página 12/UNQ/IDEP.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">6. Azpiazu, D., E.M. Basualdo y E. Khavisse (2004). El nuevo poder económico en la  Argentina de los años ochenta (edición definitiva), Buenos Aires, Siglo XXI  Editores Argentina.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">7. Barsky, O., M. Lattuada e I. Llovet (1988). «Las grandes empresas agropecuarias  de la región pampeana (estudio preliminar)», Buenos Aires, Secretaría de  Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, mimeo.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">8. Basualdo, E.M. (1998). Los grupos de sociedades en el sector agropecuario  pampeano. Metodología y criterios para su determinación y análisis, Buenos  Aires, Flacso/INTA.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">9. Basualdo, E.M. (2004). «Notas sobre la burguesía nacional, el capital extranjero  y la oligarquía pampeana», Realidad Económica, n° 201, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">10. Basualdo, E.M. y J.H. Bang (1998). Los grupos de sociedades en el sector  agropecuario pampeano. Metodología y criterios para su determinación y análisis,  Buenos Aires, INTA/Flacso.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">11. Basualdo, V. (2001). «La distribución de la propiedad de la tierra en la  provincia de Buenos Aires en la década de los veinte». Tesis de licenciatura,  Buenos Aires, UBA, Facultad de Filosofía y Letras.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">12. Bozzo, B. y H.J. Mendoza (1974a). «Grupo Roberts», Realidad Económica, n° 18,  Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">13. Bozzo, B. y H.J. Mendoza (1974b). «Radiografía de un monopolio. Las arterias de Bunge y Born», Realidad Económica, nº 15, Buenos Aires.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">14. Brodersohn, M. (1972). Financiamiento de empresas privadas y mercado de capital,  Buenos Aires, Programa Latinoamericano para el Desarrollo del Mercado de  Capital.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">15. Cepal (1959). El desarrollo económico de la Argentina, tomo V, México.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">16. Cooke, J.W. (1985). Peronismo y revolución. El peronismo y el golpe de Estado.  Informe a las bases, Buenos Aires, Ediciones Parlamento.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">17. Díaz Alejandro, C.F. (1975). Ensayos sobre historia económica argentina, Buenos  Aires, Amorrortu Editores.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">18. Dorfman, A. (1942). Evolución industrial argentina, Buenos Aires, Ed. Losada.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">19. Esahg, E. y R. Thorp (1969). «Las políticas económicas ortodoxas de Perón a  Guido (1953-1963). Consecuencias económicas y sociales», en A. Ferrer et al., Los planes de estabilización en la Argentina, Buenos Aires, Paidos.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">20. Fodor, J., y A. O´Connell (1973). «La Argentina y la economía atlántica en la  primera mitad del siglo XX», Desarrollo Económico, n° 49, Buenos Aires.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">21. Gilbert, J. (2002). «Empresarios y empresas en la Argentina moderna. El grupo Tornquist, 1983-1930», documento de trabajo N° 27, Buenos Aires, Universidad de  San Andrés, Departamento de Humanidades.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">22. Girbal-Blancha, N. (2002). «El Estado benefactor, dirigista y planificador.  Continuidad y cambio en la economía y la sociedad argentinas», en N. Girbal-Blancha,  coord., Estado, sociedad y economía en la Argentina (1930-1997), Buenos Aires, UNQ.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">23. Green, G. y T. Laurent (1988). El poder de Bunge y Born, Buenos Aires, Legasa.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">24. Horowicz, A. (1990). Los cuatro peronismos. Historia de una metamorfosis  trágica, Buenos Aires, Planeta, Espejo de la Argentina.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">25. Jorge, E. (1971). Industria y concentración económica (desde principios de siglo  hasta el peronismo), Buenos Aires, Siglo XXI.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">26. Junta de Planificación Económica de la Provincia de Buenos Aires (1958). «La  distribución de la propiedad agraria en la provincia de Buenos Aires», Desarrollo Económico, n° 1, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">27. Leontieff, W. (1985). Análisis económicos input-output, España, Ediciones Orbis.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">28. Lifschitz, E. (1992). «Eslabonamientos productivos: enfoque metodológico y  presentación de las matrices sectoriales», Estudios para el diseño de políticas  públicas, vol. 9, Buenos Aires, Gobierno Argentino/PNUD/BIRF.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">29. Llach, J.J. (1972). «Dependencia, procesos sociales y control del Estado en la  década del treinta», Desarrollo Económico, n° 45, Buenos Aires.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">30. Llach, J.J. (1984). «El Plan Pinedo de 1940, su significado histórico y los  orígenes de la economía política del peronismo», Desarrollo Económico, n° 92,  Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">31. Mallon, R. y J.V. Sourrouille (1973). La política económica en una sociedad  conflictiva. El caso argentino, Buenos Aires Amorrortu Editores.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">32. Mendoza, H., et al. (1975). «El grupo Braun-Menéndez Behety», Realidad  Económica, n° 22, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">33. Ministerio de Economía de la República Argentina (1976). Boletín semanal, Buenos  Aires, Secretaría de Estado de Programación y Coordinación Económica, noviembre.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">34. Ministerio de Hacienda de la República Argentina (1940). El Plan de Reactivación  Económica ante el Honorable Senado, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">35. Murmis, M. y J.C. Portantiero (1971). Estudios sobre los orígenes del peronismo,  Buenos Aires, Siglo XXI.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">36. Nochteff, H. (1994). «Los senderos perdidos del desarrollo. Elite económica y  restricciones al desarrollo en la Argentina», en D. Azpiazu y H. Nochteff, El  desarrollo ausente. Restricciones al desarrollo, neoconservadorismo y elite  económica en la Argentina. Ensayos de economía política, Buenos Aires, Tesis  Norma/Flacso.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">37. O´Donnell, G. (1978). Burguesía local, capital transnacional y aparato estatal:  notas para su estudio, México, ILET, DE/D/22.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">38. Paz, R. (1939). «El grupo Bunge y Born en la economía nacional», Argumentos, nos  4 y 6, Buenos Aires.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">39. Peña, M. (1964). «La evolución industrial y la clase empresaria argentina», Fichas, n° 1, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">40. Poder Ejecutivo Nacional (1973). «Decreto N° 9.997 de 1947», en «9 de abril de  1948: se retira la personería jurídica del grupo Bemberg», Realidad Económica,  n° 14, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">41. Potash, R. (1981). El Ejército y la política en la Argentina, 1945-1962. De  Perón a Frondizi, Buenos Aires, Ed. Sudamericana.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">42. Rapoport, M., et al. (2000). Historia económica, política y social de la  Argentina (1880-2000), Buenos Aires, Ediciones Macchi.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">43. Rougier, M. (2001). La política crediticia del Banco Industrial durante el  primer peronismo, Buenos Aires, Ceeed, Instituto de Investigaciones Económicas  de la Facultad de Ciencias Económicas, UBA.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">44. Sábato, J. (1991). La clase dominante en la Argentina moderna. Formación y  características, Buenos Aires, Cisea/Ediciones Imago Mundi.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">45. Scalabrini Ortiz, R. (1975). Historia de los ferrocarriles argentinos, 7ª. ed.,  Buenos Aires, Plus Ultra.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">46. Schvarzer, J. (1987). Bunge y Born, crecimiento y diversificación de un grupo  económico, Buenos Aires, Cisea/Grupo Editor Latinoamericano.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">47. Skupch, P. (1972). «Nacionalización, libras bloqueadas y sustitución de  importaciones», Desarrollo Económico, n° 47, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">48. Sourrouille, J.V. y J. Lucángeli (1980). «Apuntes sobre la historia reciente de  la industria argentina», Boletín Informativo Techint, n° 219, Buenos Aires.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">49. Trajtenberg R. y R. Vigorito (1982). «Economía y política en la fase  transnacional. Reflexiones preliminares», Comercio Exterior, n° 7, México.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">50. Villanueva, J. (1972). «El origen de la industrialización argentina», Desarrollo  Económico, n° 47, Buenos Aires.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">51. Wade, R. (1990). Governing the Market. Economic Theory and the Role of  Government in East Asia Industrialization, Princeton University Press.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">52. Waldmann, P. (1986). El peronismo, 1943-1955, Buenos Aires, Hyspamérica.    <br>     <br> <b>Notas:</b></font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana">    <br> * Este artículo forma parte de un estudio más amplio de historia económica  argentina que se realizó en el marco de la beca de la Fundación J. S. Guggenheim  y que se presentará como tesis ante el Doctorado en Historia de la Facultad de  Filosofía y Letras de la UBA. El autor agradece los comentarios realizados por  Enrique Arceo, Daniel Azpiazu, Martín Schorr, Cecilia Nahón, Karina Forcinito,  Hugo Nochteff y Horacio Verbitsky.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 1</sup> El peronismo es un movimiento político de carácter popular que comienza a  conformarse entre 1943 y 1945 bajo la administración presidencial de los  generales Pedro Ramírez (1943-1944) y, especialmente, Edelmiro J. Farrel, a  partir de un golpe de Estado que finaliza el ciclo de gobiernos conservadores  que se había iniciado en 1930. El conductor del peronismo fue el general Juan D.  Perón, quien ocupó la presidencia de la nación en tres oportunidades: 1946-1951,  1952-1955 y 1973-1974. Su segundo mandato fue interrumpido por un golpe militar  y el tercero por su muerte.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 2</sup> El Partido Radical se conforma a fines del siglo XIX como una de las  principales fuerzas de oposición al régimen conservador. Su primer dirigente fue  Leandro N. Alem y posteriormente Hipólito Yrigoyen y Marcelo T. de Alvear. Su  mayor triunfo político fue lograr que el gobierno conservador de Roque Saenz  Peña promulgara la Ley del Voto Obligatorio y Secreto en 1912. Es sobre esta  base que a partir de 1916 tanto Yrigoyen (1916-1922 y 1928-1930) como De Alvear  (1922-1928) ocuparon la presidencia de la nación. Ambos líderes serán los  referentes de dos líneas partidarias que se enfrentarán abiertamente durante la  década de los treinta, luego del derrocamiento de Irigoyen por un golpe militar.  El denominado «yrigoyenismo» fue la oposición a la alianza conservadora que se  agrupa en la llamada «Concordancia». Por el contrario, el «alvearismo» formó  parte de esta última junto al Partido Conservador y el Partido Socialista  Independiente, entre otras agrupaciones políticas.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 3</sup> El 17 de octubre de 1945 es la gesta más emblemática del peronismo porque en  esa fecha una masiva e inédita movilización de la clase trabajadora provocó la  liberación del general Perón, quien había sido encarcelado por la fracción  militar que se oponía a sus políticas laborales y sociales como funcionario del  gobierno del general E. Farell.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 4</sup> La empresa Siam Di Tella fue fundada en las primeras décadas del siglo XX pero  constituye una expresión emblemática de las empresas nacionales (burguesía  nacional) que se expandieron a partir de los años treinta con la  industrialización basada en la sustitución de importaciones y se consolidaron  durante los primeros gobiernos peronistas. Se trata de una empresa metalmecánica  que si bien produjo una amplia gama de bienes (amasadoras, surtidores de nafta,  e incluso automóviles) tuvo como su producto emblemático la «heladera Siam» en  los años cincuenta.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 5</sup> Un análisis muy interesante sobre este banco se encuentra en Girbal-Blacha,  2002. Otro, igualmente relevante y pormenorizado, en Rougier, 2001.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 6</sup> Sobre el tema se puede consultar Altimir et al., 1966.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 7</sup> La política de nacionalización de los servicios públicos puede consultarse en  Rapoport et al., 2000:386 y ss.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 8</sup> La evolución histórica de los ferrocarriles en encuentra en el trabajo clásico  de Scalabrini Ortiz, 1975. En relación con la estatización de los mismos por  parte del peronismo, ver Skupch, 1972.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 9</sup> La relación entre Argentina, Inglaterra y EE. UU. hasta mediados de siglo  puede consultarse en Fodor y O´Connell, 1973.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 10</sup> A comienzos del primer gobierno del general Perón, el 17 de septiembre de  1946, se firmó el primer convenio comercial de su gestión entre la Argentina e  Inglaterra. El mismo abordó tres temáticas centrales en la relación bilaterales  de ambos países, como eran: la disponibilidad de los recursos adeudados por  Inglaterra a la Argentina a raíz de la guerra; las exportaciones de carne  argentina a Inglaterra; la nacionalización de los ferrocarriles que los ingleses  controlaban en el país.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 11</sup> En el año 1930 un golpe militar destituyó a Yrigoyen y se instauró una  dictadura militar (1930-1932) que inaugura un largo ciclo de periódicos golpes  de Estado militares. A partir de allí se inicia una década donde mediante el  fraude y la corrupción gobierna una coalición de partidos conservadores  denominada «la Concordancia». El primero y más relevante de los presidentes de  ese ciclo fue el general Agustín P. Justo (1932-1938) a quien, paradójicamente,  los conservadores consideran su último gran estadista. Le sigue Roberto M. Ortiz  (1938-1940), que intenta morigerar el fraude electoral pero debe renunciar por  enfermedad. A continuación viene Ramón Castillo (1940-1943), quien retoma a las  prácticas políticas habituales y es derrocado por un golpe militar donde el  general Perón tendrá un papel destacado.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 12</sup> En el trabajo de Skupch (1972) se analizan las negociaciones anteriores a los  gobiernos peronistas para estatizar los ferrocarriles.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 13</sup> El 18 de noviembre de 1940, cuando había ya había asumido Ramón Castillo y  estallado el escándalo del negociado por la compra estatal de las tierras donde  se construiría el Colegio Militar, denominado «el negociado de El Palomar», el  Ministro de Hacienda (Federico Pinedo líder del socialismo independiente) envía  al Congreso Nacional un «Plan de reactivación económica». El mismo, conocido  como «el Plan Pinedo», tenía la intención de poner en marcha políticas de corto  plazo que neutralizaran la aguda crisis económica de ese momento con medidas de  largo plazo que le permitieran a los sectores dominantes superar el agotamiento  del modelo agroexportador mediante el impulso a una industrialización  exportadora. Colaboraron en su realización destacados profesionales de los  sectores dominantes como Raúl Prebisch y Ernesto Malaccorto. Dicho Plan nunca  fue tratado por el Senado Nacional.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 14</sup> Un análisis conceptual sobre la burguesía nacional se encuentra en O´Donnell,  1978, y Basualdo, E.M., 2004.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 15</sup> Entre los autores que abordan estas problemáticas desde distintas  preocupaciones y perspectivas, se encuentran: Arceo, 2003; Azpiazu et al., 2004; Dorfman, 1942; Jorge, 1971; Llach, 1972, 1984; Murmis y Portantiero, 1971;  Nochteff, 1994; Peña, 1964; Villanueva, 1972.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 16</sup> Acerca de las formas generales de transnacionalización, consúltese  Trajtenberg y Vigorito, 1982.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 17</sup> Para una revisión histórica del grupo Bunge y Born pueden consultarse los  siguientes trabajos: Bozzo y Mendoza, 1974b; Green y Laurent, 1988; Paz, 1939;  Schvarzer, 1987. Asimismo, un análisis de la trayectoria del grupo Tornquist se  encuentra en Gilbert, 2002. Finalmente, sobre el grupo Bemberg pueden  consultarse Basualdo y Bang, 1998; Poder Ejecutivo Nacional, 1973.     <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 18</sup> Un análisis del grupo Braun Menéndez se encuentra en Mendoza et al., 1975.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 19</sup> Acerca del grupo Roberts puede consultarse Bozzo y Mendoza, 1974a.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 20</sup> Sobre La concentración de la propiedad de la tierra bonaerense pueden  consultarse: Barsky et al., 1988; Basualdo, V., 2001; Junta de Planificación  Económica de la Provincia de Buenos Aires, 1958.    <br> </font></p>      <p style="line-height: 100%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font size="2" face="Verdana"><sup> 21</sup> Sobre el caso coreano pueden consultarse, entre otros: Amsden, 1992, 2001;  Wade, 1990.</font></p>       ]]></body>
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<source><![CDATA[«Los instrumentos de promoción industrial en la postguerra»,: Desarrollo Económico]]></source>
<year>1966</year>
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