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<journal-title><![CDATA[Cuadernos del Cendes]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Central de Venezuela, Centro de Estudios del Desarrollo.]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las políticas regionales en América Latina y los países andinos: un análisis comparativo]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The crisis of the Keynesian Welfare State that took place in the seventies of the last century determined a deep change in the nature of the regional policies that had been in practice since the post-war, both in the developed countries and Latin America. Hence, proactive and top down interventions were replaced by decentralized (bottom-up) approaches seeking -trough strategic and selective instruments- the promotion of the endogenous potential of regional and local economies. For the particular case of the Andean countries, this paper presents a historical analysis of such evolution and a comparative view of the new orientations of its territorial policies.]]></p></abstract>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Políticas territoriales]]></kwd>
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<kwd lng="es"><![CDATA[Desarrollo económico regional y local]]></kwd>
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<kwd lng="en"><![CDATA[Regional and local economic development.]]></kwd>
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</front><body><![CDATA[ <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><font face="Verdana" size="3"><b>Las políticas regionales en  América Latina y los países andinos: un análisis comparativo*</b>    <br> </font><font face="Verdana" size="2">     <br> EDGARD MONCAYO JIMÉNEZ</font></p>      <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>      <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2">     <br> * Este estudio se beneficia de trabajos previos elaborados por el autor para el  Ilpes/Cepal y la Secretaría General de la Comunidad Andina.    <br>     <br>     <br>     <br> <b>Resumen </b>    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> La crisis del Estado keynesiano de bienestar en los años setenta del siglo  pasado marcó un cambio profundo en la naturaleza de las políticas regionales que  venían practicándose desde la posguerra, tanto en los países avanzados como en  América Latina. De intervenciones proactivas y dirigistas (top down) –con  énfasis en la corrección de las disparidades regionales– se pasó a enfoques  descentralizados (bottom up), mediante estímulos selectivos y  estratégicos, para promover el potencial endógeno de las economías regionales y  locales. En este trabajo se presenta un análisis histórico de dicha evolución y  una visión comparativa de las nuevas orientaciones de sus políticas  territoriales en el ámbito de los países andinos.    <br>     <br> <b>Palabras clave</b>    <br> Políticas territoriales / Descentralización / Desarrollo económico regional y  local    <br>     <br> <b>Abstract</b>    <br> The crisis of the Keynesian Welfare State that took place in the seventies of  the last century determined a deep change in the nature of the regional policies  that had been in practice since the post-war, both in the developed countries  and Latin America. Hence, proactive and top down interventions were replaced by  decentralized (bottom-up) approaches seeking –trough strategic and selective  instruments– the promotion of the endogenous potential of regional and local  economies. For the particular case of the Andean countries, this paper presents  a historical analysis of such evolution and a comparative view of the new  orientations of its territorial policies.    <br>     <br> <b>Key words</b>    <br> Territorial policies / Decentralization / Regional and local economic  development.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> El estudio de las políticas públicas no es otra cosa que el  estudio de la acción de las autoridades públicas en el seno de la sociedad. ¿Qué  producen quienes nos gobiernan, para lograr qué resultados, a través de qué  medios?    <br>     <br> Ives Meny y Jean Claude Thoening    <br> </font></p>      <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> RECIBIDO: OCTUBRE 2005 ACEPTADO: ENERO 2006</font></p>      <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2">    <br> <b>Introducción</b>    <br> Las políticas públicas, entre las cuales se cuenta la regional, han evolucionado pari passu con el papel asignado al Estado en la conducción del proceso  de desarrollo. Como bien dicen I. Meny y J.C. Thoening (1992:17): «Las políticas  públicas no se producen en el vacío: no sólo nos informan del ambiente  socioeconómico, sino también del Estado. Más que las recetas de gobierno (como  algunos habían podido creer), son los indicadores de la naturaleza y del  funcionamiento de la máquina gubernamental». Estos autores ofrecen igualmente  una definición que es una buena síntesis de la abundante literatura sobre este  tema: «Una política pública se presenta bajo la forma de un programa de acción  gubernamental en un sector de la sociedad o un espacio geográfico» (ibíd., p.  130).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde la segunda posguerra hasta mediados del decenio de los  setenta del siglo pasado (el período de los «treinta gloriosos»), cuando el  Estado keynesiano de bienestar (EKB) estaba en pleno ascenso y consolidación,  las políticas públicas eran de corte intervencionista, dirigista y formuladas  con un enfoque arriba-abajo (top down). Es decir, su ejecución se llevaba  a cabo como una secuencia lineal que descendía del centro a la periferia.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La crisis simultánea de la economía mundial y del EKB en los  años setenta determinó el tránsito hacia un accionar del Estado caracterizado  por el repliegue a ciertas funciones básicas y la descentralización de  competencias a las órbitas subnacionales (Strange, 1996). En esta nueva fase,  cuyo advenimiento se produce en el contexto de profundos cambios estructurales  del capitalismo occidental (posfordismo y globalización), el Estado asume las  características de lo que Bob Jessop (1999) llama «el Estado shumpeteriano de  trabajo» (ETS).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero, mientras que los objetivos del EKB con respecto al  sistema económico eran promover el pleno empleo de una economía nacional  relativamente cerrada y generalizar los estándares de consumo masivo por medio  de los derechos sociales, los objetivos del EST son sintetizados por Jessop así:  «La promoción de innovaciones de productos, de procesos organizacionales y de  mercados; el mejoramiento de la competitividad estructural de las economías  abiertas, principalmente mediante la intervención en el lado de la oferta y la  subordinación de la política social a las exigencias de flexibilidad del mercado  de trabajo y la competitividad estructural» (ibíd., p. 66).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En suma, los rasgos específicos del ETS son el interés de  promover la innovación y la competitividad en el campo económico y la  flexibilidad en el social. Es decir, así como el EKB era la forma de regulación  más apropiada para la reproducción ampliada del capitalismo fordista, el EST  resultaría ser el armazón político más funcional al posfordismo.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En el tránsito del EKB al EST, las políticas públicas, como  la industrial y la regional, se desvanecieron o en el mejor de los casos  cambiaron sustancialmente de carácter. En el presente estudio se ofrece, en  primer instancia, una visión en perspectiva histórica comparada de las políticas  regionales en los países avanzados y en los latinoamericanos desde los años  cincuenta hasta el presente, y en segundo lugar una primera aproximación,  también comparativa, de la evolución y de las nuevas orientaciones de la  política regional en los cinco países andinos.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El concepto de política regional tiene dos acepciones no  excluyentes entre sí: a) conjunto de medidas orientadas a reducir los  desequilibrios o disparidades interregionales en términos de ingreso, buscando a  menudo reorientar la distribución espacial de las actividades económicas, y b)  esfuerzos internos de regiones individuales para superar problemas de atraso o  declive económico (Pujadás y Font, 1998).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La primera aproximación, que es la clásica, persigue –por  razones de eficiencia y de equidad– garantizar el crecimiento cohesionado de la  economía nacional y lleva implícito un énfasis en el apoyo a los territorios más  atrasados. La segunda, que en el medio anglosajón se conoce como regional  planning y en el francés como aménagement du territoire, busca  realizar las potencialidades propias de cada región en particular, con  independencia de su posición relativa en el escalafón nacional.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El análisis que se realiza en el presente trabajo está más  sesgado hacia la primera de dichas aproximaciones, pero inevitablemente contiene  referencias a la segunda, en la medida en que las dos han coexistido en las  distintas fases que se consideran en el estudio, y tienden a imbricarse cada vez  más hacia el futuro.    <br>     <br> <b>Las políticas regionales en los países desarrollados</b>    <br> Siguiendo a autores como Juan R. Cuadrado-Roura (1988-1995) y A. H. J Helmsing  (1999), en la trayectoria de las políticas regionales practicadas en los países  desarrollados pueden distinguirse dos grandes fases que coinciden con las de  ascenso y declive del Estado de bienestar mencionadas supra.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Como ya se señaló, la «división de aguas» está marcada por la  confluencia en los años setenta de profundos desajustes en la economía mundial y  la crisis que sufrió el papel del Estado en la búsqueda de la economía del  bienestar. En esta coyuntura, es claramente observable la transición de las  políticas regionales de arriba-abajo de corte keynesiano –con énfasis en la  demanda y en la corrección de las disparidades interregionales– hacia los  enfoques abajo-arriba (bottom up), de carácter descentralizado y  orientados a promover las potencialidades endógenas de las economías regionales  y locales.    <br>     <br> <b>Las políticas e instrumentos de desarrollo regional hasta los años setenta</b>    <br> Desde los años cincuenta hasta los setenta, el rasgo más definitorio de las  políticas regionales aplicadas en los países avanzados era el acento en la intervención activa del Estado central, dirigida a reducir las disparidades  interregionales. Este objetivo se consideraba deseable tanto por razones de  eficiencia macroeconómica (pleno empleo e impulso de la demanda agregada) como  de equidad interterritorial.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La justificación teórica de tales enfoques se encontraba en  conceptualizaciones como las de Gunnar Myrdal (1957) y Nicholas Kaldor (1957),  François Perroux (1955) y J. R. Boudeville (1968), y Paul Rosenstain-Rodan  (1943). Las primeras explicaban los mecanismos concentradores de la inversión en  unos determinados emplazamientos, con la correlativa marginación de otras  localizaciones. Las segundas aconsejaban concentrar las inversiones en unos  polos con capacidad de irradiar efectos de arrastre a todo el territorio  nacional. Con una racionalidad similar, la teoría del «gran empujón» (big  push) abogaba por la concentración de los recursos escasos en unos grandes  proyectos seleccionados.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Característicos de la fase activista eran instrumentos como  los polos de desarrollo, el desarrollo integral de regiones con características  biogeográficas o socioeconómicas especiales, y la planeación comprensiva del  territorio. Se agregan a dicho repertorio inversiones directas del Estado a  través del establecimiento de empresas públicas en las regiones, provisión de  infraestructura, incentivos y desincentivos para inducir la localización de la  actividad económica, y políticas redistributivas del gasto público con criterio  interregional.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuadrado-Roura (1988:70) sintetiza el núcleo central de las  políticas regionales intervencionistas de la siguiente manera: «El objetivo  básico de la política regional debía ser, en consecuencia, reducir las  disparidades interregionales tratando de impulsar el desarrollo de las áreas  atrasadas y, en su caso, la recuperación de las que estuvieran en retroceso».    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; No obstante que los énfasis estratégicos y la combinación de  instrumentos variaron mucho de país a país, en las políticas implementadas en la  práctica en los diversos contextos nacionales se pueden reconocer los  denominadores comunes antes mencionados. Así, en un análisis realizado por la  Delegación para la Ordenación del Territorio y la Acción Regional (Datar por sus  siglas en francés) en 2003 sobre la evolución del aménegement du territoire  en Francia, se caracteriza el período que va de los años cincuenta a principios  de los setenta de la siguiente manera:    <br>     <br> Este periodo es frecuentemente considerado como la edad de oro del ordenamiento  territorial (…) estamos en presencia de una auténtica ambición nacional, aquella  de la reconstrucción de Francia inmediatamente después de la guerra (…) bajo la  influencia del general De Gaulle, se tenía la convicción de poder inventar un  mundo nuevo sobre la base de la voluntad, la ambición y la creatividad  (traducción libre del autor).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> En el Reino Unido la Town and Country Planning Act de 1947 dio origen a un largo  ciclo de intervenciones regionales que se prolongó hasta el advenimiento de la  era Thatcher en 1979; en Italia se creó en 1950 la Cassa per il Mezzogiorno para  promover el desarrollo del sur del país con base en la estrategia polos de  desarrollo; y en España se incorporó el desarrollo regional como uno de los  objetivos prioritarios del primer plan de desarrollo (1964-1967), que tuvo  también los polos de desarrollo como su principal instrumento de política.    <br> Según Tormad Hermansen (1977:73, 74):     <br>     <br> Podemos entender por política del polo de desarrollo una política a largo plazo  de intervención deliberada en el desarrollo espontáneo de fuerzas que tienden a  crear y/o controlar los polos de crecimiento tanto en el espacio de organización  industrial como en el geográfico (...) la política del polo de desarrollo puede  seguirse en cualquier espacio económico aplicable, pero es en el geográfico –y  en particular como medio de solución de problemas del desarrollo regional, tanto  entre regiones como dentro de las regiones– donde se ha recibido con mayor  beneplácito y se han hecho intentos por aplicarla.     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A escala comunitaria, la Comunidad Económica Europea (CEE)  inició en 1975 una política regional orientada específicamente a la reducción de  las disparidades económicas entre las regiones de los países miembros.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De este lado del Atlántico, Estados Unidos hizo importantes  contribuciones a la política regional en la fase que se ha venido analizando.  Experiencias clásicas como la Tennessee Valley Authority (1933), la Appalachian  Regional Commission (1965) y la New York Port Authority tuvieron una fuerte  influencia en las prácticas europeas y latinoamericanas. Posteriormente, tomó  impulso la planeación metropolitana (growth management), al punto de que  para 1980 todas las áreas metropolitanas existentes en ese momento tenían  mecanismos comprensivos de planeación regional, que contaban con el apoyo del  gobierno federal. Dos de los casos más exitosos han sido los del Metropolitan  Council for the Twin Cities of Minneapolis and St. Paul y el de la Bay Area, que  comprende las ciudades de San Francisco, Oakland y San José en California (Wannop,  1995).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Es importante anotar que durante los dos decenios en los que  se aplicaron políticas regionales activas se verificó en varios países  desarrollados un proceso de convergencia en el nivel de ingreso de sus  territorios subnacionales. Este es el caso de los estados de la Unión Americana,  de las prefecturas del Japón, de las provincias de Canadá, de las comunidades  autónomas de España y de noventa regiones de Europa (Sala-i-Martín, 2000).  También en Italia (Dunford, 2001), Francia (Catin y Van Huffel, 2003) y Suecia (Persson,  1994), entre otros países europeos, se han documentado procesos de convergencia  en dicho período. Estos resultados pueden guardar relación con la eficiencia de  las políticas intervencionistas, pero también pueden ser la consecuencia de los  procesos de convergencia inducidos por las fuerzas del mercado que postularon  las teorías neoclásicas del crecimiento.<sup>1</sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque es difícil separar los dos efectos anteriores a fin de  evaluar la eficiencia de las políticas regionales, por lo menos es necesario  reconocer que en el período que estamos analizando tanto la acción del Estado  como el funcionamiento a largo plazo del mercado se movían en la misma  dirección, para beneficio de una mayor equidad interterritorial.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <b>Las políticas regionales en los países avanzados desde los años ochenta hasta  el presente    <br> </b>El largo ciclo expansivo, llamado de los «treinta gloriosos» terminó  abruptamente a principios del decenio de los setenta. Entre las razones que se  han ofrecido están los choques petroleros de 1973 y 1974; la quiebra del sistema  monetario basado en las instituciones de Bretton Woods; la caída de la  productividad en los países motores de la economía mundial; la crisis fiscal de  estos mismos países; cambios profundos en la matriz tecno-económica de los  sistemas productivos y el inicio de una nueva fase de la globalización.    <br> Sea cual fuere su última causa, el hecho es que la crisis de crecimiento de la  primera mitad de los años setenta cambió para siempre la lógica de  funcionamiento del Estado en el contexto del sistema capitalista: «El ‘dividendo  del crecimiento’ que impulsó los programas sociales y las inversiones públicas  en infraestructura en el periodo de posguerra había desaparecido» (Teitz, 1996).  Así lo reconocía también la OECD (1981:5) cuando afirmaba que:    <br>     <br> El crecimiento rápido de los programas sociales en los cincuenta y sesenta en  los países de la OECD estuvo estrechamente asociado con tasas altas de  crecimiento económico, y por lo tanto con la exitosa gestión económica de los  países de la OECD. El declinante desempeño económico de estas economías desde  principios de los setenta tenía que afectar la posterior expansión de dichos  programas e inversiones y en ese sentido puso al Estado de bienestar en crisis.     <br> &nbsp;</font></p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;&nbsp;&nbsp; Las emergentes  limitaciones del Estado central para adelantar políticas regionales top down  indujeron la búsqueda de nuevos referentes y alternativas para el desarrollo  regional. A partir de la constatación de que existían regiones como la Emilia-Romagna  en el norte de Italia, Baden-Wurtemberg en Alemania y Flandes en Bélgica, con  alto dinamismo económico y gran capacidad competitiva en el comercio  internacional, se fueron elaborando conceptualizaciones teóricas que conducían a  revalorizar el papel del potencial endógeno del crecimiento regional.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Entre tales enfoques nuevos sobresale el de los distritos  industriales o especialización flexible que formalizaron los economistas  norteamericanos Michael J. Piore y Charles F. Sabel (1984) a partir de las  investigaciones realizadas en el norte de Italia por varios sociólogos de este  país. En esencia, según estas teorías, las regiones «ganadoras» deben su éxito a  que cuentan con un sistema industrial basado en redes integradas por pequeñas y  medianas empresas (CPyMEs) que compiten entre sí, al tiempo que aprenden unas de  otras, e interactúan permanentemente con las instituciones locales, como  asociaciones empresariales y universidades, para estar en capacidad de adaptarse  con rapidez a los cambios de los mercados y las tecnologías.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El concepto de especialización flexible implicaba, pues, el  tránsito del sistema fordista, basado en grandes empresas con economías de  escala y producciones masivas de bienes estandarizados dirigidos a mercados  homogéneos, a un modelo posfordista caracterizado por PyMEs que manufacturan  tirajes pequeños de productos hechos a la medida del cliente.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La especialización flexible y los distritos industriales  redefinieron el marco de referencia del desarrollo regional y dieron origen a la segunda generación de políticas regionales, cuya noción central era la  competitividad de las regiones individuales basada en la movilización de sus  capacidades endógenas de desarrollo e innovación. Según Helmsing (2003:7):    <br>     <br> Una diferencia importante con las políticas de la primera generación es que el  gobierno ya no está en el centro de la política. Mas bien el desarrollo  industrial endógeno enfatiza los roles de la cooperación entre firmas, de los  gremios industriales, de los sindicatos de trabajadores y del gobierno, para  desarrollar en conjunto las habilidades, los recursos y las reglas de juego.     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De acuerdo con estos nuevos enfoques, la vieja política  regional con su énfasis en la reducción de disparidades debe ser reemplazada por  un modelo de pluralismo regional, en el cual cada región combine las  tradiciones y las vocaciones de producción local con las tecnologías avanzadas  más apropiadas a su situación.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De esta manera, las nuevas políticas desplazan su atención  desde el sector manufacturero tradicional hacia la innovación tecnológica, el  sector de servicios avanzados y la infraestructura de telecomunicaciones e  información, apelando a instrumentos como: cooperación y asociación entre firmas  y creación de nuevas empresas; formación de recursos humanos locales; provisión  de infraestructura de servicios tecnológicos; descentralización y  desconcentración de las funciones estatales de promoción del desarrollo, y el  correlativo fortalecimiento de los gobiernos locales.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El concepto original de distrito industrial a la  italiana ha evolucionado hacia las teorías de medio o entorno innovador,  sistema regional de innovación, sistemas industriales regionales y regiones  inteligentes, que en el último análisis se basan en la noción de interacción  entre agentes públicos y privados, por un lado, y las instituciones y la cultura  local, por el otro, para los propósitos de adaptar, generar y difundir  innovaciones tecnológicas.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Aunque a veces no preveen lineamientos explícitos de  política, la fortaleza de los enfoques en mención está en su aproximación  sistémica, es decir, en su énfasis en la racionalidad y eficiencia  sistémicas en el uso de los recursos y en el manejo de las opciones existentes  en un territorio. En este rasgo encuentra Helmsing (2003:34)<sup>2</sup> la nota  distintiva de lo que para él constituye una tercera generación de políticas. En  sus términos:    <br>     <br> Las políticas de tercera generación enfatizan la competitividad sistémica,  mientras las políticas de segunda generación se orientan hacia las acciones de  las firmas y la cooperación entre las firmas; así, las políticas de tercera  generación enfatizan la importancia de las condiciones básicas. Estas últimas no  sólo se refieren al marco macroeconómico, sino también a un conjunto de acciones  del nivel meso (sectorial y local), reforzando la competitividad de los sistemas  regionales de producción…    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En cuanto a los instrumentos de la tercera generación de  políticas regionales, Mark Lorensen (1999) identifica los siguientes:    <br> 1. Educación y capacitación.    <br> 2. Promoción de la experimentación e innovación en las firmas y creación de  nuevas.     <br> 3. Desarrollo de servicios de información para estimular el aprendizaje  interactivo y orgánico entre firmas.    <br> 4. Intermediación para joint ventures.     <br> 5. Impulso a los sistemas de control de calidad.    <br> 6. Encadenamientos entre grandes empresas y Pymes.    <br> 7. Apoyo a centros de investigación e innovación.    <br> 8. Provisión de infraestructura de telecomunicaciones.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 9. Promoción del capital social a través de la asociatividad.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A este repertorio de instrumentos habría que agregar la  promoción de clusters, entendidos estos como: «Redes no solo de firmas,  sino de una amplia gama de otras organizaciones –incluyendo centros de  investigación, institutos, universidades, instituciones financieras y agencias  gubernamentales– todas las cuales se caracterizan por altos niveles tanto de  competencia como de colaboración» (Raines, 2001).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De este corte son las medidas de política regional que en la  actualidad están adoptando las regiones «ganadoras» en los países avanzados. A  este respecto, un estudio sobre la región de la Emilia-Romagna, por ejemplo,  define las prioridades para este territorio así:    <br>     <br> En este contexto, los factores claves de la competitividad son: capacidad de  aprendizaje continuo, necesidad de un permanente mejoramiento de la calidad;  innovación y capacidad de resolver problemas; respuesta rápida a las demandas  del mercado, organización flexible pero dinámica; y estabilidad financiera de  las firmas. Eso implica que las empresas en sistemas locales de producción deben  ser también abiertas a recibir conocimiento de fuentes externas (…); la  burocracia, los proveedores de servicios y de infraestructura deben ser  eficientes y capaces de responder rápidamente a las demandas de las firmas (…)  todo esto implica, a su turno, que la necesidad del aprendizaje continuo no es  exclusiva de la actividad de la empresa sino que debe ser una característica de  todas las instituciones y organizaciones que operan en la región (Russo et  al., 2000).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En la misma línea, en la estrategia de desarrollo de la  región Yorkshire y Humber en el Reino Unido se plantean los siguientes objetivos  (Gatto, 2001):    <br> 1. Hacer crecer las empresas de la región.    <br> 2. Aumentar la tasa de natalidad de las empresas.    <br> 3. Atraer más inversión.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 4. Mejorar radicalmente la educación, el aprendizaje y las competencias.    <br> 5. Ejecutar programas de reconstrucción orientados hacia la comunidad.    <br> 6. Aprovechar al máximo los activos físicos y culturales únicos y conservar y  mejorar los activos ambientales.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Más allá de los instrumentos, un estudio comparativo sobre  las políticas regionales de los Estados miembros de la Unión Europea (Yuill y  Wishlade, 2001) revela, en cuanto a los enfoques de política, los siguientes  elementos comunes:    <br> 1. Una tendencia al cambio del objetivo de la distribución de riqueza por  el de creación de riqueza, con un creciente énfasis en la competitividad.    <br> 2. En consecuencia de lo anterior, una focalización en las regiones de mayor  potencial, esto es, las áreas urbanas y las aglomeraciones que se consideran  como los motores del desarrollo.    <br> 3. Una consideración creciente de los insumos del nivel regional en la  elaboración y ejecución de las políticas, sin dejar de lado el papel del  gobierno central, que es visto como vital para las acciones de coordinación,  balance y equidad.    <br> 4. Un tránsito de las acciones sectoriales aisladas hacia enfoques integrados de  amplio espectro.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Adicionalmente, una tendencia digna de ser destacada es el  reescalamiento del concepto de «ciudad» (city) como una órbita  diferenciada de gobierno territorial, para reemplazarlo por el «ciudad-región» (city-region),  con la idea, conforme a Andrew Jonas y Kevin G. Ward (2001), de que la región  constituye el tamaño y la escala optima para que una masa crítica de  organizaciones y actores económicos aprenda, innove y compita en la «nueva  economía». Según estos autores (ibíd., p. 6, traducción libre del autor):    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> La premisa subyacente del «regionalismo competitivo» es que la economía global  está construida alrededor de economías metropolitanas o regionales  diferenciadas, que pueden consistir en clusters de actividades  relacionadas e interdependientes o en aglomeraciones significativas de población  y entes administrativos. Cada área metropolitana o ciudad-región debe encontrar  su nicho en el mercado global y desarrollar clusters de actividades en las que  pueda especializarse y competir. Cada cluster o aglomeración, a su turno,  está caracterizado por un ambiente institucional distintivo, en el cual formas  entrelazadas de organización económica están llamadas a conectar el cluster  con otras redes y nodos de la economía global.    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El problema con las políticas de tercera generación, que son  intensivas en información, conocimiento y tecnología (ICT), es que ellas emergen  y son aplicadas en las regiones más avanzadas (core regions), en donde la  trayectoria histórica y las especificidades sociales y culturales son por sí  mismas factores determinantes. La preocupación que surge, por tanto, es hasta  qué punto el paquete de políticas e instrumentos de última generación puede  trasladarse a otros contextos.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Siendo Silicon Valley en California y Ruta 128/495 en Boston  los casos paradigmáticos de economías basadas en ICT, dicha preocupación llega  al extremo de que en Europa se tengan dudas acerca de la posibilidad de emular  con éxito la experiencia estadounidense (Tracey et al., 2002).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Con todo, tanto individualmente como en el plano comunitario  los países europeos han adoptado las políticas de segunda y tercera generación,  pero sin abandonar –y esto hay que resaltarlo– de manera alguna el objetivo de  reducir las disparidades regionales. Es que si bien en Europa ha habido un  apreciable proceso de convergencia, los desequilibrios regionales siguen siendo  significativos, y su eliminación –según la Comisión Europea– demandaría por lo  menos dos decenios más.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En EE. UU., frente a la ausencia de políticas federales para  apoyar las regiones, los estados y las localidades han reforzado sus  tradicionales esfuerzos de desarrollo económico, dándoles un carácter más  proactivo y empresarial (Clarke et al., 1998). Puesto que desde los años  ochenta el gobierno federal suprimió o transfirió los programas de apoyo a los  estados, estos (y también las ciudades) están adoptando sus propias estrategias  de desarrollo endógeno, en una transición que coincide con la delineada por  Jessop (del Estado de bienestar keynesiano al Estado de trabajo shumpeteriano).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Según Clarke y otros (ibíd., p. 51), el activismo económico  estatal es más acusado en las áreas deprimidas por la desindustrialización, como  los estados de los Grandes Lagos (Ohio, Michigan, Indiana, Illinois y Wisconsin)  y los del medio este. El enfoque empresarial se caracteriza por:    <br> 1. Orientación proactiva, que consiste en el uso de estrategias más  intervencionistas.    <br> 2. Selectividad, prioridad a los sectores y empresas de alta tecnología y a la  investigación y el desarrollo.    <br> 3. Mejoramiento del clima empresarial, apoyo directo a las firmas y dotación de  infraestructuras avanzadas.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 4. Intervención en las condiciones del mercado, promoción de economías de  aglomeración y alianzas público-privadas.    <br> 5. Apoyo a la inversión, incentivos financieros, tributarios y regulatorios.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Desde otra perspectiva, un estudio comparativo sobre las  experiencias de planificación regional en EE. UU. revela que los casos exitosos,  como Oregon, tienen mucho que ver con factores políticos e institucionales  relacionados con la presencia de instituciones regionales fuertes, consensos  políticos estables, homogeneidad regional y policentrismo, y un proyecto  regional ampliamente compartido (Wheeler, 1998).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A juicio de A. Jonas y K.G. Ward (2001), la emergencia de la  «ciudad-región» como el locus privilegiado de la política regional, que  ellos identificaron en Europa, también se está produciendo en EE. UU.     <br> Sobre la vigencia en el tiempo de las políticas de segunda y tercera generación  Allen J. Scott (1998: 120) sostiene que:    <br>     <br> … la visibilidad rápidamente ascendente de las agencias gubernamentales  dedicadas actualmente a promover la competitividad regional a lo largo y ancho  del mundo es mucho más que una simple ola pasajera. Por todas las razones  aducidas, ello de hecho parece un síntoma temprano de lo que con toda  probabilidad se va a convertir en una ola creciente en las décadas siguientes.    <br> &nbsp;</font></p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Las políticas regionales en  América Latina</b>    <br> América Latina no ha escapado a los efectos de las transformaciones  estructurales y a los cambios en la orientación de las políticas regionales  reseñadas en las secciones anteriores. Aunque originadas –en su gran mayoría– en  los países avanzados, dichas mutaciones han impactado directamente el desarrollo  latinoamericano y han inducido respuestas de política que, por lo general, están  en la línea de las tendencias internacionales dominantes.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Al igual que en los países avanzados, las crisis  internacionales del decenio de los setenta produjeron en América Latina cambios  sustanciales en la lógica del accionar del Estado. Estas alteraciones se vieron  reforzadas por la propia crisis latinoamericana de los años ochenta, que se  originó en la acumulación de niveles insostenibles de deuda externa y determinó  que, en balance, tal período fuese denominado por la Cepal «la década perdida».    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por tal razón, en América Latina también hay lugar para  distinguir dos períodos claramente diferenciados en cuanto a las políticas  públicas: a) el que se extiende de la segunda posguerra hasta finales de los  setenta y principios de los ochenta, y b) el que va entre este lapso y la  actualidad.    <br>     <br> <b>El período años cincuenta-primera mitad de los ochenta</b>    <br> La protohistoria de las políticas regionales fue escrita por los esfuerzos en  torno a la planificación de las cuencas hidrográficas, bajo el influjo de la  experiencia de la Tennessee Valley Authority (TVA) en EE. UU. (iniciada en  1933). Siguiendo este modelo, en América Latina se desarrollaron, entre otros,  los siguientes proyectos: Corporación del Santa (Perú, 1943), la Comisión de  Papaloapán (México, 1947), la Comisión del Valle de San Francisco (Brasil,  1948), la Comisión Nacional de Rionegro (Uruguay, s.f.) y la Corporación del  Valle del Cauca (Colombia, 1954), cuya creación fue asesorada por el propio  David Lilienthal, director-fundador de la TVA.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero no sería sino hasta los inicios de la década de los  setenta que comenzarían a aplicarse políticas de desarrollo regional propiamente  dichas, enmarcadas en planes y estrategias nacionales de desarrollo que  típicamente respondían a las orientaciones del Estado keynesiano de bienestar (EKB).  En la adopción de los modelos de desarrollo de este corte jugaron un papel  importante los acuerdos de la Conferencia de Punta del Este (Uruguay) en 1961 y  la consecuente puesta en marcha de la Alianza para el Progreso.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Característicos de esta primera fase de políticas de  desarrollo regional –que corrió paralela con el auge de la planificación– son  instrumentos como la regionalización para el uso económico racional del  territorio; los polos de crecimiento; las estrategias de integración  económico-espacial; las corporaciones de desarrollo regional y los programas de  desarrollo rural integrado (DRI), que contaban con el apoyo del Banco Mundial.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los resultados de la primera generación de políticas  regionales que buscaba la reducción de las disparidades entre regiones y  disminuir la concentración geográfica de la actividad productiva, fueron –en la  opinión de analistas como Carlos de Mattos (1986) y Sergio Boisier (1990)– de  alcance muy limitado.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Tan temprano como la primera mitad del decenio de los setenta  (antes de las eras Reagan y Thatcher), comienza a ejecutarse en los países del  Cono Sur (Argentina, Uruguay y Chile) la operación de desmantelamiento del EKB y  por ende de las políticas públicas –incluyendo las regionales– asociadas a él.  En el caso particular de Chile, si bien la dictadura militar entronizada en 1973  mantiene políticas regionales explícitas, ellas entran abiertamente en  contradicción con un modelo global de desarrollo que postulaba la prevalencia de  la iniciativa privada sobre la acción del Estado, al cual se le reservaba apenas  un papel subsidiario (Abalos y Lira, 1986).    <br> Joseph Ramos (1989:17) capta bien la paradoja de tales regímenes autoritarios  empeñados en imponer la libertad de mercados, cuando dice que eran el intento de  lograr la libertad económica mediante la represión política.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> <b>El período desde los ochenta hasta el presente</b>    <br> En la segunda mitad de los años ochenta, y especialmente en los noventa, la onda  neoliberal se propagó hacia el norte de América Latina, llegando a abarcar todos  los países comprendidos entre la Patagonia y el Río Grande.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En este marco se iniciaron dos procesos relevantes para los  propósitos de este trabajo: la desvalorización de la planificación y de las  políticas sectoriales y regionales, y la descentralización para aligerar el  desacreditado Estado central de responsabilidades que supuestamente podían ser  mejor cumplidas por los niveles subnacionales.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De esta manera las políticas regionales de primera generación  que, como se dijo arriba, habían alcanzado logros poco significativos, fueron  reemplazadas por los procesos descentralizadores. Al respecto dice Iván Finot  (2001): «… en los años ochenta se inició una tendencia histórica a traspasar  parte de la provisión de bienes públicos hacia procesos democráticos  subnacionales (descentralización política) y a transferir procesos de producción  de los bienes provistos públicamente a la competencia económica  (descentralización económica)».     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A través de la descentralización se esperaba sentar las bases  para un desarrollo local competitivo, asegurar la equidad social a escala  territorial, aumentar la participación política y promover la eficiencia y la  transparencia de las administraciones públicas.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; No obstante, bajo el manto de tales parámetros comunes se  esconde una variedad de procesos con contenidos profundamente diferentes. Así,  la descentralización puede ser un mecanismo de democratización y de  redistribución del poder político que permeabilice el régimen a las presiones de  participación de los movimientos populares con base regional, o una estrategia  neoliberal para remitir cualquier alternativa de cuño popular al plano local y  microeconómico, mientras que las grandes decisiones permanecen centralizadas y  abiertas a una lógica de articulación trasnacional.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por esta razón, los procesos descentralizadores han avanzado  tortuosamente a través de unas fuerzas centrífugas que se mueven en la dirección  de transferir competencias y recursos a las entidades subnacionales, y otras  centrípetas que actúan en el sentido de impedir que el Estado central se  desprenda de la capacidad de controlar los recursos para el desarrollo.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En tal contexto, si bien la línea de la descentralización  para el desarrollo económico es la que menos ha avanzado, es indudable que los  espacios abiertos por el empoderamiento político y fiscal de las entidades  subnacionales han sido aprovechados por estas para emprender iniciativas  endógenas de promoción de sus economías. Esta circunstancia, combinada con la  revalorización de los componentes territoriales del desarrollo,<sup>3</sup> ha  inducido desde los años noventa la aparición de una nueva gama de políticas  regionales de características muy similares a las de Europa y EE. UU. que  comentamos anteriormente.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En dicha revalorización han incidido varios factores. En  primer lugar está la evidencia de que con la globalización se ha iniciado un  nuevo ciclo de profundización de las disparidades regionales, en el que hay unas  regiones ganadoras que tienen las capacidades competitivas para  conectarse a las nuevas dinámicas de la economía mundial y otras que se quedan  rezagadas (perdedoras) por no disponer de tales ventajas. Entre las  primeras están las grandes áreas metropolitanas (Sâo Paulo, Santiago y en menor  medida Bogotá, Caracas y Lima) y las regiones que cuentan con recursos  exportables, y entre las segundas están casi todos los demás territorios,  incluyendo las regiones industriales maduras que habían florecido al amparo del  modelo de sustitución de importaciones.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Con el agravante –como bien lo advierte Ann Markusen (1995)–  de que las políticas sectoriales presididas por el imperativo de la  competitividad internacional pueden reforzar los patrones concentradores, como  lo demuestran las tendencias repolarizadoras de la economía brasileña y el  desgarramiento entre los estados de la frontera norte de México –completamente  integrados a la economía norteamericana vía el Tratado de Libre Comercio de  América del Norte (Nafta por sus siglas en inglés)– y los estados del sur con  niveles de ingreso equivalentes a un quinto del que tienen los primeros.<sup>4</sup>  A esta nueva onda de «archipielagización» se agregan insidiosamente los  desequilibrios al interior de las regiones, entre las capitales provinciales y  su Hinterland, y en el seno de las áreas metropolitanas.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En segundo término, la terciarización de los  territorios más avanzados, con el consiguiente peso creciente de los servicios  de punta (telecomunicaciones, finanzas, transporte internacional) en el PIB,  está induciendo una mayor atención a las infraestructuras correspondientes, a  través de inversiones más selectivas y localizadas y de polos de innovación  tecnológica. En tercer lugar, la propagación de las teorías de capital social ha  estimulado una variada gama de iniciativas para construir proyectos consensuados  de desarrollo regional y local, entre los que se destaca, por ejemplo, la  experiencia del Presupuesto Participativo en Porto Alegre.<sup>5</sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por último, las exigencias de incorporar criterios de  sostenibilidad en la gestión del desarrollo obligan a tomar en cuenta la  conservación y mejoramiento de los recursos físicos y biológicos, dando lugar a  que se generalicen las normativas y prácticas del ordenamiento territorial  (Montes, 2001).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por todas las razones anteriores, en América Latina está hoy  a la orden del día la ejecución de actividades de apoyo y promoción del  desarrollo regional que caen en la órbita de las políticas de segunda y tercera  generación, en los términos de Helmsing. Así, en casi todos países se adelantan  acciones para medir y potenciar la competitividad de las regiones; identificar y  promover distritos industriales y clusters; organizar sistemas regionales  de innovación tecnológica y ordenar ambientalmente el territorio. Es el caso de  los escalafones de competitividad regional elaborados en México,  Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y Chile, entre otros países; la  identificación de espacios regionales de conocimiento en México;<sup>6</sup>  la incorporación del concepto de sistemas regionales de ciencia y tecnología  en las políticas de ciencia y tecnología de Chile, Colombia, Venezuela y  Argentina;<sup>7</sup> la identificación y promoción de clusters en  Brasil, México, Argentina, Cuba, Costa Rica y Uruguay (Melo, 2001:56); y de planes de ordenamiento territorial en Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba,  Ecuador, México y Venezuela (Massiris, 2002).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Siguiendo a Antonio Vázquez Barquero (2000), las acciones e  instrumentos de uso más frecuente pueden agruparse así:    <br>     <br> Hardware:    <br> • Construcción y mejoramiento de infraestructura para conectar con el mercado  internacional (puertos, aeropuertos, puertos secos y vías fluviales).    <br> • Dotación y ampliación de telecomunicaciones y telemática.    <br> &nbsp;</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sofware:    <br> • Apoyo a las Pymes e impulso a la creación de nuevas empresas (incubadoras,  capital de riesgo, fondos de garantías, clusters).    <br> • Impulso a la innovación tecnológica:    <br> – centros de productividad y desarrollo tecnológico,    <br> – parques industriales y tecnológicos,    <br> – sistemas regionales de innovación tecnológica,    <br> – formación de recursos humanos.    <br> • Impulso a redes de empresas.    <br> • Sistemas de información para la toma de decisiones de inversión (bancos de  proyectos, promotoras de inversión).    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> Orgware:    <br> • Empoderamiento de las entidades territoriales a través de la  descentralización.    <br> • Regionalización del territorio para efectos de la planificación y ordenamiento  ambiental.    <br> • Adaptación de las administraciones regionales y locales para la promoción del  desarrollo.    <br> • Alianzas y cooperación entre gobierno, sector privado, universidades y ONG.    <br> • Proyectos estratégicos consensuados de desarrollo regional y local.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En la relación anterior se pone en evidencia una de las notas  características del estadio por el que atraviesan las políticas públicas en  América Latina: la transición de la lógica vertical/sectorial a la lógica  horizontal/territorial, que da lugar al concepto híbrido de políticas secto-regionales  o secto-territoriales. Siguiendo a Pierre Muller (1985), una política secto-regional  es una que combina en proporción variable la lógica sectorial que implica centralización y la lógica territorial que implica descentralización.  Según este autor, frente al fracaso de la sectorialidad el Estado tiene  entonces: «… la tentación de territorializar las políticas públicas, con la  esperanza, un poco mítica, de poder recrear ‘verdaderos’ territorios como antes,  es decir, dotados de una capacidad autónoma de reproducción».    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De esta manera el resurgimiento de lo local se explicaría  como el intento de darle una nueva coherencia a la sectorialidad y construir  relaciones de proximidad que requieren «La construcción de un espacio de  medición que dé un mínimo de coherencia a las múltiples estrategias reticulares  que están actuando en el nivel local» (Muller, 2000).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo anterior implica que hacia el futuro el gran desafío de  las políticas secto-regionales es superar su carácter meramente instrumental y  encuadrarse en un marco de racionalidad y eficiencia sistémicas. Es decir  sinergias y coordinación entre el nivel nacional y el subnacional, entre lógicas  sectoriales y territoriales, entre los agentes públicos y la sociedad civil, y  entre marcos normativos y acciones operativas.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En la búsqueda de esta nueva racionalidad aparece el concepto  de desarrollo económico local, cuya aplicación se está generalizando en  América Latina y que es definido por Antonio Vázquez Barquero (2000:22) así:    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> El desarrollo económico local es un proceso de crecimiento y cambio estructural  de la economía de una ciudad, comarca o región, en el que se pueden identificar  al menos tres dimensiones (…) una económica, caracterizada por un sistema de  producción que permite a los empresarios locales usar eficientemente los  factores productivos, generar economías de escala y aumentar la productividad a  niveles que permiten mejorar la competitividad en los mercados; otra  sociocultural en la que el sistema de relaciones económicas y sociales, las  instituciones locales y los valores sirven de base al proceso de desarrollo: y  otra, política y administrativa, en que las iniciativas locales crean un entorno  local favorable a la producción e impulsan el desarrollo sostenible.    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; A su turno, la interacción de las economías locales  –especialmente de las exitosas– con la economía mundial y entre ellas mismas ha  dado lugar a las teorías y prácticas de la glocalización, que no es cosa  distinta que el reconocimiento de que las localidades ganadoras establecen  vínculos directos con los circuitos económicos globales, sin pasar por la  intermediación de sus Estados nacionales respectivos (Bressi, 2003). Sin  embargo, a este respecto bien cabe la advertencia de Helmsing (2003) en el  sentido de que pocas localidades cumplen con los prerrequisitos para la  generación de procesos autosostenidos de desarrollo local y de glocalización y  que, por tanto, en muchos países el desarrollo tenderá a ser más desequilibrado.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En síntesis, los grandes temas que cruzan actualmente las  políticas regionales en América Latina son: descentralización, desarrollo  económico local (competitividad), ordenamiento territorial (desarrollo  sostenible), y glocalización.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Algunas alusiones a experiencias nacionales específicas  sirven para corroborar las tendencias generales esbozadas para América Latina en  su conjunto. Así, sobre Brasil dice Regis Bonelli (2001:15):    <br>     <br> Las políticas subnacionales de competitividad en Brasil son ejecutadas por los  estados de la federación con el fin principal de atraer inversiones para sus  respectivos territorios. Los mecanismos utilizados con este propósito incluyen  una vasta gama de medidas que van desde la concesión de incentivos fiscales a  empresas que deseen instalarse en una región, hasta el apoyo en términos de  infraestructura.    <br> &nbsp;</font></p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Y desde Argentina, Mabel Manzanal  comenta (1999):    ]]></body>
<body><![CDATA[<br>     <br> Con el nuevo milenio, los procesos espaciales de funcionamiento en redes se irán  consolidando en los países de la periferia desarrollada. Paralelamente aparece  un renovado discurso regional proveniente del discurso neoliberal de nueva  generación (década de los noventa) que adquiere entidad a partir de temas y  acciones relacionados centralmente con la competitividad y la productividad  (...) en él se señala que, desde los territorios, tienen que operarse procesos  de «atractividad» del capital y de las inversiones foráneas.    <br>     <br> Las similitudes y paralelismos resaltados en los acápites precedentes entre los  países avanzados y los de América Latina, en materia de políticas regionales, en  manera alguna tienen el propósito de plantear que las experiencias de los  primeros puedan ser trasladadas mecánicamente a los segundos. Esto es así porque  en el contexto latinoamericano no conviene apresurar esquemas artificiosos de  glocalización o de ciudades globales cuando el Estado-nación tiene  todavía que cumplir impostergables tareas en el campo de la articulación de  políticas y la equidad interpersonal e interterritorial, y segundo, porque en  nuestro medio la reproducción de enfoques como los distritos industriales o los  parques tecnológicos ha probado ser extremadamente lenta y difícil (Fernández,  2001; Yoguel, 2000).    <br>     <br> <b>Las políticas regionales en los países andinos</b>    <br> La geografía, los equilibrios regionales y la organización territorial del  Estado son temas permanentemente presentes en la historia de los países andinos.  Desde los inicios de la vida republicana de estas naciones hasta nuestros días,  la distribución del poder entre los distintos territorios y su reflejo en la  tensión centralismo-federalismo, como formas constitucionales de organización  política del Estado, son cuestiones que han permeado su evolución histórica.    <br> En la primera mitad del siglo XIX, los países andinos oscilaron entre el régimen  centralista que aconsejaban los imperativos de las guerras de emancipación y el  federalista, que reflejaba mejor la realidad de unas naciones fragmentadas en  diversas regiones con autarquía económica y dirigencias políticas basadas en el  poder militar de caudillos locales.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; No fue sino hasta entrada la segunda mitad de dicho siglo que  el desencadenamiento de fuerzas favorables a la integración de los mercados  nacionales hizo posible el advenimiento de regímenes políticos que buscaron e  impusieron la adopción de constituciones de carácter centralista. Para llegar a  este punto fueron necesarias, en varios casos, cruentas guerras civiles en las  que las fuerzas vencedoras imponían la carta constitucional de sus preferencias.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; La situación extrema se produjo en Colombia, en donde a lo  largo del siglo XIX tuvieron lugar nueve guerras civiles generales y catorce  regionales entre los partidarios de los modelos federal y centralista. Por las  mismas razones hubo guerras civiles en Venezuela (guerra federal, 1863) y  Bolivia (guerra federal, 1899).    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Los procesos de consolidación del Estado-nación –aupados por  los avances en la integración de los mercados nacionales– comenzaron a ser  impulsados en Venezuela por los gobiernos autocráticos de Antonio Guzmán Blanco  (1870-1887) y Juan Vicente Gómez (1908-1935); en Ecuador durante el período «garciano»  (Gabriel García Moreno, 1861-1865, con interregnos); en Bolivia por el  presidente Narciso Campero en 1880; en Colombia por la Regeneración liderada por  Rafael Núñez en los últimos dos decenios del siglo XIX; y en Perú por el  gobierno de Nicolás de Piérola en 1895.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las constituciones centralistas que resultaron de tales  desarrollos económico-políticos conservaron su vigencia hasta finales del siglo  XX, cuando al calor de las tendencias descentralizadoras volvió a avivarse el  contrapunto centralismo-federalismo que se creía superado. Un extremo del  movimiento pendular del modelo territorial se toca actualmente en Venezuela, en  cuya nueva Constitución (1999) se consagra que: «La República Bolivariana de  Venezuela es un Estado federal descentralizado…» (art. 4).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En Colombia, Ecuador y Bolivia se ha llegado a fórmulas de  compromiso que evocan las constituciones centro-federales del siglo XIX, según  las cuales: «Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de  República Unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades  territoriales…» (Constitución Nacional de 1991, art. 1); «Bolivia es una  república unitaria, con gobiernos municipales autónomos» (Constitución Nacional  reformada en 1994, arts. 1 y 200); «Ecuador es un Estado unitario con autonomía  de sus entidades territoriales…» (Constitución Nacional de 1998).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; De esta manera, los principios descentralizadores tienen  ahora rango constitucional en los cuatro países, pero de forma tal que su  cumplimiento y desarrollo práctico da lugar a no pocas dificultades de  hermenéutica jurídica. Entre estas está, por ejemplo, la de definir qué clase de  autonomía tienen las entidades territoriales en el marco de un régimen unitario,  como es el caso de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Por su parte, en Venezuela se presenta una clara  contradicción entre una Constitución de antaño federal y las tendencias  recentralizadoras que surgen periódicamente y que se han agudizado en este  decenio (administración Chávez).    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Las sincronías en los desarrollos de la configuración  política del Estado en los países andinos no se circunscriben a los grandes  parámetros constitucionales, sino que son observables en la evolución de las  políticas públicas relacionadas con la cuestión territorial.     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En tal sentido, la década de los noventa marca un cambio de  paradigma en las políticas de desarrollo regional con el advenimiento de los  enfoques e instrumentos de tercera generación. Aunque con rezagos,  relativizaciones y ciertas adaptaciones autóctonas, los procesos que en este  campo están teniendo lugar en los países andinos guardan una estrecha asociación  con los que ocurren en el resto de América Latina y en el mundo desarrollado.  Parecería que los imperativos socioeconómicos de la globalización están  imponiendo respuestas de política similares en todas las latitudes del planeta.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Dicha transición en los enfoques teóricos y operativos de la  política regional se esquematiza –con particular referencia a los países  andinos– en el <a href="#c1"> cuadro 1</a> (p. 121), en el cual se destacan tres elementos  principales. Primero, la aparición de una línea de actuación de carácter secto-territorial,  que como se ha dicho antes combina la lógica vertical-sectorial clásica con una  preocupación por los efectos espaciales de las políticas públicas. Segundo, el  énfasis en la eficiencia, la competitividad y las capacidades propias de los  territorios, en lugar de los enfoques redistributivos del pasado; y tercero, el  predominio actual de una racionalidad puramente instrumental, esto es, la  apelación a un repertorio de instrumentos que carece de un marco coherente de  política. Sobre esto último podría decirse, parafraseando a Pirandello, que se  trata de una diáspora de instrumentos que necesita afanosamente un nuevo marco  de política.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; El actor de más reciente aparición en el escenario de las  políticas regionales en los países andinos es el desarrollo local,  entendido como el impulso a procesos de crecimiento y cambio estructural de un  territorio subnacional, en el cual interactúan las dimensiones económica,  sociocultural y político-administrativa (v. sección «Las políticas regionales en  América Latina», supra). Experiencias de esta naturaleza se están promoviendo en  los cinco países de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).    <br>     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> <b>Características emergentes</b>    <br> En lo que se sigue y a guisa de cierre de este trabajo se ofrece una  presentación esquemática y estilizada de la evolución de las políticas  regionales en los países andinos.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 1. Las cuestiones relativas a la estructuración del espacio y  a la organización territorial del Estado han permeado la historia andina desde  los inicios de la vida republicana de los cinco países hasta nuestros días. El  contrapunto centralismo-federalismo generó en el siglo XIX varias guerras  civiles, y durante el siglo XX fue la dialéctica que motivó múltiples cambios  constitucionales y enfrentamientos partidistas que aún hoy –en los albores del  siglo XXI– siguen sin superarse plenamente.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 2. Las políticas regionales andinas cumplieron durante la  segunda mitad del siglo XX una trayectoria que está íntimamente asociada con la  evolución que tuvo el papel asignado al Estado en los procesos del desarrollo y  que guarda una estrecha similitud con los ciclos del Estado de bienestar y de la  política regional en los países desarrollados y en el conjunto de América  Latina. Considerando que las políticas relacionadas con el territorio son  altamente dependientes de la trayectoria (path dependent) y están  necesariamente influidas por las especificidades geográficas de los países en  donde se aplican, dicha sincronía en la evolución de las políticas resulta  sorprendente. Dejando de lado por prosaica la hipótesis del simple mimetismo,  una explicación posible podría encontrarse en los enfoques teóricos de  Wallerstein, tal como los presentan Peter Taylor y Colin Flint:    <br>     <br> El análisis de los sistemas-mundo plantea la cuestión de cómo conceptualizamos  el cambio social. Se suele describir este tipo de cambios hablando de sociedades  que son equiparadas a países: de ahí que hablemos de «sociedad británica»,  «sociedad estadounidense», «sociedad brasileña», «sociedad china» etc. Puesto  que en el mundo de hoy hay más de doscientos Estados, los estudiosos del cambio  social tendrían que habérselas con más de doscientas sociedades diferentes. La  ciencia social ortodoxa acepta esta concepción que podemos llamar «el supuesto  de la sociedad múltiple»; pero el análisis de los sistemas-mundo no acepta que  este supuesto sea un punto de partida válido para comprender el mundo moderno.    <br> En vez de defender que el cambio social tiene lugar país por país, Wallerstein  (1979) postula la existencia de un «sistema-mundo» que en la actualidad tiene  una extensión global. Si aceptamos este supuesto de una «sociedad única» las  numerosas «sociedades nacionales» se convierten simplemente en parte de un todo  mayor, por lo que un determinado cambio social sólo puede ser comprendido en su  totalidad en el contexto más amplio del sistema-mundo moderno (Taylor y Flint,  2000:5-6).    <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 3. La fase ascendente de las políticas regionales en los  países andinos se produjo en el contexto de la configuración paulatina de un  Estado desarrollista e intervencionista que en Bolivia, Perú y Venezuela alcanzó  incluso los rasgos de un capitalismo de Estado que tenía como objetivo central  volcar el excedente generado por la exportación de recursos naturales hacia la  industrialización sustitutiva de importaciones.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; En esta fase, que se extendió desde la posguerra hasta el  decenio de los ochenta, los objetivos de las políticas nacionales eran muy  similares y tenían que ver principalmente con la reducción de las disparidades  interregionales, la integración física del territorio y el impulso a nuevos  polos de desarrollo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 4. Aunque la eficiencia de las políticas regionales activas  ha sido severamente cuestionada por diversos analistas, hay que reconocer, por  un lado, que ellas resultaron procíclicas a procesos reales de reducción de las  disparidades regionales jalonadas por fuerzas estructurales, y por el otro, que  en el período de su aplicación se consolidaron exitosamente polos alternativos  de desarrollo muy importantes como la región de Santa Cruz en Bolivia, la de  Guayas en Ecuador y, en menor medida, la de Guayana en Venezuela.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 5. La crisis del Estado de bienestar en los años setenta, el  impacto de los desajustes de la economía mundial en la década de los ochenta, y  la adopción del modelo neoliberal en los años noventa determinaron el desmonte  del Estado desarrollista en los países andinos y por consiguiente el ocaso de  las políticas públicas activas, entre ellas las regionales. En el caso  particular de las políticas regionales, estas fueron reemplazadas por una  descentralización para la repartición de recursos fiscales con acento  municipalista, que ha postergado la descentralización para el desarrollo  regional y local.<sup>8</sup>    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; 6. En los ochenta y noventa, además de la descentralización,  aparecieron tres ejes nuevos en cuanto al desarrollo regional: las políticas  secto-regionales de innovación tecnológica, desarrollo productivo y  competitividad; el ordenamiento territorial (v. <a href="#c2"> cuadro 2</a>, p. 122); y el  desarrollo económico local.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo anterior sugiere que hacia el futuro los grandes desafíos  de los países andinos y de los latinoamericanos en general en materia de  políticas regionales son: a) desarrollar la racionalidad sistémica necesaria  para engarzar una variedad de acciones e instrumentos actualmente inconexos  entre sí; b) reorientar la descentralización hacia el desarrollo competitivo de  las regiones y las localidades; y c) mantener la integridad del Estado-nación en  medio de las exigencias externas de la globalización y las demandas internas por  mayores competencias para las entidades subnacionales.</font></p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><a name="c1"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n61/art5cua1.jpg" width="576" height="2157"></a></p>     
<p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="center"><a name="c2"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n61/art5cua2.jpg" width="579" height="792"></a></p>     
<p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify">&nbsp;</p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> &nbsp;</font></p>     <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Referencias bibliográficas</b></font></p>      <p style="line-height: 150%; margin-top: 0; margin-bottom: 0" align="justify"><font face="Verdana" size="2">    <!-- ref --><br> 1. <b>Abalos, José</b> y <b>Luis Lira</b> (1986). «Desarrollo regional, liberalismo  económico y autoritarismo político: Chile 1973», Pensamiento Iberoamericano,  nº 10, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786401&pid=S1012-2508200600010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 2. <b>Boisier, Sergio</b> (1990). «Los tiempos verbales del desarrollo regional en  América Latina», Documento 90/6, Santiago de Chile, Ilpes/Cepal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786402&pid=S1012-2508200600010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 3. <b>Bonelli, Regis </b>(2001). Políticas de competitividad industrial de  Brasil, 1995-2000, Serie Desarrollo Productivo 116, Cepal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786403&pid=S1012-2508200600010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 4. <b>Boudeville, J.R.</b> (1968). L’espace et les Pôles de Croissance,  París, PUF.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786404&pid=S1012-2508200600010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 5. <b>Bressi, Giovanni</b> (2003). «The Impact of Globalization: Opportunities and  Challenges for Glocal Development in Europe, Latin America and the Caribbean»,  ponencia presentada al seminario del BID «Global and Local: Confronting the  Challenges of Regional Development in Latin American and the Caribbean», Milán,  marzo de 2003.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786405&pid=S1012-2508200600010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 6. <b>Casas, Rosalía</b>, coord. (2001). La formación de redes de conocimiento,  una perspectiva regional desde México, Barcelona, Instituto de  Investigaciones Sociales, UNAM, Ed. Antrophos.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786406&pid=S1012-2508200600010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 7. <b>Catin, Maurice </b>y <b>Lloristophe van Huffel </b>(2003). «Inegalités  Regionales et Developpment Ëconomique: le Cas François (1850-2000)», Revue  d’Economie Régionale et Urbaine, nº 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786407&pid=S1012-2508200600010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 8. <b>Clarke, Susan</b>  et al. (1998). «Estrategias de desarrollo en áreas  deprimidas en Estados Unidos», Territorios, nº 1, Bogotá, Universidad de  los Andes, Cider.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786408&pid=S1012-2508200600010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 9. <b>Cuadrado-Roura, Juan R.</b> (1988). Políticas regionales. Hacia un nuevo  enfoque, Madrid, Papeles de Economía Epañola.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786409&pid=S1012-2508200600010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 10. <b>Cuadrado-Roura, Juan R.</b> (1995). «Planteamientos y teorías dominantes  sobre el crecimiento regional», Revista Eure, nº 63, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786410&pid=S1012-2508200600010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 11. <b>Chudnosky, Daniel</b> (1999). «Políticas de ciencia y tecnología y el sistema  nacional de innovación en la Argentina», Revista de la Cepal, nº 67,  Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786411&pid=S1012-2508200600010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 12. <b>De Mattos, Carlos</b> (1986). «Paradigmas, modelos y estrategias en la  práctica latinoamericana de planificación regional», Pensamiento  Iberoamericano, nº 10, Madrid.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786412&pid=S1012-2508200600010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 13. <b>De Sousa Santos, Boaventura </b>(2003). Democracia y participación. El  ejemplo del presupuesto participativo, Madrid, El Viejo Topo Ediciones.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786413&pid=S1012-2508200600010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 14. <b>Dunford, Michael</b> (2001). «Italian Regional Evolutions», Working Paper  33/01, Sussex European Institute, University of Sussex, disponible en &lt;www.one-europe.ac.uk&gt;.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786414&pid=S1012-2508200600010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 15. <b>Esser, Klaus</b>  et al. (1996). «Competitividad sistémica: nuevo  desafío para las empresas y la política», Revista de la Cepal, nº 59,  Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786415&pid=S1012-2508200600010000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 16. <b>Fernández, Víctor Ramiro</b> (2001). «Estrategia(s) de desarrollo regional  bajo el nuevo escenario global-local: revisión crítica sobre su(s)  potencialidad(es) y límites», Revista Eure, vol. XXVII, nº 82, Santiago  de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786416&pid=S1012-2508200600010000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 17. <b>Finot, Iván</b> (2002). «Descentralización y participación en América Latina:  una mirada desde la economía», Revista de la Cepal, nº 78, Santiago de  Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786417&pid=S1012-2508200600010000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 18. <b>Finot, Iván</b> (2001). Descentralización en América Latina: teoría y  práctica, Serie Gestión Pública 12, Santiago de Chile, Ilpes/Cepal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786418&pid=S1012-2508200600010000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 19. <b>Gatto, Francisco</b> (2001). Estrategia económica regional. Los casos de  Escocia y la región de Yorkshire y Humber, Serie Estudios y Perspectivas 4,  Cepal, Oficina de Buenos Aires.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786419&pid=S1012-2508200600010000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 20. <b>Gómez, David</b>  et al., comps. (2002). Los sistemas nacionales de  innovación (SNI) científica y tecnológica en los países del Convenio Andres  Bello, Bogotá, Quebecor World Bogotá.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786420&pid=S1012-2508200600010000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 21. <b>Helmsing A.H.J.</b> (1999). «Teorías de desarrollo industrial regional y  políticas de segunda y tercera generación», Revista Eure, vol. XXV, nº  75, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786421&pid=S1012-2508200600010000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 22. <b>Helmsing A.H.J.</b> (2003). «Perspectivas sobre el desarrollo económico  localizado», disponible en &lt;www.scielo.cl&gt;.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786422&pid=S1012-2508200600010000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 23. <b>Hermansen, Tormad</b> (1977). «Polos y centros de desarrollo en el desarrollo  nacional y regional», en Antoni R. Kuklinski, Polos y centros de crecimiento  en la planificación regional, México D.F., Fondo de Cultura Económica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786423&pid=S1012-2508200600010000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 24. <b>Ilpes/Cepal </b>(2000). La reestructuración de los espacios nacionales,  Serie Gestión Pública 7, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786424&pid=S1012-2508200600010000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 25. <b>Jessop, Bob</b> (1999). Crisis del Estado de bienestar hacia una nueva  teoría del Estado y sus consecuencias sociales, Bogotá, Universidad Nacional  de Colombia/Siglo del Hombre Editores.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786425&pid=S1012-2508200600010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 26. <b>Jonas, Andrew</b> y <b>Kevin G. Ward</b> (2001). «City-Regionalisms: Some  Critical Reflections on Transatlantic Urban Policy Convergence», EGRG Working  Paper 01/01, University of Manchester.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786426&pid=S1012-2508200600010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 27. <b>Kaldor, Nicholas </b>(1957). «A Model of Economic Growth», Economic  Journal, nº 57.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786427&pid=S1012-2508200600010000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 28. <b>Lacour, Claude </b>y <b>Aliette Delamarre</b> (con la colaboración de Muriel  Thoin) (2003). 40 Ans d´Aménagement du Territoire, París, La  Documentation Françoise/Datar.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786428&pid=S1012-2508200600010000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 29. <b>Lorensen, Mark</b> (1999). Regional Competitiveness, Localised Learning  and Policy, Department of Industrial Economics and Strategy, Copenhagen  Business School.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786429&pid=S1012-2508200600010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 30. <b>Manzanal, Mabel</b> (1999). «La cuestión regional en la Argentina de fin de  siglo», Realidad económica, nº 166, Buenos Aires, IADE.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786430&pid=S1012-2508200600010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 31. <b>Markusen, Ann</b> (1995). «Interaction between Regional and Industrial  Policies: Evidence from Four Countries», en World Bank, Proceedings of the  World Bank Annual Conference on Development Economics 1994, Washington D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786431&pid=S1012-2508200600010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 32. <b>Massiris, Ángel</b> (2002). «Ordenación del territorio en América Latina», Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Sociales, Universidad de  Barcelona, disponible en &lt;www.nb.es/geocrit/sn/sn-125.htm&gt;.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786432&pid=S1012-2508200600010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 33. <b>Melo, Alberto</b> (2001). «The Innovation Systems of Latin America and the  Caribbean», BID Working Paper nº 460, Washington D.C.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786433&pid=S1012-2508200600010000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 34. <b>Meny, Ives</b> y <b>Jean Claude Thoening</b> (1992). Las políticas  públicas, Barcelona, Ariel.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786434&pid=S1012-2508200600010000500034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 35. <b>Montes Lira, Pedro Felipe</b> (2001). El ordenamiento territorial como  opción de políticas urbanas y regionales en América Latina y el Caribe,  Serie Medio Ambiente y Desarrollo 45, Cepal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786435&pid=S1012-2508200600010000500035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 36. <b>Muller, Pierre</b> (1985). «Un esquema de análisis de políticas públicas  sectoriales», Tecnología Administrativa, vol. XI, nº 23, Medellín,  Universidad de Antioquia, Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786436&pid=S1012-2508200600010000500036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 37. <b>Muller, Pierre</b> (2000). Las políticas públicas, Bogotá, Universidad  Externado de Colombia.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786437&pid=S1012-2508200600010000500037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 38. <b>Myrdal, Gunnar</b> (1957). Economic Theory and Underdeveloped Regions,  Nueva York, Harper Ross Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786438&pid=S1012-2508200600010000500038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br> 39. <b>OECD</b> (1981). The Welfare State in Crisis, París.    <br> 40. <b>Perroux, François</b> (1955). Note sur la Notion de Pôles de Croissance,  París, Economie Appliquée.    <!-- ref --><br> 41. <b>Persson, Joakim</b> (1994). Convergence in per capita Income and Migration  Across the Swedish Counties 1906-1990, Suecia, Stockholm University,  Institute for international Economic Studies.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786441&pid=S1012-2508200600010000500040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 42. <b>Piore, Michael J.</b> y <b>Charles F. Sabel </b>(1984). The Second  Industrial Divide: Possibilities for Prosperity, Nueva York, Basic Books.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786442&pid=S1012-2508200600010000500041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 43. <b>Polèse, Mario</b> (1998). Economía urbana y regional. Introducción a la  relación entre territorio y desarrollo, Cartago, Costa Rica, Eulac/GTZ,  Libro Universitario Regional.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786443&pid=S1012-2508200600010000500042&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 44. <b>Pujadás, Romá</b> y <b>Jaime Font</b> (1998). Ordenación y planificación  territorial, Madrid, Editorial Síntesis.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786444&pid=S1012-2508200600010000500043&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 45. <b>Raines, Philip</b> (2001). «Local or National Competitive Advantange? The  Tensions in Clusters Development Policy», Regional and Industrial Policy  Research Paper 43, Glasgow, University of Strathclyde, European Policies  Research Centre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786445&pid=S1012-2508200600010000500044&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 46. <b>Ramos, Joseph</b> (1989). Política económica neoliberal en países del Cono  Sur de América Latina, 1974-1983, México D.F., Fondo de Cultura Económica.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786446&pid=S1012-2508200600010000500045&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 47. <b>Rosenstain-Rodan, Paul</b> (1943). «Problems of Industrialization of Eastern  and South Eastern Europe», Economic Journal, junio-septiembre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786447&pid=S1012-2508200600010000500046&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 48. <b>Russo, Margherita</b>  et al. (2000). «The Challenges for the Next  Decade: Notes on the Debate on the Development of the Emilia-Romagna Region»,  ESRC Centre for Business Research Working Paper nº 176.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786448&pid=S1012-2508200600010000500047&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 49. <b>Sala-i-Martin, Xavier</b> (2000). Apuntes de crecimiento económico,  2ª. ed., Barcelona, Antoni Bosh Editor.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786449&pid=S1012-2508200600010000500048&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 50. <b>Scott, Allen J.</b> (1998). Regions and the World Economy, Nueva York,  Oxford University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786450&pid=S1012-2508200600010000500049&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 51. <b>Strange, Susan</b> (1996). The Retreat of the State, Cambridge,  Cambridge University Press.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786451&pid=S1012-2508200600010000500050&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 52. <b>Taylor, Peter</b> y <b>Colin Flint</b> (2000). Geografía política,  economía-mundo, estado-nación y localidad, 4ª. ed., Madrid, Trama Editorial.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786452&pid=S1012-2508200600010000500051&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 53. <b>Teitz, Michael B.</b> (1996). «American Planning in the 1990s: Evolution  Debate and Challenge», Urban Studies, vol. 33, nºs 4 y 5.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786453&pid=S1012-2508200600010000500052&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 54. <b>Tracey, Paul</b>  et al. (2002). Cognition, Learning and European  Regional Growth: An Agent-Centred Perspective on the «New Economy»,  University of Oxford, School of Geography and the Environment, Rothermere  American Institute.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786454&pid=S1012-2508200600010000500053&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 55. <b>Vázquez Barquero, Antonio</b> (2000). «La política de desarrollo económico  local», en Gabriel Aghón et al., Desarrollo económico local y  descentralización en América Latina: un análisis comparativo, Santiago de  Chile, Cepal/GTZ.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786455&pid=S1012-2508200600010000500054&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 56. <b>Wannop, Urlan A.</b> (1995). The Regional Imperative, Regional Planning  and Governance in Britain, Europe and the United States, Regional Studies  Association, Gateshead Tine and Wear, Jessica Parker Publishers.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786456&pid=S1012-2508200600010000500055&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 57. <b>Wheeler, Stephen </b>(1998). «Reasons for Successful Regional Planning: A  Comparative Analysis of Portland, Toronto and the San Francisco Bay Area»,  ponencia presentada a la Annual Conference of the Association of Collegiate  Schools of Planning, Pasadena, California.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786457&pid=S1012-2508200600010000500056&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 58. <b>Wong Gonzales, Pablo </b>(1997). «La paradoja regional y regionalismos  emergentes en México: entre la globalización y el centralismo», Documento 97/36,  Serie Ensayos, Santiago de Chile, Ilpes/Cepal.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786458&pid=S1012-2508200600010000500057&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 59. <b>Yoguel, Gabriel</b> (2000). «Creación de competencias en ambientes locales y  redes productivas», Revista de la Cepal, nº 71, Santiago de Chile.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786459&pid=S1012-2508200600010000500058&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><br> 60. <b>Yuill, Douglas</b> y <b>Fiona Wishlade</b> (2001). «Regional Policy  Development in the Member States: A Comparative Overview of Change», Regional  and Industrial Policy Research Paper 45, Glasgow, University of Strathclyde,  European Policies Research Centre.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=786460&pid=S1012-2508200600010000500059&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><br>     <br> <b>NOTAS:</b>    <br> 1 Según los enfoques neoclásicos, dada la perfecta movilidad de los factores de  la producción, el trabajo se desplazará desde las regiones atrasadas hacia las  avanzadas y el capital lo hará en sentido contrario, toda vez que su tasa de  rendimiento marginal suele ser mayor en aquellas regiones en las cuales los  salarios y el capital per cápita son más bajos. En consecuencia, en el largo  plazo la tasa de acumulación de capital tenderá a igualarse en ambos tipos de  regiones y, por tanto, lo mismo ocurrirá con el ingreso per cápita.     <br> 2 Nótese la similitud de este enfoque con el de competitividad sistémica  desarrollado por el Instituto Alemán para el Desarrollo y difundido en América  Latina por la Cepal. Véase a este respecto Esser et al., 1996.    <br> 3 Una buena exposición de estos procesos se encuentra en Ilpes/Cepal, 2000.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> 4 Para un buen análisis de las tendencias del desarrollo regional en México,  véase Wong, 1997.    <br> 5 Para un completo análisis de esta experiencia véase De Sousa Santos, 2003.    <br> 6 Para un completísimo estudio sobre este tema véase Casas, 2001.    <br> 7 Sobre el componente regional de las políticas de ciencias y tecnología en  Chile, Colombia y Venezuela, véase Gómez, 2002. Sobre el caso de Argentina véase  Chudnosky, 1999.    <br> 8 Sobre los desarrollo recientes y deseables de la descentralización en América  Latina, véase: Finot, 2002.</font></p>       ]]></body>
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