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</front><body><![CDATA[ <p style="line-height: 150%" align="center"><b><font face="Verdana" size="3">Entrevista a Richard Sennett    <br> Las incógnitas sociales que cruzan la nueva economía</font></b></p>      <p style="line-height: 150%" align="justify"><font size="2" face="Verdana">     <br> La Revista Cuadernos del Cendes reproduce la entrevista realizada a  Richard Sennett por Claudio E. Benzecry, publicada en el Diario El Clarín.<sup>1</sup>  Sennett, oriundo de Chicago, es un profesor de la London School of Economics y  de la New York University que estudia las paradojas del tipo de sociedades que  construye el capitalismo contemporáneo. Partiendo del análisis de la evolución  de las sociedades desarrolladas, va despejando algunas de las incógnitas  apremiantes que trae consigo la nueva economía –caracterizada por las nuevas  tecnologías, el ataque a las rígidas burocracias, la flexibilidad laboral y las  economías trasnacionales– y sus repercusiones en los ámbitos laborales,  familiares e individuales, desde una perspectiva que se nutre de la sociología,  la economía y la historia. Entre sus libros resaltan Carne y piedra: el  cuerpo y la ciudad en la civilización occidental (1997), La corrosión del  carácter (2000), Vida urbana e identidad personal: los usos del orden  (2001), El declive del hombre público (con Emile Zola, 2002), El  respeto: sobre la dignidad del mundo en un mundo de desigualdad (2003).     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Su obra se ha difundido en América Latina a partir de la  publicación de La corrosión del carácter, obra en la que revisa los modos  como, bajo el paraguas del capitalismo global, se ha trastocado sustancialmente  el mundo del trabajo, afectando las nociones de integridad social, compromiso  familiar, lealtad laboral, comportamiento afectivo y valores individuales, lo  que ha generado cambios radicales en el carácter de los individuos. En El  respeto se pregunta sobre los factores que causan respeto en las sociedades  contemporáneas, estudiando con particular agudeza los modelos personales que son  la referencia a seguir en un mundo profundamente desigual.     <br> En esta entrevista expone algunas ideas sobre sus nuevos temas de investigación  y reitera sus puntos de vista sobre la cultura del nuevo capitalismo.    <br>     <br>     <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>Claudio Benzecry:</b>  La relación entre capitalismo y  personalidad ha sido un núcleo de su obra. ¿Piensa que es aún productivo hacer  estas preguntas?    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>Richard Sennett: </b>Sí, de hecho esta pregunta se hace  muy urgente por los cambios producidos por y en el capitalismo moderno. Este  tiende a ser mucho más individualizado, aislante, que en el pasado. Lo que  argumento es que este nuevo capitalismo flexible desmonta la arquitectura  burocrática que durante muchos años, a veces de manera feliz, otras no tanto,  mantuvo a la gente agrupada. En este sentido, el nuevo capitalismo es un sistema  mucho más individualizante que los sistemas fijos, a gran escala, permanentes,  de las grandes burocracias. El problema con la individualización es que el valor  individual ha mutado en un asunto de habilidad y movilización de talento. Ya no  reside más en el respeto recibido como miembro de una categoría social: el  trabajador. El centro del sistema se movió del reconocimiento hacia el  autodesarrollo y la mayor parte de la gente perdió en el cambio. El sistema no  tiene suficiente espacio para acomodar a la gente a la que presiona para que sea  más habilidosa y más competente.     ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB: </b>¿Qué tipo de sociedades construye este nuevo  capitalismo?    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>RS:</b> Un mundo mucho más polarizado, que se divide entre  relaciones sociales a gran escala en derredor del trabajo y relaciones  personales, propias del mundo privado. Lo que se pierde son las organizaciones  políticas intermedias que pueden mediar. Las ciudades, por ejemplo, se hacen más  homogéneas, son más parte del capitalismo que sociedades autoorganizadas. El  capitalismo flexible debilitó los gremios y sindicatos, otro tipo de instancia  de mediación institucional. El tipo de sociedades que construimos se erige sobre  divisiones absolutas, la abstracción creciente del mundo del trabajo y el mundo  que va hacia la intimidad de las relaciones afectivas.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB:</b>  Su obra parece moverse de libro a libro; un  tema irresuelto en uno parece llevarlo al próximo. ¿A dónde lo ha llevado el  hecho de terminar «Respeto»?    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>RS: </b>En dos direcciones. Por un lado, estoy publicando  una mirada general sobre el nuevo capitalismo que lleva ese título, «la cultura  del nuevo capitalismo». Con éste considero que ya he dicho todo lo que tenía que  decir sobre este tema, así que vuelvo a uno de mis primeros amores: un proyecto  sobre las prácticas culturales materiales, el tipo de asuntos sobre los que  escribí un poco en El declive del hombre público. El resultado primero de  esto es un libro sobre el artesanado, sobre las relaciones entre las actividades  mentales y manuales. Quiero hacer una serie de libros para mostrar el modo en  que la cultura aparece expresada en prácticas materiales.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB:</b>  En muchos de sus trabajos utiliza su propia  práctica artesanal, la música, como metáfora de la interacción social. ¿Cuáles  son los límites y las ventajas de esta metáfora?    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>RS:</b> La ventaja es que nos ayuda a comprender cómo  existe la cooperación en la desigualdad. La colaboración musical sucede entre  gente que no hace lo mismo. El punto es entender, por ejemplo en una orquesta,  cómo un gran número de actores individuales que hacen cosas diversas y de  diverso valor expresivo tocan juntos. Es en ese sentido que la música se  convierte para mí en un campo de investigación sobre la cooperación. El límite  es bastante obvio. Que el poder controla las relaciones sociales de una manera  que aparece más morigerada en la música. Las prácticas de control tienen un fin  distinto en las artes performativas que en la sociedad en general. Este no es  sólo un dilema personal, existe toda una línea de pensamiento que se remonta a  Maquiavelo, que piensa de manera dramatúrgica las acciones sociales y políticas.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB: </b>¿Cómo relaciona la música con el resto de su  práctica intelectual?    <br> &nbsp;&nbsp; <b>&nbsp;RS:</b> ¡No la relaciono! Las tengo totalmente separadas.  No enseño música, escribo sobre ella pero trato de no escribir sobre lo que me  gusta tanto. Nunca tuve una relación fácil entre estos dos mundos. Yo nunca  entré en una relación como la de Adorno, cuya experiencia de la música estaba  influida por su actividad filosófica. Aunque lo que yo experimento con la música  ha aparecido de alguna forma u otra en mis investigaciones sobre la vida social,  no puedo decir que la sociología me haya convertido en un mejor músico, como sí  podría decirse quizá de Adorno.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB:</b>  ¿Y la escritura de ficción? Sé que ha escrito  dos novelas.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>RS:</b> Escribir no es algo que salga de manera natural,  tuve que aprender cómo escribir y esto sale más fácil en la ficción que en el  ensayo. Yo quisiera ser recordado como un escritor acerca de las sociedades  antes que como un sociólogo y pienso que lo que trato de hacer es crear un  lenguaje expresivo, una estética, para entrar a los problemas sociales. La  ficción ha sido para mí un laboratorio para encontrar el lenguaje expresivo para  el ensayo.    ]]></body>
<body><![CDATA[<br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB:</b> ¿Se considera un intelectual público? ¿Cuál  debería ser el rol de ese tipo de intelectual?    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>RS:</b> No sé qué debería hacer un intelectual público. Sí  sé que alguien que escribe debe ser tan informativo como pueda para quien lo lee  sin comprometer sus estándares intelectuales. Y que así es como se forma el  ámbito público, cuando la gente se quiere comunicar entre sí. Quienes no se  quieren comunicar, especialmente con aquellos que no son como ellos, han  concluido en sus propios palacios, encierros de la búsqueda intelectual que  perpetúan el propio poder. El problema es mayor en Estados Unidos que en Europa  o en América Latina, donde existe una larga tradición de diálogo público. Pero  en Estados Unidos la academia tendió a aislarse de la arena pública. Aunque esto  por suerte está cambiando. Estoy muy contento de que la idea de la sociología  como una forma de expresión, como una forma de literatura, haya cobrado auge  entre los jóvenes; que el divorcio entre saber y expresar que era tan fuerte en  el momento positivista y que significaba que mucho de lo que escribían los  sociólogos era ilegible, ha sido superado. Eso es bueno porque significa que los  sociólogos pueden volver a la esfera pública en vez de refugiarse en una  práctica intelectual hermética.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB:</b>  Desde «El declive del hombre público» en  adelante usted abogó por espacios sin fines específicos donde la gente pudiera  desarrollar una sociabilidad pública. ¿Cuáles serían estos espacios hoy?    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>RS:</b> Creo que los que dije entonces aún se mantienen;  serían espacios impersonales en vez de locales, mixtos en vez de homogéneos,  espacios esencialmente urbanos. El cambio reside en dónde se pueden encontrar  estos espacios. Cuando escribí el libro, el tamaño de la mayoría de las ciudades  marcaba que el centro urbano sería el lugar de la sociabilidad pública. Con el  tipo de ciudades que se están desarrollando hoy en día, la idea de un solo  centro como el foco de la vida social se ve eclipsada. Acabo de volver de  Shangai, una ciudad de veinte millones de habitantes. No tendría sentido, sería  ecológicamente disfuncional intentar concentrar todas las funciones sociales en  el centro de ese tipo de ciudad. Al dispersar el centro social, al tener varios  de ellos, lo que comienza a suceder –y los chinos lo están entendiendo– es que  aparecen estrategias de resistencia a formas de poder altamente centralizadas.  Mi respuesta sería: el carácter es el mismo que yo imaginaba, pero dado el  crecimiento económico y poblacional, la locación de ese espacio público se ha  convertido en múltiple, en vez de unifocal.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>CB:</b>  A pesar de esto, ¿aún considera la vista como  el sentido principal para construir una sociedad democrática?    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; <b>RS:</b> El ojo es más importante que la palabra. El ojo es  el órgano por el que los extraños se conocen y reconocen y la esencia de una  sociedad democrática es que la gente aprende acerca de aquellos a quienes no  conoce. Diría que es el sentido más subvalorado, uno no piensa la democracia en  términos visuales, lamentablemente aún no hemos teorizado bien este aspecto.  Hice un trabajo bastante pobre al respecto en La conciencia del ojo. Me parece  una tarea urgente saber qué es lo que aprendemos cuando miramos a gente de la  que no sabemos nada y mirando lugares cuando no estamos en casa. Lo visual es un  ámbito político que no hemos terminado de comprender.    <br>     <br> <b>NOTA:</b>    <br> 1 </font><font face="Verdana" size="1"> Consúltese &lt;www.clarin.com/suplementos/cultura/2005/12/24/u-01112368.htm&gt;.</font></p>       ]]></body>

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