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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[For the right and the left alike, the concept of populism has negative connotations of demagogy, manipulation, and deceptive and reckless policies. For any thoughtful scholar, however, the key role of charismatic leaders in some of the most successful and radical movements is undeniable. Those leaders do not come from the classic Marxist-Leninist parties, and have a heterodox ideological profile: that is to say, they show some of the characteristic features of populism. In Latin America we have the cases of Fidel Castro and Hugo Chávez. It is necessary to seriously examine the reasons of such leadership in revolutionary processes, without accepting right away the negative conventional connotations.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p style="line-height: 100%" align="center"> <font face="Verdana" size="3"> <span lang="ES-VE"> <span style="font-weight: 700"> El liderazgo carismático en los movimientos populares y revolucionarios*</span><b>&nbsp;</b></span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><span style="color: black"><font face="Verdana" size="2"><b>DIANE RABY</b></font></span></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> * Las tesis desarrolladas en este ensayo se presentan de manera más extensa en  el libro de la autora, <i>Democracy and Revolution: Latin America and Socialism  Today</i>, Londres, Pluto Press, 2006.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="font-weight: 700"> Resumen </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE">Tanto  para la derecha como para la izquierda el concepto de populismo tiene  connotaciones negativas, de demagogia, manipulación y políticas engañosas o  irresponsables. Pero para cualquier estudioso serio es innegable el papel  central de dirigentes carismáticos en algunos de los movimientos revolucionarios  más exitosos y radicales; dirigentes cuyos orígenes no se encuentran en los  clásicos partidos marxistas-leninistas y que tienen un perfil ideológico  heterodoxo: es decir, que manifiestan algunas de las típicas características del  populismo. En América Latina tenemos los casos de Fidel Castro y Hugo Chávez. Es  necesario examinar seriamente el porqué de ese protagonismo en los procesos  revolucionarios, sin aceptar necesariamente las connotaciones negativas  convencionales.&nbsp;</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b> <font face="Verdana" size="2">Palabras clave </font></b><font face="Verdana" size="2">Populismo /  Liderazgo carismático / Movimientos populares&nbsp;</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b> <font face="Verdana" size="2">Abstract</font></b></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">For the right and  the left alike, the concept of populism has negative connotations of demagogy,  manipulation, and deceptive and reckless policies. For any thoughtful scholar,  however, the key role of charismatic leaders in some of the most successful and  radical movements is undeniable. Those leaders do not come from the classic  Marxist-Leninist parties, and have a heterodox ideological profile: that is to  say, they show some of the characteristic features of populism. In Latin America  we have the cases of Fidel Castro and Hugo Chávez. It is necessary to seriously  examine the reasons of such leadership in revolutionary processes, without  accepting right away the negative conventional connotations.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b> <font face="Verdana" size="2">Key words&nbsp;</font></b> <font face="Verdana" size="2">Populism /  Charismatic leadership/ Popular movements</font></p>     <p style="text-autospace: none; line-height: 100%" align="justify"> <span style="color: black"><font face="Verdana" size="2"><b>RECIBIDO</b>:&nbsp; JUNIO 2006&nbsp;</font></span> <font face="Verdana" size="2"><b>ACEPTADO</b>: AGOSTO  2006</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> La conceptualización tradicional de la revolución socialista, o de cualquier  revolución popular que plantee el socialismo como la meta final, es de un  partido marxista-leninista o por lo menos un partido socialista estructurado que  encabeza el movimiento popular y dirige la transición. Por otra parte, la visión  que predomina en los nuevos movimientos antiglobalización y anticapitalistas,  que privilegia el movimiento en preferencia a cualquier partido político,  insiste en la dirección colectiva o en el espontaneismo popular. Pero si se  examinan, incluso superficialmente, algunos de los procesos revolucionarios más  exitosos de América Latina, salta a la vista el papel central de dirigentes  individuales carismáticos, siendo los casos más notables los de Fidel Castro y  Hugo Chávez.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> La tendencia predominante entre los partidarios de Cuba y de la  revolución bolivariana de Venezuela es negar el fenómeno, con el argumento de  que «la revolución cubana no es sólo Fidel» o que «el proceso bolivariano en  Venezuela no se reduce a Chávez», y que el protagonista en los dos casos es el  pueblo. Pero esta respuesta es evidentemente inadecuada: por supuesto que  ninguna revolución se puede hacer sin el pueblo, pero eso no quita el hecho de  que la revolución cubana no sería lo que es sin Fidel, ni el proceso venezolano  tendría el mismo éxito sin Chávez, e incluso se puede preguntar si cualquiera de  estos dos procesos revolucionarios hubiera triunfado sin el protagonismo de  estos dirigentes excepcionales. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Ahora bien, insistir en la importancia central de Fidel en la revolución  cubana o de Chávez en la Venezuela bolivariana no implica negar el papel de sus  compañeros en el Movimiento 26 de Julio (M-26-7) o en el Movimiento Bolivariano  Revolucionario-200 (MBR-200) y el Movimiento Quinta República (MVR), ni tampoco  de los millones de cubanos y venezolanos anónimos que de alguna manera hayan  participado en estos dos procesos. Es evidente que ningún líder hace la  revolución solo, y ni siquiera los millares de militantes activos hacen la  revolución sin apoyo popular. Mientras más auténtico y profundo sea el proceso,  más extensa será la participación de millones de ciudadanos comunes. Pero estos  actores anónimos no participan con una orientación común, y menos de manera  sostenida y decisiva, sin liderazgo. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> En el caso cubano no hay duda de que el pueblo cubano deseaba una reforma  agraria en 1959, pero sin la decisión –tomada en gran parte por la voluntad de  Fidel– de expedir la Ley de Reforma Agraria en mayo de ese año y de ponerla en  práctica inmediatamente, no se habría ejecutado tan rápida ni profundamente. Sin  duda la mayoría del pueblo quería afirmar la independencia económica del país en  relación con Estados Unidos, pero esta independencia no se habría realizado tan  radicalmente si no fuera por las decisiones dramáticas, tomadas fundamentalmente  por Fidel, de expropiar las petroleras extranjeras en julio de 1960, los  latifundios e ingenios azucareros de propiedad estadounidense en agosto de 1960  y las restantes industrias norteamericanas en octubre. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Sin duda el pueblo quería que la educación fuera universal y gratuita,  pero sin la decisión –también fundamentalmente de Fidel– de lanzar la  extraordinaria campaña de alfabetización en 1961, la realización de este gran  avance cultural tampoco se habría producido tan rapidamente. Afirmar, por tanto  –como hacen algunos socialistas– que el protagonista de estos logros  revolucionarios era el pueblo cubano y no Fidel, es incorrecto y engañoso. Era  Fidel <i>con </i>el pueblo; por supuesto el Comandante no lo podía hacer sin la  colaboración de los compañeros del M-26-7 y del pueblo; pero si no fuera por la  visión y la voluntad excepcionales del Comandante, la revolución cubana no  habría avanzado tan rapidamente ni habría llegado tan lejos, y muy posiblemente  podría haber sufrido un proceso de división y confusión parecida a la que se  vivió en 1933. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Un análisis parecido se aplica al proceso venezolano de los últimos  lustros. Sin el liderazgo de Hugo Chávez Frías es poco probable que habría hoy  en día un gobierno de características revolucionarias en el poder. Habría sin  duda una situación de crisis, de intensa conflictividad social y política y  posiblemente la aparición de alguna organización insurgente, pero ningún poder  político nacional para dar una dirección al proceso. Evidentemente las  condiciones que hicieron posible un proceso revolucionario tuvieron su origen en  la crisis económica y social de Venezuela desde los años ochenta; el descontento  y la disposición combativa del pueblo de los cerros de Caracas y de otras  ciudades que se manifestaron en el «caracazo» (y su brutal represión) marcaron  el inicio de la agonía del sistema puntofijista. Pero el pueblo carecía de  dirección, y ningún partido político fue capaz de ofrecerla. Quien tomó la  iniciativa (aunque fuera tres años más tarde) fue Chávez con el MBR-200, y a  pesar del fracaso militar, el <i>por ahora </i>convirtió el levantamiento del 4  de febrero de 1992 en un éxito político y mostró al pueblo que la dirección  revolucionaria en ciernes ya existía. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> En las elecciones de 1998 quedaba claro que Chávez era el candidato del  pueblo, y en el proceso político siguiente el protagonista era él –con el  pueblo–. En la derrota del golpe de abril de 2002 fue el pueblo (junto con los  militares bolivarianos) el que tomó la iniciativa, pero no deja de ser  sintomático que las dos demandas populares fundamentales en ese momento eran el  regreso de la democracia –y de Chávez–. Ocho meses más tarde, en el paro, Chávez  sabía que podía confiar en la resistencia popular frente a las provocaciones de  la oposición; funcionaba claramente una relación dialéctica entre él y el  pueblo, una sintonía que se alimenta mutuamente y en la cual los dos elementos  son indispensables. El pueblo venezolano encontró una identidad colectiva y se  constituyó como sujeto político a través de las acciones de Hugo Chávez y del  Movimiento Bolivariano; hablar de uno sin el otro no tiene sentido en la actual  fase histórica. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Esta relación dialéctica también explica por qué en los últimos años  Chávez (al igual que Fidel en años anteriores) se ha convertido en el objeto de  manifestaciones populares entusiastas en toda América Latina cuando visita otros  países; proyecta y simboliza internacionalmente el sentimiento revolucionario  del pueblo venezolano y la esperanza suscitada por el proceso bolivariano. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Para entender tanto a Fidel como a Chávez es necesario reconocer que sus  raíces históricas e ideológicas no se encuentran en la ortodoxia de la izquierda  sino en la tradición populista latinoamericana. Esto se refleja claramente en el  discurso de ambos líderes, tanto en el estilo como en el contenido. Hasta abril  de 1961 (cuando la invasión de Playa Girón) Fidel no hablaba de socialismo sino  de humanismo, y en el caso de Chávez sólo empezó a mencionar el socialismo en  diciembre de 2004. Vale la pena referirse a algunos ejemplos del discurso de  Fidel en los primeros años para ver lo lejos que estaba de cualquier ortodoxia  marxista o socialista (en el caso de Chávez su heterodoxia ideológica y  discursiva es tan reciente y notoria que resulta redundante ejemplificarla). </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> En 1959 (el primer año del triunfo revolucionario) llama la atención la  tónica flexible, amplia y antidogmática del discurso de Fidel (Raby, 1999). El  ejemplo paradigmático es su discurso «humanista» de abril de ese año en Nueva  York: «Ni pan sin libertad, ni libertad sin pan; ni dictaduras de hombres, ni  dictaduras de clases; gobierno del pueblo, sin dictadura ni oligarquía. Libertad  con pan y pan sin terror: eso es el humanismo» (cit. en <i>Bohemia</i>,  03/05/59, pp. 67, 93). Fidel volvió al concepto de humanismo en varios discursos  de abril y mayo de 1959, y se podría pensar tal vez que se trataba de una  posición táctica para evitar las acusaciones de comunismo que ya empezaban a  expresarse en los círculos reaccionarios cubanos y norteamericanos; pero la  insistencia del Comandante en esta visión amplia y antidogmática da la impresión  de que era en realidad su ideario filosófico en ese momento. </span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> En un discurso del 8 de mayo Fidel formuló una posición tan aparentemente  contradictoria que produjo mucha confusión en el público (y que seguramente  dejará estupefactos a muchos izquierdistas ortodoxos de nuestros días):</span></font> </p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE"> Nosotros respetamos todas las ideas; nosotros respetamos todas las creencias...  nosotros no nos vamos a poner a la derecha ni nos vamos a poner a la izquierda,  ni nos vamos a poner en el centro... Nosotros nos vamos a poner un poco más  adelante que la derecha y que la izquierda... un paso más allá de la derecha y  un paso más allá de la izquierda. ¿O es que acaso tienen los hombres que nacer  maniatados a las ideas que quieran los demás? (cit. en <i>Revolución</i>,  09/05/59).</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Naturalmente, esto provocó mucha discusión, y en una entrevista  televisiva unos diez días después el Comandante tuvo que aclarar su posición.  Pero lo que dijo solo aumentó la confusión de los ideólogos convencionales de  izquierda y de derecha: «Nuestra revolución no es capitalista porque ha roto  muchos principios del capitalismo arraigados por años. Nuestra revolución no es  comunista tampoco, nuestra revolución tiene una posición que no es ni lo uno ni  lo otro y es en todas sus características una revolución propia...» (Entrevista  en CMQ-TV, 21/05/59; cit. en <i>Revolución</i>, 22/05/59). </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Estas declaraciones, que para muchos parecían totalmente incoherentes y  contradictorias, reflejaban un deseo de trascender las definiciones políticas  convencionales y de alcanzar una nueva síntesis, una posición filosófica  unitaria. Se trata de un discurso antiesquemático, y sugiere la hipótesis de que  la izquierda ha fracasado debido a su identificación con fórmulas doctrinarias  rígidas, que hay también aspectos del pensamiento revolucionario que hasta la  derecha puede aceptar. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Este tema es además un elemento clásico del populismo latinoamericano,  formulado de manera muy parecida por Juan Domingo Perón cuando, quince años  antes, quiso ofrecer una definición de su doctrina <i>justicialista</i>:</span></font> </p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE">Para  nosotros no hay nada fijo ni nada que se tenga que negar. Somos anticomunistas  porque los comunistas son sectarios, y anticapitalistas porque los capitalistas  son sectarios. Nuestra Tercera Posición no es una posición de centro. Es una  posición ideológica que está en el centro, a la derecha o a la izquierda, de  acuerdo con las circunstancias específicas (Pendle, 1963:127).</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Se podría pensar que se trataba de puro oportunismo, pero si fuera así es  dudoso que el dirigente argentino lo hubiera dicho tan explícitamente. Lo que  tenemos aquí es también un esfuerzo por encontrar una posición antiesquemática  que trascienda las divisiones políticas convencionales. Según Perón el  justicialismo buscaba el equilibrio entre las «cuatro fuerzas» de la sociedad:  el materialismo y el idealismo, el individualismo y el colectivismo. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Ahora, esto no implica que Fidel fuera igual a Perón ni que el M-26-7  fuera igual al Partido Justicialista, sino más bien que los dos movimientos  tenían raíces semejantes en la tradición populista latinoamericana, que era  nacionalista, antioligárquica y potencialmente revolucionaria. En otros aspectos  los dos dirigentes y sus respectivos movimientos eran bien diferentes: por su  formación intelectual y su experiencia de la lucha armada, Fidel era mucho más  coherente que Perón y capaz de llevar el movimiento a sus últimas consecuencias,  lo que no era el caso del dirigente argentino. También en Cuba, por causa de la  extrema dependencia del país y su desarrollo nacional frustrado, el movimiento  populista tenía un carácter más popular y estaba menos abierto a influencias  burguesas. En Argentina, con una burguesía nacional más fuerte y una masiva  inmigración europea, la influencia burguesa e incluso las tendencias fascistas  eran mucho más fuertes. Lo que los dos casos tenían en común eran las raíces  simbólicas de los dos movimientos, sus fuentes iniciales de inspiración  ideológica y el estilo de interacción entre los dos dirigentes y el pueblo. Así  se entiende mejor por qué Fidel insistía en la importancia para la revolución  del ejemplo de Eddy Chibás, el fundador populista del Partido Ortodoxo: sin la  semilla sembrada y las ideas predicadas por <i>el adalid</i> –decía Fidel en  1959– el 26 de julio no hubiera sido posible.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Esta insistencia en conceptos antiesquemáticos y de orígen  nacional-populista tampoco implicaba ninguna tibieza en la implementación del  programa revolucionario. Al contrario, al mismo tiempo en que hablaba de  humanismo y de no ser de derecha ni de izquierda ni de centro, Fidel firmaba  decenas de decretos para le ejecución de la reforma agraria, la reforma de  alquileres urbanos, la intervención de las compañías de teléfonos y de  electricidad, el despido de los funcionarios batistianos y otras medidas  decisivas. Y declaraba categóricamente: «Por primera vez en nuestra historia los  campos han quedado bien deslindados. Por un lado el interés nacional; por otro  lado los enemigos de la Nación. Por un lado el pueblo; por otro lado los  enemigos del pueblo. Por un lado la justicia; por otro lado el crímen...» (<i>Revolución</i>,  10/04/59). El mensaje de fondo era: no nos interesan las discusiones ideológicas  ni la palabrería de los marxistas teóricos, tenemos el poder y vamos a alcanzar  la justicia social y la emancipación nacional, cueste lo que cueste. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Igualmente ocurre en el caso de Hugo Chávez: su insistencia en el  carácter bolivariano y democrático del proceso venezolano ha producido mucha  confusión. Negando que sea marxista ni comunista, se refiere frecuentemente a su  fe cristiana, pero no a la manera de un George W. Bush para condenar el aborto o  declarar la guerra al «terrorismo islámico», sino al estilo de los teólogos de  la liberación:</span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE">La  situación mundial es terrible: y lo que estamos haciendo en Venezuela es un  esfuerzo gigantesco para cambiar de rumbo, de cambiar del camino al infierno al  camino a la vida... Para que pueda haber igualdad, para que el Reino anunciado  por Cristo sea verdad, el Reino de la Igualdad y el Reino de la Justicia, esa es  nuestra lucha... (Chávez Frías 2004:41-42).</span><span lang="ES-VE" style="color: windowtext">&nbsp;</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Y tal como Fidel, Chávez acabó más tarde por aceptar una visión de  izquierda y por proclamar la meta del «socialismo del siglo XXI», al mismo  tiempo que se niega a aceptar ninguna posición partidaria convencional. </span> </font> </p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Los críticos de Chávez lo acusan frecuentemente de populismo, acusación  que él (también como Fidel) niega repetidamente. Pero lo que ni él ni sus  críticos reconocen es la posibilidad (y tal vez la necesidad) de ser  simultáneamente populista y revolucionario. Uno de los críticos más eruditos es  Alfredo Ramos Jiménez, coordinador de una colección de artículos editado en 2002  por la Universidad de los Andes. Calificando a Chávez de «neopopulista», lo  compara con los presidentes Carlos Saúl Menem de Argentina y Alberto Fujimori  del Perú. Ramos Jiménez se refiere a los textos clásicos de Max Weber sobre el  liderazgo carismático y de Michael Oakeshott sobre la «política de la fe» en  contraposición a la «política del escepticismo», y también cita politólogos  contemporáneos como Bruce Ackerman de Yale (quien habla del «escenario  triunfalista») y el francés Guy Hermet (crítico del <i>mirage </i>–espejismo–  populista). Para Ramos Jiménez el chavismo se presenta como una alternativa  centrada en un «volver a empezar» voluntarista, «necesario para terminar de una  vez con las frustraciones y el desencanto del pasado», y este volver a empezar  queda consagrado «como el reflejo de una voluntad popular, que entra de este  modo en lo que Ackerman ha denominado <i>escenario </i>triunfalista de una  política en la que se hacen evidentes las raíces cultural-religiosas» (Ramos  Jiménez 2002:19). Una versión menos sofisticada de esta crítica se encuentra en  el libro de Michael McCaughan, <i>The Battle of Venezuela</i>: «The second  Venezuela [en contraposición a la primera, la de la clase media-alta] lives in  the hillsides and survives on its wits, in constant search of a messiah with a  magical formula to relieve them of their misery»<sup><span style="position: relative; top: -4.0pt">1</span></sup>&nbsp;(McCaughan,  2004:158).</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Ahora bien, es innegable que Chávez manifiesta las características  clásicas del liderazgo carismático y que el entusiasmo popular expresado en los  mítines chavistas tiene un elemento de «triunfalismo». Pero el problema con esta  crítica del chavismo se encuentra en la tónica de ironía y escepticismo que la  caracteriza, y en la sugerencia –que a veces se hace explícita– de que Venezuela  debería adoptar la «política del escepticismo» y de concertación que prevalece  en los países centrales. Este escepticismo es profundamente conservador e  implica que la democracia liberal convencional es el único modelo aceptable. No  reconoce siquiera la posibilidad de que pueda haber de hecho un «volver a  empezar» que produzca una mudanza radical en las estructuras económicas,  sociales y políticas a favor de las clases populares. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Esta crítica se niega igualmente a admitir la posibilidad de que el  liderazgo carismático y el entusiasmo quiliástico que tanto desprecia puedan  cumplir una función simbólica necesaria en la movilización popular y en la  construcción real y efectiva de un sistema social más justo e incluso más  democrático. No es necesariol creer literalmente en el «nuevo Jerusalén» para  aceptar que un mito de estas características pueda ofrecer la inspiración para  la creación de una sociedad mejor (aunque no perfecta), «haciendo posible lo  imposible» en las palabras de los revolucionarios cubanos, citados por Marta  Harnecker (2000). También es necesario reconocer –cosa que estos críticos  tampoco admiten– que Chávez y su movimiento surgieron de veinte años de diálogo  con todos los sectores de la izquierda venezolana y que muchos de sus  partidarios tienen una visión política racional. Los pobres de los cerros bien  pueden identificarse con el carisma de Chávez, pero también entienden  correctamente que lo que él ofrece es una alternativa real y radicalmente  diferente. La «búsqueda ciega de un Mesías» surge más bien cuando ya no hay  esperanza racional de cambio, como se ve en Haití donde –después del exilio de  Aristide y de la destrucción del movimiento Lavalas– la gente se entrega  desesperadamente al vudú, a las iglesias evangélicas y al crímen organizado. En  el fondo, lo que los críticos niegan es la posibilidad de revolución. </span> </font> </p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Para entender mejor el papel del liderazgo carismático en los movimientos  populares, hay que examinar con más cuidado el fenómeno del populismo. Donde los  clásicos (Di Tella, 1970; Germani, 1962) analizaron el populismo como un  fenómeno transitorio que correspondía a la fase de substitución de importaciones  (1930-1960), y donde otros autores más recientes interpretan el «neopopulismo»  de Menem, Fujimori y Bucaram (¡y Chávez!) como una respuesta demagógica y  superficial a la crisis de transición al neoliberalismo, hay otra interpretación  que tiene sus raíces en la obra de Ernesto Laclau (1977). Para Laclau el  populismo es un fenómeno multiclasista o supraclasista que se produce en  situaciones de crisis hegemónica y que se caracteriza por el liderazgo  carismático y por un discurso radicalmente antioligárquico o anti-<i>establishment</i>.  No tiene una orientación política ni un programa inherente: puede ser de  derecha, de izquierda o de centro según la coyuntura y el balance de las fuerzas  clasistas en un país específico en cierto momento. Se trata entonces de un  fenómeno o de una <i>técnica </i>política, de discurso y de movilización de  masas, que se puede manifestar en diferentes países y situaciones en movimientos  de ideología y significado político totalmente contrarios. Decir, por lo tanto,  que tanto el M&#8209;26&#8209;7 cubano como el fascismo italiano tenían características  populistas no implica de ninguna manera que tuvieran el mismo significado  político; implica más bien que los dos se caracterizaban por el liderazgo  carismático, la intensa movilización de masas y la fluidez organizativa e  ideológica, características que los distingue del viejo Partido Comunista Cubano  (el PSP) y del Partido Demócrata-Cristiano italiano; es decir igualmente un  partido cubano de izquierda y un partido italiano de derecha, pero que tenían  modos de organización, actuación y producción ideológica convencionales y  burocráticos.</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Pero lo más importante de la teoría de Laclau para los casos que nos  interesan es su afirmación de que un «populismo de las clases dominadas» –un  populismo de izquierda– tiene potencial revolucionario, e igualmente que  cualquier movimiento socialista o revolucionario, para que tenga un éxito  rotundo, debe actuar de manera populista:</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2">The struggle of  the working class for its hegemony is an effort to achieve the maximum possible  fusion between popular-democratic ideology and socialist ideology. In this sense  a «socialist populism» is not the most backward form of working class ideology  but the most advanced –the moment when the working class has succeeded in  condensing the ensemble of democratic ideology in a determinate social formation  within its own ideology…<sup><span style="position: relative; top: -3.5pt">2</span></sup>&nbsp;(Laclau,  1977:174).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman; color: windowtext"> <b>Y en otro momento Laclau es aún mas categórico:</b></span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><i> In socialism (…)  coincide the highest form of «populism» and the resolution of the ultimate and  most radical of class conflicts.</i>  The dialectic between «the<i> </i>people» and classes finds here the final  moment of its unity: there is no socialism without populism, and the highest  forms of populism can only be socialist.<sup><span style="position: relative; top: -3.5pt">3</span></sup>&nbsp;(Laclau,  1977:196-197; cursivas en el original).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman; color: windowtext"> Hasta aquí, muy bien; para este autor Laclau ha logrado una teorización  brillante de un aspecto crucial de la dinámica de los movimientos populares.  Pero hay algunos problemas con su enfoque: se basa casi exclusivamente en el  análisis del discurso, y aunque se refiere a las clases sociales lo hace de una  manera tan abstracta que queda muy lejos de la realidad de una formación social  específica. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Este defecto de Laclau ha sido bien criticado por varios autores como  Nicos Mouzelis (1978) y Paul Cammack (2000), quienes insisten en la necesidad de  estudiar también la base social de cada movimiento populista, la dinámica  organizativa del movimiento y la coyuntura económico-política: «… populist  discourse may be ubiquitous, but it is of greatest significance in these  relatively rare conjunctures [of a fundamental crisis of accumulation], (never  defined discursively, but in terms of political economy, institutions, and the  complex relations between them…)»<sup><span style="position: relative; top: -4.0pt">4</span></sup>&nbsp;(Cammack,  2000:154).</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Muchos políticos recurren a veces al discurso populista, pero es solo en  condiciones de crisis estructural que se dan las condiciones para la formación  de un movimiento populista auténtico con un dirigente que hace de la apelación  directa al pueblo su <i>modus operandi </i>fundamental. En el caso venezolano,  Chávez surge cuando el capitalismo criollo enfrentaba la crisis de acumulación  del viejo modelo rentista petrolero, y el fracaso correspondiente de todos los  partidos del <i>puntofijismo </i>abrió el paso al populismo de las clases  oprimidas. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> El populismo auténtico es, por lo tanto, potencialmente revolucionario,  primero porque surge en una situación de crisis hegemónica, y segundo porque por  su propia dinámica de masiva movilización popular por fuera de todos los  partidos e instituciones existentes profundiza la crisis de representación: «...  the emergence of a form of politics centred on a direct appeal to the people  indicates a crisis of existing institutions, and itself constitutes and extends  a crisis of political and institutional mediation»<sup><span style="position: relative; top: -4.0pt">5</span></sup>&nbsp;(Cammack,  ibíd.). La reivindicación de la soberanía popular implica favorecer la formación  de estructuras de poder popular, y a menos que la cúpula del movimiento sea  capaz de limitar la movilización popular y canalizarla en estructuras  corporativo-burguesas (como sucedió con el peronismo), la dinámica del poder  popular es tendencialmente socialista. Aquí es necesario insistir también en que  la capacidad política del líder puede ser decisiva en llevar el movimiento a sus  últimas consecuencias, pero que esas «últimas consecuencias» corresponden a un  límite objetivo impuesto por al correlación de fuerzas clasistas: en el caso del  peronismo, la fuerza y la relativa autonomía de la burguesía nacional argentina  impidieron la consolidación de un verdadero poder popular. En Cuba la extrema  dependencia de la burguesía local determinó su incapacidad de contener la fuerza  del movimiento popular movilizado por el populismo revolucionario de Fidel y el  M-26-7; en Venezuela, todavía queda por ver hasta dónde la burguesía criolla es  capaz de impedir el avance de la <i>democracia participativa y protagónica </i> del movimiento popular encabezado por Chávez, pero las derrotas sucesivas de la  oposición y su servilismo excesivo en relación con Washington sugieren que  tampoco estará en condiciones de parar el proceso revolucionario. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> En ciertas condiciones, entonces, el populismo es potencialmente  revolucionario: tesis que para muchos sin duda resulta paradójica e incluso  absurda, pero que es la única hipótesis capaz de explicar la trayectoria  completamente heterodoxa de los procesos revolucionarios cubano y venezolano.  Ahora, conviene examinar un poco más de cerca algunos aspectos del liderazgo  carismático, de la relación excepcional entre el dirigente y el pueblo. No hay  duda de que esta relación alcanza una intensidad casi mística, y que el discurso  es un elemento central en esta relación: el líder tiene –o más bien, desarrolla–  la capacidad de hablar apasionadamente y a veces por mucho tiempo, pero en el  lenguaje popular, de comunicarse con el pueblo de tal manera que sienten que  está expresando los sentimientos y pensamientos íntimos de ellos mismos. Para  algunos esto suena como demagogia o manipulación, pero en realidad lo que sucede  es mucho más interesante: el liderazgo populista se va formando a través de un  proceso de dirección política práctica y de diálogo con el pueblo, de tal manera  que el dirigente va asimilando el sentir popular, la <i>voluntad general </i>de  Rousseau, y lo vuelve a expresar en forma más coherente y con más fuerza. </span> </font> </p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Lo que sucede en las grandes manifestaciones y asambleas es un diálogo  implícito, un proceso recíproco que contribuye poderosamente a la formación de  una identidad colectiva entre todos los participantes:</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE">...  en los mítines populistas los seguidores se identifican entre sí. Como en el  carnaval analizado por Bakhtin (...), los mítines populistas no son espectáculos  que se observan, son espectáculos en los que todos participan. Esta  participación «celebra la liberación temporal de la verdad prevaleciente y del  orden establecido; marca la suspensión de todas las jerarquías de rango,  privilegio, normas y prohibiciones» (...) Por eso permite que se cree un nuevo  lenguaje entre los participantes (De la Torre, 1994:51-52).</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Hay que tomar en cuenta no solamente las palabras, la iconografía y los  gestos del orador sino también el comportamiento del público, sus expectaciones,  carteles, gritos y gestos. Además –y esto es algo que casi todos los  comentaristas pasan por alto– hay que tener presente que los más auténticos  líderes populistas no limitan su interacción con el pueblo a las manifestaciones  masivas o los programas radiales o televisivos, sino que conversan regularmente  con trabajadores individuales o grupos pequeños en diálogos más personales. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Se trata por lo tanto de un diálogo auténtico, un proceso que contribuye  tanto a la formación de una identidad colectiva entre los participantes como a  la evolución ideológica y la formación personal del líder. Éste, hay que  decirlo, acepta una responsabilidad enorme que puede llegar a ser agobiante;  pero al mismo tiempo la comunión con el pueblo se convierte en fuente de  fortaleza y el dirigente auténtico se transforma en tribuno popular cuyas  proclamaciones y decisiones reflejan la voluntad popular y son ratificadas por  el pueblo. Aquí reside el significado de esa famosa frase del gran dirigente  populista (y popular) colombiano Jorge Eliécer Gaitán, «Yo no soy un Hombre, yo  soy un Pueblo»: la arrogancia aparente era una mera expresión de la realidad, la  identidad política y moral entre Gaitán y las clases populares de ese país. La  oligarquía colombiana se dio cuenta del peligro y organizó el asesinato de  Gaitán antes de que fuera tarde (es decir, antes de que llegara al poder); así  impidieron la revolución, pero al precio de sumir Colombia en un conflicto  fratricida que todavía no termina. Se dice que cuando Perón se enteró del  asesinato de Gaitán, declaró que «Ese país no vuelve a la normalidad en  cincuenta años», y fueron seguramente las palabras más acertadas que jamás  pronunció. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Pero hay otro aspecto esencial del fenómeno populista que hay que  destacar, y es que el carisma y el prestigio del líder no resultan unicamente de  su discurso, de su poder de oratoria, sino también de <i>acciones </i>decisivas  que demuestran su identificación con la causa popular y su capacidad de  liderazgo. Los <i>descamisados </i>marcharon a exigir la liberación de Perón el  17 de octubre de 1945 no sólo por su encendida retórica antioligárquica, sino  también por la obra ya hecha de legislación progresista de los dos años  anteriores. Igualmente, en junio de 1936 los trabajadores mexicanos se  movilizaron en defensa de Lázaro Cárdenas en su enfrentamiento con el caudillo  reaccionario Plutarco Elías Calles por su promoción de la reforma agraria y su  combate a la corrupción desde su llegada a la presidencia un año y medio antes.  El pueblo colombiano se volcó a la calle en apoyo a Gaitán en 1945-1948 no solo  por su denuncia apasionada de la oligarquía, sino por la obra ya hecha de  defensa de trabajadores y campesinos en los tribunales y el parlamento desde  1928. El populismo auténtico, hay que insistir, no es demagógico; es por eso que  los «neopopulistas» como Menem, Bucaram o Collor son tan insignificantes en  comparación con los grandes dirigentes de la «primera onda», y también con la  figura de Hugo Chávez Frías hoy en día. Comparar a Menem con Perón es como  comparar a Napoleón III con el gran Bonaparte, la comparación que motivó la  célebre frase de Marx de que la Historia se repite, la primera vez como tragedia  y la segunda vez como farsa. </span></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Hay que señalar también que las acciones que contribuyen a forjar el  carisma del líder no se limitan a medidas prácticas como las ya señaladas  (reforma agraria, legislación social, etc.), por importante que éstas sean.  Típicamente en la carrera de cualquier gran dirigente populista hay un acto  simbólico fundamental, un gesto heroico que marca el nacimiento político del  líder: «El haber realizado algún acto extraordinario o fuera de lo común es uno  de los elementos que genera la relación de liderazgo carismático» (De la Torre,  1994:45). En esta categoría tenemos la detención de Perón y su posterior  liberación en octubre de 1945, la expulsión de Calles y sus allegados de México  por Cárdenas en 1936, la defensa de los trabajadores de las bananeras por Gaitán  en 1928, el asalto al Moncada por Fidel en 1953 y el levantamiento del 4 de  febrero de 1992 por Chávez. Todos estos eventos tuvieron un impacto enorme y  adquirieron rápidamente un estátus simbólico en sus respectivos países, y  contribuyeron así a crear el aura carismática de sus protagonistas. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Finalmente es esencial aclarar que el dirigente no existe aislado del  movimiento popular, y que en gran parte es producto de este. Desde luego, como  se ha argumentado aquí, la actuación y el discurso del líder contribuyen  decisivamente a la constitución del pueblo como sujeto colectivo, a la  conversión de una masa atomizada de trabajadores, campesinos y gente pobre y  marginalizada en una fuerza organizada. Pero en este aspecto también hay que ir  más allá de las limitaciones de Laclau: no es sólo la <i>interpelación </i>del  pueblo por el líder lo que lo constituye en actor consciente. Además del aspecto  que acabamos de analizar, la <i>actuación</i> del líder, hay que tomar en cuenta  también que en el análisis del discurso el proceso es más complejo. Como también  dice Carlos de la Torre (1994:47), en un momento dado hay varios discursos  políticos en competencia, y no todos los discursos encuentran la misma  receptividad por parte del público. La receptividad depende sobre todo de la  predisposición del público a un discurso específico, es decir de la <i> conciencia latente</i> y preexistente de las clases populares a quienes se  dirige el líder. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> Esto implica que cuando el líder aparece, las «masas» a quienes se dirige  no son tan dispersas, atomizadas o pasivas como a veces se piensa; la imagen  negativa (que subyace en muchas de las críticas y la caricatura de populismo en  los medios de comunicación) de un orador histriónico azuzando a una <i>chusma </i>ignorante es una tergiversación perversa de la realidad. En la mayoría de  los casos el pueblo se encuentra ya bastante movilizado y tiene una conciencia  colectiva latente, y carece solo de liderazgo efectivo para convertirse en una  fuerza revolucionaria. Así por ejemplo, cuando Perón empezó su carrera política  en 1943 la clase obrera argentina ya estaba movilizada en un grado que  atemorizaba a muchos sectores de la oligarquía argentina: varios altos  oficiales, asustados por la fuerza de la tradición sindicalista autónoma,  hablaban ya del peligro comunista (Fayt, 1967:92). En Cuba a mediados de los  años cincuenta el pueblo ya había manifestado su repudio tanto de los políticos  corruptos de la época «auténtica», como de la dictadura de Batista, cuando Fidel  Castro y el M-26-7 ofrecieron el liderazgo que faltaba. Igualmente en Venezuela,  el levantamiento del <i>caracazo </i>mostró la disposición combativa del pueblo  antes de que Chávez apareciera en escena. En los tres casos, fue el fracaso de  los partidos de izquierda y su incapacidad de canalizar el sentimiento de  revuelta popular lo que abrió el paso a diri­gentes decididos y carismáticos, de  orígen militar o insurgente, con movimientos heterodoxos que despejaron el  camino para los cambios radicales que el pueblo buscaba. </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> En los tres casos el liderazgo fue decisivo, pero sólo fue posible por la  situación de crisis hegemónica, por el fracaso de los partidos de izquierda y  por la disposición revolucionaria latente de las clases populares. Además, el  caso argentino es aleccionador porque, tanto por las limitaciones del propio  Perón como por la fuerza de la oligarquía rioplatense, el proceso entró en  crisis a principios de los años cincuenta y eso facilitó el golpe. Cuando el  caudillo popular volvió en 1973 las condiciones eran otras y también quedaba  claro que Perón no tenía solución para el país en ese momento. Lo interesante es  que a pesar de eso el peronismo se mantenía como la mayor fuerza política del  país, y por la falta de orientación se dividió en peronismo de izquierda y  revolucionaria (los <i>montoneros</i>) y peronismo fascista. La conclusión es  que, por carismático que sea, el líder solo puede llevar el movimiento popular  adonde está dispuesto a ir; o para ser más exacto, la dinámica del proceso puede  llevar tanto al pueblo como al dirigente a situaciones inesperadas, pero esas  situaciones estaban implícitas –no como algo inevitable, sino como  posibilidades– en la estructura de clases preexistente y en la herencia cultural  del movimiento. En las palabras de Oliver Cromwell en el siglo XVII inglés,  «Nadie va tan lejos como el que no sabe adónde va». </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext"> El populismo más auténtico, entonces, es <i>potencialmente </i> revolucionario, y los dirigentes populistas de derecha tienen la tarea  complicada de limitar y controlar la explosión popular que ellos mismos han  contribuido a deflagrar. Los populistas de izquierda, en cambio, solo pueden  sobrevivir en la medida en que se identifiquen cada vez más con la marea  revolucionaria, y si de hecho se dan condiciones de triunfo revolucionario en el  país y en la coyuntura en que se encuentran. Se podría objetar que eso no es  populismo sino política revolucionaria, pero eso implicaría ignorar la necesidad  de analizar el fenómeno del liderazgo carismático. Tal vez ha llegado el momento  de decir, parafraseando a un autor clásico: «Un fantasma recorre el mundo: el  fantasma del populismo».</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span style="font-weight: 700"> Referencias bibliográficas</span></font></p>     <!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b>1. Cammack, Paul </b>(2000). «The Resurgence of Populism in Latin America», <i>Bulletin of Latin  American Research</i> 19(2), pp. 149-61.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787284&pid=S1012-2508200600020000400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> <span lang="ES-VE">2. Chávez Frías, Hugo</span></b>  <span lang="ES-VE"> (2004). <i>¡Venezuela se respeta! Acto de concentración  contra la intervención</i>, Caracas, Ministerio de Energía y Minas.</span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787285&pid=S1012-2508200600020000400002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> <span lang="ES-VE">3. De  la Torre, Carlos </span></b>  <span lang="ES-VE"> (1994). «Los significados ambíguos de los populismos  latinoamericanos», en José Álvarez Junco y Ricardo González Leandri, coords., <i> El populismo en España y América, </i>Madrid, Editorial Catriel, pp. 39-60. </span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787286&pid=S1012-2508200600020000400003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b>4. Di Tella,  Torcuato</b> (1970). «Populism and Reform in Latin America», en Claudio Véliz,  ed., <i>Obstacles to Change in Latin America</i>,<i> </i>Londres, Oxford  University Press.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787287&pid=S1012-2508200600020000400004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> <span lang="ES-VE">5. Fayt, Carlos S. </span> </b> <span lang="ES-VE">(1967). <i>La naturaleza del peronismo</i>, Buenos Aires,  Viracocha.</span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787288&pid=S1012-2508200600020000400005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> <span lang="ES-VE">6. Germani, Gino </span></b>  <span lang="ES-VE"> (1962). <i>Política y sociedad en una época de transición</i>,<i> </i>Buenos Aires, Paidós. </span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787289&pid=S1012-2508200600020000400006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> <span lang="ES-VE">7. Harnecker, Marta </span></b>  <span lang="ES-VE"> (2000). <i>La izquierda en el umbral del siglo XXI:  haciendo posible lo imposible</i>,<i> </i>Madrid, Siglo XXI. </span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787290&pid=S1012-2508200600020000400007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b>8. Laclau, Ernesto</b>  (1977). <i>Politics and Ideology in Marxist Theory</i>,<i> </i>Londres, New Left  Books.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787291&pid=S1012-2508200600020000400008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b>9. McCaughan,  Michael</b> (2004). <i>The Battle of Venezuela</i>,<i> </i>Londres, Latin  America Bureau.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787292&pid=S1012-2508200600020000400009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b>10. Mouzelis, Nicos </b>(1978). «Ideology and Class Politics: a Critique of Ernesto Laclau», <i>New  Left Review</i>, nº<i> </i>112, pp. 45-61.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787293&pid=S1012-2508200600020000400010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b>11. Pendle, George </b>(1963). <i>Argentina</i>,<i> </i>Londres, Oxford University Press.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787294&pid=S1012-2508200600020000400011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"><b> <span lang="ES-VE">12. Raby, D.L. </span></b>  <span lang="ES-VE"> (1999). «El discurso revolucionario en el primer año del triunfo  de la Revolución Cubana», <i>Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales</i>,  nº 5, pp. 65-82. </span></font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787295&pid=S1012-2508200600020000400012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><span lang="ES-VE"> <font face="Verdana" size="2"> <b>13. Ramos Jiménez, Alfredo</b> (2002). «Los límites del liderazgo plebiscitario:  el fenómeno Chávez en perspectiva comparada», en A. Ramos Jimánez, coord., <i>La  transición venezolana: aproximación al fenómeno Chávez</i>,<i> </i>Mérida,  Universidad de los Andes.</font></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=787296&pid=S1012-2508200600020000400013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><b> <span lang="ES-VE"><font face="Verdana" size="2">Notas:</font></span></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext; position: relative; top: -2.5pt"> 1</span><span lang="ES-VE" style="font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman; color: windowtext">&nbsp;«La  segunda Venezuela vive en los cerros y sobrevive de su ingenio, en una búsqueda  constante de un Mesías con una fórmula mágica que alivie su miseria».</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext; position: relative; top: -2.5pt"> 2</span><span lang="ES-VE" style="color: windowtext">&nbsp;«La  lucha de la clase obrera por su hegemonía es un esfuerzo por alcanzar la máxima  fusión posible entre la ideología popular-democrática y la ideología socialista.  En ese sentido, un «populismo socialista» no es la forma más atrasada de  ideología de clase obre­ra, sino la más avanzada –el momento en que la clase  obrera logra condensar la totalidad de la ideología democrática en una  configuración social específica dentro de su propia ideología...». </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext; position: relative; top: -2.5pt"> 3</span><span lang="ES-VE" style="color: windowtext">&nbsp;«<i>En  el socialismo</i> (…) <i>coinciden la forma máxima de «populismo» y la solución  del conflicto de clase fundamental y más radical</i>. La dialéctica entre «el  pueblo» y las clases encuentra aquí el momento final de su unidad: no hay  socialismo sin populismo, y la forma más elevada de populismo solo puede ser  socialista». </span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="color: windowtext; position: relative; top: -2.5pt"> 4</span><span lang="ES-VE" style="color: windowtext">&nbsp;«El  discurso populista puede ser ubicuo, pero es de la mayor importancia en esas  coyunturas relativamente raras [de una crisis de acumulación fundamental] (nunca  definidas en forma razonada, sino en términos de economía política,  instituciones y las complejas relaciones entre ellas…».</span></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"> <font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-VE" style="position: relative; top: -2.5pt"> 5</span><span lang="ES-VE" style="font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman">&nbsp;«...  el surgimiento de una forma de política centrada en una apelación directa al  pueblo indica una crisis de las instituciones existentes, y en sí misma  representa y extiende una crisis de mediación política e institucional».</span></font></p>       ]]></body>
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