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<journal-title><![CDATA[Cuadernos del Cendes]]></journal-title>
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<publisher-name><![CDATA[Universidad Central de Venezuela, Centro de Estudios del Desarrollo.]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El gasto público social venezolano: sus principales características y cambios recientes desde una perspectiva comparada]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper addresses the evolution of the Venezuelan public social expenditure between 1999 and 2005, specially the period 2004-2005 when the public expenditure reached a peak. Regarding the central government pattern of expenses, new expenditure verification is used to allow Latin American comparisons in a way currently unknown. The historical perspective here adopted revisits the most common characterizations of the Venezuelan public expenditure in regard to the assumed neo-liberal minimalist conception prevailing during the nineties.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p style="line-height: 100%" align="center"><b><font face="Verdana" size="3">El gasto público social  venezolano: sus principales características y cambios recientes desde una  perspectiva comparada*</font></b></p>      <p style="line-height: 100%" align="center"><font face="Verdana" size="2"><b>CARLOS APONTE BLANK</b></font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Resumen</font></b></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este artículo explora el crecimiento y otros cambios que ha tenido el gasto  público social venezolano en años recientes: en 1999-2005 y, sobre todo, en  2004-2005, momento de máximas erogaciones sociales en la historia de nuestras  finanzas públicas. Esa exploración y las comparaciones históricas y  latinoamericanas que se presentan se apoyan en el desarrollo de unos ejercicios  de contabilización del gasto que complementan los que tradicionalmente se han  realizado alrededor del gasto social del gobierno central. En especial, el  recorrido histórico en torno a este asunto contribuye a replantear algunas  influyentes caracterizaciones sobre el gasto (y el Estado) social venezolano(s)  y, en particular, rebate la representación sobre su supuesta «minimización»  neoliberal en los años noventa.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Palabras clave </b> Gasto público / Gasto social / Política social / Venezuela</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"> <b><font face="Verdana" size="2">Abstract</font></b></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">This paper addresses the evolution of the Venezuelan public social expenditure  between 1999 and 2005, specially the period 2004-2005 when the public  expenditure reached a peak. Regarding the central government pattern of  expenses, new expenditure verification is used to allow Latin American  comparisons in a way currently unknown. The historical perspective here adopted  revisits the most common characterizations of the Venezuelan public expenditure  in regard to the assumed neo-liberal minimalist conception prevailing during the  nineties.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Key words </b> Public expenditure / Social expenditure / Social policy / Venezuela</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>RECIBIDO: </b>MAYO 2006 <b>ACEPTADO:</b> SEPTIEMBRE 2006</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Introducción</font></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El gasto público es una pieza fundamental para los análisis sociopolíticos  debido a su potencial incidencia en la estructuración y redefiniciones de los  modelos de acumulación y de hegemonía. La volatilidad fiscal del rentismo  venezolano hace que los períodos de auge y los momentos de crisis financiera,  con sus secuelas, sean un componente frecuente de los procesos de cambio  político y de políticas.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">No hay, en todo caso, automatismos en esa relación: ni el  auge fiscal brinda un capital político inderrotable (Acción Democrática/AD en  1978, es un buen ejemplo) ni la crisis supone una debacle (la popularidad de  Jaime Lusinchi y la victoria de AD en 1988 son otro buen ejemplo). Pero, lo que  no parece factible es eludir la influencia del gasto público en la comprensión  de muchos de los procesos de conformación de los rumbos del país</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para este escrito nos interesará destacar la gran relevancia  analítica que ha vuelto a cobrar el gasto público venezolano, desde mediados del  2003 en especial, para el estudio de los ajustes en los modelos de acumulación y  hegemonía, en el marco de la transición sociopolítica nacional; asuntos de  primordial interés para el proyecto de investigación en el que está integrada la  presente indagación (v. Cendes, 2001).</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El gasto público venezolano presenta un incremento muy  significativo desde hace casi tres años. Ese aumento lo sitúa, para el 2004 y el  2005, en uno de sus niveles más elevados en toda nuestra historia. El auge de  una política económica acentuadamente estatista desde el 2003 se corresponde con  ese contexto de crecientes y elevadas capacidades financieras del Estado. Pero  estas capacidades también abren un abanico de alternativas de acción a las  fuerzas predominantes en el Estado tanto para reforzar algunas de las vías  tradicionales de relación con la población como para explorar nuevos nexos,  incluyendo los que puedan resultarle «clientelarmente» más favorables. Y en este  circuito de relaciones cumplen un papel primordial la política y el gasto  sociales.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">E igualmente se da el caso de que con el gasto público social  (GPS) de los años 2004-2006 ya no sólo hablamos, como con el gasto público en  general, de uno de los niveles más altos de erogaciones públicas de nuestra  historia, sino que tratamos –muy probablemente– con el nivel más elevado de  tales erogaciones sociales, tal y como explicaremos después para dar cuenta de  este significativo episodio.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aunque el volumen del gasto no lo es todo, no deja de tener  su peso para el análisis, sobre todo cuando dicho gasto se focaliza, con  relativo acierto, en determinadas grupos poblacionales, independientemente de  las ineficiencias que puedan signar ese proceso. En definitiva, el capital  financiero es una fuente potencial de capital político.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este trabajo acudimos a una perspectiva comparada sobre el  gasto público, con los antecedentes históricos –por una parte– y con las  experiencias de otros países latinoamericanos –por la otra–, atendiendo a la  potenciación que ello ofrece al análisis.&nbsp;&nbsp;&nbsp; Como hemos explicado en un estudio anterior (Aponte, 2005),  valoramos la comparación histórica con algunos antecedentes relativamente  remotos (fines de los años sesenta/comienzos de los setenta) porque la  sobreabundancia de referencias a las finanzas públicas de la segunda mitad de  los setenta/comienzos de los ochenta ha contribuido a generar interpretaciones  deformadas sobre los valores supuestamente «regulares» o «normales» de nuestro  gasto público y ha contribuido también a una vivaz fantasmagoría sobre la  vocación neoliberal de las gestiones sociales de los noventa. Si en un válido  ejercicio imaginativo omitimos los dorados años 1974 a 1982, por «anómalos», nos  encontramos con una marcada continuidad en el nivel de las finanzas públicas  entre 1973 y 1983-1984 hasta 1999, en medio de un país con un modelo de  desarrollo tradicional que ha entrado en una persistente crisis, razón de fondo  de sus males.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En el caso de este estudio hemos asumido también, a modo de  ejercicio sistemático, la tarea de reconstruir los registros en serie  (1968-2005) de las finanzas estadales o federales venezolanas para el cálculo de  lo que designamos como «gasto social del gobierno general restringido» (GsGGr).  Hemos optado por usar esos datos, combinándolos con los del gasto del gobierno  central, porque en medio de las imperfecciones de la información conseguida  sobre el gasto federal (de fuente Onapre-Ocepre) se logra, con su inclusión, un  nivel de representación mucho más completo y apropiado sobre el gasto público  venezolano.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">A pesar de las probables inexactitudes de los registros sobre  el gasto social del gobierno general, no tiene sentido seguir reproduciendo  –bajo el pretexto de una deformante confiabilidad– el manejo tradicional del  gasto social del gobierno central, que subestima en cerca de un 20 por ciento  los gastos sociales en que incurre regularmente el Estado venezolano, proporción  que llega a ser más elevada aún en campos como el de la salud o el de la  vivienda.</font></p>      <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esperamos tener la  oportunidad, en futuras exploraciones, de revisar otras fuentes de información  para lograr una reconstrucción más apropiada que la hasta ahora lograda en esas  series federales, con miras a reducir las imprecisiones que acompañan a  ejercicios como el aquí adelantado.</font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este escrito sobre las características del GPS venezolano  está organizado en tres partes: comenzamos con un análisis general del GPS  venezolano, con énfasis en sus características más recientes (1999-2005), entre  las que resalta el relevante papel adquirido por el gasto cuasifiscal en los  últimos años; en un segundo punto abordamos la distribución sectorial del GPS,  complementándola con un breve abordaje de la significación del gasto destinado  al enfrentamiento a la pobreza; en un tercer punto desarrollamos una  problematización global de los efectos del gasto social venezolano, con especial  referencia a sus posibles incidencias redistributivas y en materia de reducción  de la pobreza. En las consideraciones finales se resumen los principales  hallazgos del estudio.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Deseamos subrayar que la lectura fluida de este artículo se  verá ampliamente favorecida por la revisión previa de algunos de los conceptos  de gasto que son utilizados en el mismo y que detallamos en el recuadro «Tipos  de gasto social: definiciones y aclaratorias». Esa conceptualización pone en  evidencia varios de los desafíos que se plantean para la medición del gasto  social venezolano:</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• la necesidad de incluir en todo lo posible, y de manera cada vez mayor y más  confiable, al gasto subnacional en el análisis del gasto público y social,  asunto acerca del cual este artículo presenta avances parciales, como los antes  comentados;</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• el reto de incorporar, en cuanto sea factible, el gran cúmulo de gastos  cuasifiscales orientados a lo social, fuente especialmente relevante desde el  2003 en las finanzas públicas venezolanas y acerca de la cual sólo se cuenta con  estimaciones globales e imprecisas que, a pesar de ello, deben ser incluidas en  los cálculos para no generar una grave omisión, asunto que también se ilustra en  este trabajo;</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• igualmente, sigue presente la tradicional y hasta ahora inevitable limitación  que supone estudiar las erogaciones públicas venezolanas con base en registros  sobre el gasto social acordado cuando no con el presupuestado, en contraste con  el deseable uso del gasto ejecutado, tratándose de un problema de medición del  gasto que se ha resuelto en otros países latinoamericanos (v. Cepal, 2005:116 y  127).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">A pesar de restricciones como las implicadas en las  anteriores menciones, en este estudio se ha trabajo con la información más  confiable y completa a la que se puede acceder en series históricas largas  acerca del gasto del gobierno general (v. Anexo).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Insertar recuadro pp. 88-89</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">El gasto público social venezolano reciente (1999-2005) en perspectiva  comparada</font></b></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Durante la gestión del presidente Hugo Chávez, iniciada en 1999, el GPS muestra  diversas fluctuaciones, como puede verse en el <a href="#graf1"> gráfico 1</a> (p. sig.). Pero el  contraste de mayor relevancia en cuanto a las erogaciones sociales se produce  entre el subperíodo 1999-2003 y el de 2004 en adelante. Esa subdivisión del GPS  se asocia, de hecho, con las dos fases que pueden distinguirse en la política  social de esta gestión: 1999-inicios del 2003; mediados del 2003 en adelante (v.  al respecto Aponte, 2006).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf1"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf1.jpg" width="479" height="377"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El contraste en las erogaciones sociales, que justifica  aquella subdivisión, no se percibe, sin embargo, si se considera el gasto social  del gobierno central (GsGC), tal y como se acostumbra hacer tradicionalmente en  la mayoría de los análisis del gasto público venezolano en el país y en el  exterior, como, por ejemplo, en los valiosos estudios de la Cepal.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Tampoco esa subdivisión se percibe si se calcula el gasto  social del gobierno general restringido, agregándole al gasto social del  gobierno central los gastos sociales que realizan los gobiernos estadales.  Vistas según esta perspectiva, como puede constatarse en el <a href="#graf1"> gráfico 1</a>, las  erogaciones sociales del 2004 y 2005 pueden estimarse como bastante parecidas a  las del 2000 y 2001.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La subdivisión se aclara básicamente cuando se introduce el <i>gasto social cuasifiscal </i>en los cálculos, inclusión que traducimos en lo  que hemos designado como «gasto social del sector público restringido» (GsSPr).  Aquel gasto, a pesar de su significación y cuantía, hasta ahora sólo ha sido  objeto de estimaciones extraoficiales que lo sitúan en alrededor de un 3,5 por  ciento del PIB para el 2004 y un 4 por ciento para el 2005, y lo identifican  como un gasto destinado fundamentalmente, en tales años, a las llamadas Misiones  Sociales.<sup>1</sup></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En fin, el <a href="#graf1"> gráfico 1</a> es de interés por varias razones, entre  las que destacan las siguientes:</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Ejemplifica con claridad las diferencias entre los tipos de gasto social (GC,  GGr y SPr) y la importancia de considerar aquellos que agregan un mayor valor  para tener una idea más apropiada del alcance efectivo del gasto que realiza el  Estado venezolano. Ahora bien, esto puede traducirse en la construcción de  series históricas relativamente largas (como las del <a href="#graf2"> gráfico 2</a>) en el caso de  los dos primeros tipos. Pero no ocurre así con el que hemos designado como gasto  social del sector público restringido (GsSPr) por ser un caso bastante novedoso  y atípico en nuestra historia.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Ahora, si consideramos el GsSPr como una representación pertinente aunque  inusual del gasto social y la contrastamos con la que muestra el gasto social  del gobierno general, que es el que puede considerarse como el de más altos  recursos en nuestros registros fiscales «tradicionales», vemos que el GPS del  2004 y del 2005 es, respectivamente, un 13,2 por ciento y un 22,6 por ciento  mayor que el del año 2001, que es el que les sigue en relación con la cuantía de  recursos que representa. En el <a href="#graf2"> gráfico 2</a> podemos valorar lo que representa este  contraste en una comparación histórica más prolongada.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Como puede verse en dicho gráfico, en el período 1968-2003,  apenas el gasto social del GGr de 1978 y de 1981 presentan una erogación mayor  que la del 2001, superándolo en un 6,3 por ciento y un 0,9 por ciento  respectivamente. Aunque se trata de datos deflactados con un año-base distinto  al del contraste que realizamos en el <a href="#graf1"> gráfico 1</a> con respecto a 2004 y 2005, la  diferencia sustancialmente mayor que estos tienen con respecto al valor del 2001  (13,2 por ciento y 22,6 por ciento) nos permite estimar que muy probablemente<sup>2</sup>  el GPS del 2005, y luego el del 2004, han sido los más elevados de toda nuestra  historia. Estos años abren un período de abundancia en el gasto social que debe  proseguir en el 2006 y posiblemente en años posteriores, en tanto el traicionero  maná petrolero lo permita.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf2"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf2.jpg" width="483" height="317"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Complementariamente, podemos visualizar en el <a href="#graf3"> gráfico 3</a> el  promedio anual del gasto real por habitante, ya no sólo el social sino también  el público total, del GC y del GG según quinquenios de gestión. Esto nos permite  tener una perspectiva comparada sobre el gasto que han realizado los distintos  gobiernos desde la primera presidencia de Rafael Caldera hasta el primer  quinquenio de la gestión de Chávez.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf3"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf3.jpg" width="484" height="325"></a></p>     
]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si revisamos, con  base en el <a href="#graf3"> gráfico 3</a>, ya no el tradicional contraste del gobierno central sino  el que nos brinda el gasto social del Gobierno general, podemos ver que el gasto  que generó el gobierno del presidente Chávez entre 1999-2003 podría superar al  del primer periodo de Carlos Andrés Pérez y aproximarse al de Luis Herrera  Campíns, al que tal vez también sobrepasaría si pudiera calcularse y  considerarse el gasto social municipal (seguramente mayor para 1999-2003 que  para 1979-1983) y el gasto cuasifiscal realizado en el 2003, al que no hemos  incluido en el cálculo de este gráfico para evitar confusiones innecesarias.<sup>3</sup></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lo cierto es que ese gasto social se realiza durante el  período del presidente Chávez con base en un gasto público total sustancialmente  menor al de 1974-1982 aunque, es bueno aclararlo también, como parte de un  proceso histórico de creciente valoración tendencial del gasto público social  que, muy a despecho de ciertas leyendas sobre la supuesta neoliberalización de  la política social venezolana, venía produciéndose en la gestión pública  venezolana en los años noventa.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El <a href="#graf4"> gráfico 4</a> evidencia cómo a pesar del descenso y posterior  letargo del gasto público total, entre 1984 y 1998 el gasto social mantiene  porcentajes de participación en el PIB superiores a los del primer período de  Caldera, y en el caso de los segundos mandatos de Pérez y de Caldera esos  porcentajes son cercanos a los del primer gobierno de Pérez y al de Herrera  Campíns, con los que la comparación en materia de GsGG muestra muchas  similitudes.&nbsp;&nbsp;&nbsp; También es interesante constatar cómo el segundo gobierno de  Caldera gastó más que el segundo de Pérez si se considera el GsGG, lo cual se  contrapone con la visión tradicionalmente alimentada por el estudio del GsGC.  Con ello también se podrían reabrir debates desde nuevas perspectivas acerca de  la efectividad o eficiencia comparada del gasto social entre distintas gestiones  gubernamentales.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf4"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf4.jpg" width="491" height="376"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La referencia al <a href="#graf4"> gráfico 4</a> nos permite insistir en que el  gobierno del presidente Chávez incrementa sustancialmente la participación del  gasto social en el PIB y que como parte de la expansión del GPT la porción más  significativa de ese aumento se traduce en el incremento del gasto social. Como  puede verse, el mismo alcanza el 11-12 por ciento del PIB si se considera el  GsGC, y supera el 15 por ciento del PIB si se considera el GsGG.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Debemos subrayar que si agregamos a lo anterior los aportes  de cerca de un 4 por ciento del PIB que representa el gasto cuasifiscal para el  2004 y 2005, en estos años probablemente el GsSPr supere el 19 por ciento,  situándose entre los casos de gasto muy alto en América Latina, tal y como se  ejemplifica en el <a href="#graf5"> gráfico 5.</a></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf5"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf5.jpg" width="474" height="315"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ese alto valor del gasto social en escala latinoamericana  también puede ser ejemplificado mediante el gasto social real por habitante,  aunque en este caso la comparación es más compleja y vale la pena situarse en  una perspectiva histórica mayor, como se hace en el <a href="#graf6"> gráfico 6</a>.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf6"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf6.jpg" width="491" height="447"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ante este gráfico, es oportuno recurrir a un balance de la  Cepal, organismo que estima, como promedio para 17 países latinoamericanos, que  «... el gasto público per cápita subió en alrededor del 58 por ciento en  promedio entre 1990-1991 y 2000-2001. De un promedio de 360 dólares (de 1997)  per cápita al comienzo de la década pasó a 540 al final de la misma» (Sáinz,  2005:74).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El aumento que se produce en Venezuela entre1990-1991 y  2000-2001 es de un 27 por ciento si se considera el GsGC (de 2.138 a 2.709  bolívares de 1984) y de un 31 por ciento si se considera el GsGGr (que pasa de  2.728 a 3.576 bolívares de 1984). Como hemos visto, el posterior aumento (en  bolívares de 1997) de un poco más del 20 por ciento del gasto entre 2000-2001 y  2004-2005<sup>4</sup> viene a completar un porcentaje de aumento cercano al  promedio latinoamericano del 58 por ciento, antes citado.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Como puede percibirse también a partir del <a href="#graf6"> gráfico 6</a>, el  gasto social venezolano concentra su crecimiento de 1998 en adelante: se trata  de uno de los poquísimos países latinoamericanos que, para mediados de los  noventa, no había alcanzado el gasto social real por habitante que tenía a  comienzos de los ochenta; gasto que sólo alcanzará –como antes planteamos– hacia  2004-2005. La comparación entre países es muy interesante en esta perspectiva  histórica: ya para 1990, Uruguay, Costa Rica y Colombia superaban su gasto  social real por habitante de 1980-1981 y, para 1994-1995, lo lograban también  Chile, México, Perú y el promedio de las siete naciones objeto de comparación.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es importante advertir que la indudable relevancia del  aumento del GPS venezolano no puede, sin embargo, considerarse excepcional en el  marco latinoamericano, aunque sí tiene sus peculiaridades. Por ejemplo, es uno  de los incrementos más acentuados entre países de gasto medio o alto en América  Latina y tiene, además, un destino sectorial diferente al de muchos otros países  con este tipo de gasto, que orientan una gran porción de nuevos recursos hacia  la seguridad social. Veremos más adelante que esto no es lo que ocurre en  Venezuela.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">También es importante recordar (v., para más detalles,  Aponte, 2005) que el aumento venezolano es uno de los incrementos del GPS en  América Latina que más se ha nutrido de un alza del gasto público, antes que  alimentarse de nuevos fondos derivados de un crecimiento de la economía<sup>5</sup>  o de un aumento sustancial de la primacía del GPS en el GPT. Como puede verse en  el <a href="#graf7"> gráfico 7</a>, esta última proporción se incrementa, pero el factor de más peso  en el importante aumento del gasto social venezolano es el aumento del gasto  público total. Esto dota de una particular vulnerabilidad al gasto venezolano,  fuertemente sujeto a las variaciones de los ingresos fiscales petroleros.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf7"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf7.jpg" width="489" height="342"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La visión que nos han proporcionado las anteriores variables  se complementa con la que nos brinda el promedio anual de participación del  gasto social en el gasto público total, tratándose de otra buena herramienta  para rediscutir algunas de las caracterizaciones de la política social de los  noventa, al constatarse el gradual y sostenido aumento de ese porcentaje de  participación desde 1989.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">La distribución del GPS venezolano, con énfasis en la dimensión sectorial</font></b></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En esta segunda parte desarrollaremos básicamente la descripción de la  distribución sectorial del gasto social, aunque también haremos unas muy breves  menciones a su distribución transversal, en específico en lo relativo al gasto  destinado al enfrentamiento a la pobreza.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf8"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf8.jpg" width="498" height="392"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En cuanto a la distribución sectorial reciente del GPS  venezolano, el gráfico anterior nos ofrece una interesante panorámica:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• El gasto educativo tiene una nítida primacía en este GPS, y esa ha sido una  característica persistente desde –al menos– los años sesenta; esa participación  predominante puede visualizarse también en el <a href="#graf9"> gráfico 9</a> para el período 1984 en  adelante.<sup>6</sup></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf9"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf9.jpg" width="497" height="431"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Por otro lado, hacia fines del segundo gobierno de Caldera (1996-1998 en  especial) se evidencia una pugna relativamente fuerte, para la definición del  segundo lugar en las prioridades del gasto social, entre cuatro subsectores:  salud, vivienda, seguridad social y desarrollo social.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Durante el período del presidente Chávez, y en particular desde el 2001, esa  pugna tiende a resolverse en favor de la seguridad social. Debe tomarse en  cuenta, sin embargo, que en estas cuentas no se está registrando la mayor parte  de los recursos destinados a las llamadas Misiones Sociales, entre otros los de  Barrio Adentro que, en principio, serían clasificables como aportes al subsector  de salud; si se integraran esos recursos probablemente seguiría abierta la  disputa por el 2º lugar, por lo menos desde el 2004, entre el sector salud y el  de seguridad social.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• También el sector desarrollo social  y participación desciende su significación «jerárquica» en el período  gubernamental del presidente Chávez, tratándose de una reducción asociable a la  redefinición de los programas de enfrentamiento a la pobreza de los noventa, una  parte de los cuales se clasifica bajo ese rubro. No obstante, es posible que si  se incluyen completamente los recursos destinados a las Misiones Sociales en  futuros procesamientos sobre los gastos públicos, pudiera aumentarse  significativamente la importancia de este sector, que al igual que el de salud  podría estar siendo víctima de un subregistro acentuado de las erogaciones que  se le pueden atribuir, sobre todo desde el 2004.<sup>7</sup></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• El <a href="#graf8"> gráfico 8</a> junto con el <a href="#graf9"> 9</a> evidencian cómo, desde 1999 en adelante, los  aportes asignados a vivienda y servicios conexos son los más bajos desde 1984:  esto no puede dejar de asociarse con la reciente crisis habitacional, vinculada  con la ocupación de inmuebles y con la crisis de los damnificados de distintos  sectores, en Caracas en especial.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El <a href="#graf9"> gráfico 9</a>  amplía la visión que nos brinda su precedente y muestra cómo salud y vivienda se  habían disputado el 2º lugar entre 1984 y 1993, competencia que fue relevada,  entre 1994 y 1998, por la pugna múltiple que antes referimos y que tiende a  resolverse a favor de la seguridad social, con las reservas que manifestamos  debido a la omisión de buena parte de las Misiones Sociales en estos procesos  clasificatorios.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Lo interesante de abrir el abanico a esta perspectiva  histórica más prolongada es que permite apreciar mucho más claramente la  relativamente lenta pero persistente tendencia al crecimiento de la seguridad  social, tendencia que es factible detener pero que no es fácil revertir, a menos  que futuras e imprevistas decisiones normativas contravengan las protecciones  ofrecidas por el Estado y la legislación a los trabajadores del sector formal  (público o privado).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En todo caso debe insistirse en el dilema que plantea la  seguridad social a la actual gestión gubernamental y, en general, la importante  disyuntiva que representa para el futuro del gasto social venezolano.Vimos en la primera parte que Venezuela puede situarse entre  los siete países latinoamericanos de gasto social alto,<sup>8</sup>  especialmente desde el año 2000 y sobre todo si se considera el GsGGr más que el  GsGC. Pero somos uno de los pocos países con ese rango de gasto (con excepción  de Panamá y, por otras razones, de Costa Rica) que tiene una tan baja cobertura  de población por parte del sistema de seguridad social y un tan reducido  financiamiento de ese sistema (v. gráfico 12, p. 102).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esto plantea distintos problemas, puesto que en un país con  el altísimo nivel de informalidad en el mercado laboral que tiene Venezuela, la  construcción de una seguridad social «universal» se encuentra fuertemente  obstaculizada, en tanto que la consolidación de una seguridad social parcial,  como la que se ha tenido hasta ahora, destinada sólo a los trabajadores  formales, plantea probables problemas de regresividad comparativa en el destino  del GPS.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Superada la coyuntura electoral del 2006 y la intensa fase de  promoción de las Misiones Sociales(2003-2006), en 2007-2008 puede plantearse un  nuevo espacio de rediscusión del rumbo del gasto. Y está plenamente abierto el  problema de la seguridad social como asunto al que el Gobierno no ha afrontado  ni clara ni decididamente, como lo evidencia la mora constitucional en el  desarrollo legal de los subsistemas de salud y de pensiones, que son los más  críticos componentes del sistema de seguridad social. Brindarle fondos de manera  prioritaria a éste, puede significar que se limiten severamente los recursos  para iniciativas de enfrentamiento a la pobreza que, sin embargo, parecen  resultar muy efectivas políticamente para el Gobierno (como lo han revelado las  Misiones Sociales desde el 2003) y que se corresponden más (como sugieren Iranzo  y Richter, 2005, así como Ellner,2002:40-41) con sus destinatarios predilectos:  los pobres e informales más que los trabajadores asalariados.&nbsp;&nbsp; Para cerrar esta dimensión sectorial resulta muy ilustrativo  referir la situación comparativa de Venezuela con respecto a otros países  latinoamericanos en los tres subsectores sociales principales: educación, salud  y seguridad social. Puede constatarse en los <a href="#graf10"> gráficos 10</a>, <a href="#graf11">11</a>, <a href="#graf12">12</a> que sólo en el  caso de del sector educación el gasto venezolano se sitúa entre los más elevados  en escala latinoamericana, en tanto que en salud y en seguridad social se  encuentra entre los más bajos de los países contemplados, la mayor parte de los  cuales son los de gasto alto de América Latina (v. su identificación en la nota  9).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf10"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf10.jpg" width="443" height="341"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf11"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf11.jpg" width="428" height="322"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="center"><a name="graf12"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05graf12.jpg" width="476" height="348"></a></p>     
<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Estos contrastes en escala latinoamericana complementan la visión presentada  anteriormente acerca de los campos sectoriales en pugna presupuestaria, y  también apuntan hacia la competencia por recursos que proviene de los programas  de enfrentamiento a la pobreza, que igualmente participan de esa lucha  distributiva, aunque muchos de ellos tienen un carácter multisectorial o  transversal.<sup>9</sup>&nbsp;</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Breves notas sobre el gasto para el enfrentamiento a la pobreza</font></b></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">A fines del siglo pasado y durante los primeros años del presente, en América  Latina se produjo un período de relativo y velado cuestionamiento a las  políticas focalizadas y a los llamados «programas sociales» o de «protección  social», a los que parecía culparse por los limitados resultados del combate  contra la pobreza durante los años noventa (v. a este respecto lo apuntado más  adelante en «La problematización sobre los efectos del gasto social  venezolano»). Pero, con cierta rapidez se ha retomado una reflexión madura sobre  la combinabilidad de focalización y universalismo, que ya se había postulado  durante esa década. Esta reflexión ha relegitimado la pertinencia que tiene ese  polo selectivo de intervenciones públicas sociales y se ha tendido a reafirmar  que, especialmente en los países con altos niveles de pobreza, sólo esa  combinación puede producir –en plazos relativamente cortos– el ejercicio de un  universalismo efectivo e incluyente, que sustituya al universalismo formal y  excluyente del Estado social tradicional.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Tanto la Cepal (2006) como estudios venezolanos (Seijas y  otros, 2003) tienden a evidenciar que los llamados programas de protección  social, además de ser los que más llegan a la población más pobre son  –independientemente de posibles defectos de diseño o instrumentación– los que  presentan una mayor progresividad redistributiva.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esto último parece lógico, aunque en algún momento se  pretendió divorciar la lucha por la reducción de la pobreza y la destinada a la  disminución de la desigualdad. La primera no es lo mismo que la segunda, pero  aquella coadyuva inevitablemente a realizar aportes progresivos en materia  distributiva, aunque sólo sea uno de los factores que participa en el juego  multivariable que define el balance final de los niveles de desigualdad. Aunque  nos pese, en este campo siempre es bueno considerar que, como dice Paul  Samuelson, «la desigualdad cambia con una lentitud glacial y sólo con buenas  intenciones no se consigue absolutamente nada» (Samuelson, 1983:92).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con respecto al caso venezolano, han existido diversas  imprecisiones informativas acerca del gasto destinado al enfrentamiento a la  pobreza, aunque ello es especialmente cierto antes de que se asumiera de manera  sistemática la focalización, en 1989, como uno de los criterios prioritarios  para la orientación de las políticas sociales venezolanas. Esas imprecisiones se  han reforzado igualmente en fecha más reciente, desde el 2004 sobre todo, en lo  que respecta a los misteriosos registros sobre las Misiones Sociales. Pero en  medio de sus limitaciones, podemos rescatar algunos datos como los siguientes:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Neritza Alvarado desarrolló un complejo intento de reconstrucción del gasto  público destinado al enfrentamiento a la pobreza entre 1979 y 1988 y, en un  ejercicio que la llevó hasta la desagregación de muchas de las partidas  presupuestarias ministeriales, llega a la conclusión de que en ese período el  gasto para enfrentar la pobreza podía estimarse, según el criterio de análisis  que se adopte, en alrededor de un 5-10 por ciento del gasto social total (v.  Alvarado, 1993:84 y ss.).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Por su lado, Carlos Aponte y Moisés Carvallo (1999) presentan estimaciones  acerca de los programas de enfrentamiento a la pobreza de los años noventa, de  acuerdo con las cuales estos llegaron a representar un máximo de un 15-20 por  ciento del gasto social y un porcentaje anual tendencial de 1,5 por ciento del  PIB, entre 1989 y 1998.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• En cuanto a la información sobre las Misiones Sociales, esta sigue siendo muy  imprecisa y dispersa debido a la variedad de fuentes de financiamiento formales  y semiformales (cuasifiscales) de las que aquellas se nutren. Sin embargo, queda  en claro el elevado gasto que se destina –desde el 2004 en particular– a algunas  de esas Misiones y que queda plasmado en los 4,5 millardos de dólares (9,6  billones de bolívares) que anunció el ministro de Finanzas como presupuesto  estimado para doce de ellas, para el año 2006 (v. <i>El Nacional,</i> 21-4-2006,  p. A-21 y <i>El Universal, </i>21-4-2006, pp. 1-1 y 2-1). Ese monto equivale a  más del 10 por ciento del <i>presupuesto nacional total</i> previsto para el  2006 (87 billones de bolívares) y representa un estimado de un 3 por ciento del  PIB, lo que significa que el gasto de esas doce misiones duplica el porcentaje  asignado a los programas de enfrentamiento a la pobreza en los años noventa,  para no hablar por los momentos en términos reales per cápita, lo que  seguramente abultaría las diferencias. Complementariamente, el viceministro de  Finanzas estima que desde el 2003 las Misiones han obtenido 12 millardos de  dólares, equivalentes a unos 25,8 billones de bolívares.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• En unas estimaciones más globales que las precedentes, el prof. Michael  Penfold (del Instituto de Estudios Superiores de Administración, IESA) estima  que el conjunto del gasto para las Misiones en el 2006 podría ser de un 6 por  ciento del PIB, lo que equivaldría a unos 17,5 billones de bolívares (<i>El  Nacional </i>27-5-2006). Por otro lado, Francisco Vivancos y Luis Zambrano han  estimado que el sólo aporte de Pdvsa a las Misiones en general equivalió al 3,2  por ciento del PIB en 2004; al 3,9 por ciento en 2005 y calculaban que sería el  4,2 por ciento para el 2006, lo que significa unos 4.000 millones de dólares y  unos 9 billones de bolívares (v. <i>El Mundo,</i> 02-1-2006, p. 7). También se  reportó que la Gerencia de Investigación Económica del Banco Mercantil estimó  que el gasto cuasifiscal de Pdvsa para el 2006 sería de 5.000 millones de  dólares, de los cuales 3.000 millones serían para las Misiones (v. www.banco  mercantil.com). Y, por su lado, el Santander Investment calculó que los gastos  de Pdvsa para las principales Misiones Sociales habría sido del 2,3 por ciento  del PIB en el 2005 y que llegaría al 3,07 por ciento en 2006 (v. www.bancodevenezuela.com).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ahora, independientemente de las cifras que finalmente puedan  consolidarse, no cabe duda de que las Misiones reúnen el financiamiento  históricamente más importante de los programas preferentemente dirigidos a la  población en pobreza; destino y propósito que antes signó a los programas de  enfrentamiento a la pobreza durante el segundo período de Pérez y a los del  Componente Social de la Agenda Venezuela durante el segundo mandato de Caldera.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Ese gran volumen de recursos destinados a las Misiones y a su  población-objetivo preferente debe ser considerado en los análisis  sociopolíticos, sobre todo si se valora el que esos recursos, en combinación con  el carisma candidatural del presidente Chávez y con la debilidad comunicacional  de la oposición, fueron decisivos para ofrecerle al oficialismo una victoria en  el revocatorio presidencial de agosto de 2004.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">La problematización de los efectos del gasto social venezolano</font></b></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La problematización de la eficacia, eficiencia y efectividad del gasto social es  una veta importante de reflexión y confrontación pública en Venezuela, aunque  frecuentemente sea manejada con asistematicidad y escasa fundamentación. En todo  caso, se trata de un tipo de preocupación primordial también en un entorno más  universal y en particular en escala latinoamericana (v. al respecto, Cohen y  Franco, 2005). En este trabajo abordaremos de manera introductoria esta  problematización a través de un enfoque global sobre la cuestión de los  «efectos» de la política y el gasto sociales.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los comportamientos de la distribución del ingreso y de la  pobreza son dos de los factores que ocasionan mayores debates generales sobre  los efectos y resultados de la política social.<sup>10</sup> A esta se le  atribuye, generalmente con injusticia o desmesura, la capacidad de modificar  sustancial y velozmente los valores negativos que puedan registrar aquellas  variables.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">El problema reside en que, en especial en el caso de la  distribución del ingreso, hablamos de una macrocategoría social influida por una  multiplicidad de factores: patrimonial (propiedad y acceso a activos y capital  financiero); económico (pertenencia sectorial y geográfica: influencias  globales, nacionales y locales), económico-social (mercado laboral y  remunerativo), demográfico y educativo, por citar sólo los más relevantes,  ninguno de los cuales tiende a sufrir modificaciones repentinas en sus valores  sustanciales.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La política social puede tener una participación activa en el  cambio normalmente gradual de algunos de esos factores, cuyos aportes  redistributivos progresivos no necesariamente compensan, sin embargo, la fuerza  regresiva de otros.<sup>11</sup></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En cuanto a la pobreza, esta podrá ser afrontada por la  política social de manera más o menos decidida dependiendo de cómo se la defina.  Si la definición remite a la pobreza de «ingresos», el referente principal para  que pueda o no ser reducida lo brindará la política económica, y sólo en una  segunda instancia influirá la política social.<sup>12</sup></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">No hay, pues, razones para avalar afirmaciones como las que  manifiestan que el crecimiento de la pobreza o el empeoramiento de la  distribución del ingreso evidencian el fracaso de determinada política social.  Mucho más frecuentemente evidencian el fracaso de determinada política económica  (o de la institucionalidad que la maneja) y, en sociedades vulnerables como la  nuestra, también pueden evidenciar el peso de cíclicas crisis macroeconómicas  globalizadas o de tormentosas hecatombes petroleras, con culpas más difusas y  sistémicas.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Sin embargo, aunque se advierta en contra de las  exageraciones, no puede subestimarse tampoco el importante papel que pueden  cumplir la política y el gasto sociales para afrontar la pobreza y para intentar  mejorar la distribución del ingreso. Como plantea la Cepal (2000:157): El gasto público social es, sin duda, el instrumento más importante por medio  del cual el Estado influye sobre la distribución del ingreso, particularmente en  su distribución secundaria, a la vez que, a largo plazo, la mayor inversión en  capital humano permite incidir en algunos de los factores estructurales que  influyen en su distribución primaria.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Aún en un abordaje global es imprescindible considerar la  diferencialidad sectorial de esos efectos distributivos. Y ello se explica  porque:</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los distintos renglones del gasto publico difieren mucho en su incidencia  distributiva (...) las asignaciones más progresivas –es decir, aquellas cuyos  beneficios se concentran en mayor proporción en los hogares de bajos ingresos–  son las destinadas a educación primaria y secundaria y a salud y nutrición  (...). Por su parte, (...) los gastos en seguridad social y en educación  universitaria son los menos progresivos, hecho que refleja la limitada cobertura  de estos servicios en la región. Los programas de vivienda social se encuentran  en una situación intermedia. [Pero en todo caso, n.de r] en su conjunto el gasto  social es altamente redistributivo (...) particularmente si se excluye la  seguridad social (Ibíd., 163).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es importante agregar que en su <i>Panorama social </i>más  reciente la Cepal destaca la alta carga redistributiva del sector de asistencia  social, asociado con los programas de enfrentamiento a la pobreza; sector al que  se atribuyen capacidades de redistribución progresiva tanto o más altas que a la  educación oficial primaria (v. Cepal, 2005:162).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, es interesante apuntar que la Cepal subraya  que sectores como el de la educación secundaria, que hace unos lustros no eran  claramente progresivos, han pasado a serlo: esto evidenciaría el <i>grado de «progresividad  marginal»</i> de todo tipo de gasto, a medida que se amplía la cobertura de sus  servicios (Cepal, 2000:163). Esta sencilla pero fecunda reflexión apunta hacia  futuras redefiniciones que podrían ocurrir en casos como el de la educación  superior, en la medida en que se ensanche su cobertura.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La Cepal es justificadamente insistente en cuanto a que:</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En su conjunto, el gasto social latinoamericano fue altamente redistributivo en  todos los países, particularmente si se excluye la seguridad social. En efecto,  descontada esta, los hogares de menores ingresos reciben el 28 por ciento de los  recursos públicos, en tanto que el 20 por ciento más rico recibe sólo el 12 por  ciento de estos. Tales diferencias quedan más claramente de manifiesto cuando se  comparan estas cifras con las de la distribución del ingreso primario de los  hogares, esto es, el ingreso que no incluye las transferencias monetarias del  Estado y excluye los beneficios del gasto social (Cepal,2004:236).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con respecto a ese último cálculo o registro, el <i>Panorama  social </i>2005 de la Cepal presenta unos datos actualizados que indican que,  para un promedio de diecisiete países latinoamericanos (entre los que no se  cuenta a Venezuela), puede estimarse que el quintil más pobre de los hogares  recibe un 85 por ciento de ingreso adicional como resultado del GPS, en tanto  que el siguiente quintil recibe un 39 por ciento adicional, el tercero un 26 por  ciento, el cuarto un 19 por ciento y el quintil más rico un 9 por ciento. Cuando  se excluye la seguridad social del cálculo, los dos quintiles extremos reciben  respectivamente un 66 por ciento y un 3 por ciento de ingreso adicional como  resultado del GPS (Cepal, 2005:165).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para el caso venezolano, Seijas y otros (2003) han realizado  un valioso estudio que permite establecer algunos contrastes con los datos antes  expuestos (v. el cuadro 10 en el trabajo citado). Por ejemplo, para Venezuela el  GPS (excluyendo seguridad social y vivienda)<sup>13</sup> destina un 27 por  ciento de sus recursos al quintil de menos recursos (vs. un 28 por ciento en el  promedio de la Cepal) en tanto que el quintil de más recursos recibe un 10,4 por  ciento (contra el 12 por ciento de la Cepal).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, Seijas y otros (ob. cit.) reafirman que en  Venezuela operan las tendencias predominantes en América Latina en cuanto al  carácter redistributivo de la inversión social pública, siendo particularmente  acentuada la progresividad en los llamados programas sociales asociados con el  enfrentamiento a la pobreza (en el caso de ese estudio, los de la «Agenda  Venezuela»), seguidos por los de salud y luego, con algo menos de progresividad,  por los de educación, vistos como un todo.<sup>14</sup></font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es importante advertir que aunque el estudio que hemos  comentado se refiere al año 1997 y a los programas sociales para entonces  vigentes, todo hace suponer que las Misiones han sustituido con creces, desde el  punto de vista del volumen de financiamiento y de la cobertura de beneficiarios,  el tipo de programas que –como hemos dicho– han tenido una mayor progresividad  redistributiva, destinándose preferentemente a las poblaciones en situación de  pobreza. Ello no significa que la redistribución del ingreso nacional haya  mejorado en los años recientes, dada la variedad de factores que la condicionan<sup>15 </sup>y a los que nos referimos antes.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Consideraciones finales</font></b></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En este ensayo hemos revisado las características recientes del gasto público  social venezolano, de 1999 en adelante, contrastándolas con la evolución que han  tenido esas erogaciones en el país desde 1968 y comparándolas con algunos rasgos  básicos del GPS actual en América Latina.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">La indagación sobre el GPS venezolano nos condujo a trabajar  «experimentalmente» con una primera aproximación a la serie histórica de gastos  estadales o federales de 1968 al 2005; ello nos permitió constituir el gasto  social del gobierno general restringido para esos años, base a su vez para  estimar el gasto social del sector público restringido del 2003 en adelante. En  relación con esos tipos de gasto, esperamos que resulten satisfactorias las  definiciones expuestas en el texto, y que los datos sean aproximaciones válidas  aunque sean imprecisas. Como hemos planteado, estimamos que es mejor una  aproximación imperfecta al gasto social real completo, que una aproximación más  confiable pero muy incompleta al mismo. Por supuesto que habrá que intentar  avanzar en futuros estudios hacia informaciones todavía más completas y más  confiables.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Entre las características del GPS durante el período del presidente Chávez  destaca que el promedio anual del GsGGr en el primer quinquenio de esa gestión  (1999-2003) compite con el alcanzado en el primer periodo de Pérez y el mandato  de Herrera Campíns, aunque el marco de ese gasto, el gasto público total, sea  sustancialmente menor en el gobierno de Chávez. Los mencionados son, pues, los  tres períodos gubernamentales de más alto gasto social real por habitante en  toda nuestra historia. Pero si de récords se trata, es más notable aún el caso  de los años 2004 y 2005:</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• En términos de gasto real por habitante, el GsSPr de cada uno de esos dos años  supera el GPS de 1978 y el de 1981, que eran individualmente los de más elevadas  erogaciones sociales en la historia de nuestro gasto público.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• Además, el GPS alcanza un valor de alrededor del 19 por ciento del PIB, lo que  lo sitúa entre los niveles más altos en escala latinoamericana.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">• A ello se suma, por otro lado, aunque en referencia al período 1999-2005, que  se ha logrado ampliar el GsGGr a un promedio anual del 52 por ciento del gasto  público total.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esto ultimo es expresión de un aumento complementario de  importancia durante el período del presidente Chávez, tratándose, sin embargo,  de un incremento que venía acumulándose gradualmente en períodos precedentes  (los segundos de Pérez y Caldera). Ese incremento gradual constituye uno de los  argumentos que erosiona la leyenda negra sobre el supuesto neoliberalismo de las  gestiones sociales venezolanas en los años noventa.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En medio de su indudable relevancia, el crecimiento reciente  del gasto social venezolano es parecido al que se ha producido en América Latina  entre 1990 y el 2003, con la diferencia de que en Venezuela ese crecimiento se  ha concentrado en menos años (especialmente entre 1999-2005) que en el  subcontinente en general.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, en el caso venezolano ese incremento del GPS  también encuentra un punto de alta vulnerabilidad en el hecho de que su fuente  principal no haya sido el crecimiento de la economía, como en muchos de los  países de América Latina, sino el aumento del gasto público total, por vía de  ingresos petroleros extraordinarios.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Hemos destacado que Venezuela alcanza estos elevados niveles  de GPS en escala latinoamericana siendo uno de los países, de este rango de  gasto, con más baja cobertura e inversión en seguridad social. Aunque entre 1999  y el 2003 el incremento del gasto se destinó a la educación y a la seguridad  social, desde el 2004 el aumento más intenso se ha dirigido, comprensiblemente  dicho sea de paso, hacia un conjunto programático de enfrentamiento a la pobreza  como las Misiones Sociales.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esa soterrada competencia por los recursos financieros  públicos hace presagiar probables dilemas presupuestarios y pugnas distributivas  en el futuro inmediato dentro del Estado social. Y ella puede hacerse  especialmente intensa entre la direccionalidad que privilegie a la seguridad  social y la que atienda a los programas de enfrentamiento a la pobreza, en un  marco en el que –en todo caso– el predominio del sector educación no parece que  se pondrá en cuestión, al menos en el mediano plazo.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Pero lo anterior tiene también importantes implicaciones en  términos de equidad del gasto social, puesto que como han evidenciado distintos  estudios latinoamericanos y venezolanos, los programas de enfrentamiento a la  pobreza son, en medio de sus frecuentes defectos, los que tienen una mayor carga  redistributiva del ingreso, junto con la educación primaria, mientras que la  educación superior y la seguridad social son los de menor progresividad,  llegando a ser hasta regresivos.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Todo indica que en el 2004 y 2005 las Misiones absorbieron  unos montos sumamente elevados que podrían ser redefinidos en el futuro próximo.  En el 2007, superados los compromisos electorales, se plantea una nueva  oportunidad para que el país revise sus prioridades sociales y para que se abra  la oportunidad para elaborar sistemáticamente un programa nacional de  enfrentamiento a la pobreza.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Y es que es importante que las acciones contra la pobreza  cobren una mayor efectividad y menos efectismo, sin lo cual podría irse  desprestigiando la focalización como principio, al no corresponderse los  resultados con las altas expectativas que se creen. Con excepciones como la de  los Hogares y Multihogares de Cuidado Diario, algo de esa decepción ocurrió con  los nuevos programas sociales de los noventa. Y, con excepciones como Barrio  Adentro, las Misiones también han ido evidenciando carencias de funcionamiento  bastante severas. Es verdad que por su intermedio se están haciendo  transferencias monetarias a centenares de miles de facilitadores y de  beneficiarios; pero los montos y la sostenibilidad de esas transferencias no se  prestan a prolongados entusiasmos.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es importante pues que en Venezuela se consideren atentamente  recomendaciones como la siguiente:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Toda política de aumento del gasto social debe obedecer (...) a los principios  de una sana política fiscal. Esto significa que tal incremento tiene que estar  adecuadamente financiado y que debe privilegiarse la reasignación de recursos  públicos al gasto social, dar prioridad a los renglones de mayor impacto  distributivo y mejorar la calidad y eficiencia de dicho gasto (Cepal, 2000:161).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">Es mucho lo que falta para que en Venezuela acompañemos los  incrementos de nuestro gasto social con varios de los razonables atributos aquí  planteados.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">En suma, en este inicio de siglo, se han prefigurado  importantes y nuevos episodios en los que el gasto público social seguirá  interviniendo, activa y a veces paradójicamente, en la historia de nuestro país,  prefiguración que esperamos haber ilustrado apropiadamente en estas páginas.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Referencias bibliográficas</font></b></p>     <!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. <b>Alvarado, Neritza</b> (1993). <i>Evaluación del impacto del gasto social  sobre la pobreza en Venezuela,</i> Maracaibo, Editorial LUZ (Universidad del  Zulia).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788345&pid=S1012-2508200600030000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. <b>Aponte, Carlos</b> (2005) «El gasto público social venezolano (1969-2003) en  perspectiva latinoamericana», Caracas, Cendes, mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788346&pid=S1012-2508200600030000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. <b>Aponte, Carlos </b>(2006). «Las redefiniciones recientes de la política  social en Venezuela: marco de refrencia para su análisis», Caracas, Cendes,  mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788347&pid=S1012-2508200600030000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. <b>Aponte, Carlos</b> y <b>Carvallo, Moisés</b> (1999). «Los nuevos programas  sociales: notas para un balance», en Lourdes Álvarez, Helia del Rosario y Jesús  Robles, coord., <i>Política social: exclusión y equidad en Venezuela durante los  años noventa</i>, Caracas, Nueva Sociedad, pp. 131-163.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788348&pid=S1012-2508200600030000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. <b>BCV</b> (2003). Series estadísticas de Venezuela. Cuentas nacionales  1950-1998, Caracas, BCV.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788349&pid=S1012-2508200600030000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. <b>BCV </b>(2006). «Información estadística», disponible en www.bcv.org.ve.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788350&pid=S1012-2508200600030000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">7.<b> </b><b>Cendes</b> (2001). «Redefiniciones de la democracia y la ciudadanía en  Venezuela. Proyecto de investigación», Caracas, Cendes, mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788351&pid=S1012-2508200600030000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">8. <b>Cepal</b> (2000). <i>Equidad, desarrollo y ciudadanía</i>, Santiago de Chile,  Cepal.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788352&pid=S1012-2508200600030000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">9. <b>Cepal </b>(2004). <i>Una década de desarrollo social en América Latina,  1990-1999</i>, Santiago de Chile, Cepal.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788353&pid=S1012-2508200600030000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">10. <b>Cepal</b> (2005). <i>Panorama social de América Latina 2005</i>, Santiago de  Chile, Cepal.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788354&pid=S1012-2508200600030000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">11. <b>Cepal</b> (2006). <i>La protección social de cara al futuro: acceso,  financiamiento y solidaridad</i>, Santiago de Chile, Cepal.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788355&pid=S1012-2508200600030000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">12. <b>Cominetti, Rossella </b>y <b>Gonzalo Ruiz </b>(1998). <i>Evolución del gasto  público social en América Latina:1980-1995</i>, Santiago de Chile, Cepal.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788356&pid=S1012-2508200600030000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">13. <b>Cohen, Ernesto</b> y <b>Rolando Franco</b> (2005). <i>Gestión social: cómo  lograr eficiencia e impacto en las políticas sociales</i>, México, Siglo XXI/Cepal.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788357&pid=S1012-2508200600030000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">14. <b>De La Cruz, Rafael</b>, coord. (1998). <i>Descentralización en perspectiva</i>,  Caracas, IESA/FEGS.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788358&pid=S1012-2508200600030000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">15. <b>Ellner, Steve</b> (2003). «Introducción: en busca de explicaciones», en Steve  Ellner y Daniel Dellinger, eds., <i>La política venezolana en la época de Chávez</i>,  Caracas, Nueva Sociedad.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788359&pid=S1012-2508200600030000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">16. <b>García, Haydée</b> (1988). <i>El gasto público social en Venezuela</i>,  Caracas, Ildis.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788360&pid=S1012-2508200600030000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">17. <b>García, Haydée</b> (1999). «Descentralización y gasto social», en PNUD, <i> Índice y entorno del desarrollo humano en Venezuela 1999</i>, Caracas, PNUD/OCEI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788361&pid=S1012-2508200600030000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. <b>García, Haydée</b> y <b>Sylvia Salvato</b> (2005). «Análisis sobre el gasto  social y la equidad en Venezuela (1970-2004)», Caracas, mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788362&pid=S1012-2508200600030000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. <b>García Larralde, Humberto</b> (2004). «Retrospectiva de la economía  venezolana entre el gobierno de Chávez y gobiernos anteriores», <i>Nueva  Economía,</i> nº 21-22, pp.198-268, Caracas, Academia Nacional de Ciencias  Económicas.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788363&pid=S1012-2508200600030000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. <b>INE</b> (2005). <i>República Bolivariana de Venezuela: Estimaciones y  proyecciones de población 1950-2050,</i> Caracas, INE.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788364&pid=S1012-2508200600030000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. <b>INE-OCEI</b> (varios años).<i> Anuario estadístico de Venezuela</i>, Caracas,  INE/OCEI.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788365&pid=S1012-2508200600030000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. <b>Iranzo, Consuelo</b> y <b>Jaqueline Richter</b> (2005). «Acción del  sindicalismo frente al Estado en la transición (1989-2004)», Caracas, Cendes,  mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788366&pid=S1012-2508200600030000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. <b>Ministerio de Finanzas</b> (2006). <i>Memoria y Cuenta del Ministerio de  Finanzas 2005</i>, Caracas, Ministerio de Finanzas.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788367&pid=S1012-2508200600030000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. <b>Mandato, Eleonora</b> (1999). <i>El gasto social en Venezuela durante el  siglo XX</i>, Caracas, Impregraf.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788368&pid=S1012-2508200600030000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. <b>Mascareño, Carlos</b> (2000). <i>Balance de la descentralización en Venezuela</i>,  Caracas, Nueva Sociedad.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788369&pid=S1012-2508200600030000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. <b>Navarro, Juan Carlos </b>(1998). «El financiamiento de la educación en  Venezuela: efectividad del gasto y rendición de cuentas», en Consejo Nacional de  Educación, <i>Asamblea Nacional de Educación: discursos y ponencias</i>, tomo 2,  Caracas, Consejo Nacional de Educación, pp. 375-395.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788370&pid=S1012-2508200600030000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. <b>Ocepre </b>(1988). <i>40 años de presupuesto fiscal en Venezuela: 1948-1988</i>,  Caracas, Ocepre.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788371&pid=S1012-2508200600030000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. <b>Ocepre </b>(2002). <i>Entidades federales: 13 años de estadísticas regionales  (1989-2002)</i>, Caracas, Ocepre, DGS de Presupuestos Regionales.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788372&pid=S1012-2508200600030000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">29. <b>Ocepre</b> (varios años). <i>Presupuesto de las entidades federales:  1962-1975; 1975-1978; 1979, 1980 y 1981</i>, Caracas, Ocepre.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788373&pid=S1012-2508200600030000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">30. <b>Oficina Nacional de Presupuesto – Oficina Central de Presupuesto (Onapre-Ocepre) </b>(varios años). Exposición de motivos de la Ley de Presupuesto, Caracas,  Onapre/Ocepre.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788374&pid=S1012-2508200600030000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">31. <b>Sáinz, Pedro</b> (2005). «La equidad en Latinoamérica desde los años  noventa», <i>Cuadernos del Cendes</i>, nº 60, pp. 63-93, Caracas.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788375&pid=S1012-2508200600030000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">32. <b>Samuelson, Paul</b> (1983). <i>Economía,</i> 11ª ed., México, Mc Graw-Hill.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788376&pid=S1012-2508200600030000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">33. <b>Seijas, Lisbeth </b>y otros (2003). <i>La incidencia fiscal neta en Venezuela</i>,  Caracas, BCV, Serie Documentos de Trabajo del BCV nº 48.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=788377&pid=S1012-2508200600030000500033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="line-height: 100%" align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">NOTAS:</font></b></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">* Este artículo forma parte del subproyecto «Las transformaciones recientes de  la política social y de la ciudadanía social en Venezuela», integrado en el  proyecto de investigación sobre «Las redefiniciones recientes de la democracia y  la ciudadanía en Venezuela» que desarrolla el Área Sociopolítica del Cendes, con  el apoyo financiero parcial del Fonacit (subvención NºS1-2002420). El autor  agradece los muy valiosos comentarios que acerca de versiones preliminares de  este texto realizaron el prof. Humberto García Larralde, el prof. Carlos  Mascareño y los integrantes del Área Sociopolítica del Cendes.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">1 Véase a este respecto lo que apuntamos hacia el final de la segunda parte de  este trabajo, «La distribución del GPS venezolano, con énfasis en la dimensión  sectorial», cuando se trata brevemente el gasto destinado al enfrentamiento de  la pobreza.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">2 Mantenemos cierta prudencia en la afirmación sobre este récord histórico del  GPS porque nuestra apreciación se basa en la contabilización del atípico y  semimisterioso GsSPr, en el que se aúnan el impreciso gasto social cuasifiscal y  el debatible gasto social de las entidades federales, al más tradicional y menos  polémico registro sobre el gasto social del Gobierno central. Véase lo apuntado  en el recuadro inicial a este respecto.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">3 Ratificando lo planteado en la nota anterior, usamos en el texto una redacción  en términos condicionales que deriva de las dudas sobre el grado de precisión y  confiabilidad de los datos con los que estamos trabajando en escala regional y  en materia extrapresupuestaria/cuasifiscal en particular. Sin embargo, las  interpretaciones que se incluyen en el texto son explicitadas por considerarlas  genéricamente acertadas.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">4 Más concretamente se trata de un aumento del 23,9 por ciento al comparar el  GsGGr de 2000-2001 con el GsSPr de 2004-2005.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">5 En Venezuela el PIB por habitante del 2005 no alcanza aún el valor que tenía  en 1998, es decir que en términos per cápita la economía no ha crecido entre  1998 y 2005.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">6 Tradicionalmente, desde los años sesenta, el GPS tendía a clasificarse en tres  subsectores: educación, salud y vivienda y servicios conexos. En 1979 se abre el  subsector «desarrollo social y participación» (DS), y en 1984 se añaden los tres  otros subsectores de «seguridad social» (SS), «comunicación y cultura», y  «ciencia y tecnología», con los que se completa la clasificación sectorial de  Onapre-Ocepre que aún está vigente para el GPS.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">7 Algo parecido ocurre con el sector educación y las «Misiones Educativas» (Robinson,  Ribas y Sucre) que, en principio, se registrarían en dicho sector, si bien en  este caso lo que ocurriría es una reafirmación de su primacía intersectorial, la  cual ya resulta destacada en las cuentas sin este complemento.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">8 Junto con Argentina, Uruguay, Panamá, Costa Rica, Brasil y Chile.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">9 Aunque esto quedó sugerido en la primera parte del artículo, no queríamos  dejar de destacar que el gasto estadal y el municipal (que no hemos cubierto en  este trabajo) tienen sus propias particularidades en términos de distribución  sectorial. En este caso el énfasis de las gobernaciones se dirige  prioritariamente hacia la salud y, luego hacia la vivienda y desarrollo urbano y  servicios conexos, en tanto que la educación ocupa un tercer pero importante  lugar (v. los datos en el gráfico 8 y en el cuadro 2 del Anexo) y un nada  deleznable volumen de erogaciones que se corresponden con el hecho,  frecuentemente olvidado, de que los gobiernos federales manejan cerca del 30 por  ciento de la matrícula de educación básica del país. En el caso de los  municipios, como lo ilustran los datos que incorpora en los últimos años la  Onapre en la Exposición de Motivos de la Ley de Presupuesto, el predominio  sectorial reside muy ampliamente en las erogaciones en vivienda, desarrollo  urbano y servicios conexos. Resulta útil explicitar estos recordatorios con  miras a futuras ampliaciones y revisiones de los datos sobre el GPS venezolano.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">10 La Cepal (2004:101) destaca que la relación entre pobreza y distribución del  ingreso no es totalmente clara, y que tampoco la mejora de ambas puede ser  siempre encarada de manera simultánea. Pero también es cierto que no tienen que  crearse falsas disyuntivas. Una política de enfrentamiento a la pobreza,  adecuadamente focalizada, tiene implicaciones redistributivas de carácter  progresivo, aunque no pueda por sí misma garantizar que se produzca una  redistribución del ingreso nacional como conjunto. Es importante apuntar que el  gasto social no agota en sí mismo el análisis de incidencia fiscal; este  requiere del estudio de las implicaciones redistributivas de los esquemas  tributarios, entre otros complementos básicos.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">11 Chile es un ejemplo notable de un país que ha logrado desarrollar una  política social de un modo reconocidamente eficiente y con un grado de  focalización comparativamente elevado, cuyo estilo de desarrollo ha propiciado  el crecimiento de la economía formal (a diferencia de otros procesos económicos  globalizados). Sin embargo, pese a todo eso, el comportamiento de la  distribución del ingreso se ha hecho más regresivo; en principio por una  combinación «escasamente gobernable» de factores económicos y  económico-sociales, en particular, y también porque los avances sociales de los  sectores más necesitados no impiden avances comparativamente aún mayores de los  sectores pudientes, por ej. en materias como las educativas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">12 En algunos casos excepcionales, una política masiva de transferencias a  particulares puede tener alguna influencia en la reducción de la pobreza de  ingresos (por vías compensatorias como los incentivos y becas de las Misiones  Sociales o anteriormente por medio de la «Beca Alimentaria»). Sin embargo, el  alcance de ese tipo de ayudas tiende a ser limitado y/o su duración pasajera, en  tanto que lo fundamental de los ingresos de la población se resuelve por vía del  mercado laboral-remunerativo. Por otro lado, si la pobreza se define, por ej.,  con base en las necesidades básicas insatisfechas, la política social puede  incidir más significativamente y en un plazo relativamente más corto en relación  con factores como el porcentaje de niños que asiste a la escuela y el porcentaje  de acceso a servicios domiciliarios; pero sigue sin poder influir en gran medida  en los factores demográficos (tamaño del hogar y hacinamiento) o demoeconómicos  (razón de dependencia).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">13 Explican Seijas y otros (ob. cit., p. 50) que «las partidas que se toman en  cuenta para determinar su incidencia en la distribución del ingreso [para ese  estudio, n.de r] son las que aparecen bien representadas en la Encuesta de  Presupuestos Familiares de 1997: educación pública, salud pública y programas  sociales focalizados».</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">14 El estudio en cuestión no llegó a diferenciar entre subsectores educativos  pero, seguramente, llegaría a la misma conclusión de diversos análisis  venezolanos y latinoamericanos que sostienen que la educación pública primaria y  secundaria tiene un impacto redistributivo progresivo, en tanto que la educación  superior tiende a tener incidencias regresivas (v. en especial, Navarro, 1998.</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="justify"><font face="Verdana" size="2">15 La Cepal no registra mejoras significativas del Gini –que es el índice más  reconocido de concentración del ingreso– para Venezuela en los años recientes.  En 1990 el índice era de 0,471 y desmejora hasta un 0,507 en 1997, para  estabilizarse en su valor entre 1999 (0,498) y el 2002 (0,500) (v. Cepal,  2005:337).</font></p>     <p style="line-height: 100%" align="center"><font face="Verdana" size="2">&nbsp;<img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05anexcua1.jpg" width="566" height="485"></font></p>     
<p style="line-height: 100%" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05anexcua1cont.jpg" width="560" height="410"></p>      
<p style="line-height: 100%" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05anexcua2.jpg" width="557" height="476"></p>     
<p style="line-height: 100%" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05anexcua2%20cont.jpg" width="557" height="518"></p>     
<p style="line-height: 100%" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05anexcua3.jpg" width="565" height="699"></p>     
<p style="line-height: 100%" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05anexcua3%20cont.jpg" width="525" height="402"></p>      
]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: 100%" align="center"><img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v23n63/art05anexcua4.jpg" width="554" height="866"></p>      
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