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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[La elección presidencial del 18 de diciembre de 2005 en Bolivia]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The presidential election 2005 was called sooner than expected due to the serious crisis affecting Bolivia. This article attempts to elucidate the context in which the elections were celebrated, to analyze the candidacies for Bolivia’s presidency, and afterward to study the dynamics of the campaign. Subsequently, in the core part, we examine different aspects of the Bolivian electoral behavior that explain the results: the high participation, an ample victory of the MAS -of unprecedented characteristics in this quarter-century democracy-, the fall of the so called «traditional» parties, and the clear social, political and geographical division of the voters. A general view of the Bolivian vote in recent years ends the article.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><font face="Verdana" size="3"><b>La elección presidencial del 18 de  diciembre de 2005 en Bolivia</b></font></p>     <p align="center"><font face="Verdana" size="2"> SALVADOR ROMERO BALLIVIÁN</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Resumen</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La elección presidencial de 2005 fue convocada de forma anticipada por la grave  crisis que atravesó Bolivia. El artículo pretende explicar el contexto en el  cual se celebraron los comicios, luego analizar las candidaturas que se  presentaron, y después estudiar la dinámica de la campaña. A continuación, en la  parte más importante del texto, se examinan las distintas facetas del  comportamiento electoral boliviano que explican los resultados: la elevada  participación, la amplia victoria del MAS –de características inéditas en el  cuarto de siglo de la democracia–, el derrumbe de los partidos denominados  «tradicionales», la nítida división social, política y geográfica del voto. El  artículo se cierra con una perspectiva general de la evolución del voto  boliviano en los años recientes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Palabras clave</b>&nbsp; Bolivia / Elección presidencial 2005 / Comportamiento político</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Abstract</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> The presidential election 2005 was called sooner than expected due to the  serious crisis affecting Bolivia. This article attempts to elucidate the context  in which the elections were celebrated, to analyze the candidacies for Bolivia’s  presidency, and afterward to study the dynamics of the campaign. Subsequently,  in the core part, we examine different aspects of the Bolivian electoral  behavior that explain the results: the high participation, an ample victory of  the MAS –of unprecedented characteristics in this quarter-century democracy–,  the fall of the so called «traditional» parties, and the clear social, political  and geographical division of the voters. A general view of the Bolivian vote in  recent years ends the article.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Key words</b> Bolivia / Presidential election / Political behavior</font></p>      <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> RECIBIDO: MAYO 2007 ACEPTADO: JULIO 2007</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Introducción</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Prevista para 2007, la elección general se anticipó para fines de 2005; adelanto  que puso de manifiesto la crisis política que atravesó Bolivia a partir de  principios del siglo XXI. Tras la elección de 2002, Gonzalo Sánchez de Lozada  asumió el Gobierno en condiciones difíciles, y en octubre de 2003 renunció,  luego de una grave convulsión social. Su sucesor, el vicepresidente Carlos Mesa,  alentó una agenda de cambios que retomó las banderas de los actores movilizados  en ese momento: Asamblea Constituyente, participación en la definición del  destino del gas, crítica al sistema de partidos, etc. En 2004 organizó el primer  referéndum en democracia, cuyo objeto fue definir la política energética; menos  de un año después de su éxito en la consulta también debió renunciar en medio de  movilizaciones que exigían nacionalizar la industria petrolera. Ese ambiente  tenso impidió que los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados  asumiesen la Presidencia de la República respetando el orden de sucesión  constitucional. Sus renuncias permitieron que Eduardo Rodríguez, presidente de  la Corte Suprema de Justicia, ejerciera la primera magistratura del país y  preparara la elección general anticipada.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Los comicios de 2005 tuvieron, por lo tanto, un carácter  inesperado para las fuerzas políticas. Se inició una campaña corta, intensa y  marcada por la incertidumbre. Al cabo de ella, surgieron resultados impensados  unos años atrás: el Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales consiguió la  mayoría absoluta de los sufragios, Poder Democrático y Social (Podemos) de Jorge  Quiroga ocupó un distante segundo lugar y varios de los partidos relevantes del  período previo ni siquiera presentaron candidatos. Se instauró así el primer  Gobierno monocolor de la democracia boliviana de los últimos veinte años,  dirigido por Morales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El objetivo del artículo es explicar los principales  resultados de la elección presidencial.<sup>1</sup> Para cumplir con ese  propósito, es necesario ofrecer el contexto general que antecedió la precipitada  convocatoria a elecciones, luego presentar las candidaturas que compitieron y  explicar el desarrollo de la campaña. Sólo con esos elementos es posible  comprender los resultados, analizados tanto en sus líneas generales como en su  distribución regional, sociológica y política.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>La elección anticipada de 2005 como respuesta a la grave crisis boliviana</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Después de la grave crisis económica, social y política que sacudió a Bolivia a  principios de los años ochenta, la elección de 1985 marcó un momento de  inflexión. Se trató de una elección de <i>realineamiento </i>(Martin, 2000) que  redefinió las políticas públicas y reconstruyó el sistema partidario por dos  décadas. En efecto, por un lado, el Gobierno de Víctor Paz impulsó una política  a contramano de la lanzada por la Revolución de 1952: promovió la iniciativa  privada, redujo el papel del Estado y apuntó a consolidar las instituciones  representativas. Estas líneas, junto con el multiculturalismo, constituyeron la  base de un consenso entre los principales actores políticos y sociales durante  veinte años (Romero Ballivián, 1995). Los Gobiernos sucesivos mantuvieron esa  orientación, por supuesto con matices distintos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Por otro lado, los resultados de 1985 estructuraron un  sistema de partidos que se articuló alrededor de tres actores: el Movimiento  Nacionalista Revolucionario (MNR), cuyo liderazgo fue asumido por Sánchez de Lozada, quien triunfó en tres elecciones (1989, 1993, 2002) y ejerció dos veces  la Presidencia (1993-1997; 2002-2003); Acción Democrática Nacionalista (ADN),  fundada por Hugo Banzer, ganadora de los comicios de 1985 y 1997, gobernante en  1997-2002; y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), que si bien no  ganó ninguna elección, desempeñó la Presidencia con Jaime Paz (1989-1993). Esos  partidos tuvieron un papel dominante, aunque debieron compartir la votación con  Conciencia de Patria (Condepa) y Unión Cívica Solidaridad (UCS), que a partir de  1989 recibieron el voto de los sectores insatisfechos con los resultados de la  política económica liberal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Las elecciones siguientes a la de 1985 se desarrollaron en  tiempos de «política normal», confirmando la tendencia dejada por los comicios  de ese año. Así, en 1997, Banzer mantuvo las políticas dejadas por sus  predecesores: respeto a la economía de mercado en un contexto de crecimiento,  proceso gradual de afianzamiento y reforma de las instituciones.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> No obstante, esa superficie lisa se resquebrajó a partir del  año 2000. Bolivia sintió el impacto de la crisis económica regional que contrajo  los niveles de crecimiento, aumentó el desempleo, y acentuó la insatisfacción de  grupos que figuraron entre los perdedores del viraje liberal. La legitimidad de  la economía de mercado, sustentada en sus rendimientos, quedó cuestionada a raíz  de unos años de crecimiento bajo e incluso de retroceso en el ingreso per cápita  del PIB (Gray Molina, 2005). Además, el Gobierno confrontó problemas sociales.  Abril de 2000 constituyó un momento de inflexión: Banzer capituló ante la  convergencia de bloqueos campesinos en el altiplano dirigidos por Felipe Quispe,  una revuelta popular en Cochabamba exigiendo la expulsión de la empresa  transnacional encargada del aprovisionamiento de agua potable y una huelga  policial que determinó el fracaso del Estado de sitio decretado para frenar los  dos primeros movimientos (García y otros, 2001). A partir de ese momento, y  durante por lo menos un lustro, el Estado se encontró a la defensiva frente a  conflictos cada vez más numerosos y violentos (Laserna, 2004). Los movimientos  sociales, sin tener una dirección unificada, varias veces hicieron coincidir sus  protestas para arrancar mayores concesiones. Por último, el armazón político se  debilitó. El Gobierno de Banzer coincidió con un incremento de críticas al  sistema partidario, percibido como privilegiado y excluyente. La sucesión de  pactos entre distintos partidos y la multiplicación de escándalos de corrupción  restaron legitimidad a los partidos, que debieron resignarse a perder el  monopolio de la representación y aceptar mecanismos de democracia directa.  Además, las críticas lanzadas contra el modelo económico y sus resultados  sociales golpearon al Estado y a los líderes encargados de su manejo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La renuncia de Banzer, obligada por razones de salud, abrió  un paréntesis con la llegada al Gobierno de su vicepresidente, Jorge Quiroga  (2001-2002). Un cambio en el estilo político, una elevada popularidad y el  inicio de la campaña electoral de 2002 generaron un clima social y político más  apaciguado.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Con estos ingredientes se celebró la elección presidencial de  2002, que incluyó elementos de continuidad así como rupturas significativas (Borth  y Chávez, 2003; Fundemos, 2002). Entre los primeros se destaca el triunfo  ajustado del MNR, otra vez encabezado por el ex presidente Sánchez de Lozada  (20,8 por ciento). Acompañado por el periodista Carlos Mesa, el jefe del MNR  defendió el balance de su primera administración. Si bien guardó un perfil bajo  con respecto a la capitalización de las empresas públicas (mecanismo de  privatización parcial que había elegido), propuso superar la crisis económica en  el marco del libre mercado, recuperar la autoridad del Estado y atacar la  corrupción. Igualmente, el MIR, dirigido por Paz, conservó el cuarto puesto de  la presidencial precedente (15,1 por ciento).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> A la vez, el escenario se halló modificado con el derrumbe de Condepa y UCS, los partidos críticos con el liberalismo en los años noventa  (Mayorga, F., 2002), el revés de la gobernante ADN (3,1 por ciento) y el ascenso  de partidos que canalizaron el descontento con el estancamiento económico, las  dificultades sociales y la crisis política de los años previos. El MAS, dirigido  por el líder de los cocaleros Evo Morales, ocupó el segundo lugar (19,4 por  ciento), un resultado inesperado para un movimiento que comenzó la campaña con  ambiciones modestas. Su jefe tuvo un discurso beligerante de defensa de la hoja  de coca, de denuncia de la capitalización y del imperialismo norteamericano. El  MAS pasó apenas por delante de Manfred Reyes Villa, de Nueva Fuerza Republicana  (NFR) (19,4 por ciento), que pretendió agrupar a los insatisfechos proponiendo  una renovación de líderes antes que de políticas. Por último, con un mensaje  aguerrido y de tintes étnicos, el Movimiento Indio Pachakuti (MIP) de Quispe  registró un nivel histórico para el katarismo (5,9 por ciento), reflejo del  rechazo del altiplano al liberalismo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El resultado indicó que los votantes tendieron a dividirse en  dos segmentos de peso más o menos equivalente: los relativamente satisfechos con  el balance de las políticas públicas de los quince años previos, agrupados  detrás del MNR, del MIR, de ADN e incluyendo ciertos segmentos de NFR, y los  descontentos, que votaron por el MAS, el MIP y en parte por NFR, además de  organizaciones pequeñas. Mientras que los primeros tuvieron relativamente bien  definidas sus opciones desde el inicio de la campaña, los otros pasaron de la  indecisión a la búsqueda del mejor candidato. Primero se inclinaron por Alberto  Costa Obregón de Libertad y Justicia, luego por Reyes Villa de NFR y en la recta  final se dividieron entre el jefe de NFR y Morales, del MAS.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Los comicios echaron por tierra los consensos dominantes  desde 1985: legitimidad indiscutida de la democracia representativa y primacía  de la economía de mercado, aunque los enfoques multiculturales se fortalecieron  en variantes que resaltaron la cuestión étnica (Loayza, 2004). Lejos de ser una  singularidad boliviana, la política andina se ha caracterizado en los últimos  años del siglo XX por el reforzamiento de las corrientes críticas respecto del  liberalismo económico, a veces también escépticas ante las instituciones de la  democracia representativa, y por el descrédito de los partidos gobernantes  (también denominados «tradicionales»). Así, si la década de los noventa  favoreció a los defensores de la apertura económica, a principios del siglo XXI  los comicios fueron ganados por los adversarios de esas ideas. La elección de  2002 pareció ir a contramano de ese movimiento, pero a pesar del triunfo de  Sánchez de Lozada la confianza en la economía liberal continuó declinando, y el  sistema partidario de alianzas se descompuso y dio paso a un sistema de  tendencias centrífugas y polarizadas, con visiones antagónicas sobre la  economía, la sociedad, la cultura y la política (Mayorga, R.A., 2004).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Sánchez de Lozada dirigió un Gobierno que incluyó al MIR y a  la UCS. Su segunda administración enfrentó problemas desde el inicio. Si en 1993  llegó con un porcentaje alto, una amplia legitimidad, una alianza social y  geográfica de envergadura, en 2002 triunfó con un marcador bajo, a pesar de la  férrea oposición de los principales centros del conflicto social y político de  los años precedentes, vale decir de las áreas de pequeña propiedad agrícola, las  regiones cocaleras, los barrios populares de las capitales del occidente y  centro del país. Su éxito tuvo un sabor paradójico, pues era uno de los  políticos más resistidos a raíz del proceso de capitalización: no gozó del  estado de gracia en ningún momento de su segundo período. La primera vez,  recibió un país que vivía tiempos de «política normal» y con crecimiento  económico; su segunda presidencia empezó en un estancamiento económico y  dificultades políticas y sociales. Luego, mientras que en 1993 el MNR era la  cabeza del Gobierno y sus aliados tenían escasos medios para presionarlo, la  segunda vez compartió el Gobierno con el MIR, un partido cuya talla no difería  significativamente de la suya. Su capacidad de dirección disminuyó y la  legitimidad de la alianza en la sociedad fue baja. Finalmente, en su primer  Gobierno, Sánchez de Lozada contó con un programa ambicioso y una cómoda mayoría  parlamentaria para ejecutarlo; en el segundo, propuso un plan de reacción ante  una crisis social, económica y política y su bancada no representaba ni un  tercio del total del Congreso.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Ambas gestiones también difirieron por causas externas. Ocho  años antes, el MNR tuvo como oposición al MIR y a la ADN, golpeados por la  derrota y con una visión del país que compartía numerosos aspectos con la suya.  En cambio, el MAS vivió su segundo lugar como una victoria, buscó federar otras  organizaciones políticas y sociales detrás suyo, no concibió su acción limitada  al Congreso y en casi todos los temas tomó concepciones opuestas a las del MNR.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> En febrero de 2003, para encarar el déficit fiscal, Sánchez  de Lozada aplicó un impuesto sobre los salarios que provocó un estallido de  violencia: fuerzas policiales amotinadas chocaron con militares, oficinas  públicas y comercios fueron asaltados. El saldo de víctimas superó la treintena  y dejó desarmado al Gobierno, impotente para aprobar sus instrumentos económicos  o satisfacer las demandas sociales, desprovisto de una agenda política. La  situación no mejoró con el ingreso de NFR a la coalición: la vasta mayoría  parlamentaria no se tradujo en puntos adicionales de legitimidad o en un  acercamiento con los sectores más movilizados; incluso se reforzó la vinculación  establecida entre pactos partidarios y «cuoteo» de cargos públicos (Costa y  Rojas, 2004).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> En septiembre de 2003 se encadenaron conflictos que  derivaron, el mes siguiente, en la renuncia de Sánchez de Lozada a la  Presidencia. En el altiplano se repitieron bloqueos; la intervención de las  fuerzas del orden provocó la muerte de campesinos, lo que exacerbó los ánimos en  la ciudad de El Alto, donde se produjeron las primeras manifestaciones y huelgas  urbanas, en las que se mezcló el repudio a la muerte de civiles, protestas  contra las medidas municipales de El Alto y la oposición a la venta del gas a  Estados Unidos a través de un puerto chileno, un plan que dirigentes sindicales  y de izquierda acusaban a Sánchez de Lozada de querer ejecutar. La situación  empeoró cuando al bloqueo de caminos se sumó la ruptura del aprovisionamiento de  gasolina en El Alto y La Paz por la acción de los manifestantes alteños.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La represión para restablecer el aprovisionamiento dejó un  balance trágico, con la muerte de decenas de personas en El Alto. El rechazo al  Gobierno aumentó y la movilización que se organizó de manera consistente en los  barrios de El Alto se reprodujo en otras ciudades así como en distritos mineros.  El conflicto desplazó la consigna de la protesta de la oposición a la venta del  gas a través de Chile, a la exigencia de la renuncia de Sánchez de Lozada. La  movilización encontró eco en sectores de clase media y, frente a la envergadura  de la represión, el vicepresidente Mesa rompió con el Gobierno.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Acorralado, debilitado y abandonado por sus socios políticos,  Sánchez de Lozada renunció. Su vicepresidente, Carlos Mesa, fue proclamado  presidente. El desenlace redujo la tensión: las medidas de presión fueron  levantadas, la calma retornó al país. Sin embargo, las jornadas marcaron un  profundo cambio de rumbo en la política.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La caída de Sánchez de Lozada resquebrajó el modelo que  encarnó: supremacía de la economía de mercado con presencia del capital  extranjero, democracia representativa con un papel central de los partidos, y  participación activa de los tecnócratas en las políticas públicas. En cambio,  ganaron legitimidad las tesis que exigían un papel activo del Estado en la  economía y el final del monopolio partidario para la representación, y se  exaltaron modos de participación y de acción alejados de la democracia  representativa. Este conjunto heterogéneo de ideas, algunas de las cuales, como  el nacionalismo económico, se enraízan en una historia larga (Laserna, 2004), no  plasmó de manera íntegra en la administración del nuevo Gobierno, pero influyó  en su conducta y en el comportamiento de otros actores. En efecto, Mesa se  comprometió a organizar un referéndum sobre la política energética, a convocar  una Asamblea Constituyente y a replantear la Ley de Hidrocarburos. Además,  señaló que gobernaría sin partidos, disolviendo de hecho la coalición que  sustentó a su antecesor.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Mesa se apoyó en una elevada popularidad que provino de la  ruptura con Sánchez de Lozada, una apertura a las demandas que se cristalizaron  en octubre de 2003, la habilidad para transmitir su mensaje y su decisión de  prescindir de los partidos, desgastados ante la opinión pública. Sólo el MAS,  opositor a los Gobiernos liberales, salió intacto de los aprietos que sufrió el  sistema de partidos tras los sucesos de octubre de 2003.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Para asentar su legitimidad, Mesa convocó una consulta  popular para definir la política energética.<sup>2</sup> Era el primer  referéndum en Bolivia en más de setenta años, ponía a prueba uno de los  mecanismos de la democracia directa recientemente adoptados y abordaba uno de  los asuntos más polémicos de los años precedentes. Pese a ello, los partidos se  mostraron desinteresados –con excepción del MAS que militó por el «sí» en las  tres primeras preguntas y por el «no» en las dos últimas, dejando una huella  sobre la geografía del referéndum–. El Gobierno se encontró casi sin contendores  al frente y obtuvo el «sí» en las cinco preguntas. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Sin embargo, en pocas semanas, el Parlamento rechazó los  proyectos de ley gubernamentales, pretextando una interpretación correcta de las  respuestas afirmativas. El Congreso elaboró una norma propia, bajo la dirección  del MAS, incrementando los impuestos y obligando a las empresas transnacionales  a adecuarse a la nueva ley. La pérdida de control de la agenda política por  parte del Gobierno y de la definición de los ejes de la Ley de Hidrocarburos se  produjo como consecuencia de la popularidad de la idea de nacionalización en la  opinión pública. Los parlamentarios, aunque representaban a partidos en crisis,  desbordaron al Gobierno, pues sintonizaban la aspiración popular. Así, la  victoria en las urnas ni afianzó de manera durable la legitimidad del Gobierno  ni le permitió diseñar la política energética del país, lo que debilitó al  Presidente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Las elecciones municipales de diciembre de 2004 constituyeron  un breve paréntesis en un ambiente tenso.<sup>3</sup> Ellas se distinguieron por  la novedosa participación de más de 450 agrupaciones ciudadanas, que en la  práctica funcionaron como partidos políticos locales (la municipal de 1999 fue  disputada por menos de 20 partidos). Aunque con menos del 20 por ciento del  voto, el MAS se impuso, avanzó de manera considerable con respecto a 1999,  apareció como la única fuerza de alcance nacional, mientras que los partidos  «tradicionales» (MNR, MIR, ADN, UCS) retrocedieron y perdieron a muchas de sus  figuras, que prefirieron concursar con una agrupación ciudadana propia. Quedó la  impresión de un paisaje político nacional fragmentado, si bien localmente la  concentración del voto fue el rasgo dominante.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> En el primer semestre de 2005 el Gobierno fracasó en su  intento de recuperar la iniciativa, pues encontró resistencia en el Parlamento,  en los sectores sindicales y en los movimientos sociales que presionaban para  satisfacer sus demandas aprovechando el debilitamiento del Estado. Estos grupos  reforzaron su poder, pero esa influencia no fue de la mano de una unificación de  organizaciones dispares en su estructura, sus fines y tácticas. Por último, a  medida que el juego partidario perdía consistencia, la cuestión regional,  siempre presente (Calderón y Laserna, 1985; Roca, 1999), generó nuevas y  profundas líneas de conflicto. Molestas con el activo papel del MAS en la  definición de la política energética, con la actitud ambigua del Gobierno frente  a las empresas petroleras y con la desatención a sus demandas, las instituciones  de Santa Cruz enarbolaron la bandera de la autonomía departamental. Presionado  por este movimiento, Mesa anunció a inicios de 2005 la convocatoria a una  inédita elección de prefectos departamentales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La situación se complicó cuando la discusión sobre la Ley de  Hidrocarburos ingresó en su fase final: los parlamentarios insistieron en  aprobar una versión que disgustaba al Gobierno, mientras que la movilización  popular exigía la nacionalización, pero sin respaldar al Congreso. La posición  gubernamental se debilitó cuando Mesa anunció su renuncia. Los bloqueos en La  Paz, los cortes en el suministro de gas, las amenazas de varios sectores  sociales generaron otra vez una situación tensa: el Congreso, reunido en Sucre,  decidió dar curso a la sucesión constitucional. Sin embargo, ni el presidente  del Senado, Hormando Vaca Díez, ni el de la Cámara de Diputados, Mario Cossío,  asumieron la Presidencia. Ambos renunciaron a su derecho pues la ciudad de Sucre  se encontró bloqueada por mineros y campesinos decididos a impedir que miembros  de la antigua coalición de Gobierno ejercieran la Presidencia. Así se allanó el  camino para que Eduardo Rodríguez, Presidente de la Corte Suprema de Justicia,  sucediera a Mesa (junio de 2005).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Rodríguez organizó su gabinete sin figuras partidarias para  asegurar la neutralidad de su administración en la tarea que le fijaba la  Constitución: organizar nuevos comicios presidenciales y dirigir un Gobierno de  transición. Sin embargo, existía un amplio consenso en el país en torno a que la  elección no podía limitarse a elegir un Presidente únicamente para completar el  período constitucional y que más bien se necesitaban comicios generales que  permitiesen conocer las expectativas de la ciudadanía y establecer nuevas  correlaciones de fuerza política. El Parlamento modificó la Constitución en ese  sentido y sólo después Rodríguez convocó a la elección general para diciembre de  2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Los partidos y las candidaturas</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La elección de 2005 llegó de manera precipitada, pero los principales candidatos  eran conocidos de antemano. Morales, Quiroga o Samuel Doria Medina, que  comenzaron con los puntajes más altos en las encuestas, habían tenido un papel  relevante en la política de los últimos años.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La presencia de Evo Morales era aguardada. Nacido en 1959 en  una pequeña y pobre comunidad campesina, Morales emigró a inicios de los años  ochenta al Chapare, nueva área de cultivos de coca. Escaló todas las posiciones  en el sindicalismo cocalero, convertido en un referente del movimiento popular y  en la base de una nueva organización política: el MAS. En 1997 salió elegido  diputado y en 2002 consiguió el segundo lugar en la presidencial. Su partido se  desempeñó como principal fuerza opositora a Sánchez de Lozada y jugó un papel  activo durante la gestión de Mesa, alternando una línea conciliadora y crítica.  Morales eligió como acompañante de fórmula a Álvaro García Linera, un  intelectual de izquierda que comenzó en las filas del Ejército Guerrillero Tupac  Katari (EGTK) y luego adquirió notoriedad gracias a sus intervenciones como  destacado analista político y social en la televisión.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Tampoco llamó la atención la candidatura de Quiroga,  proveniente de una familia acomodada (1960). Graduado como ingeniero en Estados  Unidos, hizo una rápida carrera que lo llevó al Ministerio de Finanzas, a la  Vicepresidencia con Banzer (1997) y finalmente a la Presidencia (2001-2002).  Aunque al finalizar su Gobierno se instaló en Estados Unidos y conservó un  perfil bajo, había concluido su gestión gubernamental con popularidad y su  figura era respetada por los defensores de la economía de mercado. Su ingreso a  la campaña no se hizo de la mano de ADN, partido del cual era jefe; optó por  defender los colores de Podemos, una alianza de agrupaciones ciudadanas. Lo  acompañó María René Duchén, una de las presentadoras de noticias más conocidas  del país.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Doria Medina (1958) alternó actividades privadas y públicas.  Construyó una de las fortunas más importantes del país como propietario de la  Sociedad Boliviana de Cemento (Soboce) y, al mismo tiempo, contaba con una  amplia trayectoria: fue ministro de Planeamiento (1991-1993) y acompañante de  fórmula de Jaime Paz en 1997, antes de preparar un proyecto propio, el partido  Unidad Nacional (UN). Intervino con frecuencia en los principales debates  alternando un mensaje de apoyo y otro de crítica frente al Gobierno de Mesa.  Para acompañarlo, eligió a Carlos Dabdoub, ex ministro y ex parlamentario,  convertido en uno de los portavoces del movimiento regionalista en Santa Cruz.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> En una situación distinta se encontraron los poderosos  partidos de 2002: el MNR, NFR y el MIR. Para el MNR, la elección se presentó en  condiciones difíciles, pues atravesaba una aguda crisis y sus figuras no estaban  en condiciones de competir. La designación de Michiaki Nagatani constituyó una  sorpresa. Descendiente de una familia japonesa instalada en una colonia agrícola  de Santa Cruz (1959), el candidato no militaba en el MNR, tenía escasa  experiencia política y su designación fue cuestionada en la misma organización.  Como vicepresidente se incluyó a una de las figuras históricas del partido,  Guillermo Bedregal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El MIR y NFR, conscientes de sus limitadas posibilidades en  la elección general, escogieron un camino novedoso: sus jefes apostaron a la  elección prefectural. Paz se presentó como candidato en Tarija y se opuso a una  candidatura presidencial del MIR, consiguiendo que Vaca Díez retirara su  postulación. Promovió un acercamiento con Podemos que permitió que en las listas  parlamentarias se incluyese a líderes del MIR. Por su parte, Reyes Villa aceptó  que NFR participara en la contienda presidencial con la candidatura de Gildo  Angulo, un militar nacionalista, sin militancia en el partido y que desarrolló  una retórica propia. Al postular como prefecto de Cochabamba, Reyes Villa selló  la suerte de NFR en la elección general: concentró los recursos económicos y  logísticos del partido en la lucha regional y se desinteresó de la actuación de  Angulo.     <br> De los restantes cuatro partidos, sólo el MIP tenía experiencia electoral.  Volvió a postular a la Presidencia a su jefe, Quispe, dirigente campesino con  una extensa carrera política, fundador del EGTK y máximo dirigente de la  Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia. El candidato  no entraba en las mismas condiciones que en 2002, pues su liderazgo en el  altiplano se había erosionado y su poder de convocatoria había declinado.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> De la presentación de los candidatos, se extraen varias  conclusiones. La primera es el debilitamiento del entramado de partidos que  definió uno de los rasgos del sistema político durante dos décadas. El MIR se  presentó sólo en la elección prefectural, ADN fue excluida de Podemos aunque le  prestó numerosos cuadros, UCS se mantuvo al margen de las dos contiendas, apenas  el MNR defendió sus colores en la presidencial y en las prefecturas. El  debilitamiento fue más allá de ese dato, a diferencia de comicios pasados, a la  elección llegaron los partidos poco armados, con excepción del MAS. Antes que un  mecanismo bien articulado, Podemos constituyó una galaxia laxa de grupos y  personalidades provenientes de ADN, del MIR, del MNR y de hombres próximos a  Quiroga. UN tampoco logró dotarse en su corta existencia de un aparato sólido.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Por ello se puede hablar de una cierta renovación de  candidaturas: por un lado, sólo Morales había competido en una presidencial, por  otro lado, ninguno de los cuatro primeros candidatos había cumplido cincuenta  años. Resalta la diferencia con los comicios previos por la ausencia de las  figuras más conocidas del período precedente. El cambio generacional se extendió  a las listas parlamentarias: con excepción de Podemos, que incorporó a numerosos  dirigentes de las viejas tiendas políticas, los partidos buscaron en general  rostros nuevos y el Congreso elegido tuvo uno de los promedios de edad más bajos  de la historia democrática. En esa renovación generacional convergió tanto el  final de un ciclo como la voluntad de ofrecer figuras novedosas a un electorado  que pedía cambios.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Por último, se mantuvo la influencia de los medios de  comunicación en la proyección de liderazgos: a pesar de sus disímiles  características, García y Duchén debían en buena medida su presencia en las  candidaturas vicepresidenciales a su trayectoria en la televisión. Este rasgo  también se dio en las listas parlamentarias.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Una campaña electoral corta y accidentada</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Normalmente, la elección general da lugar a una larga e intensa campaña, pero la  de 2005 tuvo rasgos poco habituales: su convocatoria anticipada impidió a los  partidos una larga planificación y los obligó a intervenir rápidamente, lo que  favoreció a los mejor estructurados. Se trató de una campaña corta y, además,  accidentada: durante más de un mes estuvo dominada por la disputa sobre la  asignación de escaños que le correspondía a cada departamento. Recién en la  recta final, ya zanjada la disputa por los escaños, en la que los principales  partidos y candidatos tuvieron un papel secundario, toda la atención se volcó a  la campaña.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La campaña tuvo dos temas centrales alrededor de los cuales  se organizó la estrategia de las organizaciones: uno fue la continuación del  modelo de desarrollo; el otro, la renovación política.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Después de veinte años de aplicación de los principios  económicos liberales y del éxito político de sus defensores, la elección de 2005  constituyó el momento de un nuevo balance que ocurría en un ambiente marcado por  la renuncia de Sánchez de Lozada y por una fuerte corriente de nacionalismo  económico. La nacionalización de los hidrocarburos era respaldada por 77,7 por  ciento de los encuestados: en esas condiciones, ningún candidato hizo una  defensa abierta del liberalismo y, salvo el MNR, nadie prescindió del término  «nacionalización».<sup>4</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Sin embargo, detrás de esa fachada aparentemente uniforme, se  pueden distinguir por lo menos dos campos. En el primero se alinearon los  defensores del trabajo efectuado por el Estado desde hacía dos décadas, de la  necesidad de incentivar la inversión extranjera, de proteger los contratos  firmados con las compañías petroleras, de suscribir el Tratado de Libre Comercio  con Estados Unidos. En el segundo se agruparon los críticos de las medidas  públicas adoptadas desde 1985, exigiendo un papel activo del Estado en asuntos  socioeconómicos, desconfiados de la apertura comercial y proponiendo la  nacionalización del petróleo. Se trataba de un enfrentamiento de visiones sobre  el destino del país por un largo período.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El modelo político, basado en coaliciones gubernamentales,  pareció agotarse en 2003, siguiendo las pautas de un proceso que se observó  también en otros países latinoamericanos. La renovación política constituyó un  elemento común, cada candidatura trató de representarla. Los matices se dieron  por el grado de ruptura ofrecido por los partidos: unos mostrándose como un  cambio completo, otros insistiendo en la posibilidad de conjugar renovación con  el rescate de las prácticas positivas del ayer.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El MAS se colocó como el abanderado del cambio. Por un lado,  criticó los resultados de las medidas liberales, acusadas de debilitar el  Estado, de generar pobreza y corrupción, de favorecer a los intereses  extranjeros y a las elites. Señaló las deficiencias de las políticas recientes e  insistió en que su propuesta dejaría atrás males crónicos del país: la  discriminación, la desigualdad, la exclusión, cuyos orígenes debían encontrarse  en épocas anteriores a la ejecución de políticas liberales. Acompañó ese  discurso con la promesa de renovar de forma completa la política: sus  principales dirigentes nunca habían administrado el Estado, al cual más bien  combatieron, y prometieron llevar adelante la Asamblea Constituyente para  rediseñar las bases del país. Al mismo tiempo, se presentó como el partido que  permitiría que por primera vez gobernaran los sectores populares, definidos  menos en términos de clase que étnicos (al asumir la candidatura  vicepresidencial, García señaló que su objetivo era «apuntalar al primer  Presidente indígena de Bolivia y del continente»<sup>5</sup>). Morales, venido  de una aislada comunidad campesina del altiplano, sin estudios universitarios,  forjado en la lucha sindical, constituyó el símbolo de ese cambio.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Al frente, Podemos ofreció continuar las labores realizadas  por el Estado aunque prometió mejoras sociales y una más justa distribución de  los ingresos del gas. Polarizó la contienda con el MAS, acusándolo de copiar el  modelo venezolano. Repitió un ejercicio similar en el tema de la renovación  política: Quiroga había ejercido como Presidente, por lo que procuró subrayar  que sus prácticas políticas eran distintas de las tradicionales y que gobernaría  sin los aparatos partidarios. También se comprometió a organizar una Asamblea  Constituyente e incluso presentó un proyecto de Constitución con reformas de  corte político (segunda vuelta, elección directa de concejales, autonomías  departamentales).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Entre ambos, intentó ubicarse UN. Propuso un modelo de  desarrollo económico distinto y optó por una vía ligada a la trayectoria  profesional de su candidato. Doria Medina atacó a las compañías petroleras  extranjeras, pero a la vez defendió a la empresa boliviana y destacó su  importancia como generadora de empleos. Asimismo, buscó presentar un proyecto  renovador, al amparo de una sigla nueva, capaz de ocupar un lugar en el centro  de la política, intentando empujar a los extremos al MAS y a Podemos. Durante la  campaña recalcó que ocupaba un tercer lugar cercano al de los dos favoritos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El desafío era más difícil para el MNR o para NFR,  organizaciones identificadas con lo que se percibía como «política tradicional».  Eligieron estrategias distintas. Si bien la ambición del MNR era modesta  –conservar su personalidad jurídica y lograr una bancada parlamentaria pequeña–,  tenía a favor suyo una presencia nacional de más de medio siglo. No rompió con  el legado liberal que contribuyó a construir, pero Nagatani mostró una de las  caras nuevas de la elección y eludió los debates de la campaña, insistiendo en  la necesidad de preservar el Bonosol y el Seguro Universal Materno Infantil,  medidas sociales de los Gobiernos del MNR. Al revés, NFR escogió como candidato  a Gildo Angulo, un ex militar que criticó el liberalismo y defendió posturas  nacionalistas, a contramano de la participación de NFR en la última gestión de  Sánchez de Lozada.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El verdadero punto de partida de la campaña electoral se dio  con la inscripción de las candidaturas. La carrera empezó de manera desfavorable  para Podemos, cuyas listas parlamentarias incluían a dirigentes del MIR, del  MNR, de NFR. La decisión, motivada probablemente por el deseo de contar con un  armazón político que la agrupación no poseía por sí misma, se reveló costosa en  términos de opinión pública. La prensa criticó el «transfugio» y las listas  contradijeron la voluntad de Quiroga de encarnar la renovación política: Podemos  pareció el refugio de un sistema partidario cuestionado. Esa imagen no se  revirtió ni siquiera cuando Podemos consiguió que muchos de los candidatos  provenientes del MIR y del MNR dejasen sus postulaciones. El impacto de las  renuncias fue menor al generado por la presentación de las nóminas y al mismo  tiempo el alejamiento de esos políticos experimentados dejó aún más endeble la  estructura de Podemos, pues sus reemplazantes llegaron para la recta final de la  campaña y a menudo con corta experiencia en las competencias electorales. UN fue  afectada en menor medida por el mismo tema. En cambio, las listas del MAS  pasaron desapercibidas, pues casi no incluían dirigentes provenientes de otros  partidos e incluso las postulaciones para la reelección de sus parlamentarios  fueron escasas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La ventaja inicial que mostraban las encuestas a favor de  Quiroga desapareció tras la presentación de las listas. A partir de ese momento,  los estudios de opinión coincidieron en señalar a Morales como favorito y a  Doria Medina con una tendencia declinante.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La campaña se interrumpió al poco tiempo por una sentencia  del Tribunal Constitucional, solicitada por la brigada de Santa Cruz, que  rechazó que la elección se realizara con la asignación de escaños resultante del  Censo de 1992. El Tribunal ordenó un nuevo reparto de acuerdo con los datos del  Censo 2001. Ese fallo colocó el centro de la discusión en el Parlamento, donde  chocó la brigada de Santa Cruz, que exigía incrementar su representación, con  las de los departamentos del occidente, que se resistían a perder diputaciones.  Las negociaciones fracasaron, generando un ambiente tenso e incierto, más aún  porque se percibía en los congresistas un intento de suspender los comicios. Los  partidos asumieron un perfil discreto, deseosos de no perder apoyos regionales,  aunque coincidieron en exigir una rápida decisión congresal.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Ante la falta de soluciones en el Parlamento, la Corte  Electoral indicó que no podía proseguir con la organización de los comicios pues  necesitaba conocer la cantidad de diputados por región para sus tareas  logísticas. Eduardo Rodríguez intervino y aprobó un decreto que aumentaba los  escaños para Santa Cruz (3) y Cochabamba (1), restando a La Paz (2), Oruro (1) y  Potosí (1). Al mismo tiempo fijó la elección para el 18 de diciembre, dos  semanas después de la fecha inicialmente prevista. La decisión gubernamental fue  saludada como una adecuada respuesta al problema.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> Resuelta la crisis, la atención se reencausó hacia la campaña  electoral, que se intensificó en los medios de comunicación. La radio y la  televisión continuaron siendo elementos centrales en las ciudades. En las zonas  rurales, su importancia fue menor y las campañas siguieron pautas más  tradicionales, exigiendo un compromiso mayor de las estructuras partidarias.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> El debate fue más bien escaso: no sólo porque Morales,  Quiroga y Doria Medina no coincidieron en ningún encuentro sino porque la  contraposición de argumentos fue limitada. Los partidos apostaron a los modelos  que encarnaban y que los electores sintieron distintos: un 50 por ciento de los  encuestados pensaba que las ideas de Morales y de Quiroga sobre el país eran  «muy diferentes». Esa táctica perjudicó a UN que tenía una identidad menos  nítida que el MAS o Podemos. Ello también explica que parte del interés de los  medios se centrase en la «guerra sucia» (ataques entre candidatos a través de <i> spots</i>), dejando de lado cuestiones ligadas al debate.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> <b>Resultados</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"> La elección ofreció cinco grandes resultados: un repunte de la participación;  una victoria de proporciones históricas por parte del MAS, ganador en los  departamentos de La Paz, Oruro, Potosí, Cochabamba y Chuquisaca, con un  significativo progreso con respecto a los comicios de 2002; un segundo lugar  incómodo para Podemos, triunfador en Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija; el  discreto nacimiento de UN; el fracaso de los partidos «tradicionales», que  sufrieron pérdidas con respecto a la elección precedente, y el papel marginal de  los otros partidos, desprovistos de apoyos significativos (v. <a href="#mapa">mapa</a>).</font></p>      <p align="center"><a name="mapa"> <img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v24n65/art02mapa1.jpg" width="429" height="472"></a></p>      
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El <a href="#mapa">mapa</a>  anterior muestra la existencia de dos bloques territoriales de tallas próximas, en tanto que las estadísticas exhiben una considerable ventaja para el MAS: esa diferencia se explica porque la mayor concentración de inscritos se encuentra en las ciudades y en las zonas occidentales y centrales del país, donde Morales triunfó con holgura. Los principales resultados se encuentran en el <a href="#cua">cuadro</a>  en la página siguiente.</font></p>     <p align="center"><a name="cua"> <img border="0" src="/img/fbpe/cdc/v24n65/art02cuadro.jpg" width="509" height="317"></a></p>     
<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El análisis de la elección tendrá dos fuentes centrales de información: por un lado, las estadísticas oficiales de la Corte Nacional Electoral, y por otro, los datos de la encuesta que la empresa Equipos Mori ejecutó para esa institución en las semanas precedentes a los comicios a nivel nacional.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>La participación, el padrón  electoral y la depuración</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Desde el punto de vista de la participación, la elección de 2005 multiplica las  paradojas: por primera vez votaron más de tres millones de personas, el  porcentaje de 84,5 por ciento fue el más elevado de los últimos veinticinco años  y es uno de los más altos del continente, pero el asunto de las «depuraciones»  del Padrón Nacional Electoral desbordó el ámbito técnico para ingresar al  político cuando el MAS se refirió a ellas para atacar con dureza al organismo  electoral.<sup>7</sup></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El padrón informatizado, creado en 1991, constituyó uno de  los avances significativos en la organización de elecciones en el país. Su punto  débil fue, sin embargo, la falta de un adecuado mecanismo de depuración de  fallecidos y emigrantes, lo que creó una base de registros cada vez más ampulosa  y menos exacta, que se traducía en una abstención «artificial» más pesada de  elección en elección (Romero Ballivián, 2003a:419). En 2004, sin desacuerdos, el  Parlamento reformó el Código Electoral y dispuso que los ciudadanos que no voten  en una elección sean depurados, lo que suprimía de los registros a los cientos  de miles de muertos y cientos de miles de emigrantes definitivos, admitiendo que  quienes no sufragaron estando en el país pudiesen reinscribirse para el próximo  proceso electoral sin penalización.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Esa disposición se ejecutó luego de la elección municipal de  2004 y fue seguida de dos procesos de inscripción ciudadana –uno para la  elección de prefectos, otro para la elección general–, en los cuales se registró  cerca de un millón de personas. El padrón quedó conformado por 3.671.152  inscritos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La modificación del método de depuración estableció una base  más confiable. Sin embargo, esta ventaja tropezó con la dificultad de que  cientos o tal vez miles de ciudadanos –ninguna estimación tendría una base  seria– no acudieron a reinscribirse, por lo tanto no pudieron sufragar y a  menudo protestaron cuando en las mesas electorales les informaron ese  impedimento.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La depuración de las personas que no votaron en los comicios  previos explica, en buena medida, el muy elevado nivel de participación  observado en los de 2005. En efecto, al eliminar del padrón a cientos de miles  de fallecidos y emigrantes, reflejó de una manera precisa la asistencia de los  inscritos que viven en el país, sin desconocer el impacto específico de la  coyuntura para el récord de participación. La ciudadanía atribuyó a la  presidencial un valor especial, pues el país había atravesado años de tensión,  administrado por Gobiernos que tuvieron duraciones cortas: los comicios  generales fueron vistos como útiles y como la oportunidad para definir el nuevo  rumbo de Bolivia. Para retomar una expresión de André Siegfried, se trató de una  «elección de combate», en la cual se eligen orientaciones fuertes y las  organizaciones se comprometen activamente con las metas programáticas, lo que  suele establecer picos de participación frente a las «elecciones de  apaciguamiento».</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La participación electoral se distribuyó siguiendo una lógica  social y sobre todo política. En la primera, jugaron los factores estructurales  que la favorecen, vale decir la existencia de mejores condiciones de vida, de  amplia difusión del castellano, de acceso a la información política y de mayor  densidad de los medios de comunicación. Así, las ciudades se mantuvieron como  los lugares con menor abstención.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La participación electoral puede ser estudiada de una manera  precisa gracias a los «listados índice» que se utilizan en cada una de las mesas  electorales. El primer dato relevante es la participación femenina, ligeramente  superior a la masculina. No se trata de una situación habitual, pues en la  mayoría de los países los hombres participan más; sin embargo, corresponde con  un cambio de fondo que se ha producido en los procesos electorales recientes: en  la fase de inscripción, las mujeres se registran más que los varones y la brecha  favorable al sexo masculino se ha reducido; en 1997 los hombres constituían el  54,2 por ciento de los inscritos, en 2005 representaron el 51,4 por ciento.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Empero, no se trata de un comportamiento homogéneo en todo el  país. Las capitales y ciudades se singularizaron por la mayor votación femenina,  reflejando que se han convertido en los espacios de mayores oportunidades para  las mujeres, brindándoles posibilidades de continuar sus estudios y de ocupar  puestos en el aparato público o en el sector moderno de la economía, con  importantes campañas para la igualdad de géneros. Estas características han  repercutido en la participación electoral femenina. En las zonas rurales, donde  perviven tradiciones que restringen el acceso a la escuela o al trabajo  asalariado, las mujeres acuden menos a sufragar.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por rangos de edad, la participación mostró un rostro más  típico, con jóvenes menos participativos, con un pico entre adultos y un  descenso entre los ancianos, aunque en todos los grupos la abstención fue  inferior al 20 por ciento. Es una distribución acostumbrada en otros países y ya  comprobada en Bolivia (cfr. España, 2005:82). Si bien los jóvenes recién  inscritos se mostraron entusiastas (el 84 por ciento de participación entre los  inscritos de 18 a 21 años), la participación tuvo su punto menor entre los  registrados de 22 a 30 años (83,7 por ciento). Desde ese nivel, la concurrencia  a las mesas de votación subió de manera paralela a la edad, partiendo del 86,5  por ciento (31 a 40 años) hasta alcanzar el 89,9 por ciento (de 66 a 70 años),  para luego descender entre los mayores de 70 años (84,4 por ciento). Aquí, la  abstención siguió un patrón clásico. Los grupos con mejores niveles de  integración en la vida económica, social y política votan más: es el caso de los  adultos, económicamente activos, miembros de organizaciones sociales, con  ejercicio de responsabilidades en muchas áreas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La participación electoral no se explica sólo por razones  sociológicas, influyen asimismo los resortes políticos. Hubo una división del  país: las regiones occidentales y centrales acudieron a las urnas en una  proporción mayor que el este y el sur. En los últimos años, la iniciativa  política se concentró en las tierras altas: allí se produjeron las  movilizaciones que forzaron las renuncias de dos Presidentes, los sectores  populares organizados exhibieron su poder logrando concesiones y definiendo la  agenda política (Asamblea Constituyente, nacionalización de los hidrocarburos,  redefinición del modelo económico, etc.). La politización y el sentimiento de  fuerza que generaron esos procesos favorecieron la participación, más todavía  cuando Morales, el candidato preferido de la región, tenía perspectivas serias  de imponerse. Se trataba de una situación novedosa, pues a partir de 1985 los  movimientos de izquierda, influyentes en el occidente, no habían conseguido  rivalizar con el MNR y ADN. Los centros de mayor actividad política del país  registraron niveles de participación muy elevados; incluso se superó el 88 por  ciento en municipios altiplánicos o en los distritos mineros.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A la inversa, en las regiones inclinadas por los partidos  tradicionales, la asistencia se situó por debajo de la media nacional. El  ambiente político, social y económico se encontraba influido por ideas poco  implantadas en la región: hubo un retraimiento frente a la evolución política  nacional, no siempre aceptada o compartida, agravado por los problemas de  liderazgo en los partidos que ejercieron el Gobierno y que tenían una posición  dominante en la zona, y por los ataques al modelo de desarrollo local basado en  la iniciativa privada y la inversión extranjera. A menudo, en los baluartes del  MNR o de ADN, la participación, si bien alta, quedó por debajo del 80 por  ciento. Los votantes ratificaron las preferencias anteriores, pero las dudas se  expresaron a través de una participación menor a la media nacional y a través de  un incremento de los sufragios blancos.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Exceptuando cuatro municipios, entre las presidenciales de  2002 y de 2005, la participación aumentó en todo el país, pero los desiguales  niveles de evolución tuvieron un impacto político que benefició al MAS. De los  25 municipios en los cuales más creció la asistencia electoral, 19 fueron  ganados por Morales. En la otra punta, más de la mitad de los municipios de Beni,  bastión de Podemos, registró una mejoría de la participación inferior al  promedio nacional, en tanto que en el área rural de Cochabamba, corazón político  del MAS, se combinaron con frecuencia porcentajes mayores al 70 por ciento para  Morales y ganancias en la participación de más de 15 puntos. En una medida  modesta, esta evolución ayuda a explicar el amplio triunfo del MAS.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>La histórica victoria del MAS</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El MAS obtuvo una victoria de características inéditas: por primera vez en  cuarenta años un candidato obtuvo la mayoría absoluta de los sufragios válidos,  superó con casi 15 puntos el mejor desempeño electoral desde el retorno a la  democracia, aumentó su caudal electoral en más de 30 puntos con respecto a su  votación precedente; un progreso sin equivalentes en el último cuarto de siglo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El triunfo del MAS se nutrió de una lógica política y una  lógica socioeconómica que se reforzaron mutuamente. En política, el MAS encarnó  la renovación. Si bien se percibía una erosión de la legitimidad de los  partidos, los años previos a los comicios llevaron a un descrédito profundo de  los políticos que ejercieron el Gobierno. La caída de Sánchez de Lozada fue  interpretada como el final de una «democracia pactada», percibida como  pervertida por pactos guiados por intereses particulares; la gestión de Mesa  cristalizó el rechazo a los partidos tradicionales; por último, durante el  Gobierno de Rodríguez, las acciones tendentes a postergar las elecciones  acentuaron el malestar con el Parlamento, dominado por figuras del MNR, MIR y  NFR. El análisis no puede excluir la consideración del contexto andino: en  Bolivia también se notó el impulso favorable para los actores que cuestionaron  el funcionamiento del sistema político, y el desempeño estatal que permitió el  triunfo de candidatos forjados lejos de los partidos tradicionales en un  contexto de insatisfacción creciente con la democracia y de escepticismo  respecto de las virtudes de la libre empresa (Zovatto, 2005:13-29).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El MAS se presentó como una opción renovadora. Nunca dirigió  un Gobierno ni participó en una coalición, no controló el Parlamento, sus  líderes tampoco tuvieron cargos ejecutivos en el Estado y más bien se  presentaron como víctimas del sistema político. Incluso Morales consiguió limar  los aspectos más conflictivos de su trayectoria, que lo asociaban con momentos  de tensión, para proyectar la imagen de «un líder con todos los atributos de un  rebelde, pero ninguno de sus defectos» (Molina, 2006:75). Además, fue el único  candidato que sacó provecho de la campaña, pues logró que la opinión que los  votantes tenían de él mejorase (+15,5 puntos),<sup>8</sup> en tanto que Quiroga,  Doria Medina y Nagatani retrocedieron.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">De forma paralela, la reducción de las tasas de crecimiento y  el ambiente social deteriorado minaron la confianza en la economía de mercado a  la vez que alentaron el resurgimiento del nacionalismo económico. El referéndum  sobre la política energética convocado por Mesa ayudó a dar cuerpo a esas  tendencias, hasta ese momento difusas, y consolidó el deseo de reconstruir un  Estado interventor. Todos los partidos que tuvieron un papel fundamental en el  Estado en el período 1985-2005 contribuyeron a las políticas económicas  liberales, lo que dejaba a Morales la vía libre para encarnar un proyecto  alternativo, pues había sido un crítico del neoliberalismo y un defensor de la  nacionalización de los hidrocarburos. Contaba asimismo con una historia de  enfrentamientos con los Estados Unidos que si bien tenían una raíz en la defensa  de la coca, le daban credenciales antiimperialistas, valiosas para respaldar su  nacionalismo económico. De manera más general, jugó con la posibilidad de  introducir amplios cambios, de reducir las desigualdades y la marginalidad de  sectores habitualmente relegados, en especial de las zonas rurales. Además, en  estas regiones Morales se convirtió en el primer dirigente sindical con  posibilidades reales de acceder a la Presidencia, lo que acrecentaba las  expectativas, alentadas por las promesas de favorecer a los campesinos y  promover una democracia participativa.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La fuerza y la habilidad del MAS estuvieron en la capacidad  de monopolizar la idea de transformación política, económica, cultural y social,  en un contexto de demandas de cambio. Si bien es difícil separar el impacto de  cada una de las propuestas, ellas tuvieron influencias diferentes según las  categorías del electorado: en los grupos medios el interés se dirigió más hacia  las cuestiones políticas, en los sectores empobrecidos hacia las promesas  socioeconómicas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La primera característica de la votación del MAS es su  asentamiento rural. Sus mejores actuaciones se dieron en los municipios que  constituían la columna vertebral del MAS desde sus inicios, vale decir el área  rural de Cochabamba y las zonas próximas a esa región. La continuidad se puso de  manifiesto en el coeficiente de correlación que unió las votaciones de 2002 y  2005 en el nivel municipal: 0,79.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Así, consiguió excelentes resultados en el trópico de  Cochabamba y, en medida algo menor, en los Yungas paceños, otra área dedicada al  cultivo de la coca. Logró rendimientos igualmente altos en el norte de Potosí,  el sudeste de La Paz, el este y sur de Oruro (a veces con resultados superiores  al 75 por ciento). El MAS ocupa una posición dominante en la vida sindical y  asociativa de esas zonas, ya sea de forma directa o a través de alianzas con los  sindicatos o cooperativas, mientras que la audiencia de los partidos de  orientación liberal ha caído progresivamente. En esos bastiones, la actividad y  la votación de otros frentes se redujeron hasta pasar desapercibidas.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El MAS extendió su influencia a todas las áreas rurales del  occidente y centro. Salió victorioso en las regiones habitadas por un  campesinado pobre, de lengua aymara o quechua, con un nivel de vida bajo; un  cuadro similar se presentó en las colonias agrícolas de Santa Cruz donde la  presencia de agricultores llegados de tierras altas es fundamental; por último,  consiguió el voto minero. Consiguió la mayoría absoluta de los votos en el norte  y centro de Chuquisaca, el centro y oeste de Potosí, el occidente cruceño, el  este de Oruro. Morales prometió atacar problemas estructurales, en especial la  desigualdad, la falta de oportunidades laborales, la exclusión. Las perspectivas  favorables de acceso al poder dieron una resonancia singular a su discurso de  izquierda. Su candidatura contó con ventajas suplementarias. Cosechó los frutos  del esfuerzo de extender su presencia sindical en áreas ajenas a su bastión  inicial y aprovechó la desaparición de la competencia de otras formaciones de  izquierda que habían jugado un papel destacado: la ausencia del MIR o del  Movimiento Bolivia Libre (MBL) en la presidencial facilitó la transferencia de  votos al MAS en municipios chuquisaqueños y en regiones del Chaco.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Una mención aparte requiere el altiplano paceño, que en 2002  apoyó a Quispe. Tres años después, el MIP se mantuvo como un partido importante,  ocupando habitualmente el segundo lugar en las provincias de esa región, pero el  MAS hizo un esfuerzo para ganar adhesiones sindicales en el altiplano y  erosionar el liderazgo de Quispe, quien sufrió asimismo la repetición de un  fenómeno político acostumbrado en esa región: la dificultad para conservar la  lealtad del electorado por dos comicios consecutivos. El MAS ha sido el último  beneficiado de un acelerado movimiento de rotación que antes favoreció al MIP  (2002), a Condepa (1997), al MNR (1993), al MIR (1989), al Movimiento  Nacionalista Revolucionario Vanguardia (MNRV) (1985) y a la Unión Democrática  Popular (UDP) (1979/1980). Fue en el altiplano donde Morales más avanzó con  respecto a los comicios previos, pero pese a ganar con la mayoría absoluta, de  todas las áreas rurales del occidente el altiplano paceño fue la única en la  cual encontró un cierto contrapeso partidario a su dominio.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A pesar del carácter eminentemente rural de su votación, el  triunfo del MAS no hubiese tenido la contundencia que tuvo sin los resultados de  las capitales. Se trató de una ruptura con las tendencias previas que vieron a  la izquierda durante dos décadas replegarse hacia las áreas rurales y perder la  capacidad de convencimiento en las ciudades. Otras novedades fueron el respaldo  importante en los estratos medios y el apoyo en las ciudades del este y del sur.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La votación por el MAS se acentuó en los barrios pobres,  habitados sobre todo por inmigrantes rurales, confrontados a una difícil  inserción en la economía y la sociedad citadinas. El partido canalizó una  aspiración por mejorar las condiciones de vida: en esos distritos, las  elecciones previas mostraban un descenso de los partidos gubernamentales y un  respaldo a quienes los criticaban. En 2005, esa opción se concentró detrás de  Morales, que superó los dos tercios de los sufragios. En las elecciones  anteriores, el voto de protesta tendió a dividirse: en 2002 fue disputado por el  MAS y NFR –hasta terciaban en la lucha partidos asociados al ejercicio del poder  pero con un mensaje social, como el MIR o UCS–, en 1997 por Condepa y UCS. En  2005, el MAS se encontró casi sin rivales en ese terreno pues los otros partidos  o bien sufrieron de su participación conocida en la gestión pública o bien  tenían una notoriedad reducida.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La votación declinó a medida que subía el nivel de vida de  los barrios, pero se trató de un <i>continuum</i> antes que de una polarización.  Morales capturó una parte significativa del voto de la clase media e incluso  alta. En estos casos, el voto respondió a una lógica política antes que social,  reflejo de un anhelo de cambio en las prácticas políticas. El MAS lo encarnó,  pues nunca dirigió el Estado y su dirigencia permaneció libre de denuncias de  corrupción. También influyó la candidatura vicepresidencial de García Linera,  activo durante la campaña en las ciudades, buscando promover una imagen moderada  del MAS.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El sufragio urbano constituyó un respaldo al candidato  presidencial antes que a la organización partidaria, que tuvo dificultades para  que ese voto se prolongase hacia los candidatos uninominales o hacia los  prefectos. Mientras que en las zonas rurales la distancia entre la votación  presidencial y prefectural o uninominal tendió a ser reducida, en las ciudades  la brecha se amplió.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Un último rasgo de la votación urbana del MAS debe  destacarse: la implantación en ciudades de Santa Cruz y Tarija. Morales logró el  concurso de los distritos más nuevos, poblados en su mayoría por personas  nacidas en el occidente y centro del país, confrontados a la discriminación y al  trabajo precario en lugares que aparecen como tierras de futuro. Sin duda, no es  en 2005 que recién aparece un voto crítico con las elites tradicionales de esos  departamentos: antes benefició a partidos que habían desarrollado liderazgos  locales fuertes, como UCS en Santa Cruz y el MIR en Tarija. La sorpresa provino  quizá del serio enfrentamiento entre los grupos de poder tradicional de esos  departamentos y el MAS durante los meses previos, interpretado por muchos como  un rechazo militante hacia ese partido. Es probable que el apoyo a Morales  indicase tanto un deseo de mejorías socioeconómicas como una afirmación de  identidad ante la actitud a veces teñida de desprecio de los sectores acomodados  de esas regiones.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Como ocurrió en 2002, la votación del MAS se asentó entre los  hombres antes que entre las mujeres. La diferencia marcada dio un sesgo femenino  al resto de las candidaturas. El discurso de cambio aguerrido del MAS caló mejor  entre los varones que entre las mujeres, que suelen distanciarse de los  lenguajes combativos y prefieren los candidatos con un perfil más consensual.  Sin olvidar la composición por género de las áreas de colonización agrícola, las  tradicionales o las del Chapare, donde suele haber mayor población masculina.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El avance del MAS dejó pocas regiones indiferentes: la  Amazonía, Beni y la Chiquitanía. Allí, los promedios no fueron tan bajos como en  2002 pero en muchos municipios el MAS no llegó al 15 por ciento, desprovisto de  un aparato capaz de enfrentar la campaña en áreas controladas por fuertes elites  tradicionales, dedicadas a la ganadería o la explotación maderera, con escasa  inmigración proveniente de tierras altas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En una visión de conjunto, la progresión del MAS entre 2002 y  2005 se dio sobre todo en las tierras que en la primera elección apoyaron las  candidaturas de Reyes Villa (NFR), de Quispe (MIP), Costa Obregón (Libertad y  Justicia - L y J) y de Fernández (UCS). La correlación entre la progresión de  Morales y la votación acumulada de los cuatro partidos llega a un significativo  0,63 en el nivel municipal. La elección de 2002 había mostrado una división del  electorado entre un grupo relativamente satisfecho con la situación del país, y  el sector más bien crítico, ganado a partidos que no dirigieron el Gobierno,  como el MIP, NFR, L y J, además del propio MAS. La votación dispersa en 2002 se  reagrupó en 2005 alrededor de una sola candidatura, la de Morales. Esta  transferencia de votos consolidó el control rural del MAS y le abrió paso en las  ciudades, incluyendo los estratos medios. Mientras que en las áreas rurales y en  muchos barrios populares urbanos predominó una orientación hacia cambios  fuertes, en las categorías medias se afianzó la voluntad de renovar los actores  políticos, una tendencia que en 2002 fue canalizada por Reyes Villa y Costa. De  esta manera se completó un proceso que quedó a medio camino en los comicios  precedentes, cuando en la campaña los electores menos satisfechos abandonaron  primero a L y J para adherirse a NFR y en la recta final del proceso respaldar  al MAS.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>El incómodo segundo lugar de Podemos</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Con el porcentaje obtenido, aunque fue sólo el segundo de la campaña de 2005,  Podemos habría obtenido una primera mayoría relativa en 1989, 1997 y 2002, dada  la dispersión del voto en esas elecciones. Además, en 2005 reunió la bancada más  numerosa en el Senado. Esos resultados, que en cualquier otro contexto hubiesen  sido considerados favorables, quedaron opacados por la histórica victoria del  MAS y por la amplia diferencia que estableció con respecto a Podemos. Quiroga  ocupó entonces un incómodo segundo lugar que además no reflejaba la polarización  anunciada entre dos bloques de tamaños equivalentes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Como en el caso del MAS, la votación de Podemos tuvo  explicaciones políticas y sociales. Quiroga defendió el balance de su gestión  gubernamental y los principios de la política estatal aplicada desde hacía dos  décadas: necesidad de contar con inversiones extranjeras y asegurarles un marco  de respeto, importancia del mercado para el desarrollo nacional,  descentralización del Estado, etc. Buscó, entonces, consolidar el núcleo de un  voto más bien conservador, deseoso de ver restablecida la autoridad del Estado  frente a las presiones de los movimientos sociales, preocupado por las  consecuencias de un eventual Gobierno del MAS. La polarización con Morales  apuntó en esa dirección. Al mismo tiempo, pretendió dar un mensaje de reforma  política para atraer a un electorado con expectativas de cambio. Los resultados  probaron que su estrategia funcionó relativamente bien en su primer componente y  con poco éxito en el segundo.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En efecto, Quiroga recibió el voto de los grupos acomodados y  de quienes creían en el modelo liberal. En esos sectores, el desencanto con las  últimas gestiones de Banzer o de Sánchez de Lozada no disminuía la confianza en  Quiroga, que había impreso en su año de gobierno un estilo considerado  modernizador y no había confrontado los problemas que desestabilizaron a sus  predecesores. Consideraban que los problemas confrontados por el país se debían  más a la impericia o la debilidad de las autoridades que a defectos intrínsecos  del modelo de desarrollo, por lo que aguardaban del liderazgo de Quiroga la  habilidad para dirigir el Estado. Así, en la encuesta, el apoyo a Podemos  provino de los grupos que tienen el español como lengua habitual en el hogar,  mientras que el nivel de apoyo declinó en los hogares con lengua quechua y  aymara. A la vez, tuvo menor aceptación entre los trabajadores por cuenta  propia, a menudo gremiales, pequeños artesanos confrontados a precarias  condiciones de vida, y mejoró entre los funcionarios públicos y los empleados  del sector privado, convencidos de las virtudes de la libre empresa.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La geografía electoral de Podemos puso en evidencia dos  grandes regiones de apoyo: la media luna que va desde Pando hasta Tarija,  pasando por Beni y Santa Cruz, y las ciudades. En uno y otro caso se trata del  electorado que apostó en los comicios precedentes por el MNR y ADN.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las raíces de este voto no se encuentran en los comicios de  2005, sino que se hunden en una larga historia. Si el MAS posee un importante  voto rural, también Podemos penetra en las regiones no urbanizadas del norte y  del este, con características muy distintas a las inclinadas por el MAS. En  efecto, Quiroga reunió el voto de las provincias conservadoras, a menudo  aisladas de los grandes ejes camineros, con poca población, donde las elites  todavía ejercen un dominio amplio sobre las distintas actividades de la vida  pública, donde el contacto entre distintas clases es fácil gracias al uso  compartido del español, a una socialización más abierta aunque no borre las  distancias entre grupos, donde las pautas de vida no han sido alteradas por la  llegada de inmigrantes de tierras altas y donde el nivel de vida, medido por el  Índice de Desarrollo Humano, muestra que se trata de las áreas favorecidas del  país. Asimismo, las regiones orientales y sureñas han contado con vigorosos  movimientos regionales, a menudo encabezados por las elites locales, que  alientan la descentralización favorecida por partidos como Podemos o el MNR.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A estas causas estructurales, se sumaron factores políticos.  La sigla «Podemos» podía ser nueva, pero en la práctica ella articuló a los  políticos destacados de ADN en la Amazonía, Beni y la Chiquitanía, que contaban  con un sólido arraigo y que, a diferencia de lo que sucedió en otras zonas de  Bolivia, se mantuvieron activos en la presidencial de 2002 y en la municipal de  2004. Al mismo tiempo, Quiroga se benefició de la alianza implícita con el MIR.  La mayoría de las regiones donde Paz logró buenos porcentajes en 2002 se plegó a  Quiroga. En esas áreas, el acercamiento entre Podemos y el MIR consolidó a  Quiroga y afianzó liderazgos locales, como ilustraron los triunfos en las  circunscripciones uninominales de diputados salientes del MIR.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Fuera de esos lugares, Podemos sintió la falta de una base  sólida y de su constitución como una constelación de grupos y personalidades.  Mientras que en el caso del MAS existió una solidaridad entre los candidatos a  los poderes Ejecutivo, Legislativo y Prefectural, facilitada por las alentadoras  posibilidades de triunfo y por el dominio de Morales que dejaba escaso margen a  las individualidades, en Podemos estos tres niveles no siempre se articularon de  forma armoniosa, pues muchos candidatos tenían una trayectoria propia previa,  importante e independiente del liderazgo de Quiroga, por lo que en más de una  ocasión desarrollaron campañas personalizadas que ayudaron poco al postulante a  la Presidencia. Ese rasgo explica que, salvo en un caso, el candidato  presidencial tuvo menos sufragios que los prefectos, con una diferencia notoria  en La Paz (Morales aventajó a sus prefectos en los nueve departamentos). La  excepción correspondió a Pando y Beni, donde el apoyo a los candidatos a  presidente, prefectos y diputados uninominales estuvo cerca, lo que reflejaba  una estructura preparada, de funcionamiento más orgánico, y candidatos  populares, capaces de generar una dinámica positiva de conjunto.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las capitales constituyeron otro espacio bien predispuesto  hacia Quiroga, que superó su promedio nacional en todas ellas y consiguió un  respaldo significativo en las del este y del sur. En las ciudades se presentan  los niveles de vida más altos, positivamente asociados con el voto por Podemos.  En las urbes, los porcentajes se incrementaron en los barrios de clase media y  alcanzaron su cima en los distritos ricos, que juzgaron positivamente la  experiencia y la formación de Quiroga para conducir el Estado, el equipo ya  fogueado en la administración pública y una visión de país considerada moderna,  abierta al exterior. De tendencia «adeno-gonista», no necesitaron la campaña  para definirse por el líder de Podemos, pues su inclinación ya se encontraba  bastante definida desde los años previos (Romero Ballivián, 2003b).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En cambio, la agrupación tropezó con dificultades en los  barrios populares, pues su propuesta no satisfacía las expectativas de cambio y  Quiroga sufrió del nexo que se estableció entre él y el modelo liberal, incluso  con Sánchez de Lozada a pesar de que nunca se aliaron. Tampoco logró encarnar el  cambio político, pues sus listas parlamentarias lo asociaron con el sistema  partidario tradicional. Estas percepciones se acentuaron en las ciudades  occidentales, donde el rechazo a esos partidos exhibía sus niveles más altos.  Las dificultades en La Paz (27,3 por ciento) y El Alto (13,2 por ciento) merecen  una mención. Ambas ciudades se caracterizan por un voto de censura contra los  Gobiernos que provoca constantes cambios de mayoría. En 2005 no había un  Gobierno saliente en competencia, por lo que la sanción se dirigió contra los  líderes o los partidos que administraron el poder en las últimas décadas: la  visibilidad de los ex dirigentes del MIR y del MNR en las listas parlamentarias  facilitó esa identificación.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los resultados cayeron a los últimos peldaños en las zonas  rurales de los valles y del altiplano, en las cuales llegó incluso a quedar por  debajo del 5 por ciento. En ellas, los partidos que ejercieron el Gobierno  quedaron en una posición frágil. El campesinado pobre se sintió posiblemente  dejado por el avance socioeconómico conseguido en las dos décadas de democracia,  evaluado asimismo como lento, y prefirió apostar por organizaciones que nunca  dirigieron el Estado. En otras zonas, como el Chapare o el altiplano, la  oposición a la candidatura de Quiroga era más activa, pues en su gestión como  vicepresidente o como presidente se produjeron enfrentamientos entre campesinos  y fuerzas de seguridad: a veces el proselitismo en esas provincias se desarrolló  en un ambiente tenso.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A esas debilidades con rasgos estructurales, Podemos añadió  una organización precaria: la agrupación heredó la ausencia de cuadros políticos  de ADN en el altiplano o en los valles pobres y no tuvo el tiempo suficiente  para prepararse. La presidencial de 2002 ya mostró un partido poco implantado en  esas áreas y la municipal de 2004 confirmó este rasgo. Los pactos establecidos  por Podemos tampoco paliaron las deficiencias, pues el MIR no estuvo en  condiciones de revertir la mala imagen del partido en el altiplano o en  Cochabamba.    <br> &nbsp;&nbsp;&nbsp; Para terminar, se puede indicar que Podemos emergió, desde el  punto de vista electoral, como el principal heredero del sistema de partidos que  marcó la «democracia pactada» (ADN-MNR-MIR). La candidatura de Quiroga se nutrió  de la base electoral de ADN, aunque sintió en la Amazonía la disidencia de  Miguel Becerra, importante líder en el norte boliviano (correlación de 0,52 con  la votación de Ronald MacLean en el plano municipal, pero de 0,64 con la de  Banzer en 1997, más típica de la distribución de ADN). También aprovechó la  caída del MNR, lo que explica simultáneamente la correlación negativa de su  votación con la evolución del MNR entre 2002 y 2005 (-0,41) y la positiva con el  voto de Sánchez de Lozada en 2002 (0,74). Finalmente, recuperó una fracción del  electorado del MIR, si bien se notó la ausencia de los estratos más populares  (correlación de 0,54 entre la votación de Quiroga y de Paz en 2002). Con todo,  Quiroga no concentró la totalidad de los sufragios que respaldaron a ADN, al MNR  y al MIR en 2002, en parte por la competencia de UN.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>El discreto nacimiento de UN</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">UN llegó a las elecciones con pretensiones e importantes recursos, decidido a  romper con la polarización entre el MAS y Podemos, a los que combatió, y ocupar  la casilla central del escenario político. El resultado fue, al final de  cuentas, modesto. Mantuvo el tercer lugar con el que inició la campaña, pero con  un porcentaje reducido, el más débil obtenido por un partido que logró ese  puesto desde el retorno a la democracia.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Si la geografía del MAS o de Podemos proviene de una historia  larga, en la cual confluyen elementos históricos, culturales, socioeconómicos y  políticos estructurales, lo que en parte da cuenta de los amplios espacios  homogéneos de respaldo, la dispersión geográfica fue la nota dominante del voto  de UN, además con una distribución espacial de votos poco frecuente. UN no  emergió como heredero del MIR (la correlación en la escala municipal con la  votación presidencial de Paz en 2002 es baja, 0,2), tampoco presenta afinidades  notables con otros partidos, aunque sí hay un parentesco con la votación de ADN  en 2002 (0,48).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Este rasgo se explica porque el respaldo conseguido en Pando  y Santa Cruz no respondió tanto a los méritos del armazón de UN, poco  consistente en ambas regiones, como mostraron los resultados de la municipal de  2004, como a sus alianzas. Por un lado, en Pando, Doria Medina suscribió un  acuerdo con Miguel Becerra, ex dirigente de ADN, fundador de la agrupación MAR  que contaba con un importante apoyo en la Amazonía. Si la movilización de MAR le  sirvió sobre todo a Becerra en su campaña para prefecto, también benefició a la  candidatura presidencial de Doria Medina que superó el 20 por ciento en muchas  alcaldías del norte de Bolivia. En el mismo sentido jugó la incorporación de  Carlos Dabdoub como acompañante de fórmula: el dirigente aportó a la votación de  UN en la capital departamental de Santa Cruz (14,2 por ciento) y en sus áreas de  influencia. La menor notoriedad de ese líder en las zonas rurales o alejadas de  la capital atenuó la contribución. Una observación próxima corresponde al aporte  de Roberto Fernández, ganador de la municipal de 2004 en la ciudad de Santa  Cruz, e incluido como candidato a senador. Las encuestas indican un declive  progresivo de UN en Santa Cruz. La dupla partidaria no logró contrarrestar la  campaña de Podemos en ese departamento que señalaba que votar por UN favorecía  al MAS al debilitar a Quiroga.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La segunda característica del voto por UN fue su  concentración urbana. En la mayoría de las capitales y de las principales  ciudades, Doria Medina superó su promedio nacional. La estratificación del voto  mostró una mayor preferencia en los sectores altos y un declive progresivo a  medida que los barrios aumentaban su composición popular. El candidato fue mejor  acogido en los grupos aventajados, que reconocieron su formación, su trayectoria  empresarial y su propuesta, que si bien buscaba diferenciarse de la de Podemos y  del MAS, fue juzgada compatible con los fundamentos socioeconómicos vigentes.  Sin embargo, en ese segmento no pudo competir con Quiroga, percibido como el  principal antagonista de Morales y con mayor experiencia en la administración  pública. En los distritos pobres, la votación declinó: ante el MAS, UN no  parecía ser una propuesta convincente de cambio. A pesar del discurso contra las  compañías petroleras, Doria Medina era conocido como empresario y tenía tras de  sí una extensa carrera en el MIR.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El desempeño de UN bajó en las zonas rurales, exceptuadas las  de la Amazonía, por las razones ya anotadas. Partido de creación reciente, UN  careció de un enraizamiento campesino, difícil de conseguir en poco tiempo pues  exige un trabajo de terreno sostenido para ingresar en las redes sindicales,  comunales y asociativas. Además, Doria Medina no tenía una trayectoria que lo  asociase a las inquietudes agrarias y su discurso hizo poco énfasis en ese tema.  Al igual que NFR en 2002, UN se apoyó en las ciudades, donde desplegó una  intensa campaña a través de medios masivos de comunicación; la difusión de la  propuesta, de la sigla y de la candidatura se entrabó en las áreas rurales con  baja cobertura de medios y todavía influidas por las opiniones formadas a través  de relaciones personalizadas. Así, los porcentajes quedaron por debajo del 2 por  ciento en las áreas aisladas, con menor proporción de hispanohablantes, con  pocos medios de comunicación.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Finalmente, la geografía de UN reflejó la implantación de las  empresas de Doria Medina, reproduciendo una situación observada en la municipal  de 2004. Los municipios de Viacha, Warnes, El Puente se destacaron en su entorno  por los elevados porcentajes de UN. En ellos, y en las zonas aledañas, la acción  económica y social del empresario es reconocida y las fábricas de cemento suelen  ser la principal fuente de empleos directos o indirectos de la región. Doria  Medina aprovechó esa presencia de larga data para captar un importante apoyo  político.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>El derrumbe del MNR</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El MNR obtuvo en la elección de 2005 un resultado paradójico: ocupó el cuarto  sitio con el 5,9 por ciento de los votos y su actuación fue considerada  satisfactoria para las condiciones en las cuales se presentaba, es decir,  después de la renuncia de Sánchez de Lozada, la desarticulación de su dirección  y el desaliento de su militancia. Sin embargo, en una perspectiva histórica, el  resultado es el peor conseguido por el MNR y nunca antes había quedado relegado  al cuarto lugar. Se trató del derrumbe del partido dominante en la política  boliviana, y en todos los municipios su votación decayó con respecto a 2002.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Al mismo tiempo, el resultado demostró la conservación de un  núcleo duro de apoyo, ya presente en la municipal de 2004, cuando arrancó un  porcentaje equivalente al de la presidencial. Además, el carácter partidista de  esta votación se desprende de la cercanía de la votación recibida por Nagatani y  los diputados uninominales en casi todos los departamentos, hecho que sugiere  que hubo escaso voto cruzado: el análisis puede prolongarse hasta los prefectos,  también beneficiados por ese apoyo cerrado de los militantes.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El achicamiento se produjo sin alteraciones significativas de  la geografía partidaria, lo que ilustró la elevada correlación entre la votación  de 2005 y de 2002 en el nivel municipal (0,79). En efecto, El MNR se mantuvo en  las tierras tradicionales de la organización: en la Amazonía, en Beni –donde  consiguió su único senador–, la Chiquitanía, en el sur de Chuquisaca y en el  Chaco. Logró incluso votaciones superiores al 30 por ciento. El contraste con UN  es esclarecedor: ambos partidos obtuvieron porcentajes próximos pero mientras  que Doria Medina tendió a recibir una votación distribuida con una cierta  homogeneidad territorial, Nagatani tuvo puntos muy sólidos de apoyo que  reflejaban la larga implantación partidaria.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En efecto, si bien en un nivel distinto del registrado por la  candidatura de Juan Carlos Durán en 1997, la dinámica de 2005 fue similar: un  repliegue hacia los baluartes y un desvanecimiento de las innovaciones  introducidas por Sánchez de Lozada a la sociología electoral del partido. El MNR  se asentó en tierras que comparten rasgos culturales y socioeconómicos, que van  desde el predominio del español, condiciones de vida relativamente altas a pesar  del carácter rural de las poblaciones, poco inmigración, hasta el dominio de  elites ganaderas o forestales que influyen en las preferencias políticas. En  esas áreas, el MNR ha establecido un aparato bien estructurado, apenas afectado  por las convulsiones de 2003. Esa solidez se ilustró con el triunfo de dos  diputados uninominales (en Beni), una cifra mayor a la lograda por UN.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A pesar de lo expuesto, conviene recordar que el MNR apenas  obtuvo la victoria en tres municipios, una cifra escasa para un partido  acostumbrado a dominar amplias regiones, aun en épocas consideradas difíciles. Nagatani no retuvo a todo el electorado en los bastiones y sufrió pérdidas en  beneficio de Podemos, convertida en la opción conservadora mejor ubicada en la  elección.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Fuera de esas regiones, el MNR confrontó una situación  espinosa. En el occidente rural confirmó el declive sufrido después de la  cúspide alcanzada en 1993, cuando Sánchez de Lozada convenció al campesinado del  altiplano y valles. La caída no puede ser atribuida a los candidatos, sino al  desgaste de un partido visto como el portaestandarte del modelo neoliberal,  juzgado contrario a los intereses nacionales y a las clases populares. La  segunda gestión de Sánchez de Lozada chocó violentamente con los campesinos y  mineros, por lo que en 2005 el partido carecía de propuestas creíbles para las  zonas más pobres.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En un sentido próximo puede interpretarse la baja actuación  en los barrios populares urbanos, donde el MNR cargaba con la pesada herencia de  la gestión gubernamental inconclusa que tuvo en 2003 un momento dramático,  considerado como el final de una forma de hacer política y de conducir la  economía. La votación fue mínima en las ciudades donde los conflictos alcanzaron  la mayor gravedad. La resistencia partidaria mejoró en los lugares alejados de  los problemas y donde más bien se juzgó con ojos críticos la movilización social  y política del occidente (en Santa Cruz, Tarija o Trinidad, Nagatani superó su  promedio nacional).</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La elección de 2005 marcó el alejamiento de las clases medias  y altas, uno de los puntales del MNR bajo el liderazgo de Sánchez de Lozada.  Ciertamente, los resultados en las ciudades mostraron mejores resultados en los  barrios favorecidos, pero el nivel se encontró muy por debajo de los conseguidos  en 2002, cuando el ex presidente fue considerado como un garante de la  restauración de la autoridad del Estado. El partido, sumido en una grave crisis  y con un balance gubernamental poco halagüeño, vio alejarse ese electorado hacia  Podemos y UN.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Las pérdidas más severas se dieron en las provincias de Chuquisaca que apoyaron a Sánchez de Lozada gracias al pacto suscrito con el MBL,  así como en los municipios donde operan las compañías mineras del ex presidente.  La mayoría de esas áreas se inclinó por el MAS en 2005. Se trata de regiones  pobres cuyo apoyo al MNR en 2002 se explicaba más por factores políticos o por  vínculos económicos especiales que por sus características socioeconómicas:  desaparecidos esos elementos singulares, la votación de esos municipios se  alineó sobre el comportamiento dominante en la región. Los otros municipios  donde el MNR registró pérdidas superiores al promedio eligieron organizaciones  contrapuestas al MAS, ya sea Podemos o UN. Fueron las alcaldías amazónicas,  tarijeñas, chaqueñas, además de las principales ciudades. A pesar del retroceso,  muchas de esas zonas dibujaron todavía los espacios de influencia movimientista.  Asimismo, el MNR perdió los pocos puntos que le restaban en el altiplano paceño,  en las provincias de Cochabamba, en el oeste de Oruro y en las colonias  agrícolas; los guarismos finales señalaron que el partido quedó reducido en esas  zonas a una existencia marginal. Pocos fueron los bastiones donde se registraron  reducciones pequeñas: la mención más importante corresponde a Beni.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los comicios de 2005 quedan para el MNR como aquellos en los  cuales se transformó de una organización de alcance nacional en un partido  regional, prolongando la tendencia percibida en la municipal de 2004. Pasó de  ser una organización que tenía zonas de fortaleza y debilidad relativa, pero con  una presencia nacional con la cual pocos rivalizaban, a un movimiento  regionalizado, sólido en el norte y el este, donde preserva una estructura  firme, con amplias redes de militantes y cuadros, con legitimidad política y  social. Al lado, hay áreas donde la organización partidaria casi ha  desaparecido, como en el altiplano, en muchos valles y en barrios populares de  las ciudades occidentales. En paralelo a esa evolución, la dirección nacional  vio diluirse su poder en beneficio de algunas jefaturas departamentales con un  amplio radio de acción.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Para concluir, hay que indicar que los tres partidos que  dirigieron el Gobierno desde 1985 (MNR, MIR, ADN) perdieron progresivamente su  capacidad para conservar tras de sí a la mayoría del electorado. Reunieron el  63,7 por ciento de los sufragios en 1985, en 1993 descendieron al 53,7 por  ciento, en la presidencial de 2002 cayeron al 39,1 por ciento y en los comicios  de 2005, Podemos, el MNR y UN mantuvieron ese nivel (39,5 por ciento). Detrás de  la estabilidad de esa cifra se observan importantes evoluciones regionales. Hubo  lugares donde los porcentajes acumulados de Quiroga, Nagatani y Doria Medina  (2005) superan la suma de los resultados obtenidos por Sánchez de Lozada, Paz  Zamora y MacLean (2002). Entre ellos destacan municipios de Beni, Santa Cruz,  Cochabamba, además de capitales departamentales, áreas prósperas, económicamente  dinámicas y en las cuales las organizaciones conservadoras son influyentes. Al  contrario, en más de un centenar de municipios donde se produjeron pérdidas  mayores a 10 puntos se encuentran sobre todo alcaldías de Chuquisaca, del  altiplano, del oeste tarijeño y de las colonias agrícolas de Santa Cruz. De esta  manera se confirma una tendencia fuerte de la sociología electoral boliviana:  los partidos que administraron el Gobierno a partir de 1985 enfrentaron  dificultades crecientes para seducir al electorado popular, y su audiencia en  las zonas rurales de pequeño campesinado se contrajo desde principios de la  década de los noventa. La elección de 2005 se enmarcó en esa línea y el problema  del MNR deben ser comprendidas en ese panorama amplio.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>El MIP sale del escenario</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En los comicios de 2002, el MIP estableció el récord electoral del katarismo y  se impuso en el altiplano paceño. Cuando volvió a presentarse ante los votantes,  Quispe no consiguió reeditar esa actuación. Su organización perdió la  personalidad jurídica al quedar por debajo de la barrera mínima del 3 por  ciento. El MIP se retiró del escenario político como uno de los derrotados de  los comicios de 2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La distribución de la votación conseguida repitió el patrón  observado en 2002, lo que también ratifica la correlación de ambas votaciones en  el plano municipal (0,90). Los asentamientos partidarios siguieron en el  altiplano paceño aunque en un proceso de debilitamiento. A menudo consiguió el  segundo lugar, detrás de Morales, con cifras superiores al 15 por ciento,  gracias al impulso de las localidades rurales antes que de las cabeceras  municipales; y cuanto más urbanas éstas, más grande fue la brecha con el voto de  las comunidades. La candidatura de Quispe guardó su atracción para los votantes  del altiplano de lengua aymara, dedicados a la agricultura, que en los años  previos desafiaron al Estado con bloqueos de caminos. Fuera de esa región,  porcentajes superiores al 10 por ciento aparecieron de manera excepcional.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Dos tipos de razones estrechamente ligadas explican la  disminución en la meseta andina. Por un lado, el liderazgo de Quispe perdió  fuerza. A los comicios de 2002 llegó en condiciones favorables, después de  organizar importantes bloqueos en el altiplano, con los cuales consiguió  concesiones para el campesinado de la región y logró doblegar al Estado; esa  movilización facilitó la creación del MIP y el proselitismo en la campaña  presidencial. En los años siguientes, su convocatoria declinó: luego de 2003 ya  no pudo movilizar a las bases sindicales, atraídas por el MAS, que ofrecía  mejores perspectivas al articular el respaldo en otras zonas del país. Al mismo  tiempo, la municipal de 2004 mostró que el partido había perdido audiencia (con  el 2,2 por ciento de los votos, anticipó el resultado de la presidencial de  2005) y que en vez de afianzarse se disgregaba: la bancada parlamentaria se  dispersó y hasta Quispe prefirió renunciar a su cargo de diputado, perdiendo de  paso protagonismo. Por si fuera poco, el interés de los medios por el jefe del  MIP disminuyó con respecto a 2002 pues su poder había declinado de forma  evidente.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por otro lado, cuando el MAS encabezaba las encuestas dejaba  con pocas opciones al MIP. La mayoría de las banderas enarboladas por Quispe, la  lucha contra la discriminación, la necesidad de mejorar las condiciones de vida  de los campesinos, el rechazo al liberalismo, se encontraba en los discursos del  MAS, a menudo con tintes étnicos menos marcados, con una apertura a otras  categorías. El voto útil en los sectores campesinos jugó contra el jefe del MIP  que, consciente de esa tendencia, lanzó la mayoría de sus dardos contra Morales  y García Linera. Una evolución similar se produjo en los barrios populares de La  Paz y El Alto en los cuales Quispe había conseguido apoyo en la presidencial  anterior.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A la defensiva en sus bastiones, el MIP no tuvo la energía  para ganar nuevos espacios: las áreas indiferentes frente a Quispe en 2002 no  tuvieron razones para acercarse cuando los vientos no le eran propicios. El  partido ni siquiera contaba con una mínima estructura, hecho que se evidenció en  la ausencia de candidatos a senadores o diputados en Beni y Pando, así como en  la falta de difusión de propaganda en esas regiones. Así, resultó frecuente que  el partido no alcanzase ni el 0,5 por ciento en las tierras ajenas al discurso  de reivindicación de la identidad indígena, en especial aymara: además de los  citados departamentos del norte, puede mencionarse la Chiquitanía y el Chaco.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Los votos blancos: novedades en el  frente este</b></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Los votos blancos llegaron al 4 por ciento, un poco por debajo del promedio  histórico 1979-2002 (4,4 por ciento) y en ligero retroceso con respecto a los  comicios de 2002. Las grandes líneas de distribución geográfica y social no se  modificaron: la proporción de votos blancos se hizo fuerte en las áreas pobres,  aisladas, con menores niveles educativos, poca práctica del castellano y escasos  vínculos con la política nacional. Con porcentajes superiores al 12 por ciento  figuraron municipios del centro de Chuquisaca, del noroeste paceño y del norte  de Potosí.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A la inversa, esos sufragios quedaron por debajo del promedio  nacional en las capitales departamentales y en las principales ciudades, cuyas  características se contraponen en gran medida a las del grupo anterior. Estos  datos, próximos a los de comicios pasados, sugieren que el voto blanco reflejó  un problema social estructural antes que una opinión política sobre las  candidaturas o los debates de la contienda de 2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">No obstante, la explicación sociológica no agota la  distribución del voto blanco, que también se alimentó de una lógica política. En  efecto, áreas que habitualmente cuentan con porcentajes muy reducidos de  sufragios blancos los aumentaron. Así sucedió en municipios de Beni o de Pando,  donde se registraron niveles mayores al 7 por ciento cuando en la presidencial  de 2002 en ninguna alcaldía beniana se superó el 5 por ciento; un comportamiento  parecido se produjo en Tarija o en el Chaco, que contradijeron la evolución  nacional marcada por una disminución de los votos blancos.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En las áreas conservadoras hubo un movimiento de duda en  ciertas franjas del electorado: por un lado, los acontecimientos nacionales de  los años precedentes debilitaron y desprestigiaron a los partidos dominantes de  la región; por otro lado, la iniciativa política se concentró en las tierras  altas, colocó en la agenda política propuestas fuertes de reforma, ajenas a la  cultura política de las tierras bajas. Esas tendencias, poco propicias para las  tiendas políticas como el MNR, provocaron el retraimiento del electorado, que  acudió a votar en proporción algo menor a la de otros departamentos o dejó las  papeletas en blanco en un número desacostumbrado para la zona. Se trató de un  alejamiento antes que de una ruptura, pues tales grupos no se plegaron a las  fuerzas críticas con el liberalismo. Esta línea de análisis se confirma cuando  se nota que los votos blancos en la elección prefectural fueron  considerablemente menores que los de la presidencial en Pando, Beni, Santa Cruz,  Tarija o en provincias chaqueñas (siendo equivalentes en los departamentos  occidentales). En la contienda regional, los votantes se sintieron más cómodos,  escogiendo entre figuras conocidas y definiendo entre políticas de desarrollo  local: la duda se produjo cuando tuvieron que pronunciarse sobre el sentido de  la evolución nacional.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">A la inversa, en las zonas de votación para el MAS, que son  también en parte las zonas de los sufragios blancos, bajó el porcentaje de estos  con respecto a 2002. Las razones que impulsaron a los votantes de provincias  conservadoras a replegarse incitaron a los de áreas con tradición de apoyo a la  izquierda, el indigenismo o las organizaciones de protesta a dejar el voto  blanco y sumarse al MAS. Aunque, como se indicó, al final, siguieron siendo las  regiones del país con mayores porcentajes de voto blanco pero de manera atenuada  con respecto a comicios anteriores.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Conclusiones</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La elección de 2005 fue una «elección de combate», sentida como decisiva para el  futuro del país, por el electorado y las organizaciones políticas. La  participación electoral marcó un doble récord, por la cantidad de votantes y por  el porcentaje logrado, el más alto del último cuarto de siglo. A ese título, fue  también una elección con una densa carga política: desde que se crearon las  diputaciones uninominales, nunca hubo una cantidad tan pequeña de votos  cruzados. En apenas 8 circunscripciones, el triunfo del candidato presidencial y  del diputado uninominal no correspondió a la misma organización, contra 19 en  1997 y 27 en 2002 (Romero Ballivián, 2002:233-234). Los ciudadanos optaron por  no dispersar su voto, por entregar al candidato presidencial de su preferencia  los instrumentos de gobernabilidad, por pasar por alto las individualidades y  favorecer al partido. El voto cruzado se dio sobre todo en circunscripciones  urbanas con buenos niveles de vida y de formación, en las cuales el ingreso de  Morales se dio en la recta final de la campaña y donde la presencia del MAS es  más endeble; una observación similar vale para prefectural en La Paz y  Cochabamba, ganada por líderes opuestos al MAS.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Asimismo, los comicios estuvieron marcados por la contundente  victoria lograda por el MAS. Resulta pertinente la comparación con el triunfo de  la UDP en 1980, el segundo más amplio obtenido desde el retorno a la democracia  (34 por ciento). Hay una diferencia de más de 15 puntos entre el porcentaje de  Morales y el de Hernán Siles Zuazo, a pesar de que en ambos casos el triunfo de  la izquierda se basó en la votación de campesinos de pequeña propiedad, mineros,  habitantes de barrios populares y sectores de clase media. La primera diferencia  se dio en la concentración del voto de los agricultores del altiplano y de los  valles. La UDP reunió, al igual que el MAS, la mayoría absoluta de los sufragios  en el altiplano paceño, pero en las otras zonas rurales su triunfo, cuando se  produjo, no fue tan holgado, pues tuvo la competencia del MNR, una organización  con un fuerte anclaje rural. En cambio, el MAS no dejó mayor espacio a sus  rivales. Luego Morales logró un respaldo urbano de envergadura, superior incluso  al de Siles. Los dos candidatos tuvieron ciertas dificultades en los grupos  medios y la confianza de los sectores populares, nuevamente Morales alcanzó un  nivel mayor, pues no tuvo la competencia que sufrió la UDP con el MNR o el  Partido Socialista. Más novedosa fue la penetración del MAS en las colonias  agrícolas de Santa Cruz, a las cuales la UDP llegó poco, tanto por la fuerza del  MNR como por la presencia todavía minoritaria de los inmigrantes de los valles.  Morales consiguió una mayor votación en varias ciudades del este y del sur,  atrayendo los sufragios de los citadinos recientes, campesinos que dejaron la  zona rural para buscar mejores oportunidades u hombres llegados desde las  tierras altas con el mismo propósito. En los dos casos, estos grupos, antes  menos importantes numéricamente, apostaron por la izquierda.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">El triunfo de Morales se distingue, sin embargo, de los  obtenidos, también con mayoría absoluta o con porcentajes muy altos, por otros  mandatarios de América del Sur, como Lula da Silva en Brasil o Álvaro Uribe en  Colombia. Los éxitos electorales de mandatarios que logran ese tipo de victorias  tienden a atenuar los antagonismos en la sociedad, pues se consiguen con el  apoyo de la mayoría de las regiones y clases sociales. En cambio, la contundente  victoria del MAS no se construyó sobre un respaldo distribuido de manera  relativamente homogénea sobre el territorio.<sup>9</sup> Aquí, los contrastes  regionales adquirieron significados políticos fuertes. La desigual distribución  del voto influyó de forma decisiva en la política nacional –algo que no sucedía  en Bolivia en las décadas previas–. La diferencia en los niveles de votación  desbordó el marco del interés estrictamente académico para pesar en la evolución  del país. Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija no sólo apoyaron menos que en  promedio al MAS: concentraron su voto en los partidos opositores, fortalecieron  movimientos de base regional como los Comités Cívicos –que desbordan los cuadros  estrictamente partidarios– contrapuestos a Morales y albergaron a grupos  sociales, como los grandes propietarios de tierras, que el Gobierno identificó  como adversarios a su política. Ello produjo una acumulación de oposiciones,  políticas, regionales, sociales, que polarizaron al país: las líneas de  conflicto tendieron a sumarse antes que a cruzarse, creando dos bloques  claramente diferenciados. Este rasgo singulariza la victoria de Morales.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">La presidencial de 2002 marcó el final del ciclo político  abierto con los comicios de 1985, pero no abrió una nueva fase, tarea que le  correspondió a la consulta de 2005. En efecto, la presidencial de ese año es  seguramente una elección de realineamiento, como lo fue la de 1985, cambiando  por un tiempo previsiblemente largo las preferencias políticas, modificando las  correlaciones de fuerza en el sistema partidario y dando un nuevo rumbo a las  políticas públicas.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">En efecto, en primer lugar, la presidencial de 2005 inauguró  nuevas tendencias en el comportamiento electoral, aunque sobre un antiguo fondo  que divide a las regiones occidentales y centrales, inclinadas por la izquierda,  y el norte, el este y el sur, de orientación más conservadora. Los votantes de  las primeras zonas expresaron un apego al MAS, en tanto que los electores de los  otros departamentos privilegiaron a Podemos sin descuidar a UN y al MNR. Los  resultados de la Asamblea Constituyente y del referéndum sobre las autonomías  departamentales, procesos organizados en 2006, confirmaron la impronta de la  elección general de 2005 (Romero Ballivián, 2006). Los datos de la elección de  la Asamblea se aproximaron a los de la presidencial y los del referéndum  tuvieron una elevada dependencia de la posición asumida por el Gobierno a favor  del «no» y de los movimientos opositores por el «sí».</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Por otra parte, la presidencial relegó a un lugar secundario  a las organizaciones que desempeñaron un papel fundamental en las dos décadas  previas. El MNR, el MIR y ADN parecen tener opciones reducidas de recuperar los  espacios electorales perdidos, lo que agrava los problemas de conducción,  debilita la cohesión interna y favorece el alejamiento de los dirigentes con  mayor popularidad. Las perspectivas de renovación de liderazgos disminuyen en la  medida que las nuevas generaciones prefieren iniciar sus carreras políticas en  las organizaciones fuertes del nuevo ciclo que se abre. En la elección de la  Asamblea Constituyente, ADN no obtuvo ni el 0,5 por ciento de los votos y el MIR  perdió su personalidad jurídica. La presidencial de 2005 dejó más bien un  escenario bipolar, e incluso bipartidista, con dos organizaciones que acumularon  tres cuartos de los votos, un porcentaje sin precedentes en el cuarto de siglo  anterior. Un duelo bipolar puede prolongarse en el tiempo, con un campo  controlado exclusivamente por el MAS, y otro con varios actores disputándose el  lugar central pero compartiendo una postura crítica frente al Gobierno de  Morales. Sin duda, la dispersión y la fragmentación del voto que marcaron el  tiempo de la «democracia pactada» no van a desaparecer, pero pueden atenuarse en  los próximos comicios.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">Finalmente, los resultados de 2005 concluyen un ciclo de  políticas públicas dominadas por la economía de mercado, la prioridad concedida  al estilo técnico para definir la gestión estatal y la confianza en las  organizaciones internacionales. La victoria de Morales le permite llevar  adelante un programa con orientaciones distintas a las definidas a partir de  1985 e incluso, en algunos campos, tal vez anteriores a ese año.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>Referencias bibliográficas</b></font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1.&nbsp; <b>Borth, Carlos</b> y <b>Silvia Chávez</b> (2003). <i>Elecciones 2002</i>, La  Paz, Fundemos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790530&pid=S1012-2508200700020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2. <b>Calderón, Fernando</b> y <b>Roberto Laserna</b>, coords. (1985). <i>El poder  de las regiones</i>, La Paz, Ceres/Clacso.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790531&pid=S1012-2508200700020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3. <b>Carvajal, Hugo</b> y <b>Miguel Ángel Pérez</b> (2005). <i>¿Una nueva realidad  política?</i>, La Paz, Fundemos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790532&pid=S1012-2508200700020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4. <b>Corte Nacional Electoral</b> (2004). <i>El referéndum 2004 en Bolivia</i>, La  Paz, Corte Nacional Electoral.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790533&pid=S1012-2508200700020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5. <b>Costa, Jimena</b> y <b>Gonzalo Rojas</b> (2004). <i>Informe de Milenio sobre  el acontecer político en Bolivia </i>(7), La Paz, Milenio.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790534&pid=S1012-2508200700020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6. <b>España, Raúl</b> (2005). «La participación política y electoral en Bolivia»,  en Corte Nacional Electoral, <i>Democracia en Bolivia: cinco análisis temáticos  del segundo estudio nacional sobre democracia y valores democráticos</i>, La  Paz, Corte Nacional Electoral.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790535&pid=S1012-2508200700020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7. <b>Fundación Boliviana para la Democracia Multipartidaria </b>(2006). <i>Foro  con la ciudadanía: Elecciones 2005</i>, La Paz, Fundación Boliviana para la  Democracia Multipartidaria.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: 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Lima, IDEA.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790547&pid=S1012-2508200700020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">18. <b>Molina, Fernando</b> (2006). «El triunfo de la cultura populista», <i> Opiniones y Análisis</i>, nº 77, Fundemos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790548&pid=S1012-2508200700020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">19. <b>Roca, José Luis</b> (1999). <i>Fisonomía del regionalismo boliviano</i>, La  Paz, Plural.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790549&pid=S1012-2508200700020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">20. <b>Romero Ballivián, Salvador</b> (1995). «Los tres ejes del consenso»,  Opiniones y Análisis, nº 23, Fundemos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790550&pid=S1012-2508200700020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">21. <b>Romero Ballivián, Salvador</b> (2002). «Las elecciones uninominales de 1997 a  2002», Opiniones y Análisis, nº 58, Fundemos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790551&pid=S1012-2508200700020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">22. <b>Romero Ballivián, Salvador</b> (2003a). Geografía electoral de Bolivia, La  Paz, Fundemos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790552&pid=S1012-2508200700020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">23. <b>Romero Ballivián, Salvador </b>(2003b). <i>Razón y sentimiento: la  socialización política y las trayectorias electorales en la élite</i>, La Paz,  Fundemos/PIEB.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790553&pid=S1012-2508200700020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">24. <b>Romero Ballivián, Salvador</b> (2005). <i>En la bifurcación del camino:  análisis de la elección municipal 2004</i>, La Paz, Corte Nacional Electoral.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790554&pid=S1012-2508200700020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">25. <b>Romero Ballivián, Salvador</b> (2006). «Análisis de la elección de la  Asamblea Constituyente y del referéndum sobre las autonomías departamentales», <i>Opiniones y Análisis</i>, nº 80, Fundemos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790555&pid=S1012-2508200700020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">26. <b>Romero Ballivián, Salvador </b>(2007). <i>El tablero reordenado: análisis de  la elección presidencial de 2005</i>, La Paz, Corte Nacional Electoral.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790556&pid=S1012-2508200700020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">27. <b>Tapia, Luis </b>(2004). <i>Por el sí, por el no</i>, La Paz, Corte Nacional  Electoral.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790557&pid=S1012-2508200700020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">28. <b>Zovatto, Daniel</b> (2005). «Valores, percepciones y actitudes hacia la  democracia. Una visión comparada en la región andina, 1996-2004», en  IDEA/Transparencia, <i>Democracia en la región andina, los telones de fondo</i>,  Lima, IDEA.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=790558&pid=S1012-2508200700020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2"><b>NOTAS:</b></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1 De manera simultánea, los electores sufragaron por los diputados uninominales  y, por primera vez, por prefectos departamentales. No se realiza un análisis de  ninguno de los dos escrutinios salvo para ayudar a una mejor comprensión de la  dinámica política de la elección general.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">2 Sobre las distintas facetas del referéndum se puede consultar: Corte Nacional  Electoral, 2004; Fundemos, 2004a, 2004b; Tapia, 2004.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">3 Un análisis de la elección pude encontrarse en: Carvajal y Pérez, 2005;  Fundemos, <i>Opiniones y Análisis</i> (73); Romero Ballivián, 2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">4 A la pregunta, «¿Debe nacionalizarse la industria del sector petrolero?», el  MAS respondió: «Sí, debe nacionalizarse», UN planteó «la nacionalización  progresiva» y Podemos propuso: «Nacionalizaremos los beneficios del gas».  Fundación Boliviana para la Democracia Multipartidaria, 2006.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">5 «Evo y García Linera por la Constituyente y la nacionalización», <i>La Razón</i>,  17-8-2005.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">6 Los porcentajes que se citan a continuación están calculados sobre los votos  emitidos, que reflejan de forma más exacta que los votos válidos las  preferencias e inclinaciones del conjunto del electorado.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana" size="2">7 Los distintos aspectos de esa controversia se encuentran analizados en Romero  Ballivián, 2007.</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">8 Resultado obtenido de la pregunta: «En términos generales, ¿su opinión sobre  Evo Morales ha mejorado, ha empeorado o se ha mantenido igual con el desarrollo  de la campaña electoral?».</font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana" size="2">9 Es excepcional que un partido obtenga un apoyo uniforme en todo el territorio;  la situación normal es la existencia de regiones de mayor y menor apoyo a los  candidatos.</font></p>       ]]></body>
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