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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Institucionalidad petrolera en Venezuela de 1959 a 1963: entre continuidades y discontinuidades]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="es"><p><![CDATA[Among other things, the Venezuelan twentieth century was the century of the oil institutionality that took the country away from oil lease traders and discretionary oil agreements. This article examines the period between 1959 and 1963, which had a particular influence on the evolution of that institutionality due to the emergence of oil patterns that had a relationship of continuity as well as some disruptions with regard to previous patterns.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <b><font face="Verdana">     <p align="center">Institucionalidad  petrolera en Venezuela de 1959 a 1963: entre continuidades y discontinuidades</p> </font></b><font SIZE="2" face="Verdana">     <p align="center"><b> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Gregorio</span> <span lang="EN-GB" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Darwich  Osorio</span>*</b></p>     <p align="justify">* Profesor del Centro  de Estudios del Desarrollo, Cendes, Universidad Central de Venezuela. Venezuela. gregorio.  <a href="mailto:darwich@gmail.com">darwich@gmail.com</a></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify"><b>Resumen</b></p>     <p align="justify">El siglo XX  venezolano fue, entre muchas otras consideraciones, siglo de la  institucionalidad petrolera que dejó lejano al país de traficantes de  concesiones y de arreglos petroleros discrecionales. En este artículo examinamos  el período de 1959 a 1963, que tuvo una influencia particular en la evolución de  esa institucionalidad por el surgimiento de patrones petroleros que tuvieron una  relación de continuidad y ciertas discontinuidades respecto a los patrones  precedentes.</p> </font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Palabras clave</font></b><font SIZE="2" face="Verdana"> Instituciones /  Historia petrolera / Estado venezolano</p><b>     <p align="justify">Abstract</p> </b>     <p align="justify">Among other things,  the Venezuelan twentieth century was the century of the oil institutionality  that took the country away from oil lease traders and discretionary oil  agreements. This article examines the period between 1959 and 1963, which had a  particular influence on the evolution of that institutionality due to the  emergence of oil patterns that had a relationship of continuity as well as some  disruptions with regard to previous patterns.</p><b>     <p align="justify">Key words </b>Institutions / Oil  history / Venezuelan state</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">RECIBIDO: ENERO 2008 ACEPTADO: ABRIL 2008</p> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Introducción</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Es importante  estudiar el surgimiento y consolidación de la institucionalidad petrolera  venezolana en la etapa concesionaria para profundizar en un caso paradigmático  que fue eficaz en el establecimiento del patrón institucional de control y  fiscalización de las compañías petroleras.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Este artículo se basa en avances de investigación de la línea temática sobre  institucionalidad petrolera venezolana en la etapa concesionaria. En un análisis  anterior (Darwich, 2005) revisamos el ciclo que va del año 1917, que marca el  comienzo de la exportación petrolera nacional, hasta 1957, último año del  régimen militar y preámbulo de un ciclo de cambios en la política petrolera  iniciados en 1958 y que tuvo continuidades y rupturas con la institucionalidad  precedente. En las cuatro décadas de ese período se abrió camino para reemplazar  las potestades, privilegios y condiciones ventajosas que tenían intereses  particulares en los negocios petroleros nacionales, por instituciones que  estructuraron las relaciones entre el Estado y las concesionarias bajo las leyes  de hidrocarburos, los reglamentos de esas leyes y los organismos que de ellas  surgieron. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Desde la inaugural Ley de Hidrocarburos de 1920 el Estado venezolano transitó  una senda que dio paso al establecimiento del patrón institucional de control y  fiscalización de las compañías. Es reconocido que la Ley de Hidrocarburos de  1943 tuvo un rol fundamental en el largo plazo institucional petrolero  venezolano del siglo XX. Del mismo modo, la primera Ley de Impuesto sobre la  Renta de 1942 y las reformas impositivas de 1948 y 1958 constituyeron arreglos  institucionales que favorecieron la repartición equitativa de los beneficios  petroleros entre el Estado y las compañías. En el marco de esa  institucionalización, en 1930 se creó en el Ministerio de Fomento el Servicio  Técnico de Hidrocarburos; este fue sustituido en 1943 por la Oficina Técnica de  Hidrocarburos, la cual en 1951 pasó a formar parte del Ministerio de Minas e  Hidrocarburos, que funcionó como dependencia sociotécnica del patrón  institucional de control de las actividades petroleras de las compañías. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  medio de la consolidación del discurso petrolero nacionalista, que se manifestó  abiertamente después de la finalización del régimen gomecista, en el período  denominado «el Trienio» –1945 a 1948– se impulsaron cambios de la política  petrolera que crearon incentivos para la continuidad de la institucionalidad en  ese sector. La fundación del Ministerio de Minas e Hidrocarburos en 1950 dio  continuidad a las tareas técnicas, administrativas y fiscales de control  petrolero, igualmente a los programas de formación y profesionalización de  funcionarios y a la formulación de estrategias petroleras apoyadas en leyes,  decretos, y reglamentos que sustentaban a la institucionalidad petrolera estatal  venezolana. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  este artículo examinaremos el período de 1959 a 1963, que tuvo una influencia  particular en la evolución de la institucionalidad petrolera local por el  surgimiento de algunos patrones petroleros novedosos, que tenían una relación de  continuidad, y en algunos casos de discontinuidad, con la institucionalidad  precedente.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  tipo de exploración que realizaremos sugiere inicialmente examinar algunas  nociones sobre las instituciones y patrones institucionalizados que sirvan de  marco referencial conceptual. Consecutivamente, en los dos puntos siguientes se  presenta una panorámica general de la coyuntura petrolera internacional y  doméstica para captar la dinámica compleja articulada al patrón petrolero  venezolano de inicios de los años sesenta. Posteriormente se presenta un  análisis de la evolución de ese patrón en el contexto de la política petrolera  conocida como «el Pentágono en Acción», y a continuación se resume el entramado  de operaciones técnicas, fiscales y legales que lo reproducen. Las reflexiones  finales sintetizan en tres aspectos centrales la exploración realizada.</p>     <p align="justify"><b>Patrones  institucionalizados como fenómeno de estudio</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Para profundizar en  la evolución de la institucionalidad petrolera local es pertinente explorar  algunos conceptos desarrollados en el campo que estudia las instituciones.<sup>1</sup>  Esa es una indagación compleja si se subraya que la noción tiene diversos  significados. Por ejemplo, unos autores asocian las instituciones con reglas y  normas que regulan las prácticas sociales de individuos y grupos, otros con  modos culturales que estructuran hábitos y costumbres. Algunos las vinculan con  organizaciones públicas o privadas, mientras que otros las relacionan con  legados históricos y, entre tanto, otros más las fusionan con reglas para la  conducción de asuntos económicos, políticos, religiosos y profesionales. Esas  acepciones hacen visible la idea señalada por los autores en el sentido de que  no existe una definición unánimemente admitida (Ayala Espino, 2000) sino, antes  bien, una variedad conceptual como hecho notable (Jepperson, 1999). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Entre tanto, en las últimas décadas surgieron tantos conceptos de institución  como ramas se considera están divididas las ciencias sociales (DiMaggio y Powell,  1999; Romero, 1999). Aún teniendo en cuenta las diversas visiones es factible  identificar en las nociones contemporáneas aspectos generales que son  funcionales a nuestra investigación: la perspectiva que sugiere que las  instituciones constituyen reglas de juego que estructuran las interacciones  sociales; el punto de vista que explica el cambio institucional en el marco de  la evolución de la sociedad; la representación de las instituciones como  procedimientos que se repiten durante períodos prolongados; la idea que  diferencia las instituciones de las organizaciones, y los argumentos que  establecen que la construcción institucional se forja en tensión entre actores  sociales con diversos intereses (Ayala Espino, 2000; Jepperson, 1999; North,  1993). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Ahora bien, basados en los trabajos de L.R. Jepperson (1999), es posible definir  la institución como un orden o patrón social que ha alcanzado cierto estado o  propiedad. Su razonamiento considera que «las instituciones son aquellos  patrones sociales que, cuando se reproducen crónicamente, le deben su  supervivencia a un proceso social autoactivado» (citado por Romero, 1999:14).  Razona que un patrón está institucionalizado cuando obedece a procedimientos  reproductivos rutinarios que lo sustentan. Por tanto, «una institución es un  patrón social que revela un proceso de reproducción particular» (Jepperson,  1999:194). De acuerdo con ese razonamiento, según Jepperson un patrón social  institucionalizado se activa en una secuencia de procesos rutinarios y se  impulsa a través de un conjunto de controles socialmente construidos, con  recompensas y sanciones que regulan las desviaciones de ese patrón. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Desde otro énfasis, C.D. North (1993:7) subraya que el presente y el futuro de  una sociedad están conectados al pasado «por obra de la continuidad de las  instituciones». Llama la atención acerca de entenderlas como construcciones  históricas conforme las sociedades evolucionaron de las tradiciones y costumbres  no escritas a leyes escritas. Por su parte, J. Ayala Espino (2000:71) hace  referencia a explicarlas en el largo plazo, pues en los períodos de larga  duración se puede evaluar su papel para «inhibir o favorecer el desarrollo».</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">De  esas orientaciones conceptuales derivan, cuando menos, tres aspectos concretos  para el análisis. Uno refiere a la comprensión de la evolución petrolera  venezolana como resultado de la implantación de un patrón institucional de  control fiscal, técnico y legal de las compañías petroleras trasnacionales. Otro  indica, en consecuencia, que es viable indagar cómo se reprodujo históricamente  ese patrón a través de una trayectoria de continuidades y discontinuidades. Y  otro alude a resaltar la importancia que tuvo en la institucionalización  petrolera local la reiteración a lo largo del tiempo de los procesos sociotécnicos de control y fiscalización de las concesionarias.</p>     <p align="justify"><b>El poder supremo  de las compañías petroleras</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">En el libro <i>La  política petrolera</i>, su autor, Robert Engler (1966), interpreta que en la  primera mitad del siglo XX la industria petrolera mundial, en particular la  norteamericana, disfrutó de un poder casi omnímodo. El ejercicio de ese poder  dejó tras de sí una historia fecunda en sucesos mundiales que forman un todo en  la pretensión de los países industrializados de controlar las cuencas  petrolíferas más productivas del planeta: el gran trofeo de la Primera Guerra  Mundial fue pretender el control de campos ricos en petróleo de Bakú y Grozny en  Rusia, dice Harvey O’Connor (1962). Inglaterra logró el dominio de la totalidad  de la producción petrolera de Irán a través de una compañía de su propiedad, la  Anglo-Iranian, conocida mundialmente como la British Petroleum Company, que  tenía una concesión que abarcaba casi todo ese país y era propietaria de la  mayor refinería del mundo (ibíd.). Por su lado, los sucesivos Gobiernos de  Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX incentivaron las compañías  petroleras de esa nación a buscar hidrocarburos en todos los rincones de la  Tierra, proporcionándoles apoyo político y militar para proteger sus inversiones  (Engler, 1966).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como tal, esa acotada precisión inicial de la relación entre el petróleo y las  realidades geopolíticas de los grandes países enmarca apropiadamente las  características más llamativas de la realidad petrolera de inicios de los años  sesenta, en plena Guerra Fría.</p>     <p align="justify"><b>Un mercado  petrolero polarizado</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En 1960 la industria  petrolera mundial dispuso de aproximadamente tres mil taladros, la mitad en  Estados Unidos, que produjeron veinte millones de barriles diarios. Ese año  continuó la tendencia de incremento de la demanda intercontinental de  hidrocarburos a razón de un millón de barriles diarios y de ascenso de la  producción a una tasa promedio anual de entre un 5 y un 7 por ciento (Memoria  del Ministerio de Minas e Hidrocarburos, 1960).<sup>2</sup> A su vez, en los  inicios de los años sesenta el mercado petrolero internacional exhibía las  cualidades sobresalientes de un escenario polarizado en varios aspectos  peculiares. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Estados Unidos era el mayor consumidor de petróleo, al captar alrededor del 45  por ciento de la demanda mundial; si se incluye el consumo de Canadá se deriva  que América del Norte consumía cerca del 50 por ciento del petróleo producido  globalmente. Dos áreas del mundo conformadas por los países del Medio Oriente en  el Golfo Pérsico y por Venezuela en el Mar Caribe concentraban el 90 por ciento  de las exportaciones petroleras intercontinentales y centralizaban el 70 por  ciento de las reservas universales de petróleo. Siete países producían el 75 por  ciento del petróleo mundial y cerca de la mitad de la carga marítima  internacional transportaba hidrocarburos (Memorias MMH, 1960, 1961, 1962). Y  siete compañías petroleras ejercían su dominio en los mercados mundiales de  petróleo del hemisferio occidental. Esta última era una particularidad esencial  de la industria petrolera internacional en ese tiempo.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Gobierno mundial  petrolero</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La industria  petrolera mundial de mitad del siglo XX se estructuró en torno a compañías que  integraron todas las fases del proceso petrolero, desde el pozo al consumidor, y  que tenían la capacidad empresarial para trabajar en cualquier país exportador  neto de hidrocarburos. A esa caracterización hay que agregar dos aspectos  incontrovertibles.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Uno consiste en el acuerdo al que se ajustaron, en los años veinte, siete de las  compañías petroleras más importantes del mundo, denominadas «las Siete  Hermanas», para tener bajo su control el 90 por ciento de la producción  petrolera del hemisferio occidental y la mayor parte de la refinación, del  sistema de oleoductos y de la distribución internacional (O’Connor, 1962).<sup>3</sup>  Aun después de su progresiva disolución en los años cincuenta, ese cartel  petrolero mantuvo vigencia al conformar consorcios que se repartieron las  concesiones petroleras del mundo (Mommer, 1988). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como consecuencia de esa supremacía, los precios del crudo tuvieron limitadas  oportunidades de estar sometidos efectivamente a las reales condiciones del  mercado (Zakariya, 1977), ya que las compañías los fijaban sin consultar a los  Gobiernos de los países productores y otorgaban descuentos por debajo de las  estimaciones oficiales establecidas (Mommer, 1988; Tugwell, 1977). Ese  predominio supuso para las compañías extraordinarias ganancias.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Pero la  preponderancia del cartel se encaminó más allá de los intereses económicos  corporativos. En este punto surge el otro aspecto llamativo. Este es el de la  estrecha colaboración de las cancillerías de los países industrializados con las  compañías del cartel para actuar conjuntamente en los planes de seguridad  energética de los grandes países (Mommer, 1988; O’Connor, 1962). En medio de esa  asociación, las compañías concentraron un poder político de orden mundial (Engler,  1966). Estas cuestiones hacen más nítida la comprensión de la coyuntura  petrolera mundial de comienzos de los años sesenta.</p>     <p align="justify"><b>Semblanza  petrolera internacional</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En los inicios de los  años sesenta el mercado petrolero intercontinental estaba saturado de  hidrocarburos, con un exceso de oferta sobre la demanda petrolera, estimada en  1958 en 5 millones de barriles diarios, y en medio de un contexto global  atravesado por circunstancias petroleras y geopolíticas de diverso orden,  desplegadas desde la década anterior. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Se  había recuperado la Unión Soviética como productor de escala mundial, se unieron Abu Dhabi y Libia al reducido mapa mundial de exportadores netos de  hidrocarburos, se reportaron descubrimientos de grandes yacimientos en Irán,  Venezuela, Indonesia, el Sahara y la URSS, y en varios países del Medio Oriente  se lograron récords en los niveles de producción (Memorias MMH, 1958, 1960,  1961, 1962).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  establecimiento en EE. UU. en 1957 de un programa voluntario de restricción de  las importaciones de hidrocarburos reforzó los factores que tendían a elevar la  sobreoferta petrolera global. A su vez, las ofensivas nacionalistas emprendidas  en Irak con el intento de nacionalización de la industria petrolera en 1951, y  en Egipto en 1956 con la nacionalización del canal de Suez, presionaron para que  los inventarios de hidrocarburos tomaran un rumbo por todo lo alto, una vez  resueltos esos conflictos. En Venezuela, en diciembre de 1958 se reformó la Ley  del Impuesto sobre la Renta, suscitando expectativas en los países productores y  preocupación en las casas matrices de las petroleras (Mayobre, 2005; Mommer,  1988; O’Connor, 1962). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  medio de esas situaciones, en agosto de 1959 las compañías productoras rebajaron  los precios de las cotizaciones del petróleo del Medio Oriente para enfrentar  las consecuencias de la sobreproducción de hidrocarburos. La rebaja, que osciló  entre 4 y 14 centavos de dólar, no fue consultada con los países productores a  pesar del impacto que iba a tener en sus ingresos fiscales. No era una medida  excepcional, si se tiene en cuenta que las compañías adoptaban unilateralmente  las decisiones sobre los precios en el mercado petrolero internacional. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Hoy sabemos que a raíz de esa rebaja se generaron acontecimientos que en la  década de los setenta hicieron naufragar el predominio de las concesionarias  sobre la fijación de los precios. No se imaginaron las compañías que en el  Congreso Panarábigo celebrado en el Cairo en 1959, al cual fueron invitados  países no árabes como Irán y Venezuela,<sup>4</sup> se iba a firmar un pacto de  caballeros que establecería una comisión permanente de consulta para evaluar la  marcha de sus asuntos petroleros. Así, inmediatamente después de la baja de los  precios, los signatarios del pacto se reunieron en Bagdad, en septiembre de  1960, para acordar una respuesta conjunta a las compañías. Del encuentro surgió  la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), con la participación  de Irak, Irán, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela, que en conjunto movilizaban  el 88 por ciento del comercio internacional de hidrocarburos y producían el 40  por ciento del petróleo global (Betancourt, 1978; Mayobre, 2005; Mommer, 1988;  Pérez Alfonso, 1967).</p>     <p align="justify"><b>Un país petrolero  de resonancia global</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">A finales de la  década de los cincuenta la exportación petrolera venezolana tenía cuatro décadas  de actividad. Pasó de 121.000 barriles diarios de petróleo en 1917 a 2.596.763  en 1958. Ese petróleo se bombeó de cientos de campos petroleros, algunos  clasificados como «gigantescos», en particular el del campo Costanero de Bolívar  en la rivera occidental de la cuenca del Lago de Maracaibo. Este reservorio  aportó casi tres cuartas partes del total del petróleo producido en el país por  medio de pozos que en 1959 tenían un promedio de producción de 1.718.927  barriles diarios. Era uno de los tres más prolíficos reservorios petrolíferos  del mundo (Martínez, 1970; Memoria MMH, 1959).<sup>5</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  la historia intercontinental petrolera de ese tiempo, Venezuela tenía especial  trascendencia. Satisfacía un tercio de la demanda mundial (el 29,3 por ciento),  por tanto era el primer exportador del mundo, a la vez que aportaba una décima  parte de hidrocarburos a la producción mundial (el 13,6 por ciento), por lo que  ocupaba el tercer lugar entre los países de mayor producción petrolera global; e  igualmente almacenaba el 6 por ciento de las reservas internacionales, lo que la  ubicaba como el séptimo país en importancia por la magnitud de sus reservas.  Además, su potencial como fuente de energía se vislumbraba prometedor, ya que  sólo el 17,3 por ciento de la cuenca petrolífera venezolana se hallaba en  concesión (Memoria MMH, 1958).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  1960 la industria petrolera localizada en el país se estructuraba en torno a  veintinueve compañías extranjeras que exploraban y explotaban más de cinco  millones de hectáreas en concesión. Se localizaban allí 21.896 pozos petroleros,  de los cuales el 45 por ciento estaba en producción.<sup>6</sup> A través de las  concesionarias el país accedió a la tecnología y a los procesos organizacionales  de punta de las compañías matrices, incluyendo ejecutivos y técnicos que  acumulaban un conocimiento experto. Todo un bagaje técnico y organizacional  experimentado que se puso a prueba en la construcción de plataformas de  perforación y extracción, y en la recuperación secundaria de petróleo por medio  de la inyección de vapor con métodos que estaban a la vanguardia de las  innovaciones petroleras mundiales (Barberii, 1997; Martínez, 1970).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Reunían las empresas los más avanzados equipos de exploración y producción  petrolera, y concentraban una cadena de instalaciones en el país y en las islas  de Aruba y Curazao. Esa red incluía 15 refinerías en el país que procesaban un  millón de barriles diarios; la de Amuay de la Creole y Cardón de la Shell en el  estado Falcón eran las de mayor capacidad. Existían 33 centros de distribución  de gasolina, kerosén, diesel, gasóleo y asfalto; también 1.941 estaciones  expendedoras de gasolina y un sistema de oleoductos de 7.500 kilómetros de  tuberías y otro de gasoductos de 17.000 kilómetros. Una flota petrolera de 25  tanqueros bajo bandera venezolana y 6 gabarras con denominaciones que denotan  una particularidad local: Esso-Maracaibo, Esso-Caracas o Shell-Naiguatá.  Igualmente 20 terminales de embarque para la exportación petrolera con  equipamiento para la recepción, el almacenamiento de ochenta millones de  barriles, y el aforo, muestreo y carga de los tanqueros. El Terminal de Puerto  Miranda en el Lago de Maracaibo era uno de los más modernos del mundo. A la vez,  también se contaba con medio centenar de plantas de inyección de gas, de agua y  de producción de gasolina natural y gas líquido (Memoria MMH, 1960). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Con esa estructura industrial, que empleó en 1960 a 40.629 personas, se exportó  ese año a EE. UU. el 44,56 por ciento del petróleo producido, a Canadá el 9,99  por ciento y a Europa Occidental el 20,8 por ciento. Igualmente, el 10,64 por  ciento se despachó a Suramérica, el 10,92 por ciento a Centroamérica y las  Antillas, y el 3,21 por ciento se envió a diversos países asiáticos y africanos  (ibíd.).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Esos datos hacen evidente que a finales de la década de los cincuenta la  industria petrolera localizada en el país había alcanzado las proporciones de un  complejo empresarial de grandes capacidades tecnológicas y organizacionales,  capitaneado por gigantes emporios petroleros globales. En particular por tres  compañías que eran emblemáticas en el comercio mundial de hidrocarburos, tanto  por el dominio que tenían de las fuentes petrolíferas del mundo, como por sus  prácticas expertas en la producción petrolera: la Standard Oil Company, cuya  subsidiaria venezolana era la Creole Petroleum; la Royal Dutch-Shell, que en el  país correspondía a la Shell, y la Gulf Oil Corporation, denominada localmente  la Mene Grande. Esas petroleras llegaron a concentrar dos tercios de las  concesiones petroleras vigentes y exportaron más del 70 por ciento de la  producción petrolera venezolana (Memorias MMH, 1959, 1960).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para las casas matrices las actividades petroleras que desarrollaban en el país  eran fundamentales. La Standard Oil Company transformó a la Creole-Venezuela en  su empresa más importante fuera de EE. UU., un tercio de sus beneficios  provenían de esa subsidiaria (Barberii, 1997; O´Connor, 1962). También la Shell-Venezuela  era primordial para la Royal Dutch-Shell: alrededor de la mitad del petróleo que  produjo mundialmente se originó de sus operaciones en el país. Como quiera que  sea, el flujo petrolero venezolano reportó grandes ganancias a las  concesionarias. En 1956 la mitad de los beneficios obtenidos por las inversiones  extranjeras en América Latina provenían del país, según registró la Cepal en su  informe de ese año (citado por Betancourt, 1978). En ese tiempo las empresas  concesionarias alcanzaron beneficios cercanos al 40 por ciento: «es decir  equivalentes a las dos quintas partes del capital fijo invertido» (Pérez  Alfonso, 1961:31).</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>7</sup>  Era, pues, Venezuela un mercado privilegiado para hacer inversiones petroleras.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Ahora bien, dos acontecimientos marcaron la coyuntura petrolera venezolana  iniciada en 1959. Uno es afín al retorno del partido Acción Democrática (AD) y  de Juan Pablo Pérez Alfonzo a las funciones de gobierno en 1959, que dio  continuidad a la política petrolera del lapso de 1945 a 1948, denominado el  Trienio. Y otro constituye una suerte de encadenamiento de hechos del mercado  petrolero internacional y local que condicionaron las relaciones entre el Estado  venezolano y las concesionarias incluso hasta la nacionalización petrolera. La  consideración de esos temas ayuda a explorar factores de diverso orden presentes  en el escenario petrolero local de inicios de los años sesenta.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Reformas  petroleras del Trienio y el rol de Pérez Alfonzo</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Siempre se resalta la  influencia de Pérez Alfonzo en el diseño de la política petrolera venezolana en  el período conocido como el «Trienio 1945 a 1948», y luego entre 1959 y 1963.  Sus argumentos en la Cámara de Diputados acerca de la Ley de Hidrocarburos  sancionada en 1943 hicieron visible que germinaba en él un entusiasmo por  conocer todos los aspectos del negocio petrolero, que se intensificó durante su  exilio en México, donde investigó la experiencia petrolera de ese país (Mayobre,  2005; Vallenilla, 1975). Su condición de experto petrolero lo llevó a  constituirse en los años sesenta en portavoz nacional en esos asuntos. Por ese  especial conocimiento, Luis Vallenilla (1975:162) caracterizó la etapa petrolera  venezolana iniciada en 1959 como «la era de Pérez Alfonso».<sup>8</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para aquilatar su rol en la definición de la política petrolera venezolana en el  Trienio y en el lapso de 1959 a 1963 hay que resaltar su empeño en profundizar  el discurso petrolero nacionalista que había calado abiertamente, a partir de la  finalización del régimen gomecista, en grupos políticos con representación en el  Congreso Nacional, en sectores intelectuales, sindicales y universitarios y en  la naciente fracción de expertos petroleros locales.<sup>9</sup> Esos sectores,  con sus encuentros y desencuentros, tenían en común un mayor o menor empeño,  según los casos, en la defensa del petróleo venezolano, para enfrentar lo que  apreciaban como prácticas colonialistas y monopólicas de las concesionarias. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Siendo el Trienio tiempo de cambio social y político (Caballero, 1998), fue  también tiempo de impulso de una política petrolera que buscaba conquistar  mejores posiciones para el Estado en su relación con las concesionarias, y que  demandaba atraer la voluntad de sectores de la sociedad a favor de una política  petrolera de defensa del petróleo nacional.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>10</sup>  Cinco fueron las acciones adelantadas: el principio de no otorgar nuevas  concesiones; la vigilancia de la participación de la nación en las ganancias  petroleras, que derivó en el reparto de las utilidades en un esquema conocido  como el <i>fifty-fifty</i>; la defensa y conservación del petróleo; el  planteamiento de dar continuidad a la Ley de Hidrocarburos de 1943, y el ideal  de avanzar hacia la industrialización petrolera nacional. Algunas de esas  medidas, conjuntamente con la licitación en el mercado internacional de las  regalías petroleras y la tentativa de acercarse a los países productores del  Medio Oriente, fueron actos avanzados en la historia mundial petrolera (Mayobre,  2005; Pérez Alfonso, 1967).<sup>11</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como sea, esas acciones tuvieron la virtud, en un caso, de acoplar aspectos del  discurso nacionalista con la política petrolera.<sup>12</sup> En otro, de  persistir en los esfuerzos de la institucionalización –en la terminología de  Jepperson (1999)– petrolera que en medio de continuidades y rupturas se venía  esbozando desde los años veinte del siglo XX, cuando se establecieron las  primeras leyes petroleras.<sup>13</sup> Además, téngase presente que en el lapso  de 1936 a 1945 se promulgaron nuevas leyes que impactaron el avance  institucional petrolero del país, a saber: la Ley de Trabajo de 1936, la Ley del  Impuesto sobre la Renta de 1942, y particularmente la Ley de Hidrocarburos de  1943, que hizo posible establecer un arreglo institucional petrolero de  regulación del sistema de concesiones y regalías. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  definitiva, lo que interesa retener para el análisis que realizaremos más  adelante es que los patrones petroleros del período de 1959 a 1963 fueron en  muchos sentidos continuación de la institucionalidad petrolera precedente, pero  en especial de la que fue producto recurrente de las reformas petroleras del  Trienio. Razona Mayobre (2005:73) que Pérez Alfonso, una vez nombrado ministro  de Minas e Hidrocarburos en 1959, se dedicó a «la tarea de continuar y completar  la obra realizada durante el Trienio»; con el argumento, apunta Franklin Tugwell  (1977), sostenido por el partido AD, de que esas reformas habían sido dejadas de  lado por la dictadura militar iniciada en octubre de 1948.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>14</sup></font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify"><b>Una coyuntura  petrolera compleja</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para comprender la  realidad petrolera venezolana en el periodo estudiado hay que resaltar la  combinación de factores que en su entrecruzamiento dieron lugar a un escenario  nacional complejo en lo político, económico y petrolero, que luce inseparable  del contexto crítico surgido con el giro de la dictadura a la democracia.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  diciembre de 1958, finalizado el proceso electoral, la Junta de Gobierno  presidida por Edgar Sanabria reformó el impuesto sobre la renta para elevar la  participación del Estado en las utilidades de la industria en una proporción de  alrededor del 60-40, dando por finalizado el principio de repartir a la mitad  las ganancias –el famoso <i>fifty-fifty</i>– entre concesionarias y Estado. Si  este esquema de reparto significó un jalón histórico en la industria petrolera  mundial, la nueva distribución también lo fue, al revelar que era factible  aumentar por encima del 50 por ciento la participación del Estado en las  utilidades petroleras.<sup>15</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Rebasar el umbral del 50-50 fue el inicio de un enfrentamiento con las  concesionarias. Reaccionaron disminuyendo progresivamente la inversión  petrolera, pues juzgaban que se había «alterado por completo el clima favorable  para las inversiones extranjeras en Venezuela».<sup>16</sup> Esa disminución  impactó el empleo en la industria petrolera, que pasó de 44.240 trabajadores en  1958 a 33.561 en 1961 (Memoria MMH, 1963). La situación de la industria  petrolera venezolana era noticia en el <i>New York Times</i>, allí se informaba  sobre la salida del país de trabajadores petroleros extranjeros (Tugwel, 1977). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Especialmente alarmante, dice Vallenilla (1975), era el descenso de las reservas  petroleras por la disminución de la exploración. Por esas razones, el ciclo de  expansión de la actividad petrolera local que siguió al otorgamiento de  concesiones a mitad de los años cincuenta, y a la expansión del mercado mundial,  se estancó. Pero no fue ese evento la única causa de crisis en la industria  petrolera local. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  abril de 1959 el presidente Dwight Eisenhower (1953-1961) anunció cuotas  obligatorias de restricción de las importaciones de petróleo de EE. UU.; la  prohibición exceptuó los crudos y productos refinados de Canadá y México, pero  incluyó las importaciones venezolanas a ese país bajo el criterio de que, en la  eventualidad de una guerra, el petróleo que entrara por mar constituía una  amenaza para su seguridad (Pérez Alfonzo, 1967). En ruedas de prensa, memorandos  y contactos bilaterales, el Gobierno venezolano manifestó a la administración  norteamericana su desconcierto por el trato injusto que daba a su mayor  proveedor de hidrocarburos, tanto en tiempos de beligerancia como de paz, y a  una industria petrolera cuyos dueños eran inversionistas de aquel país,</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>17</sup>  que por medio de las concesionarias controlaban el 68 por ciento de la  producción local.<sup>18</sup> Esa restricción petrolera, que se mantuvo con  variantes hasta 1973, impactó el precio del petróleo venezolano. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  enrarecimiento de las relaciones entre el Gobierno y las concesionarias, en  medio de la estrategia adoptada por estas de disminución de los precios y las  inversiones petroleras, tuvo un mar de fondo asociado con la política petrolera  adelantada desde 1959 por el ministro de Minas e Hidrocarburos, Pérez Alfonzo,  con el apoyo del presidente Rómulo Betancourt y factores políticos. En  particular por la norma establecida en la Constitución de 1961 de no otorgar más  concesiones sin la autorización de ambas Cámaras del Congreso.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>19</sup>  De las políticas petroleras del Gobierno, cuyos resultados en ese tiempo eran  metas lejanas de alcanzar, esa fue la que mayor sobresalto produjo en las  compañías, pues su consecuencia más tangible era que en el mediano plazo  pasarían a manos de la nación la mayoría de las áreas en concesión. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  tirantez entre Gobierno y compañías petroleras se empalmaba con la situación  interna del país. La Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio, Fedecamaras, apoyó el aumento de los tributos a las compañías acordado en 1958,</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>20</sup>  pero en lo relativo a la política petrolera del Gobierno tomó parte a favor de  las concesionarias. Se trató de una ambivalencia, ha señalado Nelly Arenas  (1999), producto de la tensión entre el reconocimiento de la reivindicación por  la obtención de una mayor renta petrolera –que era clave para el crecimiento de  la economía– y la progresiva configuración de una mancomunidad del capital  privado nacional y el petrolero internacional, con la incorporación de las  compañías a Fedecamaras. En lo esencial, apunta Diego Bautista Urbaneja (1992),  esa asociación tejió un frente ideológico empresarial. Todo ello en medio de la  maduración de posturas empresariales que alentaban la participación del capital  privado nacional en el negocio de los derivados y cuestionaban el rol  preponderante ejercido por el Estado en la industria petrolera concesionaria.<sup>21</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  controversia no abarcó sólo esa alianza. El senador Arturo Uslar Pietri, un  adversario de peso intelectual y político, puso en duda la efectividad de la  estrategia petrolera gubernamental. Sostuvo con Pérez Alfonzo un debate  televisado que polarizó las opiniones acerca de la industria. Allí afirmó que  era prematuro e irreflexivo anunciar la finalización del sistema de concesión  sin establecerse una estrategia sustitutiva de ese régimen de explotación,<sup>22</sup>  alertó sobre las nefastas consecuencias que tenía para el país la disminución de  la inversión petrolera y advirtió sobre los riegos que la asociación en la OPEP  tenía para la industria petrolera nacional (<i>El Nacional</i> 8-5-1963; Uslar  Pietri, 1966). Su dictamen no dejó lugar a la duda, el daño a la industria y al  país como consecuencia de los efectos negativos de la política de no más  concesiones no era cosa contingente: se había tomado una vía estrecha que no  servía para avanzar en el ideal de sembrar el petróleo. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Téngase en cuenta también que el inicio de los sesenta fue período de forcejeos  políticos que no garantizaban que el presidente Betancourt finalizaría su  mandato (Urbaneja, 1992). Fue tiempo de cimentación de una alianza política  concretada en el Pacto de Punto Fijo –que excluyó al Partido Comunista– y en la  Constitución de 1961. Pero también un momento de endurecimiento de la represión  tanto política como social, de fractura del partido AD, de fallidas rebeliones  golpistas, de intentos de magnicidio y de inicio de acciones guerrilleras (Silva  Luongo, 2000). Aún más, de fuga de capitales, de desequilibrio fiscal, de  disminución de sueldos y salarios, de control de cambio, de baja del ingreso  petrolero (Maza Zavala, 2007). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Siendo, pues, período de <i>crisis histórica</i>, como es definido por Manuel  Caballero (1988), representó a la par ciclo de evolución de la institucionalidad  petrolera.</p>     <p align="justify"><b>El largo plazo  institucional del Pentágono en Acción</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las cinco estrategias  de política expuestas por Pérez Alfonzo en su clásico libro <i>El pentágono  petrolero</i> (1967) permitieron en el largo plazo la construcción de algunos  patrones petroleros que tuvieron un papel cardinal en la institucionalidad  venezolana del siglo XX. Se trató de patrones que tenían una relación de  continuidad con la institucionalidad petrolera precedente, en especial con la  del Trienio, aunque adaptada a la coyuntura de los años sesenta.<sup>23</sup>  Pero también de discontinuidad, en especial con algunas de las políticas  petroleras del régimen militar entre 1948 y 1958.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Una estrategia era el principio rector de la <i>participación razonable</i>  (Pérez Alfonzo, 1967), que implicó la continuidad de los patrones  institucionales que hacían valer la primacía de los derechos del Estado en la  obtención de una ganancia justa por el petróleo extraído. Se basaba en el  discurso petrolero que impugnaba a las compañías la explotación del petróleo sin  establecer con el Estado venezolano relaciones de equidad en la repartición de  las ganancias, incluyendo en esa objeción a las dictaduras que avalaron tal  proceder.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>24</sup>  El principio tuvo su origen en las primeras leyes de hidrocarburos que  concibieron pagos de impuestos y regalías, aunque con resultados limitados (Darwich,  2005). </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Otro legado institucional de ese patrón, con un saldo más tangible, se halla en  la primera Ley de Impuesto sobre la Renta de 1943, y en las reformas impositivas  de 1948 y 1958, que tuvieron un papel clave en el aumento de la tasa impositiva  destinada a las petroleras. De manera que, en la línea de la <i>participación  razonable,</i> el Gobierno no modificó el Decreto 476 promulgado por la Junta  Provisional de Gobierno en diciembre de 1958, que estipulaba que el Estado  obtendría un 60 por ciento de los beneficios generados por la actividad  petrolera. Desde la perspectiva del largo plazo institucional de Ayala Espino  (2003) puede deducirse que lo que estaba en disputa con el principio de la  participación razonable era el avance de la autoridad suprema del Estado para  tomar decisiones soberanas respecto a las ganancias petroleras.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Otra estrategia corresponde al principio rector de <i>no otorgar más concesiones</i>  (Pérez Alfonzo, 1961, 1967) trazado inicialmente en el Trienio pero que no tuvo  continuidad durante el régimen militar, al adjudicarse concesiones de  exploración y explotación entre 1956 y 1957. El principio, que no alteró los  derechos de los concesionarios, favoreció dejar zonas petroleras fuera de  concesión. Se fundamentó en tres supuestos básicos –expresados de diversos modos  por Pérez Alfonzo como su vocero más tenaz–</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>25</sup>  que eran medulares en el discurso petrolero nacionalista venezolano.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Uno infería que el futuro del país estaría comprometido si la riqueza petrolera,  considerada un recurso agotable, se mantenía bajo la potestad exclusiva de las  trasnacionales, pues esa intervención limitaría en el largo plazo su explotación  directa por parte del Estado. Otro razonaba que las áreas otorgadas en concesión  eran suficientes para el desarrollo de las actividades de exploración y  explotación. Y otro colegía que las cuencas petrolíferas más productivas  –especialmente las que eran el epicentro petrolero del país– estaban en manos de  las compañías, por lo que había que resguardar de su monopolio las potenciales  áreas que aún quedaban. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Si  se admite el planteamiento del largo plazo institucional, puede apuntarse que el  principio de no más concesiones tuvo un poder simbólico notable en el discurso  petrolero nacionalista, al asociársele con la posibilidad de que el Estado  controlara directamente su rico reservorio petrolero.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>26</sup> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las otras tres  estrategias se vinculan con el establecimiento de igual número de entidades que  sustentaban y daban continuidad al patrón institucional del control y  fiscalización de las compañías, al tiempo que lo ampliaban con la inclusión de  otros patrones petroleros. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Una de las entidades era la Comisión Coordinadora de la Conservación y el  Comercio de los Hidrocarburos (Pérez Alfonzo, 1967), que tenía por finalidad  recomendar políticas de regulación del comercio de los crudos venezolanos que, a  su vez, estuvieran coordinadas con medidas de conservación física y económica  del recurso natural para evitar su despilfarro (Resolución 557 del MMH. Memoria  MMH, 1959). Las atribuciones de la Comisión –inéditas en los países productores  no desarrollados– fijaban reglas que buscaban ampliar el control estatal en  asuntos vitales del negocio petrolero relacionados con los precios de  exportación y de venta (Acosta, 1964). De ese modo, el patrón fiscalizador del  Estado venezolano se extendía más directamente a la cuestión de los descuentos  en los convenios y contratos de venta del petróleo local: un asunto que era un  juego de compadres entre las concesionarias y una caja negra para el Ministerio  de Minas e Hidrocarburos. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Por otra parte, en el marco de las actividades de la Comisión, el Ministerio  aprobó en 1960 la Resolución 994, que estipuló sanciones a las concesionarias  que vendieran petróleo con descuentos excesivos alejados de los precios  publicados, pues se consideraba que esa práctica era contraria al interés  nacional por estimular un deterioro de los precios de los hidrocarburos en el  mercado internacional (Memoria MMH, 1960). A su vez, la Comisión comenzó a  exigir a las compañías datos mensuales respecto a embarques petroleros, precios  de realización y fletes, e información contable de sus negocios en el país. Con  esos detalles el Ministerio empezó a conocer el funcionamiento real del mercado  petrolero internacional en lo relacionado con los precios de venta del crudo  (Acosta, 1964; Tugwell, 1975).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Más allá de los logros alcanzados por la Comisión,</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>27</sup>  lo fundamental a resaltar es que reforzó en el mediano plazo el establecimiento  de mecanismos para que los precios de exportación petrolera de los crudos  nacionales estuvieran enmarcados en el patrón institucional de control de las  concesionarias, e igualmente en el patrón de concertación internacional de los  precios en la OPEP. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  Corporación Venezolana de Petróleo, creada por Decreto 260 de la Presidencia de  la República del 19/04/1960 (Memoria MMH, 1960), fue otra de las organizaciones  a que dio lugar la institucionalidad forjada en el marco del pentágono  petrolero. Desde una perspectiva general, puede relacionarse su origen con la  evolución petrolera mundial a lo largo de la primera mitad del siglo XX que  impulsó la creación de empresas estatales, siendo la más emblemática la British  Petroleum, propiedad del Gobierno inglés. En 1960 existían en diversos países  del mundo 16 de esas compañías, 6 de ellas en América Latina (Acosta, 1964). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  germen institucional de la CVP puede hallarse en disposiciones de la Ley de  Minas de 1918, y en las leyes de hidrocarburos de 1938 y 1943.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>28</sup>  Otro cimiento se vincula con el discurso nacionalista petrolero de líderes  políticos, sindicales e intelectuales que propugnaba ampliar la participación  estatal en el negocio petrolero.<sup>29</sup> Otro fundamento notorio se halla  en la política petrolera del Trienio, en el marco de la cual se planteó estudiar  la formación de una empresa petrolera nacional;<sup>30</sup> propuesta que no se  concretó durante el régimen militar.<sup>31</sup> Esas disposiciones legales y  acciones de política, aunque no tuvieron un efecto práctico inmediato, en el  largo plazo contribuyeron a definir el proceso institucional de la intervención  directa del Estado venezolano en el negocio petrolero. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">El  marco legal que especificó el ámbito de acción de la CVP abrió la ruta para  transformarla en una empresa de operaciones integradas que abarcaba la  exploración, explotación, refinación, transporte y venta de hidrocarburos  (Acosta, 1964). De acuerdo con lo estipulado en el decreto de su creación, el  Congreso de la República autorizó al Ministerio de Minas e Hidrocarburos a  transferirle el derecho a explorar y explotar hidrocarburos en una superficie de  concesiones de 141.000 hectáreas localizadas fundamentalmente en el lago de  Maracaibo, e igualmente a asignarle una red de gasductos. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  creación de la CVP supuso la construcción de una institucionalidad asociada con  el patrón de conducción de las actividades operativas y comerciales de  hidrocarburos por parte de una empresa petrolera nacional.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>32</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Por lo demás, un  patrón institucional que aun con sus debilidades de política pública empresarial  fue factor fundamental para el aprendizaje estatal en la exploración y  producción de hidrocarburos (2 por ciento de la producción total nacional en  1973), igualmente en las operaciones de mercadeo de gasolina (30 por ciento del  mercado interno), de refinación (refinería de Morón), de transporte (flota  petrolera, construcción de gasductos) y asimismo de comercialización  internacional de crudos y derivados (oficina CVP New York).<sup>33</sup> Pérez  Alfonzo (1960:33) lo explicó de la siguiente manera: «Venezuela, que habrá de  vivir por muchos años del petróleo, debe aprender a manejar por sí misma el  valioso combustible». </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Finalmente la tercera entidad, la de mayor impacto internacional, se concretó  con la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en  1960, con el impulso emprendedor de Pérez Alfonzo y del ministro del Petróleo de  Arabia Saudita, Abdallah Tariki.<sup>34</sup> En esa organización, el Estado  venezolano participó con otros países productores en el establecimiento de un  patrón supranacional de unificación y coordinación de políticas petroleras.<sup>35</sup> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  el país, cuando menos desde la década de los años cuarenta se expresaron  opiniones que exteriorizaban un interés por la delineación de una estrategia  petrolera internacional. Una muestra se halla en artículos de prensa de Uslar  Pietri publicados entre 1947 y 1948.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>36</sup>  En uno titulado «Una estrategia petrolera internacional» argumentaba que el  destino petrolero del país se jugaba en un <i>mano a mano</i> entre los grandes  países y las juntas directivas de la industria petrolera trasnacional, «por eso  Venezuela necesita tener una política petrolera internacional» (Uslar Pietri,  1986:72).<sup>37</sup> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Otra referencia remite a escritos de prensa de Betancourt de los años cuarenta  que llaman la atención respecto a la ausencia de Venezuela en las reuniones  internacionales que trataban acerca de los suministros petroleros (Sheldon,  1946, reproducido en Pérez Alfonzo, 1967). Otra alusión, con igual sentido, se  asoma en escritos de Mario Briceño Iragorry de 1953 (<i>Ideario político</i>,  citado por Rodríguez Gallad, 1996), donde urgía a la conformación de un cartel  internacional de países productores para que fijaran los precios de sus  hidrocarburos. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Paralelamente a esas preocupaciones, a finales de la década de los cuarenta se  advierte un interés por aproximarse a los países productores. En septiembre de  1949 se realizó la primera visita oficial de una delegación venezolana a Irán,  Egipto, Irak, Kuwait y Siria,</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>38</sup>  con una agenda que buscaba iniciar relaciones directas de amistad con esos  países productores de petróleo «a fin de buscar una manera de llegar a un  equilibrio de los precios» (Ministerios de Relaciones Exteriores y de Fomento,  1949, citado por Mommer, 1988).<sup>39</sup> Como resultado de esos trámites,  delegaciones petroleras del Medio Oriente asistieron a la primera Convención  Petrolera Nacional realizada en Caracas en 1951. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Al  mismo tiempo en el Medio Oriente se habían formalizado contactos entre los  países petroleros que cristalizaron, primero, en la creación de la Liga de los  Estados Árabes en 1944; después, en la conformación del Comité de Expertos  Petroleros en 1952, y posteriormente en la realización del Primer Congreso Árabe  del Petróleo en 1959. Vallenilla (1975) y Mommer (1988) dan por sentado que en  esos contactos preliminares y en esas instancias se descubren pasos  institucionales iniciales de la creación de la OPEP. Más aún, Mommer conjetura  que en la gira venezolana por el Medio Oriente se incubó el movimiento histórico  que una década después instauraría a la OPEP.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>40</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  definitiva, Pérez Alfonzo (1967) y Betancourt (1978) mostraron particular  interés en desplegar una política externa que diera prioridad al acercamiento  con los países petroleros del Medio Oriente y del norte de África. Como producto  de esa estrategia, en cierto modo audaz para un país de reducida influencia en  el ámbito internacional y que además tenía en el plano interno un enfrentamiento  con las concesionarias petroleras, Venezuela fue factor clave en la creación de  la OPEP. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Con la puesta en marcha de ese patrón internacional de concertación de políticas  petroleras ideado en la OPEP se nombró el primer Gobernador de Venezuela ante  ese organismo,<sup>41</sup> igualmente se formó en el Ministerio de Minas e  Hidrocarburos una oficina de enlace con esa Organización, y se realizó en  Venezuela, en 1961, la Segunda Conferencia, que aprobó los estatutos de la  Organización. La inclusión del país en esa red institucional internacional  amplió las funciones del Ministerio como contraparte nacional encargada de  acometer las tareas acordadas en las conferencias de la OPEP y su Junta de  Gobernadores.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">A  través de la OPEP, el Estado venezolano dio pasos decisivos para que la política  externa profundizara la estrategia de mantener estrechos vínculos con los países  productores, con la finalidad de defender los precios internacionales del  petróleo. Pero más importante es resaltar que en esa Organización los países  miembros fueron coordinando en el largo plazo un patrón petrolero internacional  basado en el cumplimiento de las decisiones y pactos acordados.</font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2"><sup>42</sup>  Esto significa, en la experiencia venezolana, que ese patrón se hizo viable, a  lo largo del tiempo, al ponerse en marcha mecanismos rutinarios que daban fiel  cumplimiento a las resoluciones de la OPEP.</font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify"><b>Las operaciones  técnicas, fiscales y legales del patrón de control de las compañías petroleras  en el Ministerio de Minas e Hidrocarburos</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  liderazgo de Pérez Alfonzo fue muy valioso para la evolución del patrón  institucional del control de las compañías. Un liderazgo que continuaba de  manera personalísima –por su modo de entender lo petrolero en la coyuntura que  enfrentó, de allí su rol histórico incontrovertible– lo hecho por anteriores  ministros que dejaron su impronta en el sector petrolero local.<sup>43</sup>  Como todos los funcionarios que le precedieron, Pérez Alfonzo tuvo en el  Ministerio de Minas e Hidrocarburos, y particularmente en la Oficina Técnica de  Hidrocarburos (OTH), la estructura socio-técnica que sustentó y dio continuidad  al patrón del control de las concesionarias. Conviene hacer un paréntesis  complementario para subrayar que esa estructura fue evolucionando en medio de  los cambios institucionales experimentados por el sector petrolero estatal a lo  largo de la primera mitad del siglo XX.<sup>44</sup></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">De  modo que, en 1959, en la sede del Ministerio en Caracas (especialmente en la OTH),  y en las inspectorías regionales se coordinaron todas las acciones de  reproducción del patrón institucional del control de las concesionarias. Eran  secuencias de actividades estandarizadas, en la línea de los planteamientos de  Jepperson (1999), que se venían realizando cada vez con mayor complejidad,  inicialmente en el Ministerio de Fomento y posteriormente en el de Minas e  Hidrocarburos. A manera ilustrativa se presentan algunas de las prácticas  fiscales, técnicas y legales reproductoras de ese patrón que funcionaba en este  último Ministerio.<sup>45</sup> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las dependencias del sector petrolero del Ministerio se ocuparon de la  tramitación de las concesiones de exploración, explotación, refinación y  transporte; de la fiscalización operativa y técnica de la exploración y la  producción de hidrocarburos y productos derivados; de la liquidación y  exoneración de los impuestos de producción, consumo, transporte y refinación; y  de los procedimientos administrativos en las relaciones de las compañías con el  Estado y con particulares. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Asimismo se encargaron del establecimiento de normas para regular la explotación  petrolera según medidas de conservación, con arreglo a métodos que fijarán una  adecuada relación gas-petróleo/agua-petróleo con tasas eficientes de producción.  Pero también de la fijación de criterios técnicos respecto a la exploración y  explotación de los yacimientos y en cuanto a los métodos de inyección y de  utilización del gas. Y más, del cálculo de las reservas de hidrocarburos, de la  aplicación de multas por infracciones a ley de hidrocarburos, y de la  elaboración de estadísticas. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  el período estudiado, la OTH tramitó las solicitudes de exploración geológica  encaminadas a seleccionar las áreas de perforación de los primeros pozos  exploratorios en campos donde no se había comprobado la existencia de crudos.  Fiscalizó el movimiento de las concesiones de explotación. Llevó registro de los  nuevos yacimientos descubiertos y de los pozos en producción, suspendidos y en  abandono. Por otra parte, en las inspectorías regionales se realizó la  fiscalización diaria de la producción de petróleo, gas natural y de los  hidrocarburos líquidos; asimismo de las operaciones operativas de la industria  que generaran impuestos. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  concordancia con resoluciones del Ministerio sancionas entre 1958 y 1960,  referidas a los gases licuados, se reguló técnica y legalmente su uso,  transporte, almacenamiento e instalación y se establecieron normas para el  otorgamiento de permisos. Se supervisó a las quince refinerías existentes en el  país, se evalúo y aprobó sus planes de expansión y se vigiló el cumplimiento de  la obligación de procesar en el país lo estipulado en el contrato de concesión.  Asimismo, se supervisó y aprobó la construcción de oleoductos y gasductos por  parte de las concesionarias. Y se comprobó la liquidación de los impuestos de  explotación transporte y consumo estipulados en la Ley de Hidrocarburos. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Del mismo modo, se ejerció un control conservacionista a efectos de verificar  que se producía hidrocarburos a tasas eficientes y con métodos que disminuían su  desperdicio. En concordancia con los principios estipulados en la Ley de  Hidrocarburos de 1943 y su reglamento se mantuvieron clausurados o se cerraron  yacimientos por deficiencias en la relación gas-petróleo. También se prosiguió  con las políticas tendientes a disminuir el desperdicio de gas, que en más de un  50 por ciento era descargado a la atmósfera; igualmente el Ministerio apoyó la  puesta en marcha de programas experimentales de recuperación de petróleo por las  concesionarias.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Por su parte, la Consultoría Jurídica del Ministerio tramitó las controversias  jurídicas entre el Estado y las concesionarias respecto a antejuicios  administrativos y demandas cursadas ante la Procuraduría General de la República  y la Corte Suprema de Justicia. Esos litigios, que sustentaban el patrón  institucional de control legal, eran controversias en torno al cumplimiento de  las obligaciones fiscales, técnicas, operativas, reglamentarias y de medidas de  conservación de las concesionarias en las actividades de exploración,  explotación, procesamiento y transporte de hidrocarburos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Como quedó dicho, con el establecimiento de la Comisión Coordinadora del  Comercio de los Hidrocarburos y la aplicación de la Resolución Nº 994, se  exploraron mecanismos de control de los precios de venta del petróleo  venezolano. Finalmente, en la Comisión Interministerial Permanente de los  Ministerios de Hacienda y de Hidrocarburos, que funcionaba desde 1952, se lidió  con problemas relacionados con los tributos fiscales de las concesionarias en  años fiscales ya vencidos.</p> </font></font></font></font></font></font></font></font></font></font></font> </font></font></font></font></font></font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Reflexión final</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Tres aspectos  centrales resaltan del análisis realizado. Uno tiene que ver con la reproducción  en el largo plazo de un patrón institucional. En el período examinado, en medio  de un escenario petrolero internacional complejo, además de una coyuntura de  enfrentamiento con las concesionarias en el plano interno, conjuntamente con un  cambio de régimen político con fuertes tensiones sociopolíticas, se continuó  reproduciendo el patrón institucional petrolero-estatal del control de las  concesionarias. Esto ilustra la idea de que la persistencia de un patrón  institucional está asociada con su reproducción a lo largo del tiempo a través  de una evolución que sigue una tendencia de continuidades y discontinuidades.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Precisamente el segundo aspecto guarda relación con esa evolución del patrón del  control y fiscalización de las concesionarias entre 1959 y 1963. Las cinco  directrices del Pentágono en Acción presentan características que muestran  continuidades con ese patrón, así como discontinuidades e igualmente nuevas  esferas para su ampliación y desarrollo. En el principio de la participación  razonable del Estado en los beneficios petroleros puede interpretarse una  continuidad histórica del patrón institucional por medio del cual progresaron  los mecanismos estatales de maximización de los ingresos fiscales. Del mismo  modo, tanto en la Comisión Coordinadora del Comercio de los Hidrocarburos como  en la Corporación Venezolana del Petróleo se intensificaron los patrones de  institucionalización petrolera. En aquella se pusieron en marcha inéditos  mecanismos de control de los precios de venta del petróleo; en esta se dieron  pasos definitivos para que el Estado operara una empresa petrolera. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  participación estatal en la OPEP con los países productores dio inició al  establecimiento de un patrón supranacional de concertación de políticas  petroleras a través del fiel cumplimiento de las decisiones adoptadas. En esa  Organización surgió un tipo de institucionalidad que vinculó la política  petrolera doméstica venezolana con la de otros Estados petroleros, con la  finalidad de ejercer su soberanía sobre la determinación de los precios y  volúmenes de producción. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  política de no otorgar más concesiones no tuvo continuidad con el patrón  institucional de adjudicación de concesiones de explotación y exploración  reiterado en períodos anteriores. A partir de su implantación constitucional se  estableció un arreglo institucional que abrió camino para plantear las normas  que regularían la nacionalización petrolera. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  tercer aspecto está asociado con el entramado de operaciones técnicas, fiscales  y legales mediante las cuales se reprodujo el patrón del control de las  concesionarias. La reiteración histórica de ese patrón en el Ministerio de Minas  e Hidrocarburos y particularmente en la Oficina Técnica de Hidrocarburos, a  través de la fiscalización de todas las actividades relacionadas con la  exploración, explotación, transporte y procesamiento de hidrocarburos, fue la  base sobre la que se asentó la institucionalidad petrolera en el período  estudiado.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  fin, entre continuidades y discontinuidades evolucionó el patrón petrolero del  control y fiscalización de las concesionarias entre 1959 y 1963. Más allá de la  posible evaluación de su eficiencia o ineficiencia, la persistencia de ese  patrón fue resultado notorio de la continuidad de la institucionalidad forjada  en la etapa concesionaria. Pese a que en nuestra realidad la institucionalidad  suele ser asunto discutible por las razones que surgen al momento de evaluar el  rol que ha tenido para favorecer el desarrollo, hay singularidades, como en el  caso de la experiencia petrolera hasta la nacionalización, que permiten  reflexionar sobre un caso paradigmático de la institucionalidad venezolana del  siglo pasado.</p>     <p align="justify"><b>Referencias  bibliográficas</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">1. <b>Acosta H.,  Eduardo A.</b> (1964). <i>Este petróleo es venezolano.</i> Caracas, Editorial  Arte.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793706&pid=S1012-2508200800010000300001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">2. <b>Acosta H.,  Eduardo</b> (1969). <i>Análisis histórico de la OPEP.</i> Mérida, Universidad de  los Andes, Facultad de Economía.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793707&pid=S1012-2508200800010000300002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">3. <b>Arenas, Nelly</b>  (1999). «Empresarios y petróleo en Venezuela». tesis de Doctorado en Ciencia  Política, Universidad Central de Venezuela, Facultad de Ciencias Jurídicas y  Políticas.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793708&pid=S1012-2508200800010000300003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">4. <b> Avendaño, Astrid</b> (1996). <i>Arturo Uslar Pietro: Entre la razón y la acción.</i>  Caracas, Oscar Todtman Editores/Fondo de Publicaciones Universitarias.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793709&pid=S1012-2508200800010000300004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">5. <b>Ayala Espino,  José</b> (2000). <i>Instituciones y economía: Una introducción al neoinstitucionalismo económico.</i> México, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793710&pid=S1012-2508200800010000300005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span style="font-size:10.0pt;font-family:Verdana">6. <b>Barberii, Efraín E.</b>  (1997). <i>De los pioneros a la empresa nacional 1921-1975: La Standard Oil of  New jersey en Venezuela.</i> Caracas, Lagoven.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793711&pid=S1012-2508200800010000300006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p><span style="font-size:10.0pt;font-family:Verdana">7. <b>Betancourt, Rómulo</b>  (1978). <i>El petróleo en Venezuela.</i> Barcelona, Editorial Seix Barral.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793712&pid=S1012-2508200800010000300007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref -->8. <b>Caballero, Manuel</b>  (1998). <i>Las crisis de la Venezuela contemporánea.</i> Caracas, Contraloría  General de la República de Venezuela,Monte Ávila Editores.</span>    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793713&pid=S1012-2508200800010000300008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">9. <b>Darwich Osorio,  Gregorio</b> (2005). «Trayectoria institucional del sector petrolero en los  Ministerios de Fomento y de Minas e Hidrocarburos entre 1917 y 1957», en <i> Venezuela visión plural. Una mirada desde el Cendes</i>, t. II, pp. 721-743,  Caracas, Cendes-UCV, bid &amp; co. editor.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793714&pid=S1012-2508200800010000300009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">10. <b>Darwich  Osorio, Gregorio</b> (2007). «El Ministerio de Minas e Hidrocarburos y la  institucionalidad petrolera venezolana en la etapa concesionaria». <i>Cuadernos  del Cendes</i>, año 24, nº 64, enero-abril, pp. 161-164, Caracas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793715&pid=S1012-2508200800010000300010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">11. <b>Dávila, Luis  Ricardo</b> (1996). <i>Venezuela: la formación de las identidades políticas: El  caso del discurso nacionalista (1920-1945).</i> Mérida, Universidad de los  Andes. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793716&pid=S1012-2508200800010000300011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">12. <b>DiMagio, Paul  J.</b> y <b>Walter W., Powell </b>(1999). «Introducción». en W.W. Powell y P.J.  DiMaggio, comps., <i>El nuevo institucionalismo en el análisis organizacional</i>,  pp. 33-75, México, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793717&pid=S1012-2508200800010000300012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">13. <b>Engler, Robert </b>(1966). <i>La política petrolera.</i> México, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793718&pid=S1012-2508200800010000300013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">14. <b>Jepperson, L.  Ronald</b> (1999). «Instituciones, efectos institucionales e institucionalismo»,  en W.W. Powell y P.J. DiMaggio, comps., <i>El Nuevo institucionalismo en el  análisis organizacional</i>, pp. 193-215, México, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793719&pid=S1012-2508200800010000300014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">15. <b>Lieuwen, Edwin</b>  (1964). <i>Petróleo en Venezuela: Una historia.</i> Caracas, Cruz del Sur  Ediciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793720&pid=S1012-2508200800010000300015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">16. <b>López Maya,  Margarita</b> (1996). <i>EE.UU. en Venezuela: 1945-1948 (Revelaciones de los  archivos estadounidenses).</i> Caracas, Universidad Central de Venezuela,  Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793721&pid=S1012-2508200800010000300016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">17. <b>Martínez,  Aníbal R.</b> (1970). <i>Cronología del petróleo venezolano.</i> Caracas,  Ediciones Librería Historia. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793722&pid=S1012-2508200800010000300017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">18. <b>Martínez,  Aníbal R.</b> (1997). <i>Diccionario del petróleo venezolano.</i> Caracas, Los  Libros de El Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793723&pid=S1012-2508200800010000300018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">19. <b>Mayobre,  Eduardo</b> (2005). <i>Juan Pablo Pérez Alfonso.</i> Caracas, Biblioteca  Biográfica Venezolana, C.A. Editora El Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793724&pid=S1012-2508200800010000300019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">20. <b>Maza Zavala,  D.F. </b>(2007). <i>Yo, el Banco Central y la economía venezolana.</i> Caracas,  Los Libros de El Nacional. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793725&pid=S1012-2508200800010000300020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">21. <b>Mendoza  Potellá, Carlos</b> (2006). «Vigencia del nacionalismo petrolero». <i>Revista  Venezolana de Economía y Ciencias Sociales</i>, vol. 12, nº 1, enero-abril, pp.  183-207. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793726&pid=S1012-2508200800010000300021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">22. <b>Moleiro Pérez,  Leonardo</b> (2002). «Incursión del Estado venezolano en el negocio petrolero».  en <i>Testimonios de una realidad petrolera</i>, pp. 178-192, Caracas, Banco  Central de Venezuela/Fundación Venezuela Positiva/Banco Occidental de Descuento.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793727&pid=S1012-2508200800010000300022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">23. <b>Mommer,  Bernard </b>(1988). <i>La cuestión petrolera.</i> Caracas, Asociación de  Profesores UCV/Tropykos.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793728&pid=S1012-2508200800010000300023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">24. <b>Mommer,  Bernard</b> (2003). <i>Petróleo global y Estado nacional</i>. Caracas, Comala.com.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793729&pid=S1012-2508200800010000300024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">25. <b>North, C.  Douglass</b> (1993). <i>Instituciones, cambio institucional y desempeño  económico.</i> México, Fondo de Cultura Económica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793730&pid=S1012-2508200800010000300025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">26. <b>O’Connor,  Harvey</b> (1962). <i>Crisis mundial del petróleo.</i> Caracas, Ediciones y  Distribuciones Aurora.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793731&pid=S1012-2508200800010000300026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">27. <b>Pérez Alfonso,  Juan Pablo</b> (1960). <i>Venezuela y su petróleo: Lineamientos de una política.</i>  Caracas, Imprenta Nacional.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793732&pid=S1012-2508200800010000300027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">28. <b>Pérez Alfonso,  Juan Pablo</b> (1961). <i>Petróleo, jugo de la tierra.</i> Caracas, Editorial  Arte.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793733&pid=S1012-2508200800010000300028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">29. <b>Pérez Alfonso,  Juan Pablo</b> (1967). <i>El pentágono petrolero.</i> Caracas, Ediciones Revista  Política.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793734&pid=S1012-2508200800010000300029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">30. <b>Pirela,  Arnoldo</b> (2005). «La Venezuela petrolera y el desarrollo empresarial: un  siglo de continuidades y desacuerdos», en <i>Venezuela visión plural. Una mirada  desde el Cendes</i>, t. II, pp. 687-720, Caracas, Cendes-UCV, bid &amp; co. editor. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793735&pid=S1012-2508200800010000300030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">31. <b>Powel, W.  Walter </b>y <b>DiMaggio J. Paul</b>, comps. (1999).<i> El nuevo  institucionalismo en el análisis organizacional.</i> México, Fondo de Cultura  Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793736&pid=S1012-2508200800010000300031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">32. <b>Puerta, Jesús</b>  (1998). «Venezuela. Los discursos del petróleo». <i>Relea</i>, nº 4,  enero-abril, pp. 71-98.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793737&pid=S1012-2508200800010000300032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">33. <b>Rodríguez  Gallad, Irene</b> (1996). <i>El discurso de la nacionalización petrolera en  Venezuela.</i> Caracas, Fondo Editorial Fintec. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793738&pid=S1012-2508200800010000300033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">34. <b>Romero, Javier  Jorge</b> (1999). «Estudio introductorio,&nbsp; Los nuevos institucionalismos: sus  diferencias, sus cercanías», en W.W. Powell y P.J. DiMaggio, comps., <i>El nuevo  institucionalismo en el análisis organizacional</i>, pp. 7-29, México, Fondo de  Cultura Económica.<i> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793739&pid=S1012-2508200800010000300034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">35. <b>Silva Luongo,  Luis José</b> (2000). <i>De Cipriano Castro a Carlos Andrés Pérez (1899-1979):  Hechos, vivencias y apreciaciones.</i> Caracas, Fundación Luis Jesús Silva  Acosta, Monte Ávila Editores Latinoamericana.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793740&pid=S1012-2508200800010000300035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">36. <b>Tugwell,  Franklin </b>(1977). <i>La política del petróleo en Venezuela.</i> Caracas,  Monte Ávila Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793741&pid=S1012-2508200800010000300036&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">37. <b>Urbaneja,  Diego Bautista</b> (1992). <i>Pueblo y petróleo en la política venezolana del  siglo.</i> Caracas, Ediciones Cepet.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793742&pid=S1012-2508200800010000300037&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">38. <b>Uslar Pietri,  Arturo </b>(1966). <i>Petróleo de vida o muerte.</i> Caracas, Editorial Arte.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793743&pid=S1012-2508200800010000300038&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">39. <b>Uslar Pietri,  Arturo</b> (1986). <i>De una a otra Venezuela.</i> Caracas, Monte Ávila  Editores. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793744&pid=S1012-2508200800010000300039&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">40. <b>Vallenilla,  Luis</b> (1975). <i>Petróleo venezolano: Auge, declinación y porvenir.</i>  Caracas, Monte Ávila Editores.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793745&pid=S1012-2508200800010000300040&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">41. <b>Zakariya,  Hasan S.</b> (1977). «El futuro de la OPEP», en Víctor L. Urquidi y Ruth R.  Troeller, comps., <i>El petróleo, la OPEP y la perspectiva internacional</i>,  México, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=793746&pid=S1012-2508200800010000300041&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b>Fuentes  documentales</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Memorias del  Ministerio de Minas e Hidrocarburos correspondiente a los años: 1957; 1958;  1959; 1960; 1961; 1962; 1963.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Constitución de la  República de Venezuela 1961.</p> </font>     <p ALIGN="JUSTIFY"><b> <font face="Verdana" size="2">Notas:</font></b></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>1</sup> Para un  recorrido de la cuestión institucional desde la perspectiva del nuevo  institucionalismo véase Powell y DiMaggio, 1999; revísese en Ayala Espino (2000)  la evolución del neoconstitucionalismo económico y en North (1993) véase la  relación entre el desempeño económico y las instituciones.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>2</sup> En  adelante se empleará MMH como abreviatura de Ministerio de Minas e  Hidrocarburos.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>3</sup> Bernard  Mommer (2003:147) apunta que en EE. UU. la fragmentación de la propiedad  territorial privada y la legislación antimonopólica dificultaron ejercer ese  control. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>4</sup> Los  países árabes que asistieron fueron la República Árabe Unida, Kuwait y un  representante de la Liga Árabe.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>5</sup> En 1966  se reportó la existencia de cuarenta y cuatro campos petroleros gigantescos en  Venezuela, la mitad de los cuales se localizaba en el campo Costanero de  Bolívar. Véase Martínez, 1970:14.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>6</sup> Conviene  observar que en 1996 estaban en producción catorce mil pozos (Martínez, 1997).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><sup>7</sup> Datos de  las ganancias obtenidas por las petroleras en Venezuela pueden consultarse en  Pérez Alfonso, 1961, 1967.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>8</sup> Por  cierto, Vallenilla (1975:163) apunta al mismo tiempo que algunas de las  políticas petroleras de Pérez Alfonzo contribuyeron al «progresivo  debilitamiento» de la industria petrolera.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>9</sup> Jesús  Puerta (1988) sugiere que en el Trienio se estructuró un pensamiento discursivo  nacional-popular.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>10</sup> Para un  análisis del rol del Gobierno de EE. UU. en las negociaciones petroleras entre  el Gobierno venezolano y las concesionarias durante el Trienio, revísese López  Maya, 1996.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>11</sup> Para  una apreciación del impacto de esas medidas en la industria petrolera mundial,  véase el artículo de Ruth Sheldon publicado en <i>World Petroleum</i> en julio  de 1946 y reproducido en Pérez Alfonso, 1967.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>12</sup> Para un  análisis del discurso nacionalista en Venezuela entre 1920 a 1945, véase Dávila,  1996.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>13</sup> Para  una presentación de las leyes de hidrocarburos promulgadas entre 1920 a 1938,  véase Vallenilla, 1975.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>14</sup> Los  análisis de los autores de la política petrolera durante el régimen militar  (1948-1958) permiten reflexionar que en ese período hubo continuidades y  rupturas respecto de las políticas del Trienio; consúltese, por ejemplo,  Barberii, 1997, Darwich, 2005; Vallenilla, 1975.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>15</sup> Para  las compañías el 50-50 trazó un sistema fiscal que no debía ser franqueado. Ver  al respecto Tugwell, 1977.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>16</sup> Harold  Haight, <i>El Nacional</i>, 23-12-1958. Haigt era el presidente de la Creole  Petroleum Corporation en Venezuela.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><sup>17</sup> Datos  al respecto pueden consultarse en los documentos 4, 5, 6, y 7 reproducidos en  Pérez Alfonzo, 1967.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>18 </sup>Al  respecto ver Engler, 1966.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>19</sup>  Artículo 126 de la Constitución de la República de Venezuela de 1961.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>20</sup> Resulta  interesante anotar que la reforma tributaria siguiente (1966), que afectaba  especialmente a las petroleras, no fue apoyada por Fedecamaras. Revísese Arenas,  1999. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>21</sup> Un  análisis de las propuestas empresariales para incursionar en el sector petrolero  puede revisarse en Arenas, 1999. Arnoldo Pirela (2005) señala que los dirigentes  políticos venezolanos en funciones públicas no estaban de acuerdo con esa  participación. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>22</sup> Dice  Astrid Avendaño (1996) que la crítica de Uslar Pietri fue pertinaz en particular  con la política de no concesiones.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>23</sup> Comenta  Eduardo Mayobre (2005) que la comparación de las políticas del Trienio con las  del primer Gobierno de la democracia fue realizada por César Balestrini, un  funcionario del MMH. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>24</sup> Esa  visión fue central en el discurso petrolero nacionalista.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>25</sup> Por  ejemplo, en 1960 participó en 46 ruedas de prensa semanales (Memoria MMH, 1960),  otro dato ilustrativo de su activa campaña divulgativa durante su gestión como  ministro se halla, comenta Mayobre (2005), en los libros que publicó y en sus  permanentes contacto con partidos políticos. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>26</sup> Carlos  Mendoza Potellá (2006) señala que ese principio se desvirtuó con los convenios  para exploración y eventual explotación firmados en 1971 por la Corporación  Venezolana de Petróleo (CVP) y las compañías petroleras trasnacionales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><sup>27</sup> Para  una exploración de la actuación de la Comisión y sus logros, véase Acosta, 1964;  Tugwell, 1975.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>28</sup> Luis  Vallenilla (1975) señala que la ley de 1918 sugirió la posibilidad de que el  Estado asumiera la administración directa de los hidrocarburos, la ley de 1938  contempló la creación de empresas autónomas y la de 1943 estimó que el Ejecutivo  nacional podía ejercer la administración de la industria.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>29</sup> Un  análisis de esas posturas puede revisarse en Rodríguez Gallad, 1996.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>30</sup> Apunta  Aníbal Martínez (1970) que en 1948 se nombró una comisión para que examinara la  viabilidad de la construcción de una refinería nacional y estudiara la  posibilidad de la explotación directa de las reservas nacionales.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>31</sup> Si bien  en el período militar se estableció (1956) el Instituto Venezolano de  Petroquímica adscrito al Ministerio de Minas e Hidrocarburos (Martínez, 1970).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>32</sup> La CVP  ha sido tema de discusión de los autores. Vallenilla explica que fue una empresa  de limitada categoría, por su parte C. Mendoza Pottellá (2006) razona que en los  Gobiernos de Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera se obstaculizó su expansión  por maniobras de las compañías petroleras internacionales. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>33</sup> Los  datos corresponden al año 1973 y provienen de Leonardo Moleiro Pérez, 2002.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>34</sup> Véase  en Eduardo Acosta H. (1969) las resoluciones de la primera conferencia celebrada  en Bagdad en 1960.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>35</sup> Véase  en Pérez Alfonzo (1967) la ley del Congreso Nacional aprobatoria del convenio  suscrito en Bagdad en 1960. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>36</sup> No es  posible precisar en cuál de esos dos años publicó el artículo cuyo párrafo  citaremos más adelante, el libro que lo reproduce sólo señala que corresponde a  escritos periodísticos de los años 1947 y 1948.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY"><sup>37</sup>  Igualmente en ese mismo artículo señaló que «El concepto de política  internacional es algo que debería significar fundamentalmente para Venezuela  política internacional petrolera» (ibíd., p. 71). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>38</sup> Hay  versiones que señalan que por presiones de EE. UU. la delegación no fue a Arabia  Saudita; sin duda es una información valiosa que hay que indagar.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>39</sup> Dice  Betancourt (1978) que el derrocamiento de Rómulo Gallegos impidió el viaje de la  misión venezolana en el Trienio y ese fue el motivo de que la gira se realizara  durante el régimen militar.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>40</sup> Resulta  pertinente subrayar que Pérez Alfonzo (1967) consideraba que la OPEP se originó  con la firma del pacto de caballeros en el Primer Congreso Árabe en 1959. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>41</sup> Fue  designado Alfredo Tarre Murzi (Martínez, 1970).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>42</sup> Véase  en Acosta (1969) las resoluciones de las primeras conferencias de la OPEP.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>43</sup> Nos  referimos a Gumersindo Torres (1917-1922 y 1929-1931), Manuel Egaña (1938-1941)  y Edmundo Luongo Cabello (1952-1958).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>44</sup>  Brevemente se pueden señalar tres momentos: la fundación en 1918 de la Dirección  de Minas en el Ministerio de Fomento, la creación en 1931 del Servicio Técnico  de Hidrocarburos en ese mismo Ministerio y el establecimiento en 1950 del  Ministerio de Minas e Hidrocarburos. </p>     <p align="justify"><sup>45</sup> Las  actividades y detalles del patrón del control de las compañías fueron elaborados  con datos de las Memorias del MMH correspondientes a los años 1958 a 1963. Con  la finalidad de aligerar el texto no se incluyen detalles de página y año de la  Memoria correspondiente, pero toda la información y datos corresponden a esas  fuentes.</p> </font>       ]]></body>
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