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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[El compromiso social de las universidades Conferencia central en el IX Congreso Iberoamericano de Extensión Universitaria Celebración de los 50 años de la Asociación Colombiana de Universidades -Ascun Bogotá, 7 de noviembre de 2007]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[   <font face="Verdana"><b>     <p ALIGN="center">El compromiso social de  las universidades</p> </b></font><font SIZE="2" face="Verdana"><i>     <p ALIGN="center"><b>Conferencia central en  el IX Congreso Iberoamericano de Extensión Universitaria </b> </p>     <p ALIGN="center"><b>Celebración de los 50  años de la Asociación Colombiana de Universidades –Ascun</b></p>     <p ALIGN="center"><b>Bogotá, 7 de noviembre  de 2007</b></p> </i>     <p align="center"><b>Carmen García Guadilla*</b></p>     <p ALIGN="JUSTIFY">* Investigadora del  Centro de Estudios del Desarrollo, Cendes, Universidad Central de Venezuela y  consultora académica de Iesalc/Unesco. Venezuela.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El compromiso social  de las universidades ha estado siempre presente explícita o implícitamente en  los fines de las universidades, expresándose de diferentes formas a través de su  historia. Si tomamos en cuenta las últimas cinco décadas, para hacer honor a los  50 años de Ascun, podemos considerar que la preocupación por el compromiso  social se hace más relevante en el presente decenio, destacándose como uno de  los aspectos fundamentales de la razón de ser de la universidad. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  las décadas de los <i>cincuenta</i> y <i>sesenta</i> el compromiso social se  presentaba a través de la creencia en que la educación era una de las  principales palancas que ayudaría a los países a salir del subdesarrollo. Esta  época ha sido llamada por algunos autores «<i>la edad de la inocencia</i>»  debido al optimismo que despertaba la educación como garantía de mayor  productividad económica y movilidad social. En esta tendencia tuvieron un papel  protagónico las teorías del desarrollo, planteadas por los organismos  internacionales y diseminadas en la región a través de la Comisión Económica  para América Latina (Cepal).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  este período, muchos de los trabajos que se produjeron sobre educación superior  plantearon propuestas de planificación orientadas a crear universidades que  respondieran más adecuadamente a las demandas de transformación que hacían las  sociedades en ese momento. Entre esos estudios fue famoso el informe de Rudolph  Atcon «La universidad latinoamericana», cuya publicación en la <i>Revista Eco</i>  de Colombia tuvo una importante difusión en otros países de la región. En ese  informe se planteaba que el desarrollo socioeconómico estaba en función directa  del desarrollo educativo y que, por tanto, la universidad era un elemento  esencial para el plan de modernización, en aras de alcanzar el desarrollo de las  sociedades.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Pero las promesas de optimismo y de progreso económico y social que pronosticó  la ideología «desarrollista» manifestaron sus limitaciones, pues el desarrollo  de la educación no fue capaz de resolver el problema de la injusta distribución  de las oportunidades educativas ni el de las necesidades de mano de obra  especializada, ni tampoco trajo consigo un desarrollo económico armónico. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  esa década también hubo autores que tuvieron posiciones diferentes a las  corrientes hegemónicas de la época, como es el caso de José Medina Echavarría.  Este autor abogó por un modelo de universidad que llamó «partícipe», es decir,  una institución que debía superar los modelos de la universidad enclaustrada y  de la universidad militante. La primera debía ser superada porque era una torre  de marfil; y la segunda porque reproduce en su seno todos los conflictos y  pasiones del exterior. Al contrario de estas dos, la universidad participativa  debe ser –de acuerdo con el filósofo alemán Jaspers– «el lugar donde la sociedad  permite el florecimiento de la más clara conciencia de la época», el lugar que  representa la serenidad frente a las vorágines, en la consideración de las más  espinosas y graves cuestiones de la época que le toque vivir. A la universidad  nada de su tiempo puede serle ajeno, pero sólo en la medida en que pueda situar  las cuestiones con la distancia que exige la búsqueda permanente de la verdad.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  contribución de Paulo Freire es también de suma importancia para el tema que nos  convoca en este congreso: el compromiso social de la universidad. Freire critica  la idea de «extensión universitaria», concebida como proceso educativo  unidireccional, donde por un lado están los que dan, y por otro lado los que  reciben. Su concepción de comunicación horizontal y dialógica está reivindicada  en los nuevos paradigmas de los noventa, con énfasis en una educación de  aprendizaje compartido. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  década de los <i>setenta</i> fue un decenio de cuestionamiento de las teorías  del desarrollo a través de los enfoques de la dependencia y de las teorías  críticas socioeducativas. En el campo educativo este período fue llamado «<i>la  edad del escepticismo</i>», pues tanto los estudios de la dependencia como las  teorías críticas educativas, y en algunos casos la combinación de ambos,  develaron el incumplimiento de lo que las tesis anteriores habían pregonado. Por  un lado, el enfoque de la dependencia criticó la imposibilidad de lograr  desarrollos armónicos de las sociedades bajo los esquemas desarrollistas. Las  teorías socioeducativas, por su parte, demostraron el carácter inequitativo de  la expansión de los sistemas educativos, a través de la identificación de  prácticas e ideologías difíciles de percibir a simple vista, pero que ellas  pudieron revelar. Entre las teorías críticas socioeducativas, la escuela «reproductivista»  de Bourdieu y Passeron fue la más conocida en América Latina, algunas veces  asociada a los análisis dependentistas, como fue el caso de los estudios de  Tomás Vasconi. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  cuanto a las universidades específicamente, tal como Echavarría había planteado  en los años sesenta, pero desde diferentes ópticas, Darcy Ribeiro señaló en los  setenta importantes aspectos para las universidades que todavía están vigentes.  Dentro de la corriente dependentista, Ribeiro legó análisis importantes al  señalar que la «universidad tradicional», que responde a lo que definió como  «modernización refleja», debía ser suplantada por la «universidad necesaria»,  para lo cual acuñó el concepto de «aceleración evolutiva», que implicaba un  mayor compromiso de la universidad con la sociedad.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las orientaciones de Unesco en los setenta, recogidas en la obra <i>Aprender a  ser</i>, son una buena representación de las nuevas opciones en el marco de la  institucionalización. En América Latina, a través del importante estudio <i> Desarrollo y educación en América Latina,</i> de Unesco/Cepal/PNUD, se  identificaron los fenómenos de diferenciación y segmentación de la educación  superior, como nuevos mecanismos que lograban mantener la jerarquización  socioeconómica, aun en presencia de una gran expansión educativa.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  década de los <i>ochenta</i> fue adjetivada por algunos analistas como <i> «década perdida»</i> debido a la crisis económica que vivió la región. Esta  crisis coincidió –al final del decenio– con la incertidumbre que produjo el  comienzo de una nueva época, donde fenómenos como la globalización y el impacto  cada vez más fuerte de las tecnologías de la información y la comunicación  llegaron a la región, sin haber ésta tomado debida conciencia de los efectos  desiguales que esos fenómenos producen en los países que tienen menos  posibilidades de engancharse rápida y apropiadamente a las nuevas tendencias.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  esa década disminuyó la hegemonía de las teorías críticas del decenio anterior,  debido al agotamiento de su capacidad analítica, en algunos casos, y por su  incapacidad de acción transformadora, en otros. Así, en los ochenta surgen con  mayor fuerza los enfoques de la acción participativa, cuyo principal predicado  era la necesidad de mayor relación con el entorno social, tanto en la producción  como en la distribución de conocimientos.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Los enfoques latinoamericanos, entre los que se encuentran los de Fals Borda,  Paulo Freire, José Medina Echavarría, Darcy Ribeiro y muchos otros, se verán  reivindicados en la década de los <i>noventa</i> cuando surgen los nuevos  paradigmas de la ciencia.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Estos nuevos paradigmas de los años noventa cuestionan aspectos como la certeza,  la predicción, la causalidad, el determinismo. Por otro lado, revalorizan la  subjetividad social y la dimensión cualitativa de la vida social; los actores  sociales, y la sociedad civil; la democracia como expansión de la conciencia  reflexiva en todos los espacios de la interacción social. Revalorizan también  una nueva comprensión del mundo; el protagonismo de la diversidad y el  pluralismo dentro de una nueva ética, con valores tendientes a la solidaridad,  responsabilidad, justicia, equidad, democracia, respeto mutuo y tolerancia. En  cuanto al conocimiento, se valoran nuevas formas de producción del conocimiento,  más contextualizadas, integradas y transdisciplinarias, a la vez que se enfatiza  la necesaria alianza entre las ciencias naturales y las ciencias sociales. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">En  educación superior, la década de los noventa se caracterizó por un gran  dinamismo en las políticas públicas. La generación de reformas de este nivel  educativo apuntó fundamentalmente a la implantación de sistemas de evaluación y  acreditación; a fortalecer las relaciones con el sector productivo, y a  propulsar nuevos modelos de financiamiento. En gran parte de los países de  América Latina, las transformaciones derivadas de esa generación de reformas  tuvieron lugar durante los años noventa, excepto en Chile, cuya reforma comenzó  en los ochenta. De esas reformas, la evaluación y acreditación tuvieron un lugar  tan central que algunos analistas no vacilan en considerar los noventa en la  educación superior de la región como la <i>«década de la evaluación»</i>.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">¿Cómo ha sido considerada la función social de la universidad en las últimas  décadas?</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  función social de la universidad se ha ejercido –y se sigue ejerciendo– a través  de la «extensión universitaria». Con la agenda de transformación de los noventa,  esa función estuvo muy estrechamente vinculada al establecimiento de relaciones  más estrechas entre la universidad y el sector productivo. Sin embargo, algunos  analistas consideraron que no se estaba cumpliendo plenamente, ni a través de la  «extensión», ni en la visión más restringida de relaciones más estrechas con el  sector productivo. En el primer caso, porque la idea de extensión, tal y como se  ha entendido en el modelo vigente, significa algo que se «añade», como un  apéndice. En el segundo caso, por considerar que las relaciones  universidad-sociedad en los países de Latinoamérica deben ir más allá de las  relaciones universidad-sector productivo. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  ese sentido, durante ese período también hubo preocupación por una función  social de la universidad más inclusiva, esto es, la extensión no debía ser  «añadidura», sino que debía ser su razón de ser; a la vez que debía extender los  servicios esenciales que la universidad genera –producción de conocimientos y  formación de profesionales– a todos los sectores de la economía, tanto formal  como informal, y a todos los grupos sociales, incluidos los más postergados. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La Unesco fue la organización internacional que acuñó exitosamente el concepto de «<i>pertinencia</i>»,  en la Conferencia Mundial de Educación Superior de 1998, entendido como la  acción transformadora de la universidad en su contexto.<sup>1</sup> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Cualquiera sea la perspectiva que se tome –pertinencia, extensión,  responsabilidad social, compromiso social– lo importante es que la universidad  debe responder al modelo de desarrollo humano y sustentable. El significado de  este modelo, que admite muchas versiones, se está colocando en la agenda de  educación superior como la manera en que la educación debe desarrollarse a favor  de que el capital cultural (de la ciencia y la tecnología) no sea aprovechado  solamente en función del capital económico (o de la ideología pura del mercado).  Para ello es preciso reconciliar: <i>innovación con pertinencia social;  tradición con cambio; apertura al mundo con identidad propia; revaloración de la  subjetividad social y la dinámica cualitativa de la vida social.</i> Dice un  proverbio muy conocido, <i>la ciencia debe ser como el sol: debe brillar para  todo el mundo.</p> </i>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  énfasis en la necesidad de afianzar un compromiso social de la universidad con  un desarrollo humano y sustentable surge con más fuerza en la presente década,  como una manera de hacer frente a una globalización que no solamente atenta  contra la existencia del planeta sino que está acentuando las desigualdades  entre países. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">De  ahí la importancia que se está dando al conocimiento contextualizado, lo cual  implica mayor articulación entre las instituciones educativas y el entorno  social en que ellas se desenvuelven. Un conocimiento contextualizado supone un  alto grado de pertinencia social, donde los que aprenden puedan identificarse y  poder así ser actores activos en su propia formación. Un conocimiento pertinente  implica una óptima combinación entre los conocimientos abstractos (los  universales) y los conocimientos más contextualizados (las culturas locales),  relacionados con la comunidad, con las memorias, con la historia, con el entorno  en términos generales.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Pero este afianzamiento del compromiso social con lo local se expande también  hacia lo global. La búsqueda de sociedades solidarias implica apostar a la  integración y la articulación de los procesos locales como condición para  conectarse de manera inalienable con los procesos de globalización. Así como hay  décadas pasadas que han sido calificadas como «la edad de la inocencia» y otras  «la edad del escepticismo», la presente debería llamarse <i>«la edad del  compromiso social»</i> de las universidades con un desarrollo humano y  sustentable. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Este énfasis en el compromiso social está orientando algunas reuniones  internacionales que se están desarrollando en la presente década.</font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"><sup><font FACE="Verdana">2</font></sup><font SIZE="2" face="Verdana">  En América Latina, Iesalc/Unesco acaba de celebrar el Congreso Internacional de  Rectores sobre «El compromiso social de las universidades en América Latina y el  Caribe», realizado en la Universidad de Minas Gerais, en Brasil, el pasado mes  de septiembre. El encuentro se llevó a cabo con la premisa fundamental de buscar  alternativas y caminos para lograr la inserción de la universidad en los  proyectos estratégicos para el desarrollo humano y sustentable, así como para  favorecer formas de internacionalización solidaria en la región.</font><sup><font FACE="Verdana">3</font></sup><font SIZE="2" face="Verdana"> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">El  compromiso social como exigencia es uno de los elementos cruciales en este final  de la primera década de siglo. Este compromiso social debe superar los  limitaciones que tiene el concepto de extensión, reivindicando la necesaria contextualización de los conocimientos, la interacción con la sociedad, los  procesos de aprendizajes compartidos y orientados hacia la transdisciplinariedad,  procesos interactivos de la educación con la sociedad cada vez más viables,  reivindicando las redes como organizaciones de aprendizaje colectivo; a la  educación sin fronteras de ningún tipo. Estos factores interaccionan también con  las demandas emergentes de este comienzo de siglo, como es, <i>el aprendizaje a  lo largo de vida</i>.<b> </p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Los resultados de este Congreso Iberoamericano de Extensión Universitaria al que  estamos asistiendo con toda seguridad enriquecerán esta dimensión importante de  la universidad actual: <i>su compromiso social.</i> </p>     <p align="justify">Muchas gracias.</p> </font></font>     <p align="justify"><b><font face="Verdana" size="2">Notas</font></b></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>1</sup> La  actual directora del Iesalc/Unesco señaló recientemente: «la pertinencia es la  dimensión en que la extensión universitaria, desarrollándose a partir de la  enseñanza y la investigación, concretiza la responsabilidad social de la  universidad. Esta responsabilidad se expresa en la extensión de servicios y  conocimientos a los segmentos de la sociedad que necesitan el saber producido en  la universidad, en las diversas maneras con las cuales ese saber es traducido,  entre otros, en acciones de atención a la salud, programas culturales,  estrategias de innovación tecnológica, programas comunitarios de formación  continua».</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>2</sup> Entre  ellas cabe mencionar la Conferencia General de la Asociación Internacional de  Universidades, a celebrarse en Europa en el 2008, que tiene como tema  «Dirigiendo la educación superior e investigación hacia las necesidades locales  y globales»; y la Conferencia Mundial de Red de Universidades Mundiales, GUNI,  pautada para celebrarse igualmente en Europa en el 2008, que versará sobre el  tema «La educación superior en el mundo: nuevos retos y roles emergentes para el  desarrollo humano y social».</p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>3</sup> Los  resultados de la reunión apuntaron a movilizar acciones con la finalidad de  concientizar sobre la responsabilidad de las universidades respecto de la  sociedad. La declaración firmada por un gran número de participantes, la mayoría  rectores de universidades públicas y privadas de América Latina y el Caribe,  muestra la importancia dada al necesario compromiso de las universidades con la  sociedad y el fortalecimiento de redes de cooperación para conseguir sinergias  hacia ese objetivo. Pero además, Iesalc/Unesco está comprometida con proyectos  que ayudan a potenciar el compromiso social de las universidades en la región,  proyectos en los cuales Ascun participa activamente. Ellos son: Mapa de la  educación superior en América Latina y el Caribe; Tendencias de la educación  superior; Sistemas de acreditación y evaluación de los postgrados;  Interculturalidad y educación superior; y Pensamiento universitario  latinoamericano. Para mayores detalles véase  <a href="http://www.iesalc.unesco.org.ve">www.iesalc.unesco.org.ve</a>.</p> </font>       ]]></body>

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