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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The escalation of globalization and the adoption of neoliberal policies in the 1980´s led to a radical socioeconomic reorganization as L.A. countries moved from the state-led to the market-led development model. Simultaneously, democratic regimes emerged in most of them. Both trends were supposed to reinforce each other. Two decades later, this assumption has to be seriously questioned. Slow and unstable economic growth, the persistence or worsening of poverty, inequality and under- and unemployment, sociocultural polarization and frustration, transnational integration of the elites and national disintegration of the middle and working classes, political instability and governance crises, plus the corruption and weaknesses of the political systems, suggest that, in the Latin American context, neoliberalism is undermining democracy.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[   <b><font face="Verdana">     <p ALIGN="center">La precaria  sostenibilidad de la democracia en Latinoamérica*</p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="center">Osvaldo Sunkel**</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">* Esta es una versión  traducida y revisada de un artículo del mismo título publicado en Björn Hettne,  ed., <i>Sustainable Development in a Globalized World</i>, v. I, Gran Bretaña,  Palgrave Macmillan, 2008. Traducción para <i>Revista Cuadernos del Cendes</i>,  Nora López.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">** Presidente de la  Corporación de Investigaciones para el Desarrollo (CINDE), Santiago de Chile.  Chile.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Correo-e: <a href="mailto:osunkel@manquehue.net"> osunkel@manquehue.net</a></p>     <p align="justify"><b>Resumen </b></p>     <p align="justify">La acentuación de la globalización y  la adopción de políticas neoliberales en los ochenta llevó a un cambio  socioeconómico radical en los países latinoamericanos, que pasaron del modelo de  desarrollo estadocéntrico al mercadocéntrico, mientras en casi todos surgían  regímenes democráticos. Se suponía que ambos enfoques se reforzarían mutuamente.  Dos décadas después hay que cuestionar tal supuesto. Un crecimiento económico  lento e inestable, persistencia o empeoramiento de la pobreza, desigualdad,  subempleo y desempleo, polarización y frustración sociocultural, integración  transnacional de las elites y desintegración nacional de las clases media y  trabajadora, inestabilidad política y crisis de gobernabilidad, más corrupción y  debilidad de los sistemas políticos, sugieren que, en Latinoamérica, el  neoliberalismo está socavando la democracia.</p> </font> <font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"> <font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="1"><b> </b></font><b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Palabras clave:</font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2"> Democracia / Desarrollo  estadocéntrico / Neoliberalismo / Neoestructuralismo / Desarrollo desde dentro</p> <b> </b> </font></font> <b> <font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify">Abstract</p> </font> </b> <font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify">The escalation of globalization and  the adoption of neoliberal policies in the 1980´s led to a radical socioeconomic  reorganization as L.A. countries moved from the state-led to the market-led  development model. Simultaneously, democratic regimes emerged in most of them.  Both trends were supposed to reinforce each other. Two decades later, this  assumption has to be seriously questioned. Slow and unstable economic growth,  the persistence or worsening of poverty, inequality and under- and unemployment,  sociocultural polarization and frustration, transnational integration of the  elites and national disintegration of the middle and working classes, political  instability and governance crises, plus the corruption and weaknesses of the  political systems, suggest that, in the Latin American context, neoliberalism is  undermining democracy.</p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="1"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p align="justify">Key words:</b> Democracy / State-led development /  Neoliberalism / Neostructuralism / Development from within</p>     <p align="justify">RECIBIDO: MAYO 2008</p>     <p align="justify">ACEPTADO: JULIO 2008</p> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Introducción </b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Por primera vez en la  historia desde la década de los ochenta todos los países latinoamericanos, con  excepción de Cuba, han alcanzado el estatus político de democracias, al menos en  cuanto a que sus autoridades políticas fueron elegidas en comicios relativamente  libres y más o menos limpios. A falta de cumplir muchos otros requisitos, las  denominaremos en este trabajo «democracias electorales» (UNDP, 2005). Además, a  diferencia de lo que ocurría frecuentemente en la historia previa, en las  últimas décadas ningún Gobierno ha sido derrocado por un golpe militar. Por  estas razones, entre otras, hasta hace poco se esperaba que la democracia echara  raíces y floreciera, reforzada por los procesos simultáneos de la globalización  y la adopción de medidas neoliberales para reducir el papel del Estado y  aumentar el del mercado. Se daba por sentado que la democratización, la  globalización y el neoliberalismo venían tomados de la mano. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Lamentablemente, la tendencia pareciera ir en dirección contraria, puesto que en  varios países la democracia se ha debilitado y se ha vuelto más precaria, como  lo demuestran con patente claridad las frecuentes y serias crisis de  gobernabilidad que han significado que desde 1990 nueve presidentes fueran  destituidos o tuvieran que renunciar antes de finalizar su mandato: Alberto Fujimori (Perú, 1992), Jorge Serrano (Guatemala, 1993), Abdala Bucaram (Ecuador,  1997), Luis María Argaña (Paraguay, 1999), Jamil Mahuad (Ecuador, 2000),  Fernando de la Rúa (Argentina, 2001), Gonzalo Sánchez de Losada (Bolivia, 2002),  seguidos más recientemente (2005) por Carlos Meza (Bolivia) y Lucio Gutiérrez  (Ecuador). Además, en las elecciones presidenciales más recientes, salvo pocas  excepciones ganaron candidatos que criticaban decididamente las políticas  neoliberales y las consecuencias negativas del proceso de globalización, y  proponían correcciones o buscaban alternativas: Hugo Chávez (Venezuela, reelecto  en 2004 y 2006), Daniel Ortega (Nicaragua, 2006), Rafael Correa (Ecuador, 2006),  Néstor Kirchner (Argentina, 2004), Tabaré Vázquez (Uruguay, 2005), Evo Morales  (Bolivia, 2006), Cristina Fernández de Kirchner (Argentina 2007). Por su parte  Ollanta Humala y Andrés Manuel López Obrador obtuvieron fuertes votaciones en  las elecciones presidenciales de Perú y México, respectivamente.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para comprender mejor esta situación es necesario entender los efectos de las  profundas transformaciones socioeconómicas que han experimentado los países  latinoamericanos en las tres últimas décadas, como consecuencia de la adopción  generalizada de las política neoliberales del llamado «consenso de Washington» a  partir de los años ochenta, y del acelerado proceso de globalización iniciado en  la década anterior. Pero eso no es suficiente, es indispensable también ir mucho  más atrás en la historia. Las raíces de algunos de los obstáculos más  formidables para la democracia, no obstante el creciente anhelo y lucha por  sociedades más democráticas, se hunden en la época colonial y en la persistencia  de algunas de esas características a lo largo de los siglos XIX y XX, a pesar de  procesos de modernización y desarrollo socioeconómico, cultural y políticos  significativos, pero parciales, heterogéneos y discriminatorios. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  consecuencia, comenzaremos con algunas referencias básicas a los antecedentes  sociopolíticos, institucionales y culturales heredados del pasado colonial, para  abordar posteriormente los procesos de desarrollo y modernización parcial que  tuvieron lugar en Latinoamérica durante la segunda mitad del siglo XIX, en  tiempos de la expansión mundial del Imperio Británico –acompañado más tarde y  después remplazado por los Estados Unidos de América–, que dejaron una marca  indeleble en las estructuras económicas, sociales y políticas de la mayoría de  los países latinoamericanos, particularmente como resultado del desarrollo en  todos ellos de actividades especializadas de exportación de productos primarios.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Luego nos referiremos a las profundas transformaciones que sobrevinieron después  de las dos guerras mundiales, y particularmente a los efectos, más perdurables,  de la Gran Depresión de principios de la década de los treinta. En especial al  nuevo papel más amplio y activo del Estado en el campo económico, social e  internacional, lo que cambió los escenarios del desarrollo y la modernización,  no solo en la región latinoamericana, sino en todo el mundo, desde la década de  los cuarenta hasta los setenta. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Seguidamente se hará alusión a las consecuencias del comienzo del proceso de  globalización en los años setenta, a las crisis de la deuda y del desarrollo a  principios de los ochenta, y al dramático giro, desde las políticas económicas  del período anterior, que denominaremos «estadocéntricas», a las políticas  neoliberales inauguradas en la década de los ochenta, que llamaremos «mercadocéntricas».  De este modo, a partir de entonces llegaron a coincidir en el tiempo la adopción  de economías de mercado, por una parte, y la instauración de democracias  electorales, por la otra.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  las secciones posteriores se examinará el contraste entre las expectativas que  originó el establecimiento de regímenes democráticos y los pobres resultados de  las políticas económicas neoliberales, la consecuente desilusión y pérdida de fe  en la democracia y en esas políticas, y las reacciones y respuestas que se están  produciendo más recientemente. Se prestará especial atención a la irrupción en  el escenario político de amplios sectores populares, sistemáticamente marginados  y reprimidos, particularmente en países con un fuerte componente poblacional de  origen indígena o africano. Un recordatorio de estructuras y condiciones  sociales históricas que hasta ahora los países latinoamericanos no han podido o  no han querido superar. Su creciente efervescencia política, compartida también  por importantes segmentos de la clase trabajadora y la clase media, ha generado  significativas movilizaciones sociopolíticas e influido en que la gran mayoría  de las elecciones presidenciales se hayan inclinado hacia posiciones críticas al  neoliberalismo y la globalización. Estas nuevas orientaciones, que presentan  grandes diferencias entre los países, se califican un tanto livianamente de izquierdizantes y populistas, simplemente porque demandan una mayor presencia y  acción del Estado, en especial en materia de políticas sociales.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">De  hecho, en el ámbito del pensamiento socioeconómico y de las políticas económicas  y sociales se han generado fuertes reacciones ante los decepcionantes resultados  de las políticas económicas neoliberales de las últimas décadas. Esto ha  llevado, de un lado, a que los partidarios del neoliberalismo y la globalización  insistan en ampliar, profundizar y complementar las políticas mercadocéntricas,  argumentando que se requiere más tiempo, profundizar las reformas e introducir  otras adicionales, mientras, por otro lado, sus críticos, que no comparten el  ideologismo neoliberal extremo, proponen, exploran y ensayan enfoques y  políticas alternativas. Estas van desde propuestas de retornar al desarrollismo  del período estadocéntrico e intentos de implementación de un «socialismo del  siglo XXI», a propuestas de políticas de desarrollo renovadas a la luz de la  crítica de sus deficiencias anteriores, y actualizadas en función de las nuevas  y cambiadas realidades y circunstancias de cada país y del fenómeno de la  globalización, como es el caso del neoestructuralismo.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sobra advertir que en este breve ensayo no se intenta más que una  caracterización general y sintética de algunos rasgos y fenómenos básicos que  presentan gran similitud en los diferentes países de América Latina, debido  fundamentalmente a su conformación histórica común, a la forma similar en que  han estado insertos en la economía mundial y a la semejanza en la manera como  han evolucionado sus políticas económicas y sociales, en especial las más  recientes. Es evidente que no se pretende que esta caracterización general se  ajuste necesariamente a las especificidades de cada país. </p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Antecedentes sociopolíticos y  culturales de la época de la colonia</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Latinoamérica estuvo  sometida al dominio español y portugués del siglo XVI al XVIII, un periodo  colonial mucho más largo que el experimentado por cualquier otra región del  mundo. Los colonizadores ibéricos destruyeron y desarticularon sistemáticamente  los imperios y civilizaciones azteca e inca que encontraron a su llegada. Al  erigir nuevos sistemas sociales crearon una cultura, instituciones y conjuntos  de reglas formales e informales <i>ad hoc</i>, facilitando así la explotación de  la abundante población indígena sobreviviente a fin de producir lo que se  necesitaba para la subsistencia de la población colonial, particularmente de la  elite de colonizadores, pero sobre todo para la gran fuerza laboral trasladada a  las actividades mineras y de exportación de productos tropicales.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Es  esencial recordar que la cultura y las instituciones formales o informales  impuestas por España y Portugal provenían de la parte de Europa que era preliberal, premoderna, precientífica y preindustrial, y que a los movimientos  religiosos de la Reforma había respondido con la Contrarreforma, incluyendo su  notoria Inquisición, en una estrecha alianza entre la Iglesia Católica y el  Estado. Por otra parte, eran imperios altamente centralizados, autoritarios,  corporativos, mercantilistas, escolásticos, patrimoniales, feudales y belicosos.  La libertad no se entendía como un derecho del ciudadano, sino como un  privilegio jurídico concedido «desde arriba» (Wiarda, 1998).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las sociedades indígenas preexistentes se concentraban fundamentalmente en los  imperios inca y azteca, mientras otras regiones estaban escasamente pobladas por  sociedades de recolectores y cazadores preagrícolas, o prácticamente  deshabitadas. Como resultado, durante el periodo colonial y el siglo XIX surgió  una importante diferenciación entre distintas regiones en Latinoamérica (Sunkel  y Paz, 1970). La reorganización de imperios y culturas indígenas preexistentes  con el fin de exportar metales preciosos tuvo lugar más que nada en México,  Centroamérica (excepto Costa Rica) y los países andinos, especialmente Perú,  Bolivia y Ecuador. Las ciudades capitales de los virreinatos que creó la Corona,  Ciudad de México, Quito y Lima, se convirtieron en centros de poder, riqueza y  prestigio, como lo atestigua todavía su espléndida arquitectura colonial. El  otro lado de la moneda son las grandes masas de personas de origen indígena  marginadas, discriminadas cultural y racialmente, explotadas económicamente  –sobre todo en las zonas rurales, pero también cada vez más en las urbanas– que  hasta el día de hoy forman la vasta mayoría de la población más pobre de la  región.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  contraste con esas áreas provistas de abundante mano de obra y riquezas  minerales, las islas del Caribe y Brasil estaban constituidos por fértiles  tierras tropicales escasamente pobladas. Allí la mano de obra fue traída de  África y la economía se organizó con base en el sistema de plantaciones,  originando otro tipo de sociedades altamente jerárquicas, cimentadas en la  esclavitud y gobernadas por una pequeña minoría blanca. Todavía hoy una amplia  población de negros y mulatos pobres, tanto cultural como racialmente  discriminados, conforman la mayoría de la población de las áreas rurales, y  crecientemente de las urbanas, de esos países, así como de las zonas costeras  tropicales de otras naciones como Colombia y Venezuela.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">A  fines del siglo XIX y comienzos del XX se desarrollaron en América Latina nuevas  actividades de exportación agrícola y minera en gran escala como consecuencia,  primero de la expansión mundial del Imperio Británico, y luego de los crecientes  intereses económicos y políticos de Estados Unidos en Centroamérica (Cortés  Conde y Hunt, 1985). Esto trajo consigo una etapa temprana y muy parcial de  modernización capitalista, con grandes inversiones extranjeras en el sector  exportador y en las actividades afines de transporte, comunicaciones y comercio,  concentradas en las áreas urbanas y portuarias. Mientras tanto, las estructuras  sociopolíticas en el interior de los países, donde tenía lugar la mayor parte de  las nuevas y ampliadas actividades de exportación agrícola y minera,  permanecieron más o menos inalteradas, con el poder económico y político  concentrado en manos de terratenientes tradicionales y grandes compañías  extranjeras, que siguieron explotando a las grandes masas rurales de origen  indígena o africano en forma similar a los tiempos de la Colonia. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Los países del Cono Sur latinoamericano, incluyendo a Argentina, Uruguay, la  parte meridional de Brasil y en cierta medida Chile, al igual que Costa Rica en  Centroamérica, no se prestaban a la explotación colonial en haciendas y  plantaciones dada su escasa población de tribus preagrícolas, lo que obligó a  los conquistadores a dedicarse a actividades productivas, básicamente de  supervivencia. Durante la segunda mitad del siglo XIX comenzó a llegar a estas  regiones y países una gran ola migratoria europea causada, entre otros factores,  por la revolución industrial y por la gran expansión del Imperio Británico, lo  que facilitó el desarrollo de actividades agrícolas de exportación. En contraste  con los conquistadores y colonizadores españoles y portugueses, estos  inmigrantes, que en algunos casos llegaron a constituir proporciones  significativas de la población, trajeron consigo elementos de la cultura  agrícola e industrial de Europa, incluyendo experiencia empresarial, destrezas  técnicas, familiaridad con organizaciones sociales e ideas religiosas y  políticas progresistas. Además, debido a la escasez de mano de obra esclava o  servil en las regiones donde se asentaron, tuvieron que depender más  extensamente del trabajo propio y de la familia, en sus esfuerzos de sobrevivir  y prosperar.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Desde el punto de vista que nos interesa aquí, la consecuencia más importante  fue el desarrollo de movimientos y partidos políticos de las clases obrera y  media urbana, siendo la segunda mucho más significativa aquí que en los otros  dos grupos de países. Pero las poderosas clases terratenientes formadas durante  la Colonia y el siglo XIX, algunas de las últimas relacionadas con la inversión  extranjera, lograron concentrar la propiedad de la tierra en unas pocas manos y  organizar una estructura rural dominante basada en el complejo  latifundio-minifundio que persistió hasta cierto punto hasta hace poco o que aún  existe en algunas partes.</p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Primeros pasos en la larga marcha  hacia la democracia</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Desde fines del siglo  XVIII la democracia se convirtió en la inspiración y aspiración de las elites  latinoamericanas. Los líderes del movimiento independentista, como Francisco de  Miranda, Simón Bolívar, Simón Rodríguez y José de San Martín, habían recibido  una gran influencia de los ideales de la Ilustración, el liberalismo, la  Revolución Francesa y la independencia norteamericana. De hecho, muchos de ellos  participaron en los dos últimos procesos, tanto en Europa como en Estados  Unidos. Esto influyó en que desearan establecer una forma de gobierno  republicano en Latinoamérica. No obstante, tuvieron que encarar la dura realidad  de estructuras sociales oligárquicas heredadas de la época colonial y de las  tendencias de fragmentación y desintegración inherentes al derrumbe del sistema  colonial español. Las soluciones pragmáticas que aplicaron fueron concentrar  todo el poder en el Ejecutivo, en detrimento del Poder Judicial y del  Legislativo, destinar la representación democrática únicamente a los  terratenientes, otorgar privilegios corporativos especiales a los militares y a  la Iglesia Católica, y establecer mecanismos para mantener a las clases bajas  bajo control (Prats, 2005). </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  sistema colonial español era una red gigantesca de privilegios corporativos e  individuales que a fin de cuentas dependía directamente de la autoridad del  monarca y de sus delegados. Esta red de clientelismo, patrimonialismo y  entidades interconectadas se desintegró con las guerras de independencia y con  la descomposición de los virreinatos de México, Perú y Quito en varios Estados  independientes. Esto condujo a pugnas y conflictos políticos internos en muchos  de los nuevos Estados durante más de un siglo, y al predominio de dictaduras  militares y regímenes caudillescos, con unos pocos interludios de gobiernos  democráticos altamente elitistas. Excepciones importantes, aunque solo  parciales, fueron Chile, Costa Rica y Uruguay.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Brasil, que abarca casi la mitad del territorio sudamericano, no se dividió en  varios Estados independientes gracias a que la monarquía portuguesa se refugió  allí en 1808, ante la inminente invasión de Portugal por las tropas de Napoleón,  y al establecerse en ese territorio mantuvo juntas sus diferentes regiones. Pero  con el fin de la monarquía brasileña en 1889, Brasil tuvo también su cuota de  dictaduras militares y caudillos. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Mientras tanto, con diferencias importantes entre los países más grandes y los  más pequeños, y sus diferentes historias coloniales, desde la década de los  veinte en adelante tuvo lugar una creciente urbanización y una expansión  continua de los sectores exportadores y de las inversiones privadas, así como un  incipiente proceso de industrialización, lo cual condujo a un crecimiento de la  clase trabajadora y de la clase media, y movimientos sociopolíticos que  demandaban democracia; pero en la mayoría de los casos fueron sistemáticamente  confrontados y sofocados por alianzas conservadoras tradicionales de grandes  terratenientes, capital extranjero e intereses comerciales y financieros afines.  En muchos países dichas alianzas se deshicieron como consecuencia de la quiebra  financiera de 1929 y de la Gran Depresión que vino a continuación en los países  industrializados: notablemente en Gran Bretaña y Estados Unidos, las potencias  dominantes <i>vis-à-vis</i> Latinoamérica. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como consecuencia, en todos los países latinoamericanos  cayeron las exportaciones, se esfumaron la inversión y el financiamiento extranjeros, creció  enormemente el desempleo, disminuyeron las reservas de divisas y los déficit  fiscales aumentaron; en suma una crisis económica y sociopolítica catastrófica.  Todo esto debilitó la estructura de poder oligárquico-rural tradicional y puso  fin al ciclo y modelo dinámico de exportación de productos primarios que habían  prevalecido desde alrededor de los años setenta decimonónicos, con lo que  finalizó la era liberal de fines del siglo XIX. </p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Industrialización y desarrollo  estadocéntricos</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Para salir de esa  profunda crisis, en los países latinoamericanos, como en muchos otros alrededor  del mundo, se puso en acción el Estado, el cual promulgó políticas fiscales,  monetarias, financieras, arancelarias, de empleo, de control de cambios y de  comercio internacional, que favorecieron un aumento de la producción, el empleo  y las inversiones nacionales, mientras limitaban y controlaban las  importaciones. Fue el comienzo de la denominada «sustitución de importaciones»,  no solo en Latinoamérica, sino en todo el mundo, incluyendo los países  industrializados.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">En  las naciones latinoamericanas y otras subdesarrolladas, la reducción y el  control de la importación de manufacturas crearon las condiciones para el  desarrollo de un sector industrial nacional. Mientras tanto, en los países  industriales se limitaba la importación de productos de origen agropecuario, lo  que desembocó eventualmente en la protección, apoyo y subsidio de sus propios  sectores agrícolas; una situación que aún existe, como lo atestigua el nuevo y  reciente fracaso de la ronda de negociaciones de Doha.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  problema que más afectaba y preocupaba a los países industriales era la inmensa  masa de desempleo urbano generada por la Gran Depresión y la correspondiente  capacidad productiva ociosa en el sector manufacturero, una situación que motivó  grandes incrementos en el gasto público mediante programas como el New Deal del  presidente Roosevelt en Estados Unidos, las políticas sociales que desembocaron  en el Estado de Bienestar en varios países europeos, y los programas de obras  públicas y armamento en la Alemania nazi y la Italia fascista.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  crisis mundial que llevó a esas políticas de emergencia también condujo  eventualmente a una revolución en la teoría económica con la publicación de la <i>Teoría general</i> de J.M. Keynes. Allí se justificaba teóricamente el  aumento del gasto deficitario del Gobierno en situaciones caracterizadas por una  demanda efectiva insuficiente, y se convertía el pleno empleo en el objetivo  central de la política económica, con lo cual se daba al Estado un papel  protagónico en el crecimiento económico. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  tema del desarrollo económico y la modernización alcanzó el tope de la agenda  internacional como resultado de un proceso histórico complejo que incluyó  elementos cruciales tales como la revolución socialista en la Unión Soviética,  la Segunda Guerra Mundial, la creación de las Naciones Unidas, la implantación  de regímenes socialistas en países de Europa central y en China, el proceso de  descolonización en África y Asia, la Guerra Fría, la práctica de la economía  planificada en los países socialistas, y la aplicación de políticas económicas  basadas en el nuevo enfoque keynesiano del pleno empleo y el crecimiento  económico, en el mundo capitalista.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  Latinoamérica surgió una nueva orientación a favor de políticas dirigidas a la  promoción del desarrollo económico, la industrialización y las políticas  sociales. Este cambio de perspectiva se debió principalmente a factores tales  como el fracaso y derrumbe definitivo del modelo decimonónico de exportación de  productos primarios, las nuevas condiciones que eso creó para el desarrollo y/o  expansión del sector manufacturero nacional, las dificultades económicas  experimentadas durante la Segunda Guerra Mundial, los cambios fundamentales en  el entorno económico y sociopolítico internacional y una población urbana en  veloz crecimiento.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Lo  anterior condujo a un papel cada vez mayor del Estado en el desarrollo  económico, a un sector público en expansión, con nuevos organismos, servicios y  empresas estatales, a un aumento de la clase media profesional, y al surgimiento  de sindicatos obreros y partidos populares y de izquierda. Todo acompañado por  fuertes influencias políticas y culturales internacionales a favor del progreso  económico, la democracia y los derechos humanos. Lógicamente, la trascendencia  de ese proceso varió mucho entre los diferentes países latinoamericanos,  dependiendo de su tamaño, grado de industrialización y urbanización, composición  étnica de la población, y otros factores.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Un  componente crucial de este cambio y reorientación fundamentales en las políticas  económicas y sociales de Latinoamérica –como fue el caso de las revoluciones  keynesianas y socialistas en el exterior– fue el importante papel ideológico,  teórico y consultivo de un grupo de economistas reunidos en la Comisión  Económica para América Latina (Cepal) de las Naciones Unidas, creada en 1948,  con sede en Santiago de Chile. El líder de este grupo fue Raúl Prebisch, un  economista argentino que dirigió el Banco Central de Argentina cuando ese país  sufría las consecuencias de la Gran Depresión e implementó políticas monetarias  anticíclicas sumamente heterodoxas. Prebisch conocía igualmente de primera mano  la histórica relación económica de dependencia de su país <i>vis-à-vis</i> la  Gran Bretaña, particularmente las negociaciones que tuvieron lugar entre ambos  países en las décadas de los veinte y los treinta. Además, estaba familiarizado  con la experiencia de otras naciones latinoamericanas como Uruguay, Brasil,  México y Venezuela. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Prebisch no era solamente un observador partícipe y con experiencia profesional,  sino también un teórico vigoroso y de gran originalidad. Internacionalmente se  le conoce más por su famosa y polémica tesis (elaborada también por Hans Singer)  sobre el deterioro secular de la relación de intercambio de las materias primas  en el comercio internacional, pero eso es tan solo el corolario de su análisis  del desarrollo y el subdesarrollo en el sistema capitalista mundial. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para Prebisch, el sistema económico internacional estaba compuesto por un  centro, a saber, las potencias industriales de Europa y Norteamérica, y una  periferia que incluía los países latinoamericanos y otras economías no  industriales. Lo que determinaba el dinamismo de este sistema eran los  incrementos de productividad debidos al progreso tecnológico que tenía lugar en  el sector manufacturero de las economías industriales más avanzadas, lo que  llevaba a aumentos sustanciales en el ingreso y la riqueza de esos países. La  clase trabajadora participaba de esos aumentos hasta cierto punto, gracias a su  capacidad de organización y a la relativa escasez de mano de obra.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para su desarrollo, los países industrializados necesitaban importar productos  minerales y agrícolas que eran suministrados por los países de la periferia a  cambio de las manufacturas que ellos importaban. En este proceso histórico, el  centro había adquirido ventajas comparativas en la producción y exportación de  bienes industriales, sector donde tenía lugar el progreso tecnológico y los  aumentos de productividad, mientras la periferia se especializaba en la  producción y exportación de materias primas y productos agrícolas. El progreso  tecnológico y los aumentos de productividad no se extendieron en forma  significativa a esas actividades primarias porque la mano de obra era abundante  y barata, lo que mantenía los salarios en el nivel de subsistencia. Por  consiguiente, en los países de la periferia el ingreso y la riqueza aumentaron  más lentamente que en las naciones industriales del centro, y se acumularon  mayormente en manos de los dueños de la tierra y de las minas y las grandes  empresas nacionales y extranjeras, determinando la persistencia de una  estructura productiva atrasada, una distribución muy desigual de los ingresos y  una considerable salida de utilidades al extranjero. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Por otra parte, en el largo plazo el comercio internacional propendía a  beneficiar a los países industriales, ya que existía una tendencia desfavorable  en la relación de precios entre las exportaciones de productos básicos y las  importaciones de manufacturas. Esto se debía a dos factores. En primer lugar, la  elasticidad de la demanda de los productos manufacturados que importaban los  países subdesarrollados era mucho mayor que la de los productos primarios  importados por los países industriales. En segundo lugar, el progreso  tecnológico en estos últimos conducía a un remplazo y/o a una utilización más  eficiente de los productos primarios obtenidos de la periferia, determinando un  coeficiente descendente de importaciones primarias por unidad de producto. A  todo esto había que añadir otra desventaja para los países subdesarrollados: la  grave inestabilidad coyuntural que caracterizaba la producción, exportaciones y  precios de productos primarios en la economía internacional.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  consecuencia, las características del sistema centro-periferia, si bien  contribuían positivamente al desarrollo de los países industriales, habían  determinado una estructura productiva atrasada y heterogénea de las economías de  Latinoamérica, caracterizadas por un sector relativamente modernizado, que se  había especializado en la oferta de productos primarios para la exportación, y  un territorio rural interior que se mantenía en condiciones de atraso colonial y  subdesarrollo.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">De  este análisis se derivan dos conclusiones estratégicas principales. En primer  lugar, que la industrialización era necesaria para la modernización y el  desarrollo de los países de la periferia, visto que el sector industrial era el  portador del progreso tecnológico, de tal manera que la eventual exportación de  manufacturas compensaría la desventaja derivada de la especialización en la  exportación de productos primarios. En segundo lugar, que también se requería  una reforma agraria y la modernización rural para superar el atraso y la  explotación de la población que prevalecían en las zonas agrícolas del interior.  La principal conclusión referente a políticas públicas fue que, tal como en la  experiencia contemporánea de los países desarrollados y socialistas de esa  época, el Estado tenía que desempeñar un papel protagónico para que se  produjeran ambos procesos: la industrialización y la transformación y  modernización rural.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  caída del orden financiero y económico liberal internacional del siglo XIX como  consecuencia de la Gran Depresión de los años treinta y de la Segunda Guerra  Mundial proporcionó las condiciones económicas, políticas e ideológicas  nacionales e internacionales para un cambio de política: del modelo de  exportación de productos primarios a la estrategia de industrialización por  sustitución de las importaciones; orientación que fue adoptada prácticamente en  todo el mundo en desarrollo y socialista a partir de los años finales de la  década de los cuarenta.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  industria manufacturera no estaba del todo ausente en los países  latinoamericanos; en los que habían desarrollado sectores exportadores  significativos se estaban produciendo ya algunas manufacturas, lo que había  generado, directa o indirectamente, un mercado interno para tales productos en  Argentina, Brasil, México y Chile, y en menor grado en otros países.  Adicionalmente, las crisis del comercio exterior y las Guerras Mundiales crearon  otras oportunidades para producir localmente manufacturas que se acostumbraba  importar. Eso llevó también a que se formaran gradualmente clases sociales  medias de empresarios, comerciantes, profesionales y empleados, así como las  clases obreras urbanas, que se convirtieron en fuentes de poder político  interesadas en respaldar el esfuerzo industrializador. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  hecho de disponer de una teoría que justificaba la industrialización como un  medio para superar el subdesarrollo, y la existencia de clases empresariales y  otras relacionadas para respaldar este esfuerzo, proporcionaron la piedra  angular definitiva para adoptar el desarrollo, la industrialización y la  modernización como programa político y como ideología. El otro tramo del  proyecto de modernización, la reforma agraria y la transformación del medio  rural, fue pospuesto en muchos casos hasta el presente, y sigue siendo una plaza  fuerte de las clases dirigentes tradicionales.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como ya se mencionó, las medidas de industrialización tenían como respaldo la  nueva práctica de políticas y planificación económica y social para alcanzar el  crecimiento y el pleno empleo en los países industriales, y de la  industrialización y modernización en las naciones socialistas. A eso hay que  añadir las nuevas políticas de asistencia externa que, ante el inicio de la  Guerra Fría, estaba aplicando Estados Unidos para ayudar a Europa (el Plan Marshall) y fomentar el desarrollo de los países subdesarrollados (programa del  Punto IV del presidente Truman). Como resultado, en muchos de estos países lo  que comenzó como una respuesta <i>ad hoc</i> a las crisis del comercio exterior  y las dificultades cambiarias se convirtió en adelante en una política  deliberada de desarrollo, con el Estado como actor principal y promotor del  progreso económico y social. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las principales funciones que tuvo que asumir el Estado fueron: la aplicación de  impuestos, subsidios y controles de cambio y de precios en los mercados de  bienes y de factores, con el objetivo de trasladar recursos a las tareas de  industrialización y modernización; la creación de corporaciones y bancos de  desarrollo para el financiamiento e implementación de proyectos y programas de  largo plazo, a fin de superar la falta de un mercado financiero privado; la  redistribución de ingresos mediante la creación y/o ampliación de servicios  sociales públicos (salud, educación, cultura, vivienda, desarrollo urbano,  seguridad social); inversiones públicas para proporcionar el respaldo físico  necesario para la creación de un mercado interno integrado de alcance nacional,  mediante el desarrollo de redes de transporte y comunicaciones; la creación de  empresas públicas en actividades básicas que no le interesaban al sector privado  o que estaban por encima de sus capacidades (hierro y acero, productos químicos  básicos, energía); programas especiales para modernizar, al menos parcialmente,  el sector agrícola, etc.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Para cumplir este enorme conjunto de tareas era necesario ampliar el aparato  estatal y modernizar sus actividades creando instituciones y adoptando nuevos  métodos de administración, organización, planificación, preparación de  presupuestos, análisis de proyectos, información estadística sobre los recursos  naturales, etc. Todo esto generaba mayores oportunidades de empleo, lo que  contribuía sustancialmente al desarrollo y diversificación de universidades e  institutos tecnológicos para el entrenamiento del personal calificado que se  necesitaba en todas esas nuevas actividades. De este modo, la ampliación del  aparato estatal y los servicios públicos contribuyó significativamente a la  expansión de las nuevas clases medias y trabajadoras, mencionadas anteriormente.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  periodo que va desde fines de la década de los cuarenta hasta los setenta fue  excepcionalmente exitoso, tanto en América Latina como en el ámbito mundial, en  términos de crecimiento, empleo, industrialización, modernización, urbanización,  mejoras sociales, acumulación de capital económico y social y desarrollo. Pero  en Latinoamérica el proceso de sustitución de importaciones, que era uno de los  principales motores del cambio, experimentaba dificultades crecientes debido a  una protección excesiva y demasiado prolongada, insuficiente énfasis en el  aumento de las exportaciones, falta de modernización del sector agrícola y  mercados internos restringidos. Además, la resistencia a un aumento en la  tributación, necesario para financiar las actividades de un Estado mucho más  grande y más activo, contribuyó a la inflación y a una deuda externa crecientes. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">También estaban aumentando las tensiones sociales, pues los beneficios del  desarrollo no llegaban a la población rural ni al creciente número de pobres  urbanos. Al mismo tiempo, la Guerra Fría se expandía a América Latina a través  de la Revolución Cubana, que estimulaba movimientos revolucionarios sobre todo  en las zonas rurales de algunos países, todo ello en el contexto de la guerra de  Vietnam. En 1961 el presidente Kennedy lanzó la «Alianza para el Progreso» como  una respuesta reformista; su sucesor, Lyndon Johnson, continuó el programa  cuando Kennedy fue asesinado. Sin embargo, en la mayoría de los países,  controlados todavía por elites de terratenientes, Gobiernos conservadores  seguían renuentes a implementar reformas progresistas tales como la largamente  esperada reforma agraria. La agitación social y política aumentó y se  establecieron varios Gobiernos revolucionarios o semirrevolucionarios en  Guatemala, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile y otros países. Después vinieron  dictaduras militares represivas promovidas por las oligarquías y fuerzas  políticas conservadoras nacionales, contando con un fuerte respaldo de Estados  Unidos, el cual promovía la doctrina de «seguridad nacional», en vista de lo que  se consideraba un «enemigo interno»: una continuación latinoamericana de la  guerra de Vietnam. A finales de los setenta, en la región solo sobrevivían  cuatro democracias más o menos precarias en Colombia, México, Costa Rica y  Venezuela.</p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Globalización en los ochenta:  hechos y expectativas</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">En la década de los  ochenta las crisis del desarrollo y de la deuda, presiones populares internas en  aumento y un movimiento internacional a favor de los derechos humanos y la  democracia contribuyeron a poner fin a los regímenes militares corruptos y  represivos de los setenta. Desde entonces, la globalización de los valores  democráticos y de derechos humanos, la caída del socialismo en la Unión  Soviética y Europa oriental, el fin de la Guerra Fría, el respaldo internacional  a los regímenes democráticos y una extensa demanda popular de participación  política condujeron a una generalización de las democracias electorales. Por  primera vez en su historia como naciones independientes, todos los países  latinoamericanos, con excepción de Cuba, habían establecido regímenes  democráticos electorales.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Estamos usando las expresiones «democracias electorales» y «regímenes  democráticos electorales» deliberadamente. En las últimas dos décadas y media,  todas las naciones de Latinoamérica, excepto Cuba, han elegido sus Gobiernos en  comicios más o menos limpios. Sin embargo, en la mayoría de los casos aún están  total o parcialmente ausentes muchos de los requisitos de una democracia plena.  En general, pero con diferencias importantes entre los países y algunas  excepciones parciales como Costa Rica, Chile y Uruguay, aunque hay importantes  movilizaciones sociopolíticas en varios países, la participación política es  escasa, particularmente entre las generaciones más jóvenes; los partidos  políticos son débiles, no tienen definiciones ideológicas claras y tienden a  posiciones populistas oportunistas; los medios de comunicación están  abrumadoramente controlados por los principales grupos económicos; la pobreza  reinante y una gran desigualdad impiden una verdadera participación de la  mayoría de la población; los parlamentos, así como los gobiernos regionales y  locales, son débiles; y la justicia es en general ineficiente y corrupta, otro  legado del pasado colonial.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  generalización de Gobiernos electos democráticamente desde los años ochenta  representó una promesa de que esas condiciones iban a mejorar e hizo surgir  expectativas de participación sociopolítica más amplia, libertad de expresión,  empleos mejor pagados y seguros, alivio de la pobreza, mayor igualdad de  oportunidades y resultados, acceso a una justicia imparcial y expedita, un  futuro para los hijos, protección social, el fin de la corrupción y la  eliminación de los privilegios. Alcanzar esas metas, o al menos avanzar  claramente en esa dirección, se convirtió, por tanto, en una condición para la  legitimación de la democracia. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  advenimiento de Gobiernos electos democráticamente en el campo político  coincidió con un cambio dramático en el ámbito económico: el modelo de  desarrollo estadocéntrico con economías orientadas al mercado interno, que  prevaleció desde los años cuarenta hasta los ochenta, fue remplazado por el  neoliberalismo y un modelo de economía mercadocéntrica abierta, siguiendo las  políticas de lo que se conoce como «el consenso de Washington»: reducción del  papel del Estado en la economía a través de drásticos cortes en las inversiones  y el gasto público; privatización de empresas públicas; privatización parcial de  los servicios sociales públicos; eliminación de subsidios y controles;  desregulación y liberalización de los mercados; y en particular la apertura de  economías altamente protegidas a la competencia internacional y el capital  extranjero. Como resultado de esta verdadera revolución en la política económica  se esperaba, parafraseando a Fukuyama, que la economía de mercado y la  democracia política se reforzarían mutuamente y producirían «el fin de la  historia». </p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>El desempeño económico del  neoliberalismo</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">En contraste con esas  grandes expectativas socioeconómicas, que se venían acumulando durante décadas,  el desempeño social y económico de las políticas neoliberales desde los años  ochenta ha sido decepcionante. Es cierto que trajeron el fin del flagelo de la  inflación y una recuperación de la crisis de la deuda. Una mayor apertura al  exterior también ha generado un rápido crecimiento de las exportaciones. Pero,  salvo durante los últimos años, como consecuencia del auge exportador impulsado  por la irrupción de China e India en el mercado mundial, el crecimiento general  de la economía ha sido muy lento, apenas la mitad de lo acostumbrado en el  periodo anterior, de manera que el ingreso per cápita permaneció prácticamente  estancado por más de dos décadas, para recuperarse en alguna medida en años  recientes. Por otra parte, la economía se ha vuelto sumamente volátil, trayendo  una elevada inestabilidad cíclica en las exportaciones, el financiamiento y la  inversión extranjeros, y por consiguiente en la inversión nacional, el PIB, el  empleo y los ingresos. Los efectos de esta volatilidad son duraderos y  acumulativos, pues la recuperación después de una crisis no compensa por el  tiempo perdido, ni restituye los niveles de empleo previos (histéresis) ni, por  varios años, las inversiones privadas (Cepal, 2003).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como resultado de la apertura de la economía a la competencia internacional –lo  que requirió reducciones drásticas en los aranceles y otras formas de  protección–, y de los subsidios y promoción de las exportaciones, se ha  registrado un crecimiento de la productividad y la competitividad en las  exportaciones y en las actividades de sustitución de importaciones que aún  sobreviven. Esto ha ocurrido conjuntamente con el aumento y propagación del  capital foráneo y de diferentes tipos de asociaciones y fusiones de empresas  locales y extranjeras. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  crecimiento de las exportaciones ha ocurrido principalmente en dos formas,  conforme a la noción de ventajas comparativas: concentración en las  exportaciones de recursos naturales en Sudamérica, y en exportaciones que  requieren uso intensivo de mano de obra en México, Centroamérica y el Caribe.  Las exportaciones basadas en recursos naturales (minería, silvicultura,  pesquería, agroindustria) implican uso intensivo de capital y generan poco  empleo. Además, con frecuencia algunos sectores exportadores tecnológicamente  avanzados y en expansión perturban actividades preexistentes de alto coeficiente  de mano de obra, desplazando fuerza laboral. Por otra parte, las exportaciones  de alta intensidad de mano de obra generan empleo, pero basándose en salarios  bajos, donde entran en competencia con los niveles salariales más bajos del  mundo, a saber, los de China y otras economías asiáticas. De hecho, muchas de  esas actividades se están reubicando allí.</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Al  mismo tiempo, dadas las políticas orientadas a favorecer las exportaciones y la  competencia de importaciones baratas, las industrias de sustitución de  importaciones han desaparecido o también han tenido que volverse eficientes y  competitivas mediante la innovación tecnológica, las fusiones, la  conglomeración, la «racionalización» (es decir, reducciones de la mano de obra),  subcontratación (a saber, salarios más bajos, intensificación del trabajo y  evitar los costos derivados de la legislación social) y «flexibilidad (o sea,  salarios mínimos más bajos y menores costos de contratación y despido). Este  proceso se ha extendido también a las actividades de servicios que requiere el  sector de bienes transables: banca, finanzas, comunicaciones, energía,  consultoría, ingeniería, salud, educación, relaciones públicas, publicidad,  medios de información, servicios personales, etc. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  todos esos casos –actividades modernas y competitivas de sustitución de  importaciones, servicios y el sector exportador– un mecanismo importante para  abrirse a la economía mundial ha sido la incorporación del progreso técnico y la  creciente presencia de firmas extranjeras y diferentes formas de asociaciones  locales con el capital foráneo. Este acelerado proceso de modernización, y sus  efectos perturbadores en las actividades preexistentes de uso intensivo de mano  de obra, han dado lugar a un proceso que, mucho antes de que se comenzara a  hablar de la globalización, denominamos «integración trasnacional y  desintegración nacional» (Sunkel 1972).</p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Consecuencias sociales del  neoliberalismo</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">El proceso de  apertura e integración al mercado mundial ha significado una presión  generalizada sobre el empleo y los salarios que tiene su origen en tres fuentes:  a) la mayor productividad y competitividad de los sectores trasnacionalizados  intensivos en el uso de capital y tecnología y los servicios relacionados,  agentes conductores de las recientes revoluciones tecnológicas; b) la cantidad  de pequeñas y medianas empresas con uso intensivo de mano de obra que  desaparecieron al no poder hacer frente a la competencia intensificada, y c) la  disminución del empleo público como consecuencia de la reducción de las  actividades y servicios gubernamentales, la subcontratación y la privatización  de empresas públicas, uno de los principales objetivos de las políticas  neoliberales.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como resultado, el desempleo se mantiene muy elevado y los salarios bajos,  mientras que ha habido un exorbitante aumento de pequeños y medianos  empresarios, trabajadores por cuenta propia, subempleados y trabajadores  informales y una situación generalizada de inseguridad. Todo esto significa un  serio empeoramiento de las condiciones laborales: aumento del trabajo temporal,  más horas de trabajo, intensificación del trabajo, y falta de contratos y de  protección social. Si a eso le añadimos las consecuencias de la urbanización y  de servicios de transporte público muy deficientes, lo que aumenta el tiempo de  traslado, a los trabajadores difícilmente les quedan horas para el descanso y la  familia (Tokman, 2004).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Además, la privatización parcial de la educación, salud, vivienda y seguridad  social ha generado una brecha cada vez mayor entre establecimientos privados de  clase mundial, que cubren solo entre un cuarto y un tercio de la población, y  los deficientes servicios sociales públicos que mal atienden al resto. Para la  mayoría de la población también ha disminuido la protección social en términos  de condiciones de trabajo. Se manifiesta así un creciente <i>apartheid</i> entre  la privilegiada minoría trasnacionalizada y la gran mayoría nacional de  informales y marginados, con las tradicionalmente pequeñas clases medias en  proceso de reducción, lo que contribuye a la polarización social. En  consecuencia, a pesar del aumento y mejor focalización de los gastos sociales  del sector público, persiste la pobreza de un gran contingente de la población.  Además, como en general los aumentos en los ingresos y la riqueza han estado  fluyendo hacia los sectores sociales vinculados a la economía y la sociedad  trasnacionales, la distribución del ingreso, tan desigual, que ha caracterizado  a la región a través de la historia se mantiene o incluso ha empeorado en muchos  los países.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Las reformas centradas en el mercado han reducido el papel del Estado, han  privatizado servicios, empresas y bienes públicos, han bajado los aranceles y  abierto la economía al mercado mundial, han liberalizado y desregulado los  mercados internos, eliminado subsidios, promovido la competencia y la empresa  privada. Todo eso ha llevado a la ampliación y profundización de una cultura de  individualismo y competitividad, y a la disolución de la cultura preexistente de  arreglos socioeconómicos protegidos por el Estado o relacionados con  instituciones tradicionales como la familia y otras. Como consecuencia,  surgieron sentimientos de gran inseguridad personal y, en respuesta, formas  antisistémicas de conducta individual, al igual que movimientos sociopolíticos  reactivos de protesta, todo lo cual ha contribuido a la inestabilidad política. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Dadas las profundas transformaciones generadas por la aplicación de políticas  económicas neoliberales orientadas al mercado en países con formaciones sociales  originalmente vinculadas al Estado y/o a la tradición, el tipo de análisis que  estamos siguiendo aquí armoniza claramente con los enfoques de Karl Polanyi y  otros destacados pensadores. En su gran obra clásica titulada <i>La gran  transformación, </i>Karl Polanyi analiza la descomposición de las relaciones  sociales tradicionales provocada por la mercantilización, señalando que a dicho  proceso le siguen, por una parte, intentos de resistirlo, y por la otra, de  reaccionar a sus consecuencias, lo que denominó el «doble movimiento». Albert  Hirschman sugiere un proceso similar en su libro <i>Salida, voz y lealtad</i>.  Es el caso también del proceso dialéctico del reemplazo de los modos de  producción señalado por Marx, así como de la «destrucción creativa» formulada  por Shumpeter. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Según un análisis más reciente en esa misma línea (Portes y Hoffman, 2003), las  reacciones a las fuerzas perturbadoras de la trasnacionalización han sido la  «adaptación entusiasta» de unos pocos privilegiados y la «adaptación renuente» o  «empresarialismo forzado» de la mayoría, donde algunos han tenido éxito, pero la  generalidad no. Este proceso, sumado a altos niveles de desempleo y subempleo,  particularmente grave entre los sectores más jóvenes y más pobres de la  sociedad, ha conducido en el plano individual a la emigración, particularmente  en el caso de México, la mayoría de los países de Centroamérica y el Caribe y  también Ecuador, Bolivia y Perú en América del Sur. Por otra parte, ha acentuado  las conductas antisistemas: delincuencia, drogas y violencia. En el plano  colectivo ha generado movimientos de protesta de todo tipo: políticos,  regionales, étnicos, de jóvenes, de género y ambientalistas. Internacionalmente  esos movimientos de protesta se han unificado bajo las banderas de la anti- o  alterglobalización. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  este punto tenemos que hacer mención especial del caso de Chile, que pareciera  diferir del análisis previo. La economía chilena creció a una tasa promedio  excepcional del 5,7 por ciento entre 1990 y 2005, casi duplicando el ingreso per  cápita, y con una reducción sustancial de la pobreza absoluta del 39 al 14 por  ciento. Por lo general esto se atribuye a que Chile, aparte de haber iniciado la  reforma neoliberal una década antes que los demás países, fue más radical,  integral y sistemático en la aplicación del paquete de políticas neoliberales.  En la última sección de este trabajo, donde se describe el surgimiento de un  enfoque neoestructuralista del desarrollo, se argumentará que esa es una opinión  parcial y en buena medida errada ya que, por el contrario, la relativamente  exitosa experiencia chilena desde 1990 le debe mucho a la aplicación sistemática  de un programa de políticas públicas implementadas por el Estado y dirigidas  deliberadamente a mejorar sustancialmente las condiciones sociales, a promover y  desarrollar actividades productivas nuevas e innovadoras, a la promoción de las  exportaciones, a incentivar las inversiones privadas en infraestructura, al  establecimiento de varios organismos reguladores fuertes y competentes, entre  otras medidas (Sunkel, 2006).</p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><b>Consecuencias ambientales del  neoliberalismo</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">La adopción de  políticas neoliberales en los años ochenta coincidió no solamente con el  establecimiento de regímenes democráticos, sino también con la incorporación y  adopción de políticas e instituciones ambientalistas. El reconocimiento de la  problemática ambiental venía cobrando impulso en las décadas anteriores. La  industrialización, la modernización de la agricultura, la urbanización, el  desarrollo de la infraestructura de transporte, telecomunicaciones y energía,  etc., junto a su enorme contribución al desarrollo, tuvieron efectos nocivos  bien conocidos en términos de contaminación del aire, las aguas y el suelo, y  afectaron también recursos naturales renovables tales como bosques, pesquerías,  suelos agrícolas, etc. Sin embargo, esos efectos fueron minimizados y tolerados  porque se les percibía como un precio que había que pagar ineludiblemente por la  modernización, el progreso y el desarrollo.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Pero paralelamente aumentó también la conciencia internacional de la importancia  de preservar el medio ambiente, particularmente después de la Conferencia de  Estocolmo de 1972. Esto condujo eventualmente a que en el plano nacional se  tomara también mayor conciencia de los problemas ambientales. En consecuencia,  la mayoría de los países latinoamericanos aprobaron leyes ambientales durante  los años ochenta y comienzos de los noventa. También se iniciaron procesos de  creación de una institucionalidad ambiental y de fortalecimiento de la  educación, capacitación e investigación en esta materia, lo que llevó a que  finalmente se adoptaran e implementaran políticas de protección del medio  ambiente. En este particular contribuyeron mucho las presiones internacionales  de organizaciones no gubernamentales, Gobiernos de países desarrollados,  organizaciones internacionales y cada vez más del mismo sector empresarial, pues  el buen comportamiento ambiental se convirtió en una condición para el acceso a  los mercados internacionales. Sin embargo, las políticas ambientales no han  logrado controlar las fuerzas del mercado: la deforestación, la presión sobre  los bosques nativos y la biodiversidad, la intensidad energética y la extensión  de los asentamientos urbanos, entre otros procesos, continúan aumentando, aunque  se ha logrado cierto progreso en cuanto a las emisiones de CO2 y la  contaminación urbana, fluvial y costera. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">La  concentración urbana, la contaminación y congestión ambiental y el agotamiento  de los recursos naturales renovables se han acentuado debido a las políticas  neoliberales, con la apertura de la economía y el fomento de las actividades de  exportación de recursos naturales, así como debido a una mayor importación de  bienes de consumo duraderos, especialmente automóviles, y a insumos químicos  tecnológicamente avanzados tales como fertilizantes y pesticidas. </p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Consecuencias políticas del  neoliberalismo</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">El duro contraste  entre la promesa que implicó el establecimiento de regímenes democráticamente  electos en los años ochenta y los decepcionantes resultados registrados en las  dos últimas décadas de aplicación simultánea de paquetes de políticas económicas  neoliberales ha impedido que las recién establecidas democracias electorales  obtengan legitimidad política; en cambio, ha conducido a graves crisis de  gobernabilidad y a una creciente pérdida de fe en la democracia. Por supuesto,  el grado en que esta situación afecta a los países varía dentro de  Latinoamérica.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  muchas naciones, una decepción inicial fue el hecho de que muchos Presidentes  que fueron elegidos por sus programas progresistas, en cuanto asumieron sus  cargos cambiaron súbitamente su orientación hacia políticas de estabilización y  reformas estructurales neoliberales sumamente impopulares. También existe la  percepción de que la participación política es irrelevante, pues son los  tecnócratas, las elites empresariales (más que nada trasnacionales) y las  organizaciones financieras internacionales las que deciden las políticas.  Adicionalmente, produce decepción el que las democracias electorales procedimentales no hayan promovido la participación sociopolítica y que tengan  poco que mostrar en términos de mejoras económicas y de reducción de la pobreza,  la injusticia social y la desigualdad. Mientras tanto, la corrupción persiste o  incluso ha empeorado, en buena parte vinculada a la privatización de empresas  públicas. Existe también una crisis de representación, particularmente en  relación con los jóvenes, pues los partidos políticos y la clase política no  cumplen su función de percibir, entender y articular las viejas y nuevas  demandas de la sociedad.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Merece ser destacado que esta negativa historia política reciente no ha sido  consecuencia de golpes militares y/o intervenciones foráneas, como acostumbraba  ocurrir debido a las condiciones históricas examinadas antes, y más  recientemente por las repercusiones de la Guerra Fría en la región  latinoamericana. Por el contrario, es el resultado del creciente descontento,  agitación y movilización política popular, hasta el punto que algunos  Presidentes no han tenido otra alternativa que renunciar, en un contexto  internacional donde se favorece la democracia, y la presión política interna e  internacional ha apoyado transiciones políticas negociadas. En el presente hay  varios Gobiernos que están todavía, o de nuevo, en graves problemas. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Como se mencionó antes, las elecciones recientes en varios países dan muestras  de que la política se aleja del neoliberalismo y se inclina hacia tendencias más  nacionalistas, estatizantes y/o populistas, generando problemas de  gobernabilidad y despertando temores respecto de la institucionalidad  democrática. Aunque Chile también se ha movido en ese sentido, sigue  constituyendo, junto con Uruguay y Costa Rica, el grupo de países donde la  democracia no pareciera estar amenazada, básicamente porque las sociedades no  son tan segregadas y los sistemas políticos democráticos tienen raíces  históricas más profundas y están más consolidados. En el caso de Chile, como se  dijo, eso también se debe a políticas excepcionalmente exitosas de crecimiento  económico y mejoramiento social desde 1990, en la era post Pinochet de los  Gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  otros casos los sistemas políticos han sido tradicionalmente débiles y persisten  los liderazgos populistas, lo que lleva, una y otra vez, a una concepción  plebiscitaria de democracia. Guillermo O´Donnell acuñó el concepto de «regímenes  delegativos», en los cuales se supone que el Presidente, al haber sido electo  por mayoría popular, tiene el derecho de hacer lo que le venga en gana. Tiempos  políticos difíciles, como los que en estos momentos prevalecen en muchos países  de Latinoamérica, promueven regímenes delegativos que fortalecen al Presidente  pero debilitan las otras instituciones de la democracia: el Poder Legislativo y  el Judicial, la Contraloría, los gobiernos regionales y locales y otros  organismos de rendición de cuentas. Recientemente la tendencia política en la  región parece favorecer este tipo de regímenes antes que la institucionalización  y consolidación de democracias representativas (<i>Diario Financiero</i>, 2006).</p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Muchos de los problemas políticos de varios países latinoamericanos tienen que  ver con un aumento de la inseguridad, el desasosiego, demandas no satisfechas,  nuevas presiones inflacionarias, organización y movilización de grandes masas de  poblaciones indígenas permanentemente marginadas y segregadas, gobernadas por  siglos por pequeñas elites blancas. Este es especialmente el caso en varios  países andinos y centroamericanos. Con Hugo Chávez, la movilización popular ha  producido un nuevo tipo de líder en Venezuela. Haciendo orgulloso hincapié en su  origen indígena, Chávez promueve una ideología nacionalista con su «socialismo  del siglo XXI», del que se afirma que tiene sus raíces históricas en Bolívar,  Simón Rodríguez y otros héroes de las guerras de Independencia, de donde  provendría la Revolución Bolivariana. Entre otros líderes de tipo similar, pero  sin el respaldo de los abundantes petrodólares de Venezuela, se puede mencionar  a Evo Morales en Bolivia y Ollanta Humala en Perú, quienes han contando  principalmente con el apoyo de las poblaciones de origen indígenas de sus  países. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Es  probable que estos movimientos sean en gran parte reacciones al contraste entre  las expectativas que generaron las reformas democráticas y económicas de los  años ochenta y la frustrante incapacidad de las políticas económicas  neoliberales de proporcionar los beneficios esperados. También provienen  seguramente de la falta de un sentimiento de ciudadanía democrática y de  pertenencia o identificación con el nuevo marco institucional y cultural mercadocéntrico de nuestros países. La apertura de la economía, la expansión de  los nuevos sectores exportadores y la competencia de importaciones baratas  socavaron las actividades agrícolas y artesanales tradicionales y causaron el  desarraigo de masas de población rural que fueron a converger en las áreas  urbanas, donde ya reinaban el desempleo y las actividades económicas informales,  la falta de condiciones de vida decentes, el deterioro ambiental, la  delincuencia y las drogas (Cepal, 2001, 2002a, 2004). Estas personas albergan  resentimientos crecientes contra los funcionarios públicos –los jueces, la  policía, lo parlamentarios, los ministros, la burocracia en general– y los  políticos tradicionales, así como contra la rica elite blanca trasnacional de  comerciantes, economistas, abogados y otros profesionales y tecnócratas. Por lo  tanto, constituyen sectores disponibles para líderes populistas de su mismo  origen étnico.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">En  conclusión, las políticas económicas neoliberales, que son la expresión  ideológica de la globalización, han generado grandes oportunidades de progreso  económico en los sectores de bienes transables, y expectativas generales de  desarrollo y mejoras sociales. Pero el proceso de trasnacionalización también ha  traído pesados costos económicos, sociales, ecológicos, culturales y políticos,  con la consecuente frustración de esas expectativas. Los medios de información  transmiten un mensaje virtual o simbólico sobre la globalización que contrasta  totalmente con las miserables condiciones materiales de vida de la mayoría.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Existen sectores, segmentos sociales y áreas geográficas selectos que han sido  capaces de desarrollar actividades y/u obtener empleos que les permiten unirse  al proceso globalizador, tanto en el nivel de las expectativas como en el de la  realidad. Esos son los ganadores. Pero también hay sectores económicos, grupos  sociales y áreas geográficas mucho más extensos que están siendo desplazados,  rechazados y marginados. Esos son los perdedores. Una vez más, los perdedores  tradicionales. Lamentablemente, en las circunstancias históricas de la mayoría  de los países latinoamericanos, el balance de este proceso de profunda  transformación social tiende a ser muy negativo: pocos ganadores y demasiados  perdedores. Este no es el ambiente más saludable para que prosperen la  democracia y el desarrollo.</p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Desarrollo desde dentro: ¿una  respuesta neoestructuralista?</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">Las crisis de la  estrategia de desarrollo estadocéntrico durante los años cincuenta a los  setenta, conjuntamente con la generalización del proceso de globalización y la  abrumadora preponderancia de instituciones y mercados financieros desde la  década de los ochenta, trajo consigo la ideología y las políticas del  neoliberalismo. La crisis de la deuda externa de comienzo de los ochenta ofreció  a las instituciones financieras internacionales públicas y privadas una  excelente oportunidad para imponer las políticas del «consenso de Washington» en  países y Gobiernos agobiados por la deuda.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sin duda era necesario revisar en profundidad las políticas y estrategias de  desarrollo de esos países. Se había recargado el Estado con una cantidad  excesiva de tareas de planificación, fiscalización, redistribución y producción,  lo cual interfería con un funcionamiento razonable de los mecanismos de mercado  y, junto con sistemas de tributación deficientes, generaba desequilibrios  fiscales graves. Las economías estaban excesiva e irracionalmente protegidas de  la competencia internacional. El proceso de sustitución de las importaciones  había llegado a un callejón sin salida y las exportaciones no se estaban  expandiendo suficientemente, lo que creaba crisis en la balanza de pagos y un  endeudamiento externo excesivo. La inflación estaba fuera de control. Había que  armonizar las instituciones y las políticas financieras con la nueva realidad de  la globalización: poderosos conglomerados trasnacionales, masivo auge de los  mercados financieros y de la inversión privada, la revolución tecnológica, etc.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sin embargo, al tratar de corregir y mejorar las políticas públicas respectivas,  muchas veces se aplicó la receta económica neoliberal de una manera dogmática y  excesivamente drástica, lo que dejó a los Gobiernos sin la mayoría de los  instrumentos necesarios para dedicarse a la planificación y fomento de  capacidades de producción innovadoras y más diversificadas, con visiones  estratégicas de mediano y largo plazo, y para suministrar los servicios sociales  que tanto se necesitaban. Se suponía que en adelante el mercado y la empresa  privada proporcionarían prácticamente todo. Así, en un afán por deshacerse de lo  que se consideraba malo, se desechó indiscriminadamente lo bueno que se había  logrado en décadas anteriores. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sin embargo, ya para finales de la década de los ochenta muchos observadores  experimentados criticaban el simplismo e ideologización extremos de las  políticas neoliberales y pronosticaban consecuencias negativas, admitiendo al  mismo tiempo la necesidad de cambios considerables en las políticas de  desarrollo, ya que había ocurrido una transformación fundamental en el entorno  internacional con el inicio de la globalización.<sup>1</sup> Básicamente,  rechazaban enfáticamente la fe ingenua en que, en países caracterizados por la  heterogeneidad productiva y social así como divisiones profundas en sus  estructuras e instituciones económicas, sociales, culturales y políticas, el  recetario neoliberal –menos gobierno, más mercado y empresa privada, y apertura  a la economía mundial– traería crecimiento económico, mejoras sociales y  democracia, sin la orientación estratégica, coordinación y participación directa  e intencionada del Estado. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Así surgió el neoestructuralismo, una respuesta al neoliberalismo. El  neoestructuralismo reconoce las deficiencias del estructuralismo de los años  cincuenta en lo relativo a equilibrios macroeconómicos de corto plazo, énfasis  exagerado en la sustitución de importaciones en desmedro de la interacción con  la economía internacional, y carga excesiva y burocratización en la intervención  del Gobierno, mientras al mismo tiempo defiende la necesidad de políticas  estatales deliberadas de corto, mediano y largo plazo para superar los problemas  relacionados con la heterogeneidad estructural, y para crear, complementar y  regular mercados en los frecuentes casos de ausencia, imperfecciones y fallas  del mercado, característicos del síndrome del subdesarrollo; garantizar el  suministro de obras y servicios públicos de transporte, energía eléctrica,  comunicaciones, agua potable, tratamiento de aguas servidas y otras inversiones  de largo plazo; promover la diversificación de la producción y de las  exportaciones en actividades productivas con mayor valor añadido y  tecnológicamente más avanzadas y competitivas; promover el ordenamiento  territorial y el desarrollo regional, apoyar activamente la penetración de las  exportaciones en mercados extranjeros; ampliar la cobertura y mejorar la calidad  de la educación y de los servicios públicos de salud, vivienda y protección  social, particularmente para los pobres y los menos favorecidos; así como poner  en práctica políticas para garantizar la sostenibilidad ambiental. En otras  palabras, en lugar de dejar que el mercado global, cada vez más  internacionalizado, sea el único o el principal factor determinante de la  orientación de las políticas de desarrollo de un país, de acuerdo con una  orientación «venida desde afuera», existe en nuestros países una necesidad  irremplazable de diseñar y aplicar estrategias explícitas de desarrollo «desde  dentro».</p> </font> 	<font FACE="Verdana" SIZE="2"> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<blockquote> 		    <p ALIGN="JUSTIFY">Lo crucial no son  	la demanda y los mercados. El meollo del desarrollo se encuentra en el lado  	de la oferta: calidad, flexibilidad, la eficiente combinación y utilización  	de recursos productivos, la adopción de avances tecnológicos, un espíritu  	innovador, creatividad, la capacidad de organización y de disciplina social,  	austeridad pública y privada, y énfasis en el ahorro y el desarrollo de  	destrezas para competir internacionalmente: en resumen, esfuerzos  	independientes <i>desde dentro</i> para lograr el desarrollo autosostenido (Sunkel,  	1991b). </p> </blockquote> 	</font><font SIZE="2" face="Verdana">     <p ALIGN="JUSTIFY">Esta perspectiva no se basa solamente en un análisis de las realidades  económicas de esos países, sino también, como acabamos de concluir  anteriormente, en la urgente exigencia política, nacional e internacional, de  que las políticas económicas tienen que contribuir al fortalecimiento de la  democracia.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">El  desempeño económico, social y político relativamente exitoso del modelo chileno  de «crecimiento con equidad», adoptado por el Gobierno democrático desde 1990 y  al que ya nos referimos, si bien mantuvo el esquema general de una economía de  mercado, lejos de ser un ejemplo de neoliberalismo más o menos «puro», como lo  proclaman la prensa financiera internacional y los economistas de la corriente  dominante, le debe mucho precisamente a la puesta en práctica de varias de las  políticas de corte neoestructuralista mencionadas anteriormente (Sunkel, 2006).</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Sin dejar de reconocer las nuevas realidades de la globalización, y dentro de  ese inevitable marco global, los países pueden y deben negociar e implementar  metas de desarrollo nacional, y buscar alcanzarlas a través de políticas  públicas decididas democráticamente por sus sociedades en el ámbito nacional y  puestas en ejecución por sus Gobiernos (Ocampo, 2002; Sunkel, 1993; Sunkel y  Zuleta, 1990). La admisión pragmática de algunas orientaciones generales de  política económica –tales como la necesidad de promover una integración dinámica  en la economía mundial, la importancia de mantener los equilibrios  macroeconómicos, entendiendo por tales no sólo la estabilidad de precios sino  también el crecimiento y el empleo, dejar operar los mercados cuando funcionan  adecuadamente pero guiarlos y regularlos cuando ese no sea el caso, asegurar que  las empresas públicas cumplan roles estratégicos con eficiencia y calidad, etc.–  es en parte un reconocimiento de los errores y excesos del período  estadocéntrico, muchas veces consecuencia de circunstancias históricas  ineludibles, pero más fundamentalmente el resultado del enorme cambio en las  condiciones sociopolíticas y económicas tanto internas como internacionales. Por  otro lado, las medidas de política concretas que deben aplicarse para  implementar esas orientaciones generales son con frecuencia completamente  diferentes: los neoliberales creen más en los mercados, mientras los  neoestructuralistas confían más en las intervenciones del Estado; pero de  acuerdo con la experiencia pasada de unos y otros, ambos deberían aprender a ser  más desconfiados tanto del mercado como del Estado.</p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Finalmente, hay una diferencia fundamental en las premisas axiomáticas e  ideológicas subyacentes en ambos enfoques. Este no es el lugar para profundizar  en ese asunto, pero cuando menos hay que recordar que el liberalismo y el  estructuralismo, y sus correspondientes versiones «neo», entienden y explican la  conducta del individuo en la sociedad en formas muy distintas. Los liberales,  como herederos del individualismo y el utilitarismo, presuponen la existencia de  las categorías abstractas de la libertad de elección y de los cálculos  racionales del agente económico individual en un mercado más o menos perfecto,  ya sea el/la agente un consumidor o un productor. Los supuestos subyacentes se  traducen, lógicamente, en las formas más eficientes de acción individual y  desempeño económico. Por lo tanto, cualquier interferencia que limite la  libertad de elección de la gente, especialmente las que provienen del Estado,  origina y garantiza en última instancia un funcionamiento ineficiente del  sistema económico. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">Por su parte, los estructuralistas, al menos en Latinoamérica, interpretan la  conducta económica del individuo conforme a los contextos históricos  –especialmente los de carácter socioeconómico, cultural e institucional– en  donde tales agentes formulan sus limitadas opciones y desarrollan su  comportamiento. Consideran que los individuos se congregan por sí mismos en  grupos sociales organizados, en una multitud de instituciones públicas y  privadas que con el tiempo desarrollan una serie de valores y reglas de  conducta. Así, debido a sus diferentes experiencias históricas nacionales y  relaciones internacionales, las sociedades y economías latinoamericanas tienen  sus características estructurales e institucionales distintivas, y las políticas  de desarrollo deben tomarlas en cuenta. Por lo tanto –deseamos recalcar una  última vez–, aun cuando es posible que algunas líneas generales de la política  de desarrollo parezcan similares, pueden persistir diferencias considerables en  las esferas concretas de acción y en la elección de los instrumentos de  política, especialmente, por supuesto, en lo que se refiere al papel del Estado  (Sunkel y Zuleta, 1990). </p> </font><font FACE="Frutiger 47LightCn" SIZE="2"> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"> </font></font><font FACE="Verdana" size="2">     <p align="justify"><b>Referencias bibliográficas</b></p>     <!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">1. <b>Bitar, S.</b>  (1988). «Neoliberalism versus Neostructuralism in Latin America», <i>Cepal  Review</i>, 34, pp. 45-62.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794858&pid=S1012-2508200800020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">2. <b>Cepal</b>  (1990). <i>Transformación productiva con equidad</i>, Santiago, Cepal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794859&pid=S1012-2508200800020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">3. <b>Cepal</b>  (2001). <i>Equity, Development and Citizenship</i>, Santiago, Cepal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794860&pid=S1012-2508200800020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">4. <b>Cepal </b> (2002a). <i>Panorama social de América Latina 2001-2002</i>, Santiago, Cepal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794861&pid=S1012-2508200800020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">5. <b>Cepal</b>  (2002b). <i>The Equity Gap</i>, Santiago, Cepal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794862&pid=S1012-2508200800020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">6. <b>Cepal </b> (2003). <i>A Decade of Light and Shadow: Latin America and the Caribbean in the  1990s</i>, Santiago, Cepal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794863&pid=S1012-2508200800020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">7. <b>Cepal</b>  (2004). <i>Panorama social de América Latina 2002-2003</i>, Santiago, Cepal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794864&pid=S1012-2508200800020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">8. <b>Cortés Conde,  R.</b> y <b>S. Hunt</b> (1985). <i>The Latin American Economies, Growth and the  Export Sector 1880-1930</i>, Nueva York-Londres, Holmes and Meier.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794865&pid=S1012-2508200800020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">9. <b><i>Diario  Financiero</i></b> (2006). «Entrevista con Guillermo O’Donnel», Santiago, 10 de  marzo.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794866&pid=S1012-2508200800020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">10. <b>French-Davis,  R.</b> (1988). «An Outline of a Neo-structuralist Approach», <i>Cepal Review</i>,  34, pp. 37-44.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794867&pid=S1012-2508200800020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">11. <b> Griffith-Jones, S.</b> y <b>O. Sunkel </b>(1987). <i>Las crisis de la deuda y  del desarrollo en América Latina; el fin de una ilusión</i>, Buenos Aires, RIAL,  Grupo Editor Latinoamericano.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794868&pid=S1012-2508200800020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">12. <b>Gwynne R.N. </b>y <b>C. Kay </b>(2004). <i>Latin America Transformed. Globalization and  Modernity</i>, 2a ed., Londres, Hodder Arnold.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794869&pid=S1012-2508200800020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">13. <b>Lustig, N.</b>  (1991). «From Structuralism to Neo-structuralism: The Search for a Heterodox  Paradigm», en P. Meller, ed., <i>The Latin American Development Debate,  Neostructuralism, Neomonetarism and Adjustment Processes</i>, pp. 27-42, Boulder,  CO, Westview Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794870&pid=S1012-2508200800020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">14.<b> Meller, P.</b>,  ed. (1991). <i>The Latin American Development Debate,  Neostructuralism,Neomonetarism and Adjustment Processes</i>, Boulder, CO,  Westview Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794871&pid=S1012-2508200800020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">15. <b>Ocampo, J.A.</b>  (2002). «Rethinking the Development Agenda», <i>Cambridge Journal of Economics</i>  26(3), pp. 393-407.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794872&pid=S1012-2508200800020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">16. <b>Portes, A.</b>  y <b>K. Hoffman</b> (2003). «Latin American Class Structures: Their Composition  and Change During the Neo-liberal Era», <i>Latin American Research Review</i>,  38(1), pp. 41-82.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794873&pid=S1012-2508200800020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">17. <b>Prats, J.</b>  (2005). «¿Quién bloquea a Latinoamérica?», <i>Revista Cuarto Intermedio</i>,  Bolivia, noviembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794874&pid=S1012-2508200800020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">18. <b>Ramos, J.</b>  y <b>O. Sunkel</b> (1991). «Hacia una síntesis neoestructuralista», en O. Sunkel,  ed., <i>El desarrollo desde dentro: un enfoque neoestructuralista para América  Latina</i>, México, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794875&pid=S1012-2508200800020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">19. <b>Rosales, O.</b>  (1988). «An Assessment of the Structuralist Paradigm for Latin American  Development and the Prospects for Its Development», <i>Cepal Review</i>, 34, pp.  19-36. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794876&pid=S1012-2508200800020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">20. <b>Solimano, A.,  O. Sunkel</b> y <b>M. Blejer</b>, eds. (1994). <i>Rebuilding Capitalism:  Alternative Roads after Socialism and Dirigisme</i>, Ann Arbor, University of  Michigan Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794877&pid=S1012-2508200800020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">21. <b>Sunkel, O.</b>  (1972). <i>Integración transnacional y desintegración en América Latina</i>,  Buenos Aires, Editorial Nueva Visión.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794878&pid=S1012-2508200800020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">22. <b>Sunkel, O.</b>  (1991a). «Del desarrollo hacia adentro al desarrollo desde dentro», en O. 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(1993). <i>Development from Within: Toward a Neostructuralist Approach for  Latin America</i>, Londres, Lynne Rienner.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794882&pid=S1012-2508200800020000200025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">26. <b>Sunkel, O.</b>  (2005). «The Unbearable Lightness of Neo-liberalism», en C.H. Wood y B. Roberts,  eds., <i>Rethinking Development in Latin America</i>, Philadelphia, Pennsylvania  University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794883&pid=S1012-2508200800020000200026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">27. <b>Sunkel, O.</b>  (2006). «Un ensayo sobre los grandes giros de la política económica chilena y  sus principales legados», en R. Bielschovsky y otros, eds., <i>Una mirada hacia  América Latina</i>, Santiago, Instituto de Estudios Internacionales/Embajada de  Brasil.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794884&pid=S1012-2508200800020000200027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">28. <b>Sunkel, O.</b>  y<b> G. Zuleta</b> (1990). «El neoliberalismo versus el neoestructuralismo en  los años 90», <i>Revista de la Cepal</i>, nº 42, diciembre.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794885&pid=S1012-2508200800020000200028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">29. <b>Sunkel, O.</b>  y <b>P. Paz</b> (1970). «El subdesarrollo latinoamericano y la teoría del  desarrollo», México, Siglo XXI.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794886&pid=S1012-2508200800020000200029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">30. <b>Tokman, V.</b>  (2004). <i>Una voz en el camino. Empleo y equidad en América Latina, 40 años de  búsqueda</i>, Santiago, Fondo de Cultura Económica.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794887&pid=S1012-2508200800020000200030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">31. <b>Torres Olivos,  M.</b> (2006). <i>Fernando Fajnsylber. Una visión renovadora del desarrollo en  América Latina</i>, Santiago, Cepal.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794888&pid=S1012-2508200800020000200031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">32. <b>UNDP</b>  (2005). <i>Democracy in Latin America: Toward a Citizens Democracy</i>, Buenos  Aires, Aguilar.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794889&pid=S1012-2508200800020000200032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">33. <b>Vellinga, M.</b>,  ed. (1998). <i>The Changing of the State in Latin America</i>, Boulder, Westview  Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794890&pid=S1012-2508200800020000200033&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY">34. <b>Wiarda, H.J.</b>  (1998). «Historical Determinants of the Latin American State», en M. Vellinga,  ed., <i>The Changing of the State in Latin America</i>, Boulder, Westview Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794891&pid=S1012-2508200800020000200034&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify">35. <b>Wood, C.H.</b> y <b>B. Roberts</b>,  eds. (2005). <i>Rethinking Development in Latin America</i>, Philadelphia,  Pennsylvania University Press.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=794892&pid=S1012-2508200800020000200035&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p align="justify"><b>Notas</b></p> </font><font FACE="Helvetica-Narrow" SIZE="4"><font SIZE="2" face="Verdana">     <p ALIGN="JUSTIFY"><sup>1</sup> Véase  Bitar, 1988; Cepal, 1990; French-Davis, 1988; Griffith-Jones y Sunkel, 1987;  Lustig, 1991; Rosales, 1988; Sunkel 1991b, 1993; Sunkel y Zuleta 1990. Un  importante colaborador en este debate y en el crucial libro de la Cepal <i> Transformación productiva con equidad</i> (1990) fue Fernando Fajnsylber,  lamentablemente fallecido en 1991. Un libro de reciente publicación analiza y  recoge sus principales trabajos (Torres Olivos, 2006).</p> </font> </font>       ]]></body>
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