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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Las organizaciones empresariales venezolanas bajo el gobierno de Hugo Chávez (1999-2007): ¿De la sociedad civil nacional a la internacional?]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This paper examines the new relationships established by the Venezuelan State with old and new business associations. It analyzes the period beginning with Hugo Chávez election to the Presidency in 1999 and ending with the re-election in 2007. Venezuela has witnessed a process of displacement of the old business associations by new ones born under the umbrella of the chavist project, giving rise to a sort of State corporativism. As a result, the Venezuelan State has lacked the domestic checks and balances needed for decision-making in economic matters, with this role being played by the association grouping the large international oil consortia. The balances concerning hydrocarbon thus come from a civil society that is not national, but international]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p ALIGN="center" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="3" face="Verdana"><b> Las organizaciones empresariales venezolanas bajo el  gobierno de Hugo Chávez (1999-2007)</b> <b> ¿De la sociedad civil nacional a la internacional?</b></font></p>     <p ALIGN="center" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="ES"><font size="2" face="Verdana"><b>Nelly Arenas*</b></font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><span LANG="EN">* Doctora en Ciencias Políticas. Profesora Titular del Área de Desarrollo  Sociopolítico del Centro de Estudios del Desarrollo, Cendes, de la Universidad  Central de Venezuela. </span> </font> <span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Correo-e: <a href="mailto:narenas50@gmail.com"> narenas50@gmail.com</a>&nbsp;</font> </span> </p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b> <font face="Verdana" size="2">Resumen</font></b></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">El trabajo examina  las nuevas relaciones que el Estado venezolano ha venido estableciendo con las  organizaciones empresariales viejas y nuevas. Se analiza el periodo que se  inicia en 1999 con la elección de Hugo Chávez y termina en 2007 con su  reelección. Venezuela ha experimentado un proceso de desplazamiento de las  viejas organizaciones empresariales por otras nuevas, nacidas bajo el ala del  proyecto chavista, gestándose una suerte de corporativismo estatal. En  consecuencia, el Estado venezolano ha venido careciendo de contrapesos  domésticos para la toma de decisiones económicas, ejerciendo ese papel la  asociación que agrupa a los grandes conglomerados petroleros mundiales. Así, los  equilibrios en materia de hidrocarburos provienen de una sociedad civil que no  es nacional, sino internacional.</font></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><b><span LANG="EN">Palabras clave</span></b></font>: <span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Asociaciones  empresariales / Corporativismo / Proyecto chavista / Sociedad civil</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><b><font face="Verdana" size="2">Abstract</font></b></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">This paper examines  the new relationships established by the Venezuelan State with old and new  business associations. It analyzes the period beginning with Hugo Chávez  election to the Presidency in 1999 and ending with the re-election in 2007.  Venezuela has witnessed a process of displacement of the old business  associations by new ones born under the umbrella of the chavist project, giving  rise to a sort of State corporativism. As a result, the Venezuelan State has  lacked the domestic checks and balances needed for decision-making in economic  matters, with this role being played by the association grouping the large  international oil consortia. The balances concerning hydrocarbon thus come from  a civil society that is not national, but international.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2"><b><span LANG="EN">Key words</span></b></font>: <span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Business associations  / Corporativism / Chavist project / Civil society</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana"><span LANG="EN"> <b><font size="2"> RECIBIDO:</font></b> <font size="2">  JUNIO 2009</font></span></font>&nbsp; <span LANG="EN"><font face="Verdana"><b><font size="2">ACEPTADO:</font></b> <font size="2">  AGOSTO 2009</font></font></p> </span>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><b><font face="Verdana" size="2">Introducción</font></b></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">La llegada al poder  de Hugo Chávez Frías en 1999 significó no sólo un rutinario cambio de gobierno,  tal como Venezuela estaba acostumbrada a presenciar desde la reinauguración del  sistema democrático en 1958, sino también el inicio de un proceso de  transformaciones que ha tenido, entre sus expresiones, la emergencia de un  conjunto de nuevos actores sociopolíticos y el desplazamiento de los viejos. Es  este el caso de las agrupaciones empresariales. A lo largo de la gestión de  Chávez se ha ido decantando la vocación de su gobierno de incentivar la creación  de noveles organizaciones empresariales, leales al proyecto político del  Presidente, y la disminución de las tradicionales, como la Federación de Cámaras  y Asociaciones de Comercio y Producción (Fedecámaras). Al mismo tiempo, el  régimen ha dado señas de estar dispuesto a celebrar diálogos y concretar  negociaciones con organizaciones cuyos miembros principales son grandes empresas  transnacionales, como en el caso de la actividad petrolera. Este trabajo se  propone examinar las nuevas relaciones que el Estado venezolano está perfilando  con las agrupaciones de empresarios. Nuestra hipótesis de trabajo es que el  régimen desplegó importantes esfuerzos para doblegar a las asociaciones  empresariales de vieja data, creando o impulsando otras proclives a su interés,  lo cual permite un mayor fortalecimiento del Estado en detrimento de la  históricamente precaria sociedad civil venezolana. Estos esfuerzos apuntan, a  nuestro juicio, a la implementación de un modelo de cuño corporativo de corte  estatal. En paralelo, pareciera despuntar una suerte de sociedad civil  internacional corporizada en los grandes conglomerados internacionales  petroleros asociados capaces, gracias a su importancia estratégica para el país  y para el régimen, de incidir en la política petrolera que este ha diseñado.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">El texto se  desarrolla en cuatro partes. En la primera se reconoce a las organizaciones  empresariales como parte de la sociedad civil, tomando distancia de aquellos  análisis que las excluyen de la misma; la segunda da cuenta de las relaciones  entre el Estado y Fedecámaras, antes y después del acceso de Hugo Chávez al  poder. La tercera examina el nacimiento de las más importantes agrupaciones  empresarias surgidas al calor y al estímulo oficial; la cuarta y última muestra  la experiencia de la Asociación Venezolana de Hidrocarburos (AVHI), organismo  que agrupa a las empresas transnacionales petroleras, y sus vínculos con el  Estado venezolano.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><b><font face="Verdana" size="2">El empresariado organizado como expresión de la  sociedad civil</font></b></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">De entrada, en este  trabajo se asume que las organizaciones empresariales forman parte de la  sociedad civil. Nos adelantamos con ello a descartar una postura que excluye,  deliberadamente o no, al empresariado organizado de la sociedad civil, en nombre  de su obvia vinculación con el mercado, olvidando la condición de heterogeneidad  y pluralidad que la misma encierra. Esta exclusión pocas veces se hace  manifiesta en la literatura, pero se produce de hecho si tenemos en cuenta que,  cuando en esta se habla de sociedad civil, pocas veces se remite a este tipo de  asociación. Es necesario tener claro que una cosa es el mercado, o la empresa  entendida individualmente, y otra distinta las agrupaciones, cuyos fines son la  defensa de sus intereses y la incidencia en las políticas públicas que las  afectan.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">En este sentido,  compartimos la idea de C. Grzybowsky (2004:60), cuando reconoce en las  organizaciones de propietarios y capitalistas al «núcleo duro» de la sociedad  civil, deslindando de esta el espacio del mercado propiamente, en el cual se  generan las estrategias privadas de organización para hacer posible la  producción de bienes y servicios comerciales y financieros. La sociedad civil en  este ámbito se expresará diferencialmente, entonces, en «las organizaciones de  defensa colectiva de intereses, de formulación de visiones y propuestas y de  incidencia política directa…» (ibíd.). Precisa Grzybowsky, además, que el  concepto de sociedad civil no puede utilizarse más como categoría analítica  simple, en vista de que esta se genera en el mismo proceso en que se construyen  los sujetos históricos, en su variedad de identidades, intereses, propuestas y  autonomía, mediante movimientos, luchas y organizaciones. En consecuencia, la  sociedad civil está constituida, no sólo por los ya tradicionales movimientos y  organizaciones sociales, campesinos, sindicales, etc., sino por «las poderosas  organizaciones y asociaciones mediante las cuales se expresan los intereses de  propietarios de todo tipo, latifundistas, agro-negocios, industriales, banqueros  y comerciantes» (ibíd.).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Con estas precisiones  por delante, pretendemos dejar claro que las organizaciones empresariales forman  parte de la sociedad civil venezolana, a pesar de que el término es de data más  reciente que ellas mismas. Como señala L. Salamanca (2003), en Venezuela la idea  de sociedad civil, tal como se la concibe actualmente, se plantea desde los años  setenta. Antes de esa década, indica, el discurso político venezolano no  incorpora la noción de sociedad civil como ingrediente conceptual de pensamiento  y acción políticos (ibíd., p. 132).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><b><font face="Verdana" size="2">Fedecámaras y el Estado: principio y fin de las relaciones corporativistas</font></b></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><b><font face="Verdana" size="2">La pérdida del equilibrio</font></b></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">En Venezuela las  asociaciones de interés empresarial resumidas en su órgano emblemático,  Fedecámaras, han ido perdiendo progresivamente la fortaleza que las caracterizó  tradicionalmente.<sup>1</sup> Este fenómeno no se produce sin repercusiones para  la dinámica sociopolítica del país. Si, como indica A. Baptista (2004:302),  entre las condiciones que posibilitaron universalmente la emergencia de la  sociedad civil se cuenta la pérdida de autonomía económica por parte del Estado,  lo cual establece un «equilibrio muy especial» entre el poder económico y el  político, en Venezuela estos contrapesos, ya de por sí históricamente precarios,  han dejado de existir. Efectivamente, en el pasado el Estado no tuvo contrapesos  domésticos de verdadera importancia; su considerable autonomía económica le  permitió una amplia capacidad de intervención que sólo se vio contrarrestada  cuando tuvo que enfrentarse a las empresas concesionarias petroleras (Baptista,  2005:25). Habría que recordar aquí el «fifty-fifty» de 1948, fórmula a través de  la cual el Estado y las empresas lograron un equilibrio en las ganancias  arrojadas por la actividad petrolera, gracias a los acuerdos celebrados entre  ambas partes. Este equilibrio se mantuvo hasta 1958, cuando la Junta de Gobierno  decretó, por la vía del impuesto sobre la renta, una distribución del 60 por  ciento a favor del Estado, desbaratando aquel balance. En adelante y hasta 1976,  año de la nacionalización, el Estado profundizaría sus esfuerzos por revertir  totalmente la situación, con lo cual los contrapesos ejercidos por las  concesionarias desaparecerían absolutamente.</font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Históricamente, las  relaciones del empresariado venezolano con el Estado han estado signadas por la  estrecha dependencia de aquel con respecto al poder que este ha exhibido; poder  que, como se sabe, deviene de los ingentes recursos rentísticos de los cuales el  Estado venezolano ha dispuesto, y a partir de los cuales se ha hecho posible el  dinamismo de la economía nacional a lo largo del tiempo. La fuerte vocación  intervencionista del Estado, exacerbada por esa extraordinaria condición  financiera, sirvió de catalizador a la organización de grupos empresariales  ligados al comercio y la industria a mediados de los cuarenta, dando lugar al  nacimiento de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción,  conocida comúnmente como Fedecámaras.<sup>2</sup> En 1946, la agremiación de los  empresarios facilitó la creación, por parte del Gobierno, del Consejo de  Economía Nacional, organismo de carácter consultivo cuyos miembros tendrían por  tarea asesorar al Ejecutivo federal en todas las cuestiones de interés para el  desarrollo de la economía nacional (Moncada, 1985:255). Este ente prefiguraba la  arquitectura corporativista que, luego de 1958, con la reconquista del sistema  democrático, se armaría en Venezuela a partir de la presencia formalizada de un  conjunto de representaciones sociales en el seno del Estado, con facultad para  influir en el diseño de las decisiones de orden público. Para J.C. Rey  (1998:317), este fenómeno no tuvo un significado «meramente estatizante», sino  principalmente «privatista», lo cual se tradujo en una penetración de los  intereses particulares en las actividades inherentes al Estado.<sup>3</sup> De  cualquier modo, las organizaciones asociativas empresariales, representadas en  Fedecámaras, desempeñaron un importante rol en la orientación de la política  económica desplegada por el Estado venezolano durante las dos décadas  posteriores a 1958.<sup>4</sup></font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Esta influencia, sin  embargo, declinó a mediados de los setenta, cuando el presidente Carlos Andrés  Pérez disminuyó la representación corporativa en las estructuras del gobierno,  reemplazándola con figuras provenientes de su partido conectadas con su persona  directamente. Pero las causas de esta disminución de la representación  empresarial no es imputable sólo a los designios de Pérez; también otros  factores coadyuvaron en la ocurrencia de este fenómeno. Entre otros, la profunda  fragmentación y diferenciación de intereses experimentada por el empresariado  –obvia consecuencia de su expansión y complejización–, la cual conspiró en  contra de la posibilidad de que el organismo siguiera tomando decisiones  unificadas y elevara sus demandas a los entes decisores de forma más o menos  consensuada. Debe mencionarse también la disminución de las capacidades  productivas del empresariado venezolano, lo que tiene su correspondiente  expresión en un ritmo de crecimiento de la economía nacional con fuerte  tendencia hacia el descenso por casi tres décadas. Este último factor es de gran  importancia, ya que abrió un enorme espacio a la actuación del Estado en materia  de política económica, sin la contraparte que otrora desarrollara el gremio  empresarial desde las estructuras corporativas correspondientes.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">En todo caso, el  marcado estatismo del gobierno de Pérez se tradujo en la determinación de la  clase política de controlar más intensamente la dinámica económica. De allí que  al empresariado se le negara la posibilidad de ingresar en las más atractivas  esferas para la inversión, como el petróleo y la petroquímica, especialmente; e  igualmente en los segmentos más interesantes de la industria metalúrgica, los  cuales fueron dominados por el Estado o por grupos económicos afectos al  Presidente (Pirela, 2005:701).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Esta situación fue  percibida por Eddo Polesel, ex presidente de Fedecámaras, de la siguiente  manera: «el aumento de los precios del petróleo que se generó a partir de 1973,  así como la nacionalización, léase estatización de la industria petrolera, creó  (…) un preocupante desbalance en el ya precario equilibrio de poder entre el  sector público y el sector privado que desfavorecería las relaciones entre el  Estado y la sociedad civil» (Polesel, 1995). Puede decirse que, en líneas  generales, este fenómeno domina desde el primer gobierno del presidente Pérez  hasta nuestros días. La presencia cada vez más lánguida del empresariado  organizado en Fedecámaras en la toma de decisiones públicas de carácter  económico, tal como quedó evidenciado cuando el Gobierno tomó la iniciativa de  ingresar al Mercosur sin considerar la opinión de este gremio, como veremos más  tarde, es un dato que refleja la pérdida de importancia del sector en el  concierto nacional. De este modo es posible adelantar la idea de que, en el  ámbito de la economía, el Estado venezolano se ha desempeñado en las últimas  décadas sin esa «espina clavada permanentemente en el flanco del poder político»  (Castillo Vegas, 2000:16) que debe ser la sociedad civil; en este caso, la que  forman los agentes ligados a la actividad empresarial cuando se agrupan para  defender sus intereses.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana"><b>Gobierno <i>versus</i> Fedecámaras: fin del  diálogo </b><sup>5</sup></font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Con la elección de  Hugo Chávez Frías en diciembre de 1998, el sistema político venezolano fraguado  a la luz de la reinstauración de la democracia, una vez derrumbada la dictadura  de Pérez Jiménez, se desmoronaba bajo el peso de una profunda ilegitimidad. Esta  desintegración del sistema se tradujo muy pronto en la emergencia de una nueva  institucionalidad, cuya máxima expresión fue el diseño y aprobación de un nuevo  texto constitucional en diciembre de 1999.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Durante la campaña  electoral, los empresarios –en su mayoría– habían mostrado su desconfianza en  relación con el potencial presidente y su proyecto. No obstante, frente a su  arrolladora popularidad y su aceptación por la población, las organizaciones  empresariales dieron una tregua pública a sus críticas y temores en los meses  posteriores a la elección, para reexhibirlas en la oportunidad en la cual el  recién electo mandatario presentara al país su proyecto constitucional.  Entonces, el grueso del empresariado desarrolló una campaña en contra de la  proposición presidencial, preocupados por los riesgos que la misma comportaba  para la propiedad privada. Así, Vicente Brito, presidente de Fedecámaras para la  época, señalaba que «La Carta Magna de Chávez legaliza las invasiones. El  empresariado está preocupado por los planteamientos que contiene el proyecto  entregado por el Presidente Hugo Chávez a la Asamblea Nacional Constituyente (…)  [exigimos] que no se incorporen limitantes o cortapisas al derecho fundamental  de la propiedad privada que todo ciudadano posee…» (<i>El Universal</i>,  23-08-1999, cuerpo 2, p. 1).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Ante esta posición,  el Gobierno, en la voz de Luis Miquilena, mentor político de Chávez y presidente  de la Constituyente, respondió: «Vendedores de baratijas es lo que son los  miembros de Fedecámaras» (<i>El Universal</i>, 24-11-1999, titular).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Una ristra de  enfrentamientos entre ambos sectores se extendió a lo largo de los tres primeros  años de gobierno, crispando el ambiente empresarial. Así, una encuesta ordenada  por Venamcham, la cámara que agrupa a empresarios americanos y venezolanos,  reveló que el 91 por ciento de sus afiliados sentía temor de que en Venezuela se  instaurara una dictadura (<i>Tal Cual</i>, 26-01-2001, p. 18).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">La mejor muestra de  la fractura del diálogo entre los organismos empresariales y el Gobierno fue la  ausencia del Presidente en las tradicionales asambleas que cada año celebra  Fedecámaras en algún estado del país. Téngase en cuenta que a estas convenciones  concurrieron puntualmente cada uno de los mandatarios desde 1958 hasta 1998.  Njaim y otros (en Urbaneja, 1991:23) han señalado que «el verdadero Consejo [en  alusión al Consejo de Economía Nacional] lo constituyen las asambleas anuales de  Fedecámaras donde los jefes de Estado y sus séquitos, ya sean en plan amable o  agrio, se sienten obligados a asistir para anunciar los grandes lineamientos de  la política económica». Sirva esta cita, entonces, para reflejar, por contraste,  el abismo que se abrió entre el Gobierno y la máxima representación del mundo  empresarial.</font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">En un contexto como  este llegamos a noviembre de 2001, mes que marca un parteaguas en las relaciones  entre el Ejecutivo y el empresariado, cuando este último reaccionó fuertemente  frente a la promulgación de cuarenta y nueve instrumentos jurídicos relativos a  la esfera económica, sin que se le consultase. Según Fedecámaras, estos  instrumentos afectaban intereses empresariales tales como la propiedad privada,  la libertad de empresa, el derecho al trabajo y las inversiones nacionales y  extranjeras (Fedecamáras en OIT, 2004). En virtud de estos factores, tres paros  nacionales de corta duración tuvieron lugar en un período de poco menos de un  año (entre diciembre de 2001 y octubre de 2002), convocados por Fedecamáras y la  Central de Trabajadores de Venezuela, CTV. La inédita alianza de intereses  históricamente contrapuestos se fundaba en la percepción compartida por ambos  sectores del peligro que corría la democracia venezolana.<sup>6</sup> Estas  paralizaciones fueron justificadas por los empresarios remitiéndose a su  inconformidad con la política económica, «el discurso divisionista del  Presidente», «la necesidad de restituir la independencia de los poderes  públicos», así como la de «restablecer un clima favorable a las inversiones» (<i>El  Nacional,</i> 20-10-2002, cuerpo E, p. 1).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">El golpe de Estado de  abril de 2002 y la colocación del entonces presidente de Fedecámaras en la  primera magistratura vinieron a complicar más las cosas para este organismo, una  vez reinstalado Chávez en la presidencia. La ruptura de las relaciones Gobierno-  Fedecámaras, con altos y bajos, marcó el escenario de ahí en adelante. Pero  dicha ruptura no sólo se explicó por esas causas; otras razones también ayudan a  comprender el alejamiento. Tales eran, según el empresariado, la ausencia total  de diálogo social; reiterada fijación unilateral de decretos de inamovilidad  laboral; y fijación unilateral de salarios mínimos. Asimismo, la organización se  quejaba de que los entes oficiales hubiesen abandonado las reuniones tripartitas  (Fedecámaras en OIT, 2004).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Otro delicado asunto  debe sumarse: la política agraria implementada por el Gobierno, así como las  invasiones de tierras por parte de afectos al chavismo. Esta situación obligó a  Fedecámaras a presentar a la opinión pública, en septiembre de 2005, un  documento, denominado «Manifiesto empresarial», en el cual rechazaba la  «‘agresión’ a la propiedad privada y demás formas legales de régimen de tenencia  de la tierra» por parte del Ministerio de Agricultura y Tierras y el Instituto  Nacional de Tierras. Consideraba que los procedimientos utilizados constituían  un «atropello» al Estado de derecho y a la Constitución de la República  Bolivariana de Venezuela, a los enunciados de la Declaración Universal de los  Derechos Humanos promulgada por la Organización de las Naciones Unidas y su  capítulo en Venezuela. Remataba condenando «el abuso y la discrecionalidad» con  la que actúan los funcionarios contra las empresas privadas, «empleando la  Fuerza Armada Nacional como instrumento de intimidación», lo cual evidenciaba el  propósito de «debilitar y someter a la empresa privada venezolana» (Fedecámaras,  2005:1-2).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">El duro tono de estos  reclamos cohabitaba en este tiempo, sin embargo, con una disposición por parte  del empresariado a entrar en diálogos con el Gobierno. El triunfo del presidente  Chávez en el referéndum revocatorio presidencial en agosto de 2004 obligaba a la  búsqueda de la concertación, respondiendo al instinto de sobrevivencia de la  organización empresarial. Esto puede explicar el lenguaje conciliador que el  órgano adoptaría en los meses siguientes, en un intento por desandar el camino,  revelando poca conciencia de la legitimidad de las acciones políticas  acometidas. Decía su presidenta, por ejemplo, que «poco a poco la sociedad civil  está entendiendo que nuestros gremios no pueden ser ni gubernamentales ni  opositores (…) nuestras instituciones deben concentrarse en la defensa de sus  intereses, que son los intereses del país»<sup>7</sup> (<i>El Universal</i>,  22-07-2005, cuerpo 2, p. 2). Esta disposición anímica al entendimiento  cristalizó en un par de encuentros entre el presidente de la República y la  asociación empresarial, sin que los mismos se tradujeran en relaciones sólidas  capaces de revertir la fractura entre ambos polos. Esto quedó claro  posteriormente cuando la organización empresarial hizo de nuevo sentir sus  quejas, como ocurrió en junio de 2006 en la oportunidad en que su nuevo  presidente, José Luis Betancourt, denunció ante la OIT las políticas del Estado  hacia el sector privado de la economía: mecanismos intervencionistas y adversos  al libre mercado como la fijación unilateral de precios, la inamovilidad laboral  y el decreto de solvencia laboral, el control de cambio, invasiones de tierras,  el exceso de discrecionalidad por parte de funcionarios y el acoso a dirigentes  gremiales (<i>El Nacional</i>, 14-06-2006, cuerpo A, p. 22). En este lapso, el  lenguaje amenazante del Presidente llegó a su clímax en enero de 2006 cuando, en  el marco de la instalación de la nueva Asamblea Nacional, ante las presiones de  los productores de café en procura de un alza en los precios de este rubro, les  anunció que el Gobierno podría quitarles las torrefactoras y nacionalizarlas  «pues estamos mandando, es la ley del más fuerte» (Frontera, 7-01-2006, p. 5A).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font size="2" face="Verdana">Es en este contexto  que puede entenderse que las asociaciones empresariales se hubieran mostrado  dispuestas a librar una batalla contra el gobierno de Hugo Chávez desde la  trinchera de la sociedad civil, volcada por la fuerza de los hechos hacia lo  político. Salamanca (2003:153) señala que la nueva sociedad civil (refiriéndose  a las organizaciones de nuevo cuño), la tradicional (en las que calzan las  asociaciones como Fedecámaras) y los partidos políticos convergen en un mismo  propósito: «la defensa del pluralismo asociativo y la democracia frente a un  proyecto de unificación y cooptación asociativa por parte del Estado». Y agrega  que los ataques del Presidente a todos los poderes sociales, tanto los  históricos como los emergentes, llevó a estos últimos a salir de la esfera de lo  social para ingresar en el territorio de lo político: «mientras la lucha  política de la sociedad civil en los setenta y ochenta consistía en evitar el  control partidista, la lucha política en la actualidad es por evitar la  exclusión, el control e, incluso, la desaparición de esta modalidad de sociedad  civil y su sustitución por una sociedad civil estimulada y dirigida desde  arriba» (ibíd.). Aunque Salamanca se refiere a la nueva sociedad civil, la  reflexión es absolutamente válida también para la vieja, es decir para  Fedecámaras, aunque, como viéramos, a veces la asociación no se percibe como  expresión de esta última.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><b><font face="Verdana" size="2">Empresarios individuales sí, agrupados no</font></b></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Esta marcada  tendencia del Gobierno a aislarse de los gremios tradicionales, a no  reconocerlos como interlocutores válidos tuvo, empero, su contrapartida en una  cierta disposición a aceptar el diálogo y la negociación con los empresarios o  con empresas individuales. Esta tendencia se patentizó cuando, a mediados de  2004, el Gobierno gestionó la asociación de Venezuela al Mercosur. En esa  oportunidad, Wilmar Castro Soteldo, ministro del despacho de producción  puntualizó que «se consultó con empresarios que representan a grupos económicos  muy importantes del país como Polar y Monaca. Fedecámaras es un gremio, no una  industria (…) no invitamos a gremios a discutir estos asuntos» (<i>El Nacional</i>,  14-07-2004, cuerpo A, p. 18). Frente a esta conducta, la presidenta de  Fedecámaras para el momento, Albis Muñoz, se quejaba de la ausencia de  institucionalidad, lo cual hacía que las relaciones y las acciones fueran  muchísimo más particulares que contextuales. Según ella, la manera como el  Gobierno había manejado la cuestión de Mercosur era la mejor muestra: una  negociación unilateral, con muy poca participación del sector privado. A pesar  de que el organismo contaba con una comisión de asuntos internacionales que  estudia todo lo que tiene que ver con convenios internacionales, no había sido  consultada. Señalaba Muñoz que, frente al reclamo del gremio, «la respuesta que  obtengo es que se consultaron a las cinco empresas más grandes.  Independientemente del peso específico que puedan tener esas empresas, lo que se  detecta es que sólo el manejo del interés particular lo que cuenta y no el  manejo institucional como debiera ser» (entrevista del día 29-07-2004).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Creemos que este  fenómeno se produjo no sólo por la aversión ideológica que el Gobierno ha  manifestado en contra del empresariado nacional agremiado, sino por las mismas  condiciones que impone hoy la dinámica de un mercado más complejo y plural, el  cual obedece a la lógica liberal, exigiendo arreglos menos atados a la  «convencionalidad corporativa», como ha indicado J. Lanzaro (1998:44).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">De modo que con los  inicios del siglo XXI se presenciaba la evaporación del modelo moderadamente  corporativista que tuvo vida en la Venezuela de las décadas siguientes a la  reinauguración del sistema democrático en 1958, pero también, al mismo tiempo,  una pérdida total de fortaleza de la ya frágil sociedad civil con la cual  contaba el país, al menos en su núcleo más tradicional.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><b><font face="Verdana" size="2">El proyecto chavista: la creación de una sociedad  civil empresarial a la medida</font></b></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Tal como señala Gómez  Calcaño (2005:23), «la larga tradición venezolana de promover organizaciones de  base desde el poder ha encontrado continuidad en el actual Gobierno».  Efectivamente, el proyecto chavista desplegó desde un inicio importantes  esfuerzos por armar una «sociedad civil» a su imagen y semejanza. En su interés  de encuadrar toda práctica social en los moldes de su proyecto, el presidente  Chávez asimiló la sociedad civil con su revolución y con la masa de su  electorado: «La sociedad civil, en su mayoría (…) es revolucionaria, y está  impulsando este proceso (…) ¿Quién votó aquí? ¿Qué sociedad votó? ¿No fue la  sociedad civil? ¿De dónde salieron los casi cuatro millones de votos (…)  indicando el camino?» (ibíd.).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Este es el espíritu  que también parece haber privado en el chavismo para impulsar la organización de  asociaciones corporativas; entre otras, de empresarios. A fin de debilitar aún  más las ya débiles agrupaciones históricas como Fedecámaras, el Gobierno se  dispuso a crear un conjunto de organizaciones empresariales cuyo común  denominador era la lealtad al proyecto del Presidente.<sup>8</sup> Fue esto lo  que nos indicó el diseño de asociaciones como Empresarios por Venezuela  (Empreven) o la Confederación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Venezuela  (Confagán).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">La primera de estas  organizaciones se conforma en el año 2000 gracias a la iniciativa de Alejandro  Uzcátegui, otrora figura desconocida en el mundo empresarial venezolano. Según  palabras de su fundador, Empreven es una organización con sentido nacionalista  que busca consolidarse «como el nuevo centro de la organización de todos los  nuevos emprendedores y los microempresarios» (<i>Qué es Emprevén,</i> tríptico  informativo). Cuenta esta agrupación, según palabras de Uzcátegui, con 70.000  miembros y tiene capítulos en 18 estados y 72 municipios.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Confagán, por su  parte, se creó posteriormente. Se inició con un acto de juramentación ante el  Presidente en el año 2002 y de ella formaban parte, de acuerdo a sus voceros,  más de 25.000 productores del campo. Según uno de sus representantes, la  Confederación «dará la oportunidad de acceder a los créditos, a las tierras y  lograr el apoyo decidido del Gobierno nacional a través de sus ministerios de  agricultura y tierras; y de planificación y desarrollo» (www.eluniversal.com,  27-11-2002).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Para ese momento, no  estaban claros los efectos que la creación de Emprevén tendría sobre Fedecámaras  en términos de captación de sus miembros, pero desde un inicio se evidenció que  aquella tenía puerta franca a las instancias gubernamentales, y su estrecha  convivencia con el liderazgo chavista estuvo fuera de sospecha. Confagán se  erigió en corto tiempo en la voz más importante, en cuanto a lo que a aparición  pública se refiere, de los agricultores y ganaderos, en detrimento de la antigua  Federación Nacional de Ganaderos (Fedenaga), asociada a Fedecámaras. En efecto,  esta organización fue excluida del Consejo Agropecuario, órgano en el cual se  apoyan las políticas dirigidas al campo, presidido por el Ministro de  Agricultura y Tierras, lo cual diera lugar a una querella presentada por  Fedecámaras ante la Organización Internacional de Empleadores (OIE) (v. en  www.oit.org.pe, 2005). El alegato del organismo cúpula de los empresarios se  fundamentaba en que la representatividad de Fedecámaras estaba siendo ignorada  en la práctica por el Gobierno, el cual mantenía un diálogo intenso en el sector  agropecuario con Confagán; sin embargo, en ese sector las organizaciones de  Fedecámaras (Convocar y Fedenaga) representaban al 95 por ciento de las empresas  ganaderas. Confagán y otras organizaciones patronales afines al Gobierno,  insistía Fedecámaras, «son organizaciones paralelas que el Gobierno promueve o  favorece entre otras cosas con la concesión de créditos e inclusive diseña su  estrategia» (OIT, 2004).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">En ese mismo  documento los empresarios denunciaban la creación de cámaras paralelas a las  afiliadas a Fedecámaras en el estado Carabobo, donde operaban en el cuartel  militar; en el Zulia, donde las reuniones de consulta o negociación se  realizaban entre «cámaras bolivarianas» y «sindicatos bolivarianos», cuyos  miembros son «militantes políticos pagados por el Gobierno» y funcionan en una  dependencia del Estado; en Sucre, donde se conformó otra cámara paralela con  apoyo oficial y el gobierno regional (afecto al chavismo para el momento) no  reconoció la cámara registrada en Fedecámaras.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Pero las acciones  decisivas en este sentido se concretaron a finales de 2006, cuando el presidente  y fundador de Emprevén anunció la apertura de un proceso de inscripciones por  parte de los dispersos gremios empresariales afectos al régimen, con miras a  conformar la confederación de empresarios, productores y agricultores  bolivarianos. Uno de los propósitos de esta nueva agrupación sería, según  Uzcátegui, juntar los distintos intereses dispersos de los emprendedores  bolivarianos: «hemos llegado a la conclusión de que separados, como estamos, es  muy difícil representar y ser los voceros del empresariado venezolano (…) vamos  a buscar la unidad de tantas organizaciones empresariales para poder tener  fuerza» (<i>El Mundo</i>, 28-11-2006, p. 10). Otra de las intenciones de la  nueva asociación sería acabar con la hegemonía de Fedecámaras: «viene la batalla  verdadera por el poder gremial empresarial. Esperamos que se acabe la dictadura  de 50 años que ha tenido Fedecámaras como vocero de los empresarios (…)  Fedecámaras continúa siendo el poder, y nosotros vamos a tratar de que esas  cámaras se afilien a nuestra organización (…) Una vez que acepten formar parte  de la nueva confederación los vamos a precisar, los vamos a poner en tres y dos:  o corren o se encaraman» (ibíd.).</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Eventos como estos  apuntaron hacia la conformación de una suerte de corporativismo cortado y cosido  desde arriba, dominado por los intereses del Estado, que en este caso deben  entenderse como los de un proyecto, el que encarna el presidente Chávez. Si bien  las nuevas coordenadas del mercado tienden a imponer nuevos arreglos, más  individualizados y menos corporativizados, como se ha dicho arriba, la  naturaleza estatista del régimen chavista y su afán por copar todos los espacios  sociales explican su necesidad de crear sus propias organizaciones  empresariales. En este sentido, en un trabajo anterior (Arenas, 2005)  aventuramos la idea de que en Venezuela se estaba conformando una especie de  corporativismo estatal, el cual, como ha sostenido Schmitter (1998:83), se  enmarca en sistemas capitalistas atrasados, neomercantilistas y autoritarios.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">No obstante, la  arquitectura de este nuevo corporativismo no replicó, en el período trabajado,  las estructuras formalizadas que tuvieron vida en las primeras dos décadas del  sistema democrático, una vez derrocado Pérez Jiménez.<sup>9</sup> En ese lapso,  las distintas instancias ligadas a la política pública en materia económica  institucionalizaron la presencia del sector privado en el seno de cada una de  ellas. Por esta razón puede hablarse entonces de la existencia de una suerte de  corporativismo informal en el período que nos ocupa en esta investigación, con  tendencias probables a su formalización en el futuro dependiendo de las  necesidades estratégicas del régimen.</font></span></p>     <p style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2"><b>El mundo de la economía social como complemento;  más Estado, menos sociedad</b></font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Este esfuerzo del  nuevo liderazgo por crear agrupaciones empresariales a su medida se complementó  desde 2004 con el diseño de un modelo cooperativista de economía, así como con  el impulso a los «núcleos de desarrollo endógeno» y las «empresas de producción  social» (EPS).<sup>10</sup> Estas últimas, creadas mediante decreto presidencial  de diciembre de 2005, se constituyeron a través de un <i>holding</i> que habría  de manejar las empresas ya constituidas. Así, la Compañía Nacional de Industrias  Básicas, CA, con un capital accionario de 18.000 millardos, adscrita al  Ministerio de Industrias Básicas, asumió la responsabilidad de supervisar y  controlar dicha modalidad de empresa. A ello se le sumó el fondo creado por  Petróleos de Venezuela, Pdvsa, también destinado a ese fin (Guerra, 2006:91). La filosofía que orientó el diseño de tales emprendimientos fue la de moldear los  mecanismos que habrían de hacer posible la sociedad socialista del siglo XXI en  Venezuela ideada por el presidente Chávez, en la cual, se supone, predominaría  la propiedad colectiva. Sin embargo, tal como apunta J. Guerra, refiriéndose  específicamente a las EPS, «Aparte de tratarse de un esfuerzo financiero inicial  de envergadura, esto sugiere que el Estado tendrá el control de las EPS, lo que  cuestiona su presunto carácter de unidades de producción alternativas al modelo  de capitalismo de Estado, donde la propiedad reposaría en manos de sus  trabajadores asociados». Para Guerra, en la medida en que el Estado concentre en  sí mismo, o por medio de «estructuras interpuestas» y asociaciones, factores de  producción como la tierra y el capital, y determine los precios por la vía de  regulaciones oficiales, irá incrementando su vocación de hacerse con todos los  espacios «porque la independencia y separación del poder económico del poder  político permite que el primero actúe como una especie de contrapeso frente a la  tendencia autoritaria de este último y ello contradice la esencia del proyecto  que se intenta edificar en Venezuela» (Guerra, 2006:51).</font></span></p>     <p align="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Esta situación habría  de afectar, según el mismo autor, a lo que resta del sector privado, en tanto  que este debió competir en condiciones adversas con las empresas públicas y las  cooperativas, que en ese lapso gozaron de amplia disponibilidad de créditos a  tasas subsidiadas, transferencias directas del presupuesto nacional,  exoneraciones fiscales y compras gubernamentales, asegurando la colocación de  sus productos, al margen de su precio y de su calidad (<i>El Universal</i>,  4-04-2005, cuerpo 1, p. 20). Este, sin embargo, no era un problema para el  Gobierno, empeñado como estaba y sigue estando en la constitución de una nueva  economía en los moldes del socialismo. Este nuevo modelo debe tener como norte  la solidaridad y no la competitividad, tal como el mismo Presidente ha sostenido  en numerosas oportunidades.</font></span></p>     <p align="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Desde las primeras  menciones al socialismo del siglo XXI un fuerte componente moralista ha estado  presente, conectándose, a nuestro juicio, con el ideario de los socialismos  clásicos de vertiente marxista. Chávez planteó que las EPS y las cooperativas  eran una alternativa al capitalismo, conforme a la idea de que «el capitalismo  es perverso, el capitalismo sigue siendo el diablo» (Chávez en www.aporrea.org,  8-06-2006) y esas formas empresariales no deberían tener como objetivo el lucro:  el «socialismo a la venezolana» debe contraponerse al «veneno capitalista, al  veneno del egoísmo, de la ambición de riqueza y de la competencia» (Chávez en  Pirela, 2005:716). En este sentido, el proyecto de sociedad que oferta el  Presidente calza en los cánones de las sociedades ideocráticas –las sociedades  marxistas son ideocracias–, las cuales se expresan en regímenes que no se  contentan con cumplir una función social, sino que «persiguen un orden moral, el  predominio de la virtud sobre la tierra», como ha indicado E. Gellner  (1996:153). Pero, puntualiza este autor, las sociedades industriales son en sí  mismas sociedades en las que la actividad económica es primordial. Según  Gellner,</font></span></p>     <blockquote>     <p align="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><span LANG="EN"><font face="Verdana" size="2">Sujetarla[s] a la  	virtud pretender que el regateo es inapropiado e inmoral y que la  	desigualdad es inherentemente injusta, equivale a sujetarla[s] a  	constreñimientos que resultan incompatibles con su naturaleza (…) La  	unificación de la economía en una única organización y su fusión en la  	jerarquía política e ideológica no sólo resulta muy ineficiente, sino que  	también conduce al autoritarismo y a la mentira. Permitir la existencia de  	una zona económica independiente equivale a abrir una brecha en el sistema  	autoritario, dada la importancia de la economía. Privar a la sociedad civil  	de una base económica independiente equivale a ahogarla, dada la  	inevitabilidad de la centralización política. (Ibíd.).</font></p>   </blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> Pero, además, estas  formas de economía dieron muestra desde un principio de no permitir la  posibilidad de conformación de sujetos colectivos que canalizaran las energías  sociales –como los que en el pasado hicieron posible, por ejemplo, la  estructuración de sindicatos–, dada la dispersión de los agentes que las ponen  en marcha. En el caso de las cooperativas, el desmembramiento de un proceso de  trabajo que antes era llevado a cabo por individuos en condiciones similares y  concentrados en un mismo espacio físico, para ser ejecutado ahora por una  pléyade de pequeñas asociaciones autónomas y desvinculadas entre sí, implicó  comenzar a eliminar la posibilidad de la actuación colectiva. Con ello se tendía  a frenar la posibilidad de los trabajadores de actuar en procura de mejores  condiciones de trabajo y de vida, lo cual supone la desaparición de la actividad  sindical, como han argüido C. Iranzo y J. Richter (2005:671). Esto quiere decir,  en otras palabras, que la economía que el proyecto chavista intentó fraguar  desde estos esquemas camina en sentido contrario de lo que implica la sociedad  civil: autonomía y organización de intereses comunes. Las cooperativas y, en  general, las EPS nacieron sujetas al Gobierno y a su ideología con muy poco  margen disponible para avanzar en el sentido de crear organizaciones fuertes e  independientes del Estado. Según Iranzo y Ricther, a diferencia del resto de  América Latina, las cooperativas en Venezuela se crean en el sector público y la  posibilidad de registrarlas y obtener créditos para su desenvolvimiento se  sujeta a las vinculaciones partidistas de los aspirantes. De allí que la  economía social que el Gobierno intenta consolidar nació partidizada, y en vez  de robustecer a la sociedad la ha ido debilitando.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="2">El gobierno de Chávez y los actores  transnacionales de poder económico: ¿sí al diálogo?</font></b> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Conviviendo con las  tendencias que acabamos de presentar, se fue desarrollando una dinámica entre el  Gobierno y asociaciones empresariales no tradicionales, más conectadas con  intereses foráneos que nacionales.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Esto tampoco es  casual. Ciertamente esa tendencia se insertaba en las transformaciones que ya  estaban teniendo lugar en América Latina en el terreno de las vinculaciones de  los Estados nacionales con grupos sociales de poder. Según F. Calderón, el  Estado nación comenzó a cambiar de rol, reestructurando sus alianzas en las  últimas dos décadas. Por un lado, fracturó los acuerdos tradicionales con los  sectores populares organizados, los sectores medios y los grupos empresariales  nacionales, los cuales constituyeron su plataforma de legitimidad en el pasado;  por el otro, se alió con actores empresariales más concentrados y con empresas  transnacionales (Calderón, 2004:193).</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Como bien se sabe,  las viejas alianzas del Estado latinoamericano se produjeron en el marco de lo  que M. Cavarozzi (1993) denominó «matriz estadocéntrica», en la cual se  imbricaron el Estado, el sistema de representación (partidos, sindicatos) y la  base socioeconómica de actores sociales mediados institucionalmente por el  régimen político, según ha puntualizado M. Garretón (1994).</font> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">La estrategia  neoliberal adelantada por los Estados latinoamericanos en los años noventa hizo  presumir el fin de dicha matriz, toda vez que aquella estrategia suponía el  desprendimiento del Estado de los actores, entre ellos los empresariales, los  cuales debían caminar en adelante sin las muletas que proporcionaban los  recursos públicos. Pues bien, esto parece haber funcionado para el caso de los  empresarios nacionales que no lograron ubicarse en la punta de los procesos de  acumulación de capital; es decir, la franja de capitalistas más decaídos. De  allí que podamos acompañar la idea de que se dio paso a una etapa en la cual «se  agota una <i>matriz Estadocéntrica</i>, más heterogénea y policlasista en su  intervención, y se inicia la construcción de una <i>nueva matriz, también  Estadocéntrica,</i> pero más homogénea y estrecha en cuanto a los intereses  sociales que preserva con su intervención» (Osorio, 2004:173; cursivas del  original). De acuerdo con J. Osorio, se estaría produciendo en América Latina  una «neooligarquización» del aparato estatal con «coro electoral». Y encuentra  una paradoja en que, mientras esto ocurre, el Estado, gracias a los procesos  electorales que se experimentan, se presenta como el «Estado de todos» (ibíd.,  p. 178).</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">De modo que, como  indica A. Flores Andrade (2006:167), «si bien existe un discurso que puede  parecer peligroso para la continuidad de las políticas económicas del consenso  de Washington, la realidad es que aun los presidentes considerados de izquierda,  como Chávez y Luiz Inácio Lula da Silva, han cumplido sus compromisos económicos  internacionales, como el pago de la deuda, y siguen la lógica del mercado  mundial». En el caso específico de Venezuela, el gobierno de Chávez repitió una  política ortodoxa en materia fiscal y monetaria, elevó la presencia del capital  transnacional y reprodujo el ciclo de importaciones a bajo costo para satisfacer  la demanda del mercado doméstico (Ramírez Gallegos, 2006). En esta perspectiva,  Alain Touraine ha señalado que «el mantenimiento de una retórica fuertemente  nacionalista y revolucionaria es uno de los principales obstáculos con que  tropieza el desarrollo en los países latinoamericanos» y añade que  constantemente se desarrolla con mucha fuerza un «nacionalismo epidérmico» del  cual es necesario preguntarse si no es el «complemento retórico de una  dependencia rechazada como principio y aceptada de hecho» (Arenas, 2001:192).  Aunque Touraine no menciona el nombre del Presidente venezolano en su texto,  todos sabemos que Chávez sintetiza, como ningún otro líder latinoamericano y  acaso mundial, un discurso de este tipo. Refiriéndose a los populismos de última  generación, P.A. Taguieff ha indicado que la ruptura con el pasado exigida por  estos requiere un nuevo consenso en torno de dos polos: el mercado y la  preferencia nacional; empero, mientras la lógica del liberalismo económico es la  globalización, el proteccionismo privilegia lo nacional. Esta tensión «entre los  dos proyectos del nacional populismo autoritario se traduce torpe y hasta  contradictoriamente en las posiciones programáticas. Nacionalismo o  globalización: el dilema reaparece dentro del espacio doctrinal del nuevo  populismo» (Taguieff, 1996:60).</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Esto es lo que ha  ocurrido con el gobierno de Chávez. Un discurso exacerbadamente nacionalista y  antiliberal debe ser confrontado con una acción que no consigue fácilmente el  modo de acoplarse a la retórica. Este desencuentro queda muy bien recogido en la  apreciación de Renaud Vignal, director para las Américas de la cancillería  francesa, cuando señaló que «Chávez tiene un discurso muy radical, pero en sus  relaciones de cada día con las empresas marcha muy bien (…) Chávez es un socio  leal y confiable» (Arenas, 2001:194). Efectivamente, desde un inicio, Chávez se  mostró como un socio «confiable» con las grandes transnacionales petroleras  radicadas en el país. La consolidación del proyecto revolucionario chavista que  presenciamos en la actualidad se colocó en el marco de un contexto económico que  apunta hacia territorios extranacionales, orientándose a saturar todos los  espacios de inversión con propiedad pública fuertemente amarrada  tecnológicamente a las empresas multinacionales (Pirela, 2005:716). A pesar de  su vehemente discurso antiimperialista, el Presidente no se ha deshecho de las  mismas, formalizando más bien las reglas de juego con ellas, mostrando un  sentido altamente pragmático a la hora de sus ejecutorias decisivas. Con ello,  el Presidente y su gobierno demostraron que, a pesar del alto componente  ideocrático del régimen, este era capaz de saltar por encima de sus principios  ideológicos a la hora de garantizar la explotación de los recursos que hacen  posible la captación de la renta en el mercado petrolero internacional.<sup>11</sup>  Para ello fue necesario conciliar con estos consorcios en la mesa de  negociaciones. A tales efectos entró en diálogo con la Asociación de  Hidrocarburos de Venezuela (AVHI), constituida en su mayoría por las grandes  empresas que operan en el país la explotación del recurso petrolero.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="2">Qué es la AVHI</font></b> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Para 2006 la  Asociación Venezolana de los Hidrocarburos afiliaba a 22 (originalmente eran 26)  empresas ligadas a la actividad petrolera, las cuales constituían el principal  conjunto privado inversionista en Venezuela.<sup>12</sup> Su membresía está  conformada por las más grandes empresas de exploración y producción de petróleo  y gas natural en el mundo. En ella se encuentran los conglomerados con mayor  capacidad tecnológica, operativa, gerencial y financiera del planeta  (www.avhi.org/macroeconomica.htm). Fue creada en el año 2003<sup>13</sup> y se  definió como una asociación civil «autónoma de carácter privado, con  personalidad jurídica y patrimonio propio, que carece de todo ánimo de lucro o  fin económico y se eximirá de participar en actividades de naturaleza política».  Su visión se encamina hacia el diseño de «una institución sólida que sea  respetada por los poderes públicos, la industria y la sociedad civil por su  contribución al mejoramiento del clima de inversiones y por su impacto positivo  en el desarrollo sostenible de la nación» (www.avhi.org). Su objetivo asociativo  es la promoción y el fomento de la inversión privada, nacional y extranjera, en  la industria venezolana de los hidrocarburos. En este sentido, la AVHI podrá:</font> </p>       <blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">a) proponer  	iniciativas encaminadas al establecimiento de condiciones propicias para el  	desarrollo de actividades empresariales y de inversión en la industria  	venezolana de los hidrocarburos, bajo un ambiente de estabilidad, confianza  	y seguridad jurídica;</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">b) contribuir a  	la formación e implementación de políticas públicas orientadas al desarrollo  	integral de la industria de los hidrocarburos, próspera, eficiente y  	competitiva;</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">c) estimular la  	participación nacional en toda cadena de valor de la industria de los  	hidrocarburos bajo criterios de eficiencia económica, responsabilidad  	social, conservación ambiental, desarrollo sostenible, y</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">d) promover y  	divulgar el valor y significado de las actividades empresariales y sociales  	del conjunto de sus miembros y su contribución positiva al desarrollo del  	país (www.avhi.org).</font> </p>   </blockquote>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> Como puede  apreciarse, la AVHI es una organización civil que procura incidir en las  políticas públicas conectadas con el sector petrolero, sin comprometerse en  actividades ligadas a la dinámica política nacional; todo lo contrario de lo que  había sido la práctica reciente de Fedecámaras.</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"> <font size="2" face="Verdana"> A nuestro juicio,  esta incidencia de la AVHI es lo que ocurrió, aunque con muy bajo perfil y a  contracorriente de la retórica anticapitalista del presidente Chávez. En efecto,  si se rastrean las posturas y discursos de este organismo, es posible  identificar una gran disposición por parte del Gobierno de lograr entendimientos  con él. Así, en julio de 2004 se celebró el evento «El Presidente habla con los  empresarios», en el que el presidente ejecutivo de la AVHI desarrolló una  importante alocución. La estrechez en las conexiones entre el Gobierno y la  asociación queda patentizada cuando su principal vocero señala que las  relaciones entre Pdvsa y sus socios han sido</font></p>       <blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">… muy fluidas,  	francas y constantes. Hay un comité conjunto entre la AVHI y  	Pdvsa-Corporación Venezolana Petrolera, en el cual se ventilan todos los  	temas de políticas públicas. No sólo hemos trabajado en el ámbito del  	negocio mismo, sino también en materia de desarrollo sostenible (…) dentro  	de ese contexto desarrollamos la estrategia de apoyo al desarrollo nacional.  	Además hemos examinado los diferentes proyectos y tenido la oportunidad de  	mostrar nuestras opiniones y criterios sobre como viabilizar el Plan de  	Negocios 2004-2007 de Pdvsa… (www.avhi.orgdetallenoticia). 	</font></p>   </blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> Dentro de ese mismo  espíritu deben entenderse las palabras del ministro de Energía y Petróleo y  presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez, cuando en enero de 2005 anunció la creación  de comisiones de trabajo entre ese ente y la AVHI, para estudiar las  posibilidades de negocios con esta. En esa oportunidad el Ministro señaló que  «el contacto permanente, la discusión y la interacción con nuestros socios  nacionales e internacionales es un factor fundamental para el éxito de los  planes de expansión de la industria petrolera con un plan de negocios muy  ambicioso lleno de potencialidades y posibilidades, sustentado en nuestras  reservas, nuestras capacidades y en nuestra posición en el mercado petrolero  internacional» (www.pdvsa.com).</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> De las citas se  desprende la disposición que muestran las partes para arribar a entendimientos  que favorezcan a ambas. Para la AVHI pareciera claro que más allá de las  amenazas que profiere el presidente Chávez contra el Gobierno de los Estados  Unidos está la necesidad del Gobierno venezolano de encarar la exigencia de  inversiones a futuro.<sup>14</sup> En efecto, Venezuela deberá hacer frente a  los retos de la industria so pena de que la misma colapse. De allí que, frente  al Presidente, en el acto arriba mencionado, Grisanti señaló que la industria  petrolera venezolana enfrentaba enormes desafíos ante el futuro promisorio del  mercado energético y petrolero mundial. El planeta necesitará 300 millones de  barriles diarios (MMB/D) de petróleo equivalente en 2020, de los cuales 180  MMB/D corresponderán a petróleo y gas, lo que implica más de 50 MMB/D  adicionales, indicó Grisanti. Y dirigiéndose directamente al Presidente le  señaló que:</font></p>       <blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> En un ciclo  	normal de inversiones, Señor Presidente, eso es ya. Para alcanzar una  	producción de petróleo y gas de tal magnitud, el mundo requiere US$ 200  	millones anuales hasta 2030. Venezuela puede captar una parte substancial de  	esa inversión. La competencia por la captación de capitales es y será más  	intensa (…) En este contexto, saludamos el anuncio del Ejecutivo nacional de  	eliminar el Impuesto a los Activos Empresariales, lo cual, unido a otras  	medidas integrales de estímulo a la inversión contribuirá a afirmar la  	confianza de los inversionistas. (Grisanti, analítica.com, agosto de 2004,  	pp. 3-4).</font></p>   </blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> Como vemos, para la  AVHI el problema a resolver era hacer viable el nuevo ciclo de inversiones bajo  condiciones de «flexibilidad y competitividad» (ibíd., p. 6). Para esto la  asociación se comprometía a involucrar en los nuevos planes al conjunto de los  actores sociales y económicos: «Tenemos un reto titánico fundamental, el cual es  que todos los actores: Gobierno, industria y sociedad civil acometan el nuevo  ciclo de inversiones. La AVHI cumple el rol de buscar consensos, plantear  soluciones (...) tanto con la sociedad civil como con el Ejecutivo nacional y  Pdvsa».</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="2">Las empresas mixtas: la cristalización de los  entendimientos</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">La «fluidez» en las  relaciones entre el Gobierno y la AVHI tuvo su resultado en los entendimientos  que dieron lugar a la creación de las empresas mixtas.<sup>15</sup>  Efectivamente, en enero de 2006, el presidente de la asociación señalaba que:</font></p>       <blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana">Hemos hecho  	sugerencias que han sido acogidas por el Ministro de Energía y Petróleo y va  	a haber una audiencia pública (…) donde vamos a participar, creemos que se  	va a consolidar la seguridad jurídica del país, se va a asentar un nuevo  	ordenamiento jurídico que va a dar mayor seguridad y no va a ser objeto de  	cuestionamiento en el futuro (…) eso no implica que no haya diferencias pero  	lo importante es el diálogo, la interlocución sistemática, la búsqueda de  	consensos y la apertura de vías alternativas sobre la base del nuevo  	ordenamiento jurídico (www.avhi.org/detallenoticia, enero de 2006).</font></p>   </blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> En abril de 2006, el  Estado y las transnacionales petroleras asociadas en la AVHI cristalizaron la  creación de estas empresas en el marco de un gran despliegue publicitario por  parte del Gobierno, anunciando que a partir de ese momento Venezuela avanzaba  «hacia su plena soberanía petrolera». «Las empresas mixtas forman parte del Plan  Siembra Petrolera y este servirá para cancelar una deuda social gigantesca,  porque la renta derivada de los recursos naturales tendrá que seguirse  convirtiendo en progreso, en bienestar, en felicidad, en vista de que para este  Gobierno bolivariano el pueblo es dueño de los hidrocarburos» (prensa nacional  del 2 de abril de 2006). El día fue proclamado por el presidente Chávez como  «día histórico» en el que «se puso en marcha un proyecto nacional»: «le estamos  diciendo al mundo que no es incompatible un proyecto nacionalista y  revolucionario con la presencia de dignas empresas internacionales y del sector  privado nacional siempre que haya voluntad» (<i>El Nacional</i>, 1-04-2006,  cuerpo A, p. 16).</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> Los acuerdos habían  rendido sus frutos si tomamos en cuenta que dieciséis empresas responsables de  la operación de veinticinco campos aceptaron la nueva fórmula. De las empresas  operadoras que estuvieron de acuerdo en negociar las migraciones, solo dos se  retiraron (Quirós Corradi, <i>El Nacional</i>, 16-04-2006, cuerpo A, p. 15). De  este modo ambos polos del negocio obtenían provecho: el Gobierno garantizaba la  continuación del modelo rentista gracias al cual le es posible, en gran medida,  mantener el apoyo popular, y las empresas, por su parte, el establecimiento de  una plataforma jurídica capaz de proporcionarle mayor seguridad a sus  inversiones. Con esta fórmula, las empresas dejaron atrás su estatus de  contratadas para la prestación de un servicio, convirtiéndose ahora en socias  propietarias. La mayoría del universo accionario (60 por ciento) en manos del  Estado, no obstante, le permite al liderazgo chavista blandir con éxito su  discurso nacionalista, no sólo en el plano doméstico, sino también en el  internacional.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font size="2" face="Verdana"> Sin embargo, no pocas  reservas se observan en la directiva de la Asociación con respecto al modo como  la Asamblea Nacional instituyó la empresa mixta. De acuerdo a Grisanti (en  entrevista reseñada), este órgano otorgó «una enorme discrecionalidad al socio  mayoritario, que va más allá de lo que se estila universalmente hablando». La  empresa mixta es una especie de «matrimonio por conveniencia con la esperanza de  que ese matrimonio funcione (…) pero la AVHI quiere dar el beneficio de la duda  y apostar al éxito». Sostenemos la idea de que por más importante que sean los  principios ideológicos en el imaginario del régimen, pesa mucho la alta  importancia de los consorcios internacionales en la extracción de renta, sin lo  cual el proyecto chavista no será viable. De allí que la moral anticapitalista  del proyecto no afectará las dinámicas socioeconómicas que mueven al capital  petrolero internacional en su expresión venezolana.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="2">Sociedad civil nacional <i>versus</i> sociedad  civil internacional</font></b> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Más allá de las  reservas mostradas por el presidente de la AVHI, queda claro que el único actor  consultado fue esta asociación, dejando ver que el régimen reconoce como  interlocutor legítimo a las empresas transnacionales agrupadas en la  organización de marras, al contrario de lo que observamos cuando de las  asociaciones históricas se trata. Tal como indica Guerra (2004:7), «la línea es  privilegiar al capital internacional, el cual no tiene arraigo interno ni  principios nacionales que defender». En realidad, el proyecto chavista, aunque  de corte nacionalista, no incorpora a los grupos nacionales empresariales en su  campo de interés, a menos que estos le sean leales, como exigen los Gobiernos  populistas con poco sentido de la pluralidad política.<sup>16</sup> Todo lo  contrario, el Gobierno parece desinteresarse de los destinos de los empresarios  tradicionales, como lo demostró la compra, en el año 2000, de la emblemática  empresa nacional Electricidad de Caracas por parte de la AES, empresa  transnacional estadounidense. La estatización posterior, tanto de esta empresa  como de la compañía telefónica venezolana (CANTV), y los anuncios de nuevas  estatizaciones,<sup>17</sup> ahogan aun más las posibilidades de acción del  capital privado nacional, en beneficio del Estado, que re-emerge como directo  inversor capitalista.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">¿Puede estar esto  indicando que el poder económico del Estado no tiene contrapesos por parte de  una sociedad civil nacional? Así es. Los contrapesos provienen de una sociedad  civil que no se ubica dentro, sino afuera.<sup>18</sup> A. Baptista ha señalado  que en el pasado la sociedad civil era transnacional, pues las concesionarias  petroleras se encargaban de contrabalancear al Estado y evitar que este fuera  arbitrario (ese, sin duda, fue el sentido de equilibrio que comportó el <i> fifty-fifty</i>). De manera que, sostiene Baptista, esto genera una tensión  entre una sociedad civil económica que es internacional y un Estado que aspira  cada vez más a ser local. Creemos que dicha tensión puede relajarse, sin  embargo, en el plano del imaginario colectivo, a partir de una base discursiva  que insiste en la afirmación nacional, muy bien conducida por el chavismo y por  Chávez en particular. Si tenemos en cuenta que uno de los pilares básicos de las  identidades políticas en Venezuela es el nacionalismo, como ha mostrado R.  Dávila (1996), fundado sobre nuestra condición de país petrolero, se comprenderá  cuán eficaz puede resultar el recurso retórico en una parte considerable de la  población. Los acuerdos reales con los grandes conglomerados petroleros serán  solapados en el discurso<sup>19</sup> y en su lugar se instalará la idea de que  las prácticas revolucionarias no se riñen con el rol que en el nuevo esquema  tendrán los consorcios internacionales. La revolución populista de Hugo Chávez  necesita, cada vez con más vigor, el concurso de los mismos: la debilidad del  Estado para asumir las actividades petroleras, en vista de lo oneroso que  resultan, tornan indispensable su presencia. Sin la participación del capital  transnacional no habrá muchas posibilidades de seguir obteniendo renta, y sin  renta no es posible el gasto público, a partir del cual pueden sostenerse las  clientelas políticas sobre las que se asienta el régimen.<sup>20</sup></font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">En este juego de dos  grandes no parece haber lugar para terceros anémicos. Queda claro que el  empresariado nacional representado en Fedecámaras tiene muy poco espacio, por no  decir ninguno, dentro de él. Con esto ratificamos la idea de que la sociedad  civil nacional, en su vertiente correspondiente al interés económico, tiene  angostos los márgenes para contrabalancear el inmenso poder que exhibe el  Estado. Ese lugar lo han tomado los consorcios internacionales vinculados a la  actividad petrolera, a pesar de la retórica que constantemente se despliega en  su contra.</font> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="2">Conclusiones</font></b> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">Del texto anterior,  limitado al período 1999-2007, pueden desprenderse las siguientes conclusiones  preliminares:</font> </p>       <blockquote>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• La toma del  	poder por parte de Hugo Chávez ha significado para Venezuela el inicio de un  	proceso de transformaciones sociopolíticas que incluye el desplazamiento de  	las organizaciones empresariales históricas, sintetizadas en su órgano  	cúpula, por otras leales al proyecto que el Presidente lidera. En este  	sentido estaríamos en presencia de un proceso de circulación de elites que,  	en este caso, remite a su expresión empresarial organizada.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• Este  	desplazamiento ha sido facilitado por las debilidades estructurales  	acumuladas por la economía venezolana, así como por la complejización y  	diferenciación de intereses en el seno de la principal asociación  	empresarial venezolana, Fedecámaras, a lo largo de las últimas décadas.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• Con ello toca  	fin un modelo de concertación corporativa que se había instalado en  	Venezuela con el retorno del sistema democrático en 1958, el cual tenía  	entre sus vértices fundamentales al empresariado organizado en dicha  	asociación.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• En su lugar se  	ha apreciado una tendencia por parte del régimen a favorecer los diálogos  	puntuales con empresas o empresarios individuales, al tiempo que estimula y,  	más aún, crea organizaciones empresariales que le son afectas, perfilando  	una suerte de lo que, provisoriamente, pudiéramos encuadrar en un tipo de  	corporativismo de corte estatal, no formalizado todavía.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• Con ello el  	poder del Estado se reconcentra aún más, en detrimento de la sociedad civil,  	la cual luce cada vez más débil y precaria; de tal modo, entonces, que el  	Estado actúa sin contrapesos nacionales en la toma de decisiones que afectan  	la economía.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• No ocurre lo  	mismo, empero, cuando de factores extranacionales se trata. El altísimo  	valor estratégico que tiene para la existencia del país y para el propio  	proyecto chavista la variable petrolera, explica las razones por las cuales  	el único actor que este ha reconocido como legítimo y válido para celebrar  	acuerdos en materia de política de hidrocarburos es la AVHI, organización  	que aglutina a los grandes consorcios petroleros internacionales.</font> </p>     <p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• Teniendo en  	cuenta un contexto como este, es posible concluir que el Estado sólo ha  	tenido como contrapeso a su extraordinario poder una especie de sociedad  	civil internacional, representada en aquella asociación.</font> </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">• Por último,  	este cuadro parece apuntar hacia la configuración de un modelo  	socioeconómico estructurado por tres actores fundamentales, a saber: el  	Estado, las grandes transnacionales petroleras y una franja de empresarios  	menores ligados a actividades económicas adosadas al Estado y leales al  	proyecto político presidencial. En un modelo de este corte no es posible  	vislumbrar lugar para una sociedad civil económica nacional fuerte e  	independiente del Estado. </font> </p>   </blockquote>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b> <font face="Verdana" size="2">Notas:</font></b></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">1</font></sup><font size="2" face="Verdana"> No es ajena a esta debilidad una  predisposición de la sociedad contra el empresariado, según la propia percepción  de los hombres y mujeres de empresa agrupados en Fedecámaras, plasmada en un  documento discutido en el marco de la LXI Asamblea Anual de la asociación, en el  cual se sostiene que: «la sociedad ha permitido e incluso celebrado que el  Estado se adueñe de las ventajas competitivas de la nación» (<i>El  Universal</i>, 2-2-2005).</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">2</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Así, uno de los fundadores de la asociación  , el señor José Giacopini Zárraga, señalaba en los primeros días de existencia  de la agrupación que «[esta organización empresarial] está llamada a estructurar  en un todo homogéneo las principales fuerzas vivas del país y a sincronizar su  funcionamiento, ya que su objetivo primordial es la constitución de la  Federación Venezolana de Cámaras de Comercio y Producción, organismo que será de  importancia vital (…) pues contribuirá a crear entre productores y comerciantes  nacionales un concepto de clase que les permitirá consecuencialmente una mejor  defensa de sus intereses (…) frente a un intervencionismo creciente a diario…» (<i>La  Esfera</i>, 19-07-1944 ). Arturo Uslar Pietri, pocos años antes, parecía tener  claro este problema: «El Estado interviene, y está interviniendo en nuestra vida  económica, porque nuestra vida económica no es sino un reflejo de la riqueza del  Estado» (en Baptista, 2004:316). En todo caso, Fedecámaras nace como expresión  del esfuerzo que despliega la sociedad civil venezolana en el marco del  estallido de organizaciones asociativas que emergen a la luz en el año 1936,  apenas expira Juan Vicente Gómez y cesa el estrangulamiento que su dictadura  imponía a la nación.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">3</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Puede explicarse este fenómeno teóricamente  a partir de lo que P. Schmitter (1998:83) ha denominado «corporativismo  societal», en el cual las asociaciones de interés, como la del empresariado  organizado en este caso, son «autónomas y penetrantes». Este tipo de  corporativismo, propio de sociedades pluralistas y democráticas con sistemas de  partido abiertos, revela según este autor que el Estado moderno, cuya misión  autorizada en el contexto del capitalismo es la de regular e integrar, necesita  «la agregación previa de opiniones, la capacidad contractual y la legitimación  participativa, que sólo pueden proporcionar los monopolios de la representación,  singulares, jerárquicamente ordenados y consensualmente dirigidos» (ibíd., p.  88).</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">4</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Salvo en lo que tuvo que ver con algunas  medidas de política petrolera, con respecto a la cual el Estado actuó desoyendo  las opiniones de Fedecámaras; por ejemplo en la política de «no más concesiones»  decidida en 1959, a la cual se opuso férreamente el organismo. Recordemos que a  partir de ese año las concesionarias petroleras constituyeron una cámara que se  afilió a Fedecámaras, razón por la cual es lícito pensar que el organismo  compartía las posturas de las empresas, aunque esto no se asumiera  explícitamente.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">5</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Esta y la próxima sección reproducen parte  del trabajo de Arenas, 2005.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">6</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Mucho, y desde variadas fuentes, incluyendo  la de los mismos gremios, se ha comentado sobre esta cuestión ya en sentido  positivo, ya en sentido negativo. En este último, se ha argumentado que en los  dos casos, los gremios abandonaron sus particulares intereses para entregarse a  la lucha política militante propiamente; sin embargo, E. Laclau (2005:140-141)  aporta elementos que permiten mirar de otra manera este asunto cuando habla de  la «relación de contigüidad» que puede existir entre lo «singular» y lo  heterogéneo, pudiéndose producir un «desplazamiento retórico» cuya función es «emancipar  un nombre de sus referencias conceptuales unívocas»; lo que implica, entre otras  cosas, la creación de una «homogeneidad equivalencial». Traducido al problema  que nos ocupa, esto significa que los intereses sectoriales de ambos gremios («particularismo  diferencial», de acuerdo a Laclau) encontraron en la necesidad de velar por la  pervivencia de los valores democráticos una razón, no sólo para construir una  alianza atípica, sino también para abandonar la agenda ordinaria de intereses  particulares. Así, tanto los sindicatos como el gremio empresarial se  emanciparon de sus marcas históricas unívocas para fundar temporalmente una  identidad que desbordaba las suyas alrededor del significante democracia, dada  la incapacidad del sistema de partidos tradicional para hacerle frente a las  acechanzas que la misma sufría.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">7</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Se refería al sector de la sociedad  venezolana opositor, el cual veía en la asociación un aliado en las jornadas que  ha librado en contra del Gobierno. Nótese cómo la presidenta de Fedecámaras  habla como si los gremios no formaran parte de la sociedad civil, como si esta  le fuera ajena. A nuestro juicio, este discurso puede ser muestra de la propia  debilidad constitutiva de esta organización en su identidad civil, de cara al  inmenso poder estatal.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">8</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Para el Presidente existen empresarios «verdaderos»  y otros que no lo son. Es con los primeros con quienes desea forjar alianzas  siguiendo la óptica amigo-enemigo que ha distinguido su discurso: «este Gobierno  es aliado de los empresarios verdaderos, los que quieren producir, los que  quieren trabajar en alianza estratégica con el Gobierno y con los trabajadores.  No con los empresarios explotadores, no con los proimperialistas» (www.aporrea.org  10-5-2005).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">9</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Para un análisis detallado de este fenómeno  véase Combellas, 1999.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">10</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Los núcleos de desarrollo endógeno fueron  concebidos como espacios históricos, geográficos y culturales a partir de los  cuales se genera una actividad productiva capaz de hacer posible «el  autosostenimiento del consumo en nuestra sociedad, principalmente en materias  básicas como alimentación, vestido, calzado. Y más adelante innovación  tecnológica (…) dentro de esto no queremos que solamente sea la iniciativa  individual privada la que motorice este nuevo modelo de desarrollo endógeno,  sino que sean fundamentalmente, formas cooperativas las que tengan el  protagonismo principal en el desarrollo de este modelo» (Elías Jaua en htpp://laberinto.uma.es).  Para el ministro Jaua, el cooperativismo debía ser un proyecto de vida en el que  «la persona debe abandonar conductas, actitudes y expectativas aprendidas en el  seno de una sociedad que recompensa la competitividad y el protagonismo  individual» (www.socialwatch.org/es). Por su parte, las EPS son «unidades de  producción comunitarias (…) y tienen como objetivo fundamental generar bienes y  servicios que satisfagan las necesidades básicas y esenciales de la comunidad y  su entorno (…) privilegiando los valores de la solidaridad, cooperación,  complementariedad, reciprocidad, equidad, sustentabilidad, ante el valor de  rentabilidad o ganancia…» (Guerra, 2006:86).</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">11</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Así, las medidas de nacionalización  anunciadas por el Presidente en enero de 2007 involucraban a sectores muy  importantes de la economía nacional como la telefonía y la electricidad, pero no  a la médula de la misma, la actividad petrolera. Salvo las destinadas a asumir  el control pleno que mantenían las empresas en la Faja del Orinoco, las reglas  de juego diseñadas para la constitución de las empresas mixtas, de las cuales  hablaremos más adelante, se mantenían tal cual. De modo pues que las compañías  que operaban en la Faja pasaron a formar parte de la fórmula mixta.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">12</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Según su presidente, el señor Luis Xavier  Grisanti, las inversiones del conjunto de las empresas agrupadas en la  asociación ascendían en el año 2003 a más de 25.000 millones de dólares  americanos y la producción se ubicaba en un millón de barriles diarios (  Grisanti, 2004 en analitica.com). Si se tiene en cuenta que la producción total  de barriles diarios es de 3.500 millones, aproximadamente, podremos darnos  cuenta de la magnitud de la importancia que estas empresas tienen para la  actividad petrolera venezolana, y en consecuencia para el Estado rentista.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">13</font></sup><font size="2" face="Verdana"> En realidad la asociación es heredera  directa del Comité Petrolero Internacional, organización que surge en el marco  de la apertura petrolera que se inicia en 1992, en el seno de la Cámara  Venezolano-Americana (Venamchan). La incorporación de empresas dedicadas a la  explotación de los hidrocarburos de procedencia distinta a los Estados Unidos (europea,  por ejemplo) obligó a la constitución de un organismo panpetrolero que rebasara  el estrecho marco binacional. Una importante razón debe agregarse: la necesidad  de estas empresas de contar con una vocería propia en lo que fue el proceso de  conformación de un nuevo régimen jurídico petrolero nacional concretado en el  año 2001 (según L.X. Grisanti en entrevista celebrada el día 20-12-2006). Para  una visión en perspectiva de la apertura petrolera puede verse, entre otros,  Espinasa, 1996; Mommer, 2003.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">14</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Ante las amenazas por parte del presidente  Chávez de suspender el suministro de petróleo a Estados Unidos, la AVHI señaló  que «se atiene a los pronunciamientos del Ministro de Relaciones Exteriores, Alí  Rodríguez Araque, y el de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, en cuanto a que  Estados Unidos es nuestro principal mercado, y no está en duda la seguridad de  Venezuela como suplidor seguro y confiable» (Grisanti en  www.avhi.org.detallenoticia, 2004).</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">15</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Con la nacionalización del petróleo el 31  de diciembre de 1975, las empresas concesionarias que llevaban a cabo la  producción petrolera debieron abandonar las operaciones. En adelante, el Estado  venezolano asumió totalmente las riendas de la actividad en la figura de la  empresa Pdvsa. Sin embargo, el artículo V de la ley de nacionalización había  previsto la posibilidad de que el Estado, mediante autorización del Congreso,  pudiera realizar asociaciones con entes privados, cuando así lo dictara la  conveniencia del interés público. Es esta provisión lo que explica la presencia  de las empresas transnacionales en los convenios operativos que concretara el  presidente Rafael Caldera a partir de 1992, en lo que se ha conocido como la «apertura  petrolera». La creación de las empresas mixtas se enmarca en este contexto. Con  la firma de la ley que las creaba, las compañías petroleras debían migrar desde  los convenios operativos hacia este nuevo esquema de operación.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">16</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Recordemos que los regímenes populistas  históricos en América Latina fundaron en gran medida su legitimidad en el  respaldo que fueron capaces de construir por parte de los grupos empresariales  ligados al campo y a la industria, sobre todo a esta última. De allí que su  carácter nacionalista incluía la presencia de los grupos económicos nacionales.  No obstante, es bueno tener presente que en los primeros años del peronismo, la  Unión de Industriales Argentinos (UIA) se enfrentó al Gobierno al negarse a  convertirse en una central empresaria oficialista, lo que trajo como  consecuencia su intervención por siete años y los intentos de liquidarla por  parte de Perón (Schvarzer, 1991). Esto quiere decir que, si bien los  nacionalismos incorporaron en una sola matriz a los grupos empresariales, en el  caso de los populismos autoritarios esta incorporación se dio con costo muy alto  para su naturaleza en tanto que sociedad civil.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">17</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Preferimos hablar de estatizaciones y no de  nacionalizaciones en vista de que este último concepto alude a la propiedad que  a partir del acto adquiere la nación. No es así, sin embargo: no son los  nacionales quienes asumen las riendas de la producción, sino el Estado, el cual  actúa teóricamente en nombre de la nación.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">18</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Si bien en la AVHI aparecen empresas  ligadas a la actividad petrolera de proveniencia nacional, el verdadero peso lo  tienen los grandes consorcios petroleros del mundo. En realidad estos consorcios  nunca se organizaron solos, es decir sin la presencia de capitales nacionales.  Antes de que se produjera la nacionalización petrolera, las concesionarias  formaban una cámara más dentro de Fedecámaras y en casi todas las ocasiones las  empresas se hacían representar vicariamente. No eran ellas las que elevaban sus  quejas o peticiones al Gobierno, sino Fedecámaras. No es casual que en la  actualidad los consorcios hayan prescindido del organismo que más simbólicamente  representa al empresariado venezolano: su debilidad frente al poder del Estado  lo convierte en un espacio irrelevante.</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">19</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Es útil recordar aquí que los arreglos que  precedieron a la nacionalización petrolera se insertaron en un amplio debate  público, cuyo epicentro se localizó en el Congreso, irradiando al resto del  espectro sociopolítico nacional. En este caso no ocurrió lo mismo y las  tratativas que dieron lugar a la creación de las empresas mixtas no fueron  producto de diálogos y negociaciones entre actores, ni los arreglos con las  transnacionales fueron ventilados públicamente. Esto podría estar indicándonos  que el Estado venezolano, con las variantes del caso, replica lo que Osorio  (2004) y Calderón (2004) señalan para América Latina en general.</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><sup><font size="2" face="Verdana">20</font></sup><font size="2" face="Verdana"> Así, el año 2006, en el que se celebraron  elecciones presidenciales optando el presidente Chávez por la reelección, ha  sido reconocido por los investigadores como el año en el que el gasto público  registró los más altos índices en la historia del país. En ese año los niveles  de gasto se elevaron por encima del 38 por ciento del PIB, en contraste con el  36 por ciento correspondiente a 1974, año emblemático del auge rentístico que  experimentó el país en la primera mitad de la década de los setenta (cifras  tomadas de <i>El Nacional</i>,  13-12-2006, cuerpo A, p. 20).</font></p>     <p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><b><font face="Verdana" size="2">Referencias bibliográficas</font></b></p>     <!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">1. Arenas, Nelly (2001).  «Venezuela: ¿del populismo rentista al populismo neoliberal?»,<i> Estudios  Latinoamericanos</i>, n<sup>o</sup> 16, julio-diciembre, pp. 181-201.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798470&pid=S1012-2508200900020000200001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">2. Arenas, Nelly (2005). «¿Languidece el  corporativismo? De Fedecámaras a los nuevos actores empresariales en Venezuela»,  en <i>Venezuela visión plural. Una mirada desde el Cendes</i>, t. I, pp.  346-371, Caracas, bid &amp; co editor.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798471&pid=S1012-2508200900020000200002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">3. Arenas, Nelly (2006). «El proyecto chavista. Entre  el viejo y el nuevo populismo», <i>Desacatos</i>, n<sup>o</sup> 22,  septiembre-diciembre.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798472&pid=S1012-2508200900020000200003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">4. Baptista, Asdrúbal (2004). «El relevo del  capitalismo rentístico: hacia un nuevo balance de poder», Caracas, Fundación  Polar.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798473&pid=S1012-2508200900020000200004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">5. Calderón, Fernando (2004). «Notas sobre la crisis  de legitimidad del Estado y la democracia», en <i>La democracia en América  Latina, </i>Buenos Aires, PNUD.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798474&pid=S1012-2508200900020000200005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">6. Castillo Vegas, Jesús Luis (2000). «La sociedad  civil, el Estado social y las organizaciones no gubernamentales», <i>Revista  Tachirense de Derecho,</i> n<sup>o</sup> 12, enero-diciembre.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798475&pid=S1012-2508200900020000200006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">7. Cavarozzi, Marcelo (1993). «Transformaciones de la  política en la América Latina contemporánea», <i>Análisis Político</i>, n<sup>o</sup>  19.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798476&pid=S1012-2508200900020000200007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">8. Combellas, Ricardo (1999). «La inserción de los  grupos de interés en el Estado venezolano», en <i>12 Textos fundamentales de la  ciencia política venezolana</i>, pp. 197-224, UCV, Instituto de Estudios  Políticos.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798477&pid=S1012-2508200900020000200008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">9. Dávila, Ricardo (1996). <i>Venezuela: la formación  de las identidades políticas. El caso del discurso nacionalista (1920-1945)</i>,  Mérida, Ediciones de la Universidad de los Andes.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798478&pid=S1012-2508200900020000200009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">10. Espinasa, Ramón (1996). «Ideología, marco  institucional y desarrollo del sector petrolero», <i>Revista Venezolana de  Economía y Ciencias Sociales</i>, n<sup>o</sup> 2-3, abril-septiembre.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798479&pid=S1012-2508200900020000200010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">11. Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y  Producción (Fedecámaras) (2005). «Manifiesto empresarial», circulado por  Cavedatos desde <a href="mailto:mailto.fedecamarassis@cantv.net">mailto.fedecamarassis@cantv.net</a>.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798480&pid=S1012-2508200900020000200011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">12. Flores, Andrade Anselmo (2006). «Empresarios e  izquierda: dos mundos que se acercan», <i>Nueva Sociedad</i>, n<sup>o</sup> 202,  marzo-abril.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798481&pid=S1012-2508200900020000200012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">13. Garretón, Manuel (1994). «Redefinición de  gobernabilidad y cambios políticos», <i>Síntesis</i>, n<sup>o</sup> 22, pp.  53-98.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798482&pid=S1012-2508200900020000200013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">14. Gellner, Ernest (1996). <i>Condiciones de la  libertad. La sociedad civil y sus rivales</i>, Barcelona, España, Paidós.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798483&pid=S1012-2508200900020000200014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">15. Gómez Calcaño, Luis (2006). «La disolución de las  fronteras: sociedad civil, representación y política en Venezuela», Caracas,  mimeo.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798484&pid=S1012-2508200900020000200015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">16. Grzybowsky, Cándido (2004). «Democracia, sociedad  civil y política en América Latina: notas para un debate», en PNUD, <i>La  democracia en América Latina. Contribuciones para el debate</i>, Buenos Aires.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798485&pid=S1012-2508200900020000200016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">17. Guerra, José (2004). <i>La política económica en  Venezuela 1999-2003</i>, UCV, Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798486&pid=S1012-2508200900020000200017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">18. Guerra, José (2006). <i>¿Qué es el socialismo del  siglo XXI?</i>, Caracas, Librorum.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798487&pid=S1012-2508200900020000200018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">19. Iranzo, Consuelo y Jacqueline Richter (2005a). «La  relación Estado-sindicatos en Venezuela (1999-2005)», en <i>Venezuela visión  plural. Una mirada desde el Cendes</i>, t. II, pp. 653-684, Caracas, bid &amp; co.  editor.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798488&pid=S1012-2508200900020000200019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">20. Iranzo, Consuelo y Jacqueline Richter (2005b). <i> La subcontratación laboral. Bomba de tiempo contra la paz social, </i>Caracas,  UCV, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas/Cendes.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798489&pid=S1012-2508200900020000200020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">21. Laclau, Ernesto (2005). <i>La razón populista</i>,  Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798490&pid=S1012-2508200900020000200021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">22. Lanzaro, Jorge (1998). «El fin del siglo del  corporativismo», en <i>El fin del siglo del corporativismo</i>, pp. 9-68,  Caracas, Nueva Sociedad.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798491&pid=S1012-2508200900020000200022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">23. Mommer, Bernard (2003). <i>Petróleo global y  Estado nacional</i>, Caracas, comala.com.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798492&pid=S1012-2508200900020000200023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">24. Moncada, Samuel (1985). <i>Los huevos de la  serpiente</i>, Caracas, Alianza Gráfica.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=798493&pid=S1012-2508200900020000200024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="justify" style="word-spacing: 0; line-height: 100%"><font face="Verdana" size="2">25. 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