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</front><body><![CDATA[ <p style="line-height: normal" align="center"><b> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Tony <span class="SpellE">Judt</span>: la izquierda, las ideas y su ética no siempre  visible</span></b><span style="font-family: Verdana,sans-serif">&nbsp;</span></p>     <p style="line-height: normal; margin-bottom: .0001pt" align="center"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif; font-weight: 700"> Leonardo Vivas*</span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> * Sociólogo UCV. Doctor en Desarrollo y Economía Internacional. Fundador de  Venezuela Competitiva. Director del Programa Latinoamericano del <span class="SpellE">Carr</span> Center de Derechos Humanos en la Escuela  Kennedy de Gobierno en la Universidad de Harvard.</span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif">  Correo-e: <a href="mailto:leonardo_vivas@hks.harvard.edu"><span class="SpellE"> leonardo_vivas@hks</span>.harvard.edu</a></span></p>     <p style="text-indent: 0cm; line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Es  curioso como muchas personas –sobre todo quienes viven con intensidad el  presente siglo– han pasado la página del siglo XX con alergia, como si les  quemara las manos. En la nueva era que vivimos, argumentan algunos, tanto las  claves de lo que ocurre como lo que se piensa han cambiado radicalmente.  Probablemente se han dejado llevar por la novelería que suele surgir cuando  cambian los siglos. O verdaderamente creen que han descubierto la pólvora. Pero  hete aquí que, entre los intersticios de nuestra época actual, en los hechos  históricos y en su interpretación política o económica se mueve con gran  agilidad el viejo siglo, como si no quisiera abandonarnos, como si quisiera  recordarnos todos los días que de allí venimos. Quizá por ello sea tan necesario  asomarse a la obra de Tony <span class="SpellE">Judt</span>, quien hasta su  muerte prematura en 2010 fue uno de los principales historiadores del siglo  pasado, no tanto por el volumen de su obra sino por su pertinencia, habiendo  incursionado con pasión desbordante y gran rigor analítico en varios de sus  momentos decisivos. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> Compartiendo el siglo XX</span></b></p>     <p style="text-indent: 0cm; line-height: normal" align="justify"> <span class="SpellE"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Judt</font></span></span><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">  nació en Inglaterra justo a mediados del siglo XX, poco después de terminada la  Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, descendiente de judíos provenientes de  Europa Central y Oriental. No por casualidad su nombre Toni no es la abreviatura  de Anthony; le fue puesto –de lo cual se enteró mucho más tarde– en honor a una  tía desaparecida en un campo de concentración. Aprendió a navegar en las aguas  apacibles pero difíciles de la academia británica y, quizá por su mente inquieta  y su intranquilidad amorosa, nunca congenió con la idea que todo el mundo se  hace de un historiador: apegado a sus legajos y viejos folios, paseando de  biblioteca en biblioteca, de archivo en archivo. Aunque cultivó con todo el  rigor del oficio los vericuetos del quehacer historiográfico, trascendió sus  límites académicos para convertirse en lo que hoy por hoy es una especie en  extinción: el intelectual que combate por sus ideas. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> Sionismo, pasión por Francia e historia de las ideas contemporáneas</span></b></p>     <p style="text-indent: 0cm; line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2"> Menciono su intranquilidad intelectual y vital porque su obra inicial estuvo  orientada –¡habrase visto!– a los orígenes del socialismo… francés, con lo cual  rompía al unísono con dos tradiciones: primero, cruzar las barreras invisibles  que separan el mundo intelectual anglosajón –primero británico y luego  angloamericano– y el del continente europeo; y segundo, ocuparse del socialismo  francés, algo que a los ojos de un británico resulta poco menos que ocioso. Y  ciertamente, antes de ampliar sus horizontes a los eventos europeos en general, <span class="SpellE">Judt</span> se convirtió en especialista de temas  intelectuales e históricos de la política francesa del siglo XX. </font></span> </p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Pero  a diferencia de la mayoría de intelectuales franceses dedicados a esos temas,  quizás por la distancia personal e intelectual con el mundo francés, tan  centrado en su propio ombligo y tan afecto a las modas, fue educando un sentido  analítico y crítico que resultó en una interpretación muy especial de fragmentos  de la historia francesa. Con base en esa experiencia de lo que en otro contexto <span class="SpellE">Bertold</span> Brecht llamaría el «extrañamiento», <span class="SpellE">Judt</span> se dedicó a entender las paradojas de las ideas  en Estados Unidos, o a aclarar el mundo poco explorado de Europa Central pero de  gran influencia en las ideas del siglo XX y lo que va del XXI.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2"> Devolvámonos por un instante a su juventud temprana, que probablemente marcó su  perspectiva más inmediata sobre la política como hecho terrenal. Hijo de un  padre inmigrante polaco a la vez marxista y sionista, abrevó tempranamente en  las aguas del sionismo en su época heroica, cuando los jóvenes judíos aprendían  a identificarse con Israel participando en los <span class="SpellE">kibutzim</span>  y el sueño de una vida idílica, rural y utópica. En su segundo viaje a ese país  naciente, que le significó posponer su entrada a la universidad, Toni pudo  traspasar la barrera psicológica e ideológica del kibutz para incursionar en la  capital, donde participó en la logística de preparación de una de tantas  guerras. Allí descubrió un Israel distinto, cuya segmentación racial, social,  política e ideológica floreció con toda su fuerza a fines del siglo y hoy luce  difícil de revertir. A partir de allí <span class="SpellE">Judt</span> abandonó  durante varias décadas su preocupación por el tema judío, Israel y la  consiguiente militancia sionista, dedicándose por entero al mundo de las ideas.&nbsp;</font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: normal" align="justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> Historiador de las ideas y polemista</span></b></p>     <p style="text-indent: 0cm; line-height: normal" align="justify"><font size="2"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Oxford le garantizó  la sólida base intelectual de la cual hizo gala, reforzada por una pasantía en  la <span class="SpellE">École</span> <span class="SpellE">Normale</span> <span class="SpellE">Superieure</span> en Francia. Luego de culminar su  doctorado </span> <span style="font-family: Verdana,sans-serif; letter-spacing: .1pt" lang="ES-TRAD"> y habiendo comenzado su carrera en Oxford, inició una vida de profesor  trashumante; se </span></font><font size="2"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif; letter-spacing: .05pt" lang="ES-TRAD"> mudó de Inglaterra a California, volvió a Inglaterra para finalmente instalarse  en Nueva York, con pasantías en Francia, Viena y otras ciudades. Sus cambios de  localización estuvie</span><span style="font-family: Verdana,sans-serif; letter-spacing: .1pt" lang="ES-TRAD">ron  natu</span></font><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">ralmente  animados por la búsqueda intelectual y académica, pero también siguiendo la  pista de varias mujeres con las cuales o bien contrajo matrimonio o se divorció. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2"> Dedicarse como lo hizo a la historia de las ideas en temas que se salían de la  lógica intelectual del momento, como el análisis de la élite intelectual  francesa en la posguerra que, tras haber coqueteado con el fascismo francés, se  abandonó en los brazos del comunismo y todo lo que fuera anti-USA, no hizo sino  ratificar su vocación a la disensión, al pensamiento propio y libre,  esencialmente ecléctico. Por ello no formó parte de escuela académica alguna ni  tampoco participó en la creación de ninguna otra. Si acaso su mayor influencia,  en espíritu pero no siempre en la manera de abordar las cosas, proviene de la  escuela de historia intelectual de la Universidad de Cambridge, Inglaterra. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">En  ese sentido su evolución intelectual y vital guarda cierta similitud con lo que  representó <span class="SpellE">Isaiah</span> Berlín en su momento –también  judío e inglés aunque nacido en Rusia–, sólo que en <span class="SpellE">Judt</span>  la influencia personal e intelectual de la experiencia socialista fue menos  negativa, con un consecuente mayor respeto por el marxismo. Al cumplir 14 o 15  años su padre le regaló la famosa trilogía de Isaac <span class="SpellE"> Deutscher</span> sobre <span class="SpellE">Trotski</span>. Una generación más  joven que Berlín, estuvo menos marcado por los excesos de la Guerra Fría y  dispuso de mayor libertad de juicio para posicionarse en los grandes saltos de  política –y de política económica– ocurridos en Occidente a fines del siglo XX y  durante lo que va del XXI. Donde su legado promete ser más permanente es en la  historia europea reciente, la posguerra, la visión general sobre el siglo pasado  y algunos intersticios específicos en esa era que tanto ha marcado la historia  actual en sus tendencias y en su interpretación.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"><span class="SpellE"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Judt</font></span></span><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">  terminó su vida como gran polemista, defendiendo sus ideas con tanta pasión como  la paciencia de la cual hizo gala para articularlas de modo que le hicieran  sentido al lego. Se lo facilitó su pluma ligera e incisiva y haber cultivado el  idioma inglés con devoción de orfebre. Quizá por ello no traspasó los límites de  la mordacidad y la ironía ni cayó en el tono destructivo tan característico del  estilo francés de polemizar. Para las letras galas por muchos años el mundo sólo  se podía ver en blanco o negro. En cambio el rigor de <span class="SpellE">Judt</span>,  aquilatado por una extensa obra, pero sobre todo por su juicio certero sobre los  eventos, le facilitó el tránsito al terreno de la polémica pública en la primera  década del presente siglo. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Con  posterioridad a la destrucción de las torres gemelas, cuando la administración  Bush avanzaba a tambor batiente los preparativos para invadir Irak –la  continuación de una guerra no concluida, al decir de entonces– Toni <span class="SpellE">Judt</span> representó una de las voces solitarias del  mundo intelectual anglosajón en oponerse tajantemente a la guerra que terminó <span class="SpellE">de­satándose</span>. Rechazó sus fundamentos, sus  argumentos sobre la guerra necesaria y condenó la histeria que envolvió a medios  de comunicación e intelectuales por igual. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2"> También su posición sobre Israel ha sido altamente polémica. Por ser judío  argumentó sin complejos que EE. UU. nunca consideró el sufrimiento de los judíos  frente a las masacres en masa como una razón para intervenir en la Segunda  Guerra Mundial; cuando lo hizo ya sus servicios secretos conocían de la muerte  de más de un millón de personas en los campos de concentración. No tuvo empacho  en criticar la hipocresía dominante en EE. UU. sobre el tema. Los judíos  americanos, argumenta, son los menos susceptibles de sufrir una situación  parecida a la ocurrida entonces, de allí que lamentablemente el Holocausto haya  sido utilizado como coartada para el apoyo acrítico de EE. UU. a las políticas  de Israel, no importa lo radicales que han llegado a ser. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Su  agudo sentido de polemista lo llevó a las revistas de debate de ideas de mayor  divulgación en EE. UU., así como a programas televisivos. Pero su principal  herencia es haberle presentado a un mundo polarizado e incrédulo una  interpretación sobria, documentada y de gran riqueza interpretativa de los  hechos e ideas del siglo XX, más allá del maniqueísmo de la Guerra Fría que  llevaba fácilmente a la justificación de atrocidades en nombre del mundo libre.  Pero también del <span class="SpellE">salvacionismo</span> totalitario lanzado a  los cuatro vientos por la URSS –incluso luego de su caída–, así como los dogmas  de política económica impulsados por Margaret <span class="SpellE">Thatcher</span>  en Inglaterra y Ronald Reagan en EE. UU., vividos intensamente por ambos países  aún hoy. &nbsp;</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> El juicio histórico certero </span></b></p>     <p style="text-indent: 0cm; line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Por  su erudición y vasta cobertura de temas, circunstancias, países y enseñanzas,  resulta difícil entresacar sus principales aportes a un mundo intelectual  contemporáneo hundido hasta los cachos en la polarización de las ideas, que  suele conformarse con simplificaciones extremas de la realidad, a la vez que  rehuir el debate constructivo. Mencionemos tres para picar la curiosidad del  lector.</font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">El  primer aporte se refiere no a la objetividad en el juicio histórico, que siempre  rechazó como imposible, sino al desapasionamiento en la evaluación de los  hechos, presentándolos como mejor podía colegir de los datos y archivos a su  mano. En relación con las barbaridades de la Segunda Guerra Mundial, dejó  sentado su juicio crítico, no sólo sobre los horrores del avance nazi sobre  Europa Central y Oriental, que aparte del sacrificio en masa de los judíos  significó la utilización de las poblaciones ocupadas como trabajo esclavo, sino  también en torno a la respuesta militar soviética.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2"> Destacó la muerte de millones de civiles en los territorios intermedios como  resultado de la ofensiva soviética en su avance sobre Alemania, pero sobre todo  la violación de todas las mujeres que el Ejército Rojo encontró a su paso. Al  presentar esta relación de hechos en su libro </font></span><font size="2"><i> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Postguerra</span></i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">  (</span><span class="SpellE"><i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Postwar</span></i></span></font><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">),  no dejó de mencionar la justificación que le proporcionara Stalin a <span class="SpellE">Milovan</span> <span class="SpellE">Djilas</span>, el  famoso jefe guerrillero y escritor yugoslavo, segundo de a bordo de Tito, quien  con el tiempo se convirtió en uno de los críticos más lúcidos del totalitarismo.  Relata <span class="SpellE">Judt</span> que al preguntarle <span class="SpellE"> Djilas</span> a Stalin sobre los horrores del avance soviético, este le  contestó: «¿Conoce <span class="SpellE">Djilas</span>, quien es escritor, lo que  son el sufrimiento y el corazón humano? ¿No puede acaso entender si el soldado  que ha vivido la sangre, el fuego y la muerte se divierte con una mujer o si se  toma un pequeño obsequio?».</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Con  esta relación de los hechos <span class="SpellE">Judt</span> logró tomar  distancia de los cantos de alabanza en los que cayeron por igual tanto los  defensores del historial de la URSS como bastión antifascista como la  interpretación ritualista de Alemania como superlativo y casi único monstruo del  desastre europeo. No deja de ser interesante que, así como muestra este rostro  perturbado de un ejército soviético que marcha por la revancha, reconoce que de  alrededor de 3,5 millones de soldados alemanes apresados en combate, casi todos  retornaron a Alemania terminada la guerra. Exactamente el reverso de la acción  del ejército alemán, que liquidó prácticamente a todos los prisioneros rusos y  de los territorios conexos. No deja de ser interesante esta diferencia en la  consideración moral soviética en torno a la muerte de prisioneros militares o  civiles. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> Ideólogo de la izquierda, a pesar suyo</span></b></p>     <p style="text-indent: 0cm; line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Un  segundo aspecto a destacar es más bien un corolario de su obra. Sin proponérselo  de manera explícita, <span class="SpellE">Judt</span> le legó a la izquierda  occidental –y por rebote a la que se mueve en otras latitudes, incluyendo  América Latina– un ideario del cual ha carecido con posterioridad a la caída del  Muro de Berlín y que pocos han podido articular tan claramente. Fue tan brutal  el significado ideológico y simbólico del colapso de la URSS, por no hablar de  su impacto político inmediato, que la izquierda mundial ha ido transitando una  crisis tras otra, sin mayor capacidad de respuesta que los intentos pragmáticos  que ofrecieran Bill Clinton en EE. UU. y Tony Blair, en su esfuerzo por contener  la avalancha conservadora que hizo presa del pensamiento y la política  occidental desde mucho antes de 1989. <span class="SpellE">Judt</span> fue muy  crítico de ambos, despachando a Blair como un banal político derechista y a  Clinton como un sucedáneo del revivir conservador americano en la era  post-Reagan.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">En  EE. UU., tras las turbulencias de la era Bush, la interpretación habitual sobre  los demócratas americanos es que amén de carecer de una narrativa y una retórica  que les permitiera conectar con el electorado, han perdido el alma. El  pensamiento conservador habría solidificado su hegemonía en el imaginario  político de ese país, dejando al común de políticos liberales (en su acepción  estadounidense) descolocados en sus objetivos, en su manera de posicionarse en  el electorado e incluso en su narrativa sobre la realidad conveniente, es decir,  en su ideología. De allí su falta de respuesta frente al martilleo constante de  los republicanos en su crítica sobre el déficit en las finanzas públicas y el  tamaño del Estado como fuente de todos los males. En Inglaterra, al moverse  Blair hacia el centro del electorado, logró sacar a los laboristas de su larga  travesía por el desierto, pero a costa de concesiones en la conceptualización de  los problemas, por no hablar de su gran error de juicio histórico: apoyar la  invasión unilateral de Irak por George W. Bush.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">En  su breve libro </font></span><font size="2"><i> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Algo va mal</span></i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">  (</span><span class="SpellE"><i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Ill</span></i></span><i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">  Fares <span class="SpellE">the</span> <span class="SpellE">Land</span></span></i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">),  complementado en su visión de largo plazo por </span><i> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Pensar el siglo XX</span></i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">  (</span><span class="SpellE"><i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Thinking</span></i></span><i><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> <span class="SpellE">the</span> 20th <span class="SpellE">Century</span></span></i></font><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">), <span class="SpellE">Judt</span> logra algo que pocos pensadores de izquierda  contemporáneos han alcanzado: una propuesta general sobre la sociedad, pero  sobre todo en torno a la economía y el papel del Estado, tan decisivos en estos  tiempos turbulentos. De entrada, su crítica más incisiva contra el pensamiento  conservador en lo económico la sustenta, como buen historiador, en el examen de  sus orígenes. En buena medida el pensamiento conservador radical tiene su origen  en pensadores como <span class="SpellE">Hayek</span>, Von Mises e incluso Karl <span class="SpellE">Popper</span>, todos austríacos. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">A  juicio de <span class="SpellE">Judt</span> la lectura del socialismo que hacen  tales autores es incorrecta porque se basa en la crítica de la acción del Estado  en el plano local, como fue el caso de los planes urbanísticos y sociales de  Viena en los años treinta y cuarenta. Los socialistas nunca gobernaron Austria  en su conjunto. Para estos autores del renacer conservador el avance social de  la época llevó al establecimiento del totalitarismo de izquierda, cuando lo que  ocurrió fue lo contrario: la respuesta a la avanzada socialista vienesa fue el  fascismo. De modo que derivar como consecuencia de cualesquiera política de  corte socialista la llegada del totalitarismo de corte soviético no se ajusta a  la realidad histórica. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Hay  que recordar que en buena medida el pensamiento neoliberal o conservador en lo  económico se sustentó en la lectura realizada principalmente por <span class="SpellE">Hayek</span> de las políticas socialistas. Como ejemplo  extremo de esta visión se puede mencionar el famoso <span class="SpellE">díctum</span>  atribuido a Margaret <span class="SpellE">Thatcher</span>, representativo de su  comprensión sesgada de la realidad: «no existe tal cosa como una sociedad; sólo  existen los individuos y la familia».</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">En  opinión de <span class="SpellE">Judt</span>, si el pensamiento <span class="SpellE">ultraliberal</span> austríaco fue una respuesta –errada  naturalmente– al ascenso del fascismo, también lo fue la de <span class="SpellE"> Keynes</span>. Pero a diferencia del primero, <span class="SpellE">Keynes</span>  logró llenar el vacío que representó la inopia del pensamiento económico de la  socialdemocracia, así como el mejor papel que le correspondía al Estado en la  época inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial. En no poca medida el  fascismo fue posible en los países en que fructificó con mayor fuerza –Alemania,  Italia, Francia, Austria y Holanda– precisamente por la inanición intelectual y  la inacción de la izquierda no comunista frente a los problemas económicos del  momento, la inflación y el desempleo. Al no poder articular una respuesta  adecuada que redundara en cambios rápidos en un ambiente de fuerte degradación y  crisis sistémica de la economía, la socialdemocracia perdió toda su influencia  como alternativa al ascenso del nacionalismo extremo. </font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Como  se recordará, el fascismo, en cualquiera de sus versiones, no tenía empacho  alguno en colocar el Estado como mecanismo para contrarrestar los peores efectos  de la crisis económica. Aunque nunca logró articular una visión de conjunto como  la que maduró <span class="SpellE">Keynes</span> entre los años treinta y  cuarenta, sí logró poner el Estado como instrumento de masificación y respuesta  a aspectos coyunturales de la crisis, sin menoscabo del funcionamiento del  mercado dondequiera que fuese posible o necesario.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Esta  comprensión de un momento crítico anterior del pensamiento económico de la  izquierda le ha permitido a Tony <span class="SpellE">Judt</span> terciar en el  juicio a las políticas económicas de la actualidad, sin por ello derivar hacia  los extremos. Le deja a la izquierda una sumatoria de reflexiones susceptible de  convertirse en un programa político.</font></span><b><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">&nbsp;</font></span></b></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"><b> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"> La pasión por las ideas</span></b></p>     <p style="text-indent: 0cm; line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2"> Tradicionalmente los historiadores suelen dividirse en virtud del sesgo con que  escarban en la reconstrucción del pasado. Se habla entonces de historiadores de  lo político, historiadores de las ideas, historiadores económicos o de lo  militar y, más recientemente, del papel de las instituciones en lo económico. <span class="SpellE">Judt</span> en cambio logra una síntesis de la marcha de  las ideas a la par que reconstruye los grandes cambios de una época. O mejor  aún, las ideas fluyen como expresión de una época en la medida en que la va  narrando. Es la misma maestría de uno de sus modelos: François <span class="SpellE">Furet</span>, uno de los grandes historiadores de la  Revolución Francesa. Un buen ejemplo es </font></span><font size="2"><i> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD">Postguerra</span></i></font><span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">,  en el cual proporciona una visión de conjunto del impacto de la Segunda Guerra  Mundial tras su finalización en Europa.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">La  percepción generalizada sobre los años duros de la guerra y la posguerra es que  la polarización Eje vs. Aliados ordenaba todos las confrontaciones, divisiones  territoriales y el orden mismo en la vasta zona de conflicto en que se convirtió  Europa durante al menos década y media. Pero al decir de <span class="SpellE"> Judt</span> la realidad era más compleja. En el vasto tejido de nacionalidades,  territorios, y Estados donde la conflagración tuvo lugar la situación era más  bien de una lucha de todos contra todos, macerada en una pérdida generalizada  del orden y del monopolio de la violencia en manos del Estado. En buena medida  los cambios y recambios territoriales, las masivas migraciones y expulsiones de  los territorios significaron una situación de desastre humanitario, adicional al  Holocausto y a los asesinatos en masa de poblaciones en las zonas de conflicto  directo. Al culminar la guerra y voltearse la tortilla estas circunstancias no  cambiaron de la noche a la mañana, manteniéndose una vasta población flotante,  parte de la cual fue repatriada a sus países de origen incluso contra su  voluntad, para finalizar eliminada o simplemente desaparecida. La política de la  venganza dificultó la vuelta automática a un nuevo equilibrio, todo lo cual se  unió a la demarcación de las dos zonas que pronto serían el nuevo teatro de la  Guerra Fría.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">En  ese mundo en ruinas fueron surgiendo dos tendencias dominantes: una desde  arriba, implantada por las potencias ganadoras de la guerra en los dos espacios  donde su hegemonía militar prevaleció. Ambos, la coalición de democracias  liderada por EE. UU. y el Reino Unido y la Unión Soviética fueron reconstruyendo  su propia versión de equilibrio geopolítico, abierto y democrático en un caso e  inicialmente democrático pero constreñido por la mano de hierro del Padrecito  Stalin en el otro. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">La  segunda tendencia se perfiló desde abajo, edificada sobre la percepción de lo  que había fracasado antes y durante la guerra. La resistencia en los distintos  espacios nacionales, <span class="SpellE">subnacionales</span> e incluso locales  no se planteó sólo contra el dominio nazi-fascista sino contra el sistema  liberal anterior, incluyendo los partidos políticos tradicionales, en una  vocación de rechazo que <span class="SpellE">Judt</span> no duda en caracterizar  como revolucionaria. En Europa Oriental, el avance de partidos y movimientos <span class="SpellE">antiestatus</span> fue capturado rápidamente  ideológicamente bajo el manto soviético como resultado de la presencia del  Ejército Rojo, pero también por las bien ganadas credenciales antifascistas de  la URSS y la ausencia de una referencia socialista que pudiera resistir la  fascinación revolucionaria del Gran Hermano soviético. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">En  Europa Occidental, tras la liberación los movimientos de resistencia en buena  medida buscaban continuar la lucha radical anterior, pero ahora dirigida a la  transformación de la sociedad y la política. Aunque en ese período la  colonización del pensamiento transformador por el mito soviético tuvo un enorme  peso en la configuración de las ideas, ese espacio fue disputado por nuevas  referencias nacionales, democráticas e incluso socialistas que no cedieron  frente a la tentación totalitaria. A ello contribuyó la estrategia pacificadora  de los dos principales partidos comunistas europeos, el francés <span class="SpellE">liderizado</span> por Maurice <span class="SpellE">Thorez</span>  y el italiano por Palmiro <span class="SpellE">Togliatti</span> que, con el  visto bueno soviético, propiciaron la vuelta a la democracia parlamentaria y la  deposición de las armas por las fuerzas de la resistencia. </font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">El  legado que deja <span class="SpellE">Judt</span> como reflexión sobre lo  político contrasta con las tendencias dominantes en la ciencia política actual,  donde prevalecen los temas de la estructura constitucional como fuerza marcadora  e incluso determinante de la marcha de la política. Ciertamente que las  estructuras cuentan y la experiencia latinoamericana de hoy es una buena muestra  de ello, pero el peso de las ideas en la reconfiguración de lo político y en la  hechura de los argumentos que se contrastan diariamente en las democracias  modernas es esencial. En cierta medida se coloca en el horizonte de  historiadores como Eric <span class="SpellE">Hobsbawn</span> y François <span class="SpellE">Furet</span>, pero más inclinado hacia el segundo, en el  sentido de admitir –aun sin analizarlo directamente– el fenómeno del  totalitarismo que tanto esfuerzo intelectual ha conllevado, especialmente en el  mundo galo. <span class="SpellE">Furet</span> –y antes y después de él una  legión de analistas franceses– ha estudiado las corrientes comunes del comunismo  y el fascismo como conceptualizaciones generales sobre la vida social  abiertamente opuestas a la democracia liberal y como prácticas de acción  política y militar destinadas a extirpar cualquier vestigio de disensión  política. Pero aunque <span class="SpellE">Judt</span> no entra al terreno de  las disquisiciones teóricas en torno al fenómeno, sí analiza sus efectos y su  impacto en la recomposición social y política del viejo continente.</font></span></p>     <p style="line-height: normal" align="justify"> <span style="font-family: Verdana,sans-serif" lang="ES-TRAD"><font size="2">Un  breve comentario para finalizar sobre la sustancia de la política. Con la caída  del imperio soviético y la reingeniería capitalista de China la izquierda  mundial quedó muda por más de dos décadas. La excepción a la regla ha sido  Latinoamérica. Estudiar a <span class="SpellE">Judt</span> es importante no sólo  porque reivindica la lectura del pasado como antídoto de las perversiones y  tentaciones a las que son susceptibles las naciones, sino porque también rescata  la bandera ética para el juicio de las realidades contemporáneas. Ello se pone  de manifiesto en su crítica al papel de los intelectuales franceses en la  posguerra, que ayudaron a ponerle la mesa al avance intelectual del <span class="SpellE">stalinismo</span>, haciéndose oídos sordos al Gulag y demás  perversiones de la política que encarnó el totalitarismo soviético. Pero  igualmente reivindica la rabia como movilizadora del pensamiento. No es posible  callar ante el propósito de la derecha estadounidense e inglesa de desmantelar  los innumerables logros sociales de la posguerra, conjuntamente con el  fortalecimiento de la democracia, el mejor legado de Occidente al bienestar de  la humanidad.</font></span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="line-height: normal; margin-bottom: .0001pt" align="justify"> <span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana,sans-serif">Hoy la misma  rabia es aplicable a América Latina. Si bien la región se ha convencido de que  son necesarios instrumentos de corto y de largo plazo para combatir la pobreza y  de que el Estado tiene una responsabilidad decisiva en hacerlos posibles –como  bien lo muestran Brasil, México y Perú–, ello no puede ocurrir a expensas de las  libertades que la democracia procura: el derecho de la oposición a ser gobierno,  la libertad de expresión y de prensa, los derechos individuales y colectivos a  la vida y la igualdad ante la ley. Lamentablemente esos derechos se deterioran  cada día en la era de reconstrucción democrática que vive el <span style="letter-spacing: .1pt">continente e incluso hoy se experimenta una  campaña para disminuir, neutralizándolo, el </span>sistema interamericano de  derechos humanos que tanto ayudó a crear las condiciones políticas y  argumentales para enfrentar los horrores de las dictaduras en el Cono Sur. Sólo  si la izquierda consigue el equilibrio entre estos dos polos de justicia humana  merecerá ese nombre y podrá reivindicar un papel definitivo en el quehacer de  sus naciones.</span></p>       ]]></body>

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