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</front><body><![CDATA[ <p align="center"><b><font face="Verdana">Las Minas de Almadén vistas por un  Médico. </p>     <p align="center">The Mines of Almadén dress for a Medical.</p> </font></b>     <p align="center"><b><font SIZE="2" face="Verdana">José Tejero Manzanares<sup>1</sup>  &amp; Francisco de Paula Montes Tubío<sup>2</sup></p> </font></b>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font size="2"><font face="Verdana">Lugar del Estudio:  Fundación Almadén &quot;Francisco Javier de Villegas&quot;, 13.400, Almadén (Ciudad  Real)-España</font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">1 Universidad de Castilla-La Mancha. España <a href="mailto:jose.tejero@uclm.es">jose.tejero@uclm.es</a></font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">2 Universidad de Córdoba. España <a href="mailto:ir1motuf@uco.es">ir1motuf@uco.es</a></font></p>     <p ALIGN="justify"><font face="Verdana">Fecha de recepción: 09 de marzo de 2011  Fecha de aceptación: 17 de marzo de 2011</font></p> </font>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font SIZE="2" face="Verdana"><b>Introducción </p> </b>     <p ALIGN="JUSTIFY">El interés por ahondar en los antecedentes históricos de la  minería y metalurgia del mercurio, en particular la de las Minas Almadén,  ubicadas en Ciudad Real (España), han capitalizado, principalmente desde la  segunda mitad del siglo XVI, la atención de ingenieros y sanitarios hacia los  problemas de salud derivados del trabajo (Zarraluqui, 1983). La nocividad del  proceso de obtención del azogue y la trascendencia económica alcanzada por este  metal justifican esa atención (Dobado, 1982). En este trabajo, presentamos el  testimonio de uno de los observadores más cualificados de la realidad de la vida  laboral de los trabajadores de las Minas de Almadén (primera productora mundial  de mercurio) durante la primera mitad del siglo XX a través de la mirada del  médico José Domínguez Llorena (Domínguez, 1955). Su amplia experiencia dedicada  a la actividad asistencial de los mineros y operarios metalúrgicos de estas  minas, prolongada durante casi veintiún años, le convierten en un profundo  conocedor de los riesgos ocupacionales en estas actividades minero-metalúrgicas  por exposición al riesgo mercurio. </p> <b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Diversos testimonios sobre salud laboral a lo largo de la  historia de Minas de Almadén </p> </b>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">Como señaló Sigerist (1936), los <i>morbi metallici </i> fueron las primeras enfermedades de carácter profesional que atrajeron la  atención de los autores médicos. Prueba de ello es que, desde la segunda mitad  del siglo XV, en que Ulrich Ellenbog redactó un breve escrito sobre los riesgos  ocupacionales de los operarios de orfebrería de la ciudad alemana de Augsburgo  hasta el siglo XVIII, los problemas de salud derivados de la obtención y  manipulación de los metales capitalizaron los testimonios médicos dedicados al  mundo laboral y buena parte de éstos tuvieron por objeto las enfermedades  producidas por el mercurio, cuyos efectos nocivos no sólo afectaba a los  mineros, operarios metalúrgicos y a aquellos que lo aplicaban en la purificación  de metales preciosos, sino también a los que lo administraban o recibían con  fines terapéuticos. Pero lo que es indudable es que, de todos ellos, el sector  minero-metalúrgico es el que involucró a un mayor número de trabajadores y el  que sometía a sus operarios a condiciones de trabajo más extremas. Conviene  apuntar que el interés por la prevención de estas enfermedades mercuriales, no  solo se centró en médicos, sino también en los propios ingenieros responsables  de los sistemas de producción mineros y metalúrgicos. Prueba de ello, han sido  las magníficas colaboraciones que al respecto se han dado entre los equipos de  ingenieros y el personal sanitario de las Minas de Almadén a lo largo de su  historia. </p>     <p align="justify">La mayor parte de los testimonios recogidos por la  historiografía médica a este respecto proceden de autores, principalmente  centroeuropeos, cuyas observaciones y noticias hacían referencia a las minas de  azogue de Idria. Las noticias sobre enfermedades procedentes de la mina de  cinabrio peruana de Huancavelica alcanzaron el continente europeo a través de  obras de contenido no médico, concretamente, por parte de sus gobernadores Juan  de Solórzano Pereira (1616-1619) y Antonio Ulloa (1748-1764), lo que sin duda  dificultó su difusión entre los sanitarios de la época (Whitaker, 1941).  Respecto a Almadén, el primer escrito que alcanzó relevancia y, a la postre el  más citado fuera de nuestras fronteras, fue la memoria presentada por Antoine de  Jussieu a la Academia de Ciencias de París en 1719 después de haber realizado  una visita a las Minas, logrando una gran difusión gracias a la inclusión de la  obra de Álvaro Alonso Barba en 1751. Otra figura que mostró interés en este tema  fue la del médico de las Minas de Almadén, Francisco López de Arévalo, quien en  1755 remitió una carta con información relativa a las enfermedades de los  mineros al francés Francois Thiéry, quien la incluyó en su publicación &quot;Observations  de Physique et de Médecine faites en diférens lieux de 1’Espagne&quot;. El texto de  López de Arévalo, tradicionalmente considerado como uno de los más tempranos y  significativos testimonios de los médicos españoles sobre el mundo laboral, ya  ha sido objeto de estudio (Dobado, 1989). Por último, </font><font SIZE="2"> <font face="Verdana">merecen destacarse las tres memorias que en 1783 redactó el  ingeniero canario Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824). En la segunda y  tercera de ellas, dedicadas al estudio de las máquinas que se usan en las Minas  y al procedimiento metalúrgico empleado en Almadén, respectivamente, Betancourt  señaló algunos de los riesgos que entrañaban estas actividades (González &amp;  Fernández, 1990). Sin embargo, la principal aportación al conocimiento de los  problemas sanitarios de los mineros de Almadén durante el siglo XVIII, ha  permanecido inédita hasta hace muy poco tiempo. Se trata del manuscrito titulado  &quot;Catástrofe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue&quot;,  compuesto en torno a 1778 por el médico catalán José Parés y Franqués, sucesor  de López de Arévalo en las funciones de médico de las Minas (Menéndez, 1998).  Ninguno de los repertorios bio-bibliográficos de carácter histórico-científico  dedica mención alguna a Parés a excepción hecha del excelente compendio  bibliográfico sobre minería hispanoamericana elaborado por los ingenieros Maffei  &amp; Rúa Figueroa (1871-1872). También hacen repetido uso de la abundante y valiosa  información que a este respecto contienen los escritos de Parés, el segundo  volumen de la obra de Matilla Tascón (1987) y, en segundo lugar, los trabajos  del economista Dobado González sobre los elementos determinantes de la relación  salarial de las Minas durante la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX.  No podemos dejar pasar por alto la figura del ingeniero Luis de la Escosura  (1829-1904), quien en su publicación &quot;Historia del tratamiento metalúrgico del  azogue en España&quot; de 1878, al analizar las características de los distintos  hornos utilizados hasta entonces en Almadén, no pudo obviar las condiciones de  trabajo de los operarios metalúrgicos (Escosura, 1878). </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">El estudio del hidrargirismo, su  prevención y curación han sido constantes entre los profesionales sanitarios del  establecimiento minero, quienes han dejado muchos informes sobre este tema,  entre los que cabe citar el estudio &quot;El hidrargirismo en las Minas de Almadén&quot;  escrito por el doctor Sánchez (1923). También tuvo gran eco en la prensa de la  época las manifestaciones de las intoxicaciones por vapor de mercurio de los  mineros de las Minas de Almadén, tras una visita a las minas de unos periodistas  del diario ABC, de tirada nacional, acompañados del doctor Guillermo Sánchez y  del consejero Julio Zarraluqui en junio de 1931 (ABC, 1931), que a nuestro  juicio no recogieron de una manera precisa y sí exagerada y con ciertos tintes  de morbosidad. Finalmente, le tomó relevo el médico José Domínguez Llorena. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Sin duda alguna, estos médicos e  ingenieros, así como tantos otros que no se mencionan y que han formado parte de  sus equipos, han constituido la base de una cantera de excelentes profesionales  como el Médico Santiago Español Cano, último responsable del Departamento  Sanitario y de Prevención de Riesgos Laborales de Minas de Almadén hasta el fin  de sus actividades minero-metalúrgicas. </font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Breve apunte biográfico de José Domínguez Llorena </p> </b>     <p align="justify">Como antesala al abordaje del legado que ha dejado José  Domínguez Llorena, en su mirada al trabajo en las minas y metalurgia de Almadén,  vale reseñar algunos aspectos personales significativos de su vida. Nació el día  5 de septiembre de 1905 en Madrid, donde tuvo su lugar de residencia hasta el  año 1945. Cursó toda la carrera en la Facultad de Medicina de Madrid y se  licenció en dicha Universidad. Durante el segundo semestre del año 1929 residió  en París para ampliar sus estudios en el Hospital Dieh y en Berlín en el  Hospital de La Charité. Fue Profesor Ayudante de Prácticas en la Cátedra de  Cirugía de Madrid entre los años 1928 a 1932. Médico Forense por Oposición en el  mes de junio de 1936. También desempeñó el puesto de Cirujano de la Fábrica  Nacional de Moneda y Timbre. Médico Cirujano del Real Hospital de Mineros de las  Minas de Almadén desde el 30 de septiembre de 1944, tomando el relevo de quien  fuera también Director el doctor Guillermo Sánchez Martín, quien se jubiló poco  antes, concretamente el 21 de agosto. Fue Especialista en Cirugía del Seguro  Obligatorio de Enfermedad, Sector de Puertollano. Miembro colaborador del  Instituto de Medicina y Seguridad del Trabajo desde el 7 de junio de 1949, con  Delegación en Almadén. Nombramiento de Fellow del Capítulo Español del Colegio  Internacional de Cirujanos el 12 de mayo de 1953. Fue nombrado Médico Jefe de  los Servicios Sanitarios de las Minas de Almadén en julio de 1955. Falleció en  Asturias el 19 de agosto de 1965 a los 59 años de edad. Uno de sus principales  aportes en la denuncia de los problemas de salud derivados del trabajo en las  minas se recoge en su conferencia titulada <b>&quot;Las Minas de Almadén vistas por  un médico&quot;</b>, de la cual extraemos y comentamos algunos de los aspectos de  interés, en el área de la salud ocupacional, que valen la pena destacar.</p> </font><b><font SIZE="2" face="Verdana">     <p ALIGN="JUSTIFY">Discusión sobre los temas de Salud Ambiental y Ocupacional de  la conferencia &quot;Las Minas de Almadén vistas por un médico&quot; </p> </font></b><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="JUSTIFY">A continuación, se analizan aquellos aspectos relacionados  con la Salud Ambiental y Ocupacional que se desprenden de la conferencia  impartida por José Domínguez Llorena en mayo de 1955 en Madrid y a petición de  la Cátedra Gregorio Marañón tras convencerle su amigo el Dr. Martínez Díaz, poco  antes de ser nombrado Médico Jefe de los Servicios Sanitarios de las Minas de  Almadén. No queremos pasar por alto un detalle que nos resulta curioso y de ahí  que lo señalemos. Es el hecho de que la introducción de la conferencia tratara  la historia de las Minas de Almadén con cierta profundidad, porque según él  entendía en aquel momento, era conocida por pocos españoles y no se hacían una  idea de la inmensa e inagotable riqueza que representaba para España.  Seguidamente, como se ha dicho, se examinan aquellos aspectos más relevantes de  esta interesante conferencia fruto de la experiencia laboral de Domínguez  Llorena en el campo de la Salud de los Trabajadores. Se destaca en su discurso  que: </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">1. El temblor de los mineros se reconocía como síntoma  capital del hidrargirismo profesional y como casi único problema de la  explotación de las Minas y actividades metalúrgicas, donde la intoxicación tenía  verdadero peligro, llegando a constituir el principal escoyo con que tropieza su  laboreo. Estaba claramente determinado que lo que se producía en los obreros de  las Minas de Almadén era una intoxicación crónica provocada únicamente por los  vapores de mercurio. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">2. La mortalidad era prácticamente nula, pues debido al  conocimiento que de la enfermedad se tenía, las medidas de protección para el  obrero y el especial régimen de trabajo, nunca les permitía llegar al estado  florido de las formas graves que a finales del siglo XIX y en los primeros años  del XX, eran frecuentes y que dieron lugar a la leyenda negra que pesa sobre  Almadén. Profundizando en este sentido, se aprecia la evidente relación entre  esta aseveración realizada por el médico con la influencia que en positivo  supuso la implantación de los Hornos Cermak-Spirek y Spirek en 1904 y de esta  forma contribuir en la disminución de la intoxicación mercúrica al suponer un  avance tecnológico en aquella época, mejorando notablemente las condiciones de  higiene y salubridad de los operarios metalúrgicos. </p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p ALIGN="JUSTIFY">3. Se conocían perfectamente los mecanismos de absorción del  mercurio por todas las vías (cutánea, respiratoria y digestiva) siendo la más  interesante en este caso, la respiratoria, por tratarse de intoxicaciones  debidas a vapores mercuriales, llegando a representar más de 80% del mercurio  que las producen. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">4. Una de las principales razones para la intoxicación de los  mineros era la extraordinaria riqueza del cinabrio de las Minas, que en algunos  lugares llegaba a 80% y que junto a la existencia de mercurio nativo que a veces  chorreaba por la roca, provocaban con la temperatura existente en el interior de  la Mina el desprendimiento de vapores mercuriales de manera constante, puesto  que se producía una destilación continua, que aunque pequeña en valor absoluto,  en cada frente era muy grande en valor relativo. Este mercurio aunque en volumen  no simbolizaba una gran cantidad, como estaba extremadamente dividido,  representaba una enorme superficie de evaporación y estos vapores desprendidos  impregnaban de tal manera el aire de algunos lugares de la Mina, que a la larga  hacían intolerable aquella atmósfera para el obrero. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">5. Existía el conocimiento de que cuando se absorbe una  cantidad de mercurio mínima y se sobrepasan los umbrales de eliminación, éste a  través del flujo sanguíneo, impregna las células de los órganos de los operarios  intoxicados, que después de retirados del trabajo incluso años y de  habitualmente no presentar manifestaciones tóxicas, bastaba un episodio  emocional, infeccioso o un traumatismo, para que bruscamente aparecieran  temblores, síntomas dispépticos, etc. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">6. Las vías de eliminación del mercurio eran todas, pero al  personal sanitario les interesaba, por resultarles más fácil la investigación,  el sudor y la orina y, por la sintomatología aguda que produce en la saliva. </p>     <p ALIGN="JUSTIFY">7. Ingenieros y médicos higienistas ya tenían muy claro que  sus armas para combatir el hidrargirismo era prevenirlo y no curarlo. </p>     <p align="justify">8. El mercurialismo en los trabajadores de las Minas de  Almadén se exhibía de forma aguda caracterizada fundamentalmente por síntomas  digestivos, salivación, empastamiento de las glándulas salivales, gíngivo-estomatitis,  enterocolitis y rectitis, forma que hay que reseñar se daba frecuentemente en  los hornos de destilación cuando alguno de ellos se atascaba y </font> <font size="2"><font face="Verdana">se desatascaba bruscamente. Justo en aquella  época, poco antes que tuviera lugar la conferencia, este asunto de tener que  desatascar los hornos había dejado de ser un problema gracias a la puesta en  funcionamiento de los Hornos Pacífic (de última tecnología) en el año 1955. La  intoxicación crónica era la forma que mayormente se manifestaba y, aparte de  otros síntomas menores digestivos y renales así como las alteraciones de la  sangre, que consistían en discreta anemia y leucopenia con linfocitosis  relativa, destacaban ostensiblemente los neurológicos, entre ellos, como signo  patognomónico, el temblor, el más importante del síndrome. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">9. Los síntomas neurológicos que  aparecían eran posteriores al temblor mercurial y, por tanto, solo se observan  en sujetos profundamente intoxicados, caso que no podía darse en aquellos años  puesto que se sometía a los operarios a un reconocimiento cada tres meses y,  algunos gremios, todos los meses, siendo retirados del trabajo al más mínimo  signo de temblor. Los síntomas como la irritabilidad, el eretismo y el cambio de  carácter que aparecen como consecuencia de la afección del sistema nervioso eran  raros, así como la falta de memoria, los delirios, las alucinaciones y  trastornos demenciales. Las polineuritis también eran raras y tampoco se  observaron las parálisis de las que hablan otros autores, imperando en este caso  la gran experiencia acumulada al respecto en la Empresa. Los reflejos, salvo  raras excepciones, estaban exaltados en el territorio del facial. Entre las  perturbaciones motoras, sí se daban los trastornos de la palabra o disartria con  frecuencia. Al principio arrastraban las palabras de difícil pronunciación,  constituyendo lo que se ha llamado &quot;Pselismus Mercurialis&quot;, cuando ante personas  desconocidas cuya presencia aumentaba su ansiedad, tartamudeaban francamente,  para en casos excepcionales presentar un mutismo completo. También eran  frecuentes las alteraciones de la marcha, francamente atáctica en los casos  intensos. Todos estos síntomas junto con las alteraciones pupilares que a veces  se observaban, hizo que el cuadro neurológico de esta intoxicación fuera  comparado por algunos autores con lo que más parecido tiene: la esclerosis en  placas y, a veces, el Párkinson. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">10. La experiencia demostraba que el  clásico &quot;tremor&quot; afectaba como era natural a la musculatura voluntaria. Eran los  miembros superiores los primeros en afectarse y, principalmente, las manos, más  tarde la cabeza y cuello, siendo particularmente atacados los músculos de la  lengua y, posteriormente, los de las extremidades interiores. A veces era  simétrico, evidenciado por contracciones musculares oscilantes, no bien  limitadas, pero casi siempre era muy irregular y relativamente lento (de dos a  cuatro oscilaciones por segundo), variando también su amplitud, que iba desde un  milímetro hasta tres y más centímetros. Era intermitente, aparecía como por  ataques, aunque en los intoxicados graves era constante, persistiendo incluso en  la cama, donde en tiempos anteriores hubo que recluir algunos porque no les era  posible la bipedestación, teniendo aún así que sujetarles para darles el  alimento. A éstos eran a los que llamaban &quot;modorros&quot;, por comparación a las  ovejas atacadas de Cenuro cerebral. Aclaraba Domínguez Llorena que estas  situaciones solo pertenecían al pasado, pues hacia el año 1910 se instituyó un  sistema de trabajo que junto con las medidas de higiene implantadas por el  anterior Jefe de los Servicios Sanitarios en 1924, el doctor Sánchez Martín,  hicieron que estos lamentables casos, que dieron lugar a la &quot;Leyenda Negra&quot; que  pesa sobre Almadén, desaparecieran para siempre. A veces, junto al temblor  aparecían lo que llamaban &quot;levantarse las calambres&quot; o contracciones tónicas, a  menudo muy dolorosas y que, precisamente, se intensificaban por la emoción. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">11. En cuanto a la patogenia, el médico  Domínguez desechó las emitidas por autores como Charkof y Kusmaul porque  señalaron a la intoxicación mercurial como una neurosis tóxica, expresión de un  histerismo latente. Lo justificaba porque en determinadas circunstancias  trabajaron allí obreros de otras provincias y que nunca habían estado en  contacto con mineros de Almadén, de absoluta y total normalidad afectiva o  efectiva, lo mismo que ingenieros, etc. y, sin embargo, terminaron temblando en  cuanto se pusieron en contacto con el mercurio el tiempo suficiente. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">12. Domínguez otorgó a Raimond y Sicard  el mérito de aportar el primer argumento seguro a favor de la teoría orgánica  del temblor mercurial al hallar en uno de sus enfermos indicios de mercurio en  líquido cefalorraquídeo. Con frecuencia se observaron signos orgánicos  consistentes en modificaciones de los reflejos, marcha titubeante, trastornos de  la palabra. Aseveró que en contra de la opinión clásica, el temblor mercurial no  era resistente a la psicoterapia y a la sugestión. </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="Verdana">13. En cuanto al tratamiento del  hidrargirismo, Domínguez Llorena afirmaba que no había otra forma que abandonar  el trabajo con riesgo de exposición al mercurio. Se había demostrado que a pesar  de apartar del trabajo a todo obrero que había manifestado temblores, éstos  volvían a temblar al poco tiempo. Investigaron el tratamiento mediante  medicamentos como la Rongalita y el Bal. Con el primero de ellos se obtuvieron  resultados tan mediocres que desistieron de su uso. Del segundo, no aclara nada  sobre los resultados de la investigación. Como resultado de las medidas  propuestas por los ingenieros y médicos higienistas de la empresa, se dictaron  una serie de disposiciones y medidas consistentes en reducir la exposición de  los operarios al mercurio acortando la jornada y espaciándolas en el tiempo. Los  resultados se tradujeron en una intoxicación menos grave y más tardía en su  manifestación. Los obreros terminaron trabajando 48 horas al mes divididas en 8  jornadas de 6 horas, o sea, trabajaban un día y descansaban dos (cobraban la  nómina correspondiente a los 30 días del mes). Este régimen duraba nueve meses  al año, pues los otros tres consistían en trabajos de exterior al aire libre.  Además, se reconocía a todo el personal que trabajaba en el interior de la mina  trimestralmente. A aquellos obreros que mostraban los primeros síntomas de  intoxicación, eran apartados inmediatamente del tajo, que según su estado, se  les trasladaba a trabajos del exterior o a tratamiento consistente, primero, a  un baño de rayos ultravioletas, que provocaba la aceleración del metabolismo  desplazando al mercurio desde los órganos en que se depositaba hasta el sistema  circulatorio, para después ser eliminado mediante sudoración forzada en la &quot;caja  Kelloj&quot; que se puede observar en la fotografía de la <a href="#fig1">Figura Nº 1</a>.</font></p>     <p align="center"><font face="Verdana"><a name="fig1"> <img border="0" src="/img/fbpe/st/v19n1/art08fig1.gif" width="412" height="474"></a></font></p>     
<p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">Para evitar pérdidas proteicas y sales  minerales durante este tratamiento, se administraba a continuación un ponche o  tónico consistente en leche, huevo y azúcar y, además, se les suministraba  ampollas de Benadon y cloruro cálcico. Afirma Domínguez, que todas estas  prácticas eficaces y racionales se debieron al doctor Sánchez Martín, anterior  Jefe de los Servicios Sanitarios como se apuntó anteriormente. Con estas medidas  se conseguía restablecer al obrero y devolverlo al trabajo al cabo de un mes y  medio. Como consecuencia de estas mejoras introducidas en la higiene y salud del  trabajo en las Minas de Almadén, la edad de jubilación subió de los 55 a los 60  años. </font></p>     <p align="justify"><font face="Verdana">14. Domínguez, en esta conferencia, no  dejaba de manifestar cierto asombro por las magnitudes y particularidades de  estas minas y describió así sus galerías: carentes de riesgo catastrófico y de  gases inflamables, sin explosiones (nada más que la de los barreneros), sin  apenas desprendimientos (que avisan previamente mediante el &quot;chinateo&quot;),  destacando que en algunos lugares eran tan anchas como las del metro de Madrid.  Una cuestión que creemos es de resaltar por su importancia para la época, es que  contando la empresa con un total de 1.500 operarios, podía transcurrir un año  sin muertes ni accidentes graves. Recalcaba que el único peligro insidioso y  traidor era el mercurio. </font></p>     <p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">15. Terminó hablando sobre la  personalidad de los mineros de Almadén. En contra de lo que se pensaba y decía  sobre ellos (su altanería, dados a la pendencia y al vicio, atraídos por los  altos jornales, despreciando el peligro y amando la aventura), Domínguez ponía  de manifiesto y quería dejar ante todo muy claro que en Almadén ni se daban  altos jornales ni se daban a la aventura, pues formaban una gran familia ya que  para ingresar en el Establecimiento Minero era necesario haber nacido en uno de  los cuatro pueblos en los que se asentaba la concesión minera (Almadén, Chillón,  Almadenejos y Alamillo) o ser hijo de minero, que más que un privilegio era una  necesidad, pues él seguía narrando que sólo ellos eran capaces de sacar aquel  mercurio de la roca. Se basaba en el hecho de que en más de una ocasión, bien  personal bajo el mandato de un subcontratista que trabajaba a destajo, bien  personal procedente de la filial Arrayanes, incluso penados que redimían sus  penas a cambio de trabajar en estas Minas, sucumbieron ante la dureza de estos  trabajos terminando temblones y sin dientes, con intensas diarreas y  materialmente destrozados a los pocos meses. Sin embargo, agregaba Domínguez,  curiosamente los mineros oriundos que llevaban 20 años trabajando en la mina, ni  temblaban ni habían temblado nunca y conservaban todos sus dientes. Le llamaba  la atención la experiencia que adquirían desde niño escuchando a sus padres y  abuelos decir expresiones como &quot;chica, ponme agua que hoy he estado en las  quintas de San Diego y hoy he percibido mucho&quot; cuando volvían a sus casas  después de la dura jornada de trabajo, de tal forma que, cuando llegaban a ser  mineros, conocían los lugares donde había que cuidarse y sabían que al llegar a  casa había que quitarse la ropa enseguida, lavarse, beber poco vino e irse al  campo para airearse. En cambio, a los que no conocían el lugar, le parecía  peligroso porque hacía calor, había polvo y se sentía humedad y opresión en el  pecho, condiciones que para los trabajadores oriundos del pueblo resultaban  normales, a pesar del riesgo que estas condiciones representaban para su salud. </font></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><b>     <p ALIGN="JUSTIFY">Reflexiones </p> </b></font><font SIZE="2">     <p align="justify"><font face="Verdana">La conferencia &quot;Las Minas de Almadén  vistas por un Médico&quot; de José Domínguez Llorena, está claramente enmarcada en el  área de la Salud Ambiental y Ocupacional en las legendarias Minas de Almadén,  distinguidas por la riqueza de su mineral y por su larga explotación durante más  de veinte siglos y, por ello, uno de los lugares más críticos y expuestos a la  contaminación mercúrica, por tanto, siendo sus trabajadores los más castigados a  lo largo de la historia por la enfermedad del hidrargirismo, la máxima  preocupación del colectivo de médicos e ingenieros de la empresa y que, por lo  que se desprende de esta comunicación, ya se había conseguido erradicar. De  manos de la experiencia del que fuera Médico- Jefe de los Servicios Sanitarios  de las Minas, se han recogido las condiciones laborales de los trabajadores y,  como consecuencia, las manifestaciones habituales en su salud (sintomatología y  síntomas neurológicos-el temblor mercurial) en función del nivel de impregnación  mercúrico que se alcanzaba en aquellos años, poniendo de manifiesto aspectos de  la enfermedad muy conocidos ya en Almadén como su etiología, mecanismos de  absorción, vías de eliminación y tratamiento. Podemos llegar a otra conclusión  como es el gran avance experimentado en materia de prevención en estas Minas  desde principios de siglo XX a partir de la introducción de los hornos Cermak-Spirek  y hornos Almadén y del aporte en los conocimientos de los índices mercuriales en  ambiente y en fluidos biológicos a partir de la figura del doctor Guillermo  Sánchez Martín, al final del primer cuarto del siglo, que se tradujeron  igualmente en una mejora de las calidades ambientales y de las condiciones de  trabajo en el interior de las minas. Un gran paso se dio en el departamento  metalúrgico con la puesta en funcionamiento de los hornos Pacific en el año  1955, que permitieron reducir extraordinariamente la exposición de los operarios  a los vapores mercuriales. Tenían muy claro que la única forma de contraer la  enfermedad era no exponiéndose al mercurio o exponiéndose menos tiempo, o bien  mediante la implantación de unas medidas preventivas que evitaran los casos de  hidrargirismo y que, en esta ocasión, fueron mantenidas hasta el final de la  explotación minera como la reducción de jornada y la disminución del número de  jornales mensuales junto al cambio de puestos de trabajos de exterior (sin  exposición mercúrica) a lo largo de tres meses al año. Algunas de estas medidas  han sido y, pueden suponer aún, un ejemplo y una referencia para explotaciones  mineras dedicadas a la obtención de este misterioso metal e incluso, para  actividades industriales en que exista el riesgo mercurio.</font></p> <b>     <p align="justify"><font face="Verdana">Referencias Bibliográficas </font></p> </b>     <!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">1. ABC. (1931, junio 7). El Servicio  Sanitario de las Minas de Almadén. p.13. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888548&pid=S1315-0138201100010000800001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">2. Dobado, R. (1982). Salarios y  condiciones de trabajo en las Minas de Almadén, 1758-1839. En P. Tedde (Ed.). </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>La economía española a1 final del  Antiguo Régimen II. Manufacturas </i></font><font face="Verdana" size="2">(pp.  339-440). Madrid: Alianza Editorial, Banco de España.</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888549&pid=S1315-0138201100010000800002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana" size="2">3. Dobado, R. (1989). </font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>El trabajo en las minas de Almadén</i></font><font size="2"><font face="Verdana">,  1750-1855. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888550&pid=S1315-0138201100010000800003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">4. Domínguez, J. (1955). Las minas de  Almadén vistas por un médico. Almadén: Archivo Histórico Fundación Almadén  &quot;Francisco Javier de Villegas&quot;, Signatura: MUT-165. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888551&pid=S1315-0138201100010000800004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">5. Escosura, L. (1878). </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>Historia del tratamiento del azogue en España</i></font><font size="2"><font face="Verdana">.  Madrid: Imprenta y Fundición de M. Tello. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888552&pid=S1315-0138201100010000800005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">6. González, I. &amp; Fernández, J. (1990).  M</font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>emorias de las Reales Minas de  Almadén (1783) de Agustín de Betancourt y Molina. </i></font><font size="2"> <font face="Verdana">Madrid: Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888553&pid=S1315-0138201100010000800006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">7. Maffei, E. &amp; Rúa, R. [1871,1872].  (1970). Apuntes para una biblioteca española de libros, folletos y artículos,  impresos y manuscritos, relativos al conocimiento y explotación de las riquezas  minerales y a las ciencias auxiliares. En La minería hispana e iberoamericana.  Contribución a su investigación histórica, Estudio. Fuentes, Bibliografía. </font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>VI Congreso Internacional de  Minería, </i></font><font size="2"><font face="Verdana">(Vols. 2 y 3). Madrid:  J. M. Lapuente. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888554&pid=S1315-0138201100010000800007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">8. Matilla, A. (1987). </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>Historia de las Minas de Almadén. Volumen II.  [Desde 1646 a1799]</i></font><font size="2"><font face="Verdana">. Madrid: Minas  de Almadén y Arrayanes, S.A. e Instituto de Estudios Fiscales. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888555&pid=S1315-0138201100010000800008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">9. Menéndez, A. (1998). C</font></font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>atástrofe  morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue (1778) de  José Parés y Franqués. </i></font><font size="2"><font face="Verdana">Cuenca:  Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888556&pid=S1315-0138201100010000800009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">10. Sánchez, G. (1923). </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>Reglamentación en relación con las condiciones  higiénicas presentado por Guillermo Sánchez Martín Médico Jefe de los Servicios  Sanitarios, año 1926</i></font><font size="2"><font face="Verdana">. Almadén:  Archivo Histórico Fundación Almadén &quot;Francisco Javier de Villegas&quot;, Signatura:  D-1920/2/1. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888557&pid=S1315-0138201100010000800010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">11. Sigerist, H. (1936). Historical  Background of Industrial and Occupational Diseases. </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>New York Bulletin of the New York Academy of  Medicine, 12, </i></font><font size="2"><font face="Verdana">597-609. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888558&pid=S1315-0138201100010000800011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p ALIGN="JUSTIFY"><font face="Verdana">12. Whitaker, A. (1941). </font></font> <font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>The Huancavelica Mercuy Mine. A Contribution to  the History of the Bourbon Renaissance in the Spanish Empire. </i></font> <font size="2"><font face="Verdana">Westport: Greenwood Press Publishers. </font> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888559&pid=S1315-0138201100010000800012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana">13. Zarraluqui, J. (1983). </font> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2"><i>Los almadenes de azogue (Minas de  Cinabrio). La Historia frente a la Tradición. </i>Madrid: Librería Internacional  de Romo (Reimp).</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2888560&pid=S1315-0138201100010000800013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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