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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This article explores one of the most complex challenges currently faced by modern schools: The articulation of non-merchandized grassroots knowledge with conventional school curricula. Using the field of ethnobotany as a point of focus, we explain how historically, the modern school has marginalized local knowledge and experiences by emphasizing the rational individual as the basic unit of society, stimulating anthropocentrism, supporting the fragmentation of knowledge, and promoting universal standards and credentialism in the creation of one kind of school. To transcend the monopolistic, exclusionary character of the modern school, we propose a dialogue of knowings between positivist epistemology and alternative forms of knowing. This analysis leads us to conclude that the pluralization of knowings starts with a respectful dialogue in which a parallelism is established between different epistemologies, and the other is viewed as an equal, contingent but valid. Once dialogue is established, the parallelism may remain or it could result in the creation of a syncretic epistemology in which dissimilar traditions of thought fuse to create new forms of knowledge. This dialogue of knowings is opposed to an epistemological nihilism that negates any possibility for fertile dialogue between scientific knowledge and other forms of knowledge. Regarding the concrete manifestation of this dialog of knowings in schools, we propose a critical pedagogy of place with three axes: cultural decolonization, learning from place, and productive education. A plural school that respectfully recognizes the diversity of knowings that emerges from local and marginalized communities and that articulates them with the development of scientific knowledge could constitute an ideal setting for awakening and channeling the ethical attitudes and corresponding behaviors of students as they face the environmental crisis.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3"> <MULTICOL GUTTER="10" COLS="2">     <P ALIGN="CENTER"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"><B>Etnobot&#225;nica, modernidad y pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar</B></FONT></P>     <P ALIGN="CENTER"><b><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"> Ethnobotany, Modernity, and a Critical Pedagogy of Place</FONT></b></P>     <P ALIGN="CENTER"><b><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Alberto Arenas y Carlos del Cairo</FONT></P> <font size="2" face="Verdana"></font></b>    <P ALIGN="justify"> <FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Universidad de Arizona, Estados Unidos.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Universidad de Arizona, Estados  Unidos / Universidad Javeriana, Colombia.</FONT></P> </MULTICOL>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>RESUMEN<I>&nbsp;</I></B> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> El presente art&#237;culo explora uno de los desaf&#237;os m&#225;s complejos que enfrenta  la escuela moderna: la articulaci&#243;n de los saberes vern&#225;culos no mercantilizados  con los curr&#237;culos escolares convencionales. Usando como enfoque la etnobot&#225;nica,  explicamos c&#243;mo hist&#243;ricamente la escuela moderna ha marginado los conocimientos  y experiencias locales al enfatizar al individuo racional como la unidad  b&#225;sica de la sociedad, estimular el antropocentrismo, impulsar la fragmentaci&#243;n  del conocimiento, y promover est&#225;ndares universalistas y el credencialismo  en la creaci&#243;n de una escuela &#250;nica. Para trascender el car&#225;cter monop&#243;lico  y excluyente de la escuela moderna, proponemos un di&#225;logo de saberes entre  la epistemolog&#237;a positivista y formas alternas de conocimiento. El an&#225;lisis  nos lleva a concluir que esta pluralizaci&#243;n de saberes comienza por un  di&#225;logo respetuoso en el que se establece un paralelismo entre las diferentes  epistemolog&#237;as y se considera al otro como un igual, contingente, pero  v&#225;lido. Una vez entablado el di&#225;logo, el paralelismo puede permanecer o  puede resultar en la creaci&#243;n de un sincretismo epistemol&#243;gico en el cual  tradiciones dis&#237;miles de pensamiento se fusionan para crear nuevas formas  de conocimiento. Este di&#225;logo de saberes se opone a un&nbsp; nihilismo  epistemológico que niega cualquier posibilidad de diálogo fértil entre el  conocimiento científico y otros saberes. En cuanto a la manifestación concreta  de este diálogo de saberes en el ámbito escolar, proponemos una pedagogía  crítica del lugar con tres vértices: la descolonización cultural, el aprendizaje  del lugar, y la educación productiva. Finalmente, consideramos que una escuela  plural que reconozca respetuosamente la diversidad de conocimientos que emergen  de las comunidades locales y marginadas y las articule a los desarrollos del  conocimiento científico, puede ser un escenario idóneo para despertar y encauzar  las actitudes éticas y respectivos comportamientos de los estudiantes frente a  la crisis medioambiental.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Palabras clave:</B> Etnobot&#226;nica,  modernidad, conocimiento vern&#225;culo, pedagog&#237;a cr&#237;tica, descolonizaci&#243;n  cultural.<B>&nbsp;</B></FONT></P> <MULTICOL GUTTER="10" COLS="2"> </MULTICOL>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>ABSTRACT<I>&nbsp;</I></B> </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> This article explores one of the most complex challenges currently faced  by modern schools: The articulation of non-merchandized grassroots knowledge  with conventional school curricula. Using the field of ethnobotany as a  point of focus, we explain how historically, the modern school has marginalized  local knowledge and experiences by emphasizing the rational individual  as the basic unit of society, stimulating anthropocentrism, supporting  the fragmentation of knowledge, and promoting universal standards and credentialism  in the creation of one kind of school. To transcend the monopolistic, exclusionary  character of the modern school, we propose a dialogue of knowings between  positivist epistemology and alternative forms of knowing. This analysis  leads us to conclude that the pluralization of knowings starts with a respectful  dialogue in which a parallelism is established between different epistemologies,  and the other is viewed as an equal, contingent but valid. Once dialogue  is established, the parallelism may remain or it could result in the creation  of a syncretic epistemology in which dissimilar traditions of thought fuse  to create new forms of knowledge. This dialogue of knowings is opposed  to an epistemological nihilism that negates&nbsp;any possibility for fertile dialogue between scientific knowledge and  other forms of knowledge. Regarding the concrete manifestation of this  dialog of knowings in schools, we propose a critical pedagogy of place  with three axes: cultural decolonization, learning from place, and productive  education. A plural school that respectfully recognizes the diversity of  knowings that emerges from local and marginalized communities and that  articulates them with the development of scientific knowledge could constitute  an ideal setting for awakening and channeling the ethical attitudes and  corresponding behaviors of students as they face the environmental crisis.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Key  words</B>: Ethnobotany, modernity, grassroots knowledge, critical pedagogy,  cultural decolonization.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Recibido: 18-09-2008 &nbsp;Aceptado: 16-11-2008</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>INTRODUCCIÓN</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Comunidades locales en tr&#225;nsito de empoderamiento han resistido los embates  de la homogeneizaci&#243;n cultural, producto de la universalizaci&#243;n de un modelo  modernista de desarrollo. Buena parte de los procesos pol&#237;ticos de reafirmaci&#243;n  de las identidades locales est&#225;n soportados en los conocimientos ancestrales  o tradicionales que mantienen las comunidades locales y que sirven como  basamento pol&#237;tico y cultural para configurar formas alternativas de desarrollo.  Considerando que la escuela emergi&#243; como uno de los principales vectores  de colonizaci&#243;n cultural e ideol&#243;gica de la modernidad, hoy las comunidades  locales enfrentan el desaf&#237;o de formar a sus ni&#241;os y j&#243;venes en las escuelas  sin que su educaci&#243;n formal implique una marginaci&#243;n o p&#233;rdida de los conocimientos  tradicionales. Las alternativas que se han desarrollado para solventar  esta situaci&#243;n en comunidades locales, apuntan a la importancia de implementar  curr&#237;culos que tengan la flexibilidad para involucrar aquellos conocimientos  que usualmente se tipifican con el prefijo <I>etno</I> (etnoeducaci&#243;n, etnobot&#225;nica,  etnobiolog&#237;a, etc.). En ese escenario, nuestro art&#237;culo explora uno de  los desaf&#237;os m&#225;s complejos que enfrentan los saberes locales y su articulaci&#243;n  con los curr&#237;culos escolares convencionales: la pluralizaci&#243;n de los fundamentos  de la epistemolog&#237;a moderna. Concluimos que una estrategia b&#225;sica es la  adopci&#243;n de una postura epistemol&#243;gica que se ha denominado <I>el dialogo  de saberes,</I> que comienza por establecer un paralelismo entre la epistemolog&#237;a  cient&#237;fica moderna y formas alternas de conocimiento</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Times New Roman"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"><SUP>1</SUP>. A pesar de que ese  paralelismo se puede mantener de una manera saludable, tambi&#233;n podr&#237;a derivar  en un sincretismo de conocimientos nuevos y apropiados. En cualquiera de  estas dos formas, proponemos que su manifestaci&#243;n emp&#237;rica en la escuela  se realice a trav&#233;s de <I>la pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar</I></FONT><A HREF="_FN_1.htm" style="text-decoration: none"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"><SUP>2</SUP></FONT></A><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana">, una aproximaci&#243;n  filos&#243;fica que busca reivindicar la importancia de articular responsable  y consistentemente el conocimiento cient&#237;fico con los conocimientos tradicionales  en torno a saberes locales, en este caso en particular, la etnobot&#225;nica.&nbsp;</FONT></FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> A partir de un conjunto de ejemplos de diversos lugares del mundo, nos  interesa destacar que la epistemolog&#237;a positivista moderna hace de la naturaleza  una exterioridad del sujeto, que solo puede ser articulada en tanto que  objeto de estudio. Esta percepci&#243;n es diametralmente opuesta a las epistemolog&#237;as  alternativas que mantienen muchas comunidades locales a lo largo del mundo,  en las cuales se identifica una continuidad entre la dimensi&#243;n cultural  y la natural, estableciendo una estrecha comuni&#243;n simb&#243;lica entre las personas  y el medio que les rodea. Una de las implicaciones sustanciales de esta  comuni&#243;n es que los seres humanos mantienen una interacci&#243;n &#233;tica con la  naturaleza, lo que se traduce, en muchos casos (pero no en todos, como  lo demuestra Ponting)<SUP>3</SUP>, en comportamientos que propenden por el uso responsable  y sostenible de la naturaleza.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I><B>LA ESCUELA MODERNA Y LA MARGINALIDAD DE LOS SABERES LOCALES&nbsp;</B></I> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La marginalidad de saberes vern&#225;culos y no codificados dentro de la escuela  moderna no es gratuita ni reciente. La genealog&#237;a de la escuela moderna  indica que cuando &#233;sta empez&#243; a forjarse en el siglo XVII, persegu&#237;a un  objetivo prioritariamente civilizador. Dentro de este esquema, la escuela  conjuga cuatro aspectos fundamentales de la modernidad: (1) trata al individuo  racional como la unidad b&#225;sica de la sociedad; (2) estimula una visi&#243;n  antropoc&#233;ntrica del mundo; (3) enfatiza la fragmentaci&#243;n del conocimiento;  y (4) promueve est&#225;ndares universalistas y el credencialismo en la creaci&#243;n  de una escuela &#250;nica. Como veremos a continuaci&#243;n, cada uno de estos aspectos  difiere radicalmente de un conjunto de conocimientos como la etnobot&#225;nica,  que representa un bien com&#250;n de culturas arraigadas a la tierra.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La escuela moderna privilegia al individuo racional como eje fundamental  alrededor del cual gira el aprendizaje. Este individuo racional ya hab&#237;a  sido identificado por uno de los pioneros de la escuela moderna, Jan Amos  Comenio, religioso y fil&#243;sofo moravo del siglo XVII cuyos tratados sobre  la educaci&#243;n fueron extremadamente detallados sobre la forma y contenido  de un sistema educacional racional, sistem&#225;tico, obligatorio y universal.  Sus ideas sobre la racionalidad fueron expuestas en su obra m&#225;s conocida, <I>La Gran Did&#225;ctica</I> (publicado originalmente entre 1628-1632): &#147;Debemos acostumbrar  a los ni&#241;os a hacer todo con el uso de la raz&#243;n, y nada por instinto. Ya  que el hombre es un animal racional y por lo tanto debe ser conducido por  la raz&#243;n, y, antes de la acci&#243;n, debe deliberar c&#243;mo cada operaci&#243;n debe  ser ejecutada, de manera que sea amo y se&#241;or de sus propias acciones&#148;<SUP>4</SUP>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los escritos de Comenio constituyen una continuaci&#243;n de la revoluci&#243;n reformista  del siglo XVI, a trav&#233;s de la cual se rechaz&#243; el oscurantismo y el totalitarismo  reinante durante el medioevo. Esta revoluci&#243;n empez&#243; a desplazar a la Iglesia  y a las monarqu&#237;as como detentoras de todo poder terrenal y extra-terrenal;  en su lugar, coloc&#243; al individuo como centro del universo conocido. A pesar  del efecto positivo que esta revoluci&#243;n tuvo&#151;incluso llegando a la publicaci&#243;n  de documentos fundamentales para la democracias liberales como la Declaraci&#243;n  de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que establecieron los derechos  inalienables del individuo, la igualdad natural, y l&#237;mites a los gobiernos&#151;a  trav&#233;s de las d&#233;cadas se reemplaza una forma de totalitarismo con otro.  Los excesos de la alianza Iglesia-Monarqu&#237;a (manifestados en su menosprecio  a los derechos del ciudadano com&#250;n) son reemplazados por los excesos de  los nuevos Estados modernos y liberales (cuya prioridad es la defensa del  individuo, del estado-naci&#243;n, y del positivismo en menoscabo de la comunidad,  la bioregi&#243;n, y los saberes locales).&nbsp; </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Estos excesos encuentran en la escuela moderna uno de sus principales promotores  y aliados. Tanto las formas pedag&#243;gicas como el contenido curricular privilegian  un quehacer acad&#233;mico positivista que toma lugar primordialmente dentro  del aula de clase, ausente de un contacto directo con la naturaleza. Se  establece una separaci&#243;n f&#237;sica y epistemol&#243;gica entre la escuela y el  medio ambiente natural, y este medio natural se ubica como una exterioridad  ajena a los sujetos, un espacio que debe ser conquistado y explotado.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aunada a esta separaci&#243;n escuela-mundo natural se encuentra la compartimentalizaci&#243;n  excesiva del conocimiento, de manera que la realidad es estudiada de manera  fragmentada, impidiendo una perspectiva m&#225;s completa a problemas encontrados  dentro de las ciencias naturales y sociales. A esta visi&#243;n compartamentalizada  subyace el culto al experto, aquel individuo que no se deja influenciar  por su subjetividad y que es extremadamente conocedor de fragmentos aislados  de informaci&#243;n, pero al mismo tiempo ignorante de una visi&#243;n hol&#237;stica  que articule un sinn&#250;mero de partes aisladas. Como explica Randall Collins  en su libro <I>La Sociedad Credencial </I>(1979), el experto legitima su conocimiento  a trav&#233;s de credenciales y diplomas acad&#233;micos, esenciales en la mercantilizaci&#243;n  del conocimiento. Sin estas credenciales, el individuo tiende a no ser  visto como &#147;experto&#148;, independientemente de su conocimiento y experiencia,  y por ende tiende a ser relegado a un estatus secundario.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Este sistema credencialista hace parte de un sistema estandarizado que  inicia &#151;por lo menos en la pr&#225;ctica&#151;en la revoluci&#243;n industrial de fines  del siglo XVIII, que, junto con la producci&#243;n en masa que le sigue, estimula  la creaci&#243;n de un sistema universalista que se expande a todas los &#225;mbitos  de la sociedad, incluyendo el educativo. Ya Comenio se hab&#237;a adelantado  tres siglos a la proclama de las Naciones Unidas de 1948 donde se exig&#237;a  la educaci&#243;n como un derecho fundamental del ni&#241;o. En su publicaci&#243;n <I>Pampaedia</I>  de 1650, Comenio escribi&#243;: &#147;Es esencial que nosotros deseemos que a&#250;n los  pueblos m&#225;s b&#225;rbaros sean iluminados y liberados de su oscurantismo debido  a su falta de conocimiento, ya que ellos son miembros de la raza humana&#148;  (citado en Dobinson)</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>5</SUP>. Esa actitud paternalista ha sido emblem&#225;tica en  la consolidaci&#243;n de la escuela moderna y en su propagaci&#243;n de manera global.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I><B>ILUSTRANDO LA MARGINALIDAD DE LA ETNOBOT&#193;NICA&nbsp;</B></I></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> A continuaci&#243;n expondremos brevemente algunos casos de diversas partes  del mundo para ilustrar la complejidad de los efectos de la educaci&#243;n formal  en los conocimientos etnobot&#225;nicos de comunidades locales.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para comenzar, una de los puntos a destacar es que el conocimiento y la  pr&#225;ctica de la etnobot&#225;nica est&#225;n correlacionados de forma negativa con  los a&#241;os de escolarizaci&#243;n, nivel de biling&#252;&#237;smo (idioma hegem&#243;nico e idioma  ind&#237;gena o minoritario) y el modo de subsistencia. Ese ha sido el caso,  por ejemplo, de los indios Huaorani de Ecuador</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Times New Roman"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"><SUP>6</SUP>, de los Bar&#237; de Venezuela</FONT><A HREF="_FN_6.htm" style="text-decoration: none"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"><SUP>7</SUP></FONT></A><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana">,  y en Bwa Mawego en Dominica<SUP>8</SUP>. La escuela forja un proceso de transformaci&#243;n  cultural que inhabilita al alumno a participar activamente de las actividades  propias de su cultura. Por ejemplo, entre los Huaorani del Ecuador, Rival<SUP>9</SUP>  encuentra que a pesar de que los ni&#241;os escolarizados y los no escolarizados  pod&#237;an nombrar el mismo n&#250;mero de plantas y animales locales, solo los  no escolarizados pod&#237;an identificar a la planta en su ambiente natural.  As&#237; mismo, de los ni&#241;os que iban a la escuela solo un 40% sab&#237;a como subirse  a un &#225;rbol y ninguno sab&#237;a preparar veneno de curare, mientras que los  ni&#241;os no escolarizados pod&#237;an todos subirse a un &#225;rbol y preparar curare.  La exposici&#243;n a la educaci&#243;n formal&#151;aunada a cambios en su forma de subsistencia,  deterioro ambiental y la p&#233;rdida de la lengua nativa&#151;se constituye en una  de las grandes amenazas para la protecci&#243;n y recuperaci&#243;n de conocimientos  como la etnobot&#225;nica.&nbsp;</FONT></FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Al analizar el significado cultural de la etnobot&#225;nica y de su forma de  transmisi&#243;n dentro de los pueblos ind&#237;genas y otros pueblos marginados,  se hace evidente por qu&#233; hay una incompatibilidad tan significativa entre  estos saberes ancestrales y la escuela moderna. Para comenzar, los conocimientos  etnobot&#225;nicos surgen de una interacci&#243;n con la naturaleza que ha llevado  siglos en madurar. No es el resultado de un individuo aislado que en forma  heroica realiza todos los descubrimientos, y que usa la naturaleza a su  antojo sin importar c&#243;mo sus acciones afectan al medio ambiente. Por el  contrario, la etnobot&#225;nica representa una colaboraci&#243;n inter-generacional  en el cual numerosas experiencias de prueba y error eventualmente resultan  en un detallado cat&#225;logo del uso cultural de las plantas, y que trata a  la naturaleza como una extensi&#243;n de la familia, como escribiera Grimaldo  Rengifo Vasquez</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>10</SUP> sobre el <I>ayllu,</I> la unidad de organizaci&#243;n de los campesinos  peruanos de origen ind&#237;gena, quienes no separan la organizaci&#243;n social,  cultural y natural. Esta mutualidad de las organizaciones requiere de un  dialogo pausado entre los m&#250;ltiples sujetos, humanos y no-humanos, donde  el individuo hace parte integral de una colectividad, y esta a su vez de  un cosmos viviente; la separaci&#243;n de estas dimensiones genera caos, desarmon&#237;a  y violencia.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Vale la pena resaltar la percepci&#243;n bioc&#233;ntrica del mundo utilizando el  <I>ayllu</I> como ejemplo. Para el mundo occidental, el ayllu se refiere a las  relaciones extensas de un grupo de personas que trabaja colectivamente  una misma tierra, y puede incluir a individuos que no tienen una relaci&#243;n  consangu&#237;nea con la familia extensa<SUP>11</SUP>. Este entendimiento es correcto pero  limitado, porque el ayllu incluye adem&#225;s elementos de la naturaleza que  van m&#225;s all&#225; del convivio entre seres humanos:</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los Aymara de Puno llaman a la nueva papa que se incorpora a la chacra  (campos de cultivo) como &#147;nueras&#148; (<I>yoqch&#146;a</I>). En la localidad de Conima,  Puno, el agua que proviene de [la laguna de] Mamacocha o de alg&#250;n manantial  se le llama &#147;yerno&#148; (<I>tollqa</I>). En otra localidad, en la comunidad de Quispillaccta,  Ayacucho, al granizo se le llama &#147;nuestro padrino&#148;. De manera que nuestros  parientes incluyen tambi&#233;n a miembros de la naturaleza.<SUP>12</SUP></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta manera de relacionarse con la naturaleza disuelve la percepci&#243;n excluyente  entre los dominios naturales y culturales. Se vuelve una relaci&#243;n de genuina  reciprocidad. Como se escucha decir en los Andes, &#147;As&#237; como la papa me  alimenta, yo alimento a la papa&#148;. El profesor y el estudiante, al encontrarse  en la asepsia del aula de clase e inmersos en un modelo epistemol&#243;gico  que reivindica la exterioridad del mundo natural, no pueden entablar una  relaci&#243;n mutual&#237;stica donde se apele a la integraci&#243;n de los espacios naturales  con los culturales. El conocimiento profundo que requiere la etnobot&#225;nica  solo es posible obtenerlo a partir de una compenetraci&#243;n con la naturaleza,  en un marco comunitario en el que muchos sujetos ayudan a que exista una  aproximaci&#243;n respetuosa y afectuosa al entorno natural. Son estos &#250;ltimos  atributos los que impiden que la relaci&#243;n sea objetiva, seg&#250;n los par&#225;metros  de la ciencia moderna. Es, como lo describe un campesino peruano, Modesto  Pachuca, una relaci&#243;n de amor:&nbsp; </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para comenzar la chacra debo pedir permiso a la Pachamama [Madre Tierra]  para que ella me permita trabajar este suelo. Adem&#225;s de ofrecerle coca  y traguito yo le digo que&#133;yo cultivar&#233; esta tierra con amor, sin causarle  da&#241;o, y los frutos que ella me d&#233; ser&#225;n consumidos por nosotros.<SUP>13</SUP></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Cuando se separa los sentimientos de los hechos a trav&#233;s del objetivismo,  se imposibilita una relaci&#243;n de afecto como la descrita en el pasaje anterior.  Richard Louv<SUP>14</SUP> argumenta que los ni&#241;os que tienen poco o ning&#250;n contacto  con el mundo natural sufren del S&#237;ndrome de D&#233;ficit de la Naturaleza, que  incluye un uso disminuido de los sentidos, dificultades de atenci&#243;n, y  tasas m&#225;s elevadas de enfermedades f&#237;sicas y emocionales. La ciencia moderna  asume que es nocivo para la integridad de un proyecto de investigaci&#243;n  involucrarse emocionalmente con el sujeto de estudio (objeto en la ret&#243;rica  positivista) o inclusive abarcar otros dominios que trasciendan el contexto  espec&#237;fico de la realidad estudiada. La falta de un componente afectivo  conlleva a un acercamiento mec&#225;nico y predecible, que, aunado a una aproximaci&#243;n  fragmentada de la realidad, imposibilita una relaci&#243;n m&#225;s transcendental  y espiritual con la naturaleza. Gregory Bateson describ&#237;a esta situaci&#243;n  como &#147;el patr&#243;n que conecta&#148;<SUP>15</SUP>. Según él, el “patrón”  siempre incluye al observador y al observado, al sujeto y al objeto. Dentro de  esta lógica, nosotros no estamos ausentes de la ecología que planeamos. Por el  contrario, somos y seremos siempre una parte integral de esta.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"> <I><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>I</B></FONT><B><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana">NTERSECTANDO</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> LA EPISTEMOLOG&#205;A MODERNA CON EPISTEMOLOG&#205;AS ALTERNATIVAS&nbsp;</FONT></B></I><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como ya lo hemos se&#241;alado, la tradici&#243;n de la escuela moderna ha implicado  la marginaci&#243;n de conocimientos alternativos, como la etnobot&#225;nica. Pero  la pluralizaci&#243;n epistemol&#243;gica que debe operar en la escuela, por la que  aqu&#237; propendemos, supone retos importantes. En parte, la dificultad de  articular responsablemente epistemolog&#237;as diferenciales en curr&#237;culos escolares  convencionales radica en el hecho de que este tipo de curr&#237;culos enfrenta  un reto tan b&#225;sico como hacer evidentes las interconexiones que mantienen  entre s&#237; las diferentes asignaturas, reto que se&#241;alan Espr&#237;valo y Forney<SUP>16</SUP>.  En efecto, para algunos las epistemolog&#237;as no occidentales y la ciencia  son fundamentalmente antag&#243;nicas que no pueden ser reconciliadas (ver,  por ejemplo, Sarangapani<SUP>17</SUP>. A este respecto es v&#225;lido indagar por las caracter&#237;sticas  de modelos cognitivos no positivistas que los diferencian del conocimiento  cient&#237;fico. McNally<SUP>18</SUP>, a partir de su trabajo entre los <I>ojibwe</I> de Am&#233;rica  del Norte, establece cuatro aspectos pedag&#243;gicos fundamentales que sustentan  el conocimiento de ese grupo ind&#237;gena: el privilegio de los modos orales  de transmisi&#243;n del conocimiento; la articulaci&#243;n de la ense&#241;anza-aprendizaje  que exige una actitud socialmente responsable de las personas involucradas  en el proceso; el conocimiento de primera mano basado en la experiencia;  y la reflexi&#243;n hol&#237;stica a trav&#233;s de la cual se integran conocimientos  que tradicionalmente han sido divididos desde la racionalidad occidental.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Como el lector habr&#225; notado, estos aspectos se oponen a las caracter&#237;sticas  enumeradas anteriormente con respecto a la educaci&#243;n moderna. Como escribe  McNally<SUP>19</SUP>, la pedagog&#237;a <I>ojibwe</I> responde a una construcci&#243;n colectiva del  conocimiento en la cual la naturaleza se incorpora en un marco de significaci&#243;n  intr&#237;nseco a la condici&#243;n humana. Es decir, el <I>continuum</I> sociedad-naturaleza  representa un tipo cognitivo en el cual el conocimiento de la naturaleza  opera bajo formas colectivas de acumulaci&#243;n de conocimiento y de transmisi&#243;n  del mismo. De hecho, los modos de conocimiento tradicional que privilegian  un enfoque hol&#237;stico y una continuidad simb&#243;lica entre los seres humanos  y la naturaleza, resultan altamente sospechosos desde la perspectiva inquisidora  de la ciencia objetivista. Para trascender esa hegemon&#237;a epistemol&#243;gica  de la ciencia, es preciso reconocer la utilidad de las formas alternas  de conocimientos del mundo natural, su validez contextual y el sentido  de identidad que genera entre las personas que se adscriben a un sistema  particular de creencias.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> A pesar del papel inquisidor de la ciencia frente a otras epistemolog&#237;as  para la comprensi&#243;n de la naturaleza, se observan valiosos esfuerzos por  explorar la complejidad de conocimientos alternos. El caso de la etnoecolog&#237;a,  del cual la etnobot&#225;nica hace parte, es apropiado para ilustrar este tipo  de esfuerzos. La etnoecolog&#237;a &#147;puede ser definida como el estudio interdisciplinario  acerca de c&#243;mo la naturaleza es percibida por los humanos a trav&#233;s de un  tamiz de creencias y conocimientos, y c&#243;mo los humanos a trav&#233;s de sus  representaciones y significados simb&#243;licos, usan y/o manejan los paisajes  y los recursos naturales&#148;<SUP>20</SUP>. En su empresa intelectual, la etnoecolog&#237;a  no solo intenta aproximarse comprehensivamente a otras epistemolog&#237;as sino  que en ese mismo ejercicio inclusivo, subvierte supuestos fuertemente enraizados  en la ciencia. De hecho, &#147;una caracter&#237;stica de la etnoecolog&#237;a es que  trata de trascender dos constricciones cient&#237;ficas: (1) la obsesi&#243;n por  separar los fen&#243;menos intelectuales de los objetivos pr&#225;cticos y, en consecuencia,  (2) la tendencia a descontextualizar los significados, perspectivas y pr&#225;cticas  locales del conocimiento a trav&#233;s de situar aquellos dentro de las coordenadas  epistemol&#243;gicas o econ&#243;micas de la modernidad&#148;<SUP>21</SUP>. En tal sentido, la etnoecolog&#237;a  encarna un esfuerzo intelectual por flexibilizar la hegemon&#237;a epistemol&#243;gica  de la ciencia en relaci&#243;n con el conocimiento etnobot&#225;nico tradicional  que detentan muchas comunidades en todo el mundo. En &#250;ltima instancia,  el debate de la hegemon&#237;a epistemol&#243;gica de la ciencia occidental supondr&#237;a  la necesidad de pluralizar lo que se entiende como ciencia. Ogawa (citado  en Snively y Corsiglia)<SUP>22</SUP> propone una definici&#243;n &#147;inclusiva&#148; de ciencia  como &#147;la percepci&#243;n racional de la realidad&#148;, entendiendo lo &#147;racional&#148;  como un espacio que da cabida a una pluralidad de epistemolog&#237;as alternativas.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Teniendo en cuenta los postulados anteriores<B>, </B>consideramos que bien vale  la pena un ejercicio prospectivo para identificar alternativas. En particular,  queremos destacar dos posturas diferentes: La nihilista y el di&#225;logo de  saberes.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La primera postura, <I>la</I> <I>nihilista,</I> la entendemos como aquella en la cual  se reafirma el car&#225;cter excluyente y hegem&#243;nico de la escuela moderna que  imposibilita cualquier apertura al dialogo epistemol&#243;gico entre un cuerpo  de conocimientos cient&#237;ficos y aquellos conocimientos alternativos provenientes  de otras tradiciones de pensamiento. En esta postura los conocimientos  alternativos se comprenden simplemente como curiosidades folkl&#243;ricas que  en nada aportan o dinamizan al paradigma epistemol&#243;gico del positivismo.  Esta posici&#243;n asume que la escuela es un espacio netamente moderno que,  como tal, impide la inclusi&#243;n de una manera respetuosa y digna de saberes  alternativos. Por m&#225;s intentos que educadores hagan, a&#250;n con las mejores  intenciones, estos ser&#225;n subvertidos y cooptados por el coloso educativo.  Entre los pensadores que se subscriben a esta tendencia se encuentran Illich<SUP>23</SUP>,  Prakash y Esteva<SUP>24</SUP>, y Rengifo Vasquez<SUP>25</SUP>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La segunda postura, <I>el di&#225;logo de saberes,</I> ofrece un panorama m&#225;s optimista.  Esta postura, a la cual nos subscribimos, partir&#237;a de una concepci&#243;n m&#225;s  flexible de la conjunci&#243;n de epistemolog&#237;as que reconoce la condici&#243;n de  equivalencia entre la ciencia y otras formas de conocimiento alternativas.  No se trata de un ejercicio simple de equiparaci&#243;n acr&#237;tica sino, fundamentalmente,  de reconocer en los conocimientos tradicionales un corpus que puede dinamizar  y retroalimentar epistemol&#243;gicamente a los conocimientos de la ciencia  moderna, y viceversa. Esta postura comprender&#237;a dos momentos principales:  el primero consiste en el establecimiento de un paralelismo entre el conocimiento  cient&#237;fico y los conocimientos alternos, basado en el reconocimiento mutuo  de la validez de cada uno de ellos en relaci&#243;n con el otro, y el reconocimiento  de la contingencia del propio saber. Se trata entonces, de un momento en  el que se abre la posibilidad de un dialogo entre iguales. El segundo momento  podr&#237;a cristalizarse a trav&#233;s de un trabajo constante y responsable, trabajo  que eventualmente llevar&#237;a al desarrollo de un sincretismo epistemol&#243;gico  en el cual aquellas tradiciones de pensamiento se fusionan para crear nuevas  formas de conocimiento. El paralelismo de saberes y el sincretismo epistemol&#243;gico  no son superiores o excluyentes el uno del otro, sino son manifestaciones  saludables del dialogo con la otredad.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Consideramos que la pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar, que exploraremos a continuaci&#243;n,  es una respuesta apropiada para estimular el dialogo de saberes dentro  del &#225;mbito escolar, entre los conocimientos modernos y aquellos tradicionales  que por generaciones han desarrollado las comunidades locales.&nbsp; </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I><B>ANALIZANDO UNA ALTERNATIVA: LA PEDAGOG&#205;A CR&#205;TICA DEL LUGAR</B></I><SUP><I><B>26</B></I></SUP><I><B>&nbsp;</B></I> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para comenzar, debemos analizar cada termino del concepto &#147;la pedagog&#237;a  critica del lugar&#148;. <I>Pedagog&#237;a</I> no se refiere simplemente a una estrategia  metodol&#243;gica. Se refiere ante todo a una pol&#237;tica cultural en el contexto  de la instituci&#243;n de la escuela. Esta pol&#237;tica cultural incluye tanto la  praxis del educador frente al educando como el rol de la escuela en perpetuar  el status quo o en transformar la realidad social (o una combinaci&#243;n de  los dos). De manera que al hablar de pedagog&#237;a estamos hablando de cuestionar  el prop&#243;sito mismo de la educaci&#243;n. La siguiente palabra, <I>cr&#237;tica</I>, proviene  de una tradici&#243;n marxista y neo-marxista que busca resaltar la dominaci&#243;n  ideol&#243;gica e institucional ya sea del capitalismo o de otros modelos econ&#243;micos  que tratan al individuo y a la naturaleza como medios para alcanzar un  fin. Como escribieron Burbules y Berg<SUP>27</SUP>: &#147;La pedagog&#237;a critica es un esfuerzo  dentro de instituciones educativas y otros espacios para hacer &#233;nfasis  en las desigualdades de poder, sobre los falsos mitos de oportunidad y  merito para muchos estudiantes, y sobre c&#243;mo lo sistemas de conocimiento  se internalizan hasta el punto en que individuos y grupos pierden la aspiraci&#243;n  misma de cuestionar o cambiar su vida&#148;.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Y por &#250;ltimo esta <I>lugar,</I> el espacio geogr&#225;fico culturalmente modelado que  representa la experiencia del ser humano en conexi&#243;n con otros del presente  y de las generaciones precedentes y con el mundo natural, que demanda de  los sujetos la responsabilidad de proteger y restaurar medio ambientes  naturales para futuras generaciones. Inevitablemente, una pedagog&#237;a centrada  en la vida de la comunidad debe lidiar con aspectos concretos como la extinci&#243;n  masiva de especies, la destrucci&#243;n de bosques tropicales, la lluvia &#225;cida  y el efecto invernadero, pero lo debe hacer adecu&#225;ndose apropiadamente  con el momento de desarrollo cognitivo y habilidades sociales con los que  cuenta el estudiante.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Teniendo en cuenta esta explicaci&#243;n sucinta, la pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar  abarca tres dimensiones fundamentales: la descolonizaci&#243;n cultural, el  aprendizaje del lugar, y la educaci&#243;n productiva. Con respecto a la <I>descolonizaci&#243;n  cultural,</I> los educadores tienen delante de s&#237; una tarea colosal consistente  en crear nuevos sistemas de aprendizaje (no todos necesariamente ligados  a las formas y estructuras convencionales de la educaci&#243;n formal, debido  en parte a los problemas de credencialismo mencionados anteriormente),  desprovistos del bagaje colonial t&#237;picos de los sistemas de educaci&#243;n contempor&#225;neos.  Hace mucho dej&#243; de ser una verdad revolucionaria afirmar que muy lejos  de actuar como un agente liberador, los sistemas educacionales occidentales  se convirtieron en parte fundamental de los esquemas de dominaci&#243;n imperial,  ya sea en sus formas m&#225;s grotescas como durante la &#233;poca colonial en &#193;frica  y Asia</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana" SIZE="1"><SUP>28</SUP></FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana">; o en sus formas m&#225;s sutiles y contempor&#225;neas, como es el caso  de la perpetuaci&#243;n durante la post-independencia de ideolog&#237;as e instituciones  con rasgos altamente coloniales en la formaci&#243;n de trabajadores como parte  del sistema capitalista globalizado</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Times New Roman"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana" SIZE="1"><SUP>29</SUP></FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana">. Como argumenta Ashis Nandy</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana" SIZE="1"><SUP>30</SUP></FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana">, esta  situaci&#243;n ocasiona la alteraci&#243;n de prioridades culturales y permite que  Occidente cese de ser solamente una entidad con un espacio y un tiempo  definido, sino que se vuelva una realidad epistemol&#243;gica y ontol&#243;gica permanente  y universal. Ante esto, en la escuela se puede crear un dialogo de saberes  que como m&#237;nimo debe incluir los saberes alternos de tipo local de manera  respetuosa y prominente, y se puede hasta crear nuevas formas de conocimiento  a partir de la fusi&#243;n de estos saberes vern&#225;culos con la ciencia positivista.&nbsp; </FONT> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La etnobot&#225;nica es un ejemplo adecuado de la descolonizaci&#243;n cultural,  que implica no solo la recuperaci&#243;n del espacio donde se encuentran las  especies vegetales con riqueza bot&#225;nica, sino que adem&#225;s abre la posibilidad  de resarcir la brecha cultura-naturaleza estableciendo profundas y complejas  articulaciones entre tales dominios. Como en el ejemplo mencionado anteriormente,  los quechuas y aymaras de los Andes le dan gracias a la Pachamama antes  de cultivar la chacra, denotando una relaci&#243;n espiritual con el medio ambiente.  As&#237; como la colonizaci&#243;n cultural crea una relaci&#243;n mecanicista y anti-espiritual  entre los grupos humanos y el medio ambiente, un nuevo modelo de desarrollo  concebido desde matrices des-coloniales puede irrumpir en ese proceso al  presentar una multiplicidad de opciones basadas en las cosmogon&#237;as locales,  las cuales pueden incluir, como en este caso, un profundo sentido de la  espiritualidad.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La segunda dimensi&#243;n de una pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar es la de aprender  a vivir en nuestros espacios locales. Mientras que la descolonizaci&#243;n cultural  faculta el reconocimiento de las heridas y destrucci&#243;n ocasionadas por  siglos de opresi&#243;n, injusticia y sobreexplotaci&#243;n de los recursos naturales,  el aprender a vivir a nivel local es parte de una nueva filosof&#237;a de bioregionalismo  que permite recuperar lo perdido. Un pionero del bioregionalismo, David  Orr, describe la importancia de esta aproximaci&#243;n filos&#243;fica al hacer una  diferenciaci&#243;n entre el <I>residir</I> y el <I>habitar</I>. Como &#233;l escribe:&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> El residente es un ocupante temporal, que deja pocas ra&#237;ces e invierte  poco, conoce poco, y posiblemente tiene poco inter&#233;s en cuidar su entorno  inmediato m&#225;s all&#225; de su habilidad para gratificar. El residente vive en  el mundo de lugares cerrados de la oficina, centro comercial, carro, apartamento,  y ve televisi&#243;n varias horas al d&#237;a. La posici&#243;n opuesta la presenta el  habitante, quien establece una relaci&#243;n de afecto con el lugar. Los habitantes  llevan consigo las marcas del lugar, en su forma de hablar, vestir y comportarse.  Cuando est&#225;n lejos de casa, se sienten enfermos. Ellos son la base de una  comunidad estable y ofrecen un ingrediente esencial para la democracia.<SUP>31</SUP>&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> El aprender a habitar en el lugar requiere de una re-conceptualizaci&#243;n  de la pedagog&#237;a convencional para hacer de la localidad un espacio central  en la academia. Esto no implica que el <I>pensum</I> escolar <I>solo</I> se enfoque en  la localidad, ya que esto llevar&#237;a a un peligroso parroquialismo, sino  que la localidad se constituya en un eje central del curr&#237;culo a trav&#233;s  de la recuperaci&#243;n de saberes vern&#225;culos, informales y sin mercantilizar&#151;pero  sin excluir la importancia de saberes m&#225;s universales, formales, mercantilizados,  y que provengan de la ciencia moderna. &#191;Cu&#225;les son algunos de los atributos  que la pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar deber&#237;a tener en cuenta para preparar  etnobot&#225;nicos entre la ni&#241;ez y la juventud? Adem&#225;s de un conocimiento interdisciplinario  que incluya la historia, la biolog&#237;a, y la geograf&#237;a del lugar, debe incluir  la modestia y la humildad, ya que estamos tratando con un conocimiento  ancestral que ha pasado de generaci&#243;n en generaci&#243;n y que ha sido ampliado  y mejorado por un sinn&#250;mero de personas en el pasado, y que est&#225; basado  en una relaci&#243;n de respeto y afecto por el mundo natural. Esta humildad  debe incluir el aprender de personas que sin tener educaci&#243;n formal o credenciales  son los verdaderos expertos en la materia, como los chamanes de culturas  arraigadas a la tierra<SUP>32</SUP>. El conocimiento del lugar debe incluir adem&#225;s  un excelente desarrollo de los sentidos, particularmente la vista, el tacto  y el olfato, para lograr discernir y cosechar las plantas apropiadas (como  lo requiere la habilidad de discriminar entre especies fenot&#237;picamente  parecidas pero con propiedades botánicas diferentes) en su momento adecuado  (dependiendo del momento del día, mes y temporada). Además debe incluir un  entendimiento de cómo el mundo cultural y el natural están íntimamente ligados,  como escribe el poeta Gary Snyder: “El suave murmuro otoñal de los grillos es a  nosotros como nosotros somos a los árboles y estos a las rocas y las colinas”. Y  por último debe incluir un respeto hacia la colaboración con diferentes  individuos y comunidades, estableciendo una relación de cooperación ausente en  las pedagogías modernas. Esto solo es posible si el estudiante pasa buena parte  del tiempo rodeado de ese mundo natural y en contacto con esos otros grupos  humanos, ya que este acercamiento es imposible en el marco de la asepsia y el  aislamiento del aula de clase de la escuela convencional.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Debemos enfatizar que la articulaci&#243;n de los conocimientos tradicionales  en los curr&#237;culos escolares convencionales es una tarea tit&#225;nica, y como  m&#237;nimo debe operar bajo una premisa de responsabilidad por las formas alternas  de conocimiento. Aun as&#237;, existen una serie de desaf&#237;os que deben tenerse  en consideraci&#243;n al momento de abrir espacio a la etnobot&#225;nica en un curr&#237;culo  escolar. A este respecto y en el contexto de Indonesia, Raihani<SUP>33</SUP> indica  que la descentralizaci&#243;n curricular implementada en el sistema educativo  del pa&#237;s en los &#250;ltimos a&#241;os se enfrent&#243; con una serie de obst&#225;culos significativos  relacionados con: Recursos financieros, en cuanto a la necesidad de garantizar  incentivos financieros para estimular la creatividad y responsabilidad  de los profesores en un nuevo modelo; inercias culturales, dado que los  profesores traen consigo una serie de h&#225;bitos acoplados a un modelo en  el que su papel es bastante pasivo; y, condiciones estructurales, en las  que los modelos educativos y directrices pedag&#243;gicas tradicionales se caracterizan  por una centralizaci&#243;n excesiva.</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Times New Roman"><A HREF="_FN_33.htm" style="text-decoration: none"><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"><SUP>34</SUP></FONT></A><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana"> Estos desaf&#237;os de la implantaci&#243;n de  la descentralizaci&#243;n curricular en Indonesia resultan apropiados para pensar  la incorporaci&#243;n de curr&#237;culos etnobot&#225;nicos en escuelas tradicionales  en otros lugares del mundo. Desde el punto de vista del profesorado (y  esto sin ahondar en las perspectivas de las directivas de las escuelas,  de los padres de familia, ni de la comunidad en general), surgen cuestionamientos  tan b&#225;sicos como son: &#191;Est&#225;n preparados los profesores para desempe&#241;ar  un rol activo, propositivo y responsable en el dise&#241;o de curr&#237;culos aut&#243;nomos  que incorporen la dimensi&#243;n etnobot&#225;nica? &#191;A&#250;n con la preparaci&#243;n adecuada,  los profesores tendr&#237;an inter&#233;s en modificar el curr&#237;culo actual, considerando  que tal labor implica horas de trabajo que se adicionan a una carga horaria  de por si saturada y a un salario bastante bajo? &#191;Cu&#225;les son las condiciones  objetivas que reglamentan, limitan o potencian la flexibilidad curricular  en un contexto nacional determinado? Estas y otras preguntas requieren  ser respondidas de manera satisfactoria para garantizar una incorporaci&#243;n  exitosa de la etnobot&#225;nica a las estructuras curriculares convencionales.&nbsp; </FONT> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La tercera dimensi&#243;n por explicar se centra en la educaci&#243;n productiva.  A diferencia de las otras dos dimensiones, la educaci&#243;n productiva (tambi&#233;n  llamada educaci&#243;n t&#233;cnica, vocacional, ocupacional, industrial o agropecuaria)  s&#237; se encuentra en algunas escuelas modernas, sirviendo prioritariamente  a j&#243;venes de escasos recursos econ&#243;micos. Pero a&#250;n esta forma de educaci&#243;n  productiva est&#225; colonizada porque busca ante todo proveer a los estudiantes  de conocimientos y comportamientos adecuados para ser exitosos en el mercado  de trabajo, pero sin rescatar los valores aut&#243;ctonos de cada comunidad,  que aportar&#237;an al logro de un desarrollo sustentable para las comunidades  m&#225;s pobres, o la importancia del trabajo para lograr una vida digna</FONT><FONT COLOR="#1f1a17" FACE="Verdana" SIZE="2"><SUP>35</SUP>.  Tampoco se les provee de las herramientas para ser cr&#237;ticos ante las desigualdades  de poder que implantan una jerarqu&#237;a educativa entre la educaci&#243;n t&#233;cnica  (de menor estatus) y la acad&#233;mica (de mayor estatus).</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Adem&#225;s de ser una respuesta positiva ante la malsana bifurcaci&#243;n mente-cuerpo  que estimula la escuela moderna, la educaci&#243;n productiva (y esto depende  del tipo de educaci&#243;n productiva) puede fomentar la auto-suficiencia entre  el estudiantado para satisfacer sus necesidades m&#225;s b&#225;sicas e inmediatas,  y puede dignificar el trabajar con las manos. Adem&#225;s, como lo enfatiz&#243;  John Dewey, al presentar el trabajo manual y las ocupaciones en general  en el coraz&#243;n del curr&#237;culo para <I>todos</I> los estudiantes, se conecta directamente  la escuela con la comunidad. En palabras de Dewey, &#147;una ocupaci&#243;n es la  &#250;nica cosa que permite balancear la distintiva capacidad de un individuo  con su servicio social&#148;<SUP>36</SUP>.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La ense&#241;anza de la agricultura y culinaria aut&#243;ctona dentro de la cultura  aymara con alimentos de la bioregi&#243;n se constituye en un elocuente ejemplo  que conjuga la descolonizaci&#243;n cultural, el aprendizaje del lugar, y la  educaci&#243;n productiva. No solo los ni&#241;os aprenden formas b&#225;sicas de auto-suficiencia  econ&#243;mica y de trabajo manual, sino que adem&#225;s re&#250;nen cuerpo, mente, y  colectividad, enmarcados dentro de una cosmogon&#237;a aymara que realza los  saberes locales de tradici&#243;n oral no mercantilizados. El trabajo de la  Asociaci&#243;n Paqalqu en Per&#250;<SUP>37</SUP> es un ejemplo de esto:&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Al ni&#241;o se le ense&#241;a a respetar la Pachamama durante todo el ciclo agr&#237;cola,  siendo lo m&#225;s frecuente el ritual de pedir[le] permiso para realizar toda  actividad. Para la siembra, el padre ense&#241;a a su hijo a observar el comportamiento  clim&#225;tico, el nombre de la direcci&#243;n de los vientos, a conocer las semillas  que prosperan en cada zona, los tipos de suelo, los pisos latitudinales.  [Tambi&#233;n] los ni&#241;os y las ni&#241;as campesinos aprenden a cocinar, oliendo  y saboreando en cada degustaci&#243;n, en sinton&#237;a con el tiempo de cada comida.  Dentro del ambiente de la cocina, todos los utensilios son personas, la  qheri awicha, la phusa&#241;a&#133;La mam&#225; ense&#241;a por igual a todos sus hijos a preparar  las kispi&#241;as, el phuti, el wallaqi, la jaurinta, as&#237; mismo los secretos  para que las ollas puedan durar mayor tiempo, para que hierva en el menor  tiempo, para que alcancen los alimentos para todos los miembros de la familia  numerosa.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Un punto que no hemos discutido pero que encarna un importante desaf&#237;o  para la implementaci&#243;n de los curr&#237;culos etnobot&#225;nicos en las escuelas  tiene que ver con las patentes y la biopirater&#237;a. Se trata de dos temas  interdependientes que sugieren la importancia de reconocer la propiedad  intelectual de los conocimientos etnobot&#225;nicos y evitar el abuso de tales  conocimientos. La literatura en la materia es creciente y los t&#233;rminos  del debate fluct&#250;an entre aquellos que niegan la posibilidad de patentar  alg&#250;n tipo de conocimiento colectivo generado por comunidades enteras a  lo largo de varias generaciones, y aquellos que esgrimen que el reconocimiento  de patentes a comunidades ind&#237;genas sobre su conocimiento tradicional es  un paso fundamental hacia el reconocimiento efectivo de derechos colectivos  y su autodeterminaci&#243;n como pueblos ind&#237;genas<SUP>38</SUP>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Aquel panorama se hace m&#225;s complejo cuando el capital privado ha demostrado  un particular inter&#233;s en poner a su servicio conocimientos y especies que  han sido objeto de experimentaci&#243;n durante generaciones por parte de comunidades  locales en todo el mundo. Lamentablemente ese inter&#233;s del capital privado  transnacional se ha caracterizado por tomar poner una atenci&#243;n marginal  -en el mejor de los casos-, o inexistente -en muchos otros-, al reconocimiento  de los derechos que les asisten a las comunidades locales sobre sus saberes  tradicionales. Tal complejidad ha hecho que las escuelas que sirven a estudiantes  ind&#237;genas vean con recelo la llegada de investigadores educativos interesados  en resaltar la etnobot&#225;nica. Por ejemplo, hemos experimentado en carne  propia c&#243;mo las puertas de ciertos colegios se han cerrado por el temor  a que los investigadores se apropien de los conocimientos ancestrales.  Ese recelo tiene justificaci&#243;n cuando se atiende a la larga historia de  apropiaci&#243;n y explotaci&#243;n de conocimientos ind&#237;genas por parte de profesionales  de la industria y academia occidental, que poco o nada dan a cambio en  beneficio de las comunidades locales. Un primer paso para evitar, o por  lo menos minimizar, este problema consiste en desarrollar un genuino intercambio  cultural basado en el respeto y aprecio de formas alternas de conocimiento,  hacer espec&#237;ficos los beneficios a nivel comunitario y, en una escala global,  conciliar un sistema con soportes legales que garantice los derechos de  las comunidades locales sobre sus conocimientos tradicionales.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> En resumen, la pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar busca contribuir a la producci&#243;n  de discursos y pr&#225;cticas educativas que examina de manera expl&#237;cita el  nexo entre pedagog&#237;a, justicia social y medio ambiente. Debido a que usa  a la localidad como un eje central, necesariamente deber&#237;an surgir expresiones  dis&#237;miles dependiendo de cada cultura y ecosistema. A pesar de que es posible  encontrar ejemplos en escuelas en todo el mundo que tengan uno o m&#225;s de  las dimensiones mencionadas, los sistemas educativos a nivel nacional distan  mucho de esta propuesta educativa. Encontrar formas efectivas para diseminar,  implementar, y sustentar esta propuesta se constituye en uno de los grandes  desaf&#237;os para el futuro.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> <I><B>CONCLUSIONES&nbsp;</B></I> </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La pluralizaci&#243;n de los curr&#237;culos educativos convencionales a trav&#233;s de  la inclusi&#243;n responsable y cr&#237;tica de otros saberes se traduce en un intento  por relativizar la hegemon&#237;a epistemol&#243;gica que ejerce la ciencia a trav&#233;s  de la escuela moderna. Se trata de un intento por subvertir las relaciones  de poder que mantiene la escuela moderna con otros conocimientos alternativos,  que son condenados a la marginaci&#243;n e incluso a la descalificaci&#243;n y discriminaci&#243;n.  La pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar ofrece estrategias importantes para cristalizar  la pluralizaci&#243;n epistemol&#243;gica de la escuela moderna. En efecto, la descolonizaci&#243;n  cultural, el aprendizaje del lugar y la educaci&#243;n productiva representan  un proyecto intelectual con efectos pragm&#225;ticos que aporta al mejoramiento  de la calidad de vida de la poblaci&#243;n escolar a trav&#233;s de la implementaci&#243;n  de una educaci&#243;n ajustada a sus realidades sociales, culturales y ecol&#243;gicas,  sin perder de vista lo que est&#225; sucediendo en otros contextos regionales  y globales. Con ello queremos destacar que la pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar  no supone un ostracismo y aislamiento local en relaci&#243;n con lo global;  m&#225;s bien, ofrece los conocimientos y valores desarrollados en la localidad  para interactuar con los que se producen en otros lugares. Se trata de  un principio de articulaci&#243;n y retroalimentaci&#243;n fecunda entre realidades  locales y globales.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> La importancia de la etnobot&#225;nica como cuerpo de conocimientos que merece  ser incorporado a los curr&#237;culos escolares, se fundamenta en aspectos estrechamente  relacionados con lo local. Inevitablemente la etnobot&#225;nica est&#225; ligada  a una filosof&#237;a que toma como punto de partida a la bioregi&#243;n, y no al  estado-naci&#243;n, prest&#225;ndose a resaltar la importancia del enfoque de la  pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar. De hecho, el conocimiento de la etnobot&#225;nica  surge de un contexto concreto, de un espacio, tiempo y cultura espec&#237;ficos.  A pesar de que ciertos principios, como el afecto por la tierra, pueden  generalizarse, los detalles espec&#237;ficos de c&#243;mo este afecto se materializa  necesariamente var&#237;an de un lugar a otro ya que se trata de una dimensi&#243;n&#151;como  el afecto&#151;eminentemente cultural.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Ahora bien, la pluralizaci&#243;n epistemol&#243;gica y la incorporaci&#243;n de conocimientos  etnobot&#225;nicos en los curr&#237;culos escolares enfrentan problemas estructurales  asociados con el grado de autonom&#237;a de las escuelas, la disposici&#243;n de  los profesores, la vinculaci&#243;n de las comunidades y el papel de los sabedores  locales. La estandarizaci&#243;n de la formaci&#243;n escolar rara vez reconoce el  valor biocultural de los conocimientos no formales y vern&#225;culos de la misma  manera que los conocimientos formales y universalistas. Adem&#225;s, la mercantilizaci&#243;n  del conocimiento, del cual el credencialismo es una de sus principales  manifestaciones, excluye el conocimiento y la experiencia que detentan  los mayores de todas las culturas sustentables que nunca fueron escolarizadas  formalmente. Sin caer en una postura nihil&#237;stica, estas son realidades  que defensores de la etnobot&#225;nica constantemente deben tener en cuenta  y buscar formas creativas de circunnavegarlas.&nbsp; </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para lograr un nivel de articulaci&#243;n eficaz y responsable entre conocimientos  formalizados y alternativos debe operar una valoraci&#243;n real de los conocimientos  tradicionales como condici&#243;n m&#237;nima para estimular un dialogo de saberes  exento de hegemon&#237;as que neutralizan la posibilidad de enriquecimiento  mutuo de experiencias, paradigmas y formas de comprender e intervenir el  mundo natural. La maduraci&#243;n del dialogo responsable entre epistemolog&#237;as  de diverso origen debe llegar en alg&#250;n momento a que la etnobot&#225;nica, al  igual que todos los saberes clasificados con el prefijo &#147;etno&#148;, no sea  considerada m&#225;s &#147;etno&#148; sino simplemente &#147;bot&#225;nica&#148; ya que a aquella forma  de nominaci&#243;n le subyace una clasificaci&#243;n intr&#237;nseca de la alteridad,  de lo &#147;otro&#148;, que hist&#243;ricamente Occidente y la ciencia han equiparado  con lo extra&#241;o, lo sospechoso y lo atrasado. Finalmente, la pertinencia  de la incorporaci&#243;n de los conocimientos etnobot&#225;nicos a los curr&#237;culos  escolares a trav&#233;s de la pedagog&#237;a cr&#237;tica del lugar, encuentran una justificaci&#243;n  propicia con la actual crisis ecol&#243;gica que atraviesa el mundo. La identificaci&#243;n  de nuevas dimensiones &#233;ticas que regulen el uso y abuso que los humanos  hacemos de los recursos naturales puede apoyarse en los conocimientos que  m&#250;ltiples comunidades locales han desarrollado por generaciones en diversos  lugares del planeta. Si en la escuela se logra transmitir de manera cr&#237;tica  y responsable esos conocimientos, en lugar de hacer una apolog&#237;a simplificadora,  llevar&#225; a la formaci&#243;n de nuevas generaciones de estudiantes con una sensibilidad  particular para vincularse &#233;ticamente con su entorno inmediato a trav&#233;s  de los conocimientos y experiencias m&#225;s apropiados para su realidad, desarrollados  por sus ancestros y sus contempor&#225;neos en otras latitudes.&nbsp;</FONT></P>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">Notas</font></b></p>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1&nbsp; LEFF, E. (2002). <I>La transici&#243;n hacia el desarrollo sustentable: Perspectivas  de Am&#233;rica Latina y el Caribe</I>. Ciudad de M&#233;xico, Secretar&#237;a de Medio Ambiente  y Recursos Naturales.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2&nbsp; BOWERS, CA. (2001). <I>Educating for eco-justice and community</I>. Athens, GA,  The University of Georgia Press. GRUENEWALD, DA (2003). &#147;The best of both  worlds: A critical pedagogy of place.&#148; <I>Educational Researcher</I>, 32 (4),  pp. 3&#150;12. ORR, DW (1992). <I>Ecological literacy: Education and the transition  to a postmodern world</I>. Albany,State University of New York Press. SOBEL,  D (2004). <I>Place-based education: Connecting classrooms and communities</I>.  Great Barrington, MA, Orion Society.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3&nbsp; PONTING, C. (1991). <I>A green history of the world: The environment and the  collapse of great civilizations</I>. Nueva York, Penguin Books.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4&nbsp; COMENIO, JA. (1896). <I>The great didactic.</I> With Introduction,Biography and  History by M. W. Keatinge. London, Adam and Charles Black. Publicado originalmente  entre 1628-1632, p. 364.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5&nbsp; DOBINSON, CH. (1970). <I>Comenius and contemporary education</I>. Hamburg, UNESCO,  Institute for Education, p. 55.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6&nbsp; RIVAL, LM. (2002). <I>Trekking through history: The Huaorani of Amazonian  Ecuador</I>. New York, Columbia University Press.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7&nbsp; LIZARRALDE, M. (2004). &#147;Indigenous knowledge and conservation of the rain  forest: Ethnobotany of the Bar&#237; of Venezuela&#148;, en: CARLSON, ThJS &amp; MAFFI,  L (eds.)(2004). <I>Ethnobotany and conservation of biocultural diversity</I>.  Nueva York, The New York Botanical Garden Press.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8&nbsp; QUINLAN, M. &amp; QUINLAN, R. (2007). &#147;Modernization and medicinal plant knowledge  in a Caribbean horticultural village&#148;. <I>Medical Anthropology Quarterly</I>,  21 (2), pp. 169-192.&nbsp; </FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9&nbsp; RIVAL, LM. (2002). <I>Op. cit</I>.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 10&nbsp; RENGIFO VASQUEZ, G. (1998). &#147;The ayllu&#148;, en: APFFEL-MARGLIN, F &amp; PRATEC  (eds.) (1998). <I>The spirit of regeneration: Andean culture confronting Western  notions of development</I>. London, Zed Books, p.&nbsp;89.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 11&nbsp; <I>Ibidem</I>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12&nbsp; <I>Ibid</I>., p. 91.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13&nbsp; VALLADOLID RIVERA, J. (1998). &#147;Andean peasant agriculture: Nurturing a  diversity of life in the chakra&#148;, en: APFFEL-MARGLIN, F &amp; PRATEC (eds.)(1998).  <I>The spirit of regeneration: Andean culture confronting Western notions  of development</I>. London, Zed Books, p. 85.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14&nbsp; LOUV, R. (2005). <I>Last child in the woods: Saving our children from nature-deficit  disorder</I>. Chapel Hill, NC, Algonquin Books.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15&nbsp; BATESON, G. (1975). <I>Steps to an ecology of mind</I>. Nueva York, Ballentine.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16&nbsp; ESPR&#205;VALO, P. &amp; FORNEY, S. (2001). &#147;Integrating social studies and ethnobotany:  A multicultural approach&#148;. <I>The Social Studies</I>, 92 (3), pp.126-129.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17&nbsp; SARANGAPANI, PM. (2003). &#147;Indigenising curriculum: Questions posed by Baiga  vidya&#148; <I>Comparative Education</I>, 39 (2), pp. 199-209.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 18&nbsp; MCNALLY, M. (2004). I&#148;ndigenous pedagogy in the classroom: A service learning  model for discussion&#148;. <I>American Indian Quarterly</I>, 28 (3-4), pp. 604-617.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 19&nbsp; <I>Ibidem</I>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 20&nbsp; BARRERA-BASOLS, N. &amp; TOLEDO, V. (2005). &#147;Ethnoecology of the Yucatec Maya:  Symbolism, knowledge and management of natural resources&#148;. <I>Journal of Latin  American Geography</I>, 4 (1), p.11.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 21&nbsp; <I>Ibid</I>., p. 12.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 22&nbsp; SNIVELY, G. &amp; CORSIGLIA, J. (2000). &#147;Discovering indigenous science: Implications  for science education&#148;. <I>Science Education</I>, 85 (1), p.9.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 23&nbsp; ILLICH, I. (1977). <I>Toward a history of needs</I>. Nueva Cork, Bantam Books.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 24&nbsp; PRAKASH, MS. &amp; ESTEVA, G. (1998). <I>Escaping education: Living as learning  within grassroots cultures</I>. New York, Peter Lang.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 25&nbsp; RENGIFO VASQUEZ, G. (1998). <I>Op. cit</I>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 26&nbsp; Una extensa parte de esta discusi&#243;n se alimenta de los trabajos realizado  por C. A. BOWERS (2001). <I>Op. cit</I>.; David GRUENEWALD (2003). <I>Op. cit</I>.; David  ORR (1992). Op. cit; y David SOBEL (2004). <I>Op. cit</I>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 27&nbsp; BURBULES, N. &amp; BERG, R. (1999). &#147;Critical thinking and critical pedagogy:  Relations, differences, and limits&#148;, en: POPKEWITZ, T. &amp; FENDLER, L. (eds.)(1999).  <I>Critical theories in education</I>. Nueva York, Routledge, p. 50.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 28&nbsp; Cfr. CARNOY, M. (1974). <I>Education as cultural imperialism</I>. Nueva York,  David McKay Company. Cfr. RODNEY, W. (1982). <I>How Europe Underdeveloped  Africa.</I> Washington, DC, Howard University Press.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 29&nbsp; BOWERS, CA. (2001). <I>Educating for eco-justice and community</I>. Athens, GA,  The University of Georgia Press.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 30&nbsp; NANDY, A. (1997). &#147;The decolonization of the mind&#148;, en: RAHNEMA, M &amp; BOWTREE,  V. (eds.)(1997). <I>The post-development reader</I>. Londres, Zed Books.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 31&nbsp; ORR, DW. (1992). <I>Ecological literacy: Education and the transition to a  postmodern world</I>. Albany,State University of New York Press, p. 130.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 32&nbsp; PLOTKIN, MJ. (1994). <I>Tales of a Shaman&#146;s apprentice: An ethnobotanist searches  for new medicines in the Amazon rain forest</I>. Nueva York, Penguin Books.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 33&nbsp; RAIHANI (2007): &#147;Education reforms in Indonesia in the twenty-first century&#148;.  <I>International Education Journal</I>, 8 (1), pp. 172-183.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 34&nbsp; <I>Ibidem</I>.</FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 35&nbsp; ARENAS, A. (2008). &#147;Connecting hand, mind, and community: Vocational education  for social and environmental renewal&#148;. <I>Teachers College Record</I>, 110 (2),  pp. 377-404.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 36&nbsp; DEWEY, J. (1916). <I>Democracy and education: An introduction to the philosophy  of education</I>. Nueva York, Free Press, p. 308.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 37&nbsp; ASOCIACI&#211;N PAQALQU (2004). &#147;Aprendizaje de ni&#241;os aymaras en edad escolar  en la Provincia de Yunguyo&#148;, en: PRATEC (ed.) (2004). <I>Una escuela amable  con el saber local</I>. Lima, Per&#250;, PRATEC, pp. 55-56.&nbsp; </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 38&nbsp; WARNER, J. (2006). &#147;Using global themes to reframe the bioprospecting debate&#148;.  <I>Indiana Journal of Global Legal Studies</I>, 13 (2), pp. 645-671.</FONT></P>     ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><b><font face="Verdana" size="2" color="#1F1A17"> Bibliografías</font></b></P>     <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1. ARENAS, A. (2008). &#147;Connecting hand, mind, and community: Vocational education  for social and environmental renewal&#148;. <I>Teachers College Record</I>, 110 (2),  pp. 377-404.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593357&pid=S1315-5216200900010000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. BARRERA-BASOLS, N. &amp; TOLEDO, V. (2005). &#147;Ethnoecology of the Yucatec Maya:  Symbolism, knowledge and management of natural resources&#148;. <I>Journal of Latin  American Geography</I>, 4 (1), p.11.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593358&pid=S1315-5216200900010000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3. BATESON, G. (1975). <I>Steps to an ecology of mind</I>. 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(1916). <I>Democracy and education: An introduction to the philosophy  of education</I>. Nueva York, Free Press, p. 308.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593361&pid=S1315-5216200900010000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6. ESPR&#205;VALO, P. &amp; FORNEY, S. (2001). &#147;Integrating social studies and ethnobotany:  A multicultural approach&#148;. <I>The Social Studies</I>, 92 (3), pp.126-129.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593362&pid=S1315-5216200900010000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7. ILLICH, I. (1977). <I>Toward a history of needs</I>. Nueva Cork, Bantam Books.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593363&pid=S1315-5216200900010000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8. MCNALLY, M. (2004). I&#148;ndigenous pedagogy in the classroom: A service learning  model for discussion&#148;. <I>American Indian Quarterly</I>, 28 (3-4), pp. 604-617.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593364&pid=S1315-5216200900010000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. ORR, DW. (1992). <I>Ecological literacy: Education and the transition to a  postmodern world</I>. 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(1994). <I>Tales of a Shaman&#146;s apprentice: An ethnobotanist searches  for new medicines in the Amazon rain forest</I>. Nueva York, Penguin Books.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593367&pid=S1315-5216200900010000600011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 12. PONTING, C. (1991). <I>A green history of the world: The environment and the  collapse of great civilizations</I>. Nueva York, Penguin Books.&nbsp; </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593368&pid=S1315-5216200900010000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13. QUINLAN, M. &amp; QUINLAN, R. (2007). &#147;Modernization and medicinal plant knowledge  in a Caribbean horticultural village&#148;. <I>Medical Anthropology Quarterly</I>,  21 (2), pp. 169-192.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593369&pid=S1315-5216200900010000600013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 14. RAIHANI (2007): &#147;Education reforms in Indonesia in the twenty-first century&#148;.  <I>International Education Journal</I>, 8 (1), pp. 172-183.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593370&pid=S1315-5216200900010000600014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 15. RIVAL, LM. (2002). <I>Trekking through history: The Huaorani of Amazonian  Ecuador</I>. New York, Columbia University Press.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593371&pid=S1315-5216200900010000600015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 16. SARANGAPANI, PM. (2003). &#147;Indigenising curriculum: Questions posed by Baiga  vidya&#148; <I>Comparative Education</I>, 39 (2), pp. 199-209.</FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2593372&pid=S1315-5216200900010000600016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="#1f1a17" SIZE="2" FACE="Verdana"> 17. SNIVELY, G. &amp; CORSIGLIA, J. 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