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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Populismo y “filosofía latinoamericana”: el caso argentino]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The objective of this paper is to point out the homologous points and the ruptures found in the Argentine case, between populist discourse and so-called “Latin American” Philosophy. The purpose is to contribute to political and theoretical clarity in relation to phenomenon which within diverse practical fields (what is directly political and what is philosophical production) have played import roles in antagonistic moments of social confrontations: phenomenon which until now have been insufficiently analyzed both separately and in relation to possible mutual articulations.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="CENTER"> <B><font color="000000" face="Verdana" size="3">Populismo y “filosofía latinoamericana”: el caso argentino</font></B></P>      <P ALIGN="CENTER"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Roberto Follari </FONT></B></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Facultad de Ciencias Políticas Universidad Nacional de Cuyo Mendoza  - Argentina. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"> <B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Resumen </FONT></B> </P>  <A NAME="fron-04"></A>    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El objeto de nuestro trabajo es señalar los puntos de homología y ruptura  que se dan, en el caso argentino, entre discurso populista y la llamada  “Filosofía latinoamericana”. Esto, a fin de contribuir al esclarecimiento  teórico y político en torno a fenómenos que, dentro de campos prácticos  diversos (lo directamente político y la producción filosófica) han desempeñado  un papel importante en los momentos de antagonización de los enfrentamientos  sociales; fenómenos que a la fecha, tanto “por separado” como en cuanto  a sus posibles articulaciones entre sí, han sido insuficientemente analizados. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"> <B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Palabras clave: </FONT></B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Populismo, filosofía latinoamericana, Argentina, discurso.</FONT></P>      <P ALIGN="CENTER"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> <b> Populism and “Latin American Philosophy”: the Argentine Case</b> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"> <B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Abstract </FONT></B> </P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> The objective of this paper is to point out the homologous points and the  ruptures found in the Argentine case, between populist discourse and so-called  “Latin American” Philosophy. The purpose is to contribute to political  and theoretical clarity in relation to phenomenon which within diverse  practical fields (what is directly political and what is philosophical  production) have played import roles in antagonistic moments of social  confrontations: phenomenon which until now have been insufficiently analyzed  both separately and in relation to possible mutual articulations. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"> <B><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> Key words:</FONT></font></B><font face="Verdana" size="2"> <FONT COLOR="000000"> Populism, Latin-American philosophy, Argentina, discourse.</FONT></font></P>      <p ALIGN="justify"><font face="Verdana"><font color="#000000" face="Verdana" size="2">Recibido: 04-06-2006 · Aceptado: 13-11-2006</font></font>      <P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 1. Humanismo y terror </FONT></B></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Tal vez no podríamos suscribir plenamente la siguiente frase: “...la utilización  del humanismo es una provocación. De hecho...fue...el que en 1948 justificó  a la vez el stalinismo y la hegemonía de la democracia cristiana...bien  mirado, este humanismo ha sido el elemento prostituidor del todo el pensamiento,  de toda la moral, de toda la política de los últimos veinte años;...lo  que resulta una provocación es que se quiera poner como ejemplo de virtud”  (Foucault en Caruso, 1969:85). Sin duda, no sólo en nombre del humanismo  se ha cometido o justificado excesos; su lado opuesto, el de “las estructuras  sin hombre constituyente” no le ha ido a la zaga (y el mismo stalinismo  es expresivo al respecto). Pero la virulencia de la frase citada esconde  un importante margen de verdad; el humanismo es una posición del pensamiento  que se oculta a sí mismo su faz “bárbara”, y que presenta un discurso ideal  para la producción de dicha ocultación; en nombre del “hombre”, del sentido,  de lo moral, no sólo todo es justificable, sino a la vez loable y “puro”.  La intencionalidad de la acción, clave de todo humanismo si definimos a  éste por la predominancia del yo, la conciencia, el “cogito”, lleva a opacar  el momento objetivo de dicha acción. El significado que <I>para mí</I> tiene el  acto es lo que le otorga su sentido; y no en vano Freud ha mostrado sobradamente  que lo que me figuro a mí mismo es siempre una imagen “unificada-idealizada”  de mis contradicciones intrapsíquicas (la difundida <I>Spaltung</I>) y de las  mías con el mundo exterior. Los actos que remiten a beneméritas intenciones  a menudo no son más que expresión fáctica de una argumentación que responde  a asegurar y defender el propio interés, mecanismos no-sabidos de la “voluntad  de poder” (Nietzsche). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El humanismo es acusable de canalizar operaciones de dominación y poder,  como <I>cualquier</I> “ideología teórica” (recalco: cualquiera, aún llámese marxismo,  filosofía de la liberación u otras denominaciones de pensamiento emancipatorio)  que se proponga abierta o larvadamente como excluyente, o dueña fundamental  del acceso a la verdad. Pero el humanismo resulta más peligroso que otras,  por dos causas: 1. Su cercanía con el sentido común, con los “buenos sentimientos”,  que plantea un verdadero “obstáculo epistemológico” (G. Bachelard) a la  posibilidad de esclarecer su <I>funcionamiento</I> objetivo; 2. Su apelación a  lo “sublime”, por un lado, y por otro intangible, “invisible”; esto es,  la recurrencia a principios superiores, los cuales no son patentizables  más allá del campo de la intencionalidad del sujeto (lo cual lleva a pensar  en términos de “compromiso” y “mala fe” como fundantes y no como fundados,  tal el caso de Sartre). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> El humanismo no resulta ser, por tanto, lo opuesto del terror totalitario,  de la represión a la diferencia o de las masacres contra el pueblo (como  aparece a una mirada ingenua): a menudo se constituye como el discurso  explícito de la ideología en nombre de la cual se realizan y legitiman  esos actos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 2. Argentina, o el miedo a la diferencia </FONT></B></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> No puede dejar de destacarse que la Argentina es un país con población  mayoritariamente descendiente de europeos, a sólo dos o tres generaciones  de distancia. Europeos que sobredeterminaron su característica “cultura  occidental” (de la cual los inmigrantes de comienzos del siglo XX eran  portadores a pesar de su pobreza, en cuanto a la predominancia del pensamiento  abstracto, la tendencia a regirse por normas impersonales, etc.) con la  necesidad de un arduo trabajo para superar la situación de miseria en que  llegaron, dentro de un ambiente de fuerte competitividad. Se impuso una  ética del esfuerzo, del ahorro, del orden, culto a la medida, a lo austero,  al cálculo y la racionalidad. Sin dudas una ética que recuerda la requerida  por el capitalismo en sus inicios, según lo explica Max Weber en relación  con el protestantismo. Imposición de la limitación al goce para seguir  los requerimientos de la acumulación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Sigmund Freud (1) ha mostrado con cuidado la oposición entre libre salida  de la pulsión y surgimiento de la cultura. En tanto ésta se funda con el  “no”, con la Ley que impone el lenguaje, se produce <I>contra</I> los impulsos,  en la larga tarea de domesticarlos y de demorar su salida, o de sublimarlos,  “debilitándolos”. Las sociedades más culturalizadas (en lo referido a su  “cultura formal”, lo que se ha denominado equívocamente “civilización”)  son, por tanto, las más reprimidas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> A su vez, los sujetos (individuales o colectivo-históricos) muy reprimidos  tienden, como una de sus conformaciones más frecuentes, a portar una alta  carga persecutoria. Cuanto menos gozo, más me molestan los que gozan. Lo  insoportable “es el goce del otro”, como plantea Lacan (Lacan en Braustein,  1981: 341). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Cuando gozo, no pienso en el otro, de hecho no pienso; el pensamiento,  producido “contra” el impulso, es fruto de la represión. Si no me doy ocasión  para el placer ofrecido por la realización del impulso tengo, a la vez,  más carga contra el placer de los otros, y más tiempo para ser testigo  impotente de éste. Así, la civilización incluye un aspecto persecutorio  inmanente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Si ligamos estas breves referencias al psicoanálisis -limitadas a los fines  del presente trabajo- con la referencia a la ética que portaron los inmigrantes  europeos en la Argentina, tenemos el cuadro completo de una formación social  altamente “civilizada”, calculadora, ahorrativa. Una sociedad <I>culta</I> (mínimo  analfabetismo, por ej.), la cual, siguiendo a las mediaciones conceptuales  que hemos planteado, resulta en considerable medida persecutoria del placer  y la diferencia (2). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Es esto a lo que H. Marcuse ha llamado “sublimación represiva” (3); sublimación  de los impulsos, que ofrece a éstos una salida sustitutiva, socialmente  tolerable, no disruptiva en relación a lo dado. Imposición del “principio  de realidad”, ciertamente no sólo en el actuar del sujeto, sino en los  límites impuestos a su simbolización, a su pensar, a lo que se entiende  aceptable. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Y en la señalada sublimación se cierra el ciclo. Cara bella, “rostro humano”  de la represión, aparecen los más altos y nobles principios (a nivel de  la conciencia) que permiten vigilar, denostar y castigar a cuanto se salga  de la norma. He aquí de nuevo el humanismo visto ahora desde el final del  camino, desde lo que podríamos llamar su “proceso libidinal de producción”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> No negamos ciertos contenidos valiosos de este humanismo: aceptación de  normatividades que imponen límite a la corrupción, asunción de modos de  convivencia ausentes de violencia, condena de la criminalidad más brutal  (violación, atraco, asesinato), imposición de modos de racionalización  (y aún de “profundidad”) de la convivencia. Hay un <I>lado positivo</I> innegable  -y de fuerte densidad- del proceso sociocultural de racionalización al  cual ese humanismo se liga. El problema es que, en los momentos límites,  la pulsión reprimida desborda y la carga guardada se resarce con singular  violencia; y que, a su vez, los dispositivos “razonables” mentan, en un  mismo movimiento y como su opuesto/interno, lo “irrazonable” a reprimir.  La razón -entendida en el sentido restringido de razón propia de la modernización-  se funda mutuamente con su contrario incluso en el lenguaje, tal como ocurre  con el <I>sí</I> y el <I>no</I>, el <I>frío</I> y el <I>calor.</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Podemos pensar en Argentina como un país donde la diferencia radical, lo  Otro (como se diría en la filosofía de la liberación, por influencia de  Levinas) tiende a ser rechazado. Donde hay poco espacio para un lenguaje  que se desmarque de los límites de lo pre-establecido. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Si lo anterior es cierto, encontramos una explicación particular para la  larga preeminencia del populismo no-socialista en Argentina, en la conciencia  e ideología de la clase obrera y el bloque dominado en su conjunto. Una  sociedad que deplora el exceso, rechaza también a la revolución (y al marxismo,  que está ligado a ésta directamente), es decir, a aquello que resulte dislocante  en relación a las normas hegemónicas en el ordenamiento social dado. Argentina  es un país de ideologías “humanistas”, y en nombre de ellas es que, tanto  a nivel teórico como propiamente político, por mucho tiempo se asumió la  <I>inferioridad</I>, cuando no la “extemporaneidad” o el “exotismo” del materialismo  histórico, y de las ideas revolucionarias en general. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 3. El populismo y su concepto </FONT></B></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Seguiremos en este punto la rica apertura iniciada por Laclau (1979). No  vamos a desarrollar aquí su teoría: baste señalar que él ubica al populismo  como fenómeno <I>ideológico</I>. Que para él lo ideológico -retomando de modo  sugerente la teoría althusseriana- constituye a los sujetos a partir de  interpelaciones discursivas. Que las interpelaciones populistas no constituyen  un discurso autónomo, sino que se articulan con las de las diferentes clases  sociales. Y que esta capacidad de articulación hace que múltiples discursos  de clase puedan resultar “populistas”, siempre y cuando antagonicen desde  estas interpelaciones en ruptura con el bloque dominante. Como corolario,  se entiende: a) Que los populismos pueden ser múltiples, desde el nazismo,  al ruso de 1890 o al estadounidense de los granjeros, hasta el peronismo  o el nasserismo; b) Que una política revolucionaria lo será más plenamente,  cuando en su discurso incluya y articule elementos populistas. Esto, lejos  de ser una desventaja, constituiría un logro fundamental, sin el cual la  capacidad de <I>interpelación</I> del discurso revolucionario sería sumamente  pobre. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Partiremos de la <I>problemática</I> abierta por Laclau. Esto implica abandonar  ciertas líneas preestablecidas en cuanto al populismo: a) Que éste responde  a una etapa determinada del desarrollo de las fuerzas productivas (p.ej.,  en nuestro continente, nada indica que no pueda reaparecer con otro cuño);  b) Que pertenece esencialmente a una clase social determinada (burguesía  industrial “nacional”, u otras); c) Que su función sea <I>engañar</I> a las masas  para permanecer en lo existente; siempre se ubica en una situación de quiebre  frente al bloque en el poder (no decimos de <I>ruptura revolucionaria</I> necesariamente,  por supuesto); d) Que sea perjudicial el discurso populista en los movimientos  revolucionarios. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Lo anterior está largamente detallado en Laclau, y lamentablemente no podemos  aquí sino remitir a su texto para la discusión de esos puntos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Ya ubicados en la problemática del populismo como <I>ideología</I>, como elementos  no clasistas que se articulan a discursos de clase (en lo <I>discursivo</I>, campo  de la ideología), señalaremos ciertas críticas a la proposición de Laclau  (4). Para ello retomaremos los desarrollos de Emilio de Ipola (1982), y  secundariamente señalaremos algunos aportes de E. Dussel (1983), aunque  en este último caso no seguiremos su conceptualización global sobre el  fenómeno del populismo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En cuanto a de Ipola, importa destacar su acento en las condiciones de  producción y de recepción social de los mensajes que establecen la “interpelación”.  De este modo se ubica a los textos en su condición de <I>forma</I> social (5),  y la lucha ideológica no aparece limitada a “lucha entre mensajes”, sino  se la entiende como lucha entre aparatos de propagación y sujetos de recepción  diversos. De tal modo, variados aspectos de la forma de emitir el mensaje  ideológico son destacados (6), así como las condiciones de recepción de  los sujetos históricos del caso, las que resultan más multifacéticas y  dificultosas para analizar, pero de peso innegable en el efecto discursivo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Dussel apunta, sin utilizar este lenguaje, a tales condiciones de producción  y recepción, cuando señala el hecho importante de que todo populismo tiene  un líder (Dussel, 1983:267), y de que escucha a éste desde una idea ancestral  de “falta” que la palabra del líder vendría a llenar (en el caso de las  clases populares) (7). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Estas “condiciones sociales de recepción”, no pensadas inicialmente en  la vertiente althusseriana que retoma Laclau, son determinantes de todo  éxito o fracaso posible de la <I>interpelación</I> populista. La eficacia del  discurso no depende sólo -entonces- de la <I>capacidad articulatoria</I> intrínseca  de éste. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Para el caso argentino, volviendo a nuestro ejemplo, estas condiciones  sociales de recepción incluyen, como un factor importante, la “civilización”  de la población nacional (aún de su clase obrera, en considerable medida).  El discurso ha sido interpretado desde una ideología de la no-fractura  y del orden. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Hipotetizamos que este ingrediente ha sido no menor en la constitución,  en ese país, de una ideología de clase burguesa de tipo populista: el peronismo.  Es decir, que el peronismo sería una reedición del humanismo. Humanismo  de base cristiana (8), en el cual se reconocían ideológicamente las clases  populares y sectores de las clases medias (piénsese que el peronismo convirtió  la religión católica en oficial para su enseñanza en las escuelas, y que  las clases medias lo apoyaron en la masiva victoria electoral del año 1952).  La discursividad de un “populismo revolucionario” que intentó el peronismo  de izquierda, más allá de los errores de estrategia en que se inscribía  (vanguardismo, indistinción entre política y enfrentamiento), no poseía  igual capacidad para interpelar. Y esto porque, como adelantamos, la articulación  de los contenidos populistas se da con otros contenidos, de corte clasista;  y los de “socialismo”, “lucha revolucionaria”, “clase obrera”, etc., poco  decían a la condición cultural dominante en el corte de todas las clases  sociales; el de evitación del antagonismo, el del orden, la armonía, el  “amor” entendido como descompromiso de pasiva aceptación, y no en el registro  de “no traer la paz, sino la espada”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><font size="2"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 4. “Filosofía latinoamericana” y populismo </FONT></B></font></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Podremos convenir, siguiendo lo hasta acá desarrollado, una cierta forma  de lectura de la siguiente afirmación: “En su origen argentino, y por consecuencia  del populismo peronista, la cuestión de Marx fue mal planteada por la generación  de filósofos de la liberación” (Dussel, 1983: 93). Afirmamos que existe  un <I>suelo común</I> a populismo y “filosofía latinoamericana”, que funda a ambos  y a sus mutuas relaciones: es el campo de la “civilización”, acerca del  cual ya nos hemos extendido. No estamos seguros de que el populismo haya  “inficionado” a la filosofía, dado que el origen de ésta a menudo se encuentra  más cercano a lo filosófico estrictamente -y a veces a lo religioso- que  a la mediación política (Dussel, 1973). Sospechamos, más bien, que desde  un espacio de significaciones socialmente establecido, Marx resultaba intolerable,  la “diferencia” marxista escandalosa. Era posible reconocerse en discursos  no radicales, o al menos mediados por el <I>humanismo</I>; en este sentido cabría  pensar la liberación dentro de un populismo no revolucionario, y la filosofía  en un campo de ruptura/continuidad con los clásicos del pensamiento “tolerado”:  tomismo primero, fenomenología y ontología de Heidegger después. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> No estamos minusvalorando la importancia parcialmente disruptiva de la  “filosofía latinoamericana”. Desde los inacabables discursos previos sobre  la escolástica, costosamente la fenomenología había abierto una brecha.  En el paso desde esta última a la política y al pensamiento de la socialidad  de nuestro continente el corte no es pequeño, e incluye la <I>irrupción</I> lisa  y llana de las luchas populares iniciadas con el Cordobazo en el país.  En este sentido, la “filosofía latinoamericana” también era un escándalo;  negaba la universalidad filosófica, y explicitaba lo político dentro del  recinto académico. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Pero es sorprendente que este descubrimiento <I>epocal</I> de la política como  fundante se siguiera haciendo desde las categorías tradicionales de la  filosofía, como metafísica u ontología. Resulta sintomática la predominancia  de la fenomenología, sobre todo en versión heideggeriana, en la gran mayoría  de la producción de la “escuela” (9). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> No queremos con lo anterior hacer una defensa abstracta del marxismo, y  menos de éste como abstracto (ajeno a su politicidad constitutiva). Reivindicarlo  es reivindicar su uso práctico-político y su pertinencia teórica al interior  de esa práctica, no como dogma o Verdad sino como teorización que recupera  largas luchas y experiencias de los movimientos populares. Pero no cabe  duda que el marxismo dominante en aquella época, de corte althusseriano  en su mayoría, estuvo muy lejos de poder enfrentarse a las necesidades  políticas del momento: academicista, cerrado en la meta-teoría, dejó el  campo de las preocupaciones prácticas a las versiones más crudas del leninismo  y el maoísmo, que poco se adecuaron a una sociedad mucho más modernizada  que la Rusia de 1905 o la China de la época de la Larga Marcha. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><font size="2"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 5. Relación entre política y filosofía: la no-organicidad </FONT></B></font></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En Argentina la ruptura entre militantes y teóricos resultó rotunda en  la década de los setenta: el eticismo de los primeros redundó en un desprecio  por la teoría, el cual sin dudas se acentuó por la vertiente populista.  La teoría, a su vez, no pudo fundar una explicación orgánica frente a la  complejidad de las luchas que se desarrollaban. En este sentido, la teoría  social (cuyos límites tenían que ver con los del movimiento social real,  con la escasa experiencia político-clasista del movimiento obrero) no pudo  fecundar la práctica, en un momento en que la contradicción para los sectores  populares pasó por ceñirse o a un vanguardismo “izquierdista” y aislante,  o a un populismo resignado y sin capacidad crítica (las dos “alas” en que  se dividió el peronismo). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Esto afectó a la “filosofía latinoamericana”. Su discurso podría ser llamado  en buena medida <I>ideológico</I>, demasiado abstracto en relación a ser capaz  de pensar políticamente la realidad. Funcionó en el campo general <I>de los  principios</I>, las razones para hacerse militante, pero no en el de cómo pensar  la militancia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Lo mismo sucedió con el pensamiento de la izquierda populista (R. Puiggrós,  Hernández Arreghi), e incluso también con el marxismo. Este demostró insuficiente  desarrollo como para incluirse sustantivamente dentro del movimiento social,  y tampoco ofreció claves de intelección que hubieran resultado imprescindibles.  Por ej., un grupo tan valioso como <B>pasado y presente</B> no dejó huellas políticas  de importancia en aquellos momentos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Estas teorizaciones <I>quisieron</I> ser orgánicas al movimiento popular, pero  no lo fueron. A lo sumo sirvieron al reclutamiento de militantes por “convencimiento  ideológico”. Y esto no es casual: en una sociedad racionalizada, donde  <I>los principios</I> son decisivos, la filosofía gastó sus baterías principales  en dar la lucha en ese nivel. La mediación práctica, el pensamiento propiamente  político estuvo ausente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Por ello es que afirmamos que estas filosofías no lucharon, en Argentina,  por la <I>hegemonía</I> (en el sentido fuerte de esta palabra, el gramsciano).  Una formación social compleja, con un “momento” ideológico sobredimensionado,  requiere una larga lucha ideológica en el seno de la sociedad civil, la  lucha por la hegemonía (no en el sentido leninista de <I>dominio</I> inmediato,  sino en cuanto a la “dirección intelectual y moral de la sociedad”). Para  hacer tal lucha hay que ser conciente de su necesidad, y no concebir la  política como espacio de enfrentamientos cortoplacistas (10). Esto se hacía  imposible en una sociedad que en el campo de la teoría tendía a rechazar  al marxismo, el cual llevaba un escaso desarrollo y difusión; menos aún,  por supuesto, tenía un lugar la teoría gramsciana, un <I>a posteriori</I> de Marx.  Las luchas que se dieron en los “aparatos de hegemonía” fueron por ocupar  lugares, espacios, no por trabajar a largo plazo en lograr el reconocimiento  social. La táctica, en el campo de la filosofía, fue <I>forma</I> de la que se  estableció en la política general, apresurada por las direcciones de izquierda  hacia enfrentamientos inmediatos y a una relación de pura oposición frente  a las fuerzas políticas no adictas. El resultado, catastrófico, lo conocemos.  Allí los papeles se invirtieron: la filosofía, que debió orientar a la  política (como <I>momento interno</I> de esta, se entiende) fue subordinada a  la inmediatez por esta última. No porque se hiciera filosofía que pensara  lo político, sino porque se abandonó la política a un intuicionismo ciego  (aún por parte de muchos filósofos). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> De tal modo es que asistimos, en filosofía, a la imposibilidad de fundar  en un solo movimiento teoría y política (para lo cual el marxismo, en sus  últimos desarrollos, resultaba fundamental). O encontramos el discurso  filosófico relativamente clásico, abstracto, planteado en los términos  del compromiso, la opción por el pobre, etc., que constituye un momento  inicial que requiere posteriores concreciones que no se lograron; o asistimos  a la irrupción lisa y llana de un discurso político desnudo y no propiamente  filosófico, que pretende por efecto de “mostración práctica” (la vigencia  política del populismo burgués) imponerse como filosófico. Es el caso,  realmente llamativo, de proposiciones que sugieren una “filosofía justicialista”  (peronista) (11), o que mezclan discurso político y filosófico sin mediaciones  suficientemente explicitadas (Cullen, 1977). Estos trabajos, a veces cuidadosos  y ricos desde otros puntos de vista (la argumentación, el método) no dejan  de ser un <I>síntoma</I> de una situación de hecho; situación que no logran tematizar.  Ya que en vez de iluminar posibilidades y límites de la opción peronista,  tienden a promover una <I>justificación</I> filosófico-general de ésta, situada,  una vez más, en el campo humanista de la discusión de principios. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><font size="2"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 6. ¿Puede hablarse de “filosofía latinoamericana”? </FONT></B></font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Para no ser tediosos deberemos ser sumarios. Si “filosofía latinoamericana”  es otra cosa que “filosofía hecha en América Latina” (12) tal vez el nombre  resulte poco adecuado, ya que más bien merecería denominarse “latinoamericanista”. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Esta filosofía guarda el fuerte mérito de haber descubierto la peculiaridad  del pensar en relación a nuestro subcontinente; de haber propuesto <I>nuestra</I>  realidad como sustrato. Frente a la dominación histórica ejercida por la  cultura europea en nuestros países, se trata de un rescate necesario y  que será bueno convertir en <I>irreversible.</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Comprendida esta deuda que <I>toda</I> la filosofía de América Latina guarda con  la “filosofía latinoamericana”, cabe señalar algunos problemas importantes  en relación a este recorte latinoamericano de la propuesta: 1.Tiende a  oscurecer las diferencias sustanciales que poseen las formaciones sociales  latinoamericanas entre sí. La reivindicación indígena, por ej., cobra sentidos  muy diferentes en Guatemala o Argentina, en México o Uruguay. 2. La <I>oposición</I>  al marxismo, considerado centroeuropeo. Aquí aparece un punto decisivo,  en cuanto a la <I>universalidad</I> de las categorías y del conocimiento. <I>Situar</I>  el pensamiento, entendemos que no equivale a relativizarlo en su validez,  reduciendo ésta exclusivamente al ámbito de su singular ámbito de producción.  El conocimiento no tiene valor alguno si no puede serlo “de lo general”  (Sáez, 1976); de modo que la concepción latinoamericanista debiera servir  a interpretarnos como originales, pero no <I>originarios</I>; Latinoamérica es  también, y no sólo desde el punto de vista de los dominadores, lo que Europa  ha hecho de ella. No podríamos admitir una supuesta “superioridad esencial”  de lo americano. “Heidegger y Scheler…nos queda la duda de que ni el uno  ni el otro, <I>quizás por no ser americanos</I>, logran captar toda la esencialidad  del hombre” (Kusch: 32). ¿Esto quiere decir que “toda la esencialidad”  se despliega exclusivamente en el campo de los dominados? ¿No mutila a  estos tal dominación? Además: ¿no hay dominadores americanos? Y aún, si  se asumiera -absurdamente- que no los hay: ¿por qué sólo los americanos?  ¿qué sucede con los demás oprimidos, los africanos, los asiáticos? 3. De  modo un tanto contradictorio, los pensadores a que se apela, y los instrumentos  del pensar latinoamericanista, son netamente centroeuropeos. Tal cosa no  nos parecería negativa, si esta escuela no asumiera explícitamente la idea  de existencia de un pensamiento <I>propio</I> de nuestro continente. Pero: ¿por  qué no a Marx y sí a Heidegger? Tampoco podría alegarse que se trata de  un uso a nivel de método y no de contenidos, porque el método funda el  objeto a su interior (Bachelard, 1979), es decir, “demarca” el contenido.  4. El rico manejo que de la fenomenología hacen algunos autores de esta  “escuela”, no obsta para que se extrañe la carencia de apelación a las  <I>ciencias </I>sociales. Hay una fuerte tendencia a la especulación, que lleva  a preguntarse a veces qué motiva que un sentido sea fundado en otro y no  a la inversa, o por qué es <I>este</I> sentido, y no otro. Diremos que Heidegger  fue definidamente un fuerte opositor a la metafísica (13), e incluso su  pensamiento puede ser interpretado como “negativo” con sentido crítico-social  a desentrañar (14), pero <I>esa </I>lectura de su obra es la que menos aparece  en la filosofía que comentamos, dentro de la cual este autor queda reducido  a una posición traducible al humanismo en general. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><font size="2"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 7. Filosofía latinoamericana, filosofía de la liberación, marxismo </FONT></B></font></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Algunos problemas finales. Hemos usado hasta ahora indistintamente las  expresiones “filosofía latinoamericana” y “filosofía de la liberación”.  Importa, en este momento, diferenciarlas. “Se trata de una filosofía que  piensa desde el oprimido, también de los países centrales...Creo que por  ello ninguno de los tres adjetivos me cabría. Prefiero denominarme un <I>filósofo  de la liberación</I>...Opino que la significación del discurso es <I>mundial</I>”  (Dussel, 1983:88). Por razones que hemos apuntado antes, pero también porque  hay autores de la “filosofía latinoamericana” que han incluido resueltamente  al marxismo (Enrique Dussel, Alberto Parisi), la denominación “filosofía  de la liberación” identificaría más claramente su proyecto; en tanto vocación  liberadora, y también en tanto no clausura dentro de la frontera latinoamericana. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Ahora bien, si es así; ¿En qué se diferencia esta escuela de la que podríamos  encuadrar como “marxismo latinoamericano”? Si se propone como <I>otra</I> línea  de pensamiento, corre el riesgo de aparecer sustentando la división entre  “lo autóctono vs. lo europeo” (incluyendo al marxismo dentro de este último  polo). A su vez; ¿qué sería esa posibilidad de aportación específica? ¿Una  metodología, una inspiración general, una forma de relacionar teoría y  praxis, algún aspecto propiamente filosófico ausente del marxismo? </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En el plano de la relación teoría-praxis, la filosofía de la liberación  insiste en su entronque práctico con los sectores populares, de una manera  más viva que en el caso de los autores marxistas (Dussel, 1983:88-89:302).  Hay allí una situación de tensión entre significatividad en la cultura  popular, y discurso filosófico. “Una filosofía de la liberación parte de  la praxis en situación concreta” (Dussel, 1983:89); “La filosofía de la  liberación pretende ser filosofía; filosofía técnica, precisa, científica”  (Dussel, 1983:90). No hay propiamente contradicción entre ambos asertos,  pero sí tensión en cuanto una <I>problemática</I> a esclarecer. Personalmente,  entendemos que el entronque de lo teórico y lo práxico pasa por mediaciones,  no es necesariamente <I>empírico</I>. Dicho de otro modo, pensar orgánicamente  al servicio de las clases populares no implica necesariamente contacto  físico con ellas; el valor teórico-político de las proposiciones estará  dado por su oportunidad, su capacidad de iluminación de la coyuntura o  del horizonte histórico, y por su posibilidad de ser recapturadas por los  oprimidos a través de diversos mecanismos: la lectura (el menos probable,  por cierto), las propuestas de militantes o trabajadores que se inspiraron  por versiones indirectas, la participación en organizaciones donde se asumieron  estas ideas, etc. Los intelectuales (en el amplio significado que da Gramsci  a esta categoría) mediarán la relación de la teoría con los oprimidos,  quienes son su base de sustentación axiológica e histórica. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> En cuanto a la aportación específica de esta propuesta filosófica, creemos  que sin dudas la tiene. Su lenguaje, surgido en parte del humanismo, es  por esto mismo familiar a la sociedad Argentina, un lenguaje capaz de interpelar  y de “prender”. La fenomenología ha brillado por su ausencia en el trabajo  de las ciencias sociales latinoamericanas; y, por cierto, tiene mucho que  decir, desde la obra de Merleau-Ponty a versiones <I>sociológicas</I> como la  de Berger y Luckmann (15). La filosofía de la liberación puede aportar  este aspecto, ligado al <I>sentido</I>, a la significación subjetiva, el cual  puesto dialécticamente en relación al momento objetivo, tiene un fuerte  poder de esclarecimiento de lo cotidiano, lo cultural, lo nacional y popular  que debe recoger el discurso revolucionario. Paradójicamente, tal vez el  gran bien de esta filosofía sea su emparentamiento “genético” con el populismo;  su posibilidad de interpelarnos desde esos sentidos que socialmente compartimos.  Hoy, no desligada del marxismo, puede ayudar a constituir el populismo  revolucionario necesario. Porque es una filosofía preñada hondamente en  el lenguaje común de nuestra cultura, latinoamericana y sobre todo Argentina,  lenguaje en el que necesitamos reconocernos, hallarnos a cobijo. Lenguaje  que es nuestra <I>morada</I>, donde podemos reconocer, objetivado como discurso  social, nuestro anhelo más íntimo: “Poéticamente habita el hombre sobre  esta tierra...” (16). En este paisaje está anclado el actual desafío. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Notas </FONT></B></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 1.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver, Cf. Freud, S.: <B>El malestar en la cultura</B>, en Obras Completas, Biblioteca  Nueva, Madrid.</FONT></font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 2.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver al respecto las obras de M.Foucault, sobre todo <B>Microfísica del poder</B>,  ed. La Piqueta, Madrid, 1980.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 3.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver Rusconi, G.: <B>Teoría crítica de la sociedad</B>, Martínez Roca, Barcelona,  1969, pg.332 y ss.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 4.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Algunas críticas que importan, aunque no lo hagan en relación a nuestro  tema, podemos señalarlas: a). Cuestionamos la idea de que el aspecto clasista  del discurso reside en la <I>forma</I> de éste. Tal intuición oscura, que no desarrolla  Laclau, lleva a restaurar la muy superada dicotomía forma/contenido. A  su vez, sostenemos que existen contenidos ideológicos clasistas que <I>se  articulan</I> a los aspectos populistas produciendo formaciones discursivas  determinadas; b). Estas formaciones discursivas, para ser populistas, deben  plantear como contenido central la reivindicación de los sectores populares.  Este sería el eje semántico central (pueblo/antipueblo) que subsumiría  a los demás. Por esto no aceptamos al nazismo como populismo, en tanto  la apelación al pueblo está subsumida en ese caso en otras más integrativas.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 5.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Esta categoría -<I>forma-</I> es nuestra y dudo que fuese compartida por De Ipola,  dado su global rechazo a la vertiente hegeliana del marxismo, ver op. cit.  pp.46-49, ciertamente lo menos afortunado de su libro.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 6.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver la referencia a los discursos de Perón, caps. 4 y 6, op. cit.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 7.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Señalaríamos que, heideggerianamente, la falta es constitutiva de <I>todo</I>  sujeto humano; sí cabría destacar que esta condición estructural se sobredetermina  por las carencias materiales en casos de marginación social.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 8.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Cf. Perón, J.: <B>Doctrina revolucionaria</B>, ed. Freeland, Buenos Aires, 1973;  puede seguirse la puntual homología entre temas y contenidos de la doctrina  peronista y la doctrina social de la Iglesia, siguiendo las ideas de equilibrio,  justicia distributiva, mediación estatal, etc.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 9.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver, por ej., en <B>Rev. de Filosofía Latinoamericana</B>, año III, enero-diciembre  1977, el trabajo de C. Cullen, “Fenomenología de la sabiduría popular”  y R Kusch, “Esbozo de una antropología filosófica americana” ed. Castañeda,  Buenos Aires.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 10.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Lucha por la toma directa del Estado a la que B. De Giovanni ha denominado  “forma burguesa de la política”.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 11.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Recordar la línea de la revista <B>Envido</B>, por ej., que circulara en 1973-74.</FONT></font></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 12.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver <B>Revista de Filosofía Latinoamericana</B>, op. cit., pg.3</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 13.</FONT> <FONT COLOR="000000"> En el sentido, sobre todo, asumido por J. Derrida, en <B>De la gramatología</B>,  Siglo XXI, México, 1978.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 14.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Cf. Del Barco, O.: <B>Esencia y apariencia en El Capital</B>, Univ. Autónoma de  Puebla, México, 1977; Cacciari, M.: <B>Krisis</B>, Feltrinelli, Milano, 1981.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 15.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver, Cf. <B>La construcción social de la realidad, </B>Amorrortu, Bs.Aires.</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2"><FONT COLOR="000000"> 16.</FONT> <FONT COLOR="000000"> Ver, Hölderlin, F., retomado por Heidegger en artículo del mismo nombre  (“Poéticamente habita el hombre sobre esta tierra”).</FONT></font></P>      <P ALIGN="justify"><B><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> Lista de Referencias </FONT></B></P>      <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 1. BACHELARD, G. <B>La formación del espíritu científico</B>, Siglo XXI, Buenos Aires,  1979. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893899&pid=S1315-6268200600030000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 2. CULLEN, C. “Fenomenología de la sabiduría popular” en <B>Revista de Filosofía  Latinoamericana</B>, año III, enero-diciembre 1977. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893900&pid=S1315-6268200600030000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 3. DE IPOLA, E. <B>Ideología y discurso populista</B>, Folios, México, 1982. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893901&pid=S1315-6268200600030000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 4. DUSSEL, E. <B>Praxis latinoamericana y filosofía de la liberación</B>, ed. Nueva  América, Bogotá, 1983. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893902&pid=S1315-6268200600030000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 5. DUSSEL, E. <B>Para una ética de la liberación latinoamericana</B>, Siglo XXI,  Buenos Aires, tomos I y II, 1973. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893903&pid=S1315-6268200600030000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 6. FOUCAULT, M., entrevista en CARUSO, P.; <B>Conversaciones con Levi-Strauss,  Foucault y Lacan</B>, Anagrama, Barcelona, 1969. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893904&pid=S1315-6268200600030000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 7. KUSCH, R. <B>Esbozo de una antropología filosófica americana</B>, ed. Castañeda,  Buenos Aires. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893905&pid=S1315-6268200600030000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 8. LACAN, J.; cita en “Lacan y el mandamiento de amar al prójimo”, en Braunstein,  N.: <B>A medio siglo de El malestar en la cultura de Sigmund Freud</B>, Siglo  XXI, México, 1981. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893906&pid=S1315-6268200600030000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 9. LACLAU, E. <B>Política e ideología en la teoría marxista</B>, Siglo XXI, México,  1979. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893907&pid=S1315-6268200600030000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" size="2" face="Verdana"> 10. SÁEZ, H. <B>Condiciones de producción de la ciencia social en la formación  capitalista</B>, Universidad Michoacana, Morelia (México), 1976. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=893908&pid=S1315-6268200600030000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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