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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Scriptorium</B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <b>El derecho a la paz</b> <B>por una sociedad sin violencia</B></FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> <B>Álvaro Márquez-Fernández</B></FONT></P>     <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Maestría en Pensamiento Latinoamericano Universidad  Cecilio Acosta Maracaibo – Venezuela  <a href="mailto:amarquezfernandez@gmail.com">amarquezfernandez@gmail.com</a></FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los diversos conflictos bélicos por los que ha atravesado la humanidad,  en particular, en la época de la Modernidad, nos hacen saber que la convivencia  humana siempre se encuentra amenazada por la guerra. Ésta, en más de una  ocasión, ha servido de pretexto para dominar y/o exterminar a otros seres  humanos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La Historia nos brinda muchos ejemplos de seres humanos que se han valido  de la violencia y del poder como los principales medios para lograr imponer  sus intereses y fines. Es más, en sus manos o en sus súbditos, la guerra  o su amenaza, se ha convertido en un mecanismo de “persuasión”, “disuasión”,  del que se valen las sociedades con gran capacidad armamentista para lograr  imponer sus “ideas” a los otros. En tal sentido, el siglo XX que acaba  de finalizar, fue un escenario suficientemente demostrativo de lo que estamos  afirmando, ya que se caracterizó por la presencia de dos guerras mundiales,  y por otras guerras de no menos proporciones que se han activado, especialmente  en el Medio Oriente.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Los primeros soles y lunas del nuevo siglo, nos roban la fe en las esperanzas  de otra humanidad, donde la paz sea un derecho para todos.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La violencia que originan las guerras ha ido produciendo una serie de problemas  culturales, políticos, sociales, etc., que requieren de un concepto de  democracia y tolerancia cívica que parecen estar muy lejos de la realidad  inmediata. No sólo la idea de guerra está asociada a conflictos de extrema  violencia y de muerte; también podría hablarse de guerras psicológicas,  consumistas, propagandísticas, mediática, raciales, electorales, religiosas,  etc., todas ellas con el mismo común denominador: lograr expandir una forma  de poder sobre un colectivo humano con el fin de doblegarlo y subsumirlo  en un orden de represión donde los derechos a la vida y las libertades  políticas quedan sensiblemente negadas o reducidas.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En la América Latina, por ejemplo, los gobiernos dictatoriales o totalitarios  que hicieron escena durante gran parte de nuestra historia, son otra muestra  de la existencia de esta filosofía del poder que acude a la guerra y a  la violencia, para imponerse. El Estado y las democracias de nuestra región  han sufrido los estragos de períodos históricos de gran violencia institucional  y política, desde la colonización los movimientos independentistas, los  enfrentamientos guerrilleros anti <I>status-quo,</I> hasta los actuales movimientos  de resistencia armada en México. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Sin embargo, el rechazo a la guerra y sus atrocidades cuenta, cada vez  más, con “fieles” en todo el mundo. Los pueblos están tomando conciencia  de lo que significa un estado crónico de violencia y/o guerra, para el  desarrollo de las libertades ciudadanas y la paz social.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A mediados del siglo pasado ya se comenzaron a ver los grupos pacifistas,  de desobediencia y defensa contra el uso de la guerra (principalmente la  amenaza nuclear de la llamada “guerra fría&quot; entre los EE.UU de América  y la ex URSS) como medio de pacificación social y política. Esos grupos  nacionales e internacionales, políticos y/o apolíticos, formulan críticamente  un reclamo ético y moral a aquellas individualidades o países que se sirven  de la guerra y/o la violencia para alcanzar poder y hegemonía. Esto no  sólo en el espacio clásico de la política, la economía, el derecho, sino  también en el espacio ecológico y ambientalista. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Hoy en día se ha ido dando origen a una conciencia humanitaria y terráquea  sobre la importancia y urgente necesidad, de lograr derechos que consagren  la paz y eviten la guerra. La necesidad de llegar a realizarnos en un ámbito  histórico donde todos practiquemos por igual normas de convivencia y entendimiento  basadas en la Paz. Lo contrario supondría aumentar las posibilidades de  los conflictos bélicos y la destrucción del hombre y del planeta, si tomamos  en cuenta la capacidad tecnológica de la sociedad moderna para generar  una destrucción bien sea por armas tradicionales o químicas.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El estudio de la Paz desde el punto de vista de la filosofía política,  la moral, la ética, y, especialmente, los derechos humanos, se ha venido  convirtiendo en una plataforma de investigación y discusión muy comprometida  con el futuro de una humanidad más digna, justa y equitativa donde se le  reconozcan a todos –como dice Hinkelammert– el derecho a una vida pacífica,  es decir, a un <I>convivium feliz. </I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La posibilidad de vivir en Paz y para la Paz, requiere de una sensible  reflexión sobre el concepto político de poder, Estado y Derecho con el  que se origina la sociedad moderna. En principio son conceptos basados  en el orden de la fuerza, coacción y represión de la ley. Son sociedades  en las que se ha privilegiado el uso del poder, la violencia o la guerra,  como instancia de socialización de las conductas humanas. Todos los códigos  sociales pasan por la aplicación de valores y normas cuyos contenidos es  el de la obligación, la regulación o el control de las relaciones humanas.  Hay una pérdida de la libertad, sobre todo de la libertad para dialogar  acerca de los problemas y sus posibles soluciones.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Nos encontramos, pues, frente a una sociedad en la que se le rinde culto  a la violencia de todo tipo, a la exclusión social y a la marginalidad.  Y, al parecer, el Estado es impotente para producir una solución que permita  disminuir la permanente conflictividad en la que se desarrolla la vida  ciudadana. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por estas razones consideramos que deben cuestionarse las bases políticas,  jurídicas y axiológicas de las sociedades modernas, muy orientadas por  la economía del mercado y su modelo universal de crecimiento económico,  donde la competitividad de la producción y del consumo genera toda una  idiosincrasia con la que se identifican la mayoría de los pueblos, pensando  que esa es la vía para resolver sus genuinas aspiraciones y lograr una  vida humana más satisfecha y plena.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La convivencia social está llena de altos grados de violencia directa e  indirecta y de agresiones, que van profundizando la enemistad, los egoísmos,  las luchas por el poder entre los seres humanos, y estimulan el enfrentamiento  y el combate para imponer sus creencias y valores. Es decir, en las sociedades  modernas la violencia y la guerra son una realidad presente y permanente,  frente a la cual muchos consideran que sólo a través de ella es que se  puede construir el futuro. Este tipo de historia no puede continuar. Se  requiere, entonces, de una alternativa, una propuesta completamente diferente  y que parta de otros valores humanos, sustentados por una idea sobre la  Paz como un derecho inalienable a la vida, a la dignidad y a la coexistencia  pacífica con los otros. Un nuevo orden de vida mediado por la tolerancia,  el diálogo, el respeto, para cumplir con este ideal se requiere de un nuevo  código de conductas humanas: uno más ético, capaz de construir relaciones  sociales más justas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El discurso y la práctica por la Paz es lo que puede producir la solidaridad  humana tan necesaria en esta época. Una alianza que permita garantizar  la vida humana frente a cualquier riesgo, y para eso se necesita de una  voluntad política y de una gobernabilidad que le permita a los Estados  modernos optimizar las condiciones de vida de sus pueblos. Comprender el  problema de la violencia y de la guerra, pasa por comprender las bases  socio-económicas de la sociedad. Desde este punto de vista la sociedad  moderna es una sociedad en la que ha prevalecido el antagonismo y la exclusión,  la desigualdad y la intolerancia. Una sociedad donde la concentración del  poder reside en una minoría, quedando desasistida de éste la mayoría. Es  una sociedad donde difícilmente se asume una actitud de conciliación o  reconciliación con los que están fuera del sistema. La fractura y segmentación  de las sociedades modernas contribuye a acentuar las diferencias en las  formas de satisfacer las necesidades y los intereses de cada uno. Se requiere  de una concepción humanista de la justicia y de bienestar común de la igualdad,  que permita la participación y el reconocimiento de todos en una sociedad  que tienda a las libertades del pluralismo democrático.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Es inminente le necesidad de elaborar una filosofía de los derechos humanos  para la Paz y de un Estado social de derechos que pueda ser capaz de generar  una moralidad pública que haga posible el logro de ese objetivo. Un Estado  social que permita el desarrollo de mecanismos de participación y actuación  política que tiendan a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.  En este sentido puede entenderse por la Paz, no un ideal aislado e inalcanzable  sino, una realidad que puede irse construyendo en la medida en que se construya  el escenario socio-económico que permita dar soluciones a los niveles de  pobreza, discriminación, dominio, represión, de una clase o grupo social  sobre otra, una nación sobre otra, una cultura sobre otra.  </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El derecho a la Paz, es un derecho que debe serle reconocido a todos, pero  más aún a aquellos seres humanos que viven al borde de la muerte en cualquier  lugar de este mundo. Aquellos que subsisten en un sistema social que no  les reconoce las mínimas condiciones de vida. Son aquellos que buscan la  Paz como refugio a la violencia y a la guerra de los que ambicionan el  poder. Sólo así habrá una oportunidad para la Vida en este planeta. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La búsqueda y obtención de la Paz, como un espacio de convivencia humana,  individual a la vez que colectivo, no solo es una categoría filosófica  para el ejercicio de la pluralidad y la diversidad, el consenso y la participación,  en vista de lograr fines e intereses asociados con el bien común; sino  también un principio ético y moral que debe responder a una acción política  y ciudadana que haga viable el desarrollo de tal aspiración.  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Las propuestas para el logro de una democracia ciudadana, para la diversidad  y la interculturalidad, deben orientarse a un cambio social de las relaciones  humanas y de las relaciones estatales, que provoquen una transformación  del concepto moderno de poder como sinónimo de violencia, coacción, agresión,  represión. Una postura humanística y sabia del ejercicio del poder en su  sentido liberador es la que reclama la actual sociedad, sólo en esa medida  es que la sociedad puede evolucionar hacia un sistema de relaciones humanas  pacíficas y libres. El nuevo orden social e histórico que proclama la globalización  y la economía de mercado, debe ser superado por una trascendental reflexión  práctica sobre la Paz. Si esta praxis de la conservación de la vida no  logra garantías socio-políticas que le den legitimidad, nos estaremos alejando  del mundo pacificado que deseamos. Somos testigos conscientes de lo que  ya se avisora como la peor de las crisis de la Modernidad: un “reino de  este mundo”, donde la reproducción de la violencia es una total contradicción  al ser social de la vida humana. </FONT></P>       ]]></body>

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