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<publisher-name><![CDATA[Instituto de Filosofía del Derecho "Dr. José M. Delgado Ocando" Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas - Universidad del Zulia - Maracaibo - Venezuela.]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Realización de la libertad: Aproximaciones al derecho, el estado y el poder en Kant]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[This study is dedicated to contrasting freedom of will, or internal freedom, in terms of principle, with political or exterior freedom, with the understanding that the latter, according to Kant, constitutes experience in itself and therefore, a moment of complete liberty. On considering the exteriority of freedom in this study, based on some special Latin American circumstances, in the first place, its establishment can be observed in the transferred foundational legal texts. Nevertheless, in the realization of freedom, this is not the determining factor, as is later demonstrated, but rather the assumption of this exteriority, that is, the interiorization of the same, knowing it and wanting it.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <basefont size="3">      <p align="center"><font color="#000000" face="Verdana"><b>Realización de la libertad. Aproximaciones al derecho, el estado y el poder  en Kant</b><sup><b> *</b></sup> </font></p>      <p align="center"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> <b>Max Maureira</b></font></p>     <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> Centro de Filosofía Clásica Alemana Argentina <a href="mailto:maxmaureira@yahoo.com">maxmaureira@yahoo.com</a> </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> A Juan Bustos Ramírez, <i>in memoriam</i> </font></p> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p ALIGN="justify">* Este trabajo fue escrito en el marco de una estancia  postdoctoral (postdoctorado), en la Universidad de Heidelberg (Alemania).  Agradezco al prof. Jens Halfwassen la posibilidad de la misma, y a Tobias Dangel  por las muchas discusiones que, en parte, se reflejan en este trabajo.</p> </font>      <p align="justify"> <font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>Resumen</b> </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">El presente trabajo se dedica a confrontar la libertad de la voluntad,  o libertad interior, en cuanto principio, con la libertad política, o exterior,  en el entendido que esta última, siguiendo a Kant, constituye la experiencia  de sí misma y, por tanto, un momento de la libertad plena. Pues bien, al  considerarse aquí la exterioridad de la libertad a partir de unas circunstancias  especiales, las latinoamericanas, se advierte en primer lugar su consagración  en los trasladados textos jurídicos fundacionales. Sin embargo, en la realización  de la libertad no es esto lo determinante, según se demuestra luego, sino  la asunción de esta exterioridad, es decir, la interiorización de la misma,  saberla y quererla. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>Palabras clave:</b> Kant, libertad, derecho, Estado, poder. </font></p>     <p align="center"><b><font color="#000000" size="2" face="Verdana">The Realization of Freedom Approaches to Law, the State and Power in Kant </font></b></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> <b>Abstract</b> </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">This study is dedicated to contrasting freedom of will, or internal freedom,  in terms of principle, with political or exterior freedom, with the understanding  that the latter, according to Kant, constitutes experience in itself and  therefore, a moment of complete liberty. On considering the exteriority  of freedom in this study, based on some special Latin American circumstances,  in the first place, its establishment can be observed in the transferred  foundational legal texts. Nevertheless, in the realization of freedom,  this is not the determining factor, as is later demonstrated, but rather  the assumption of this exteriority, that is, the interiorization of the  same, knowing it and wanting it. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> <b>Key words:</b> Kant, freedom, law, State, power. </font></p><font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Recibido: 09-06-2009 Aceptado: 26-09-2009</p> </font>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>1. Introducción</b> </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Al actuar de manera independiente a la experiencia, uno se pone más allá  de ella. A esta <i>independencia</i>, Kant la refiere como libertad (Kant, 1997,  V: 34). Que uno actúe libremente, quiere decir que lo hace entonces, dicho  en términos kantianos, conforme a leyes de la libertad, y no de la naturaleza. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Con libertad a secas, Kant se refiere a la plena, a la libertad sin ninguna  otra referencia que no sea a ella misma. Con ésta relaciona al <i>derecho</i>;  no ese o este otro, ni tampoco una parte del mismo, sino el conjunto, pero,  ciertamente, no un conjunto particular, sino, aquí también el derecho sin  más. En el derecho se condiciona la libertad (Kant, 1997, VI: 227). Con  esto, Kant insinúa que la necesidad de esta relación se reconoce en su  realización, a saber, en que el derecho y la libertad se den. Pero si la  libertad y el derecho se dan, si se disponen, si se objetivan, entonces,  ya no se trata de ellos en sí mismos, sino, en cuanto puestos, de su determinación  en cuanto tal o cual. Así pues, si la libertad se determina, se disuelve;  ella ya no es ya plena, sino, más precisa, es lo determinado, lo puesto.  Así, esto es, a su vez, lo que resulta condicionado por el derecho. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Que la libertad y el derecho presupongan su disposición, su objetividad,  quiere decir entonces que, mediante ella, la presupuesta libertad de cada  uno no sólo resulta realizada, objetivándose, sino que, como tal, queda,  respecto a uno mismo, remitida afuera. Al actuar libremente dispongo, en  efecto, lo libre. A esta disposición, a las condiciones de todas ellas,  se refiere el derecho, cuya organización, al no ser la mía, me es externa.  Con todo, no es que se trate de otra libertad, es la misma; lo que ocurre  es que, al darse, al realizarse en sus distintas maneras, se deja delimitar  por la de los demás, a saber, de acuerdo a Kant, por el derecho. A éste,  así concebido, en cuanto exterioridad de la libertad, en cuanto libertad  interna que se deja limitar por la de los otros, se refiere, sobre todo,  Fichte (1979). Una comunidad libre se organiza jurídicamente, es decir,  exteriormente, en el entendido que lo organizado en ella es, en relación  a sus miembros, su libertad interna. Volviendo a Kant, aunque la libertad  externa de cada uno se organice, v. gr. como derecho, la interna se reconoce  allí fuera, por cuanto se trata de la misma libertad. Ahora, la cuestión  es cómo se relaciona esta libertad externa, común, política, con la plena,  interna, cómo es que ella se reconoce a sí misma allí fuera, conciliando  esta exterioridad consigo. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Al respecto, lo primero que Kant advierte, es lo que se viene insinuando:  que se trata siempre de la misma libertad, sólo que en distintos momentos,  a saber, como principio y como experiencia. Precisamente por esto, si,  tratándose de la libertad sin más, se la considera, en lugar de integradamente,  en su pura objetividad, esto es, en uno sólo de sus momentos, el externo  u objetivo, el de su organización externa, v. gr. el considerado por el  derecho, es decir, sólo como experiencia, entonces el análisis emprendido  es parcial, se reduce a ésta. Y como las leyes que rigen la experiencia  no son las de la libertad, sino las de la naturaleza, no hay que buscar  en esta reducción nada relacionado con aquélla. Kant sugiere así, o da  por sobreentendido, que la libertad como principio, al condicionarse como  derecho, se sabe no obstante siempre, su realización es una autolimitación  y, por eso, ésta no puede poner nunca en cuestión que ella misma es lo  esencialmente constitutivo del derecho, ni que, una vez puesta como tal  en éste, es también, frente a lo puesto, la prerrogativa o derecho más  originario &#8220;que corresponde a cada hombre en virtud de su humanidad&#8221; (Kant,  1997, VI: 237) (1). Pero si este supuesto, que cada hombre, más allá de  su organizada objetividad, sabe de la libertad, no se da, si, por tanto,  uno desconoce su propia libertad, si no se quiere aun en ella, ¿cómo puede  llegar a reconocer estos momentos? </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>2. Libertad como reconocimiento</b> </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Con la distinción sugerida por Kant, entre, por un lado, la libertad como  principio y, por otro, como experiencia, es decir aquí, como hecho organizado  externamente por el derecho, se mienta una ya referida disyunción de la  libertad. A la puesta, objetiva, a saber, a la organizada por el derecho,  se opone la plena, subjetiva. O dicho de otro modo, a ella, interior, se  contrapone la organización de la exterior. Por ahora, quede este supuesto  kantiano ya insinuado, que la libertad sin más se entiende subjetivamente,  nada más anotado. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Que la libertad se exteriorice y, objetivada, se regule como derecho, como  ley, pero también, y de modo simultáneo, como prerrogativa, supone, aunque  Kant no es explícito a este respecto, que la libertad sin más, a diferencia  de la organizada objetivamente, no es mentada como mero resultado, sino  como acción pura. Efectivamente, una vez determinada, la libertad no es  más acción, es hecho, acto, condicionado externamente por el derecho y,  ciertamente, por un derecho concreto. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Así, en el derecho, junto con concretarse el reconocimiento de la libertad  sin más, se concretan también sus límites. Ahora, que la libertad, al disponerse  como derecho, no se remita más allá de sí, dado que ella es la que se pone,  dándose en éste sus propios límites, no implica que las condiciones de  este darse, al ser empíricas, sean iguales. Por eso el derecho dispuesto  es distinto, tratándose de unas u otras. Como esto tampoco implica que  este darse sea definitivo, que el derecho se ponga, por así decir, de una  vez para siempre, la propia libertad se autorregula en éste mediante derechos.  Al disponer la libertad sus condiciones en el derecho, ellas quedan remitidas  a ésta. Que esta remisión a sí misma se haga efectiva, que se conserve,  es lo que garantizan los derechos. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Luego, conforme al derecho sin más, la común igualdad en la libertad no  mienta aun una realización empírica, esto es, una manifestación de la libertad  de una forma u otra, que, en base a un contexto o a unas costumbres particulares,  resulta condicionada de un modo específico. Aquí ella está aun allende  toda experiencia. Pero, en cuanto se da, en cuanto se objetiva, se la experimenta,  aquí sí, como derecho concreto, correspondiente a un modo de vida en base  al cual se realiza. En el derecho objetivo ya no se trata entonces del  derecho sin más, sino de uno específico y, por supuesto también, de mí,  en cuanto objetividad, considerado en éste. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Así, lo que se define en el derecho, mediante el reconocimiento de la libertad  de cada uno, es un reconocimiento originario, &#8220;absolutamente primero&#8221;,  a saber, que soy libre, que cada uno lo es (Kant, 1997, III: 310). Como  esto quiere decir, según Kant, que la libertad de uno queda limitada, condicionada  por la de los demás, este reconocimiento precisa un condicionamiento que,  dada la igual libertad, ha de quedar más allá de cada uno, ha de ser exterior.  Con todo, porque esta exterioridad, en cuanto objetividad, no es más que  un momento de mi libertad, que se condice con el otro, el de la interioridad  o subjetividad, puedo reconocerme como tal allí fuera, al distinguirse  ambos momentos a partir de mí. De modo entonces que los límites dispuestos  en el derecho no son sino limitaciones exteriores que la misma libertad  asume como momento suyo. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Ahora bien, esto quiere decir también que, en las limitaciones de la libertad,  en el derecho, está implicado un <i>poder</i>. Al realizarse, la libertad deviene  un acto, no meramente externo, objetivo, sino un acto que, en su libertad,  sabe de sí, que, por eso, se quiere y autoreconoce en esta referencia.  A esta libertad de la voluntad, a ella en cuanto acto, se opone, no obstante,  la libertad que, organizada como derecho, condiciona los resultados, los  hechos que surgen a partir de aquélla. Al poder de la libertad de la voluntad,  al poder del querer de cada uno, concretado en actos del propio quehacer,  se contrapone entonces, dicho de otro modo, el de la libertad común, política,  que, dispuesta, lo organiza, limitándolo. En la medida en que, no obstante,  estos límites se reconocen como condiciones de sí misma, la libertad supera  la exterioridad de esta limitación, asumiéndola como propia. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">En cambio, al no darse este supuesto, los límites no pueden reconocerse  como necesarios y, sin esto, constituyen un poder que, respecto a la voluntad  de cada uno, violenta. Como precisamente a partir de esta oposición se  constituye la libertad misma, al faltar la libertad de la voluntad, falta  la libertad sin más. En efecto, lo que yo quiero se fragua en una tensión  constitutiva con lo que yo puedo, siendo en el derecho donde se instituye  esto último. Quien no se sabe libre, es incapaz de reconocerse en estos  momentos. Por eso, en la libertad dispuesta como puro límite a lo posible,  él encuentra uno a lo que simplemente puede, y no aun a lo que quiere.  Así dispuesta, la libertad institucionalizada se configura entonces como  límite de lo posible, no de lo querido. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>3. Derecho y Subjetividad</b> </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">La disposición de la libertad, la organización de sus condiciones, implican  espacio y tiempo; el dónde y cuándo ello se pone. El espacio y el tiempo  son condiciones de posibilidad de toda experiencia; son, como Kant las  llama, intuiciones puras (Kant, 1997, IV: 32-36). Que la libertad se disponga,  implica que ella al darse, sabe al mismo tiempo de este proceso, lo quiere,  porque es el suyo. Por eso, que la libertad se declare, constituye una  mera formalidad si ella, con la declaración, no sabe de sí; si no se quiere  y reconoce en ésta. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Al recordar a Juan Bustos Ramírez, las circunstancias históricas singulares  en que esto debe ser abordado, han de ser, eminentemente, las latinoamericanas.  Aquí, al disponerse en cada declaración, al quedar incluso institucionalizada,  la libertad se realiza en un momento en que aun no sabe de sí, en que aun  no se quiere. Sólo al configurarse la libertad de la voluntad, este momento  es asumido como exterioridad de sí, dejando de ser ella la pura formalidad  declarada (2). </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">América fue ordenada primero, tras la llegada de los europeos, de acuerdo  a una comunidad universal, que, concibiéndose así, determinó, conforme  a una religión universal (católica), una economía semifeudal, una organización  estamental, una corona (monarquía) y un derecho común (romano), el lugar  y límites de cada uno en ella (Zavala, 1948: 9-93; Carmagnani, 1976: 80  ss.; Konetzke, 1984: 35-49 y Konetzke, 1967: 1-77). Quienes fueron ordenados  bajo esta forma, por supuesto, no sabían nada de éste, ni tampoco de la  ordenación respectiva de acuerdo a los mentados patrones: impíos, vasallos,  miserables e incapaces (Solórzano, II: 422). Al despliegue de sus costumbres,  organización y modo de vida, que fueron toleradas, se le impusieron dos  límites últimos: la religión y el derecho (español o portugués) (González,  1995: 39; Levaggi, 1991: 79-91) (3). Aquí, ambos límites no son aun los  de la libertad que se sabe y quiere, sino del poder exterior que ordena,  de la voluntad de ese poder. Una vez que se introducen en estos dominios  las instituciones que realizan la libertad moderna, v. gr. el <i>Estado</i> (cf.  Hegel, 1970, VII: 375), la disposición de la libertad sigue siendo, no  obstante, puramente externa. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Con la instauración de la libertad se declara la <i>independencia</i> de todo  orden que no sea el suyo. Que esto se declare, institucionalizándose estatalmente  incluso, no supone aun que se concrete su necesidad, que la libertad sepa  de sí en esta declaración, que haga de sí su contenido, que se quiera,  ni por tanto tampoco que la relación con lo declarado sea muy distinta  a la previa. Que el nuevo soberano quiera que su querer, la libertad, sea  de hecho general, universal, no convierte lo exteriormente dispuesto en  un momento de la libertad. Así pues, ya que las costumbres, el modo de  vida, la manera de ser, que el derecho da por supuestas exteriormente,  no constituyen un momento de la libertad que se sabe y quiere, lo institucionalizado  en el derecho no es ella, sino el poder de esta voluntad. Por consiguiente,  lo que se realiza en éste no es la libertad querida, sino una voluntad,  la del soberano, que hace de éste un instrumento para construir un nuevo  modo de vida, unas costumbres nuevas de acuerdo a ella. Quien no se reconozca  en esta voluntad, quien no comprenda su sentido, ha de obedecer, dada la  coacción propia, el poder del derecho, salvo que exista una concesión del  mismo, determinada por su propia tolerancia. Como el reconocimiento de  la libertad exige ya la propia, ausente ella, lo que se impone mediante  el derecho es sencillamente la violencia de esta voluntad. A las instituciones  estatales, junto con modelar una nueva, compartida manera de ser, asentada  en la libertad, corresponde, a la par, persuadir a cada uno respecto a  ella. La voluntad determina entonces, una y otra vez, institucionalizar  la libertad estatalmente (4), cuestión que se concreta con el traslado  de las correspondientes instituciones europeas: &#8220;mi ánimo es sólo mostrar  el nuevo orden de instituciones que suplantan a las que estamos copiando  de la Europa&#8221; (Sarmiento, 1997: 321) (5), dándose por supuesto que la libertad  se condensa de un modo ejemplar en ellas (6). Aquí falta, no obstante,  la oposición constitutiva que la libertad supone. Aquello, dicho de otra  manera, que se instaura como Estado, que se dispone como tal, es un modo  que no se genera a partir de la libertad de la voluntad. A ella, sin embargo,  no se opone del todo la comprensión de la libertad hasta entonces presente  (7), cuestión que insinúa su plausibilidad. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Que todos los hombres son hijos de Dios (8), miembros de una comunidad  común, había sido dispuesto a través de una Real Cédula (de Carlos II)  de 1697, que establecía una igualdad jurídica en la libertad (Bruno, 1987:  37). Pero esta declaración no reflejaba aun una necesidad interior, sino  más bien el deseo de una libertad que se sabe sólo por referencia al colectivo,  es decir, política, y que, por tanto, no ha convertido todavía en propia  esta necesidad, cuestión que se confirma en la Recopilación de Leyes de  Indias, de 1680, al sostenerse allí, a pesar de lo dispuesto en otros textos  legales, un trato diferenciado (Florescano, 1998: 405-431; Meissner, 1996:  171-175; Rieckenberg, 1997: 25-30). Aquí, el reconocimiento de la libertad  es siempre, respecto al sujeto, exterioridad, nunca interioridad que se  sabe, mienta y quiere como tal, reconociendo en esta exterioridad sus propios  límites. Lo que, por consiguiente, contradice la experiencia de la libertad,  no es su declaración, el reconocimiento formal de la misma, sino la comprensión  de su necesidad. Aquel faltante reconocimiento no es, pues, ninguno exterior,  público, institucional o estatal, sino uno interior: que uno se sepa libre,  que se reconozca y se quiera necesariamente así. Aquello que instituye  externamente el derecho, la autoridad pública, el Estado, no queda entonces  aun en relación a lo que cada uno, en su interioridad, en su conciencia,  sabe y reconoce como suyo. Así, con esta remisión a la interioridad, se  llega al asunto que había quedado pendiente, y que ha de ser abordado ahora:  ¿por qué cuando se trata de la libertad, se trata, al mismo tiempo, del  sujeto?, ¿por qué ella, en otras palabras, se esencia siempre en cada uno,  o por qué Kant da esto por sobreentendido? </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Al sugerir Kant la libertad más allá de toda experiencia, a saber, como  principio, lo hace relacionándola con un sujeto, al que concibe de modo  trascendental (Kant, 1997, IV: 190). Con trascendental, Kant sugiere una  aprioricidad, un allende los objetos, una inobjetualidad, es decir, un  más allá, no de este mundo, sino de lo externo, de lo sensible, de las  cosas, a las que, no obstante, uno se vincula en cuanto hombre. Uno pues,  por decir así, se duplica; está entre las cosas, pero también, simultáneamente,  allende ellas, y aunque esto, a juicio de Kant, sea imposible explicarlo,  es &#8220;un factum&#8221; indudable (Kant, 1997, V: 43). Aquello que uno mienta desde  este más allá, al referirse a las mismas, vale para uno en la medida en  que, precisamente, es él quien lo afirma. Lo que vale aquí no es entonces,  en rigor, la relación de uno con las cosas, sino la de uno consigo mismo,  el modo en que uno, poniéndose en referencia a ellas, se contrasta en esta  referencia. Ahora bien, para que pueda darse esta relación, ha de haber  espacio y tiempo en el que uno, yo mismo, pueda existir en correspondencia,  justamente, con las cosas. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">En cuanto uno se refiere empíricamente a uno, o en cuanto yo me refiero  a mí mismo, me localizo, me dispongo en el espacio y en el tiempo, originando  con ello la cuestión de mis límites, que es el asunto que ocupa al derecho.  Ahora, dado que es uno mismo, que soy yo quien se refiere a las cosas,  es decir, dado que ellas resultan mediadas por mí, lo válido de las mismas  se refiere a mí, porque, en definitiva, soy yo quien dice de ellas, quien  juzga libremente la verdad de ellas. Pero además, y por otra parte, dado  que soy yo también quien actúa, esto es, que soy yo quien, disponiendo  libremente cómo actuar, transformo las acciones en actos, soy yo mismo  el responsable de ellas. A esta libertad de acción más allá de la experiencia  se refiere Kant, pues, en términos similares a la relación con las cosas;  ellas mientan aquí las circunstancias empíricas. En la medida en que uno  queda allende ellas, uno se entiende libre en cada acto, sin ninguna referencia  empírica que ponga en cuestión lo trascendental, a saber, la propia libertad  (Kant, 1997, V: 43). Porque cada uno se sabe y se quiere libre, realiza  su libertad en el espacio y en el tiempo como hecho, como acontecimiento  propio. Pero exactamente este supuesto de Kant, que uno se sepa y quiera  libre, es el cuestionado dadas las circunstancias históricas aquí referidas,  las latinoamericanas, pues en la libertad introducida, uno ni se sabe,  ni, por consiguiente, se quiere aun en libertad. A pesar de ello, esto  es un objetivo, que, en cuanto querer, se institucionaliza exteriormente  en el Estado. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Que los hombres sean declarados libres y, en esta libertad, iguales, configura  una voluntad de transformación, convertir a éstos precisamente en libres  y, en cuanto miembros de una comunidad en la que todos se reconocen iguales  en esta libertad, ciudadanos. Con todo, porque la libertad no es aquí reconocida,  sino es voluntad externa, ella no es más que fundamento externo, que, como  cada uno de éstos, cada vez que son puestos en el derecho, disimulan en  éste su violencia. El derecho es aquí el instrumento para establecer la  libertad, para educar y formar en ella. La legalidad es expresión de esta  voluntad, y no de una manera de ser libre que se reconoce en la misma.  Por eso, no se trata de la organización de la libertad de la voluntad,  de su constitutiva oposición con la libertad política, sino de la formación  en la determinada voluntad exterior. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Con esta disposición jurídica se silencia entonces la violencia de la misma  (cf. Derrida, 1997: 69 ss.). En la libertad así dispuesta, no es cada uno  quien se reconoce libre, sino, en cuanto determinación, es el poder el  que lo dispone; luego, la disposición respecto a uno sigue siendo pura  exterioridad. Y como esta distinción entre interioridad y exterioridad  sólo es posible en quien es libre, la libertad, en lo tocante a quien no  lo es, no es aquí más que otra coacción externa, aunque éste no lo sepa,  de acuerdo a la cual él está dispuesto. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>4. Determinación de la libertad</b> </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Si, allí donde la libertad no es reconocida, porque no se sabe, ni se quiere  como tal, no puede darse como derecho, lo dado no puede ser la libertad  misma. Ella no puede ser aquí un momento suyo. En el acto, ella no está  dispuesta como resultado de sí misma, sino se da al individuo como mera  exterioridad inconsciente, como puro poder, decisión, determinación externa  en la que éste no puede reconocerse. Es decir, que la libertad sea aquí  un acto, el dispuesto, el querido, no quiere decir, que, en cuanto tal,  se condiga con la acción libre de la disposición de éste. Por ello, en  esta misma medida, la disposición, aquí el derecho, es, aunque silenciosa,  una pura manifestación violenta: &#8220;establecer el derecho es establecer el  <i>poder</i>&#8221;. En este sentido, el derecho &#8220;es un <i>acto</i> de inmediata manifestación  de violencia&#8221; (Benjamin, 1965: 57) (9). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Ahora bien, ella puede ser asumida si, aunque implícita, media su aceptación,  si uno reconoce su necesidad para la propia libertad. A convencernos de  ello se entrega el mismo derecho. Que persuada, depende de la convicción  que estimule (10). La suposición de toda persuasión es la actualización  de aquello respecto a lo que persuade, a saber, el seguimiento del derecho,  dado que en éste se configuran las condiciones para la realización de la  libertad. Precisamente esto es lo que falta aquí. Lo que se dispone en  el derecho no es aun un límite al querer, sino al poder, a lo que puede  cada uno. Por eso, siendo esto lo supuesto, cada norma, respecto a la libertad  de la voluntad, es una abstracción, una declaración sin asidero. Quien  no se sabe y quiere libre, no puede entender el derecho como límite a su  querer, sino sólo a lo que puede. Así, al no saberse libre, queda expuesto  a que otro determine su querer. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Quien, mediante el encanto, la gracia y la seducción, persigue determinar  la libertad de la voluntad (11), no ilumina ningún concepto, ni muestra  tampoco el querer, sino, persuadiéndonos, configura aquélla. En cada discurso  media siempre, entre quien lo da y quien lo recibe, un conjunto articulado  de palabras, significados, representaciones, signos, símbolos o sentidos.  Lo que las define como discurso no es el conjunto mismo de ellas, sino  lo que se pretende con éstas, a saber, mostrar algo. En cada discurso,  el algo que se quiere mostrar se representa con una pretensión básica:  la afirmación de su verdad o apariencia de verdad, de modo que el que habla,  se limita a lo verosímil, a lo que cabe sea incluso de otra manera. El  discurso, en la medida en que, expuesto, muestra un fin determinado, persuade  respecto a éste. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">A la persuasión, en cuanto arte (t&#8482;cnh: téchne), los griegos le llamaron,  igual que Aristóteles a una de sus obras, retórica (ÏhtoricÐ: retoriché)  (Aristóteles, 1999: 1354a, 1355b, 1356b). A Platón, ya antes, esta capacidad  práctica de la persuasión no le había pasado desapercibida: quien persuade,  según él, consigue un sometimiento voluntario (12). Dado que ello se concreta  en la <i>pólis</i>, Aristóteles precisa luego lo que Platón sugiere: que la retórica  llega a encubrirse &#8220;con la figura [scma] de la política&#8221; (Aristóteles,  1999: 1356a). En todo discurso, naturalmente, no sólo es determinante el  discurso mismo, sino también quien lo formula; de ello depende la persuasión  de éste, el hacer digno de fe lo que ese alguien dice y, en suma, el sometimiento.  Quien pronuncia un discurso, ha de tener por eso, de acuerdo a Aristóteles,  un especial ÖJoz (<i>êthos</i>) (13), esto es, en castellano, &#8220;carácter&#8221; capaz  de persuadir (Aristóteles, 1999: 1356a), cuestión que, según advierte el  mismo Aristóteles, sólo es posible si el discurso se asienta en una decisión  previa (Aristóteles, 1999: 1395b, 1417a; y Aristóteles, 2002: 1454a). La  decisión, pues, que es el algo mostrado en un discurso, es puesta en escena  por el carácter de quien la sostiene, por lo constitutivo de éste, el c&#8364;risma  (carisma). Quien tiene carisma, tiene un carácter que persuade y, en esta  medida, tiene poder, el poder para imponer una decisión. Quien posee el  don de la persuasión es capaz de decidir entonces qué hacer. Y de esto  se trata aquí, de persuadir de su propia libertad a quien es libre. Ahora  bien, aunque alguien, bien podría persuadir &#8220;a través de motivos sólo representables  por la razón&#8221; (Kant, 1997, IV: 628), y, de este modo, llevar a cabo una  persuasión racional, lo cierto es que Kant, como antes Platón, no se hace  ninguna ilusión. Las habilidades oratorias no suelen emplearse más que  al servicio de los propios intereses y, por eso, carecen &#8220;de todo respeto&#8221;  (Kant, 1997, V: 327). Cuando, en cambio, se ponen al servicio del &#8220;bien  verdadero&#8221;, son ciertamente muy respetables, pero con esto suelen perder  todo su arte (Kant, 1997, V: 327). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Quien goza entonces de este don, especialmente si se propone mostrar la  libertad, debe cuidar, sugiere Pablo, &#8220;el carisma que hay en [él]&#8221; (Tm  4,14), pues no se trata de cualquier poder, sino de una c&#8364;riz (<i>cháris</i>),  gracia, don especial, que, secularizado, es considerado más tarde por Weber.  A este poder queda referido el carisma. Quien lo tiene, posee don, gracia  para fascinar, encantar, persuadir, capacidad para convertir una decisión  verosímil en orientación y concreción de una acción. Que esto adquiera  relevancia aquí, se debe a que, arruinado el orden previo, una nueva determinación  del mismo ha de imponerse por quien tiene el poder para ello (14). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Que, con todo, la determinación en este caso se imponga, no tiene relación  alguna con la fascinación, porque la libertad de la voluntad no se vincula  inmediatamente a ningún discurso que la muestre, ni a ninguna institución  que la realice, sino, antes que ello, a un modo de vida en el que, dándose,  ella se reconoce. Aquello que decide su transformación es la conversión  de la exterioridad. Quien se sabe y quiere libre, reclama a la institución  que lo rige derechos, siendo el primero su propia libertad; le demanda  que la deje ser, realizarse, oponiendo a ella su disposición libre. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Con lo cual, a partir de estas exigencias, requerimientos, reclamos de  libertad, se constituye un quehacer que exalta la inacababilidad de la  formación en ésta, revelando una compatibilidad configuradora de costumbres  y hábitos que sugieren una ampliada, compartida realización de la constitutiva  oposición de la libertad de la voluntad. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Al asumirse la libertad de este modo, su disposición, concretada mediante  el traslado de las instituciones estatales, no puede sino constituir entonces  una mera exterioridad. La libertad así dispuesta no es más que una disposición  externa. Porque ésta es el fundamento, porque ella, dicho en otros términos,  es lo dispuesto, el algo en que se concreta la libertad sin más, esta determinación  violenta toda aquella otra que no sea ella. Con esta advertencia ya se  sugiere una distancia respecto a cada determinación de la libertad que  no sea la propia; distancia de la que, sin duda, sólo es capaz quien ya  es libre, quien sabe de la libertad sin ninguna otra referencia que no  sea la suya. Luego, quien en nombre de la libertad reivindica esto o lo  otro respecto a quien no es libre y, por consiguiente, incapaz de reivindicarlo  por sí mismo, dispone una inevitable determinación heterónoma respecto  a éste. O lo que es lo mismo: ningún reconocimiento que no sea el de la  propia determinación, puede ser el de la libertad misma. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">Por esto, mientras no sea cada uno quien se reconozca libre, esta exterioridad  no puede ser transformada en interioridad, es decir, en libertad sin más,  que reconozca en aquélla un simple momento de ésta. Quien se sabe libre,  quien, en definitiva, asumiendo su libertad, supera toda determinación  de la misma, advierte en toda oposición a ella la oposición constitutiva,  esto es, el momento posibilitante de la suya. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>Notas</b> </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 1) En esta parte conviene recordar que, en alemán, la palabra &#8220;Recht&#8221;, derecho,  refiere ambos sentidos, el de norma y el de prerrogativa. A diferencia  de esta lengua, y de la nuestra, en otra, la inglesa, se usan términos  distintos para, por una parte, referir el ordenamiento jurídico, el conjunto  de normas, law, y, por otra, una prerrogativa, right. Con todo, lo que  importa, es destacar aquí lo que Kant sugiere, a saber, que, al realizarse,  la libertad no deja por ello de estar en relación consigo, exigiéndose  así, en el marco de ésta, las condiciones de la misma. A esto se refieren  los derechos. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 2) En lo que sigue, introduzco algunas referencias que ilustran la asunción  referida. </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 3) Aun en el s. XX, en los dominios portugueses se posibilitó a los indígenas  que se rigieran por sus usos y costumbres, estableciéndose como límites  &#8220;la moral, los imperativos de la humanidad y los intereses superiores de  la soberanía portuguesa&#8221; (art. 138 de la Constitución portuguesa, que rigió  entre 1826-1910) (cf. Durieux, 1955: 11). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 4) A pesar de, en algunos casos, existir una adhesión al Estado no superior  al 2% de la población, por ejemplo, en el Río de la Plata (Oszlak, Oscar,  1982: 21 y 40). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 5) En el Manifiesto de Cartagena, de 1812, Bolívar advierte, en relación a  esto, por una parte, la &#8220;inmensa diferencia que hay entre los pueblos,  los tiempos y las costumbres de aquellas repúblicas y las nuestras&#8221; (Bolívar,  1969: 49) y, por otra, debido a lo mismo, la necesidad del nuevo gobierno  de identificarse con &#8220;el carácter de las circunstancias, de los tiempos  y de los hombres que lo rodean&#8221; (Bolívar, 1969: 52). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 6) Cuestión discutida, por ejemplo, en los trabajos de Toqueville (cf. Toqueville,  1988: 90). La otra concreción de referencia, Estados Unidos, fue menor  en España y, en general, en Europa (cf. Maravall, 1991: 62). En América  Latina, en cambio, considerablemente mayor (cf. Florescano, 1998: 336;  González, 1977: 19; Cerdas, 1978: 100-101).</font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 7) Si se considera con Hegel, que el cristianismo es &#8220;la religión de la libertad&#8221;  (Hegel, 1970, VII: 69) y que América fue cristianizada, ambas concepciones  deberían resultar cercanas. Y así es. La cristianización latinoamericana  fue, sin embargo, católica. En esta forma de cristianismo, según el mismo  Hegel, &#8220;la reconciliación con Dios&#8230;se ha convertido en algo exterior&#8221; (Hegel,  1970, IV: 68). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 8) Cf. la bula <i>Sublimis Deo</i> (de 2 de junio de 1537) en la que, supuesto esto,  se prohíbe expresamente la esclavitud (Zavala, 1991: 117-119). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 9) En las citas, las cursivas son mías. Es conveniente tener en cuenta que  lo supuesto por Benjamin aquí, no es un individuo inconsciente de su libertad,  sino al contrario. En ambos casos, lo que constituye la violencia del derecho  radica en su oposición a la libertad de la voluntad. Ella, sin embargo,  sólo puede condecirse con la dispuesta jurídicamente por quien sabe de  ésta. Por eso, el derecho supera su violencia sólo si yo, libremente, no  sólo lo acepto, sino lo asumo como necesario, a partir de las condiciones  de mi propia libertad. </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 10) Sobre esto se había percata Platón, y por esto da especial importancia  a los proemios que preceden a las leyes, los cuales deben persuadir respecto  a lo ordenado por ellas (cf. Platón, <i>Nomoi</i>, VIII/1, 2005: 722e; 723b). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 11) Las referencias implícitas son evidentemente a Weber, quien distingue tres  tipos de dominación: la racional (legal o burocrática), la tradicional  y la carismática (cf. Weber, Max, I, 1976: 124). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 12) Platón, no obstante, siempre miró en menos a la retórica, puesto que ella  se contenta con lo verosímil, mientras la filosofía busca la verdad (cf.  Platón 2005, VII,<i> Filebo</i>:<i> </i>2005: 58c y d). </font></p>      ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 13) Aristóteles utiliza la palabra griega <i>êthos</i> en varios sentidos (cf. <i>Ética  a Nicómaco</i> o la <i>Política</i>). Los discursos, afirma el estagirita, son de  tres especies (<i>Retórica</i>, 1356a). Unos residen en el carácter (ÖJoz; <i>êthos</i>)  del que habla, otros en la disposición generada por éste en los oyentes,  y otros en el discurso mismo. El sentido usado aquí por él aparece ya en  la Odisea. Allí sugiere Homero que los miembros de la nobleza: &#8220;tienen  algo humano y afable; en sus discursos y experiencias domina lo que la  expresión de la posterior retórica denomina ê<i>thos&#8221;</i> (Jaeger, I, 1959: 44). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 14) La figura paradigmáticamente mentada es aquí la del presidente, quien impulsa  una decisión o genera, por oposición, distintos &#8220;movimientos&#8221;, con sus  correspondientes líderes (cf. Annino, 1994: 562-564). </font></p>      <p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"><b>Referencias Bibliográficas</b> </font></p>      <!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">1. ANNINO, S. &#8220;Ampliar la Nación&#8221; (1994). Annino, Antonio, Castro Leiva, Luis  y Guerra, Francois-Javier (dirs.), <b>De los Imperios a las Naciones: Iberoamérica</b>.  Zaragoza, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904617&pid=S1315-6268201000010000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 2. ARISTÓTELES (1999). <b>&#8220;Retórica&#8221;</b>. tr. cast. Antonio Tovar. Madrid, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904618&pid=S1315-6268201000010000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 3. ARISTÓTELES (2002). <b>&#8220;Poética&#8221;</b>. tr. cast. Antonio López Eire. Madrid, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904619&pid=S1315-6268201000010000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">4. Benjamin, W. (1965). <b>&#8220;Zur Kritik der Gewalt und andere Aufsätze&#8221;</b>. Frankfurt  a. M., Alemania. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904620&pid=S1315-6268201000010000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">5. Bolívar, S. (1969).<i> </i><b>&#8220;Escritos Políticos&#8221;</b>. Madrid, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904621&pid=S1315-6268201000010000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">6. Bover, J. M y O'Callaghan, J. (ed.) (2001). <b>&#8220;Nuevo Testamento trilingüe&#8221;</b>.  Madrid, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904622&pid=S1315-6268201000010000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">7. Bruno, C. (1987). <b>&#8220;El Aborigen americano en las Leyes de Indias&#8221;</b>. Buenos  Aires, Argentina. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904623&pid=S1315-6268201000010000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">8. Carmagnani, M. (1976). <b>&#8220;Formación y Crisis de un Sistema feudal&#8221;</b>. tr. cast.  Félix Blanco. México. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904624&pid=S1315-6268201000010000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">9. Cerdas Cruz, R. (1978). <b>&#8220;Formación del Estado en Costa Rica&#8221;</b>. San José,  Costa Rica. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904625&pid=S1315-6268201000010000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">10. Derrida, J.  (1997). <b>&#8220;Fuerza de Ley&#8221;</b>. tr. cast. A. Barberá y P. Peñalver.  Madrid, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904626&pid=S1315-6268201000010000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">11. Durieux, A.  (1955). <b>&#8220;Essai sur le Statut des indigènes portugais de la  Guinée, de l&#8217;Angola et du Mozambique&#8221;.</b> Bruselas, Bélgica. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904627&pid=S1315-6268201000010000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">12. FICHTE, J.G. (1979). <b>&#8220;Grundlage des Naturrechts&#8221;</b><i>. </i>Hamburgo, Alemania. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904628&pid=S1315-6268201000010000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">13. FLORESCANO, E. (1998). <b>&#8220;Etnia, Estado y Nación. Ensayo sobre las Identidades  colectivas en México&#8221;.</b> México. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904629&pid=S1315-6268201000010000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana"> 14. GONZÁLEZ DE SAN SEGUNDO, M. Á. (1995). <b>&#8220;Un Mestizaje jurídico. El Derecho  indiano de los Indígenas&#8221;.</b> Madrid, España. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904630&pid=S1315-6268201000010000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">15. González, F. (1977).<i> </i><b>&#8220;Consolidación del Estado nacional&#8221;</b>. 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Darmstadt, Alemania. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904641&pid=S1315-6268201000010000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">26. Rieckenberg, M. (1997). <b>&#8220;Ethnische Kriege in Lateinamerika im 19. Jahrhundert&#8221;.</b>  Stuttgart, Alemania. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904642&pid=S1315-6268201000010000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">27. Sarmiento, D. (1997, 1845). <b>&#8220;Facundo. 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(1988, 1856). <b>&#8220;L&#8217;Ancien Régime et la Révolution&#8221;.</b> París,  Francia. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904645&pid=S1315-6268201000010000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">30. WEBER, M. (1976).<i> </i><b>&#8220;Wirtschaft und Gesellschaft. Grundriss der verstehenden  Soziologie&#8221;</b><i>.</i> Tübingen, Alemania. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904646&pid=S1315-6268201000010000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"><font color="#000000" size="2" face="Verdana">31. Zavala, S. (1948). <b>&#8220;Estudios Indianos&#8221;</b>. México. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904647&pid=S1315-6268201000010000500031&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p align="justify"> <font color="#000000" size="2" face="Verdana">32. Zavala, S. (1991). <b>&#8220;Repaso histórico de la Bula Sublimis Deo de Paulo III  en Defensa de los Indios&#8221;</b>. México. </font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=904648&pid=S1315-6268201000010000500032&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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