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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[The objective of this work is to review the concept of politics in the book What is Politics? by Hannah Arendt. This book presents a characterization of the aforementioned phenomenon, starting from seven presuppositions that would define it. The research is documentary, based on bibliographical investigation. In conclusion, the authors emphasize that for Arendt, politics necessarily requires and represents the validity, renovation and projection of polis as public space provided with freedom, equality, plurality, universality, nonviolence, action, communication and the interaction of human beings who are able to speak and act continuously and jointly.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[  <BASEFONT SIZE="3">      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana"> <B>Visión de la política en Hannah Arendt</B> </FONT></P>      <P ALIGN="center"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Jorge Govea Cabrera</B></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas Universidad  del Zulia Maracaibo-Venezuela <a href="mailto:jgoveacabrera@gmail.com">jgoveacabrera@gmail.com</a></FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Resumen</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El objetivo del trabajo es hacer una revisión del concepto de <I>política</I>  en la obra <B>¿Qué es la Política? </B>de Hannah Arendt.<B> </B>Este libro plasma una  caracterización del mencionado fenómeno, a partir de siete presupuestos,  que la definirían. La investigación es de carácter documental, pues descansa  en una indagación bibliográfica. Como conclusión, destacamos que la <I>política</I>  requiere y representa para Arendt, necesariamente, la vigencia, renovación  y proyección de la <I>polis </I>como el espacio público provisto de libertad,  igualdad, pluralidad, universalidad, no violencia; acción, comunicación  e interacción de los seres humanos que son capaces de hablar y actuar continua  y conjuntamente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Palabras clave:</B> Política, <I>polis</I>, espacio público, pluralidad, acción. </FONT></P>      <P ALIGN="center"><b><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">The Vision of Politics in Hannah Arendt </FONT> </b></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Abstract</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">The objective of this work is to review the concept of politics in the  book <I>What is Politics</I>? by Hannah Arendt. This book presents a characterization  of the aforementioned phenomenon, starting from seven presuppositions that  would define it. The research is documentary, based on bibliographical  investigation. In conclusion, the authors emphasize that for Arendt, politics  necessarily requires and represents the validity, renovation and projection  of <I>polis</I> as public space provided with freedom, equality, plurality, universality,  nonviolence, action, communication and the interaction of human beings  who are able to speak and act continuously and jointly. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Key words:</B> Politics, <I>polis</I>, public space, plurality, action. </FONT></P> <font FACE="Verdana" SIZE="2">     <p align="justify">Recibido: 11-11-2009 Aceptado: 21-04-2010</p> </font>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>1. Introducción</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Escribe Fina Birulés, en la introducción de la obra <B>¿Qué es la Política?</B>  de Hannah Arendt<B> </B>(1), lo siguiente: <I>“Como afirma Arendt, preguntas tan  elementales y directas como</I> <I>«¿Qué es la Política?» pueden surgir sólo si  ya no hay ni son válidas las respuestas formuladas por la tradición. Y  hay que formularlas de nuevo en un momento, tras las experiencias políticas  del segundo cuarto del siglo XX, en que han estallado nuestras viejas categorías  de comprensión…”</I> (1997: 11). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En otras palabras, nos hallamos desprovistos de nuestras tradicionales  herramientas de comprensión y al ser así, estamos en situación de perplejidad  ante la realidad histórica. Por consiguiente, la filósofa rechaza la tradición,  sobre todo aquella afincada en el argumento de autoridad, de que sólo es  verdad lo que viene del pasado. Por ello, se propuso la ardua tarea de  estudiar y entender el presente que le había tocado vivir (la sociedad-mundo  del siglo XX) con sus dos experiencias más traumáticas, desde el punto  de vista del ejercicio del poder político. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por una parte, el ascenso al poder del nacionalsocialismo en la Alemania  de 1933 y, por la otra, en Rusia, la Revolución bolchevique en octubre  de 1917, significando ambas el desenvolvimiento de la dirección de esas  sociedades, como expresión de una nueva realidad política: la aparición  de los gobiernos totalitarios que van a diferir de otras formas de opresión  política conocidas hasta entonces, tales como: el despotismo, la dictadura  y la tiranía, que pasaron a ser categorías tradicionales (Arendt, 2008:  559) frente a la exigencia y puesta en práctica del dominio y del terror  totales. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Además fue testigo excepcional de las barbaries inenarrables representadas  por la Primera y Segunda Guerras Mundiales y otros acontecimientos importantes  como: la persecución de los judíos por los nazis, el fascismo en Italia,  las guerras de Corea y Vietnam y otras guerras locales, el fenómeno del  ensanchamiento de la llamada “cortina de hierro” en la Europa Oriental,  la Guerra Fría, la crisis de los misiles en Cuba, etc. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En todo caso, su propia vida y existencia es un sumario extraordinario  del siglo pasado (S. XX), que en buena medida integran biografía y reflexión  teórica, reflejándose una complementariedad asombrosa. Es éste, pues, el  marco vivencial y referencial, con el que va a contar Arendt para tratar  de desentrañar la condición política de la contemporaneidad. Todo lo cual  se convertirá, sin lugar a dudas, en un punto central de las teorizaciones  suyas acerca de <I>la</I> política y de <I>lo</I> político. En gran modo, su visión de  la política está inclinada al esplendor y logro supremo de la ciudad, de  la <I>polis</I> griega, proyectada sobre la cultura occidental, como un espacio  compartido entre seres iguales y plenos en libertad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Partiendo de las ideas esbozadas, en este trabajo analizamos, a partir  del texto indicado, <B>¿Qué es la Política?</B>, los distintos argumentos y razonamientos  que esboza Hannah Arendt, sobre ese tópico. Nuestro objetivo es hacer una  revisión de los planteamientos que componen el Fragmento 1 del libro comentado,  que está integrado por siete aspectos o elementos característicos, que  son presentados debidamente numerados, tal y como aparecen en el libro,  a través de los cuales la autora delinea una nueva, lúcida y perspicaz  visión sobre el tema. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En razón de lo anterior, preferimos metodológicamente, seguir el curso  de reflexión propuesto por Arendt, es decir, manteniendo ese orden mostramos  en nuestra propia investigación una especie de exégesis <I>minor</I>, una explicación  analítica e interpretación intra y contextual para el caso de la conceptuación  de <I>la política</I> como acción humana, con especial énfasis, a modo de relación  y contrastación, con otros libros de la pensadora alemana e incorporando  opiniones de autores que han estudiado su obra, ya que estamos ante un  eje transversal que toca sino toda, casi toda la actividad intelectual  desplegada por ella tan intensamente. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Esta orientación implica tomar en cuenta necesariamente conceptos vecinos  o concomitantes (<I>genus proximum</I>) que acompañan la noción de <I>política</I> aquí  revisada, tales como: los de <I>polis</I>, ciudadanía, pluralismo, poder, comunicación  y democracia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>2. Presupuestos arendtianos de la política</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Desde la perspectiva más general, Arendt aborda la política<I> “por su carácter  fenoménico, como revelación de sí en el espacio de aparición. Las cosas  políticas, como las concibe Arendt, se manifiestan de modo fenoménico:  «Las grandes cosas son evidentes por sí mismas, brillan por sí mismas»”</I>  (Beiner, 2003: 192). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> He aquí, de seguidas, literalmente, los encabezamientos escogidos por nosotros  de los siete presupuestos que establece Hannah Arendt, en <B>¿Qué es la Política?  </B>(2), como brújula o esquema de aproximación ontológico para comprender  el objeto y la actividad de la misma: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>2.1. La política se basa en el hecho de la pluralidad                de  los hombres</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La acción (<I>praxis</I>) y la palabra (<I>logos</I>) que corresponden a la condición  humana de la pluralidad, son los lugares de la revelación del agente; de  la “persona que ejecuta la acción del verbo”, (…) “…que obra y tiene poder  para producir un efecto” (Ferrater Mora, 2004: 72). En términos de Arendt,  el “hombre como ser que actúa” (2003: 15). Pluralidad significa, a la vez,  igualdad y distinción. Palabra y acción son las maneras de distinguirse,  de revelarse, el ser humano, en tanto y en cuanto, sujeto moral que delibera,  elige, decide, actúa. Dentro de la perspectiva señalada, <I>“Si los hombres  no fueran iguales, no podrían entenderse ni planear y prever para el futuro  (…). Si los hombres no fueran distintos, es decir, cada ser humano diferenciado  de cualquier otro que exista, haya existido o existirá, no necesitarían  el discurso ni la acción para entenderse”</I> (Arendt, 1993: 200). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Arendt recurre a san Agustín para explicarnos lo anterior: <I>“En orden a  que hubiese tal comienzo, fue creado el hombre antes del cual nadie había”  </I>(2000: 81) (3). En este sentido la acción y la palabra son la iniciativa  por la cual asumimos nuestro nacimiento, es decir, nuestra entrada en el  mundo, el cual nosotros modificamos, siendo a su vez al mismo tiempo –el  mundo–, desafiado, retado, por nuestros actos y nuestras palabras. Se trata  de alguna suerte de “entrada en escena”, o sea, de una aparición ante los  otros. La acción reveladora necesita de pares y de espectadores, y es esto  sin duda lo que hace expresar a Arendt “que el teatro sea el arte político  por excelencia; sólo en él se transpone en arte la esfera política de la  vida humana” (1993: 211). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En consecuencia, van a darse o existirán dos realidades fenoménicas en  este <I>espacio de aparición</I> que “cobra existencia siempre que los hombres  se agrupan por el discurso y la acción” (Ibid: 222). En el mismo sentido,  “nombra la apertura espacial en la que los diversos seres singulares se  aparecen unos a otros, se relacionan unos con otros y componen entre todos  un mundo común” (Campillo, 2002: 167). Esos rasgos distintivos fenoménicos  son: por un lado, la <I>pluralidad</I> y, por el otro, la <I>natalidad</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Arendt, describiendo a <I>la acción</I>, va a definir la <I>pluralidad</I> de la siguiente  forma: “corresponde a la condición humana de la pluralidad, al hecho de  que los hombres, no el Hombre, vivan en la Tierra y habiten en el mundo.  (…) esta pluralidad es específicamente la<I> </I>condición –no sólo la <I>conditio  sine qua non</I>, sino la <I>conditio per quam– </I>de toda vida política” (Arendt,  1993: 22) (4). Más adelante establece, refiriéndose al mismo tema de la  pluralidad: “es la condición de la acción humana debido a que todos somos  lo mismo, es decir, humanos, y por tanto nadie es igual a cualquier otro  que haya vivido, viva o vivirá” (Ibid). En cambio, la <I>natalidad</I> la conceptúa  así: <I>“El milagro que salva al mundo, a la esfera de los asuntos humanos,  de su ruina normal y ‘natural’ es en último término el hecho de la natalidad,  en el que se enraiza ontológicamente la facultad de la acción” </I>(Ibid: 266). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De manera que en el espacio público donde tiene lugar la acción, se vertebran,  la <I>pluralidad</I> en virtud de un necesario <I>entre</I> (5) y la <I>natalidad</I> en función  de un comienzo de alguien y no de algo<I>;</I> “Debido a que son <I>initium</I> los recién  llegados y principiantes, por virtud del nacimiento, los hombres toman  la iniciativa, se aprestan a la acción” (Ibid: 201). Esto último dota a  la vida humana siempre de comienzos, continuamente de nuevos hombres (<I>agens  liber</I>) que tendrán que insertarse entre diversos y co-construir cuerpos  y experiencias políticas propias y singularmente humanas. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>2.2. La política trata del estar juntos y los unos con los otros                 de los diversos</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El sentido natural y obvio del concepto de diversidad apunta a la coexistencia  entre quienes son o se miran como distintos. Según lo anterior, no hay  un dilema antilibertario cuando se entrega parte del propio ser a la colectividad  social o a cualquier grupo dentro de ésta, si con ello se adquiere pertenencia  a una identidad que es coherente con los fines individuales, ganando con  ello una mayor probabilidad de lograrlos y, por lo tanto, un mayor grado  de libertad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Reconocer la diversidad es un imperativo moral basado en la capacidad humana  capaz de acoger lo diferente. En realidad, Hannah Arendt, considera el  derecho de asociación como un derecho público por excelencia, ligado a  los intereses que tenemos en común con nuestros conciudadanos, que confiere  a toda y cualquier persona el derecho de asociarse libremente con otras. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La asociación voluntaria (incluso en su vertiente más radical, que es la  desobediencia civil) presupone la condición humana de pluralidad y diversidad.  De hecho el totalitarismo tiene como una de sus características el <I>aislamiento  </I>que destruye la vida pública, la cual para Arendt, requiere la acción conjunta  con otros hombres, es decir, el ejercicio del derecho de asociación, que  genera poder, vuelto hacia un mundo común y compartido. Resulta claro,  entonces, que: <I>“El individuo en su aislamiento nunca es libre; sólo puede  serlo cuando pisa y actúa sobre el suelo de la polis</I>” (Arendt, 1997: 113). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En otras palabras, un mundo común, que necesariamente debe ir más allá  del horizonte temporal de las urgencias de cada vida individual para ser  compartido, exige una definición de las reglas del juego político, que  permita perpetuar y caracterizar el espacio público como la sustantivación  de la política. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>3. La familia adquiere su arraigado significado por el hecho     de que  el mundo está organizado de tal modo que en él no     hay ningún refugio  para el más diverso</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Según el pensamiento griego, la capacidad del hombre para la organización  política no es sólo diferente, sino que se halla en directa oposición a  la asociación natural cuyo centro es el hogar (<I>oikia</I>) y la familia. De  allí que Arendt, citando a Werner Jaeger (1985), en <B>Paideia: Los Ideales  de la Cultura Griega</B>, puntualiza esta particular concepción de los antiquísimos  habitantes de la Hélade:<B> </B>“El nacimiento de la ciudad-estado significó que  el hombre recibía «además de su vida privada, una especie de segunda vida,  su <I>bios polítikos</I>. Ahora todo ciudadano pertenece a dos órdenes de existencia,  y hay una tajante distinción entre lo que es suyo (<I>idion</I>) y lo que es comunal  (<I>koinon</I>)»” (1993: 39). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Ahora bien, lo que conocía la antigüedad griega es lo privado, la familia,  el <I>oikos </I>(lo económico en un sentido muy diferente del nuestro) como cuadro  de la necesidad, de los imperativos biológicos, de la violencia, de la  jerarquía, del mando, por oposición a lo común, a lo público, a lo político,  marco de la libertad en que los iguales (es decir los varones, jefes de  familia y propietarios) pueden interactuar por medio de la persuasión discursiva  que opera a través de un proceso de argumentación. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La familia arbitra lo que corresponde al orden de la necesidad, de la asociación  instintiva, indeliberada, particularizada, que se encuentra incluso entre  los animales, precisamente porque se halla ligada a lo vital, a hacerle  frente a la indefensión. Tal como expresa Arendt sobre este particular  en <B>¿Qué es la Política?</B>: “Las familias se fundan como albergue y fortificación  en un mundo inhóspito y extraño en el que uno desea establecer parentescos”  (1997: 46). Seguidamente añade:<I> “Este deseo conduce a la perversión fundamental  de lo político, porque, a través de la introducción del concepto de parentesco,  suprime, o más bien pierde, la cualidad fundamental de la pluralidad”</I> (Ibid).  A juicio de Arendt <I>“la ruina de la política resulta del desarrollo de cuerpos  políticos a partir de la familia”</I> (Ibid), ya que disuelven la variedad  originaria y destruyen la igualdad esencial de todos los hombres. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Lo afirmado precedentemente por Arendt en <B>¿Qué es la Política?</B>, concuerda  en gran manera con lo dicho en <B>La Condición Humana</B>: “No es mera opinión  o teoría de Aristóteles, sino simple hecho histórico, que la fundación  de la <I>polis</I> fue precedida por la destrucción de todas las unidades organizadas  que se basaban en el parentesco, tales como la <I>phratria</I> y la <I>phylé</I>” (1993:  39). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En contraste, la <I>polis </I>(6), como lugar del discernimiento político (<I>phronesis</I>),  está alejada de la violencia prepolítica, no quiere reconocer más que el  mundo común, la pluralidad, la relación libre que excluye la desigualdad  y la jerarquía, es decir, descarta toda relación de mandato y obediencia. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Arendt inquiere cabalmente en el Libro Primero de <B>La</B> <B>Política</B>, –escrito  por Aristóteles (2000 [S. IV a. C.])–, en tanto que el filósofo estagirita  diferencia, por una parte, la asociación biológica, animal, presidida,  sometida y regida por la necesidad; por la otra, la vivencia política,  guiada, encauzada y regida por el buen vivir, y que excluye las relaciones  jerárquicas del padre sobre el niño, del marido sobre la mujer y del amo  sobre los esclavos; la <I>polis</I> no reconoce nada más que iguales (Amiel, 2000):  “se creó un espacio nuevo, un <I>locus</I> milagroso del que brotó la libertad”  (Roiz, 2002: 141). De modo que los bárbaros, que reconocen un rey, no acceden  a la dimensión política; no se ve en esa situación otra cosa más que los  esclavos gobernando sobre los esclavos. De allí el nombre de régimen despótico,  el déspota era el dueño de uno o varios esclavos (7). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En resumen, la existencia de la <I>polis </I>señala una realidad donde cabe la  vida política con toda su carga de libertad y de accionar conjunto en un  mundo compartido. La <I>polis </I>implica el estar en una empresa común, como  los marinos en la navegación –según la conocidísima metáfora–, donde el  destino depende de todos y todos desean llegar a buen puerto; lo doméstico,  en cambio está dominado por la violencia, la fuerza y la desigualdad, que  se van a justificar como medios para posibilitar el imponerse sobre la  necesidad (carácter prepolítico del mundo privado). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De manera arendtiana hay que distinguir entre tres esferas de la vida de  los seres humanos: </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">1. Esfera privada (la familia). 	</FONT></P> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">2. Esfera pública (lo político,  	<I>politeia</I>). </FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En la filosofía de Arendt identificamos una clara cuestión: “La distinción  entre la esfera privada y pública de la vida corresponde al campo familiar  y político, que han existido como entidades diferenciadas y separadas al  menos desde el surgimiento de la antigua ciudad-estado” (Arendt, 1993:  41). “La esfera privada fue a lo largo de toda la antigüedad greco–romana  la única alternativa al espacio público” (Arendt, 1997: 86). </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">3. Esfera social (no es pública ni privada). 	</FONT></P> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Con relación a este tercer aspecto, Arendt escribe: “la aparición de la  esfera social, que rigurosamente hablando no es pública ni privada, es  un fenómeno relativamente nuevo, cuyo origen coincidió con la llegada de  la Edad Moderna, cuya forma política la encontró en la nación-estado” (1993:  41). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Arendt reconoce que en el antiguo pensamiento político, la diferencia entre  las dimensiones, de lo privado y lo público, era “como algo evidente y  axiomático” (Ibid: 42). Pero eso cambió, ya que uno de las novedades que  advino con la Edad Moderna fue que: “esta línea divisoria ha quedado borrada  por completo” (Ibid). Luego, en resumidas cuentas, ella misma establece  como explicación dos factores primordiales: a) “que vemos el conjunto de  pueblos y comunidades políticas a imagen de una familia cuyos asuntos cotidianos  han de ser cuidados por una administración doméstica gigante y de alcance  nacional” (Ibid); y, b) “Que esta esfera de lo particular, (…) se haya  ampliado tan enormemente a causa del nuevo fenómeno de un espacio público  social y unas fuerzas productivas sociales” (Arendt, 1997: 89). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Al despuntar la Edad Moderna sobrevinieron cambios que modificaron el necesario  ámbito de la política. Tras esto “el ámbito de lo religioso se sumergió  en el espacio de lo privado mientras el ámbito de la vida y sus necesidades  <B>–</B>para antiguos y medievales el privado <I>par excellence</I><B>–</B> recibió una nueva  dignidad e irrumpió en forma de sociedad en lo público” (Ibid).  </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El argumento de Arendt en <B>La Condición Humana</B>, acerca de este punto, se  concentra igualmente como en <B>¿Qué es la Política?</B>, comunicando casi de  la misma forma: “En el Mundo Moderno, las esferas social y política están  muchos menos diferenciadas. Que la política no es más que una función de  la sociedad” (Arendt, 1993: 45). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Arendt percibe sin subterfugios y con espíritu crítico, desde la irrupción  del sentido moderno de la vida, «el auge de lo social», “la emergencia  de la sociedad (…) desde el oscuro interior del hogar a la luz de la esfera  pública” (Ibid:48), admitiendo y advirtiendo que “una de las notables características  de la nueva esfera [la social] ha sido una irresistible tendencia a crecer,  a devorar las más antiguas esferas de lo político y privado” (Ibid: 56). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Asimismo, en el estudio introductorio de <B>¿Qué es la Política?</B>, queda enfocado  este asunto en los siguientes términos: “En la época moderna con la progresiva  sustitución de lo político por lo social, el mundo, como espacio público  se ha ido deshabitando y ya no ilumina, ya no permite hacer visible el  quién” (Birulés, 1997: 27-28). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>4. El hombre sólo existe –o se realiza– en la política con     los mismos  derechos que los más diversos se garantizan</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">A la hora de reflexionar sobre el poder (<I>dynamis</I>) Arendt asegura que el  fenómeno fundamental del mismo no es la instrumentalización de una voluntad  ajena para los propios fines, sino la formación de una voluntad común en  una comunicación orientada al entendimiento. El poder se deriva básicamente  de la capacidad de actuar en común. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Nos dice Hannah Arendt en este particular aspecto, lo siguiente: </FONT></P>      <blockquote> 	    ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>“En la experiencia de la polis, que no sin justificación se ha llamado  el más charlatán de todos los cuerpos políticos, e incluso más en la experiencia  política que se derivó, la acción y el discurso se separaron y cada vez  se hicieron actividades más independientes. El interés se desplazó de la  acción al discurso, forma humana de contestar, replicar y sopesar lo que  ocurría y se hacía. Ser político, vivir en una polis, significaba que todo  se decía por medio de palabras y de persuasión, y no con la fuerza y la  violencia” (1993: 40).</I> </FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En definitiva, la <I>polis</I> se diferenciaba de la familia en que aquélla sólo  conocía iguales, mientras que la segunda era el centro de la más estricta  desigualdad. Ser libre significaba no estar sometido a la necesidad de  la vida ni bajo el mando de alguien y no mandar sobre nadie, es decir,  ni gobernar ni ser gobernado. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Así, pues, dentro de la esfera doméstica, la libertad no existía, y al  cabeza de familia sólo se le consideraba libre en cuanto que tenía la facultad  de abandonar el hogar y entrar en la esfera política, donde todos eran  iguales (Arendt, 1993: 44). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A lo anterior debemos agregar, que los intereses de un individuo tienen  una <I>urgencia </I>dada por el horizonte temporal limitado de la vida individual.  Por eso frecuentemente chocan con el bien común, es decir, con aquellos  intereses que tenemos en <I>commûnis</I> con nuestros conciudadanos, que se sitúan  en un mundo público –que compartimos pero que no poseemos– y que superan,  por ser intereses que se extienden o pertenecen a muchos (lo público),  el horizonte de la vida de un ser humano considerado en su singularidad. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>5. La filosofía tiene dos buenos motivos para no encontrar     nunca el  lugar donde surge la política</B> </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>a)&nbsp;</B><I><B>Zoon politikon</B></I> 	</FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En <B>¿Qué es la Política?,</B> Arendt afirma sin ambages que el hombre es a-político,  que la política no pertenece a su esencia, por cuanto ella, la política,  “nace en el <I>Entre–los</I>–hombres, por lo tanto completamente fuera del hombre.  De ahí que no haya ninguna substancia propiamente política” (1997: 46)  en el ser humano conforme a la naturaleza. Y remata agregando: “La política  surge en el <I>entre</I> y se establece como relación” (Ibid). Eso significa que  esa relación “depende por entero de la constante presencia de los demás”  (Arendt, 1993: 38). “En este sentido podemos señalar, (…), otro aspecto  de la esfera pública, además de su cualidad espacial: el carácter artificial  de la política” (Birulés, 1997: 22). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Dentro del marco de estas reflexiones, se hace importante añadir seguidamente,  que Arendt procede a esclarecer y, por tanto, a poner en su lugar el verdadero  sentido de la primigenia traducción del <I>zoon politikon</I> aristotélico (Aristóteles,  2000 [S. IV a. C.]) cuando manifiesta que la traducción modelo que nos  llegó a través de santo Tomás como: “<I>homo est naturaliter politicus, id  est, socialis</I> («el hombre es político por naturaleza, esto es, social»)”  (Arendt, 1993: 38), responde a una “inconsciente sustitución de lo social  por lo político revela hasta qué punto se había perdido el original concepto  griego sobre la política” (Ibid). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> A la par señala Arendt que la traducción latina de la expresión <I>zoon politikon</I>  por <I>animal rationale</I> se basa en una mala interpretación no menos fundamental  que la de <I>animal social</I> (1993:40). Por tanto, nada sería más errado que  esas traducciones medievales del <I>zoon politikon</I> como “el hombre es un animal  político” y “el hombre es un animal social” y es <I>animal rationale.</I> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En esta perspectiva, la definición del ser humano como <I>zoon politikon</I>,  “únicamente se la puede entender por completo si añadimos su segunda definición  del hombre como <I>zoon logon ekhon </I>(«ser vivo capaz de discurso»)” (Ibid). </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"><B>b)&nbsp;Imposibilidad de la política dentro del mito occidental             de  la creación. La transformación de la política en historia</B> </FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Apunta Arendt en <B>¿Qué es la Política?</B>, que el hombre en el mito occidental  de la creación termina siendo una imposibilidad política, por cuanto la  representación monoteísta de Dios, lo crea a su imagen y semejanza, incluso  en su soledad; “a partir de aquí, ciertamente, sólo pueda haber <I>el</I> hombre”  (1997: 47) y no <I>los</I> hombres. Es decir: “A través de la representación de  una historia universal la pluralidad de los hombres se diluye en un individuo  humano que también se denomina humanidad. De ahí lo monstruoso e inhumano  de la historia, que al fin se impone plena y brutalmente a la política”  (Ibid). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El argumento de Arendt sobre este punto se puede sintetizar, a partir de  Portinaro, de la siguiente manera: “La creación del mundo no es un acto  político. Sólo allí donde el comienzo concierne a una pluralidad de hombres,  iguales y a la vez distintos, se tiene política” (1994: 207). Esta forma  de ver las cosas indica a las claras que <I>la pluralidad</I> es condición constitutiva  y sustancialización de la politicidad del ser humano. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Aunado a lo anterior, la historia, asegurada por la natalidad, “no es un  abstracto comienzo metafísico” (Ibid: 186), pues, queda entendida como  historia infinita de seres capaces de hacer inicios. Y si bien cada recién  nacido necesita adaptarse a las reglas de juego del entorno al que llega,  en una especie de consenso tácito, políticamente su consenso deja de ser  una ficción en el momento en que como adulto tiene acceso a un espacio  público y puede disentir libremente, e históricamente, desde el momento  en que, rechazando toda resignación, comprende que el pasado jamás pudo  haber ocurrido necesariamente, sino que fueron hombres los que dieron lugar  a él. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De modo que la historia deviene en perturbación que rompe la eterna quietud  de ser de la naturaleza: “Situaciones, hazañas o acontecimientos singulares  interrumpen el movimiento circular de la vida cotidiana en el mismo sentido  en que la <I>bios</I> de los mortales interrumpe el movimiento circular de la  vida biológica. El tema de la historia son estas interrupciones: en otras  palabras, lo extraordinario” (Arendt, 1996: 50). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Los antiguos griegos, incluido Aristóteles, supusieron y aceptaron explícitamente  que todas las criaturas vivas, por supuesto el hombre lo es, estaban dentro  del reino de la existencia eterna. El hombre, como especie y no como individualidad,  posee la inmortalidad, porque es un ser que nace y muere y no cambia. Es  un ser para siempre, es decir, en continúa reproducción. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> No obstante, si bien los pretéritos helenos reconocieron el mito de la  inmortalidad que presupone permanencia en el tiempo, “vida sin muerte en  esta Tierra y en este mundo tal como se concedió, según el pensamiento  griego, a la naturaleza y a los dioses del Olimpo” (Arendt, 1993: 30),  también reconocen, que frente a este mito se erigen los hombres, como seres  terrenos, confrontados con la existencia humana biológica y por tanto de  orden cíclico, con la potencial grandeza y habilidad de producir cosas  –trabajo, actos y palabras–, con el fin de que los mortales encuentren  su lugar en el cosmos, donde todo es verdaderamente inmortal, de curso  rectilíneo, con excepción de ellos mismos. Y he aquí, que llegamos al reino  de la <I>polis, </I>al<I> </I>despunte de la política, a los terrenos de la historia  de seres reales, en función de mantener la continuidad de una civilización. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>6. Sólo hay libertad en el particular ámbito del </B><I><B>entre      </B></I><B>de la política</B> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Para Hannah Arendt, el ámbito público es el escenario al que acuden las  personas para “mostrarse” a placer. En el intercambio mutuo se manifiesta  entonces algo que es más que la suma de individuos, es un <I>entre</I> que a los  varios engloba y desde el cual cada uno puede entenderse mejor a sí mismo  y a los demás. Por esa razón: “Dondequiera que los hombres coincidan se  abre paso entre ellos un mundo y es en este «espacio entre» [Zwischen–Raum]  donde tienen lugar todos los asuntos humanos. El espacio entre los hombres,  que es el mundo, no puede existir sin ellos” (Arendt, 1997: 57). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> También queremos significar en este análisis, que la filósofa no deja por  fuera ni soslaya la pregunta por el sentido de la política, dejando asentado  que “hay una respuesta tan sencilla y tan concluyente en sí misma, que  se diría que otras respuestas están totalmente de más. La respuesta es:  el sentido de la política es la libertad” (Ibid: 62), comprendida ésta  última, “negativamente como no ser dominado y no dominar, y positivamente  como un espacio sólo establecido por muchos, en que cada cual se mueva  entre iguales” (Ibid: 69-70). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De acuerdo con este enfoque, la política –en el significado griego antiguo–  “se centra, por lo tanto, en la libertad” (Ibid: 69). Más todavía: “Ser  libre y vivir en una <I>polis</I> eran en cierto sentido uno y lo mismo” (Ibid).  Sin duda para Arendt, “política y libertad van unidas” (Ibid: 71), e irrecusablemente  la idea de libertad pertenece al mismo concepto de política en general  (Arendt, 1997). En atención a lo expuesto, “El modelo de este concepto  de libertad es el de un río que fluye libremente, y para el que cualquier  interposición representa una arbitrariedad que frena su fluir” (Ibid: 72). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>7. Podría ser que la misión de la política fuera elaborar     un mundo tan  transparente para la verdad como la     creación de Dios</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Arendt advierte de entrada y palmariamente en su escrito <B>Verdad y Política</B>,  que forma la sección séptima de la obra <B>Entre el Pasado y El Futuro</B>, que  la relación entre la política y la verdad es un conflicto a lo largo de  la historia, desde antiguo entre verdad factual y la mentira organizada  que domina el campo público, por ello: </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>“Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política nunca se llevaron demasiado  bien, y nadie, por lo que yo sé, puso nunca la veracidad entre las virtudes  políticas. Siempre se vio a la mentira como una herramienta necesaria y  justificable no sólo para la actividad de los políticos y los demagogos  sino también para la del hombre de Estado. (…) ¿Está en la esencia misma  de la verdad ser impotente, y en la esencia misma del poder ser falaz?”  </I>(1996: 239). </FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La antigua máxima latina <I>Fiat veritas, et pereat mundus</I> (Que se haga la  verdad y desaparezca el mundo) frente a<I> Fiat iustitia, et pereat mundus</I>  (Que se haga justicia y desaparezca el mundo), es un principio más razonable  y trascendente para la acción política. El lenguaje es verdad porque la  verdad surge sólo con el diálogo (diá, <I>entre</I>/<I>a través de</I>, conversación  de dos o más personas en aspiración de hallar el <I>logos</I>, la razón); porque  verdad es, lo que nos une a los otros, lo que hace decir lo que existe  (Arendt, 1996: 240). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> El fenómeno del poder sería –en la visión de Arendt– la formación de una  voluntad común, capaz de albergar la pluralidad, que responde a la capacidad  de ponerse de acuerdo en una comunicación no constrictiva. El poder reposaría  sobre convicciones y el consenso se mediría en la exigencia de una validez  racional inmanente al discurso (<I>lexis</I>). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>8. Lo público / lo privado</B> </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Al examinar la esfera de lo público en <B>La Condición Humana</B>, Hannah Arendt  (1993: 59-67) empieza por reconocer que el término público (8) designa  dos fenómenos íntimamente relacionados, pero no idénticos del todo: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">1) El de todo aquello que llega al público y puede ser visto y oído por  todos, y tiene la más amplia publicidad posible. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">2) El mundo común a todos “y diferenciado de nuestro lugar poseído privadamente  en él” (Ibid: 61), que para ella no se reduce a la Tierra, la Naturaleza  o Dios, sino que en realidad es un artefacto humano, constituido por cosas  producidas (trabajo), que se insertan entre la naturaleza y los hombres,  uniéndolos y separándolos en un hábitat humano. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Según Hannah Arendt, el hábitat humano, en el que entramos cuando nacemos  y que dejamos al morir, está formado por objetos que son colectivos, y  por lo tanto públicos, porque existen independientemente de los individuos,  pero son vistos y percibidos por ellos conjuntamente, ya sean materiales  –como ciudades o monumentos– o inmateriales –como leyes o instituciones  sociales–. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En efecto, sólo a través de la publicidad de la esfera pública, la política  –entendida arendtianamente como el campo de comunicación y de interacción  que asegura el del actuar conjunto– puede tener continuidad en el tiempo. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por otra parte, en el examen de esta dicotomía importa mencionar que existen  dos acepciones básicas a partir de las cuales se estructuran las relaciones  de oposición entre los términos: en la primera, <I>público</I> es lo que afecta  a todos o a la mayoría, siendo por lo tanto <I>común</I>, que se contrapone a  lo privado, visto como lo que afecta a uno o a pocos y “radica en la ausencia  de los demás” (Arendt, 1993: 67). En la segunda, <I>público</I> es lo que es accesible  a todos, en contraposición a lo privado, encarado como aquello que es reservado,  personal y no político. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Público es aquello que es abierto al conocimiento de todos, por contraste  a lo privado, que está restringido a pocas personas y que, en muchos casos,  se configura como ocultación, como esfera de intimidad, como lugar donde  anidan “las pasiones del corazón, los pensamientos de la mente, las delicias  de los sentidos” (Arendt, 1993: 59). Vamos, en el aseverar de Arendt, “al  mundo público común a todos nosotros, que es el espacio propiamente político,  si nos alejamos de nuestra existencia privada y de la pertenencia a la  familia a la que nuestra vida está unida” (1997: 74). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En esta misma línea argumentativa se muestra Arendt cuando cotejamos con  lo escrito en <B>¿Qué es la Política?</B>, en efecto ella precisa: “para la interpretación  de ambos espacios [público/privado] fue decisiva la contraposición entre,  por una parte, qué quería uno mostrar al mundo y cómo quería aparecer ante  él, y, por otra, qué debía únicamente existir en el aislamiento permaneciendo  oculto” (Ibid: 86). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Lo público, entonces, tiene que ver mucho con la democracia, que desde  la experiencia griega se entiende como el gobierno del poder público. En  efecto, en una democracia la visibilidad y la publicidad del poder son  ingredientes básicos, puesto que permiten un importante mecanismo de control  de la conducta de los gobernantes. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Por eso en el mundo moderno la participación/representación política democrática,  que sustituye al ágora de la <I>polis</I>, sólo puede tener lugar en la esfera  de lo público, de modo que el Estado y sus instituciones sólo son representativos  y legítimos, si existe la convicción de que su actividad específica reside  en la publicidad. Evidentemente, en una democracia la publicidad es la  regla básica del poder y el secreto es la excepción. Aquí cabría destacar  que: “La publicidad de la esfera pública es lo que puede absorber y hacer  brillar a través de los siglos cualquier cosa que los hombres quieran salvar  de la natural ruina del tiempo” (Arendt, 1993: 64). </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>9. Definición de política</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Con relación a la <I>esencia</I> de la política, Hannah Arendt mantuvo una tesis  con la que se opuso a toda una tradición filosófica. Su originalidad consiste  en haber distinguido y separado la idea de <I>poder</I> de las de <I>dominio</I> y <I>violencia</I>,  y en haber presentado una concepción <I>consensual</I> y <I>comunicativa</I> del mismo.  Arendt mantendrá la idea de que la violencia (y la guerra) se producen  al margen de la política y del poder propiamente dichos. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En su sentido más habitual, el concepto de <I>poder</I> hace referencia a la capacidad  de algo o de alguien para producir determinados efectos. Ahora bien, cuando  hablamos de poder político, nos referimos a la posibilidad del hombre de  actuar en lo público, y casi siempre, esta posibilidad de acción pública  se entiende como poder del hombre <I>sobre</I> el hombre: poder como dominación,  determinación, coacción. Arendt no comparte en absoluto esta idea; lo único  que sigue siendo cierto, en la perspectiva que ella adopta, es que el poder  es una relación consensual entre los hombres. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> La temática de la que Arendt se da cuenta será el problema de que no se  distingue entre palabras claves como: poder, potencia, fuerza, autoridad  y violencia. “Emplearlas como sinónimos no sólo indica una cierta sordera  a los significados lingüísticos, lo que ya sería suficientemente serio,  sino que también ha tenido como consecuencia un tipo de ceguera ante las  realidades a las que corresponden” (Arendt, 2005: 58-59). Pero la causa  principal de la no-distinción conceptual no es la incapacidad, sino una  determinada posición de fondo, una convicción, una tesitura de equivalencia  que justifica la igualdad entre poder y dominio. “¿Quién manda a Quién?”  [<I>sic</I>] (Arendt, 2006: 60).<B> </B>Es la más crucial cuestión política de todos  los tiempos. Por lo que la autora ensaya y propone toda una fenomenología  política de las características a las que corresponden dichos términos,  ya que son cinco conceptos <I>distintos en su filosofar (</I>Arendt, 1993: 222-230);  (Arendt, 2006: 58-65). Así tenemos: </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Poder</I>: corresponde a la capacidad humana, no simplemente para actuar, sino  para actuar concertadamente. Es en el actuar unido de los hombres donde  las potencialidades de la acción están constantemente presentes y esto  se convierte en prerrequisito material del poder. El poder nunca es propiedad  de un individuo; pertenece a un grupo y sigue existiendo mientras que el  grupo se mantenga unido en una especie de acción colectiva continua (<I>potestas  in populus</I>). Para una cabal comprensión de este vocablo Arendt cita a Sófocles,  en Antígona, con toda su dramaticidad y simplicidad: “Una <I>polis</I> que pertenece  a un único hombre no es una <I>polis</I>” (1996: 115), muy por el contrario –añadimos  nosotros– es la destrucción de todo el ámbito público; “el poder [<I>Macht</I>],  que un único individuo nunca puede detentar porque surge de la actuación  conjunta de muchos” (Arendt, 1997: 51). En síntesis: “El poder es lo que  mantiene la existencia de la esfera pública, el potencial espacio de aparición  de los hombres que actúan y hablan” (Arendt, 1993: 223) entre sí. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Potencia</I>: es “la capacidad que puede ser actuada” (Ferrater Mora, 2004:  2.863). En otras palabras, la <I>potentia</I> es la capacidad obrada en realidad.  El hombre por sí sólo, en su mismidad, en su individualidad, no tiene poder,  sino potencia. Dentro de este marco, “Potencia designa inequívocamente  a algo en una entidad singular, individual” (Arendt, 2006: 61). Sucede  pues, que “La palabra misma [poder], (…) indica su carácter «potencial»”  (Arendt, 1993: 223). Dentro de este orden de ideas y como reforzamiento  de las mismas, “Cabría decir que el poder es siempre un poder potencial”  (Ibid). Por consiguiente: “Sólo donde los hombres viven tan unidos que  las potencialidades de la acción están siempre presentes, el poder puede  permanecer con ellos” (Ibid: 224). En lo esencial, la idea de poder enuncia  la naturaleza de potencialidad que posee el espacio público. “Es decir  que el poder griego –la <I>dynamis–, surge </I>cuando los griegos se reunían en  el espacio público. Ese poder era siempre una potencialidad, una virtualidad.  Es la reunión quien engendra el poder” (Vallarino-Bracho, 2002: 15). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Fuerza</I>: término que utilizamos en el habla cotidiana como sinónimo de violencia,  especialmente si la violencia sirve como medio de coacción; debería quedar  reservado a modo de marco o limitación conceptual –según Arendt–, a las  “fuerzas de la naturaleza” o a la “fuerza de las circunstancias”; esto  es, para indicar la energía liberada por movimientos físicos o sociales  (2006: 61). La fuerza es también una propiedad natural de un individuo  visto aisladamente; una energía material en movimiento, activa; “la fuerza,  don de la naturaleza que el individuo no puede compartir con otros” (Arendt,  1993: 226). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Autoridad</I>: pertenece o se da en el mundo prepolítico. Puede ser atribuida  a las personas, por ejemplo, en la relación entre padre e hijo, entre profesor  y alumno, en la guerra por la necesidad de decisiones rápidas, al Senado  romano, a las entidades jerárquicas de la Iglesia. Su característica es  su indiscutible reconocimiento por aquellos a quienes se les pide obedecer,  en la afirmación de que ambos ocupan un lugar predefinido y estable. No  precisa ni de la coacción ni de la persuasión. En el caso de la coacción  porque si se recurre a la fuerza significa que la autoridad ha fracasado.  Y en de la persuasión ésta presupone un orden igualitario que se alza contra  el orden autoritario, donde prevalece lo jerárquico (Arendt, 1996: 101-103). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>Violencia</I>: “Nadie consagrado a pensar sobre la Historia y la Política puede  permanecer ignorante del enorme papel que la violencia ha desempeñado siempre  en los asuntos humanos…” (Arendt, 2006: 16). Es obvio que no es una noción  abstracta sino que procede de la experiencia prepolítica o apolítica (estado  de naturaleza). En su enunciado más evidente la acción violenta atañe a  medios materiales e instrumentos para coaccionar o matar en el contacto  entre los hombres (Arendt, 1997: 132). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En orden de lo anterior, se distingue por su carácter o naturaleza instrumental.  Por supuesto, la oposición clave la forma el par poder/violencia. Por ende,  Arendt nos propone que no se debe equiparar el poder político con la organización  de la violencia (2005: 49). El poder nunca puede surgir de la violencia;  ésta puede contribuir a destruir el poder, pero nunca a crearlo. En ausencia  de poder, la violencia domina absolutamente. Por ello, lo contrario de  la violencia, más que la no-violencia es, paradójicamente, el poder. Tan  es así que la pérdida de poder se convierte en una tentación para reemplazar  el poder por la violencia. “La violencia cuando es total y, literalmente,  no deja piedra sobre piedra ni hombre junto a hombre” (Arendt, 1997: 106).  La violencia, por tanto, vacía de sustancia a la política. Por ello, no  hay violencia “progresista” ni violencia “regresiva”, viejas distinciones  y teorizaciones que ya no tienen justificación (Arendt, 2005: 139). Hay  violencia pura y simple, como hecho brutal sobre la libertad del hombre. </FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> En todo caso, “la acción es la actividad política por excelencia, la natalidad,  y no la mortalidad, puede ser la categoría central del pensamiento político,  diferenciado del metafísico” (Arendt, 1993: 23) (9). Como nos los señala  Antonio Campillo desde la Universidad de Murcia: </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>“…puesto que la ‘pluralidad’ y la ‘natalidad’ constituyen la ‘ley de la  Tierra’, la vida política es la más originaria condición de posibilidad  de la humana experiencia del mundo, hasta el punto de que sin ella no serían  concebibles las actividades mentales de la vita contemplativa (el ‘pensamiento’,  la ‘voluntad’ y el ‘juicio’), que son aparentemente las más solitarias  y apolíticas” (2002: 160). (…) “…la vida política ha de ser netamente diferenciada  con respecto a otras actividades mucho menos libres y mucho más frecuentes  (la ‘labor’, el ‘trabajo’ y la ‘violencia’), hasta el punto de constituir  una especie de ‘milagro’, un acontecimiento histórico excepcional y ejemplar,  que se ha dado sólo en Occidente y sólo en raras y contadas ocasiones…” </I>(2002: 160-161). 	</FONT></P> </blockquote>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La política, en el decir de Hannah Arendt, no es aquello que tiene que  ver exclusivamente con el gobierno de una nación (los asuntos públicos)  o con cuestiones sociales o ambos a la vez, sino que es el lugar en donde  es posible entablar un diálogo entre personas libres (<I>isegoría</I>) e iguales  (<I>isonomia</I>), en el cual hay palabra y acto (todas las cuales son las actividades  más insignes de la esfera política). Aquí, en este punto, Arendt, insurge  categóricamente y establece que la política excluye las relaciones de mando  y sometimiento entre gobernantes y gobernados (dominación <I>stricto sensu</I>),  porque ello impide la posibilidad libérrima de acción de los ciudadanos;  en la política, según el parecer de los griegos, no hay lugar al amo y  el esclavo, no es una simple ejecución de órdenes (Arendt, 1993: 244). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> También se impone como tarea intelectual, en función de comprender en toda  su extensión y alcance la voz <I>política</I> en Arendt, aceptar y seguir la ruta  con su estela imborrable, a una expresión que la propia autora acuñó y  utilizó habitualmente como sinónimo de “política”: el “espacio público”  o “espacio de aparición” (Campillo, 2002: 161). De allí que ahora podrá  comprenderse el porqué hemos dedicado una sección por aparte para tratar  la relación entre <I>lo</I> <I>público </I>y <I>lo privado</I>. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">En definitiva, la política –entendida arendtianamente– es el campo de comunicación  y de interacción que asegura el actuar conjunto, como concepción de la  acción y la capacidad para concertar con los demás y actuar de acuerdo  con los otros. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> De esta manera y tomando en cuenta todos los factores precisados por Hannah  Arendt, presentamos en sus propias palabras, el <I>telos</I> de la materia analizada: </FONT></P>      <blockquote> 	    <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><I>“La política, se dice, es una necesidad ineludible para la vida humana,  tanto individual como social. Puesto que el hombre no es autárquico, sino  que depende en su existencia de otros, el cuidado de ésta debe concernir  a todos, sin lo cual la convivencia sería imposible. Misión y fin de la  política es asegurar la vida en el sentido más amplio” </I>(1997: 67).    <BR><I>(…) “…allí  donde los hombres conviven, en un sentido histórico–civilizatorio, hay  y ha habido siempre política”</I> (Ibid: 68). </FONT></P> </blockquote>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Conclusiones</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">Hemos arribado al término de trazar y precisar ciertas conclusiones, a  saber: </FONT></P>  <UL>     <LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Según el pensamiento griego antiguo –rescatado y puesto de relieve por  Arendt–, el hombre recibía, además de su vida privada, una especie de segunda  vida, es decir, su <I>bios politikos</I>, resultando con ello que el ser humano  perteneciera a dos órdenes de la existencia (1993: 39). </FONT></LI>      <LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Si queremos diferenciar las relaciones políticas de las relaciones parentales  y económicas, parece no quedarnos más remedio que utilizar la palabra “política”  en el sentido arendtiano del término, esto es, como la forma de organización  del poder legítimo en una determinada comunidad humana (<I>koinonía</I>). Legítimo  va a significar en esta pensadora que dicho poder no es producto ni surge  de la violencia y menos se mantiene por aquélla. </FONT></LI>      <LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Para los griegos mandar en vez de persuadir eran formas prepolíticas que  se manejaban en el hogar y la vida familiar. En este ámbito el jefe de  familia ordenaba con poderes despóticos. Va a decir Arendt: La <I>polis</I> se  diferenciaba de la familia en que aquélla sólo conocía iguales, mientras  que la segunda era el centro de la más rigurosa desigualdad. </FONT></LI>      <LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> Arendt rechaza frontalmente la concepción tradicional de la política, y,  para oponerse a ella, establece una verdadera antinomia entre el “poder”  y la “violencia”: allí donde se ejerce la violencia, el poder es destruido;  allí donde aparece el poder, la violencia es excluida. </FONT></LI>      ]]></body>
<body><![CDATA[<LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">La política surge de la grandeza de la <I>polis. El ágora de la ciudad significó  interacción en y con libertad. Por eso la existencia de los ciudadanos  comienza en el momento en que se presentan en este espacio abierto de la  polis. La política es posible en la polis no tanto porque se pueda hablar  como porque se es escuchado; es decir, porque nuestros iguales se disponen  a escucharnos con atención. </I>La <I>polis</I> como espacio público-político sigue  siendo modelo para toda organización política occidental, “…porque sólo  allí se puede percibir la política con la claridad de un paradigma” (Ron-Pedrique,  1997: 193). </FONT></LI>      <LI>     <p align="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">El “poder” lo define Arendt como el “espacio de aparición” en el que una  pluralidad de seres diversos es capaz de hablar y actuar conjuntamente. </FONT></LI>      </UL>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Notas</B> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 1) El libro <B>¿Qué es la Política?</B> (<I>Was ist Politik?</I>), refiere la profesora  de la Universidad de Barcelona, España, Fina Birulés, en la introducción  que escribe para la primera edición en español (1997), traducida de la  primera edición en alemán (1993), que esta obra es la recolección y reunión  de diversos escritos de Hannah Arendt (n. 1906-m. 1975), a lo largo del  tiempo, comenzando en 1956 y que nunca fue terminada por ella. Esos diferentes  ensayos y notas redactados en distintas épocas formaron parte del proyecto  de escribir una obra intitulada <I>Introducción a la Política, </I>que nunca concluyó  la autora. Así que fue la socióloga alemana Úrsula Ludz quien rescató,  clasificó y los presentó a la luz pública en 1993. Por eso, inobjetablemente,  este es un libro fragmentario, inconcluso e incompleto, pero que muestra  –de cierta manera– las reflexiones de Arendt sobre este asunto, que también  es una temática entrecruzada, abierta o solapadamente, pudiéramos decir  en el conjunto de su obra. </FONT></P>     <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">2) Seguimos aquí fielmente, tal y como lo estableció la misma autora, la numeración  arábiga, es decir, 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7, recogida en el Fragmento 1 del  libro aludido. Tomando, al pie de la letra, como fundamento referencial  y a conveniencia las frases que pudieran eventualmente englobar, desde  nuestra perspectiva, cada uno de ellos, donde las negrillas son nuestras  y las cursivas de la filósofa. Así que esperamos con esta aclaratoria nos  releven los lectores de colocar las comillas respectivas. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3) Expresión de san Agustín –citada por Arendt– que pretende decirnos que  la <I>Creación</I> fue el efecto del amor infinito de Dios hacia los hombres.  Recordemos que Arendt se va a graduar en Filosofía en 1928, precisamente,  con una tesis dirigida por Karl Jaspers sobre <I>El Concepto de Amor en san  Agustín</I>. Dicha tesis fue publicada por vez primera en alemán, en 1929.  El enunciado agustiniano en latín es como sigue: “<I>Initium </I>e<I>rgo ut esset,  creatus est homo, ante quem nullus fuit</I>” (<B>Civitas Dei -La Ciudad de Dios-</B>,  l.XII, c. 20)<I>. </I>En otras traducciones más libres y menos ortodoxas aparece  la frase así: <I>“Porque ha habido un comienzo, fue creado el hombre, antes  de él no había nadie”.</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4) Esto coincide plenamente con lo expresado antes por Arendt en <B>¿Qué es la  Política?</B>, en el Fragmento 1, el cual está fechado en agosto de 1950, mientras  que <B>La Condición Humana</B> es posterior, 1958. Veamos: “Dios ha creado <I>al</I>  hombre (…), los hombres son un producto humano, terrenal, el producto de  la naturaleza humana” (Arendt, 1997: 45). Allí, además, agrega: “Peor todavía:  para todo pensamiento científico sólo hay <I>el</I> hombre –tanto en la biología  o la psicología como en la filosofía y la teología, así como para zoología  sólo hay <I>el</I> león” (Arendt, 1997: 45). Como se puede colegir nuestra autora  no abandona dicha noción de pluralidad, por el contrario la reasume, amplifica  y reafirma.</FONT></P>      ]]></body>
<body><![CDATA[<P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 5) Es rigurosamente hablando, el <I>inter</I>, lo que se encuentra <I>entre</I>. Para el  Diccionario de la Real Academia Española (DRAE, 2010), significa: “(Del  lat. <I>inter</I>). 1.&nbsp;prep. Denota la situación o estado en medio de dos o más  cosas. 2. prep. Dentro de, en lo interior. <I>Tal pensaba yo entre mí. </I>3.  prep. Denota estado intermedio. <I>Entre dulce y agrio. </I>4. prep. Como uno  de. <I>Le cuento entre mis amigos. </I>5. prep. Denota cooperación de dos o más  personas o cosas. <I>Entre cuatro estudiantes se comieron un cabrito.</I> <I>Entre  seis de ellos traían unas andas. </I>6. prep. Según costumbre de. <I>Entre sastres.  </I>7. prep. Expresa idea de reciprocidad. <I>Hablaron entre ellos”. Para los  propósitos de lo aquí analizado, fijémonos, especialmente, en las acepciones  señaladas 4, 5 y 7.</I> </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 6) La <I>polis </I>(póliv), en efecto, no es una porción de territorio, una situación  física. Es mucho más que eso. Es un asunto y entramado cultural y, por  tanto, antropológico. Es toda una visión del mundo (cosmovisión). Arendt  cita la famosa expresión: “A cualquier parte que vayas, serás una <I>polis</I>:  estas famosas palabras no sólo se convirtieron en el guardián fiel de la  colonización griega, sino que expresaban la certeza de que la acción y  el discurso crean un espacio…” (1993: 221). La <I>polis</I> como ciudad-estado  fue históricamente “la primera en descubrir la esencia y el ámbito de lo  político” (Arendt, 1996: 166); si la <I>polis </I>perece, todo está perdido, nos  legaron los antiguos griegos. No cabe duda, entonces, que la <I>polis </I>es un  fruto notable en Occidente de la interacción humana. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7) Lo económico y lo político difieren no solamente en la medida en que difieren  entre sí una sociedad doméstica y una ciudad […] sino también en el hecho  de que la política es el arte de gobernar a los muchos y lo económico (o¸konom°a  / oikonomía) el de la administración de uno solo o muy pocos (generalmente  la conducción o dirección en o de la casa particular). De la misma manera,  “Cuando los griegos decían que los esclavos y los bárbaros eran <I>aneu logou</I>,  que no poseían la palabra, se referían a que se hallaban en una situación  en que el habla libre era imposible. En la misma situación se halla el  déspota, que sólo sabe ordenar” (Arendt, 1997: 70). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8) Lo “público” designa también al mundo que es la separación objetiva permanente  que disgrega y reúne a los hombres coetáneamente. </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9) La acción es parte de la vita activa junto con la labor y el trabajo. En  la elaboración de Arendt: “Son fundamentales porque cada una corresponde  a una de las condiciones básicas bajo las que se ha dado al hombre la vida  en la tierra” (1993: 21). De acuerdo con el pensamiento arendtiano la labor  es la actividad correspondiente al proceso biológico del cuerpo humano  y, por tanto, está ligada a las necesidades vitales. Su condición humana  es la vida misma; el trabajo, por su parte, es la actividad que atañe a  lo no natural de la exigencia del hombre, proporcionando un artificial  mundo de cosas. La condición humana del trabajo es la mundanidad. Por último,  la acción concierne a la única actividad que se da entre los hombres sin  la mediación de cosas o materia y está relacionada con la condición humana  de la pluralidad (Arendt, 1993: 21-22). </FONT></P>      <P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"><B>Lista de Referencias</B> </FONT></P>      <!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2">1. AMIEL, A. (2000). <B>Hannah Arendt. Política y Acontecimiento</B>. Ediciones Nueva  Visión, Buenos Aires. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906054&pid=S1315-6268201000020000600001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 2. ARENDT,<I> </I>H. (1993). <B>La Condición Humana</B>. Ediciones Paidós, Barcelona, España. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906055&pid=S1315-6268201000020000600002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 3. ARENDT,<I> </I>H. (1996). <B>Entre el Pasado y el Futuro</B>. <B>Ocho Ejercicios sobre la  Reflexión Política</B>. Traducción de Ana Poljak. Ediciones Península. Barcelona,  España. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906056&pid=S1315-6268201000020000600003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 4. ARENDT,<I> </I>H. (1997). <B>¿Qué es la Política?</B> Ediciones Paidós / I.C.E. de la  Universidad Autónoma de Barcelona. Primera edición en español. Barcelona,  España. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906057&pid=S1315-6268201000020000600004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" FACE="Verdana" SIZE="2"> 5. ARENDT,<I> </I>H. (2000). <B>El Concepto de Amor en san Agustín</B>. Traducción de Agustín  Serrano de Hero de la primera edición alemana de 1929. Ediciones Encuentros,  S. A. Madrid. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906058&pid=S1315-6268201000020000600005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><font face="Verdana" size="2">6. </font> <FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> ARENDT,<I> </I>H.&nbsp; (2003). <B>Conferencias sobre la Filosofía Política de Kant</B>. Introducción,  edición y ensayo interpretativo de Ronald Beiner. Ediciones Paidós, Barcelona,  España. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906059&pid=S1315-6268201000020000600006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 7. ARENDT,<I> </I>H.&nbsp; (2006). <B>Sobre la Violencia</B>. Traducción del inglés por Guillermo  Solana. Alianza Editorial, España. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906060&pid=S1315-6268201000020000600007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 8. ARENDT,<I> </I>H.&nbsp; (2008). <B>Los Orígenes del Totalitarismo</B>. Traducción de Agustín  Serrano de Hero. Originalmente publicado en 1951. Editorial Taurus, Bogotá. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906061&pid=S1315-6268201000020000600008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 9. ARISTÓTELES (2000). <B>La</B> <B>Política</B>. Versión directa del original griego, prólogo  y notas de Manuel Briceño Jáuregui, S. J. (Escrito originalmente en el  siglo IV a. C.) 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(1985). <B>Paideia: Los Ideales de la Cultura Griega. </B>Fondo de  Cultura Económica, S.A. México. </FONT>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=906065&pid=S1315-6268201000020000600012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><P ALIGN="justify"><FONT COLOR="000000" SIZE="2" FACE="Verdana"> 13. PORTINARO, P. (1994). “La Política como Comienzo y el Fin de la Política”.  En: <B>El Resplandor de lo Público. En Torno a Hannah Arendt. </B>Nueva Sociedad.  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