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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Populismo y teoría política: de una teoría hacía una epistemología del populismo para América Latina]]></article-title>
<article-title xml:lang="en"><![CDATA[Populism and Political Theory: From a Theory to an Epistemology of Populism for Latin America]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[Once again, as though it were a cyclical necessity, the question of populism is back on the social science agenda. This article proposes to broach the problem by way of a critical discussion of Ernesto Laclau’s writings, from the earliest to the most recent. After identifying the advances and the key questions that remain problematic, the article suggests how to approach the search for an appropriate epistemology of populism for studying the phenomenon in Latin America. In particular, the author insists on the need to establish a firm theoretical base for analyzing popular subjectivities and popular identities, of central importance for understanding populism in Latin America.]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <p align="center"> <b><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="3">Populismo y teoría política:  de una teoría hacía una epistemología del populismo para América  Latina</font></span></b></p>     <p align="center"> <b><span lang="ES-MX" style="font-family: Verdana"><font size="2">Martín Retamozo</font></span></b></p>     <p align="center" style="text-align: justify; text-autospace: ideograph-numeric ideograph-other"> <span style="font-family: Verdana"><font size="2">Profesor de Filosofía y magíster en Ciencias  Sociales en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Candidato a Doctor  en Ciencias Sociales de Flacso, México. martin.retamozo@gmail.com</font></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight:700">Resumen</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Como en un  eterno retorno el tema del populismo vuelve a situarse entre las preocupaciones  de las ciencias sociales. Este artículo propone una entrada al problema a partir  de discutir críticamente la teoría del populismo de Ernesto Laclau desde sus  primeros escritos hasta un trabajo de publicación reciente. A partir de  identificar los avances y los nudos problemáticos se proponen reflexiones en  torno a los caminos necesarios de recorrer en la construcción de una  epistemología del populismo para el estudio del fenómeno en América Latina. En  particular se alerta sobre la imperiosa necesidad de una configuración teórica  para el estudio de las subjetividades y las identidades populares con el  objetivo de comprender mejor avatares de la política latinoamericana donde el  populismo ha adquirido una insoslayable relevancia.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"><b>Palabras  clave</b>: Populismo, Ernesto Laclau, teoría, epistemología, América Latina.</span></p>     <p align="center"><b> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Populism and  Political Theory: From a Theory to an Epistemology of Populism for Latin America</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight:700">Abstract</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Once again,  as though it were a cyclical necessity, the question of populism is back on the  social science agenda. This article proposes to broach the problem by way of a  critical discussion of Ernesto Laclau’s writings, from the earliest to the most  recent. After identifying the advances and the key questions that remain  problematic, the article suggests how to approach the search for an appropriate  epistemology of populism for studying the phenomenon in Latin America. In  particular, the author insists on the need to establish a firm theoretical base  for analyzing popular subjectivities and popular identities, of central  importance for understanding populism in Latin America.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"><b>Key Words</b>:  Populism, Ernesto Laclau, Theory, Epistemology, Latin America</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Introducción</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">“La  problemática del populismo latinoamericano sigue siendo uno de los hechos al  mismo tiempo políticos, económicos y sociales más importantes de la historia de  América Latina”  dice Octavio Ianni (1973) en la presentación de uno de los libros clásicos en el  estudio del tema. Más de treinta años han pasado y convulsionado nuestro  subcontinente; sin embargo, estas palabras parecen tener más actualidad que  nunca a juzgar por el lugar que ocupa el tópico en el debate político y  académico en la región. Es indudable que el populismo ha adquirido una notable  presencia en la agenda de investigación latinoamericana y en el lenguaje de los  medios de prensa. Pero también es necesario reconocer que los términos en que se  han encuadrado muchos estudios han distado de contribuir a una clarificación  conceptual y en ocasiones promovieron una polisemia equívoca; tanto en los  estudios académicos como en los medios periodísticos.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Este artículo  es una incitación al replanteo del problema desde una perspectiva particular y  en la búsqueda de una construcción epistemológica para investigar el populismo.  Por lo tanto, no pretende ser una revisión o estado de la cuestión de los  estudios que se han centrado en el populismo (o en el neopopulismo); al respecto  existen muchos y variados trabajos que se han ocupado del tema (Viguera, 1993;  Vilas, 1995; Mackinnon y Petrone, 1998; De Lara, 1998) refiriendo sus alcances y  limitaciones. Nuestro objetivo es mucho más acotado, proponemos concentrarnos en  una de las propuestas teóricas más sugerentes: la teoría de Ernesto Laclau e  iniciar una discusión sobre las potencialidades (y limitaciones) que presenta  para construir una epistemología del populismo destinado al estudio del fenómeno  en la región. La elección de nuestro autor de marras no es arbitraria sino que  se basa en las potencialidades que presenta su enfoque para elaborar una mirada  sobre los asuntos del populismo desde una perspectiva teórica que, aunque no  está exenta de problemas, brinda avances sustantivos y abre importantes caminos,  y la cual es preciso complementar con una mirada epistemológica. Es aquí donde  se ancla este trabajo: indagar el potencial heurístico que su perspectiva aporta  para comprender procesos políticos contemporáneos y la posibilidad de una  epistemología del populismo.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Para ello  estructuraremos el artículo de la siguiente manera. Primero revisaremos los  trabajos que el autor realizó desde finales de la década de los 70 hasta llegar  a su último trabajo <i>La razón populista</i> publicado recientemente en nuestra  lengua<sup>1</sup>.  Este análisis crítico nos permitirá tanto indicar las limitaciones de la  propuesta como precisar los caminos de investigación, las tareas y los temas que  se presentan valiosos para el abordaje del fenómeno en América Latina. Segundo  nos ocuparemos de una propuesta epistemológica de mediación para construir una  heurística de la teoría enfocada en investigaciones sociales en la región.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Hacia una  teoría del populismo</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La  preocupación de Ernesto Laclau por el populismo no es nueva. </span> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En 1977  publicó <i>Polítics and Ideology in Marxist Theory. </i></span><i> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Capitalism,  Fascism</span></i><span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">,  P<i>opulism</i> dónde dedica un capítulo fundacional al problema que nos  interesa<sup>2</sup>.  En ese trabajo Laclau revisa los caminos infructuosos que recorrieron estudios  que se concentraron en enumerar características propias de régimen, movimientos  e ideologías tildadas como populistas. No obstante, pese a este problema se  rehúsa al abandono del concepto por “vacío”  puesto que en la historia es posible reconocer procesos que se nominaron como  populismo y ya esta “existencia”  del populismo justifica una profundización en el tema.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Dentro de las  teorías latinoamericanas relevantes, las cuales interesan a nuestros fines,  Laclau analiza los trabajos de Gino Germani y Torcuato Di Tella como un intento  de explicación desde posiciones que conjugan el funcionalismo con visiones  preocupadas por las expectativas de los actores sociales. Éstos situaron las  condiciones de posibilidad del populismo en una defasaje entre estructuras  (aspecto objetivo) y expectativas (aspecto emocional), por un lado, y en la  imposibilidad por parte de los sectores subalternos de alcanzar una plena  formación de clase; ambos procesos explicarían la emergencia del fenómeno de  movilización populista. Como consecuencia, el populismo operaría como canal <i> ad hoc</i> en las sociedades latinoamericanas para eliminar asincronías en el  proceso de constituir una sociedad industrial desarrollada. En otras palabras,  la anomalía en el proceso de pasaje de una sociedad tradicional a una industrial  adquiriría forma en el populismo. En este punto Laclau cuestiona este enfoque  citando la evidencia de fenómenos populistas en sociedades desarrolladas y el  discutible supuesto teleológico de un porvenir de industrialización para los  países que atraviesan por etapas populistas. Sin embargo, la crítica más  profunda opera en un nivel lógico-conceptual y se vincula con los problemas de  reintroducir una lógica de clases que pretendidamente se debía abandonar en el  análisis del populismo<span style="letter-spacing: -.1pt">. En efecto, estos  trabajos han caído en una tensión problemática por su vocación de dejar la  centralidad de la clase en el populismo y la posterior reincorporación de la  referencia a la contradicción de clase como momento estructural que explica su  conformación.</span></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El vínculo  problemático entre clase y populismo, presente en las concepciones clásicas,  sirve de punto de partida a la teoría de Laclau. A partir de las limitaciones de  los enfoques tradicionales, propone una salida que consiste en marcar la  diferencia entre la determinación de la clase por las superestructuras y la  existencia de la clase en ese nivel; con lo que se rompe la idea de un correlato  reflejo de las clases en el ámbito superestructural (Cf. Laclau, 1978, 184). En  este camino, incorpora la noción de antagonismo como intento de superar el  reduccionismo que implica identificar la clase como tal con el grupo empírico  observable. Al definir las clases como polos que no tienen un correlato  necesario a nivel ideológico y político, emerge la posibilidad de concebir que  el carácter ideológico de la misma esté dado por su forma y no por su contenido  (Cf. 1978, 186), a partir de un principio articulatorio particular<sup>3</sup>.  Esta noción marca una tensión en la teoría de Laclau que se resuelve en escritos  posteriores (Laclau y Mouffe, 1985) cuando abandona definitivamente el estatus  trascendental de la clase para admitir la heterogeneidad de lo social.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Este  movimiento conceptual de abandonar el estatus privilegiado de la clase como  sujeto histórico lo acompañará desde entonces hasta sus escritos más actuales.  Esto posibilita considerar que es posible la existencia de una multiplicidad de  sujetos que disputen las relaciones de poder. En efecto, si en el orden de  dominación contemporáneo los hombres están sujetos a muchas situaciones de  subordinación, es factible que ellas sean escenarios de diversas luchas; algunas  serán de clase, pero no necesariamente todas esas situaciones de posibles  antagonismos llevarán el signo clasista. De este modo, la producción de estas  situaciones de subordinación en antagonismos y la articulación de diferentes  nodos de oposición serán fundamentales para el accionar político. Es en este  segundo proceso –la articulación– donde entra en juego el populismo como una  forma de articulación o, cómo dirá más recientemente, como una lógica política.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En este  carácter eminentemente político radica la importancia del populismo y justifica  un tratamiento exhaustivo del mismo. Siguiendo la distinción aristotélica, el  autor concibe que el término populismo no es equívoco sino análogo, puesto que  en todos los casos se predica en referencia a “pueblo”.  Aunque reconoce, también, que el estatus teórico de esta última categoría  permanece difuso. En efecto, <i>pueblo</i> es un concepto elusivo, pero para  Laclau se hace presente en las formaciones sociales histórico-concretas como un  polo de contradicción que enfrenta al bloque dominante. No obstante, a  diferencia del conflicto de clase que se expresa en el nivel de las relaciones  de producción, la elaboración de dos campos contradictorios (campo popular y  oligarquía) se erige en las relaciones que constituyen el orden social en su  conjunto. Con esto Laclau distingue dos espacios de lucha: uno a nivel de las  relaciones sociales de producción (el conflicto de clases) y el otro se juega en  un espacio de relaciones políticas e ideológicas (la disputa  popular-democrática). El replanteo de la relación de clase y populismo retorna  planteando nuevos interrogantes inmersos en el terreno de la confrontación. Es  decir, sitúa el debate en qué tipo de identidades y proyectos serán  protagonistas de luchas por la emancipación. Es indudable que el texto de 1977,  inscrito aún en el marxismo, otorga una primacía a la lucha de clases (Cf. 1978,  193) algo que progresivamente el autor irá abandonando en su paso al “posmarxismo”.  La idea que defiende el autor, por entonces, es que existe una continuidad entre  la lucha popular-democrática y la lucha de clases que se produce en tanto los  elementos de las tradiciones populares son heterogéneos y sólo pueden adquirir  coherencia si son articulados en un discurso clasista.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Esto produce  un nuevo encuentro entre pueblo y clase que los sitúa en una tensión dialéctica.  Sin embargo, en sus trabajos seminales Laclau sitúa al pueblo y a la clase en  espacios diferentes en cuanto abstracción; de esta manera la clase oficia como  principio articulatorio para la ideología populista dotándola de una orientación  particular. Como consecuencia, la capacidad de luchar de una clase estará dada  por la inclusión de interpelaciones populares a su propio discurso. En otras  palabras, la capacidad de una clase de constituirse como hegemónica dependerá  del grado en que logre nutrirse de interpelaciones populares. Esto lleva a  Laclau a extraer su conclusión políticamente más relevante: el socialismo no  pude alcanzarse sino articula la forma más radical del populismo expresado en la  contradicción pueblo/bloque dominante. Entonces la clase no puede constituirse  en hegemónica sino articula al pueblo, como contraparte el pueblo sólo pude  aparecer articulado en un discurso de clase, en sus propias palabras “no  hay socialismo sin populismo, pero las formas más altas de populismo sólo pueden  ser socialistas”  (Laclau, 1978, 231)<sup>4</sup>.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El populismo,  entonces, ofrece una forma particular de articulación de los elementos  popular-democráticos que se presenta como polo de antagonismo al bloque  dominante tradicional en una sociedad. No obstante, Laclau advierte que no  debemos apresurarnos a identificar al populismo con un cambio revolucionario.  Existe la posibilidad de que sea usado por fracciones de los sectores dominantes  para reasegurar su hegemonía o en el marco de una disputa por la reconfiguración  para domeñar. Aunque también los sectores populares pueden participar de una  experiencia populista cuando disputan articulando discursos de clase con  interpelaciones popular-democráticas; de esta manera “un  populismo socialista no es la forma más atrasada de ideología obrera, sino su  forma más avanzada: el momento en que la clase obrera ha logrado condensar en su  ideología el conjunto de la ideología democrática en una formación social  determinada”  (Laclau, 1978, 203). En ambos casos el populismo emerge en el campo de una  crisis del orden social y se liga con la disputa de sectores sociales  antagónicos por la hegemonía de un proceso histórico.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El trabajo de  Laclau (1977) traducido al español en 1978 suscitó un importante debate  intelectual que sedimentó bases para la investigación desde un paradigma teórico  que aún tenía mucho camino por recorrer pero que introdujo un salto cualitativo  en los estudios sobre populismo. Los trabajos de Nicos Mouzelis (1978) y Emilio  De Ípola (1982; De Ípola y Porantiero, [1981] 1995) fueron algunas de las  recepciones más lúcidas del texto laclausiano y sus críticas abastecieron  intentos por ajustar los puntos débiles de la teoría y sus lagunas. Sin embargo,  durante la década de los 80 la teoría política latinoamericana se concentró  especialmente en pensar la salida de los regímenes autoritarios que en muchos  casos habían reemplazado a los otrora denominados populismos clásicos. La  expansión de los estudios sobre las transiciones hizo perder de vista el  fenómeno populista y la reflexión sobre el tema (que en muchos casos se  consideraba agotado o anacrónico). Este abandono provino, en ocasiones, de una  velada tesis teleológica donde la anomalía del populismo había sido reemplazada  por dictaduras anómalas que darían lugar a democracias liberales “normales”.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">No fue sino  hasta la década de los 90 cuando el término populismo se reinstaló en la  preocupación de la academia latinoamericana, esta vez con el prefijo de neo:  había aparecido la distinción entre populismo clásico y neopopulismo. Mares de  tinta corrieron en los estudios de los llamados neopopulismos que aportaron poco  a la claridad conceptual. Como si fuera poco el uso en la arena política del  populismo se incrementó ya no proveniente de las experiencias de izquierda que  acusaban a los movimientos nacionales de populismo, sino de los enfoques  neoliberales que los utilizaban de adjetivo descalificativo contra cualquier  política pública que suponía la intervención estatal o a los líderes que  articulaban discursos con referencia al pueblo; aunque muchos de los llamados  neopopulistas fueron los encargados de implementar políticas neoliberales como  los casos de Menem, Fujimori y Bucaram.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La  preocupación de Laclau de no confundir liderazgos, movimientos y regímenes en el  estudio del populismo fue desatendida y los términos del debate se tornaron aún  más confusos. Si el escozor que causaba el texto de 1977 se producía por la  concesión de que procesos como el nazismo, el maoísmo y el peronismo puedan ser  populistas, con la discusión del neopopulismo se abrió la puerta a referir como  populistas a fenómenos que desplegaron políticas neoliberales de redimensión del  Estado y de reformas de mercado donde los sectores dominantes tuvieron una  participación efectiva. Con esto el neopopulismo pareció referir más a un poco  definido estilo de hacer política (Viguera, 1993) que a un concepto heurístico.  En definitiva el término neopopulismo, a diferencia del de populismo, no es  análogo sino equívoco, para seguir en la distinción aristotélica que el autor  introduce. Como consecuencia, las sendas que confunden el populismo como  régimen, movimiento, estilo y liderazgo sólo han agregado confusión a la  cuestión. Asimismo, poco ha aportado la noción de neopopulismo en cuanto su  utilización, en el mejor de los casos, refiere a formas de ejercer el poder  abandonando la consideración de otras dimensiones como la ideológica a las que  Laclau había prestado especial atención<sup>5</sup>.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Crítica de la  razón populista</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En un momento  histórico en que el populismo vuelve a entrar al debate político  latinoamericano, Laclau avanza en la publicación de su último libro sobre  algunas de las bases colocadas en el antiguo trabajo, pero desde una perspectiva  posmarxista y posestructuralista que en muchos aspectos invita a revisar el  viejo texto y retomar el debate. Es cierto que las casi tres décadas de avatares  históricos en América Latina e intelectuales en la vida del autor hacen poco  interesante dirigir una mirada crítica hacia el primer escrito. Sin embargo, es  necesario marcar que hay tanto rupturas como continuidades en la obra del autor.  En efecto el <i>Hacia una teoría del populismo</i> no intentaba clausurar el  debate, sino iniciar un camino que adquiere un punto más refinado en <i>La razón  populista </i>([2004] 2005) cuando el andamiaje analítico de Laclau construido,  en especial, a partir de <i>Hegemony and Socialist Strategy. Toward a Radical  Democratic Politics</i> (1985) pudo ser incorporado para superar los obstáculos  teóricos que signan el primer trabajo. En este punto es indudable que la  influencia del decontructivismo derridiano, del psicoanálisis lacaniano y de los  estudios sobre retórica inyectó una complejidad en su configuración conceptual  sobre el populismo que la ubica entre los principales avances de la teoría  política sobre el tema.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La edición de<i>  La razón populista,</i> publicada casi tres décadas después de su trabajo  fundacional en inglés, indica que el tema tratado sigue ocupando un lugar  relevante entre sus inquietudes teóricas. No obstante, luego de haber  incorporado los aportes de otros campos y perspectivas (la deconstrucción, el  psicoanálisis, la lingüística) el autor vincula el problema del populismo con  las lógicas de las identidades colectivas y la representación, además de los  asuntos que se atienen a hegemonía ya presente en sus trabajos anteriores. Si  antes Laclau había dirigido sus esfuerzos en abrir un camino, en <i>La razón  populista</i> se condensa la propuesta de una teoría más desarrollada. No  obstante, no hay que confundirse buscando en la obra una obcecación por hallar  una mera precisión terminológica a partir de elucidar la polisemia o los  equívocos del concepto. La preocupación de Laclau es mucho más amplia en tanto  presenta a través del populismo una entrada al análisis de la lógica de lo  político y las identidades sociales. Esto no supone que la elección del  populismo como tema de análisis sea una entrada más al problema de la teoría  política contemporánea, Laclau sostiene durante todo su argumento una premisa  básica que en parte ayuda a despejar equívocos: el populismo es una lógica  inherente a lo político. Por lo tanto su elucidación en las dimensiones  constitutivas serán plataformas privilegiadas desde la cuales observar el  espacio político.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La  publicación reciente de Laclau se ordena en tres partes para retomar el debate  sobre el tema. La primera de ellas vuelve sobre la recurrente <i>tragedia</i> en  los estudios sobre el populismo: la repetida referencia a la dificultad  conceptual para una definición precisa del concepto. El punto de partida  compartido en general sobre la vaguedad del término “populismo”  le servirá a Laclau para revisar algunos de los esfuerzos que la teoría política  dedicó al tema. Sin embargo, es necesario advertir dos jugadas: la primera es  que el recorrido del autor por trabajos sobre el tema no busca exahustividad ni  agotar el análisis crítico de la bibliografía existente (empresa por demás  difícil a estas alturas del debate); el objetivo de esta primera incursión es  sentar las limitaciones de los principales estudios precedentes como bases para  su propia concepción. El otro aspecto a tener en cuenta es que las supuestas  tragedias del populismo en cuanto a su vaguedad conceptual y la falta de un  referente que le dé contenido le servirán como elementos para indagar en la  ontología de la política.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En efecto, la  consideración de las producciones clásicas sobre el tema (específicamente la de  Margaret Casanovan y las compiladas por Ionescu y Gellner) no tiene por objetivo  sólo marcar las insuficiencias de estos estudios, sino algo mucho más relevante  en términos teóricos: mostrar que el tratamiento del populismo desnuda las  limitaciones de los supuestos ontológicos que la teoría política contemporánea  ha utilizado para dar cuenta de algunos de los fenómenos que despiertan el  interés en la academia actual. Laclau muestra, en el primer capítulo, que los  intentos de realizar tipologías (Casanovan) han fracasado, de la misma forma no  han aportado mucho los esfuerzos por distinguir lo que es propio de un  movimiento populista, de una ideología y su retórica (Minogue) o buscar un  conjunto de características que permitan definir a un fenómeno como populista (Wiles).  En particular, un análisis de un artículo de Peter Wosley le permite situar un  adelanto de su propia teoría del populismo por sintetizar dos ideas básicas que  Laclau comparte. En primer lugar, el abandono de la pretensión de ligar el  populismo con un contenido universal específico independiente de la experiencia  particular de las formaciones sociales. En segundo lugar, comparte la  consecuente evasión de la condena ética que muchos estudios (y no menos  discursos políticos) han endilgado al populismo. La posibilidad de que el  populismo incida en el proceso democrático a través de la incorporación de  sectores subalternos en la política es una llave para considerar las formas  históricas y contingentes en que un populismo en particular adquiere contenido.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Ontología y  populismo</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">El mal paso  ontológico es, para Laclau, el causante de una serie de problemas teóricos. El  mismo punto de partida conlleva el fracaso de muchos de los estudios que han  tematizado la cuestión. El autor deconstruye la estructura argumentativa de los  estudios más relevantes que definen como “vago”, “impreciso”  y “elusivo”  el problema y, por lo tanto, replantean el interrogante para dirigir la atención  hacia las condiciones de posibilidad y contextos sociales en que éste emerge  (como lo hicieron las miradas clásicas de Germani y Di Tella). Esto en  definitiva conlleva al abandono de la pregunta inicial por lo propio del  populismo por entenderlo un epifenómeno de otros procesos sociales, emotivos e  institucionales a los cuales habría que darle primacía epistemológica. En estas  condiciones Laclau propone un movimiento argumentativo que será básico para su  concepción: asumir la vaguedad, amplitud e indefinición en sentido literal y  preguntarse –en tono lefortiano– si esta imprecisión del concepto no se  corresponde con la misma indeterminación de la realidad social. Con esto sitúa  el principal defecto asociado por la literatura al populismo como su principal  virtud para la teoría política contemporánea. En otras palabras, aquellos  atributos que se presentaron como defecto del concepto de populismo Laclau los  toma como piedra de toque para su argumentación. Recupera en especial dos  acusaciones vertidas sobre el populismo: a) que es vago e indeterminado, y b)  que es mera retórica. Pues, bien, invierte lo que pretende ser un  descalificativo para afirmar que la vaguedad e indeterminación obedece a las  condiciones mismas de la realidad social. Con esto el populismo inscribe rasgos  propios de una ontología política y por consiguiente un espacio adecuado para la  comprensión de <i>lo político</i>.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">No podemos  sino dedicarle unas notas a esta a idea ya que constituye el encuentro de la  teoría con la filosofía política. La tesis sobre la infinitud de lo social tiene  un antecedente en la filosofía presocrática, más precisamente con Anaximandro y  su identificación de lo <i>apeirón</i> como lo constitutivo del mundo. En el  siglo <span style="font-variant: small-caps">xx</span> fueron autores de la  talla de Castoriadis y Lefort aquellos que situaron la ontología de la  heterogénea infinitud como supuesto para pensar la constitución del orden social  y político. De aquí parte Laclau para definir que <i>lo social</i> es  heterogéneo, contingente e infinito (un texto infinito, siguiendo a Derrida).  Así, para que <i>lo social</i> dé lugar a la existencia de ese “objeto  imposible”<sup>6</sup>  que es <i>la sociedad</i> (como el sujeto barrado en Lacan), es necesaria una  operación hegemónica (Laclau, 1990) que sin embargo siempre conducirá al fracaso  en tanto <i>la sociedad</i> es imposible de representar por completo en el  discurso<sup>7</sup>. <span style="letter-spacing: -.1pt">La operación hegemónica, podemos decir,  constituye el momento de <i>lo político<sup>8</sup></i>.  Así, Laclau corrige la tendencia lefortiana al indicar el ámbito de <i>lo social</i>  como creación imaginaria o simbólica de <i>lo político</i>. En el autor  argentino, adquiere relevancia la distinción entre <i>lo social</i> y <i>la  sociedad<sup>9</sup></i>,  el paso de uno a otro (que siempre es un paso fracturado) se opera en un momento  de <i>lo político</i> que es el de la articulación del discurso hegemónico. Sin  embargo, la operación hegemónica completa se enfrenta a esa perpetua  imposibilidad de cierre (sutura) lo que hace que Laclau se refiera  provocativamente a </span> </span> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"> “la  imposibilidad de la sociedad”<sup>10.</sup>(Laclau y Mouffe, 1987; Laclau, 1990). El exceso de sentido de la realidad  humana hace que no pueda ser representada por completo.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Para Laclau  el momento originario de la institución de la sociedad es propiamente “lo  político”  que sutura la indeterminación de lo social en un orden. El momento de la  contingencia se cierra en una operación hegemónica constitutiva del orden social  (“la  sociedad”)  que en el movimiento de institución conlleva la represión de alternativas de  orden igualmente viables. No obstante, la construcción de un orden supone el  olvido de la contingencia sobre la que se instituyó la sociedad. Contingencia  que impide un cierre total y determinado en la sociedad.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Con lo  anterior estamos en condiciones de comprender que si el populismo es indefinido  no se debe a su dudosa precisión conceptual para pensar la realidad social (lo  que justificaría desecharlo), sino porque asume conceptualmente aspectos  inscritos en esa realidad social. En otras palabras “el  populismo sería la vía real para comprender algo relativo a la constitución  ontológica de lo político como tal”  (2005, 91), por lo tanto el estudio del populismo se constituye en una crítica (<i>Kritik</i>)  de la razón política, es decir, una indagación sobre los alcances y los límites  de la política que en el caso de la América Latina contemporánea se transforma  en una necesidad urgente.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Hasta aquí  brevemente lo que atañe a la cuestión ontológica de la heterogeneidad social. La  otra acusación que se esgrime frecuentemente al populismo es que constituye “mera  retórica”.  Laclau retoma este punto para desarrollar dos tesis, una de carácter más  universal y otra sobre el caso que le ocupa. La primera se inicia con una  referencia a la definición misma de retórica, esto es: como el proceso de  desplazamiento cuando un término literal es sustituido por otro figurativo. Si  nos atenemos a las consideraciones ontológicas previas, es posible comprender  por qué la retórica es constitutiva de lo político, en el sentido de que siempre  un intento de representación de lo social conduce a un desplazamiento retórico  producto de su propia forma constitutiva. Como consecuencia más general,  cualquier intento de representación conlleva un movimiento retórico inmanente  (aun aquella representación supuesta en la democracia liberal). Con esto se  comprende que es imposible una estructura conceptual sin apelar a la retórica,  con lo cual, más que un defecto, la retórica se transforma en condición de  posibilidad de <i>lo político</i>. Pues, bien, la segunda tesis enfocada al  populismo cae por su propio peso y parte de lo anterior: si la retórica es  constitutiva de lo político y el populismo lleva inscrita la retórica, <i>ergo</i>;  el populismo podría dar cuenta de lógicas específicas de lo político de una  forma mucho más adecuada que otros intentos.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Pueblo,  demandas e identidades en la constelación populista</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Con las tesis  de ontología social explícitas es posible proseguir el camino del autor,  especialmente en lo que se refiere al término del cual el populismo se predica  análogamente: pueblo. En este punto es bueno recordar que una de las críticas  más poderosas hacia el trabajo de 1977 provino de Emilio de Ípola y Juan Carlos  Portantiero. Estos autores cuestionaron el matiz de homogeneidad con que Laclau  hacía referencia al pueblo sin reparar en sus heterogeneidades. A esta visión le  contrapusieron la recuperación del concepto de “lo  nacional-popular”  de Gramsci dónde se contemplan la existencia en los sectores subalternos de una  multiplicidad de cosmovisiones, intereses, identidades que es necesario  recuperar. Ahora, bien, es cierto que uno de los puntos débiles de <i>Hacia una  teoría del populismo</i> puede encontrarse en los pasajes dónde el pueblo  adquiere tintes esencialistas (aunque hay otros donde su conformación es más  discursiva). No obstante, en su trabajo reciente Laclau se propone subsanar este  camino infructuoso y sitúa a una de sus principales preguntas en el nivel de la  conformación de los grupos e identidades sociales, entre ellas, la de “pueblo”<sup>11</sup>.  Con el objetivo de exponer el concepto de identidad social y su relación con el  populismo propone una teoría de las demandas sociales.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Enmarcado en  el posmarxismo Laclau argumenta que en las sociedades globales contemporáneas  existen una multiplicidad de demandas y una diversidad de nodos de subordinación  factibles de ser lugar de antagonismos. Esta consideración sobre el abanico de  demandas sociales que tienen su condición de emergencia en las sociedades  actuales no podría desarrollarse sin el paso previo dado en <i>Hegemonía y  estrategia socialista</i>, donde se materializa el paso del marxismo al  posmarxismo en la teoría del autor. En efecto, desde mediados de los años 80  Laclau advierte que los conflictos sociales se producen sobre relaciones de  subordinación que ya no se acotan en la opresión de clase. La complejidad de la  sociedad implica también una proliferación de demandas basadas en la expansión  del imaginario democrático. Las relaciones subordinación, como pueden ser las de  género, raza, etnia, preferencia sexual (aunque también de clase), pueden ser el  escenario del antagonismo social, es decir, de una lucha erigida sobre uno de  los nodos de dominación presentes en el orden social contemporáneo. De esta  manera la estructura social ofrece una amplia variedad de situaciones que  generan reclamos sobre algunos puntos. Esas demandas pueden ser, en primera  instancia, una forma de peticionar a las autoridades por formas de inclusión al  sistema<sup>12</sup>.  Pero si no encuentran respuestas satisfactorias se convierten en reclamos que se  van acumulando. El autor habla de demandas democráticas cuando éstas permanecen  aisladas. Sin embargo, al ir creciendo, quedando insatisfechas y encontrando una  articulación equivalencial<sup>13</sup>,  las demandas se expanden, se ponen en contacto con otras y se transforman en  demandas <i>populares</i>. Es la conformación de demandas populares la que  incide en la constitución de una determinada subjetividad social<sup>14</sup>,  es el momento incipiente de la constitución del “pueblo”.  Con esto Laclau se inmiscuye en un punto descuidado en sus primeras reflexiones  sobre el tema; a saber, las complejas formas de constitución de lo popular, la  subjetividad y la identidad.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La pluralidad  de antagonismos articulados incide en el espacio publico a través de configurar  un campo compuesto por aquellos que se encuentran en posición de subordinación y  han elaborado demandas no satisfechas. En este punto Laclau recupera su  reflexión sobre la retórica. Precisamente un recurso retórico es el principio  ordenante en el terreno de lo político al establecer una distinción que divide  el espacio social en dos campos. En ese proceso se produce la identificación de  un “nosotros-pueblo”  frente a una construcción de “ellos-poder”<sup>15</sup>.  Esta es, para Laclau, la base del populismo, el cual se constituye como tal con  la elaboración de un sistema estable de sentidos colectivos capaces de movilizar  a los grupos demandantes. El populismo, así, supone la construcción de una  identidad popular generada por las exclusiones sociales que el sistema produce  en su propia configuración. Algo que implica una expansión de la cadena de  equivalencias (el momento horizontal) a la vez que una articulación simbólica  que ofrece intentos de sutura de la diversidad (el momento vertical).</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">La  conformación del pueblo como un proceso discursivo no debe hacernos confundir  con las descalificaciones por demagogia que se vierten en la arena política. La  noción de discurso no refiere, como el autor ha remarcado oportunamente, a los  actos del habla o escritura, sino a la articulación de elementos formando una  totalidad relacional sintagmática. La realidad social, en este sentido, es un  discurso en tanto produce objetividad (Laclau, 2005, 92). Por lo mismo, la  articulación discursiva del pueblo no puede determinarse <i>a priori</i> ni es  una sumatoria de elementos preconstituidos que se adicionan para formar “lo  popular”;  el proceso de articulación reconfigura los elementos. Por su parte, la  producción de una subjetividad popular deviene de la equiparación de demandas  subalternas, esto es una forma de amalgamar demandas democráticas de forma tal  de constituirlas en lugar de inscripción de una identidad colectiva<sup>16</sup>.  En otras palabras, la posibilidad de establecer una equivalencia entre las  heterogéneas demandas democráticas nos habla del paso de subjetividades  democráticas a la constitución de una subjetividad popular.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Ahora bien,  las diferentes demandas democráticas que cuestionan algún nodo de dominación  pueden permanecer aisladas en su particularidad y no avanzar en la conformación  de un campo popular. Es aquí donde el populismo opera con toda su imprecisión y  vaguedad, ya no como defecto sino como única forma de producir significantes lo  suficientemente vacíos para amalgamar las demandas (Laclau, 2004, 2). Esto no es  otra cosa que operar sobre el terreno de la heterogeneidad para lograr la  conformación de la identidad popular. Los significados y símbolos que moviliza  el populismo se vinculan con las demandas democráticas que requieren inscribirse  en un discurso. Así, cuanto más amplias son las demandas que el populismo  intenta más imprecisión y dificultades tendrá el discurso populista para  establecer esa frontera interna en la sociedad que divide los dos campos: pueblo  y poder (oligarquía), y produce el antagonismo social.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Pero  detengámonos un momento en la constitución (siempre inacabada) del pueblo y su  presentación en la política. En efecto, la lógica populista introduce una  frontera interna en la sociedad. Por lo tanto, si hay una parte que se  reivindica como pueblo, excluyendo a otra (el poder), quiere decir que el  alcance de “pueblo”  no puede extenderse para abarcar a todos los ciudadanos. Con esto retomamos el  problema del “demos”  y los dos sentidos de pueblo: aquel que lo identificaron la totalidad de  habitantes de una nación (<i>populus</i>) y el otro que refiere a los sectores  subalternos (<i>plebs</i>). Es decir, se niega que todos los habitantes de una  comunidad política sean pueblo; y desde el populismo se cuestiona la totalidad  del <i>populus </i>desde la particularidad de la <i>plebs</i> (los de abajo<sup>17</sup>).  Por medio de la sinécdoque, la parte dañada, los excluidos (<i>la plebs</i> que  se define como pueblo) pretende presentarse como el todo, esto es, como <i> populus</i>. Justamente este mecanismo es propio de la hegemonía y, en  definitiva, de lo político<sup>18</sup>.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Entender al  populismo como una lógica imposibilita adscribirle <i>a priori</i> un contenido  (reaccionario, revolucionario, izquierda, derecha). El carácter de una identidad  populista dependerá de la cadena de significados construidos, de los grupos  movilizados y de los sentidos privilegiados que fijan la cadena. Con esto el  contenido del populismo debe ser pensado (e investigado) en el proceso histórico  particular porque depende de la producción de nombres y símbolos capaces de  movilizar al colectivo para disputar en un orden social dislocado. El populismo,  entonces, remite a una lógica de lo político sin contenido definido <i>a priori</i>  que opera en la conformación de una voluntad colectiva en tanto performa una  identidad irreducible a las demandas particulares que son tomadas como unidades  básicas. Sin embargo, no deben colocarse todos los significados en un mismo  nivel, algunos de ellos funcionan de punto de captura (el <i>point de capiton</i>  lacaniano) que detienen el desplazamiento y resemantizan la cadena completa.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Hasta aquí  hemos reconstruido la teoría del populismo que presenta Ernesto Laclau. La misma  se erige sobre dos movimientos que operan sobre el trasfondo de la noción  ontológica de heterogeneidad social. La primera es la equiparación de demandas  en una cadena que se constituye a partir de significantes vacíos (la  constitución del campo popular seno de la identidad popular). La segunda es la  definición de una frontera interna en la sociedad que es condición del  antagonismo social. Ahora podemos avanzar en nuestro plan de trabajo hacia la  discusión del populismo con relación a dos categorías centrales para la política  latinoamericana: la representación y la democracia.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Populismo,  representación y democracia</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Con  frecuencia en el debate político, pero también académico, se ha presentado al  populismo como una anomalía en las formas de la representación y como expresión  del déficit democrático de nuestros países. En términos teóricos esto nos lleva  a indagar en la relación del populismo con la representación democrática en los  regimenes contemporáneos. Al respecto el punto de partida de Laclau es claro:  reemplaza una visión que supone que la representación es una operación entre  elementos ya constituidos (que por lo tanto puede ser más o menos fiel) por la  idea de que en el proceso mismo de representación se constituye aquello que se  quiere representar. Es decir, cuando alguien quiere representar es inevitable  que constituya aquello que quiere representar. Esto es relevante en dos motivos:  primero, porque descarta como improcedente cualquier debate sobre la  representación “real”,  ya que tal pregunta por la mimesis de la representación sería un planteo  incorrecto del problema; segundo, porque nos permite pensar que el populismo  (como toda forma de representación) concluye por constituir lo que quiere  representar (el pueblo). Dos consecuencias podemos extraer de aquí. Por un lado  el populismo ofrece un tópico de análisis desde el cual se puede comprender con  mayor precisión los mecanismos de representación social, cuestión básica para la  vida democrática. Por otro lado, aquello que termina por constituir el populismo  es nada menos que el pueblo y no hay democracia sin “demos”.  Laclau reconoce que es perfectamente concebible que el populismo adquiera rasgos  autoritarios. Es decir, no hay ligazón necesaria entre el populismo y la  democracia, como tampoco entre democracia y liberalismo, sino que estos vínculos  son históricos y contingentes. Sin embargo, la importancia del populismo para la  democracia radica en que le ofrece a ésta la conformación de un pueblo, algo que  es “condición<i>  sine qua non</i> del funcionamiento democrático”  (2005, 213). Con esto el populismo ya no puede pensarse como una forma anómala  de representación social con déficit democrático. Por el contrario, el populismo  manifiesta los problemas de toda relación de representación en política, pero a  la vez es un proceso de constitución del pueblo sin el cual no puede hablarse de  democracia.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Populismo en  América Latina: hacia una epistemología del populismo</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Como recuerda  Laclau en sus primeros escritos, la indagación sobre el “pueblo”  debe situarse en el nivel de las formaciones sociales históricas, y no puede  definirse su contenido <i>a priori</i>. En efecto, desde aquí es posible  recuperar la crítica que Portantiero y De Ípola dirigen a Laclau en tanto que la  constitución del pueblo no está exenta de heterogeneidades y discontinuidades en  la cosmovisión subalterna. Es decir, en la conformación del “pueblo”  no opera una discursividad aproblemática, sino que es necesario atender a las  tensiones en la conformación de lo que en <i>La razón populista</i> refiere como  subjetividad popular. Este es el primer eje epistemológico: es necesario  construir formas de investigación para dar cuenta de las formaciones del “pueblo”.  En este punto es necesario profundizar: a) en una epistemología de las  subjetividades, los sujetos y las identidades; y b) en estrategias metodológicas  enmarcadas en programas de investigación multi, inter y transdisciplinaras. El  segundo punto requiere del primero, al que nos referiremos a continuación.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"> Para avanzar en la construcción de una óptica de investigación es preciso  resolver dificultades teóricas. Tal vez uno de los principales desafíos es  profundizar en el concepto de subjetividad popular porque no está lo  suficientemente desarrollado en los escritos de Laclau y de hecho constituye un  punto problemático en todo el posestructuralismo. Si la conformación de una  subjetividad popular es precondición para la articulación de las demandas es  necesario avanzar en una categoría y un enfoque heurístico que permita la  comprensión.</span></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">En este punto  podemos reconocer tres miradas que pueden integrarse en una teoría configuracional para el estudio de las subjetividades (De la Garza, 2001a). La  primera se refiere a las categorías que provienen de la fenomenología  sociológica (Schütz, 1974a y 1974b; Schütz y Luckmann, 1977) que pueden ofrecer  una interesante perspectiva para el estudio de las subjetividades. En  particular, porque permite construir como objeto de investigación los espacios  de la vida cotidiana en que los sujetos realizan sus acciones, construyen  sentidos, los reproducen y pueden modificarlos. La segunda nutriente proviene de  la teoría de la hegemonía (Gramsci, 1997), la cual debería aportar herramientas  conceptuales para pensar las formas históricas en que se constituyen los sujetos  sociales. Asimismo esta perspectiva permite complementar la mirada  fenomenológica aportando una preocupación por las formas de poder y dominación  presentes en la construcción de la realidad social y en su disputa. Finalmente  es necesario incorporar la perspicaz mirada foucaultiana sobre la construcción  de subjetividades sociales que todo orden social implica (Foucault, 1976 y  1977). De esta manera es posible complementar una concepción que se interese por  el lugar de las estructuras sociales en la construcción de subjetividades a la  vez que, en vista a las otras tradiciones recuperadas, pueda pensar la  emergencia de sujetos colectivos que promueven la disputa del proceso histórico.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"> En efecto, las propuestas de Hugo Zemelman (1987, 1992, 1997) y Enrique de la  Garza (1992, 1997 y 2001), y, desde otra perspectiva, los trabajos que viene  realizando Enrique Dussel (1998, entre otros) marcan algunos senderos que es  posible recuperar en la construcción de una teoría de la subjetividades sociales  que pueda ser utilizada para la comprensión del populismo, en tanto lógica  política, tal como lo propone Laclau. La necesidad de un esfuerzo de esta  magnitud es una imperiosa necesidad para orientar trabajos de investigación.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Una vez que  avancemos en este terreno de indagación teórica sobre los sujetos y las  subjetividades es necesario construir una epistemología del populismo capaz de  estudiar la subjetividad en la historia de las clases subalternas  latinoamericanas. Por epistemología del populismo entendemos la elaboración de  categorías que guíen estrategias de investigación de las lógicas políticas de  articulación popular, la producción de demandas, la construcción de sentidos  colectivos o significantes. Por esto una epistemología del populismo no puede  estar escindida de una metodología para el estudio de los sujetos sociales y las  subjetividades colectivas (Zemelman, 1987 y 1997) que, sostenemos, ganaría mucho  si incorpora varias disciplinas de la ciencia social.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">No podemos  detenernos con exahustividad en este artículo sobre cada uno de los campos que  es necesario tener en cuenta para elaborar una metodología propia para el  estudio de los sujetos sociales que provea heurística positiva para comprender  el populismo. No obstante, es necesario advertir que la investigación de los  sujetos sociales (y del populismo como lógica de articulación procesal de  identidad) no puede dejar de lado el análisis de las múltiples dimensiones  estructurales ni las instituciones que gestionan el orden. Por el contrario, el  análisis de la subjetividad popular necesita una reconstrucción de los procesos  estructurales para comprender la emergencia del populismo; no como un  epifenómeno sino como una condición sobre la cual opera el discurso. Es decir,  no todos los momentos históricos son factibles de la movilización populista: la  falla de “la  política”<sup>19</sup>  es crucial y toma cuerpo cuando un orden no puede absorber las demandas  democráticas a través de las instituciones existentes. Esto nos sitúa nuevamente  frente al concepto de “crisis  orgánica”  de Gramsci o, como prefiere Laclau, de un momento de dislocación en la  estructura. En efecto, este momento de crisis es precondición de las  experiencias populistas contemporáneas en América Latina (pensemos en Venezuela,  Argentina, Bolivia<sup>20</sup>)  más allá de cómo se resuelvan los procesos en curso. La contingencia histórica  nos previene de los apresurados vaticinios pero nos obliga a una investigación  seria sobre los momentos histórico-políticos que viven nuestras sociedades.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Una  fructífera epistemología debe incorporar, a la mencionada identificación de los  contextos sociales que inciden en las experiencias populistas, el estudio  socio-histórico de la formación de las clases subalternas, con un especial  énfasis en los sentidos colectivos. Aquí los estudios de E.P. Thompsom (1989) y  Hoggart (1990) deberían servirnos metodológicamente como guías para la  construcción de herramientas de investigación eficaces para los contextos  latinoamericanos. En especial, el análisis de los nodos de dominación del orden  social y los sentidos subalternos permitirán un estudio de las demandas sociales  y la formación de identidades subalternas capaces de conformar antagonismos. La  importancia de estos sentidos, subjetividades y demandas radica en que son  partes fundamentales que serán rearticuladas en cada retórica populista. En  efecto el poder de movilización de una experiencia populista dependerá de su  capacidad de elaborar significados y símbolos que amalgamen los sentidos  colectivos, de la reconfiguración de subjetividades existentes y la producción  de otras nuevas.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Consideraciones finales</span></b></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">A lo largo de  este artículo hemos realizado un recorrido con el objetivo de avanzar en la  discusión sobre las formas de investigar fenómenos políticos presentes en la  realidad latinoamericana y a la vez que parecen elusivos a un abordaje  sistemático por parte de las ciencias sociales. Para ello hemos expuesto  críticamente la teoría que, argumentamos, brinda las mejores potencialidades  para pensar de manera más profunda las dimensiones del fenómeno populista.  Asimismo, para trabajar en la búsqueda de una heurística positiva hemos reparado  en las dificultades y los avances que Laclau produjo en su último trabajo.</span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">No obstante,  y en tanto nuestro objetivo conduce hacia la necesidad de construir una  epistemología del populismo, hemos esbozado los campos y tareas en que es  imprescindible avanzar para elaborar mejores categorías y programas de  investigación con el objetivo de comprender mejor las complejidades de la  política en América Latina a partir de problematizar el populismo. Es mucho lo  que queda como tarea pendiente para las ciencias sociales latinoamericanas en el  camino de contribuir a pensar los alcances y limitaciones de los procesos  existentes y nuevas formas de organización social. Asumir el reto de pensar de  manera creativa, abierta y rigurosa fenómenos confusos y complejos como “lo  político”  en general, y el populismo en particular, es el primer paso en la necesaria  contribución de las ciencias sociales a la construcción de órdenes sociales  justos.</span></p>     <p style="text-align: justify"><b> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Bibliografía</span></b></p>     <!-- ref --><p style="text-align: justify"><span class="firstseriestitle1"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight: normal"> 1. Aboy Carlés, Gerardo (2001): “Repensando el populismo”. Ponencia presentada  en el XXIII congreso de LASA, Washington, D.C.</span></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411817&pid=S1315-6411200600020000500001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"><span lang="es-ar"><font size="2"> <span style="font-family: Verdana">2</span></font></span><span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">. De Ípola,  Emilio (1982): <i>Ideología y discurso populista</i>. México, Folios.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411818&pid=S1315-6411200600020000500002&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"><span class="firstseriestitle1"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt; font-weight: normal"> 3. De Ípola, Emilio y Juan Carlos Portantiero ([1981] 1995): “Lo  nacional-popular y los populismos realmente existentes” en Carlos Vilas (comp.), <i>La democratización fundamental. El populismo en América Latina</i>, Conaculta,  México.</span></span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411819&pid=S1315-6411200600020000500003&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">4. De la  Garza, Enrique (2001a): “Subjetividad,  cultura y estructura” en <i> Revista Iztapalapa</i>, nº 50, México, pp. 83-104.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411820&pid=S1315-6411200600020000500004&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">5. De la  Garza, Enrique (2001b): “La  epistemología crítica y el concepto de configuración” en <i> Revista Mexicana de Sociología</i>, 1/2001, pp. 109-112.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411821&pid=S1315-6411200600020000500005&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">6. Dussel,  Enrique (1998): <i>Ética de la liberación: En la edad de la globalización y de  la exclusión</i>. Madrid, Trotta.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411822&pid=S1315-6411200600020000500006&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">7. Foucault,  Michel (1976 [2002]): <i>Vigilar y castigar</i>. Buenos Aires, Siglo XXI.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411823&pid=S1315-6411200600020000500007&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">8. Foucault,  Michel (1977): <i>Historia de la sexualidad</i>. México, Siglo XXI.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411824&pid=S1315-6411200600020000500008&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">9. Gramsci,  Antonio (1977): <i>Antología</i>. Traducción y selección de M. Sacristán.  Madrid, Siglo XXI.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411825&pid=S1315-6411200600020000500009&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">10. Germani,  Gino; Di Tella, Torcuato&nbsp; y Ianni, Octavio (1973): <i>Populismo y contradicciones  de clase en latinoamérica</i>. México, Era.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411826&pid=S1315-6411200600020000500010&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">11. Hoggart,  Richard (1990): <i><span style="color: black">La cultura obrera en la sociedad  de masas</span></i>.<span style="color: black"> México, Grijalbo. </span></span> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411827&pid=S1315-6411200600020000500011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">12. Laclau,  Ernesto ([2004] 2005): <i>La razón populista</i>. Buenos Aires, Fondo de Cultura  Económica.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411828&pid=S1315-6411200600020000500012&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">13. Laclau,  Ernesto ([1977] 1978): <i>Política e ideología en la teoría marxista: Capitalismo,  fascismo, populismo.</i> México, Siglo XXI. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411829&pid=S1315-6411200600020000500013&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">14. Laclau,  Ernesto (1985): “Tesis  acerca de la forma hegemónica de la política; Anexo ruptura populista y discurso”  en J. Labastida y Martín Del Campo (comp.), <i>Hegemonía y alternativas  políticas en América Latina</i>, México, Siglo XXI.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411830&pid=S1315-6411200600020000500014&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">15. Laclau,  Ernesto (1990): <i>Nuevas reflexiones sobre la revolución en nuestro tiempo</i>. Buenos  Aires, Nueva Visión.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411831&pid=S1315-6411200600020000500015&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">16. Laclau,  Ernesto (1996): “Por  que los significantes vacíos en política son importantes”  en <i>Emancipación y diferencia</i>, Buenos Aires, Ariel. </span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411832&pid=S1315-6411200600020000500016&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">17. Laclau,  Ernesto (2000): “Sujeto  de la política, política del sujeto”  en Bejamín Arditi (ed.), <i>El reverso de la diferencia. Identidad y política.  Nubes y Tierra</i>, Caracas, Editorial Nueva Sociedad.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411833&pid=S1315-6411200600020000500017&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">18. Laclau,  Ernesto (2004): “Hegemonía,  política y representación”,  Ponencia presentada el 8 de octubre de 2004 en la Subsecretaría de la Gestión  pública de la República Argentina.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411834&pid=S1315-6411200600020000500018&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="en-us"><font size="2"><span style="font-family: Verdana">19</span></font></span><span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">. Laclau,  Ernesto y Chantal Mouffe (1985): <i>Hegemony and Socialist Strategy: </i></span> <i><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Toward a Radical  Democratic Politics</span></i><font size="2"><span style="font-family: Verdana">.</span></font><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  Londres, Verso.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411835&pid=S1315-6411200600020000500019&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">20. Laclau,  Ernesto; Slavoj, Zizek y Judith, Butler (2003): <i>Contingencia, hegemonía y  universalidad</i>. </span><span style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> Buenos Aires,</span><span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">  Fondo de Cultura Económica.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411836&pid=S1315-6411200600020000500020&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span class="firstseriestitle1"> <span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight: normal"> 21. Mouzelis, Nicos (1978): “</span><span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana; font-weight: normal">Ideology  and Class Politics: A Critique of Ernesto Laclau”  en</span></span><span lang="EN-US" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana"> <i>New Left Review</i>, nº 112.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411837&pid=S1315-6411200600020000500021&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">22. Schütz,  Alfred (1974a): <i>Estudios sobre teoría social</i>. Buenos Aires, Amorrortu.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411838&pid=S1315-6411200600020000500022&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">23. Schütz,  Alfred (1974b): <i>El problema de la realidad social</i>. Buenos Aires, Amorrortu, 2ª  ed. (1995).</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411839&pid=S1315-6411200600020000500023&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="es-ar"><font size="2"><span style="font-family: Verdana">24</span></font></span><span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">. Schütz,  Alfred y Luckmann, Thomas (1977): <i>Las estructuras del mundo de la vida</i>.  Buenos Aires, Amorrortu.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411840&pid=S1315-6411200600020000500024&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">25. Thompson,  Edward P. (1989): <i>La formación de la clase obrera en Inglaterra</i>.  Barcelona, Crítica.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411841&pid=S1315-6411200600020000500025&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">26.Viguera,  Aníbal (1993): “Populismo  y neopopulismo en América Latina”  en <i>Revista Mexicana de Sociología</i>,<i> </i>3/93,<i> </i>pp. 49-66.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411842&pid=S1315-6411200600020000500026&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">27. Zemelman,  Hugo (1987): <i>Conocimiento y sujetos sociales</i>. México, El Colegio de  México.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411843&pid=S1315-6411200600020000500027&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">28. Zemelman,  Hugo (1992): <i>Los horizontes de la razón</i>. Madrid, CRIM-Anthropos, II Tomos.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411844&pid=S1315-6411200600020000500028&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">29. Zemelman,  Hugo (1997): “Sujetos  y subjetividad en la construcción metodológica”  e</span><span lang="ES-MX" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">n  León y Zemelman (coords.), </span><i> <span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">Subjetividad:  umbrales del pensamiento social</span></i><span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">,  Barcelona, Anthropos-CRIM-Coordinación de Humanidades, pp. 21-35.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411845&pid=S1315-6411200600020000500029&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><!-- ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="es-ar"><font size="2"><span style="font-family: Verdana">30</span></font></span><span lang="ES-AR" style="font-size: 10.0pt; font-family: Verdana">. Zizek,  Slavoj (1998): <i>Porque no saben lo que hacen: El goce como un factor político</i>,  Espacios del Saber. Buenos Aires, Paidós.</span>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2411846&pid=S1315-6411200600020000500030&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --><p style="text-align: justify"> <span lang="es-ar"><font size="2"> <span style="font-family: Verdana; font-weight: 700">Notas</span></font></span></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify">     <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana">      <font size="2"><sup>1</sup>      Para una revisión más extensa del trabajo de Laclau y su enfoque en los      primeros trabajos puede consultarse: Gerardo Aboy Carlés (2001), que      constituye una excelente introducción al debate aunque, obviamente, no      incorpora el último trabajo de Laclau al que aquí hacemos eje del artículo</font></span>    <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana">      <font size="2"><sup>2 </sup>En lo que sigue de la sección&nbsp; nos concentraremos en el núcleo duro de las      ideas de Laclau sobre el populismo en este trabajo y no específicamente      sobre las críticas que ha recibido. Nuestro objetivo es reconstruir las      bases de la teoría en sus inicios y no reseñar el debate que produjo; no      obstante, haremos referencia a las objeciones cuando éstas fueron utilizadas      por el autor para reelaborar parte de su teoría.</font></span>    <p style="text-align: justify">     <sup>3</sup><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup> 	</sup>Laclau ilustra su idea con la pregunta ¿es el nacionalismo una ideología      feudal, burguesa y proletaria?, la respuesta es que sería imposible      identificarla <i>a priori</i> sin un análisis del tipo de articulación      discursiva específica.</font></span>    <p style="text-align: justify">     <sup>4</sup><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">      Éste es el debate político que suscita la intervención de Portantiero y De      Ípola quienes sostienen la tesis inversa. Es decir, niegan la continuidad de      populismo y socialismo (1995, 525), por el contrario conciben una      contraposición y someten a debate el concepto gramsciano de </font></span> 	<font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">“</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">lo      nacional popular</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">”</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">.      Así los populismos existentes en lugar de erigirse en la constitución      antagónica asumen una dimensión nacional-estatal (y no nacional-popular) que      cancela el conflicto. </font></span>     <p style="text-align: justify">     <sup>5</sup><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">      Según algunos autores, la crítica a Laclau por haber considerado el      populismo sólo en el plano ideológico concitó las críticas más fuertes que      se dirigieron contra el texto de 1977 (Aboy Carlés, 2001, 17).</font></span>    <p style="text-align: justify">     <sup>6</sup><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup> 	</sup>La constitución plena de la sociedad es un imposible para Laclau debido a      que no es posible cerrarla por completo. En la actualidad, utiliza una      interpretación del Real lacaniano (Laclau, 2003) para referirse a aquello      que se resiste a la simbolización y que retorna poniendo en cuestión el      orden social.</font></span>    <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"> 	<font size="2"><sup>7</sup>      El problema de la representación es clave en el pensamiento      posestructuralista. Al respecto dice Slavoj Zizek: </font></span> 	<font face="Verdana" size="2"> 	<span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.1pt">“</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"><font size="2">esta      oscilación entre la representación y la no-representación apunta al fracaso      final de la representación significante del sujeto, pues el sujeto no tiene      ningún significante propio que lo represente plenamente; toda representación      significante es una mala representación que, aunque imperceptiblemente,      siempre ya desplaza o distorsiona&nbsp; al sujeto</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.1pt">”</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"><font size="2">      (Zizek, 1998, 40).</font></span>    <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>8</sup> 	</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">“</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">Un      enfoque deconstructivo es altamente relevante respecto a dos dimensiones de      lo político –como opuesto a lo social– que han adquirido una centralidad      creciente en los debates actuales. La primera es la noción de lo político      como el momento instituyente de la sociedad</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">”</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">&nbsp;      (Laclau 1997, 64).</font></span>    <p style="text-align: justify">     <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>9</sup>      Esta distinción es más clara en Laclau (1990) que en Laclau y Mouffe (1987),      analíticamente la diferenciación es importante aunque por momentos confundan      los términos en los textos.</font></span>    <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>10 </sup>Esta idea es deudora de la apropiación de la ruptura del isomorfismo entre      el orden del significado y el orden del significante y el concepto de Real      lacaniano, como </font></span><font face="Verdana" size="2"> <span lang="ES-AR">“</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">un      núcleo básico que resiste simbolización</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">”</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">      (Laclau, 2003, 83).</font></span><![if !supportFootnotes]><![endif]>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>11</sup>      Con esto Laclau responde una de las críticas de De Ípola y Portantiero que      sugieren que el populismo parte de una versión organicista de pueblo.</font></span><![if !supportFootnotes]><![endif]>    <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>12</sup>      Los ejemplos favoritos del autor refieren a la solicitud de agua potable o      transporte por parte de un barrio, algo que no pone en cuestión las bases      del sistema hegemónico, sino que puede verse como una demanda por inclusión.</font></span>    <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>13 </sup>En la edición en español se opta por traducir equivalencial, la conformación      del neologismo puede evitarse si se utiliza el término </font></span> <font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">“</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">equiparar</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">”</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">      o </font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">“</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">equiparación</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR">”</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2">.</font></span>    <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>14 </sup>Uno de los problemas del uso de la categoría subjetividad radica en el poco      tratamiento que hace el autor del tema y las dificultades de pensarlo desde      un paradigma posestructuralista. La pregunta por la conformación de sujetos      sociales sobrevuela cualquier lectura de los textos laclausianos sin      encontrar un tratamiento específico.</font></span><![if !supportFootnotes]><![endif]>    <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>15 </sup>Esta concepción es, como vimos, distintiva del populismo tal como Laclau lo      trabaja en 1977.</font></span>    <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana"><font size="2"><sup>16</sup>La relación entre demandas, subjetividad e identidad es un aspecto poco      desarrollado en la obra del autor. Sin embargo, como veremos, sostenemos que      gran parte de la capacidad heurística de la teoría radica en la posibilidad      de resolver este asunto.</font></span>    <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana">      <font size="2"><sup>17</sup>En inglés la palabra precisa que utiliza el autor y que designa a los de      abajo es <i>underflow</i>&nbsp; (Laclau, 204).</font></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana">      <font size="2"><sup>1</sup></font></span><sup><span lang="es-ar"><font size="2"><span style="font-family: Verdana">8</span></font></span></sup><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"><font size="2">En este camino es posible pensar las dificultades que emergen cuando un      gobierno se instaura desde un discurso populista. El jefe de Estado debe      responder como líder de una parte que se presenta como dañada y que aspira a      ser </font> </span>     <font face="Verdana" size="2">     <span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.1pt">“</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"><font size="2">el      pueblo</font></span><font face="Verdana" size="2"><span lang="ES-AR" style="letter-spacing: -.1pt">”</span></font><span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana; letter-spacing: -.1pt"><font size="2">      pero también de otros sectores que la ciudadanía de un país. De este modo,      si bien la producción del antagonismo permite la emergencia de una      identidad, luego, en el momento del gobierno, schmittianamente el líder debe      desplazar el enemigo hacia fuera y cancelar el conflicto.</font></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana">      <font size="2"><sup>19</sup>Esta idea es deudora de una olvidada distinción entre lo político (el ámbito      instituyente y contingente) y la política (como administración del poder)      trabajada por autores como Lefort y Lechner a partir de elaboraciones de      autores como Carl Schmitt.</font></span></p>     <p style="text-align: justify"> <span lang="ES-AR" style="font-family: Verdana">      <font size="2"><sup>20</sup>Los tres países citados tienen historias de crisis orgánicas sobre las      cuales opera la lógica populista.</font></span></p>      ]]></body>
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